I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
▲ Debes subir tu ficha para obtener color
▲ Después de que tu ficha es aceptada, debes realizar tus Registros
▲ El mínimo de líneas por post es 10.
▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
▲ Avisen sus ausencias y eviten perder sus Pbs
021

Elite

013

Burgherdom

002

Home Workers

012

Employees

010

Students

001

Press

003

Police

008

Criminals

Nuevo Skin

21 - 04 - 2016

Limpieza de Registros

12 - 03 - 2016

Skin de Otoño

Noviembre - 2015

Skin Primavera

28 - 04 - 2015

Normas Actualizadas

09 - 12 - 2014

Censo Obligatorio

Octubre - 2014

Apertura foro

25 - 10 - 2014

El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
Savage Themes
The Captain Knows Best y Foroactivo

Algunos recursos gráficos e imágenes han sido tomados de
Tumblr
DeviantArt - Agradecemos especialmente a Pillsburymonki por su coloring Hollywood psd 15
Google
Otros

Gracias a Flaticon por los íconos, créditos a sus autores.

Licencia de Creative Commons

Beverly Paradise by Paparazzi is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://beverly-paradise.foroactivo.mx
Mejor AAAApellido
Mejor AAAApellido
Mejor AAAApellido
Mejor AAAApellido
Últimos temas
» Over muscle
Jue Mayo 18, 2017 10:54 pm por Vladimir Mikhailov

» Petición y/o Búsqueda de Rol
Vie Mayo 05, 2017 1:21 pm por Connor Reznikov

» Sorcery hill {Af. Élite}
Lun Abr 03, 2017 9:52 am por Invitado

» Comunidad Homosexual | Eternal Pleasures | REALES | SPORT & UNIVERSITY | APERTURA.
Miér Mar 29, 2017 7:29 pm por A. Griffon Arkwright

» — WALPURGIS HETERO ♥ +18 — Cambio de botón élite!
Sáb Mar 25, 2017 2:42 pm por Invitado

» Gold rings | Griffon
Sáb Mar 25, 2017 2:27 pm por A. Griffon Arkwright

» HUSBAND & MY BOYS 1/4 | Boda del año | Lacayos.
Vie Mar 03, 2017 12:06 pm por A. Griffon Arkwright

» THE RED JOINT | Putos | Sexual Slaves | Clientes
Miér Mar 01, 2017 7:15 am por A. Griffon Arkwright

» Daddy's Boy | Griffon +18
Mar Feb 21, 2017 9:29 am por A. Griffon Arkwright

Afiliados Élite 21 de 50
afiliados Hermanos 03 de 05
Directorio

I'm gonna stay and pray with him till the end {Viktor G. Bertholon} +18

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Ago 13, 2015 7:39 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Ser una persona con una mentalidad tan particular como la suya lo hacía único, lo cual no siempre significaba que destacaba por sobre los demás o era admirado, muchas veces resultaba que nadie lo entendía y que podría parecer la persona más rara o fría del mundo, y desde cierto punto de vista lo era; muchas cosas se podían decir de él, sin embargo cobarde no era una palabra que la caracterizaba, siendo uno de los rasgos más distintivos por el cual se hizo conocido y ascendió rápidamente en los escalafones de la policía.

Un sujeto duro como él no se sentiría intimidado por nada ni nadie, tal como lo había demostrado al enfrascarse en casos que a cualquiera le hubiesen erizado los cabellos, más para él la muerte no era un impedimento, si caía al menos lo haría en servicio y no podía pensar en mayor honor que aquello, o eso pensaba cuando consideraba que no tenía nada que perder, su familia gozaba de una muy buena situación económica gracias a él y si moría quedarían con un buen seguro, sin embargo ahora tenía una razón importante para mantenerse con vida, más específicamente se trataba de una persona, Viktor, el hombre al cual amaba y por el cual perdía el aliento cada vez que lo veía. Tras dejar la Comisaría y subirse en el coche del escritor no le importó realmente el rumbo que podrían tomar, bastó que este simplemente le dijese que se quedaría todo el día en la ciudad para que Aiden dejase todo de lado con el único fin de pasar tiempo con su amado, al cual no dejaría ir por nada del mundo, no ahora que sentía que algo nuevo podría existir para ambos.

La brisa de la carretera despeinaba los cabellos que tanto le habían costado reunir en una apariencia presentable tras lo acontecido en su oficina, sin embargo ahora no le importaba en lo más mínimo la imagen que podía brindar a los demás, no se encontraba de servicio por lo cual era un civil más, común y corriente y ajeno a un poder que traía con él grandes responsabilidades. Mientras el castaño conducía, Aiden sopesaba destinos en su cabeza hacia dónde podrían ir, cada uno de ellos ofrecía una actividad distinta y adecuada para la ocasión, sin embargo en el fondo a él no le importaba realmente el lugar, mientras estuviese con su amado-Vamos a Rodeo Drive, al llegar podemos ver qué hacemos, ¿Te parece?-preguntó observándole mientras giraba su cuello en su dirección, a lo mejor podrían llegar a un acuerdo o simplemente el rubio idearía el lugar más adecuado de alguna forma-O podríamos considerar otras alternativas...¿Algún lugar que quieras ir?-agregó tras unos minutos por una opinión, negativa o positiva, pero que al final encauzaría su conjunto camino hacia una dirección específica.


Última edición por Aiden R. Sutcliff el Miér Nov 11, 2015 4:26 pm, editado 1 vez


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo


Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Oct 23, 2015 8:07 pm
-Oh claro que no, el tono tan seguro que utilizaste fue sólo de coincidencia-estrechó los ojos mirándole-Te conozco Viktor-agregó aún con su mirada sin embargo luego resopló para entornar los ojos y dedicarle una mirada más serena y tendiente a la calma, podría haber parecido que se molestó por sus palabras más eso no había sucedido, simplemente el castaño había presenciado la defensa de Aiden cuando sentía que estaba siendo juzgado o algo, no podía evitarlo puesto que siempre estaba-y debía-de estar a la defensiva..aunque con su novio intentaba bajar demasiado la guardia puesto que estaba seguro de que si alguna vez llegaban a tener una pelea fuerte el rubio sería bastante responsable de ello.

-No me consta-le sacó la lengua por unos minutos mirándole con gesto infantil pero que también obedecía a una broma, esa era una mentira a ojos del Teniente puesto que conocía bastante bien a su pareja y este no podría creer que lo engañaría tan fácilmente. -Es una reacción causa-consecuencia, más o menos, tú dices algo ligeramente malintencionado y yo lo analizo de la forma en que lo escucho, es culpa del emisor por entregar un mensaje tan poco claro y cargado de matices con doble sentido..el receptor sólo decodifica cómo puede..-se encogió de hombros riendo por lo bajo y luego una mueca se dibujó en su rostro, su boca mostró una perfecta abertura que indicaba la sorpresa a la cual se había enfrentado en aquel instante-¿Perdón?-se aclaró la garganta para dejar el asombro atrás-Eso sería correcto si yo hubiese sido tú primera vez de lo contrario no puedes decir que eras puro y casto, Oh vamos.. no sé como tienes el descaro de decirlo-alzó una mano para sujetar la barbilla de este-No soy el culpable de tu doble sentido, pero me gusta pensar que soy el que lo estimula..y bueno, no sólo a tu doble sentido estímulo...-agregó alzando una ceja y luego soltándole para reírse, menuda gracia le había provocado todo el asunto, de ser puro y casto lo habría tenido en consideración siempre pero estaba muy seguro de que su novio era igual o mayor de desvergonzado que él a veces y eso era una de las cosas que más le gustaban de él.

-Faltaría que saliesen llamas desde el suelo y te rodeasen..con eso te digo todo-agregó bromeando y mirándole de una forma divertida también, más no exageraba del todo puesto que el escritor a veces solía tener unas expresiones que podrían poner en aprietos a cualquiera, sobre todo porque tenía ideas que demostraban la calidad de su inteligencia, bastante superior a la normal.
-¡Oh..que haría yo sin mi novio tan considerado!-arguyó con una risa más ruidosa de lo normal sin embargo no podía evitarlo debido a que el castaño lograba ponerle de tan buen humor y traer a la vida al Aiden divertido y risueño que estuvo perdido durante tanto tiempo en un mar de papeleo producto del trabajo y la amargura propia de las vueltas de la vida, la cual le había separado de la única persona a la cual había amado sinceramente-Eres terrible, ¿Lo sabes?-comentó acercándose para buscar sus labios y depositar un suave beso que tras separarse desprendió un ruido característico.

-Porque yo lo digo-enarcó una ceja dando a entender que no transaría con él un debate acerca de ello, claro está aún dentro del carácter de un juego entre él y el castaño, uno que siempre parecía estar activo y jamás apagarse, al menos no del todo, como las cenizas que quedan en una fogata que pueden volver a encenderse con la mínima chispa.
-Generalmente así es, pero ahora me tocaba a mi y te correspondía callarme como otras veces lo he hecho yo..ya sabes-alzó ambas cejas de forma sugerente y con una curvatura agradable en los labios, deseoso de algo que debió de buscar por si mismo al final uniendo sus labios nuevamente a los del amor de su vida.-No lo arruines entonces otra vez, digo, no eres tonto, al contrario, eres muy inteligente así que no veo porqué debas echarlo a perder otra vez. Además, yo decidí darte otra oportunidad y tengo muy claro que hay riesgos asociados, como en todo pero bueno sino arriesgo no gano nada, ¿No crees?-le observó suavemente-De no haberlo hecho siempre me habría preguntado qué sería de nosotros si decidiéramos estar juntos, y hasta el momento créeme que no me arrepiento de nada-se acercó para tomar sus manos entre las propias suavemente-Si me amas realmente como dices no habrá problema alguno, digo, no quiero decir que vaya a ser perfecto, pero si realmente quieres estar conmigo nada te lo impedirá-le observó serio y buscando su mirada puesto que a veces parecía que no lograba tenerla para si del todo-Yo te amo Viktor, cómo no tienes idea y si no funciona no será por falta de sentir, al menos por mi parte..bueno, ya, no sé que más decirte..si tú crees que no tenemos más que esta vez..-se calló y se mordió la mejilla, tenía un punto de vista distinto como siempre pero eso no lo hacía más o menos válido contra el del castaño, aún así no se rendiría tan rápido.

-¿Y cómo lograste salir?-le observó mordiéndose el labio con el asomo de una risa-Oye, pero ser agradable y no tener problemas mentales no van de la mano, ¿Sabías?-siguió con su brote hasta que no pudo retenerlo más y dejó que fluyese normalmente en una carcajada que tan rápido como vino se fue-Aww, te lo dejaré pasar sólo porque fue en parte tierno amor, sólo por eso-sonrió.

-Oh, pero eventualmente lo harás, así que mientras más rápido lo aceptes será mejor, aunque..ahora que lo pienso bien, tienes un problema serio eh, Primero fueron los bebés, ahora los ancianos..¿Qué te sucede amor?-comentó con una preocupación algo forzada pero también con una risa en sus labios, el escritor siempre tenía algo para decir que le causara extrañeza o sacase más de una risa en él, era un hombre muy curioso y se sentía muy feliz de poder disfrutar de él y de todas las locuras que lo involucrasen. Envejecer juntos no se alzaba como un mal escenario, al menos no a su juicio, que va, no era algo "más o menos", realmente sería un buen modo de concluir su vida junto al amor de su vida. Sonrió por sus palabras y por cómo lo veía lo cual le hacía pensar que estaba viendo más de lo que a simple vista parecía o eso era lo que pensó ante la mirada intensa de su novio.

-Exacto, quizás dirás que tú no eres celoso pero yo si lo soy..tú eres mío-agregó mirándole serio lo cual indicaba que no estaba bromeando, al menos no en aquel instante así que más le valía hacerse de la idea de ello puesto que Aiden era posesivo con lo que era suyo y más si se trataba del hombre del cual estaba enamorado, culpa de Viktor por dejarle amar y probar sus labios, y allí lo comprobaba cuando el escritor le daba aquella caricia-Ay ya, para-comentó luego con una risa burlona, Viktor era el amor de su vida y también parecía que era su Némesis, puesto que tenía siempre la actitud y palabra exacta para ir en su contra.

Por el tono que empleó y sus movimientos faciales-que conocía bastante bien-se dio cuenta de que quizás había dicho algo que no debería, que tocó algún punto sensible o simplemente estaba diciendo tonterías como siempre, no tenía forma de saberlo excepto que preguntar pero consideraba que aún estaban muy nuevos como para adentrarse en aquel terreno, quizás más adelante y en un futuro no tan lejano. Le hubiese encantando decir -e inflar el pecho para apoyarlo-que nada de la vida de su novio le era un misterio pero ya estaba claro que no, menos aún sus relaciones con otras personas, conocía a su padre, después de todo había compartido bastante con aquel hombre y como buen policía tenía un ojo para evaluar a las personas sin embargo no se atrevía a hacer comentario alguno o elaborar una teoría..después de todo, no era nadie para hacerlo y tampoco podría decir que era un experto en cuanto a las relaciones padre/hijo, porque para eso debería haber tenido uno y eso hace bastantes años que había dejado de ser posible. -Olvidemos esto, es una tontería hablar del trabajo..¿Podemos establecerla como una regla?-preguntó con un buen humor, alzando una mano para acariciar su mejilla suavemente.
Tras recargarse sobre el cuerpo del escritor se permitió cerrar los ojos unos minutos para apreciar su aroma, su cuerpo pero por sobre todo el calor que emanaba de él, aspirar todo lo que componía a su pareja y porqué no, admirarle en silencio por algunos minutos, feliz de poder estar a su lado y abrazarle, besarle y permitirse quererlo sin tener que darle explicaciones a nadie y más importante aún sin
distancia que pudiese separarlos-Me alegra escuchar eso-agregó sonriente cuando se separó-no del todo-y le observó-Por mi sería perfecto, además este día ha resultado ser bastante provechoso y alegre para mi..pretendo que lo sea hasta su final-agregó bajando sus manos para sujetarle de la cadera.

-Eso sería en uno de tus libros de ficción mi amor, pero en la realidad te aseguro que eso es lo que menos piensa o pensará Lucy-comentó riéndose también-Ahora, que el Teniente piense que eres muy guapo y relativamente simpático no quiere decir que todos tengan que verlo igual-le concedió mientras tentaba sus costados con sus dedos suavemente-Estoy seguro que es más peligrosa que muchos de mis oficiales, así que te lo advierto amor, no la hagas enojar-alzó un dedo a modo de advertencia.-Hey, búscate una propia..¿Te das cuenta?, primero quieres me quieres para ti, luego que sea tu esclavo ¿y ahora mi secretaria?..no abuses-hundió un dedo en su abdomen picándole sólo para molestarlo con una mueca divertida en el rostro-Pero si fuiste tan valiente, no tendrás problema de entrar y esperarme afuera, con Lucy, seguro tienen mucho que conversar-aventuró con un tono divertido pero que apuntaba casi a un acto tétrico.

-Oh que tonto soy, olvidaba que mi novio prefiere los dramas como las telenovelas, perdona mi falta de criterio-comentó llevándose una mano hacia el pecho a modo de disculpa y adoptando un tono más solemne sólo para molestarlo-Me parece bien..aunque podríamos intentar otras "posiciones", digo yo-miró hacia otro lado para no fijarse en él, era una proposición un tanto desenfrenada y quizás estaba abusando mucho de su confianza, con lo que le parecía a él quizás Viktor terminaría pensando que Aiden era un pervertido y nada más-Olvida eso, nos tomaremos un té o algo-comentó riendo un poco, quizás algo nervioso. -Que puedo decir, sé cuando aprovechar las oportunidades-aventuró mientras se dejaba acariciar por el escritor, disfrutando luego de la unión de sus bocas, su sabor y aliento que se mezclaban con el propio en una danza tan añorada por él y agradable como nadie más que él podría tener idea y de lo cual jamás
se cansaría.

-Está bien, seré un muy buen novio y te daré la razón esta vez..aunque 6 años no es ya sabes, una edad muy conflictiva que digamos-agregó tomando su dedo con una maño y encerrando un puño sobre este para sujetarlo con fuerza sin dejarlo ir-Todo un triunfo, te mereces un premio amor mío-dijo con una leve risa sonriendo.

-Y contaba con eso, de hecho estaba haciendo tiempo para cuando se te ocurriese reclamarme-cerró los ojos para no mirarle y que este pudiese decirle o hacerle algo, le estaba tomando el pelo desde hace un rato y no consideraba que cualquiera pudiese aguantar tanto, aunque era divertido y no se arrepentía-Qué curiosidad la tuya-entrecerró los ojos sin dejar pasar mucho tiempo para no dar una mala impresión-Eh..esto, a ver..salí un par de veces con algunos conocidos, bueno quizás eran amigos pero nunca los vi de esa forma, más que verlos no los consideraba así, les quedaba grande aquel puesto, pero contando, creo que con dos pero fue un par de salidas, nada más-comentó mirándole, esperaba que no viese algo que no había, si es cierto que se había permitido salir un poco y despejarse cuando el castaño lo había dejado, después de todo tenía el mismo derecho que cualquiera de tener una vida y ser feliz, y para ello podía permitirse conocer a las personas, sin embargo nunca fue de salir con alguien, tener sexo y adiós, no negaba que el deseo carnal era parte de él como de cualquier persona y más de un hombre que se caracterizaban por tener mayor libido, sin embargo Aiden era un sujeto serio que no estaba tampoco en una época de su vida para jugar a ser un adolescente hormonado.

-Tendría que ir a una tienda de juguetes eróticos o a un burdel, de lo contrario no encontraría a nadie, te lo aseguro-comentó con sinceridad mirándole a los ojos, aún con una sonrisa puesto que no quería dar una idea equívoca acerca de lo que pensaba-Si, en serio, podríamos intentarlo-comentó cediendo, no era algo que particularmente le gustase o atrayese pero si su novio quería hacerlo, ¿Por qué no?-Bueno, trataré de ser un motociclista bastante rudo y sin respeto por la ley..ya sabes, para entrar en el personaje-comentó alzando una ceja sugerente y riendo, antes nunca habría pensado que podría estar hablando de ello pero tampoco se veía otra vez con Viktor, y ahora de novios, así que las sorpresas de la vida eran bien recibidas.

-Siempre diré que no lo sé, tenlo claro, me encanta, pero de verdad, me encanta que me digas cosas como esas..-sonrió-Que te puedo decir, a veces me pongo medio meloso..pero sólo contigo-le observó sonriendo para luego alterar levemente su gesto-No me quejaré si no vistes nada decente en privado..o nada, también podría ser-rodó los ojos de forma bromista e intentando que no pareciese una invitación aunque tampoco lo descartaba.

-No sé de dónde sacas tantas cosas para hablar, pero Dios, amo esta cabeza loca, bueno a todo su conjunto-agregó rápidamente sujetándole de la cabeza con sus manos y acercándole para besarle el cabello y luego la frente para retirarse sonriendo-Si estoy en la tierra para esa época y me puedo mover bien, cuenta conmigo-agregó bromeando mirándole, no podía tentar a la vida y suponer que tendría una vida corta o al contrario longeva, no estaba en sus manos pero lo que decía el castaño se la antojaba bastante así que soñar y pensar en ello como una realidad no le parecía mal-Lo que tú quieras mi vida-sonrió.

-Si tú no eres celoso y no te molesta, entonces yo puedo también con lo tuyo-comentó encogiéndose de hombros, Aiden siempre reconocería que era celoso y quizás podría aceptar que no todo el mundo lo era, quizás era un gen recesivo que Viktor no había tenido la mala suerte de tener-Si..mis bromas-dijo usando un tono poco convencido para restarle importancia mientras se adentraban cada vez más por el territorio que correspondía al hogar del rubio, todo estaba oscuro pero Aiden tenía una orientación casi perfecta y más en un territorio propio, sabía donde estaba cada piedra, desnivel o escalón que pudiese entrometerse en su camino por lo cual al llevar al escritor de la mano lo conducía por el camino seguro y del cual no podría tropezar o algo por el estilo-No tenía forma de cómo saberlo, ya sabes, desapareces sin decir nada, lógicamente es como que no pudiese esperar que volvieras o estuvieses rondándome o algo por el estilo-convino mirándole sin el menor atisbo de reproche o pensamiento negativo-Y vaya que hiciste bien en hacerlo, sino nada de lo que hoy hemos hecho hubiese sido posible y no estaríamos ahora aquí-reforzó su expresión con una sonrisa amplia y sincera,que esperaba pudiese demostrar lo feliz que se sentía de que hubiese vuelto.

La luz se hizo presente haciendo lo suyo: iluminando los rincones a los cuales alcanzaba y a los que no jugaba con las sombras de los objetos haciendo ver el lugar de una forma interesante, o al menos siempre le había parecido así, tras comprobar y dejar las llaves en un lugar que recordaría se volteó para ver al castaño que parecía analizar todo, a lo mejor buscaba algo distinto o simplemente no se acostumbraba a la semi penumbra que los rodeaba-Está igual que siempre, claro..si te acuerdas de algo-le observó esperando una respuesta y tentando terreno.
-Oh vamos, dijiste en más de una oportunidad que no eres celoso..no puedes entonces molestarte o sacarlo en la conversación, o lo eres o no, no "a medias"-le dijo alzando un dedo con una risa, sin embargo no tuvo tiempo cuando este le tomó sin previo aviso y le besó, sus manos instantáneamente se fueron hacia su cuello entrelazándose alrededor de este mientras disfrutaba del contacto entre sus labios, el contraste entre la textura de sus labios y la diferencia entre la humedad y temperatura de sus bocas, se apegó más a este sin ánimos de separarse y podía escucharse su respiración agitada salir por la nariz mientras se movía lentamente para condicionar el beso hacia un lado u otro-Me encantas, ¿Sabes?-aventuró luego de unos minutos cuando se separó de sus labios más no de él, acto seguido le atrajo con fuerza volviendo a unirse a su boca mientras por efecto de la gravedad y posiblemente de sus movimientos fue retrocediendo hasta chocar con el borde de la mesita que tenía las llaves más no le dio importancia cuando se encontraba disfrutando de los labios de su novio.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Oct 26, 2015 7:38 pm
Bueno, tal vez me refería a un diez por ciento seguro, nada más— mencionó con una media sonrisa al darse cuenta de la reacción de Aiden ante sus palabras. Sabía que no podía molestarse por una tontería como esa, o como cualquier otra que saliera de su boca. Viktor tenía una manera demasiado peculiar de llenarse con ellas hasta hacerlas llover encima. Era sincero, pero en algunas ocasiones sus comentarios se emborraban con una mezcla de cinismo e ironía, casi tan inoportunos como la sonrisa que no parecía tener capacidad de contener del otro lado de los labios. Puede que Aiden fuera el único ser humano en la tierra con el lujo de comprender cuando hablaba en serio y cuando debería tomárselo a broma. Después de todo, seguía estando a su lado aún conociendo uno de sus lados no tan agradables. —Aparte, no tienen nada de malo ser un poco terco de vez en cuando. Yo lo apruebo. Es natural. Agradable, incluso viniendo de ti cuando me aferro a lo contrario— agregó enseguida e hizo uso de su actitud despreocupada, sólo para comprobar que la molestia —si en realidad hubiera sufrido una y estuviera engañándose—, aunque fuera pequeñísima, lograra desaparecer con la misma rapidez que se hubiera presentado. —Casi estaríamos de acuerdo en todo y sentiríamos que hablamos con máquinas en lugar de personas.

Oh no, no, no. Eso no es cierto— le interrumpió negando con la cabeza, pero siguió escuchándolo con una ceja enarcada y el ligero esboce de una sonrisa divertida hasta que finalizó. —El mensaje no era poco claro— alegó frunciendo el ceño por un instante—, hablábamos de mi confianza embotellada— aclaró riendo por lo bajo. —Es más, ni siquiera recuerdo por qué se me ocurrió que tenía que ir en un frasco o lo que sea, pero es increíble que me eches encima tu mitad de entendimiento raro porque decodificaste como pudiste y esa forma fue... uh, pues, ya sabes— se encogió de hombros, como para restarle importancia y aventurar a la rendición del otro; claro que, eso no sucedería simplemente por su gusto. No por nada se divertían con las cosas más absurdas. —Afróntalo, Teniente. No soy el único que piensa en ello más de la cuenta— habló con tal convicción que, al escuchar las palabras de Aiden, se giró a mirarlo y no arguyó en afán de triunfar con el resto. Aquel había sido un contra-ataque definitivo porque tenía toda la razón. Las dos opciones reaccionaban a él y por él, en el mejor o el peor de los casos. —Puro y casto de mente— se corrigió apretando los labios, y al cabo sonrió, mirándolo de sesgo mientras escuchaba el sonido de su risa.

Venga ya, qué exagerado. Yo pensé que me vería angelical— comentó haciendo un puchero con fingida decepción. —Pues... caerías en pedazos, amor mío— respondió a continuación, bromeando, con la ahora tan habitual sonrisa que surcaba por su rostro cada dos por tres. Con eso no podía hacer nada. Había conocido antes lo que significaba sentirse dichoso, incluso feliz. Sin embargo, ésta vez su situación se sentía bastante diferente. Era como una sensación de plenitud hasta entonces desconocida. Todo gracias a él. —Lo intento— añadió con el tiempo justo antes de que sus labios chocaran sobre los ajenos, encontrándose en un beso dulce y rápido, haciéndolo callar con el gusto de sentir aquella suave caricia.

Oh, ¿en serio? Porque todavía me gusta mucho y creo necesitar lo que hay entre mis piernas, así que por favor, no lo cortes así de pronto— dijo dedicándole una mirada inquisitiva, casi retadora. Él no quería ponerse a discutir por ello. De hecho, no le encontraba ningún motivo para hacerlo. Pero de nuevo estaban metidos en el hoyo de un dilema que los involucraba por igual. De algún modo, volvían al inicio cuando apenas habían llegado al fin de otro intercambio de palabras y frases inconexas en las que Viktor siempre, siempre y verdaderamente siempre, tendría una forma nueva de replicar tratando de llevarse la razón, aún cuando no la tuviera. Eso era lo acostumbrado, lo común, lo habitual, lo que demostraba que las cosas marchaban sobre ruedas y nadie se había perdido en el camino. Así como su aparente buen humor del día, raro al tener en cuenta que se caracterizaba por ser un joven con mentalidad de cascarrabias una de cada cinco horas, por estimar un dato. Sólo que en lugar de hallar la vuelta y hacerse el listillo, se quedó en silencio al escucharlo, con un ligero esboce de sonrisa que no llegaba a completarse, mirándolo con significativa paciencia. —Sí... demasiado tarde ¿uh? Ése barco ya zarpó— dijo como si lo lamentara, porque en parte así era. No del todo, por supuesto, nadie estaba muriendo ni abordaba un avión hacia la guerra. Pero después de dos o tres minutos con aquello en mente, y aún luego de esclarecer lo que debió de hacer y no hizo pero sin duda intentaría más tarde, ya era tarde para aparecerse con la solución del beso silenciador.
Lo pensara para entonces o para la sorpresa de los cinco minutos, apenas si le quedó rastro de espera para el segundo intento. Aiden cubrió la idea por él y el castaño correspondió a su beso como si no hubiera dicho hacía tan poco que aquel barco acababa de zarpar. Si en lugar del barco zumbaba el mensaje del tren, bienvenido fuera. Le rozó la mejilla con la nariz mientras se apartaba, y luego se humedeció los labios. Cada vez que lo besaba, permanecía la huella de que había sido muy poco. Quizá por eso estuviera entre sus actividades favoritas y no lo practicara a menudo, porque nunca tenía suficiente, porque necesitaba saciarlo al completo o algo así. No lo sabía. No podía estar seguro, pero le pareció lógico a su sentir, a sus pensamientos y a la temperatura que ascendía irremediable y circulaba por su cuerpo cuando el beso duraba mucho más, se sentía aún el doble y daba la impresión de volverse un adictivo.
Oh, vamos. Aiden, sé que me quieres, pero no confíes mucho en mi instinto ávido de pensar, si es que de verdad existe uno en mí— le comentó indulgente— Eso es lo que trato de decirte. No lo soy. Estoy enamorado ¿no lo ves? Sonrío todo el tiempo, como si me pasara algo extraño. No me preocupo por nada ni nadie. Te veo y pierdo la noción del tiempo, ni siquiera sé qué día es hoy. Para mí, eso es estar muy lejos de ser coherente y ni hablar del resto— se rascó la nariz, como si no acabara de ofrecer otra de sus explicaciones, e hizo una larga pausa con los ojos puestos en él. Lo que decía tenía sentido. Había recibido una oportunidad que no todos se merecían, ni se ganaban, ni obtenían tan fácilmente. ¿Entonces, por qué se quejaba? Quién sabe, dijo para sí mismo, y suspiró dando paso a un ligero asentimiento. El inconveniente surgía de su cabeza y estaba incrustado allí. Viktor le acarició el dorso de la mano con el dedo pulgar cuando le tomó las manos y las envolvió entre las suyas. Era un gesto agradable y tranquilizador, y por un instante se sintió a varias escalas por encima de ser un idiota por pensar en todo eso y compártirselo como si existiera una razón para preocuparse. —No, no, nada de eso— le aseguró, dando valor a sus palabras. Su voz sonaba afable y confiada nuevamente. —Tú estás correcto, yo no. Perdona. A veces soy demasiado paranoico ¿sabes?— Y dicho esto, sonrió aún sosteniéndole la mirada, con sus manos acariciando los nudillos del rubio. —Te amo. Tanto o más de lo que te puedo expresar, no tienes idea.

