I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
▲ Debes subir tu ficha para obtener color
▲ Después de que tu ficha es aceptada, debes realizar tus Registros
▲ El mínimo de líneas por post es 10.
▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
▲ Avisen sus ausencias y eviten perder sus Pbs
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El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
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The Captain Knows Best y Foroactivo

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La cacería del príncipe. [Privado]

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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 5:49 am
"Somos Koroliov y los Koroliov no podemos amar, nuestro destino fue sellado el mismo día que obtenemos nuestro linaje, el día en que nacemos para ser la élite abandonando nuestro sino en pos de la familia"
Keireth Koroliov.


La gran mansión que había comprado y reformado para él, una gran mansión llena de lujos que Keireth había hecho que se reformarse por completo para parecer una pequeña réplica del Palacio de Invierno que exhibía con orgullo tras haber gastado una increíble fortuna en aquella mansión. Aunque por fuera pareciese un pequeño castillo ruso en su interior estaba más actualizado, su apariencia distaba mucho a la que un día pudo ser la residencia de un Zar para ser la de un noble de la era moderna.
No hacía falta echar muchas cuentas en aquella casa para saber las increíbles riquezas que se encontraban allí, mirases donde mirases siempre había algo con lo que podrías empeñar y vivir toda tu vida a cuerpo de rey, era como si su propietario quisiese que aquella mansión recordase siempre a sus invitados que jamás podrían alcanzar el poder económico que uno de sus simples casas tenía, una especie de insulto que se podía apreciar a calles y calles de distancia. Aquel noble engreído incluso tenía un cofre antiguo de pirata lleno de oro, joyas y una corona como exhibición en una de las salas de sus hogar abierto y rebosante de fortuna con el que un día sus hijos jugaban a ser piratas.

Los planes que había ideado para tenderle una trampa a su hijo bastardo se estaban llevando a cabo mejor de lo que había creído, pronto ese pobre joven estaría entre sus garras y nada ni nadie sabía lo que se avecinaba sobre aquel pobre desgraciado que había tenido la desdicha de tener la noble sangre de los Koroliov corriendo por sus venas. Los mecanismos ya estaban en funcionamiento y cada engranaje giraba a la perfección haciendo que la malicia del padre fuese alimentada deseoso de ver el resultado de sus juegos.
Sí, todo iba bien pero para continuar requería de nuevos peones en su ficha de ajedrez, necesitaba recalcular más datos y probar a los estudiantes que competían por la beca de múltiples formas. Con dicho propósito el multimillonario había hecho llamar a su casa a un notable profesor de la universidad, a un docente que quería contratar para llevar las exhaustivas pruebas que los jóvenes debían de hacer, claramente alguien en su posición no iba a crear y corregir pruebas escritas y menos cuando las quería de una dificultad pasmosa.

Aquella tarde se encontraba en su gran biblioteca privada, libros en estanterías que llevaban hasta el techo, un techo de más de cuatro metros de alto para aquella estancia que parecía una auténtica biblioteca más que una de un hogar. Lo que hacía denotar que aquel sitio seguía siendo de una vivienda era la sala de lectura que había frente a una hoguera, un cómodo sitio de lectura frente al fuego encendido en donde habían increíbles y caros sofás de marca, los sofás más cómodos y bonitos que el dinero podía comprar forrados en cuerno negro. En otro lugar perdido de aquella biblioteca estaba un escritorio, uno que a veces era usado por Keireth mas no aquella tarde.
El señor de la haciendo estaba sentado en una silla cerca del fuego mientras observaba las brasas crecer, aunque hacía calor le gustaba tener siempre aquella chimenea encendida, siempre. En aquel instante estaba quemando documentos que no quería que fuesen revelados, tres carpetas que sumaban casi medio metro entre todas estaban en la mesita delante de los sofás mientras iba quemando uno por uno los documentos, generalmente documentos eran lo que alimentaban el fuego que daba calor al recinto. Esa era la escena con la que esperaba que su servicio trajese al matemático directo a la boca del lobo.
Invitado
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 6:26 am
La imaginación del profesor americano se quedó muy corta a la hora de imaginar la que era esa hipotética vivienda donde se encontraría con aquel generoso hombre, quien habría aparecido de la nada, se presentó con una buena oportunidad para que Basset ganase solo unos cuantos billetes más. No lo vio venir, pero en el momento que la oportunidad se presentó, fue lo suficiente listo como para tomarla. Pero que luego de ser avisado por uno de los asistentes, y todo el trato fue llevado por teléfono, que su presencia estaba siendo solicitada por el mismísimo líder. Lo que le llevó a aventurarse sobre cómo sería esa ostentosa mansión; ¿quizá demasiado para sus expectativas? Basset imaginó un complejo entero, tal vez con una alberca, sino dos, porque en su mente y con cada cosa que idealizaba: debía incluirse un cuerpo de agua para saciar la tonta, pero colectiva necesidad de una experiencia fresca. Pues la temperatura alta que cubrió a toda Beverly Hills no podía ser ignorada, ni aun con un poderoso aire acondicionado en casa.

De este modo fue como el hombre llegó a las puertas de un complejo que sobrepasó cualquier idea posible o real, para ganarse la impresión inmediata de este; como un niño pequeño que visita Disneyland por primera vez, así estuvo Anthony: pegado al cristal de aquella ventana, dentro de esa limusina privada, atrapando a detalle cada atributo que él mismo no iba a ponérselo como meta. Pues a sus treinta y ocho años, pensar en un futuro semejante, era casi tan imposible como la probabilidad de casarse, aunque esto último no resultó ser tan crucial en el plan de su vida. Pero, de cualquier modo, se embobó lo suficiente como para llenar su mente de ideas tontas, como: ¿cuán posible es si pudiese estafar a este hombre misterioso? O como llegó a imaginarlo, alguien con una vida hecha, su cabello poblado con canas así como un egocentrismo bárbaro. Calculándole setenta, ochenta, o noventa años para haber trabajado por todo lo que Anthony puede ver; pero que tanto cuando los neumáticos de aquel vehículo se detuvieron, y el aviso del chófer sobre la llegada se pronunció, rápidamente el moreno despojó aquellas ideas tontas e irracionales de su cabeza. Dio un carraspeo para tomar su bolso estilo cartero y tiró de la manija en la puerta para quedar colgado— ¡Hey!—Tragó saliva por el nerviosismo, en vista de que no vio venir el ofrecimiento del conductor para abrirle la puerta. Definitivamente este hombre no se acostumbraba a estos tratos. —Gracias—. Repuso con menor efusividad para bajar un pie, luego el otro y así se levantó del asiento, pisando aquel suelo que resultó casi olímpico.

Anthony se apresuró a ordenar su chaqueta, pues en ese momento se sintió incluso de menos, ¿y si su apariencia no era apta para la reunión? Dado a que no esperó algo tan fino, aunque últimamente ese detalle debía no representar demasiada importancia; él no viene a adicionarse a los habitantes de aquel hogar, sino a visita breve y concisa: sobre la discusión de aquel trabajo suyo. Aun así, y de camino hasta la entrada (misma a la que fue escoltado por el propio conductor) fue arreglándose el cabello con las manos, y claramente obtuvo un resultado desfavorable. El profesor vio su reflejo en el cristal de esas puertas, enormes, las que habría comparado con un estadio para la entrada de centenar de personas, siendo él tan delgado para introducirse a aquella mansión. Dando un respiro hondo, y tras el “Bienvenido a la mansión Koroliov” fue como Anthony Basset dio los primeros pasos dentro de aquel lugar. Y no fue para menos que, aun cuando pareció imposible, se admiró increíblemente más sobre el decorado, lujos y fineza en cada rincón de aquel hogar. Distraído fue su caminar, una vez dentro de esa casa, para admirar como si fuese un paraíso arquitectónico; cada sala que pudo atrapar con su mirada representó tres, cuatro o cinco veces el espacio de su apartamento. Y eso que el propio estaba por encima de ser solo “decente”. Lo que no pudo advertir fue la sonrisa burlesca del conductor al apreciar esa reacción torpe e inocente sobre lo que fue adjudicado al educador ahí presente.

“Sr. Basset, ¿cierto?” En esa ocasión una voz femenina, la que le asustó, pero que supo tener su atención para que el resto le fuese explicado a la brevedad: “El Señor Koroliov le espera en la biblioteca, sígame”. Y tras aquellas finas palabras, como un comportamiento casi mecánico, Anthony se apresuró a seguir con el paso, tan correcto como recordaba. No se había sentido así de nervioso desde su primera entrevista de trabajo, cuando aun era un joven con veinticuatro años, pero con menos experiencia que nadie. ¿Y en esa ocasión? Con los años de trabajo, las personas que ha conocido, y aun así la sola reputación de aquel hombre importante le resultaba así de intimidante, sin contar que no lo había conocido personalmente. Pero que distraído en esas ideas dentro de su cabeza, no reparó en la distancia que recorrió hasta la sala mencionada, que resultó ser una biblioteca. Pero esa palabra se quedaba corta, no le hacía justicia al paraíso que resultó ser dicha habitación. Aun cuando entró, se sintió mareado de ver tantos libros, a como no reparó en la mujer que lo escoltó hasta ahí cuando ella ya estaba adelante para anunciar la presencia del visitante. Entonces vio a un hombre, a la distancia; fornido como para asustar a los niños más pequeños, y con una mirada crítica como para asustar a los hombres. ¿Sería él? No podía serlo. Aferrando sus manos al cinturón de su bolso fue como se adelantó unos cuantos pasos, recorriendo aquel mar de libros hasta que se detuvo justo cerca a unos sillones, cuando en ese momento atrapó el calor no solo ambiental, sino el mismo ofrecido por aquella chimenea encontrada a espaldas del hombre en cuestión. — ¿Koroliov Jr. Imagino?—Esbozó una cordial sonrisa que acompañó a sus palabras, siendo que su pensamiento inicial fue el de que el hombre presentado ante sus ojos no sería otro sino el hijo del hombre detrás de aquel evento caritativo para estudiantes con pocas oportunidades. —Soy Anthony, Anthony Basset. Es un placer, supongo que estoy aquí para encontrarme con su padre—. Se adelantó en esa presentación, ofreciendo su humilde mano como un saludo formal, aunque él y sus titubeos estuvieran lejos de ser formales precisamente. Y aun cuando su mente maquinó que aquel hombre no podía ser su jefe en cuestión, experimentó esa sensación de que no debía verle concretamente a los ojos, por lo que fijó su mirada a las hombreras ajenas, en un intento de no ser o parecer descortés.
Invitado
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 7:04 am
Cuando sintió que se acercaba su empleada y otra persona se imaginó que ya llegaba su invitado, aquello hizo que se pusiera de pie para girarse y tener una mejor vista de su invitado. La sonrisa de su rostro se tornó maliciosa, casi malvada pero la supo reprimir a tiempo mucho antes de que nadie la pudiese llegar a ver manteniendo una expresión en su rostro neutra, difícil de poder descifrar realmente lo que hay detrás de aquella mirada capaz de hacer retroceder al hombre más seguro de sí mismo.
En el momento que pudo observar quién era el profesor desde la distancia le lanzó una crítica mirada de arriba abajo con total descaro para hacerse una idea mental de quién era el joven, el físico decía mucho de una persona y lo era casi todo en la primera impresión. Para Keireth era una persona un poco más joven de lo que esperaba, las fotos que había visto no le hacían justicia a lo débil que parecía ser en persona, una debilidad que llamaba a los tiburones a lanzase al cuello de la presa aunque para él todos eran débiles presas que devorar. Pero la forma nerviosa en la que parecía moverse el joven, la forma en la que inútilmente se aferraba al cinturón de su mochila hizo que fijase su mirada unos instantes en aquel agarre mientras sonreía de medio lado con una extraña satisfacción.

