I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
▲ Debes subir tu ficha para obtener color
▲ Después de que tu ficha es aceptada, debes realizar tus Registros
▲ El mínimo de líneas por post es 10.
▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
▲ Avisen sus ausencias y eviten perder sus Pbs
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El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
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I'm gonna stay and pray with him till the end {Viktor G. Bertholon} +18

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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Ago 13, 2015 7:39 pm
Ser una persona con una mentalidad tan particular como la suya lo hacía único, lo cual no siempre significaba que destacaba por sobre los demás o era admirado, muchas veces resultaba que nadie lo entendía y que podría parecer la persona más rara o fría del mundo, y desde cierto punto de vista lo era; muchas cosas se podían decir de él, sin embargo cobarde no era una palabra que la caracterizaba, siendo uno de los rasgos más distintivos por el cual se hizo conocido y ascendió rápidamente en los escalafones de la policía.

Un sujeto duro como él no se sentiría intimidado por nada ni nadie, tal como lo había demostrado al enfrascarse en casos que a cualquiera le hubiesen erizado los cabellos, más para él la muerte no era un impedimento, si caía al menos lo haría en servicio y no podía pensar en mayor honor que aquello, o eso pensaba cuando consideraba que no tenía nada que perder, su familia gozaba de una muy buena situación económica gracias a él y si moría quedarían con un buen seguro, sin embargo ahora tenía una razón importante para mantenerse con vida, más específicamente se trataba de una persona, Viktor, el hombre al cual amaba y por el cual perdía el aliento cada vez que lo veía. Tras dejar la Comisaría y subirse en el coche del escritor no le importó realmente el rumbo que podrían tomar, bastó que este simplemente le dijese que se quedaría todo el día en la ciudad para que Aiden dejase todo de lado con el único fin de pasar tiempo con su amado, al cual no dejaría ir por nada del mundo, no ahora que sentía que algo nuevo podría existir para ambos.

La brisa de la carretera despeinaba los cabellos que tanto le habían costado reunir en una apariencia presentable tras lo acontecido en su oficina, sin embargo ahora no le importaba en lo más mínimo la imagen que podía brindar a los demás, no se encontraba de servicio por lo cual era un civil más, común y corriente y ajeno a un poder que traía con él grandes responsabilidades. Mientras el castaño conducía, Aiden sopesaba destinos en su cabeza hacia dónde podrían ir, cada uno de ellos ofrecía una actividad distinta y adecuada para la ocasión, sin embargo en el fondo a él no le importaba realmente el lugar, mientras estuviese con su amado-Vamos a Rodeo Drive, al llegar podemos ver qué hacemos, ¿Te parece?-preguntó observándole mientras giraba su cuello en su dirección, a lo mejor podrían llegar a un acuerdo o simplemente el rubio idearía el lugar más adecuado de alguna forma-O podríamos considerar otras alternativas...¿Algún lugar que quieras ir?-agregó tras unos minutos por una opinión, negativa o positiva, pero que al final encauzaría su conjunto camino hacia una dirección específica.


Última edición por Aiden R. Sutcliff el Miér Nov 11, 2015 4:26 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Ago 14, 2015 4:08 pm
Las ventanas del coche estaban abiertas y el interior del mismo, como debe suceder con cualquier vehículo que no se usa a menudo, podría cumplir todas las leyes higiénicas sin evadir ninguna. Pero a diferencia de su evidente bien estado y falta de utilidad en el kilometraje, aquel Volvo había reproducido cientos de veces el mismo CD en el reproductor. Jerry Lee Lewis continuaba encerrado en el estéreo, pero ésta vez guardaba pleno silencio. Viktor ni siquiera lo tenía en cuenta. Durante el par de minutos que surgieron después de abordar el coche, el castaño no había hecho otra cosa que limitarse a conducir sin saber muy bien hacia dónde se dirigía. No era la primera vez en el día que se empeñaba en seguir la corriente de la nada, pero al menos ahora no estaba dando vueltas alrededor de la comisaría decidiendo qué hacer o qué decir. No, estaba seguro de que eso dejó de ser necesario desde el instante en que sintió sus labios posarse en los ajenos y ser recibidos con la misma calidez que él deseaba ofrecer a Aiden, la sencilla muestra de un acto completamente sincero y real como nunca había sentido. Definitivamente eso no era fácil de sacárselo de la cabeza. Sin embargo no conocía del todo la ciudad, por eso volvió en sí y miró al rubio girando el rostro hacia él y apartando su atención de la carretera por un breve momento. Era casi complicado adaptarse a la realidad de que volvían a estar juntos. Raro, pero jamás incómodo. Después de tantos meses (demasiados a su perspectiva), Viktor no podía encontrar un momento más agradable que apreciar la compañía de la persona amada, como si el resto de las cosas se dispersara hasta desaparecer. De alguna manera perdían su relevancia.

Rodeo Drive está bien para mí— respondió y giró por izquierda, aunque honestamente, jamás se había pasado más de quince minutos en el Wolfgangs Steak y posiblemente cuarenta o poco más en algún hotel cercano, así que su imagen general de Beverly Hills, aún cuando vivía en el mismo estado y solía pasearse ocasionalmente por el lugar, se adaptaba mucho más a verlo a través de famosas películas, como aquella de... Frunció el ceño, tratando de fortalecer un repentino recuerdo innecesario. —¿No fue ahí donde filmaron a Julia Roberts y el tipo éste que apareció en «Amelia»?— inquirió, porque a veces cree que todas las personas deben tener la misma afición anormal que conserva él por el cine desde hace años. Fechas, nombres y hasta lugares caben en un repertorio casi igualitario a su alto nivel obsesivo con la música, sobre todo el nada nuevo rock and roll. ¿Qué podía hacerle? El arte consumía su hasta entonces solitaria humanidad.
Oh... bueno, quizá me equivoque. Es decir, ¿quién sabe de eso?— agregó despreocupado, como si Aiden no lo conociera ya lo suficientemente bien. Luego sonrió, sólo mirándolo de soslayo hasta desaparecer el gesto. —Es lindo estar contigo otra vez, Aiden— comentó sincero, dividiéndose entre conducir sin riesgos y voltear a verlo tanto como fuera capaz, capturando su interés. Pero siendo Viktor, no fue cosa de sorprender que torciera el rumbo original; sus manos estaban al volante, sus ojos al frente la mayor parte del tiempo, comprendía mejor no alentarse en plan romántico, no del todo. Se aclaró la garganta y retomó enseguida—: Y lo digo en serio, yo... pensé que me mandarías al diablo y tendría que, no lo sé, entrar en una academia de policía con gente preparada de verdad, hasta que sucediera algo fabuloso como no ser un desastre y quizá, sólo quizás, después de diez años tuvieras que soportar mi presencia trabajando en la comisaría y pudiéramos repetir el proceso de cómo me enamoré de ti. Toda una historia, ¿eh? Tenía el plan B preparado— aseguró. Naturalmente, acababa de improvisar y se notaba.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Sáb Ago 15, 2015 9:55 pm
Su día no podría haberse torcido más de lo que ya lo estaba, el que parecía ser como cualquier otro en su inminente rutina se había convertido en la premisa de una aventura al girar los acontecimientos en la dirección que el castaño había trazado para ambos, de forma involuntaria o totalmente consciente de ello, realmente no importaba, puesto que el rubio había aceptado la invitación sin siquiera someterlo al constante juicio con el cual solía tomar decisiones en su vida, no, esta vez bastó con la propuesta para que su corazón le indicase lo que tenía que hacer, en completo contraste con lo que su responsable cabeza le sugería.

Por algunos minutos los problemas que había dejado atrás en la Comisaría le perseguían, al contrario de lo que cualquiera pudiese pensar no se había deshecho de ellos, sino que los había aplazado hasta que volviese a tenerlos frente a él amenazando con explotar y hacer de su vida un caos, más tan rápido como ese pensamiento llegó lo alejó debido a que por una vez en la vida tenía algo más importante a lo que prestarle atención, no algo, sino alguien, quién exigía todo lo que tenía para dar y con gusto se lo daría, su único amor, Viktor.

-Perfecto, entonces será Rodeo Drive-comentó frente a su afirmativa, el lugar ofrecía varios destinos a los cuales podían ceñirse y cualquiera era tan bueno como el otro, al menos ya tenían de dónde elegir para pasar el resto del día, aunque para el rubio hubiese estado bien con quedarse en el Volvo con el escritor y disfrutar de su compañía y por qué no de sus besos-Eh..no tengo ni la menor idea..sabes que si no es algo policial no le presto mucha atención..-agregó riendo, quizás lo hacía sonar básico pero realmente no le llamaba la atención, no era algo atingente. Le miró por unos segundos y se mordió el labio, le conocía tanto que no le sorprendía lo que decía, hubiese deseado ser tan culto como él para poder tener una conversación como aquella pero algunas cosas simplemente no se daban-Sólo sé cosas como la muerte de Whitney Houston, ya sabes..-le miró con una sonrisa aludiendo al hecho de la muerte de la cantante en un Hotel en Beverly Hills hace unos años-Apostaría a que tú eres un buen candidato para eso-continuó con una curvatura en sus labios que torcía su gesto en uno bastante amable y cariñoso.

Tenía ganas de volver a perderse en sus labios y tenerlo entre sus brazos pero no era el momento ni el lugar para ello, plena carretera por lo cual decidió dejar descansar aquella necesidad por unos minutos, al menos hasta que estuviesen en un lugar fijo-Te refieres a estar ahora conmigo, ¿No?-agregó alzando una ceja, lo que decía atendía a referirse a que si le parecía lindo por qué se había ido en primer lugar, más sin embargo tenía muy claro que no era sano volver a las causas que llevaron a su separación, claro está, al menos si querían estar juntos-Descuida, sólo bromeo-esbozó con una leve sonrisa y luego le escuchó-Ya sabemos que lo que tú piensas es muy distinto a lo que yo pienso..aunque no te sería sincero si no te dijese que ganas no me faltaron..pero ya ves, el corazón no se manda-agregó pausando intentando contener la risa por sus palabras-No hubieses durado en ningún caso-agregó mirándole y ya dejando escapar un alarido-Aunque la última parte me gustaría repetirla..o al menos experimentarla-agregó alzando una ceja, eso había captado su atención tanto como lo hacía una buena historia policial.

Como copiloto tenía mayor libertad que su amado, por lo cual le podía dedicar mayor tiempo a apreciarlo, por instantes le sorprendía mirándole y eso le hacía torcer su rostro en una mueca de reprensión, tenía que mantener la vista en la carretera en todo momento, después de todo, tenía al lado al Teniente de la Policía de la ciudad y no podría permitirse un accidente o infracción estando él presente-Concéntrate en el volante...amor-agregó cuidadosamente la última palabra, quizás no era del todo inteligente utilizarla pero se sentía bien decirlo, excitante hasta cierto punto...como hacer algo prohibido y experimentar la adrenalina de ello, aunque tampoco debería sentirse así, lo amaba y hacérselo saber no tendría que ser medido, a pesar de su acuerdo de un paso a la vez sus palabras sugerían una relación que quizás no tenían..aún.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Ago 17, 2015 1:36 pm
Viktor asintió con la cabeza, esbozando una media sonrisa. En ése momento no necesitaba admirarse del trabajo cinematográfico de nadie, pero al menos estaba en lo correcto con su suposición. La película se había filmado hace años en un hotel de Rodeo Drive donde su madre se empeñó en pasar una noche entera sólo porque el tipo éste, Richard Gere, alguna vez pisó el lugar... Así que ella tenía que hacerlo también, como si estuviera contaminado de su esencia o sus germenes y fuese a poder absorberlos o algo parecido. Una locura. Raro en cada forma puesto que así lo expresó la mujer. Sin embargo Viktor no preguntó más y dio gusto a los deseos de su madre durante el primero viaje campestre al que asistieron en Maryland, principalmente porque ella aceptó acompañarle al bosque Black Hills y sufrir un montón de picaduras de mosquito sólo para que su hijo de trece años pudiera cumplir una ridícula misión que leyó en una historieta increíble.

Fuese como fuera, Viktor siguió conduciendo con la mente dividida entre el volante y el hombre que finalmente volvía a estar a su lado. El estreno del asiento acompañante en un coche que apenas permitía tocasen los demás. —Eso lo sé muy bien, sí— convino sin pensárselo. No por nada Aiden fue subiendo escalones hasta convertirse en Teniente de la Policía. Lo tenía claro y era notorio a los ojos de cualquiera. Su mente debía centrarse tan bien en su trabajo que dejaba muestra en cuánto caso resolviera con su equipo. Viktor había leído periódicos e incluso se atrevió a llamar a la comisaría en una ocasión en que el trabajo se puso feo. Para entonces, ya no recordaba cuál fue el invento original para que el curso de la línea llegase hasta la oficina del rubio, pero lo que sí desprendía su absoluta nitidez fue cuando colgó sin decir una palabra y desconectó el teléfono de casa apenas escuchar la voz masculina que contestó del otro lado. Eso, sin duda, se lo guardaría con llave en algún lugar muy recóndito de su mente donde ocultaba otros instantes vergonzosos o de los cuales simplemente se arrepentía y no prefería hablar, porque el hecho de que se le secara la garganta no era el tema, sino llamar después de un mes sin ofrecer noticias.    

Cualquier pensamiento que hubiera estado en su cabeza se cortó al escucharlo proseguir. Giró a medias y lo miró enarcando las cejas, hasta confirmar que solamente era una broma. Francamente, se esperaba un cambio drástico como el de la comisaría, pero uno diferente y no muy grato. Así sucedía con ellos. Presto parecían la pareja mejor montada del mundo, algo podía estallar con la misma fuerza de una bomba... aunque regularmente las ocasionara Viktor con su falta de... ¿consciencia? —Ya, claro. De todos modos también me gustabas antes. Sólo digo— agregó de paso. Lo dicho, dicho está. No mentía. A pesar de su pánico por comprometerse y repetir lo mismo de un pasado que jamás habían experimentado juntos y Viktor estaba decidido a echarle encima simplemente sin razón, siempre estuvo tratando de sostener el asunto tal y como estaba para no perderlo. Egoísta y todo, pero no dejó que su relación o lo que tuvieran en aquel momento se despedazara tan fácilmente hasta que él, o algo a lo que no concedió tiempo de alejarse, no fue capaz de seguir de la manera correcta.


¡Oh! ¿De verdad lo crees?— respondió con expresión divertida, aunque no dejó atrás su falsa indignación. Estaba bastante seguro de que no funcionaría en el papel de policía aún cuando lo intentase. Puede que escribiera sobre ello todo el tiempo, que lo hubiese empleado durante casi once años, conociera más o menos su ámbito y sufriera una especie de admiración fanática por el crimen y la justicia pendiendo del mismo hilo en la mayor parte de sus términos, pero definitivamente no era él quien se clasificaba de tipo líder organizado, se sentía seguro en su cápsula de escritor —ni siguiendo ni afrontando las reglas, más bien evitando toparse con el inconveniente de una que no significara pasarse la luz roja mientras conducía o beber poco más de lo necesario cuando solía ser (más) joven—, cómodo con lo que hacía y alegre de haber tomado la decisión correcta al no postularse para recibir aquel duro entrenamiento con tal de conseguir una placa y formarse como un orgulloso hombre de azul, o de traje en las oficinas federales... De cualquier manera, todo eso, lo que creía que se necesitaba y debería destacarse adecuado, lo veía en Aiden y lo descartaba de inmediato en su propia falta de cualidades: Meterse de lleno en dicho territorio sería una carga demasiado grande a su capacidad de fingir empatía con el exterior. Mucho trabajo práctico, mucha colaboración en equipo, mucha actuación inmediata para alguien con su personalidad, tan contraria a los requerimientos; la mezcla perfecta para crear un verdadero desastre. No, gracias. «No hubiese durado en ningún caso». Muy cierto.

¿La parte en la que te enamoras perdidamente de mí?— cuestionó reprimiendo una sonrisa, sin contar con la parte de la academia y el intento por ser policía donde si no moría o se rendía a la semana, tal vez le quebrarían todos los huesos. Luego repitió el asentimiento, apuntando con una mano al frente como si no lo hubiera estado mirando a él en lugar de fijar sus ojos en la carretera. Sí, quizá se hubiera ido un poco al escucharlo pronunciar aquella palabra, pero ya volvía y milagrosamente no lo hacía balbuceando. —Eso hago, de veras— aseguró regresando la mano al volante— pero créeme... Es muy, muy difícil cuando sé que estás así de cerca— explicó casi uniendo su dedo índice con el pulgar, luego miró que ningún coche estuviera próximo como para chocar con una pequeñísima distracción y entonces se inclinó rápidamente, y pasando por alto su petición, le besó en la comisura de los labios— como para besarte.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Ago 17, 2015 11:43 pm
A pesar de parecer un sujeto a prueba de balas en el interior podía ser tan frágil como cualquiera, de hecho solía encontrarse perdido en un mar de pensamientos y emociones que a veces confabulaban en su contra atacándole todas al mismo tiempo, amenazando con arañar la barrera que había construido en su ser para mantenerse cuerdo, amenazando en el momento menos esperado con fragmentar su esencia en trozos irreparables, tal cristal rosto imposible de volver a su estado original. En su espalda una gran carga residía desde muy joven, aquella presión a la cual fue sometido tras la muerte de su padre cambió partes de su interior que jamás podrían tener una solución, una niñez casi adolescencia se vio comprometida obligándole a madurar en base a levantarse una y otra vez cada vez que se caía, sin llorar, sin lamentarse, sin la posibilidad siquiera de considerar rendirse puesto que realmente no era una opción, a menos para él.

Con Viktor a su lado nuevamente sabía que estaba caminando sobre terreno irregular, cualquier palabra o acción debía ser medida no sólo por que se trataba de él, sino por que había vuelto a permitirse sentir como antes, a mostrarse como un sujeto con la capacidad para amar y sufrir al mismo tiempo, esclavo de sus sentimientos y tan vulnerable como cualquiera que se permitía amar tan intensamente como él lo hacía..aún así, en contra de cualquier pensamiento de autopreservación que pudiese tener, decidió continuar con ello, darse una oportunidad de ser feliz al lado de la persona a quién amaba, conocía los riesgos puesto que ya había vivido algunos en parte pero quizás por algún hecho masoquista estaba dispuesto a volver  si con ello significaba poder probar la felicidad que jamás había pensando siquiera pudiese tener, mucho menos merecer.

Jamás dejaba de sorprenderse con la memoria que el escritor poseía, a pesar de su profesión no encontraba necesario que recordase hechos tan antiguos y aparentemente insignificantes, aunque tampoco podía juzgar la forma en que el cerebro del castaño funcionaba, cada mente era un propio mundo y era ilógico siquiera fingir que se podía entender del todo a una persona y peor aún, dar por sentado cómo se comportaría frente a cualquier situación-Me causó curiosidad lo que preguntaste, ¿Ha sido mención en alguno de tus libros?-preguntó mirándole, a lo mejor a él no le parecería importante pero Aiden jamás se quedaba tranquilo frente a algún enigma, menos si se trataba de él, aquel amante al cual sentía que debía de sacarle información a la fuerza de vez en cuando, sin embargo sabía que no debía de presionar demasiado, debido a la tendiente necesidad del otro de rehuir de las situaciones cuando se volvían demasiado "comprometedoras", al menos ese recuerdo estaba grabado en su mente en ocasiones pasadas.

Sonrió por sus palabras referentes a sus intereses tan sólo policíales, el rostro de su amado se mostraba sereno por lo cual quería suponer no albergaba ningún pensamiento negativo sobre el rubio, algo como que lo encontrase demasiado básico por quizás dedicarle su tiempo y vida a su labor, más realmente Aiden no era nada más que un Policía, lo llevaba en la sangre por su padre y él mismo lo había elegido como su camino por toda la vida, contento de sus propios logros, sin deberle nada a nadie, filosofía que siempre había llevado inserto en lo más profundo de su cerebro. Sabía que su broma removería más de alguna fibra de su ser, pero esa era la idea, al menos Aiden se sentía con la bastante confianza para hacerlo y no dar inicio a una nueva discusión, si es que podrían tenerla por algo tan tonto-No lo suficiente entonces..-esbozó una leve sonrisa-Bueno..con gustar no hacemos mucho, ¿Cierto?-continuó con una curvatura en sus labios que sugería una risa, realmente le gustaba poder pasar su tiempo con él y por qué no picarlo con algunas cosas, después de todo, tampoco podían fingir que todo era color de rosa.

