I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
▲ Debes subir tu ficha para obtener color
▲ Después de que tu ficha es aceptada, debes realizar tus Registros
▲ El mínimo de líneas por post es 10.
▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
▲ Avisen sus ausencias y eviten perder sus Pbs
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El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
Savage Themes
The Captain Knows Best y Foroactivo

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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Ago 13, 2015 7:39 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Ser una persona con una mentalidad tan particular como la suya lo hacía único, lo cual no siempre significaba que destacaba por sobre los demás o era admirado, muchas veces resultaba que nadie lo entendía y que podría parecer la persona más rara o fría del mundo, y desde cierto punto de vista lo era; muchas cosas se podían decir de él, sin embargo cobarde no era una palabra que la caracterizaba, siendo uno de los rasgos más distintivos por el cual se hizo conocido y ascendió rápidamente en los escalafones de la policía.

Un sujeto duro como él no se sentiría intimidado por nada ni nadie, tal como lo había demostrado al enfrascarse en casos que a cualquiera le hubiesen erizado los cabellos, más para él la muerte no era un impedimento, si caía al menos lo haría en servicio y no podía pensar en mayor honor que aquello, o eso pensaba cuando consideraba que no tenía nada que perder, su familia gozaba de una muy buena situación económica gracias a él y si moría quedarían con un buen seguro, sin embargo ahora tenía una razón importante para mantenerse con vida, más específicamente se trataba de una persona, Viktor, el hombre al cual amaba y por el cual perdía el aliento cada vez que lo veía. Tras dejar la Comisaría y subirse en el coche del escritor no le importó realmente el rumbo que podrían tomar, bastó que este simplemente le dijese que se quedaría todo el día en la ciudad para que Aiden dejase todo de lado con el único fin de pasar tiempo con su amado, al cual no dejaría ir por nada del mundo, no ahora que sentía que algo nuevo podría existir para ambos.

La brisa de la carretera despeinaba los cabellos que tanto le habían costado reunir en una apariencia presentable tras lo acontecido en su oficina, sin embargo ahora no le importaba en lo más mínimo la imagen que podía brindar a los demás, no se encontraba de servicio por lo cual era un civil más, común y corriente y ajeno a un poder que traía con él grandes responsabilidades. Mientras el castaño conducía, Aiden sopesaba destinos en su cabeza hacia dónde podrían ir, cada uno de ellos ofrecía una actividad distinta y adecuada para la ocasión, sin embargo en el fondo a él no le importaba realmente el lugar, mientras estuviese con su amado-Vamos a Rodeo Drive, al llegar podemos ver qué hacemos, ¿Te parece?-preguntó observándole mientras giraba su cuello en su dirección, a lo mejor podrían llegar a un acuerdo o simplemente el rubio idearía el lugar más adecuado de alguna forma-O podríamos considerar otras alternativas...¿Algún lugar que quieras ir?-agregó tras unos minutos por una opinión, negativa o positiva, pero que al final encauzaría su conjunto camino hacia una dirección específica.


Última edición por Aiden R. Sutcliff el Miér Nov 11, 2015 4:26 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Sáb Sep 12, 2015 4:45 pm
El castaño no supo qué responder con exactitud, por eso acarició la palma de su mano afectuosamente cuando lo miró. Gracias, cobró sentido en su mirada. Sabía que los comentarios de Aiden, siempre que no estuviera bromeando, iban muy en serio y no se trataba de una simple jugarreta aunque a Viktor le costase creerlo; que no decía las cosas con la intención de agradar, ganarse tu confianza o recibir algo parecido. Lo decía de verdad, y hay que entender que para Viktor esto resultaba muy importante. No por alzar un poco más su autoestima diciéndole que, si bien no se ahogaba entre los millones y tampoco flotaba en el centro de la fama al estilo Hollywood, seguía siendo atractivo a sus ojos y de la misma manera lograba resaltar, que sí, también funcionaba en gran parte, puesto que lo hacía sentirse seguro, sobre lo que existía entre ellos y hacia donde se encaminaba su relación. Pero lo mejor de todo, es que Vikor podía contar con él, alegrarse de estar a su lado y aventurar en un millón de cosas a las que antes no prestó atención. Enarcó una ceja y le sostuvo la mirada por un momento, pero fue tan escaso que ni siquiera preció existir. Se echó a reír apenas escucharlo terminar. Ahí estaba otra vez, la prueba viviente de que su capacidad para divertirlo y hacerle sonreír sin esperarlo, no tenía límites. —Ya, claro. Mensaje recibido: Mejor arraigar los pies en la tierra— comentó risueño.

Por un instante, se planteó fingir demencia cuando Aiden se volvió hacia él y cayó en la cuenta de su expresión, demasiado satisfecha para ocultarse. Pero no lo hizo. Se encogió de hombros. —Tal vez— respondió arrastrando las palabras, divertido, y la curvatura de sus labios se amplió un poco más. No cabía duda de que ellos dos se entendían. De hecho, Viktor estaba casi seguro que de intentarlo, en algún momento podrían completar las frases del otro sin ningún problema. Se conocían, sabían qué significados se guardaban en cada uno de sus gestos y parecían muy seguros de lo que decían el uno al otro, confiados de que al final no importaba lo que saliera de sus bocas, pues no tenían nada qué perder o de lo que avergonzarse, nada que implicara una verdadera molestia para el contrario.

Oye, no es cierto, a mí me encantan las porciones grandes y la comida que no tiene cosas raras... Hombre, sonó mal, muy mal— frunció el ceño ante su último pensar. Definitivamente tenía problemas y le urgía solucionarlos. Sin embargo, ambos sabían quién tenía razón en esto, porque no era cierto lo que decía Viktor, o sí, de vez en cuando, aunque no del todo. Bastante ilógico para ser él, pero no lo consideraba una prioridad hasta que su estómago rogaba por ello y se lo recordaba, casi rugiendo por el vacío de alimentos que no fueran tazas de café a medio día, barras de cereales recién salidas del bolsillo del pantalón y círculos de regaliz cada veinte minutos de receso mientras estuviera leyendo o escribiendo, revisando el correo, escribiendo y leyendo otra vez. Claro que también estaban los fines de semana, donde si no salía fuera de casa, lo cual sucedía frecuentemente, la comida rápida venía a buscarlo con excesos de cantidad que te haría doler el estómago, ignorando la medida media. —De todos modos, ahora que lo mencionas, sí me siento genuinamente hambriento. Tal vez saliendo de aquí podríamos probar algo nuevo, ¿qué te parece? Tailandesa, quizá. O mexicana, italiana, española— enlistó opciones, a pesar de que tendrían tiempo para decidirse. Y además, la variedad sobraba en Rodeo Drive. Había restaurantes para todos los gustos, pero Viktor nombró las primeras nacionalidades que se le ocurrieron. —Hindú, ¿has probado la comida hindú? Es fascinante si te gusta la sensación de prenderle fuego a tu lengua— concluyó bromeando. Una mala broma, aunque cercana a la comparación de su comida picante.

Cuando estuvieron frente a la galería y pudieron ver los primeros signos de lo que descubrirían en el interior, Viktor echó un vistazo al anciano de gafas que bajaba por las escaleras. Le dio la impresión de que si no se sostenía bien mientras descendía, los pies le iban a temblar haciéndolo caer al suelo. Un pie abajo, temblor de manos; el otro uniéndose a la misión, temblor aún peor. Apartó los ojos de él en cuanto escuchó la voz de Aiden, pues se volvió con una sonrisa, frotando su hombro ligeramente hasta que descendió su mano hasta frenar en su espalda baja, como guiándolo hacia el interior mientras se proponía contestar a aquello y un momento después, entrarían por el pasillo a donde se encontrarían las pinturas de Renoir; siguiendo una serie de artistas en alfabeto. —Bueno, no exactamente— dijo, viéndolo hundir sus manos en los bolsillos— Yo, por ejemplo, he ido dos veces al museo de arte moderno de Nueva York y en la primera me obligaron, así que...
Así que estaban claras sus prioridades. En aquella ocasión estaba buscando un poco de inspiración para dar nombre a la portada del primer libro que sí publicaría con sus verdadero nombre, o algo parecido. Se sentía mejor con los seudónimos. Más relajado, con menos presión encima. Y aunque ahora se conocían casi todos los que utilizó desde que iniciara su carrera, no importaba tanto como en el pasado. La mayoría pensaban que los elegía al azar y otros simplemente no se detenían a pensarlo, les daba lo mismo cómo o por qué, y ciertamente ése es el punto de un lector. Así debería de ser. Sin embargo, Viktor tenía la manía de perfeccionar todos los puntos de una obra. Si lo titulaba de una forma, entre dichas palabras había un mensaje, un propósito o una motivación. No hacía las cosas sólo porque sí, porque fuera fácil o sonara y se viera bien.

Las manos de Christina era una de sus creaciones más elaboradas, complejas y aterradoras, porque tenía cientos de posibilidades de tornarse real. No lo era, por supuesto. Su imaginación no siempre basaba los sucesos de un día cotidiado para acribillar el subconsciente de su lector, pero a decir verdad, su primer paseo por el Moma —en el cual estuvo obligado a ir, porque no encontró excusa a tiempo— fue la razón de que existiera aquel libro. Si no se hubiera separado del rebaño para meterse por otro pasillo y observar el cuadro que se robó su atención en dicho momento, tal libro no existiría ahora. No se habría escrito jamás. Pero El mundo de Christina estaba ahí, la etiqueta de su autor (Andrew Wyeth) también lo estaba, y a pesar de no saber quién diantres era él cuando se topó con su obra, Viktor quedó fascinado de todos modos. Eran los detalles, la esencia, la vida retratada a través del lienzo. Su cerebro comenzó a trabajar en segundos, y a los cinco o diez minutos de apartarse del cuadro, ya tenía la trama principal de su propia historia. Algo que si pudiera explicarse de una forma relativamente sencilla, se entendería como que Wyeth escribió con sus dedos y Viktor se encargó de ponerle forma a su significado. Un mensaje absorbiendo al otro, arte creando arte, al menos hasta que encontrase su siguiente punto de extracción, uno bastante lejos de la actualidad y cuyo intento se centró en el bisabuelo del artista que justo ahora buscaba.

Feliz ya estaba, pero sí— respondió con una sonrisa. Se refería a ellos, indudablemente. Su felicidad había cobrado vida desde hacía un rato, por Aiden y gracias a él. Era inevitable no sentirse completo en su compañía, feliz y entusiasmado, con la sensación de que nada hacía en falta. —Ahora me entusiasman... los que creo que entiendo— hizo una pausa, luego prosiguió. —Supongo que no te lo dije antes, pero solía darme miedo todo esto. Los cuadros, quiero decir. No me gustaban casi nada porque en casa de mis abuelos tenían una habitación con varios retratos familiares— de los cuales, muchos se transformaron en el contenido de Mr. Thomas, una historia más de terror que de crimen, escrita durante su paso por la universidad en la temporada de intercambio a Chicago, y que de haber recorrido sus hojas y escucharlo, se relacionarían automáticamente. —Era como un recuerdo de quienes ya habían muerto, supongo. Aunque nadie me sacó de la cabeza que también es perturbador... En fin, odiaba esas cosas. Cada vez que estábamos de visita, la abuela me llevaba hasta ahí, me sentaba en sus piernas, en una mecedora chirriante, y me contaba la historia de cómo se fueron de este mundo, uno a la vez, todos los sábados se repetía una diferente, y me temo que no se le ocurrió pensar que yo no quería saber nada de éste material; de hecho, me parece que ella creía que me gustaba y todo, que disfrutaba escuchándola mientras señalaba el retrato y el resto parecían observarte al mismo tiempo. Como las muñecas de porcelana, ¿has estado con dos o tres en una habitación?— se volvió a mirarlo, con la pregunta al aire. La verdad es que se le estaba yendo el hilo. Ahora hablaba de muñecas cuando lo que quería decir, era que no había sido un fanático del arte en lienzo y quizá no lo fuera nunca, tampoco. Pero no sabía muy bien por qué se produjo el repentino interés tiempo atrás. De lo único que estaba seguro es que sucedió, creció y aumento conforme aplazaba la visita. —Es como si no dejaran de observarte. Te mueves y realmente se siente raro, parece que te siguen de un extremo a otro ¿sabes?— la parte buena es que pueden sufrir un accidente y quebrarse si al cabo no te gustan— Así era con los retratos de mi familia muerta. Tal vez suene ridículo y sea extraño que te lo digo, yo creo que lo es. Pero durante años no fui capaz de hacerlos a un lado, los veía en cualquier marco sin importar que estuvieran ahí o no. Daba igual que entre las ramas de los geranios estuviera pintado un canario, lo que yo veía era el rostro pálido de la tía Cécile.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Sep 14, 2015 10:07 pm
Evaluar su comportamiento siempre había sido una especie de manía en él, sus reacciones, palabras, gestos y hasta el mismo tono de su voz no las dejaba pasar sin un previo o posterior análisis convirtiéndose en una persona bastante obsesiva sin llegar a lo compulsivo, más era algo que había
desarrollado desde muy joven, cuando su padre solía enumerar sus fallas y hacerle ver sus errores con el
fin de mejorar, un Sutcliff no podía darse el lujo de errar en cosas tan simples cuando disponía a poner su vida al servicio de los demás. Quizás jamás habría sido su sueño el ser Policía, pero lo llevaba en la sangre y muy grabado en su memoria, creció con el ejemplo de aquel viril y alto hombre de traje y reluciente placa al que esperaba ansioso entrar por la puerta, en parte por el propio deseo de ver a su padre y pasar tiempo con él y por otra por la simple urgente necesidad de verlo..con vida algo que a pesar de entender a su inmadura edad no dejaba de restarle importancia y constituir una preocupación
que ningún niño debería tener.

En la actualidad no había cambiado en nada, quizás hasta se había reforzado aquella mala práctica que
tenía de juzgarse a si mismo hasta el punto de ser algo completamente arraigado a su persona, inherente a su propia atención y comprensión, simplemente una parte más de su personalidad que ya no tenía forma de deshacer o suprimir. Su forma de relacionarse con otros no estaba exenta de ello, más aún cuando se trataba de Viktor, cada palabra que salía de sus labios con la clara intención de referirse a este era premeditada, analizada o al menos bien formulada según sus propios estándares de calidad los cuales no necesariamente tenían que ser los más elaborados o elegantes.

Su mirada podía decir muchas cosas y a la vez nada, a veces simplemente le miraba por el simple hecho de querer hacerlo, de apreciar su figura o su rostro o aquellos ojos de color miel intenso que tanto le habían robado el aliento las primeras veces que tuvieron reuniones, tipo citas aunque a su parecer no lo eran del todo más eso no disminuía las ganas que sentía de besarle y es que al haber probado los labios del castaño había descubierto un interés que no había sentido antes, un gusto por algo nuevo y claramente una chispa en su interior que pareció hacer click la primera vez que había disfrutado del sabor de aquellas porciones de piel y carne, su aliento y la propia humedad que su boca tenía, sensaciones nuevas y placenteras como ninguna otra que hubiese probado en todos sus años.

Ahora mismo estaba tentado nuevamente a juntar sus labios a los suyos y perderse en aquel gesto, sin importarle si parecía insistente o demasiado cariñoso, ya no era algo que le preocupase, sobre todo cuando estaba demasiado seguro de que aquel era el amor de su vida..el único capaz de robarle el aliento y porqué no, ponerle en su lugar si la situación lo ameritaba claro está eso atendía a otros asuntos. Entornó los ojos ante sus palabras pero la curvatura en sus labios sugería que realmente no estaba molesto o algo por el estilo-Sabes que tengo razón, mi Nerd-agregó riendo levemente, le conocía demasiado bien y si existiese algo de Anarquía en este debería haberla visto y hasta el momento no lo hacía a menos que el escritor fuese muy bueno en disfrazarla como solía hacer con algunos personajes de sus novelas, tan complejos que te sorprendían sus acciones o respuestas, tan alejadas de lo que normalmente se encontraba dentro de sus límites.

-Tranquilo, no te juzgaré-alzó las manos riendo-No estoy en servicio como para hacerlo-esbozó con una pequeña sonrisa para luego mirarle alzando una ceja-Seguro encontraremos un lugar con grandes porciones para ti amor-juntó su índice y pulgar entorno a su mejilla para constituir un leve pellizco, no lo suficientemente fuerte como para dejar una marca o provocar dolor. Llevó las manos hacia sus caderas donde las dejó descansar mientras adoptaba una posición menos tensa y al contrario más lánguida, permitiéndole verse menos amenazante o tenso que de costumbre-Todas suenan interesantes, si me preguntas, pero seguramente podríamos decantarnos por más de una opción, ¿No crees?-comentó mirándole, no había restricción alguna por lo cual quizás podrían convertir su tiempo de comida en una especie de Buffet, mezclando sabores, colores y texturas, todas destinadas a estimular los sentidos de sus cuerpos-Los chicos en la Comisaría dicen que la Gastronomía Marroquí es espectacular, una fiesta en tu boca-agregó sonriendo, tenía ganas de comprobar que tal era debido a los muchos comentarios que había recibido, quizás esta era la ocasión por lo cual no perdería la oportunidad-Bueno, si se llega a incendiar tu lengua seguramente encontraremos una manera de apagarla..¿A poco no?-agregó como punto final con un marcado aire sugerente, al más puro estilo de alguien como él, sin añadirle alguna máscara para disfrazar sus intenciones.

La galería se alzaba como una edificación totalmente imponente para él, no por su estructura en si, sino por el estilo y ambiente que creaba tan sólo con los colores pasteles que utilizaba y claramente por la disposición y carácter de las obras de arte que allí se exponían, cada una tan distinta a la otra que parecía imposible reunirlas en un mismo lugar, sin embargo se podía apreciar una cohesión única allí, lo cual no podía descifrar del todo, más estaba seguro que no obedecía a algo tan simple como un mismo artista o técnica..aún así, no podía fingir tener la mínima idea de qué poder apreciar además de la combinación de colores, formas y quizás alguna silueta o mensaje que pudiese transmitir, muy alejado de lo que un verdadero ilustrado en el tema rescataría-Aún así es más de lo que yo he hecho-sonríe mirándole, no sería su destino predilecto para pasar el tiempo o pasear, sin embargo para el castaño era importante o al menos interesante y eso era suficiente para él-Pero vamos, eso no importa, estamos aquí..Disfruta/color]-comentó alzando una mano para acariciar su mejilla suavemente, con un cuidado y un toque suave pero que esperaba demostrase un poco de cuánto amor sentía por él, por muy superfluo que pareciese demostrar sentimientos a través de algo tan simple como un toque.

Asintió ante su confirmación, lo único que le importaba era ver feliz a la persona que amaba y bajo ese concepto sabía que eso se traducía en un sentimiento honesto y verdadero, desear la felicidad de otra persona por sobre la tuya-Me alegra escuchar eso-agregó con una sonrisa amplia mirándole. Por minutos dedicó la vista a las pinturas del lugar, algunas le obligaban a fijarse en sus detalles debido a lo interesantes que resultaban ser al contacto visual, más otras debido a la combinación de colores producía un efecto contrario, casi repelente.

Se giró hacia él puesto que le había dado la espalda por algunos segundos, ahora se encontraba de pie con los brazos cruzados en su pecho mientras le prestaba completa atención, incapaz de ignorar hasta el más ínfimo de sus exhalaciones. Sus palabras e impresiones resultaban interesantes para Aiden, lejos de aburrirse no le perdía el ritmo alguno, a veces cambiando sus gestos por sorpresa, fluctuando a una
o a una mueca, todas dentro de un mismo relato que provenía de los tan conocidos labios del castaño-No crees que de cierta forma..quizás no tan profunda, pero aún así presente..¿Influyó en el tipo o género de tus escritos?-comentó mirándole, obviamente no se refería al estilo tétrico o algo por el estilo, pero el misterio que abundaban en sus novelas además de responder a hechos o historias policiales tenían una cuota de intriga que ahora quizás si daba en el clavo podría descubrir su origen-Digo, es una teoría referente a lo que me cuentas, de cualquier forma, no es que pretenda discernir cómo escribes o algo..que quede claro-alzó las manos en señal de paz sonriendo-Nadie puede saber lo que hay en ese maravillosa cabeza tuya-comentó pasando un dedo por su frente.

-Igual, te reconozco que suena bastante tétrico, ¿Qué edad tenías?-preguntó mirándole mientras pasaba un brazo por encima de su pecho para atraerle hacia él, simplemente por ganas de sentirlo más cerca-Oh amor...tienes un trauma-comentó acariciando su pecho lentamente con la palma de su mano y medio riendo, curioso de su reacción. Escuchar a su novio cómo le contaba cosas que habían sucedido en su vida y quizás cómo habían modulado en algo su crecimiento era una forma de decir que su relación iba por buen camino, ya que antes con suerte se limitaban a intercambiar algunas palabras-Pobrecito..-le besó la mejilla cariñosamente-Pero supongo que ya no te pasa eso, digo, de lo contrario estarías torturándote a ti mismo estando en este lugar-agregó sin dejarle ir y sonriendo, esa sonrisa híbrida entre una curvatura agradable de los labios y una exhalación de la garganta que evidenciaba una risa-¿Aún los tienen?..si alguna vez, digo, es prudente que me presentes en tu hogar..podrías mostrármelos, ¿Qué dices?-agregó mirándole con un gesto de pregunta y algo de interés, quizás no sería algo importante pero le había entrado la curiosidad de ver aquellos retratos que tanta impresión causaron en el castaño.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Sep 15, 2015 5:57 pm
Viktor se echó a reír y enseguida asintió con la cabeza. Ya sabía que no había prisa por decidir nada, pero en ocasiones no podía evitarlo. Quería adelantarse a los hechos, como si fuera una especie de seguridad para sí mismo y lo que pretendía hacer. Estaba acostumbrado a seguir los horarios, el calendario exacto, las reuniones sin cambios, la hora de levantarse e irse a acostar (aún si no se dormía) en el mismo minuto exacto de todos los días. He ahí que su vida no tuviera las complicaciones que se presentaron durante los últimos meses, los giros y la diversidad y el gusto de poder adaptarse a algo totalmente diferente, una vitalidad desconocida, pero que disfrutaba sobre todo al convertirse Aiden en la razón principal de todo aquello, puesto que ahora tenía sentido y valía cada esfuerzo que pusiera para modificar las pequeñas incomodidades de su manía. Ahora significaban su vida entera. —Pues si te arriesgas, yo me arriesgo. Pero de Marroquí sin probar a Hindú que arde, creo que me gusta más tu opción— comentó muy seguro, simplemente para rematar mirándolo como si la conclusión de su idea atestiguara la súbita alegría de su expresión y fuera la mejor de los últimos cincuenta siglos. —O de encenderla más— sugirió alzando ambas cejas, y cuando lo hizo, lo atrajo un poco más hacia él para tronar un beso en su mejilla.

Ante sus palabras, Viktor decidió que le haría caso y disfrutaría, así que observó su entorno por un momento. Así debería sentirse un ser humano la primera vez que visita una librería, con montones de ejemplares y sin saber en cuál de todos deberían dedicar más tiempo, cuál de ellos se lo merece y cuál oculta el mensaje que tú necesitas. Viktor no supo identificar la obra que ocultaba el suyo y si es que estaba presente, igual que seguramente no lo sabría el lector imaginado en su primer recorrido, aquel en el que podría (o no) haberse llevado el libro correcto. Sin embargo, no podía culpar a las obras. Para un ojo crítico resultarían muy buenas (si estaban ahí, tenían que serlo ¿no?), pero Viktor identificaba una obra de arte mucho mayor en el hombre al que amaba. Así como cualquiera de estas creaciones levantó el espíritu de su artista y lo sensibilizó y encontró el ingrediente adecuado para convertirlo en mejor persona, también Aiden lo hacía con él. Estar a su lado lo revitalizaba, equilibraba sus emociones y le recordaba cuan sorprendente, agradable, maravilloso e incomparable era.

No, qué va.. de hecho, es muy probable— reconoció. Horror es horror, sea ficticio o sea real y de donde quiera que venga. Su trabajo lo contenía detalladamente, y aunque le gustaría mentirle como al resto y decir que su imaginación no se ataba con hechos de su vida, no pudo. Ocultaba mucho más de un acontecimiento escalofriante en su juventud, mucho más de un no me convenció el trabajo con la agencia de investigación; a veces pasa, pero hablar de ello le costaba una lucha interna que hasta entonces continuaba perdiendo. Así que lo alejaba de su mente, esquivándolo. Una vez más, lo ignoró, lo ocultó y esbozó una sonrisa. —Mencioné de esto en una novela de terror que escribí durante la universidad. Fue un reto de un escritor ya consagrado, con un par de libros en venta. Él crearía algo de lo mío y yo me lanzaría con Mr. Thomas; la historia de un tipo que rentaba una vieja mansión en un pueblito Londinense hasta que los médicos le diagnosticaron esquizofrenia y spoiler, spoiler. No está tan mal. Es el único que me animé a leer después de su publicación, porque ya sabes: leer tus libros se torna raro, como ser actor y ver tus películas, supongo.

Se lo pensó durante casi un minuto, consciente de que la historia de la tía Cécil no comenzó tan pronto como la del bisabuelo Henry o el primer marido de su abuela materna, un tal Pierre del que nadie conocía absolutamente nada verdadero porque ella parecía inventarlo todo. Todo, excepto por la fotografía del «cuarto muerto». —Tal vez cinco años. Siete cuando recapacité y me di cuenta de que las historias eran reales— y que los cuadros también, todos con las pieles pálidas y algunos con los ojos muy abiertos, vestidos como si fueran a presentarse en un lujoso salón de bienvenida para el próximo banquete entre millonarios. —Creo que fue ahí cuando dejé de reír cuando ella reía a mitad de la anécdota— añadió con humorística ironía. La melodiosa voz de la mujer estaba metida en sus oídos. Un sonido casi celestial, pero inquietante. Al recordarlo (no se le olvidaría jamás) volvió a decirse que si no fuera por el olor, posiblemente la buena de Georgia Keoghan hubieran querido conservar el ataúd con ellos dentro. Y entonces los recuerdos fotográficos se convertirían en algo bastante peor, una imagen para no olvidarse durante las noches cuando le pedía a su madre que no tocase la lámpara de la mesita junto a la cama y ella respondía diciendo que no fuera ridículo. Recordándole que los fantasmas, los monstruos y ni siquiera las supuestas pruebas del programa nacional de alienigenas existen. Así que no nos preocupemos por tonterías, Vik. De acuerdo. Aunque se repitiera lo mismo todas las noches, llegaban al trato de siempre, el de no preocuparse. Y ella tenía razón, porque ninguna criatura rara se aparecía debajo de la cama o dentro del armario, empujando la puertecilla para observarlo con sus endemoniados ojos de advertencia. Eso era ficción, y la tía, el bisabuelo, el amigo y el no sé qué de sabría quién más, tampoco volverían del más allá para hacerle una visita. Lo aprendió con el tiempo, claro. A pesar de que fingía un poco cada vez que sus padres le preguntaban cómo durmió la noche pasada y él tenía que mentirles, costándole infantiles horas de insomnio durante una buena temporada de superación. Sí, ahora le tenía sin cuidado. Sabía que el miedo es mejor ponerlo sobre los vivos. Pero eso no quiere decir que a los cinco o hasta diez años —es probable que le invirtiera más— se transformó en el niño más valiente de un día para otro, o que se armó de valor y le pidió a la abuela terminar con sus historias, o que supo sobrellevarlo fácilmente.

Se llevó la mano al pecho y sonrió mientras alcanzaba la de él. —Tenía. Tenía un trauma— le corrigió divertido, pero quién sabe. Si estuviera tan seguro, no le molestaría negarse a visitar a la abuela Georgia... Pero trauma o no, definitivamente no le había hecho mucha gracia. Y en todo caso, si fuera cierto y el cimiento de su imaginación sobre lo que escribía fue sembrado por ella, tendría un montón que agradecerle por aquello de arruinar sus pensamientos nocturnos. Viktor se apresuró a negar con la cabeza para confirmar que la tortura ya era parte del pasado. Vamos, estaba seguro de que lo superó, pues son retratos y la gente no se espanta de una cosa como esa; les parece extraño, interesante, original y puede ser que hasta lo crean entretenido, a su modo, pero no se resisten a echarle un vistazo. Ahí estaba su padre, que si bien catalogaba a Georgia como una especie de lunática-no-peligrosa por la clase de aficiones que guardaba en su mente, disfrutaba del dichoso cuarto y no podía alegar cosa contraria. Se notaba. Puro excentricismo tétrico en cuatro paredes.

Aminoró la marcha en cuanto leyó un apellido con la letra p en el pasillo. «Parker... Peterson... Poynton...» Alzó una ceja y se volvió a mirarlo con suma curiosidad, una sonrisa reprimida entre sus labios. —¿De veras quieres verlos y arriesgarte a hablar con mi abuela?— le cuestionó finalmente. «Queen... Qualls...». Viktor estaba de broma; claro que lo llevaría en cuanto se diera la oportunidad; claro que su abuela no era un riesgo, tampoco. Sería interesante ver la expresión de su rostro con semejante cantidad de muertos plasmados al estilo Dorian Gray, aún cuando sus detalles los diferenciaran de aquí a la luna. Sin embargo, lo mejor podría ser la conversación familiar. Los Keoghan son un grupo de numerosas peculiaridades. —Bueno, para mí será un honor presentarte con la familia entera— dijo a continuación, y la verdad es que ésta vez no buscaba atinar la gracia, pero aquella frase caía perfecta para la ocasión. Después de todo, compartía lazos de generación a generación con las personas de las fotografías. «Ranocchi... Rembrandt... Renoir». Se detuvo junto a Aiden, señaló con un gesto e ingresaron hacia el área destinada para las exposiciones de los Renoir. Era una habitación amplia y extensa, de forma rectangular, con dos entradas; el norte quedaba frente a ellos y el sur lo acababan de dejar atrás. Las paredes estaban cubiertas con unas de sus mejores obras, cuadro tras cuadro. El lado derecho le correspondía a Alexandre y el otro a Pierre-Auguste. —Me piden que vaya muy seguido... cosa que no hago, por cierto. Pero podría ser pronto, si quieres. Sólo tendrás que tomarte unos días de vacaciones para salir de la ciudad, porque no nos dejarán ir y venir así de simple. Son algo insistentes, por no decir que su poder de convencimiento es monumental y si no lo es, responden y deciden por ti a su conveniencia. Todo un amor ¿eh?— continuó mientras examinaba el puerto marítimo en la pintura de Renoir y volteaba a momentos, terminando por dejar su mirada sobre Aiden— Además de que a Georgia le fascina la gente guapa. Quizá no quiera que te vayas de ahí nunca.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Sep 16, 2015 5:32 pm
No se había sentido tan feliz durante mucho tiempo, tanto que no recordaba realmente el efecto que tenía aquella emoción en su cuerpo, aquella sensación de hormigueo que se extendía desde su centro hacia las extremidades y se coronaba en su rostro, extendiendo sus labios y fomentando la característica curvatura que constituía una sonrisa, verlo reír tan sólo hacia que aquello se incrementase más, contagiándose del buen humor del castaño y a dedicándole una mirada llena de amor-Que valiente eh..eso suena a, si tú no lo haces yo tampoco-profirió con una mirada inquisidora-Yo siempre sugiero cosas que te gusten, vivo para agradarte-comentó riendo y bromeando, acercándose un poco por mano de este-¿Quién necesita la comida Hindú?...Yo puedo encenderte solo-correspondió alzando sus propias cejas con un tono sugerente para luego cerrar los ojos ante su caricia, disfrutando de ella.

Amar a una persona siempre se había convertido en un riesgo para él, algo que no estaba dispuesto a intentar sin embargo contra el castaño no pudo hacer nada, simplemente dejar caer su coraza de hierro y permitirle llegar hasta los más intrínsecos rincones de su ser, aquellos destinados tan sólo a su propia persona y que creía incapaces de albergar a alguien más. Allí estaba junto al escritor, quién parecía por fin dejarse llevar por su alrededor, juzgando y sumergiéndose de fondo en la Galería, apreciando y discerniendo cualquier técnica o elemento utilizado en las obras de arte que allí se exponían y suponía constituyendo una especie de éxtasis para una mente tan ilustrada como la suya.

Aiden amaba a ese sujeto con todo su ser, por lo cual su felicidad se traducía en la propia, complacerlo a
pesar de que fuese en contra de sus principios básicos se constituía como una especie de necesidad y  permitirse tenerlo para si, disfrutar de su compañía, de su tacto, su sabor, todo ello para él era más de lo que creía poder aguantar, sin embargo estaba completamente seguro que el fantasma que quedaría por su ausencia sería un constante recordatorio de su desdicha y que por sobre todo, le precipitaría a cometer una locura para acabar con la desesperación que le produciría no tenerle.

-En realidad no lo sé, no soy escritor o actor, ¿Recuerdas?-se rió mirándole, entendía de cierta forma lo que quería decir, aunque por su parte suponía que si fuese actor o escritor sería su más grande crítico, siempre viendo los errores por más ínfimo que fuese-Sería interesante poder leerlo alguna vez, ¿No crees?, digo, si a ti te parece-comentó sonriendo, allí iba su mejor fan, su eterno enamorado y compañero, ansioso de poder tener todo lo que a él le rodeaba o concernía.

-Vaya, tu abuela sí que sabe como contentar a los niños-comentó con un leve risa, aunque no podía condenar a una persona que no conocía y que quizás tenía otro concepto de familia, crianza y de amor-Bueno, tampoco puedo decir más, no conocí a ninguno de mis abuelos por lo cual no podría juzgar su forma de comportarse o cómo sentirse acerca de ello, no me hagas caso-le miró con una leve sonrisa, tranquilizadora de cierta forma. Cosas como esas eran suficientemente interesantes para hacer que el rubio se mostrase agradecido de poder compartir con una persona que si bien era muy distinta a él le complementaba de formas que deberían ser ridículas sin embargo aún así sucedían, regocijando su corazón de muchas formas.

Le miró y enarcó una ceja, aún pasando suavemente la yema de sus dedos sobre su pecho y sonriendo por el toque de este-Ok, ok, te creo-comentó con un tono de voz poco segura que denotaba que no estaba del todo convencido, sin embargo no haría de ello algo más que un simple momento. Todas las personas podían jactarse de ser invulnerables o suficientemente sanas pero realmente nadie se salvaba de alguna anécdota o episodio levemente traumático que pudiese haberle sucedido en cualquier momento de su vida y que marcase de cierta forma su comportamiento, condicionado a X cosa que llevó a Y reacción. Su mano no se movía de donde estaba, bordeaba el contorno de su pectoral derecho suavemente, deleitándose por aquel acto mientras su mejilla estaba pegada a la de este, un tacto suave y bastante estimulador para sus sentimientos-No creo que pueda ser tan malo, además, si vamos a ir en serio creo que es importante que involucremos a las personas que queremos o son parte de nuestras vidas, ¿O me equivoco?-agregó ladeando su rostro para encararle, sus ojos azules fijos en la miel que cubría la de este, perdido en una tormenta de emociones cada vez que estaba a su lado.

Consideraba que cualquier persona en la vida de Viktor merecía la pena conocerla, saber qué significaban para él y cómo estos mismos podían describirle la relación con el castaño, sus recuerdos juntos y otras memorias que le permitiesen saber más de su amado a través de las personas que pudieron verle desde que había existido en la tierra-Puedo con ello, si lo hice contigo será Pan comido-agregó con una leve carcajada, Aiden nunca se rendía y menos cuando existía un interés en él tan grande que sería imposible disuadirle de dejarlo pasar.

Siguió al escritor hasta donde este le señalaba, sin perder el rumbo ni mucho menos el paso, aquella nueva sala distaba bastante de las demás, primero que todo por la elegancia con la que recibía a los visitantes, una estructura arquitectónica diseñada posiblemente para atraer al visitante y por otra, aunque no tan clara para él, se debía a los cuadros allí colgados, cada uno tan fascinante como el anterior o su predecesor.

-Supongo que el motivo por el cual no vas es que estás hasta el cuello de trabajo, ¿No?-le encaró deslizando su mano sobre la espalda de este para sujetarle-Porque no se me ocurre otra justificación para ello..digo, yo qué no daría por visitar a mis mujeres periódicamente-comentó mirándole, mientras se mordía levemente el labio ante tal recuerdo, había pasado una cantidad de tiempo considerable desde la última vez que se había pasado por casa, si bien charlaba con ellas casi todos los días nada se comparaba a un abrazo y al calor que ellas podían brindarle, amor familiar, tan importante para él como el mismo que sentía por el hombre a su lado-Bueno, hace bastante tiempo que no me tomo unos días libres, no me vendría mal..así también aprovechas de conocer a mi familia..si te animas, claro-comentó sonriéndole y buscando su rostro para unir la nariz de este con la propia-Bueno, eso dependerá también de si les agrade y que parezca lo suficientemente bueno para ti, ¿No?-comentó con una leve sonrisa, aunque en el fondo no lo estaba diciendo de broma, eran muy distintos y sus realidades igual, por lo cual no sería de extrañar que existiesen obstáculos en el camino-Vamos..si me encuentra guapo considerarás seriamente llevarla al Oftalmólogo eh-aventuró con una risa dándole un corto y sonoro beso en los labios, volteándole con su brazo para tener un mayor acceso a su boca, tan sólo el suficiente para depositar esa caricia-¿Te he dicho que te amo?-agregó de la nada y sonriendo ante ello, cualquier duda o problema no era rival para lo que sentía, aunque claramente su corazón y cabeza no estuviesen en sintonía la mayor parte del tiempo.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Jue Sep 17, 2015 5:42 pm
Con una sonrisa, Viktor lo miró de soslayo. —En realidad, ya sabes, es más porque me preocupo de tu salud. No vaya a causar daños tanto picante— arguyó inmediatamente, aunque no dejaría atrás el hecho de que repetir una orden de comida hindú y más de cuarenta vasos es una opción que a muchos les gustaría desechar sin pensárselo dos veces. Todavía era capaz de revivir la experiencia cuando se le ocurrió pedir al encargado que sirviera su especialidad, lo mejor y más nacional de la costa de Orissa. Mala idea para un principiante, pues aunque lo recordaba con diversión, en ése momento fue una sensación infernal. —Y ni siquiera tienes que esforzarte para hacerlo— complementó valiendo cual mensaje doble, puesto que aún sonando como parte de una broma conjunta y nada más que eso, también era verdad. A Viktor le alegraba el día como nadie podría conseguirlo. Lo ponía de buen humor y disfrutaba de su presencia como nunca, algo que de por sí ya es sabido complicado en alguien como el escritor, fiel a mantenerse cuan lejos es posible de la sociedad y los compromisos y las amistades largas y agradables. —Oh, claro que sí— asintió Viktor con expresión divertida cuando se inclinó hacia él y le besó la mejilla, seguro de que no necesitaba comida hindú o de cualquier otra región, si a cambio tendría a Aiden durante el resto de horas hasta que terminase el día; y por qué no, a la mañana siguiente, y durante la próxima y aún mucho mejor, permanecer junto a él más adelante, adueñándose de cuántas fechas siguieran en el calendario. —Estoy bastante seguro de que puedes— añadió apenas apartarse un poco de él, prácticamente rozando el lóbulo de su oreja. Sabía perfectamente que amor y atracción son dos cosas muy diferentes, separadas por cientos de razones que no tienen comparación, pero de la misma manera, conocía la vibración de sus sentidos con aquel hombre. La inigualable habilidad suya para robarle el aliento y hacerlo sonreír a cada segundo, despertando algo que durante años estuvo oculto en lo profundo de su ser y no parecía contar con oportunidades de salir a la luz, algo que lo haría sentir fuera de órbita, pero que al final, gracias a Aiden, a la atracción y las emociones y los sentimientos que enlazaba en Viktor como si existiera una especie de conexión entre ambos, sufrió un cambio espectacular.