La hora de las presentaciones parecía haber llegado, su empleada era quien debía hacerlas mas aquel pobre incauto se había precipitado. Como si de un simple hijo de un adinerado hombre se adelantó para llamarle Koroliev Jr, es cierto que su padre era el Señor Koroliov y seguía vivo pero en aquel pequeño castillo él era el amo y señor de esas tierras. Mientras el matemático terminaba las presentación arrugó la hoja de papel que tenía en la mano y la lanzó al fuego para luego tirar el libro de cuentas del que había arrancado dicha hoja tirarlo también al fuego. Posteriormente volvió a fijar su mirada en los ojos del contrario mientras le estrechaba la mano de manera firme y formal con un seco movimiento antes de soltarla, quizás hizo demasiada fuerza pero es la forma en la que saludaba siempre. -Los Koroliov Jr. son mis hijos y están en Europa- La voz de aquel hombre sonó aún más seca que la forma en la que le estrechó la mano al otro, casi parecía un reproche por menospreciar la posición que él ostentaba en la cadena de mando.
Keireth alzó la mano e hizo un gesto en el aire, aquella fue la señal con la que la empleada se giró y se marchó con rapidez del lugar para dejarlos a ambos solos. Un instante, un silencio incómodo que había forzado e noble extranjero tras reprocharle la confusión se mantenía en el aire mientras le miraba fijamente a los ojos. -Bien, Señor Basset.- El marcado acento eslovenio del noble parecía dificultarle pronunciar correctamente el apellido de su invitado con fluidez por lo que hacía separaciones cortas entre las sílabas. -Soy Keireth Koroliov, el que le ha llamado aquí, tome asiento por favor.- Mientras volvía a aclarar quién era indicó al otro que se sentase, le indicó claramente con un gesto de la mano derecha en qué puesto del sofá grande debía sentarse, era una orden de mandato que solía hacer cuando llamaba a alguien para aclarar de forma inconsciente que él estaba al mando incluso para decidir el posicionamiento de todos su invitados.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 7:31 am
Quizá, para Anthony, la boba impresión que se llevó con cada fino detalle de la casa, para hacerle ver como un pobre méndigo entrando a un palacio de reyes, habría sido una sensación mucho mejor que la de su error garrafal. ¿Cómo iba a confundirle, con qué derecho? Aun cuando la mirada de aquel hombre, uno con más presencia que cientos, pues Basset se encontró más intimidado que estando frente a un ejército de uniforme verde. Contuvo la respiración para no balbucear, pues una disculpa es todo lo que pasó por su mente en ese momento; salvo que las palabras jamás llegaron claras para ser dichas. Razón misma por la que titubeó en ese fuerte agarre, uno que le hizo al menos intentar corresponderlo con esa firmeza, pero que falló tanto o peor que en su confusión anterior. —Lo siento tanto, Sr. Koroliov. Es solo que…—mordió con ligereza su labio inferior, dado a que estaría sufriendo de verborrea si no callaba en ese justo instante. Pero aquella dirección firme y clara le forzó a distraerse para fijar su atención en el puesto de aquel sillón sobre el cual asintió para tomar asiento. Mantuvo las piernas juntas así como su espalda erguida, de la misma forma que se sacó el cinturón del hombro para acomodar el bolso sobre su regazo. Era… extraña, la sensación de deberle respeto, aun mayor que el protocolario con una persona nueva. ¿Quizá fue condicionado por la magnificencia de su hogar? O esa imponencia con la que se expresa, no lo supo, y hasta cierto punto deseó no saberlo: eso significaría entrar en un nerviosismo mayor.

Me disculpo, de verdad. Solo fui muy torpe al hacerme una idea prejuiciosa sobre la persona con la que iba a encontrarme hoy. Son escasos los empresarios jóvenes, o esa es la idea americana—Intentó cortar con ese silencio haciendo uso de humor barato, y el único que estuvo en su repertorio fue la burla reflejo: criticar la forma de actuar que tienen los hombres de Estados Unidos; pues no solo fue el nombre o apellido de aquel hombre, sino su acento, tan exquisito, pero que a su vez le otorgó cierta dificultad para entenderlo. Tuvo que maniobrar la capacidad de su oído en el proceso de mantener una comunicación fluida, y clara. —Es una casa encantadora, me tienta en muchos sentidos para observarla—Hizo una breve pausa, porque halagar el aposento de un hombre importante resultó ser la mejor opción, para luego encogerse brevemente de hombros—. Una rutina debería ser sencilla y placentera de seguir si se vive en un lugar como este, ¿no es así?—Dibujó una tenue, pero sincera curvatura sobre sus labios; no supo realmente qué tipo de impresión esperaba dar, pero sí una que le garantizase la confianza suficiente de que hará un buen trabajo con la dirección de aquel evento en la universidad. Por lo mismo tanto, jugar con la amabilidad a su favor estaba siendo el camino seguro, sin salir de su zona de confort.

Basset podría culpar a su déficit de atención, el que nunca fue oficialmente diagnosticado pero gestos como aquel precisamente le delataban para un ojo no tan experto, pero que no dejó libre un solo segundo para admirar aquella habitación; ¿sería el relajo que trajo a su cuerpo ese calor abrasador? El que distó demasiado del ambiental, pues no fue uno cruel e intenso, sino adecuado y gentil para relajarle, ponerle del mejor de los humores. Con la facilidad que muy poco consigue hacerle olvidar un momento vergonzoso como aquel, pero efectivo de tal manera que estaba haciendo esa reunión una más agradable, menos intimidante, aunque mantenía esa presión por hacer las cosas bien, decir las palabras adecuadas. — ¿Desea saber algo en particular sobre mí? Para estar seguro de que soy capaz en supervisar su evento de caridad, el que por supuesto el personal de la universidad lo ha tomado de maravilla. Pues últimamente son verdaderamente pocos los grandes personajes que están dispuestos a dar su brazo por otros, el mero futuro de la sociedad: los jóvenes—Se inspiró al mencionarlo, manteniendo un tono de voz grácil, pero del que no podía esconderse ese acento del este, lo cual resultaba entretenido de escuchar para sus estudiantes en un salón de clase. Y que por más intentos que hiciera, no podía esconderlo del todo. —Por lo que puede hacer preguntas, libremente—. Ofreció como una alternativa a la dinámica que manejarían entonces, aunque sonara más espabilado o mejor desenvuelto, sus palmas no dejaron de encontrarse húmedas por la sudoración gracias a la ansiedad; como tampoco las apartó de su bolso, clavándole los dedos para liberar la tensión, ahí mismo. Era increíble, la forma en que se encontró doblegándose por la oportunidad de conseguir un trabajo bien hecho, un trabajo admirable. Pues en ese momento entró en juego su imagen, una que esperaba estuviese siendo aceptada, digna de sus capacidades. ¿Lo estaba logrando? Solo aquel hombre misterioso, serio, pero sumamente apuesto podría dar la última palabra.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 8:03 am
Aquel profesor parecía un manojo de nervios que no paraba de hablar y hablar, le resultaba un poco pesado el cómo los estadounidenses solían hablar más de la cuenta, de donde era Keireth las miradas hablaban más que las palabras y en las tierras más heladas en donde se forjan los hombres a temperaturas absurdas la frialdad se adentra en los más hondo de los corazones.
Con su acompañante sentado en el sofá indicado pidiendo perdón por su equivocación no se dignó a darle coba aquel asunto, si bien es cierto que se había ofendido y en sus tierras hubiese sido una falta de respeto grave la sociedad de aquel lugar era diferente y tenía que ser más abierto de mente con los metepatas americanos.  En cierto modo era normal que fuese un millonario especial, diferente, él era un Koroliov nacido de la Europa de este que había acudido a ese continente a hacer eco su noble apellido con más fuerza, con la intención de que retumbe en cada rincón de esos "cerdos americanos come hamburguesas".

-El Palacio de Invierno, ¿Sabía usted que es el cuarto? Ha sufrido innumerables desdichas, reconstrucciones y remodelaciones. Siempre ha sido un símbolo de la imponente fuerza de Rusia, su grandeza y su poderío, cuando decidí mudarme supe que debía ostentar un hogar digno de mi noble linaje así que quise construir una réplica punto por punto al Palacio de Invierno.- Cuando la magnificencia de su hogar fue mencionaba comenzó a hablar en una especie de soliloquio mientras se acercaba al fuego dándole la espalda a su invitado, su mirada se posó en las brasas y su voz era extrañamente cautivadora, su acento era remarcado y a veces un tanto brusco pero hacía que su relato fuese envolvente de alguna manera, una historia con un tono de voz que envolvía el corazón en un extraño anhelo inalcanzable. -A mi padre le pareció exagerado y a mi madre abrumador, mi difunta esposa hubiese querido un palacio mucho más grande que ese pero comprendí que tal ambicioso proyecto era demasiado, mis planes van contrarreloj y no me podía permitir esperar a que un imponente palacio se alzase y menos en un lugar que no iba a ser mi hogar definitivo, ésto no es más que una vulgar réplica mediocre de lo que debería ser un símbolo de mi grandeza, soy el tercer príncipe Koroliov mas el que más poder adquisitivo tiene, todos tenemos un poder diferente, como padre siempre quiso. El gran poder de la trifuerza Koroliov, la voluntad para doblegar a toda una nación- Aquella última mención sobre doblegar una nación fue acompañado del ruido del libro que se retorcía al consumirse casi al completo entre el fuego, fue cuando terminó su charla que se giró para observar de nuevo al profesor que estaba allí sentado exhibiendo una expresión sería, fría y casi malvada.