Lo amaba, realmente, sus expresiones y respuestas cuando no atendían a dañarle simplemente lograban mejorar su humor o sacarle sonrisas que en su trabajo nadie contemplaba a menudo, por no decir nunca-Apostaría mi placa y cabeza si fuese necesario-alzó una ceja mirándole, sabía muy bien-en carne propia-lo que significaba ser policía y el compromiso que esto conllevaba:estar dispuesto a dar tu vida por alguna causa, claro está no es que pensase que alguien era cobarde por ello, simplemente se trataba de distintos puntos de vista o mejor dicho intereses. Le observó cuidadoso por un momento, tenía la razón, estaba perdidamente enamorado de él pero no le gustaba aceptarlo..demasiado, era darle más poder del que ya tenía sobre si el castaño-Ya quisieras..-fingió ofensa y rodó los ojos para desviar la mirada un momento, si pudiese alterarse como un adolescente claramente lo estaría-Estábamos hablando de ti, no de mi-intentó safarce mirándole enarcando una ceja, colocando los puntos a su favor.

Le preocupaba la forma en que conducía, quizás exageraba un poco pero no se le podía culpar de la aprensión que brotaba de él, era un amante de la ley y por sobre todo un ejemplo ambulante, aunque estuviese de civil-Te atreves a mentirme en mi propio rostro...¡Cuando te estoy mirando cómo no lo haces!-le reprendió forzando su cara de pocos amigos, no le debería costar tanto a pesar de quién se trataba y lo consiguió medianamente hasta que sus palabras le frenaron en seco y posteriormente el beso que depositó cerca de sus labios-¡Podríamos haber muerto!-agregó algo exagerado, en parte por su osadía con el volante pero más por su gusto, algo tan simple como eso había bastado para acelerar su ritmo cardíaco-Comienzo a dudar de tu vasta inteligencia, Bertholon...o prudencia..debería detenerte por algo como esto!-agregó tras unos minutos que pasaron, mirándole intensamente, sin una expresión o mueca definida, pero por dentro aún con su corazón palpitando.

Le observó por algunos segundos más y luego orientó su mirada hacia adelante, percatándose de donde estaban-Sería bueno aparcar en algún lado para ir a dar un vistazo, ¿No crees?-agregó mirándole con una sonrisa, Rodeo Drive no era muy extenso por lo cual se podía recorrer a pie sin mayor esfuerzo, mientras esperaba una respuesta aprovechaba para admirar su belleza y pensar en todo lo que mirarle provocaba en él.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Miér Ago 19, 2015 3:22 pm
En realidad, no... que recuerde— respondió tras un instante de pensarlo. Sin temor a equivocarse, había escrito tantas páginas, personajes e historias diferentes que a veces se olvidaba partes, así que no le sorprendería si descubriera o hiciera lo contrario en un futuro. Le molestaba cuando aparecía la nebulosa en su mente, pero pronto se dio cuenta de lo funcional que era llevar una libreta de clasificación. Ahí apuntaba las ideas esenciales y en ocasiones también servía para recordar quién era quién y en qué se empleaba, supuestamente. Claro que muchas se facilitaban si eran basados en un amigo, una vecina o incluso el vagabundo sentado en la puerta fuera de un edificio. Pero otras más no merecían la pena de anotarse en el papel. Se usaban y se desechaban. Venían de repente y se iban de la misma manera. —Al menos no de aquellos que sí tuvieron la suerte de salir a la luz. La mayoría contienen temas trastornados de cualquier cosa menos lucidez, el resto no se han completado o siguen en la caja fuerte y dudo mucho que tengan oportunidad de salir. De todos modos, tal vez quieras leer alguno de los recientes en tus ratos libres. Por ocio y perdida de tiempo, por supuesto, no soy ésa clase de buen escritor— propuso con ligera entonación bromista, básicamente para conocer cuál sería la opinión de Aiden luego de terminar aquel relato que su querida y fiel editorial llamó basura (con otros términos más finos), pero él seguía considerando su mejor obra hasta la fecha. Antes no quería mostrarla con nadie, no tenía intención de que la leyeran otros ojos, menos aún recibir disparos de críticas constructivas...

Y quizá ahí estuvo el error. Sin embargo lo peor habría sido confiársela a su madre, a su padre o al agente literario que para entonces apenas conocía. Necesitaba algo más neutral que eso, porque casi todo lo que Viktor escribía se relacionaba al crimen y definitivamente el par de humanos con mayor credibilidad tenían un sentir establecido al respecto. A ella le disgustaría el contenido y él debería esforzarse más de lo necesario en fingir que no creía que Viktor estaba desperdiciando una gran cantidad de talento en sólo y nada más escribirlo, sin hacer algo al respecto. ¿Qué ganaría entonces? El castaño inspiraba y enlazaba detalles de sucesos verdaderos para crear su propia ficción alternativa. Se apoyaba en las investigaciones de su padre y en más de una ocasión faltó a la norma número uno cuando llevó copias de expedientes a casa durante las prácticas de criminología, pero nunca se preguntó qué pensaría de su trabajo un policía, así como tampoco imaginó que en algún momento pudiera complementar dicha respuesta sabiendo que también pertenecía a la voz de una de las personas más importantes en su vida. —De hecho, estoy trabajando en algo ahora y aunque está pendiendo de un lado a otro, voy a tratar de hacer contacto con uno de los policías que llevó el caso inspirador— comentó, ahorrándose la parte en la que otros tres uniformados que también se ocuparon de resolver el caso, se negaron absolutamente a cooperar. Jamás. Y adiós, señor Bertholon. —Podría estar creando un éxito millonario, ¿quién sabe?— se encogió de hombros. Luego esbozó una sonrisa de lado. —Hoy estamos aquí, mañana nos marchamos a vivir a una isla.

Se volvió a mirarlo y levantó una ceja. Estaba claro cuál era el propósito, o por lo menos Viktor pensaba que lo comprendía bien. —Creo que te diviertes forzando mi sinceridad— dijo con gracia, porque a decir verdad no figuraba ser muy nuevo tampoco. Al castaño le costaba el doble de trabajo expresar las cosas tal y como son cuando es necesario decirlas. Más difícil todavía si éstas son de relevancia, de suma importancia y magnitud para hallarles el significado sencillo que suene digno al pronunciarse. Curioso y poco visto, pero así funciona con él. Desde hace mucho tiempo se acostumbró a guardárselo para sí, por común que fuera, Viktor encontraba sucesos y frases ordinarias como si estuvieran fuera de su repertorio y debería aprenderlas con exactitud antes de aventurarse al uso. Aunque claro, no sería muy complicado cambiar aquel pequeño inconveniente ahora que las razones se acumulaban a placer. Ladeó la cabeza e hizo como si lo meditara. —Pero tienes razón. Eso es muy cierto: con gustar no hacemos mucho— le concedió. —Menos mal que a mí no sólo me gustas— complementó enseguida. Se sentía seguro de que su amor podía trasmitirse de una y mil maneras, quedaba a flote con la forma en que se miraban. En los cortos y prácticamente camuflados momentos en que se perdía en su imagen, cuestionándose cómo resultó ser tan afortunado.

Viktor frunció los labios al oírlo, luego se echó a reír. —Eres cruelmente franco— afirmó. —Podrías haber dicho que las posibilidades siempre existen... hasta que lo intentamos. Con voz de locutor de radio o parecido. Esos tipos tienden a sonar alentadores— añadió la opción. No obstante, sabía que no era necesario. Y en cuanto Aiden se zafó de su comentario sobre el enamoramiento, recordando el tema original, le miró con una sonrisa curiosa. —Bueno, entonces, como un secreto entre nosotros diré que ni siquiera me atrevo a sujetar un arma por más de dos minutos, así que... Fiasco como policía. No sé hacerlo, no les agrado a las armas. Cuando lo intenté medía la mitad de mi altura ahora, creo. Y estaba aterrorizado. Me quedó un moratón de ensueño porque no presté atención a lo que decía mi padre y la escopeta golpeó, horrible y dolorosamente en mi hombro— relató por encima del agua, apoyándose en ademanes. Su excelente buen ánimo tampoco era tal para aceptar que lloró durante horas y estuvo retorciéndose en el suelo por cinco minutos, como mínimo.

Oh, vamos. No exageres tanto, amor. Me gusta cuando te pones paranoico, pero el mágico cinturón salvavidas está efectuando su función— alegó en defensa, bastante despreocupado, aunque prefirió no explicar que sabía lo que estaba haciendo. No solamente se limitaba a soltar el volante, sino que a veces aceleraba por encima de lo permitido, sobre todo en el camino despejado cuando salía de la ciudad. El cruce boscoso entre California y Nevada se prestaba mucho para cumplir las aventuras sinsentido del escritor. ¿Para qué? ¿Por qué? No tenía la más remota idea, pero quizá debería empezar a dejarlo. —Además, no haría nada que pudiera hacerte daño. Eres lo más importante que tengo, ¿recuerdas?— agregó y ahora, para darle gusto al completo, no apartó los ojos de la carretera cuando extendió su mano y le acarició el hombro, como si buscara tranquilizarlo y enmendar su falta de prudencia.
Buena idea— respondió luego. Y un momento después, miró por el espejo retrovisor para elegir un lugar y asegurarse de que el espacio disponible era suficiente cabida para el coche. Cuando lo hizo, el motor ralentizó y Viktor subió las ventanillas antes de retirar la llave y disponerse a bajar para echar un vistazo en la zona. Estaban justo frente a la manufacturera Montblanc, a mano izquierda. —Me encanta lo que está hecho en Alemania— pronunció de buen humor, como si el motivo de sus palabras fuera el establecimiento.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Ago 20, 2015 3:47 pm
Jamás se lo había dicho y tampoco lo haría, sin embargo Aiden guardaba celosamente cada libro o escrito que llevase el nombre del castaño, desde que le había conocido mantenía un ojo sobre las obras que este pudiese sacar a la luz volviéndose una especie de fan de su trabajo, recordaba con una risa la vez que Viktor lo había sorprendido leyendo su más reciente libro por aquella época, con el fin de zafarse de la situación aventuró la explicación de que debido a que la temática era Policial le servía con un caso en el que estaba trabajando en aquel entonces -o al menos intentó enfatizar en ello- más se trataba de una muy mala mentira que conjuró en el aquel instante de presión. No quería aceptar que lo leía por llevar el nombre de él, claramente eso no sugería que fuese una obra de baja calidad, al contrario, el rubio siempre encontraba más de un par de razones para sentirse atraído a aquellos manuscritos, guardándolos celosamente en una pequeña colección que mantenía en el último cajón de su escritorio, aquel que mantenía con llave en todo momento-Ya veo, pensaba que podría haberlo sido..no sé, lo asociaba a algo de tu interés-agregó mirándole y mordiéndose el labio inferior luego para evitar mostrar una reacción mayor de la necesaria ante sus palabras-Me encantaría...-agregó rápidamente, casi anulando las últimas palabras del escritor-No digas tonterías, si lo escribiste tú no será una pérdida de tiempo, al menos no para mi-agregó dedicándole una mirada serena y dulce, ¿Cómo podría pensar eso?, no es que Aiden fuese un jurado importante en cuánto a la calidad de escritura se tratase pero jamás se había aburrido leyendo algo de él, al contrario, captaba su atención como pocas cosas lo hacían en la vida, en parte por el tema que trataba, y por otra por que realmente lograba imaginarse las escenas como si fuese un filme antes que un texto.

No podía reprocharle lo duro que era consigo mismo puesto que él no predicaba con el ejemplo, el Teniente era tan duro consigo mismo que exigirle a otros que no lo fuesen simplemente le haría parecer hipócrita y de eso prefería prescindir completamente, aún así, sentía la urgencia de comunicarle que para él era un escritor bastante bueno, y no lo decía por lo que sentía en su corazón, sino que realmente lograba llegar a él, aunque más tarde se dio cuenta de que el castaño interpretaría aquello como una especie de acto de caridad o algo similar, un consuelo por así decirlo, mermando cualquier ansia que pudiese nacer dentro de él. Le observó atento escuchando sus palabras y una expresión híbrida entre asombro y reproche apareció en su rostro, ¿Acaso él no significaba ningún tipo de ayuda para él?-Comienzo a dudar bastante de tu inteligencia Viktor,tú...Amante-dijo la palabra con cierto disgusto pero al menos lo prefería antes que amigo-Es el Teniente de la Policía, ¿No crees que eso supone una gran agenda de contactos?-le observó rodando los ojos levemente, si estaba en su poder le conseguiría la entrevista con quién fuese, después de todo, su cargo tenía sus ventajas también y por él haría lo que fuese, no había duda en ello.

-¿Una isla?..no lo sé, muy aislado para mi-agregó riendo por sus palabras, sin embargo dentro de si no podía esconder una sensación de alegría que burbujeaba como un líquido en ebullición-Me ofenden tus palabras-forzó una indignación teatral-Si a ti no te nace, tendré que obligarte a ello, ¿No crees?-comentó riendo mirándole, eso era algo que tenía que cambiar si pensaban tener una vida juntos, o al menos eso era lo que el rubio pensaba.
Él no era perfecto y era el primero en aceptarlo y decirlo, pero cuando estaba a su lado intentaba comportarse de la mejor forma, ser un compañero para él, una persona digna de su amor y por sobre todo el sustento de una relación que esperaba mantener hasta el fin de sus días. Sus sentimientos por el escritor eran sinceros y profundos, nunca había amado de aquella forma por lo cual sabía que tenía que luchar por ello, no podía quedarse quieto y dejar que se volviese a escapar de sus brazos, esta vez no lo permitiría-¿Te encanto?...¿Te vuelvo loco?..¿No puedes vivir sin mi?-comentó riendo al final, exageraba claramente pero nunca estaba de sobra poder acorralarlo y obligarlo a ser un poco más expresivo, al menos con él.

Se giró para dejar que el aire impactase en su rostro de frente y oxigenase todo su ser-Soy un Policía, ¿Qué esperabas?-agregó riendo por sus palabras, la verdad siempre debería salir de sus labios y así era, más eso no quería decir que era un ejemplo de honestidad ambulante-Quizás no les agradas por que piensas demasiado las cosas..disparar requiere fluidez y estar preparado para cualquier eventualidad-le observó con una risa a punto de brotar de sus labios-No será suficiente para ser policía, pero si quieres yo te puedo dar clases particulares-agregó sonriendo y alzando una ceja, puesto que aquel ofrecimiento enmascaraba más de alguna posibilidad, así como el de propiciar un encuentro entre ambos.

-Ser paranoico y exagerado me ha mantenido con vida todos estos años, disculpa pero no me retractaré de eso-agregó cual niño pequeño sintiéndose reprendido por algo que consideraba injusto-¿Sabías que el cinturón no es tan mágico como afirmas?..¿Que puede ser tu peor enemigo?-agregó alzando una ceja mirándole, aquel artefacto de seguridad en los coches era un arma de doble filo, él mismo había sido testigo de ello en algunos accidentes de tráfico que había tomado bajo su mando, uno de los más trágicos fue cuando una familia entera había perecido al caer a un lago al no poder zafarse del cinturón de seguridad, pereciendo por inmersión.

Movió su cabeza hacia un lado para dejar atrás ese pensamiento que apareció en su cabeza, alejándolo tan rápidamente como había llegado-¿Soy lo más importante para ti?-le miró por unos instantes sin decir nada, su promesa de no hacerle daño tendría que contar de ahora en adelante puesto que al marcharse le había causado uno de los más grandes dolores en su vida. Sonrió posteriormente por el contacto de su mano, aquel gesto era tranquilizante y se sentía tan bien que le hizo extender su mano derecha y colocar la propia sobre la del escritor, acariciando su piel suavemente. Unos minutos más tarde el motor se había silenciado advirtiendo que el paseo había terminado, se bajó del coche mecánicamente tras esto mientras esperaba a Viktor de pie por la parte contraria-¿Desde cuándo eres un experto en calidad Alemana?-le miró riendo mientras se cruzaba de brazos adoptando la pose típica que tenía como Policía, espalda erguida y pecho fuerte, férreo ante cualquier situación que se presentase, por un momento miró hacia su alrededor y se encontró con la Manufacturera Montblanc, pensando que se refería a esto-Vamos, date prisa-rió al final mientras le hacía señas para que se acercase a él, una vez que lo tuvo a una distancia ínfima le tomó del mentón para levantar su rostro y depositar un profundo beso en sus labios, perdiéndose en aquel gesto.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Ago 21, 2015 9:02 pm
¿De veras?— habló de inmediato. Sabía que Aiden no se negaría a la propuesta de leer su supuesta mina de oro, aunque al final hiciera igual que su vecino cuando le regaló uno de sus libros por la pasada Navidad. Viktor había recibido calcetines la última vez, así que no era justo que aquel hombre tuviera el mejor obsequio del año... considerando que su pasatiempo favorito eran más bien temáticas científicas, hechos comprobables y de los cuales podías obtener un poco de conocimiento, no la cosa de ficción que escribía el extranjero que vivía enfrente. Fuese como fuera, aunque al principio creyó que era una broma clásica de Viktor, eso fue lo que recibió. Y claro, tuvo que alterar la expresión de su rostro esbozando la sonrisa más falsa y eventualmente divertida que el castaño hubiese visto antes; a Harvey no le gustaban los cuentos para niños y cualquier portada sin un fósil o un átomo lógicamente no resultaría interesante. Fin de la historia.

Oh, bien. Sólo decía, no es que las criticas me afecten gran cosa. Después de todo, entrar en el mundo de la literatura es como meterte a un profundo agujero donde todos tendrán algo que decir y a veces no será del todo agradable, así que... no es muy diferente al resto de profesiones, creo— arrugó la nariz, sin estar seguro de cómo se daban las cosas en la comisaría, pero imaginándolo y sabiendo que recibir balas y arriesgarse es el doble de interesante y probablemente menos divertido. Empate. En cualquiera de los casos, no tendría que cambiar mucho, ¿cierto? Él había ejercido solamente dos empleos con anterioridad —siendo justos, el kiosko de periódicos y revistas estilo canadiense no es válido— y ninguno lo convenció ni lo hizo sentir con la comodidad de caminar sin aquella presión de saber que alguien estaría hablando con otro alguien sobre tu no tan excelente trabajo. Minimizándolo con una apuesta cero por ciento afable— además de un montón de paranoia extra al creer que eres el centro del universo y demás. ¿A quién no le ocurre?

Pero si al final no te gusta, quiero que me lo digas con todo y muecas. Incluso yo admito cuándo es bueno, o está bien o es simplemente aceptable— concluyó con un chasquido. Tal vez no lo admitiera tan seguido en realidad. Le costaba darse cuenta de que algunas veces lo que escribía no funcionaba, pero en dichas ocasiones tomó la decisión correcta y jamás mostró su trabajo ni tan siquiera con los agentes y el personal editor. Juzgaba por su propio gusto. Y ciertamente, las preferencias que tenía no eran nada desagradables. Ahí estaba el alemán como un ejemplo evidente de su buen ojo, la elección adecuada parecía llegar sobre aviso y no le dejaba escaparse casi nunca; excepto, quizá, en el momento en que se le ocurrió huir y apartarse de la única persona que había llegado a querer con la misma intensidad con la que se le quería de regreso, aunque eso sí, tener la fortuna de caer en tanto del error a tiempo para tratar de enmendarlo y olvidarse de que en alguna parte de su pasado cometió semejante tontería, fue una ráfaga de buena suerte que no debe presentarse a menudo.

Oye, aguarda ahí, ¿es sólo mi imaginación o ésta es la segunda vez que dudas de mi inteligencia?— cuestionó curioso, mirándolo con los ojos entrecerrados aún cuando su intención original no fue centrarse en esto. No iba en serio, obviamente, pero tarde o temprano empezaría a creerse eso de que no era el nuevo Albert Einstein y tampoco contaba con un cuarto de otro cuarto de su capacidad intelectual. Lo pasó por alto e interrumpió enseguida al escucharlo. La verdad es que no lo pensó opcional antes, y no porque no supiera lo fácil y apropiado de tenerlo a él como una especie de trampolín con cualquier oficial de policía si quería conseguir frutos rápidamente, sino porque en ése momento todavía no planeaba su reconciliación (lo cual, de hecho, no hizo hasta dos días atrás).  —¿Amante?— repitió incrédulo, atascado por un segundo. —Yo no le daría ése término, pero en lo que atañe, estoy bastante seguro de que sí, la agenda debe ser enorme. Y también estoy convencido de que es realmente extraordinario en lo que hace y seguramente no le costaría menos de un pestañeo hacerme feliz y evitarme la molestia de seguir insistiendo— sonrió y se volvió a mirarlo por un momento, aminorando la tensión que sintió residía en sus palabras.