Ah, eso... me salté un portón metálico después de robar el uniforme de un auxiliar médico y cuando lo logré, escalé una valla publicitaria a mitad del camino y me oculté cinco horas detrás de la promoción de Taco Bell— comentó sereno, como si todo aquello no fuera un cuento de improvisación exagerada. —Fue uno de esos días— añadió enseguida y chasqueó la lengua. —Creo que sí— respondió risueño. —Vaya, gracias— dijo con aires reverenciales— Aún así, amor, creo que todos tenemos estos problemas alguna vez, a mayor o menos medida. Y no, lo juro— se llevó una mano a la boca y formó una especie de cruz deforme con los dedos— nunca estuve en ahí en calidad de paciente. Pero... ¿Sabías que las personas con alucinaciones, alucinan porque sus cerebros trabajan muchas más horas de las adecuadas para tratar de entender la realidad y entonces se modifica a su nueva percepción? Es interesante. Se supone que tal realidad no existe y podríamos ser creación de la imaginación de alguien más en esta o una realidad altera. Suena genial ¿no? Lástima que si un loco decide estudiarlo y lo encuentra, para entonces estará tan zafado que no tendrá mucho sentido escucharle— concluyó sacudiendo la mano. Ahí tenían el ejemplo de un círculo vicioso, bastante parecido a su manía de encontrar los espacios más o menos oportunos para mencionar pasajes de cosas totalmente distintas, pero surgidas de raíz en cuanto a las que concernían de momento.

Yo finjo mejor cuando me quiero reír y no lo hago, eh— le apuntó el rostro con el dedo índice al echarle un vistazo, luego se dispuso a contestar a su pregunta. Viktor no lo había pensado, pero decidió que resumirlo en su falta de gusto por los niños y la dificultad de las enfermedades que se presentan en los más mayores, eran motivos suficientes para no alzar el puño en el aire y festejar en su nombre. Los pequeños, como ya había dicho, significaban cansancio, gritos chillones y suciedad de dulces y calcetines mugrosos. Por otro lado, con los viejos de tenía nada en contra. Creía que no tendría que cuidar de ninguno en los próximos años, aunque no pensaba meter a su madre o a su padre (teniendo suerte de que viviera a la larga, con él ya se había hecho una idea de posibilidades negativas) a un centro de cuidados paliativos jamás, y en dado el caso de que gastaran tanto que no pudieran pagar a una enfermera competente, preferiría devolverles el favor de hacer papilla y cambiarles los pañales. En fin, que lo suyo no parecía combinado. —La verdad es que no es tan así, aunque supongo que no soy tan empático en realidad, más que de lejos. Digo, no les hago el rancio a nadie, pero la mayoría de gente me aburre o me desespera, es un poco raro... Como sea, los niños ya sabemos por qué no están sobre el pedestal, no entremos en esas aguas otra vez, que se me acaban los pretextos— le sonrió mostrando parte de la dentadura— Los ancianos... bueno, hombre, otros te dirán que no se quieren arrugar, pero a mí eso no me importa. Para mí las arrugas son una muestra de vida; felicidad, consternación, tristeza, enojo, un montón de sucesos y emociones. Es como leer poesía cuando los ves a la cara. Pero ellos tienen todas las enfermedades horribles casi a la vez. Además de que se les cae el cabello y no me imagino a un yo calvo, el Señor nos proteja— se apresuró a menear la cabeza, arrugando levemente la nariz. —Quiero decir, ¿te lo imaginas? No al yo calvo, sino lo demás. Apesta el simple saberlo, vivirlo debe ser mucho peor. Y por lo que entiendo, cuando la ven cerca, deben cagarse de miedo aunque sepamos desde el principio que nacimos para morir— concluyó y no tardó prácticamente nada en asentir un par de veces seguidas con la cabeza, sonriendo a medias— Sí, sí, acabo de citar a Lana del Rey.

Soy tuyo— convino con agrado— Hasta en Navidad, que es día de dar y recibir— añadió divertido y le acarició la comisura de los labios. Comprendía que Aiden hablaba sumamente en serio con eso, pero lejos de perturbarlo la actitud posesiva que demostraba con él, le gustó y se lo tomó de la mejor manera. Para él era igual. Quizá no molería a golpes a quien rondara a su novio con la intención de tomar lo que por derecho ya era suyo, o que al menos así lo creía y se lo había hecho saber con otras palabras, pero el sentimiento se compartía de la misma manera. Después de todo, las ganas de hacerlo las tendría durante un rato y hasta que el susodicho desapareciera.

Me parece una idea fantástica— repuso casi de inmediato, una vez salió del trance y se olvidó de aquellos recuerdos que en realidad no tenían demasiada fuerza, ni razón de perturbar o arruinar su momento. —Olvidémoslo— añadió antes de cumplir el acto y pasar a lo siguiente. Seguía presente un atisbo de curiosidad muy en el fondo, pero consideró que lo mejor sería guardarlo allí. No quería llenarse la cabeza con los asuntos laborales de su novio, ni llenársela a él con lo mismo. No había por qué complicarse con eso, y aunque su interés no había sido pasajero —pensaba que cada una de las facetas de su vida debería ser cristalina entre los dos— supuso que podría esperar a otra ocasión, mientras se le restara lo innecesario y estuvieran al corriente de lo relevante, nada más.

No te preocupes por eso, amor. Lo será. Hasta el final de hoy y hasta el día siguiente— amplió la curvatura de sus labios y se acercó a depositar un beso en su boca; primero en la comisura, luego al centro y con una breve, pero mayor duración; queriendo decir lo que a esas alturas ya no respaldaba ninguna duda. Se quedaría con él incluso después de que hubiera caído la noche. Ése era el plan, lo había sido desde un principio, cuando se aventuró a sugerir que deberían pasar todo el tiempo que fuera posible juntos.

¿Por qué? ¿Prefiere a las mujeres?— preguntó de pronto, como si fuera imposible que alguien no lo pensara guapo al mirarle y simpático al cruzar unas cuantas palabras. —Relativamente... Lindura de cumplido— asintió después, uniendo su índice como su pulgar con el resto de los dedos en alto. Todavía estaba sonriendo, aún cuando se esforzaba por no echarse a reír. —De acuerdo, está bien. Lo entiendo, Lucy me disparará un tiro a la pierna si la hago enojar— soltó sonriente, alzando las manos y dejándolas caer suavemente sobre los brazos de él, que entonces se hallaban hacia una inclinación que concluía en sus costados. Resopló una risa y le apartó la mano. —Deja, me hace cosquillas— advirtió y tras escucharlo, tiró de su mano para acercarlo hacia él, dejando que su mejilla acariciara la contraria cuando sus labios le rozaron la oreja. —Si a eso vamos, tenerte a ti es mucho más que suficiente. Y esperarte en el auto cuando me dé una vuelta, también... con las ventanillas arriba— dijo suavemente, sin alejarse del tono divertido que sugería antes.


Qué va. Películas— le corrigió. —Las telenovelas no son cosa mía. Mi basura de TV proviene de Hollywood— bromeó y le ofreció una leve sonrisa, la cual mantuvo aún después de escuchar su sugerencia. Sin embargo, se echó a reír y apuró lo que tenía en la punta de la lengua. —¿Qué pasa, amor? ¿Te has vuelto tímido de repente? Venga, puedes hablarme de cualquier cosa. Mientras no nos dé una torcedura de cuello, todo bien— sacudió la mano, como si quisiera espantar a una mosca, o más bien, en éste caso, la necesidad de arrepentirse y pasar a lo siguiente. No lo dejaría ir así como así. Estaban progresando. Inclusive en lo que atañe a experimentar. —Hasta si quieres tomar el té mientras tanto, aunque ya te digo, con eso me has superado la imaginación— bromeó con tal de relajar el asunto. Tal vez no fuera para tanto. A nadie le urgía y en algún momento saldría de la nada, sin necesidad de que alguien llamase a por ello o tan sólo lo sugiriera. ¿Qué no había sido así cuando la silla de la oficina en la comisaría adoptó un uso extra para el cual no se pensó que había sido diseñada? Se le ocurrió mencionarlo, pero lo dejó pasar.

Ya veremos en unos años quién lleva la razón... Yo lo tendré presente sólo para recordartelo y decir.. ¡Já! Mira amor, estoy cuidando a los niños y tras dos horas, ninguno se ha perdido— comentó cual si fuera un reto, pero uno a cumplir ya cuando se le hubiera olvidado. —Bueno, sí, me proyecté— asintió sin la necesidad de haberlo escuchado mencionar algo como eso, y le pasó un brazo por el cuello, acercándose para dejar un beso en su mejilla.

Ja ja, uh, jeje— falseó una risa. —No es que amenace, amor, pero una vez un tipo se pasó haciéndose el gracioso conmigo un buen rato... y despertó sin la ceja izquierda, sólo digo. Supongo que a ti te gustan tus cejas tanto como me gustan a mí— comentó con tranquilidad, según él para demostrar que estaba hablando en serio, aunque no lo hacía.
Asintió una vez, luego guardó silencio, le escuchó pacientemente y se quedó mirándole hasta volver a responder con un asentimiento. Sabía que había querido preguntarle, era normal, habían terminado sin siquiera hacerlo, sin ponerle un fin o algo parecido, así que no podía esperar que se hubiera convertido en el monje y esperase hasta que él refrescara su mente y se diera cuenta de que había sido un imbécil. Él no lo había hecho, pero su situación era diferente. Viktor quería alejar cualquier relación que tuviera que ver con... pues una relación de verdad. Y si se había retirado de una sin siquiera despedirse, lógicamente no saldría en busca de otra. Ni de lo cercano a un despeje. Cuando él hacía estas cosas o tenía dificultades, se excluía y trabajaba como un poseso, nada más. —Oh. Ya. Un par de salidas... está bien— curvó los labios hacia abajo, dándose por satisfecho con la respuesta, pero enseguida regresó la mirada hacia Aiden y le dirigió una sonrisa fugaz. —Después de mí la primera vez ¿no?— preguntó nada más para cerciorarse— Luego de varios meses, supongo. ¿En los más recientes? Si te sofoco, dime y me callo.

Tonterías. Las personas con gustos ocultos están por todas partes— dijo con plena seguridad. Así hablaba cuando nadie en el mundo podía hacerlo cambiar de opinión, aunque no tuviera pruebas además de su palabra. —Bien podrías detener a alguien en el supermercado y preguntarle si ha usado preservativos de sabor. Se ofenderá, no responderá y te tachará de loco, pero probablemente sea porque lo hace. Es un tanto común. Los cambios de roles son terapias para parejas con problemas, así que imagínate— complementó con una ligera sonrisa. —Suena divertido. Raro, ya lo he dicho, pero divertido al fin y al cabo— se mostró de acuerdo y dejó salir una leve risa. —No puedo creer que lo contemplemos en serio. Será bastante diferente para nuestra costumbre, pero ya podremos opinar después con una mejor, mucho mejor idea de cómo es— dijo a continuación.

Eso lo sé, y a mí me encanta cuando te pones todo tierno y cariñoso— respondió con una sonrisa automática. Le gustaba sobre todo saber que para él resultaba algo especial, que no era una simple frase en la que debía aferrarse a creer, sino algo honesto y completamente real a su sentir. Viktor amplió la curvatura de sus labios y rió por lo bajo, agachando la cabeza por un momento. —Bautizaremos los Domingos como el día oficial de no usar ropa en casa. Y prometo que me quedaré contigo todos los Domingos ¿qué te parece?— comentó de buen humor. Estaba bromeando, por supuesto, pero lo hacía en conjunto y con absoluta alegría, como jamás se había sentido.

Viktor apretó los ojos, cerrándolos y volviendo a abrirlos en cuanto retomó la posición original. —Tú sólo promete que seguirás en la tierra y de lo otro ya me encargo yo. Me pongo todo fuerte y te cargo en mi espalda de Hércules— comentó con gracia. Lo de la fuerza era falso, pero al menos iba en serio con la invitación en remolque hacia Irlanda. Quizá no tuviera que usar playeras con mensajes hippies ni dignos de las personas de las caravanas, como DIOS ESTÁ CONMIGO ¡ALELUYA! o LA NATURALEZA VIVE EN MÍ o MAMÁ FELIZ, pero finalmente podría cumplir aquella idea de usar una gorra del equipo de soccer, americano o béisbol enemigo de cada ciudad por la que se pasearan. Del modo que fuera, él tenía familia en Irlanda. Una casa de verano, que una vez fue la residencia vacacional en la familia de su madre, antes de que la descendencia se esparciera por gran parte de Europa y otro poco en el Norte de América. Viktor siempre había querido volver a aquel sitio, pero nunca lo había hecho. Sería absurdo volver a ir solo. Ya lo había intentado antes y definitivamente no funcionó, aunque la tranquilidad reinó durante las dos semanas enteras que se pasó por allá, saludando cortésmente a todo aquel que reconocía algo (los ojos, la nariz, los labios, el cabello, hasta la forma de caminar; vaya cosa) de él y lo comparaba con su madre, haciendo como que se conocían y todo eso. Lo que pasa en los pueblos, aún más en los pueblos pequeños donde todo es unión y habladurías.

Estoy bromeando, entraré en crisis de celos si alguien me da motivo— repuso con una ligera sonrisa plasmada en su rostro. No quería admitirlo, pero con él las cosas se transformaron demasiado en su vida, incluyendo la parte de los celos. Antes no le preocupaba porque no había por qué preocuparle, ni por quién sentir algo así. No tenía la necesidad de proteger su amor por nadie, ya que no había tal cosa. Pero con Aiden, con él se tomaba otro rumbo. Por él sí podía sentirse celos, molestarse y hasta dramatizar si lo merecía la ocasión, aunque fuese un sujeto más o menos calmado, que no le da gran importancia a lo que no lo tiene. Ahora el rubio significaba mucho más. —¿No te lo imaginaste ni nada?— le preguntó— Yo pensaba todo el tiempo que tú lo hacías. Me imaginé que le habrías preguntado a algún conocido, como de casualidad. No sé... claro que yo me fui sin avisar, es cierto. No es lo mismo— meneó la cabeza y eso fue todo, como si con el gesto lo hubiera pasado hacia atrás y se hubiera quedado fuera de la propiedad al cerrar la puerta. —Hurra por eso— añadió devolviéndole la sonrisa. Buscarlo había sido la mejor decisión de su vida.
Lo que pasamos aquí, no se me olvidaría tan fácilmente— mencionó sincero, retornando la mirada hacia él. Era cierto que no había cambiado, y de hecho no esperaba que hubiera sido así. —Eso incluye también las cosas que no vi con mucha atención, estando tú como mejor opción— agregó luego y le dedicó una mirada significativa. Ya tenía suficiente con arruinar momentos como ése, ahora sólo quería aprovecharlos y que los dos disfrutaran del encuentro, de su presencia y del tiempo que estuvieran juntos, sin importar nada más que ellos. —No... Sí lo soy— reconoció finalmente, justo al momento en que tiraba de él para besarlo. —No lo sabía— sonrió, imitando su respuesta de siempre decir que no. A él también le fascinaba escuchar todas esas cosas, oírlas una vez tras otra. —Antes decía que no era celoso, porque no lo era. De verdad que no lo era. Pero desde que estoy contigo, Aiden— suspiró y casi estuvo seguro de que su aliento había regresado por donde vino después de rozar en los labios del policía— hay un montón de cosas que siento y no esperaba sentir. Ni siquiera sé cómo agradecerte por estar en mi vida— se relamió los labios y lo miró a los ojos, sin decir nada, sólo presionando la cercanía que aún se mantenía entre ellos. La mano que aguardaba sobre la espalda del rubio osciló por su columna vertebral cuando su boca volvió a unirse a la de él como si nunca se hubieran apartado. Viktor lo rodeó con un brazo y le apegó un poco más contra sí, sintiendo la textura de sus ropas al friccionar suavemente. Se movió con él, siguiendo sus pasos, aunque sin apartarse. Y aún después de escuchar el ligero tintineo que provocaron las llaves sobre la mesita cercana, Viktor no se inmutó. Lo estrechó por la cintura y se llevó una mano por debajo de su camiseta, levantándola cada vez que ascendía acariciando su torso mientras le besaba, primero en la boca, después en la barbilla, probando el conocido sabor de su piel, la suavidad de sus labios al encontrarse nuevamente.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Oct 28, 2015 5:55 pm
-Está bien, lo acepto, en parte-alzó un dedo-Soy algo terco, posiblemente menos que tú, pero lo soy-agregó riendo y mordiéndose el labio por ello, estaba siendo injusto ya que lo era bastante, se conocía demasiado bien a sí mismo y como si no fuese suficiente el castaño también lo hacía por lo cual jactarse de ello no era más que mentir a ambas partes. –En eso llevas razón, sería aburrido después de todo, además, ni te imaginas los deseos que me dan de sujetarte y llevarte a otra parte para corregirte cuando te pones así de terco…en serio-rió mirándole, lo decía en serio ya que había luchado contra aquel impulso en más de una ocasión.

-Oye, empezando desde el planteamiento ya era raro, no puedes esperar que piense en algo con mayor sentido-se excusó con seriedad fingida-Bueno, a lo mejor me gusta lanzarte cosas encima, ¿Quién sabe?-le miró con una mueca que evidenciaba locura de su parte, aun así no le importaba, cosas sin sentido solía decir en ocasiones y eso era parte de su personalidad como tantas otras. –Me declaro completamente culpable, si merezco un castigo o algo lo acepto..no hay problema-se encogió de hombros, jamás negaría ni siquiera dudaría en decir que era un sujeto que tenía el doble sentido plasmado en su persona como si fuese lo más normal, al menos para él era algo tan natural como ser una amable, responsable, etc. –Oh por favor, si me vas a mentir descaradamente al menos sobórname con algo siquiera para desviar mi atención de la verdad-bufó fingiendo estar casi en shock por sus palabras-Puro y casto de mente.. ja ja-se rió con una carcajada un tanto rara, fallando en la entonación adecuada.

-Cuando me sonríes si podrías llegar a serlo, pero cuando tu cabezita loca comienza a maquinar créeme que es para quemarse..en el mal sentido, claro-sonrió. –Entonces tengo que agradecerte por estar siempre manteniéndome en una sola pieza mi amor-agregó dedicándole una de sus mejores sonrisas, esa que mostraba un poco los dientes y curvaba sus labios de una manera agradable y encantadora, sin embargo aquella respondía únicamente a Viktor, el que le hacía sentirse tan bien que era capaz de extrapolarlo hacia los demás, casi irradiando una energía diferente. Le besó suavemente pero nunca resultaba serlo del todo, siempre estaba aquella necesidad de más y de no separarse, sin embargo sus pulmones ardían por falta de aire y exigían una oxigenación adecuada para su mala suerte, maldita fisiología, pensó.

-Lástima, bueno, qué hacerle, si pierdo el viaje tendré que buscar otro medio de transporte, en el peor de los casos otro barco, quizás con más beneficios, ¿A poco no?-le dijo para picarle, si el castaño podía jugar él también, era algo que los dos podían utilizar como recurso siempre que fuese en broma, aunque dudaba que alguna vez pudiesen realmente darle seriedad a tonterías tan básicas como esas.  Si para callarlo o hacerse presente debía de besarle suponía que no había pérdida alguna, al contrario poder degustar la suavidad de sus labios, la calidez de su boca y hasta el sabor que esta podía tener en ciertos momentos se volvía una adicción que estaba dispuesto a aceptar, con los brazos abiertos y más aún la boca, cerró levemente los ojos durante los segundos que duró el roce de su nariz, era algo quizás aleatorio pero aún así se sentía agradable para él, como muy agradable a decir verdad.

-Eres el cerebrito de los dos, ¿Cómo no podría confiar en ti?-se rió mirándole, sin embargo no bromeaba y eso no quería decir que se sintiese inferior o algo, al contrario, todos tenían sus habilidades o momentos y Aiden siempre había destacado y reconocido en el castaño lo que le hacía especial, tanto como lo que le convertía en uno más del montón como todos, más eso no se traducía en que fuese ordinario puesto que para el rubio siempre sería el mejor, a eso se le llamaba amor-Sabes a lo que me refiero, el amor igual me tiene así, idiota, pero si suelo ser idiota comúnmente no es su culpa, ¿Entiendes?-terminó por reírse, aceptaba serlo pero no le importaba, tenía muy claro cómo era y avergonzarse sería lo último que haría-No te pasa nada extraño, sólo que es algo nuevo para ti..bueno, para ambos-le sonrió y más cuando sintió como jugaba con su dedo al pasarlo por el dorso de sus manos, le daba un poco de cosquillas pero era agradable, como en una gran escala de intensidad.

-Maravilla de la vida, me has dado la razón en algo-agregó con una risa pequeña pero que aún así lo era, sin embargo adoptó una máscara más seria para la ocasión-Me gusta que lo seas, tus ojos de paranoico son como lásers que podrían atravesarme si quisieras-sonrió divertido-No la tengo, pero espero que llegue el día que si pueda saberlo-agregó apretando sus manos contra las de este y sonriendo al máximo, un poco más y podría sufrir una parálisis facial.

-No me sería muy complicado creértelo, a decir verdad-la risa amenazaba con brotar de sus labios pero era solo por un momento-Algo como, ¿Todos estamos de alguna forma locos?-preguntó divertido, pasando un dedo por su pecho jugando y escuchándole atentamente, luchando para no interrumpirle hasta que terminó-¿Estás realmente seguro que no estuviste como paciente?..¿O que deberías estarlo?-arguyó riendo, ya no podía aguantarlo, sabía que quizás obraba mal al reírse pero su explicación sonaba bastante inverosímil para él aunque eso no le quitaba algo de verdad, suponía-Sólo bromeo, no tendría tiempo para visitarte y las relaciones a larga distancia no son lo mío-confesó acercándose para rozar su nariz contra la de este.

-¿Entonces cuando te has reído por mis chistes no ha sido nada más que algo fingido?-enarcó ambas cejas mirándole y adoptando un rostro sorprendido-Me mientes amor...-prosiguió con aquella faceta por algunos segundos más hasta que se fue tan rápido como vino. No estaba seguro de qué es lo que sucedía con él y los extremos del ciclo vital puesto que los niños claramente no eran de su agrado y ahora parecía que se refería de la misma forma a los senescentes por lo cual su pregunta era totalmente válida. Por su parte Aiden siempre había tratado con ambos grupos etareos por lo cual suponía tenía ventaja sobre su novio, aunque también no debería tenerla puesto que se trataba de seres humanos, personas en distintos momentos de su vida lo cual no quisiera decir que fuesen diferentes a ellos, al menos en la esencia más básica.

-Me alegra ser el objeto de tu amor, digo, que cómo dices que la mayoría de la gente te aburre o desespera tendría que ubicarme entre aquellos de lo contrario, ¿No?-le miró sonriendo levemente, era consciente de que su novio tenía una cierta personalidad y que no era el más afable o social del mundo, vamos, no es que el Teniente tampoco fuese amigo de todo el mundo pero su trabajo había condicionado bastante su personalidad en pro de las personas-Oh vaya, eso es bastante…¿Maduro?, no, Adecuado de tu parte decirlo-sonrió mirándole, de hecho sonaba muy bien lo que había dicho, hasta bonito, de haber sido un anciano hasta se hubiese emocionado de escuchar a un joven referirse de tan buena manera a un grupo que la gente solía olvidar o renegar-Podría, te verías guapo igual, además podría sacarle brillo y verme reflejado en ella si tengo éxito, como mucho-agregó con una risa que brotó desde lo más hondo de su abdomen-Está bien, está bien, si te entiendo, y es válido, pero ya sabes, es el ciclo de la vida y lamentablemente tenemos un reloj biológico que no deja de andar amor, dice tic tac como una bomba que explotará un día, ya sabes-se encogió de hombros y luego rió-Me consta que lo hiciste, a todo esto, me gusta mucho esa canción, y bueno, ella en general, es bastante talentosa-agregó sonriendo por lo bajo, desde hace un tiempo se había sorprendido escuchándola y ahora ya era parte de su repertorio básico y usual puesto que su estilo era bastante de su agrado, además de sumamente camaleónico evocando épocas e historias que estaban grabadas en le retina de América.
-Me encanta que estemos de acuerdo en eso-agregó mirándole, para su mala suerte Aiden era celoso y posesivo, claro está no al nivel del peligro pero si como toda persona podría albergar dentro de si-Con mayor razón en Navidad, ya sabes, yo te doy, tú recibes, y viceversa, ley del equilibrio, intercambio, etc- convino divertido y torciendo su boca como podía para alcanzar alguno de sus dedos de modo juguetón.

Sonrió con agrado ante su confirmación de dejar de lado aquel tema, no se había dado cuenta de que estaba conteniendo el aire hasta que volvió a insuflar y permitirle a su cuerpo realizar el intercambio gaseoso con normalidad. Sabía que era algo que volverían a tocar en alguna ocasión, no podía dejarlo de lado puesto que de cierta forma le había prometido al escritor que compartirían sus vidas juntos y eso involucraba a los secretos vergonzosos y chistosos así como también a los oscuros y dolorosos.
-¿Y el que le sigue a ese?, ¿Y a ese?, y bueno, repite lo mismo no sé, ¿Hasta el infinito?-le observó divertido y acercándose jugando con su mirada, muy en el fondo había una especie de pregunta más seria y quizás una propuesta, pero no estaba del todo conformada debido a que no podía apurar algo que aún no se formaba, al menos no del todo. Disfrutó de sus caricias hasta que sus ojos se cerraron tanto como el beso había durado, juntando sus labios luego en una mueca que denotaba que estaba inconforme, saboreándose por la necesidad de más.
-No, pero espera, ¿Noto ego a tu alrededor?-le observó enarcando una ceja y golpeando su pecho con una mano-Baja a la tierra amor, que el Olimpo no acepta nuevos miembros, son exclusivos, ya sabes-bromeó sonriendo y alzando una mano para arreglar un par de mechones del cabello de este que caían descuidados, colocándolos en su lugar con esmero y suavidad, preocupado bastante por ello-Lo sé, debería escribir un libro para facilitar las citas-agregó inflando el pecho de broma, riendo más tarde. No estaba preparado para dejarle ir del movimiento de sus dedos sin embargo el escritor había coartado toda posibilidad, en su interior hizo la vista gorda y se dejó hacer por su novio sin más-Pues, qué te puedo decir, no tengo defensa ante ello-agregó suspirando por el roce de sus labios en su oído-Seguramente podré hacerme un tiempo para ir a verificar el estado del Parquímetro, tan olvidado que está el pobre-rió como si fuese algo sumamente lógico e importante, sin embargo hasta lo haría si significaba ir por un poco de Viktor para recargar energías…o perderlas, como se diese la situación.

-Las Kardashian y Caitlyn Jenner me parecen una telenovela, y son de Hollywood, sólo digo-alzó un hombro y asintió como si estuviese dándole a entender algo irrefutable-Oye, que va, ¿Tímido yo?..pfff-aventuró rápidamente, con una confianza y altanería no tan propia de él-No pasa nada, fue un momento de mala conexión neural-evadió riendo.-Creo que eso sería bastante incómodo, como menos y muy peligroso, aunque podría ser miel en vez de té, accidentalmente podría caerse en tu cuerpo y bueno, habría que limpiarlo, ¿No?-alzó una ceja coqueto, así era el rubio, un momento podía seriarse y al otro encenderse como un fuego bastante inusual, que ardía ante el menor estímulo.

-Bueno, si llega a si me disculparé y podrás tener derecho a una compensación o premio por eso, pero mientras, seguiré pensando lo mismo-se rió puesto que era todo un escenario cómo el escritor lo ponía, parecía hasta una situación cómica de alguna serie de televisión-Está bien, no me molesta precisamente-sonrió  mirándole con ternura y encogiendo los hombros para juntarlos con su cuello y ceñir su rostro al disfrutar de su caricia. –Me declaro completamente advertido y por sobre todo temeroso-curvó sus labios hacia abajo para darse un aspecto más débil y preocupado, molestando a su pareja en todo momento-Estoy de novio con un Psicópata, ay de mi-terminó de bromear alzando una mano para sujetar la nariz de este entre sus dedos.

El tema de las salidas con otras personas y las relaciones había sido algo que no esperaba tocar, ojalá no fuese nunca más soñar era gratis, sin embargo contaba con que el tiempo sería amable con él y le permitiría alargarlo más, sin embargo no fue así y rápidamente se encontró en una caída libre donde el pavimento se acercaba peligrosamente-Nada serio, de verdad, no es como que anduviese de novio con el primero que viese-le observó buscando su mirada, aquella sonrisa no la creía-¿La primera vez de qué?-le observó, quizás la estupidez estaba atacándole en aquel momento pero aquella pregunta no le parecía tan fácil de responder cuando no estaba seguro de a qué se refería-Más o menos reciente, alrededor de una o dos semanas antes de que volvieras, no es que tampoco lo tuviese tan presente, sabes bien que el trabajo siempre me absorbe y el tiempo para mi es relativo, no como la teoría o algo, bueno, sabes lo que intento decir-le miró y se encogió de hombros sin embargo alzó una mano para sujetarle de la cintura y atraerle bastante cerca-Generalmente me sofocas, pero me gusta, no lo tomes a mal-sonrió-Puedes preguntarme lo que tú quieras mi amor, sólo espero, de verdad y te lo pido, que lo que sea que pase por tu cabeza, malo o bueno, juicio o duda me lo hagas saber…por favor-alzó la vista y tomó las manos de este entre las suyas para fortalecer aún más su súplica, no le importaba si parecía tonto o algo exagerado, pero para él era sumamente importante no dar lugar a las dudas o malos entendidos con su novio, quería hacer las cosas bien y eso implicaba ser honesto completamente.