Un instante, un mero instante en el que el rostro del europeo cambió de siniestro a amable, era confuso y extraño que tuviese la capacidad de cambiar con tanta rapidez. No dijo nada tras el discursito pensando en qué podría preguntarle con tanta libertad al joven que le había ofrecido amablemente que le preguntase lo que requería saber. Antes de preguntarle nada se sentó delante de su invitado, sobre la mesita que había delante del sofá tras empujarla un poco hacia adelante para mantener una corta distancia entre ambos, una distancia tan corta que Kereth tuvo que abrir un poco las piernas para tener las del otro entre las suyas por la poca distancia. Inclinándose un poco hacia delante apoyó sus dos manos sobre las rodillas de su nuevo empleado mientras le miraba directamente a los ojos. -Tengo una misión que hacer aquí, una misión que pienso llevar a cabo para saber de qué pasta está hecha alguien y tú me vas a ayudar, te colmaré de riquezas si así lo deseas pero quiero sólo lo mejor, quiero que seas capaz de diferenciar un estudiante mediocre de un estudiante célebre, ¿Harás eso para mí?- La mano derecha del extranjero se alzó para posarse sobre una de las manos del otro y apretarla suavemente, era extraño, era un tono de voz amable pero que ocultaba un toque siniestro en ellas. Daba miedo pero a la vez atrapaba en un encanto difícil de entender, parecía casi como si estuviese ofreciendo al docente ser cómplice de algo horrible tratando de comprarle con promesas de riquezas mientras atacaba a la moralidad de su persona con un extraño juego de seducción pero así era, lo que quería de él era que estudiase a los candidatos y los pusiese al extremo y más allá de las capacidades de los mismos de la forma más cruel que pudiese imaginar.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 8:37 am
Difícilmente aquel profesor comprendería a detalle el significado detrás de esas palabras profundas, cargadas de sentimiento, pero no supo descifrar cuál era este; lo que sí pudo comprender fue esa pasión con la que hablaba de su castillo, como un rey orgulloso defendiendo su reino. ¿Así le pareció a Basset? Extrañamente, sí. Aprovechando que se encontró de espaldas, no reparó en ocultar una sonrisa suavemente esbozada, cargada de admiración por lo que escucha; ¿quién más puede hablar con tanto afecto de algo como el lugar donde se vive? Contadas serían las personas, y seguramente el hombre sentado sobre ese fino cuero estaba descubriendo a la primera de ellas. Anthony culpó al modo de pensar que tienen los nativos de ese país, como al ser distinta la ideología de aquel hombre, del mismo que desconocía muchos datos en realidad, salvo su posición como un Europeo que emigró no hacía mucho tiempo. Quizá estaba precipitándose, pero el hombre –conocedor, verdaderamente- no le adjuntó más de la década en la nación americana. Quizá no debía resultarle intimidante, sino por el contrario: digno de merecer fascinación de otros que puedan escucharle. Algo en sus palabras le transmitió confianza, pero no demasiada, solo para humanizar todo el espectro que rodeaba al hombre en cuestión. Los hombros del moreno se destensaron por un momento.

Él llegó a pensar en su familia, tan humilde como él mismo; su madre que, aun cuando ya hubo partido del mundo de los vivos, para él fue la mejor persona que habría pisado esa tierra. Ni ella o su padre gozaron ningún tipo de lujos más allá del que sus empleos ofrecieron, pero que tuvieron ambos una vida decente lo suficiente para ser considerada plena. Y aun al sol de ese día Anthony sabía respetarla y honrarla como si de una reina se tratase, una reina sin corona a la que año con año ahora estaba obligado a pagar sus respetos en el cementerio. Y aquella memoria fugaz le provocó un nudo en la garganta, pero que inmediatamente tuvo que descartar por el contexto de la reunión; no debe ser un hombre sentimental, ni siquiera puede permitirse aburrir a un empresario como el que tiene al frente con sus problemas o pasado. Sino probarse firme, capaz de ofrecer el servicio que se espera. Siendo que primeramente lo hizo por el dinero que podrá conseguir, aunque últimamente fue otro tipo de honor: poner su nombre en medio de aquel evento para darle la oportunidad a alguien que más lo necesita, ser parte de ello, llenó su pecho de orgullo, uno genuino.

Cortésmente calló como también le resultó una ventaja, pues debía buscar maneras de saciar esa verborrea sin exponerle como un hombre débil y vacío, por lo que morder su labio fue la mejor opción. Y una vez que dejó de fijarse en la espalda ancha de aquel empresario europeo, espabiló de tal forma y reacomodó su posición a una firme y seria. Pero que instintivamente fue retrocediendo hasta que su espalda tocó el respaldar del sillón; ya que estaba apropiándose del espacio, como era de esperarse con alguien de su talla: dado a hacer las órdenes como adueñarse de lo que se encuentra a su alrededor. Y bajando su mirada hasta el nivel de esas rodillas que resaltaron por la tela del pantalón, el profesor la elevó fugazmente hasta ese punto intermedio que unía sus piernas como alzó finalmente hasta los ojos de color avellana de los que era dueño su acompañante para esa reunión, así como también su jefe. —Ah…—titubeó, ya que por breves instantes cedió a la hipnosis que representó la combinación de su mirada intensa y el poder de su voz, para luego cerrar los ojos solo un par de segundos así como liberó su labio de sus dientes—. Me considero perfectamente capaz para la tarea, voy a dar lo mejor para no decepcionarlo, señor—. Respondió grácilmente, con un asentimiento de su cabeza para liberar con un tirón su mano pues ese roce inadvertido le tuvo conteniendo la respiración.

Más pronto que tarde, el sonido del cierre en su bolso fue lo que se escuchó entre ambos hombres; cuando Anthony se encontró abriendo su bolso con relativa torpeza, era en momentos como ese, cuando la presión del contexto se apodera y entorpece sus acciones, que no podía realizar una tarea sencilla sin antes pensarla dos, tres o cuatro veces. —He preparado un informe con los respectivos postulantes—Hizo una pausa para extraer una carpeta del correspondiente bolso y la giró abriéndola de tal forma que la información quedó expuesta a los ojos del otro hombre—Hay foto, nombre, edad, su rendimiento académico así como las actividades extracurriculares—. Expuso anticipándose al señalar con su dedo índice cada uno de estos detalles, atrevido al ojear nada más por cuestión de segundos el perfil del otro hombre—Puedo preparar un examen que reciba a los cinco mejores, para que su dinero sea provechosamente invertido—. Afirmó con seguridad, que pese a ser un profesor de matemáticas y física propiamente dicho, sus conocimientos se expandían en sobremanera por todo el tiempo libre con el que gozó año con año, para ser el adecuado en quizá cada área de estudio. Como el popular dicho expone, saber un poco de todo. Y ese era el hombre de cabello oscuro y ruloso que se encontraba ahí sentado. —Pero quien toma la decisión es usted, si desea algo más particular o tiene otros métodos.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 9:05 am
No le agradó que la mano del contrario se le escapase de su suave gesto, aquello casi era un insulto pero podía ver como el profesor estaba demasiado nervioso como para poder culparle por no aceptar su atrevido gesto de tomarle de la mano. Lo cierto es que le encantaba ver como se ponía así de nervioso, de no ser por que aquel profesor era lo que necesitaba para llevar a cabo sus malvados planes extendería los límites de aquel docente como si de una goma se tratase hasta ver el punto en el que se llegase a romper mas sabía que debía contenerse.
Mientras se le era enseñada la ficha para llevar a cabo del estudio de cada estudiante la mirada de Keireth chocó con la del contrario de una forma lasciva, en su mente estaba imaginando hasta dónde podría extender aquella goma tan prohibida que era lo que le resultaba más tentador, adoraba ver el nerviosismo de las víctimas antes de acabar sucumbiendo a sus egoístas deseos. Por su mente recorría la escena en la que posaba sus labios en el cuello del profesor para besarlo lentamente con algún mordisco furtivo mientras le hacía cosquillas de forma intencionada con su cuidada barba, sentir como su cuerpo temblaría cuando aquellas manos recorriesen aquel cuerpo buscando acariciar cada rincón de su piel imaginándosela tersa y suave. Sí, Keireth se estaba preguntando en su mente cómo sería el sonido de aquellos labios gimiendo mientras sus propios labios saciaban la curiosidad del sabor del miembro de aquel hombre nervioso, queriendo jugar con él y pasear su lengua por los sitios más prohibidos que pudiese imaginar hasta lograr hacerle temblar de placer, la curiosidad de escuchar el sonido que haría cuando le tomase e invadiese el cuerpo entrando en él una y otra vez casi era una necesidad que no iba a llevar a cabo pero que se notó de sobremanera en su pantalón, un  gran bulto se pudo apreciar en su paquete mientras tragaba saliva para luego humedecerse los labios con la punta de la lengua.