Bueno, pues sí. Pero mira que es una lástima, porque a muchos les gustaría verte principalmente en pantalla— opinó con cierta gracia, y mientras lo decía, le pasó un brazo alrededor de la cintura. —A lo mejor tú serías el poeta de entre nosotros, ¿quién sabe?— agregó esbozando una sonrisa. Siempre cabía la posibilidad. Allí estaban personajes ilustres que iniciaron con la profesión de abogados y después de ganarse un salto de trampolín hacia la candidatura gubernamental terminaron en prisión, o que siendo músicos se hicieron de importantes cargos en el periodismo o el diseño de interiores, todo aquello de la noche a la mañana y sin siquiera imaginarse en un lugar así. La sonrisa de Viktor creció al escucharlo. —¿Por qué me preguntas si me parece? Claro que me parece. Lo que tú quieras o te interese, Aiden, es algo que me parece bien a mí. Incluso mis libros viejos. Es más, aprendería a bailar tap si quisieras bailar tap— se explicó y lo miró durante un momento, sin decir nada. —Pero por supuesto que ninguno quiere bailar tap— apretó los labios en una fina línea tras romper el silencio, luego se rió. —Como sea. Se me ocurre que podríamos tomarnos una noche libre en mi casa (que bien, un apartamento no es lo mismo que una casa, pero funciona), y mientras tú lees, no necesariamente hoy o mañana, por supuesto, yo te cuento de dónde salió cada una de las ideas que puse ahí. Recuerdo la mayoría— afirmó con orgullo; no fueran a darle un premio por su capacidad de almacenamiento, vamos. Lo único que quería era la velada y su compañía, el resto funcionaba como una base que además de cumplir un gusto a su novio, también creara algunos otros— Incluso la del perro labrador que se pasa ladrando todas las noches a la segunda ventana del tercer piso.

Muy bien, pero si no lo haces tú, no importa y ni te preocupes si te dan ganas de hacerlo después, que yo lo he hecho un montón de veces y eso que son mi familia— reconoció sincero, pues no sería el primero y tampoco el último en llevarse el incordio de la abuela Keoghan. Los viejos siempre parecen cada vez más raros a las nuevas generaciones, tal vez porque estamos demasiado acostumbrados a nuestros mundo, que nos cuesta entender cómo eran las cosas antes. Pensó en decir algo más, pero se resistió diciéndose que lo haría en un minuto. Continuaron a paso lento, sin prisas, y escuchándolo mientras tanto, Viktor lo miraba expectante al movimiento de sus labios. Sus labios... —No, no. Tienes toda la razón. Y vamos en serio— afirmó, señalándose a la altura del pecho, primero a sí mismo y luego a él; de eso no le cabía duda, estaba dispuesto a cumplir con su parte al cien por ciento. Viktor entrecerró los ojos, simplemente para rendirse ante una nueva muestra de agrado en su gesto. —Muy gracioso— le comentó a su vez, antes de posarse frente a la agrupación de marcos en la sala individual.

Cuando se volvió hacia Aiden, le dedicó una de aquellas miradas que ponía en cuanto se acercaba el instante de mentir, pero al cabo se perdió completamente. El trabajo lo usaba de pretexto, sí, pero bien podría darse un descanso. Viktor tenía al menos dos obras guardadas para el día en que no pudiera cumplir con el plazo estipulado por la editorial y los demás no lo sabían, así que por lo general, su pretexto era la fecha de entrega y la estrafalaria cantidad de esfuerzo que debería hacer para terminar el dichoso libro. —Sí, bueno... ¿Tus mujeres?— eludió el responder. De cualquier modo, le interesaba más las cuestiones de Aiden que el bombardeo de recuerdos de la comunidad de Brujas. No iba porque la casa estaba repleta de su hermano, porque la gente se empeñaba en hablar de él (pobre, pobre Geert) y cada rincón de las habitaciones se lo recordaba. Lo escuchó y asintió con la cabeza, comprendía la parte sobre la ausencia y el bastante tiempo de no convivir con los suyos, incluyendo a los más cercanos. —Estoy seguro de que ellas estarán muy felices de verte. Y yo en serio estaría encantado de conocerlas— aseguró sonriéndole. De conocerlas y agradarles agregó para sus adentros, pero no lo dijo en voz alta. —Oh, vamos— echó la cabeza atrás y su nariz se rozó con la de él en el acto. —No digas tonterías. Tú eres mucho más que suficientemente bueno y te van a adorar— le aseguró; no había razón para pensar lo contrario o apresurarse a las conjeturas. ¿A quién no le gustaría un hombre como él? Venga, no tendría sentido.
Viktor soltó una carcajada al oírlo proseguir, no obstante el sonido de su risa amortiguó al encontrarse con sus labios. Un beso corto, pero también entero en todos los sentidos. —— musitó el castaño, y sonrió al inclinarse nuevamente hacia él, cara a cara, sin tocar su boca todavía— Pero me fascina cada vez que sale de tus labios— añadió salvando la distancia que los separaba, besándolo con la suavidad y el cariño que sin pretenderlo, se expresaba a través de aquel acto. Se separó más pronto de lo que hubiera querido y lo hizo a regañadientes; por si acaso alguien entrase y no se cortara pidiéndoles conseguir una habitación o pagar por cada minuto de envidia sobre ellos. —Es buena— señaló la pintura con un ademán— sólo que hoy no tengo cabeza para pensar en algo más que en ti... ¿vamos por el marroquí?


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Sep 18, 2015 7:38 pm
-¿Y desde cuando tú tan preocupado por mi salud?-comentó enarcando una ceja y curvando su boca hacia el mismo ángulo que seguía a su movimiento facial superior, divertido por sus palabras y claramente intrigado por ello, sus manos en el borde que separaba su tronco de su parte inferior agregándole más énfasis a sus palabras. Era divertido para él escuchar al escritor, tan ocupado en sus propios asuntos preocuparse por la salud del rubio, era algo inusual y casi imposible, puesto que no recordaba que ninguna persona estuviese pendiente de su bienestar más que su propia Madre, nadie más preocupado que la adorable Miranda Frömmrich, pobre mujer con el alma pendiente en un hilo debido a la profesión que su difunto esposo y ahora su hijo llevaban a cabo y de la cual conocía a la perfección los riesgos asociados a esta.

-¿Estás bromeando?-le miró riendo-Paso horas planificando y pensando, ¿Le gustará esto?, Quizás esto sea de su agrado, o cosas por el estilo-agregó sonriendo, era una broma más no del todo, siempre tenía presente qué podría hacer para agradar a Viktor, no por un tema de querer llamar su atención y convertirse en lo único que este pudiese tener derecho a observar, sino por el mero hecho de querer verle feliz, suficiente para él mismo serlo. Asintió ante sus palabras y cerró los ojos cuando sintió sus labios posarse en su mejilla, el sonido característico de un ósculo y la sensación que aquel gesto provocaba en toda su persona, algo tan leve que estimula fibras nerviosas por doquier-Oh vamos, tenías que decir que no lo creías posible..así podría haberlo tomado como un reto que gustoso hubiese cumplido, pero no..que aguafiestas eres Viktor-agregó volteando su rostro para encararle, consciente de la cercanía entre sus rostros, el escalofrío que le inundó cuando rozaba el lóbulo de su oreja aún se mantenía activo, disminuyendo conforme el tiempo pasaba.

Nunca imaginó que el estar enamorado significase estar constantemente en el medio de un torrente de emociones y sensaciones, víctima de cualquiera lo suficientemente intensa como para agitar la tierra bajo sus pies-¿Haciendo qué?-comentó mirándole y riendo un poco, no encontraba justificación alguna para que apareciese en pantalla-No creo que disparar o neutralizar a un criminal pueda competir con las últimas locuras de las Kardashian, doy por perdida la batalla de antemano-comentó riendo y dejándose tomar por este, sus manos se posaron en el pecho de este suavemente descansando-Si fuese el caso sería exclusivamente porque te tengo como mi Musa inspiradora..algo tosca, pero oye, que no me importa-comentó sonriendo y deslizando sus manos de arriba hacia abajo repetitivamente para masajear sus pectorales un gesto cariñoso.

-Porque digamos que eres algo gruñón y reservado, y malhumorado cuando se trata de tu trabajo, oh, y ligeramente hostil-comentó mirándole y buscando más adjetivos para quedarse al final tan sólo con esos, era consciente de cómo el castaño se comportaba cuando de su trabajo se trataba, recordaba algunas ocasiones donde le había preguntado por sus obras pasadas más una negativa corta y precisa había bastado para interrumpir la curiosidad que le inundaba en aquella ocasión-¿Lo que a mi me parezca bien te parecerá a ti?-alzó una ceja, adoptando una mirada peligrosa, como si se tratase de un niño pequeño al que le dejaban solo en la sección de juguetes y un carro de compras para llenar con lo que quisiera-Tú lo dijiste..luego no te podrás arrepentir mi amor-comentó riendo y hundiendo uno de sus dedos en su pecho, sus ojos y su rostro confabulaban en una careta peligrosa, lobuna por si fuese poco. -Suena a un buen plan, y sabes que me encanta cuando algo está organizado-agregó subiendo sus manos hasta su cuello, rodeándole para acercarle más a él-Déjame revisar mi agenda y te confirmaré, pero será una cita, así que te quiero con toda la disposición para ello-agregó en última instancia sonriendo por ello, alargando su rostro para besar su mentón y medio morderlo, liberándole tras unos escasos segundos.

-No digas tonterías, no es ni será un problema para nada-comentó dedicándole una sonrisa de Todo está bien, dando por terminado aquel asunto. Si bien no tenía la menor idea de cómo tratar con las antiguas generaciones no podía ser tan difícil, además seguramente encontraría alguna manera de agradarle a la abuela, tenía que hacerlo. -Eso quiere decir que estamos en el mismo equipo, ¿No, compañero?-agregó con una leve risa, sin embargo por dentro estaba extasiado de ver cómo el hombre de su vida aseveraba que esta vez era muy distinta a la anterior en todo sentido, y mil veces mejor-Actor, Poeta, Comediante..vaya que me he vuelto multifácetico en un corto rango de tiempo-agregó encogiéndose de hombros con una leve risa.

Comenzaba a pensar que debería callarse y dejarle disfrutar de la exposición, después de todo era la razón por la cual estaban en la Galería y consideraba que tenían toda una vida por delante como para hablar y discutir-en plan agradable claro está-acerca de su relación, más la conversación resultaba amena y casi espontánea entre ambos, además tampoco podía mentirse y fingir silencio o interés cuando tan sólo tenía ojos para su novio-Si, mis mujeres, Mi Madre y mis dos hermanas, mi familia a fin de cuentas-le miró advirtiendo que no recibiría una respuesta acerca de su pregunta anterior, más no era el momento ni el lugar para jugar al Detective o Juez.

-Felices y enojadas, pero oye, te verán y se les pasará cualquiera rencilla que pudiesen tener conmigo, serás su nuevo interés y..no quisiera ser tú-le palmeó el hombro suavemente, sus hermanas eran mayores que él y encima gemelas, de por si al ser chicas significaban problemas pero por partida doble..además, ¿El novio de su único hermano?, ¿El sujeto que capta toda su atención?, ¿el primero en llevar a casa y presentarlo como oficial?..No, el castaño tenía una especie de juicio por delante y un bombardeo de preguntas peor que las que hacían en las entrevistas a los famosos.

Arrugó la nariz cuando sintió la del escritor sobre la propia-Espero serlo, no creo que tu familia quisiera que estuviese con un Don nadie-agregó mirándole y acariciando su mejilla suavemente, se sentía nervioso de aquello puesto que conocer a la familia de tu pareja siempre resultaba un evento estresante y las dudas surgían al mismo tiempo para hacerle perder la cordura hasta el más centrado..inseguridades, después de todo.

Se separó de sus labios e instantáneamente se quedó con gusto a poco, besarle nunca sería suficiente ni mucho menos algo de lo cual podría pasar, era un contacto tan ansiado por él que de poder estaría las 24 horas y los 7 días de la semana pegado a su boca, separándose tan sólo para respirar y beber agua para evitar la deshidratación-Lo escucharás muy seguido, porque, de verdad, que te amo-comentó tras separarse del beso que este le brindó, saboreando esta vez los restos de aquel gesto.

Observó la pintura a la cual se refería y de hecho parecía bastante interesante, más quizás no estaba captando del todo lo que el otro podría estar pensando, o creía que hacía hasta escucharle-Puedes ser romántico cuando quieres, ¿Eh?-comentó sonriendo y rodeándole con sus brazos por detrás de él, pegando su pecho a su espalda y sujetándole por la cintura-¿Estás seguro?, no me molestaría esperarte un poco más, después de todo vinimos porque querías ver la Galería..-comentó contra su oído y besó su cuello suavemente, sin importarle si parecía un acto excesivo en aquel lugar, no tenía problemas de demostrar sus sentimientos en público y menos de aprovechar cada segundo a su lado.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Sep 21, 2015 6:36 pm
¿Desde cuándo?— sonrió de medio lado, como si estuviera asombrado por la duda. Desde siempre, pudo responder. Pero comprendió que no era así de simple. —No debería sorprenderte. Me preocupas— afirmó con cautela. Le parecía raro decirle eso a alguien, decírselo a cualquiera. Desde hace años que no decía algo parecido a una persona saludable, ni siquiera cercano al borde de la frase. No era típico de Viktor; el hecho de preocuparse o demostrar interés no venía incrustado en su lista de deberes a no ser que se tratara de una enfermedad grave, pero no podía evitar que Aiden sobrepasara ciertas barreras de su yo habitual. —Todo lo que sucede contigo es importante para mí. Y eso incluye una indigestión o lo que sea que provoque el picante de los hindú entre los americanos de adopción como nosotros— se las ingenió para terminar a su modo relajado, fingiendo hasta consigo mismo que eso no significaba una transformación de ciento ochenta grados, un pequeño cambio danzando hacia lo radical. Tampoco quería exagerar. Los tipos acostumbrados a dar muchas vueltas a su comentarios lo hacen porque están mintiendo, o bien son expertos en divagar; él pertenecía a la segunda categoría, aquella a donde se incluyen la mayoría de escritores, investigadores y periodistas.

Viktor se echó a reír. —¿De veras?— enarcó las cejas, adoptando una pose divertida. —No tenía idea de que fuera así, pero... mi querido Aiden, creo que has estado invirtiendo mucho más de lo necesario en esforzarte para eso. No soy así de complicado, ¿lo soy?— arrugó la frente, claramente bromeando. Si lo era, no quería saberlo. Y si no lo era, bueno... ¿A quién trataba de engañar? Por supuesto que era un sujeto complicado. Difícil de entender, difícil de convencer, difícil de molestar, difícil de vencer en una discusión sobre la cual se siente seguro de estar en lo correcto, etc, etc. —TÚ eres de mi agrado. Completamente— enfatizó por sus anteriores palabras, a pesar de que no pareciera necesario. Estaba seguro de que Aiden lo sabía, pero no se le ocurrió buena idea limitarse ahora que estaba tan cómodo de hablar con la sinceridad que normalmente no encontró cabida durante su anterior temporada juntos; la que arruinó, sí. —Y créeme, estar contigo es más que suficiente para mí— agregó, pero ésta vez no sonreía, sólo lo miraba, como si buscara resaltar aquel espacio en la conversación y abandonar las preguntas por las que también él pasaba cada cinco o diez minutos: ¿Qué opinará? ¿Le gustará? ¿Estará de acuerdo? Y otro millón de ¿Y si...? en la lista de las esperanzadas preguntas de pareja, convencidos de que su deber es consentir al otro, pero temerosos de que el plan sufra alguna falla y aparezca la inminente equivocación. Viktor también tenía un montón de preguntas; curioso por descubrir más y más del hombre al que amaba, de sentirlo suyo en todos los aspectos. Tal vez parece mentira, pero no lo es. Sucede de improvisto y cuando nos damos cuenta, ya estamos metidos en ello. Esforzándonos, intentando cumplir con las expectativas, siendo la mejor faceta de nosotros mismos y explorando en las cualidades y los defectos del contrario. Y es fabuloso, es otra manera de sentirse vivo, consciente de lo que sucede con nosotros. Sin embargo, de lo único que en realidad deberíamos preocuparnos, según creía Viktor demasiado tiempo atrás y entonces parecía haber olvidado, es saber a qué es alérgica la persona con la que estás saliendo. —¡Ouh! Ya, ya entiendo. ¡Qué torpe! Sí, lo arruiné. Lo siento— rió entre-dientes— no atrapé el lance, lo siento.

No sé, cualquier cosa. A todos nos gusta ver gente atractiva en televisión, hay que admitirlo. Yo lo hago— se encogió de hombros, como si fuera cosa general y nadie se atraviera a confirmarlo. ¡Oye, tienes razón! Lo negamos porque nos gustan los actores buenos, pero de otra clase.Bueno, eso es verdad. Aunque no sé cuáles son esas locuras, ver a Khloé es como esperar la erupción de un volcán a punto, así que... me conformó con lo último que supe— ladeó la cabeza, pero igual no compararía porque lo único que sabía es que estaban fuera de control y la gente adora eso. La mayoría, salvo por quienes prefieren otro estilo de acción para pasar el rato. Mirando al televisor, por supuesto. Aún el televisor. Con los criminales y los policías que salen a salvar el día y demás. Viktor lo escuchó proseguir y frunció los labios de repente. —¿Tosca?— repitió, conteniendo una carcajada— Oh, vamos...

Dios. Eso es, es... cuántas virtudes las mías ¿no? Alguien debería cobrarme otra clase de impuestos para compensarlo— ironizó, y aunque no lo pronunció con molestia y su expresión tampoco reflejó mal humor al escuchar algo completamente cierto y no muy bueno de sí mismo, tampoco le sacó una sonrisa de comercial. A nadie le apetece oír cómo se empeña en alejar a los demás, ni cómo es capaz de obsesionarse a tal grado con su trabajo. Pero lo peor es darse cuenta de que tienen razón. Cuando Viktor se enfrascaba en su trabajo, su vocabulario se reducía a monosílabos, absolutas negativas y algunos asentimientos para el resto del mundo. No prestaba atención a lo que sucedía en su entorno, como si le tuviera sin cuidado respirar aquí o allá en su universo alterno a donde no invitaba a nadie. Apoyó una mano detrás de su espalda y con la otra se rascó la ceja. —De verdad, no tenía de cómo soy cuando... Bueno, no me había dado cuenta de lo pesado que debe ser lidiar conmigo. Suena a que soy un cabrón muy egoísta— admitió con franqueza, pero finalmente sonrió— Debe ser molesto, no sé por qué nadie me ha golpeado todavía, pero lo siento.
Con un asentimiento, Viktor afirmó que sí; fuese lo que fuera, si Aiden quería hacer algo, a él le parecería bien. No importar qué. Está bien, suena excelente. Sin embargo, dudó en cuanto reparó en la mirada de éste. Tal vez no, pensándolo bien, tal vez sea mejor anular la oferta y compartir opiniones pensó decir, pero al cabo se lo guardó y esbozó una sonrisa al negar con la cabeza. —Tienes una habilidad tremenda para ponerme nervioso— le dijo, y sus manos extendidas, lo sujetaron ligeramente por la cintura cuando se aproximó hacia él. Viktor cerró los ojos por un momento fugaz, sintiendo como si una corriente eléctrica (caliente y fría al mismo tiempo) le traspasara la columna vertebral. Luego volvió a abrirlos y lo miró tras apartarse. —Acabas de lograr mi disposición por todo el año— aseguró, consciente de que un gesto efímero hizo temblar el circuito de su cuerpo entero.

Definitivamente— respondió. No tenía la menor duda de que Aiden sabría ganarse a los viejos de su familia. Abuela y abuelo, aunque el hombre no hablara casi nunca y de hecho pareciera invisible en la casa, seguramente tendrían simpatía por él. Eran buenas personas. Y las buenas personas están encantados de conocer a otros, así como están felices de no involucrarse con quienes no lo son. —Oye, no estoy alucinando, podrías hacer cualquiera de esas cosas si quisieras. Todos podríamos. Paris Hilton pudo— mencionó, usando a la millonaria cual si fuera ejemplo de lo imposible.


Eso espero. Aunque lo dices como si fueran a interrogarme y necesitara preparación— le miró curioso, y de súbito fue sugiriéndose la posibilidad— ¿Necesito preparación?— preguntó bastante en serio. Lo dudaba, pero aún así corrió el riesgo de sonar absurdo. Más vale prevenir que arruinar la supuesta primera impresión que es la más importante de todas. —Pero sólo son mujeres, ¿verdad? En tu familia. ¿Nada más ellas?— añadió, quizá aferrándose un poco a lo que no debería. Cíñete a lo que concierne, pensó. Y sin embargo, no se hizo caso. Le interesaba porque a) es mejor dialogando con mujeres y en parte sería tranquilizador, quizá... y b) necesitaba resolver la incógnita de cada uno de los cabos sueltos en la vida de su novio. ¿Irónico? Tal vez. Él evadía datos porque no estaba listo para hablar del tema, o eso se decía, pero realmente quería y necesitaba fortalecer la confianza en su relación, conocer más de él, entrar en su mundo y comenzar a compartir las cosas. ¿No valía de mucho sentido si te ponías a recapitular lo suyo? Sí, es verdad.

Venga, no has dicho eso. No sé de dónde sacas que ellos podrían pensar de ti como un Don nadie, o que alguien lo hiciera— dijo, y tomó su mano entre las suyas. —¿Sabes lo que pensarán? Pensarán que eres una especie de héroe, porque eso es lo que para ellos y creo que para el resto del mundo (y para mí también, de hecho) son los soldados, los policías, los bomberos y los médicos. Pero si aún tienes tus dudas, te tranquilizará saber que creen que mi trabajo no es trabajo y me quieren haciendo algo de verdad; un beneficio social o qué sé yo. «Por favor, Guillaume» ellos me dicen así; para molestar, supongo «Te vas a morir de hambre haciendo esos cuentos si no consigues un maldito trabajo real». En fin, no es que les haga mucho caso. Pero tiene su parte cómica.

Se lamió los labios y le dedicó una mirada de adoración. —Yo también te amo a ti— dijo, sin estar seguro de por qué le había costado tanto admitir algo que se sentía con semejante facilidad. El sentimiento era ilimitado, pero se expresaba cada vez más fácil cuando te convencías de que no había riesgos por correr. De que era recirproco y valía todo el esfuerzo y energía que te dispusieras dedicarle. Viktor asintió, sonriendo. —No tienes ni idea de cuánto. Te veo y me sale natural— le rozó la mejilla con los labios, y sus manos se alzaron hasta su cuello, correspondiendo a su abrazo y apartando un poco el rostro para no aplastar su nariz con el empujón de la propia mientras hablaba.
Podría haber aceptado la propuesta porque le convenía agilizar la lluvia de las ideas, pero se recordó que no estaba ahí para aflojar un poco más las teclas de su vieja Olivetti, y que lo importante no era si Nora Rivers descubría quién envió la nota amenazante antes del suicidio de su hija Chloe, sino ellos. Su relación, la manera en que empezaba a dar avance en el camino correcto. No quería arruinarlo convirtiendo su primer paseo post-reconciliación en una línea imaginaria de trabajo y responsabilidades, menos cuando éste significaba la oportunidad de aprovechar el tiempo que tanto deseó recuperar y ahora regresaba endulzado con una cantidad de besos sin limitaciones. Si quería hacerlo funcionar, debía tener en cuenta que una cosa es una cosa y no deben ni pueden mezclarse entre sí; al menos no de momento, no mientras la balanza se inclinara firmemente a la increíble sensación de sentir los labios de Aiden posandose en el lugar propicio para alegrar a su cuerpo.

Ah, no te preocupes por eso. Está bien— sonrió Viktor, sacudiendo la mano desde atrás para restarle importancia y demostrar su punto (Aiden no podía ver el gesto y Viktor no reparó en ello), pero supuso que se entendió. La galería había sido un gusto que esperaba darse para fortalecer el declive de su reciente inspiración para escribir, era cierto. Sin embargo, no tenía comparación con la dicha de pasar tiempo junto a Aiden y él lo sabía muy bien. Estaba claro en cada rincón de su cabeza. Sólo ellos dos, disfrutando del momento que habían necesitado a solas para aclarar sus sentimientos y solucionar las dificultades de una relación que finalmente empezaba como debería, engranando de la manera adecuada y no en contra y a favor de la corriente.
Te aseguro que ya habrá tiempo de sobra para echar un vistazo al resto. De todos modos, tuve una mala fase y aún estoy un poco oxidado; es posible que necesite esperar un poco antes de retomar, no lo sé— continuó, y su mano izquierda rodeó la cintura del rubio en tanto la otra se encargaba de levantar su barbilla y hacer que sus ojos se fijaran en los de Viktor. —Pero en todo caso, mientras esperamos a que suceda, tú y yo vamos a hacer de este día, nuestro día. Así que dejame hacerte mi absoluta prioridad ¿de acuerdo?— añadió, pensando seriamente en la posibilidad de no volver a necesitar ningún estímulo artístico para impulsar su imaginación, tanto menos recurrir al bochornoso y lamentable plan B extraido del baul de los tesoros de emergencia, aquellos manuscritos juveniles de los cuales no podría sacar mucho provecho; aunque algo fuera mejor que nada. La clave estaba en sus manos, o mejor dicho, entre ellas. Al igual que se paseaba la oportunidad de ser feliz y alimentar semejante fortuna durante cada minuto de cada día.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Sep 24, 2015 1:51 pm
Su mirada sobre este podría confundirse con la típica que tenía cuando analizaba algo con demasía, intentando averiguar los puntos a tener en consideración o qué aprovechar de una situación, sin embargo aquella intensidad en la claridad de sus iris simplemente se debía a un simple hecho: tenía a su lado al anhelo de todos sus deseos, al hombre que amaba con todo su ser y que se robaba cada uno de sus alientos, privándole de aliento tan sólo con pestañear y que decir de una mirada o cariño suyo.

-Oh, bueno, no es algo que pensé que pudiésemos compartir..si te soy sincero, y esperando que no te molestes-aclaró acercándose instintivamente a él, quizás si al castaño le molestaba o algo y decidía irse estaba preparado para sujetarle y no dejarle ir. Aiden era un sujeto simple, o al menos así si se consideraba, jamás consideró que alguien más que su propia familia podría tener interés en su integridad, en que estuviese bien, menos cuando Viktor le había dejado y su relación había terminado, estuvo o mejor dicho está herido, por lo cual sus palabras le sorprendieron o más bien le hicieron pensar de una forma que no podía evitar, una que respondía a la normalidad tras una situación como en la que ellos se encontraban ahora-¿Sabes?, olvídalo, debo dejar de ser tan idiota a veces-comentó mirándole y mordiendo el interior de su mejilla, esta nueva oportunidad iba a funcionar y no sería por algún milagro, dependía de ellos y el rubio no podía permitirse caer, ni siquiera un poco.

Podía culparlo de ser rencoroso o quizás dar vueltas en lo mismo pero lamentablemente era un simple
humano y su comportamiento estaba limitado por la propia naturaleza de la raza, aún así, sabía que lo que sentía era mucho más fuerte que cualquier idea o pensamiento arraigado en su cabeza, su amor por
Viktor era su centro y pesaba más que la sangre en contraste al agua, plasma versus líquido.

-¿Crees que bromeo?-se apuntó el rostro y forzó la conjunción de músculos faciales con el fin de adoptar una máscara seria-Nunca es demasiado, además, estoy locamente enamorado de ti, creo que eso me permite hacer cosas exageradas, ¿No crees?-comentó sonriendo pero con un tono de voz que dejaba muy claro que era verdad, cualquier duda o problema que hubiese tenido antes estaba ya de lado, lo amaba y eso simplemente era lo importante-Eh..Que hermosa pintura la de aquel lado-apuntó con el índice, riendo puesto que intentaba desviar la atención acerca de su pregunta, sólo por molestar.

Sus mejillas se ruborizaron y el calor subió hasta estas esparciéndose por toda la zona, sus palabras eran dulces y tocaban las hebras más finas que componían a su ser y modulaban su sentir-Sabes como agradarme, eh-comentó sonriendo y jugando con sus uñas removiendo la cutícula de estas. Simples palabras podían ser pero al salir de sus labios adquirían importancia y fuerza, removiendo su interior de una forma única y que sabía que nadie nunca podría lograr-Descuida, sé que a veces eres lento mi vida-comentó aún algo ruborizado, pero bastante decidido a tener constante contacto físico con él, pasando sus manos alrededor de su silueta suavemente.

-Bueno..tienes razón, no me quejo cuando veo alguno que otro bien parecido en la pantalla-comentó mirándole y riéndose, no es que se pasara el día pegado a la televisión pero cuando llegaba a su habitación y no lograba conciliar el sueño tan fácil prefería encender el aparato y fijar la vista en lo que esta tenía para mostrarle, ocasionalmente había algo decente, sobre todo en HBO, su canal favorito por excelencia dado que alberga las series que seguía cuando tenía la oportunidad, últimamente su atención se había quedado bastante con Penny Dreadful, la cuota de misterio e intriga que Eva Green le aportaba al programa era invaluable y seguramente Aiden, en sus más locas ideas se imaginaba siendo parte de aquella trama e investigando los macabros asesinatos que sucedían en el siglo XIX.

-No me vas a decir que eres la perfecta imagen de una Musa Inspiradora, estás algo barbudo, no hueles a flores o algo dulce y ni digamos de una silueta o presencia etérea..aunque si hablamos de tu cuerpo...-agregó mordiéndose el labio por ello, la anatomía del castaño resultaba demasiado atrayente e interesante para él, no podía negarlo ni tampoco había la necesidad, le deseaba como a nadie y eso era una extensión de todo lo que por él podía sentir-Bueno, ya me entiendes-carraspeó para adquirir un aire más serio, puesto que de seguro estaba bastante desinhibido en aquel instante y no podía olvidar que estaban en un lugar público, así que sus manos debían de estar a una distancia razonable y por sobre todo, moral.

Divertido estaba, no había duda, pero también podía sentirse relajado puesto que no recordaba la última vez que logró tener una charla con Viktor y ser lo bastante sincero como para decirle lo que pensaba sin tener la sensación de que desataría la Tercera Guerra Mundial-No, espera, no es que te esté criticando o diciéndote que eres detestable, sólo te decía que cuando trabajas te sumerges tanto en tu propio mundo que todo lo demás deja de tener sentido para ti..-tragó lentamente-Por mi parte, no tengo cara para criticarte, suelo ser así también..sólo, ya sabes, me gustaría que tuvieses presente lo que siento por ti..y que respondas al menos mis mensajes, sólo eso-alzó las manos en señal de paz, jamás le pediría que dejase su trabajo de lado para darle tiempo a él, antes prefería morderse la lengua puesto que en cuanto a trabajo se refería era muy consciente. Para reforzar lo que decía, estiró una de sus manos y acunó el perfecto rostro de su novio, acariciando su tersa piel marmoleada con las yemas de sus dedos, un toque suave y lento, pero que esperaba el otro lo sintiese tan bien como él mismo lo hacía en aquel instante-No quise sonar de esa forma, como criticándote, empezó como una broma..pero hablando en serio, yo te amo tal cual eres, con lo bueno y lo malo-siguió acariciando su rostro suavemente, mirándole perdido en aquellas iris de color verde incandescente.

Escrudiñó su postura y sus movimientos, no entendía qué estaba haciendo al cerrar los ojos pero el toque de este sobre su cintura se sentía tan bien que cualquier pensamiento que pudiese tener se diluyó entre el torrente de emociones y endorfinas que se liberaron en su cuerpo-¿Ah si?, mira ve tú..que habilidad tan fascinante tengo..a ver..¿Y esto?-le rodeó completamente trayéndole hacia él luego de escucharle, sus manos firmes sobre sus caderas y su cuerpo pegándose al de este completamente, dejando caerse levemente mientras sus labios rozaban su oído-¿Te pone nervioso?-susurró suavemente, depositando más de un beso en su oreja y lóbulo, con una sonrisa coqueta y traviesa, por sobre todo.

-¿Nos has comparado con Paris Hilton?-alzó una ceja de una mala forma-[color=#000066]No digas algo como eso nunca más, que te morderé y no de una forma agradable[/color]-arguyó con una risa, sujetándose el estómago levemente-Pero bueno, creo que bajo esa pésima analogía, algo de razón tienes, como sea, ¿quién sabe?-se dijo en un tono que indicaba más una conversación a solas que con el castaño.

Le dedicó una mirada unos tantos segundos, intentando parecer serio pero terminó por reírse como en tantas ocasiones-¿Me has visto reírme en algún momento?, me refiero cuando te hablaba de ello-le miró divertido, dando a entender que no estaba bromeando, realmente sus hermanas podrían simular la Inquisición con el escritor-Tómatelo con calma por ahora, eso ya lo veremos cuando llegue el momento-comentó palmeando su pecho ligeramente fuerte, pero sin causar ningún daño o molestia. Evadió la mirada interesada de este, a pesar de que ya era un hombre hecho y derecho, fuerte y bastante seguro de si mismo no podía evitar sentirse débil cuando de una forma u otra se aludía a su pasado, específicamente a su padre-Si, sólo ellas y yo...-comentó y pasó una mano por su cabello para peinarlo hacia atrás, signo de una especie de acto recurrente en él cuando se sentía presionado-Al menos desde hace muchos años..algún día te contaré sobre eso-comentó dejando caer una mano sobre su hombro y sujetándolo con fuerza, como para reconfortarlo, aunque en aquel momento quizás él lo necesitaba más.

Bastó morderse la lengua por algunos segundos para volver a su estado de antes, era ahora más consciente del estado en el que se encontraba, un constante vaivén de emociones que antes había logrado mantener a raya, más ahora por la presencia del castaño las liberaba sin contención alguna-Siempre haces sonar todo tan lindo y fácil..odio eso-comentó con el más grande puchero que podría haber tenido desde hace un tiempo bastante considerable, su mano se sentía cálida entre las ajenas-¿En serio?-comentó alzando una ceja extrañado, no pensó jamás que él podría encontrarse en aquella situación, por su parte consideraba que el trabajo de Viktor era bastante elegante e influyente, más por sobre todo importante o al menos él lo veía así-Están locos..con todo el respeto, pero mi Guillaume-bromeó con el nombre-Es todo un escritor reconocido y muy talentoso, por cierto-comentó sintiéndose mucho mejor, quizás la sensación no le pertenecía del todo pero lograba alzarse en aquel instante-Deberían estar orgullosos de ti, después de todo eres inmortal de cierta forma-agregó mirándole, siempre consideraba que los artistas sin importar su disciplinaba podían vivir para siempre a través de sus obras, su nombre jamás se perdería mientras la cultura y la recreación fuesen parte del ser humano y no era una cualidad o característica que considerase prescindible.

Calor subía mermando sus órganos en su paso, su esófago quemaba hasta volcar en su garganta una carga ígnea que tan sólo nublaba su ser, sentirse amado recíprocamente era una batalla ganada frente a otras que había perdido en el pasado, una que se sentía tan bien que hasta le dolía. Su respiración estaba más agitada de lo normal y un leve jadeo escapaba de sus labios, su corazón latía como debía de hacerlo al lado de este, fuerte y claro-Demuéstramelo entonces-agregó por lo bajo pero lo suficiente para que este pudiese escucharlo, con un tono de voz totalmente ligero que podía atender a su estado en aquel instante.

Esperando una respuesta de este se mantenía ocupado disfrutando del tacto de su piel, de su calor que emanaba y del olor que su cuerpo tenía, combinado con una loción de la cual no podría discernir los componentes, ¿Canela?, ¿Roble?, toques de Lavanda quizás, no importaba, en otra ocasión quizás le preguntaría por ello y saldría de la duda, y aunque no parecía algo importante, incidía en que el aroma le recordaba tanto a él que quizás compraría una botella..más claramente no tendría el mismo efecto ya que debía de sumar a ello el propio pH de la persona, modificando la esencia y haciéndola totalmente personal-Bueno, yo lo intenté, que conste-agregó sonriendo y disfrutando de la pose que le hacía adoptar-Sí señor...además no todos los días tienes al Teniente de la Policía para ti sólo, así que aprovecha-rió y acarició su pecho suavemente y ascendió hasta su cuello, colgándose de este para observarle, más a sus labios que a la mirada de este-Vamos a comer entonces, pero antes un pequeño aperitivo-agregó para luego estirar su cuello y por consiguiente su rostro para alcanzar los labios de este, deslizando los propios con cierta fuerza, moviendo su boca para adaptarse a la ajena mientras sus manos bajaban hasta alcanzar las de su novio-Nunca me cansaría de esto-terminó cuando se separó de este, cuando el aire era necesario y seguramente el mismo ambiente ya se volvía insostenible para aquellas demostraciones de afecto públicas.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Sep 25, 2015 6:12 pm
¿Lo hago muy seguido?— cuestionó con diversión. Era una pregunta retórica, pero la respuesta llegó de una manera que él no esperaba y se apresuró a negar con la cabeza. —Está bien—. Le acarició el brazo, como si aquel gesto fuera suficiente para dar vuelta a la página. Lo importante del ahora es que finalmente estaban juntos y podían disfrutar de su relación sin tener que preocuparse de las nimiedades que en el algún momento del pasado les parecieron un gran problema, un impedimento. —Pero no eres ningún idiota. Yo te entiendo. Paso a paso, ¿recuerdas?— añadió mirándolo. Ésta vez lo decía en serio, porque si bien no podía imaginar el esfuerzo que significaba para Aiden apartar el suceso de su separación, sabía muy bien que no debía ser nada fácil. Empezar de nuevo no siempre es tan sencillo para quien se vio más afectado con la situación. —Aunque definitivamente nos saltemos algunos— mencionó pasajeramente. Enlistarlos no entraba en el plan, se entendía de todos modos. Y en cuestión de minutos se entendería cada vez un poco más.


Bueno, sí. Es cierto— convino casi de inmediato. Engañarse no le serviría de nada, puesto que él también se impulsaba hacia los extremos cuando se trataba de Aiden. Quería complacerlo, saber que a su lado era feliz y que dicho agrado y bienestar estaba entrelazado desde el principio hasta el final. A pesar de todo, una gran parte de su vida giraba alrededor del rubio. Daba igual que estuviera a cientos o miles de kilómetros de distancia algunas veces, para Viktor resultaba imposible apartarlo de su mente.
Al escucharlo, el castaño enarcó una ceja y sonrió sin ni siquiera girar el rostro y echar un vistazo a la supuesta pintura hermosa que le privó de su atención, rápidamente contagiándose por la risa de él.