No lo diría, pero siempre parecía apropiado recibir uno de los reproches de Aiden para ponerse de buen humor. Lo hacía de un modo divertido o así se le figuraba al escritor, como si tuviera una manera personal y ésta dejase huella en cada una de sus formas. Le gustaba, un hecho total y absoluto. Sin importar la etapa emocional por la que estuviera pasando, incluso cuando exageraba o se ponía digno y difícil de tratar, seguía gustándole como nunca, un poco más a cada minuto que pasaba. —Lo que pasa es que es, er... entretenido o algo así, que te cuelguen el teléfono cada vez que mencionas haber trabajado con el equipo de investigación innombrable— mencionó, claramente refiriéndose al FBI. Los policías parecían tener problemas de antaño con los federales, y aunque técnicamente Viktor jamás formó parte del equipo de manera oficial, se mezcló a trabajar con ellos durante una larga temporada en la operación de investigaciones. —No, de veras, tiene su gracia. Pero sí me gustaría el empujón, ¿sabes? Tal vez podría pasarte sus datos la próxima vez que nos reunamos (lo cual espero sea en máximo tres días), cuando mínimo recuerde su apellido. Así también te compenso el favor— añadió optimista, pues no quería hacer creer que su rencuentro se mantendría en una visita de día por mes. Viktor, de hecho, tenía el repentino plan de mudarse a la ciudad y decirle adiós a la cautivadora vista de la terraza en su casa de San Francisco, intercambiándola por una absolutamente mejor como sería ver a Aiden todos los días y en todo momento, siempre que quisiera.

Piénsalo otra vez: estarías conmigo. Tú, yo, solos y sin nada para comer. Una aventura— resistió a la idea, dominando sus ganas de reír. Era una consideración mala porque lo ponía a modo realista, de lo contraría sonaría encantador. —El problema es que me nace, te lo juro. Nace y luego se atraganta en mi garganta— arguyó, curvando los labios en una fina línea. Al oírlo, supo que las tres opciones darían en el clavo y además lo insertarían a lo recóndito. —Ay, Aiden— suspiró sin cambiar su expresión y se rascó la nuca, echando un pasajero vistazo hacia afuera mientras el policía apenas continuaba con la segunda. ¿Le encantaba? Sí. ¿Le volvía loco? Otra vez sí. ¿No podría vivir si él? Misma respuesta. —De acuerdo, de acuerdo... Puede que en eso haya un poco demasiado de verdad— admitió, relajando la risa que llegó a sacarle— De hecho, puede que sea exactamente así.

¿Te arriesgarías a enseñarme a disparar?— inquirió con una ceja alza. La aceptación estaba de más, ya se lo había metido en la cabeza y no sería sencillo hacer que lo pasara por alto, menos con la oportunidad servida para pasar más tiempo juntos. En aquel tiempo, Viktor renunció porque era un niño y según su padre, aprendería cuando creciera, cuando tuviera una motivación digna de animarle. Ahora la tenía. Y aprender la forma correcta de usar un arma y no caer al suelo en cuanto disparase, se le quedó guardado como un evento a medias que en un futuro cercano esperaba cumplir. —Te advierto que soy un alumno complicado y no tendrás permiso de renunciar hasta que un milagro ocurra.

Reprimenda aceptada y comprendida. Nada de diversiones a máxima velocidad en el coche, tampoco soltar el volante y sentirse el todo poderoso. Sabía que Aiden comprendía mejor las consecuencias. Sin lugar a dudas, era el hombre responsable de entre los dos. La parte sensata, quien los mantendría detrás de la línea límite. —Lo eres— asintió con la cabeza, acariciando su mano cariñosamente.

Viktor miró el establecimiento a lo alto y luego giró el rostro en su dirección, guardando las llaves del coche en su bolsillo. —Digamos que lo que se crea allá tiene un sabor dulce— respondió con naturalidad, aunque no tardó en sonreír mientras rodeaba el vehículo para acercarse a él, atraiéndolo por la espalda cuando lo recibió con un beso. Definitivamente no se cansaría de eso nunca. Podría hacerlo durante horas, salvo por la molesta necesidad de respirar. —¿Ves?— dijo una vez se hubieron apartado, como si demostrase la teoría. —Dulce— complementó después y buscó su mano para unirla con la suya, entrelazando sus dedos conforme empezaron a caminar.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Ago 23, 2015 12:13 pm
-Claro, ¿Por qué tendría que jugar con ello?-le observó curioso por un momento, lo decía completamente en serio, Aiden jamás decía las cosas por simplemente el hecho de
hacerlo, además tenía intenciones de leer algo escrito por su amado y más si este mismo se lo ofrecía, cosa que antes cuando "estaban" juntos nunca había sucedido-Hablo muy en serio, quiero leerlo-comentó reforzando sus palabras anteriores por si le había quedado alguna duda.
-Constantemente estamos bajo las críticas, algunos más que otros pero el mundo en sí es de aquella forma..nos conformamos como sociedad en base a las supuestas características que nos hacen confluir, sin embargo son las diferencias las que siempre nos harán resaltar y bueno, exponernos al escrutinio de los demás, ¿No crees?-le observó sonriendo, nadie estaba a salvo de ello y aparentemente mientras más responsabilidad tuvieses sobre tus hombros más objeto de críticas serías, o al menos así funcionaba la vida para algunos como él mismo, constantemente fluctuando por la opinión de otros acerca de su rendimiento o comportamiento.

-Si alguien intenta meterse contigo más de la cuenta se las verá conmigo..no estás sólo..tienes a quién te protegerá-sonrió bromeando, sin embargo aunque la situación no lo ameritase aquello constituía una verdad puesto que el rubio protegía a sus seres queridos con su vida si era necesario y con mayor razón si se trataba de la persona que le robaba el aliento con tan sola una mirada-¿Te han dicho que a veces hablas de más?-agregó riendo por las palabras de este, quizás suponía que por lo que sentía por él no sería objetiva su opinión sin embargo y a pesar de cuánto lo amaba Aiden no podría pasar por alto algo que no le gustase, más si el tema en cuestión podía estar muy relacionado con su propia realidad..mentirle a Viktor nunca había sido una idea en su cabeza.
-Puntos por estar atento, Bertholon-agregó riendo, sólo bromeaba con él pero era demasiado divertido para el policía jugar con él de esa forma, sobre todo por que el escritor estaba lejos de carecer de inteligencia, sino al contrario rebozaba de ella.
Por el rabillo de su ojo izquierdo observaba muchas veces al castaño, si bien lo podía sentir a su lado la confirmación visual se volvía imprescindible, con un Aiden temeroso de perderlo nuevamente..a pesar de sus palabras no podía quitarse aquella sensación de despecho y vacío que lo había invadido por meses-No encontré una palabra.. mejor-agregó con una extrema ligereza, casi impropia de él mismo sin embargo él no encontraba otra manera o forma para describir su relación..por el momento no-No hace falta que me adules, sabes que por ti..-se calló y le miró intensamente, no hacía falta que continuase con las palabras si podía expresar todo aquello con sus ojos-Tú sólo di cuándo-concluyó para girarse y desviar la mirada de este por algunos minutos.

Le amaba con locura y su corazón lo confirmaba al latir anormalmente, una taquicardia era señal de eso y tendría que acostumbrarse a ello por que de lo contrario se encontraría a si mismo sobresaltado en cualquier momento-Deberías saber cómo funcionan las cosas en aquella realidad..¿Ni tu padre ni yo hemos sido suficiente ejemplo?-agregó como una especie de reprimenda pero sin llegar a confirmarla con algún gesto o tensión en su rostro, sin embargo Viktor se volvía descuidado en situaciones que no deberían ser ajenas a él sobre todo cuando su propio progenitor tenía tanto para darle como lección-Yo no me reiría..hacerme perder el tiempo de esa forma..y con tantas negativas..no..hm-se mordió el labio con cierta tensión, Aiden ya habría desatado su furia si hubiese cambiado de lugar con su amado-Es tu decisión..la ayuda ya se te fue ofrecida-agregó observándole y curvando sus labios en una sonrisa cariñosa-Si estuviese en mis manos no existirían ni segundos de lejanía entre nosotros-le observó con intensidad, realmente lamentaba tener que separarse luego de reunirse con él, era un nuevo tipo de dolor que comenzaba a alzarce dentro de él puesto que hace tan poco lo sentía entre sus brazos y ya tenía que dejarlo ir..Simplemente era desgarrador.

-Considerando que no habría nada para comer..tendría que echar mano a lo más próximo que tuviese..-le observó y alzó una ceja de modo coqueto esperando entiendiese a qué se refería-No me tientes..que luego te puedes arrepentir amor-sonrió medio riendo, medio amenazando, como solía hacerlo cuando quería pasar por gracioso.
-Tendremos que trabajar en tu garganta entonces..es un problema-agregó punzando su hombro con un dedo de forma casual y para nada intensa. Ante su confirmación no pudo hacer más que fijar la mirada hacia adelante y arreglar un par de mechones de su cabello fijando la vista en el espejo, un simple gesto que atendía al orden y que le daba serenidad-Es reconfortante saberlo entonces, señor escritor-agregó con una seriedad que rallaba en la exageración la cual prontamente se convirtió en una pequeña sonrisa de satisfacción.

Le observó y asintió con la cabeza confirmando su pregunta, si no estaba dispuesto jamás lo habría mencionado, nunca prometía u ofrecía algo que no pudiese hacer o para lo cual no tuviese interés-¿Eso debería asustarme o algo?-agregó rodando los ojos-Miedo deberías tener tú, no tienes idea lo tirano que puedo ser..digamos que soy un Maestro bastante exigente y no tolero el fracaso..¿Sabes?, además suelo recurrir a castigos..y para ti se me ocurren algunos-agregó alzando una ceja con demasiada intensidad e interés, sugerente como nadie.

Mantenía su mano acariciando la ajena con delicadeza, contorneaba su tersa piel con las yemas de sus dedos suavemente-Tú lo eres para mi también-agregó a modo de contestación, quizás no era necesario pero no podía callarse lo que sentía.

Le esperaba de pie con aquella posición mientras por el rabillo del ojo le echaba un vistazo a su alrededor, la cuadra estaba bastante relajada por lo cual suponía no era el horario peak del gentío, cuando lo tuvo entre sus brazos lo sujetó con una fuerza no excesiva pero si mayor a la normal, rodeándole y permitiéndole sentir el calor de su cuerpo contra el suyo mientras sus labios se unían a los del escritor con ternura y también algo de pasión-Entonces asegúrate de no tener Diabetes o algo por estilo, no quiero matarte con mi dulzura-agregó riendo y sujetando con fuerza la mano de este, entrelazando sus dedos al máximo nivel que podía permitirse claro está sin generar una fuerza totalmente opresora..sólo la suficiente presión para sentirlo suyo y disfrutar de un gesto tan simple y común pero que jamás había tenido la oportunidad de probar-Tenemos varias opciones de donde elegir..¿Te gustaría ir a algún lugar en especial?-preguntó mirándole con una sonrisa en sus labios, una genuina y agradable, mostrando en parte lo que ocurría dentro de él y lo feliz que se sentía de poder estar así con la única persona que había amado de esa forma.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Ago 24, 2015 6:52 pm
De acuerdo, entonces. Tú serás el primero en leer el borrador completo— respondió con seguridad, la misma que pudo observar en Aiden cuando se giró y le echó un vistazo, complacido por su decisión; no parecía gran cosa y quizá no tomaría muchas horas de sus ratos libres, pero a Viktor le gustaba recibir opiniones de personas importantes cuando se trataba de algo con semejante relevancia como el trabajo de su vida; se interesaba por saber lo que pensaba la gente a quien haría caso y a quienes, además, trataba de satisfacer por el mismo entusiasmo que lograban contagiar con su mera presencia, algo que nadie había conseguido antes de la misma manera que que hacía Aiden. Y así como era inevitable que el rubio tomase el asiento principal en su existencia, era imposible mantenerse completamente atento a conducir cual experto en precaución mientras conversaban. Viktor sentía la necesidad de voltear cada cinco segundos y no sólo por su indiscutible costumbre de ver a quien está hablando en el momento que lo hace, sino porque ahora también valía el esfuerzo. Se habían tomando un descanso bastante largo entre ellos, demasiado tiempo sin poder disfrutar del agrado de estar juntos como para querer perderse nada, pero de todos modos la pequeña distracción no significó mucho para la despejada carretera por la que transitaban junto a otros pocos conductores. Claramente el riesgo estaba por debajo de la mínimo, pues de lo contrario la reprimenda que el castaño recibiría un momento después no habría sido parcialmente afable como se sintió, aunque sí muy justificada.
Con una amplia sonrisa, le miró fascinado. Tenía razón y lo mejor de todo es que lo dejaba en claro de una forma contundente, magistral para una sola frase. —Absolutamente. Y creo también que debí traer una grabadora y plagiar tus palabras— agregó; en parte bromeando, en parte hablando realmente en serio.

Oh, Dios... Eres el hombre más tierno de la tierra, Aiden— afirmó, endulzando el tono de su voz en un instante. —De veras, ¿no te lo había dicho ya? Incluso cuando estás de broma. Me encanta... No es justo que nos conociéramos tantísimos años después— añadió como un hecho razonable. Culpa suya fue que la ausencia se extendiera poco más de lo que el destino decidió, pero no iban por ahí los tiros. Ni de cerca. Eso no pensaba mencionarlo ahora que la luz volvía a brillar para ellos. Viktor lo veía de otra manera, una donde estaban juntos para recuperar cuánto se creyó perdido y acumular todo aquello que sentían, explorando cómo irían las cosas entre ambos, arreglando el futuro próximo y aprovechando la oportunidad de hacerlo doblemente mejor de lo que fue durante la primera vez, sin mentiras, secretos o verdades a la mitad.
Sólo decía— mencionó con un leve asentimiento y se encogió de hombros sin dejar de sonreír. Tal vez hablaba de más porque jamás sintió semejante ánimo de agradar y cumplir con expectativas de las que ni tan siquiera estaba enterado, pero un simple gesto lo admitió por sí solo.

Para Viktor, una mirada o un gesto era capaz de decirte muchas más cosas de las que cualquier palabra podría llegar a hacer, por eso no hubo falta escuchar la voz de Aiden, sabía lo que quería exponer y de la misma manera recibió el mensaje, como si guardar silencio y no pronunciar palabra obrara propicio a la respuesta, casi seguro de que el gracias estaría de más para el momento en que reaccionó adecuadamente. Sólo era un trabajo cualquiera, una especie de investigación para poner el orden necesario a la historia, pero ahí tenía otro motivo de encontrarse y pasar tiempo con él, un pretexto a la suma de su intención por no apartarse más allá de lo obligado.

¿Puedo saber en que momento me convertí en el niño regañado, por favor? Siento que... No hagas eso, no me mires así. Me miras así y pienso que hablas en serio, pero no sé cuándo es cierto, porque no sonríes y no mueves nada tampoco— se señaló la cara, refiriéndose a su expresión facial. Luego se volvió. —Bien. La tomo. Quiero tu ayuda— continuó, poniendo su supuesta actitud de seriedad. Se haría con lo necesario y en cuanto volviera a Beverly Hills, pasaría los datos en persona, porque claramente, hoy nadie usa los teléfonos y tampoco se desperdician los motivos de una grata reunión con la persona que amas, menos si puedes considerarla un trabajo más y no otro día libre en el calendario. —Aiden— aguardó a que sus ojos se encontraran con los de él y enseguida prosiguió— Sé que no es fácil creer todo lo que digo después de lo que sucedió antes, pero no me iré a ninguna parte. Estoy contigo ahora, y ésta vez te prometo que voy en serio. Necesitaremos mucho, muchísimo más que unos cuantos kilómetros entre nuestras propiedades para separarme de ti.

Apenas oírlo, Viktor entreabrió los labios dividiéndose con el esboce de una sonrisa, porque si bien tuviera algo por decir, no salió nada en los primeros segundos que filtró la información. No lo había visto venir con el doble sentido, era eso... y la terminante atracción que sentía por Aiden y rebasaba su humano sentido de la cordura. —Debería existir una ley que te prohíba provocarme mientras estoy al volante— comentó, rehuyendo a su momentánea ausencia de concentración; el plan básico era hablar y hablar y hablar, aunque en ocasiones no tuviera sentido y pasaran por una transformación de balbuceos—porque estoy luchando contra mi impulso de besarte y si lo pierdo...

Exigencia, castigos... ambos contigo a la orden— fingió meditar cada punto a detalle. —Hum, perdona si en lugar de causar miedo, le resulta excesivamente tentador al masoquista que vive en mí— respondió luego y ladeó el rostro, advirtiendo un súbito interés mayor del que hubo puesto antes al hablar sobre su aprendizaje de armas y aquel proceso que ya daba la impresión de querer posponer para toda la vida. —¿Cuándo dice que empezamos con las clases de tiro, maestro?

Negando con la cabeza, Viktor resopló al reírse. Por fortuna los deseos se hicieron realidad: nada de Diabetes. —Buena esa— admitió antes de echar un vistazo panorámico desde la acera. Su andar era lento y efectivo para repasar cada uno de los rótulos en cualquier dirección, a pesar de que en su mayoría no pudiera reconocer ninguna de las tiendas de excelente prestigio, puesto que la atención que ponía en ello fue y seguía siendo de cero. —Eh... de hecho, creo que es por aquí donde está una galería de arte que quería ver hace mucho, pero como no sé por dónde y no quiero perdernos con mi mala orientación, quizá lleguemos de suerte o algo, mientras... no sé, ¿tienes hambre? ¿Quieres que te derrote en los bolos? ¿Hacer una reservación de hotel y descubrir que el Fountain es mejor que el café de Starbucks? ¿Abastecer el guardarropa estilo motociclista con chaquetas como... esa?— concluyó su arsenal de no-muy-buenas opciones, apuntando con el mentón hacia el maniquí detrás del cristalero de una tienda departamental.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Mar Ago 25, 2015 5:45 pm
Le escuchó y una sonrisa se dibujó en sus labios, quizás a ojos del castaño podría parecer un capricho o exageración pero él tenía la genuina intención de leer su obra considerando que podría gustarle como su opuesto, sin embargo no podría asegurarlo hasta realmente posar sus ojos en aquel-Seré muy crítico, te lo prometo-alzó la mano como si estuviese hablando con alguna autoridad y utilizando los gestos propios de su condición.

Aunque pudiese parecer exagerado poder leer su obra no sólo respondía a una especie de fanatismo dentro de él por la temática que este empleaba, también respondía a una especie de trampa que le permitía pasar más tiempo con este, después de todo tendría el borrador y además una opinión que luego formular acerca de este, más formas de pasar tiempo juntos sin forzarlo excisivamente y de una forma que además les permitía a ambos ganar. Su personalidad era demasiado fuerte como para intentar frenarse, sin olvidarse de con quién estaba, sin embargo jamás dejaba que su opinión o sus creencias se quedasen de lado, eso explicaba en parte las reprensiones que le extendía a su amado, claro está se divertía haciéndolo por lo cual no había problema alguno en ello-Oh..lástima que no la traes-torció el gesto en una mueca burlona pero con una risa contenida en el pecho, ese hombre le provocaba un gozo interior como nunca había sentido.

-Y el exagerado soy yo-rodó los ojos intentando pasar por alto el rubor que cubrieron a sus mejillas ante sus palabras-Nunca para ser sincero, pero ahora que me lo dices no sabes lo bien que se siente..viniendo de ti-le sonrió más relajado y aceptando el cumplido-Ciertamente no lo es, imagina si hubiese sido cuando éramos más jóvenes, quizás adolescentes..¿En qué situación nos encontraríamos a la fecha actual?-le extendió aquella pregunta mientras el mismo en su cabeza se imaginaba aquel escenario, quizás en el mejor de los casos se abrían sentido atraídos y hubiesen terminado por vivir una aventura romántica que al día de hoy no hubiese sido más que una relación formal de pareja y quizás más, si la suerte y la vida misma hubiesen sido propicias de ello. La visión era bastante agradable a su juicio, sin embargo tan rápido como había llegado la dejó ir puesto que no era su caso, nunca tuvieron esa posibilidad y sólo con pensar no conseguirían nada, o al menos nada que pudiese considerarse tangible y mucho menos aplicaba al actual acontecer de los hechos, que si bien se encauzaron en un camino mutuo no podían dejar de lado las decisiones que habían afectado su relación hasta tocar fondo.

-Me vas a volver más loco de lo que ya me tienes..y no sé si sea bueno-agregó mirándole, quizás podría haber enfatizado en un momento en el cual no debía por lo cual quizás era su modo de alivianar la propia atmósfera que había creado en aquel instante. Era un sujeto muy complicado en cualquier ámbito de su ser, sin embargo en la parte que tenía peor desempeño y por ende control era en lo emocional, esclavo de las más fuertes fuerzas que pudiese albergar en su interior, incapaz de sujetarlas y darles un sentido, al contrario, víctima de cualquiera lo suficientemente altanera como para ir en su contra en los momentos más inoportunos; Viktor era el catalizador de aquella parte de Aiden que solía suprimir, o más bien adormecer puesto que su trabajo le exigía mantenerse en un estado neutral y atento frente a cualquier imprevisto sin considerar opciones que respondiesen a nada que no fuese el instinto y la razón intelectual.

-A los niños se les regaña cuando tienen un comportamiento reprochable, ese es el concepto en si, ¿No?-le miró con una pequeña sonrisa traviesa-Oh..y yo que pensé que me conocías..de entre todos..me decepcionas..amor-comentó estirando el labio inferior confirmando una mueca que evidenciaba aquel pesar claramente forzado y dramático.