No, no tenía ni la menor idea de lo que el profesor le acababa de decir cuando salió de sus lascivos pensamientos ante la premisa de que suya era la decisión. Hacía bastante calor allí, la temperatura caliente del verano, la hoguera encendida que tenía a su espalda y sus malditos pensamientos eran una intersección que hacía que un hombre que se criaba en tierras frías pudiese sentirse sobrepasado. Una pequeña gota de sudor bajó desde su cabeza recorriendo su rostro por el perfil izquierdo haciendo denotar que empezaba a cargarse en tantas llamas por dentro y por fin. Si bien es cierto que era un hombre malicioso y casi todo lo pensaba actuó más por instinto que por malicia cuando se desabrochó las mangas de la camisa y los botones de la misma quitándosela. Dejó su fornido torso al aire mientras algunas gotas de sudor bajan por sus marcados pectorales delineando aquel trabajado cuerpo capaz de tentar a casi cualquiera, aunque aquella acción era simplemente una medida inocente para apaciguar su temperatura física.
-Mientras sea capaz de llevar a cabo la capacidad de cada estudiante estará bien. Como he dicho, les quiero al límite, quiero ver de qué son capaces y hasta dónde llegarían, confío en que esté a la altura de las circunstancias, no me gustaría tener que buscar de nuevo otro docente.- Aquellas palabras dejaban claro que Antohny era una pieza sustituible hasta cierto punto de su partida, si aquel hombre no actuaba bajo su mandato tendría que buscar a otro aunque de momento parecía dispuesto a hacerlo pero Keireth se preguntaba si realmente sabía hasta qué límites quería que esos jóvenes llegasen. Él quería casi torturarlos en aquella competición. -No me gustaría prescindir de una de las pocas personas que saben combinar belleza e inteligencia, pocos nacemos con tales dones y me gusta que mis empleados rocen la perfección.- Aquello era un piropo para el profesor que también aprovechó para echarse flores a sí mismo, a veces podía ser un cretino arrogante más arrogante de lo que se podría apreciar a simple vista, para Keireth no existía la expresión "tocar techo" en cuanto al egocentrismo se trataba.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 9:45 am
Anthony rebuscó en su mente, por un recuerdo que pudiese ser ínfimamente comparable a lo que estaba ocurriendo en ese momento. Pues aun cuando se desenvolvió perfecta y fluidamente con el tema de aquella prueba para los postulantes a la beca, pudo notar ciertas expresiones en el hombre que en ese momento era su jefe que… le distrajeron. Tanto la forma en que le miraba, pero no solo ello, sino también atisbó una pequeña gota de sudor rodarle por la sien. ¿Acaso enfermó? Pero al variar su mirada, intentando lucir profesional en el asunto, ignoró aquel detalle en particular. No iba a pararlo todo para preguntarle si algo ocurre con él, aunque se sintiese con el compromiso moral de hacerlo. Y sin embargo, hasta que acabó de exponer su plan para con el examen de aptitudes, sufrió de otra impresión –como si no se hubiera llevado varias para el segundo corriente- cuando lo vio despojarse de su prenda superior. Quizá el tiempo se detuvo unos instantes, o fue que Anthony se enfocó un poco de más en los detalles. Como fue que siguió el camino de las manos, que había comprobado eran firmes y fuertes, desabotonando uno a uno los botones en la camisa ajena hasta que esta se abrió en dos partes. La curiosidad no permitió bajar su mirada o desviarla hacia otro punto que importase, pues descubrió el área de su pecho y abdomen comprimido por la posición así como advirtió sus pectorales expandirse y contraerse con el movimiento sencillo de sus hombros para sacarse la camisa. No supo en qué momento dejó su boca entreabierta; pues lejos de su primera impresión, o la idea que se hizo del hombre detrás del imperio: aquello no era un conjunto de pellejos viejos y arrugados, distó tanto que el profesor Basset logró sentirse culpable y merecedor de años en cárcel por haber pensado algo semejante de un hombre como el que estaba puesto ahí frente a él. — ¿Qué… ? —titubeó, su voz se escuchaba con mucho menos intensidad que al comienzo, pues la verdad se le dificultó articular palabra—… ¿qué está haciendo?—Repitió con algo más de propiedad, aclarando su garganta solo entonces. Basset logró acomodar el cuello de su camisa, la cual pareció sofocarle solo hasta ese momento, aún más por el nudo prieto de su corbata. Carraspeó una vez más como si no fuese suficiente con la primera, ¿en qué momento se secó su paladar? Pero decidió ignorarlo, ¿por qué? Lo excusó en el momento que reparó en dos cosas: la primera, debía ser un hombre acostumbrado a desenvolverse tan libremente como su dinero le ha mostrado las facilidades; y segundo, era esloveno. ¿Era suficiente excusa? Quizá esta última podría ser incluso burda, pero que no supo cómo explicarlo de otra forma. La solución a esa improvisada situación fue la de ignorarlo, ignorar ese tatuaje que comenzaba en su pectoral izquierdo y se extendía a lo largo de ese bíceps inflamado; cuando a Anthony jamás le pudo parecer respetable un hombre con tinta sobre su piel, ahí frente a sus ojos podía estar la excepción que confirma la regla.

De cualquier forma, y quizá inutilizado para hacer algo al respecto, como modificar la situación para hacer de esta una más cómoda, Anthony reposó ligeramente con las palabras naturales y bien enfocadas del contrario sobre el tema. —S-sí, no necesariamente tiene que ser una prueba sobre quién sabe más que el otro, a la larga una calificación no define el intelecto de una persona—Mencionó con dificultad, estaba contando los segundos para que esa reunión acabase, no porque el hombre fuese poco agradable, sino demasiado—. Si le parece oportuno, puedo explicarle a detalle mi método para evaluar. Pienso que puede ser ventajoso si espera que los estudiantes sean…—se detuvo uno o dos traviesos segundos cuando la tentación reinó en su mirada al fijarse curiosamente en la compresión de esos abdominales, pero que recayendo a su realidad metafóricamente sacudió su cabeza—… hábiles, no solo reteniendo información al estudiar o memorizar, sino para obtenerla—. Suspiró, no porque empezase a encandilarse o se metería en un severo problema, sino… bueno, ¿no era hombre pues? Y esa ansiedad la supo desahogar al apretar su puño izquierdo con fuerza, mucha fuerza—. Podría ser un examen que solo un egresado de la universidad pueda resolver, pensé plantar cuatro ingenieros de apariencia joven y sembrarlos discretamente entre los estudiantes. Ellos conocerían las respuestas de todo el examen, el estudiante habilidoso y de reacción prematura sabrá que la única forma de aprobar el examen será… copiando, discretamente obteniendo información—. Expuso entonces para callar, porque era bien sabido que Anthony se desempeñaba mejor cuando escuchaba, así no había oportunidad de meter la pata. O no se encontraría en sus responsabilidades hacerlo.

Aunque tuvo la intención de interrumpirle solo por unos segundos, se vio casi comprometido a atender a cada palabra despedida por su boca, con su masculina y peculiar voz. Pero no solo fue la hipnosis de esa voz sino el contenido del mensaje, ¿acaso le había llamado ‘bello e inteligente’? Lo cual pudo ser solo un traicionero juego de su mente por lo muy dispersa que se ha encontrado en los últimos minutos. Entonces y solo entonces el profesor se sintió en desacuerdo con una preciosa chimenea como la que se encontraba en el fondo, pues esta y en compañía con la imposible de ignorar presencia de aquel empresario esloveno, se acaloraba más de lo que podía o querría admitir. —Disculpe—le detuvo, empujándose con los brazos para apartarse solo lo justo al arrastrarse hacia el lado derecho del sillón. — ¿Dónde se encuentra el baño? Lamento interrumpir, pero cuando hay que ir… hay que ir—Esbozó una sonrisa forzada, no porque tuviese una necesidad en concreto, solo quería estar en contacto con agua, no para ingerirla, sino para recordar lo que la frescura puede hacer con su cuerpo—. Será cuestión de pocos minutos, luego podemos seguir—. Frunció levemente el ceño y se levantó para darle la espalda, enfocaba su vista y sus pensamientos en la diversidad de libros que les rodeaban, unos que no estaban aprovechando en ese momento. Pero aun con la curiosidad que se podía presentar en el hombre, no fue tanta como para compararse u opacar a la que se postró a sus espaldas, seguramente aun sentado sobre esa mesita.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 10:16 am
Cuando se quiso dar cuenta de que había dejado su torso a la vista del otro y aquello era un acto de provocación sexual fue en el momento en que dio caza a su invitado recorriendo sus pectorales con la mirada. Aquello le hizo gracia y en cierto punto lo quiso alimentar marcando músculo de forma intencionada aunque un tanto sutil con pequeños gestos al hablar.
Le encantaba ver a aquel hombre nervioso e incómodo, realmente era algo sumamente divertido que alimentaban más el deseo de jugar al gato y al ratón, realmente esperaba que demostrase ser un patán para despedirlo y poder lanzarse a su yugular pero cuanto más hablaba más parecía apto para el trabajo. En alguna parte de su interior parecía maldecir la eficiencia de un empleado pero él era un Koroliov, encontraba la eficiencia sumamente atractiva.

Keireth escuchaba pacientemente todo cuanto el otro tenía que decir, le gustaba lo que estaba oyendo pues le parecían ideas no demasiado malas, es más, era parte de lo que estaba buscando. Casi, solo casi, por un instante lograba aquel profesor centrar la conversación en el tema laboral y arrebatarle al extranjero los pensamientos carnales de quitarle la ropa con los dientes y empotrarlo en aquel sofá de cuero negro hasta que el fuego se hubiese acabado mucho tiempo atrás, hasta que la noche los envolviera del mismo modo que sus musculados brazos envolvieran el cuerpo del profesor en un férreo abrazo junto a suaves movimientos de caderas para tomarlo. Tenerlo atrapado, besarle en los labios hasta saciar sus deseos de probar el sabor de aquel hombre mientras se adentraba una y otra vez movimiento la cadera de forma lenta, pausada y tranquila, se preguntaba cómo sería hacerle el amor de forma pausada y dulce. Por alguna razón aquel nerviosismo del hombre le hacía querer tomarlo con mimos y no de forma bruta y ruda como solían despertar en él los chicos que se le insinuaban normalmente.
Su sorpresa fue bastante grande cuando el hombre se movió en el sofá para ponerse a un lado, se quedó bastante sorprendido y escuchó que preguntaba por el baño. Casi se ríe con una carcajada pero la pudo contener mientras se levantaba y se estiraba un instante. -Le entiendo perfectamente, hay impulsos que ni los hombres más fuertes podemos controlar...- El tono de aquel europeo pasó a ser algo más suave, era casi como un susurro sugerente mientras se deslizaba con agilidad para acercarse por la espada al profesor. Su tono marcado de la tierra que le vio nacer hacía que sus susurros fuesen un poco más complicados de entender en aquel idioma ajeno al hombre. -En ocasiones es difícil no sucumbir a los deseos que el cuerpo tiene, seguimos siendo humanos por muy perfectos que podamos ser... El tono continuaba en la misma línea pero Keireth había ido aún más lejos, se había deslizado hasta acercarse por la espalda del profesor y susurrarle directamente al oído, sus manos subieron por los brazos del hombre rozándole, nunca crearon contacto físico real de ninguna otra manera. Pero lo verdaderamente sorprendente fue otra cosa, lo que podría impactar era la cercanía del cuerpo del noble con la del humilde profesor, una cercanía que hacía que el abultado paquete de príncipe llegase a rozarse contra el trasero de su presa, no fue intencionado, tan solo un mal error de cálculos a la hora de acercarse. -Si gusta le puedo llevar a mi baño personal para que... tengamos privacidad absoluta.- Hizo especial atención en una palabra de aquella extraña frase, el profesor le estaba diviertiendo demasiado, intentaba no tensar la goma con todas sus fuerzas pero incluso cuando actuaba de forma inconsciente lo hacía. Pequeños placeres de la vida eran lo que le hacía sentir vivo y jugar con aquel hombre entre sus garras parecía ser uno de ellos.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 11:09 am
Con el poco control que tuvo sobre la situación, independiente del momento en sí, pero que pudo verse más crítico a partir del instante preciso en que el torso de aquel empresario fue más visible de lo que Anthony habría esperado, o deseado ver en medio de una especie de entrevista. Pero que al encontrarse dándole la espalda, el profesor tuvo la libertad de cerrar los ojos y fruncir el ceño para realmente gestualizar todo lo que tuvo que tragarse para no ser muy expresivo con el hombre, cuando no podía ser menos que profesional; así también esa liberación de tensión se reflejó en la fuerza con la que apretó sus puños. Pero que ese momento no vendría pronto, puesto que llegó incluso a considerar que aquello se trataba de alguna especie de acoso; no supo por qué, en realidad, dadas las circunstancias y el suelo donde cada uno de ellos está parado. ¿Qué gana aquel hombre con seducir a un profesor con él? Con no mucho más que cincuenta mil dólares al año, comparado a las riquezas que seguramente giran alrededor del esloveno; era sencillamente tonto considerar tal posibilidad, pero que la forma suya, propia de expresarse le hacía confundir. Anthony levantó ligeramente su brazo en un intento fallido por interrumpirle, nuevamente, dado a que le urgía casi llegar hasta el cuarto de baño. Y en su lugar obtuvo más de esa voz, como si estuviese enviando un mensaje subliminal para que su cuerpo lo captase de tal forma que empiece a subir en temperatura, a enrojecerse su rostro o zonas que jamás pensó estarían sonrojadas. Así como su paladar también se secó, necesitaba beber agua, y si era con hielo, lo agradecería.