Se encogió de hombros. —Es lo que intento—. Y estaba decidido a continuar haciéndolo. Cualquier cosa parecía pequeña e irrelevante si la comparaba con una sonrisa suya; con aquella sensación extraña que parecía recorrer sus venas ante la peculiaridad de Aiden, aquella manera única de remover los sentimientos acumulados en su interior. —No puedo creerlo...— murmuró a voz impresionada, agachando la cabeza y aferrando los labios entre el cuello y la oreja del policía. Seguía abrazándolo, sonriendo, deslizando sus labios en apenas un roce sobre la piel de éste conforme su cuerpo se apretaba más al ajeno. —Aún tienes el mismo aroma— complementó al dar con su barbilla, donde dejó un beso. —Delicioso y embriagador... ¿Crees que ahora estoy yendo muy rápido o ambos vamos muy muy lento?
A decir verdad, no pretendía probar nada con eso o convertirlo en una invitación a... bueno, la galería del arte personal y en conjunto, aunque tampoco le habría disgustado. Incluso pensó que no tenía sentido alguno su contexto de mezclas, pero así es Viktor. La mitad de sus comentarios no se piensan. La otra mitad parecen relacionarse cuando en realidad no tienen modo de hacerlo. Un pequeño beneficio de haber jugado con las palabras durante tantos años, tal vez.

Ya lo creo que no— respondió, dándole razón. La mayoría de la población —suponiendo un calculo impreciso y completamente inexistente hasta el día de hoy— usa la televisión para lo que probablemente fue hecha (entretener), además de los informes de noticias, el clima y los comerciales molestos que están llenos de mentiras y lemas que dejan mucho que desear, pero que igual se puede encontrar en la radio. Así que si estoy agotado porque pasé un largo y pesado día y encima pago mis impuestos, ¿no es justo que al encender el televisor vea algo entretenido y ya de paso, físicamente espectacular? Venga, por supuesto que sí.

Viktor se aguantó de soltar una carcajada, apretando los labios con una leve sonrisa dibujada en su rostro. —Oh, eso es muy amable de tu parte. Alabar mi cuerpo silenciosamente y con un gesto, no sé, dan ganas de besarte como... ya me entiendes, pero me temo que el señor veinte pasos atrás sufra un infarto y se le caiga su bastón— su voz fue bajando de normal a convertirse en un susurro, cual si fuese un secreto privado; que no era, sólo quería resaltar aquella parte al notar que Aiden respondía al buen papel de contenerse. Luego regresó a lo habitual. —En fin, ¿preferirías que fuera buena musa y me afeitara más seguido, usara jabón de chocolate y me perfumara con una loción de uva o algo así? Porque yo creo que lo dulce es comestible... pero literalmente— mencionó poniéndose serio, aunque no tardó en sonreír y resoplar una breve risa. —Es broma. Una mala, lo sé. El otro día estaban dando repetición del documental de Jeffrey Dahmer.

No, descuida— comentó, bastante relajado. La cercanía de Aiden lo arropaba con una seguridad absoluta e inesperada, fiel al contacto de sus manos. Lo escuchó y asintió con la cabeza. —Yo estaba bromeando también... algo, creo. Pero Aiden, en verdad te agradezco que me lo digas porque nadie más lo hace. Lo aprecio. Y no quiero seguir levantando bardas a mi alrededor cuando trabajo o cuando hago cualquier cosa, lo he hecho desde siempre. Y luego, ya sabes, soy yo quien exagera y te hace exagerar y entonces exageramos ambos— esbozó una sonrisa— porque se nos da muy bien. Pero lo haré, lo prometo. De ahora en adelante voy a tratar de ser menos gruñón y obsesivo con esto. Quizá funcione sólo un poco al principio... digo, prometer algo que no estoy seguro de cumplir del todo es como mentir y, bueno, quiero ser sincero contigo en todo. Hay muchas cosas que me gustaría contarte y estoy seguro de que pronto lo haré. Lo haremos ambos. Además, estos trabajos han absorbido cada minuto de nuestras vidas en los últimos años ¿no? Creo que es comprensible estar un poco zafados o fuera de nuestro sitio.

El cosquilleo que sintió en el lóbulo de su oreja contestó en su lugar, porque le obligó a ladear la cabeza y se apartó de su cuerpo con una sonrisa en los labios, sujetando la mano de Aiden en el proceso y llevándose la otra directamente al cuello. —— admitió, mirando al piso y de inmediato hacia él.
Lo has hecho a propósito. Pero sí, me pone... me pone nervioso y tiembla todo, porque... ¿por qué estoy tratando de explicarlo?—. Miró a su espalda y luego retornó sus ojos de vuelta en Aiden, fijos en los suyos. Le costaba controlarse con él. Hace unos años no se permitía ninguna muestra de cariño en público y ahora no parecía la misma persona de antes, no quedaba rastro de ello. Lo atrajo por la cintura y lo besó suavemente en la boca. —Eres fascinante— dijo, como si no hubiera existido una enorme pausa entre este y su comentario anterior.

Pues me gustaría tener su sentido del humor y la capacidad de «me importa un carajo lo que se diga de mí», ya que no se pone bragas— comentó con gracia, echándose a reír un instante después. No, definitivamente no se comparaba con ella y a Aiden mucho menos. Sólo era una opción de las posibilidades. Si ella puede, todos podemos. Sin embargo, abandonó el asunto de la famosa millonaria porque la recaudación de sus ganancias en el último año bien podrían cerrarle la boca, seguramente.

Sí, bueno, jamás he estado en un interrogatorio. Me pregunto si me sudarán las manos cuando me cuestionen cuáles son mis intenciones— bromeó, a pesar de que no estaba así de tranquilo por dentro. Podría no tener a ninguna de sus mujeres delante de él en aquel preciso momento, pero lo haría tarde o temprano y ya empezaba a sentir el ánimo de repasar algunas respuestas a sus probables preguntas, por si acaso. Lo miró con interés y aguardó por su respuesta durante más tiempo del que esperaba. Fue entonces cuando supo que debió callarse un minuto atrás. —Claro, claro. No te preocupes, en algún momento será— dijo a continuación, rápido y práctico: olvidémoslo hasta que estés listo, y le tomó la mano cuando la dejó caer sobre su hombro, apretándola en señal del apoyo que aún cuando no era capaz de comprender, sabía que él necesitaba.

Es que todo debería ser lindo y fácil, amor. Nosotros mismos lo complicamos, es la parte divertida de ser humano— le aseguró, pudiendo decir algo más acertado como que recordar la profesión que ejercía y la manía de encontrar lo bueno en cualquier lugar, siempre que lo pronunciara en voz alta. —Sí, sí. Creen que me quedé publicando relatos cortos en revistas francesas o algo— se explicó, más bien por las suposiciones que él mismo había sacado hace algún tiempo. —Ouh, eres muy dulce. Siempre encuentras la manera de hacerme sentir bien y exitoso— dijo, pensando que también había tenido mucha suerte. Estados Unidos abrió puertas a su carrera cuando se mudaron, y una vez creció y llegó hasta la lista respetable de vendidos, le destinó conocer al hombre de su vida. —Aunque el nombre de verdad sigue sin convencerme. Mamá lo eligió porque le gustaba un actor de teatro con quien no se pudo casar y tenerme, pero suena muy elegante para mi gusto.

Viktor se inclinó y sus labios rozaron los de Aiden con ligereza. —No creo que suena una buena idea ahora— musitó, completamente seguro de que él entendería cuál demostración surcaba por su mente para probarlo. —Pero... tenemos todo el día— recalcó entonces, y apretó el abrazo cuando unió su boca con la del contrario, sintiendo la suavidad y el calor que albergaba su boca antes de alejarse lentamente, haciendo que sus labios emitieran un chasquido como de succión al separarse.

Y gracias por esos pequeños favores— comentó el castaño, sonriendo ante la seguridad de Aiden por sus besos. Él tampoco se cansaría. Así le faltase el aire, en poco tiempo ya sentía la necesidad de volver a unir sus labios en aquella simple y agradable demostración de afecto.
Considerando que el calor que sentía no debía causarlo solamente el clima natural de California, decidió que en lugar de rodear su cintura con el brazo, lo mejor sería sujetar su mano mientras se encaminaban a la salida. —Un minuto— pidió cuando estuvieron fuera, a unos pasos de distancia de la puerta. Le soltó la mano y se quitó la chaqueta, sacudiéndola después de sacar el celular y alzándola luego por las mangas, que no tardó en sujetar alrededor de su cintura en cuanto guardó el aparato en su pantalón. —¿Parezco un niño de primaria o más como Kurt Cobain?— cuestionó alzando las cejas, y enseguida alargó su brazo y extendió la mano, pidiendo la suya con el gesto. De todos modos no se pondría la chaqueta como turbante, así que...
¿Caminamos por donde sea y entramos al primer restaurante donde sirvan a lo marroquí?— inquirió, suponiendo que elegir el primero o el más lejano valdría igual la pena estando en la zona más prestigiosa de todo el estado.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Sáb Sep 26, 2015 1:45 pm
Le observó con esa típica mirada que por si sola hablaba más la curvatura de sus labios sugería una respuesta totalmente distinta-Eres muy amable, pero si lo soy, más de lo que debería pero bueno, es lo que a uno le toca-se encogió de hombros y se rió, no era la primera vez que se sentía así y como siempre, Aiden era el peor enemigo de Aiden, su más duro crítico-Si, paso a paso-le sonrió amablemente, aunque sabía que eran palabras más fáciles de decir que cumplir, y al parecer el castaño lo tenía igual de claro-De todos modos, ¿Quién los cuenta?-convino mirándole y asintiendo, quizás había sido una sugerencia o más bien una condición que el mismo había impuesto para darle una nueva oportunidad al castaño, sin embargo, ni siquiera él mismo podía propiciar aquello ya que muchas veces se sorprendía avanzando a pasos gigantes, movido por lo que fuese que existía en su pecho que crecía cada vez más y más menguando al poder que tenían sus pensamientos en su actuar.

Sonrió al escucharle darle la razón, no podía negar que el amor le había pegado bastante fuerte y posiblemente alteró más de algún mecanismo en su cuerpo, quizás un engrane menos o una mala conexión fueron el resultado de su enamoramiento sin embargo no se lamentaba por nada, aquel estado constante de embelasamiento era demasiado agradable y fuerte como para rehuir de él, de cierta forma, sentía que se había entregado sin luchar, sin siquiera contemplar oponer un poco de resistencia. Sabía que su estrategia era pobre por lo cual no fue sorpresa que el castaño no se permitiese girar en lo más mínimo, aún así la había utilizado como un recurso pobre pero que logró al menos un cometido, hacerlos reír a ambos-Jamás dejes de hacerlo..-convino suspirando suavemente, sintiendo su respiración comenzar a agitarse en una posible hiperventilación, culpa de un diafragma inexperto a los constantes cambios que se producían en su pecho por cada emoción que el rubio experimentase.

Se estremeció levemente ante el contacto de sus cuerpos, los labios de Viktor eran el fuego que encendía su piel, su cuerpo entero vibraba ante el contacto que se volvía un estímulo tan fuerte como la propia electricidad debería sentirse ante la menor de las descargas-Debe ser la loción, Eso es, ¿No?-comentó dejándose hacer por este, cayendo a su merced sin embargo sin soltarse ni un centímetro, al contrario sujetándole con fuerza-No sé cual sea la respuesta correcta, pero tan sólo..-comentó con un jadeo que no esperaba, más su cuerpo se sentía de una forma muy distinta a lo que su mente le indicaba, le estaba costando más de lo racional controlarse, mantenerse sereno y no ceder ante la presión que en si mismo existía-Creo que lo segundo...le apuesto 5 dólares-agregó suspirando y apegándose un poco más, embriagándose por el contacto de Viktor y deseando no haber estado en un lugar tan público como ese, no si deseaba materializar lo que en su mente se alzaba como una exhibición más natural.

Serenándose poco a poco se dejó contagiar por las risas que reinaban en aquel lugar, risas que provenían tan sólo de ambos y que seguramente eran demasiado ajenas al ambiente que reinaba en aquel lugar, seriedad y opulencia que suponía destacaban a una Galería de Arte y más del estilo del cual esta parecía rebosar-¿Amable?..No, créeme que no lo hago por amabilidad..sabes tan bien como yo que hablo por...experiencia-comentó pasando levemente la lengua por su labio inferior, un impulso propio de lo que crecía en lo más profundo de su ser-Me encantaría que me besaras así..pero tienes razón, no podría..-argumentó riendo, aún algo entusiasmado por la situación en la que se encontraba pero deseoso de encontrar aquel punto de inflexión al momento. Agachó su cabeza levemente como correspondiendo al momento en el que se sumergían ambos-Para eso estaría con una mujer, ¿No crees?-se rió mirándole y pasando el dorso de la siniestra por su rostro apreciando el roce de su barba contra esta-¿Cuál es el gusto de provocarme?-aventuró sonriendo pero luego cambiando el semblante ante su comentario-Y ahí estás, dándole un giro escalofríante a las cosas-se cruzó de brazos en una especie de reprimenda, aunque al menos se había enfríado bastante luego de recordar la historia de aquel sujeto apodado "El Carnicero de Milwaukee", una corriente gélida recorrío su espina dorsal tan sólo de recordarle, él era famoso entre los Policías, fueses ya senil o nuevo no podías ser ajeno a uno de los más recordados asesinos en serie de la historia de Estados Unidos, menos uno tan relacinado al mundo homosexual.

-Más te vale que estés seguro, mira que creer no nos lleva a buenos términos-agregó medio riendo, medio en verdad, sin embargo le escuchó atentamente asintiendo ante sus palabras-Como te dije, no soy quién para criticarte..pero, ahora que soy tu novio creo que me puedo aventurar a ello, ser un poco más posesivo-agregó sonriendo, agradecido por el esfuerzo que notaba que el otro hacía-No seríamos nosotros si no lo hiciéramos, ya sabes, no todo puede ser perfecto, no en esta vida-comentó relajando su antes tensa postura, relajándose frente a este y estirando una mano para colocar el índice sobre la boca de este, a modo de callarlo-Hablas mucho a veces..No te he pedido nada, ni lo haré, pero agradezco infinitamente el tan sólo que consideres intentarlo, de verdad, no sabes cuánto significa para mi eso, considerando todo, claro está-le dedicó una mirada llena de gratitud y amor, esperando demostrarle que de verdad no podría pedir más en aquel instante-Eres el mejor-agregó en última instancia, acariciando su mejilla suavemente.

Su movimiento atendía claramente a provocarle y tras comprobar que había dado resultado simplemente argulló una risa y una sonrisa que decía por si misma misión cumplida-Oh vamos,no tienes que ser tan inteligente para darte cuenta que esa ha sido la intención-rodó los ojos y bufó con risa-Porque, amor mío, cuando te pones nervioso tienes a parlotear...más de lo normal-comentó con un gesto y una mirada bastante burlona, ávido de tomarle el pelo en aquel instante. Cualquier otro intento desapareció en el instante que sintió los labios de este acariciar los propios, perdiéndose en el aquel gesto tan fugaz como la inspiración misma-¿Suficiente para quedarme en este lugar?, digo, ¿como una obra de arte más?-agregó con una leve risa, bromeando al más puro estilo que podía convocar en aquel momento.

-Basta, no es un buen ejemplo en ningún caso, ni siquiera la cantidad de dinero que posee es suficiente para hacerla merecedora de traerla a la conversación-agregó alzando un dedo a modo de advertencia pero todo en una satirización ya que realmente no creía cómo habían terminado conversando acerca de Paris Hilton.

-Para tu suerte yo si he estado, bueno, yo los hago así que te puedo ayudar un poco, aunque..-se pausó tocándose la mandíbula lo que indicaba que estaba pensando algo-Mis hermanas suelen tomarse las cosas demasiado en serio, digo, son fiel reflejo de Alemania y sus ideales..no, espera, suena a que las estuviese comparando con Hitler o algo por estilo..descuida, no te torturarán o algo así, fue un simple comentario tonto-agregó mirándole intentando, aunque casi fracasando en obtener un rostro más cómico, aún no se podía sacar de la cabeza a su padre pero debía de hacerlo, el pasado no podía golpearle de esa forma, no ahora, no en un futuro-Te prometo que así será-agregó curvando las partes más externas de su boca en señal positiva ante el contacto de su mano, cálida y protectora.

-Lo lindo y fácil sería aburrido al final, no sería equilibrado después de todo-argumentó mirándole, encogiéndose de hombros ante su versión de aquello, su opinión simplemente. Le observó y le sacó la lengua, en un estilo infantil-Oye, te digo que no lo hago por querer agradarte, es la verdad, bueno, mi verdad, mi impresión de todo, la cual claramente no tiene porqué ser la de todos-comentó mirándole, para Aiden él resultaba ser un muy buen escritor y ninguno de sus libros hasta el momento había sido de su desagrado, quizás no podría gritar a los cuatro vientos que era lo mejor que había leído en su vida pero claramente jamás concluyó que había perdido el tiempo como con otros autores que terminaban por dejarle con un enorme signo de interrogación en la frente-Es..elegante, sí-convino sin poder encontrar las palabras adecuadas para describir qué es lo que le provocaba aquel, mejor callar y hacer como que nada pasó por su cabeza.

-Siempre podemos encontrar el lugar y hora adecuada..pero bueno, te lo dejaré pasar por esta vez-comentó pasando la lengua por el labio inferior de este al acercarse un poco más-Pero como bien dices, tenemos todo el día..así que no podrás escapar de una segunda-comentó perdiéndose en su boca, disfrutando del sabor de sus labios tan dulces y húmedos que al mero contacto se sentían ligeros.

Asintió sin la necesidad de agregar un De nada, ya le había expresado en más de una oportunidad que por él haría todo lo que estuviese en su poder y más si se lo proponía, una sonrisa en su rostro era todo lo que necesitaba para darse cuenta de la felicidad de este y con eso él también lo era, recordó una frase que había escuchado decir a una muy famosa cantante hace un tiempo "Cuando la felicidad de otra persona es tú felicidad,eso es amor", Lana del Rey, ¿Quizás?, no estaba del todo seguro, pero le parecía que aquella era la respuesta correcta.

Caminó a su lado con los dedos entrelazados en la mano de este, firme en su agarre sin permitirse el menor afloje de un gesto que para él denotaba seguridad-Está bien-comentó cuando le escuchó, el Astro Rey se alzaba por lo tanto dejando caer sus rayos sobre la tierra y por consiguiente en cualquiera que estuviese por encima de ella, incluyéndoles claro está, llevó la diestra hacia sus ojos para intentar desviar la reflexión sobre sus ojos que le impedían ver con total claridad, desventajas de poseer unos ojos tan sensibles debido a la ausencia de melanina, la responsable del color gélido de sus iris. Enfocó con mejor ángulo hacia su novio el cual parecía bastante ocupado en algo que no logró ver hasta el resultado final-Definitivamente el primero, bueno, un niño con serios problemas hormonales diría yo-comentó llevándose la mano hacia el abdomen para aligerar el movimiento que su risa provocaba y que tendía a una ligera tensión-Lo siento mi vida, sé que hubieses deseado lucir como Cobain, pero no te puedo mentir..además, ¿Sinceramente te gustaría parecerte a un muerto?-comentó con una leve risa aún y luego estirando su mano para coger la de este, entrelazando sus dedos de paso de una forma bastante compenetreda y fuerte, por sobre todo.

-Me gusta tu plan, aunque modificaría un poco lo de "caminamos por donde sea"..recuerda que ya hicimos eso y no nos fue demasiado bien-argulló apretando su mano con una sonrisa amplia-Digo, estuvo bien la primera vez, pero no sé si una segunda, sobre todo si estamos hambrientos-le atrajo utilizando su mano mirándole-¿Y si le preguntas a tu nueva mejor amiga, Siri?-preguntó mirándole, posiblemente podrían conseguir una recomendación del mejor lugar para degustar la Gastronomía Marroquí, ya que de seguro no existía tan sólo un lugar dedicado a él, o al menos así le había parecido cuando los muchachos hablaban de ello.[/color]


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Dom Sep 27, 2015 3:06 pm
Viktor lo miró ladeando la cabeza; casi sonriendo, pero no del todo. —Bueno, pues yo seguiré diciendo que no es así de todos modos— imitó su gesto, encogiéndose de hombros. De cierta forma ellos dos se parecían tanto como se diferenciaban, pero daba la impresión de que aceptar los comentarios amables cuando en verdad no se piensa que vayan contigo venía fuertemente arraigado en la mentalidad de ambos. Y quizá en la mentalidad de muchos otros a la redonda, el porcentaje que prefiere guardarlos bastante a fondo y que en realidad no espera oír lo contrario todo el tiempo. Son pocos, eso sí. En la familia de Viktor, por ejemplo, aún se tiene un lema silencioso para los elogios y los mensajes alentadores, muy semejante al de no compartir tus problemas pasajeros y jamás hablar sobre ellos hasta que se solucionasen y de esta manera evites preocupar a los demás. Parecía digno de las personas poco egoístas, pero se trataba de lo contrario. Una cuestión de orgullo que te permitía arreglar tus asuntos sin convertirlos en un espectáculo familiar, uno donde no todos los presentes disfrutaban de tender la mano y sobarte la espalda por simple solidaridad.

Por supuesto que no, pensó para sus adentros. No dejaría de hacerlo. No abandonaría el fantástico descubrimiento que logró al conocer a Aiden, porque alejarse de él estaba fuera de las opciones. La idea de que su suerte se interrumpiera de un instante al próximo le provocó una sensación desagradable, así que se obligó a olvidarlo diciéndose que debería comenzar a ser más positivo. Pensar en las buenas posibilidades de futuro para su relación —de las cuales podría hacer una lista, ya que a su perspectiva debía ser una cantidad extraordinaria—, en lugar de perderse en la orilla de su inadecuada exageración.

Supongo— sonrió Viktor, definitivamente tentando a su suerte con lo que estaba haciendo. Sabrá en qué mundo se le ocurrió que podría ser buena idea provocar y provocarse a sí mismo un estimulo que no sería capaz de controlar estando en público, porque unos cuantos segundos y un poco del calor ajeno apoderándose de su bajo vientre fue preciso darse cuenta. Su sangre bullía a través de sus venas con gran celeridad, y la respuesta que obtuvo no fue precisamente digna de apartarse. Viktor se alejó unos centímetros de su rostro, pero no lo soltó. Sus manos se aferraban a la cintura de Aiden, tocando con sus dedos la ligera curvatura de su espalda, sintiendo cómo se deslizaba la tela de la camisa cada vez que ellos hacían un movimiento. —Oh, qué afortunado. Acabas de ganarte cinco dólares— pronunció apenas audible, aunque gracias a su cercanía fue suficiente para hacerse oír. Ésta vez el pensamiento de autocontrol cobró más fuerza y se obligó a ser consciente, por lo menos una vez y hasta que terminara el día, hasta que el cometer de las imprudencias en la calle se tornara hacia un lugar más privado, más suyo. Donde no existieran las interrupciones.

Joder... Aiden. Soy de piel sensible, vas a hacer que me ponga muy rojo— soltó una leve risa, frotándose el cuello con la mano. Hacía eso cada que se avergonzaba o se ponía nervioso, como si fuera un aviso en reproducción automática. Sin embargo, la reacción de entonces estaba completamente justificada. Las imágenes que aparecían en su mente se encontraban demasiado lejos su apariencia actual, o de su apariencia en general. Era Aiden. Él y su especial manera de encender el interruptor de su cuerpo.
Ciertamente, ya no estoy seguro de lo que creo. Creo que no estoy pensando justo ahora, todo me dice actúa y luego yo digo: No... no es correcto, eso es presumir cuán feliz y dichoso me siento. Y ya sabes... lo que sea— sonrió, dedicándole una expresión divertida. Sólo estaba hablando por hablar, para tranquilizar a su mente y sus instintos con el cambio del tema. Enfríate. Enfríate, enfríate, enfríate. —¿Qué puedo decir? No tengo idea, al principio esa no era mi intención. Luego me salió por partida doble— respondió, justificando el hecho al incluirse también. —Venga, ya me conoces. Además, esto no es Winsconsin, estamos a salvo— agregó después, suponiendo que dos caníbales en la misma zona americana no deberían ser coincidencia. —Está bien, basta. Es una mala broma y el remate peor. Aunque se supone que sean cruelmente divertidas, como los chistes de los ancianos. Pero no... no lo son. La verdad es que necesitaba pensar en algo feo, por estar regalándome la necesidad de una ducha fría al provocarte.

Se habría callado de cualquier modo, pero aún así agradeció que Aiden se encargara de hacerlo. Hablaba mucho cuando su intención no era otra que sincerarse, y aquello no formaba parte de su día a día. Estaba oxidado en los términos para justificar tus errores y tus defectos, porque no solía admitir los suyos y comúnmente renegaba de los ajenos, buscando culpables y justificaciones para los propios. Se limitó a responder con un ligero asentimiento mientras lo escuchaba, luego lo miró con una mezcla de cariño y agradecimiento, la clase de miradas que se almacenan en la restringida reserva para las personas más importantes de nuestra vida. —No, tú eres el mejor.

Podría haber dicho que él no parloteaba, pero además de estar mintiendo estaría parloteando, así que no dijo nada. Sonrió y miró al techo, cubriendo sus manos con la cara por un vago instante. Estaba seguro de que amaba a ese hombre, sólo que fue en aquel momento cuando todo se volvió claro y comprendió que sus palabras no se debían solamente a la primera fase, no estaba impresionado, no le encantaba y le atraía de una forma irresistible, no se trataba de un magnifico compartir y querer del uno con el otro, era más que un enamoramiento. Y la magnitud de perderse en él suponía un significado demasiado grande incluso para su persona. —Ay, no. Nada de eso— se apresuró a replicar, y después de una brevísima pausa, le ofreció un sonrisa radiante. —A ti preferiría llevarte a casa.

Enarcó una ceja, desconcertado en un principio. —De acuerdo, eso fue... de acuerdo— selló despreocupadamente, levantando las manos y dejándolas caer en señal de rendición. No se pondría a discutir con su novio gracias a su mención de Paris Hilton, sus bragas, su dinero y su personalidad. Le tenía sin cuidado, así que desechó el tema como si hubiera sido un mosquito curioso al que se le azota en el aire. Adiós, mosquito. Has sido un pésimo ejemplo.

Viktor sonreía, un poco menos conforme Aiden hablaba y trataba de prestar atención a lo que vendría a continuación, a los cómo respecto a la reacción de su familia. Si tuviera siete años menos le hubiera parecido absurdo, pero no los tenía y necesitaba dar una buena impresión. Ahora le sugería un hecho doblemente importante. Sin embargo concluyó con una mueca que se esforzó por disfrazar, aunque no supo si lo habría hecho bien o no. —No sé si te habrás dado cuenta, pero tortura y hermanas no fueron una buena combinación para tranquilizarme— comentó, más o menos bromeando. Estaba seguro de que su Aiden no pertenecía a la nueva generación racista-homicida alemana y que tampoco pensaban fundarla. —Tal vez una idea previa de lo que querrán saber sí funcione, de menos para no bloquearme, hablar de más o algo parecido. Pero me la das un día o dos antes, cuando ya les hayas contado e inventado unas cuantas cosas muy buenas de mí— propuso de buen humor.

Viktor se rió y le apuntó con el dedo índice. —Pues no, no tiene que serlo. Pero no me saques la lengua, eh— concordó con su opinión— Aunque no estaría nada mal si lo fuera. El reconocimiento en los adultos es como los abrazos con los niños. Una vez, cuando quería ser papá; obviamente— lo dijo de tal forma que resultara un anhelo imposible. Viktor y los niños pequeños tendían a convertirse en una especie de enemigos, quizá porque no tenía medida y habitualmente los hacía llorar, sin quererlo ni preverlo— leí un artículo de una confiable asociación y decía que estas criaturas enanas deben recibir mínimo diez abrazos al día, para hacerlos sentir seguros y evitar la depresión unos años más tarde, ya que la información se almacena en tu cerebro y se va reproduciendo lenta... estoy hablando mucho otra vez ¿verdad?— se cortó a sí mismo. Últimamente no repartía sus trozos de conocimiento porque no salía de casa y su agente no era precisamente un hombre divertido al teléfono, así que tenía uno que otro dato curioso para compartir. —Como sea, lo que quiero decir es que los mayores nos juzgamos mucho esperando que los demás no lo hagan tanto. Y cuando no se logra ni por asomo, el rendimiento es peor al hablar de trabajo. Claro que algunos nos manejamos diferente, y a mí me da gusto saber que a mis abuelos moralistas no saltan y bailan por mis libros, porque si lo hicieran estarían locos o yo estaría haciendo un trabajo horrendo coincidiendo con su forma de pensar; algo ancestral si nos ponemos sinceros— chasqueó la lengua en señal de desaprobación. —Claro, elegante como de un siglo atrás y sólo en Versailles, pero elegante al fin y al cabo— añadió sobre aquel nombre, que sin duda significó el esfuerzo de Mathieu Bertholon para acostumbrarlo a Viktor desde que estaba en pañales.

¿Quién querría escaparse del sabor de unos labios como los suyos? Sería una injustificada locura, y la que parecía corroer sus sentidos era de un estilo bastante diferente. Viktor correspondió a su beso, lo prolongó cuanto sus pulmones le concedieron tiempo y se separó de su boca lentamente. —Toda la noche— dijo, explicándose enseguida— Tenemos toda la noche, también. Porque vas a quedarte a pasarla conmigo ¿verdad que sí?— la invitación lo había sugerido desde que abandonaron la comisaría, pero quiso confirmarlo. Ni siquiera sabía qué haría consigo mismo o con el coche, dónde lo dejaría, pero eso era cosa de opción múltiple e irrelevante. Si más tarde no lo necesitaban, pagaría por un sitio en el primer aparcamiento a la vista. Nunca están llenos. Y supuso que mucho menos en Beverly Hills.

¿De veras?— Viktor curvó los labios con expresión de tristeza. La cara que de ser posible, tendrían los perros cuando sin querer les pisan la cola. Vamos, que sí, esperaba oír que lucía más como Cobain y no el niño de primaria con problemas hormonales como graciosamente resultó. —Cuando estaba vivo, sí. Tal vez me gustaría ¿a ti no?— cuestionó divertido, mientras entrelazaba sus dedos con los de él— Yo creo que era apuesto. Fue mi ídolo cuando tenía edad para tener ídolos y vestirme como vagabundo... lo cual sigo haciendo, a veces— agregó de paso, frunciendo el entrecejo por la conclusión final. En su defensa, la ropa de vagabundo puede ser muy cómoda.

Me acusas de perdernos— negó con la cabeza, pero su pronunciación relucía simpatía. Era una tarde calurosa con un cielo despejado y él estaba disfrutándola con el hombre de su vida, ¿qué más podría pedir? —Si de algo sirve— prosiguió, apoderándose del celular y desbloqueando la pantalla. —En San Francisco no me hubiera perdido tan fácilmente. Lo habría hecho, sí, pero no así.
La imagen de fondo le presentó una fotografía de su gato Marvin y él lo borró del mapa por segunda vez en el día. El felino había sido un obsequio de su vecina de piso, la señora de los cien gatos. El mito hecho realidad. ¿Qué estaría haciendo Marvin en ése momento? Solo, en su piso recientemente limpio. Sería un desastre cuando volviera, aunque llegaría de tan buen humor que no le importaría si rasgó las cortinas o arruinó el tapizado de los muebles. —¿Sabes qué es triste? Creo que sí es mi mejor amiga, qué horror... Siri, necesito una lista de restaurantes con gastronomía marroquí en Rodeo Drive— pronunció, y al momento, el círculo empezó a cargar en la pantalla. Se abrió una búsqueda en el navegador y recorrió las opciones señalando de uno a uno, luego fueron dispuestos por la cantidad de estrellas asignadas. Bravo, Robot. —Bien... Hay tres en Rodeo, uno está muy lejos para mi hambre y mi repentina pereza, así que. Tagine está en la esquina del cruce entre Robertson y Willshire. Y si estamos en Willshire ahora, está por allá— señaló a través del parque municipal, dando justo donde una adolescente se paseaba agitando las bolsas de su última compra, así que sacudió la mano y la curvó aún más arriba, como diciendo: detrás de ella. La seguridad se debía al mapa de ubicación, ni más ni menos. —Vamos, igual aparqué de aquel lado— dijo, y se guardó el aparato cuando disponían a cruzar la calle.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Sep 28, 2015 7:05 pm
-Te encanta llevarme la contraria, Viktor-entrecerró los ojos y forzó una careta que tendía a la seriedad más tenía claro que no lo lograría, ni siquiera al endurecer su tono o la utilización de ciertas palabras podía obtener un resulto más tosco, después de todo para el hombre de su vida no tenía más que amor y sonrisas. El castaño no tenía la menor idea de cuanto mejoraba la actitud de Aiden, quizás no le hacía mejorar o modular su propio actuar, sin embargo se sentía más ligero a su lado, más animado y claramente más vivo cuando podía mirarle y no decir tocarle; odiaba ponerse cursi pero suponía que el amor le había tocado con fuerza y mermaba de cierta forma su cerebro obligándole a actuar de la forma en la cual jamás pensó verse.

Él era la representación de todos sus deseos, todos sus anhelos y de lo que para él se asemejaba con mayor éxito a la perfección, o a su ideal del hombre que le gustaría tener a su lado, al cual amar y por
sobre todo planear una vida longeva juntos, compartir todo lo que a él le importaba y le hacía sentir vivo, cumpliendo los más antiguos e intrínsecos instintos que caracterizaban al ser humano-Entonces págame..aunque tampoco soy exigente, podríamos llegar a un acuerdo-agregó con un tono bastante poco serio y más tendiente al juego, a cierto juego si es que el escritor captaba la idea.

Sentía aún las manos de este sobre su cintura y de no tener completa consciencia de lo contrario habría
jurado que este estaba pasando la yema de sus dedos por su piel desnuda, estimulando las más profundas fibras nerviosas de su ser que irrigaban ciertas partes sensibles al contacto de la persona que más quería y deseaba en su existencia.

-¿Con tan poco?..vaya, y yo que me estaba imaginando algo más..intenso para hacer-agregó sonriendo y retirando su mano, como un leve reproche mirándole y sonriendo ligeramente más tarde, confirmando que no era él unico que podía verse afectado por el ambiente y la propia ansiedad de la carne que pedía por la contraria, sumada a la propia y férrea angustia del corazón por ver a la parte amada a su lado en todo momento. -Si no estuviera a tu lado escuchándolo de primera mano no te creería-se pausó por unos segundos-Viktor Guilleaume Bertholon no está pensando, Oh dios, se acerca el Apocalipsis-bromeó con una ahogada carcajada, podría haberla soltado más debido a que estaban en una galería no era el lugar adecuado para ello. A pesar de todo, el rubio no se retiraba de su lado, su cuerpo le decía que no debía de hacerlo y como un sujeto de instintos no le quedó más que quedarse allí, sentir su esencia y el calor que este emitía eran algo que no podría describir más que completamente placentero-Sigues hablando demasiado-llevó un dedo hacia los labios de este para callarle, sin embargo no pudo evitar con el mismo-el pulgar en este caso-pasarlo por los bordes de sus labios y acariciarlos suavemente en un gesto íntimo y posiblemente incitante.

-No me refiero a que podamos estar en peligro, sino a lo morboso y horrible de la situación-agregó reprendiéndole, ahora si lo hacía y tenía hasta el tono adecuado para ello. Suspiró para dejar aquella carga que había asumido por una mirada coqueta-Un día te vas a arrepentir de provocarme..te lo advierto, cuando menos lo esperes-agregó con misterio y una mirada que podría dar parte de malicia, o simplemente una ligereza chispa de ello.

Podía tener un gran auto-control y ser un ejemplo de rectitud para cualquiera que le viese, sin embargo no dejaba de ser una persona, más específico un hombre y por tanto tenía sus necesidades tendientes a lo más elemental de su propia existencia.

Debía dejar de comportarse como un adolescente hormonal y ceder ante la presión, más a pesar de que su cerebro le sugería control y decencia su cuerpo entero vibraba en contra, extrapolando sus propios deseos que iban mucho más allá de una mera atracción física, No, Viktor no era tan sólo eso, para Aiden era un todo por lo cual no era de extrañar que se sintiese completamente atraído hacia él, al centro
de su propio Universo.

Ignoró el hecho de que este le contradecía profesando que el rubio era el mejor, suponía o más bien confirmaba que ambos estarían de la misma forma si se proponían involucrarse en un debate con aquel tema de centro, donde claramente no llegarían a ningún acuerdo exponiendo los argumentos de porqué el otro era el mejor, porque, a pesar de todo, compartían más cosas de las que suponían que los diferenciaba y una de ellas era la inagotable persistencia en cuanto a ser un completo cabeza dura-Estás tardando bastante, puede que venga otro con mejor ojo y termine por llevarme-se mordió la lengua tras unos segundos y rió-Sólo bromeo-se explicó alzando las manos en señal de ello.

Infló el pecho levemente al obtener la victoria por aquello, realmente era una conversación que no prefería tener por el simple hecho de lo absurda que era, más al contrario volcar su atención en la futura Inquisición que sus hermanas levantarían contra el escritor parecía mucho más interesante, avocándose a ello-Oh..¿Tienes miedo?-inquirió riendo y llevando una mano hacia su pecho-Descuida, piensa que sería como hablar conmigo..bueno, versión femenina y como un par de gemelas algo celosas-agregó a propósito riendo-Pero vamos, estás acostumbrado a entrevistas, no debería ser tan diferente de una-convino mirando hacia el techo buscando algún punto inexistente para él-En serio, sólo te estoy tomando el pelo, no hay de qué preocuparse, te querrán tanto como lo hago yo, bueno, no, yo te amo, claramente..tú me entiendes-agregó sonriéndole ampliamente, cada vez era más fácil decir aquellas palabras porque eran ciertas simplemente, y también porque el sentimiento parecía crecer a cada momento justificando la formulación de palabras en su boca.

Alzó las manos a modo de disculpa por lo de sacar la lengua, divertido y para nada arrepentido de un acto jovial y alocado-¿Querías?..-alzó la ceja mirándole y colocando la típica mirada que utilizaba cuando quería obtener información-¿Por qué hablas de ello como pasado?..¿No te gustaría tener alguno, de la forma que fuese?-preguntó con total intriga, realmente era algo que no se esperaba del castaño, no le veía como un padre pero no por el hecho de no poder, sino por la antítesis que su propia personalidad le otorgaba a aquella imagen..más aún así ya que tocaba el tema le causaba interés por saber, puesto que por su propia parte siempre había sido una meta, la culminación posiblemente de sus anhelos y un legado de su paso por este mundo. Le escuchó y se rió por su comentario, cualquier pensamiento tierno o alentador que pudiese haber tenido fue ahogado por la risa que comenzó a brotar dentro de él, allí estaba el tan esperado Viktor, aquel que tenía la capacidad de convertir una conversación o simple concepto en algo totalmente plano y gris-Niños, mi amor, se llaman Niños, o Infantes, o cualquier adjetivo similar..menos criaturas enanas..suena a Minions o algo por el estilo-convino pasando un dedo por el borde su ojo para alejar lo que parecía una lágrima debido a la fuerza con la que se había reído y que posiblemente había molestado a más de un crítico de Arte por el lugar-No, tranquilo, yo estoy acostumbrado-agregó calmado en gran parte y sonriéndole, ¿Cómo no podría amarlo?, hasta cosas como estas eran como una especie de cita ideal para él, por muy raro que pareciese.