-Está bien-agregó mirándole, recién había caído en la cuenta de que aún el castaño lo estaba considerando y ciertamente no era algo que le hubiese gustado, sin embargo sabía que tampoco podía presionarle ni mucho menos obligarle a algo, como la persona que más le amaba y que no lo ponía en duda en ningún momento simplemente se limitó a ofrecer su ayuda incondicional cuando la necesitase claro está sin sobrepasar el límite de la propia voluntad y sin presionar..no estaba dispuesto a forzar las cosas o mucho menos poner en juego lo que apenas comenzaron a retomar.

Al escuchar su nombre se volteó en su dirección puesto que su cuello estaba del lado contrario observando lo que fuese que había allí obligándole a centrarse en algo que seguramente no sería capaz de explicar-Sabes que mi trabajo es dudar, eso se aplica a todos los ámbitos de mi existencia y hasta el día de hoy aún no me ha fallado mi juicio o sentido..-le observó-En vista de lo que pasó y de lo cual no vamos a discutir por obvias razones yo estoy algo limitado en cuanto a mi confianza hacia ti-habló con sinceridad pero con una insistencia en su mirada que debería obligarle a este a escucharle atentamente-Sin embargo, contra todo pensamiento y en pro de lo que yo siento decidí darte...darnos una oportunidad juntos, cualquiera en mi situación quizás no lo habría hecho pero no me puedo quedar con la sensación de "Y si..", no, quiero intentarlo, quiero estar contigo, quiero confiar, quiero amarte y que me ames porque me lo merezco..y porque no hay nadie que me haga tan feliz como tú-comentó mirándole aún, sabía que no era respuesta adecuada a su planteamiento pero no se podía tener, una vez que había comenzado sólo prosiguió hasta acabar-Nunca te separes de mi..por favor-susurró casi apenas audible, consciente de que no estaba en posición de obligarle a hacer nada que él no estuviese dispuesto a hacer pero tentando a la suerte en pro de una respuesta favorable.

Su corazón latía con fuerza otra vez, no había necesidad de tocarle para que este órgano comenzace a ir en contra de su funcionamiento normal-Yo no he hecho nada, estoy bastante seguro de que no sé de lo que hablas-alzó las manos en señal de inocencia, imitando a muchos de los criminales que había atrapado y habían utilizado aquel barato discurso y gestos para alegar inocencia-Si lo pierdes tendrás muchos problemas..asumiendo que salgamos ilesos de una eventual colisión-comentó completando su frase rápidamente, con una mirada seria pero de esas que atendían a intentar doblegar al otro.

-Lo que faltaba..eres todo un caso Viktor, ¿Lo sabías?-se llevó la mano al rostro para taparlo en parte y riendo por lo bajo, realmente sólo él podía encontrar el morbo en una proposición que no tenía otra intención que ayudarle a este, sin embargo no podía negar que de cierta manera aquello le parecía excitante también-Por mi podría ser mañana mismo, querido alumno-profirió.

¿Cómo no podría sentirse enamorado de él?, era consciente de lo hábil que era con las palabras y eso era parte de su éxito como escritor, endulzaba momentos con frases que le hacían sentir como un adolescente enamorado, presa de sus hormonas enfrascadas en un constante huracán. Nunca se habría imaginado encontrarse en una situación como esa, caminando de la mano con la persona amada sin tener que lidiar con problemas o preocupándose de retenerlo lo suficiente a su lado-Wow..wow..tranquilo amigo-se soltó de su mano e hizo el gesto con las manos de que se calmase acompañado de una sonrisa genuina en sus labios-Tenemos tiempo, así que no te hiperventiles-comentó nuevamente con una risa considerando proseguir con ello, más no era el momento y dudaba que pudiese hacerlo a sus expensas sin arriesgarse a una reacción negativa-Pero si quieres ver esa galería de arte hagamos un esfuerzo, ¿Te parece?, perdernos no sería lo peor, ni que estuviésemos en un país distinto-enredó sus dedos entre los ajenos nuevamente formalizando un agarre entre sus manos-En el peor de los casos si nos perdemos no faltará alguna otra atracción que podamos visitar, después de todo, Rodeo Drive se caracteriza por ofrecer continuo agrado al turista-agregó sonriendo y apretando su mano-¿Qué dices?-le observó esperando una respuesta, realmente le gustaría cumplir con el deseo que el castaño parecía tener.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Miér Ago 26, 2015 7:28 pm
Durante años se ha dicho que las cosas suceden por una razón específica, que la forma en que se moldean nuestras acciones y todo aquello que acontece a nuestro alrededor afectará tarde o temprano en nuestras vidas. Es posible que sea cierto, pero Viktor no se había molestado en indagar el tema y examinar su historia desde un punto de vista diferente, uno donde participaba como agente alterno y proponía los imposibles de algo que, naturalmente, no había forma de retroceder en el tiempo para reconstruir y hacer sus cambios, traer los beneficios de una relación y una convivencia del todo natural, porque sin importar en qué punto se cruzaron sus caminos y hasta dónde los impulsó dicho encuentro, nadie podría negar la facilidad que existía entre ambos para entenderse incluso en los peores momentos.

El castaño no respondió, aunque se quedó pensando en ello durante unos minutos. Se aspiraba único y bastante agradable, porque tal vez creyera que de algún modo, atrasar los años mejoraría su situación, los haría mucho más unidos de lo que ya eran o sabrían cómo comprender exactamente lo que el otro pensaba, quería o estuviera esperando recibir, pero la verdad es que en eso también podría estar equivocado, la probabilidad de ser tan utópico como sus deseos de volver a vivir, juntos, una historia nueva y completamente insuperable a la imaginación, ensombrecían los matices de una realidad maravillosa, una fecha por la cual Viktor no arriesgaría perder y modificar los detalles que precisaban su amor, si tan sólo lo pensara dos veces.
Demasiado bueno para ser verdad— acertó cerrando el ciclo de su ensimismamiento. Tanto lo bueno como lo malo los había traído hasta ése momento. Y de no ser por lo peor, cuando la tragedia de alguien más se convirtió en su triunfo después de meses y meses de un trato casi discreto tras cerrar el caso, ni siquiera se conocerían. Si Viktor no se hubiera dejado convencer por su padre y no se hubiese presentado con el equipo de investigación, si hubiese llegado a arrepentirse un minuto antes de que se reunieran con los oficiales... ¿Cómo podrían culpar o agradecer por como se dieron las cosas? No tenían idea. Ninguno de los dos.

¿Así que tuve un comportamiento reprochable?— aventuró confirmar, alzando una ceja con el esboce de una leve sonrisa. La respuesta debía ser que sí y él lo sabía, por eso no ocupó de escucharlo nuevamente, era simplemente retórico. —Oye, no eres tan fácil de descifrar como te crees— refunfuñó a su defensa, jovial y conveniente al mismo tiempo. Luego le acarició la mejilla, paseando su pulgar cerca de los labios del rubio al girar su rostro hacia él e intentar curvar la expresión que caía en la comisura de su boca, naturalmente al contrario de su gesto teatral. —Venga, sonríe, que con todo y que no te conozco, todavía te amo— alegó a su vez, apropiando la ironía.

Aunque Viktor tratase de olvidarse del asunto, no era capaz de sacarse aquello de encima. Sin embargo, de ninguna manera culparía a Aiden por su desconfianza, mucho menos le juzgaría por mantener firme una especie de protección como si él se tratase de una bomba de tiempo y en cuestión de horas, días o un poco más, fuera a desaparecer para no volver nunca. Estaba en su derecho, los motivos le sobraban y no dejaría de ser válido abstenerse de caer así de fácil en un sentimiento que si bien podía subirte hasta lo alto, también tenía capacidad de hacerte caer en lo profundo de un abismo. Tenerlo todo y perderlo de repente es una sensación desconocida hasta que se siente. Viktor lo conocía, por ello comprendía y aceptaba su posición sobreponiéndose ante su propia terquedad, ya no como un capricho o una necesidad más por permanecer juntos, sino por como lo hacía sentir cuando estaban juntos, por jugar la última carta a su lado y obligarse a confiar en el amor que el escritor afirmaba profesar por él. —No lo haré... nunca— le aseguró mirándolo; con lo espontáneo de un comentario sincero, que no requiere pensarse y resulta que no cuesta nada— Lo juro.

Tranquilo, cariño. Soy bueno para controlarme, ya debo llevar más de veinte minutos haciéndolo, ¿no?— comentó con tono bromista, echando un vistazo al reloj de muñeca que para entonces no llevaba encima. ¿Estaría en la guantera, quizá? Ya lo descubriría después. Por lo pronto, su atención no podía dejar de concentrarse en algo, o en éste caso alguien, además de Aiden, por eso se olvidó del reloj y su posible paradero, humedeciendo los labios y apartando la mirada de él, como si buscara mayor intención de conducir como el buen ciudadano al que le gusta seguir las reglas sin distracciones. —Me merezco un premio por eso— complementó casi inaudible, pues su voz se entremezcló con el viento silbando su velocidad en la ventanilla.

Qué puedo decir... no tengo remedio— convino sonriente. Tenía que admitir que ése no había sido el primero ni sería el último comentario en el que hallase más de una interpretación morbosa, a veces no podía evitarlo, aparecían de la nada y sin ningún motivo aparente, pero al parecer, a su subconsciente no le daba la gana guardárselo, quería compartir y que él hiciera lo mismo, porque tampoco se lo callaba a menudo, menos cuando estaba de tan buen humor.

¿Si, seguro?... Bueno, déjame decirte que estás malcriando al niño y tú en una chaqueta de motociclista no es para nada una mala idea, pero claro que me parece, ya sabes lo fanático que soy con eso. Si no tuviera dedos torpes, podría haber sido el primer Picasso de origen belga— respondió, aceptando igual con un gesto... pero no estaba muy seguro. Deseaba entrar a dicha galería desde que supo de su existencia cuando pasó a entregar un trabajo periodístico hace bastante; tanto como para olvidarse de su deseo y no pensar en ello hasta encontrarse en una zona cercana, reconocida a sus ojos. No obstante, lo indudable si se ponía de guía era perderse, a no ser que caminando derecho se toparan con la doble puerta de la galería de arte, porque solamente recordaba su imagen por fuera; no lo que había por un lado o por el otro, ni enfrente o algo parecido. Así que, ¿por qué tenía buena memoria para muchas cosas y cuando necesitaba usarla, simplemente se desvanecía?

Tomó la mano de Aiden y oprimió sus dedos al entrelazarlos con los de él, atrayendo también su atención mientras continuaban con su rumbo, sin saber muy bien hacía dónde irían, pero perdiendo relevancia en ello conforme iban dejando atrás un par de tiendas departamentales por ambos extremos. Viktor se volvió a mirarlo tras sacudir su mano. —Sobre lo que dijiste hace un rato, nombrando lo que soy de ti y tú de mí como...— en su rostro se formó una breve mueca, titubeante— Mira, sé que apenas estamos reanudando lo nuestro, ¿verdad? Y prometí ir paso a paso, lo que creo que quiere decir lento, sin apresurarnos, pero a lo mejor deberíamos... podríamos... y tendríamos, que arreglar esos apelativos o será un poco extraño introducirte como «amigo especial» o «amante» con mi familia y mis no-amigos si se da el caso, ¿sabes?—. Ahí estaba, la sutil manera de Viktor para deslizarse a un término serio que no solía procurar a diario, tanto menos pedir e involucrarse.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Ago 27, 2015 12:00 am
Contra todo pronóstico a veces lo único que Aiden necesitaba era poder dejarse caer en los brazos de la única persona por la cual su corazón había decidido latir con fuerza, aquella que tan sólo con deslizar sus brazos por su cuerpo le darían la calma y conforte que no podría conseguir en ninguna otra parte, salvo con sus mujeres, como solía llamarlas. Jamás había conocido otro tipo de amor y devoción que no fuese el que propio por la familia, derivados de los lazos sanguíneos y afectivos que los ataban de una forma completamente enmarañada.

Lo que para él parecía tan seguro, sólido..una verdad irrefutable simplemente se desmonoró cuando el castaño apareció inesperadamente en su vida; se habría jactado de que era una tontería si le hubiesen dicho en aquel instante que aquel sujeto del cual no tenía la menor idea se podría convertir en el amor de su vida, un chiste simplemente. Se mordió la lengua muchas veces ante tal recuerdo puesto que no había nada en este mundo que le hiciese más feliz que poder estar a su lado, dejarse llevar por su mirada y exhalar suspiros ante una simple caricia.

Sabía que estaba exagerando con su visión de ellos juntos desde jóvenes pero tampoco podía evitar pensar en aquello..de cierta manera se le había presentado como una alternativa a la realidad bastante atractiva más no idílica-No hay gran mal en soñar de vez en cuando-se encogió de hombros ante la idea, tampoco es que lo ansiara o estuviese culpándose por algo más que una simplea idea.

Le observó con una máscara bastante neutra pero que en pequeños detalles se mostraba complacida y por sobre todo relajada, ante sus palabras simplemente asintió para no caer en un acto de reproche constante, como un disco de vinilo repitiéndose una y otra vez en una constante molestia-Antes no decías eso..siempre te jactabas de lo predecible que era..me confundes, ¿Sabes?-comentó riendo y dejándose perder por su caricia, el toque de su dedo por su labio sin duda podía actuar como una provocación y justamente así lo sentía-A pesar de tu tono igual consigues que sonría...no es justo-agregó no logrando curvar su boca en una mueca, al contrario una sonrisa se alzaba por lo alto.

Esperaba algún día pudiese dejar atrás aquella sensación de vacío que aún se encontraba en lo más profundo de su ser, quizás a ojos del castaño podría parecer resentido o un sujeto que vivía en el pasado y de cierta forma lo era, más sin embargo realmente Aiden no podía suprimir sus pensamientos y sentimientos de un momento a otro, aún escocía la herida en su corazón y necesitaba de tiempo para curarse sin obviar que una cicatriz siempre se mantendría presente como un constante recuerdo de lo que alguna vez sucedió-No me jures nada, realmente nunca podríamos dimensionar el peso de aquel compromiso-le observó por un instante, debido a su trabajo sabía mucho de leyes y términos afines-Pero como ya te dije, de ahora en adelante confiaré en ti..daré todo de mi para lograrlo-llevó su mano hacia la mejilla de este y con el dorso aventuró una rápida caricia, efímera pero esperaba llena de sentimiento.

Profirió una risa bastante profunda ante sus palabras, de una situación a otra pasaban tan rápido que de no estar a su lado podría haberse perdido fácilmente-No he tomado el tiempo..pero seguramente hasta roto alguna marca en algún lugar-siguió con una leve risa y una mirada cómplice a sus palabras, apenas audibles pero lo suficiente para alguien que vivía gracias a sus sentidos-¿Y de qué premio estaríamos hablando?-agregó enarcando una ceja interesado por ello. Rodó los ojos con una fingida reacción de dramatismo sin embargo no podría reprocharla de algo que muchas veces le había sucedido a él, intentando obtener más de lo necesario en situaciones que quizás no propiciaban aquel ambiente seductor y tensional-Por eso me toca amarte tal como eres-agregó con un puchero burlándose de él-Pobre de mi-continuó pasando una mano por su cabello acomodando algunos cabellos que caían para luego fijarse en el escritor.

-Bueno, "el niño" ha estado muy travieso últimamente...sin embargo para su fortuna me encuentro de muy buen ánimo-le sonrió cariñosamente tentando un dedo por la palma del escritor en sus manos entrelazadas-¿Noto una fantasía?-preguntó alzando una ceja interesado-Dedos torpes cuando la situación te favorece..si me permites agregar amor mío-alzó una ceja jugando con él, molestándole muy a fondo. Esperó algún movimiento favorable de su parte más pasaron algunos segundos sin una respuesta clara-Vamos, hasta a mi me entraron ganas de ir a dar un vistazo-tiró de su mano por última vez, como advertencia, como señal. Su cuerpo se detuvo y tensó al verse encarado por él, tenía esa mirada tan seria que sugería problemas o al menos en su diccionario para entender a Bertholon lo ponía así-Ah..eso-agregó mordiéndose la mejilla internamente, realmente sabía que en alguna oportunidad sería un tema a discutir pero no esperaba fuese tan rápido, aunque indiscutiblemente era un sujeto que prefería lidiar con los problemas de una sola vez-Si, sobre aquello realmente yo fui el que sugirió que nos tomáramos las cosas con calma..¿Recuerdas?-le observó intensamente, realmente había sido una especie de condicionante de su parte pero no del todo seguro con el acontecer de los hechos actualmente-¿Me presentarías con tu familia..o con las personas que considerases importantes?-ahí estaba una punzada en su corazón, opresora y agradable, dual como nada en el mundo-Entonces...-agregó deslizando las palabras desde su garganta hasta la abertura de sus labios-¿De qué forma tendríamos que referirnos el uno al otro?-le miró por unos escasos segundos en busca de una respuesta, no le perdonaría haber tocado aquella fibra y retirarse luego, al menos ya se había permitido tocar el tema y tragar lentamente por miedo a atragantarse con el aire que insuflaba sus pulmones-¿Qué sugieres?-últimas palabras que evidenciaban un intento de exaltación por su parte ante una idea que consideró durante un tiempo pero que jamás consideró viable, al menos no de todo en vista al giro de los acontecimientos.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Ago 28, 2015 7:31 pm
Yo no digo que no, pero ya puestos en eso, lo que estaría excelente sería poder cumplirlos, ¿no te parece? Estilo Volver al futuro. Así no me quedaría con la curiosidad de ver cómo eras a los... no sé, quince o diecisiete— repuso, bastante seguro de que si fuera por él, en lugar de reconciliarse con el hombre de su vida, ya habría devuelto el tiempo atrás hasta la fecha propicia para no cometer el mismo error de alejarse. ¡Qué va! Quizá asegurándose un pase al sí del compromiso pudiera aventurarse a retrasar una década en la historia, o al menos unos cuántos años extra, aunque no tuviera que meterse en sus no tan entrañables años de adolescente —en los cuales ciertamente poco le interesaba otra cosa que tonterías, razón que bien demuestra un montón de peculiares colecciones en casa de sus padres—; si tan sólo fuese así de avanzada la tecnología, sólo bastaría con rectificar los detalles insignificantes que provocaron los peores cambios. ¿No sería grandioso?

El castaño sonrió en respuesta a su comentario, mirándolo con expresión divertida. —Supongo que es de sabios cambiar de opinión— objetó, aunque realmente sí había llegado a repetir hasta el cansancio que Aiden era predecible en algunas cosas, en muchas de las cuales tuvo oportunidad de compartir y aprender en su compañía, tomando la oportunidad de conocerlo demasiado, saber un poco más de él hasta que la conversación se extendiera, comprendiéndolo tan por encima de lo que en otros tiempos se habría permitido en una relación... pero al principio, durante las primeras horas y los días más lejanos, nunca fue así. Viktor no sabía lo que debía esperar de él, no podía leer sus pensamientos ni siquiera prestando firme atención a la expresión de su rostro, imaginando una posibilidad o esperando proyectar un significado en el mensaje cristalino de sus ojos. El tiempo fue propicio para que él pudiera reconocer las pequeñas señales, entenderlo casi tanto como necesitaba. Su historia juntos no había sido en vano. A pesar de los errores cometidos, de las dudas y las altas y bajas que fueron contagiando sus vidas con la misma rapidez de una peligrosa enfermedad, lo bueno continuaba intacto en sus memoria y eso nadie podría quitárselo. Pasara lo que pasara, Viktor tenía bien claro que los primeros encuentros con Aiden siempre lograron despertar una emoción extraña en su interior, casi imperceptible para haberse dado cuenta en aquel entonces. Lo hacía sentirse nuevo, como si finalmente hubiese encontrado el motivo por el que decidió abstenerse de volver a intentar algo serio con cualquier otro hombre; pero lo irónico en Viktor es que antes buscaba estabilidad rogando no encontrarla, pretendía enamorarse pero hasta ciertos límites, como si fuese capaz de poner un alto a sus sentimientos y al futuro que le estaba destinado. Aiden rompió dicha corteza, es cierto. El oficial apuesto y de porte extraordinario que le sugirió ser ante la primera impresión, superó sus expectativas de una y mil maneras, se transformó en la prueba irrefutable de una combinación maravillosa en la que su actitud aparentemente enigmática y decidida, escondía bastantes cualidades que no lo obligaba a dejar de ser sí mismo para sentirse bien junto a alguien más, confirmando simplemente, que no existía nadie allá afuera con la suficiente capacidad de perpetrar hasta lo más profundo de su ser como él lo hizo, incrustándose justo ahí donde los sentimientos mandan y nos hacen incapaces de reaccionar con lucidez.