-Bueno, sería una forma de hacerlo, pero creo que prefiero pasar de parecer un loco-se rió mirándole y sujetándole por los hombros-Pareces saber mucho del tema, te noto bastante informado, ¿A qué se debe?-preguntó interesado -Además…¿Has probado preservativos de sabores?-le miró-¿Y lo de los cambios de roles?, ¿Terapia de pareja?-enarcó una ceja-¿Algo que debería saber?-le miraba seriamente, como si esperase intimidarlo o algo, pero no podía negar que era un tema bastante específico y el castaño parecía bastante entendido en él. –Para mí es raro, nuevo, y espero sea divertido, no sé, no puedo decir nada sin tener una idea clara-se encogió de hombros-Oye, no te hagas el sorprendido ahora, tú mismo lo sugeriste y estuviste bastante animado hace pocos segundos, debo recalcar-le miró con esa mirada que tenía la cual se traducía en un simple “Eres un desvergonzado”.

-Pues entonces estamos muy bien, tengo mucho para darte de eso, ni te imaginas cuánto-le observó y chocó sus narices recreando ese gesto que la gente solía llamar “beso esquimal”. -¿El Domingo?..¿El día por excelencia del Señor?-le observó-Que Blasfemo me saliste mi vida-se rió mirándole-Mejor dejémosle para el Sábado, por motivos de respeto, ya sabes-esbozó una sonrisa por lo bajo, claramente atendía en parte a eso pero una mayor era porque si ello llegase a ser verdad lo tendría todo el Sábado para él y por consiguiente se aseguraría de que el Domingo también ya que si fuese sólo el Domingo tendría que dejarlo ante la idea de tener que trabajar el Lunes por la mañana temprano-Con esos ajustes me encanta, así que júramelo aquí y ahora-le miró con el ceño serio pero obviamente sólo constituía la tensión de sus músculos faciales.

-Es una promesa mi amor-alargó un dedo meñique para sellar el trato, ¿Podía ser más infantil?, posiblemente, pero a lo mejor el amor le había pegado bastante fuente y había pasado a llevar algunas conexiones vitales para su sanidad mental, ¿Quién sabe?.
-Que va, no te veo en ese plan, los celos y tú no van juntos, se venden por separado-le miró y se encogió de hombros-Suerte la mía-dijo con un tono casi maquiavélico, eso sería el sueño de cualquier pareja: que los celos no se interpusiesen sin embargo eso era tan imposible como no discutir nunca, más no quería decir que no pudiese molestar al escritor tan sólo un poco.

-Es raro que digas que tú pensabas que yo imaginaba qué sería de ti, ya sabes, suena loco-rió un poco-Como te dije hace un rato cabeza dura-le picó la cabeza-Si tuviste la osadía de irte de aquella forma y encima hacerme bastante difícil el rastrearte…¿Crees que tendría cabeza para preguntarme algo como eso?-le observó con una leve risa-Ay amor, espero que nunca estés en la posición que yo estuve, te darías cuenta de lo complicado que es-le reprochó pero con un dedo sobre sus labios.

-Bueno, novio mío, ahora estamos en el presente, estamos juntos y felices, espero-le sonrió-el caso es que tenemos que mirar hacia adelante y no al pasado, vamos, podemos hasta planear unas vacaciones dentro de algunos años también-rió mirándole, exageraba y lo aventuraba como una broma pero quizás no lo sería, no del todo.

Tras separarse del beso, no sin antes ir con una senda de pequeñas y cortas repeticiones, le observó moviendo sus manos desde su cuello hasta su rostro acunando aquel entre ambas manos, sujetándole con delicadeza pero aplicando la fuerza necesaria para hacerle ver que estaban ahí, juntos y que el rubio jamás le dejaría, le amaba y eso podía con todo, al menos bajo el concepto de amor incondicional-Las cosas y las personas nos cambian, para bien o para mal-se encogió de hombros-Bueno, ya somos dos, ¿Me veías a mi acaso actuando cariñosamente con alguien?-rió por lo bajo, era verdad, Aiden no se permitía tales actos de demostración, menos en público pero ahora se debatía entre besarle con fuerza o tomarlo ahí mismo y hacer cosas no aptas para el horario en el que estaban-Agradécemelo quedándote en la mía-concluyó sonriendo y acariciando su rostro suavemente.

Sus manos oscilaron desde su cintura hasta su espalda acariciando suavemente aquella zona, por su parte el castaño tampoco perdía tiempo en lo mismo, sus labios no se separaban de los ajenos sino que al contrario se permitía impregnarle mayor sentimiento e intensidad, deseo más específicamente. Reaccionaba demasiado bien ante los estímulos que Viktor repartía, jadeaba de vez en cuando para obtener aire y también por lo agradable que se sentía, sus manos bajaron hasta los muslos de este sujetándole con fuerza para presionarlo a su cuerpo sin posibilidad de dejarle ir ni mucho menos establecer espacio entre ellos, por algunos minutos se dedicó a besarle en la boca y otras en el cuello sin embargo se permitió luego tantear sus muslos para intentar alzarle, su peso estaba sujeto por una pared que le respaldaba por lo cual era un movimiento que se podía permitir más luego lo realizó levantando a su novio y colocando una mano en su trasero para sujetarle y la otra alrededor de su costado ajustando el agarre y evitando que se cayese, tras ello nuevamente volvió a buscar sus labios con desesperación.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Oct 30, 2015 5:41 pm
Posiblemente, qué gracioso— repuso él, suponiendo que recibir una pequeñísima aceptación era más que suficiente para combatir con aquel rasgo de su personalidad tan marcada. De cualquier forma, le conocía bastante bien para adivinar qué no conseguiría más sobre aquel tema y que tampoco lo necesitaba ni pretendía quejarse para ponerle un fin. Aquello habría sido un error. Le gustaba la personalidad de Aiden tal y como estaba, así que mantenerla intacta era parte del objetivo de preservar al hombre del que se enamoró, guardando los detalles que le hacían sonreír cuando ciertamente no debería de hacerlo, pero no podía evitarlo; los que provocaban una celosa y pasajera molestia que se esforzaba por ocultar o pasar por alto; e incluso los que conseguían sorprenderlo a menudo, reluciendo una parte de él que todavía no conocía.
Ah, pues haberlo dicho antes— mencionó con soltura— Te habría ayudado a buscar algunos, además de ponerme terco más seguido.

No, pero podrías haber fingido. Ni te imaginas la cantidad de veces que yo he hecho la vista gorda, aunque por dentro esté pensando: oye, sé lo que quisiste decir con eso en realidad— bromeó pasajeramente, aunque hablaba un poco en serio. Los comerciales de la televisión son un buen ejemplo de respuesta inconsciente en la actualidad, a pesar de que ya son tan directos que los captas enseguida, a menos que uses babero y tus preocupaciones se relacionan más con aprender a hablar o algo parecido. —Lo que acabo de decir... ¿ves? Ahora estoy fingiendo que no relacioné tu comentario suciamente, pero igual juro que no soy un pervertido. Afortunadamente, me conoces bien y lo sabes. Lo sabes ¿no?— se volvió a mirarlo, ladeando el rostro con una leve sonrisa que se amplió al escuchar lo que mencionaba a continuación. —¿Te das cuenta que me estás cediendo la oportunidad de castigarte justo en el momento en que estoy siendo descarado y obsceno?— alzó las cejas sin apartar sus ojos de él—, Eso requiere valentía. Pero para tu suerte, te amo mucho. Tanto, que no pienso castigarte por ser un adulto normal.
Le miró boquiabierto, como si estuviera yendo en su contra de todo al juzgar la supuesta pureza de su mente. Luego sonrió, y al observarlo, meneó la cabeza y la sonrisa se transformó en una risa ligera. —Bien, bien. Lo entiendo. Tranquilízate, Joker— dijo acariciándole la espalda con la mano abierta.

¿Hay un buen sentido en quemarse?— comentó divertido y enarcó una ceja. —Es broma. Y una mala, ya que lo escuchas en voz alta— consideró de inmediato, porque es mejor aceptarlo uno mismo antes de que lo hagan los demás. De todos modos, le dedicó una sonrisa llena de ternura reconociendo su absoluta habilidad para transformar sus palabras en algo completamente diferente, y por sobre todo dulce. ¿Existía algo en el mundo que a lo que no pudiera darle la vuelta a ciento ochenta grados y mejorar de tal manera? Viktor lo dudaba. Ése hombre era su respuesta para cualquier inconveniente, para volver a sentirse vivo y suponer que hacerlo valía completamente la pena. Se lo demostraba cada vez que lo hacía sentir sus labios y el gesto resultaba insuficiente, impresionantemente bueno, por supuesto, pero al fin y al cabo dejaba un rastro que le guiaba de nuevo hacia él, una atracción por su boca que parecía tan urgente y vital como lo sería la última gota de agua en el universo.

¿Qué? No, no, claro que no— respondió con plena y llana seguridad. —Si pierdes el barco que te gusta tanto, porque te gusta muchísimo...— resaltó, sabiendo que su metáfora de navegación se había ido por la tangente y aún así lo comprendían, más o menos como un juego—... pues entonces saltas al agua, nadas un poco (sin ahogarte, por favor) y lo alcanzas, porque tal vez en el otro tengan un montón de beneficios, pero ¿sabes qué? Al final todos pueden hundirse, sólo que tu Titanic es extraordinariamente mejor cuando estás a bordo— concluyó, con tanta seriedad que la sonrisa que bordeó sus labios un instante después fue aún más evidente. —No sé tú, pero yo creo que mi creatividad me hace merecedor de un beso.

Me das mucho crédito, amor. Tú eres la parte que me mantiene cuerdo— respondió con un sincero gesto de gratitud en el rostro, pero luego se rió. —O algo así, tú me entiendes— añadió enseguida. Decir que su amor por Aiden lo volvía un hombre cuerdo no era precisamente el término adecuado. Estaba loco por él. Tal cual. Bastante como para acompañarlo en lo bueno y en lo malo, sin afán de robar los juramentos a la Iglesia o a la dirección civil del matrimonio. —Es una mejor forma de explicarlo— atinó a decir, musitando, pues la idea no fue interrumpirlo. Su manera de expresarlo complicaba menos las cosas, así que Viktor quería oírlo viniendo de él, haciéndole saber que pensar en ello y quizá preocuparse era una perdida de tiempo, una tontería de las grandes, porque no sucedería nada que les hiciera terminar mal sólo porque a él se el antojara ponerse de paranoico. Las posibilidades podrían existir, claro, pero no tenía que ser así ¿verdad? No, desde luego que no. —Venga, no lo eres. Pero sí, entiendo— respondió divertido, esbozando una sonrisa. —Es cierto. Debe ser eso, nada más. Es algo nuevo, lo único nuevo que he sentido en años—. Y se sentía tan bien que no parecía real, eso era todo. De eso se trataba el hecho de perder la cabeza por alguien, convirtiéndole en una prioridad absoluta que también retornaba hacia ti.
Frunció el ceño y se ladeó de costado. —Yo no creo que sea novedad— dijo, como si no estuviera alegando nuevamente sin razón alguna. Le venía natural, sobre todo en compañía de Aiden. Lo disfrutaba porque él era el único con la capacidad de seguirlo sin perderse a medias o fastidiarse con él. —Estaría genial, excepto por la parte en que paso a través de ti con un láser— comentó riendo, tan sólo un momento antes de pasarlo a la historia y levantar las manos de éste sujetas por las propias a la mitad de su altura, atraiéndolo para dejar un beso en sus labios cuando lo acercó llevándose las manos tras la espalda.

Me gustaría decir que sí, pero no tengo idea— dijo arrastrando las palabras, divertido. Aquello lo había leído en una revista de ciencias o lo había visto en uno de los documentales que ponían a eso de las ocho en la televisión por cable; uno de los pocos programas por los que sacrificaba otra hora con los dedos sobre las teclas de su IBM. Fuera como fuese, sus años de nerd habían pasado hacía mucho tiempo y ya no estaba tan ligado a los temas de investigación como lo estaba antes. A veces los leía/veía por simple gusto de ocio, para darse ideas, para olvidarse del último proyecto en el que estuvo trabajando con tal de despejarse la mente. Era una manera útil de siempre tener algo qué decir, sin importar con quién hablara o hacia dónde le interesara impulsar una conversación. Lo había aprendido gracias a la convivencia con una amiga que conoció durante una convención dedicada a la poesía del siglo XX, si se le puede llamar amigo a alguien con quien hablaste menos de cien veces en toda tu vida. Ella había organizado una convivencia en grupo con aquellos que formaban parte de su circuito, quienes trabajaban en la misma temática y no vendieran lo suficiente para hallarse entre los primeros cincuenta autores de Bestseller, ni siquiera el doble. La impresión que dejó en dicha reunión fue exquisita, igual que la comida... pero contraria a su marido, el cirujano dentista que insistía en hablar y no escuchar ni el sonido del agua mientras recorría la acera al otro lado de la ventana cerrada, que si bien protegía al grupo de mojarse con sus gotas, no podía evitar que el hombre se pasara contándoles la aventura de examinar bocas hasta informar el nombre de cada día y razón por la cual se encontraba ahí y era necesario. Viktor, así como otros, concluyeron que si alguno hubiera sabido tanto como él sobre su profesión, no habría sentido la misma necesidad de expresarlo ni ellos de cantarle al Dios de la lluvia ofreciendo una ofrenda para poder marcharse. —Como sea, mi opinión personal es que no. Algunas personas son excesivamente aburridas, como para estar locas— añadió encogiéndose de hombros. Luego sonrió y cruzó los dedos índice y corazón. —Juro que no. Por lo menos, hasta ahora— respondió con gracia. —Pues qué maravillosa información— dijo cariñosamente—, porque así estaré aún más gustoso de pasarme contigo todo el tiempo que sea posible.

Negó con la cabeza, sonriendo. —Claro que no, ahí ya es diferente, tampoco soy experto. Aguantarte de reír no es fácil, requiere práctica, es como frenar el estornudo en un ascensor lleno de gente ¿no te parece?— comparó como si se tratara de una habilidad que habría de mejorar con el paso de los años. —Y hace daño, por cierto. Lo de aguantarte estornudar y eso, aunque probablemente sea mejor no escupir ni un poco que preservar tu salud al cien... En fin, no importa. Decía que tus chistes a veces son buenos, muy cómicos, ya sabes, pero ¿qué te puedo decir, amor? Me contagia más reírme cuando te escucho reír a ti que el chiste en sí mismo— admitió.

Definitivamente—  asintió con la cabeza— A ellos los quiero alejar un tanto, a ti prefiero tenerte lo más cerca de mí que se pueda— añadió sin pensarlo dos veces, puesto que no le faltaba hacerlo. Con Aiden no parecía tener ni un segundo libre para contemplar la simple idea de aburrirse. A saber cómo, pero llenaba las necesidades de todo aquello que es necesario para sentirse pleno y disfrutar  de un día como tantos otros, que en un santiamén se vuelve distinto de mil maneras. —Sí, bueno, ya lo has dicho tú, algún día ambos seremos viejos también— respondió. Desde que había acompañado al italiano al centro donde para entonces ya residía su abuelo —en septiembre o a lo mejor octubre de hacía casi cuatro años y medio, cuando el susodicho había tenido un problema y había estado a punto de beber hasta que Viktor acudió al rescate retirándole la botella de las manos—, su opinión y la importancia que daba a esos lugares había sufrido un tremendo cambio. Le había dado una nueva perspectiva ver al hombre repitiendo exactamente la misma pregunta que había hecho cinco minutos atrás, cuestionando a su nieto cómo se llamaba, dónde vivía, saludándolos nuevamente o incluso tratando de averiguar cuándo llegarían los invitados, porque quería irse de pesca . Olvidando todo así nada más, en cuestión de un parpadeo.
¿No preferirías que usara una peluca o me apoyara en uno de esos tratamientos caros que te sacan cabello de nuevo?— inquirió con una sonrisa. Seguramente de darse el caso, no estaría tan acomplejado por la calvicie como ahora que tenía cabello. Lo extrañaría al principio, pero estando Aiden tan dispuesto su cabeza de espejo y abrillantarla, entonces lo pondría superar sin problema. —Buena comparación. Una bomba. Bastante acertado— coincidió. —¿Si? Yo no tenía idea de quién era, hasta que se volvió famosa y llegó a mí. Lo que es bueno, porque me gustan las voces con aires trágicos. Y, ya ves, tal parece que es el primer gusto que tenemos en común.

Viktor tenía presente que los celos son el pensamiento más común de todos, pero hasta entonces no le había pasado por la cabeza que de cierta manera también podría llegar a ser agradable contar con ellos. Notar que la cumbre de aquel sentir para su novio era precisamente él, aunque sucediese en favor de sus imaginaciones compartidas, le decía lo importante que era en su vida y lo mucho que significaba para él, sin necesidad de oírlo con dichas palabras. Era otra forma de expresarlo, simplemente.
Divertido por la intención del comentario, el castaño se echó a reír y le apartó la mano del rostro hasta dar con su barbilla en cuanto sintió su boca cerrarse con uno de sus dedos, acercándolo por el mentón y haciendo lo propio para acortar su distancia dándole un beso.

Puedes apostar a que sí— le aseguró antes de inclinarse en busca de sus labios, saboreando la sensación que le dejaba aún después de haberse apartado de ellos. Quizá no estuviera hablando tan directamente como le gustaría, pero tenía entendido que no debía exagerar, que lo mejor era dejar correr el tiempo sin apresurarse y esperar al momento preciso, al adecuado, para poder aventurarse a tomar las cosas con mayor seriedad. Era difícil hacerlo en su situación, porque claro, puede que tuvieran un día de relación oficial y eso que las veinticuatro horas de ley para considerarlo de esa manera todavía no pasaban, pero lo que ellos tenían juntos, su amor, por sobre todo, no era cosa de un día y nada más. No había surgido de repente en el último par de horas. Viktor lo había venido arrastrando desde hacía tiempo. Bastante tiempo. Y a pesar de su negación inicial, ahora estaba muy seguro de lo que sentía y hasta dónde quería llegar para estar junto a Aiden. Sus sentimientos respondían al doble de fuerza de lo que le quiso antes, porque en ésta ocasión también esperaba pasar el resto de su vida compartiéndola con él.
Bueno, si no me ayudo yo, ¿quién lo hace?— le devolvió como si estuviera explicándose, esbozando una media sonrisa. Lo cierto es que ésa clase de opiniones le tenían sin cuidado, todavía más desde que conoció a Aiden y ya no tenía mucho por lo que esforzarse o lo que fuera, pero aquello formaba parte de su sentido del humor. Venía integrado con el resto. —Bah... no importa. Ni quería unirme a ellos— dijo a continuación, sacudiendo la mano para restarle importancia a su improbable ascenso con los miembros del Olimpo, aunque por un instante, mientras el rubio arreglaba algunos mechones de su cabello y los devolvía a su lugar, frunció los labios lastimeramente.
Mejor que no lo hagas o me dejarás a mí en bancarrota— bromeó luego. —Oh, y se te agradecerá como no tienes idea. El parquímetro y yo somos buenísimos amigos, no sabes— comentó divertido y le apretó suavemente las manos, entrelazando sus dedos al tiempo que iba alejándose unos centímetros de su oreja para descender hasta su cuello y dejar un par de besos en aquella capa sensible de su piel.

¿Lo son?— dijo haciéndose el desentendido. —Ah, sí. Lo son. Casi lo olvido. Pues, dado el caso... sólo veo basura de TV donde los personajes sean ficticios y no un cuento exagerado sobre la vida de una persona real— corrigió formando unas comillas con los dedos al llegar a la palabra final, sonriendo con ligereza— sin ofender, obviamente. Aunque Jenner podría engañarte por completo... debió gastarse una fortuna... Sea como sea, ahí me concedes otra razón en contra de vivir en Los Ángeles, amor. Te puedes encontrar con una de las Kardashian en cualquier esquina de Beverly Hills.
Seguro que eso fue— asintió brevemente y le dejó seguir, ocultando una sonrisa entre sus labios. —Lo que también nos obligaría a una ducha aparte, sólo para prevenir lo extra pegajoso de la miel— continuó con la idea plasmándose nítidamente, aunque no con el aspecto de un recuerdo que se revive. —Demonios, me encanta cómo piensas— añadió enseguida, mirándolo con una sonrisa de lado y un consentimiento del todo aprobatorio.

Lo sé, ten cuidado. Esto de las cejas es toda una tortura— garantizó con disimulada seriedad, pero no tardó gran cosa en revertir aquel gesto, ya que rompió a reír y arrugó la nariz cuando el rubio la tomó entre sus dedos.
Oh, te aseguro que tampoco es lo que tenía en mente— repuso una vez se metieron en el tema de las ex parejas que no duraron demasiado. Tal vez no fuera así de importante, porque de hecho no lo era y no necesitaba saberlo hasta con la obsesión de conocer los hechos con detalles, pero Viktor quería oír lo externo para saber que ninguno de ellos se hubiera enganchado más de la cuenta. No Aiden, sino los demás. De ellos no sabía nada y no le interesaba averiguarlo del todo, sólo que al policía lo conocía lo suficiente para imaginar que habría causado una buena impresión, una idea con la cual se hubieran quedado para volver a verlo en una ocasión futura. Después de todo, ése hombre era una maravilla. —La primera vez que salíamos... no oficialmente. Después de aquella vez, que me fui y desaparecí como debajo de una roca— respondió despreocupadamente, pues no pretendía hacer de ello una escena o forzarle a entrar en una especie de ritmo inseguro. Ésta vez eran pareja, de verdad, con prueba irrefutable. Antes, no. Así que Viktor no hubiera tenido motivos para quejarse de que saliera con alguien más y hubiese intentado rehacer su vida. Él lo habría hecho, muy posiblemente. —Lo sé, entiendo. Sólo quería, bueno, saber, por curiosidad. Nada más— aclaró como si tal cosa, situando su mano en la espalda baja del policía cuando éste le atrajo. Lo miró y reforzó el agarre de sus manos entre las suyas. —Te lo prometo. Siempre y cuando no te guardes nada tampoco, ¿está bien?— respondió al fin, brindando la misma oportunidad que se le ofrecía y que, eventualmente, sería un apoyo más a su absoluta confianza.

Buena elección— amplió una sonrisa. —He tenido medios para informarme, supongo— contestó encogiéndose de hombros. No sabía cómo explicarse, porque en realidad no todo lo recordaba con exactitud. Algunas cosas (la mayoría) no era experiencias suyas, pero sí que había pasado o escuchado de cerca. —No. No, no— añadió rápidamente, meneando la cabeza en el acto. Sin embargo, no habló hasta que la pregunta concluyó en el algo por saber. Entonces sonrió, porque el gesto serio que le devolvía aquel azul profundo de sus ojos lo volvió inevitable. —Que deberías, no lo creo. Es decir, he visto que venden preservativos de sabores. Y oído también, pero lo único que ha estado en mi boca con sabor semejante y que no es comida de ningún tipo, son cigarrillos... El resto no es gran cosa, amor. Pero que ya que preguntaste, lamento la perturbación: Mis padres asistieron a terapia de pareja durante un tiempo. Ahí les recomendaron eso de los roles para ayudar a su matrimonio antes de que se separaran... la primera vez— aclaró relajado y de buen humor. —¿Me pensabas divorciado y con antecedentes de terapia?— comentó luego, más tendiendo a la broma.
Sí ¿verdad?— soltó divertido. La idea había sido suya. Por una razón u otra, el había traído el tema y la propuesta hasta empezar a considerarla como una posibilidad— Tendré que hacerle justicia, entonces.

Pero sería en nuestra casa, no en la del Señor. Ni arriba de su altar durante una ceremonia o algo así— comentó en su defensa, aunque no le salió demasiado bien y acabó por acompañarlo en el brote de risas. —Está bien, está bien— levantó las manos a modo de rendición— Que sean los sábados para no irme al infierno— razonó con lo único que sabía de la religión más profesada por los creyentes. —Claro, pero yo soy más de prometer que de jurar, no vaya ser que un día me dé bronquitis en Invierno, deba usar abrigo y el Señor no me escuche para revertir el juramento— dijo y se volvió a mirarlo de frente, sosteniendo sus mejillas con las manos con un dejo de dramatismo. —Te lo prometo, mi amor. Los sábados no habrá ni rastro de ropa.

Que conste, el meñique es la promesa irrompible— dijo mirándolo y sujetando su dedo con el de él para sellar el trato. —Hasta más irrompible que la unión de sangre de los Cherokee— advirtió bromista. Empezando desde convertirse en Hércules, parecía un poco improbable desde entonces. Aiden no sólo le ganaba en peso muscular, también en varios centímetros de altura, y eso que de por sí Viktor tenía buena altura.
Eso es lo mismo que pensaba yo, lástima que no nos duró el gusto ¿eh?— le sostuvo la mirada y le imitó al encogerse de hombros, sonriendo y alcanzándolo un minuto después.

Lo dudo mucho— admitió, pensando en el cuidado que había tenido para encerrarse fuera de la ajetreada existencia social. Aún encontrándose a un amigo en común, un conocido o algo, el susodicho no habría sabido dar ninguna información, porque Viktor no se veía con nadie además de su madre (lo cual ya era malo), que le visitaba sólo para asegurar que seguía vivo, y su agente (lo cual estaba mucho peor), que se presentaba de sorpresa con tal de apurarlo a terminar en tiempo la novela en la que había estado invirtiendo energía y horas de sueño que no alcanzaba a recargar. —Ni que lo digas— añadió luego de besar cariñosamente el dedo que se mantenía sobre sus labios.

Lo estamos— confirmó él y sonrió apenas escucharlo. La idea de tomarse unas largas vacaciones le convencía con expectativas altas que bien podrían ser bastante sencillas de realizar. No necesariamente en cuestión de años, claro, pero ya habría tiempo de planearlo con calma y ver cuál sería el destino a sugerir, total que mientras estuvieran juntos, cualquier lugar o situación en la que se encontraran sería de aprovechar y disfrutar de su mutua compañía.

Sólo conmigo, espero— comentó con una sonrisa, rozando la punta de su nariz con la propia, en tanto su aliento soplaba cerca de su boca al pronunciar. No tenía intenciones de marcharse a ninguna parte, así que en lugar de responder como lo haría habitualmente, como sabía y de la manera que se le daba tan bien en su profesión, dejó las palabras a un lado y se inclinó a besarlo, usando su método, su manera de silenciar los sentimientos que compartían y expresarlos de una forma mejor, mucho más íntima y cercana.

Instintivamente, Viktor le rodeó los hombros con un brazo y se apoyó en él cuando sus pies dejaron de tocar el suelo. Flexionó una rodilla para facilitarle la tarea y, sin siquiera preocuparse por la balanza que meritaba el ligero cuidado de su peso, levantó una mano y le acarició el rostro mientras lo besaba. Aunque uno de sus pies tanteaba a rozar ligeramente el suelo, el rubio lo había levantado con suma facilidad.
Mira eso... ¿Estás más fuerte ahora?— dijo,  y una sonrisa le acompañó al agachar la cabeza y depositar un suave beso en la barbilla de Aiden. Su voz sonaba áspera e incluso él pudo darse cuenta al escucharse, pero para ninguno de los dos se trataba de una incógnita. Finalmente, Viktor se sentía en libertad de hacer lo que su cuerpo le pedía, de ignorar al cerebro con sus aires moralistas y valerse por lo que sus instintos rogaban por cumplir. No todo el tiempo se atrevía, era un sujeto cuidadoso, con increíbles matices de exagerada preocupación por lo irrelevante, pero tampoco se había sorprendido a sí mismo sosteniendo la mano de ningún hombre durante un paseo por las calles. Eso era algo a lo que todavía no estaba acostumbrado, al igual que sucedía con las relaciones serias. Lo suyo era diferente, por ello, su amor y la inexplicable atracción que despertaba dentro suyo cuando se trataba de Aiden, cuando se le involucraba en un ambiente semejante, también debería de serlo. Y no le cabía la menor duda de que lo era.

La palpitaciones de su cabeza, al orden con los latidos de su corazón, incrementaban del mismo modo que emergía la excitación en su cuerpo cada vez que le besaba, ávido y rebosante de un deseo y una desesperación que se aclaraba por medio de sus besos, más profundos, prolongados a pesar del aire que ansiaban sus pulmones y agitaba en su respiración. Su entrepierna apretaba contra la tela, rozando y apretándose contra el cuerpo de su novio, cada vez más agobiante por ver la salida y encontrar el camino hacia un lugar menos cerrado, donde también pudiera compartir el calor que se cernía al compás de una súbita energía que, si se ponía en ello, quizá no se hubiera dormido desde la primera vez que se halló en medio de un lío en el que tenía todas las de ganar, en aquel instante en que pudo fundirse con el cuerpo del contrario y demostrar cuánto había permanecido sellado desde su ausencia. No, tal vez sólo hubiera esperado en reposo, sumando barras a la excitación que ahora crecían mientras sus manos le acariciaban el cabello y se aferraban en su espalda, sosteniéndose y acariciándolo, acalorándose con aquel intercambio hasta sentirse como si alguien le hubiera prendido una mecha a fuego vivo.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Nov 01, 2015 6:05 pm
-Mucho-convino riendo puesto que era un descarado sin embargo no hacía ni el menor intento por ocultarlo, al contrario parecía exponerlo directamente para que el castaño tuviese una idea clara de a lo que se estaba enfrentando.
-¿Estás seguro?-enarcó una ceja con una sonrisa divertida-Ni sabes qué podría haberte hecho, a lo mejor no te gustaba-convine mirándole, podía ser una posibilidad aunque el rubio se conocía lo bastante bien para saber que terminaría haciendo algo que les gustaría a ambos, después de todo no había algo que pudiese disgustarle del otro y suponía que eso era inverso para él también.