-En conclusión, jugamos a ser grandes pero nos parecemos más a los niños de lo que nos gustaría aceptar, ¿Algo así?-le miró esperando que este le iluminase, consideraba haber captado lo que le decía pero no podía estar del todo seguro, menos con su novio, con él nada lo era. Rodó los ojos y se cruzó de brazos por un instante ante sus palabras-Deja de quejarte, tu Madre tuvo que tener sus razones para ello-defendió a la mujer sin siquiera tener idea de como lucía, más no podía evitarlo al parecerle un nombre bastante interesante, quizás no hermoso o perfecto pero sin duda era distinto y al castaño le quedaba de maravilla-Podría decirte Guille, mi hermoso Guille-le guiñó un ojo a modo de broma, mordiéndose el labio para evitar dejar salir una risa y así no restarle mayor seriedad al momento.

Un beso o unos cuantos no tenían diferencia alguna, aún así eran insuficientes para el rubio quién sentía una profunda compenetración con Viktor, besarle era más que un simple gesto físico, sino que en parte le permitía demostrar sus sentimientos y la intensidad de estos, la llama que ardía únicamente por el escritor y que se avivaba a cada momento que pasaban juntos-¿Es esa una invitación, señor Escritor?-agregó alzando una ceja tras separarse y llevando su mano hacia el mentón de este para sujetarlo, acercándole hacia su propio rostro aspirando su cálido aliento-Porque si es así tendría que pensarlo..ver mi agenda y la disponibilidad de tiempo-dijo alargando su cuello para morder su mentón suavemente, coqueto y juguetón, tanto con sus gestos como sus palabras.

-No realmente-concluyó mirándole, no era ni sería nunca su estilo, pero eso no quería decir que otros no pudiesen otorgarle un valor distinto al que el mismo profesaba por ello-Bueno, todos tuvimos nuestra época de hormonas e ídolos, curiosa tu elección por cierto-agregó sonriendo y acariciando suavemente su mentón, donde había dejado descansar sus dedos-¿Cómo es que nunca te he visto en aquella faceta?-inquirió alzando una ceja-A menos que fuese en la privacidad de tu hogar, puesto que en mi cabeza no hay recuerdo tuyo que no sea vestido casi como todo un hombre de sociedad, de etiqueta por así decirlo-comentó sonriendo, su novio siempre lucía pulcro ante su mirada.

-Oye, no he dicho eso, es más culpa compartida, ¿Sabes?-agregó sonriendo, claramente no se lamentaba por nada y mucho menos el haberse perdido con su novio, después de todo estar a su lado era suficiente para él, más que suficiente, era lo único que necesitaba para ser feliz-Aquí vamos de nuevo, "Que San Francisco tiene mejor clima", "Que la calidad de aire de San Francisco es un 30% mejor que Los Ángeles", "En mi San Francisco no pasarían estas cosas"-rodó los ojos y resopló por lo bajo, Vitkor siempre encontraba oportunidad para mencionar lo mucho que le gustaba su ciudad en contraste a la agitada vida en Los Ángeles-No hay caso contigo, amor-terminó por romper en un pequeño chasquido gracioso, mirándole con travesura y algo risueño, puesto que a pesar de todo esas peculiaridades en el castaño eran las que más le gustaban y por las cuales se había acostumbrado a él. Sonrió ante sus palabras, para él era una broma pero quizás no lo sería del todo, más se mantuvo en silencio mientras le daba espacio para que realizara la búsqueda, Aiden no era afín a la tecnología puesto que para él no era práctica, ya había perdido la cuenta de la cantidad de móviles dañados y prácticamente inutilizables tras algún operativo donde aquellos aparatos habían sufrido más de un golpe, al final no podía preocuparse por su estado cuando estaba enfocado en mantenerse con vida por lo cual se limitaba a tener el más básico de estos equipos, más duradero y posiblemente menos tedioso de reemplazar.

-Bueno, podría haberte llevado en mi espalda para sortear la repentina y poco común pereza en ti-sonrió sumamente cariñoso, pero con un leve tono de juego, aún así no pudo no dedicarle un rostro tendiente a demostrarle todo su amor-Tagine será entonces-agregó asintiendo y deslizando su mano por la de este enredando sus dedos y sujetándole con fuerza para comenzar a caminar en aquella dirección, sumamente seguro de hacia donde iría pero más importante aún, con quién..con el amor de su vida-¿Preparado para nuestra primera vez?..digo, por lo exótico de la comida-comentó sonriendo mientras a paso firme se aproximaban cada vez más a su destino.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Sep 29, 2015 6:45 pm
Es uno de mis pasatiempos favoritos— replicó a modo de broma. Ninguno de los dos tenía la culpa de sus regulares desacuerdos, pero no cabía duda de que Viktor se empeñaba en demostrar que tenía la razón incluso cuando no era así. Le gustaba ganar, crear tormentas en un vaso de agua, salirse con la suya al obtener el triunfo en las discusiones y los debates, sin importar lo insignificantes que fueran. No podía evitarlo. Lo llevaba en su sangre y raras veces se mordía la lengua a tiempo, pero al menos con Aiden se esforzaba un tanto más para poner un alto y tomarse las cosas mucho más a la ligera; sabía que era lo mejor, precisamente porque la diversidad en sus opiniones conformaba una parte fundamental entre ellos, como una especie de ritual donde los polos opuestos sí cumplían con la ley de atraerse.

Viktor le dedicó una mirada rebosante de curiosidad. Tal vez fuera lento algunas veces, pero en ése momento comprendió a lujo de detalles lo que estaba pensando. Y sonrió, bastante dispuesto a seguir el juego; un juego que no debía durar gran cosa, considerando la facilidad que tendrían de empezarlo a práctica en cuestión de horas. —Un acuerdo ¿eh?— enarcó una ceja, mostrando su interés. Si para las personas que se encontraban en la galería fuera importante espiar las conversaciones ajenas más de la cuenta, ahora tendrían el aspecto de un par de negociantes divertidos en mitad de una inversión millonaria o algo parecido, nada más lejos de la realidad. —Bueno, Teniente, yo siempre pago mis deudas. Soy todo oídos... y otras cosas— respondió con demasiada seguridad, aguantándose de relucir una sonrisa que ya empezaba a notarse en el borde de sus labios; hasta que no pudo continuar con su interpretación de hombre serio con tendencias seductoras —que además no desarrollaba bien—, y recobró la personalidad relajada que lo definía mejor desde las últimas horas, aquella actitud alegre que se había desenterrado y empezaba a recobrar las señales de función.

Te lo dije— alzó las manos y las enlazó con un ligero aplauso cuando descendieron en el aire, curvando los labios dirección al suelo. Está bien que quisiera ponerse sincero y todo, pero no consideró prudente y menos aún, necesario, contar los motivos del carmín en su rostro y la electricidad que provocaba el tacto de una simple caricia suya por todo su cuerpo— No soy tan complicado como pensabas.  
Ah, por favor— rodeó los ojos, sonriendo— No es para tanto. La mitad de lo que digo no lo pienso, en serio. Es por eso que hablo sin parar, así nadie me entiende— comentó divertido. Honestamente, no sabía si hablar mucho te reproducía una imagen de pensador automática con ciertas personas, pero él supuso que no era posible y que Aiden lo conocía mejor de lo que pensó. Había ejemplos a montón para confirmar su creencia, sólo que Viktor se encontraba en un espacio aparte, donde se puede girar y girar sobre la misma idea si realmente te interesa, aún cuando el tema haya concluido horas, días o meses atrás. Es como el poder de la memoria y la falta de actividades por hacer... Lo increíble es cómo y con cuánta sencillez desaparece ante la sensación de una caricia, capaz de borrar todos tus recuerdos y tus pensamientos, intercambiándolos por el único deseo latente en la consciencia. Viktor no agregó nada más, sobre todo porque no había nada por decir. Se limitó a mirarlo directamente a los ojos, sintiendo el danzar de la punta de su índice entre sus labios. Si aquello no era una forma divina de provocarlo y despertar sus hormonales sentidos, entonces no sabía qué podría serlo.

Sí, lo sé. Debería trabajar en mi empatía humana, no me hagas caso— comentó para terminar de dar vuelta a la conversación. A nadie le apetecía convertir a un homicida real en el centro de interés, así que fue su forma de alejarlo y disculpar el momento en ruinas; aunque su intención de enfríar el aparato y resistirse a la tentación fluyó de maravilla. —Ouh... Estaré esperando por eso— anunció a continuación, arrastrando las palabras con un tono dividido entre lo cantarín y lo retador. Sí, definitivamente disfrutaba provocándolo, tentando a su suerte y el límite al que podían llegar hasta cumplirlo, pero todavía no estaba seguro del por qué con exactitud. Le gustaba hacerlo y eso es todo. Algunas cosas no necesitan justificarse, son parte del misticismo que nos hace elegir los caminos que tomamos, elegir a las personas que queremos y mantener cerca a quienes nos infunden confianza y tienen la capacidad de arrastrarnos a la vida cuando la corriente se empeña en hundirnos bajo el agua.

Ja.. ja... ja— rió con falsedad y a resoplidos, dibujando una sonrisa tensa—, Sí, qué gracioso... ni lo digas—. Su expresión no fue por la cantidad de hombres apuestos que se le cruzó por la cabeza que su novio debería conocer y tratar de pretendientes, estaba seguro de que los tenía, sería absurdo convencerse de lo contrario, pero consideró que una pequeña oportunidad de dar un paso gigante y pedir que se mudara con él —no a San Francisco, sino a Los Ángeles, en cualquier parte de la ciudad, no importaba dónde, sólo que lo hicieran—, acababa de escurrirse como agua entre sus dedos. Podría haberlo aprovechado, aunque fuera una broma. Podría haber revertido la disposición de sus palabras y proponerlo como la cosa más casual del mundo: oye, ¿y si vienes a vivir conmigo? Es una idea esplendida para que el hombre con el ojo bueno no aparezca y te lleve. Sin embargo, no lo hizo. Tragó la saliva que se acumuló en su garganta, ensanchó la sonrisa y asintió con la cabeza, poniendo su entrenada expresión de ya lo sabía; pero ambos coincidimos en que no es cierto y sabemos que sería capaz de celar hasta al sujeto más fuera de línea en el campo. Es una broma y lo sabía, ahora sacudamos la mano para restar importancia. Todo en segundos. Supuso que le salió bien, porque al pronunciar las siguientes palabras, su voz fue lo suficiente natural para tomárselo bien; a juego, a broma, como estaba destinado: —O me harás odiar a quien te entrega la correspondencia.

Entrecerró los ojos al mirarlo, divertido, pero los abrió más de lo normal y su interés por conocer a la familia se elevó un tanto. En lo que iba de su vida, que bien no era para exagerar, jamás había tenido la oportunidad de estar a menos de un metro de personas gemelas. Su mejor amigo, Bunter, el que se mudó a Chicago y le invitó a comer la mejor pizza de la tierra, se refería a los gemelos como la ración del 2x1 de un carnaval con premios espectaculares. Claro que Bunter siempre quiso tener hermanos (mejor un gemelo) y Viktor no lo veía del mismo modo... exagerado, sólo quería verificar que por cuenta propia si hablaban al mismo tiempo con las mismas frases, si sus ojos y sus labios se encontraban a igual distancia y todo eso. Si de verdad eran iguales, aunque pareciera completamente ridículo. —¡Gemelas! No habías mencionado que tus hermanas eran gemelas, eso grandioso— asintió con la cabeza— Excepto por la parte de los celos.
¿Debería contarse como problema doble y multiplicado? ¿Debería prepararse a interrogatorio sin pausas? Quién sabe, de cualquier forma se proponía deslumbrar a la familia entera, o al menor hacer el intento al demostrar que Aiden era el amor de su vida y significaba el universo para él.
Pues sí, supongo que tienes razón— apoyó su argumento, sin mencionar que en la entrevista podías elegir qué responder y qué no con mayor libertad, inventarte algunas cosas o saltarte otras, evadiéndolo, ya que a los entrevistados les da lo mismo si la persona en el sofá de junto está contenta o desilusionada con lo que escucha. Pero con la familia de tu pareja. No entendía idea. Sería la primera vez que se presentara de tal modo y con semejante título. Él no tenía novios, no se comprometía, no entraba en el papel maduro. Hasta entonces.
Viktor sonrió automáticamente luego de oír su conclusión. Escucharlo pronunciar cuánto lo amaba bien podría volverse una adicción gustosa. —Lo entiendo. Es sólo que, ya sabes, no hago esto a menudo— dijo, sabiendo que no era la especialidad de ninguno de los dos. Luego profirió un suspiro. —Pero no importa. Lo haré bien, porque yo también te amo, y confío en lo que tú crees. Saldrá espontáneo.

Se interrumpió un segundo y miró a Aiden con cara de interrogación, pero a los segundos cayó en cuenta de a qué se refería. Los niños. Tener hijos. Sonrió ligera y pasajeramente. —No... no sé. Me gustan los bebés. Son adorables y todo eso; si se estancaran ahí me encantaría. Pero supongo que los niños no son lo mío, no nos... ¿cómo te diré?— lo pensó por un momento, buscando las palabras correctas— no hay buena conexión entre nosotros cuando pasan de los cuatro años, más o menos. Ni hablar de pubertos. A los niños que he conocido no les agrado; me molestan y... tengo que devolverles el favor ¿sabes? Con gran alegría, debo añadir. Aunque puede que estén mal educados y es probable que mi desquiciado temperamento neurótico interfiera también, no lo sé, simplemente no veo como la posibilidad de ser un buen padre, soy tan despreocupado e irresponsable que, siento que los perdería o algo— se encogió de hombros. No sabía si su fundamento sería válido y si lo creía de verdad, pero sintió una punzada de interés y decidió que había llegado su turno de saciarla. —¿Por qué? ¿Tú quieres hijos?— le preguntó.

Es verdad— se rió, quizá más de lo que pretendía por verlo a él— Serán infantes a partir de hoy.
¡Exacto!— pronunció a lo alto y se volvió para confirmar que nadie le echaba mala cara. —Al fin alguien que lo entiende. Los demás se limitaban a dejarlo en un cambio de madurez o lo que sea, pero la cosa es que sólo cambiamos de juguetes. El cuerpo madura y a veces se pone como el tuyo y por eso nos gusta tanto, pero la mente tiene las mismas reacciones aunque se acumule de conocimientos. O debería... menos con la gente que se amarga, que es otra muestra de un episodio depresivo, pero dejémoslo, porque luego no me callo— añadió, puesto que si lo dejaba acabarían adentrándose demasiado en cosas que no tenían nada qué ver con... bueno,nada que les interesara comprobar durante su paseo de reconciliación. —¿Como que se enamoró del actor y casi no se casa con mi padre y casi no nazco?— comentó divertido— Es broma. Pero por favor, ¿no te gusta más Viktor?— añadió enseguida con un breve puchero, y volvió a reír— No se escribe igual, pero es como Frankenstein.

Siendo así... entonces no es una invitación— dijo, cuando los labios de Aiden se cerraron en su mentón y él pudo sentir la delicadeza de sus dientes haciendo el resto— Es más bien, un aviso adelantado— agregó esbozando una amplia sonrisa. No aceptaría un no por respuesta, aún cuando algo en su interior le decía que no debía preocuparse por ello. Estaban lo suficientemente conectados para saber qué querían y qué necesitaban, pero Viktor ya sabía que dichas sensaciones los superaban mucho más.

Crecí escuchando rock y blues, fue el golpe americano de la adolescencia— mencionó de paso. Todavía escuchaba Foo Fighters en ocasiones, incluso los ponía a un volumen alto durante la tarde mientras se preparaba para escribir. —En parte, sí. No uso corbatas mientras leo el periódico en casa— respondió luego, refiriéndose a su aspecto de vagabundo. —Pero creo que fue más por ti— añadió también, porque no tenía nada de malo en admitirlo ahora que estaban juntos, juntos de verdad— Tú siendo el poli apuesto. No sé, me gustabas bastante y cada vez se puso menos casual, así que, supongo que quería agradarte y no podía darme el lujo de romper la chispa del atractivo que se encuentra en vestir un Ralph Lauren.

Viktor apartó los ojos del celular y lo miró con gracia. Todo eso era cierto. San Francisco te ahogaba menos con el bochorno de su calor en el verano. O a lo mejor fuera cosa de su imaginación o del ajetreo. La ciudad en la que vivía respondía a una tranquilidad casi absoluta y eso le gustaba. —No es por nada, pero se te olvida que el Wi-fi es gratis donde quiera que te encuentres— comentó con jovialidad, sumando una punto a su lugar de residencia. Después de todo, con sus planes no del todo planeados de mudarse, se lo estaría debiendo. Una vez cumplió con su misión de encontrar el restaurante y escuchó a su novio convenir con la elección, no sin antes lograr sacarle otra de las no tan regulares carcajadas en Viktor; hablando de pereza y la imagen de sí mismo siendo llevado, ahora sí, como un verdadero niño con todo y la chaqueta sujeta en rededor y a la espalda de Aiden, cruzaron la calle y descubrieron el otro lado cuando un taxi aparcó en la esquina y tuvieron que aguardar para adelantarse una calle más, caminando por la acera que toparía con su auto estacionado. —Ah, sobre eso. Estaba a punto de alarmarme creyendo que ya habías olvidado nuestra primera vez... Sí, sí, sobre todo porque no sé cómo es ni nada. ¿Tiene picante? Porque soy malo con el picante, tú lo sabes— acabó de hablar casi en cuanto se encontraron junto al vehículo, entonces retiró la alarma con el control cuando ingresaron en parte de la calle y abrió la puerta del lado copiloto, haciendo un ademan de invitación antes de rodear hacia el otro extremo y acompañarle en el acto. —Por cierto, ¿no eres alérgico a algún alimento?— inquirió un minuto después, mientras se abrochaba el cinturón de seguridad; no iba nada más con un policía, sino con un Teniente, había que ser buenos y acatar la ley.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Oct 02, 2015 12:31 pm
-Así veo...me alegra ser la fuente de tu entretención-devolvió como una broma a su respuesta, sabía que ambos chocaban en muchos asuntos y que si se lo proponían podrían estar debatiendo por horas un asunto mínimo e insignificante pero que a ojos de ambos se volvía trascendental cuando alguno de ellos obtenía la victoria en una batalla silenciosa, más no menor. Aiden como Policía siempre estaba en el lado de la verdad, el que tenía la razón puesto que actuaba en base a las leyes que rigen al ser humano, esas impuestas desde antaño y que todo mundo debe respetar más eso no significaba que él fuese omnisciente ni mucho menos su palabra.

Coquetear era algo innato en él, si bien aparentaba ser un sujeto bastante serio-claramente lo era-tenía ese peculiar estilo de flirtear y verse quizás más interesante de lo que era, no era un secreto que tenía pretendientes o que más de una vez le habían pedido una cita sin embargo debido a su trabajo y posiblemente a una elemental falta de interés siempre rechazaba cualquier oportunidad de divertirse o pasar un buen rato, claro está, eso cambió una vez que el castaño hizo acto de presencia alterando el curso normal de su vida-Me alegra escuchar tanta disposición de su parte, querido ciudadano-bromeó utilizando un tono más ceremonial y tendiente a profundizar el papel de Oficial que había salido a relucir en aquel instante-Oh, especialmente "esas otras cosas" son las que más me gustan-comentó acercándose y pasando sus labios por su tersa piel, barriendo su mejilla con aquel movimiento y enterrando debido a ello su nariz contra aquella porción de su rostro para terminar depositando un beso que se concentró en un gesto sonoro y ciertamente profundo.

-Para mi eres como un rompecabezas de mil piezas, piezas extremadamente pequeñas de un paisaje sumamente rico en colores y formas-agregó riendo rodeándole con sus brazos para atraerle hacia él, mientras le comparaba con lo que lucía como una especie de reto ante los ojos de hasta el más entrenado en el tema-Pero así te conocí, de esa forma llamaste mi atención y por sobre todo por quién y cómo eres yo te amo-agregó sonriendo y acariciando uno de sus brazos con la yema de sus dedos.

Le liberó puesto que consideraba que se estaba portando demasiado cariñoso en un sitio que no correspondía y también porque se sorprendía de si mismo, de su temprana tendencia a mostrarse afectivo y dependiente del contacto con el escritor-Si no lo piensas es porque lo tienes tan arraigado en tu cerebro que ya te sale natural-agregó cruzándose de brazos y mirándole como cuando estaba reprochando a alguien, aunque en su mirada también se veía la gracia del momento-Vamos, sabes tan bien como yo que si nadie te entiende es por la complejidad de los asuntos que a veces traes a una conversación-se rió mirándole-No puedes negar que debido a tu trabajo y también supongo a tus propios gustos siempre estás muy bien informado, eres culto amor y por eso siempre tiendes a tener algo para decir..¿O me equivoco?-comentó mirándole por una respuesta, quizás aquella apreciación no podía coincidir del todo con la realidad pero confiaba en que conocía a la persona que estaba a su lado y a la cual afirmaba amar con todo lo que podía, mientras tanto retiraba su pulgar de los labios del castaño que tan lentamente y con deseo había acariciado.

Asintió levemente, Viktor necesitaba pasar más tiempo con los humanos y dejar de lado el mundo de los libros, el cual parecía absorver su esencia lentamente para convertirlo en un recuerdo. Le observó y alzó una ceja, no le gustaba que se metiesen con él pero a él se lo permitía, tenía sus privilegios como su pareja aunque igual en parte le hacía algo de ruido-Ya veremos si pensarás igual cuando termine contigo..-comentó amenazador, un brillo en sus ojos que podría dar la señal de peligrosidad inminente.

Sus palabras claramente tendían al espectro de una broma configurada como tal, nada oculto se encontraba en ella por lo cual simplemente se unió a las risas del escritor-Oh vamos, te digo que es broma-comentó cuando creyó poder discernir el sarcasmo y algo de tensión en sus primeras palabras, aunque no consideraba que fuese algo para preocuparse, después de todo confiaba en que Viktor tenía más que claro lo que sentía por él y que tratándose de Aiden eso podía traducirse a una verdad absoluta. Podría haberse preocupado por la ligera pausa que hubo pero posiblemente fue una impresión suya y no sugería problema alguno, una sonrisa se dibujó en sus labios, no del todo ancha pero al menos comenzaba a adquirir forma como tal-¿Desde cuando eres celoso?-preguntó curioso, desde que le conocía jamás pensó que pudiese albergar aquel sentimiento en su interior, quizás la personalidad del castaño le hacía imposible pensar en él de esa forma pero al verlo con sus propios ojos era muy evidente como para ignorarlo.

-Oye, oye, tranquilo, ¿A qué viene tanta euforia?-preguntó mirándole y colocando sus manos sobre los hombros de este para enfatizar su intento de calmarle, estaba seguro de no haber dicho nada fuera de lo común o demasiado interesante, hasta el momento tener hermanas y que fuesen gemelas no constituía para él algo de interés, aunque quizás su percepción no podía atribuirse a todos por igual-Bueno, ya tendrás la oportunidad de conocerlas..y bueno, son mujeres, no las puedes culpar por eso-agregó riendo, creció a su lado y sabía muy bien cuán celos y posesivas eran con él, era el único chico con el que habían crecido y encima a pesar de ser menor que ellas siempre estuvo al frente protegiéndolas y cuidándolas por lo cual no era de extrañar que aquellas sintiesen una asfixiante devoción por su hermano menor.

-La tengo, no lo dudes-comentó con un tono de voz serio pues quería darle la suficiente intención a sus palabras, creía en ellas y debía de demostrárselo al escritor, un hombre que solía valorar las palabras y la elocuencia por sobre muchas otras cosas.
-Ah, claro, debido a que soy el experto es mi deber apoyarte, ¿No?-agregó con un leve sarcasmo, tampoco era algo fácil para él, jamás había llevado a alguien a su hogar, si bien había tenido alguno que otro interesado jamás lograron pasar la barrera que él mismo mantenía firme-Creo que tan sólo eso importa..Que haya amor, el resto será cosa de tiempo o..del destino-comentó con cursilería y mordiéndose la lengua por ello, aún no acostumbrado a conceptos que siempre estuvieron completamente fuera de sus pensamientos.

Suponía que ya estando en pareja las cosas siempre terminaban por decantarse en una sola vía, la cual sugería estabilidad y un futuro prometedor que al fin y al cabo se consolidaba con la idea de formar una familia, después de todo esa era la máxima aspiración del ser humano, perpetuar la especie y dejar un legado en la tierra-Me haces tanto reír-aventuró con una carcajada a medio formular en la boca-No es primera vez que le escucho a alguien decir eso de "me gustan los bebés pero sólo cuando están en esa etapa"..vamos amor, también fuiste un bebé, un niño, un adolescente y te aseguro que muchos pensaron igual que tú cuando te veían-agregó con los brazos cruzados mientras le miraba-Bueno, tienes un punto con lo de despreocupado..lo siento, pero ser un niñero está más allá de tus capacidades-coincidió asintiendo y mirándole-Bueno..si, realmente me gustaría tener hijos, uno al menos-le observó con rostro serio y mordiéndose el labio levemente-Oye..y si..-observó hacia un punto inexistente detrás del hombro del castaño y luego volvió hacia el rostro de este-Y si fuese un hijo mío..-tragó saliva lentamente-¿Considerarías un poco tu punto de vista?-agregó lentamente, deslizando aquella pregunta-y posibilidad-sin mucho énfasis, pero aún así lo había dicho y consideraba que con preguntar no podría hacer daño, ¿O si?.

Sonrió ante el repentino énfasis de Viktor, quizás por una vez le había apuntado a algo y eso claramente era un logro para el rubio-En serio..nunca me canso de ti, quizás estoy tan loco o te amo tanto, bah, da igual, podrías hablar horas y yo estaría escuchándote sin replicar-concedió sonriendo cariñosamente-Bueno, me alegra entonces poder entenderte, tenemos a veces nuestros momentos de gloria, ¿No te parece?-comentó sonriendo aún y sin ánimos de hacer de ello algo más que una simple conversación. -Oh, dios, no, agradezco que no lo haya hecho, sino, ¿Qué habría sido de mi sin ti?, ¿Quién me hablaría sin parar sin conseguir marearme?, ¿Quién me volvería loco con su espontaneidad?, Pero lo más importante..¿A quién más podría amar?-comentó ya serio e intentando darle el énfasis que necesitaba-Me gustan ambos, pero supongo que te conocí como Viktor y ese es el que estoy acostumbrado a decir..además, si me preguntaran, "Hey, ¿Cómo se llama tu novio?, decir "Guilleaume" supongo que me haría ver raro..-espetó con una risa e instantáneamente acarició su rostro-Te queda lo de Científico Loco, tienes ese aire-.

-¿Me vas a raptar o algo?-comentó juguetón y alzando una ceja para acompañar el gesto-¿Debería preocuparme?-remató dejando una leve mordida en su mentón y retirándose luego para despejar su rostro completamente de su improvista invasión.

-Vaya, interesante, no pensé que fuese de tu estilo..yo te hacía más con la música clásica y afines-concluyó mirándole y llevando una mano hacia su propia barbilla para acariciarla. -¿Qué tengo que ver yo?-comentó impresionado y sintiéndose levemente atacado más no reaccionaba de ninguna forma más que con algo de sorpresa, hasta escucharle y entender a qué se refería-Oh por favor, no esperas que te crea eso, ¿O si?-comentó sonriendo con caricaturismo, víctima de la impresión del momento-Me conociste con mi traje de Teniente, no hay nada glamoroso en eso...y lo admito, tu sentido de la moda me gusta bastante, te quedan bastante bien los trajes..pero aunque vinieses desnudo me gustarías..bueno, particularmente lo harías-agregó aún con una diversión en su rostro, aunque en el interior no podía hacer más que apreciar sus palabras y el esfuerzo de agradarle, no era necesario pero escuchar a tu novio que dijese algo como eso siempre era un plus y un deleite para el alma.

Supuso que involucrarse en el eterno debate entre San Francisco y Los Ángeles era un tema que siempre estaría entre ambos y del cual no podrían prescindir, al menos no hasta que no fuese la razón de su distanciamiento, muchas veces consideró que podrían llegar a un mutuo acuerdo en el cual ambos saldrían beneficiados y que atendería a otorgarle más seriedad a la relación que tenían en aquel instante-Cierto, un punto muy importante y de gran acontecer Nacional, ajá-agregó rodando los ojos como si hubiese perdido una silenciosa batalla más la guerra aún estaba en curso-Iré a visitarte una temporada y juzgaré yo mismo que tan maravillosa es tu Magnánima San Francisco-comentó retador, conocía la ciudad pero nunca se había dado el tiempo de recorrerla o poder apreciar lo que fuese que su novio veía en ella.

-¿De qué estamos hablando, exactamente?-preguntó entrecerrando sus ojos, él se refería a la comida pero no pudo evitar-utilizando todo su mal pensamiento-considerar otras opciones, aunque quizás sólo era su apreciación y lo dejaría de lado tan rápido como surgió-Descuida, por lo que tengo entendido no suelen abusar del picante como en otras Gastronomías, pero siempre podemos preguntar, ¿Te parece?-comentó sonriendo, no era un experto pero estaba casi seguro que la cocina Marroquí no abusaba del picante como la India.

Sonrió divertido por el gesto del castaño, comportándose como un caballero con él cosa que aunque no quisiera le otorgaba un aire divertido a la situación-¿Bromeas?, soy un Alemán puro..la comida nunca ha sido un problema-comentó sonriendo, obviamente generalizaba puesto que la condición de intolerancia o alergia alimentaria respondía a un hecho genético/fisiológico de cada persona y no a un fenotipo específico, más por su parte estaba sano como el roble más longevo que podrían encontrar-Bueno, en serio, no realmente, o no que yo tenga entendido-comentó mirándole, deteniéndose en él y estirando la siniestra para alcanzar el rostro de este y deslizar una hebra de cabello detrás de su oreja, acomodándolo y de paso, aprovechando con su mano sujetar suavemente su barbilla-¿Y tú amor?..¿Algo que debería saber?-comentó sonriendo y acercándose levemente a él, mirando sus labios pero aún así sin quitarle del todo la importancia a sus ojos-Dime para prepararme, con los primeros Auxilios, respiración boca a boca, lo usual, ya sabes-sonrió mirándole mientras no le soltaba y se acercaba cada vez más a sus labios.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Oct 05, 2015 7:45 pm
El castaño lo miró de soslayo, pero fue imposible no darse cuenta de que lo hacía con diversión. Estaba claro que de una u otra manera lo que decía era cierto. Daba igual si parecía una broma y ocultaba un destello de verdaderas intenciones mucho más profundas, todas aquellas motivaciones volverían al mismo lugar tarde o temprano. Lo divertía y eso era lo único importante, lo hacía sonreír cada cinco minutos y gracias a él el tiempo en su compañía se pasaba más rápido de lo usual, de modo que nunca tenía suficiente; ni de sus bromas, ni de sus besos, ni de sus comentarios dispuestos a la enseñanza y la rectitud de la que, durante la mayor parte de su juventud, Viktor oyó mil veces y aún así no gozó en demasía. Lo completaba, Aiden cerraba el lado opuesto de su línea esencial. Era parte de un pasatiempo que disfrutaba pero que nunca querría abandonar con el paso de los años. La clase de pasatiempo que abandona su percepción básica y puede convertirse en la razón de tu vida. Algo que para Viktor ya había sucedido, sin saber siquiera cuándo.

¿O sí?— emitió sonriendo con picardía. Le gustaba sentirlo cerca y disfrutar de la sensación que ofrecía su piel al contacto con la suya, como si fuese una manera completamente nueva de corroborar el amor que albergaba en su interior y deseaba compartir. Sí, era un hombre de palabras, o al menos así se le conocía con un título de experto para maniobrar a su gusto, pero no había nada que pudiera hacer ante la comparación de una caricia.  La vitalidad que demostraba la aparente simpleza de ello, para Viktor significaba mucho más cuando estaba con Aiden. Con él se había convertido en una especie de prioridad, una vía para demostrar su afecto aún cuando el silencio se cerniera encima. En la prueba de que finalmente existía alguien por quien valdría la pena tomar riesgos y aventurar el camino hacia un futuro desconocido, uno que ninguno de los dos hubiese planificado y sólo fluyera de forma natural, a lo que el destino propusiera para su unión. Lo dejó hacer, y aunque fue cuestión de segundos, una de sus manos lo rodeó por la cintura con delicadeza en lugar de apartarse.

Supuso que modificar la opinión de Aiden sería tan imposible como cambiar su propia personalidad, por lo que guardó silencio y se limitó a mirarlo con una leve sonrisa mientras describía su complejidad. Ambas cosas iban de la mano, pero Aiden le conocía lo suficientemente bien para garantizarlo y acercarse al ejemplo más adecuado, casi descriptivo a la realidad. Pero claro, tenía esa gran habilidad de transformar una frase cualquiera en algo enternecedor y Viktor no lo pasó por alto. Empezó a ensanchar la sonrisa en cuanto reparó en ello, y al momento en que Aiden concluyó con la frase, mirándolo y acariciando su brazo con la yema de los dedos, Viktor se inclinó ligeramente y lo besó en la punta de la nariz. —De verdad, eres el hombre más increíblemente dulce que he conocido, Aiden— pronunció por lo bajo, y alcanzó la mano de él para envolverla entre la calidez de las suyas.

Bueno, no lo sé. Ahora que lo pienso, creo que no, no te equivocas— respondió sincero, aunque se rió. Se consideraba un aficionado de los documentales, los libros de suma variedad y las investigaciones de campo a beneficio de uno mismo, pero quizá no hubiera prestado atención al tema en... jamás. Para él se trataba de un hecho común, habitual, como el de cortar el césped los sábados por la mañana o tener que hacer fila en el banco, sólo que no lo era. Viktor era modesto por excelencia y no se regodeaba de conocimientos, pero cierto es que sabía mucho acerca de un poco. Lo había aprendido en casa; con sus padres, Giovanna y Mathieu, una artista inestable y un agente federal del que pareció heredar la obsesión por el trabajo; en la escuela privada; con los amigos de antes; jóvenes inexpertos y de capacidades infinitas, cada uno siguiendo el rumbo que planearon o con el que no pensaron contar; en lo que leía, en lo que veía e incluso en lo que escuchaba a fuerza o pretendería conseguir oír de otros. Buscaba por aquí y por allá porque lo necesitaba para su trabajo como novelista, porque no le gustaba mentir a la gente que compraba sus obras y hacía crecer un tanto más su cuenta de ahorros; una pizca de verdad para un revuelto de ficción que atrapara a tu subconsciente. —Yo pensaba que era repentina confianza, nada más— complementó enseguida y se encogió de hombros, sabiendo que la percepción que tenemos de nosotros mismos no siempre es la correcta; sea bueno o sea malo, no nos damos por enterados hasta que alguien más nos hace verlo.

Oh, vamos, amor. Sólo estaba bromeando— advirtió en su defensa por si la necesitaba, luego le pasó un brazo por los hombros y lo atrajo hacia sí, evidenciando su buen humor. Estaba seguro de que no podía servirle de competencia en lo que fuese que pensara, pero su gusto de intentarlo y echarse atrás parecía inevitable. —No necesitas terminar conmigo; lo cual estoy seguro de que sería bastante fácil y rápido... En fin, sonríe más y preocúpate menos, a mí me funciona. Y tú luces radiante cuando lo haces— añadió al mirarlo, todavía sonriendo, y como si buscara contagiarlo y remitir aquella expresión amenazante en la respuesta del rubio, le besó a mitad del la mejilla y el mentón.

Uh, pues... desde que me enamoré de ti y te volviste valioso e indispensable en mi vida, como para temer sobre la posibilidad de perderte— respondió despacio, porque eso también tenía su justificación. Por lo menos así lo creía Viktor, suponiendo que sería normal sentir celos de quien podría amenazar la estabilidad de tu relación, advirtiendo un cabo suelto y atrayendo un sinfín de posibilidades y dudas; no por sentir que un tercero arruinara los cimientos que has ido reforzando o desconfiar de la persona que amas, sino porque no estás seguro de ser lo suficiente bueno para mantenerla contigo, de ser lo que necesita y se merece. —Aunque no me celaría el chico de la correspondencia o algo así, tan exagerado, es sólo que estoy acostumbrado a ti ¿sabes? Siento que no sería nada, pero nada fácil, tener que alejarnos una vez más y, bueno, verte con alguien que no sea yo... No, te amo y soy egoísta para el "feliz aunque no sea conmigo". No podría dejarte.

Sí, lo siento— dijo poniendo sus manos sobre las palmas de éste— Es que nunca he visto gemelos de cerca y hace tiempo que me pregunto si hablan al mismo tiempo, diciendo las mismas frases y todo eso que cuentan por ahí, no me hagas caso— comentó como si tal cosa. Al final de cuentas no tenía importancia, era simplemente curiosidad, inculcada por el amigo y algunas personas que gustan de soñar con tener hijos y que de paso sean gemelos; una idea que a Viktor le daba la impresión de ser muy buena, sobre todo si los vestirían igual, ya que si él tuviera hijos y estuviera en sus manos, les pondría un overol de mezclilla, camiseta rayada y unos converse rojos al puro estilo de Chucky, el muñeco diabólico. A no ser que fueran un par de niñas, a las que entonces convertiría en las gemelas de El Resplandor durante el festejo de Halloween. Pero claro que las ideas de su imaginación son muy diferentes a las de otras personas. —Y no lo hago. Si tuviera aún un hermano y además un gemelo, a mí también me gustaría interrogar a su pareja por partida doble hasta que sudara— afirmó esbozando una sonrisa, en plan de broma por su situación. De cualquier manera, dejaría que las cosas se dieran como deberían darse, sin intervenir en preparaciones. Total que después no parecería el prototipo de hombre perfecto, sólo uno completamente enamorado.
Viktor ladeó la cabeza y lo miró de sesgo, como si le estuviera dando a entender algo ante su evidente retintín. —Ya, de acuerdo. Bien. Entiendo el punto, gracias por el sarcasmo— dijo sonriendo levemente, luego lo miró y asintió a sus palabras, casi contemplándolo. Habiendo amor. Sin duda lo había, un montón de ello, y dejar paso al destino sería lo mejor para todos.