Viktor no esperaba menos, pero no necesitaba más que la confianza esperanzadora que encontró en las palabras de Aiden. Él podía activar una especie de mecanismo para tranquilizarlo y saberlo dueño de su franqueza, alentándolo a mejorar en todos los aspectos de su vida mientras pudiera seguir contando con él. Sabía que no iba a ser fácil olvidarse del asunto, aunque así mismo no esperaba que lo fuese. Comprendía su lugar en todo aquello y no tenía intenciones de retroceder ni un sólo paso hacia un camino del que prefería apartarse, alejarse junto a él y resolverlo desde el nuevo cero donde decidieron iniciar. Quería, por encima de todo, demostrar que su amor era incondicional y lo seguiría siendo en el mañana, pero no por ello empequeñecería el resto, no dejaría de lado el gran esfuerzo que debía estar haciendo Aiden con tal de seguir a su corazón, pues también sabría recompensar el agobio y el pesar por el que le hizo pasar los últimos meses.

Oh, pues... un premio grande. Me lo merezco, porque esto es difícil— se señaló el pecho y luego lo apuntó a él con el pulgar en el aire. —Quiero decir, ¿sientes ése aura pasional que se respira en el aire?— agregó después, procurando un aspecto serio y claramente fallido, porque apenas volver su rostro y mirar a Aiden, la imagen formal que habitualmente observas en los médicos y él trataba con mala imitación, se desvaneció ante una sonrisa inevitable. —No puedo creer que dije aura, no tiene sentido— negó con la cabeza, frunciendo los labios. —Ay, sí, claro... pobre de ti— lo copió con un gesto dolido, llevándose la diestra hasta los hombros de él, y atraiéndolo con un leve abrazo, le frotó un par de caricias cerca del cuello mientras se encargaba de conducir con la mano libre— menudo sacrificio que estás haciendo. Ya hasta creo que el premio debería ser para ti.

Arrugando la nariz, Viktor agachó la cabeza y luego alzó sus ojos hacia el policía, descubriéndose con facilidad. Tenía que admitir que el prototipo de estrella de rock le gustó desde tiempos inmemoriales, así que mezclar las fantasías de su joven yo con una versión mejorada y doblemente madura a la imaginación de antaño no estaría nada mal. —Tal vez un poco...— musitó al pensar de nuevo en la chaqueta, aunque su tono de voz fue parecido al de una pregunta. Luego abrió y cerró la boca, sin emitir sonido. —De acuerdo, mi mente sigue en otro lado. Puede que haya mal pensado mucho con eso, ni hablar—  mencionó a continuación, optando por pasar de los pensamientos moralmente inadecuados que se reunieron en su cabeza.

Recordaba perfectamente quién había dicho qué y quién había hecho qué desde el momento en que cruzó la puerta de su oficina, pero no estaba seguro de poder cumplir con su petición. Viktor era un sujeto sumamente desesperado cuando de verdad se interesaba. Y ahora que volvían a empezar, se suponía que actuasen acorde al ritmo reconocido y común en una relación. Sin embargo, ellos ya habían pasado por eso, se conocían lo suficiente para no acceder del todo a las limitaciones y hasta cierto punto, conforme marchaban a su orden, algo parecía extraviarse evocando un repentino cambio, yendo de atrás para adelante, de lo que debería suceder en la etapa avanzada hacia la primeriza. —Desde luego que sí. Quiero que te conozcan, que lo hagan de verdad, no sólo con saber tu nombre o quién eres y de dónde vienes, quiero que ellos sepan lo que significas para mí, Aiden. Necesito que las personas que quiero puedan apreciar lo maravilloso que es el hombre del que me enamore. Y, perdón si me pongo un poco ridículo o te suena extraño porque no es el mejor momento, aquí, a mitad de la calle y demás— sonrió pasajeramente, frotándose la ceja izquierda mientras acariciaba el dorso en la mano de Aiden con su pulgar. De la galería de arte no había rastro aparente de recuerdo, estaba esperando sepultada hasta lo más recóndito de sus pensamientos desordenados— no hago esto a menudo, es decir nunca, pero es que... siento que me hace falta ése pequeño impulso de compromiso. Que sí, ya sé, lo he evitado todo el tiempo, desde siempre, y ahora, bueno, ahora creo que no hay algo que me gustaría más si ha de ser contigo— concluyó, aguardando pero interrumpiendo justo antes de oír cualquier respuesta, en cuanto repasó sus propias palabras. —Espera, suena muy... no estoy pidiendo que te cases conmigo, por favor no te espantes desde ya— alzó una mano, como diciendo tranquilo, no aún. Al menos no entre tiendas departamentales.
Uh, pues, no había pensado en una manera en particular. Pero sería algo así como... ¿formal?— aventuró, ladeando el rostro ligeramente. —No que me digas formal tú a mí, por supuesto. Sino que... que seamos una pareja, una real, con compromisos el uno con el otro. La clase de pareja que te presentaría como su novio; el único ahora, y el único en los próximos muchísimos años siguientes.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Sáb Ago 29, 2015 4:27 pm
Consideró una y mil posibilidades más cada vez que le miraba, tenerlo a su lado nuevamente sugería una gama de escenarios y posibles desenlaces de una historia que hasta donde tenía entendido se había terminado sin embargo cuando el castaño apareció en su oficina y se adentró en esta irrumpiendo como una especie de Terrorista nunca imaginó el giro de los acontecimientos, de hecho a pesar de tenerlo a su lado y de haber compartidos las caricias más profundas entre dos personas aún no se sentía seguro de su estancia...de si se quedaría con él a pesar las palabras afirmativas. Amar para el rubio suponía un constante estado de inconsistencia, si bien podía rebozar de felicidad en algún momento bastaba un problema o error para que se precipitase a una caída de la cual no podía suponer salir ileso, no del todo al menos; Viktor era el único que había despertado aquella parte en él, sus sentimientos le pertenecían tanto los positivos como los negativos, siendo capaz estos de amoldarse a las acciones del castaño tan fácil que parecía ridículo el control que ejercía en él, inutilizando sus pensamientos y su férrea voluntad que solía ser la única defensa que tenía para evitar romperse ante el más mínimo golpe.

Si, Aiden podía ser inseguro como cualquier otro mortal en esta tierra, que luciese como un sujeto inquebrantable de voluntad no era más que una máscara que escondía al débil sujeto que residía en su interior, ese que se permitía sentir como un ser humano y que no podía cortar los lazos que una vez le habían unido a una persona, menos si esta era la única capaz de captar su completa devoción. Odiaba no sentirse seguro, no poder dejar de lado sus pensamientos y la opresión en su pecho que le hacían dudar por instantes de lo que estaba sucediendo, víctima de la debilidad propia de un ser emocional.
Aún así, se armaba de valor para hacerle frente a lo que estuviese frente a él, era un hombre fuerte y no se permitiría flaquear, menos cuando su felicidad se encontraba a su lado-No recuerdo que la ciencia ficción fuese uno de tus géneros narrativos favoritos-comentó con una sonrisa curvando sus labios-Si me hubieses visto a esa edad créeme que te lo habrías pensado dos veces antes de desearlo-le observó aún con la risa en su rostro, en su Adolescencia se había dado la muerte de su padre con todo lo que aquello acarreaba y si bien se había alzado como el jefe de su familia su personalidad tendía a ser inestable, consecuencia de no tener haber tenido la oportunidad de manejar el duelo y la presión que conllevaba todo lo que supuso aquella tragedia.

-También de la gente bipolar, pero oye..¿Quién está juzgando?-aventuró con una risa efervescente, realmente el escritor podía sacar al sujeto divertido que había en él sin esfuerzo, cambiando su máscara gris por la que suponía era una más agradable. Al darse cuenta de el cambio que producía en él no podía hacer otra cosa que entender que realmente era amor lo que sentía, estaba completamente enamorado del castaño y como si no fuese suficiente confirmación de sus sentimientos su cuerpo mismo se lo hacía saber, acelerando su ritmo cardíaco, entrecortando su respiración y aumentando su temperatura corporal ante su contacto o tan sólo con una simple vista. Por aquella razón es que estaba dispuesto a avanzar, si bien no podía dejar todo de lado y hacer como que nunca había pasado, sí tenía la facultad de elegir seguir en aquel camino o simplemente aprender la lección y comenzar una nueva historia, una en la que esta vez podría decidir cómo serían las cosas en vez de simplemente atenerse a la decisión que el otro había tomado por ambos.

-Sigo pensándomelo, ¿Sabes?-le miró y una curva agradable se posó en sus labios sin embargo luego no pudo evitar una risa-Espera..¿Qué?-comentó mirándole, a veces podía decir cosas que no comprendía pero esta vez supuso estaba luciéndose-Yo tampoco..esto se quedará en mi cabeza...para siempre-golpeó suavemente el costado de su cráneo para enfatizar sus palabras y con la risa aún persistiendo en él-Ay amor..tú si sabes cómo hacerme reír-llevó una mano para acariciar su mejilla. Su brazo le atrajo y él mismo se acomodó para permitírselo con mayor facilidad, disfrutando de la cercanía y las caricias en su cuello-Por unos segundos no me importaría la prudencia..si puedo estar contigo así-agregó con voz profunda pero a la vez etérea-Ni te imaginas el esfuerzo, un reconocimiento no me vendría mal..-le observó y estirándose depositó un beso en su mejilla que duraron unos cuantos segundos, sin un motivo más que el querer demostrar lo que sentía y que no debía de porqué explicar.

-Bueno, si quieres me puedes regalar una y así cumplir con tu fantasía-aventuró como una invitación, tampoco es que se le hiciese molesto aquella prenda y al contrario quizás podían compartir más de algunos gustos. -Descuida, sé lo pervertido que puedes ser..conmigo no finjas-alzó una ceja mirándole acusador.

Aiden siempre se había sentido seguro cuando marcaba el ritmo de las cosas y manejaba a su antojo las situaciones, después de todo tener el control era una parte de su personalidad que siempre salía a flote y que claramente ayudaba a no perder la calma en las situaciones más extremas o bizarras en las que comúnmente se veía involucrado. Viktor suponía aquel descontrol en su vida, aquella falta a sus propios pensamientos y quizás leyes internas que regían su vida a diario, traduciéndose en una inversión de todo lo que conocía..pero que extrañamente se sentía tan bien como el probar sus labios nuevamente-Si te soy sincero realmente nunca consideré el hecho de que quisieras que yo fuese ese hombre para ti, pero oye, eso no quiere decir tampoco que no me guste, al contrario..estoy encantado-le observó sintiéndose sobrecogido por sus palabras las cuales calaron hasta el fondo de su ser, sin embargo, conforme hablaba comenzaba a sentirse nervioso, como nunca, preso de una corriente eléctrica que clavaba todo su cuerpo-Está bien..-agregó apenas, impresionado por el tono que utilizaba planteando ideas en su cabeza que quizás si saliesen de la boca de este no aseguraba que pudiese comportarse o siquiera reaccionar. Su pecho oprimía demasiado, consideró por un momento apoyarse sobre alguna pared o sentarse porque su cabeza estaba procesando de una sola forma las palabras que el castaño decía y eso le suponía una ansiedad que nunca sintió-Oh, si, ya veo..-pudo balbucear y se dio cuenta de que estaba conteniendo el aire, dejándolo ir y oxigenando su cerebro nuevamente..matrimonio, albergar una herida de bala no se comparaba al efecto que provocaba aquella palabra en él..no por el hecho de no quererlo con él sino por la simple impresión y sorpresa de algo que jamás esperó.

Escuchaba atento sin quitarle ni por una fracción de segundo la mirada, en aquel instante se sentía como si estuviesen sólo los dos en un espacio totalmente vacío, nada importaba mientras lo tuviese a él-Uff...¿Qué haré contigo?-comentó ya más relajado y suspirando con una doble función: intercambio gaseoso a nivel fisiológico y como forma de calmarse-Es la propuesta más elaborada que me han hecho..-agregó sonriendo- Amor..bastaba con que simplemente me dijeras "Aiden, ¿Quieres ser mi novio?"-sonrió cariñosamente y le atrajo por la cintura posando una mano en su espalda baja y con la otra sujetando su barbilla para elevarla-Como sea, no creas que te estoy reprochando algo..disculpa si suena así, es la sorpresa, pero no hay nada más en este mundo que me pudiese hacer feliz que estar contigo..así que si, acepto, no, Quiero ser tu novio-comentó sonriendo y pegando sus labios a los de este conformando un beso que se dispuso a prolongar tanto como fuese posible, atendiendo a la felicidad que en él residía en aquel instante.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Dom Ago 30, 2015 4:29 pm
Pues, de hecho no lo es. Al menos no para escribirlo yo, porque haría un vergonzoso desastre intentando convertirme en un Stan Lee— admitió. Sobre todo porque no sabría abordarlo. Y su ley era no meterse en muchos líos a la hora de escribir, optando por usar lo que mejor conocía. —Pero cuando era niño... tenía una repisa doble con algunas revistas y un montón de historietas que, debo admitirlo, sí son fantásticas— «algunas demasiado», confesó en su mente— Y sí, me encantaban. Mucho— enfatizó apenas recordarse. Cuidaba su material de colección inclusive mejor que a su perro, Sparta, y prefería encerrarse en su habitación y leer durante horas antes que salir a hacer la clase de cosas que los niños normales suelen hacer. Él, en cambio, estaba quizá un poco obsesionado. Lo normal para una afición, suponía. Sólo que Viktor tenía ésta tendencia competitiva que lo hacía sobrepasar ciertos límites, como con su creencia no fundamentada de que realmente algún día viajaría al espacio a través de un túnel de energía alterna. —Táchame de nerd, pero es verdad. Estás saliendo con uno en su versión atractiva— sentenció, ampliando una sonrisa.

Aguarda un segundo. ¿Y eso por qué?— le miró con interés. Para ser honestos, su adolescencia no fue precisamente uno de los temas que se les ocurrió tocar durante los pasados meses que estuvieron... parcialmente juntos, pero ahora que las cosas tomaban un rumbo diferente y mucho más comprometido, Viktor quería saber tanto de él como fuera posible; cualquier cosa, sin importar qué tan relevante le pareciera. Necesitaba aprender respecto a todo aquello relativo en su vida mientras éste se lo permitiera. Pasado y presente. Simplemente avanzando juntos, como deberían de haberlo hecho desde el principio, vaciando lo innecesario y prestando su completa atención a lo que merecía la pena. Sin embargo, el castaño no lograba imaginarse a un hombre demasiado distinto del que le acompañaba en ése momento. Más joven, claro, pero no como para extraerlo fuera del cofre de la perfección que él mismo le había impuesto. Veía a Aiden igual que a la clase de sujeto que si no te agrada, es porque tú no le agradas a él; como el premio más alto en la estantería de la feria, el más caro, aquel que todos y cada uno de los jugadores desea, sólo que nadie parece tener la suerte de llevárselo a casa nunca.

Además de guapo, ¿también eras el odioso a distancia o algo parecido?— añadió enarcando una ceja antes de recibir respuesta a lo anterior, aunque ésta vez dudó un poco sobre si debería continuar. Odioso no es precisamente la palabra con la cual se espera oír el resumen de tu personalidad, ni siquiera en los peores años de drama, inmadurez y falta de control inconsciente de la adolescencia, pero Viktor tenía una larga lista de conocimiento para estas personas, y si, no le agradaban mucho que digamos. Se había encontrado cantidad de miedo hasta que abandonó el instituto común, y por si no fuera suficiente y como ya había dejado bastante en claro, lo suyo no era callarse cuando tenía que hacerlo, sino al revés. Viktor se guardaba lo que debería decir, en tanto el resto, lo que estaba de más, salía de su boca con una facilidad casi molesta e incoherente incluso para sí mismo, sumando pequeños conflictos detrás de otros, consecuencia de la explosión cohibida que estuvo acumulando durante tanto tiempo; ya no era de sorprender su falta de tacto con la mayoría de las personas, se entendía, de modo que el hecho de no soportarlo en todo momento, se juzgaba de la misma manera que una falta menor, la más común del mundo y totalmente justificada.

¡Yo!— alzó la mano en cuanto escuchó a los bipolares hacer acto de presencia en la conversación, sonriendo divertido. Sabía que el comentario no iba a eso, pero no se aguantó de expresarse. Aquello de hablar sobre ciencia ficción había dejado secuelas. —Yo no, quiero decir— rectificó enseguida— pero por favor, golpéame fuerte en la nariz si de pronto me convierto en uno de los falsos.
No era cosa de su imaginación que la plaga silenciosa llegase a invadir América y hoy día cualquiera sufriera el trastorno al grado de hacerte pensar que el virus de la mitomanía estaba contagioso.  —Es broma, aunque cada vez encuentras más bipolares que Hipsters, ¿que no?

Definitivamente le regalaría una. Ya podía apostar que la próxima vez que llamasen a la puerta de su propiedad, el paquete llevaría una tarjeta a nombre del escritor. No, nada de eso, lo llevaría él mismo. ¿Para qué un mensajero? —Me gusta cuando te pones participativo— comentó de buen humor, como si estuviera afirmando que así sería. No iba a desperdiciar semejante oportunidad puesta en sus manos, con él antes que nadie, aunque todavía restara una parte importante de la fantasía que sugería su mente, una muy vieja y enterrada hasta que se le ocurrió proponerlo, simplemente en parte por lo bien que luciría con ella... pero claro, mente de regreso a la tierra y ya habría tiempo de comentar el detalle extra después. Que si bien era mínimo, según la clasificación de Viktor, también presumía de su importancia.

Aquel fue el discurso más raro que hubiera pronunciado antes. Raro no por su contexto, pero sí porque no se imaginó diciéndolo nunca. Había llegado a pensar que de tener el momento en sus manos, lo haría bien, tanto que planearía cada palabra para no decir una tontería. Sin embargo, improvisó dejándose impulsar por lo que realmente sentía y compenetraba con sus pensamientos. Error... a medias. Sintió que la cara se le teñía de rubor. Mucho tiempo había pasado desde la última vez que elaboró aquella pregunta, pero nunca le pareció tan importante como entonces. Se pasó una mano por la boca y frotó sus labios, desapareciéndola después dentro del bolsillo de su pantalón. —Sí... es cierto— se lo concedió, apuntando a su pecho brevemente. Era tan fácil, que tal vez creyó que no parecía adecuado de esa manera, que él necesitaba trabajarse un poco más.

Mataste mi plan de poeta aficionado— le reprochó fingidamente. —Aunque sí, me proyecté— dijo luego, aplastando los labios al finalizar. Desde luego, lo había hecho. Pero dejó de importarle el cómo cuando lo escuchó continuar, sólo un momento antes de sentir los labios de Aiden encontrándose con los suyos.  Viktor apoyó una de sus manos en la cintura de él, mientras la otra se posaba detrás de su cuello, disfrutando del tacto y el sabor de su boca en aquel profundo beso. Estar así con él cumplía todas las expectativas de su felicidad. Cuando estaba en su compañía sentía que no le hacía falta nada más, se sentía completo y absolutamente libre, porque era él quien aumentaba sus latidos y los hacía detenerse al mismo tiempo, como si de pronto alguien insuflara una especie de vida nueva y especial en su cuerpo, algo de lo que en parte era dependiente, pero que no cambiaría aunque tuviera miles de oportunidades para hacerlo.—No te olvides de guardarme ése acepto para después— susurró luego contra su boca, rozando sus labios sin molestarse en salvar la distancia que los separaba, pues no tardó y volvió a inclinarse, simplemente para volver a besarlo.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Ago 31, 2015 4:35 pm
Rodó los ojos y simplemente rompió a reír en un tono apenas audible-¿Al menos lo has intentado siquiera para hablar de esa forma?-le reprochó mirándole, si bien no se imaginaba un escrito de aquella categoría escrita por el castaño tampoco podía negarlo y hacerlo ver como algo que jamás podría suceder-¿Tenías por casualidades unas gafas cuadradas y de un vidrio bastante grueso como para el marco?-preguntó serio y tras unos segundos se echó a reír-Perdona, es que sería el complemento perfecto para la imagen que se ha formado en mi cabeza-agregó bromeando pero sujetándole de la mano sin perderle un segundo-¿Oh si?..pensaba que mi Nerd no distaba mucho de los comunes-comentó devolviéndole la sonrisa, claramente no pensaba así, a sus ojos era el sujeto más atractivo que había visto, y vaya que sus ojos habían tenido la oportunidad de conocer hombres gracias a su trabajo.