¿De qué impulsos hablaba? Anthony no comprendió a la primera, así como no pudo ignorar el doble sentido que encontró erróneo y fuera de lugar, cuando su mente escasas veces lograba trabajar de esa forma. Nunca en un área de trabajo. Pero que en lugar de aliviar esa tensión, solo la hizo más opresora, con el roce que fácilmente consiguió que su piel se erice aun cuando el tacto no era definitivo. El moreno giró sutilmente su cabeza para ver ambas manos cercanas a su brazo, pudo percibir ese roce, de sus palmas con la manga de su chaqueta, misma que agradeció no haberse quitado en el momento que entró, o tendría problemas para ocultar una situación ligada a su pecho. No podría permitirse otra vergüenza más. Pero que la gota a derramar el vaso se pronunció en muy incómodo como espontáneo roce de pelvis, esa presión en la parte baja donde su espalda pierde el nombre, le hizo dar un brinco hacia el frente por reaccionar de forma abrupta. —¡Daaah…!—Anthony se sujetó del estante, concretamente un par de libros que por la fuerza impresa los tiró al suelo. ¿Acaso el hombre tenía una linterna debajo del pantalón o qué? Aquella duda trajo tribulaciones para el profesor. El mismo que se puso sobre sus rodillas para levantar los libros que había tirado—. Lo siento, lo siento. Creo que bebí mucho café antes de venir hasta aquí—Se excusó, aun consciente de que estas explicaciones se volvían más tontas, y menos creíbles que la anterior. Al levantarse con cierta paciencia, colocó ambos libros de nuevo en el estante y se giró fugazmente—. No quisiera imponerme… —tragó saliva y bajó la mirada hasta el nivel del suelo—. Me comunico con la empleada, ella me señalará el camino—Movió su cabeza de arriba abajo como si tuviese un tic nervioso. Y sin más, dejó que sus zancadas apresuradas le alejasen de aquel hombre hasta que lo aproximaran a la puerta. Claro, que aun cuando no quería pensarlo siquiera, tuvo que acomodar algo entre sus piernas para evitar que fuese muy notorio. ¿Pero qué rayos le pasa a su cuerpo en ese momento? Era para él como si hubiese consumido una de esas pastillitas azules.

Anthony, fatalmente, tropezó una última vez antes de dar con la puerta; la misma que abrió casi con desesperación, como si ya no fuese tan metafórico el que él huya de la tentación hecha persona. En serio, ¿qué había pasado en ese cuarto de biblioteca? Y tras que la puerta resonó al cerrarse, el profesor apoyó su espalda contra esta, así como echó su cabeza hacia atrás para también apoyarla con la madera de la puerta. En ese momento, y como si de una casualidad se trató, apareció la misma empleada que pudo escoltarle desde la entrada hasta ese justo lugar. “¿Se encuentra bien, Sr. Basset?”Fue la pregunta del millón, una que ni él mismo era capaz de responder. ¿En realidad se encuentra bien? —Sí, sí… solo necesito encontrar el baño. ¿Puede decirme dónde lo encuentro?—Preguntó con mayor naturalidad, aunque era notorio ese temblor en su labio inferior, no del espanto, sino de la reacción sensible de su cuerpo ante la situación. La empleada pareció percatarse de ello al verle de manera sospechosa, pero acabó señalando el camino hasta el cuarto de baño. —Muchas gracias—. Asintió con la cabeza y tenuemente le sonrió en respuesta; más pronto que tarde recorrió el camino indicado hasta que abrió una pequeña puerta que, como fue prometido, le llevó hasta el cuarto de baño. Encendió las luces y se apoyó en el lavabo, no era sorpresa más, todo aquello era fino, como tallado para los dioses. Vio su reflejo en aquel espejo y en esa posición se quedó como por cerca de uno o dos minutos. ¿Qué estaba mal en él?

Soltó un suspiro y encendió el grifo para remojar sus manos, divino líquido que hizo que sus manos dejaran de temblar por ese tacto fresco. Anthony llevó su mano diestra, y empapada, hasta el área de su nuca para aliviar la tensión y calor en este lugar. Cerró los ojos y se relajó solo hasta entonces, aunque sintió un breve, pero preocupante estremecimiento que recorrió casi todo su cuerpo. —Qué eres Keireth Koroliov—Susurró, pero descubrió tarde que mantener los ojos cerrados y pronunciar ese nombre en un tono muy bajo no fue jugar su mejor carta; a su mente solo llegaron las imágenes de ese hombre semi desnudo, y mientras rozaba su mano húmeda que iba secándose poco a poco por el calor natural de su cuerpo, el profesor logró imaginar que en su lugar era la punta de la nariz del empresario rozando su nuca. Pausadamente movía su brazo izquierdo en pos de acariciar su abdomen plano, pero delgado así como su pecho. Recreando esa escena en su mente, en la que el hombre se colocó detrás de él, pero en su imaginación no hubo distancia entre pecho y espalda, entre pelvis y glúteos, como también esos brazos fuertes lo habían amarrado de una forma que su consciente no le permitiría escapar. ¿Realmente le estaba sucediendo aquello a él? Era tan… erótico, sin haberlo esperado, sin haberse preparado para ello. Se hizo ver así de vulnerable pues tenía sus defensas abajo. Pero en ese momento su razón se antepuso al resto, a los deseos de un hombre que no había sido tocado en más tiempo del que podría considerarse sano para otros. —No, no, no—. Discutió consigo mismo, hasta darse una palmada en la mejilla para hacerse reaccionar. Caminó de un lado a otro aun dentro del cuarto de baño y, sin remedio alguno, volvió a encender el grifo para llenar sus manos de más agua, la que parecía funcionar como la única cura. En esa oportunidad remojó su rostro, pues lo necesitaba verdaderamente, y de no ser por que traía una chaqueta y camisa manga larga también, habría remojado sus brazos, su pecho, que de estar en su casa se habría dado una ducha muy, muy fría. Anthony entonces exhaló, consciente de que pasar más tiempo ahí encerrado no volvía al exterior menos real. Entonces volvió a verse al espejo y solo gesticuló: “Enfócate, eres un hombre grande, profesional, demuéstralo”. Una exhalación más y por suerte se encontró con las toallas tendidas a sus espaldas. Volteó para coger una de ellas y la pasó por su cara para retirar las gotas de ahí. Volvió a acomodarla y para antes de salir del baño, se pasó las manos por sus cejas como cabello para disimular un poco. Entonces salió.

Nada más abrió los ojos para poner un pie fuera del baño y se topó con la empleada, misma que lucía algo preocupada. “¿En serio se encuentra bien? El Sr. Koroliov puede ser un poco intimidante a veces, pero no es una mala persona. Vaya, que me mandó a buscarlo, está esperándolo”. Avisó la mujer para que, nuevamente, el profesor respondiese con un movimiento de cabeza antes que articular palabra alguna. Anthony tragó saliva y se acomodó la chaqueta, regresando a un metafórico fusilamiento, que en ese contexto iba a ser la sala de biblioteca en aquella mansión. Y estaba por reencontrarse con el fusil que le acobardará: Keireth Koroliov. Dio un suspiro último antes de asomarse frente a la puerta y la abrió, concentrado desde ese momento en cada acción que realizaba, se metió de regreso a la biblioteca y cerró la puerta a sus espaldas—. Señor, lo lamento por mi conducta, pero me urgía visitar el baño—Explicó breve, pero dejando ver algo de ese respeto, como necesidad que tiene sobre hacer bien aquel trabajo, algo en lo que iba a enfocarse partiendo desde ya.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 11:42 am
Se separó bruscamente, tan bruscamente que lanzó algunos de los libros de su colección privada al suelo como un gesto de torpeza. Si no hubiese sido aquella situación se hubiese enfadado por el trato a su colección privada mas en aquel instante no le dio importancia alguna, tan solo se quedó mirando al hombre con su mirada lasciva llena de lujuria, tan solo observó como recogía los libros recreándose en la vista de aquel hombre en el suelo pensando en empujarlo suavemente para terminar de tirarlo y ensartarlo allí misma mas no lo hizo, tan solo esbozó media sonrisa con malicia.

No hizo nada por detener a su invitado cuando se marchó chocándose contra la pared, se rió un poco una vez se hubo machado por lo cómico que le resultaba ver a alguien actuar de aquella manera. Aquel profesor era mucho más divertido de lo que esperaba de un simple catedrático aburrido de una universidad perdida. Se sorprendió mucho cuando se dio cuenta de que estaba sonriendo con demasiada amplitud y su corazón latía casi emocionado, estaba divirtiéndose como si fuese un niño y hacía mucho que no se divertía siendo travieso. De repente se sintió más joven, como si estuviese volviendo a su adolescencia queriendo seguir con sus travesuras, quería jugar más aunque no había malicia, tan sólo la mirada traviesa de un niño que nunca tuvo infancia forzado a ser un hombre antes de tiempo.
Su empleada entró para preguntar si todo iba bien tras indicarle al joven la entrada al baño, Keireth asintió mas le ordenó a la mujer que encendiese la calefacción de la mansión, quería que subiese las temperaturas hasta los 35 grados en todas las estancias. La mujer preguntó confusa si estaba segura mas el señor confirmó su mandato pidiéndole también que fuese a buscar luego a su invitado.

La temperatura estaba subiendo en todo su pequeño castillo, estancia por estancia el increíble calor del verano que había sido en parte sofocado por el aire acondicionado que estaba encendido en gran parte del castillo excepto en estancias como la biblioteca que solía mantenerse a una temperatura regulada para conservar los libros a excepción de la chimenea fue forzada también a caldearse. Mientras los grados subían a una gran velocidad Keireth alimentó más el fuego para hacer que aquella estancia pareciese el mismo infierno, una habitación tan ardiente como aquel extranjero.
Queriendo más diversión, más juegos con el profesor se quitó sus botas de una cara marca, botas negras elegantes aunque para ir a la montaña y luego se deshizo de sus pantalones para volver a ponerse aquellas botas. Prácticamente estaba desnudo pues vestía únicamente unos bóxer negros de una marca aún más reconocible que las botas, aquellos bóxer tonificaban aún más sus nalgas y se fijaban entorno a su abultado paquete haciendo las vistas mucho más bonitas de lo que ya lo eran de por sí. Tan sólo eso, unos bóxer ceñidos a un paquete que estaba perdido casi en una erección y unas botas que denotaban la rudeza del hombre.