Y eso que es complicado, porque también comen, cagan, se ensucian sin importar que usen un babero mientras comen y lloran mucho— enlistó algunas de las causas de las tareas principales, las que todo mundo conoce— Sí... pensándolo mejor, creo que nos gustan los bebés, pero cuando no son nuestros y nada más nos corresponde cargarlos y decir cuán lindos son— agregó generalizando, porque Aiden llevaba razón en eso. La mayoría quiere bebés como quiere mascotas recién nacidas y de lo contrario ya no gustan. Las personas tienen un efecto extraño con lo que tiene vida y es pequeño, pero todo cambia cuando pasas por la dichosa etapa. Si no fuera así, la gente no seguiría teniendo hijos después del primero. —Oh— soltó al oírlo. La verdad es que no espera un no, pero tampoco un sí. Ni siquiera estaba seguro. —Uno al menos— repitió y lo miró reparando en su voz, a pesar de que sus ojos estuvieron en otra parte antes de encontrarse con los suyos, finalmente apretó los labios en una sonrisa— Bueno, yo... supongo que sí. Sí, sería... Sería bueno, muy bueno, pero suena a que... no sé, me haces pensar que ya tienes un hijo ahora. Y no lo tienes ¿o sí?

Quizá sea un poco de las dos— mencionó al escucharlo, valiendo su amor y su locura por igual. ¿No es así la reacción que se tiene al enamorarse? Ése era un momento de gloria para él, pon ende se lo parecía sin importar que no estuvieran fijos en el mismo tema, la opinión la compartía y se lo hizo saber con un gesto de aprobación. —Venga...—se rió y le dirigió una mirada llena de ternura, que se fue tornando en un gesto serio, totalmente franco; de adoración y seguridad. No sabía que lo tuviera en tan buena perspectiva, lejos de ciertos defectos, pero le dio gusto enterarse de una forma relajada y casual, mucho mejor que llenos de presiones. —¿Sabes qué? Estoy considerando que tú eres uno de mis más grandes momentos de gloria. El más grande y maravilloso de todos— afirmó al cabo con una sonrisa.
Lo sé, lo sé... más de loco que de científico, pero sí— convino con gracia, ésta vez respecto a su autofamiliarización con el Doctor Frankenstein, aparte del notorio francés en su segundo nombre. Nunca le había gustado para sí mismo y no sabía por qué, dado que su apellido tenía la misma raíz nacional gracias a su padre, pero de igual manera no le gustaban las ojeras y los granos y los tuvo en alguna etapa de su vida. Irrelevante. Se puede seguir viviendo con estos pequeños inconvenientes en los que nadie parece fijarse.

—Bueno, eres tú quien me está dando las ideas, ¿quién sabe?
— replicó, llevando sus manos hasta el filo lateral en los pantalones de Aiden. En cuanto lo sintió acercarse, confirmó cuál sería su respuesta. Se lamió los labios y sonrió mientras lo miraba cuando éste alejó sus labios de su barbilla y se apartó un poco en la distancia, eludiendo decir algo más en ambas ocasiones. —Dios, me encanta cuando haces eso— soltó sin pensarlo, casi como un susurro. —¿Tú qué crees, amor? Eres el experto, ¿deberías preocuparte o mejor cooperar?... yo voto por la segunda— alzó las cejas y le acarició en los costados, subiendo y descendiendo sus manos lentamente, divertido, con la intención de lanzar la duda al aire entre una larga cantidad de sugerencias.

Sí, y también me gusta. Escucho más a Bach y hace tiempo quería tocar el violoncelo, pero no fue entre los quince y los veinte, eso seguro. Ahora me alegro el día con blues, jazz y a veces rock and roll, del tipo de Jerry Lee Lewis; creo que es el que llevo en el coche, ya no recuerdo— comentó, hablando por hablar, más interesado en lo que se relacionaba pero no como parte suya. —¿Qué hay de ti? Digo, es lo más común del mundo y no lo sé, es un poco raro no saber cuáles son tus gustos exactamente, sobre todo en algo como eso, ¿no crees?— preguntó por curiosidad, aprovechando la mención para matar dos pájaros de un tiro y conocer un tanto más del hombre con quien pensaba compartir el resto de sus días, meses o años. —Puede que no, pero sexy es diferente— alegó con total convencimiento. Su gusto por los hombres de uniforme no formaba parte del cliché, porque no le gustaban todos por lo que vestían, sino cómo y quién lo vestía. Y no tenía la menor duda de que Aiden había conseguido captar su atención porque lo hacía mejor de lo esperado. Mucho mejor aunque no prestaras atención en su aspecto de autoridad. En él había otra cosa, algo diferente y encantador. —No tienes remedio, amor. ¿Podrías ponerme cualquier cosa encima y prefieres desnudarme?— sonrió y un minuto después ya se reía. Ahí iba una razón más de por qué lo había elegido a él, por qué le amaba tanto.

Genial, es una buena idea. Y cuando te inclines a favor de San Francisco, estarás invitado a quedarte a vivir ahí si quieres— le guiñó un ojo con expresión bromista, antes de reiniciar con el camino y concluir con el lance de retos y defensas sobre sus lugares de residencia.

De la comida, por supuesto— respondió el castaño, pero el tono que usó y la ligereza de una sonrisa apenas visible, dejó en claro que su mente se había desviado del tema inicial por un segundo. —Me parece— añadió después, pareciéndole también que unos cincuenta vasos de agua solucionarían el problema en caso de presentarse.

Pues menos mal. Así cuando te invite a comer a casa (conmigo como el chef que no es experto), no habrá ningún problema ¿verdad?— mencionó complacido. No era un gran cocinero, pero hacía tiempo que comenzó a esforzarse y no siempre buscaba la guía para la entrega a domicilio, aunque la mayor parte del tiempo sí lo hacía. Encendió el motor y bajó las ventanillas del coche, luego sonrió. —No, tampoco que yo sepa. Pero como podríamos descubrirlo hoy— hizo una brevísima pausa y se movió unos centímetros hacia el asiento acompañante, para acercarse a Aiden, su rostro frente al de él, sintiendo su aliento demasiado próximo a sus labios—, más valdrá entrenar lo usual un poco. Sólo por si acaso— complementó, y una de sus manos se situó sobre el abdomen del policía cuando su boca rozó la ajena, convirtiéndolo en un beso.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Oct 07, 2015 7:09 pm
Le tomó el peso al hecho de que no recordaba la última vez-al menos durante toda su estadía en Los Ángeles-que se había divertido tanto en compañía de alguien, mucho menos que ese alguien resultara ser el hombre con el que había elegido y aceptado estar por el resto de su vida, o al menos ese era su plan y su deseo, más no podía extrapolar aquello para ambos, aunque claramente albergaba la esperanza de que fuese así y ser completamente feliz como nunca pensó podría serlo.

Era un sujeto bastante prudente en cuanto a su comportamiento, como Teniente de la Policía siempre estaba bajo constante evaluación y en la mira de todo el mundo puesto que siempre intentaban buscar hasta el menor error u oportunidad para usarlo en su contra puesto que las fuerzas policiales solían chochar bastante con los políticos actuales-como si no tuviesen suficiente ya con las mafias y criminales-lo cual justificaba que siempre estuviese cuidando su espalda, eso y que en su infancia tuvo que madurar rápidamente tuvieron como resultado un Aiden serio y quizás levemente ausente emocionalmente hablando. Pensaba que no podría jamás albergar alguna esperanza de ser un sujeto feliz y dejarse caer en las redes del amor, compartir su vida con alguien más nunca fue para él una posibilidad puesto que sabía que su propia forma de ser y su trabajo eran una barrera inquebrantable, o al menos eso pensó hasta que Viktor se alzó como el único capaz de abrirse paso a través de toda su armadura y sujetarle por el corazón, oprimiéndolo a su gusto y claramente con el poder de hacer lo que quisiera con él.

Sonrió levemente al sentir la mano alrededor de su cintura, era curioso para él cómo se había acostumbrado a aquel gesto y cuánto le gustaba siendo que tenía cierto recelo al contacto físico más de lo estrictamente necesario, sin embargo cuando se trataba de Viktor todo cambiaba, ansiaba que lo tocase y poder sentir el contraste de su piel suave contra la maltrecha que el rubio portaba a diario. Como acto reflejo cerró los ojos y arrugó levemente la nariz cuando el castaño depositó un suave y corto beso en ella, causando cosquillas hasta en lo más profundo de su ser-Oh vamos, harás que me sonroje-comentó intentando hacer una broma de ello, nunca había sido bueno para aceptar un cumplido-del tipo sentimental-por lo cual se mostraba nervioso ante el efecto de este, más aún proviniendo de la persona que amaba-No exageres, seguramente has conocido a otros tantos y mejores-agregó encogiéndose de hombros, desviando su atención del creciente calor que comenzaba a sentir y que amenazaba con apoderarse de sus mejillas.

Se sentía como un adolescente a su lado, pero no podía evitarlo, quizás ahora el tiempo estaba siendo justo con él y la vida le estaba alcanzando, demostrándole que aún podía comportarse como un idiota enamorado y débil por el mismo sentimiento que pensó jamás albergar, más ahora se daba cuenta de que sus conjeturas eran demasiado apresuradas en cuanto al cauce mismo de la realidad-Bueno, si no lo sabes tú para eso me tienes a mi, yo lo sé por ti-comentó sonriendo y riendo también, gozaba de darse más importancia de la que tenía y de que podía saber exactamente lo que estaba pasando por la cabeza del escritor aunque no tuviese generalmente la menor idea de ello-Pues vaya que confianza, deberías embotellarla y venderla, te iría bastante bien-comentó con un tono levemente sarcástico más atendiendo a la broma, animado como nunca en un momento en que el ambiente a su alrededor era propicio para ello.

-Más te vale-le miró y se dejó atraer por este sonriendo como idiota de inmediato, divertido y completamente feliz de poder tenerlo a su lado como tanto había ansiado desde que lo había conocido y que tan sólo ahora parecía escapar de su cabeza y volverse una realidad-¿Terminar contigo?..espera, creo que me malinterpretas-le corrigió llevando una mano hacia su trasero y dándole un pequeño pellizcón que esperaba no fuese lo suficientemente intenso ni exagerado como para llamar la atención del público-De mi no te liberas tan fácil, no me refería a ello..-comentó y tras observarle decidió callarse alzar las manos en señal de rendición-Lo intentaré, aunque no te prometo nada..sabes como soy-comentó agachando la cabeza como un niño regañado, de antemano se disculpaba pero la preocupación era para él como una mala infección que se pegaba y propagaba por su cuerpo a cada cierto tiempo, incapaz de dejarle-Pero si tú sonríes por los dos realmente no sería un problema..digo, me encantaría verte así siempre..sólo digo-comentó con un aire esperanzado, casi exagerado más no le importaba con tal de generar una respuesta positiva de parte del escritor y al mismo tiempo, disfrutando de la textura de sus labios colisionar contra la pulcritud de su piel.

Le escuchó atento engullendo sus palabras lentamente, buscando detrás de estas alguna pista escondida o entonación distinta más no había nada más que palabras que a sus oídos eran sinceras-Osea que si no me amaras no me celarías..interesante-se llevó una mano al mentón y le miró como si le estuviese reprochando algo más simplemente le estaba jugando una broma-Neh, descuida, no me perderás a menos que tú mismo te encargues de ello-comentó asegurándoselo mientras se rascaba suavemente la nuca-Pues es cosa de no volver a hacerlo nunca más-agregó moviendo su pie en el suelo y removiendo cualquier cosa que estuviese pisando-Entonces estamos claro en algo, No hay que separarnos nunca más, así yo no me siento fatal por tu ausencia y tú no tienes que verme luego con alguien más, ¿Trato?-le observó y estiró la diestra en su dirección con toda la seriedad que podía impregnarle a aquel asunto, oficial como más podía serlo.

Le observó y sonrió ante sus palabras, sintiendo el calor de sus palmas extenderse por el dorso de sus manos-Ay amor, te juro que me haces reír como no tienes idea..-estiró una de sus manos para acariciar su rostro suavemente, sin terminar el contacto entre sus pieles-Ajá, viste..entonces si piensas igual no te quejes-comentó sonriendo y acto seguido se calló adoptando una mirada que atendía a la curiosidad-Dos Viktor..-soltó sin mirarle y sumamente concentrado en un único pensamiento que involucraba al amor de su vida por partida doble y que, de cierta forma, sumamente desvariada podría haber constituido una especie de fantasía-Olvídalo-movió la cabeza al instante desechando la idea, no era moralmente aceptable. Rodó los ojos inmediatamente después de escucharle-No exageres-replicó para luego instantáneamente adquirir la normal pose y cara que ponía cuando estaba a su lado, feliz e idiota a más no poder.

-Ah claro, se me olvidaba que el señorito Bertholon nació Adulto y sumamente autovalente..¿Cómo pude obviar tal hecho?-comentó mordiéndose el labio para evitar reírse, le costaba demasiado ser serio frente a su novio y más cuando lo estaba molestando y medio llamándole la atención-Habla por ti, a mi si me gustan, con todo lo que conlleva tener uno-se encogió una vez más de hombros, era su pensamiento y no se arrepentiría de ello, le gustaban los niños y tener al menos uno propio era y sería una meta en su vida, un legado que dejaría y un pedazo de él que podría amar tanto como al hombre que tenía al lado-Eh..si-comentó balbuceando, claramente entendido en la reacción que el escritor había tenido, demasiado dual para calificarla de buena o mala-Esto..no sé como decirlo..-se calló y desvió la mirada por unos largos minutos, contando para luego volver a encararle-Pero no tengo ningún hijo..al menos hasta la última vez que lo comprobé-comentó intentando bromear por los dos, cortando la tensión que sintió en el momento-Pero si fuese así..¿Te molestaría?-agregó mirándole en busca de una respuesta, quizás no era algo tan vital tener una idea de ello pero tampoco podía sugerirle-bendita idea de paso a paso-que ambos criasen uno, biológico o adoptado como una pareja, era algo demasiado apresurado más no ilógico, al menos para el rubio quién estaba completamente seguro de que Viktor era el amor de su vida y con quién querría formar una familia.

-Bueno, no me gusta presumir pero soy algo grande-se dio aires de grandeza y colocó una forzada sonrisa llena de narcisismo para luego reventar en una risa-Y también maravilloso, no lo olvides-agregó deslizando su mano por la del castaño y sujetándola con fuerza-Es mucha presión, ¿Sabes?, el que te refieras a mi de esa forma-esbozó una sonrisa amable y llena de amor, palabras como esas aunque estuviesen lejos de la verdad no hacían más que ensanchar su pecho.

-Pero mi loco, que quede claro-agregó tajantemente y con un dedo alzado para enfatizar sus palabras momentáneamente, mientras sonreía y apretaba sus dedos contra los de este. -No sé de que hablas-agregó en el plan de víctima más su rostro parecía el de un criminal a punto de cometer el robo del siglo, ceja alzada y una sonrisa traviesa perfilada tras alejarse de este. Enfatizó su mueca divertida en aquel instante debido a las palabras de este y su toque en su pantalón-Tengo mucho más de donde vino eso..-agregó por lo bajo jugando con este, coqueto como nunca y siguiendo el hilo del momento-Bueno..como el experto..creo que es más adecuado cooperar y velar por beneficios..mutuos-agregó en un susurro contra su oído lentamente, disfrutando de aquellas inesperadas caricias que recibía por parte del castaño.


-Vaya, le atiné un poco..debe ser mi día de suerte, ¿No crees?-sonrió golpeando suavemente su pecho con uno de sus dedos tan sólo para joderlo-Nunca me has preguntado a decir verdad-comentó entrecerrando los ojos acusadoramente-Nah, bromeo, no es que tampoco tenga muy claro cuáles son los tuyos-terminó por rendirse y volver su vista hacia él-A tu pregunta, que aislaré por el momento a la categoría "Música", se encuentra el Rock en distintos géneros, algo de Indie y ligeramente, tan sólo un poco-hizo el gesto con su pulgar e índice-el Hip Hop..pero oye, no me mires feo, es culpa de mis suboficiales-comentó esperando no parecer un completo loco, sin embargo el último genero musical se había deslizado bajo su piel tras escucharlo tantas veces a su alrededor, cortesía de sus subordinados que solían ambientar la Comisaría de vez en cuando-Bueno, si tuviese que mencionar a una banda de mi niñez-adolescencia, y que aún persiste como un gusto personal..esa sería Rammstein, aunque parezca algo obvio-agregó riéndose, pero no podría juzgarle por tenerla como una banda predilecta considerando que era nativa de su propia tierra.

-¿Soy sexy para ti?-preguntó con un tono divertido, si la pregunta era inversa respondería con un rotundo si puesto que le gustaba demasiado aquel hombre, todo en su ser resultaba atrayente a ojos del Teniente-¿Qué?..me gusta tu cuerpo, no lo voy a negar-se encogió de hombros sonriendo-Además de que me gusta tocar y admirar lo que es mio-comentó guiñándole un ojo con cierto flirteo.

-Epa, eso me suena a un reto..y sabes muy bien que no me resisto a ellos-comentó mirando hacia un lado y luego centrándose en él-Si llegase a gustarme, cosa que dudo pero al nivel de volverme loco y no querer irme, ten por seguro que me tendrás que alojar..aunque fuese en un sofá porque tendrás que hacerte responsable de ello-argumentó casi con diplomacia mientras caminaba a paso lento junto a Viktor.

-¿Te parece?-inquirió reduciendo el diámetro de sus ojos al cerrarlos para dedicarle una mirada profunda-No, no quiero saber-comentó desviando la mirada y retomando el camino, más por una ligera vergüenza que podría albergar si la situación continuaba de aquella forma.

-Déjame comprobar la cobertura de mi seguro Médico y te confirmo, ¿Está bien?-comentó con una carcajada haciendo alusión a que la comida de su novio podría matarlo, claramente en broma-Okey, estoy sólo tomándote el pelo, no creo que puedas matarme..y lo que sea que cocines me lo comeré porque lo hiciste tú, mi amor..lo cual tampoco quiere decir que cocinarás algo horrible, confío en ti y en tus manos-comentó dedicándole una mirada cariñosa que esperaba transmitiese parte de todo lo que contenía en su interior y que gritaba el nombre del castaño a cada momento.-Ni en broma lo digas, he visto a una persona sufrir un shock anafiláctico y créeme, No se lo deseo a nadie-comentó como advertencia.

El movimiento del escritor le permitió tenerlo más cerca aún de lo que ya estaba, su cálido aliento impactaba contra su rostro de manera constante lo cual sugería que este estaba algo agitado más no podría culparlo cuando él mismo se sentía así en su compañía-Si..sólo por si acaso-comentó sintiendo los labios y la mano de este, encendiendo la chispa en él que le impulsaba a unirse a sus labios con fuerza, moviendo la cabeza levemente para orientarse con aquel gesto mientras estiraba un brazo para pasarlo por detrás de su cuello de y acercarlo un poco más, al menos hasta donde la estructura misma del coche se lo permitiese y claramente sin importarle nada más en aquel instante que perderse en las caricias de su novio-Dios..me vuelves loco-exclamó separándose tan sólo unos segundos por aire pero volviendo a besarle sin darle la oportunidad a este de separarse, lamentablemente para Viktor el rubio a veces no se controlaba y bien le vendría saberlo.[/i]


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Oct 09, 2015 5:18 pm
Y el más modesto y necio, por lo que podemos ver— apuntó sonriendo al oír su respuesta. Estaba claro que se resistía a compartir una opinión de la que el castaño no dudaba, ni dudaría. Viktor estaba convencido de que Aiden, su Aiden, era el hombre más dulce, romántico y honesto con el cual tendría la suerte de encontrarse. Lo sabía, podía sentirlo cuando estaban juntos y no lo costaba decírselo, expresarlo de mil maneras. Jamás había conocido a alguien como él. Esa es la verdad. No había tenido la fortuna de conocer a una persona tan especial, tan brillante y encantadora, alguien que provocara una catástrofe emocional en lo más profundo de sus sentimientos. Nunca se había sentido así antes. Había salido con otros, cierto. Algunos apuestos, algunos inteligentes, algunos casi simpáticos. Solamente había tratado de no arruinarlo con uno de ellos, queriendo que funcionara lo imposible y pudiera encontrar una escasa sensación de felicidad con el hombre incorrecto, quien lo hacía parecer real y no era más que una impresión pasajera, un algo que no perduraría para siempre y que al cabo de un tiempo no significaría nada en absoluto. Eso no era ni de lejos parecido. Ahora lo entendía porque no podía encontrar comparaciones, no hallaba la sensación de plenitud y no podía hacerlo porque dicha cosa no existía antes, esa emoción era exclusiva de ellos dos, una especie de erupción que le insuflaba un soplo de vida y libertad a su humanidad. Con Aiden todo era perfecto, se sentía adecuado, cada segundo era indispensable. De repente quería hacer un montón de cosas a las que no se habría atrevido si no fuera porque estaban juntos, porque de ésa manera no le faltaba ninguna otra cosa, tenía todo lo que necesitaba y siempre había querido. Y si de algo podía estar enteramente seguro, es de que no lo cambiaría. No se arrepentiría de elegirlo y haber tomado la mejor de las decisiones al depositar una segunda oportunidad en lo que sentía por él.

Qué afortunado soy entonces, ¿no? —le devolvió la sonrisa, alegre y sereno, una combinación suficientemente rara en él para saber que hacía tiempo no la albergaba. Luego se rió. Era inevitable no hacerlo, cada ocurrencia de Aiden conseguía sacarle de menos una sonrisa, y eso cuando se aguantaba de echarse a reír, como si estuviera prohibido o luego no pudiera hacer nada para detenerse; solía suceder, a menudo le pasaba incluso mientras recordaba cosas— Oh, vaya idea grandiosa, tal vez lo haga y te comparta del botín —respondió a continuación, usando el mismo tono de sarcasmo divertido que él había empleado.

Frunció el ceño levemente, atento a la confusión que mencionaba, como si fuera a preguntar el qué. —¿No querías decir que...? Oouh, bien— se detuvo antes de terminar la cuestión y a punto estuvo de pegar un brinco en el acto, pero lo único que hizo fue mirar a su espalda y sonreír cuando se volvió a mirarlo, alzando una ceja y comprobando que ningún curioso hubiese prestado más atención de lo debido en ellos. Según él eso lo tenía sin cuidado, pero no dejaba de pensar con la mitad de la sangre irlandesa que llevaba dentro. —Supongo que eso nos dice que todo va bien— soltó, de bastante buen humor. Ya entendía, pero ambos se habían confundido al imaginar aquella idea. Viktor ensanchó la sonrisa y esperó a que Aiden terminase de hablar, luego tomó la palabra. —Yo tampoco había pensado en eso, mi idea era tú dándome una paliza y yo rogando por cinco segundos para levantarme del suelo. Ya sabes, lo usual— explicó divertido. Nada de eso debería de ser usual, pero se entendía a dónde iba su punto. —Lo sé, y es por eso que te amo tanto. No sería tan divertido estar contigo, ni estaría tan enamorado de ti— alcanzó su barbilla y sus dedos acariciaron la zona al momento en que lo hizo alzar la cabeza para mirarlo—, si no fueses tal y como eres. Así que sigamos la indicación de las tarjetas de San Valentín aunque no sea Febrero y por favor, no cambies— complementó de la forma más ocurrente que se facilitó para restarle importancia al asunto y no avergonzarlo con su cursilería, ahora demasiado presente ya que había cortado el cordón del alto en su sistema y se sentía tan bien. —Será un honor bastante fácil. Tú haces que sonreía en automatico.

¿Qué?— esbozó una ligera sonrisa al notar la expresión en su rostro. —Lo que importa es que sí te amo. Y al parecer es algo permanente— añadió con franqueza, dejando que tambaleara el hecho a su poca seriedad. No quería volverlo una petición más avanzada, porque prefería esperar para eso. Era mucho mejor buscar el momento preciso y adecuado, aún si durante los próximos días y los minutos anteriores sus movimientos hubieran sido por sobre todo espontáneos. —No lo haré, lo prometo— soltó alzando las manos a la altura de sus hombros, luego las dejó a caer de regreso a sus costados; hablando más para sí mismo, igual que si buscara recordárselo para un futuro o algo así. Viktor lo observó cuando tendió su mano hacia él, escuchándolo en silencio, y luego se la estrechó, como si no estuvieran hablando de su relación, de lo que pasaría y cómo se comprometían a permanecer juntos, como si fuera otra cosa en el centro del acuerdo. —Trato— afirmó enseguida. Lo que estaban haciendo no era muy diferente del acuerdo prematrimonial, pero ni eso ni el dichoso papel que legalizaba uniones bajo el favor de una firma tendría un valor superior a su confianza.

La verdad es que Aiden tenía razón y halló la forma de entenderlo. Si se ponía en el lugar de la familia, sería más fácil adivinar el resto y dejar de preocuparse. No lo imaginaba muy complicado, nadie iba a matarlo ni nada, así que debería relajarse un poco y ocuparse del momento cuando llegara. —Sí, amor, dos de mí. Pero me refería a sudar de otra manera— comentó con cierta gracia. Era la primera vez en todas las ocasiones que giraba el tema hacia otro rumbo muy distinto, donde no había sido culpa suya adentrarse en los pensamientos fantasiosos de su inconsciente. Y eso ya era algo. —Además, podríamos estar unidos de mil maneras, pero no sería tan amable de compartirte tampoco con mi gemelo inexistente. Lo siento mucho— agregó al abrazarlo y dejar un beso cerca de su sien izquierda, claramente bromeando.

Vamos, yo no dije eso, no exactamente— alzó un dedo a petición de intervenir; aunque de algún modo, quizá entre sus quejas disfrazadas, sí lo había dicho. Sin embargo, se olvidó de aquel detalle y volvió a desviar sus ojos hacia Aiden, como si acabara de decir algo sorprendente. —¿Ah, sí? ¿También cambiar el pañal, llenarte de papilla y...? Bueno, con limpiar el pañal me basta. De nuevo, ¿en serio?— enarcó ambas cejas. No esperaba que dijera que no, la respuesta ya se la había dado antes. No obstante, resistirse parecía algo natural. Una parte de él que todavía no se atrevía a madurar a la medida necesaria. Vivía solo, había estado solo durante mucho tiempo, y le gustaba la sensación de preocuparse por una sola boca y hacer sobrevivir a un sólo ser humano, mejor si se trataba de sí mismo. Una carga menos pesada y culposa, fuera de las responsabilidades mayores, lejos del pánico y la inquietud de los padres en los momentos malos. Al oírlo, sonrió y negó ligeramente con la cabeza, pero la continuación lo hizo dudar. La sonrisa sufrió estragos, pero fue un segundo. Un gesto fugaz que se disolvió con otra sonrisa más amplia y sincera en cuanto cayó en cuenta. —Dios, Aiden— soltó y se frotó la frente con los dedos— Eso volvió a sonar a que tienes uno— alegó con diversión, pero como sabía que las bromas lo harían parecer poco serio, lo dejó de lado y respondió a la cuestión sin sombras o máscaras de por medio. —Mira, sé que a veces lo parezco, pero no soy taaan inmaduro. Comprendo que tu vida no comenzó el día en que me conociste, y si así fuera, si tuvieras un hijo... pues estaría encantado, porque tú estarías bien y feliz con eso, y estoy seguro de que yo lo estaría también. Sólo es cuestión de tiempo. Digo, a los veinte no se me ocurrió que tendría éxito de verdad; hace dos años no me imaginaba aceptando colocar fotografía de autor en la pequeña biografía de mis libros; hace quince meses no esperaba escribir el título de las publicaciones que hice con seudónimo en el prólogo de mi novela más popular, porque el secreto era bueno y era mío; y todo eso es trabajo y no es tan importante como esto, pero para mí lo fue entonces. Era todo lo que tenía para mantenerme a flote, en lo único que pensaba. Y no sé, quizá ahora no se me ocurre que tener bebés y niños sea la idea más maravillosa para el despreocupado Viktor de hoy, pero podría serlo para el de mañana. ¿Quién sabe, amor? Podríamos adoptar incluso más de uno, niñas y niños, o rentar un vientre de alquiler, lo que sea— se encogió de hombros. Sabía que había hablado demasiado, pero a veces no sólo era inevitable, sino necesario.

Viktor lo siguió en el acto y rompió a reír. —Me es imposible hacerlo, descuida— comentó después, calmando la risa con el puño de su mano sobre la boca. Su voz había sonado un poco ahogada, pero carraspeó y el problema de la carcajada se solucionó en un santiamén. Lo contempló con mayor interés de lo que habría hecho con todas y cada una de las obras en la galería, entrelazando sus dedos con los de él en el agarre de sus manos, cálidas y firmes. —Tal vez. Pero prometí no mentirte nunca ¿recuerdas?

Ya, claro— se rió, pero un nudo se había formado en la boca del estómago, como si fuera una reacción para recordarle que no podía hacer lo que pensaba y que estaría mal tan siquiera intentarlo. ¿Cómo podía estar mal algo que se sentía tan bien? No tenía sentido, se dijo. Sin embargo, seguía un poco más consciente de lo que estuvo en la comisaría, principalmente porque ahí no había puerta qué cerrar a los no bienvenidos invitados. El aliento de Aiden sobre su oído traspasó la barrera y comprendió que era tiempo de apartarse o empezaría a tener problemas, la clase de problemas que muchos adultos mayores rogarían por tener. Fue tan complicado como alejarse de las vacaciones y volver al escritorio en una oficina, sin haber cruzado al exterior. —Me parece estupendo— dijo, y se alejó unos centímetros mientras sus manos encontraban las de Aiden. Sentía que su corazón estaba ligeramente más acelerado de lo natural. —¿Qué opinas si... uh, velamos por los interes mutuos, ésta noche?

Oh, no, claro que no. ¿El hip-hop? ¿De veras?— sonrió apenas oírlo, quedándose con eso mucho más que con el indie y el resto del rock— Bueno, no me lo esperaba, pero... la verdad es que no me ha disgustado para nada escuchar a Macklemore en la radio, siempre lo dejo seguir. Aunque no sé si rap sea lo mismo, no he pasado de Tupac porque hace años fue una revelación, ¿si es lo mismo o..?— comentó después, sólo por amainar la conversación un tanto más. No sabía las diferencias, pero eso no era nuevo. No sabía distinguir entre géneros que pertenecían a una misma raíz, él se limitaba a escuchar lo que fuera de su gusto. —Porque son alemanes, sí— asintió con la cabeza— Y no están nada mal, los he oído y ahora me viene a la cabeza su perturbador Mein Teil que para mí es genial. Pero ¿sabes qué? Entre conocidos de la música alemana, que por cierto casi no conozco— admitió divertido— creo que yo me quedaría con Lacrimosa.

Por supuesto que sí. Para mí y para el mundo, te lo garantizo— respondió sin pensarlo. No lo necesitaba. El sólo verlo lo dejaba en claro. Era sexy. Resultaba evidente para cualquiera que supiera poner sus ojos en lo bueno, y Viktor creía saberlo muy bien. Por eso lo volvía loco. Lo hacía orillarse al límite de perder los estribos sin importar dónde, ni cuándo, sólo con quién. —¡Ah! Y cómo me gusta a mí que toques y mires lo que es tuyo— remató el castaño, devolviendo aquel guiño de ojo que acababa de recibir.

Viktor guardó silencio y trató de no sonreír mientras lo miraba, curioso y divertido a la vez. No es que lo hubiera planeado de antemano, pero como si lo hubiera hecho, su reto había garantizado una temporada de pareja en su hogar, en su ciudad y en la posibilidad de muchas cosas mientras estuvieran... viviendo juntos, por así decirlo. —Cariño, por favor, ¿qué clase de anfitrión crees que soy?— frunció el ceño, dando la impresión de que se sentía ofendido, pero no tardó en demostrar a dónde quería parar con ello— Te alojaría en mi cama, no en el solitario y frío sofá.

Estuvo a punto de responder y se pausó al volver a escuchar la voz de Aiden, frenándolo antes de que lo hiciera. —Oh. Bueno, si no quieres, entonces no— dijo y rió por lo bajo, siguiendo con el camino hacia el coche, que desde su posición ya era posible verlo. Unos minutos después, cuando hubieron abordado y un poco antes de que Viktor perdiera la idea de hacer funcionar el motor del coche en lugar del propio, levantó las manos, las unió y sonó un leve aplauso. —Ni quería cocinar— dijo él y se cruzó de brazos, captando la broma, relajándose a un momento continuo. —Eso es bueno, mi hombre me confía su vida, qué lindura. Pero por favor no te hagas de altas expectativas, soy más o menos malo aunque comestible. En cuanto a la comida que preparo— agregó de pronto, sin saber si había sido su mente y nada más, la temperatura que se había encargado de subir en su cuerpo con el flirteo intencionado o un juego de palabras lo que le confundiera el objetivo. —Pues créeme, yo tampoco— mencionó en referencia al shock anafiláctico, que afortunadamente no le había tocado presenciar.

Por su mente pasaron un montón de ideas mientras su mano trazaba una línea vertical desde el abdomen de Aiden hasta el borde inicial de su pantalón y su boca envolvía la encontraría entre el calor y el agitar de sus respiraciones. Sabía que quería besarlo, acariciarlo y sentir sus manos sobre su cuerpo. Sabía que lo había querido varios minutos antes aunque intentara contenerse y disimularlo, pero ahí estaba al fin. No dejaba de ser un acto público, claro, pero aún así no era lo mismo y por lo tanto, tampoco podría ser tan malo. Algo bueno nunca es malo, ¿cierto? Cierto, no se diga más. Sus labios capturaron los ajenos y él se aventuró a echar la mano libre sobre la nuca del rubio, atraiéndolo, probando el sabor de sus labios y la cavidad de su boca, girando su lengua con suavidad cada vez que se encontraba con la suya en aquel beso, más profundo y sin duda pasional de los que se antojaron permitirse fuera del coche. Entrar ahí había sido como un escondite que en realidad no era privado, pero funcionaba. Y como funcionaba, pensó en apretar el botón y subir las ventanas... pero ambas estaban ocupadas y mejor comprometidas donde deberían estar, así que no lo hizo. Lo besó. Se acercó y cruzó la separación de los asientos hasta que tocó la división y dejó de presionar la camiseta de Aiden, que no supo en qué momento comenzó a arrugar entre sus dedos, que tenían la total intención de bajar hasta su bragueta y ninguna gana de resistirse. —Amor... pegarán una multa en el cristal— dijo al separarse y llenar sus pulmones con algo de aire. Luego echó la cabeza contra el respaldo del asiento, y la mano que había estado aferrando la nuca de su novio, ahora le rodeaba los hombros con un medio abrazo mientras su pulso recuperaba el orden y él la compostura, a la que se negaba, pero se sentía obligado al mismo tiempo. Menos mal que tenía entrenamiento para contenerse, si es que se le puede dar un término, el cual había aplicado durante siglos, a pesar de que Aiden, su físico y el absoluto deseo que despertaba en él como una vibración sanguínea, costaran mucho más trabajo. —Y tú te preguntabas si me parecías sexy— añadió después, de paso, conforme echaba un vistazo por la ventanilla y evitaba el caluroso desliz de volver a besarlo y perderse en el momento. Estaba seguro de que no podría detenerse si lo hacía. Había pasado mucho tiempo de su ausencia, simplemente lo necesitaba.



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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Sáb Oct 10, 2015 7:03 pm
Sonrió por sus palabras puesto que si él lo decía debía de ser verdad, no había otra persona aparte de su familia que pudiese afirmar conocerle o al menos tener una idea de cómo se comportaba o lo que pasaba por su cabeza durante algunos momentos exactos, después de todo Viktor era el único que tenía la oportunidad de estar a su lado siendo que el rubio realmente no le permitía a nadie involucrarse más de lo necesario en su vida. Pero el castaño no era un cualquiera
o simplemente un afortunado-al menos no en el sentido de que Aiden fuese lo más increíble o el mejor sujeto del mundo-sino que resultaba ser la única persona en la cual había decidido confiar y por sobre todo permitirse amar, dejar que sus sentimientos fluyesen tal como una vertiente de agua hasta desembocar en un lago que en este caso metafóricamente sería su corazón y su amor por aquel hombre.

Amar era una palabra simple que cualquiera podía articular sin problema alguno más eso no quería decir que tuviese el mismo valor cuando se acompañaba de una verdad y no palabras vacías que simplemente se utilizaban para engañar a una persona con una finalidad específica. Cuando él lo decía atendía estrictamente a comunicar lo que por bastante tiempo tuvo claro: amaba a Viktor con todo su ser y si bien al principio se había resistido a ello-como con todo a lo que no estaba acostumbrado y le parecía innecesario-con el paso del tiempo y más aún, frente a la ausencia y desesperación se dio cuenta de que su felicidad ya no dependía de él, al menos no del todo, sino que descansaba en la compañía de alguien más, un hombre que había cambiado su vida en formas que aún no estaba del todo seguro pero que si aceptaba de forma abierta y permisiva-Mucho..no cualquiera puede afirmar que tiene un Aiden para ayudarle y recordarle las cosas-comentó riendo y con un tono que le hacía ver a si mismo como un objeto o servicio antes que una persona sin embargo no le importaba, estaba bromeando y ese era el objetivo en aquel momento-30% más las comisiones..no, espera, 40% y cerramos el trato-comentó riendo luego, siguiendo el hilo de una conversación que no tenía el menor sentido alguno pero que ambos parecían disfrutar y más aún involucrarse.

-Sácate esas ideas de tu cabeza, no llevamos ni siquiera un día de novios y ya estás pensando en terminar, eres increíble-comentó a modo de reproche y esta vez lo reforzó un poco más con la entonación adecuada más esta no duró demasiado al ver el rostro de este ante su pellizco, ahora consideraba que debería haberlo hecho más fuerte o con mayor énfasis para molestarle en un grado más alto-Todo está bien, al menos por mi parte..sin embargo no puedo hablar por ti, cabeza dura-apuntó un dedo en su frente para reforzar sus palabras. Le escuchó y rodó los ojos, a pesar de ser una broma no le parecía gracioso del todo-Ah claro, lo usual..yo que tú rogaría para que eso nunca suceda..no te lo busques, Bertholon-comentó cruzándose de brazos y con una amenaza levemente explícita debido a la sonrisa que en su rostro se encontraba, sin embargo podría haber calculado mal y en vez de una sonrisa casi divertida podría haber imitado a un psicópata y asesino serial.

-Oh vamos!-protestó mirándole-¿Cómo quieras que al menos, finja estar molesto o ser serio si me dices esas cosas?-comentó desviando la mirada y levemente sonrojado, niño idiota enamorado y sobrecogido por aquel sentimiento se hacía presente en vez del policía-No es justo..para nada-comentó mirándole nuevamente esta vez sonriendo por sus palabras, no podía evitarlo, no quería tampoco, le gustaba sentirse amado y escucharlo mil veces sin cansarse-Podríamos tener nuestro San Valentín..a diario, ¿No crees?-comentó riendo pero en realidad no era una mala propuesta, después de todo habían desperdiciado demasiado tiempo en confirmar que debían de estar juntos y eso incluían festividades y fechas importantes que deberían haber celebrado en conjunto y no separados, olvidándose-al menos en su caso-de todas estas por simplemente no creer o tener razón para ello-Descuida, ya estoy algo viejo para poder cambiar-sonrió mientras relajaba su postura nuevamente tras disfrutar de la caricia en su barbilla, suave y completamente agradable-Bueno, parece que nos entendemos entonces, mi hombre de las sonrisas-agregó riendo y pasando un dedo por su mejilla suavemente mientras bromeaba adjudicándole un apodo conveniente en aquel instante más no decente si tenía que analizarlo.