Nunca hablaba de su pasado, ni siquiera con sus compañeros de trabajo, cuando se daban las salidas nocturnas con estos como un tipo de "noche de Policías" siempre terminaban tratando de diversos asuntos y amenizando el ambiente con conversaciones que les hacía conocerse mejor entre ellos y afianzar relaciones de trabajo, importante para cualquier operativo donde la confianza como grupo primaba y determinaba el éxito o fracaso de la operación más sin embargo Aiden no era un sujeto que se abriese mucho a los demás, simplemente prefería escuchar y de vez en cuando asentir o agregar palabras contadas, nada revelador. Sus ojos se fijaron en él y movió la cabeza hacia abajo riendo mientras lo hacía para luego encararle como antes-Digamos que no era el chico más dulce y amable del lugar..bueno no es que haya mejorado mucho actualmente-agregó alzándose de hombros, siempre recordaría los días que pasó con su padre en el Hospital hasta que este murió y lo mucho que le encargó que dejase de lado su faceta de rebelde, su familia lo necesitaba y él debía de ser fuerte para ellas, dejar de jugar y convertirse en un hombre a la fuerza-Me abrías odiado de seguro, éramos y seguimos siendo tan contrarios..pero en aquella época ni yo me aguantaba y con eso digo bastante-agregó riendo, el pasado era un monstruo que se escondía en su interior y del cual no podría escapar, la muerte de su padre y todo lo que ello implicaba impidió su desarrollo emocional normal, el dolor y la tristeza jamás pudo dejarla salir debido a que debía de sobreponerse a todo y avanzar. Sumado a eso estaba el hecho de que los niños son crueles y muchas veces lo llamaron Huérfano a pesar de tener una madre y hermanas, recurriendo a lo único que tenía seguro en si: sus dos puños y es que el rubio antes de portar su placa y parecer un faro de rectitud ambulante fue un chico sumamente agresivo y poco tolerante con los demás, más la edad había sido una buena consejera ayudándole a ubicarse y utilizar su cerebro antes que perderse en sus impulsos que siempre le traicionarían, o al menos los más primitivos-Me voy a creer que soy tan guapo como afirmas, y eso no te convendrá-se rió dedicándole una sonrisa cariñosa.

Viktor era un completo misterio para él como siempre lo había sido, aquello no había cambiado pero se deleitaba el saber que le permitía a él, Aiden Roman Sutcliff poder estar a su lado e intentar descifrarle a cada momento-Estás loco...¿Lo sabías?-agregó mirándole y depositando un beso en su nariz-Pero así me gustas..así te amo-agregó desechando su teatro en aquel instante-Si hiciese eso creo que terminaríamos en Urgencias con una nariz rota y de seguro se vería bastante mal que el Teniente de la Policía golpease a un civil sin justificación y más lo acompañase a curarse sujetando su mano para evitar dejarle-sonrió mirándole, realmente sería una escena-Pero oye..podemos intentarlo si quieres-le dedicó una mirada que sugería interés pero claramente fingido, serenándose luego-No estoy al tanto de las actuales cifras, pero podría aventurarme a afirmar que tienes razón-finalizó mirándole y acariciando con uno de sus dedos el dorso de la mano de este.

El rubio nunca se consideró a si mismo complaciente, jamás cambiaba y no adaptaba a las circunstancias puesto que no estaba en él versionarse a si mismo, pero claro, el amor era una poderosa influencia y hasta el más duro y obstinado sucumbiría ante ello, siendo él un ejemplo claro de ello-Que puedo decir, me gusta hacer feliz a mi amor-le sonrió cariñosamente, un niño tonto enamorado en medio de la acera tomado de la mano del hombre que se robaba cada una de sus aspiriaciones. Nunca se sentía del todo preparado en su compañía y dudaba fuese alguna a vez cambiar, pero contra todo lo que podría pensar, le agradaba ser sorprendido por la única persona que realmente podía hacerlo y a la cual claramente le funcionaba-Perdóname..no me resistí, y es que me estaba matando la ansiedad, de seguro me daba un ataque y dudo que sepas de primeros auxilios y..estoy hiperventilando-comentó con distintos niveles de contracción muscular, su corazón trabajando a ritmos completamente distintos, a pesar del sobresalto y quizás tras dudar unos cuantos segundos estaba seguro de que habría aceptado, más que dudar se trataría un momento para recomponerse y situarse en el espacio y tiempo adecuado. Nada más importó luego de que juntó su boca a la de este, estaba demasiado feliz por su proposición y quizás consideraba que no lo demostraba tanto como podría hacerlo pero prefería hacerlo lento y seguro, no presionar la suerte que comenzaba a tener y mucho menos parecer un loco, aún así, el sentimiento le llenaba por completo y en aquel instante nada podría mejorar, su sabor, la humedad de su cavidad oral, la textura y suavidad de sus labios..todo era perfecto, porque se trataba de él, el amor de su vida-No lo haré..te estará esperando o quizás sea al revés..¿Quién sabe?-comentó mirándole, a lo mejor se le adelantaba, aunque la vida era bastante impredecible como para afirmar algo y en aquel instante lo único seguro que tenía era tenerlo para él y olvidarse de todo, excepto de sus labios pegados a los suyos, fusionados en un solo encuentro que duró el tiempo máximo que aguantó sin requerir oxígeno-Te amo..-agregó tras separarse y estirando una mano para sujetarle suavemente para la barbilla, asegurándose de establecer contacto visual.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Sep 01, 2015 6:48 pm
Humm— su frente se arrugó, partícipe de la expresión pensativa que surcaba por su rostro. De haberlo pensado así antes, no le habría dado tantas vueltas al asunto. Sonaba bastante simple, pero hasta él se dio cuenta de que la frase, aunque fuera nada más que una pregunta, bien podría ser inspiración para levantar el ánimo de cualquiera. Así pues, yéndonos un poco hacia la tangente, ¿por qué en vez de policía a tiempo completo, Aiden no se daba un respiro de su arduo trabajo y unía fuerza comunitaria haciendo de mentor en las conversaciones de AA? Un viejo amigo de Viktor daría las gracias a voz de la comunidad. Y a pesar de que no tendría una honorable medalla de sobriedad como se acostumbra, salvaría a uno de cada cinco propensos alcohólicos a la redonda. Digamos diez, si alguno se interesaba un poco más de lo necesario en el hombre que simplemente debía servirle de ejemplo.

Sin embargo, Viktor temía que su negación fuera más bien la atadura de un motivo, algo que lo obligase a mirar hacia el ligero abismo de la temática a la que ya había dedicado poco más de la mitad de su vida, una cosa que sus ojos se negaban a ver y su mente concebía sin permiso, pero que de estar en lo correcto y ser así y no de otra forma, no sabría explicarse. Jamás se había tomado la molestia de intentarlo, tanto menos cambiar su modalidad en la narración. Nunca. Ni por esto ni por lo otro, excepto por aquella ridícula ocasión en la facultad de literatura, cuando les pidieron realizar un poema completamente suyo, sin copiar fragmentos de Mario Benedetti o cualquier otro poeta bendecido con el reconocimiento y la infinita valoración de los lectores. Para explicarlo de manera sencilla, el comienzo de la aventura resultó una asquerosidad. Aunque para hacerle justicia a él y otros cuantos que perdieron el entusiasmo en menos de lo que apareció, cabe destacar que aún cuando no estaba del todo mal, ellos no pertenecían a ése mundo, y la historia se repitió en la segunda y la tercera etapa, y luego sucedió lo mismo con el curso entero hasta que fueron renunciando y no volvieron a fichar para la siguiente ronda extracurricular.

Aún con eso, no cabía duda de por esta vez Aiden había dado en la cabecilla del clavo flojo. —Bueno, no. No lo he hecho. Pero mi intuición me dice que por el momento, lo mejor es decir paso— comentó sin estar muy seguro. Quien lo conociera bien, y Aiden era uno de esos quienes, sabría que su alto grado de obsesión no lo dejaría parar ahí. Un reto en el aire y saltaría a sujetarlo antes de que se le escapara. Así que probablemente, cuando regresara a casa y se perdiera en el abrumante silencio del estudio, encontraría el momento propicio para hacer caso de lo que ahora se aferraba en decir que no podía hacer, terco como él solo— porque aquí entre nos, Aiden— le dirigió una afectiva mirada de complicidad— tampoco vas a negarme que gran parte de la confianza que pones en mí es por el cariño que me tienes— alzó una mano, como si pidiera que lo dejara continuar antes de afirmar o llevarle la contraria sólo porque sí. Ellos eran muy distintos, no podías adivinar lo que vendría después, ni siquiera imaginando qué más podría salir de unir el agua con el aceite. Lo inexplicable siempre había sido la manera en que supieron complementarse desde un principio, llevarse bien y no colisionar como sus personalidades, tan distintas, tan discrepantes, intuían que ocurriría tarde o temprano. Pero su temprano había pasado hace mucho, y su tarde no parecía tener ninguna intención de presentarse. —Y está bien, cariño— agregó entonces— lo entiendo perfectamente. A mí también me pasa. Es así cada vez que te veo y me creo que de repente me saldrás con que además de ser increíblemente especial en mil cuestiones, a lo mejor también rompes lo humano y tú sí vuelas— comentó jovial, pero sincero. Para él la realidad era esa. En Aiden encontraba las cualidades que esperaba del hombre que estuviera destinado a robarle el aliento. Le gustaba y se gustaba cuando estaba en su compañía, pero lo más importante de todo era la necesidad de verlo feliz. Todavía no llegaba a la medida de amor sacrificado y liberal, como dirían algunos filósofos de la realidad de éste sentimiento, pero Viktor pensaba que sin afán de ofender a ninguno, cualquiera y todos ellos podían quedarse con su bonita opinión si lo consideraban valiente, porque de ninguna manera afirmaría que su amor por Aiden era tan grande como para alejarse y dejarlo ser feliz con alguien más, si ése alguien existiera. No, su amor podía ser diferente, egoísta, si se prefiere, pero no se sentía capaz de separarse de él ni por un segundo y fingir que su felicidad no se desvanecería lentamente entre sus dedos. Él lo amaba lo suficiente para estar a su lado y retenerlo frente a toda adversidad, no para renunciar sólo porque los obstáculos crecieron y el camino por el que deambulaban se volvió tortuoso. Ahora lo entendía bien, la lección se hubo aprendido y no estaba dispuesto a cometer el mismo absurdo por partida doble.

¡Oh, claro! También usaba un aparato dental, caminaba encorvado y me vestía con pantalones hasta el cuello y pajarita a cuadros— asintió divertido, aunque bastante seguro de que no debería reírse como lo estaba haciendo. Ni siquiera porque afortunadamente no había estado nada cerca de ser uno de esos nerds sacados de la exagerada imaginación... a veces muy acertada. La cosa es que así como los describían, había mogollón de ellos por todas partes, incluso fuera del cine y eso sin contar la versión sutil y en femenino de la famosa Carrie de Stephen King. —Dios, qué pesados somos— agregó luego, aunque en éste caso, era él quien pensaba en Richie Jones (compañero de aritmética, segundo) para describir a su falso yo de renegado aspecto nerd, lo cual debería multiplicar su culpa si le hubiera interesado. De todos modos, la venganza no dañina (esperaba) sería que el tal Richie ya tuviera un empleo sólido y estuviera acumulando millones con la brillante mente que se cargaba, seguramente el triple o más de lo que Viktor se permitiría gastar en meses. —Súbita corrección: qué pesado eres tú— bromeó al escucharlo— Mira que decirme nerd común— se llevó una mano al pecho y negó con la cabeza, simulando que estaba a punto de echarse a llorar.

Con atención, el castaño escuchó su respuesta y le dio la impresión de que ahí se cernía algo más, no sabía de qué manera, pero se reflejó en ello y prefirió guardarse la pregunta para después, quizá cuando hubieran avanzado más y no fuera necesario buscarla por su cuenta. —¿Ah, no?— sonrió abiertamente. Por supuesto que si no lo era antes, actualmente sí podría ganarse el título del hombre más dulce y amable del lugar, al menos ante la clasificación que Viktor le daba gustosamente. Esperando a que terminase de hablar, lo miró alzando las cejas. —Vaya, pues... Entonces ni qué decir— comentó, devolviéndole el mismo gesto— adiós a los planes de regresar en el tiempo. Yo no me arriesgaría a ver si por causalidad en otra fase de la historia no contada se cumple el imposible de odiarte, que no creo, eh. No, señor. Me gusta más el reverso. Aunque si te soy sincero, aún sabiendo lo explosivo que puedes llegar a ser y demás, me cuesta imaginarte como el chico inaguantable— aseguró, con dos probabilidades rondando su cabeza. Luego dejó salir una al exterior. —A menos que lo sigas siendo un poquito, pero que yo sea todavía maaás paciente y por eso no se note— aventuró, errado al cien por ciento. Es decir... ¿paciente él? No tenía ni una pizca de eso en el molde con el que fue formado.
No, no. Es que lo eres. Y digo, desde hoy que ya no miento— añadió, señalando después hacia la sonrisa que se formó en los labios de Aiden. No trataba de hacerlo sonrojarse, como apostaría que hubiera reaccionado él en su lugar, pero igual no se guardó la opinión para sí mismo. —Todavía más cuando haces eso— su voz bajó de volumen, y meneando la cabeza, sus labios se curvaron con infinito agrado. —Si pudieras verte como yo lo hago... me entenderías.

El mejor cumplido que me han hecho— respondió, cerrando los ojos cuando Aiden se acercó y le besó en la nariz. No era necesario reafirmar que sus palabras enternecían cada parte de su ser, como si oírlo cada tanto sensibilizara un poco más los pliegues que resguardaban a su corazón, como si con cada uno de sus te amo, le unieran más y más a él. La descripción del hospital superaba su expectativa de un momento trágicamente rómantico, casi apetecible de no ser por el dolor de una nariz sangrente, deforme y rota, pero sacudió su cabeza frunciendo la nariz ligeramente. —Gracias. Pero no, gracias— contestó sonriente, antes de echarse a reír.

Oye, sí sé— dijo con falsa indignación, pero le restó importancia y lo sostuvo por los brazos, divertido, como si pretendiera tranquilizarlo con la simpleza de su tacto y su cercanía. También eso lo entendía bien, porque no sabía ni cómo se las estaba arreglando para evitar que las manos le temblaran igual que las cuerdas de una guitarra tras haberse expuesto a una melodía musical. Quizá nunca se hubiera confesado con nadie, ni le hubiese pedido una relación de verdad, sin embargo estaba completamente seguro al pensar que no se encontraría de esa manera si no fuera por los sentimientos que Aiden sucitaba en él. Cuando sus bocas volvieron a separarse, por segunda ocasión, Viktor se lamió los labios como si quisiera adueñarse de su sabor, retenerlo mientras su respiración le agradecía por no perderla. ¿Quién sabe? Se lo repitió en su mente, sintiendo que su corazón, o su cerebro, o su estómago, o donde quiera que se concentrara aquella emoción tan profunda, daba un vuelco y hacía que sus latidos se detuvieran por un instante en cuanto lo oyó proseguir, lenta pero inexorablemente, conteniendo el aliento que se suponía llenara sus pulmones. —Y yo a ti— le respondió, dedicandole una sonrisa llena de amor y ternura, mientras que con sus manos, tomó la que sostenía su barbilla y le invitaba a mirarlo a los ojos, y cuando la hubo envuelto entre sus palmas, agachó la cabeza y le besó los nudillos cariñosamente. —Te amo, Aiden. De verdad. Tú eres lo mejor que me ha pasado— agregó sin apartar la vista del azul de sus ojos, disfrutando de aquella realidad hasta que la misma, ajena a su espacio, se hizo presente.

Un coche que en algún momento aparcó al otro lado de la calle, sabía cuándo, tocó el claxón una cantidad exacta de tres ocasiones. El castaño oprimió los parpados, odiaba los claxón del demonio, pero esto era la ciudad. Y el Ford estaba delante de un eficio de por lo menos cinco plantas, con el conductor asomando por la ventanilla como si llevase horas aguardando ahí. —Estos Yankees, deberíamos irnos a vivir al campo— musitó Viktor, apartando una de sus manos y sosteniendo la de él con la otra, en tanto un gesto le alentaba a continuar con su recorrido. Lejos del Yankee, más cerca de perderse simplemente el uno en el otro.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Sep 02, 2015 3:21 pm
A veces juraba que podía ver los engranes en la cabeza del castaño girar sobre si mismos y sobreponerse sobre otros moviendo una intrínseca y complicada maquinaria que resultaba ser la mente de este, quizás hasta algo de humo negro podría filtrarse a través de sus oídos cuando le exigía más de lo que su capacidad estaba dispuesta a permitir. Aún así, para él resultaba ser el hombre más inteligente con el que se había topado en toda su vida, aquel sujeto letrado que seguramente podría convencer a cualquiera con sus argumentos y ciertamente ganarse la admiración de los demás haciendo gala de su razonamiento; siempre lo admiraría por eso, y más aún al saber que se había permitido errar al estar a su lado puesto que ambos no podían ser más contrarios y quizás hasta insuficiente la presencia del rubio para él.

Le miraba esperando una respuesta y como bien que lo conocía sabía que no sería algo rápido ni forzado, el escritor no dejaba escapar palabras por mera inercia sino que cada una atendía a una respuesta o hecho en particular-Bueno, esa es decisión tuya..pero si alguna vez lo intentas, aquí tienes una víctima para tu narrativa-alzó una mano para justificar sus palabras con un tono solemne, digno de alguna tragedia que bromeando supondría aquel "experimento". Las palabras se quedaron a medio camino en su garganta amenazando con asfixiarlo si no las dejaba salir, más sin embargo tuvo que obligarse a no responder ante sus palabras, prácticamente Viktor debió de haber visto lo que iba a suceder-lo que sugería una completa complicidad entre ambos-y se adelantó frenándole en el momento preciso-No es justo-bufó cual niño pequeño luego de que le llamasen la atención por alguna travesura de la cual afirmaba no era responsable, su labio inferior tentó hacia adelante conformado un pequeño y minúsculo
puchero-¿Te das cuenta?..anulas mi opinión de cualquier forma justificando que mis sentimientos por ti nublan mi juicio..eso, mi amor, es realmente malo de tu parte-llevó su dedo índice al pecho de este picándole un par de veces, si bien no estaba molesto odiaba que el otro tuviese razón a veces, más en esta ocasión no lo era, al menos del todo, puesto que Aiden había leído cada una de sus obras y tenía sus críticas guardadas, esperando en alguna ocasión, no pronta, y quizás lejana o improbable permitirse escapar y salir a la luz conformándose como el análisis de un aficionado a la lectura de misterio. Le miró intensamente intentado parecer molesto pero realmente no lograba meterse en aquel papel-Y para peor eres exagerado..-comentó chasqueando la lengua ante sus palabras que se calaban en su ser causando un rubor en sus mejillas debido a la naturaleza de las mismas. Su mano apretó la de este un poco más fuerte
mientras su dedo la acariciaba, realmente a cada momento conseguía enamorarlo más, asegurarse de que su corazón le pertenecía sin tener que confirmarlo a cada momento, simplemente era una verdad para él tanto como su propia existencia en el mundo. -Pues tienes unos dientes bastante bonitos..me hacen sospechar-entrecerró los ojos acercándose para observar aquellas estructuras de hueso y minerales en busca de alguna pista que sugiriese frenos pero sólo bromeaba por lo cual aprovechó para depositar un corto beso en sus labios-No haré el intento de visualizarte de esa forma o de lo contrario no podré parar de reír-agregó sonriendo ampliamente sin alejarse mucho de la cercanía del castaño, invadiendo su espacio personal con todo su cuerpo.

Alzó una ceja y le miró aguantando una risa-Nunca he afirmado ser simpático en todo caso-le miró y rodó los ojos entregándose a su ambiente teatral-Oh, lo siento, "Rey Nerd"..-hizo una reverencia para acompañar a su tono, claro está con una carcajada en sus labios. Seguramente si su corazón estuviese afectado con alguna anomalía que exigiese un continuo control y cuidados, de seguro ya este habría dejado de funcionar cada vez que se aceleraba ante las hiperglicémicas palabras que el escritor dejaba salir para adormecer sus oídos y transportarle a su nube personal de éxtasis-Si tuvieses que apostar toda tu fortuna en ello creo que me harías directamente rico-agregó alzando una ceja, no estaba exagerando puesto que en aquella época sus mejores amigos, aquellos que conocía desde pequeño le habían dejado alegando que era insoportable y vaya que tenían razón, se acercó hacia él y exhaló-Porque aquí entre nos, Viktor—imitó su gesto cómplice— tampoco vas a negarme que gran parte de tus comentarios o..halagos es por el cariño que me tienes-terminó haciendo una versión de sus propias palabras dichas hace unos minutos atrás, formándose una risa burlona en su máscara.

-Tienes una facilidad para volver las situaciones a tu favor que..Oh dios, serías un abogado de temer-agregó bromeando con una curvatura en sus labios, pero quizás no sería del todo errado su pensamiento, ¿Quién sabe?.
-¿Así que antes mentías?..cuidado Señor, a la Policía no se le debe mentir, claro está si no quiere ser castigado-habló con el tono propio de un oficial, dramático como nadie en aquel instante.-Lo hago porque me nace, nada más-comentó intentando restarle importancia al asunto, aún era torpe en el ámbito amoroso, al menos en su parte más pura y cálida-O simplemente debo agradecer lo ciego que estás cariño-bromeó en última instancia.