La puerta de la biblioteca volvió a ser abierta y escuchó la voz del profesor pedir disculpas por su comportamiento. -Soy yo quien debe pedir disculpas, al parecer el sistema térmico de mi hogar se ha estropeado.- Aquella disculpa era todo mentira, punto por punto y el tono con el que era dicha parecía ser más el de un hombre que se te acerca en una discoteca que el de una entrevista de aquel tipo. El casi desnudo europeo caminó hasta el profesor quedándose a un paso de distancia mientras le miraba a los ojos con una lujuriosa mirada que parecía desnudarlo en un solo vistazo, casi pareció que por un segundo había guiñado un ojo aunque también pudo haber sido el espasmo por una gota de sudor de entre tantas otras que recorría el cuerpo desnudo de aquel musculoso multimillonario, hacía demasiado calor para no empezar a sudar pues aquello se había convertido en una sauna. -Quítase la ropa que sea necesaria para que se sienta cómodo, si quiere podemos darnos una ducha.- Y ahí volvió a aparecer, aquel guiño confuso que no se sabía bien si realmente era un guiño o no, era casi como si estuviese jugando con el profesor y así era, lo estaba haciendo.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 12:06 pm
Parecieron horas mientras el profesor subió la mirada para toparse con algo peor de lo que había dejado al salir de la biblioteca, ¿estaba mal o realmente el empresario había perdido toda su ropa? Y Anthony fue consciente de que el bóxer seguía en su lugar, pero resultó más una segunda piel que prenda porque le forzó casi a ver hacia otro lado para no tener que regresar pronto al cuarto de baño. No lo supo asegurar, en realidad, pero asoció la imagen semi desnuda de ese hombre europeo con el detalle del calor que se incrementó considerablemente; tanto que tuvo para respirar por la boca dadas las circunstancias, empezó a sentir húmeda su frente aunque no se tratara más de agua sino sudor. ¿Acaso había un descapotable en el techo o algo parecido? El profesor estaría rozando ya su límite; y aun manteniendo la vista a los libros, entrecerró los ojos al notarlo cada vez más cerca, no llegó a creer que tuviese la confianza de cerrar una especie de negocio en muy pocas prendas, lo que a la experiencia del moreno indica: poco profesionalismo. —Ah, ¿eso pasó?—Preguntó con serias dudas, dado a que en esa biblioteca en particular se sentía como un horno mismo, y él lo sabe que tiene sus dotes de repostería, fue como asomar la cara a la llama de un horno, y claro, estaba la hoguera al fondo de aquella sala.

Simplemente bastó con las siguientes palabras, unas que se enterraron en lo profundo de su mente por el valor y peso que tuvieron para el americano; estas palabras provocaron que le viese directamente, aunque lejos de verle a los ojos y atrapar con su mirada ese gesto provocador, bastó con verle el pecho empapado en sudor, y las tantas gotas corriendo por cada abdominal hasta perderse en el área de su pelvis, donde comenzó aquella prenda de tono oscuro formando un precioso… Anthony cerró los ojos y se adelantó, pasando hombro con hombro junto al otro hombre para caminar hasta el sillón—. Creo que no podríamos hablar cómodamente aquí—. Anunció, sin rodear el sillón pues solo tomó su bolso por el cinturón. Eso sí, el incandescente cuarto provocó que se sacara la chaqueta de encima para quedar con su camisa blanca, la cual empezaba a pegarse a su piel por la transpiración. Se colgó el bolso al hombro y la chaqueta la cargó en una de sus manos—. Tal vez podríamos seguir con los planes en un espacio abierto, así podría colocarse su ropa o usar algo más cómodo, no lo sé, mientras esté vestido sirve—Soltó fluidamente como las palabras cruzaron su mente, solo quería borrar esa distracción de la ecuación dado a que no iba a contenerse por mucho tiempo. Pero, ¿qué quería frenar? ¿Él actuando por impulso para tocar cada centímetro y rincón del cuerpo de ese hombre, aprovechando el atractivo físico que adicionaba ese sudor? Ni en sus fantasías más elaboradas, no se encontró capaz de concebir la idea siquiera.

Aun de espaldas, el hombre volvió a afianzar sus manos al cinturón de aquella mochila estilo cartero, para luego voltearse y una vez más quedar de cara con el europeo, aunque esto último no fue del todo cierto, dado a que Anthony se rehusó a verle directamente—. O tal vez podríamos reorganizar la fecha, para cuando arreglen el problema con su sistema de calefacción—Propuso como una alternativa, dado que si no podía realizar bien su trabajo, sería mejor pararlo ahí mismo y seguirlo cuando la temperatura ambiente como corporal esté en niveles normales. Quizá podrían planearlo en un lugar más público, y con demasiado aire acondicionado de por medio. —La idea de una ducha es tentadora, pero no puedo dejar de pensar en lo inapropiado que sería. Además, no quisiera quitarle más tiempo—Se sinceró, por primera vez lo estaba haciendo, y resultó algo de lo que no se arrepentía. No ese desastre que hace con sus palabras, diciendo algo inapropiado o que pueda avergonzarle aún más cuando parezca no ser posible. —Usted decide, Sr. Koroliov—. Cedió la última palabra a él, como buen negociante que no tenía la experiencia para ser, el cliente iba a mandar en todo momento. Aprovechando ese momento último, que quizá sería por ese día, para verle directamente, aunque en esa ocasión tuvo que pasar su bolso al frente, cubriendo generosamente por debajo de su vientre, solo disimulando.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 12:29 pm
Aquel profesor estaba sudando, cosa completamente normal por las temperaturas. Por un instante Keireth comenzó a plantearse si había sido buena idea lo de subir tanto las temperaturas, aquello realmente estaba siendo insufrible dejando a un lado el tema de jugar con el profesor. Si el climatizador estaba a 35 grados y la hoguera ardiendo con fuerza añadía calor, ¿Qué estaban? ¿A cuarenta endiablados grados? Keireth por un momento se maldijo a sí mismo mientras tragaba saliva, sabía que el paso de ser un musculado hombre viril con gotas de sudor por su cuerpo de forma sugerente a un cerdo sudoroso que podría llenar una piscina con sus fluidos había un paso de diez grados centígrados que no tardaría mucho en cruzar, debía ser raudo o incluso un golpe de calor le podría azotar con fuerza. ¿Cómo aguantaba seguir con ropa el profesor? Debía de ser mucho más fuerte de voluntad si seguía con la ropa puesta, él estaba por quitarse la piel su pudiese hacerlo.

Anthony le había vuelto a dar la espalda, había pasado por su lado para ir hasta el sofá y coger su mochila tras quitarse el cinturón. Keireth se mantuvo allí de pie junto a la puerta y fue entonces cuando le lanzó una pregunta afilada y en un tono extrañamente dominante. ¿Qué ocurre? ¿Acaso no te gusta ver mi cuerpo?- Keireth empezaba a perder el poder de la sutileza por el calor, empezaba a sofocarse y las altas temperaturas le forzaron a empezar a respirar también por la boca, su blanco cuerpo comenzó a tornarse de un gran sonrojo por el calor que hacía. Estaba demasiado distraído intentando ser lo suficientemente fuerte como para no salir de allí corriendo a una ducha de agua fría que apenas le prestó atención a las palabras del joven hasta que mencionó la palabra ducha, fue entonces cuando volvió a robarle toda su atención.
-Se equivoca, es usted quien decide.- De un momento a otro llevó ambas manos a sus propios bóxer y se inclinó no lo suficiente para poder quitárselos y volver a alzarse en mitad de la biblioteca. Allí estaba, sudando, rojo y casi completamente desnudo salvo por sus botas con los bóxer en la manos. Su miembro estaba grueso, no llegaba a estar erecto pero estaba de camino a lograrlo. En aquella biblioteca el europeo tenía demasiado calor para ser sutil o continuar con los juegos, tan sólo quería marcharse de allí y meterse en hielo. -Yo me voy a dar una ducha, usted decide si es solo o no.- Las palabras parecían un poco condescendientes pero denotaban el cansancio que había atacado al millonario de un momento a otro, antes de marcharse de la biblioteca le lanzó los bóxer al profesor y se marchó de allí tras abrir la puerta de la biblioteca y dejarla abierta.

No te preocupó en girarse para ver si su invitado le seguía o se había marchado, empezaba a estar de mal humor por el calor y tan solo añoraba poder tomarse una ducha de agua fría, una ducha que calmase su sonrojado cuerpo y le liberase de la tortura del calor. Caminó rápido por su enorme mansión maldiciéndose por haberla hecho tan grande, por haber decidido hacer de aquel lugar un sitio tan gigantesco como una pequeña réplica del Palacio de Invierno. Maldita sea, ¿Dónde estaba el invierno en aquel momento? Se abanicó un poco con la mano mientras seguía andando hasta llegar a una de las estancias de los invitados abriéndola con brusquedad y dejándola abierta a su paso. Según entraba en la habitación se quitó las botas pisándoselas y forcejeando por no tener que detener su paso y lo mismo hizo con sus calcetines dejando un rastro tras de sí hasta entrar al increíble baño que tenía aquella estancia.
El baño, el glorioso baño tallado en marfil que a nadie le importaba que tuviese todo el marfil del mundo, lo único que importaba era la increíble bañera, jacuzzi, loquesea enorme en el centro que parecía una piscina pequeña a la cual caía el agua de la misma en forma de ducha desde el cielo o se llenaba con chorros desde los laterales. Según se metió dentro lo encendió absolutamente todo con agua fría, helada sintiendo como el contraste de temperaturas golpeaban su cuerpo. el agua que caía del techo parecía gloria cuando por fin aplacaba su caliente cuerpo mientras los chorros iban llenando muy lentamente aquello. Cerró los ojos, gimió en alto por el placer de aquello y se quedó bajo el torrente disfrutando de aquello un buen rato completamente distraído.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 1:10 pm
El torso del profesor empezó a resaltar más con cada segundo que corría, dada la temperatura solo aumentando, la sudoración en su cuerpo hizo que la tela de su camisa acabase transparente y pegada incómodamente a su piel. Anthony estuvo a su vez más cerca de comprender que aquello no era un juego, una mala comunicación entre los dos sino que estaba siendo más directo y claro con cada palabra cruzada entre los dos. ¿Acaso el empresario planeaba…? Y al anticipar esa acción, fue como el profesor cubrió sus ojos con una mano para girar la cabeza de la misma forma, solo tuvo un vistazo muy fugaz de lo que sería el resto de piel que no estaba al descubierto sino hasta ese momento. El palpitar en el pecho del profesor se aceleró, así como fue de inútil querer ocultarlo: seguía siendo un hombre que puede ser provocado con facilidad, luego de tanto tiempo sin haberse encontrado en una situación íntima con otro, que viniese ese personaje solo comparado con los dioses griegos, y Anthony… comenzó a ceder. — ¿Yo decido, qué se supone que significa? Espere…—Aquello último se le escapó en voz muy baja, casi inaudible; el profesor dio solo un paso en pos de acercarse a algo que cada fibra de su cuerpo deseaba, pero cada voz en su mente le empujaba hacia atrás: ir detrás de él, porque atrapó esa prenda interior que llegó contra su pecho, y se le quedó viendo unos instantes. No se resistió más a la tentación, pero que estaba el hecho de que se encontró en ese momento solo en la biblioteca. Por lo que alzó aquella prenda ligeramente húmeda y la acomodó cerca de sus fosas nasales para aspirar el olor varonil que quedó impregnado en la tela de su bóxer. Sintió sus ojos desorbitarse ya que Anthony lograba ser un pervertido, en ocasiones, y solo cuando se encontraba solo. Todo se complicaba para él cuando debía estar con otra persona, los complejos, la falta de experiencia, era una serie de factores que le impidieron ser un joven, y posteriormente un adulto con una vida sexual activa. Anthony tragó saliva y soltó el bóxer del esloveno para hacerlo caer al suelo, abrió la puerta y se dirigió hasta la puerta. Su cabeza ardía, así como resultó más difícil dar el siguiente paso para acercarse a la orilla.