-No consideraba que las palabras "te amo" y "al parecer" pudiesen ocuparse en una misma oración..pero vaya, a ti te sale bastante bien-comentó bromeando, puesto que no podía forzar o querer escuchar de los labios de este que era una afirmación más que estar considerándolo, sin embargo, ¿Por qué debería forzar algo que estaba sucediendo como se suponía que debía de ser?. Le observó interesado y alzó una ceja-Prometes mucho Viktor, ¿Podrás cumplir?-comentó sonriendo y mirándole con diversión, jugaba con aquello pero una parte no menor estaba siendo honesta. Al sentir la mano de este estrechar la propia sonrió cerrando un trato que había empezado como una broma pero que en aquel momento no podía evitar ver como algo más serio, como una especie de confirmación o acuerdo que claramente afectaba a su relación y la condicionaba de cierta forma, favorable si podía aventurarse a decirlo-Quizás podríamos sellarlo de alguna forma, me sabe a poco un apretón de manos..es tan impersonal-comentó coqueto estirando rápidamente sus manos para envolver sus costados y atraerle para tentar el labio inferior de este con sus dientes para mostrarle una invitación clara a sus intenciones y besando casi por encima sus labios.

-Ah, vaya, ya veo-comentó riendo y mirándole de una sola forma, divertido por la situación a más no poder, luego sonrió por sus palabras y más aún por el sonoro beso que depositó en su cabeza-Que aguafiestas eres, no piensas en mi-comentó con un descaro total pero aún riendo, tomándole de la cintura aún para no liberarle-Está bien, ya, entiendo, nada de tríos con gemelos inexistentes-comentó corrigiéndose, sabía que el castaño aventuraría una expresión que atendería al reproche así que se adelantó a esta.

-Quizás no con las mismas palabras, pero vamos, cualquiera puede inferir eso de tus palabras y gestos-comentó alzando una ceja, sagaz y buscando doblegar su postura-Si, pañal, comida, baño, despertarte a las 3 am por un llanto, biberón, explosión de llanto otra vez, comida salpicada por todas partes, dependencia total-agregó casi enumerando las cosas y utilizando sus dedos para darle mayor teatro-Si, hablo en serio, es como..lo básico, ¿No es así?-agregó mirándole, quizás por su trabajo no podría ser una realidad sin embargo soñar no se le estaba prohibido y en aquella misma fantasía onírica ser padre se alzaba como una oportunidad y claramente una meta. Sabía que estaba tentando a su suerte con sus palabras pero ya lo había hecho y vuelta atrás no había, aún así se sentía ligeramente mal al ver el rostro del escritor el cual parecía congelado durante algunos segundos-Bueno, para tu tranquilidad y sanidad mental no tengo ninguno, de verdad, 99,9% seguro..bueno ya, 100%, sólo bromeo-comentó mirándole sin ánimos de cortarse-Pero oye, al menos estuvo bueno que lo hiciera, no creo que me habrías dado una respuesta tan completa y sincera sino te presionaba tan sólo un poquito-comentó juntando el índice y el pulgar para simular pequeñez-Bueno, cuando llegue el momento volveremos a tener esta conversación..porque al menos, creo haber entendido bien, podemos conversar acerca de esto sin problema alguno..digo, me suena a que podrías considerarlo y para mi eso ya es un avance..sin presiones, claro-comentó sonriendo y presa de una alegría entrelazó sus manos con las de este sujetándole con los dedos y alzando ambas manos en el aire, una familia con su novio..era un sueño de cualquier forma.

Le observó y cayó en la cuenta de que quizás estaba colocándose en ridículo más de lo necesario para ver como este se esforzaba para no romper en risas-Si, lo prometiste pero sabes que no es necesario..no te puedo pedir eso, no me parece justo-comentó algo más serio, exclusivamente para aquella conversación pero con un humor tan bueno como no recordaba haberlo tenido en un tiempo muy lejano.

Aiden estaba seguro de que el escritor no tenía claro lo peligroso que podía ser cuando lo provocaban más de la cuenta, a pesar de su autocontrol y perfil de Policía intachable debajo de esa capa existía un hombre muy apasionado y casi primitivo, impulsado por sus más profundos deseos. Le observó retirarse pero el rostro de su novio sugería que no era por algo que le hubiese disgustado así que suponía no habría problema en ello, al menos no hasta que este se lo comunicase como tal-Uhh, si me lo propones de esa forma, ¿Cómo rechazarlo?-esbozó con una sonrisa completamente coqueta mientras sentía sus dedos entre los ajenos deslizarse suavemente.

La música ahora era el tema de interés para ambos y Aiden la tomaba como una oportunidad de conocerse más mutuamente, era una parte de los gustos de cada uno y si querían ser una pareja normal tenían que hacer todo lo que normalmente estas hacían y sabían por sobre todo-Hey!, te dije que no me mirases feo..bueno, no lo hiciste, pero igual algo haces-comentó entrecerrando los ojos fingiendo ofensa-No puedo evitarlo, intenta no adoptar un ritmo cuando lo estás escuchando a diario en una Estación de Policías donde si no están todos gritando está sonando música en la radio-sospechosamente en una misma frecuencia siempre-en un volumen bastante audible-agregó explicándose con una leve risa, realmente era un caos aquella situación y muchas veces Aiden debía de gritarles que le bajasen el volumen puesto que se olvidaban de dónde estaban y del ambiente que debían de propiciar.
-Es casi lo mismo, supongo, en realidad nunca me he detenido a investigar a quiénes cantan-agregó mirándole puesto que con suerte se sabía algunas letras y era por simple fonación-Me parece que si amor, los muchachos hablan de él y dicen que es una leyenda, más no sé, pero oye, también hay otros que me parecen bastante buenos, como Eminem, 50 Cent o hasta la guapa Rihanna..sólo digo, tienen buenas canciones además que estoy constantemente escuchándolos ya que la radio está sintonizada siempre en la señal de la California Hott Radio..no hay forma de que se mueva de ahí-agregó con una gran risa, recordando que la vez que había cambiado-de una forma bastante sutil y casi incógnita-la señal no habían pasado más de unos minutos para que esta volviese a su antigua estación frustrando sus planes. -Para mi fueron uno de los mejores en mi adolescencia, además de que eran Alemanes y bueno, tú me entiendes-agregó riendo un poco por sus palabras-Oh, si la he escuchado..pero no sé, no me convence del todo la parte sinfónica-admitió encogiéndose de hombros, para gustos había colores pero se divertía de que pudiesen tener una conversación de aquel estilo, quizás ya tenía una idea para algún futuro Aniversario, un disco increíble o un concierto, ¿Quién sabe?.

-Ahí vas otra vez..me interesa serlo sólo para ti, ya sabes, no hay nada peor que no parecerle atractivo al hombre que te gusta-comentó pateando suavemente el piso, era una sensación que no estaba dispuesto a experimentar pero no podía tampoco asegurar que no era, sobre todo porque generalmente estaba vestido con su uniforme y no tenía la gracia para vestir elegantemente como su novio. Se rió casi a una carcajada por sus palabras, verlo devolverle el coqueteo era tan agradable puesto que a veces sentía que parecía un depravado-Aunque no te gustase, igual lo haría, no tienes voz ni voto en ello-comentó con una sonrisa traviesa y ligeramente maligna.

Caminaba a paso lento para mantener una conversación fluida y para no quitarle la vista de encima al castaño, esbozando una curvatura ancha en sus labios de manera agradable-No lo sé, nunca te he puesto a prueba amor-adelantó riendo, bromeando pero intentando picarle con sus palabras las cuales se diluyeron rápidamente con las siguientes que salían de sus labios-Es lo mínimo que podrías hacer por mi, dejarme dormir contigo en tu cama, permitirme abrazarte en las noches para darme calor-alzó las manos-sólo con fines térmicos, no pretendería nada más-comentó con una descarada inocencia que podría avergonzar a cualquiera.

-Estoy bromeando, te lo digo..además, si dices que vas a cocinar ya no te puedes arrepentir, lo siento-agregó sujetando sus brazos para cambiar la postura que había adoptado-No lo hagas sonar como algo para el chiste, pero sí, confío en ti y en que no me provocarás daño..eso es amor del bueno, ¿No crees?-dijo con una divertida mueca en su boca-No me haré expectativas, lo que me des lo comeré-agregó serio durante unos segundos-aunque déjame decirte que ya he probado bastante y no hay manera de que pueda quejarme..tienes un sabor muy agradable para mi-agregó flirteando y con una mente bastante poco limpia.

Su boca no necesitaba guía alguna para hacerse un camino hasta la del castaño, mucho menos sus manos y sus intenciones que tan sólo se encauzaban hacia una sola dirección, sus labios se deslizaban suavemente entre los de su novio pero eso no quería decir que la intención era igual, al contrario le besaba con pasión y deseo, estirando cuando podía el labio inferior de este o chocando su lengua en una danza húmeda y excitante. Tenía más que claro que se encontraban en el coche y que la situación y ambiente no era propicio para nada más intenso pero saberlo y comunicárselo a su cuerpo eran dos asuntos muy diferentes y que no parecían tener un punto en común, mientras su cerebro le instaba a detenerse y reflexionar acerca de la situación su cuerpo simplemente se movía respondiendo a sus impulsos y por ello su mano libre se había deslizado debajo de la camisa del castaño para acariciar su abdomen y ascender hasta su pecho si hubiese podido, más su amado decidió separarse y eso aunque le molestase era lo mejor que podían hacer, su cerebro lo agradecía-Una multa no es un problema..olvidas quién es tu novio mi vida-agregó con voz entrecortada para insuflar nuevamente sus pulmones, estaba algo molesto pero no específicamente con el escritor, sino consigo mismo por no poder establecer un control de sus impulsos. Por su parte, tras observarlo decidió ladear el rostro hacia la ventanilla dejando que la aterciopelada brisa refrescara su rostro y le permitiese enfriarse, sentía el brazo de Viktor sobre él mientras una de sus manos se encontraba descansando sobre el muslo del mismo sujetándole con cierta fuerza-¿Qué?-exclamó sin mirarle del todo, tan sólo de reojo-Es una duda razonable, pero ya me quedó más que claro-agregó con una leve sonrisa mientras el aire fluía y le daba tranquilidad-Arranca mejor, estamos retrasados, ¿O quieres pasar de comer?-comentó observando el cielo para notar que el día ya había avanzado un poco más, aunque realmente no le importaba tanto la comida como salir de aquel lugar y evitarse caer en algo que ya no podría frenar.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Dom Oct 11, 2015 5:54 pm
Ya lo creo que no, pensó Viktor. No cualquiera lo tiene. No cualquiera podría correr con la misma suerte a la que ahora parecía desembocar su destino. Hace algunos años habían sucedido cosas que bien podrían haber cambiado un poco su perspectiva sobre todo, absolutamente todo lo que le rodeaba, pero no fue hasta que lo conoció a él cuando empezó a imaginarse un futuro de manera diferente para sí mismo y no para los demás, uno quizá más firme y fiel a lo que habría querido, a lo que le gustaría. De pronto, estaba dispuesto a experimentar la sensación de pertenencia, unión y lo que fuera que funcionara ahí en su interior, conectando una parte de su mente con sus sentimientos y haciéndolos comprenderse al fin. Ambas partes convencidas de que hacer lo que haría estaba bien, de que su relación funcionaría porque los dos pretendían que funcionase, porque ésta vez no estaba jugando a nada y el convencimiento de encontrar al hombre correcto, aunque sonara todavía menos real para el Viktor del pasado, llegaba tan alto que a éste punto no dudaba que ése hombre estuviera ahí y se tratara de Aiden. Lo sabía con plena seguridad; aunque no por los recordatorios ni el apoyo que éste le brindase, eso no era más que una parte pequeña de toda una estructura. Pero aún cuando no tuviera idea de cómo explicarlo, de un modo u otro se sentía más especial y sincero compartir su vida con una persona a la que no sólo consideraba digna de confianza, sino importante, demasiado importante entre más le conocía. —Oye, tal vez alguien se encargue de mis cuentas, haga mis negocios y maneje mi dinero en mi lugar, pero aún así creo que te estás aprovechando con esos porcentajes— comentó bromista. Costaba entender la celeridad en que se deslizaban de un punto a otro en la conversación, pero sucedía y a Viktor no lo hacía más que sonreír. Un signo evidente de que mantendría aquel gesto durante mucho tiempo, la prueba irremediable que identificaba a quienes están enamorados. Siempre sonriendo.

Yo no quería decirlo, fuiste tú quien lo mencionó. Me confundiste— alegó el castaño, como si fuera necesario aclarar el asunto. Porque ¿lo era? Un segundo después de abrir la boca supuso que no, al menos de su parte no saldrías las palabras de concluir el día de buenas. Lo había empezado mal, en casa, a solas, mientras se convencía de sacar el auto del garaje y emprender un largo viaje desde su ciudad hasta los Ángeles, de armarse de valor y dejar de esconderse como si fuera un crío inmaduro... no era un crío, y eso ya decía y ayudaba en algo. —Pues te daré el permiso de hacerlo, si quieres. Éste cabeza dura está seguro de que no se marchará tan fácilmente de tu lado— añadió y alcanzó una de sus mejillas con la mano, propinándole un leve pellizco al tiempo que lo pronunciaba. —¡Oh, por favor!— esbozó una sonrisa amplia, casi seguro de que Aiden no debería estar hablando en serio. La mantuvo durante los siguientes cinco segundos, tal vez, pero se difuminó lentamente y no restó más que un asomo de lo que fue. —Esa fue una buena versión de Chris Brown en blanco, pero no me gustaría ser la pobre Rihanna, amor. De veras. Estás bromeando, ¿no?— añadió después, pero oír su apellido en lugar de su nombre y no recibir un beso tras el comentario, lo hizo pensar en ello dos veces. ¿No es esa la manera en que se demuestra molestia, seriedad o se finge muy bien sobre las dos anteriores?


Viktor se echó a reír y no dudó en reprimirlo entre-dientes. —Lo siento, no quería avergonzarte...— aseguró encogiéndose de hombros, todavía sonriendo. —Pero si de algo sirve, para ser justos, me fascina cómo se tiñen de carmín tus mejillas y cómo desvías la mirada inmediatamente después de oírme. Es increíblemente adorable— afirmó haciéndose el desentendido, porque ni siquiera lo había planeado, pero tampoco le quitaba los ojos de encima casi nunca. —Sí... Sí, muy romántico. Creo que no podría negarme a algo así— respondió risueño. Era una propuesta lógica para ellos. La fecha o la celebración era lo de menos, no obstante sería la primera vez que Viktor se dignara a caer en un festejo parecido. Prefería pasarlos por alto, o más bien acostumbraba hacerlo. A lo único que no debía ni podía negarse era a visitar a su madre en el día de, bueno, las madres. O a hacer acto de presencia durante la cena de Navidad, que al final se volvía un desastre, pero a la mañana siguiente nadie diría que él se negó a acompañarlos. De eso en más, ya fuera San Valentín, Halloween, el 4 de Julio e incluso Acción de gracias, mejor se resistía de involucrarse. Daba la impresión de ser una mala idea, cada cual con sus razones. —Cuidado, tu edad y la mía no están muy lejos— mencionó de paso, bromeando, sólo para recalcar su no tan real ni aparente vejez. —Y de los besos— complementó Viktor en cuanto escuchó aquel apodo —quizá demasiado extenso y sumando, gracias al adorno de su autoría— y situó su mano sobre la de Aiden cuando se inclinó a besarlo, sin preámbulos o meditaciones, sólo un beso sencillo que apenas rozó sus labios durante un momento.

El castaño lo miró con detenimiento, enarcando una ceja. Si quieren suspenderme en el aire, bien, pero eso no me lo trago, decía su expresión. —Lo digo de verdad, Aiden. Te amo. Aquí y ahora, y estoy seguro de que seguirá siendo así— le dijo con suavidad. Probablemente sonriera, riera y bromeara mucho y a veces costara creerle cuando pasaba a hablar en serio, así que necesitaba valerse de los pequeños momentos y garantizarlo, una y otra vez, tantas como fueran posibles y requeridas para convencerlo de compartir su confianza; algo doblemente difícil para Aiden y el sitio que ocupó durante su complicada separación.
Si no muero antes, trataré hasta lograrlo— respondió a su cuestión, bastante seguro y sereno—, Pero no te apures, sólo prometo lo que puedo y quiero cumplir— garantizó enseguida, dedicándole una media sonrisa.
Viktor no respondió, no se alejó, no hizo nada que pudiera intervenir y arruinar el momento. Dejó que él llevara las manos a sus costados, que lo acercara a su cuerpo y que hiciera una mínima, suave y delicada presión a sus labios, y no cayó en cuenta de que estaba reteniendo el aire hasta que lo soltó disimuladamente, como si lo hiciera a pausar. Su nariz prácticamente se unía con la de él, sólo tenía que ladear la cabeza y completar lo que quería, lo que ambos querían y personalmente, Viktor no cansaba de sentir. La sensación de hormigueo de la que las personas hablan es real, pero no es exclusiva del estómago. Y en caso de que lo fuera, entonces estalló y demarró su contenido por todas las partes de su cuerpo, porque así lo percibía él, como si no tuviera sentido o explicación, como si vibrara, como si fuera la primera vez y estuviera en medio de un descubrimiento novedoso. Lo besó. Sostuvo sus mejillas con las manos y lo besó, le abrió la boca, tiró de su labio inferior con los dientes; levemente, y volvió a unir su boca con la de él, sin darse tiempo de algo más excepto perderse en sus labios, recordar el conocido sabor de éstos a sus sentidos, presionando y separándose, deslizándose y uniéndose otra vez. Ahora sí era un trato.


En cuanto escuchó el nombrado trío, Viktor arrugó la nariz y sonrió al mismo tiempo. La expresión, combinándose, se tornaba graciosa hasta que habló y arruinó el gesto al destrozarlo. —Ni con gemelos inexistentes, ni con nadie— le corrigió alzando un dedo aleccionador. De ninguna manera pensó que él lo hubiese considerado siquiera, por eso sonrió al decirlo y lo interpretó con la idea de algo imposible, para nada en cuestión a decidirse o algo parecido; ya que no tenía gemelos y eso borraba la parte interesante, que fuera una fantasía para algunos, pues muy bien, pero para ellos su realidad, según Viktor y su parte consciente, mejor dejarlo dentro de los DVDs en los puestos de periódicos y revistas para adultos.

Viktor supuso que debería empezar a contar la cantidad de veces, en tan sólo un día, que había dicho y continuaría diciendo tienes razón. Dudaba que alguien más fuera capaz de conseguir tantos de esos en tan poco tiempo, pero el punto es que volvió a encontrar la manera de ganar y cerrarle la boca. Viktor no sabía cómo replicar a eso o poner otro obstáculo de motivo, otro pretexto para dar razón a lo complicado de tener un bebé y no salir raspado en el camino. El problema no era el bebé, era su falta de seguridad respecto a su padre. ¿Cambiar el pañal? Bueno, nada puede oler peor que los obsequios de su gato. ¿Alimentar a alguien más? Si apenas recordaba alimentarse a sí mismo. ¿Dormir? Por favor... el experto seguía tomando somníferos y no le preocupaba el hecho de no contar con una receta, simplemente porque no se pararía en un centro médico jamás. Los detestaba. Quizá por el olor a antiséptico, siempre recordando muerte a través de los pasillos. Fuese como fuera, los niños bien podrían echarse a llorar con verlo fijamente. Y no era broma, pasaba. Los veía de sesgo y no existía problema, pero ni se le ocurriera hacer contacto visual directo, porque... No lo había contemplado y la mayoría de su respuestas no estaban pensadas con la calma y la sensatez necesaria, eso era todo. La última vez que le habían encargado a un niño, él mismo era uno y no le había ido nada bien. Tal vez tuviera algo qué ver, pero no lo sabía y se negaba a considerarse traumatizado. No, señor. Lo suyo era otra cosa.
Sí, es que...— se había relajado, recorría la mano abierta por su cabello, en la nuca— No había pensado en niños. Yo con niños, ya sabes, es como dar un paso totalmente grande. Fuera de mi liga actual o algo— explicó y entrelazó su mano con la de él, sonriendo. Igual lo había sido el recorrido por carretera en coche, el encuentro sin permiso, bastante torpe pero funcional, y la reconciliación, ¿no podría haber resultado de otra forma? Claro que sí, se lo había esperado desde el inicio. Había pensado en lo malo suponiéndolo más posible, puesto que no era lo habitual en Viktor, no era algo que él haría. Y le ocurría a menudo. Eso de pensar en lo negativo, en los inconvenientes y todo lo demás que no fuera agradable. Pensar así no costaba nada y hasta se volvía adictivo.

¿Y tú crees que quiero hacerlo?— frunció el entrecejo levemente, extrañado. —Vamos, Aiden, no tengo motivos para ocultarte nada. Menos para mentirte. Y tampoco quiero hacerlo. Es decir, si vamos a estar juntos, y me refiero a juntos de verdad, lo normal es que mis asuntos sean tus asuntos y los tuyos sean míos, siempre que lo necesites. No digo siempre, siempre, hay cosas que es mejor guardarlas para uno. Pero sí como un equipo ¿sabes? Sin secretos del tipo mayor— añadió agradable y no tardó en rectificar al oírse, añadiendo un detalle— Con el paso del tiempo, claro. No nos acribillemos con eso desde ya.

Asintió con la cabeza y emitió una risa. Si no supiera de Eminem, principalmente, estaría viviendo bajo de una roca, pero supuso que un rap-hip-hop de ida al centro para abastecer la alacena vendría a significar una mínima parte del día de Aiden en la comisaría. Cuando él estaba en la escuela preparatoria, le tocaba compartir habitación con un chico que escuchaba escuchaba Heavy metal y se trenzaba el cabello hasta el culo, luciendo un largo triple comparada con un gran porcentaje de estudiantes femeninas. Escuchaba su música toda la mañana hasta iniciar clases, toda la tarde en las horas libres y a veces por la noche. Y si Viktor se pasaba por ahí y permanecía dos horas dentro de la habitación, se aprendía unas cinco canciones ruidosas por día. Lo normal. Imaginó que por tal antecedente lo entendía, era ineludible. Con el tiempo, él también le había agarrado el gusto al interminable sonido de Black Sabbath. —Pues como dicen por ahí, amor, en gustos se rompen géneros... así que definitivamente yo tengo algo con la esencia gótica de su estilo victoriano— comentó divertido. Variaba demasiado.

Suerte que yo sí creo que te parezco atractivo— ladeó la cabeza y apretó los labios en una fina línea cuando lo miró— De acuerdo, estoy de broma. Pero me supongo que no saldrías conmigo si no fuera así, si no te pareciera para nada atractivo— añadió como una suposición. No tenía idea de si muchas personas lo hacían para no sentirse solos y pescar hasta dar con el dorado, pero él no era uno de ellos. Así dijera que le interesaba conocer y enamorarse de alguien cautivador, que pretendía encontrar a un hombre sincero, amable y con cientos de cualidades y defectos que al final adorara, si se acercaba a alguien, el motivo era atracción pura. El resto lo descubría después, como todos. Y si a la hora de descubrir el resto cambiaba de opinión, trataba de encontrar una excusa creíble para arruinarlo en serio. Viktor lo miró boquiabierto y luego rompió a reír. —No, bueno... ni voz ni voto... y era yo quien pretendía jugar el papel de raptor.

Oh, no me tientes a hablar, amor— pronunció Viktor, girando el rostro para mirarlo mientras caminaban— porque si hablo, estaría adelantando la revelación de que la cama y los abrazos con fines térmicos— en éste punto, Viktor lo rodeó con los brazos y la punta de sus dedos se tocaron hasta sujetarse, envolviéndolo— son sólo una pequeña, mínima, casi insignificante opción de todo lo que te puedo dar.

Del bueno y arriesgado, es muy cierto. De cualquier manera, haré mi esfuerzo de sorprenderte— afirmó con la esperanza de que así fuera, por el bien de ambos y su paladar. Hasta que la idea se sacudió en su mente, alzó una ceja y se aguantó de retirar la atención que tenía sobre él, con eso de encontrar algo interesante más allá de la ventanilla del coche. Sonrió sin mostrar los dientes, mirándolo, porque eso es lo que hace cuando está prudentemente azorado, sólo esperando a que se demuestre en la tonalidad de su cara y fingir que no es así. Estaba provocándolo, lo sabía como también podía afirmar lo alto de su logro. —Si la intención fue... Si fue... Bien, no sé qué estoy diciendo, pero sí sé que no dejaré de pensar en eso hasta dentro de una hora y desde ahora no me gustan los lugares públicos, para nada.

Lo hubiera mencionado antes, diez o veinte minutos antes, se dijo Viktor. Él no tenía ningún problema con pasar de la comida y saltarse al postre. Era considerado, algunas veces, pero mientras tuviera medios y una puerta, sólo lo necesitaba a él. Lo miró de sesgo. Una mano al volante, el motor zumbando, el ligero toque del aire en su mejilla al cruzar la ventanilla del coche, el ruido de fuera. —¿Si? ¿Seguro? ¿A tu casa, dices? Pues entonces, para qué la comida, siempre hay cena en casa... Aunque no sea tu casa, literalmente— preguntó y respondió por los dos, a su particular manera y en la misma frase. De un instante al siguiente, el coche arrancó uniéndose a otro par de vehículos cuando se integraron a la carretera principal.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Oct 12, 2015 4:26 pm
-Oh vamos, yo te di la idea y si resulta que tienes éxito creo que sin ella no lograrías nada, ¿No crees que merezco tal porcentaje?..después de todo explotarías tanto mi idea que aún así yo saldría perdiendo y ni hablar de que podrías vender los derechos sino los monopolizo-agregó divertido por la situación, no estaba seguro de porqué pero constantemente se veían involucrados en conversaciones de aquel carácter-inesperadas e irrelevantes-que los orientaban a situaciones bastante divertidas y poco convencionales permitiéndole al rubio, al menos hablando por su parte, disfrutar de una relación sana y en la cual la chispa siempre parecía estar encendida.

-No es cierto, es tu culpa por ser tan literal con las palabras-agregó mirándole y posando sus manos en su propia cintura adoptando una posición firme y algo temeraria, sabía que no podía culparle del todo puesto que el castaño debía su vida a las palabras como escritor y que seguramente no habría nadie más que pudiese ser tan sagaz como él cuando se trataba de una conversación. Le observó y consideró sus palabras durante un momento-Espero que no esté dispuesto siquiera a considerarlo, por su bien, sólo digo-arguyó y luego arrugó la nariz cuando le pellizcó la mejilla, aquella zona quedaría marcada por aquella acción sin embargo tampoco era algo grave como para darle importancia sin embargo rápidamente cambió su semblante ante las palabras del castaño y analizando las propias suponiendo que no había sonado nada de bien lo que había dicho-Oye, para, no es lo que trataba de decir, yo no te golpearía nunca..aunque por mucho te lo ganaras y si lo hiciste por abandonarme tiempo atrás..realmente no lo haría, antes preferiría golpearme a mi mismo-comentó con total seriedad sin embargo intentó endulzar sus palabras al estirar una mano y acaricia suavemente la mejilla de este, posicionando la palma abierta en aquella zona y deslizando el pulgar suavemente-Eres lo más preciado que tengo..por favor jamás pienses eso de mi..-comentó mirándole intensamente, jamás podría vivir con que el amor de su vida pudiese tenerle miedo o albergara la posibilidad de tenerlo, aunque sabía que si sucedía sería exclusivamente su culpa.

Le dedicó una mirada forzada de veneno y sonrió con los dientes de la misma forma-Eres de lo peor, disfrutas de avergonzarme para poder deleitarte luego..soy tu chiste personal amor-comentó haciendo casi un puchero pero rápidamente lo convirtió en una imagen que le hacía lucir como ofendido-Me encanta lo convencido que suenas..espero si alguna vez llegamos a comprometernos te esfuerces en hacerme creer-comentó encogiéndose de hombros y con un leve sentido del humor, aún así, estaba haciendo alusión directa al hecho de que si alguna vez-cabía la posibilidad-llegaban a contraer matrimonio esperaba el castaño se expresara de una forma que no diese cabida a duda alguna. Le observó y alzó una ceja-Claro que no, soy un año mayor nada más..-comentó coqueto mientras prevenía lo que sucedería luego al enfrascarse en un suave y corto beso, pero eso no lo hacía menos significativo.

-Está bien..sólo comprobaba-agregó con una mirada extraña para luego dar paso a un encogimiento leve de hombros y una sonrisa sincera que se extendió rápidamente iluminando su rostro, su corazón sobrecogido por sus palabras-No digas eso, no puedes dejarme solo-comentó mirándole fijamente con un sentimiento claro-¿Y si prometes quedarte conmigo para siempre?-le observó curioso-¿Eso es pedir mucho?..o más importante, ¿Puedes y quieres?-comentó mirándole y tentando a la suerte más de lo que debería, lo sabía, estaba haciendo algo que él mismo se había prometido no hacer, mandando al carajo su regla de "un paso cada vez", pero bueno, ya lo había dicho y no le quedaba más que continuar con ello además de que sería interesante conocer una respuesta del castaño puesto que en su caso podría firmar un papel en aquel instante para afirmar su intención de no separarse de él jamás. Sus manos envolvieron sus caderas mientras estiraba su cuello para tentar la boca ajena más de lo normal, pasando sus labios por los ajenos suavemente deslizando la lengua hasta que el castaño le tomó y le acercó completando el nexo que unía a sus bocas, disfrutando de aquel gesto mientras movía la cabeza hacia un lado para adaptarse al impulso que estaban viviendo y a la vez impregnarle algo más de pasión a su gesto mientras sus dedos tanteaban sus costados cariñosamente subiendo y bajando.

-Entendido amor, nada de nada con nadie más excepto que contigo, ¿Cierto?-comentó divertido como si estuviese confirmando que era de él y de nadie más, se podía permitir bromear con eso puesto que constituía una típica conversación de pareja y un leve preludio de una escena de celos.

Un bebé era el nuevo tema de conversación que tenía y el mismo punto en el cual partía su debate, claramente eran personas muy distintas más eso no era un impedimento para que ambos pudiesen estar juntos, eran una pareja oficial hace unas cuántas horas sin embargo Aiden sentía que tan sólo ahora tenían el título puesto que lo sentía suyo desde hace bastante tiempo atrás sin considerar todo lo que entremedio había sucedido. Le dedicó una mirada divertida y ligeramente burlona-Cualquiera que te escuchara diría que tienes miedo de los niños, que son mucho-enfatizó a propósito-para ti-con una leve risa se expresó mirándole, no entendía el porqué de su inesperada alergia a los niños pero si iban a estar juntos el escritor tendría que considerarlo más adelante puesto que el rubio lo tenía más que claro.

-Estamos juntos de verdad, ¿Cómo sería de mentiras?-preguntó mirándole con inocencia fingida y tomándole el pelo, vamos, su cuota de humor permitía que a veces las situaciones se tornasen menos tensas de lo que eran-Tranquilo amor, entiendo a lo que te refieres y bueno, lo que has mencionado para mi es una buena forma de resumir lo que significa ser una pareja y lo somos, oficialmente hoy pero me atrevo a decir que eso venía de antes-agregó con una agradable sonrisa que esperaba contagiarla-Ya trabajaremos en ello, tenemos todo el tiempo del mundo, mi vida-agregó con gran dulzura y sin el menor interés de quitarle la mirada.

-Somos tan distintos, pero Dios, me encantas tal cual eres...¿No es maravilloso lo bien que nos complementamos a pesar de lo contrarios que podemos ser?-agregó sonriendo mientras le daba toda la razón en aquel instante-A lo mejor, puedes hacer como mis suboficiales y lograr que me guste tu música..claro está, para eso tendrías que verme a diario y torturarme con ella-agregó riendo con una clara
invitación y posible provocación.

Se volteó hacia ambos lados y luego se centró en su rostro para acercarse y hablarle por lo bajo-Entre nosotros, eres el más sexy que he visto en mucho tiempo..y vaya que he visto-comentó con total sinceridad, quizás podría haberse encontrado con muchos sujetos atractivos y quizás hasta interesantes pero nadie se comparaba a Viktor, su Viktor por el cual podía caer rendido en un santiamén-Amor, para mi eres muy atractivo y no estoy contigo sólo por eso, en realidad es lo de menos, aunque fueses feo me daría igual, yo te amo y eso es incondicional-acarició su rostro suavemente con ternura. -¿Viste como se intercambian los roles?..que curiosa es la vida-se rió con una carcajada mientras no le quitaba la mirada de encima.

Desvió la mirada en un intento de no corresponder a la de su novio mientras este le miraba pero inevitablemente tenía que darle la vista y en su rostro se observaba una sonrisa pícara-Creo que soy lo suficientemente fuerte para soportar aquella revelación..adelante, puedo con ello-comentó coqueteando y riendo a la vez, interesado de más al escucharle e imaginarse un poco aquella escena que ya tan sólo de vislumbrarla hacía que el sol brillase con mayor fuerza sobre él.

-No te estreses, lo que sea estará bien, si lo haces con amor seguramente sabrá muy bien-comentó con el primer cliché que vino a su mente sin embargo estaba consciente de que no debería ser del todo incierto, al menos, consideraba que cuando algo se hacía con el corazón se veía de mejor forma. La brisa era suave y a pesar de su calidez aún era suficiente para disminuir la creciente ignición que acaparó su cuerpo y ascendió hasta su rostro provocando que sus mejillas pasaran de un carmín tenue hacia un color que asemejaba al ocaso en contraste a su pálida piel-A veces dices mucho, pero otras, como ahora, viene muy bien puesto que cortas el rollo tajantemente y puff..necesito tomar un respiro-comentó exhalando con fuerza e inflando su pecho para calmarse, le venía bastante bien cambiar de tema puesto que hace un momento no era capaz de controlar sus más primitivos impulsos.

-Sólo conduce y sácanos de aquí..-comentó cortando sus palabras y colocándose el cinturón mientras sacaba un brazo por la ventana del coche mientras el viento entraba por la abertura y le impactaba en el rostro removiendo su cabello ligeramente, sus ojos se encontraban en punto lejano del cual no tenía la menor idea sin embargo no lo podía evitar-Lo que menos tengo es hambre..al menos no de comida por el momento-comentó tras unos cuántos minutos de silencio sin quitar la mano del muslo del castaño el cual acarició suavemente por minutos.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Oct 13, 2015 6:21 pm
Sí, eso es cierto. Una idea bastante buena cuando la compartes con el bueno de tu novio. Quizá hasta te merezcas el cincuenta y un cupón— comentó divertido. Por un momento, se le había olvidado por completo la razón de que surgiera un tema de ése índole. Decían algo y se desbordaba por todo un río largo de cambios, no tenía sentido. A veces la conversación se tornaba con base en los absurdos y aparentemente serios detalles adultos, mientras que otros eran más prácticos y capaces de aflorar el oculto buen humor. A Viktor le gustaba eso, que su relación fuera por un camino tan placido que se sentía demasiado fácil y natural estar juntos mientras los minutos pasaban, el tiempo cambiaba y ellos no se daban cuenta de cuándo el cielo empezaría a decaer en su luminosidad. —Aunque eso siempre que cuides de tu mina de oro.— añadió apuntándose al pecho, como diciendo: no te olvides de que la mina está aquí y tiene nombre—. ¿O debería decir mina de la confianza?— frunció el ceño ante su cuestión, pero lo dejó ir sin mayor importancia. De todos modos no la tenía. —Bueno, da igual. El punto es que... Ya siendo yo a quien exprimiríamos para sacársela y embotellarla después... eso sonó raro y tengo problemas, pero en fin, supongo que lo justo es recibir una bonificación extra a cambio. Las regalías de un gran, gran saco de confianza de lujo.

Viktor enarcó las cejas y ahogó una risa entre sus labios. —Que no, que no. En serio. Yo ni siquiera estaba pensando en eso, me parecía más lógica la paliza— repuso a modo de broma, aunque en parte lo decía de verdad. Quería olvidarse del asunto y quitarle peso para evitar meterse en un lío como los de antes, debates en los que nadie tenía que reírse o enojarse porque se vería mal, y el resultado no los llevaba a ninguna parte. Ellos eran muy opuestos, pero se querían y eso era lo único en lo que debería fijarse, la cosa relevante y a tener en cuenta, por complicada que fuera al principio. De modo que él ya había dejado de considerar posible la idea de que alguno de los dos quisiera apartarse. Un poco egoísta, porque estaba idealizando también por cabeza ajena, pero quizá fuera lo normal y humano a lo que las personas esperan escuchar y recibir en el mejor momento de sus vidas, sobre todo las personas como el escritor. Para Viktor, aquello de terminar cantaba probabilidades a cero. Y si todavía no lo hacía, si aún no había conseguido llegar del todo a ése punto, sólo había que darle tiempo al tiempo. —No lo estoy. Aiden, vamos. No hablemos de eso ahora, es nuestro primer día, ya lo dijiste. Y además... hombre, tú hablándome de usted con actitud seria, me haces sentir como una especie de anciano— comentó sereno, afable a pesar del pequeñísimo momento de tensión, casi imperceptible por la audacia que tenían de transformar el sentido del aire a su alrededor.
Eso era justo lo que estaban haciendo, transformándolo a la velocidad de un cohete. Viktor lo miró en silencio y sonrió al sentir la caricia de su mano en su mejilla. Aquel gesto era agradable de mil formas, y el castaño lo agradeció tanto como sus palabras. Era bueno saberse preciado para alguien que significaba mucho para ti, pero en ningún momento se habría permitido dudar de aquella otra cosa. No lo veía a Aiden como el hombre exclusivamente violento, ni a sí mismo como el inocente y sumiso que jugara el papel de Rihanna en su enfrentamiento contra Chris Brown, aunque hablaba muy mal de él que por un instante se lo hubiera tomado con el lado cómico. No tenía gracia. Y él podía ser cooperativo (prefería ése término), sí, más no sumiso... Desde luego que no.
Escucharlo enfatizar dicha parte sólo aumentó la abertura de sus labios con una sonrisa. —¿Estás perdiendo la razón?— contestó cual si fuera obvio traducirlo como un definitivo no, nunca. —¿Cómo se te ocurre pensar que hablaba en serio? Aiden, no eres la versión blanca y espectacularmente atractiva de Brown, eres la persona más maravillosa que conozco. No miento, ni exagero. Es así. Imaginarte adoptando un papel de... no sé, de matón fuera de tu trabajo (en el cual comprendo si te apetece torcer el brazo de un ladrón, porque yo lo haría), bueno, pues te aseguro que no parece muy real para mí. Para nada real.

—Eh... pues qué decir contra la verdad, sí que es un deleite
— respondió a rendición y le atrajo de forma cariñosa— Venga, también me gustas así, pero no me pongas esa cara o me sentiré culpable— añadió enseguida, en cuanto sus ojos se posaron sobre él y notaron un gesto ofendido en la superficie de su rostro. —¿Si alguna vez llegamos a comprometernos?— Viktor esbozó una sonrisa— Aiden... No volví a ti por un arranque pasional o una aventura de seis meses a lo mucho. Mi propuesta estuvo en la mesa desde que crucé la puerta de tu oficina y decidiste no cerrarla mientras siguiera afuera. Así que, a menos que tú no quieras, dá por seguro que sucederá más temprano que tarde... Y que también trabajaré en mi capacidad de vocabulario preciso, ya que insistes.