Abrió la boca formando la letra O perfectamente, impresionado por las palabras de su novio y luego rió-Oye, eres terrible-convino alzando una mano para sujetar su barbilla-Bueno, cuando me pediste ser tu novio debiste de tener en cuenta que tendrías que hacer cosas como esas-rió sonriendo y depositando un beso en su barbilla. –No sé de qué hablas mi amor-desvió la mirada con una clara sonrisa en los labios, con un gesto claro en su rostro de “culpable” –Oh si, lo sé, si claro-dijo con tono poco convencido y desviando aún la mirada, estaba jugando con él  y luego un brote que no terminó en una risa salió de sus labios-Oh, no me había dado cuenta de ello, debí de pensarlo mejor...pobre de mí-agregó con una sonrisa coqueta, lo que fuese que el otro pudiese hacer si es que llegaba a hacerlo le gustaría, lo tenía claro porque quería todo de él-Siempre he sido valiente y no cambiaré, menos contigo-se encogió de hombros-Qué considerado eres, espera, ¿Quién eres y qué le hiciste a mi novio?.. Él no lo dejaría pasar-entrecerró los ojos divertido.

-Me ofendes, me estás llamando inestable mentalmente y por no decir un criminal, aunque fuese de ficción-convino haciéndose el ofendido más le duró poco con la caricia en su espalda-Además, este rostro no se vería bien con tanto maquillaje-alzó un dedo dibujando una circunferencia alrededor de su estructura superior, como repasando los bordes y apoyando sus palabras.
-Posiblemente no, pero si me quemas tú seguramente no me quejaría, ya sabes-alzó un hombro divertido, estaba hablando con doble sentido y esta vez no hizo el mejor de los intentos para desviar la atención-Da igual-sonrió mientras le besaba, cuando se separó respiró aspirando el aire e insuflando sus pulmones lo cual duró algunos segundos, sin embargo no se había separado de él ni un solo centímetro y al tenerlo dentro de su rango de cercanía aprovechó para acercarse y darle un par de besos cortos que duraban tan sólo el contacto de sus labios pero que no dejaban de serlo, escuchándose el sonido característico del choque de sus bocas al hacerlo.

Le escuchó y una risa brotó desde su garganta hasta escapar de su boca, no podía evitarlo pero al ver su expresión fue lo primero que le nació-Tanto que no sería nada sin él, digo, no llegaría a mi destino-convino con una expresión dulce puesto que de cierta forma estaba hablando en serio, si la metáfora hacía referencia a que el castaño era su barco de seguro también era el encargado de llevarle a su destino final, un viaje que esperaba poder hacer ya que representaba para él la meta de su vida-Y por cosas como estas es que no puedo concebir estar en otro barco, ya tengo el mío, y con él me hundo, como todo buen Capitán-convino sonriendo, la dulzura se le había subido bastante en aquel instante por culpa de sus palabras-Cierto, te lo ganaste en buena ley-sonrió tomándole de la cintura para atraerlo y besarle al principio con suavidad para luego aumentar la intensidad mientras le rodeaba con sus brazos apegando su cuerpo al de él por algunos minutos.

-Porque te lo mereces, pero bueno, a ver, entonces dejémoslo como que nos complementamos demasiado bien, ¿Te parece?-le sonrió acariciando su rostro suavemente, pasando el dorso de la mano contra la aspereza de la barba que este tenía, dedicándose a ello por algunos segundos quizás más de lo necesario.
-Sé cuando estás mintiendo, para tu mala suerte-alzó una ceja mirándole divertido-Y que espero sigas sintiendo-agregó sonriendo pero con un dejo de verdad, esperaba que su relación fuese de ahora hacia adelante hasta el final de sus días. – Oh, bueno, eso sería doloroso y nada lindo, así que…-agregó rápidamente con la curva hacia arriba aún en sus labios.

-Estoy intentando seguirte el ritmo, pero me lo estás poniendo difícil con tanto dato y ni decir de las contradicciones-le observó curioso, pagaría lo que fuese por tener un vistazo dentro de la cabeza del escritor, Dios sabe qué encontraría allí puesto que le conocía bastante como para saber qué no tenía límites claros como las otras personas y que su propia imaginación fácilmente doblaba a la normal debido al trabajo que tenía. –Entonces eso querría decir que para estar loco tienes que tener una parte de interesante también, ¿No?-le preguntó sonriendo, sugestivas eran sus palabras y concepciones acerca de las cosas y más porque salían de él con un tono y sentido del cual el rubio estaba seguro nadie más podría tener-Pero si lo estuvieses sería bastante normal intentar negarlo, como en las películas-rió-Maldito tiempo, ¿No podrías quedarte dejando de lado “lo posible”?-comentó mirándole directamente, como si estuviese intentando convencerle de ello aunque más que una pregunta simplemente era un comentario un tanto fuera de lugar, quizás.

-No estoy seguro de que sea una comparación justa, digo, reírse nace de la nada pero bien podrías pararlo, en cambio el estornudo es una reacción de tu cuerpo ante algún elemento extraño o algo por el estilo, ¿Cierto?-le miró ya que no sabía si tenía la razón del todo más le parecía que si, por lo menos en lo que respectaba a aquel asunto-Se acaba de volver algo raro, mejor déjalo-aventuró una sonrisa divertida-No puede ser…-se llevó la mano hacia la boca durante algunos segundos-¿Tú también?-preguntó incrédulo durante algunos segundos-Lucy también me ha dicho lo mismo, que mi risa es contagiosa pero bueno, ella no lo dijo de una forma tan suave como tú, literalmente me dijo “Jefe, sus chistes son horribles pero cuenta con que su risa es muy contagiosa y eso soluciona el problema”-le contó riendo un poco, darse cuenta de que no tenía gracia alguna como un cómico no era novedad pero aun así no quería considerarse aburrido completamente, ya que de por sí lo era.

-Pues eso sólo depende de ti, yo tengo toda la intención y energía para ello-agregó afablemente, no hacía falta que dijese que lo quería tener a su lado lo máximo posible, por su parte también lo quería así que como en otras cosas estaban de acuerdo y no sólo bastaba con estarlo sino ponerlo en práctica se alzaba como una meta clara. –No sería natural y ya sabes que estoy en contra de cualquier intervención quirúrgica o estética, además, ya te he dicho que te amaría como fueses, y ser calvo no cambia nada para mí, pero claro, hablando de mi persona, no puedo decir que te pasaría a ti con ello-se encogió de hombros, una peluca o un tratamiento ni siquiera figuraban en su mente, conocía sujetos que hacían de todo para frenar el paso del tiempo y verse siempre iguales pero eso era inevitable, la vida tenía sus costos y el cuerpo humano no era inmune a ellos, por más que intentasen retrasarlos al final igual terminaban sucumbiendo ante ello-Gracias, tengo mis momentos a veces-sonrió complacido por algunos segundos-El móvil de Lucy tiene esa canción como tono de llamada, y considerando que es mi secretaria personal y asistente comprenderás que su teléfono está sonando bastante durante el día-agregó-Luego la quise escuchar y ya no pude detenerme, ahora es una de mis cantantes favoritas-se encogió de hombros, era la verdad-Todos dicen eso, para mí es más como evocar épocas pasadas, ¿Sabes?, cuando la escucho es como si estuvieses viviendo otra vida, otra realidad ajena a la tuya pero que la puedes llegar a sentir como propia si le prestas atención-dijo y luego se mordió el labio-Parezco un fan más, lo siento-se rió-¿Estás seguro que es el Primero?-enarcó una ceja, a él se le ocurrían un par a menos que estuviese refiriéndose exclusivamente a la música. Recibió aquel beso con gusto, tomando control de la situación al rodearle con el brazo el cuello para acercarle más y así eliminar la distancia que pudiese separarlos en aquel instante.

Gusto a poco es lo que siempre terminaba sintiendo, sus besos eran demasiado insuficientes para él sobre todo cuando eran ya adictivos, una necesidad que su cuerpo tenía y que su propio pecho demandaba más no era posible estar pegado a él durante horas ya que el aire faltaría y eso no les vendría bien a ambos aunque Aiden estaba bastante seguro de que se podría permitir estar ahogándose un par de minutos con tal de no separarse de su boca, su sabor y la humedad de su cavidad que tan agradable era para él.

-Eso es cierto-alzó un dedo para tocar su nariz y reír por la situación misma, perdían el tiempo en conversaciones sin sentido pero a ninguno parecía molestarle, al contrario estaban bastante dispuestos al parecer a enfrascarse en ellas-No te merecen mi amor, eres muy genial para ser Divino-dijo con el tono más sarcástico que tenía puesto que lo que decía no tenía mucho sentido, es decir, aunque fuese de mentira aspirar a ser un Dios sería el deseo de cualquiera, hablando en términos ficticios claro está.

-No tenía la menor idea, pero que bueno que podré ser de ayuda para ambos-convino sonriendo divertido por la situación, para luego cerrar brevemente los ojos cuando le besó el cuello y extendiendo la electricidad a través de su cuerpo al sentir cómo aquella caricia se expandía completamente.
-Oh vamos, no es algo para morirse, ¿O si?-le miró preguntando-Digo, tienen su fama pero no le hacen daño a nadie, supongo-dijo no tan convencido, podías encontrarte con cualquier famoso en una calle y cómo reaccionar a ello estaba completamente en manos de cada uno, por su parte si veía a algunos depositaría su mirada por algunos segundos más luego volvería a su antiguo estado ya que no había nada más para mirar, es decir, muy famosos podrían ser pero no es como que fuesen conocidos o algo, claro está quizás eso podría cambiar si se encontraba con alguien a quien realmente admiraba como a la Srta del Rey, eso ya sería otro escenario del cual no tenía certeza alguna-Al final no te vas a dar cuenta cuando estés amando a Los Ángeles-rió mirándole.

-Bien pensado, viste, tú me complementas-asintió como si estuviesen trazando un plan sumamente elaborado-Necesitarás toda la ayuda posible para quitártela, y bueno, me siento lo suficientemente amable como para darte una mano…o dos…-alzó una ceja divertido, también podría haber considerado otras partes del cuerpo como la lengua misma pero prefirió no ser tan explícito y jugar con él en un terreno más “liviano”-Las veces que sean necesarias-concluyó sonriendo y más por sus palabras, asintió como contestado a su afirmación.

El tema de las ex parejas era delicado por decirlo de cierta forma, no porque el Teniente tuviese algún pasado que ocultar y que pudiese volver para amenazar a su presente y futuro, sino por el simple hecho de que siempre se mostraba como un tema delicado de tratar con tu actual pareja, la cual en el mejor de los casos podía reaccionar de manera favorable ante ello-Ah, eso, si, después de ti la primera que recuerde-dijo haciendo memoria, quizás parecería algo loco de su parte pero Aiden tenía que orientar la mayor parte de sus recursos mentales para su trabajo lo que dejaba un margen bastante reducido para lo demás, como en todo en su vida a decir verdad-No me molesta para nada contarte, de verdad, no quiero tener secretos contigo así que si quieres te puedo contar un poco más-le observó, no había sido nada serio como la relación que tenía con él pero si había tenido algunos deslices menores-Y no te sientas mal o algo, es normal tener curiosidad, yo también quiero saber si hubo algún otro hombre en tu vida, no creas que no-aventuró sin dejarle ir-Por supuesto que sí, no me guardaré nada amor, te lo prometo-levantó una mano como si estuviese jurando.

-Ok…fingiré que no es algo raro-rodó los ojos y sacó una leve sonrisa-¿Estás seguro?, parecías muy seguro hace un instante como para sólo haberlos visto-entrecerró los ojos mirándole, como no creyéndose del todo lo que decía. –Oh, lo siento, no sabía…no fue mi intención-agregó a modo de disculpa, a pesar de que el castaño parecía cómodo hablando eso no quería decir que fuese un tema liviano y mucho menos común para hablar como si no tuviese ninguna repercusión-Nunca se sabe, así como tú creíste que tengo un hijo por algún lado y que espero no sigas creyendo como una verdad-alzó un dedo para apoyar sus palabras. –Como quieras, sabes que cuentas conmigo-se encogió de hombros sonriendo.

-Eres un todo un Blasfemo, que vergüenza-le reprochó pero no pudo llegar a tensar los músculos faciales ante un par de palabras claves-Nuestra casa..que lindo suena-comentó más para sí mismo pero estaba seguro de que el escritor podría escuchar-Perfecto-dijo juntando ambas manos haciendo un gesto de triunfo-Pediremos para que eso no suceda-agregó con una sonrisa juguetona-Amaré los sábados entonces, serán mi día favorito de la semana, convenientemente siempre libres-alzó una ceja puesto que si fuese el caso movería todas sus influencias para desaparecer de la faz de la tierra el fin de semana y así evitar que alguien viniese a buscarlo porque X cosa sucedió en la Comisaría.

-Lo tengo más que claro, así que no va a funcionar tu juego mental conmigo-entrecerró los ojos un momento para molestarlo más luego se retiró un poco para ajustarse la camiseta que según él estaba algo arrugada. –Lo que fácil viene fácil se va dicen por ahí-convino luego.

No quería pensar en el pasado y mucho menos en lo que habían vivido por lo cual decidió suprimir en aquel instante cualquier pensamiento que pudiese tener acerca de ello, era hacerse daño a sí mismo, a ambos pensar en ello cuando ya se había dado una solución. Le observó entretenido cuando le besó el dedo, era un gesto bastante cariñoso de su parte y no menor para hacer que el corazón del rubio latiese con fuerza como siempre que estaba a su lado.

-Tú y yo contra el mundo, piénsalo-alcé ambas cejas de forma sugerente pero sólo bromeaba, no es que hubiese algo importante de recalcar, simplemente se le había antojado decir aquello además de que lo creía plenamente, no necesitaba nada ni a nadie más que a Viktor, su ahora mundo.

Ni siquiera tuvo la oportunidad o intención de contestarle ya que se vio inundado por el sentimiento de amor que sentía por este al mero contacto de sus labios, todo había desaparecido en aquel instante obligándole a centrarse tan sólo en el momento que vivía, en sentir sus labios deslizarse por sobre los de este, el sabor tan agradable y ya conocido de su boca y la humedad de su cavidad.

No le había resultado del todo la maniobra que había utilizado sin embargo no le importó, simplemente fue instintivo de su cuerpo ante la excitación que comenzaba a sentir y que se repartía por su cuerpo de una forma rápida, casi viral por explicarlo de una forma más clara-Hago ejercicio, y bueno, te has perdido bastante de mi últimamente-le concedió mirándole por un instante intensamente, Aiden se había vuelto una especie de adicto al ejercicio y al esfuerzo físico puesto que aquello se había presentado como el escape perfecto para no pensar en cómo el castaño le había dejado, le permitía concentrarse en algo y no dejar que sus pensamientos le traicionaran como solían hacerlo.

Si no fuese algo a su juicio imposible supondría que sus labios terminarían doliendo y perdiendo la sensibilidad ante el contacto con los ajenos, el repartir caricias e intercambiar movimientos de aquellos trozos de carne que a cada momento se unían en una danza donde ambos parecían estar batallando por quién podía mostrar más intensidad y desenfreno, su lengua decidió hacer acto de presencia involucrándose en la danza y abriéndose paso en su cavidad bucal con elegancia para buscar a la compañera que había elegido hace ya un tiempo, aquella que le respondería instantáneamente. Sus manos estaban firmes alrededor de la cintura del escritor, arrugando la tela de su camisa debido al agarre que sostenía en aquel instante, su espalda descansaba sobre el borde de un mueble sosteniéndolos a ambos mientras tenía a Viktor encima de él, sin embargo el aire volvió a hacerse necesario obligándolo a separarse por unos minutos-¿Recuerdas aún mi habitación?-preguntó contra sus labios y jadeando suavemente ante el esfuerzo, haciendo gala de una invitación completamente explícita sin quitarle las manos, la mirada  y mucho menos los labios de encima. Hacía falta ir al segundo piso para acceder a él pero cómo iba la situación sería necesario ya que el rubio no tenía la presión alrededor de él para obligarle a frenar sus impulsos, al contrario ahora podía liberarse por completo y dar paso a sus más profundos deseos y fantasías, como mucho, en último momento se permitió tantear sus costados deslizando sus manos por dentro de la camiseta de este suavemente lo cual sería el primer paso para luego terminar deshaciéndose de ella.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Nov 03, 2015 6:27 pm
Bueno, tampoco exageres. Estaba siendo amable, pero no fue así de brillante— comentó divertido. De no conocerlo mejor, le habría parecido una respuesta tan engreída como daban la impresión de ser las propias cada vez que se le ocurría adoptar sus fingidos aires de grandeza, pero en lugar de eso, su absoluta sinceridad, sólo consiguió sacarle una sonrisa. Viktor prefería a las personas directas, porque era él quien siempre se andaba con rodeos y necesitaba quien le pusiera un alto cada vez que se excedía.
Supongo que estoy en la edad de los riesgos. Nada se pierde con intentarlo y soñar un poco— añadió dándole un toque en la nariz, como una simple muestra de su afecto y de lo mucho que confiaba en él. Bien podría tener un significado irrelevante para la oración, pero el castaño sabía hacia dónde quería llegar con eso. Ambos se estaban arriesgando a soportarse hasta en los peores momentos y restaurar lo que se había arruinado en el camino, pero aún con la opción de que no siempre fuera todo bueno, algo imposible de considerar con la cantidad de cosas buenas que parecía albergar su novio, Viktor también estaba seguro de que valía la pena.

Sí que lo soy— bromeó a medias y aligeró la sonrisa cuando Aiden le atrajo por la barbilla. Lo miró con la seriedad que meritaba hasta que la risa ajena se tornó contagiosa. —Créeme, lo supe incluso antes— dijo al sentir la caricia de sus labios y luego bajó la cabeza, volviendo a tener la oportunidad de cruzar con su mirada. —Ajá, no. Claro que no lo sabes— sacudió la mano, llevando a cabo una de las interpretaciones que justamente acababa de mencionarle. Era la forma fingida y bastante obvia de un sarcasmo, pero terminó por sonreír con amplitud debido a la situación a la que se referían.
Estoy seguro de que no— asintió y le acarició una mejilla en el acto—Me lo dejas claro en un santiamén, aunque todavía no sé cómo tienes ésa habilidad— añadió como si fuera una especie de cumplido, algo que sin duda le agradaba del policía igual que muchas otras otras.
Humm... Me lo comí— respondió frunciendo los labios en una mueca, sin embargo no pasó más de un par de segundos antes de que situara sus manos en las mejillas de Aiden y se acercara a besarlo, impidiendo que su voz alcanzara a oírse en el sonido de una replica.

Qué gracioso, siempre fue mi favorito. Probablemente todavía lo es, así que tómalo como un cumplido de los grandes, mi amor— habló sinceramente y con un dejo de diversión en su voz. Era extraño la inversión de los papeles que tendría dada su verdadera profesión, pero a pesar de que no era lo mejor con lo que podría compararlo, aunque sólo se hubiera referido a la risa demente —que en aquel instante fue una escenificación exacta y probablemente él no la habría logrado nunca—, todo el tiempo durante su juventud y hasta la fecha, encontraba al personaje como un héroe disfrazado y hasta más justo que el mismo Batman... en cierto punto de la historia. Tal vez le parecía más real, quién sabe.
¿Qué? Ése rostro se vería bien con lo que fuera— le aseguró, advirtiendo entonces un pequeñísimo detalle que ni siquiera creía necesario y diría de todos modos, por aquello de la promesa de sinceridad— Excepto perforaciones. Ahí coincido con los ancianos que se escandalizan.

Oh, buena jugada— se admiró y le dedicó una sonrisa cariñosa. A eso se refería cuando hacía la vista gorda y prefería besarlo en lugar de hacer comentarios. Incluso él sabía algunas veces cuándo debía cerrar la boca y usarla para algo más, algo mucho mejor. En lo que a Viktor podía decirse, sus problemas con arder junto a Aiden no eran realmente problemas. Si lo fuera, no se sentiría tan dispuesto cada vez que se encontraban en una situación ligeramente comprometedora. Ahí podían prenderle todo el fuego que se le antojara a los millones, siempre que la brasa se mantuviera ardiendo al centro. Durante un largo, largo tiempo, de ser posible.

Sí, sí, pero no te rías. Es importante. Es el barco de tu vida, recuerda— le miró y una inevitable curvatura se ensanchó en sus labios mientras continuaba hablando. Claro que estaba hablando sobre ellos y su situación, sin importar por dónde lo vieran.
Vaya, sí que nos entendemos— mencionó satisfecho, aunque ya sabía que el mensaje era evidente y la persona que le acompañaba era la dulzura encarnada como para comprender su esfuerzo de intentarlo. A él no se le daba demasiado bien, no conocía la faceta y, sin embargo, ahí estaba, hablando de una forma que no pensó que llegaría a hacer y mirando a un hombre con tanto cariño que, si estuviera desde un lado externo ni siquiera se reconocería. Lo había cambiado, pero lo había hecho para bien.
Viktor disfrutó de su beso y le rodeó la espalda con los brazos mientras permanecían de aquella manera, sintiendo la cercanía de su calor y la vitalidad de lo que fuera que les complementaba.

Cuando me sonríes así, cualquier cosa me parece ¿sabes?— respondió y le devolvió el gesto mientras sentía su caricia con una sensación gratificante. —Entonces sabes que no mentí— insistió relajadamente, esbozando una sonrisa que acompañó a una risa ligera. La verdad es que no tenía mucho que decir cuando sus sentimientos de compartían y se compenetraban de una forma inimaginable. Las palabras sobraban y para afirmar algo así en el mundo en el que Viktor se fortalecía, ya era demasiado. Ésta vez no requería de escribir cómo le hacía sentir nadie, sólo sentirlo. Sin dar explicaciones de lo que se cernía sobre de ellos, ni de lo que les rodeaba o lo que les había llevado hasta dicho momento. Por primera vez la historia era solamente suya, de ellos y de nadie más con quien debiera compartir los derechos de su felicidad.

Siendo así, asiente con la cabeza nada más. A todos les funciona— comentó con gracia. Después de todo, sólo era un dato que no necesitaban para continuar con su existencia. Es decir, ninguno de ellos dos sufría de esquizofrenia y podía apostar a que tampoco tenían intenciones de convertirse en científicos. Además, ni siquiera Viktor sabía la mitad de lo que decía. Por eso sólo mencionaba la mitad... —Es broma. Sólo no me hagas mucho caso, ya sabes que me proyecto— agregó para restarle importancia al asunto, luego esbozó una sonrisa y se encogió de hombros. —Bueno, pues en mi humilde opinión, sí. Digo, soy escritor. Mi trabajo consiste en imaginar mundos que no existen y tratar de permanecer cuerdo mientras me creo cada una de las líneas, porque si no me las puedo creer yo, cariño, entonces nadie debería creerlas. Estas personas simplemente no tienen tanta suerte y se pierden en lo que hay en su cabeza. Por eso me gusta esa teoría: su cerebro funciona tan rápido que ya no encuentran cómo volver al inicio del que partieron. Es como buscar el principio en la cinta adhesiva, sólo que la mente es jodidamente peligrosa. Y... ahí otra razón por la que no me atrevería a meditar o hacer algo de eso con las ideas raras de la regresión.
Ladeó la cabeza y luego apretó los labios, emitiendo un sonido de aceptación. —Buen punto— dijo mirándolo, con una media sonrisa. —¿Es una propuesta oficial?— preguntó dubitativo, apenas caer en cuenta sobre sus palabras. Al principio se le había ocurrido mirar por arriba de su cabeza y notar que el cielo azul bajo el que caminaban se había vuelto brumoso y anunciaba lluvia, como si se quejara del tiempo en clima, pero no hubo necesidad. El día continuaba tenuemente soleado, aunque los rayos ya no quemaban ni producían la sensación de meterse bajo el agua o sacarse las camisetas. —¿Quieres que me... mude contigo o algo así?— añadió aún antes de darle tiempo de responder a lo anterior, complementándolo con una opción donde su resto de algo así en realidad no dejaba mucho para pensar.

Cierto— convino de inmediato— Pero me pareció más justa que la otra comparación con la necesidad de ir al baño— dijo con una sonrisa. —Como sea, me va mejor aguantarme los estornudos que las risas. Al menos cuando estoy contigo, no lo dudes. Ya es prueba comprobada— añadió con un gesto agradable. —¿En serio? Vaya, pues parece que Lucy y yo tenemos mucho más en común de lo que creíamos. Tal vez ya no quiera dispararme la próxima vez que nos veamos— comentó con una risa leve, claramente bromeando. —Pero mira, ¿sabes cuál es la novedad? Acabamos de descubrir que no sólo me gustas tú, también me gustan tus chistes horribles. Bendita sea tu risa, ni había notado que eran así de malos— complementó divertido y le rodeó con brazos.

Para cuando eso sucediera, te amaría tanto o más que ahora, así que tu cabello ralo o las cirugías estéticas estarían fuera de mi radar— respondió a la incógnita, como si hubiera sido una invitación para esclarecerlo— Ahora sí puedes decirlo. Definitivamente no podía ver el futuro, ni siquiera podía confirmar que para entonces estarían juntos, pero confiaba en que así fuera. Alguien tenía que hacerlo y no de ser ellos mismos, nadie más lo haría. Viktor tenía claro con quién quería pasar el resto de su vida, así como también lo eran sus motivos para ello. No había sido el aspecto físico que en primer momento le atrajo hacia él. Eso ya no era relevante en su situación. Qué tal bien lucía su pareja se había convertido en algo en lo que quizá prestarían atención los demás, pero ahora Viktor veía más allá de la capa exterior que observó el día en que se conocieron.
Oh— soltó, dando paso a un ligero suspiro. —No, qué va. Sonó profundo. La mayoría dice: me gusta el ritmo y la voz está genial, cuando hablan de música. Es una lástima. Pero tú, amor... Me siento como el último hombre que se llevó la lotería— esbozó una sonrisa. Comprendía a qué se refería (¿Son las voces de nuestros amigos muertos, o tan sólo el gramófono?), por la misma razón escuchaba canciones que se habían grabado incluso antes de que naciera. —El primero, entre otros, que sí se mencionaría casualmente— corrigió con gracia, antes de aventurar a sellar el beso que unos minutos más tarde unían sus labios.

¿Has oído de las mentiras piadosas, amor?— preguntó ante su tono sarcástico. —Pues tenías el momento perfecto para regalarme una y decir que ya parecía un Dios nórdico o griego o de los que sean— le miró y entrecerró los ojos, como si hablara en serio con aquello de su plan divino. Luego sonrió, simplemente por hacerlo, porque no duraba mucho tiempo sin sentir que sus labios formaban una curvatura automática cada vez que lo miraba durante más de un minuto. —Supongo que no. Cada quién sabe cómo quiere derrochar su dinero cuando lo tiene, incluso presumiéndolo en televisión a quienes ruegan por un dólar y ganando más mientras lo hacen. ¿Suena a que soy envidioso? Porque no es eso, la gente exitosa se merece lo bueno que venga, lo sé, pero trataba de evocar la vieja imagen belga sobre la cuestión de principios y me salió mal— se encogió de hombros. A decir verdad, le tenían sin cuidado las celebridades. Pero le gustaba opinar al respecto cuando no le parecía, incluyendo también a quienes no necesitaban salir en la televisión para que él formara un comentario al respecto. Quizá fuera el lugar de donde provenía lo que le hacía pensar así, encontrando cada detalle malo a donde fuera que mirase. Y no cabía duda de que debería trabajar en ello, dejar de tomarse cada situación como si fuera personal y se encontrara en los zapatos de todo aquel perjudicado.
Te conocí aquí, Aiden— dijo al cabo, sonriendo al mirarlo— Yo diría que una parte de mí ya ama Los Ángeles.

¿Si?— levantó una ceja, mirándolo con expresión divertida. Eso era la mejor demostración de que podía hablar de sexo y pensar en ello sin la urgencia (bueno, no demasiada) de quitarse la ropa y llevarlo a cabo ahí mismo. También sabía controlarse incluso durante una provocación abierta, afable y completamente fantasiosa con el hombre al que más amaba y el que mejor sabía ponerlo a punto. —Yo me siento lo suficientemente amable para darte más que un par de manos— añadió despacio, pero con bastante seguridad como para garantizar que había caído en la cuenta y no se había quedado con una simple idea manual.