Acercó su mano al cerrojo de la puerta y nuevamente se encontró con la empleada. “¿Ya se va? El Sr. Koroliov no dijo nada de su partida”. Y quizá fue lo que necesito, una voz ajena a las suyas para detenerle. Anthony mordió ligeramente su lengua y luego giró su rostro para verla, negando con la cabeza—. De hecho, no, aun no me voy—. Sonrió de medio lado y tragó saliva para empezar a caminar, casi trotando en dirección opuesta a la de esa puerta. Quedándose la empleada con una mirada cargada de confusión, como preguntándose a dónde se dirigía el profesor. Y ni él mismo lo supo, dado a que perdió de vista al empresario, lo que le resultó inoportuno dado a que estaba decidido, o algo por el estilo. Pero que tardó unos cuantos segundos para fijarse en el suelo, y las gotas de lo que él asumió era sudor, dejando un rastro casi imperceptible. Basset siguió aquel por un par de minutos hasta que llegó a una habitación en particular, como tardó poco para encontrarse a las botas que recordaba al empresario haber usado momentos atrás. Entonces sonrió. Nuevamente cerró los ojos y se dio la vuelta para tomar ambas puertas y así se encerró en la habitación, aseguró las mismas para tener privacidad y justo ahí dejó caer su bolso, en el suelo. Cada movimiento que hacía vino acompañado de un leve temblor, estaba nervioso, ¡rayos, que estaba hecho un manojo de nervios! Pero todo esperaba que fuese por una buena causa, y el problema fue que esa causa podría ser demasiado buena para él. Entonces, y sin hacer demasiado ruido, se despojó de su calzado como de las medias para ir dejando un rastro por la habitación. Desató el cinturón de su pantalón y enredado a este lo bajó para dejarlo tirado en el suelo, solo así aflojó su corbata y la tiró, empezando a desabotonar su camisa.

Pero dudó, ¿era otra vez que malinterpretaba las señales? ¡Pero que le había tirado el bóxer casi en la cara! Comprendió el profesor que había momentos para los cuales debía dejar atrás tanto cuestionamiento, tanto pensar por las posibilidades, tanto temor a errar con sus acciones y solo arriesgarse. La semilla había quedado muy bien sembrada en él, solo debía darle el justo seguimiento, debía dejarlo fluir. Así fue como deslizó por los hombros esa camisa empapada en sudor para abrir la puerta del cuarto de baño. Ahí dentro escuchó distintos chorros de agua como el ambiente logró mejorar en cuanto a temperatura, se sintió fresco. Y no tardó mucho para encontrar al que debía ser su jefe y solo su jefe, envuelto en esa capa de agua, distraído, ignorando lo que estaba ocurriendo tan, pero tan cerca de él. Anthony bajó su mirada para ver su propio bóxer, el cual no se había atrevido a quitar aun con esa espontaneidad con la que últimamente quiso actuar: a base de impulsos. Por lo que titubeó—K-Keireth—lo llamó por su nombre, dudando si estaba en posición de hacerlo, o le debía respeto; pero a fin de cuentas, ¿qué estaba dispuesto a hacer en ese momento? ¿Debía respetarle aun cuando estaba presentándose semidesnudo ante él? Y al tener su atención, el profesor tímido dejó esa parte de sí atrás, cuando enganchó sus dedos pulgares en la tira de su prenda interior para bajarla, inclinándose solo un poco hacia el frente hasta que la sacó por un tobillo y luego el otro. Estaba desnudo, Anthony Basset se había desnudado ante un hombre. ¿Por qué lo hacía? Porque quiere. Aun así le resultó complicado dejarse llevar, por lo que se tomó su tiempo para alzar la mirada y encontrarla con la del otro hombre. Su cuerpo era delgado, pero no flácido, sus rutinas de ejercicio para mantenerse sano le permitió marcar pinceladas en su musculatura; contrario al cuerpo afeitado del empresario, el del profesor gozaba con una fina capa de vellos que se extendía en línea hasta su área púbica, donde no fue demasiado espeso, pero tampoco completamente lampiño. Se notó la falta de sol dado a que su piel era más blanca del promedio. Entonces, y estando completamente desnudo, como en igualdad de condiciones con el esloveno, intentó esbozar una sonrisa para hacerle ver que estaba dispuesto a… ¿todo? Eso quiso creer. Y como ya estaba ahí, no podía esperar a nada más, dio los pasos restantes para acercarse a ese hombre que le dejó completamente embobado, pero que por diversas razones no llegó a reconocerlo. Ahora lo hacía. Se detuvo solo a la orilla de aquella piscina, para la que se estremeció cuando unas cuantas gotas salpicaron a él. — ¿Puedo acompañarle, señor?—Sonrió ladino en un intento por mantener el trato que posiblemente echó a perder al presentarse así.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 1:33 pm
Su cuerpo finalmente estaba refrescado, había recuperado la conciencia de quién era tras recuperar una temperatura ambiente completamente aceptable. Para un hombre nacido en tierras extranjeras conocidas por el gran frío es extraño que sea capaz de soportar temperaturas de calor tan extremas. Hacía mucho que no sentía un placer comparable al del agua fía chocando con su caliente cuerpo, cada gota que le golpeaba le hacía recobrar más de sí mismo, traerle de vuelta de la pesadilla ardiente en la que el calor casi le hace desmayarse.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz ajena que pronunciaba su nombre, aquello casi le pareció sorprender pues por un instante se había olvidado de su acompañante tras haber tardado tanto en llegar. Casi de forma inmediata se giró para mirarle al escucharle mientras ladeaba un poco la cabeza apreciando como se quitaba la última prenda de tela que cubría aquel cuerpo, un gesto que hizo que sonriera de medio lado con malicia al verle completamente desnudo.

-Veo que finalmente has decidido acompañarme.- El tono de Keireth fue un tono un poco alto, un pequeño tono elevado para poder oírse con claridad por encima del choque de agua que caía a su alrededor. Ver como el joven se acercaba a la piscina le complació pero cuando escuchó que pedía permiso llamándole señor fue como si ni siquiera aquel agua fría pudiese aplacar su excitación. Su miembro tuvo un suave espasmo moviéndose un poco por el leve cosquilleo que escuchar aquella petición le recorrió todo el cuerpo, un miembro que cada vez parecía volver a cobrar más y más fuerza. -Por favor, señor no, me gusta más príncipe.- Bromeó con cierta malicia en mitad de la lluvia que caía desde el cielo de aquel enorme lugar mientras le tendía la mano a su futuro amable a modo de invitación, tenía más que permiso, llegados a éste punto era más una obligación impuesta por el príncipe acompañarle y saciar su placer si no quería conocer de primera mano la furia del eslavo.
La mano estaba tendida con firmeza mientras su mirada era lasciva y lujuriosa mirando cada músculo de su acompañante, parecía estar intentando memorizarlo en su cabeza. Mordiéndose el labio inferior trató de mantenerse sereno para no atacar de forma brusca a quien veía como un dulce cervatillo, esperaba pacientemente a que le tomase de la mano para ayudarle a entrar y pegarlo contra él, en cuanto le tomase de la mano y se adentrase en la última barrera que le protegía sería cuando comenzaría la auténtica cacería del príncipe.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 2:03 pm
De hacer el intento por descubrir lo que verdaderamente le tuvo ahí, presente como si fuera una ofrenda, como si estuviese a la espera de un obsequio, y para inflar el ego de ese empresario, el obsequio o recompensa no sería nada más que el mismo. Anthony, a pesar de todo esto, no reparó en los detalles que consideraría innecesarios, o que puedan privarle de ese momento. Pues de solo reconocer el cuerpo ahora desnudo de ambos, pero con el misterio de la parte inferior en el eslavo, lo cual le provocó esa tentación de sumergirse con él, dejando atrás cualquier barrera. Y por esta razón es que tomó con firmeza la mano que le fue ofrecida como guía, difiriendo del primer apretón de manos, ya que no era un saludo en esa ocasión, sino más un ofrecimiento. Recibiendo aquella implícita invitación, el profesor no se hizo esperar a más para meter el primer pie al agua fría, la que le hizo estremecerse, prontamente sintió el chorro caer sobre su cabeza y espalda para hacer la transición del calor al frío, lo cual provocó risas que prefirió detener. Desde esa altura se le quedó viendo unos segundos, los que bastaron para darle el empujón final, cuando el roce de ambos cuerpos no solo era permitido, sino necesario.

Anthony flexionó sus rodillas para dejar la metáfora atrás y así se sumergió en ese cuerpo de agua que le pudo cubrir hasta los inicios de su espalda, dejó su rodilla derecha ubicada entre las piernas ajenas como no se detuvo por causa de pudores al inclinarse sobre él. La gravedad hacía lo suyo, empujando el cuerpo delgado del profesor sobre el más fornido aquel empresario esloveno; y con la marca de inexperiencia tallada en su frente, Basset aproximó sus manos para posarlas sobre el pecho firme del otro hombre, puesto que a su ritmo, estaba liberando esa tensión por haberse reprimido en los momentos que pasaron dentro de la biblioteca. La vez que lo sorprendió sin camisa, por lo mismo tanto que sus manos trataron de conocerlo así como ya lo había memorizado su vista. Dejó que la yema de sus dedos recorriesen la piel lisa de ese cuerpo, se deslizaran hacia abajo para perfilar los abdominales del hombre así como acabó dejándolas lado a lado en la cintura ajena. Y solo en ese momento fue que se dejó caer, uniendo sus cuerpos que contrastaron ligeramente en temperatura, encontrándose el de Anthony con una mayor. Nada más que dejándose llevar, el profesor le depositó un beso torpe, pero dedicado a su pectoral derecho, ese marcado con el gran tatuaje que le tentó en el justo momento inicial que lo vio. Enseguida siguió hasta formar una hilera de besos que pudieron ser dados con adoración misma, hasta que acabaron en el hombro ajeno. ¿Estaba gustándole al otro hombre? No supo en realidad por qué, pero fue la primera vez que tuvo eso en mente: si cada cosa que hacía era del gusto ajeno. En ningún momento estaba resultando sencillo para él.