Podría haber agitado la cabeza como si fuera un torbellino, con tal alegría de niño porque no le cabía duda. Quería pasar el resto de su vida con él, para siempre. Y supuso que podría hacerlo. Se imaginó que era su turno de dejar el pasado en el pasado, disfrutar lo provechoso del presente y aventurarse a descubrir un futuro en la compañía de alguien que amaba, que deseaba, que admiraba. Lo único que tenía que decir era sí. Convencer a su mente temerosa de algo que su corazón ya estaba seguro. Quiero y puedo. Viktor asintió suavemente, luego lo garantizó en voz alta. —Prometo quedarme contigo para siempre —dijo, y se dio cuenta de que su voz nunca había sonado tan sincera, de que casi nunca lo hacía— Lo prometo.

Cierto— afirmó Viktor con plena satisfacción. Todavía era capaz de sentir sus labios unidos a los de él; sus manos bordeando sus costados, cerca de su vientre; su calor refugiando toda clase de sentimientos; su entrega poniendo a prueba una realidad de hacía menos de cinco minutos, y quizá por eso lo tuvo tan claro: no es que no quisiera compartirlo... pero la verdad no quería. ¿Quién querría? Él no pertenecía al grupo de los excesos de libertad y confianza en pareja, aunque tampoco los criticaba. Cada quien, decía a menudo. Tampoco se trataba de un hombre celoso, o no se suponía que lo fuera, sin embargo tampoco le gustaba sentir que era otro de una larga lista. Estaba por cumplir casi treinta años, no veinte. Ya no se preocupaba por encontrar a alguien con quien pasar el rato o divertirse en el sagrado paso de la juventud, ahora comprendía mejor las cosas y sabía que no quería vivir de esa manera vacía y pasajera, como si estuvieras todo el tiempo habitando un remolque y no un hogar. No era su estilo. No lo había sido nunca, gracias a todos los Dioses en lo que no creía y en los que sí.

Eso crees ¿eh?— le devolvió la sonrisa, divertido. Quizá fuera cierto y tuviera un problemilla con los niños, temor a apretar demasiado a un bebé o cosa así, pero no para tanto. Podía cuidar a una mascota, entonces podía cuidar a un niño ¿verdad que sí? No eran lo mismo, claro está, pero se parecían en necesidades y a él nunca se le olvidó alimentar, bañar o sacar a pasear a Dedos cuando estaba vivo, o a su gato Marvin que también respiraba. La única excepción fue la querida mascota de la vecina y eso no valía porque ni siquiera era suyo y lo cumplió un par de días después. —Pues fíjate que no— dijo como si fuera pan comido y alzó los hombros— Con un año de entrenamiento en lo esencial, podríamos criar a toda una guardería y yo no tendría ningún problema... grave— bromeó luego, y le abrazó por encima de los hombros, cayendo la palma de su mano sobre el brazo del policía— Pero para qué querríamos tantos, ¿no? Dos estarían perfectos, así se entretendrían juntos cuando papá estuviera ocupado con papá número dos.

El castaño lo pensó un momento. ¿Cómo no ofender a los conquistador de carrera rápida? Ni hablar, no hay modo. —No te hagas, como las mujeres y hombres que asisten a los bares para solteros de cuarenta años, o los noviazgos de secundaria, que duran dos semanas y al siguiente día ya empezó otro. Sabes de qué voy— replicó al mirarlo, consciente de que lo seguía por más sencillo que quisieran ponerlo. Cuando uno estaba bromeando, él otro lo impulsaba a continuar. Y así lo mismo al revés. Por algo su situación parecía tan afable y la sonrisa, más o menos visible e intentado ocultarse, era fácil de localizar en Viktor. Ni siquiera llegaban a discutir, y si lo hacían, lo cual no había sucedido hasta entonces desde su reencuentro, lo resolvían tan pronto que a los minutos ya había pasado la tormenta y hasta se había secado. —Qué mejor, desde luego que sí. Lo haremos y hasta sabré más de ti que tú mismo cuando nos demos cuenta— le guiñó un ojo.


Viktor lo miró con afecto. —Debe ser por eso, lo dijo la física. Polos opuestos se atraen. No hay que pelear contra sus teorías— dijo a continuación, sonriente. Era una de sus partes favoritas de estar con Aiden. Ellos no se parecían, por eso disfrutaba de estar a su lado. Se divertían juntos, discutían opiniones, se reprendían entre sí. Parecía imposible que el aburrimiento tuviera una definición verdadera. Aprendía de él con él. Juntos tenían cosas nuevas, cosas buenas en las cuales no había pensado. Con Aiden experimentaba algo que nunca antes había sentido, algo que definitivamente no conocía. Era como descubrir un mundo nuevo y adentrarse en lo que no habías visto y no sabías que existía, pero que al descubrirlo caías en cuenta de lo especial de su interior y daban ganas de zambullirse con regocijo. —Yo creo que en lugar de torturarte, Lacrimosa podría ayudarte a dormir. He oído eso antes. Pero cuando te haga oírlo, sin duda te gustará mi adorado blues y el ligero toque de country en mi caja de pertenencias que casi nadie conoce; pareces alguien con muy buen gusto.

Ay, sí, ya, claro...— pronunció apenas audible, porque soltó una leve risa al escucharlo. No quiso avergonzarse o algo parecido, sabía que no era digno del Olimpo ni nada, pero al nacer tuvo suerte y al crecer también, sólo que volvía a meterse en la piel de un inexperto. Probablemente el hecho de que no le temblaran las manos era el cambio, nada más. Sentir su aliento contra su oreja, cuando le habló al oído, le había causado una agradable sensación de escalofríos que, por supuesto, no facilitó el asunto. Sólo podía observar sus labios y la manera en que se movían cada vez que Aiden hablaba, diciéndole lo que quería escuchar incluso cuando no sabía que así era. Un momento después de sentir la mano de Aiden sobre su mejilla, Viktor situó la suya encima y acarició la de él sin quitarle los ojos de encima.
Oh, sí. Muy curiosa— asintió con un gesto y negó la cabeza en el instante en que él rompió a reír. Luego lo miró y sonrió, y la sonrisa abrió pasó a una carcajada conjunta que no fue capaz de evitar; primero a resoplidos, luego en favor de la explosión contenida. Se imaginó que parecían un par de locos. Y ojalá fuera así. No se había sentido tan feliz en años.

No, no, no lo haré— dijo y meneó la cabeza en el acto, como si fuera a darle mayor convicción a su respuesta. —No diré nada— añadió y se volvió para mirarlo. Esperaba el intento doble de convencimiento, la persuasión para escuchar el plan o algo semejante, pero él se adelantó de todos modos. —Es una sorpresa. Prefiero mostrártela y hacerle justicia. No sería lo mismo si la adelanto— dijo, y sonó a que se resistía porque así lo fingió, evidente, como si en verdad debiera mantener la dichosa sorpresa en secreto y no arruinarla. Tal vez fuera así, tenía muchas ideas agalopándose entre las opciones. Lo mejor sería unirlas todas en uno, pensó Viktor. Si algo se le metía en la cabeza, aunque fuera el inicio de una broma, él podía empezar a considerarlo posible y apostar por ello. El paquete grande. El mejor del mes, pero aún no del año.

Tómalo mientras me tomo el mío— comentó con cierta gracia y aflojó el cuello de la camisa, bajándolo con un tirón aún cuando se regresara a donde antes. ¿Cómo había pasado de hablar de una comida en casa, con sus manos inexpertas y su falta de sazón (que no era del todo cierta, sólo exageraba), a tener un episodio con el amigo de abajo? Dejó que fuera la brisa ligera que entraba por la ventanilla lo que disminuyera su situación. Tenía que empezar a controlarlo de mejor forma, pero al ser un humano como cualquier otro y no una máquina de re-programación para frío o caliente, digamos que se lo ponía difícil.

Viktor aceleró a la velocidad permitida, luego aumentó un poco más cuando se desvió del camino y entró en un particular más solitario. Se volvió a mirarlo y le sonrió ante el comentario. —Yo tampoco— le aseguró tras un suspiro, acelerando un tanto con disimulo. —La comida es lo último en mi cabeza, si es que todavía está en algún rincón—. Y no, no lo estaba. Los coches disminuyeron a dos o tres, contando el suyo, y estaban lo suficientemente separados para saber que si se iba de lado en la carretera, no chocaría con nadie. Por raro que parezca, es en lo único que solía pensar cuando se encontraba conduciendo, en estar lejos de los otros vehículos y evitar la posibilidad de un desastre colectivo. Pero en ése momento, no. Ahí sólo tenía cabeza para repetirse ir más rápido y recordarse el camino. No lo había olvidado. Había estado en casa de Aiden varias veces, meses atrás, cuando se pasaba a dejar un manuscrito y sentía el impulso de ir a saludar. Impulsos en los que bien pasaba de todo menos saludos. Fuera como fuera, la ventanilla baja dejaba entrar el aire y el golpe, aunque le amusgaba el ojo izquierdo, mantenía la temperatura de su cuerpo en orden. Mitad normal, mitad superior a los cien grados de calentura. La mitad de su rostro se sentía como si hubiera salido recién de algún centro oriental con la cara estirada por algún tratamiento rejuvenecedor, gracias al aire levemente frío a causa de la velocidad, pero bajo la cintura, donde ya no se notaba la presión de la chaqueta sujeta alrededor de su cintura en lo más mínimo, allí estaba ardiendo un infierno cada vez que la mano de Aiden acariciaba su muslo y él trataba de mantener las manos en el volante y no aprovechar la oportunidad —no estaba con el policía, sino con el Teniente— para aparcar en alguna parte a mitad del camino.

De alguna manera, tuvo suerte. No supo cómo, pero sí que llegó, conservó la (algo) maltrecha moral y se mantuvo todo en orden hasta que observó la fachada de la propiedad y el coche siguió avanzando por la calle, deteniéndose justo en la acera correcta y en el lugar propicio. Habrían pasado como mínimo quince minutos y contando, pero Viktor los consideró casi dos horas de las más largas. —¿Tienes las llaves?— fue la primera pregunta que se le ocurrió mientras retiraba la llave, quitaba el seguro de la puerta y se tranquilizaba el motor. Sí, sí, era una cuestión importante. Pero ¿quién sale y no carga las llaves de su casa, por favor?


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Oct 16, 2015 11:51 am
-Viste, no soy sólo una cara bonita y un par de puños-comentó con una sonrisa divertida-Confío en que mi novio sabrá como recompensarme..aunque un cupón no me vendría mal, especialmente si dice "Válido para que Vitkor sea tu esclavo absoluto por 24 horas"-agregó coqueto y con una amplia sonrisa, a pesar de que estaba bromeando consideraba que le vendría bastante bien uno de aquellos más si venían en una gran y abultada cuponera con al menos 40 copias de aquel ejemplar y otros un tanto más específicos por así decirlo.
-Realmente no importa de qué sea, aunque fuese la mina de la terquedad la cuidaría con mi vida-comentó estirando su mano para empuñar el dedo que este mantenía sobre su pecho y luego acunar su mano entre las propias palmas añadiendo al final un tono cariñoso puesto que realmente lo decía con aquella intención, el castaño era una joya invaluable a la cual debía de cuidar con extremo cuidado pero más específicamente era la persona más importante para él en aquel instante, el dueño de sus suspiros y protagonista de más de algún sueño o añoranza.-Demasiado raro..acabas de matar nuestro lindo momento, bien mi vida, bien-aplaudió con énfasis y riendo jugando una broma para luego valorar sus palabras-Bueno..te doy la razón en esto, así que,  ¿De qué tipo de bonificación estaríamos hablando?-preguntó con una inocencia claramente forzada.

-Tienes un insano gusto por verme en aprietos, y peor aún disfrutas de ello-comentó ligeramente molesto con su novio por hacerle considerar una situación de aquel estilo. Separación era una palabra que no quería volver a considerar, ya la había experimentado y nada bueno había obtenido de ella por lo tanto estaba fuera de discusión involucrarse nuevamente en ello, claro está si esperaban que su relación se encaminase hacia un futuro claro y brillante donde ambos estarían juntos hasta que el final llegase-¿Quién empezó?-comentario infantil apareciendo de la nada pero que poco le importaba realmente si era inmaduro de su parte, se podía permitir de vez en cuando aquello-Oh perdón jovencito, no quise hacerle sentir más viejo de lo que ya es-rió mirándole considerando que el mayor era el rubio pero aún así si había decidido empezar de cierta forma no le veía daño a terminar de la misma manera, ¿O si?.
-Por ti la perdí hace rato, gracias por preguntar por cierto-agregó sonriendo sin darle más detalles de aquello, quizás el castaño pensaría de una mala forma de ello pero Aiden lo decía de una forma totalmente sincera y afable, más aún, atendía simplemente al hecho de estar enamorado. Ni siquiera debería ser un tema para ambos sin embargo allí estaban pensando en una mala parodia de Rihanna y Chris Brown versión Escritor versus Policía como si ya de por si no fuese algo superfluo-Bueno uno nunca puede estar seguro, quizás en una ocasión me emocione por algo (una anotación de uno de mis equipos favoritos de fútbol)y te de un ligero golpe, que quizás a ti te parezca demasiado fuerte y bueno, luego tendríamos una demanda por maltrato conyugal que tratar-agregó formando una línea entre sus labios que amenazaba con curvarse de forma agradable-Está bien, sólo bromeo, y me alegra saber que también lo hacías tú..mira que maltratar tan apetecible cuerpo..No, no, inconcebible-comentó estirando una mano para recorrer su brazo desde la parte superior hasta caer y retraerse a su propio cuerpo-Nunca preguntes por cómo me comporto en mi trabajo, me gustaría conservarte a mi lado, ¿Sabes?-comentó medio bromeando medio en verdad puesto que si bien no era sanguinario el término de Matón le quedaba bastante bien, casi hecho especialmente para él.

-¡Y ni te arrugas para decirlo!-arguyó frunciendo el ceño que intentó mantener cuando este le atrajo sin embargo sabía que estaba indefenso ante él-¿Cuál cara?..¿Esta?-siguió con aquella máscara y luego la cambió por una peor si es que podía tensar más sus músculos faciales-¿O esta?-agregó intentando dar con la que desencadenaría la culpabilidad en el escritor, si es que tenía la suerte de ello y tan sólo -obviamente-por molestarlo. -¿Me estás diciendo que no debería ir marcando el calendario con los días restantes?..Me has ahorrado un trabajo Viktor-bromeó y tras fijarse en su rostro se cortó para adquirir el tono serio que la caracterizaba-Está bien, sólo bromeaba, aunque en realidad entraste sin permiso y para cuando me di cuenta ya estabas frente a mi, no es como que pudiese cerrarte la puerta en el rostro-afirmó corrigiendo la situación y luego alzó las manos-Lo estoy haciendo de nuevo, perdóname amor..en fin, yo quiero Todo contigo así que imagina lo que significa para mi eso-agregó sonriendo ampliamente lo cual comenzaría seriamente a dañar su rostro debido a la extensión de aquella curvatura que no hacía más que asomarse cada vez que hablaba con el castaño.

-Perfecto, entonces no se diga más-agregó con una sonrisa completa que demostraba la felicidad que albergaba en aquel momento, momentos perfectos como este sabía que podrían ser relativamente escasos y eso les otorgaba aún más valor.

Besarle era un placer con todas sus letras, el sabor de su boca se asemejaba al más fino y empalagoso de los manjares que pudiese tener el privilegio de degustar y eso que podía repetirse las veces que quisiera y claramente era algo que tenía en mente a diario, a cada hora, minuto y segundo si sus pulmones no molestaban con oxigeno. Sus manos aún se movían lentamente por sus costados y su vientre suavemente, tocando la anatomía que no los expondría a un juicio moral en público y que de cierta manera igual le hacía pensar de una forma no apta para un horario de menores.

-Es lo que me das a entender, nada más-agregó encogiéndose de hombros pero muy seguro de que no le dejaría ir tan fácil, era una conversación tipo que usualmente las parejas debían de tener y ellos no serían la excepción a ello-Te tienes mucha fe eh, pero bueno, sino la tienes tú no sé quién la tendrá, porque yo me arriesgaría a afirmarlo-comentó deslizándose entre los brazos de su novio con suma facilidad-Conmigo no tienes que darte aires de grandeza, ambossabemos que no durarías una tarde completa con tan sólo uno-rió mirándole divertido, para luego oscilar hacia lo coqueto-Hum..sería perfecto, mientras su Papi preferido-porque obviamente lo seré-intenta hacerles un hermanito más-agregó con una carcajada y un descaro total, no le importaba, de ambos era el que más podía salirse de la norma y permitirse dejar que su lengua hablase de más.

-Pues hasta el último momento que lo comprobé a veces tendemos a irnos a ambos extremos, ¿No te parece?-comentó riendo y mirándole, sin embargo en parte tenía razón y quizás a pesar de que no superarse un 10% seguía siendo una cifra no despreciable y es que si bien no era adolescentes ni mucho menos cuarentones tendían a comportarse como tales en las ocasiones menos oportunas-Si lo sé, y no tienes idea de cuánto me alegra hacerlo-confirmó con una sonrisa amable y cariñosa, intentando hacerle ver al escritor que la paz que le inundaba en aquel instante no tenía comparación alguna, aquella sensación de plenitud y seguridad que tan sólo podía obtener al confirmar los sentimientos del otro y más importante aún: sentirse completamente correspondido.

Se mordió el labio divertido y le dedicó una mirada grácil en aquel instante, para luego confirmar sus palabras-Oh y su supieran cuánto me atraes, creo que rompería unas cuantas leyes o teorías, es más...debería ser ilegal a decir verdad-comentó con una mano puesta sobre la espalda baja del castaño y otra en su pecho, sujetándole y atrayéndole hacia su propio centro de gravedad. -Y vaya que me vendría bien eso, no tienes idea del insomnio que tengo a veces..aunque imagino que un abrazo y unos cuantos besos también tendrían un efecto somnífero en mi..¿Tú que crees?-comentó rodando los ojos para luego reírse por lo bajo, era un sujeto que le gustaba demasiado coquetear, más si se trataba de su pareja con la cual no se limitaría-Si tú lo dices entonces así será, confío en tu juicio..al menos la mayor parte del tiempo-le sonrió y pasó una mano por su cabello para arreglarlo-Lo esperaré con ansias amor-finalizó.

-¿No me crees?..-bufó-Tampoco es que seas un Adonis, pero para mi eres bastante, demasiado aceptable..no, espera, no es la palabra.. Hum..¿Ya dije perfecto?-agotó sus recursos en aquel instante para intentar una nueva versión de su anterior comentario.
El toque suave del castaño era como seda en el dorso de su mano y estaba seguro que nunca podría acostumbrarse del todo al contraste entre la textura de sus pieles, lustrosa la de Viktor en contraste a la áspera del rubio debido a su propio trabajo, un momento a otro se permitió sonreír y luego reír envolviéndose en un manto de humor de cual sólo ellos dos tenían acceso.

-¿Te das cuenta?, te ríes de mi..te gusta avergonzarme, ¿Y ahora me torturarás con la espera?..-agregó con dramatismo-Menos mal que eres mi novio, no me imagino qué sería de mi si fueses mi enemigo o rival-terminó por agregar pero como en varias ocasiones simplemente hablaba por el hecho de hacerlo, sus palabras no respondían a una lógica clara ni mucho menos a una situación en particular, sin embargo era imperioso que dijese algo y no asintiese tan sólo como dándole la razón a cada momento.

Al mirarse por el espejo de su parte del automóvil notó que su cabello estaba completamente fuera de lugar, un responsable era el viento que impactaba contra su rostro pero otro no menor había sido el propio movimiento y escena que protagonizaron hace unos escasos minutos. Sus dedos rápidamente se movieron por el casco que componía su cabello y lo orientaron hacia la dirección que últimamente estaba probando con una apariencia que había decidido adoptar: las hebras de oro que solía dejar libres a su propia forma esta vez se unían en pro de una misma dirección, cayendo como una cascada bastante cuidadosa y estructurada que no hacía más que reforzar la estructura ósea que poseía y resaltar los ángulos que más favorecían a su perfil.

Su pecho ya volvía a un ritmo normal y claramente tolerable más no podía decir lo mismo de su sangre y de las partes que esta irrigaba sobre todo en las porciones inferiores de su anatomía-Ya veremos que hacemos con eso luego, si nos queda tiempo-comentó mientras le miraba de reojo sin decir nada más, estaba conduciendo y no quería ni iba a ser responsable de algún accidente u omisión de las leyes del tránsito por tentarle cuando no debería. Aiden era muy observador y si se mantenía en silencio recurría a su vista para hacerse una idea en su cabeza del panorama al cual se enfrentaba, no existía color, forma o paisaje que pudiese escapar de su periferia y mucho menos no fuese analizada conformando una opinión a cada momento.

Como copiloto se limitaba simplemente a estar en su posición y dejar que su novio condujese por la ciudad, pasó por alto algunos errores que obserbaba en otros conductores sin embargo no estaba en servicio como para poder ocuparse de ello y aunque lo estuviese realmente no podría lograr que la sangre llegase a su cabeza cuando esta tendía a caer. Su mano no se retiraba para nada del muslo de este, acariciar y sujetar aquella porción de piel y músculo constitutía una provocación constante para el castaño y también una forma de hacerlo con él mismo, si no podía besarle y hacer lo que su cuerpo le demandaba en aquel instante perfectamente podía entretenerse un momento.

El hogar de Aiden a veces apenas lograba cumplir aquella función pues muchas otras parecía simplemente una edificación solitaria a la cual nadie se atrevía a entrar sin permiso, el lugar donde vivía era demasiado tranquilo pero aunque no lo fuese la presencia y el cargo del rubio conformaban una especie de campo de fuerza alrededor de su vivienda que impedía cualquier intromisión no bienvenida, después de todo como Teniente de la policía sería fácil para él rastrear a una persona y peor aún darle un castigo adecuado. Cuando aparcó el automóvil observó aquella oscura fachada que tenía puesto que no había dejado encendida la luz, apenas siquiera recordaba si su habitación estaba en condiciones de recibir visitas o la cocina pero suponía que ya nada podía hacer para dar una buena impresión, por mucho que no fuese necesario-Ups..No, tendré que ir a pedirle la copia que le di a mi sexy vecino para cuando quiera visitarme de improvisto-agregó con un tono bromista pero con matices de reprensión-Claro que tengo las llaves-rodó los ojos y abrió la puerta para salir del automóvil con dirección a la entrada de granito que formaba un camino hacia el portón que constituía la barrera entre su hogar y el exterior-¿Vienes?-le esperó y mientras el escritor acortaba la distancia entre ambos le ofreció la mano para encaminarlo claro está sin que este lo necesitara pero aún así se sentía mejor al tener contacto con él, como una necesidad bastante imperiosa.[/color]


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Oct 19, 2015 3:49 pm
Viktor le miró alzando una ceja y  pronto se dibujó una sonrisa en sus labios. —Vaya... pues no, definitivamente no eres sólo una cara bonita y un par de puños— sentenció de buen humor al escuchar cómo Aiden titulaba el producto del supuesto cupón en menos de un minuto. Era oportuno y demasiado conveniente, con todo y que el producto fuera precisamente él, pero quizá la palabra «esclavo» no resultara del todo llamativa ni siquiera con los antecedentes creados por el manga. A decir verdad, lo que inspiró un dejo de consideración y juego fue la manera en que su novio lo expresaba. Siempre parecía revivir algo muerto o dormido en su interior, algo que empezaba a reaccionar cuando al rubio le daba por adoptar una actitud coqueta. Viktor no podía evitarlo, puesto que Aiden sabía hacerlo perfectamente bien, como si formara parte de sus habilidades predilectas y disfrutara con ello, o al menos eso demostraba a los ojos del escritor de una manera bastante agradable y bienvenida.
Escucharlo dar ésa clase de comentarios no dejaba de enternecer una parte profunda de su ser. Así sucediera en un momento inesperado o en el cual sólo aguardaba esperar por una afirmación semejante, provocaba exactamente la misma sensación de agrado y seguridad.
Claro, pero esa sería tu mina— repuso de inmediato, sonriendo sin mostrar los dientes. Claramente lo decía a broma, aunque no estuviera alejándose a gran distancia de la realidad. Ambos tenían un tanto de aquello, sólo que para Viktor parecía más fácil aceptar la terquedad de Aiden (dado su gusto por todo lo que le rodeaba y le pertenecía) que la suya misma. No era lo mismo conceder el papel a otro y quedarse con el de la dichosa confianza, a elegir entre los dos e intercambiarlo por uno del que no se puede presumir ni durante una competición absurda de bromas y disparates. Sí, puede que no supiera cómo se tornó el rumbo de la conversación a esa altura, pero sabía lo que le convenía incluso a la hora de los juegos y nombramientos.
Oh, venga ya— soltó entre risas y negó con la cabeza, contagiado por la reacción ajena que sin duda se tomó el tiempo de observar de sesgo. —Fuiste tú quien pensó lo que haya sido que pensaste— apuntó con el afán de defenderse, aunque no le dio mucha importancia y siguió en lo que se habían detenido. —Dímelo tú— replicó a continuación, ésta vez refiriéndose al detalle de la bonificación que debería obtener a cambio de su explotación de confianza o lo que fuera. —Soy yo quien recibirá la grata sorpresa de que existe una... Ah, pero eso sí, procuremos que sea absolutamente extraordinaria. Algo como...— miró hacia el cielo y fingió repasar una lista de opciones antes de volverse a mirarlo, usando su expresión de triunfo y sorpresa, aquella que aprendió desde que era apenas un niño y necesitaba demostrar que sí le agradaban los regalos navideños o que no (¿por qué dudarlo?), no se había escabullido para echar un vistazo antes ni mucho menos había convencido a su hermano pequeño de seguir sus pasos— Oye, ¿qué tal un cupón casi igual al tuyo? De cuarenta y ocho horas, nada más. Para que no sean idénticos, ya sabes.

Con tal de ocupar la sonrisa que amenazaba con aflorar en sus labios, Viktor se llevó las manos al rostro, echó la cabeza atrás, emitió un ligero gruñido y luego las apartó. Ya estaba, la sonrisa se había ido y las ganas de echarse a reír también, aunque no podía asegurar que no volviera pronto. Pasaban de temas completamente propios para romper la carcajada y de súbito debía ponerse serio. —Qué va, no pienses en eso, amor. Nosotros no tenemos que preocuparnos de nada. Yo no volveré a apartarme de ti y si tú quisieras hacerlo (lo cual no digo que sea o vaya a ser así), tampoco dejaré que suceda así nada más— le comentó afable. Quería brindarle dicha seguridad a pesar de que sonara sencillo y no lo fuera, no del todo y no en todo momento, pero a Viktor no le daba la impresión de que fuera demasiado complicado tampoco. La gente solía decir un montón de cosas a las que no deberíamos hacerles caso, pero aquello de estar juntos siempre que hubiera un sentimiento como el que ellos compartían, tenía por mucho más sentido que cualquier otra cosa que hubiese escuchado.
Creo que empezaste tú... pero diré que yo— se apresuró a corregir antes de obtener una replica a eso. —Yo empecé y no volveré  a mencionarlo— aseguró a modo de juramento, recreando una cruz con sus dedos y pasándola por los labios con expresión divertida.
El castaño frunció el entrecejo y sonrió a su vez. Le quedaba claro que era un año menor que Aiden, y fue precisamente esa parte la que le sacó y ensanchó una sonrisa. —¿Te das cuenta de que acabas de llamarte viejo también?— mencionó burlón, pero enseguida paseó la mano por la espalda del rubio y le acarició suavemente a través de la columna.

En realidad no espera una respuesta como aquella y cuando la recibió, supuso que debería haberlo pensado de una forma diferente. Quizá lo fuera o quizá no, pero a Viktor le agradó más considerarlo por el buen camino. Hablaba la experiencia propia de su actitud y sus sentimientos por Aiden. Había sido algo espontáneo. Y decir que al enamorarse de él había perdido buen parte de su cordura, no solamente parecía cierto, sino también correcto para justificar la rapidez con la que lograba experimentar una cantidad de emociones que jamás se imaginó podrían formar parte de él. Ahora sabía de eso. Después de extrañarle el comportamiento aparentemente feliz de algunas conocidas parejas a las que no entendía en lo más mínimo, ahora sí que lo sabía. Comprendía cómo se hubieron sentido con respecto a otra persona y ya no le sugería nada falso o improbable.
Al escucharlo, Viktor resopló una risita y se humedeció los labios. —Puede que lo sea hablando del tuyo, pero conmigo exageras. En serio— comentó dándoselas de modesto, sin embargo respondía a la sinceridad. Eso es lo que pensaba, aunque no todos debieran compartir su opinión, tenía en claro que además de cepillarse los dientes y ducharse a diario, no hacía nada en absoluto para verse con las cualidades de un hombre atractivo. De hecho, prefería llamarlo suerte de rostro decente y nada más. —De cualquier modo— añadió alzando una mano a la altura de su pecho, como si quisiera dejar caer una pequeña pausa y destacar un hecho importante— supongo que bajo advertencia, sabré cuándo es hora de moverme al sofá más apartado— concluyó y le guiñó un ojo.
¿Tanto así?— enarcó una ceja y esbozó una sonrisa de medio lado. Tenía la sensación de que una parte de él no estaba bromeando a un cien por ciento. Y lo supuso mejor por haber compartido la mayor parte de su vida con un hombre que no distaba mucho de abarcar las características necesarias de un policía. Su papá había empezado así, antes de convertirse en lo que era ahora y parecía satisfacerlo al grado de la obsesión... sana, por así decirlo. —¿Por qué? Yo pienso que debe ser genial, ¿no? Eres como el superhéroe del mundo real y el joven Viktor del pasado solía amar a esos tipos tanto como para avergonzarse. Digo, atrapas a los tipos malos, das palizas a quienes se merecen palizas, salvas personas o al menos les das la tranquilidad que se merecen después de un suceso horrible. No entiendo qué podría haber de malo en ti mientras estás trabajado, a mí me suena a persona maravillosa y lo digo de verdad, no estoy intentando ser el novio adulador— inquirió a continuación. Lo había escuchado, sí, pero imaginó que la petición no era del todo cierta y no tenía nada de malo interesase por ello ahora que salía a colación. Le interesa por Aiden, porque quería conocer un poco de cada una de las facetas de su vida y de este modo rellenar los cabos sueltos. Hasta entonces no le  iba mal, no se había llevado sorpresas desagradables y eso era bueno lo mirase por donde lo mirara. Las cosas nuevas que acababa de aprender sobre él en tan sólo unos minutos, unas horas tal vez, le gustaban tanto como las que ya conocía.

Asintió con la cabeza en cuanto Aiden repitió el gesto y según Viktor, lo hubo hecho aún más reforzado que anteriormente. No estaba seguro de que fuera así, puede que sólo lo estuviera observando con mayor atención o algo parecido. —Sí, esa cara— dijo al mismo tiempo. Sin embargo, no se movió de su posición y tampoco apartó los ojos de él cuando ya estaba enfrentándose a otra mucho más sensible que le hacía preguntarse si en serio, en serio, pero en serio no tomó clases de Teatro alguna vez. —Ohh, vamos, no hagas eso— musitó y le rodeó con los brazos, estrechándolo con fuerza. Sabía que estaba actuando (no podía ser diferente), pero verlo era cosa distinta y ciertamente encantadora.
Bueno, eso no es del todo... De acuerdo, sí. Entré sin permiso. Pero la chica simpática que teclea a la velocidad de la luz estaba por avisarte, lo cual me temo que lo hace un tanto más justo— respondió tratando de creérselo. Apenas le había dado tiempo de levantar el teléfono a la secretaria, pero lo había hecho porque sabía que al oír su nombre no lo recibirían con ningún abrazo. Y eso si aceptaban recibirlo. Era mejor la reacción petrificada mientras Aiden digería su presencia, su regreso, su aparente actitud relajada que no dejaba de carcomer en su estómago cada vez que pronunciaba palabra. Viktor se lo había planteado sumamente fácil cuando estaba en casa, sin embargo el camino en coche comenzó a volverse lento y desesperante, porque entre más kilómetros recorría en la carretera, más dudaba y más se arrepentía del plan original. ¿Estaría demasiado molesto y decepcionado? Se lo preguntaba y lo peor había sido conocer la respuesta. Saber cómo se habría llegado a sentir él por culpa de sus inseguridades no le brindó la ayuda que necesitaba. Es más, no tenía idea de cómo salieron tan bien las cosas al final. No creía que se lo mereciera... si se ponía honesto. Pero ¿cuántos se merecen lo que tienen? —Aparte de que tenías un teléfono junto a ti y bien podría haberlo lanzado con fuerza— bromeó para quitarle hierro al asunto. —No, imagina tú lo que significa para mí— le corrió después. Tal vez no hubiera sido demasiado claro antes, puede que no luciera muy convencido de su amor y de la nueva aventura a la que disponía entregar su esfuerzo y su completa dedicación, pero si de algo estaba seguro, es de que Aiden se había vuelto indispensable en su vida. Lo había descubierto cuando empezó a extrañarlo, cuando aquello se convirtió en añoranza y cuando pensar en él logró sobrepasar las barreras, advirtiéndole de que una parte de sí estaría perdiéndose si no se apresuraba a corregirlo.

Ahí sí te equivocas, amor. Tengo una sobrina a la que le enseñé literatura y no se me perdió ninguna vez durante los fines de semana que se quedaba a mí cargo— comentó orgulloso sólo para molestar y arruinar la teoría de su inutilidad (medio cierta) al cuidado de los críos. A lo mejor podía con uno o hasta dos ya cuando hubiera madurado un tanto más. Por lo pronto, lo dejaría en la buena relación que mantuvo con una niña de seis años a la que le fascinaba la materia y el tío con palabras raras, aunque sin mencionar que prácticamente no hacía ruidos y no parecía existir un infante en casa. Eso, bueno, ya no era culpa suya. Si la pequeña tenía un comportamiento divino, sólo podría ser cuestión de su buena suerte y la severidad con la que su insoportable madre le había educado.
Fuera como fuese, Viktor no repitió un pensamiento parecido y ni siquiera se frenó al oírse despojar de ser el padre favorito (Qué curioso, ya empezaban a competir por ello y los hijos todavía eran tan falsos como el matrimonio), puesto que rompió a reír sin reprimir la carcajada. Esa clase de ocurrencias sólo podían salir de la boca de Aiden, pero al castaño le encantaba escucharlo y lo mejor es que siempre le sorprendía con algo que superase a lo anterior.

Pues yo no tengo noviazgos de secundaria— bromeó en respuesta. Decir lo mismo de los bares sería igual a mentir, porque sí que había estado en más de uno y durante sus veinticinco podrían haber sido cientos a pesar de que no asistiera precisamente para conseguir pareja. Antes bebía por casi cualquier cosa y por eso prefería evitarlo en su día actual. No quería volverse alcohólico como algunos viejos amigos o familiares, por mucho que afirmara saber dónde se hallaba su límite... Así que mejor fumaba en ocasiones y canalizaba su energía para inspirarse gracias al tabaco. Todo fuera por trabajar y no dejar dormida a la mente más de lo necesario. Ni a la mente ni a ningún otro sentido.
Tal vez lo sé, amor. Tal vez— añadió esbozando una sonrisa cariñosa. Definitivamente no era posible saber a ciencia cierta lo que pensaba o lo que sentía nadie más excepto él, pero bien podía imaginarlo. Si su plenitud y su felicidad se sentían en sí mismo de aquella manera, no dudaba de que en Aiden tuviera el mismo efecto con semejante naturalidad.

No me molestaría hacer de poli si traes las esposas— comentó divertido. Si quería seguir con el juego de palabras estando así de cerca suyo, debería comprender que estaba jugando con fuego. Sin embargo, no lo hacía. No comprendía nada cuando su cuerpo reaccionaba al contrario y su mente decidía tomarse un descanso para descansar, como si fuera en decadencia mientras se debatía en apagarse y encender algo con mayor utilidad para el momento. La cosa es que su amor era incondicional y no cabía duda, pero entre aquel mar de emociones y sentimientos que dedicaba únicamente para el policía, también se encontraba una avalancha de atracción y deseo que no tenía capacidad de encadenar para frenarla a la distancia. Lo intentaba, hasta se esforzaba un poco en ello. Pero a veces... a veces no le daba la gana poner ninguna resistencia.
¿De veras?— cuestionó con un ligero toque de asombro en la voz, pero fue algo retórico. Su reacción había sido más bien por la casualidad. Entre tantas diferencias, parecía una broma que lo que sí compartieran fueran los problemas para conciliar el sueño. Al menos no resaltaba cual novedad si Viktor se ponía a pensarlo desde otra perspectiva que no fuera la suya, pues aún cuando algunos estén acostumbrados a ello con el paso de los años, los policías deben ver una cantidad de cosas que le quitaría el sueño a cualquiera. No obstante, cayó en la cuenta del objetivo en cuestión de segundos. La oferta de somníferos pasó a la historia, porque su propuesta invitaba a que el castaño tirase los medicamentos a la basura y se cambiara al uso de algo más agradable. —Oh, yo pienso que es una teoría en la que estaré encantado de ayudarte a comprobar— contestó sin siquiera detenerse a pensarlo. ¿Quién ocupa de pensar una opción donde la balanza se inclina a un sólo lado en su totalidad? Ni hablar.
Perfecto, entonces— añadió de paso. Era una de esos comentarios que se dicen sólo por decir, como si no estuviera ya claro, pero es que no fue capaz de mucho más mientras le miraba. Probablemente no tuviera sentido alguno y sus ideas se hubieras despegado de su sitio habitual de conexión, sin embargo le pareció que aquel movimiento en su cabello, por simple y casual que luciera, resaltaba la sensación que hacía tan poco le garantizaba una señal de coquetería. O no, puede que se lo estuviera alucinando, que la sonrisa que le dedicó lo invirtiera todo a su gusto y nuevo parecer.

Qué dulce y considerado eres... No lo habías dicho antes, vas a hacer que lo me lo crea— respondió mirándolo con afecto. —Aunque la parte de aceptable también me parece buena para mí— añadió un momento después. A saber cómo, cualquier comentario que saliera de su boca perdía seriedad en el camino. Daba igual cuál fuera el tema en cuestión, Viktor lo hacía parecer algo por encima de lo casual, fácil y aparentemente práctico, como si pudiera solucionar los inconvenientes y las alegrías del mundo con una sola frase. A veces le funcionaba para bien, pero desafortunamente para él, eso casi nunca sucedía. La mayor parte del tiempo daba la impresión de que no se lo tomaba en serio, pero en cuanto a Aiden y su relación con él, las cosas cambiaban muchas perspectivas y opiniones. Para Viktor no existía algo más importante que su vida junto a él. El futuro que de alguna manera se garantizaron el uno al otro.