Oh, bueno— dijo despreocupada y rápidamente. Al oír la manera en que lo decía, Viktor notó que en realidad no había existido nadie con la más mínima importancia. Y aunque tal vez no debería darle gusto, sí que lo recibió como una buena noticia. —Ah, no. No, está bien. Sólo quería saber eso, no es necesario... agregas más, ni nada— asintió con la cabeza y alargó su mano para abarcar la ajena. Hablar de sus parejas anteriores no era el mejor tema que podían tratar, y estaba claro que tampoco se trataba del más indispensable, cuando las cosas se habían tornado de un modo pasajero y poco relevante. Sonrió ligeramente y luego rió por lo bajo. —No lo hubo— aclaró al momento— recuerda que estaba como debajo de una roca— complementó, respondiendo sobre el tiempo que ellos habían pasado separados. Era cierto que al principio lo había considerado como una posibilidad para sacárselo de la cabeza y continuar, pero la idea de sacar un clavo con otro clavo le pareció un poco absurda, para haber sido él quien terminó con la relación a la que ni siquiera se habían molestado en etiquetar. —Te lo agradezco— dijo acariciando sus manos mientras las sujetaba entre las propias— Eres verdaderamente increíble. ¿Qué haría yo sin ti?

Descuida, está bien. No se siente como si fuera gran cosa. Tampoco vivíamos en un tormento o algo así, siempre se han llevado bien. Digo, ¿roles y te crees que no?— acortó para no meterse en ello más de lo que debería. Según él, su madre disfrutaba siendo un tanto dramática y su padre parecía incapaz de no seguirle la corriente. Los pretextos jamás les faltaban y la ausencia del hombre de la casa había servido para alimentarlo, pero el golpe fuerte tuvo que llegar en algún momento y ellos, igual que lo había hecho Viktor, habían tenido que pasarle por encima.
No, ya no— corroboró con una sonrisa. Lo había pensado en serio, porque muchos hombres (y mujeres) sienten ése inmenso deseo de convertirse en padres aunque no exista alguien más con quien compartir la experiencia, pero en cuanto lo oyó negarlo, no una, sino dos veces, las dudas sobre el tema se disiparon.

Perdóname Señor, porque he pecado— citó y se volvió a mirarlo con una sonrisa, sólo por molestar. —¿Verdad que sí?— dijo a continuación, con los ojos puestos en él. Le había alcanzado a escuchar, pero no sintió que fuera necesario afirmar que algún día, tal vez más pronto de lo que pensaban, estaría compartiendo una vida juntos al completo. El mismo espacio y los mismos planes. Cada vez que Viktor pensaba en ello, lo consideraba, se le antojaba más real y más cercano a suceder.
Fantástico— pronunció y dejó un beso en sus labios, suave, pero casi pasajero. —Aunque... sería más fácil si tuviéramos nuestra casa— musitó enseguida, sin estar seguro de que el rubio lo hubiera escuchado. Fuera como fuese, su intención de proponerlo seriamente ya estaba convencida de que esperar al momento adecuado sería igual que hacerlo en ése mismo segundo.

Pensé que ya no necesitaba pensarlo más— dijo con cariño y le atrajo hacia sus labios, probando el sabor de su boca y manteniendo su humedad en un conjunto de caricias que lo compenetraban suavemente. Le sostuvo con una mano y apretó la contraria hundiendo sus dedos en el cabello de Aiden mientras lo besaba, apartándose tan sólo un momento para recobrar el aire que había perdido. Su pecho había empezado a agitarse desde el primer segundo que sintió su boca uniéndose con la del contrario, mezclando el calor que su aliento emitía y dulzura con la que se unían sus lenguas y jugaban cual si fuera un intercambio. —Déjame compensarlo— alcanzó a decir cual si fuera un susurro, hablando contra sus labios cuando se inclinó y les rozó por encima, paseándose entre su boca y su barbilla, donde finalmente depositó un beso, haciéndolo lento y seguro de que la electricidad que parecía emanar de cada uno de sus poros estaba acelerando el ritmo de su corazón. Lo besaba largamente y se apartaba a escasos centímetros de su boca cuando la urgencia empezaba a apoderarse de él. Su respiración se oía entrecortada, sin la firmeza de lo natural, pero eso le tenía sin cuidado. En la situación en la que se encontraba no podía ni quería ponerse a pensar con claridad, sabía lo que estaba haciendo y aún más lo que deseaba seguir haciendo.

Viktor sonrió ante la pregunta y miró de sesgo hacia las escaleras, sin apartarse de la cercanía de sus labios mientras ambos recobraban el aliento. Le revolvió el cabello al acariciar su nuca y ladeó la cabeza al agacharse y besar el lóbulo de su oreja. —Recuerdo lo que pasaba dentro de ella. Tal vez quieras refrescarme la memoria— contestó antes de bajar un poco la altura en la que se hallaban sus labios, besándolo en el cuello y regresando hasta su boca un momento después, incitándolo a cubrir aquel tramo de distancia. Se apartó de su boca justo cuando la camiseta hizo acto de presencia y levantó los brazos para facilitarle la salida, luego volvió al ruedo, dirigiendo sus manos a la vestimenta de Aiden y desnudándole de la prenda superior, en tanto ascendían por los primeros escalones.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Nov 06, 2015 9:13 pm
-Está bien, no exageraré más-le miró y alzó las manos en señal afirmativa de que no lo volvería a hacer, sin embargo estaba atravesando por una risa que no podía evitar contener, al menos no del todo. Arrugó la nariz cuando se la tocó con el dedo, agachándose levemente mientras sentía aquel contacto, le observó durante algunos segundos ínfimos hasta sonreír-¿La edad de los riesgos?-preguntó entretenido-Creo que tenemos un problema de maduración tardía por aquí-agregó riendo nuevamente-Y de bipolaridad…¿Quién pensaría que Viktor Bertholon podría considerar intentar algo y más aún, soñar?-le molestó picando su abdomen suavemente, sólo por complementar en aquel instante lo que estaba haciendo.

-No lo parece-alzó una ceja mirándole divertido sin embargo aquello se desvaneció tan rápido como había llegado, se había quedado con gusto a poco por lo cual nuevamente depositó un beso en su barbilla, esta vez con mayor intensidad recorriendo un poco más su piel hasta detenerse en el borde de su cuello-Por supuesto, ¿Cómo podría hacerlo?-rió al último pero eso no quería decir que lo haría mejor.

Le besó y no pudo hacer más que dejarse llevar devolviéndole el gesto, era su novio y podría tomarlo cuando quisiera como en aquel instante y jamás le molestaría, ¿Siquiera debería?, le amaba y ese sentimiento era tan vasto para abarcar cada parte de su ser, tomarla y convertirle en un esclavo sometido por el yugo de algo más grande y profundo que cualquier cosa que hubiese experimentado antes lo cual provenía de la persona que tenía a su lado, su novio.

-¿Cuál es exactamente esa habilidad de la que hablas?-preguntó curioso, mirándole como si estuviesen hablando de temas completamente distintos, Viktor describiendo la anatomía de una rana y Aiden por su parte refiriéndose a las variedades de sabores que podría encontrar de smoothies en la Tienda tres cuadras al Norte de la Comisaría, es decir, nada que pudiese tener sentido para ambos y mucho menos de una forma que permitiese confluencia en aquel instante, en simples palabras, el rubio no sabía a qué se refería por lo cual preguntar era la única opción que tendría lógica y cabida en aquel instante. Nuevamente sus labios se juntaron y por la vez que fuese sentía que podría estar así por horas, claro el entumecimiento de su boca sería una consecuencia clara más para él valía la pena una y otra vez-Que lástima, esperaba poder comérmelo yo-agregó separándose para insuflar aire a sus pulmones con nueva vida.

-El más extraño cumplido que me han hecho entonces, pero bueno, no debería sorprenderme viniendo de ti cariño-rió mirándole, aún no le veía lo positivo o la gracia pero supuso que tampoco era algo de real importancia-Que halagador eres, en serio-convino sonriendo y luego forzando una ceja a subir interesado-Somos dos, ni siquiera sería una opción…aunque-se acercó un poco-¿Sabes qué se vería bien en este rostro?-dijo coqueto-Un gran y cariñoso beso-terminó sonriendo con una sonrisa que exponía medianamente sus dientes.

-Siempre trato de tener la mano ganadora, ya sabes, no soy de los que les gusta perder-mencionó con una agradable sonrisa mientras con un dedo contorneaba el borde su barbilla lentamente una y otra vez como si estuviese tallando la forma de esta sin embargo simplemente era un juego para él.

-Está bien, sin risas-alzó las manos en señal de rendición-Lo tengo más que claro, no necesitas decírmelo-suspiró profundamente lo cual indicaba que no había nadie más que pudiese tener tan clara aquella situación como él, amaba a Viktor profundamente como nunca lo había hecho y como jamás esperó hacerlo, consideraba que en él no existía esa capacidad sin embargo allí estaba tratando de no sufrir una arritmia cardíaca a cada minuto por cómo su corazón se comportaba al lado del castaño, en cómo este era capaz de revolver todo su interior y hacerle pensar en tan sólo su persona alejando cualquier otra preocupación o interés que pudiese tener-y por eso ahora estamos juntos-agregó asintiendo, ahora que se entendían no había obstáculo en su camino que les impidiese poder ser felices como siempre debió ser, siempre considerando el tiempo desde que comenzaron a salir. Le besó como siempre pero a la vez como si fuese la primera vez, siempre se sentía de esa forma para él, sus labios volvían a ser una novedad y su sabor una delicia sin importar las veces que pudiese repetir el acto, siempre sería igual y eso es una de las cosas que más le volvían loco del escritor: sin importar el tiempo que pasara no se aburriría de él, al contrario, pensaba que podría caer en una obsesión en cualquier momento.

-Entonces te obligaré a hacer cosas que no quieras con una amplia sonrisa, suficiente para dejarme con una tensión de músculos que de seguro podrían permitir una parálisis facial, pero oye, todo por conseguir cosas contigo-rió levemente mientras se deslizó entre sus brazos para sentir su cuerpo contra el propio-Lo sé, pero te lo quería dejar en claro-ladeó la cabeza y entrecerró los ojos mirándole como si estuviese intentando ponerle nervioso sin embargo duró algunos segundos y luego rompió en una carcajada riéndose de sí mismo.

-No quiero ser como todos pero bueno, sino puedes contra ellos…úneteles, dicen por ahí-se encogió de hombros mirándole y soltando una risa bastante audible. –Tiene bastante sentido, faltaba que me lo aclararas tú-sonrió ante la explicación de cómo escribía sus obras, no necesitaba quizás escucharlo pero era agradable hacerlo-Te juro que no me cansaría nunca de escucharte, digo, quizás para cualquiera estarías hablando cosas que no son normales para traer en una conversación de pareja, pero, ¿Sabes algo?-se le apegó-A mí me encanta cuando tienes datos o teorías para explicar cosas, muchas otras no vienen al caso pero aun así son interesantes…eres como mi libro de curiosidades personal, ya sabes-se encogió de hombros y le acarició desde la cintura subiendo por sus costados hasta parar en su pecho donde apoyó las palmas suavemente sonriendo para su novio, conversaciones de aquel tipo eran interesantes para el rubio y siempre consideraba que o bien aprendía algo nuevo o podía tener una idea de lo que pasaba por la enmarañada cabeza del castaño.

Le observó y no pudo evitar morderse la mejilla internamente, quizás se había expresado de una forma que diese paso a la confusión y esa no era su intención sin embargo ante las preguntas del escritor se preguntó otras a sí mismo, repasando sus propias palabras, pensamientos y emociones en aquel instante, estaba seguro de lo que sentía y en honor a eso es que decidió que estaba perdiendo el tiempo innecesariamente-Honestamente no me refería a eso, pero ahora que tocamos el tema, en realidad te lo pregunto, ¿Considerarías mudarte conmigo?, o ¿Querrías?-le miró serio y alejándose un poco-Yo estoy muy seguro de lo que siento por ti y lo que quiero, eso es una vida junto a ti y para eso deberíamos comenzar viviendo juntos, ¿No crees?-agregó suspirando-Suponiendo que tú también quieras estar conmigo para siempre, vivir conmigo y todo eso, tampoco puedo hablar por ambos-desvió la mirada puesto que no quería caer en los cambios de semblante que Viktor podría tener, el Teniente interpretaría posiblemente cualquiera de la peor forma y eso sólo atendía al hecho de que estaba nervioso como nunca, era una pregunta oficial y bastante importante en su relación-No tienes que responder ahora si no quieres, comprendo que tienes una vida en San Francisco y tu trabajo y no sé qué otras cosas más-agregó en última instancia posando la mirada en la iris del castaño y el enigmático color de estas, por no decir atrayente además.

-Más adecuada diría yo, pero en efecto concuerdo contigo-rió suavemente mirándole y posando una mano sobre su hombro acariciándole aquella zona suavemente-Eso podría ser una habilidad extraña, ¿A poco no?-bromeó por algunos minutos. Rodó los ojos y se cruzó de brazos bufando y maldiciendo por lo bajo-Son lo peor ustedes dos-convino y alzó una ceja-Siempre podría dispararles yo-se encogió de hombros y se corrigió-Bueno no, sólo estoy bromeando y exagerando como siempre-le dedicó una mirada más serena. Le observó y no logró cambiar su semblante, formándose un surco en su frente-Qué malo eres con tu novio-se quejó dejando los brazos a sus costados mientras el otro le rodeaba, no muy feliz pero tampoco enojado-Y no son tan malos, vamos, estoy seguro que algunos son bastante graciosos…¡Lo prometo!-se defendió mirándole.

-Eso sería amor incondicional, creo que tenemos algo de eso en nuestra relación así que vamos bien encaminados-le sonrió cariñosamente-Para mí siempre serás mi escritor huraño y sexy, siempre, siempre-enfatizó en la palabra acercando una mano para acariciar su cabello, enredando sus dedos en su finas hebras castañas.

Enarcó una ceja ante su suspiro y por cómo le miraba, no recordaba haber dicho algo inverosímil o similar como para aquella reacción hasta que le escuchó cambiando a una sonrisa-Eso es lo maravilloso del mundo, todos tenemos nuestros gustos y formas de ver las cosas, muchos como tú dices se dejan llevar por el ritmo, la voz, la letra o hasta la entonación que se emplea en las canciones, por otra parte estamos los que apreciamos lo que la música nos provoca, hacia donde nos transporta o qué evoca en nosotros-le explicó sonriendo, para él la música significaba más que una conjunción de sonidos agradables, se trataba de qué podía lograr en su persona y si era lo suficientemente mágica como para echar a andar su imaginación u oprimir su corazón por las emociones que hacía aflorar, por eso Lana del Rey era una de sus cantantes favoritas hasta el momento, y de considerarlo se habría enamorado de ella sino estuviese ya loco por su novio-No exageres, no es para tanto-agregó pellizcándole una mejilla suavemente. Se separó de sus labios para contestarle y aprovechar de tener aire nuevamente-Ajá, seguro nos divertiremos en encontrar otros, de lo contrario también podremos hacer los nuestros, así como con los recuerdos se hacen-le miró riendo-Por ejemplo, un gusto que podríamos compartir sería el ducharnos juntos…por decir algo al azar-hizo un gesto con la mano para acompañar lo del azar pero con una mirada coqueta.

-Si las conozco, pero lo siento mi vida, hice un juramento de que siempre cumpliría con la Ley y mentir es un obstáculo para ello, sin importar si fuese pequeña o piadosa-agregó con un tono solemne que luego osciló a una risa-Uhh..tampoco podría, me gusta bastante la Mitología cómo para mentir, lo siento-bajó la cabeza excusándose con una sonrisa en el rostro, no sería tan atractivo como Apolo –según lo que describían en la historia- y bueno según los cánones de belleza de aquella época pero Aiden no necesitaba compararlo ni mucho divinizarlo, era perfecto para él y eso es lo único que importaba.

-No te preocupes, creo entender a qué te refieres-convino sonriendo y restándole importancia con un leve movimiento de la mano-Cada quién es dueño de su vida y sabrá –no siempre para bien- lo que hacer con ella, supongo que con el dinero se aplica lo mismo-comentó acariciándole la barbilla suavemente-Déjalo ir amor-rió en última instancia. No pensaba de la misma manera, para él siempre había existido una regla básica, vive y deja vivir a los demás, mientras respetasen aquella especie de concepción o ley básica no existiría problema alguno, es decir, Aiden jamás se metería con nadie y a cambio los demás hacían lo mismo sin embargo cuando no le cumplían simplemente tenían que atenerse a las consecuencias. Sonrió ampliamente ante su comentario lo cual le hizo sujetarle de la camiseta para atraerlo hacia él sin llegar a besarlo, pero pasando sus labios sobre los de este una y otra vez-Perfecto, entonces sólo basta de convencer a la otra, y se me ocurren varias formas-comentó dándole un mero contacto entre sus labios que produjo un sonido característico al separarse-¿No es maravillosa mi ciudad?-rió contra su boca suavemente.

-¿Ah si?, mira que amable tú…creo que me veré en la necesidad de poner a prueba un poco de aquello, tan sólo un poco-juntó el índice y el pulgar para dramatizar un poco, riendo de paso y pegando su frente a la del escritor.

Respiró hondo y le miró, era un tema delicado que de la nada podría tornarse de una forma poco agradable para ambos y quizás hasta molesta y eso es lo que menos quería en un momento y día en que se suponía debería ser el mejor de sus vidas, por el momento claro-Está bien-sentenció como si estuviese cerrando aquel tema, por su parte lo estaba haciendo pero tenía muy claro que estaría siempre al acecho para volver a ser el centro de alguna conversación en cualquier momento. –Pero me atrevo a decir que no eres el único que podría esconderse debajo de una roca y aprovecharla-se encogió de hombros-O no, en realidad olvídalo, sólo estoy tomándote el pelo-esbozó una pequeña sonrisa, siempre había tenido la idea de que quizás lo había dejado por otro y que mientras él se debatía entre la apatía y el dolor por la pérdida el castaño podría estar pasándola de maravilla, más sin embargo, decidió morderse la lengua antes de proseguir o dejar que su cerebro tomara el control en una muy mala situación. Sonrió por sus caricias pero sus palabras siguientes fueron suficientes para amargarle por algunos segundos, igual intentó recomponer su rostro para que pasara inadvertido-Para nada, sólo soy yo-comentó aventurando una leve sonrisa, el fantasma del pasado siempre estaría presente entre ambos, ya lo había comprobado en varias ocasiones pero era su trabajo alejarlo o al menos dejar que no lo afectara, mientras pensaba no se percató que sujetó con más fuerza de la necesaria las manos de su novio y tras mover la cabeza un poco las soltó con una disculpa en su mirada.

-Bueno, supongo que suena bastante bien tal cual lo expones-le dio la razón y se encogió de hombros, no es algo que considerase normal pero quién era él para dar una opinión cuando sólo podría apoyarse en la base de suposiciones y juicios de valor. –Menos mal, ya no sabía qué decir para convencerte-le miró con una pequeña risa tonta.

-No es gracioso-le dedicó una mirada de advertencia que luego se diluyó hasta su normal apariencia-Mucho, así como demasiado-alzó las manos como para intentar abarcar espacio y darle mayor nitidez a lo que quería decir. Quedó con la boca algo pronunciada cuando este se separó debido a lo insuficiente y corto que había sido su beso más ya tendría la oportunidad de sacarle una buena tanda de ellos-En efecto, lo sería…-le miró un momento más serio de lo normal para procesar lo que había escuchado-Podríamos...considerarlo, ya sabes-le miró con un aire de inocencia como no queriendo preguntar pero aun así haciéndolo, por su parte si le dijera que si iría al día siguiente a la Agencia de bienes raíces para buscar una.

Sonrió por su confirmación mientras le besaba lo cual le significó dejar de hacerlo más no separarse de él, el aire fue a través de sus pulmones permitiéndole involucrarse en un segundo round con la boca del escritor, esta vez sus manos se hicieron presentes bajando una hacia su cadera izquierda donde se quedó férrea mientras la otra bajaba por su espalda suavemente quedándose a veces en algún punto donde dejaba pequeños masajes o palmadas que obedecían directamente a la intensidad con que sus labios y su lengua se batían a duelo con las del contrario.

-Tienes mucho porqué compensar así que te sugiero empezar ahora-agregó jadeando contra su boca y luego sintiendo sus labios sobre su barbilla mientras sus manos se volvían más insistentes sobre su cuerpo hasta que había terminado por comenzar a liberarle de la camiseta que ocultaba su torso para dar paso a la piel descubierta que estaría a merced del rubio. Le escuchó y enarcó una ceja con una mezcla de diversión y picardía que no era necesaria explicar puesto que era evidente lo que estaba pensando, ladeó el cuello cuando sintió el beso en aquella zona para permitirle un poco más de espacio dejando escapar un pequeño gruñido debido a la placentera sensación que provocaba aquello y a la propia excitación que crecía en su interior lo cual no tardaría en despertar a su amigo. Retrocedió con Viktor casi encima de él, posando sus manos alrededor de la piel que recubría sus costados sujetándose de sus caderas para mantenerle en contacto mientras ascendía por las escaleras lentamente sin despegar su boca de la este, tenía exactamente 15 escalones para llegar al segundo piso y un par de pasos hasta dar con su habitación más en su cabeza conocía el lugar tan bien – obviamente- por lo cual hacer el camino sin preocuparse por la parte visual y mucho menos por la coordinación no parecía gran reto, sobre todo cuando tenía la cabeza casi en blanco y con la sangre descendiendo rápidamente hasta concentrarse en la parte inferior de su cuerpo.

Su camisa desapareció de la escena en un instante cayendo al suelo mientras seguía moviéndose por aquella estructura que les permitiría llegar a sus aposentos, de vez en cuando se permitía separarse de su boca tan sólo para recobrar el aliento más este lo obtenía al pegarse contra su cuello o clavícula donde dejaba un par de besos hasta volver a decantarse por su boca, la humedad y sabor de esta que tanto le incitaban a probarla las veces que fuesen necesarias, un par de segundos más ya lo había guiado hasta arriba y ahora lo orientaba hasta su habitación que divisó por el rabillo del ojo más cuando lo tuvo en el marco de la entrada se permitió colocarlo contra la puerta con una ligera fuerza colocándose encima de este besándole con pasión y urgencia, había sido un movimiento duro de su parte pero esperaba no hubiese sido demasiado para el escritor.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Nov 09, 2015 7:51 pm
Ajá— dijo y le ofreció una sonrisa condescendiente, bastante seguro de que estaría cometiendo un error al creérselo del todo. Reconocía cada parte de la personalidad de Aiden como un ingrediente indispensable para ser quien era. Le gustaba que fuera así. Sentirse cómodo a su lado y tener la necesidad de ser paciente cuando no siempre se mostraban de acuerdo en las mismas cosas, inclusive con sus exageraciones. Él también tenía un poco de eso. Era más válido mostrarse así, más real y más maravilloso de lo que había supuesto que llegaría a ser algún día.
Se rió al escucharlo, negando con la cabeza. —Claro que no— le aseguró. Si de algo podía presumir, es que su adolescencia tuvo muchas aventuras para alguien con su actitud, su falta de liderazgo y sus altas dosis de paranoia supuestamente justificadas. Había tenido tiempo de sobra para tomar ciertos riesgos, y la mayoría de sus decisiones habían sido tan precipitadas, que ni siquiera tenía la capacidad de contar y recordarlas todas, menos aún de conseguir arrepentirse por unos cuantos sucesos en los que prefería no pensar. Sin embargo, aquellos ejemplos distaban de parecerse a los de ahora. Ninguno se respaldaba con la seriedad que trataba de... ¿Bipolaridad? Viktor frunció el ceño y apretó los labios en una mueca, aunque a través de sus labios se podía percibir el ligero despliegue de una sonrisa. —Sé a dónde quieres llegar— comentó divertido, mirándole con los ojos entrecerrados. La verdad es que no tenía ni idea, pero supuso que su alegría de molestar con medios sanos venía con el resto del paquete, como sucedía con él. En momentos como esos, a Viktor le daba la impresión de que se parecían más de lo que creían. —Pero eso sí, amor, ni con el papel de psicología analista conseguirás diagnosticar ninguna enfermedad en mí.

Lo siento, ¿dijiste algo? Me perdí completamente cuando hiciste eso— señaló hacia su barbilla y le sonrió, dando a entender que se refería a la manera en que sus labios le habían recorrido. Sabía que no existía ningún tipo de ciencia en ello, pero cada vez que lo hacía, su cuerpo reaccionaba de una forma diferente. Su piel se erizaba con un breve escalofrío que le recorría desde los pies hasta la última hebra de cabello, como si fuera un punto cúlminante y lo hiciera a propósito. Algo estaba asociado en su cuello y lo sentía de la misma forma que el magnetismo de un imán, siempre que su boca se detenía y él podía percibir la suavidad de sus labios, el aliento caliente al aproximarse, la agradable sensación y la inmediata necesidad de besarlo.
No lo sé— admitió con sinceridad. —Si tan sólo supiera cómo explicártelo, lo haría, pero...
Ni siquiera él podía entenderlo, eso es lo que quería decir. Si se hubiera tomado la molestia de explicarlo, la cosa le llevaría horas. No sabía exactamente qué era, sólo sabía que provocaba un millón de sensaciones dentro de él, todas agradables y todas con la alarma a voz de urgente una vez comenzaba. Era una especie de ciclo, una conexión. Algo. Fuera lo que fuera, Viktor adoraba sentirlo. Y le gustaba todavía más que fuera Aiden quien lo provocara, quien causara aquel declive en el que parecía caer antes de alzarse nuevamente, más alto.
La verdad es que la idea que sugería su mente, y sobre todo por cómo la sugería, le sonaba un tanto ridícula para repetirla en alto. Ahí en su cabeza, sonaba bien, pero no estaba seguro de que tuviera mucho sentido afuera. Años le había costado, pero entendía que algunas pensamientos debían quedarse en su lugar y no soltarse. Pronunciarlos los volvía más simples. Hacía que perdieran un poco el valor original. Quién sabe, quizá fuese un hombre complicado, después de todo.
Se había quedado callado, acariciando con los dedos el dorso de la mano de Aiden, pero captó la realidad y volvió en sí rápidamente. —Es algo en tus gestos, de verdad no sé cómo decirlo— sonrió, consciente de que por primera vez se quedaba corto con su repertorio de palabras— Cuando estamos juntos y me miras, cuando sonríes, cuando me tocas, cuando rompes en esa alegre y preciosa risa que yo amo, siento que es de una forma diferente. Más especial y única, sólo entre nosotros. Sí... suena un poco cursi y yo no estoy acostumbrado a ser, ya sabes, así, pero ahora como que lo entiendo.
Al apartarse de sus labios, Viktor soltó una risa y le acarició el cabello, yendo de la frente hacia la nuca. —Bueno, todavía te puedes quedar con la mejor parte. ¿Por qué no la tomas?— sugirió entonces, como si estuvieran hablando de algo tangible y verdaderamente comestible.

Ni que lo digas. Seguramente tendré de sobra, ya verás que sí— respondió con una sonrisa, pero decidió no meterse en el tema. Comparar a su novio con un personaje ficticio y además reconocidamente malvado, no es la mejor de las ideas para conversar durante tu reconciliación. Ya lo dejaría para después. A lo mejor hasta le daba por obligarlo a entrar en su mundo y comprender un poco más sus referencias, compartiéndolas como nadie tendría mayor oportunidad de hacer. Pero no en ése preciso momento. El tiempo le sobraba, al menos a grandes rasgos y con suerte, así que lo indispensable era gastar cada minuto juntos, disfrutándolo en un pensar del que solamente formasen parte ellos.
Alcanzó a enarcar las cejas, interesado por lo que estaba a punto de escuchar. Luego cambió el gesto por una amplia y genuina sonrisa. De nuevo, ¿Cómo y por qué se había ganado así de fantástico? —Hagamos que sean dos— convino, al tiempo en que acortaba el resto de la distancia entre ambos y posaba sus manos en el rostro de él, una a cada lado de sus mejillas.

Tal vez no. Pero honestamente, creo que ahora mismo la mano ganadora la tengo yo— comentó alcanzando la mano de éste con la suya, enredando sus dedos sin apartar ninguna del mentón del rubio. —Me siento tan afortunado de tenerte, Aiden, que deberíamos ir a jugar póquer o algo así. A lo mejor estoy pasando por una racha buenísima.

Asintió con la cabeza, complacido, pero no dijo nada más. No hacía falta. Sólo quería que le escuchara y ya lo había hecho. Ahora tenían su versión sentimental en una muestra poco común, aunque con el mismo significado e importancia que le habría dado de cualquier otro modo. Las metáforas le iban mejor, los ejemplos lejanos con cercanías más o menos absolutas. Lo ponían menos complicado. Y él tenía suficiente de estarse complicando la existencia. Lo que necesitaba y siempre había querido lo tenía enfrente y no estaba dispuesto a dejarlo ir. Ya no. Ahí se hallaba el punto. Barcos, aviones o hasta bicicletas, daba lo mismo cómo nombrase al transporte, el camino quería recorrerlo con el mismo capitán, con la persona a la que quería tanto como para saltarse obstáculos y permanecer en su compañía sin importar los qués del destino.

Acarició su espalda con delicadeza, su mano apretó con suavidad allí donde se arraigaba entre su cuello y su hombro. La boca de Viktor se unió a la de él, y de la humedad que habitaba dentro se creó una mezcla agradable, novedosa y antigua al mismo tiempo. El castaño le instó a continuar así durante algunos minutos, y aunque no se apartó sino para recobrar el aire y dejar que él hiciera lo propio, todavía rozando la textura de sus labios, fue fácil suponer que ninguno de los dos había tenido el menor de los inconvenientes respecto a ello.