-¿Te gustó?..pues tengo más como esos si quieres-comentó con una amplia sonrisa, inocente cayendo en lo ridículo mientras se retiraba hasta su posición original tras aquel gesto dulce. Le observó por unos segundos en silencio aún manteniendo una línea con sus expresiones, quizás estaba considerando sus palabras que claramente eran una exageración pero se divertía como nadie con ello-Bueno, tan sólo decía-se encogió de hombros con una falsa decepción. Sus manos sobre sus brazos eran un gesto tan simple pero que producía una serie de sensaciones en su cuerpo, alimentaban la llama que ardía en su interior y que se extendía por cada parte de su ser. La boca de este contra la suya siempre producía un efecto distinto, claramente agradable pero dependía de la situación o intención para sobrecoger su ser de distintas formas, otras más asfixiantes que las anteriores.

Sus labios quemaban levemente por el contacto y suponía aquello sugería que había sido insuficiente,
siempre lo era pero consideraba que no podía estar pegado a la boca de su ahora novio todo el día, al
menos la vida misma no se lo permitiría con todas sus complicaciones diarias. Sonrió por sus palabras con
una emoción genuina, la cual fue dejada de lado por un sofoco que se extendió en su cuerpo partiendo
exactamente desde donde Viktor besó-Pienso igualmente..no podría sentirme más afortunado amor-agregó lentamente, como si estuviese eligiendo sus palabras sin embargo respondía al hecho de que se
forzaba a hablar tras la sensación que le devoraba en aquel instante.

Quizás la vida no podía ser tan favorable con ambos todo el tiempo, por lo cual a veces se permitiría arruinar las cosas en los momentos menos inoportunos; un idiota, puesto que no tenía otra palabra para referirse a él comenzó a contaminar el ambiente acústicamente tocando el claxon más de lo debido, a él le molestaba pero notó que era peor el efecto en su pareja-Que agradezca que no estoy en Servicio, de lo contrario-agregó con una amenaza pero relajándose tras sentir la mano de este deslizarse en la suya-Quizás en alguna ocasión sea una buena idea-agregó colocando un pie por delante del otro para retomar su camino-Pero por ahora deberíamos concentrarnos en el presente, ¿No había un lugar al cual deberíamos ir?-preguntó torciendo su camino al doblar en una esquina suponiendo que sabía donde quedaba tal destino más al encontrarse con un edificio imponente dedicado a otras diversiones-Dejaré de fingir que sé a donde vamos..¿Me lo repites nuevamente?-comentó con una leve risa.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Jue Sep 03, 2015 5:42 pm
Eso no es cierto. Yo ni siquiera conozco esa palabra. Exage.. ¿qué?— hizo una mueca, extrañado, pero sonrió en cuanto sus ojos se desviaron hacia Aiden. Realmente apreciaba su habilidad para conseguir que estuviera de buen humor durante cada minuto del día. No se había bromeando y reído tanto desde que trató de seguir su camino y superar el hecho de que, según su creencia, no debería estar arriesgándose a dañar y ser dañado en una relación. Sin embargo Aiden era el hombre al que amaba, al único que había llegado a amar profundamente, con una fuerza real y no sólo imaginativa. Podía sentir cómo el ritmo de su corazón se aceleraba cuando él estaba cerca, diciéndole todas aquellas cosas de las que en otro momento se avergonzaría. Casi tanto como no sabía elogiar a nadie, tampoco sabía qué tenía que responder al recibir un cumplido. Estaba acostumbrado a tajar con un gracias y una sonrisa amable, pero así era con los agentes, las compañías interesadas en comprar su trabajo o invertir una parte de su talento para realizar algún filme documental al que se negaría hasta el final de los tiempos. Aiden no pertenecía a dicha lista larga y tediosa del mundo laboral. El rubio se hallaba por encima de ellos, le hacía fluir ideas y confianza a un nivel semejante al que iban reproduciéndose las células de su cuerpo, volviéndolo incapaz de recordar desde cuando que no se sentía de aquel modo, tan vivo, tan completo, tan excesivamente feliz de compartir su vida con alguien.

¿Tú crees?— le preguntó entre la pausa de su comentario, siguiendo su juego y abriendo la boca de tal forma que su improvisado odontólogo tuviera una entera visión de incisivos a molares, además de una sonrisa aparentemente forzada para la ocasión. Desvaneció el gesto apenas verlo acercarse. —Pues yo pienso que de todos modos me vería bastante apuesto— insistió falsamente al apartarse de su boca, todavía degustando el sabor que recibía de sus labios. —Hasta me parece que debería cambiar mi apariencia y presentarme en la puerta de tu casa con lentes de lupa en la primer oportunidad— agregó como si fuese una idea espectacular, pero estaba claro que no iba en serio. Después de años de tener la fortuna de no saber a qué dolor se somete uno con la endodoncia o una muela picada, su disposición de entregarse a un presunto infierno de aparatos continuaba en el menor porcentaje. Y es por eso que de actor fallaría en los pequeños sacrificios del negocio, incluso con la diversión que esto podría conllevar. Mejor no. —Oye, que ser rey no es lo mismo que plebeyo— bromeó, alzando la barbilla con ficticia altivez. Luego se inclinó hacia un lado y le pasó el brazo por los hombros, irrumpiendo en su reverencia y el brote inaguantable de la risa que le contagiaba.

Lo escuchó a continuación, interesado por aquella faceta hasta el momento desconocida para él, suponiéndola nada más que sumergida en el pasado de sus años adolescentes. No obstante, el castaño acabó entrecerrando los ojos, divertido por la vuelta que triunfalmente, Aiden le sacó a sus propias palabras. Jaque mate, Viktor.Eso sí que no es justo— emitió al replicar, refunfuñando por no saber defenderse ante la absoluta realidad de lo que decía. Tal vez compartiera opinión con una docena de personas, pero daba la impresión de que el viaje en el tiempo era mucho más posible a que Viktor encontrara un error en Aiden, alguno por mínimo que pareciera. No lo había, no en su mente y desde su perspectiva.
Culpable de los cargos, Teniente— respondió asintiendo. Si ya había dicho que no mentía, negarlo rompería su cadena de sinceridad. Y pretender que no olvidó alimentar al gato de la vecina durante los pasados tres días, no arreglarían el hecho de que hacía unas horas, al llamar e interrumpir sus vacaciones en Brasil o alguna parte del sur de América, Viktor aseguró a la anciana que su bola de pelos estaba perfectamente bien. Regordeta y juguetona... como le prometió. —Aunque, pensándolo bien, depende de cuál sea el castigo. Si es malo malo y no malo bueno, mejor decir la verdad, la cual es que no he mentido desde hace veintiocho años, por supuesto. Nunca. Soy un ángel, se me ve la cosa esa arriba de la cabeza, aureola o como se llame— contestó, exagerando su supuesta inocencia hasta el punto de ser evidente. Lo peor es que no siempre exageraba, actuando mucho peor que un principiante sin talento, algunas veces le salía natural. ¿Por qué de repente era tan mal mentiroso? Hacía algunos meses ocultaba sus sentimientos la mar de bien, quizá engañándose con la certeza de lograr creer sus propias calumnias, o mejor dicho, su falta de cooperación para admitir lo que sentía, sin pensarlo, ni dudarlo, pudiendo simplemente actuar en pro de sus emociones. —Eres todo un modesto, amor— respondió con dulzura. Alguien en ése coche, y no precisamente él, necesitaba de los lentes con grosor mortal para darse cuenta de su atractivo.

De lo contrario le dejaríamos ir porque el pobre está calvo y eso es castigo suficiente— frunció los labios con un leve puchero lastimoso, mientras deslizaba sus dedos y los entrelazaba al sujetar la mano de Aiden. El tipo, por cierto, no estaba calvo. Rondaba los treinta y tantos y su cabeza brillaba al sol. Sin embargo Viktor asegura que la gente se rapa únicamente por dos razones: la primera es decir que eres el anticristo y arruinar tu carrera musical por una larga temporada, como Britney, y la segunda y más concurrente, es porque estás quedándote sin cabello.
Sí, es cierto— convino, echando cabeza atrás para recordar a dónde se dirigían. Si no hubiera sido porque la propuesta fue suya y el ambiente del lugar le parecía conocido, un poco, como el famoso deja vu que te hace creer que una cosa ya pasó o el lugar en el que estás pisando es el mismo que pisaste hace diez años, no habría tenido tanta suerte de evocar la galería de arte a la que se disponían a visitar.
Caminaron por la misma acera de antes, avanzando y dejando escaparates detrás de ellos. Centros y puertas de algo seguramente novedoso para los turistas, que entre más pasaba el tiempo, más se empeñaban en visitar Beverly Hills y darse una escapada por los rededores, tal vez esperando dejar su huella y tomar la fotografía del recuerdo junto a los monumentos históricos y los lugares de interés mundial, o deambulando con la esperanza de toparse a una celebridad como aprovecharían otros tantos.

Al oírlo, Viktor se giró y sonrió aguantándose una carcajada, aunque la expresión de su rostro hacía evidente aquel esfuerzo. —Vamos en busca de las versiones renovadas de la Monalisa— respondió con gracia. Luego decidió aclararse, por si acaso tuvieran la mala suerte de perder el camino en serio. Uno que además de no conocer ni estar seguros de ir siguiendo su dirección en aquel momento, sólo parecían inventarse. —Que, como advertí antes... no sé exactamente dónde queda la galería— añadió, y sin detenerse, pero tampoco apresurarse, entrecerró los ojos para leer el rótulo de un negocio al final de la calle, algunos locales alejados en su extremo contrario. Creía reconocerlo. Pero sólo la promoción en lo alto, porque al balbucear lo que decía, supo que se trataba de uno de esos sitios dedicados a la venta de juegos de vídeo. Se volvió para proponerle un cambio de momento, a menos que quisieran pedir indicaciones, sólo que las palabras se ahogaron en su garganta y dio con un imponente edificio a su costado.
¿Qué es ahí?— inquirió dándole una posibilidad, ignorando que cerca del local de los juegos de vídeo al que le prestó más atención de la necesaria, se encontraba un acondicionado paseo para ciclistas; donde más adelante abría rumbo hacia el parque municipal. Allí, a unos pasos del sauce que dividía el cruce de la calle y aventuraba la presencia de la avenida, se hallaba un enfilamiento de agencias publicitarias, estudios y famosas productoras, incluida la anteriormente Winston literatura en la que Viktor conoció al agente con el cual trabajaría desde el 2008. Si se hubiera fijado en estos detalles, irrelevantes pero precisos, sabría que la supuesta galería que quería visitar estaba detrás de la estatuilla del parque, enfrente del lugar donde presentó uno o más trabajos periodísticos, junto a la nueva generación de negocios consolidados y atendidos por jóvenes dispuestos a ensamblar el arte en tu piel.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Sep 03, 2015 9:49 pm
El rostro del castaño siempre le pareció atractivo, sin importar lo mucho que este pudiese deformarlo al exagerar gestos, era un hombre sin duda atractivo por lo cual no le extrañaría que tuviese pretendientes a su alrededor, sumado a eso a su inteligencia y a la muy trabajada labia que poseía por lo cual se sentía bastante feliz de poder ser el afortunado receptor de su amor. Podría estar horas y días riendo con él, gastándole bromas y dejarse inundar por sus palabras y gestos, todo en él le resultaba increíblemente atractivo e importante, convirtiéndose en el centro de su universo y como tal dictaba sus propios movimientos giratorios, ejerciendo una fuerza de atracción sumamente desmesurada.

Observó su dentadura en su extensión, fingiendo detenerse en detalles que antes no habría considerado,
más sería una mentira si dijese que le era indiferente la boca del escritor, aquella que había besado en
innumerables ocasiones-Está bien, tienes razón, serías el más apuesto de todos los Nerds..-le concedió tras separarse de sus labios, relamiéndose un par de veces debido a lo escaso de su contacto, al menos para él.-Si lo haces no te aseguro que vuelvas a salir... Piénsalo bien-agregó coqueto, realmente si aquello traspase las ideas en su mente y se volviese una realidad, Aiden no dudaría en tomarlo por la camisa y arrastrarlo hacia el interior, a de saber qué no haría con él.

Tras el deslizamiento del brazo de este pasó una mano por su espalda baja para complementar el gesto que el contrario había empezado, disfrutando del constante contacto entre ambos-Esos aires de grandeza amor, no te queda-le reprendió con la mirada en tono de broma, fingiendo una máscara que de seguro si la mantuviese un buen tiempo contribuiría a una marca en su frente mucho más rápido que el envejecimiento mismo.

-En el amor y la guerra todo se vale-agregó con una mirada lobuna, una que decía Te gané y que de seguro podría mantener unos largos minutos para torturarle, más su idea no era hacer de ello algo realmente importante. Sonrió ante su confesión y luego asintió por ello, mirándole como si hubiese cometido un crimen y mereciese castigo por ello, quizás en un tiempo pasado se habría pensado en serio darle un merecido al escritor, su abandono lo justificaba y claramente sería una sanción directamente proporcional al tamaño del dolor y malos momentos que le había hecho pasar, más eso había quedado de lado cuando él mismo había decidido darle una nueva oportunidad y apuntar hacia un destino compartido, no arrepintiéndose de ello hasta el momento, en ningún sentido-Aquí vamos de nuevo-rodó los ojos-Será un castigo, con todas sus letras, no vas a obtener algo beneficioso de ello..amor-enarcó una ceja quizás cayendo en cierto interés morboso-Oh vamos, ni porque te amo te creo eso, a otro con esas mentiras-alzó un dedo en modo de advertencia hacia él para luego mover la cabeza hacia ambos lados-Pues si eres un ángel me temo que no podré acariciarte más..ni darte de estos-comentó acercándose hasta sus labios y rozándolos sin llegar a concretar un beso.

-La modestia ha dejado de tener importancia ya, simplemente creo lo que me parece-comentó balbuceando mientras recibía su mirada y enfatizaba en la propia devolviéndole un gesto tan intenso que no requería de palabras para afianzarlo. Estaba seguro de que no podría comportarse de aquella forma-tontamente dulce-con nadie más, puesto que realmente había tenido bastante práctica con el pasar de los años..pero allí estaba Viktor, sacando todo lo cursi que jamás creyó albergar dentro de si, obligándole a preocuparse por intereses sumamente distantes a los comunes para él pero no menores ni mucho menos importantes.

-Si, seguro-comentó mordiéndose el interior de su mejilla, realmente cuando algo no le gustaba no existía fuerza en el Universo que pudiese hacerle distraerse de aquello, mucho menos dejarlo pasar, más como una especie de contención SOS, su novio entrelazó sus dedos con él enviando la tan característica y ansiada sensación de electricidad que invadió todo su cuerpo. Sus pies se movían lentamente, cautelosos puesto que no tenía la menor idea de hacia donde deberían dirigirse, la orientación era una cualidad indispensable para él y pese a tenerla en demasía aceptó que estaba realmente perdido, desconocía la ubicación de aquella galería que jamás había oído mencionar, ya que no estaba realmente en su rango de "cosas interesantes en Beverly Hills".

Se mantuvo en silencio a su lado, tan sólo manteniendo un paso uniforme intentando acoplarse a los del
castaño que eran más lentos y fluidos, contrarios a los pesados e insistes tan característicos en el rubio. Sus ojos oscilaban de un lado a otro casi al borde del mareo, dividiéndose entre el paisaje a su alrededor y la figura del castaño, la cual prácticamente le hacía querer rodearle entre sus brazos y sentir el calor de su cuerpo en contraste al propio. -Me parece increíble que no sepas donde está..sin embargo estoy seguro de que recuerdas muy bien su exterior, hasta me atrevería a decir que podrías describirla con lujo de detalles-sentenció mirándole con los ojos levemente entrecerrados.

Alzó la mirada que se encontraba fija en el suelo en aquel instante para orientarse hacia donde se refería su amado-No tengo idea...debe ser nuevo-comentó mordiéndose el labio-Lo acepto, soy pésimo como Guía Turístico-agregó en última instancia, removiéndose y apretando más su mano, debido a su cargo solía mantenerse bastante ocupado y muy pocas veces-a excepción de reuniones importantes o alguna misión especial-salía de su oficina, por lo cual no sería realmente de extrañar que estuviese oxidado en cuanto al progreso de la ciudad..o peor, se hubiese olvidado de las edificaciones que ya llevaban un buen tiempo allí, en el último tiempo se había visto envuelto en una rutina que comprendía la ruta desde su departamento hasta la Estación de Policía y viceversa, sin variar en lo más mínimo. Tenía excusas pero aventurarlas no sería realmente algo apropiado, simplemente debía de aceptar que podía errar y lo estaba haciendo en este momento-Bueno..realmente ya no sé donde debemos ir, dejaré de fingir que tengo la menor de las ideas-suspiró mirándole, intentando aún visualizar algo que antes había pasado por alto.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Sep 04, 2015 4:33 pm
Si no fuera por la manera en que lo dices, y como mi amigable cerebro me hace pensarlo, ésa frase estaría de miedo— comentó esbozando una sonrisa de lado. Realmente no encontraba la parte en la que habría de sentirse renuente a no cumplir lo dicho haciendo aquella aparición, aunque los instrumentos de nerd se quedasen en la historia perdida. A Viktor le gustaba estar con Aiden y era tan sólo cuestión de tiempo para que empezara a extrañarlo otra vez, para que pudiera recordar la libertad que parecía cernirse sobre de ellos cuando estaban juntos. Nunca le bastaba, aún si trataba de educarse y limitar su necesidad de sentirlo cerca, su cuerpo requería del contrario y su mente anhelaba su presencia cada segundo del día. Sin embargo, estaba claro que ninguno de los dos vivía a dos calles entre residencias, así que no podían pasarse los ratos libres disfrutando de la mutua compañía sin que algo se atravesara en sus caminos. No era tan fácil. Sonaba y te hacía creer lo contrario, sobre todo con las personas como Viktor, que no prestaban mucha atención a las dificultades y preferían pasar de ello con peculiar placidez: aquí no pasa nada; pero no lo era. San Francisco y Beverly Hills tampoco presumían de ser mundos opuestos, de hecho ayudaba que formaran parte del mismo estado. Y mejor aún, Viktor tenía la dicha de ser su propio jefe y no deber responsabilidad con nadie, algo que definitivamente su pareja no podría permitirse, no ahora, ni después, ni en ningún momento. Él rendía con el ejemplo, y a diferencia suya, el castaño podía archivar trabajos en el bául para cuando quisiera y necesitara hacerse cargo de ellos. Bastante propio para la numerosa cantidad de opciones que se precipitarían tarde o temprano, alterando la barrera de los cambios que tendrían que efectuar. Tiempo al tiempo.

Lo sé. Por eso es tan fácil imitarlos— le respondió después, amortiguando la risa y dedicándole una significativa mirada. Por fortuna y para suerte general, Viktor no era el tipo de persona que se pasara presumiendo de absolutamente nada. A decirlo simple, quienes lo hacían le desagradaban. No podía evitarlo. Su vida había estado expuesta a una inmensa educación moral y ética con ayuda de su padre, y el ingrediente extra lo consiguió durante su paso por la universidad. Allí había encontrado variedad significativa de lo que no le gustaría ser nunca y en lo que esperaba convertirse en un futuro, aunque justo entonces podría apostar a que se hallaba en el punto medio.

Ésta vez no estaba mal pensando... tanto— se defendió al oír su intervención. En parte era verdad, porque tenía que reconocer que no pensó inmediatamente en algo morboso. No enseguida, aunque sí que lo hizo tras caer en ello y entenderlo como una posibilidad. Pero vamos, no es posible culparle. Un supuesto castigo por obra de la persona que amas no debe de ser tan terrible ¿o sí? Viktor sonrió, resoplando algo que pretendía ser una risa y que se frenó tras escuchar aquella advertencia. —Los ángeles también podemos recibir de esos— reclamó al aire, pues en el instante que se inclinó para completar el beso, Aiden se lo impidió alejándose. —Ya, venga— su tono de voz sonó a suplica reconciliadora. —Vuelvo a ser humano— decidió en su mente que no podía ser justo para los ángeles estar escasos de caricias y besos, pero qué hacerle— que miente a veces, pero no a ti. ¿Me vuelvo a merecer un beso?— cuestionó, más bien pidiéndolo al volver su rostro hacia el del rubio, acercándose en la medida que era capaz de permitirse.

Está bien— comentó Viktor, alargando las palabras en tanto alzó las manos como si estuviera rindiéndose. No obstante, la expresión en su rostro no podría describirse mejor que evidenciando una mezcla entre diversión y afecto. —A ti te parece que no eres modesto... a mí me parece que eres increíblemente atractivo, adorable, único e irrepetible— sentenció despacio. ¿Que si le gustaba incomodarlo, avergonzarlo y dejarlo sin palabras? Sí, lo disfrutaba igual que la satisfacción de ver su rostro tornarse del natural al carmín, fingiendo o buscando una manera de revertir el testimonio de que los comentarios de Viktor profundizaban en sus sentidos. Devolvía parte de la venganza por lo piques de unos minutos atrás, por lo cual suponía que hasta entonces fue una revancha justa y quizá suficiente, aunque hablara totalmente en serio con el énfasis de su descripción. Para Viktor, Aiden rebosaba cualidades indiscutibles. Y hacérselo saber era otra manera de reconocer su amor por él.