Desde su hombro derecho fue rozando sus labios por esa piel fina hasta que abordó el cuello del hombre; le era extraño, sumamente extraño encontrarse en una situación semejante, pero de la que curiosamente no empezó a arrepentirse aun en esa posición comprometedora. ¿Qué sería del día después? No le interesó en lo más mínimo. O no en ese momento. Ahí, en ese cuarto de ducha eran solo ellos dos, y la atmósfera que los rodeó formó la ilusión de que solo ellos dos existen, e importan. —Príncipe… tendrá que guiarme, no soy el mejor en esto—musitó Anthony, exponiéndose tal cual era; no quería ser solo un cuerpo inmóvil, pero tampoco quería estropearlo por arriesgarse demasiado, razón misma que le frenó a escasos centímetros del par de labios masculinos en Koroliov. A esa distancia, pudo sentir la respiración ajena rozar su rostro, así como su respiración tenía lugar únicamente por su boca, ya que nada de lo que estaba haciendo era común en él, de hecho, fue de las pocas veces que se sintió en terreno desconocido, pero la primera vez que no pensaba huir. ¿Por qué? La idea de huir hacia la zona de confort era tentativa, pero la misma idea de alejarse de un hombre como él y perder esa oportunidad fue inconcebible.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 2:39 pm
Mantuvo el agarre del chico para intentar ayudarle a entrar con aquel lazo de unión entre ambos, no estuvo dispuesto a soltarlo hasta que le vio completamente estable dentro del agua, de alguna manera sobreprotectora con el profesor no quería verle tropezar o simplemente no quería permitirle escapar. No sabría decir con seguridad cuál de las dos razones eran pero Anthony ya era suyo, solo suyo en aquel instante y había pasado a convertirse en su único tesoro mientras el agua continuara corriendo desde el techo. Keireth era un hombre territorial y posesivo y ahora aquel hombre había accedido a entregarse a él por completo aquella tarde, una tarde en la que demostraría qué significaba ser propiedad de un Koroliov.

Sentía la cercanía del otro cuerpo contra el suyo,el tacto de las manos de aquel hombre recorriendo sus músculos en caricias que le arrebataban suaves y ligeros cosquilleos que le hicieron sonreír un poco aguantando una pequeña risa cuando aquellas manos se posaron en su cintura. Era agradable sentir aquellas manos por su cuerpo, se sentía bien por una vez dejar que alguien le diese tales mimos en contraste al hombre posesivo que solía ser, en aquel momento tan sólo se resolvió por quedarse allí de pie dejando que el otro disfrutase de su cuerpo de momento, dándole espacio libre para que se deleitase en completa libertad.
Unos labios cayeron sobre su torso cortando gran parte de la caída dela gua a ese lado, un beso que por alguna extraña razón hizo que su corazón se acelerara levemente por aquella inusual muestra de cariño que demostraba el hombre. Acostumbrado a un sexo más frío y dominante le pareció sumamente raro aquello y aún más no tenerle esposado. Los besos continuaron escalando por su torso, recorrían su piel hasta que llegaron a su cuello, fue entonces cuando estiró un poco para darle aún más espacio a la vez que entrecerraba los ojos complacido por los gestos sobre su piel, aunque resistía como podía los espasmos por no tener un cosquilleo que le hiciese moverse al estremecerse por las cosquillas.

Casi estuvo apunto de tomar un beso de los labios del contrario, por un instante casi estuvo apunto de que le diesen un beso directamente en los labios cuando el otro se detuvo en su cara para referirse a Keireth como príncipe. Sentía el aliento del otro hombre contra el suyo, sentía como respiraba por la boca como si de una tentativa mayor se tratase, una especie de última burla por haber interrumpido el beso que le iba a dar aunque le pareció tierno como expresaba su inexperiencia.
Las manos del príncipe comenzaron a subir lentamente por los brazos del matemático lentamente, con suaves caricias compitiendo con el agua que caía en dirección contraria y luego volvieron a bajar lentamente siguiendo el torrente frío que se precipitaba contra ambos. La mirada del extranjero se posó sobre la de su nuevo amante mientras le sonreía de una extraña forma dulce, no estaba muy acostumbrado a hacer ese tipo de sonrisas. -Es sencillo, tan sólo hay que relajarse y dejarse llevar, no pienses, tan sólo disfruta...- Susurró en los labios del otro casi rozándolos, como si fuese a besarlo mas no lo hizo, los apartó rápido antes de que pudiese reaccionar para moverse. Fue entonces cuando aquellos nobles labios se posaron en el cuello del inexperto profesor para iniciar un recorrido descendente. Pequeños besitos tiernos por un cuello que pocos habían recorrido, pequeños besos que fueron bajando hasta un torso que ni el sol parecía ver muy a menudo. Las manos de Keireth continuaron moviéndose por aquel cuerpo, parecían haberse instalado en los laterales del torso de aquel hombre e iban bajando lentamente según lo hacían sus besos con tiernas caricias hasta llegar a la cintura, fue entonces cuando se dejaron caer hasta las blancas nalgas sintiendo el vello mojado de éstas en sus caricias, aquello le hizo un poco de gracia y fue otro detalle que le resultó tierno justo antes de agarrarlas con un poco de fuerza, justo antes de atraerle hacia él. En el momento en que le agarró del culo por sorpresa sólo para poder disfrutar de él como tiempo atrás había querido hacer pero no lo plateó por decoro profesional ahora se desquitaba agarrándolo a dos manos y con deseo. Paralelamente a aquel agarre los labios del esloveno se posaron en el pezón izquierdo de su presa, un pezón que pronto fue acariciado lentamente por la lengua hasta erizarlo con algunas pequeñas chupadas del mismo hasta cumplir su cometido, instante en que lo mordisqueó y chupó un poco más de forma juguetona.
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Mensaje por Invitado el Vie Jul 10, 2015 3:24 pm
Anthony se encontró maravillado, ¿a ese punto? Ni él mismo lo comprendió, cuando la mayoría de roces entre ambos hombres habían sido inocentes, como caricias y besos exploratorios para tantear al otro, o lo que fue desde la perspectiva del profesor. Porque encontrándose a esa tortuosa distancia de sus labios, nada se le antojó más que poder compartir un beso con él; dado a que imaginó que besar a alguien que podía intimidarle con facilidad, sus expectativas se encontraron muy en alto. Pero aquello simplemente estuvo lejos de ocurrir, así pues el moreno logró unir su pecho al del otro hombre en el momento justo que tuvo esos labios posados sobre su cuello. Experimentó un cosquilleo que no le provocó risa, sino estremecimiento agradable, demasiado agradable en realidad; tanto que llevó a que su virilidad conociese la del otro hombre aun por debajo del agua, ¿cómo fue eso posible? Solo culpando a la influencia que tiene el príncipe Keireth Koroliov sobre el cuerpo del humilde profesor, solo entendiendo esta relación es como iba a comprenderse la cantidad de reacciones en su cuerpo. Por lo que Anthony deslizó su mano zurda hasta que la posó sobre la nuca ajena, no le presionó, no imprimió ningún tipo de fuerza, solo estaba demandando el máximo contacto posible de piel con piel. Así también devolvió no uno, ni dos o tres, sino varios besos que terminaban succionando grácilmente la piel morena del europeo, sintiéndose único con él, a tal punto que casi pudo ignorar el ruido que hacía el agua, como no pudo sentir ese frío en su cuerpo, sino enteramente el calor que emanó el monumento de hombre que estaba entre sus brazos.

De una forma lenta, considerada, pero anunciada, Basset logró sentirse cómodo con la situación; no por estar desnudos iban directo al grano, que no eran un par de jóvenes manipulados por sus hormonas, sino que dos amantes dispuestos a complacerse complaciendo al contrario. Aunque debía admitir que no lo esperó de esta forma, fue una de las más gratas sorpresas. Entonces se sujetó por la orilla de aquella piscina y con la vista baja para admirar a ese hombre besándolo con devoción, ¿cuándo hizo aquello tan fantástico para ser recompensado de esa forma? Estaba siendo mejor de lo que esperó, como mucho menos de lo que temió, era un hombre a fin de cuentas, aquel que le intimidó demasiado, estaba… llenando su cuerpo con besos. ¿Cómo llegó de un nivel al siguiente? Y la verdad fue que jamás importó, solo que la piel de su abdomen se hundiese al pasar los labios por ahí, o que su pezón llegase a erectarse porque sencillamente Anthony Basset no tiene mucho control sobre su cuerpo—. Hmm—. Soltó un suave gemido, el que acabó siendo uno de sorpresa, una acompañada por un cosquilleo que inició en el centro de su espalda. Dado que no se esperó aquel agarre, viendo las circunstancias, no pudo ser mejor recibido. Porque supo que no estaba mal ser tocado de esa forma, si llegó al punto de encontrarle el gusto, hasta querer que lo siguiera haciendo. Quería ser tocado por el príncipe Keireth Koroloiv.

Su rostro era un mar de gestos, muecas, ya que empezaba a amoldarse a esas sensaciones que no experimentaba en años; se tomó su tiempo antes de volver a tocarlo, poniendo ambas manos sobre los hombros ajenos así como una de ellas subió para enredar los dedos en el cabello castaño y mojado del otro hombre—. Yo…—sonrió e hizo una pausa, ya que ni siquiera supo cuándo adecuado o no era mencionarlo, pedir algo como aquello que cruzó su mente. Algo que le dejó intranquilo desde unos pocos, muy pocos pero cruciales segundos atrás. —… no recuerdo la última vez que deseé besar tanto a alguien como a us… a ti en este momento—Confesó, no siendo sorpresa para ninguno el que tropezase con sus propias palabras, pero lo hizo, estaba expresándose a su propio ritmo. Y con la pelvis de ambos hombres casi unidas por tener sus cuerpos casi apretados, el hombre tomó la iniciativa al levantar la cabeza del otro hombre por su barbilla, entonces bajó su cabeza solo lo justo para tomar un beso de esos labios que se arrepintió una y mil veces por no haber probado antes. No era una exageración cuando el hombre confesó para sí mismo que estaba no solo saciando su curiosidad, su deseo naciente, sino también descubría esa adicción que empezaba a ser moldeada—. La verdad es que no sé qué siento, pero lo que sí sé es que quiero disfrutar… contigo, disfrutarte a ti—. Le miró a los ojos en el instante siguiente a esa primera unión de sus bocas, para tomarlo ahora del cuello con su diestra y así los volvió a juntar, inclinando su cabeza lo justo para evitar que la nariz que ambos hombres fuese a molestar. Anthony atrapó el labio inferior ajeno con los suyos, lo succionó un poco, hizo que ambos pares se rozaran, encajaran uno en el otro, pero no pudo evitarlo, el momento justo en que cedió al deseo, porque sí, él estaba deseando a ese hombre, solo a él.
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