Oh, bueno, qué sacrificio más dulce. Me halaga— comentó bromista y le acompañó en el gesto. Para él resultaba sencillo cuando se trataba de Aiden. Con él las cosas cobraban un sentido diferente, que meritaba incluso al festejo de lo desconocido y lo irrelevante. —Bien— dijo a continuación,  apretando su cuerpo con el de Aiden mientras le abrazaba. Luego lo miró, primero en silencio y con una expresión seria, luego, la sonrisa halló la forma de abrirse paso por su rostro conforme transcurrían los segundos y el policía seguía mirándole de aquella curiosa manera. Viktor había estado esperando que dijera algo, porque supuso que a eso se debía, a que quería comentarle una cosa y buscaba el modo de hacerlo. Así que esperó. Y esperó. Pero cuando él ya había pasado de seriedad a ceño fruncido, preguntándose qué podría ser, Aiden continuaba en silencio. —¿Qué?— preguntó pues, sonriendo a medias. No obstante, la respuesta no vino como la esperaba. Casi pegó un brinco cuando el rubio echó a exterior una carcajada. Viktor frunció los labios y acabó por resoplar una risa, extrañado y divertido a la vez, sujetándole con una mano que seguía en su cintura. —Dios, ¿qué fue eso? Estaba a punto de sacudirte.

Descuida, mi amor. Los dos sabemos que tú no eres como todos— dijo al acariciar su espalda baja. —Bueno, es un placer habérselo dado— añadió un poco después, con agrado y sin vacilación. Venga, era modesto casi siempre, se merecía darse el crédito de una que aparte fuera de su completa propiedad. Raras veces se ponía a explicar lo que se formaba en su cabeza, así que hacerlo bien, con la cantidad de cosas raras que se creaban allí, era una cosa buena. Una cosa muy buena. Le tomó las manos y las apretó debajo de las propias. —Me daré el lujo de pensar que eso está muy bien... aunque no vengan al caso— comentó dubitativo, pero terminó esbozando una sonrisa ante la que le ofrecían del otro lado. Si Aiden decía que le encantaba oírlo y que no se cansaría (palabras mayores), entonces no existía problema. Aún cuando le gustaría saber cómo se definiría una relación de pareja normal, con sus conversaciones casuales —y banales, se imaginó—, su sentido del humor y sus discusiones continuas y propias de todos los días, la suya al menos presumía de ser variada.

Alzó una ceja y se humedeció los labios cuando le vio alejarse. No demasiado, sin embargo lo suficiente para que Viktor creyera que había saltado directo al fango. Claro que no pensaba en eso, ¿por qué estaría pensándolo? ¿Quién tenía prisa?
Uh... —tanteó el terreno en el que pisaba, como si Aiden estuviera poniendo una prueba y su respuesta fuera a caer en el rojo o el verde, el incorrecto o el acertado. Dile que no tiene prisa, pensó. —Sí. Sí querría, pero no estaba tratando de... Fue mi error ¿de acuerdo? Pensé que era eso lo que tratabas de decir, que no era, y está bien— sonrió con los labios juntos, haciendo muestra de que podría ser un tema pasajero y una propuesta invisible si así lo que preferían. No obstante, eso no pareció exactamente lo que Aiden pretendía, y a Viktor, en parte, le alegró escuchar que proseguía pasando por alto su molestia de arreglar lo que había sugerido. —Supongo que sí, lo es— convino casi susurrando, aunque movió la cabeza por si no le hubiera oído. No respondió de inmediato. A pesar de que nada —aparte de la cafetería irlandesa que se hallaba a dos esquinas del edificio en el que vivía y hacían un expreso increíblemente bueno—, le mantenía unido de lleno a San Francisco, aguardó a que Aiden terminase con todo lo que tenía que decir, dándole así el espacio y el tiempo que necesitaba. Él también lo necesitaba igual, seguramente. No estaban hablando de cualquier cosa. Era una decisión seria, una que los formalizaba el doble que las promesas que se habían hecho. Verdades, por supuesto, pero no así de presentes y realistas como el hecho de vivir juntos. Lo que tenían era más emocional que otra cosa, así que dar el paso grande significaba mucho.
Al cabo, Viktor dibujó una delgada línea sonriente en sus labios.
Me gusta San Francisco. Me gusta mi vida ahí. Es cómoda, cálida y tengo cupones de comida— admitió, según él relajando el asunto al mencionar los cupones. No iba a negar que su situación estaba bien, lo había dicho en varias ocasiones y no había estado mintiendo al afirmar que la ciudad le agradaba y se sentía a gusto en ése lugar. Ni que tenía cupones de descuento, ¿y a quién no le vienen de lujo, cuando se les da un poco el ser tacaños como a él?— pero a ti te amo, Aiden. Contigo quiero pasar el resto de mi vida. En la ciudad que sea, en el país que sea. Eso no importa. Estaba...— ensanchó la sonrisa, echó la cabeza hacia atrás y se tapó la cara con las manos por un momento, luego lo miró y se guardó las manos en los bolsillos del pantalón. —Mencioné hace un rato que se me había estado ocurriendo una idea. Una sorpresa. Para ti, para los dos. Y, no pensé que volveríamos hablar de esto hasta que llegara ése instante. ¿Entiendes lo que quiero decir?— inquirió, ladeando la cabeza al cuestionar. Sí, su mentada sorpresa había sido improvisada. Lo había decidido antes. Desde el primer segundo en que se le ocurrió preguntarse qué tan complicado sería llevar una relación yendo de aquí para allá, cuando quería pasar todo su tiempo con Aiden. San Francisco se parecía a Los Ángeles, así que no estaría yéndose a Alaska. Ni tan siquiera se mudaría de Estado. Su trabajo podía irse con él, ya que sólo estaba en su mente, en su pluma, en sus dedos y en su IBM. —Mi cambio de residencia iba a ser parte de ello. Una facilidad para verte más— añadió encogiéndose de hombros. No había sido un acepto, tal cual, pero fue igual de claro que uno.

Y muy funcional— añadió él, corroborando sus palabras. Luego lo miró boquiabierto, enarcando las cejas. Sin embargo, apretó los labios y meneó la cabeza, como respondiéndose la duda para sí mismo. —Ya sabía que no. Eres incapaz de disparar hacia ella. Te quedarías sin secretaria, menudo desastre— bromeó a lo ligero, para dar cuenta de que ni se lo pensó como parte de algo serio. —Lo sé, lo sé, soy un novio terrible— comentó con tono afligido, apretándolo con los brazos y apoyando su cabeza en el pecho de él, aunque sonreía. Lo meció al moverse, llevándolo consigo entre que se desplazaba empujando suavemente hacia la izquierda, hacia la derecha, luego de regreso. Una y otra vez. —¿Te digo la verdad?— levantó la cabeza y aguardó a que él bajara la mirada para encontrarse con sus ojos— Lucy tiene mal gusto. Tus chistes son graciosísimos, mi amor— le dijo con bastante seriedad, hasta que se alzó y le besó la barbilla, aunque en realidad había estado buscando por su boca.

Viktor le devolvió la sonrisa, quedando con la parte favorable en la que era un escritor sexy, por encima de huraño. Después de todo, lo había enfatizado y había conseguido sacarle una sonrisa con ello. Para él tampoco quedaban dudas de que iban por la dirección correcta, y aparentemente, de esa misma forma seguirían por mucho tiempo. Costaba creer que ninguno estuviera haciendo un esfuerzo terrible para lograrlo, pero algunas cosas suceden sin fijarse en los detalles. Y ellos tenían también algo de eso en su relación.

A decir verdad, Viktor podía ponerse bastante criticón cuando quería, y cuando no también. A veces eran opiniones cualesquiera, pero en su mayoría creía tener motivos justificados. No era para sorprenderse, aquellos que le conocían bien sabían cuánto le gustaba llevar razón hasta en los temas menos importantes. Pocas veces se mostraba de acuerdo con lo que pensaban los demás, pero era así porque pocas veces le demostraban que tenían razón. Con Aiden lo estaba. Hablaban de una sola cantante, sí, sin embargo ahí había un mundo de ejemplos que respondían en su favor. —Hacia donde nos transporta— repitió asintiendo. —Ay, Dios. De verdad, de verdad, te amo— añadió llevándose teatralmente una mano hacia el pecho.
Se rió y hizo además de sobar su mejilla, aunque no fuera necesario y no hubiera dolor. Ahí lo tenía, eso sí que era exagerar. —Si tú puedes, ¿por qué yo no?— dijo a su vez, usando un reproche infantil y jovial a pesar de todo.
Sin embargo, se olvidó de ello y lo dejó atrás en menos de uno o dos minutos, atento a lo que Aiden decía y que había llegado a obtener su completa atención. —Oh... sí— le miró, sonriendo en respuesta a su coquetería. ¿Y decía que no era para tanto sentirse como el ganador de la lotería con él?— Me fascina el gusto de ducharnos juntos. Y el de dormir juntos. Y el de no dormir, también juntos— concluyó, ladeando la cabeza con una mirada sugerente.

¿Entonces no mirarías en dirección opuesta cuando una ancianita se saltara una señal en rojo sin querer?— le preguntó, aunque no iba en serio. Su manía de encontrar situaciones del tipo parecía adictiva, pero él sí que habría miraba a otra parte si se le diera el caso. Era fácil de sobornar, al menos en cuanto a ancianitas y eso. —Qué malo y poco piadoso eres— dijo bromeando y le propinó un leve empujón, cruzándose de brazos acto seguido, pero no tardó nada en volverse hacia él, y cuando lo hizo, la sonrisa que desapareció ya había vuelto a su rostro.

Yo supongo que lo único bonito que tiene es el color. Y la frase bromista que se apropia a todo, como: para qué ir a un restaurante, volvamos a casa y comamos dinero. Es gracioso... cuando lo dice alguien con simpatía— aclaró, porque en su voz no fue igual que en la de su abuelo la última vez que escuchó algo semejante. Había sido en plan y actitud jovial, obviamente, pero ése es de hecho el objetivo. —¿Ves? Es mi medio para dejarlo ir, decir esas cosas— añadió con expresión divertida. A veces era la única forma, además. Sin embargo, Viktor no se quejaba por el simple hecho de hacerlo. Tenía ejemplos de sobre que se volvían comparativos, así que los comparaba. Así que tenía opiniones fundamentadas al respecto. Y si sabía una cosa, aunque fuera por su vivencia y no tuviera otro medio de reafirmarlo o llegar a la conclusión de que no todo debía ser pintado como tal, es que la gente empezaba a pudrirse en tanto sus ganancias incrementaban. Que le dijeran que no pasaba con todos, bueno, bien por los afortunados. Hurra y bravo. Pero él no conocía a ninguno que al millón no empezara a heder, lo cual era una lástima. Qué hacerle.
¿En serio?— emitió al sentir sus labios tan cerca de los propios. Creía saber lo que vendría, estaría mintiendo de negar que lo esperaba, que más o menos lo pedía en su mente en repetidas ocasiones. Lo besó, cerró los ojos, asumiendo que duraría más, pero los abrió de súbito y buscó algo más que los signos de sorpresa y berrinche en su rostro. Quería seguir en ello, tan sólo un poco más, y se aproximó cuando Aiden apartó su boca al separarse de su beso, pero lo que terminó por unir fue su sonrisa con la de él, la textura de sus labios en apenas un roce. —De lo más maravillosa— convino divertido, antes de volver a besarlo.

Viktor soltó una risotada al ver lo que su novio formaba en su mano, luego le rodeó con un brazo y le dio un beso corto, acariciando su mejilla con la mano libre. —Hasta parece que me leíste la mente, es exactamente lo que estaba pensando— añadió al separarse, aún con una sonrisa visible y una actitud por lo evidente, rebosante de buen humor.

¿Aprovecharla?— le miró extrañado, aunque no había dejado de ser una expresión afable. —¿Qué quieres decir?— preguntó enseguida y sonrió, porque no se iba a quedar con la duda. No, claro que no. Si lo decía, era por algo. Así que Viktor aguardó. —Tomándome el pelo. Oh, ya... no, no entiendo. Pero si eso prefieres— se encogió de hombros, aceptándolo sin más. Tal vez no fuera nada, pero vamos, aún cuando lo fuera, no se pondría a obligarlo a hablar como si él fuera el policía y Aiden un acusado. No era su estilo. Nunca lo había sido.
Un increíble tú— le aseguró con dulzura, pero de algún modo le dio la impresión de que no estaba escuchándolo, que no estaba precisamente ahí con él, sino en alguna otra parte, eclipsado por lo que fuera que se hubiera quedado pensando. Viktor era un experto en esas cosas, le pasaba seguido. Le miró pacientemente, bajó sus ojos hacia sus manos y regresó de nuevo al rubio, imperturbable. —¿Aiden?— fue lo único que salió de su garganta antes de que éste cayera en cuenta y le soltase, pero en cuanto lo hizo, Viktor volvió a alcanzar una de sus manos y enlazó sus dedos entre los propios, alzándola un momento para dejar un beso en sus nudillos.

Sí, lo siento. No tengo nada de religioso— añadió cual si estuviera disculpando y defendiendo su falta de límites. Luego le miró con una sonrisa, y el gesto titubeó un poco antes de asegurarse y permanecer de lleno ahí, vivo y presente.
¿Lo de la casa?— preguntó, sintiéndose tonto porque no podía tratarse de otra cosa. Le había escuchado. Lo cual estaba de lujo, porque tenía años sin compartir el mismo territorio con nadie. Muchísimos años. Pero aún se ponía mejor, cuando pensaba en hacerlo con él. Sería como estar casados, sin el papelito legal. Todo el tiempo juntos, o si no, el máximo. Cada mañana, cada tarde, cada noche. —Bueno, sí. Digo... Sí, sí. Para qué esperar. Deberíamos hacerlo. Y pronto, sería excelente, ¿no crees? Yo lo creo. Vivir juntos, pero en nuestra propia casa. Es un paso... enorme. Y encantador, si lo piensas como lo pienso—. Había empezado a divagar, hablando más de lo que debería y de lo que era necesario.

Viktor apartó la camiseta sin pensar en dónde iría a parar. La dejó caer en cuanto la tuvo en sus manos y siguió ascendiendo los escalones, hasta que se encontraron en el inicio del pasillo y el final de las escaleras. Todo su cuerpo estaba ardiendo, pidiendo por el contacto directo con la piel del policía. Él jadeaba, su respiración sonaba agitada y eso era lo único que rompía el silencio en el espacio, pero ya no podía asegurar que todos los sonidos provinieran de él. Su pecho reaccionaba al son de sus respiraciones, se elevaba y descendía con rapidez, alentando algo que había empezado a suscitarse desde los primeros minutos. Le acarició la espalda, se siguió con sus brazos, alcanzó su cuello y le besó con avidez, desplazándose hacia la habitación sin siquiera molestarse a mirar a su rededor, verificando que fueras hacia la dirección correcta. Las caricias de Aiden no le dejaban tiempo para pensar en ello, y al fin y al cabo, tampoco importaba. Se guió por los pasos de él, moviéndose sin apartarse, sin abandonar sus labios ni dejar de acariciar el cuerpo que tenía a disposición. Un cuerpo que adoraba y despertaba cientos de sensaciones en él. Sus movimiento se volvían cada vez más urgentes, más necesitados de sentirlo, de estar con él y perderse entre sus brazos. Dirigió sus dedos hacia la bragueta del policía y giró en redondo, de súbito, dándole un simple tirón y golpeando la puerta de la habitación con la espalda prácticamente en el mismo cambio de segundo. El quejido que salió de sus labios fue breve y automático, pero se ahogó en la boca de Aiden, y Viktor le presionó contra su cuerpo mientras lo besaba, completando una acción que ya no era del todo suya. Le había rodeado el cuello con una mano y ahora le atraía con fuerza, hundiendo sus dedos en el cabello de él, dejando que fueran sus acciones lo que definieran la excitación que desbordaba por cada uno de sus poros.
Dejó caer la mano izquierda por su costado, y acariciando la zona lumbar de su novio, le apartó ligeramente. Sus labios emitieron un chasquido al separarse. Viktor asió la cabeza de su novio hacia atrás y le besó el mentón, llevándose los dedos hasta su bragueta en tanto la otra le acariciaba el cabello, revolviendo los mechones en su nuca. Desprendió el botón de sus pantalones dándole un tirón, luego, sin apresurarse en desnudar aquella zona por completo, le acarició por encima de la tela y volvió a besarlo, frotando suavemente, pero con el mismo arrebato y fervor con el que sus labios buscaban y parecían devorar los ajenos.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Nov 11, 2015 4:25 pm
-Pero es entretenido intentarlo, ¿No crees?-sonrió y luego dejó escapar una pequeña risa ante sus palabras, tenía razón puesto que no podría decir si estaba loco o diagnosticarle ninguna tipo de enfermedad más sobre todo porque él no era nadie para hacerlo sin embargo fingir algún tipo de habilidad analista se le antojaba bastante cuando podía molestar a su novio.

-Que te amo-agregó riendo como si no hubiese dicho algo distinto, en realidad eran simples palabras que no tenían el menor valor alguno frente a las caricias que podía dedicarle el rubio, aquel beso en su barbilla parecía un gesto suave y menor sin embargo Aiden hasta el más simple ósculo tenía su propósito cuando se trataba del castaño. Alzó una mano para acariciar su cabello pasando los dedos un par de veces por sus finas hebras despeinándolo y mirándole intensamente claro está sin dejar de repetir la acción en su cabeza y curvando sus labios para regalarle una sonrisa. –No importa, descuida, quizás es una de esas situaciones que no tienen explicación lógica, ¿Puede ser?-suponía que eran de las veces en que no encontraba las palabras necesarias para explicar las cosas, podía entenderlo ya que a él le había sucedido en innumerables ocasiones lo cual no siempre significaba que no tuviese la elocuencia para ello, simplemente existían casos que se volvían imposibles de calificar con las palabras adecuadas, precisas.

Le miró y no podía dejar de sonreír, quizás de algún extraño modo estaba siendo más empático de lo normal lo cual le permitía si bien no entender colocarse en el lugar del castaño y sentirse completamente inundado por un bienestar repentino que denotaba amor-Tranquilo, creo que si comprendo a donde quieres llegar-sonrió estirando una mano para acariciar su mejilla suavemente, con dedicación como si de eso dependiese su vida o algo. No todos los días le decían algo así, prácticamente era la primera vez que lo escuchaba y era más significativo aún porque provenía de la persona que más amaba en el mundo, el que se había logrado calar hasta en lo más profundo de su ser arraigándose de formas que no comprendería jamás pero que ahora asumía como propias, como algo que siempre debió ser y jamás dejar pasar-No tienes idea de cuánto significa para mi esas palabras, primero que todo porque provienen de ti, mi novio, el amor de mi vida, segundo porque cómo dices, no es algo propio de ti…y tercero, porque, también me he sentido de esa forma antes, bueno para mí no es algo nuevo pero eso no quita que sea menos intenso-agregó mirándole mientras mantenía su mano en la mejilla disfrutando de la caricia en su cabello-¿Quedarme con la mejor parte?-alzó una ceja-Yo lo quiero todo, es mi novio y es todo mío-rió mirándole intensamente, quizás el escritor no podría verlo pero en sus ojos había una luz especial, una fijación por él que atendía específicamente a sus palabras anteriores y a lo que sentía, tras algunos segundos se mantuvo así hasta que luego movió la mano que tenía en la mejilla de este para luego deslizarla hasta su barbilla, levantarla y acercarle para darle un profundo beso, de esos que obligaban a juntar los labios completamente, deslizarlos sobre los ajenos y producir un sonido a cada momento del roce para luego tener que separarse únicamente por la falta de aire que era una leve parte de la aceleración de su corazón.

Sonrió asintiendo por sus palabras, cerrando los ojos por algunos segundos cuanto sintió sus manos y ladeando el rostro para recargarse en la diestra del castaño dando a entender claramente que le encantaba aquel contacto. -¿Ah sí?, que curioso-rió mirándole por un momento-Ajá-convino conteniendo una risa pero trató de hacerse el ofendido-Primero fui tu imitación del Joker, ahora resulta que soy una especie de amuleto de la suerte ambulante-rió al final-¿Algo así como una herradura Alemana, o mejor, una pata de conejo…hubiese dicho un Trébol de Cuatro Hojas pero eso es Irlandés, no es lo mío-dijo con una pequeña carcajada-Creo que ambos somos afortunados por tener esto-hizo un gesto para involucrarse a ambos, cambiando de una risa burlona a una sonrisa cariñosa y claramente que demostraba cuán feliz era en aquel instante.

Besarle siempre sería una experiencia única de la cual no podría prescindir jamás y que siempre intentaría de buscar por el medio que fuese, al menos ahora que eran novios no había que pedir permiso o disculparse por tomarlo donde sea y simplemente buscar sus labios, esos impulsos nacían en el Teniente a cada momento y controlarlos no era tarea fácil, vamos, antes prefería que le dispararan a tener que frenar sus deseos.

-Ese es mi trabajo, halagar a mi novio, vivo por él y para él-convino como si realmente fuese así, bueno en parte no mentía ya que siempre estaba pensando en él y la mejor forma de sorprenderle o agradarle, suponía que el noviazgo era así, querer siempre mantener a la otra persona contenta e interesada, proporcionarle lo que necesitara y estar a su lado hasta en la peor de las situaciones. Sus manos le rodearon ampliamente buscando los huecos que existían entre ambos para adecuarse a ellos y así pegarse a su cuerpo al máximo permitido, sintiendo el calor que emanaba y haciéndolo propia. Le observó por alguno minutos de una forma intensa y con el ceño fruncido para cuando este había reaccionado el rubio había roto el momento con una risa tonta y sujetándose el estómago para evitar ascender en aquella emoción al darse cuenta de que Viktor experimentaba una mezcla entre miedo y gracia-Eso, fue un intento por molestarte o asustarte, cualquiera de los dos funcionaba-agregó riendo-Supongo que funcionó…Dios, si vieras tu cara-convino con una sonrisa traviesa alargando las manos por su espalda para frotársela.

-Espero lo estés diciendo desde una perspectiva agradable-alzó un dedo como señal de advertencia que luego fue a parar a la nariz de este tocándola en repetidas ocasiones mientras reía.-Oye, que hablo en serio, siempre tuve claro cómo eres y eso nunca ha sido un problema, digo, no hay nada de malo contigo y yo prácticamente salté directo a ti, no es como que tuviese algo de qué quejarme-se encogió de hombros, esperaba que el escritor le creyese puesto que Aiden jamás había manifestado estar aburrido de él o que le molestara en el menor de los casos, no es como que él fuese muy interesante de todos modos para quejarse de la intelectualidad y humor de su novio, por último apretó sus manos también regalándole una sonrisa tersa y amigable.

-No, no, no-le interrumpió alzando una mano como a modo de detenerle-No es tu error, simplemente tú tocaste el tema y yo quiero hablar de ello-agregó mirándole seriamente-Sí, suena algo apresurado, pero, ¿Y qué?, hemos perdido demasiado tiempo y yo no necesito pensar algo que siempre tuve claro-sentenció mirándole por un tiempo en silencio, no era idiota para entender que era un tema muy serio y que no podían tratarlo con la ligereza que solían atribuirle a otros asuntos, no, este requerría de toda la seriedad y seguridad que pudiesen albergar en su ser así que se calló mirándole, dándole tiempo a poner orden a sus ideas y tomar una decisión, quizás, posiblemente estaba presionándolo y no era necesario decidirlo en aquel instante más una parte del rubio, la indecisa y apasionada quería escucharle en aquel instante más la racional salía a defender al escritor dándole a entender que no era justo pedirle aquello. Era su momento de callar y escucharle, después de todo Viktor no le había interrumpido en ninguna oportunidad así que se lo debía, de muchas formas en realidad-Ya veo-comentó sin poder frenarlo, una decepción debió de verse en su rostro pero fue bastante efímera para reemplazarla con una sonrisa forzada, no era justo, él no podía forzar algo así, simplemente NO.

Alzó la vista ante sus palabras, como en muchas ocasiones se había adelantado a sacar conclusiones apresuradas, él no solía hacerlo nunca pero con el castaño no se podía contener, él alteraba toda su vida lo cual era obvio que se traduciría en su personalidad y forma de reaccionar. Una sonrisa se formó hasta que comenzó a tomar forma y expandirse cada vez más, tomando gran parte de sus músculos faciales para tensarlos a su máxima extensión, ¿Podría estar más feliz?, bueno, podría pero en aquel instante consideraba que ya no podría hacerlo más; le observó hacer aquel gesto de ir hacia atrás y taparse el rostro, en primera instancia lo veía como algo malo pero estaba haciendo un gran esfuerzo en mantener la boca cerrada y utilizar otro de sus sentidos para la ocasión hasta dejarle terminar y así hizo-Si te entiendo…¿Era eso?-preguntó aunque no hacía falta puesto que lo tenía claro, aun así no pudo evitar que escapara de sus labios ya que se había contenido durante mucho tiempo y algo tenía que escapar-Tendría que mentir y decir que no es necesario que hagas ese sacrificio por mí, pero soy un hombre egoísta y no lo diré, aunque si lo pienso-le miró con un gesto cauteloso dejando una mano sobre su brazo acariciándolo irregularmente-Es decir, no hay cosa que me haría más feliz que vivir contigo, pero es un gran paso y no sé, no es justo que yo te esté pidiendo esto tan repentinamente…tienes una vida en San Francisco como dijiste, y, uff-se calló dejando caer su mano y volviéndola a su costado mientras desviaba la vista un poco, si se ponía en el lugar del castaño no estaba seguro de qué haría y seguramente sería una de las decisiones más difíciles de su vida, Los Ángeles había sido su hogar y el lugar donde su carrera comenzó a ascender, donde trabajó arduamente para llegar hacia donde estaba actualmente, ahora él dudaba, no de lo que sentía puesto que eso estaba más claro que el agua sino de lo que era correcto o no, de lo que él se merecía y podía pedir.

-Ciertamente, Lucy ha estado conmigo desde que llegué a este país, no podría hacerle eso, además de que es muy eficiente en lo que hace, No, sería una pérdida enorme dispararle a ella…por otro lado-comentó tan relajado que parecería una verdad sobre todo cuando dejó la última parte sin terminar, dando paso al misterio que atendía al hecho de que se refería a dispararle al castaño.-Quiero un reembolso o que me lo cambien por otro, este que me tocó está defectuoso-bromeó pasando sus brazos alrededor de este para sujetarle algunos segundos, luego levantó una mano dejándola descansar sobre la cabeza del castaño que reposaba en su pecho más luego debió de sujetarlo un poco cuando este le meció riendo en el proceso. –Y que lo digas, si vieras a su novio-movió la cabeza hacia ambos lados lamentándose.

Le miró y comenzó a sentirse apenado, el rubor comenzó a crecer inundando sus mejillas completamente hasta que una temperatura superior a la cual estaban acostumbradas las envolvió-¿Terminaste de reírte de mí?-le miró entrecerrando los ojos y llevando sus manos hacia su pecho para afianzar que estaba molesto, o al menos lo parecía, su caricia era muy agradable pero si creía que le haría olvidar todo tan sólo con eso estaría equivocado-Debería haber dicho que me gustaba porque cantaba bien, y ya-comentó con la boca ligeramente pronunciada como si un niño pequeño estuviese hablando.

Sonrió divertido por el tema que estaban tocando, aquella mirada sugerente de parte de su novio no hacía más que hacerle adoptar la misma-Viste, ya tenemos más de un par de gustos en conjunto, será divertido encontrar otros-alzó las cejas divertido, por su parte se le ocurrían un par de ejemplos y situaciones que podrían ajustarse bastante bien a sus planes.

-Por supuesto que no, sería una imprudencia de su parte en primera instancia y luego sería un error mío si lo dejo pasar, así es como suceden los accidentes mi vida, por creer que los riesgos nunca van a convertirse en uno-le miró alzando una ceja-¿Sabes que ese es un pensamiento tan común?-inquirió apretándole el lóbulo de la oreja como castigo-Te encanta ponerme a prueba y luego ver si te puedes reír de mis respuestas-comentó riendo por lo bajo. Recurrió a su equilibrio para no moverse más de la cuenta cuando le empujó, alzó rápidamente una ceja ante aquello sin embargo la sonrisa en su rostro tenía ese efecto sedante en él-¿Y eso por qué?-preguntó inquisitivo.

-Si ya veo, hay Dios, qué hacer contigo-colocó sus manos alrededor de su propia cintura mirándole con un gesto de rendición sin embargo su gesto era afable y con una leve risa. El contacto entre sus labios fue corto puesto que el rubio así lo quiso, no era algo fácil cuando se moría por besarle con pasión y amor como siempre, nunca era suficiente pero quizás variar un poco no estaría mal, además valía oro el rostro que el escritor tenía; sonrió luego por sus palabras y estaba vez se dejó llevar por el otro en un beso que ya no fue algo tan leve como un mero contacto, no, ahora era un beso con todas sus letras y bueno, caricias propias de aquel intercambio de sentimientos y pensamientos que no llegaban a materializarse.

-Fue una tontería, de esas típicas mías, no le hagas caso al tonto de tu novio-rió haciendo un gesto con la mano, literalmente estaba pensando y hablando de más y eso en cualquier tiempo, situación o circunstancia era una mala idea, sobre todo cuando se trataba de una pareja. No se dio cuenta hasta cuando fue muy tarde que le estaba sujetando con fuerza, tras soltarle le ofreció una disculpa silenciosa mientras ordenaba sus difusos pensamientos-Lo siento amor, no quise hacerlo-ofreció una nueva disculpa al tiempo que sonreía por lo que este hizo, sin avisar ni nada, le rodeó con sus brazos apegándolo a su cuerpo con fuerza, sujetándole y besándole la cabeza profundamente, en silencio y en un inesperado arranque y giro de los hechos.