La sorpresa ya no sería buena. Eso es lo que pasaría— comentó Viktor respondiendo en su lugar, luego le sonrió. —Vamos, no es para tanto. Digo, no te llevaré a recorrer el mundo en una casa rodante, así que descuida. Cuando llegue el momento, y no tardará mucho, eso te lo aseguro, me vas a agradecer que hubiera mantenido la boca cerrada— concluyó para convencerlo de aguardar. ¿Estaba prolongando la sorpresa improvisada para darle dramatismo? Claro que sí. También ideaba detalles y se aventuraba a desechar e incluir opciones que quizá no hubiera puesto en juego antes, no de esa manera tan precipitada. —Y no me río de ti, por cierto— regresó al tema y lo miró de soslayo mientras continuaba, abriendo paso a una sonrisa divertida y cariñosa a la vez— Con lo de avergonzarte no tengo defensas, pero lo otro... bueno, me río contigo.

Ja ja, comíquisimo— falseó una risa mientras abría la portezuela y se disponía a retirar y guardar la llave. Apenas sacó un pie y se apeó del coche, la chaqueta se deslizó hasta caer al suelo. Se había desatado en algún momento, pero no le dio mucha importancia y se inclinó a por ella, echándola al asiento trasero del auto en tanto Aiden salió por el lado contrario. —Estaría loco si no— respondió al azotar la portezuela y activar la alarma desde el bolsillo de su pantalón. Luego rodeó el vehículo por delante y se unió a Aiden frente a la propiedad. Había estado ahí antes, pero le pareció que había pasado mucho tiempo desde entonces. Alzó el mentón al tiempo en que extendía y estrechaba su mano con la del policía, pensando que debería dejar una luz encendida cuando estuviera fuera. No supo exactamente por qué se le ocurrió uno de los mejores consejos que le dieron cuando decidió mudarse a San Francisco y resultó que no era el más seguro de los barrios, pero la idea se desvaneció muy pronto. Un policía no necesitaba de eso. Quizá hubiera instalado una novedosa vitrina de armas en el recibidor y tuviera otro cargamento en el sótano como el que Viktor tenía de licores jamás bebidos ni por beber. Y además, en Beverly Hills no deberían preocuparse demasiado por esas cosas. Lo supuso al encaminarse hacia la entrada. Igual que supuso (correctamente) que nada de lo que pensaba tenía sentido o relevancia. Oh... pero la zona era tranquila. No tenía peros visibles. Él y su Market Street salían derrotados en dicha cuestión. Allí debías poder salir después de que llegara la oscuridad y recorrer dos o tres calles sin la idea de que aparecería un vagabundo pidiéndote dinero. —Siento como si no hubiera estado aquí desde hace años. ¿Es normal?— comentó por lo bajo mientras recorrían el camino y se situaban frente a la puerta.


Viktor Guilleaume Bertholon


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Mar Oct 20, 2015 8:20 pm
No pudo evitar contagiarse de la sonrisa del castaño mostrando una en su propio rostro al observarle, sin embargo los minutos siguientes hicieron que su máscara se tornase en una más seria y quizás forzando un poco la idea de mostrarse ofendido-Estamos hablando de ti, a mi no me metas-alzó las manos dándole a entender que estaba diciendo algo que no era cierto, al menos no del todo sin embargo tenía claro que Viktor era uno de los casi únicos que le conocía bastante bien y que podría notar si la personalidad del rubio tenía matices como los que albergaban la terquedad..es más, sabía que lo era pero decirlo sería no ayudarse a si mismo y en una eterna lucha-amistosa-que tenía con el escritor podría ser el paso decisivo para su rendición.
Los dos tenían un poco bastante de aquello pero estaba seguro que ninguno se atrevería a aceptarlo frente al otro de forma abierta y extensa, no sin arriesgarse a perder el control de la situación cuando ambos creían tenerla y sin embargo resultaba que la balanza no solía inclinarse por ningún lado en particular.

-Ah claro, es mi culpa por pensar lo que sea que tú dices que yo pensé-comentó callándose al instante y soltando una risa-Sonó peor de lo que esperaba, bueno, obviando el trabalenguas que acabo de ofrecer, considero que no puedes dejar toda la carga sobre mis hombros, hazte cargo de tus palabras malintencionadas-alzó un dedo en señal de reproche puesto que lo estaba haciendo sin embargo como en otras tantas ocasiones no tenía un tono que sugiriese molestia o algo parecido, sino aquel relajado y posiblemente tendiente a bromear que solía utilizar en presencia del castaño. Le observó dejándole que terminase sin embargo no recibió respuesta alguna de este por lo cual suponía la correspondía a él idear una forma para ello-A veces considero que es una mala idea dejarte decidir a ti..la cara que pones cuando piensas algo..me preocupa-agregó riendo mirándole tras luego escucharle nuevamente y confirmar lo que ya temía-Para que no sean idénticos-repitió sus palabras lentamente considerando bien lo que decía-¿Y para no ser idéntico lo mejor que se te ocurre es que sea el doble del tiempo, eh?-esbozó una media sonrisa pero casi cómica-Curioso..muy curioso-concluyó entrecerrando los ojos para mirarle aunque no le podía culpar por querer sacar más provecho, después de todo él había considerado que con 24 horas podría tener sin embargo estaba claro que debería haber extendido uno por 365 días, si fuese posible, claro.

Observó sus movimientos y alzó una ceja entretenido por lo que hacía, en otra ocasión podría haber jurado que estaba presenciando una regular imitación de Regan MacNeil sin embargo no dijo nada cuando reparó en la seriedad del rostro de su novio, aclarando su garganta para hacer lo mismo-Lo siento, no puedo evitarlo a veces..hablo de más, pero es tu culpa, ¿Sabes?-le miró reprochándole-Deberías besarme para evitar que dijese tonterías, así nos ahorraríamos estas tontas no-discusiones-agregó con una sonrisa natural y amplia, como si lo que hubiese acabado de decir no constituyese un descaro total. Quería confiar en él y lo haría, le costaría no podía negarlo pero si iban a ser una pareja y hacerlo funcionar debían de poner todas las cartas sobre la mesa, apostar al premio máximo arriesgando todo puesto que al final la frase "El que nada apuesta nada ganará" es bastante cierta, tanto para asuntos de la fortuna como para la vida misma.
-Oye, suena a que me das la razón como a los locos..-rodó los ojos bufando por lo bajo y soltando un par de palabras que esperaba el otro no hubiese escuchado, aún así molesto no estaba, quizás algo sorprendido y levemente incrédulo pero nada que cambiase su humor de una forma brusca y oscura-¿Qué problema tienes con la edad?-preguntó divertido, para él daba igual si tenía 20, 30 o hasta 40 puesto que seguiría siendo el mismo aunque tenía claro que su cuerpo no entendería del todo aquello-Bueno, no soy un adolescente ya, pero vamos, aún estoy fuerte como un roble..y doy buena pelea-comentó golpeándose el pecho con el puño de una forma que le hacía ver como todo un Cavernícola u hombre salvaje, cualquiera de los dos estaba bien si servían para reforzar su punto.

Tenía 29 años y ya se encontraba en un punto de su vida que consideraba que el futuro ya no podía ser tan misterioso ni mucho menos algo que dejar al azar, estaba en la etapa de que tenía que luchar por lo que quería y hacer las cosas que quisiera, estaba seguro de que en un pestañear estaría bordeando los cuarenta y así sucesivamente hasta encontrarse con que su piel estaba demasiado arrugada y su cuerpo demasiado cansado como para siquiera gozar de la autovalencia y caer en la terrible aceptación de que dependería de otros para vivir normalmente..aún así, esperaba que cuando aquel punto de su vida-cúlmine por sobre todo-llegase hubiese cumplido al menos uno de los tantos escenarios que tenía planeado para él: estar junto a la persona que había elegido amar, aquella que le volvía loco y que para bien o para mal tenía su razón y felicidad en sus manos para hacer con ella lo que quisiera, esa persona ya había llegado y no había deseo más grande en su corazón que poder envejecer a su lado y expirar su último aliento sabiendo que le amó como a nadie y que recibió lo mismo de vuelta; claro está en el escenario más positivo de que pudiese llegar a una etapa senil y no perdiese la vida en un tiroteo o misión riesgosa que podía suceder dentro de varios años o segundos..no podía tenerlo claro ni ahora ni nunca, simple expectación que siempre estaría a su alrededor.

-Bueno, a mi me encanta, es lo que importa..a menos claro que estés considerando ir compartiéndolo con quién se te cruce..porque ahí si deberías considerar preocuparte por cómo luce..bueno, si es que llegases a poder hacerlo y eso incluiría que yo lo permitiese..-alzó una ceja-Sobre mi cadáver-agregó riendo y dándole un giro más teatral al asunto pero siempre partiendo del punto de la travesura y las bromas que no solían escasear entre ambos. Rió por sus palabras sin decirle nada puesto que sería divagar decir algo que estaba seguro estaba más que claro, además no podía evitar sentirse animado con las expresiones y más aún toques que este le daba, su mano a pesar de no haberse movido en lo más mínimo se sentía cálida sobre su pecho, donde podría estar seguro que sentiría el rebote de su corazón contra su palma.
-Tienes razón, si estuviésemos hablando de Clark Kent o Peter Parker, pero soy sólo yo, Aiden, y creéme que mi vida laboral dista demasiado de cómo tu la pones, vamos, se nota que nunca hablaste demasiado con tu padre o al menos no lo suficiente de cómo es ser un Policía-agregó aventurando sus manos por las caderas de este para sujetarle y tantear su piel suavemente-Supongo que al actual Viktor le gusto bastante tal cómo soy, ¿Supongo bien?-preguntó sonriendo sin dejarle de acariciar sus costados y acercarse para hundir su rostro sobre el hombro de este, había estado contando los segundos y posteriores minutos de no haber estado en contacto con él, era una necesidad ya la cual no podría corregir, le extrañaba no sólo en cuanto a sus sentimientos sino que físicamente, necesitaba tenerlo para si y tras hacerlo se había dado cuenta de lo mucho que lo ansíaba-Como sea, no hablemos de mi trabajo, es tan aburrido como yo mismo lo soy-comentó separándose para mirarle directamente a los ojos y chocar su nariz con la de él por unos segundos hasta alejarse estableciendo una distancia entre ambos más no del todo debido a que no le soltó de su agarre, simplemente se echó hacia atrás para contemplarle completamente. Hubiese dado todo lo que tenía por lucir y poder tener una realidad como la que su novio exponía, sin embargo un verdadero policía sabía que cómo los pintaban en la televisión o el cine era una forma muy amable de representarlos puesto que tan sólo ellos sabían la cargaba que tenían sobre sus hombros a diario, el lidiar con la muerte, tragedias y vulneración de los derechos humanos suponía una grieta en el alma de cualquier persona tanto para quién la experimentaba en carne propia como para quién debía ocuparse de ello o presenciarlo, más aún cuando se trataba de casos tan extremos y mórbidos que ni siquiera el estómago más fuerte podría evitar devolver su contenido varias veces, eran humanos, simples como todos y muchas veces las situaciones se escapaban de sus manos como al intentar mantener agua de una vertiente entre ambas.

-¿Hacer qué?-agregó con una natural inocencia, una que estaba seguro había perdido cuando la adolescencia había hecho acto de presencia en su ser, aún así le había permitido molestarle y más aún obtener una ganancia, como al sentir sus brazos rodearle y confortarle aunque para él se traducía más en calor corporal e infinita sensación de goce y amor, sus propios brazos le imitaron por la zona de la cintura apegándose a él para disfrutar de ello cuanto podía.
Alzó una mano para sujetar su nariz y lo hizo por algunos segundos para luego soltarle y mirarle-Te atreves a negarlo..no tienes remedio eh-comentó divertido mirándole y sonriendo-Podrás salirte con la tuya generalmente, pero no me vas a convencer con eso, nadie conoce tan bien a mi Secretaria como yo..y ella jamás ha dejado pasar a alguien sin tener mi consentimiento primero, vamos..hasta al Alcalde lo ha frenado y ¿a ti te iba a dejar pasar como si nada?-curvó su boca con una risa malévola-Claro que no..eres como un terrorista amor-ofreció divertido, puesto que lo que decía era demasiado cierto, Lucy era una mujer muy eficiente y jamás había decepcionado a Aiden durante su desempeño como su Secretaria y asistente Personal, de hecho ella misma solía protegerle bastante y eso era algo que jamás esperó de alguien que no tenía la menor obligación de hacer eso, sin embargo ambos tenían además una buena amistad-Creo que Lucy te tendrá en su mira, ella nunca había dejado pasar a nadie..no sé tú pero yo me preocuparía-agregó divertido.

-Que chistoso, piensas que sólo el teléfono...¿Sabes que tengo también una macana y algunos objetos de bastante dureza?-agregó riendo para luego restarle importancia con una mano, no venía al caso y claramente estaba bromeando con todo siguiéndole el juego-Intentaré imaginarlo, pero si quieres ayudarme a entenderlo no me quejaré-dijo con una amplia sonrisa mientras estiraba una mano
para acariciar su mentón suavemente.

-¿En serio?-le miró incrédulo, realmente no esperaba algo como eso puesto que era casi inconcebible-Espera, si tenía más de 12 años no cuenta eh-agregó con una jovial sonrisa mirándole, puesto que estaban hablando de bebés y su crianza y una niña que ya había pasado por eso realmente no era un buen ejemplo. Cuando lo viese con un neonato entre sus brazos lo evaluaría y pondría a prueba su tolerancia más no constituiría nada si se trataba de alguien mayor, la idea era un ser humano en sus primeros inicios y poner en juego la paciencia y tolerancia que este tendría.

-Yo te hacía en varios a la vez, vamos, como el típico que tiene uno en cada lugar-comentó con una risa y luego colocó la mano sobre su hombro para sujetarle-Sólo bromeo, no estoy diciendo nada en verdad-agregó con tono suave esperando que no se interpretase nada de una mala forma y mucho menos se lo pudiese tomar a mal.

-Pero que cliché más feo, eh..te pasas-comentó reprochándole en parte, por otra mucha mayor esbozó una sonrisa ante sus palabras, el juego previo y cumplir fantasías eróticas realmente podían resultar bastante motivantes para cuando el momento llegase, por su parte no era así ya que él era policía y nunca había sentido el interés de jugar con eso aunque sabía que el común de las personas si tenía un fetiche con ello y parecía que su novio no se escapaba de ello, por su parte mientras estuviese con él no importaba nada más-Pero bueno, a lo mejor podríamos ver cómo me quedan las esposas-rió coqueto mirándole.

Se mordía el labio para no caer en la tentación de reír y mucho menos explicarle a qué se refería sin embargo tras dejar un lapso de tiempo bastante largo pasar pudo comprobar como este se daba cuenta-Por fin caíste-agregó sonriendo-Así me gusta, que mi novio sea tan cooperador-firmó con una sonrisa y un suave beso en su mejilla rápido mientras le miraba y fingía que no había hecho eso sin embargo aquello sólo atendía al propio hecho de que estaba jugando.

-Pues hazlo, no me hubieses gustado en primera tan sólo por cómo eres..tu imagen también ayudó-agregó con una sonrisa completamente extendida que debería ser casi una tortura de no ser porque no podía evitarla, estar a su lado sacaba su lado más cariñoso y tierno, enamorado totalmente y tonto por no decirlo también. El amor cambiaba a las personas y lo tenía ya demasiado claro, durante un tiempo había intentando sobreponerse a ello y luchar para no caer pero realmente no podía contra eso, si iba a amar a Viktor no se limitaría en nada y simplemente dejaría que todo fuese como debería hacer, sin intervenir más de lo necesario puesto que sentía que su relación era bastante fuerte y que no necesitaban de un gran empuje para funcionar, o al menos esa había sido su apreciación.

-Bueno, sí, no sería una sorpresa si me lo dijeras, concuerdo..aún así..-agregó con una especie de pero sin embargo tan rápido como este quiso salir se desvaneció cediéndole el lugar a una mirada intensa sobre el castaño-Oye, sería divertido pasear en una, ¿Porqué lo dices como si no lo fuese?-agregó riendo y mirándole por unos segundos perdiéndose en sus ojos y luego bajando a sus labios los cuales rápidamente le invitaron
a devorarlos pero decidió contenerse-por el momento-de hacerlo, más tarde podría deleitarse cuánto quisiera sin tener que darles explicaciones a nadie ni tampoco cuidar la imagen-Está bien, esperaré lo que sea que vayas a hacer, decir, etc-comentó asintiendo relajado, pasando una mano por su cabello para alisarlo hacia atrás constituyendo el peinado que llevaba.

-Si, seguro, muy chistoso-pasó el índice por la nariz de este y la golpeó suavemente y mirándole para darle a entender a qué se refería, aunque las ganas de reírse no le faltaban y un esfuerzo hacía para no soltar la risa en una situación que no le convenía para nada.

-Lo es, si te dijera-alzó ambas cejas de modo coqueto pero no con él sino reforzando sus anteriores palabras, bromeando aún pero disfrutaba de ver cómo a su novio se le notaba en el rostro que le molestaba de cierta forma, nunca consideró que este pudiese ser celoso o molestarle comentarios como tal ya que de ambos Aiden era el que siempre podría tener un ataque de celos o darse aires de posesivo sobre el otro, pero verlo en vivo y en directo una vez a las tantas no le hacía daño a nadie, ¿O si?. Tras salir del coche caminó hasta la entrada de su residencia, las llaves sonaban en el bolsillo derecho de su pantalón donde chocaban con otro manojo de llaves que abrían varias puertas en la Comisaría y también permitían acceder a algunos objetos dentro de la misma, todas se encontraban unidas puesto que no sería capaz de tener presente tantas de aquellas que encima tenían formas y colores parecidos-en el peor de los casos iguales muchas veces-.
Tras entrelazar sus dedos con los del escritor le tomó para no-arrastrarle por el camino y con la mano libre sacó la llave para abrir la entrada hacia su hogar, donde un pequeño camino de piedras incrustadas llevaban directamente hacia la puerta central de la estructura, su mano se aventuró nuevamente hacia el llavero para hacer girar la cerradura y dejar a la disposición de ambos el acceso que se mostró como un vacío donde no existía ninguna luz visible-Creo que es normal que te sientas así, digo, hace bastante tiempo que no te pasabas por aquí, o por ninguna parte cercana a mi-agregó alzando una ceja pero con una sonrisa, no quería caer en la antigua y repetitiva discusión de lo que había sucedido en el pasado, era eso para ellos, pasado y debían de dejarlo descansar, por eso se aventuró tirándole de la mano para que caminase con él hacia la penumbra mientras estiraba la mano libre hacia la pared y accionaba el interruptor para encender la luz de la sala de estar iluminando el lugar hasta donde máximo le permitía a los focos-Bueno, hogar dulce hogar-le soltó para hacer un gesto con ambas manos a modo de presentación mirándole directamente y sonriendo-Eres el primero que traigo aquí..para que sepas-comentó mirándole mientras dejaba las llaves sobre una mesita que se encontraba cerca de ellos-El primer novio, me refiero-agregó con una sonrisa.[/color]


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Miér Oct 21, 2015 7:20 pm
Cierto o no, los dos conocían perfectamente bien sus niveles de razonamiento. Sabían, por tanto, que en el mejor de los casos no eran nada buenos aceptando opiniones que no vinieran de ellos mismos, pero al menos tenían la suerte de contar con la paciencia del otro y eso valía la pena. ¿De dónde la sacaban? Quizá jamás lo sabrían, pero ahí estaba. De algún modo les ayudaba a convivir sin irritarse, por increíble y misterioso que pareciera. Ellos funcionaban así.
Viktor intentó dárselo a entender dedicándole una simple mirada cuando ladeó el rostro. —Perdón, perdón. Yo solía decía, no aseguro que sea verdad... al cien por ciento— le respondió sin creérselo del todo, alzando las manos y dejándolas caer de regreso. No iba a ponerse a discutir —sanamente, claro— sobre la terquedad de su novio sólo para destacar la posibilidad de que fuera mayor que la suya, sólo que aceptarlo sin más sonaba menos realista viniendo de él. Nada de eso importaba, no era necesario. Sin embargo, Viktor tendía a hablar hasta por los codos, y guardarse un comentario al respecto, con un simple sí y un gesto convencido, no sería suficiente para alguien que había pasado tiempo de sobra en su compañía. Así que abandonó el tema como si no le hubiera prestado atención desde un principio, aunque demostrando una silenciosa opinión al respecto: no se engañaría y tampoco haría el quejica con ello, porque además lo conocía mejor que a la palma de su mano. Mucho mejor, sin lugar a dudas.

Ay, por favor, si no estaban malintencionadas al inicio— sonrió. Por lo que recordaba de su última frase, definitivamente él y su manía cínica y a menudo obscena, había arruinado su forma original, pero de no ser por eso, a oídos normales y sin su singularidad para compartir pensamientos cada vez que se le ocurrían y tenía la confianza de soltar, nadie habría pensado cosas raras. Y dolorosas, si cometía el error de adentrarse un poco más—. En las palabras no había fondo. Y ya has dicho con tu trabalenguas que lo hiciste. Lo pensaste. No sé qué fue, sólo sé que lo pensaste. Aunque bueno, es posible que en mi mente tal vez sí hubiera un ligero doblez, te lo concedo, pero de eso no puedes culparme ¿sabes? Yo solía ser puro y casto hasta que te conocí y entonces, boom, estalló la bomba y no sé qué le pasó al Viktor de antaño. De veras, incluso tengo miedo de que la humanidad se convierta en una especie de mutación de una versión mía— agregó bromeando. Quizá hubiera tenido algo de puro y casto en la cabeza hasta los doce años (exagerando, probablemente), a partir de ahí... ni siquiera tenía a quién echar la culpa de su cambio. Las revistas que Dale Harvey había llevado a la escuela durante el segundo verano desde que saliera de su burbuja fueron tan sólo el comienzo, porque transformaron un par de tornillos que hasta entonces habían estado bien sujetos y en su lugar, siguiendo lo común, lo que se dicta desde que uno nace y luego cuenta con la desagradable capacidad de seguir al rebaño. Bendito niño promiscuo ladrón de pornografía, había pensado Viktor unos años más tarde. Gracias a él se había dado cuenta del poco interés que sentía por las chicas del calendario motociclista del señor Harvey, con sus faldas cortas y sus botas de cuero con tacón homicida, como le gustaba llamarlas. Ahora la combinación de dichos temas, sexuales y de inclinaciones perturbadoras —Lo que acostumbraba a diario y prefería mencionar como perversiones arraigadas al oficio—, dio a luz algo que le hubiera gustado evitarle a su imaginación.

¿Hago una cara mientras pienso?— preguntó divertido, aunque lo hizo más como respuesta. Si Aiden decía que así era, entonces así era. Sin embargo, no le daba curiosidad mirarse a un espejo para descubrirlo. Ver la cantidad de muecas y gestos que hacía a diario, lo animarían a convertirse en la Monalisa. —Pues se me ocurrieron algunas otras cosas aparte de copiar tu idea, pero ya sabes, soy tan considerado que no quería abusar— le aseguró encogiéndose de hombros, irónico, dando a entender que las cuarenta y ocho horas de esclavitud plena que le ofrecía de opción no eran ya de por sí un abuso. Se imaginó que en su idea utópica de ser un esclavo, sus horas más las veinticuatro de servicio al cumplimiento de cupón para Aiden, sacaban un provecho y beneficio mutuo al final del día. Oh, sí. Si no fuera porque un título es un título aunque dure poco, y la conveniente utopía en la que pensaba era la suya, no la del rubio.

¿Por qué mi culpa?— inquirió con un tono de voz casi lastimero, sin embargo éste no tardó en desvanecerse hasta quedar en ceros cuando lo escuchó. El comentario lo hizo sonreír. La opción invertida tendría mucho más sentido, aunque debería practicarse cada dos o tres minutos. —Pensé que el único que necesitaba callarse aquí era yo— dijo y meneó la cabeza. No había salido con una flota de parejas en el último año, pero Aiden distaba completamente de parecerse a lo que conoció antes de él. A sus ojos, no tenían ninguna semejanza con nadie. Gracias por los pequeños favores. Y quizá su relación marchase el doble de mejor y estable por lo mismo, sólo que allí estaba, la prueba de que había estado exagerando con tales diferencias. Viktor creía que su principal error, del pasado, había sido actuar al gusto y placer cuando un alguien a quien, si bien no quería del todo sí le apreciaba, parecía emprender a una conversación que definitivamente él prefería evadir para evitarse entrar en sus vidas de verdad. Hablar con ellos era como traspasar la frontera. Si seguía la ruta en lugar de poner el alto, se complicaba más volver atrás. Así que ahuyentar el resto de la intimidad en pareja se le hacía muy fácil. Y apenas si había notado que, a veces, lo fácil también es la mejor opción y no precisa de rehuir a los compromisos. No siempre tenía que ser así, no siempre tendría la razón y no siempre tenía que seguir un patrón que le impidiera comentar la misma sarta de tonterías que hubiera hecho antes. A veces tenía que soltar la cadena y dejar que fluyera la corriente. Soltó un ligero suspiro y luego lo miró. —Tienes razón— le dijo— Sí, sí, es que... Dios, no sé. No quiero arruinarlo, eso es todo. Suena estúpido, lo sé. Ya lo había arruinado antes. Pero... disculpándome por seguir hablando y no besarte ahora mismo, siento un poco de presión encima, Aiden. No quiero decepcionarte otra vez, que seas tú quien piense que se equivocó al permitirse estar contigo, porque no puedo dejar de considerar que si ésta vez no funciona como los dos queremos que sea, ya no habrá tercera para enmendarlo.

Eso parece ¿verdad?— se volvió a mirarlo y luego esbozó una ligera sonrisa. Notaba la tensión pasajera y no se adelantó a disiparla con suma urgencia. —Descuida, amor. No creo que estés loco. Pero si de algo sirve, durante una temporada visité un hospital de salud mental y las personas con las que hablé fueron bastante agradables para estar zafadas. Me gustan los locos. Y a ti te amo como si fuera uno.
Lo pensó muy poco, pero no respondió inmediatamente a su cuestión. A Viktor no le gustaban muchas cosas, pero un montón de ellas se debía a que era quisquilloso. —Creo que no es la edad en sí, son las consecuencias. La gente grande es interesante y maravillosa cuando no son viejitos malhumorados, pero digamos que deberías entenderme como una especie de Peter Pan que no quiere crecer— comentó con sinceridad. Le gustaba más su vida cuando tenía veinte años y en el fondo creía que era indestructible, como si fuera el único ser humano que libraría a la muerte y daría la vuelta para decir ja ja. Saber que llegaría a la crisis de los cuarenta no resultaba gratificante y lo hacía exagerar, imaginando que a esa edad ya podría torturarse pensando en todas las cosas que le habría gustado hacer de joven y por una u otra razón nunca llevó a cabo, ni lograría hacerlo porque en unos años más la oportunidad habría finalizado el ciclo, habría llegado a la frontera. Claro que estaba lo bueno, lo espectacular, los logros y lo mejor que podría haberle sucedido, cosas que nunca estuvieron planificadas y que le regalaban una mayor gratificación y felicidad, pero el castaño no era demasiado hábil para ver el lado agradable hasta después. —Oh, sí. Sí que lo estás— musitó Viktor, echando un vistazo al brazo del policía. Buen punto. Un ojo a la manera en que el musculo de su brazo se tensó cuando Aiden golpeó a su pecho facilitó la evidencia. A algunos la madurez sólo los hacía mejorar, y mejorar, y mejorar...

Lo cual no harías— apuntó el castaño con una sonrisa divertida. De eso no dudaba ni en lo más mínimo. Ambos lo habían dejado claro a su manera, un poco disimulada en parte, pero capaz de entenderse con todas sus letras. El resto de la humanidad había desaparecido como una posibilidad palpable, y para la creencia que Viktor tenía sobre Aiden, también inmejorable en un sinfín de maneras. Sonrió y soltó una breve risa a resoplidos, inclinándose a dejar un beso en la comisura de sus labios. —Pues qué suerte la nuestra, celebremos que no necesitaremos llegar a tanto— añadió enseguida. —Sí, bueno, Kent era un alien— comentó, tratando de decir que no exageraba por esos rumbos. Realmente no. Leía demasiada ciencia ficción y le faltaban un par de tornillos, ni se diga, pero todavía presumía de cordura suficiente para diferenciar entre la realidad y las fantasías de una mente brillante que jugaba a ser el Dios de otros mundos.
Viktor se pasó una mano por la nuca y frotó el tabique de su nariz muy levemente. No tenía que decirlo, pero acababa de recordarle algo muy cierto. Cuando papá tenía tiempo de llegar a casa, él ya estaba dormido. Y cuando se tomaba un fin de semana libre para pasarlo con la familia, permanecía a lo mucho dos horas y de pronto recibía una llamada urgente, rogándole por su presencia, diciendo que lo necesitaban. Para Viktor, había sido de ese modo cuando trabajaba como policía y cuando intercambió los papeles y llegó con la sorpresa de que no sería teniente, pero le habían ofrecido el excelente puesto que siempre había buscado, en aquel que se había gastado horas de sueño y esfuerzo tanto en la academia como en los estudios. Tendrían más dinero y una casa más grande que fascinaría a los niños, pero quizá estuviera tuviera que sacrificar otro par de horas al día. Y posiblemente tuviera que estar pegado al teléfono durante las vacaciones, para instruir a los más jóvenes. Ahora ya no se lo reprochaba como antes, pero no podía hacer nada para evitar pensar que ni siquiera le conocía. Lo único que quiso fue enseñarme a disparar un arma, pensó. Tantos años viviendo bajo el mismo techo, trabajando durante casi tres años juntos, y no sabían nada el uno del otro. Tenía su gracia, tal vez conocía mejor al señor del periódico o al mendigo que se sentaba fuera del supermercado y te ofrecía sonrisas con huecos allí donde estuvieron los dientes. Por lo menos éste último tenía su lado divertido. —Es una lástima que no sean realmente así. Pero supones bien— asintió con la cabeza, esforzándose por sonreír cubriendo los fantasmas de un breve malestar de la familia. De todos modos no podía verlo ya, la posición en que se encontraban lo impedía y Viktor dio las gracias por ello. Sus manos se posaron en los brazos de Aiden cuando él inclinó su cabeza y la apoyó sobre el hombro del castaño, permitiendo que el escritor tuviera una acceso embriagante al aroma de su loción. —Me gusta el Aiden que eres. Tal y como eres— dijo, y de sus brazos a la altura de los codos, las manos de Viktor se movilizaron hasta sus hombros cuando el rubio retomó la palabra e hizo ademán de separarse. Fue entonces que Viktor rodó los ojos y la sonrisa regresó a su rostro —aunque ésta vez sin intervenciones— como si no se hubiera ido. —Tú no eres aburrido— añadió luego, haciendo notar en su gesto que tan sólo mencionar aquello resultaba absurdo. —Pero sí estoy muy de acuerdo— convino rozando su nariz con la punta de la contraria—. No hablemos de eso, no importa. De cualquier forma, dudo que tenga mucho de agradable ¿eh?—. Tampoco requería de una respuesta. Puede que Mathieu no le hubiera contado mucho porque no quería introducirlo en su realidad, sin embargo se había empeñado en cumplir la misión haciendo que desconfiara de todo el mundo a su alrededor, algo bueno y malo a la vez, dependiendo de los ojos con que se miraban. La cosa es que él mismo había llegado a relacionarse en el campo de la ley, y no había nada bonito en su material.

Notó una vibra positiva en mí. Entonces quién sabe, se le ocurrió que no había nada de malo en dejarme pasar. A lo mejor pensó que era un sujeto guapo y simpático, así que, ¿por qué no?— dijo, claramente bromeando, era incapaz de tomarle el pelo a nadie con eso. —Espera ¿le frena el paso al Alcalde?— alzó las cejas y esbozó una sonrisa divertida en cuanto reparó en esa parte que casi pasa por alto. —Eso explica su insistencia. Por un momento hasta pensé en ella y en su trabajo antes que en mí, pero luego se me pasó porque a veces me entran ganas de tener una secretaria— añadió, usando su término sencillo para suponer que el despido no habría sido para tanto, si él bien podría haberle dado otro y lagrimear en conjunto porque a nadie le hubiera ido bien el plan de sorprender al Teniente. —Bueno, sabrá aceptar lo que me toque la próxima vez que la vea, si eso pasa. Sólo no te olvides de que logré llegar a la puerta y que a la siguiente visita, te llamaré pidiendo que salgas porque estaré esperando afuera— comentó divertido.

Apenas escucharlo, frunció el ceño y se le desdibujó la sonrisa. —Lo sé... pero supuse que no golpearías al amor de tu vida con una macana. Es más dramático el teléfono, insisto. Como un clásico. El teléfono o la lámpara de la mesita de noche— sonrió de nuevo. —Claro que nosotros contaremos hasta diez cada vez que tengamos la sensación de lanzar cosas, tomaremos los productos de relajación y hasta nos pondremos a hacer yoga, ¿qué te parece?— se volvió hacia él. Era evidente que seguía bromeando, aunque no estuviera mal la parte del conteo. Viktor podía llegar a ser muy desesperante, y si iban tan en serio como parecía y aseguraban, entonces compartirían más que ratos juntos en cuestión de tiempo. Quizá tuviera que aguantarlo a tiempo completo.
Me encanta cuando lo haces oportuno— dijo y alcanzó la distancia donde se situaba la mano de Aiden, acariciándola con la suya por encima antes de atraerlo y hundir sus dedos en las mechas rubias de su cabello. Le rozó la nariz con los labios mientras se agachaba, y luego ladeó la cabeza hasta sentir sus labios y unirlos al sabor y el calor ajeno.

De hecho, tenía seis. No me subestimes— comentó divertido, alzando el dedo índice. —Y considerando que no me gusta ni sé dar clases y los niños no son mi fuerte, eso ya es un triunfo pequeño— agregó como si intentara fortalecer la medida de su esfuerzo al cuidar de su sobrina. La verdad es que hasta lo había disfrutado. En el fondo lo sabía. Y la pequeña también lo tenía presente. Compartían gustos, aunque pareciera increíble. Y a Viktor le agradaba porque se veía reflejado en ella, de una manera más mental que física, claro. La pobre se parecía a su madre, pero eso daba igual. El resto tenía algo de parecido a él, retirando la envoltura irritante con la que Viktor fue cubierto. Jugaban ajedrez y a pesar de que ella jamás pudo ganarle, no había vuelto a ver a un crío tan interesado en una partida que agilizara la mente, en lugar de patear cosas, gritar y ensuciarse en pozos de tierra mientras jugaran con los gusanos o preparaban pastelitos que nadie comería. Había sentido ganas de que fuera su hija, pero el anhelo se le olvidaba en unas dos horas, en cuanto recordaba que no eran como los muñecos pelones con los que a veces llegaba su sobrina bajo el brazo y apenas se les terminaba el biberón, ya se había rellenado dándole la vuelta y agitándolo un poquito.

Ah, bueno, que ya iba a llevarme la mano al pecho y reclamar— dijo con una risa, sin darle demasiada importancia. Sin embargo, hablar del tema alimentó una parte dormida de su curiosidad. —Ya que en eso estamos, aunque no tienes que responder si no quieres, es simple y pura curiosidad... Sin tenerme en cuenta, ¿cuándo fue la última vez que saliste con alguien?— preguntó. Claro que no se refería a algo totalmente serio, el hecho de tener una relación y que sea la única por el resto de la vida ya no existe y a lo mejor hasta fue un mito. Pero cualquier cosa de más de un día debería contar, a no ser que sean dos... pero lo dudaba. No so lo imaginaba en plan liberalista de fines de semana y adiós.

Preguntale a quien lo practique y ya veremos si te dice que es feo— respondió con una sonrisa. A decir verdad, su intención no iba más allá del comentario, pero la curvatura de sus labios se amplió al escucharlo proseguir. —¿En serio?— soltó sin meditarlo. Viktor no hacía cosplay sexuales, pero tampoco los descartaba. A un montón de gente les entretenían de lujo, así que debía valer lo raro de meterse en otro papel y ver qué pasaba. Apostaba por ello. Sobre todo con la tentación de una sonrisa insinuante como la que recibía de Aiden. Lo miró durante un momento para asegurarse de que hablaba en serio y no buscaba nada más su reacción, luego acabó de sonreír. —No lo he hecho antes ¿sabes? Sería... Si te animas, estaría sensacional arrestar a un motociclista.



Decidió hacerse el sordo a las palabras de Aiden, aunque le dedicó una mirada de reproche que en realidad no mostraba enfado alguno. Viktor tenía un sentido del humor muy bueno, casi todo el tiempo y en cualquier situación, tanto como para no enfadarse por nimiedades. Él enfadaba, no lo enfadaban. Y esto se debía a su facilidad de romper en risas cuando alguien se molestaba por sus comentarios, por la grave tendencia de no tomarse las cosas del todo en serio. Era más o menos un experto para manejar las bromas, puesto que también eran su pan de cada día. —Estoy seguro de que ya lo sabes, pero te adoro. Te adoro y eres un maestro motivacional por el que seguiré vistiendo decentemente en público— mencionó como si fuera un sacrificio tremendo; que no era, pero se entendía en la función de su objetivo. Raras veces ocupaba escuchar que no tenía la apariencia de un perro mojado o una rata egipcia, pero con Aiden se sentía bien, como otra forma de decirle exactamente que sentía lo mismo por él y pretendía alegrarle el día con los medios disponibles. Una completa dulzura. —Es un decir sin sentido, nada más. Intentaba hablar como un yankee de nacimiento. He oído que no gustan mucho de los turistas que pegan calcas en la parte de atrás de sus remolques, porque son los nuevos hippies y todo eso. Lo peor que a mí se me ocurre es que pueden robar niños y desaparecer de la ciudad un abrir y cerrar de ojos y está de miedo, pero lo demás es genial. Cuando te jubiles, deberíamos irnos a Irlanda en una— opinó de tal modo que sonara cual propuesta, antes de recibir la rendición que necesitaba. Ya podría estar seguro de que sería una sorpresa.

Ya lo dije antes, amor. Yo no soy un hombre celoso. Puedes bromeas si quieres...— hizo una pausa, y continuó antes de alcanzarlo en la entrada, hablando en voz alta para que pudiera escucharlo— pero después tendrás que justificar por mí que me lleve mal con todos los hombres que estén cerca de ti.
Viktor miró por detrás de Aiden la oscuridad que reinaba en la estancia y volvió a sentir que el comentario aconsejador brotaría de sus labios, pero no lo hizo. —Pasé por la comisaría un par de veces, pero ya tenía el coche nuevo— dijo como si tal cosa, luego se volvió a mirarlo— No creerás que ésta fue la primera vez que sufrí de un intento de hablar contigo ¿o sí? La diferencia es que hoy no me arrepentí de cruzar la calle, ni entré en pánico pre-petición de perdón-estoy-jodido-sin-ti— concluyó devolviéndole la sonrisa.
En cuanto la luz iluminó la estancia, Viktor miró en redondo para comprobar si había cambiado algo. Luego regresó sus ojos hacia él. —Vaya... iba a buscar algo en mi arsenal de romanticismo y bam, bam, recordé tu broma del coche— mencionó con una sonrisa, bromeando, pues no tardó en acortar la distancia entre ellos extendiendo su mano y sujetándole por el borde de la camiseta. Tiró de la tela apenas tenerla entre sus dedos y se inclinó a besarlo, llevándose la diestra libre hacia su espalda baja.


Viktor Guilleaume Bertholon


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