Sí, es cierto. La vi una vez y la recuerdo como si hubiera sido ayer, desde fuera— respondió con seguridad. Tenía la imagen concreta, pero no sabía ponerla en el camino. Solamente sabía de su estructura porque se fijó bien en ella cuando se reunió en un café cercano con una empleada de la agencia de publicidad. ¿Cuál era su nombre? ¿Mary? ¿Magda? ¿Misha? Ni hablar, debería dejar los somníferos y acudir a un verdadero médico o terminaría sin reconocer su propio rostro por la mañana. Miraba hacia la segunda planta del edificio de junto cuando al escucharlo, se le ocurrió una idea. El nombre de la publicista seguía en el borde de la pista, pero fueron los ventanales del otro lugar los que encendieron la bombilla de su pensamiento. Se parecían. —Bueno, ninguno de los dos sumos guías turísticos— le recordó. No era culpa suya que Viktor no pudiera hacer reaccionar los engranes a tiempo, aunque ya estaban puestos a trabajar. —¡Michelle!— pensó en voz alta. —Me reuní hace tiempo con una publicista en un café cercano de la galería. Yo le dije que en Inglaterra su nombre era considerado como el derivado femenino de Michael, que no es cierto o no tengo la menor idea. Pero lo dije porque ella quería que improvisara. Ése es el nombre de la galería— explicó orgulloso. Como supuso Aiden, había necesitado nada más que un empujón. Le soltó la mano por un momento y empezó a revolver en el interior de los bolsillos de su pantalón, pero no dio con lo que estaba buscando hasta un minuto después, recordando que al salir de la comisaría y dirigirse al coche, se había guardado el móvil en el bolsillo. Al sacarlo, desbloqueó la pantalla. —No entiendo por qué me compliqué tanto, ahora no parece que lo sea— agregó mientras pulsaba los indicadores, abriendo la aplicación que necesitaba. —No me veas raro— advirtió al rubio, luego alzó el aparato. —¿Cuál es la localización exacta de la Galería Michael en Rodeo Drive, Siri?— cuestionó al dispositivo, esperando tan sólo un flash para recibir la respuesta y visualizar un mapa en la pantalla. Ahora sólo tenían que seguir la dirección del punto rojo. Amaba esa cosa, se hubiera creado como se hubiera creado. Y sí, de algún modo restauró una nueva visión de Viktor para con la tecnología come cerebros.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Sep 06, 2015 5:02 pm
Consideró que sus palabras eran bastante alejadas de una amenaza o algo tétrico, pero aún así una sonrisa brotó de su boca para acompañar a la del castaño-Oh vamos, no podría hacerte nada..Que no te gustase-comentó sonriendo coquetamente, realmente aquel escenario-obviando lo nerd-se le hacía completamente apetecible, incluso de cierta morbosa forma hasta podría considerarse una especie de fantasía con la que estaba seguro más de alguno habría soñado: un sujeto, repartidor, vendedor o hasta el vecino tocaba a tu puerta, este era atractivo y con un muy mal guión de por medio terminaba este dentro de tu casa y haciendo algo más que simplemente conversar.

Alejó aquellos pensamientos de su cabeza, le reprochaba al escritor por sus pensamientos morbosos y allí estaba él con lo mismo, pero..¿Qué podía hacer?, era un hombre después de todo y parte de su cerebro estaba configurada para pensar así. Quizás, cabía la posibilidad o simplemente se quedaría como un pensamiento más, pero esperaba en un tiempo más poder experimentar cosas tan básicas y quizás ridículas como las que su mente había ideado hace unos minutos, permitirse ser una persona normal y más aún en pareja no se alzaba como algo inconcecible o al menos no para él.

-Espero se quede en una simple imitación, de lo contrario tendría que ascender para rescatarte de la nube en la que estarías-le dedicó una mirada en respuesta a la contraria. Todo esto era una hipótesis o juego entre ambos puesto que Aiden le conocía bastante bien lo cual le permitía tener más que claro que aquella actitud distaba demasiado de la realidad propia de este. Una mirada suave apareció en su rostro luego, realmente para él era una de las mejores personas que había conocido y a pesar de que se había equivocado..en cuanto a su relación se refería entendía que todos eran humanos y errar estaba tan arraigado en su código genético como el más primitivo instinto de supervivencia.

Se rió por un momento y luego se mordió el labio inferior como una forma de tranquilizarse-Que lástima, yo si lo hacía..-comentó volviendo a soltar un par de risas para luego dedicarse a observarle en silencio, admirando cada parte de él como si no conociese hasta el rincón más oculto del escritor-Pensé que los ángeles eran puros..un beso, una caricia de mi parte constituiría un pecado, ¿No crees?-comentó riendo un poco y luego acercándose a él, no necesitaba un rostro suplicante para volver a intentar el beso, su cuerpo mismo lo anhelaba por lo cual no tardó en depositar uno corto pero también intenso, separándose tan sólo para estirar su labio inferior lentamente y luego permitirse contestar a sus palabras-No sé si te lo merezcas del todo..pero vamos, me encantas y creo que es un trato justo, ambos ganamos al besarnos-comentó con una expresión divertida.

No entendía el interés de Viktor en afirmar sus cualidades en aquel instante, si bien él también lo hacía no era lo mismo estar en el lado que recibía los halagos, algo que jamás había podido manejar bien y que actualmente tampoco lo haría-Vamos..ya, para-agregó mirándole intentando fulminarlo con la mirada, más su labio inferior comenzaba a variar su tono levemente debido a la presión que hacían sus dientes para intentar al menos disimular el rubor en sus mejillas. Escuchar aquellas palabras de una persona siempre podrían elevar el ego de alguien, pero cuando se trataba de tu pareja, de la persona que amabas con todo tu corazón eso se expandía hasta niveles que realmente nadie podría cuantificar y que claramente provocaban más de algún malestar hemodinámico en el rubio.

Agradecía la variación en la conversación al concentrarse en su punto de destino misterioso, más tampoco llegaba a un término adecuado con este, realmente se sentía desorientado al no dar con él y eso era una de las cosas que más le molestaban: no tener el control. Observó a Viktor intentar rememorar la ubicación o alguna característica que les permitiese obtener una dirección o pista para dar con el lugar, era imperativo que este recordase algo ya que de los dos era el único que podría hacerlo, el único que guardaba la clave del éxito puesto que aunque lo deseara con todas sus fuerzas no podría visualizar algo que no había visto jamás.

Escuchó sus palabras más ninguna fue realmente lo que esperaba, una de sus cejas varió su posición ante el nombre de una chica pero tan pronto como este se escapó de sus labios una explicación le siguió coartando cualquier intervención de su parte, si es que realmente la había. Su silencio no apuntaba a ninguna razón más que dejarle hacer lo que debía para sacarlos de su ignorancia-en cuanto a términos de ubicación se refería-por lo cual al ver su mano liberada la llevó hacia su pecho en conjunto a la otra adoptando una pose híbrida entre casual y desafiante-Sólo necesitabas concentrarte amor-agregó sonriendo cariñosamente-No más de lo normal-siguió con aquella expresión mientras le dejaba proseguir.

Se irguió en su postura acercándose un poco más hacia el castaño, posando su mirada en el dispositivo que les mostraría la ubicación de la galería, quizás no hacía falta que él lo supiese pero quería tener claro hacia donde irían y cuál era el camino que no habían logrado tomar durante más minutos de lo necesario-Bueno, creo que por fin será una realidad aquella dichosa galería-comentó riendo mientras colocaba una mano alrededor de la cintura de este, puesto que cuando había dado un vistazo a su móvil se encontraba detrás de él manteniéndose aún en aquella posición, su mano se mantuvo firme en aquella zona mientras depositaba un suave beso en su cuello, aspirando su aroma y embriagándose de inmediato con él, por algunos segundos se quedó así hasta que se convirtieron en minutos-Luego quizás podríamos ir a comer algo, ¿Te parece?-comentó contra su oído para volver a su cuello.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Jue Sep 10, 2015 4:50 pm
Probablemente fuera cierto, mucho. Cada una de las cosas nuevas que Viktor descubría en Aiden le gustaban e iban sumándose a las razones de por qué se sentía tan enamorado de él, como si los interés contradictorios entre ambos fortalecieran un poco más su relación, recordándole en todo momento que su cariño no hacía honor a la perfección de su pareja, sino a las pequeñas cosas, los detalles aparentemente insignificantes y el esfuerzo de permanecer juntos a pesar de los inconvenientes. Eso era él, eran ellos. Pero no por esto su mente dejaba de imaginarse cosas. Se ganaba la vida haciéndolo, inventando imposibles y mirando fijamente hacia el horror de la verdad, simplemente tratando de no ser el único en creerlo... así que podría sospechar de cualquier cosa, encontrando extraño hasta el absurdo ruido de un juego de llaves durante una tranquila mañana en la cafetería de la esquina. ¿Otra prueba de lo malo que sería investigando con el título de policía? Su lugar estaba en lo profundo de la paranoia. No había forma de cambiarlo, hace mucho tiempo que la puerta se cerró dejando no más de una rejilla encadenada.
¿Debería tomarlo como una futura invitación?— cuestionó, sus labios ampliando la sonrisa— Porque si es una... le estoy dando un rotundo SÍ a ser un nerd.
Tenía que dar por sentado que si la intención del rubio fue convencerlo de usar gafas y fajarse los pantalones prácticamente en el cuello para recibir una serie de «Todo lo que te guste, lo que necesites, lo que nunca imaginaste sentir», entonces estaba funcionado conforme al plan. Lo tenía si lo quería. Tentador a sus oídos, provocador al inesperado calor que bien podría empezar a sentir aún con la ventanilla abierta de tan sólo imaginarlo. Tal vez no se hubieran detestado durante su juventud, después de todo.

Y yo agradecería el buen tirón a la realidad, aunque no sea una deseable estrella de la música y el cine— convino Viktor, sabiendo que ni su profesión ni su disgusto por éstas personas lo harían inmune a ganar montones de dinero y convertirse en un igual, un clon robotizado de su abuelo. Lo dudaba, eso sí. Pero existiendo la posibilidad, temía que le sucediera precisamente a él; que fuera el no-exento a la plaga de presuntuosos viviendo en California, muy parecidos a los magnates de su antiguo hogar en el Upper side de Nueva York; a quienes no dejaba de criticar durante las vagas reuniones familiares a las que decidía asistir («Empezaba a creer que mi propio hijo era un invento», diría Giovanna Bertholon).

Soy un ángel anarquista— alegó mientras se inclinaba un poco a su derecha, acercando sus labios y complementando el beso cuando, por un breve momento, estos se cerraron uniéndose contra los de Aiden. Todavía podía sentir su aliento cerca de su rostro cuando se apartó y echó un vistazo al frente. —En eso tienes razón— admitió tan sincero como divertido, pues al menos así lo sentía de su parte. Viktor salía ganado demasiado, cada milésima de segundo parecía una victoria indiscutible cuando su boca se posaba sobre la suya. —Toda la razón del mundo.

De acuerdo, de acuerdo— asintió satisfecho. Lo miraba de sesgo, reprimiendo una sonrisa al notar su reacción. Sólo había estado esperando a que sucediera, siguiendo y reforzando el rumbo inicial para llegar a ése dichoso momento. —Lo dejo— agregó, dispuesto a cerrar la boca y guardarse el resto de comentarios cariñosos y halagadores para más tarde, total que ya se había autoregalado una revancha, dulce y justa a su manera de ver, puesto que al hombre al que veía no podría negarle este par de apelativos, aún si estarían alojados en su mente. Sin embargo, fue tan sólo un silencioso minuto en el ambiente lo que aguardó para aproximarse y depositar un beso en su mejilla, como si fuera una especie de disculpa por orillarlo hasta el borde que, si bien agrada y es necesario escucharse algunas veces, también es sinónimo de un precipitado bloqueo y él lo sabía perfectamente bien.

Viktor examinó el mapa en la pantalla del móvil y fue como ver un croquis rayoneado por un niño. Líneas curvas, horizontales, verticales. Todas dirigían un punto e impulsaban hacia otro, indicando los cruces del este al oeste y del norte al sur. ¿Se suponía que un ser humano común, desorientado y que desconocía la zona, comprendiera eso? El castaño decidió que no, imposible, pero él tenía un círculo rojo parpadeando hacia su destino y eso lo ponía muy fácil. —Desde luego que sí. El juego adivina dónde queda la galería me dio hambre— asintió con la cabeza, todavía sonriendo divertido por el comentario que hizo Aiden cuando se acercó y rodeó su cintura, erizando la piel de su nuca en cuanto lo besó en el cuello; porque si existía una zona de su cuerpo incapaz de resistirse a temblar con un gesto como ése, ahí lo tenía. Era su talón de Aquiles, por así decirlo. Lo más cercano a experimentar el verdadero agrado de un escalofrío aún con la ropa puesta.
Mantuvo el aparato en la mano derecha y alzó el brazo libre para deslizarlo hacia atrás, dejándolo caer sobre los hombros del rubio antes de reanudar su caminata. Según su orientador tecnológico (al cual hicieron caso), necesitarían cruzar del otro lado del paseo para ciclistas, luego caminarían calle abajo hasta dar con el parque local, atravesarían la doble ruta y el resto sería historia.
Mira, yo tenía razón al principio— comentó el castaño (irónico), algunos minutos más tarde. A unos pasos más se encontraba la galería —iluminada por los rayos de luz en su beige y su marrón oscuro—, pero desde su posición e ignorando al tatuajista del local de junto que hablaba por teléfono, ya podía leerse el rótulo de bienvenida; dividido entre el toldo triple que también decoraba la fachada del 224. Cuando se aproximaron, Viktor notó que en la puerta cristal de la entrada había una inscripción: ABIERTO - 10:00 am a 7:00 pm... Dejó de leer tras confirmar la hora; total que no era un niño, tampoco un perro y ninguno de los dos traía alimentos consigo. —¿Tu primera vez?— le preguntó refiriéndose a la galería, aunque no sólo ésa en especial, sino cualquier otra. Viktor tenía entendido que, así como él, la mayoría pasaba junto a la puerta de estos lugares y no se detenía para adentrarse a echar un vistazo. Llamémosle falta de gusto, tiempo o ganas de danzar por los pasillos ladeando la cabeza frente a cada obra, el punto es que no se daba a raudales. La deslumbrante cantidad de entretenimiento afuera resultaba diferente y doblemente tentadora. Sin embargo, Viktor se proponía hacer la excepción. Tenía curiosidad; arrastrada por el paso del tiempo, pero todavía muy presente. Y cómo no, también cabía la posibilidad de que el buen hijo aflojase un poco la billetera y le diera un gusto a su madre, uno tan grande que tal vez por fin la convenciera de retirar aquella horrible fotografía familiar y la suplantase por una verdadera obra de arte en el recibidor.


Viktor Guilleaume Bertholon


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Sep 11, 2015 6:57 pm
Observó por un minuto su reloj, el tiempo transcurría lentamente lo cual le parecía raro ya que consideraba que se habían tardado bastante en salir de la Comisaría y conducir hasta Rodeo Drive, considerando la actividad que habían tenido antes en su oficina, más el tiempo era una medida del Universo curiosa, por lo cual no podría pretender tenerla clara, al menos no del todo y por sobre todo controlarla. Por aquel entonces, consideró que era muy distinto cómo su día transcurría, en este preciso instante estaría sentado en su Oficina seguramente encargándose de papeleo y ordenando un poco el caos que solía haber en el lugar, más recordó que no de haber salido del lugar se debería encontrar en una reunión con el Alcalde y el mandamás del FBI, discutiendo de quién tenía la jurisdicción en cierto caso y posiblemente viéndose envuelto en una discusión de la cual seguro tendría que haber convocado a todas sus fuerzas para no llegar a los golpes, y es que tratándose de aquello siempre terminaba de malas, Patrick, el jefe tenía una peculiar forma de ver las cosas y peor aún, parecía saber qué fibras tocar de Aiden para molestarlo. La salida con Viktor era imprevista y eso la hacía aún más excitante, considerando también todo lo que involucraba salir con quién era el amor de su vida, una especie de cita que nunca tuvo y vio venir, pero que significaba más de lo que quizás cualquiera podría imaginarse.

-Me agrada lo hayas captado rápido-le guiñó un ojo divertido, ¿Qué podría ser mejor que eso?, una pareja siempre debía de intentar no caer en la rutina y divertirse, después de todo aún eran jóvenes. Aiden nunca se había visto involucrado en una relación sentimental seria, no por no tener la oportunidad, más siempre su trabajo estaba por encima de cualquier cosa, lo cual había desatado más de alguna discusión con otros "pretendientes" que había tenido, con palabras como "La única relación que podrás tener es con tu placa" o cosas, no podía culpar a nadie por ello, puesto que no es que pudiese estar cenando con alguien y tras una llamada la ignorase por completo, o en medio de un tiroteo estuviese pensando en qué llevar para comer y qué le gustaría al otro..No, al menos no podía ser esa persona que los demás querían, sin comprender que tenía obligaciones que no podía dejar de lado, no por personas que resultaron no ser las indicadas.

-Para mi eres el mejor, no necesitas ser multimillonario o famoso para ser atractivo o resaltar-le corrigió al escuchar sus palabras, el castaño le robaba el aliento siempre y eso no se debía a nada más que a su propia esencia, estaba seguro que cualquiera que lo viese por la calle podría girarse para dedicarle unos cuantos minutos, sin saber quizás que se trataba de un escritor bastante talentoso y reconocido, por mucho que este intentase negarlo-Sería más que un tirón, pero prometo que no te dolería...demasiado-agregó con una sonrisa traviesa, claramente en broma, nunca le haría daño a la única persona que le tenía sujeto por el corazón, aquel que era dueño de su felicidad, por muy riesgoso que fuese eso..no podía evitarlo.

-Oh vamos, tienes tanto de anarquista como yo de poeta-le miró con una risa, le conocía muy bien y sabía que esa palabra no se podía asociar a su persona, siempre lo había visto más como el sujeto inteligente y reservado que prefería empuñar un bolígrafo antes que una espada, fiel a sus pensamientos y a su propia esencia. Sus labios se deslizaban sobre los ajenos suavemente, abarcando distintas porciones de aquella zona mientras el beso continuaba, seguro de que no se quería separar más que tan sólo para obtener aire, y así lo hizo, insuflando sus pulmones y sonriendo ante las palabras del escritor.

El rubor no le abandonaba pues sentía sus mejillas calientes, además que debido a su tez clara consideraba que no podría hacerlo pasar inadvertido por mucho que lo intentase, simplemente tenía que limitarse a aceptar su condición e intentar que esta disminuyese hasta desaparecer completamente, durante el tiempo que hiciese falta. Notó como este le miraba y la sonrisa de triunfo que tenía provocando que su labio inferior se curvase en una mueca-Lo estás gozando, ¿Eh?-comentó con su boca ya como la de un pato, pero aún así un cierto tono relajado y cómico se podía extraer, y es que no había delito alguno en lo que hacía por lo que no podría justificar una molestia o algo similar. Asintió cuando sintió aquel gesto sobre su mejilla que por aquel entonces aún debía de estar caliente, aún así una sonrisa boba se esparció por toda su faceta, alegrando su ánimo en tan sólo un segundo.

Una cosa a la vez era lo que debía de hacer, por lo cual intentó alejar cualquier pensamiento de su cabeza para concentrarse en el actual momento-¿Qué tanta hambre?-cuestionó mirándole con una leve risa-Mira que eso en tu vocabulario es equivalente a una ínfima porción-comentó con la misma intensidad y bromeando, quizás era algo tonto de su parte pero no podía evitar aquello, se sentía demasiado vivo a su lado. Se serió luego tras escuchar las indicaciones y se limitó a caminar a su lado, sujeto por su brazo en sus hombros mientras su mano más cercana se encontraba en su espalda baja, bordeando su cadera para no dejarle ir-Si, ya veo-agregó con una risa leve por sus palabras. Alzó la mirada hacia el lugar evaluando todo lo que pudiese en ella, su construcción, los materiales utilizados, las formas y colores que habían empleado en ella, etc, cualquier cosa que le permitiese formar una idea de ello, más ante las palabras del castaño se permitió interrumpir aquel proceso mental y orientarse hacia él-Es tan obvio, ¿No?-comentó riendo y metiendo sus manos en los bolsillos de sus pantalones de tela, quizás avergonzado de no ser un hombre refinado y culto como su novio, más frente a eso no podía hacer nada, no era su mundo y en primera instancia era sincero, por lo cual no fingiría algo que no era; enredó sus dedos entre los de este para luego mover sus pies hasta encaminarse hasta la entrada de la galería, con la mano empujó la puerta y se deslizó en el interior en compañía del castaño, sumergiéndose ambos en aquel mundo de colores y formas-¿Emocionado?, ¿Feliz?, ¿Completamente extasiado?-comentó mirándole con una sonrisa, habían llegado al destino que el otro quería ver, más no estaba seguro de qué tanto lo quería y por eso aventuraba preguntas.


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