-Sí, lo de la casa, ¿Qué más podría ser?-dijo con algo de incredulidad y diversión, su mandíbula se tensó por un instante al decirlo pero su mirada seguía tan serena como siempre-Eh, eh, tranquilo mi vida, no te hiperventiles o algo-le sujetó por los brazos y le acarició ambos con sus pulgares suavemente sonriendo-Me alegra que también quieras dar este paso, bueno, no podría hacerlo sólo, digo, me vería como un loco-rió un poco y alzó sus manos para acunar su rostro y levantarle para fijar su mirada en él-Cuando tú quieras podemos ir a Bienes Raíces y ver una casa, ¿Te agrada la idea?-preguntó aunque suponía que no era algo tan misterioso ni mucho menos necesario, vamos, el castaño lucía tan entusiasmado y feliz como él mismo se sentía en aquel instante-Mañana mismo estaría bien por mí-se encogió de hombros con una sonrisa.

Estaba en su hogar, en la seguridad y privacidad de este por lo cual no existía la necesidad de controlarse, de frenar sus más profundos deseos y ansias, de querer tener a su novio para él de todas las formas posibles, sentir su piel y su carne en contacto con la propia y de poder demostrarle no sólo con palabras lo mucho que lo amaba, lo que sentía por él y más aun lo que su presencia despertaba en todo su ser. Se habían involucrado en una especie de danza cuando subían las escaleras, una que comprendía despojarse de la parte superior de sus vestimentas dejando sus torsos desnudos los cuales se rozaban en múltiples ocasiones cuando sus bocas hacían lo mismo, el rubio disfrutaba del apasionado beso que compartía con su novio mientras una de sus manos acariciaba su espalda baja y la otra se encontraba sobre su nuca para acercarle y no dejarle ir hasta que el aire fuese necesario lo cual simplemente se traducía en un par de segundos hasta volver a devorarle los labios con ansiedad. En un momento de completa excitación y desenfreno le empujó contra la puerta que ya habían alcanzado provocando que este chocase contra ella, escuchó un quejido que acalló con un húmedo beso el cual no fue intencional sino que un mero impulso del momento.

Tras unos momentos besándole su novio le hizo retroceder guiando su postura hasta dejarle libre el acceso a su mentón que en aquel instante parecía ser el objetivo de sus caricias, jadeó un par de veces debido a lo rápido que su corazón latía producto de la confluencia de distintas emociones y sensaciones en aquel instante, más aún cuando el castaño se aventuró a adentrarse en su pantalón y librarlo de él estimulando su entrepierna por encima de la tela que constituía su ropa interior, instantáneamente un gruñido se formó en su garganta y escapó para dejar ver que aquello le gustaba. Disfrutaba de aquella caricia sumamente íntima por lo cual se mantuvo así algunos segundos disfrutando de ello sin embargo rápidamente decidió cambiar de posición sujetando a su novio por la cintura con ambas manos, ascendiendo por su pecho desnudo lentamente hasta hacerle retroceder con sus manos por la habitación, su meta era hacerle caer sobre la cama la cual se cumplió tras unos cuántos movimientos más provocando que el borde de la misma fuese la que le hiciera perder el equilibrio al castaño sin embargo no lo haría sólo puesto que Aiden le mantenía aún sujeto derivando en un declive favorable para el Teniente quedando encima de este. Se decantó por ir hacia su boca la cual besó tan sólo unos instantes hasta formar un camino desde ella hasta su cuello de manera lenta e insistente sin detenerse más que para jadear algunos segundos y luego retomar la acción.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Nov 13, 2015 5:45 pm
Dímelo tú —comentó con una sonrisa divertida. Sabía que ellos habían superado el límite de confianza, así que entendía bastante bien cuánto le gustaba a Aiden molestarlo. Era como el pan de cada día, porque así parecía suceder también a la inversa. Su necesidad de incordiar hasta ver la respuesta en gestos podría resultar fastidiosa en otras personas, pero no en ellos. Lo disfrutaban incluso cuando estaban en conjunto, sobre todo porque los comportamientos de Viktor eran mayormente absurdos y el policía les complementaba a la perfección.

Viktor sonrió cuando Aiden alzó la mirada para observarlo. Quizá no tuviera qué decirlo, probablemente tampoco hacía faltar dejarlo en claro, pero al castaño le gustaba oírlo tanto como le gustaba pronunciarlo para él. —Y yo a ti —respondió con afecto. No podía ser de otra manera, ahora las palabras le salían con suma facilidad y lo increíble es que fueran sinceras. La mayor parte del tiempo, cuando debía decir algo agradable, se debía mucho más a una especie de obligación moral o algo parecido, como cuando alguien dice por favor y gracias, una cosa de costumbre que se graba en tu mente y se traduce en tus acciones de una forma casi automática. Viktor había supuesto que al momento de confesar su amor por alguien, quizá tuviera que sufrir el hecho de no sentirlo del todo y tener que acostumbrarse a ello. Pero no había sido así. La sonrisa de Aiden demostraba una dulzura propia de sus caricias, y eso era algo a lo que el escritor no se contemplaba capaz de renunciar.

Ladeó el rostro como para darle la razón, pero aún así trató de traducirlo de la mejor forma que pudo. Sentía que Aiden se lo merecía, que si alguien debería de oírlo ése era él. Le describió un embrollo de lo que en otro momento habría denominado cosas sin sentido, aunque ahora sí tenían demasiado sentido para su situación. A decir verdad, el rubio no pudo haber encontrado un mejor término para entender a lo que Viktor se refería. Expresarlo no fue precisamente una prueba de que sus sentimientos eran lógicos, sino de algo que en definitiva distaba de serlo y estaba fuera de su control.
Bueno —comentó con un breve asentimiento, pues sintió la mano de Aiden en su mejilla y se detuvo en el acto— Eso está muy bien. Se me estaban acabando las ideas para expresarlo —Esbozó una sonrisa a medias, luego simplemente se dedicó a escuchar y la expresión de su rostro ensanchó aquella curvatura.

A Viktor le tenía sin cuidado ser el primero, sobre todo porque ya no eran unos críos. Cada quien había vivido su vida, había tenido sus altos y sus bajos en muchísimos aspectos que no podían ni imaginar sobre la historia del otro, pero para él lo indispensable de compartir lo que les restaba por vivir, era saberse como el último. Lo demás dejaba de importarle cuando ponía sus ojos sobre Aiden y algo parecía reafirmarle lo mucho que le quería y se preocupaba por su bienestar. Eso no lo había tenido con nadie, debía admitirlo. La última vez que había estado cerca de ello, no funcionó. Y por si no hubiera sido suficiente, la misma razón le había llevado a arrepentirse de lo que tenía con el policía. Ahora lo veía como una especie de lección, como si fuese necesario que pasaran por todo aquello para darse cuenta de lo que existía entre ambos y la gran cantidad de cosas buenas que todavía podían salvar.

Sí, ¿no la quieres?— alcanzó a decir antes de obtener algo aún mejor que la respuesta. Viktor correspondió a su beso como si hubiera sido creado específicamente para disfrutar de su sabor. Le tomó ligeramente de la camisa y con su mano libre le rodeó el cuello, entonces sus labios se diluyeron de una boca a otra, trazando un acuerdo profundo y tierno que hasta entonces seguía más vivo que nunca.

Lo cual es fantástico, no lo olvides— intervino mientras Aiden hablaba, pero sólo con la intención de recordar que su versión comparativa había sido una especie de cumplido. Si lo entendieras como yo lo hago, pensó al mismo tiempo, sólo que se lo guardó porque no tenía caso y la sonrisa que acentuaba su expresión lo dejaba más o menos claro. Le acompañó con una risa ligera tras escucharlo, luego alzó una mano de tal modo que parecía pedir permiso para hablar durante un pleito de abogados, pero la conclusión del rubio le modificó el comentario. Viktor arrugó la nariz un instante. —Ugh, la pata de conejo. Qué horroroso— comentó antes de proseguir, como si él no escribiera cosas peores que cortar la pata de un conejo y Aiden no se topara con incidentes todavía más desagradables, mucho, mucho peores. Hasta parecía normal. —Tienes razón, eso es cosa mía— dijo un segundo después, asintiendo de modo considerado. Ya había mencionado antes sus raíz mitad irlandesa, así que se entendía. Quizá de ahí hubiera sacado lo testarudo, aunque lo dejaría como una teoría por comprobar gracias a lo que supuestamente se cree y se sostiene en más de un pueblo de New Hampshire. —Oh... no lo dudes nunca— convino al mirarlo.

Ni siquiera se molestó en apartarse un centímetro de él. Le había tomado desprevenido, no cabía duda. Todavía no estaba seguro de si estaba listo para echarse a reír y recibir la broma con los brazos abiertos. Por un momento había considerado la extraña posibilidad de que se hubiera quedado catatónico sin motivo alguno, lo cual posiblemente fuera aún más gracioso para su novio si lo supiera. Viktor acunó su barbilla en el hombre de Aiden y le apretó mientras lo abrazaba, finalmente echándose a reír. No hacerlo mientras él lo hacía, de verdad que era imposible. Oírlo se tornaba contagioso. —¡No! Si hubieras visto la tuya—respondió entre risas. Seguro que estaban ahí más por nervios que por diversión. —No sabía si debía preocuparme o... no sé. Confundiste hasta a mi cerebro. —Le soltó y se alejó un poco, pero siguió sosteniéndole los brazos. —¿Sufrir un infarto o no hacerlo? ¿Sacudirlo o no hacerlo? ¿Reírme o no hacerlo? Hombre... estaré planeando mi revancha— le aseguró, dando su parte de exageración.

Una perspectiva muy agradable— confirmó sonriendo y arrugó la nariz inconscientemente. Lo hacía cada vez que algo le rozaba cerca, así que el ataque de repetidos touins, como decidió decirles (si en alguna lugar del mundo la acción ocasionara un sonido, él ya le habría bautizado como tal), no cambió el asunto. —Es por eso que no comprendo cómo puedes ser real— reconoció uno de los muchos y más certeros pensamientos que tenía sobre él. Quizá Aiden fuera diferente a él, pero le hacía sentir completo como ninguno. Cuando estaba junto a él, Viktor se sentía seguro y en confianza, con la capacidad de ser feliz como nunca en su vida; se sentía cómodo, relajado y hasta de cierta forma liberado de un peso desconocido con el que no querría cargar. Escucharle hablar así era agradable y reconfortante en muchos sentidos, porque para Viktor era importante saberse suficiente de lo que Aiden esperaba y quería de él. Darle gusto era lo mínimo que podía hacer cuando se sentía tan dichoso de estar a su lado. —Tú eres grandioso, en serio— dijo despacio— Yo te veo así, apuesto a que un montón de gente te ve así, y ¿sabes qué? Tampoco tengo algo de qué quejarme. De hecho, lo festejo todo. No sé qué sería de mí si prácticamente no me hubieras saltado encima— concluyó con un tono jovial, extendiendo los brazos y dejándolos caer luego a sus costados.

No hay nada como lo que es claro y conciso,  así que Viktor asintió con ligereza y cerró la boca abandonando su intención de arreglar lo que había dicho. Era bueno saber que no tenía que hacerlo, porque realmente no tenía idea de qué decir para solucionar algo de lo que no se arrepentía. Él quería hacer de su relación algo todavía más sólido. Y si lo que existía entre ellos seguía igual o mejor de lo que iba entonces, terminarían hablando sobre mudarse juntos en muy poco tiempo. Eso estaba claro, pero Viktor se había imaginado que de momento podría no ser la idea del siglo para su novio. ¿De dónde lo había sacado o por qué lo suponía? La verdad es que tampoco lo entendía. La manera en que Aiden se expresaba ahora estaba destrozando la perspectiva de su negatividad, haciéndolo creer que sí podrían llegar a cumplirlo e incluso mantenerlo durante años; vivir juntos y convivir todo el tiempo a todas horas podría cambiarlos un poco, quién sabe, pero eso era exactamente lo que estaban buscando y aunque para algunos significaría correr los riesgos de arruinar las cosas, para Viktor parecía una oportunidad única.

El castaño había aprendido sobre el sandwich solidario desde que era un niño, pero cuando entendió finalmente de qué iba el proceso fue porque lo vio durante una serie de televisión.  No es que se sintiera orgulloso de usarlo en un momento así de complicado como ése, con un tema de tal importancia, sino que salió de su boca y se complementó sin que se molestara por medirse. A veces simplemente se sinceraba, aunque inconscientemente usara el método de algo bueno, algo malo, algo bueno. O al contrario. Aligeraba la noticias y hasta les otorgaba el peso que merecía cada una. —Oh, por favor, no digas tonterías— le cortó mirándole con una sonrisa cariñosa. Viktor no quería que se sintiera culpable, pero la decisión de mover las piezas y hacer algunos cambios en su vida ya la había tomado; por Aiden, por ellos, por todo lo que se estarían perdiendo si eligiera mantenerse a kilómetros de distancia. —Eso no es egoísta, es.... uh, no sé, otra cosa diferente— sacudió la mano como borrándole del mapa y continuó— : Es lo que cualquiera en tu lugar sentiría. Amor, yo lo entiendo. Estaría igual que tú. Y bueno, sí, tengo una vida en San Francisco, ¿no la seguiré teniendo a donde quiera que vaya? Dios, espero que sí. Estoy aventurando por una incluso mejor si la comparto contigo. Aiden, te amo, lo sabes, y lo mejor que tengo en San Francisco de verdad son los cupones de comida y la cafetería de la esquina. No sé qué tan grandiosas las haya hecho creer, pero dudo que alguna de esas cosas pueda hacerte competencia algún día— comentó con sinceridad, de lo cual había duda. Poner a competir un par de bocadillos con el amor de su vida no entraba siquiera en consideración, pero mejor ejemplo no podría haber. —No será hoy. No será mañana, probablemente ni siquiera en una semana. Pero quiero hacerlo y creo que no tengo ningún problema con darnos un poco de felicidad extra a los dos. Mi trabajo se mueve conmigo, la editorial recibe correos y paquetería y aunque no fuera así, entregar un trabajo me toma horas. Un viaje y listo. ¿Te das cuenta de lo sencillo y fantástico que suena?— le rodeó la cintura con un brazo y le acercó hacia sí, girando un poco su posición para mirarlo de frente— Quiero que lo veas de esa forma, como yo. No pienses que es un sacrificio para mí, piensa que sólo es un gran cambio y que lo hacemos para bien.

¿En serio?— enarcó una ceja y le miró con un dejo de asombro. Hasta ese momento había pensado que Lucy se trataba de una secretaria eficiencia que se ganó el título de amiga con el paso del tiempo, como suele suceder con aquellos que comparten nuestra zona y horarios de trabajo. —Por otro lado gozarías de disparar a Viktor. Es completamente comprensible, estoy contigo— comentó divertido a pesar de la seriedad en el rostro de su novio. —Ya, de veras, no sabía que conocieras a la chica desde hace tanto. Debería pedirte consejos sobre qué comprar para tu cumpleaños y esas cosas. Siempre quise tener a un cupido en el medio— añadió esbozando una sonrisa, la cual tardó poco o nada en acrecentarse y ser remplazada por una carcajada algunos minutos después. —La tienda no acepta devoluciones, mi amor. Fíjate bien en lo que adquieres— agregó mientras se movía, deteniéndose al pronunciar la última vocal.

¡Venga, ya! No seas tan gruñón— comentó sin poder reprimir una leve risa. Ah, sí... cómo le gustaba observarlo cuando se enojaba gracias a él— Estaba alabando tu manera de entender y sentir el arte, no me burlaba— añadió enseguida, frotando su hombro con un medio abrazo. Claro que estaba defendiéndose, sobre todo para calmar la expresión aparentemente enfadada de Aiden. Le gusta verlo así, mucho más cuando hacía aquellos pucheros, pero sólo durante los primeros dos o tres o hasta cinco minutos, nada más. Luego dejaba de causarle gracia y debía enmendar el daño. Se llevó algo de aire a los pulmones y calmó la risa, ladeando la cabeza en dirección a Aiden. —No me burlaba, de verdad.... Aunque hace rato te hiciste el catatónico, debería quedar absuelto por ésta— se encogió de hombros y le miró formando un gesto lastimero con los labios.

Viktor se rió en respuesta, negando con la cabeza un momento. Tendrían medios y cientos de oportunidades para hallar esos otros gustos que tenían en común. Claro que lo harían, decía aquella expresión. Casi siempre, cuando negaba, trataba de decir exactamente lo contrario. Era como admitir que se trataba de una locura, una exageración, algo que quizá cruzaba el límite de la línea tradicional y aún así él estaba de acuerdo y preparado para participar. La traducción de una mala-buenísima idea.

Es una ancianita, mi amor. Está un poco ciega y se le... pasó, sin causar accidentes ni atropellar siquiera a una hormiga. Deberías darle una advertencia, sólo digo. Pobre ancianita, pobre, pobre— repuso como si estuvieran debatiendo un suceso real. O como si la mujer mayor de su historia debiera seguir conduciendo aunque su vista estuviera peor que la de un adolescente en función de cuba. —Sí, es cierto. Aunque me río de todos modos... Pero acabas de probarme lo mal policía que sería yo. Diablos, qué bien que no me metí en eso— mencionó divertido. —Porque te gusta bastante la mitología como para mentir— respondió ante su pregunta y le sonrió al instante.  —Culpa a mi ego. Reaccionó antes de que lo detuviera— añadió bromeando, y acto seguido le extendió los brazos para que se uniera a él. Ni siquiera su ego podría mantenerle lejos durante mucho tiempo.

Decidió que cumpliría con su petición y dejaría de hacer caso a la curiosidad que sentía por saber lo que se había estado refiriendo. Si en algún momento sentía que estaba bien comentárselo, ya lo haría por su cuenta. Después de todo y como le acababa de decir él, quizá no fuera nada.
Está bien, no te preocupes— contestó Viktor al tiempo que bajaba sus manos, hablando también por cualquier asunto que estuviera en su cabeza. Había sido un cambio repentino y absoluto y sin duda tenía un motivo, pero el castaño prefirió guardar silencio al respecto en lugar de atosigarle con lo mismo. Le abrazó con fuerza cuando Aiden lo rodeó con sus brazos, sabiendo que al menos podría insuflar en él una sensación de seguridad y cariño.

Nada— reconoció con bastante lógica, imitando la entonación latina al pronunciar. —Creí que no me habías escuchado, eso es todo— añadió con una sonrisa, para justificar que al principio estuviera como en otra parte menos ahí. —Lo siento, estaba... imaginándolo. Tiendo a imaginar todo lo que cuentan, hasta lo malo. Es un problema, supongo— comentó con gracia, aunque desviándose un poco del tema antes de que Aiden lo complementara y volvieran a meterse en ello sin complicaciones. —Sí, es una idea grandiosa. Yo me apunto— respondió esbozando una sonrisa, cual si fuera obvio y después de lo que había dicho antes, ya no necesitaran de cuestionarle nada. A todo diría que sí, seguramente. —Estoy de acuerdo— convino con la sugerencia, dando razón a su pensar de que más pronto, mejor. —Podemos empezar a buscar en... ¿Dónde? ¿Dónde te gustaría vivir? He oído cosas buenas de algunos vecindarios, como Venice.

Con una mano por detrás de la espalda, Viktor tanteó en busca del picaporte. Empujó hacia un lado y la puerta se abrió cuando repitió la acción hacia el otro, provocando que el castaño diera un paso atrás al dejar de sentir el apoyo que le mantenía inmóvil. Volvió a retroceder no una, sino varias veces siguiendo los movimientos de Aiden como guía mientras le besaba y se adentraban cada vez más a la habitación. Viktor le acarició los costados, oscilando caricias por el abdomen, los brazos y la espalda del policía, presionándole contra su cuerpo, sintiéndole pegado a su piel desnuda y la apremiante y creciente sensación bajo sus pantalones, compartiendo un calor que se revolvía a través de sus labios, donde su boca cedía a la de su novio y se abría por y para él.

El castaño trastabilló al golpear el borde de la cama, se apoyó rápidamente en una mano y su espalda se topó con la blandura del colchón al perder el equilibrio, impulsando a Aiden junto con él. En ningún momento le había soltado, ni mucho menos lo haría ahora. Movió una pierna para cederle espacio y se llevó las manos a las mejillas del rubio, desplazándolas por su cabello en tanto sus labios se unían a los ajenos, separándose y volviendo a unirse de nueva cuenta, tan sólo para continuar con un agradable rumbo descendiente.

Al sentirlo, Viktor echó la cabeza atrás y profirió un suspiro, disfrutando de la humedad de las caricias que la boca de Aiden llevaba a través de su cuello. Cada toque era una cadena de electricidad que se erguía en todo su esplendor, animándole, instando a no detenerse y aprovechar hasta el menor de los gemidos roncos acelerando su corazón. Le peinó el cabello hacia atrás para liberar su rostro y enseguida alargó su mano desplazándola por las áreas disponibles de su cuerpo, aquellas que podía alcanzar y en las que no dudaba en detenerse con tal de dedicar unos minutos a regalarles el mismo placer que las caricias de su propietario le hacían sentir, dibujando sus formas y disfrutando del contacto con su textura, llegando a detenerse hasta sentir la palma de su mano extendida sobre los glúteos de Aiden, apretando suavemente y aflojando el agarre conforme le acariciaba y poco a poco sus pantalones empezaban a ceder, resbalando cuando Viktor les impulsaba para salir.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Nov 16, 2015 7:51 pm
-Claro que lo es, demasiado, tanto que debería hacerlo uno de mis hobbies, ¿No crees?-comentó divertido mirándole, era increíble para el rubio cuánto podía bromear con su novio y siempre tener espacio para más, claro está nunca lo decía en serio sino que todo se configuraba tal como una tontería del momento que tenía como única función divertirlos, a uno de ellos más que al otro pero al fin y al cabo esa era la idea. El castaño sacaba el lado más bromista y divertido del Teniente, ese que nadie veía ni siquiera en atisbos y al contrario solían llevarse el mal humor o la seriedad que solía tener en todo instante, por lo cual sabía que su novio le hacía muy bien, mejoraba su humor en un pestañear y eso era un signo claro de que era el amor de su vida, más claro no podía estar.

Sonrió por su confirmación de vuelta, nunca se cansaría de escucharlo por el simple hecho de que le encantaba que el escritor conjurase aquellas palabras y las pronunciara con tanta facilidad, ligereza que a su juicio indicaba que lo sentía de verdad y no por llegar y decir algo que pudiese dejarlo tranquilo. Él tampoco era de expresar sus sentimientos a menudo, mejor dicho nunca, era un territorio que se negaba a explorar ya que no confiaba en sí mismo, es decir, él era su peor enemigo y ya sabía que se podía traicionar como le había sucedido en el pasado en ciertas situaciones. Sus manos aún paseaban por el cabello de este al principio despeinándolo sin embargo luego orientó sus dedos en pro del orden, acomodando sus hebras a cómo este las solía llevar, ocupándose de ello mientras no le quitaba la mirada de encima.

Acarició unos segundos más su mejilla suavemente, delineando el contorno que comprendía a su perfil mientras la palma de su mano contrastaba contra la aspereza de la barba que exhibía en su rostro-¿Quién diría que te podrías quedar sin palabras?-dijo con un tono risueño, sin quitar su mano pero sin embargo era por decir algo, estaba más preocupado de familiarizarse con la textura de la piel del castaño, el grosor de su barba y las sensaciones que provocaba el roce entre ellos.

Le besó y sus manos se repartieron entre su espalda y su rostro sujetando aquel con delicadeza mientras su boca se juntaba a la del otro en un gesto cálido y suave pero que eso no indicaba que fuese menos significativo sino que al contrario Aiden le impregnaba toda la emoción que podía lo cual ni siquiera era un esfuerzo cuando ello ya era natural, tras unos cuántos minutos se separó por aire y esbozó una ligera sonrisa-Ya te dije, yo quiero todo-continuó con la misma sonrisa, pasando la mirada de sus labios hacia sus ojos en algunas ocasiones.

-Sí, sí, muy fantástico-hizo un gesto con la mano como si estuviese dándole la razón más la sonrisa en su rostro no se borraba y menos aún la curvatura de sus labios que le daba el aspecto cómico del momento, más aún cuando este alzó la mano como si estuviese pidiendo permiso para hablar, tal como un niño en primaria-Oye, no me mires así, yo no la corté ni mucho menos la usaría, sólo la utilizo como ejemplo-se encogió de hombros mientras le escuchaba y asentía divertido-Totalmente, mi St Patrick's –agregó soltando una carcajada mientras lo decía, haciendo alusión a la fiesta que tenía como ícono a un Duende Verde, algo que si le preguntaban era totalmente asociable a Irlanda, siempre había visto en la Televisión aquella festividad la cual le parecía bastante extravagante sin embargo eso no significaba que no le gustaría participar.

Ya el tema de porqué se había quedado en silencio y en un estado de aparente inmovilidad había perdido razón de ser, sin embargo las reacciones ante ello eran el tema del momento entre ambos y que al rubio lo mantenían riendo por cómo su novio había reaccionado-Yo suponía que era normal la cara que tenía, ¿No?-preguntó en un intento de recibir una respuesta afirmativa aunque estaba más que seguro que la respuesta no era así debido a la entonación del escritor-Y eso mi amor, sí que es un logro, ya puedo morir en paz-agregó con una sonrisa divertida mientras sentía sus manos alrededor de sus brazos-¿Besarle o Besarle?-aventuró como una opción más, no venía al caso pero siempre se la antojaba, ¿Por qué no intentarlo?-Es malo vengarse, sobre todo de tu novio-rió mirándole como si tuviese la razón, aunque no era así.

-Lo haces sonar como si fuese algo ficticio, mírame, soy de carne y hueso-tomó la mano de este y la puso sobre su propio pecho-No soy producto de tu amplia imaginación amor-rio mirándole, estaba exagerando pero en aquel instante se le había antojado reaccionar así, además el castaño a veces parecía divinizar al Teniente cosa que no podía estar más errada-Mi vida..ash-comentó como si estuviese quejándose, alzó sus manos y acunó el rostro de este con cuidado-Deja de halagarme, no puedo con tanto cariño, mi pobre corazón ya está pidiendo un descanso-agregó sonriendo-Pues…serías siendo el mismo gruñón y amargado de siempre-agregó con una sonrisa un tanto malvada, que luego se deshizo para acercarse a la boca de este y darle un beso que no duró más de algunos segundos, repitiéndose dos veces más-Me haces muy feliz, ¿Sabes?-convino mirándole a los ojos con una profunda emoción.

-No es una tontería, no si se trata de ti-le miró con seriedad, nada que estuviese alrededor del castaño o que tuviese que ver con él sería algo pasajero para el Teniente, le amaba y eso implicaba que hasta el más mínimo detalle de esa persona te importaba, cuando eso sucedía era amor y Aiden no podía albergar más en su interior por su novio. Le escuchó en silencio sin interrumpirle de ninguna forma posible, simplemente le miraba atento y muchas veces tragando saliva con fuerza puesto que las palabras de este parecían cerrar su vía aérea debido a la magnitud que poseían, por algunos segundos más le miró y luego suspiró con fuerza-Si tu plan era que me enamorase más de ti te digo de inmediato que no funcionó, no creo poder amarte más, por lo menos por ahora-agregó con una absoluta sonrisa-Pero, tengo que reconocerte que tú si sabes cómo dejarme tranquilo, convencerme, lo que sea-hizo el gesto de quitarle importancia con la mano a los sinónimos para luego alcanzar sus manos con las propias y sujetarlas con fuerza-Lo haces sonar tan fácil que no puedo ir en contra tuyo, mi cerebro me dice que no es así pero le haré caso a mi corazón que  ya no puede dejar de latir con fuerza-agregó sonriendo más, si es que podía claro.

-Prometo que no te arrepentirás, no sé qué haré pero valdrá la pena que te arriesgues por mí-apretó sus manos con fuerza y aventuró su boca para darle un beso cálido y preciso, ni corto ni largo pero que sintió suficiente para aquel momento-Yo con poder tenerte todos los días me doy por pagado, no me importa nada más, podrías escoger una casa de color rosa o un Sanatorio mental para vivir y mientras tú estuvieses a mi lado no sería problema-comentó riendo pero lo decía en serio, no necesitaba nada más, tan sólo su guapo novio que parecía tener una carta bajo la manga a cada minuto para darle regocijo a Aiden-Y sí, estoy hablando tonterías, pero no puedo hacer nada contra ello, estoy demasiado contento como para pensar en algo coherente-una sonrisa surcó sus labios, la felicidad era máxima así que nada más importaba por aquel instante.

-Sí, fue la primera persona que, digamos de cierta forma, tuvo la oportunidad de conocerme-le miró y se encogió de hombros, cuando entró a la Policía de los Ángeles la primera persona con la que habló fue con Lucy, en aquella época ella era una oficinista y él un Policía más, sin embargo se vieron involucrados en varias situaciones que los acercaron a entablar una amistad, tal era que cuando a Aiden se le ofreció el puesto de Teniente en Beverly Hills no se mudó sólo, sino que la llevó consigo como su secretaria personal, esa había sido una de las cláusulas cuando negoció su traslado, después de todo la chica había sido un buen apoyo para él y aquel trabajo suponía una mejor vida para ella también-No es que no te lo merecieras en cierta ocasión, pero no, jamás le haría daño a mi novio-convino pasando un dedo por su mejilla suavemente-No debería decirlo, pero confío con mi corazón en ti y bueno, ¿Qué más da?-dijo riendo-Es una muy buena amiga, quizás hasta la mejor que he tenido en mi vida-alzó un hombro como si no fuese un dato de especial relevancia-Eh, no, ustedes no pueden ser amigos ni nada, te lo advierto Viktor-alzó un dedo en pro de aquello, una risa se formaba en sus labios sin embargo tenía la idea de que si su novio y su mejor amiga se llevaban bien eso no quería decir que para él fuese algo bueno, o al menos esa sensación tenía, una especie de “Todos contra Aiden”.

-Bueno, tampoco es que tuviese el recibo-suspiró pesadamente-No me queda de otra que aceptarlo, como sea que esté-estiró los brazos para rodearle y atraerle con fuerza, besándole la frente un par de veces y con una risa en sus labios, no le cambiaría jamás por nadie y mucho menos algo en él debería ser reparado, era completamente imperfecto para él y eso es lo que le hacía tan especial para el rubio, indispensable claro que sí.

-Já!-profirió-Quién lo dice-le miró y luego dejó salir una risa de esas que parecen interrumpirse a sí mismas, quería mantener aquella apariencia de enojo sin embargo le estaba costando mucho trabajo-No lo parecía entonces-agregó mirando cómo le acariciaba el brazo, fue algo agradable y no podía alejarlo. Le observó por algunos segundos considerando más de alguna variable y por sobre todo qué hacer, sin embargo no podría enojarse con él, menos por algo así-Está bien, estamos a mano-agregó mirándole serio y luego suspirando pesadamente como si de verdad lo sintiera, realmente sólo estaba siendo dramático pero otra vez poder hacer eso con su novio le parecía divertido y más cuando conseguía cosas con él, sí, el rubio parecía un crío pero era su forma de lidiar con todo lo que sucedía en su interior provocado por el amor de su vida. Le pasó un dedo por sus labios suavemente para demostrarle que estaba todo bien, sólo por si acaso.

-Ah, pero no me dijiste que no había dañado a nadie, ni nada de eso-le enjuició-Tal como lo ponías la hacías ver como una criminal-rió mirándole-Me haces quedar mal eh…te encanta-agregó bajando una mano para darle una nalgada, riendo por ello pero luego con una sonrisa traviesa que se mantuvo por segundos-Este es tu castigo-dijo como si siquiera tuviera relación.

-Yo te lo dije, no durarías ni cinco segundos, amor-convino divertido-No creo que las calles pudiesen soportar tanto caos-agregó al final con la misma cara de antes. –Bueno, tú y tu ego podrían darme amor, es más provechoso-agregó uniéndose a él con una rapidez y facilidad que debería batir un récord. Le abrazó como si no lo hubiese hecho nunca, rodeándole con sus brazos y uniendo sus palmas sobre su espalda pasando los dedos suavemente por aquella, repartiendo caricias.

-Pero lo hice, quieras o no-enarcó una ceja divertido, más se encogió de hombros para darle a entender –y esperaba- que realmente no era gran cosa. –Para nada-movió la mano para pararlo-No es un problema, es una cualidad que tienes, digo, ¿Cómo no podrías imaginarte las cosas?-tragó saliva y prosiguió-No serías el maravilloso escritor que eres sino lo hicieras-agregó alcanzando su brazo para acariciarle.

-Es una buena opción, también he escuchado buenos comentarios-agregó mirándole y luego pensando un poco-Me gusta también Playa del Rey, pero no sé si sea un buen lugar para vivir, en el sentido de largo plazo-agregó mirándole, el lugar era bastante atractivo y le gustaba pero no sabía si se adaptaría al castaño y quizás si venían niños en alguna oportunidad sería óptima-Como sea, tenemos tiempo al menos para buscar y decidir-convino sonriendo.

Su cuerpo se movía por sí solo, no necesitaba pensamiento alguno para proceder como lo estaba haciendo, simplemente se dejaba llevar liberando todo lo que en su interior se estuvo conteniendo desde que se habían visto en la Galería, entre algunas bromas y provocaciones el deseo propio del Teniente se incrementó más naturalmente siempre estaba en él, era un hombre y tenía sus necesidades pero más importante aún era que deseaba a su novio, tenía hambre y ganas de él lo cual jamás dejaría de ser algo constante. Su cuerpo comenzaba a adquirir mayor temperatura de la que normalmente tenía lo cual respondía exclusivamente al contacto entre sus pieles desnudas, sintiendo la musculatura de este al recorrer su cuerpo con sus manos, pasando los dedos por sus pectorales y bajando una mano hasta su abdomen donde hundió ligeramente algunos dedos sin mayor intención que subir la mano desde allí nuevamente hasta su pecho para luego unirse ambas manos en su cuello, acercándole más para besarle y así unir sus labios en un beso completamente húmedo y pasional.

Tras empujarlo cayó con él sobre su cómoda cama, el colchón los recibió con suavidad frenando la caída y haciéndolos rebotar absorbiendo todo el impacto mientras el rubio se adaptaba a su nueva posición, sentía las manos del escritor sujetarle con fuerza y eso era algo que le encantaba. Sus manos se colocaron en la cintura de este mientras le besaba, disfrutando de aquello y sus caricias suavemente, sus dedos se movían lentamente con toda la libertad que podía darles aquella posición, pasando las yemas suavemente por su abdomen, delineando los contornos de su anatomía.

Se había decantado por dedicarse a su cuello, repartiendo caricias suaves y que eran placenteras para cualquiera, sus labios se posaban sobre aquella zona presionándolos en distintas partes, bajando lentamente, cambiando la intención ahora succionando lo cual dejaría una marca pero suponía que no era un problema para él. Sentía las manos de su novio recorrer su cuerpo y le gustaba, su pantalón comenzaba a caer por efecto de la fuerza que el escritor y con un movimiento de cadera de su parte permitió que cayese por sus muslos hasta que con la misma intención movió sus piernas para deshacerse de ellos, por su parte se concentró nuevamente en él, su cuello donde había dejado los labios descansar y ahora con toda la atención comenzó a bajar haciendo un camino pasando por su clavícula repitiendo las mismas caricias más no se detuvo allí y prosiguió quedándose sobre su pecho donde le dio suaves y cariñosos besos mientras alzaba la vista para encontrarse con la de su amor, sin detenerse y regalándole más de aquellas caricias que  no tenía la menor intención de limitar, sino al contrario extenderlas y hacerlas más profundas cuando oscilaba hacia su tetilla derecha.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Miér Nov 18, 2015 6:17 pm
Lo que creo es que, con o sin mi opinión, lo harías de todos modos, ¿no es así?— contestó con aquella sonrisa rutilante que parecía reservar únicamente para él. En realidad no estaba buscando una respuesta, sino que lo estaba tratando de afirmar por los dos. A veces le daba la impresión de que funcionaba como un adictivo en su relación, quizá para armonizar y preservar su relación tal y como estaba, e inclusive mejor. —Yo lo haría— añadió a continuación y se encogió levemente de hombros, como si no hubiera estado en ello durante los últimos minutos y tuviese que dejarlo todavía más claro.

Viktor alzó las cejas y apretó los labios con un gesto afirmativo. —Ni hablar— dijo a su vez. La manera más sencilla de acallar todo pensamiento en el escritor sólo podía suceder con Aiden. No exactamente por estar con él, pero sí cuando trataba de entender lo que sucedía al tenerlo cerca. Viktor jamás se había sentido así con nadie, eso estaba claro. Sin embargo, era una sensación abrumadora. Mucho más grande de lo que sintió cuando creyó haberse enamorado hacía años. Aquello lucía como un juego del cual podría desprenderse con una sacudida en la mano en comparación con lo que tenía ahora, lo que Aiden conseguía avivar y resplandecer en sus sentidos. Así que no resultaba sorprendente que se le acabasen las palabras para expresar lo mucho que le amaba, lo mucho que temía llegar a perderlo por las razones que fueran.
Le observó mientras este acariciaba su mejilla con la mano, tomándose el tiempo de disfrutar de su caricia y admirar las facciones de su rostro al mismo tiempo. No se dio cuenta de si habría pasado un minuto, dos o tal vez hasta cinco, porque el interés con el que se dedicaba a mirarlo le embargó de forma simultánea. Lo había hecho antes, pero no dejaba de sorprenderse con lo que veía. Eso era todo. Se fijaba en los detalles menos relevantes para cualquier otra persona, como el reflejo de sus ojos, la ligereza de las acentuaciones junto a su boca o el acompasamiento de su pecho al respirar. Era una locura, pero de algún modo le hacía pensar en las razones por las que le habría elegido a él antes que a nadie.

Eso ya lo sé— rió un poco—. Digo, no voy a ser hipócrita. Como animales cada vez que abro una lata de atún, ordeno pizza o esas cosas, y que me disculpen los veganos, me gusta hacerlo. Pero colgarte la pata de un conejo que ahora es invalido porque querías tener suerte... bueno, es un poco perturbador. Ni los dedos de plástico regordetes que parecen tan humanos y se usan en pulseras y collares son así de raros— comentó por dar un ejemplo. Por supuesto que ambas opciones eran extrañas si les prestabas un poco más de atención, pero a la gente le gustan y ni se diga que se venden. —¡Hey!— se volvió a mirarlo con una sonrisa— ¿Qué tal si te regalo uno de esos para Navidad? ¿No te encantaría llevarlo contigo todo el tiempo? En la comisaría pensarían que es real, al menos al principio.
Estaba bromeando, obviamente. Ya ni siquiera recordaba en qué mercado de Los Ángeles se hallaban a montón. Además, no le gustaría verlo aunque fuera falso cada minuto que quisiera inclinarse a darle un beso.
De acuerdo... Ahora que soy un duende famoso, creo que mejor volveré a ser de Bélgica— mencionó como si tal cosa, riéndose por ello. —No, ya hablando en serio, tal vez deberíamos festejarlo algún día también. La verdad es que no conozco el fondo de la historia o por qué se hace, pero ya que lo mencionas, a lo mejor sería divertido sólo estar ahí. Tienen cerveza verde.

Demasiado normal, para ser sincero. Esa fue la parte que me alarmó— bromeó, aunque por lo menos la mitad de eso era cierto. Un minuto estaba bien y no le tomó importancia, pero ver que después seguía con los ojos en la misma dirección y la expresión inquebrantable consiguió modificar su opinión. —Tenías la apariencia de un catatónico. Hasta que te reírse, claro— le explicó luego. —Uh, nunca se sintió tan bien escuchar una risa— admitió con un suspiro exagerado.
No. No, no y no, todavía no puedes. De hecho, te lo prohíbo— le apuntó con un dedo y esbozó una sonrisa, riendo por lo bajo al escuchar su intento por normalizar lo que Viktor decía. Sin duda, besarlo. Pero con la segunda opción que decidió pensar sería más larga.  —Por eso no es venganza, mi amor— dijo al aproximarse, recorriendo sus manos por los brazos del rubio hasta detenerse en sus codos. —Sólo una revancha saludable— añadió antes de besarlo, presionando y deslizando sus labios con los de él con suavidad.

Bueno, la verdad es que lo estoy dudando. Déjame tocar un poco más y a lo mejor caigo en el mundo real...— respondió, alargando su otra mano hacia el pecho del policía. Vamos, que sabía exactamente lo que había querido decirle, pero eso no significaba que el fuese a cambiar su opinión al respecto. Sabía que había tenido suerte al dar con él, que otro en el lugar de Aiden le habría mandado al demonio y nada más. Puede que tal vez exagerara en ocasiones, que sintiera como si todo fuera felicidad y no existiera una carga extra que pudiera afectarlos, sin embargo ellos dos poseían algo que raras veces se podría encontrar entre dos personas. Más aún ahora, creía Viktor.
Se echó a reír y sus manos descendieron lentamente por el vientre de Aiden, hasta que finalmente las apartó y una de ellas le frotó la rodilla. —¿Ves?— dijo cual si acabara de demostrar un punto— Necesito halagar a tu pobre corazón aunque se canse, así no volveré a ser el gruñón y amargado de siempre— sonrió divertido y respondió a su besos de manera cariñosa, devolviendo uno a uno cuando se acercaba y acariciaba sus labios con los de él. —De eso se trata— comentó despacio, feliz de poder cumplir una de las partes más importantes de aferrarse a su compañía.

Justo cuando Viktor creía que no debería ni podría reírse en un momento como ése, Aiden lograba que lo hiciera y que ni siquiera se viera mal. Él no estaba bromeando con el hecho de mudarse y cambiar algunos detalles de su vida con tal de estar con él, de pasar más tiempo juntos y disfrutar la felicidad que hacían sentir el uno al otro. Tampoco era un juego o una especie de aventura temporal. Era impulsivo, pero siempre sabía en qué se estaba metiendo y corría con los riesgos de ello. Sin embargo, ahora no le parecía que hubiera ningún riesgo de por medio. Estaba feliz, dispuesto y con cierta emoción de cumplir con esa etapa de sus vidas sin recibir absolutamente nada más a cambio, nada excepto lo que ya tenía y en lo que ni siquiera ellos ejercían el control. —Irá bien, mi vida. El cerebro es un órgano subestimado. Te lo prometo, en unos meses estaremos seguros de que fue la mejor decisión. Y me amarás un poco más por eso— dijo como si en verdad estuviera seguro de eso, acabando con una breve broma. Por su parte lo intentaría, y aún cuando se imaginó que de tener algunos problemas serían insignificantes —le convenía imaginarse un camino lleno de éxitos que de tropezones—, estaba dispuesto a tomarlos. Nada podría ser peor que mantenerse tal y como estaban. La simple idea de pensar que tendrían que verse una vez cada semana, por darse una opción, le sabía a poco. Le había convencido la posibilidad de que no fuera suficiente para ambos.

¿Un sanatorio mental?— repitió divertido, pero luego negó con la cabeza mientras reía. Al menos no había sido una opción de verdad. Tampoco la casa rosa... A Viktor simplemente no le gustaba el color para gritar la bienvenida a sus vecinos. Le recordaba a la muñeca Barbie y ciertamente no quería vivir como ella. Viktor le dedicó una sonrisa y tomó sus manos entre las suyas. —Me gusta cuando te pones así— dijo con sinceridad. La actitud de Aiden era una prueba de que si bien su sorpresa no alcanzó a estructurarse como tal, había sido una estupenda si le hacía sentir una alegría de tal magnitud. —Me gusta verte feliz, Aiden — añadió para ser preciso. —Dame eso todos los días y no necesitaré nada más. Sólo eso. Tu sonrisa, tu alegría, tu felicidad. Y una casa que no sea rosa, algo así estará increíble también.

Es bueno saberlo. Parece simpática— asintió con la cabeza, suponiendo que no sólo lo parecía. A Viktor le había divertido un poco luchar contra sus negativas de dejarlo pasar a la oficina del Teniente sin antes avisarle de que estaba ahí, así que algo debería tener. Otra en su posición simplemente abría levantado al teléfono en lugar de escucharlo, habría llamado a un oficial cercano y ya está, pero ella reparó en que definitivamente no estaba ahí para asesinar a su jefe o algo parecido. —Lo dices como si me lo mereciera de verdad— frunció el ceño, pero lo que dijo Aiden a continuación le hizo cambiar de opinión. Viktor le devolvió el gesto con una amplia sonrisa, pero no le interrumpió. Escuchar el nivel de confianza que tenía sobre él le parecía lo suficientemente convincente como para preservarlo durante muchísimos años más. Comprendía que era importante y significaba mucho, pero no quería repetir todo lo que ya le había dicho antes. Aiden ya sabía que podía confiar en Viktor con el corazón y con su vida entera de ser necesario, porque el castaño se sentía capaz de todo por él. Le había abierto las puertas de su vida ofreciendo todo lo que tenía y le conformaba. —Oh, vaya— soltó algunos segundos antes de fruncir los labios en señal de que un dudoso reproche estaba por venir. —Me lo adviertes, ¿qué quiere decir eso?— le miró sonriendo— Ser cupido no es malo, le gustaría que... Espera. ¿Por qué no? ¿Es porque ella podría contarme más cosas de las "necesarias", o porque es como tu hermana y sería raro que le hablara sobre ti, de esa manera?— aventuró con curiosidad.

Estamos hablando de ti, no metas mi gruñonería— repuso sin dejar de sonreír, aunque trataba de controlarlo para que no se enfadara más. —Pues... porque lo estaba haciendo de una forma original— se defendió, arrastrando las palabras mientras salían de su boca sin mucha seguridad. ¿A quién quería engañar? Sí había exagerado y sí había dado la impresión de reírse por él, pero lo había hecho con él. Así lo entendía para sus adentros. —Vamos, no puedes enojarte por eso. ¿Estás enojado, en serio?— volteó la cabeza hacia el otro lado, como para examinar si no sonreía desde una perspectiva diferente. Según Viktor, ni siquiera estaba molesto. Así que debía estar tomándole el pelo. O no. Puede que no, ya había durado mucho. Frunció el ceño con disimulo, pero no le soltó ni aún después de escucharlo aceptar que se la había cobrado. Se le quedó mirando y fue hasta que Aiden acercó uno de sus dedos y le acarició los labios cuando comprobó que sí, volvía la paz. Viktor le besó en la punta del índice y apretó el abrazo, atraiéndolo al tiempo en que le hacía recargar la cabeza sobre su hombro. —De verdad que no era en broma lo que dije, amor— mencionó por aquello de las dudas, dejando un par de besos tronados en su coronilla —Fue la mejor respuesta que me han dado.

Yo tampoco lo sabía— levantó las palmas de las manos— Se me ocurrió apenas ahorita— se encogió de hombros y le sonrió, sin esperarse el castigo que explicaba la sonrisa que surcó por el rostro de Aiden unos momentos antes. Viktor entreabrió los labios al sentirlo y balbuceó algo indescifrable —nada, de hecho—, luego hizo un puchero contrayendo las cejas, le atrajo por el costado y rodeó su espalda baja con un abrazo a medias. —No es por nada, pero el castigo te lo merecías tú— mencionó antes de esbozar una sonrisa de lado.

Gracias por los ánimos— ironizó con gracia. Hasta él sabía que su papel fundamental no lo jugaba en uniforme. Era bueno con las estadísticas, con los datos, con la información a montones y el almacenaje mental de ésta, pero no fue hecho para salir a las calles y emprender su trabajo de esa forma. Lo suyo era investigar, así que investigaba en favor de lo que escribía y nada más. Era más fácil no meterse en líos. —Oye, que tampoco andaban tantos viejitos ciegos conduciendo— bromeó para defenderse. —Mucho más. Ven aquí— pronunció mientras le envolvía afectuosamente con sus brazos y apretaba su cálido cuerpo entre ellos, recargando su barbilla lo bastante cerca de su hombro como para apoyarse de él.

Lo extraño es que no se le había ocurrido pensar así. Llevaba la mitad de su vida escribiendo y creía que la razón se basaba aún más en las ideas que a la cantidad de cosas que podía imaginar con facilidad; exactas, tangibles, como si estuvieran sucediendo justo en ese momento. Viktor lo miró y sonrió al hacerlo. —Es cierto. Debería de agradecer por ello— asintió con la cabeza y le acarició la mano. Aiden siempre encontraba el modo de girar el asunto para bien, incluso cuando a Viktor le llegaban ese absurdo nervio y necesitaba desvanecerlo, como simplemente lo había hecho. —Y no es que no quisiera— se apresuró a añadir, por si acaso, aunque sin saberlo, sería cuestión de minutos para que se hubiera convertido en un hecho y dejara de formularse como un tal vez.

Viktor consideró ambas opciones, pero luego le llegó la idea de que la suya podría quizá no ser lo suficientemente tranquila para él. Vacaciones ahí, de acuerdo, pero una vida asentada no era lo mismo. —Podríamos intentarlo. Sea cual sea el lugar, si al final no nos convence... siempre estará la opción de mudarnos a otro sitio y alquilar la propiedad que dejemos— opinó con serenidad. Siendo una realidad a la cual podían aferrarse y cumplir bastante pronto, no había problema con buscar diversas opciones. Incluso estaba otra en la que aceptaran las sugerencias de bienes raíces. —En eso tienes razón. Veamos un poco hasta dar con la correcta— concordó devolviéndole la sonrisa.

Viktor le acarició los músculos del pecho, sintiendo la firmeza de estos conforme sus dedos trazaban un camino con dirección a su vientre. Él permanecía de espalda, presionando el cuerpo de Aiden sobre el suyo cuando una de sus manos se apoyaba sobre su espalda y le sujetaba con la intención de mantenerlo unido a él, de sentir su cuerpo cerca y probar el sabor de su piel cada vez que lo besaba y Viktor oscilaba de sus labios a su mentón, de su mentón a su cuello, de su cuello a su boca, húmeda y calurosa, compartiendo el mismo fervor que él sentía al besarlo. Al deslizarse el pantalón hasta las rodillas del policía, Viktor se olvidó de la tarea de sacarlo por completo y se concentró en acariciar el área donde ahora reposaban sus manos, cada una a un extremo, paseándose primero por sus muslos y cayendo nuevamente sobre sus glúteos. Frotaba con suavidad, apretando con ligereza conforme se dedicaba a pegarse más a él. Su miembro había comenzado a tomar control del deseo que se involucraba por todas las zonas de su anatomía, presionando su entrepierna con la ajena al moverse y empujar para sentirlo.

Deslizó una mano dentro de su ropa interior y le acarició mientras su agitada respiración se alzaba en el silencio reinante de la habitación, con los puños abriéndose y apretándose al sujetar sus glúteos, tomándolos y soltándolos entre suaves y repetitivas caricias. Viktor le miraba por encima, disfrutando de los besos mojados que su novio dejaba cerca de su cuello, succionando y desplazándose de una forma que le excitaba aún más, que encendía su placer y le provocaba una dura presión en el estómago al sentirlo detenerse por algunos momentos hasta fijar su objetivo como si lo hubiera estado contemplando desde hacía mucho. Dejó caer la cabeza y respiró profundamente cuando su boca le rodeó una tetilla. Se estremeció al contacto y dejó salir fuera un ronco gemido, abriendo los labios y acercando una mano hacia la cabeza de Aiden al instante, revolviendo su cabello con suavidad mientras le dejaba hacer y su mano libre continuaba acariciándole, delineando su cuerpo y aferrándose a él en tanto sus dedos se encorvaban queriendo abarcar más allá del territorio, ahuecando y masajeando hábilmente la frágil piel de sus testículos.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Nov 20, 2015 11:20 am
-Luego no puedes decir que no hacemos una buena pareja-se rió mirándole, no era necesario entrar en muchos detalles para que el castaño entendiese o al menos captase a lo que se está refiriendo, es más, se atrevía a decir que en ocasiones –como esta- leía su mente y hasta se aventuraba a cambiar los roles hablando como si se tratase de los pensamientos o deseos del escritor y no las maldades que el Teniente podría hacer, de broma, claro está.

Sonrió por sus palabras pero se limitó a quedarse en silencio, ambos se vieron inmersos en aquello mientras Aiden mantenía su mano en la mejilla de este, parecía una caricia simple sin embargo las yemas de sus dedos no pensaban de la misma forma, delineaban su estructura mandibular y los huesos que componían sus facciones, sintiendo la piel por encima de estas ejercer presión ante el paso de sus dedos y los vellos hundirse en sus dedos casi pinchándolos, lo cual en general conformaba una placentera experiencia para el rubio.

-Tú y tú manía por sobreanalizar las cosas amor-rió rodando los ojos pero con diversión-Aunque bueno, no te mentiré así que te diré que también en alguna oportunidad me pareció raro que pensaran que la pata de un conejo diese suerte..sí..vamos, a él no se la dio, ya sabes-se encogió de hombros-Pero no es algo que tuviese presente todo el tiempo, fue algo de una vez, luego ya no me pareció importante-concedió sonriéndole, no era para él lógico seguir pensando en algo que no estaba en sus manos  y que aunque no comprara una eso no haría diferencia alguna en su producción. –Se me ocurre una idea mejor-agregó sujetándole por la cintura y acariciándola por encima-¿Qué tal si te vistes tú así y te llevo a todas partes conmigo?-aventuró con una sonrisa que luego se transformó en una carcajada-Bueno sería raro que un hombre adulto me siguiese por todas partes y más si me encerrara en mi Oficina con él, ¿No crees?-prosiguió con aquel tono-Aunque debo decir que no me quejaría para nada si te viera con mallas-alzó una ceja con cierta picardía, ni una ropa interior acorde, aunque movió la cabeza para alejar el pensamiento que ya estaba situando al castaño en una especie de traje apto para el juego de roles.

-Que pésima conexión tienes con una parte de tus raíces, ¿Eh?-le reprochó con un dedo sin embargo eso no era del todo cierto-Pues…ya sabes, si tú quieres ir cuenta conmigo, yo te seguiré siempre, cualquier lugar está bien para mi mientras estés tú-le sonrió-Ah espera, olvida eso, ¿Cerveza Verde?-preguntó con interés-Eso si es que interesante-agregó como si estuviese dejando de lado al escritor y concentrándose en aquel dato pero no era más que una jugarreta de su parte, por lo cual luego hizo un gesto con la mano de restarle importancia.

-Tomaré eso de la mejor forma posible, por tu bien lo haré-entrecerró los ojos con algo de diversión, suponiendo que su novio no estaba refiriéndose a que quizás tenía cara de maníaco la mayor parte del tiempo o algo por el estilo-Y yo ni idea, para mí era algo tan tonto y superficial que no pensé pudiese llegar a alarmarte-le miró y se rió un poco-Entonces hay que agradecer a mi humor, que de no ser por él estaría quizás de camino al Hospital porque mi novio pensó que estaba sufriendo de un ataque esquizofrénico, o lo que sea-agregó llevándose la mano al abdomen para frenar la risa-Uh, lección aprendida, nunca volver a hacerlo, palabra de Boyscout-alzó la mano e hizo el gesto de cruzar los dedos.

-Ajá, ¿Ahora nos estamos prohibiendo cosas?-enarcó las cejas divertido-Pues si me prohíbes morir yo te prohíbo dejarme, es justo, ¿No crees?-inquirió presionando un dedo en su pecho suavemente, más con cariño que para molestarle o algo relativo a aquella intención. Disfrutó de sus manos recorrer sus brazos y más cuando sus labios presionaron a los suyos en un beso suave y cariñoso, digno de frenar su corazón y volverlo a la normalidad tras separarse por la falta de aire-Si claro, muy saludable-bromeó mirándole con dedicación, podía decirle estúpido en aquel instante y suponía que no le tomaría tanto peso puesto que estaba más concentrado en admirar la perfección de su ser, en todo lo que le componía y que tanto le gustaba.

-Oh claro, ¿Sólo para cerciorarse, No?-agregó con una sonrisa traviesa cuando este le acariciaba el pecho, se reía del descaro del escritor pero le encantaba en el fondo que fuese así, después de todo a él también se le antojaría si estuviese en su lugar, aunque quizás no con tanto control. Se tensó levemente al sentir sus manos en su abdomen y luego la caricia en su rodilla, quizás era su culpa pero no podía evitar sentirse más entusiasmado de lo normal cuando el otro recorría así su cuerpo. –Supongo que tendré que acostumbrarme a los problemas cardíacos, todo por mi novio, ¿Eh?-sonrió divertido tras separarse de su boca, pasando la lengua por sus labios para captar el sabor que aún persistía de aquel gesto.

Le escuchó atentamente sin quitarle la mirada, bueno nunca lo hacía porque hasta el más ínfimo suspiro del escritor era suficiente para obligarle a mirarle como si fuese la primera vez que lo hacía, ya estaba seguro de que eso jamás cambiaría-De entre todos no puedo creer que tú digas eso-comenzó a bromear con él pero le miró bastante sorprendido-Pero oye, no te juzgo que quede claro-alzó las manos para demostrar inocencia, con una sonrisa afable-Y no lo dudo, hasta el momento sólo me he arrepentido de no esposarte a mí y así no dejarte ir nunca, pero aún estoy a tiempo-se rió mirándole y le rodeó con sus brazos para atraerle-De eso no hay duda-agregó besándole la mejilla y luego dejando descansar su mentón sobre el hombro de este mientras le abrazaba con fuerza.

-No sé, fue lo primero que me vino a la cabeza cuando pensé en ti, curioso-rompió en una carcajada situando su mano en el hombro de este para apoyarse-Lo siento, sabes que es una broma, ¿Cierto amor de mi vida?-endulzó aún más aquellas palabras, quizás se estaba metiendo en un problema y salir de él no podía ser más imperativo. –Y a mí me gusta que la fuente de mi felicidad seas tú, sólo tú-aventuró presionando sus labios para curvarlos en una sonrisa tan auténtica y agradable que de pensarlo sería la mejor que podría dedicarle a alguien y no era para menos-Descuida, si tú estás conmigo todos los días tendrás eso y más, mucho más-convino acariciando el dorso de las manos del castaño con sus pulgares, suavemente y dedicándose a ello-Entendido, nada de casa rosa-sonrió con diversión-Ya te dije que te lo dejo a ti, sabes lo que pienso-apretó sus dedos y le dio un corto beso en los labios, Aiden simplemente necesitaba tener a Viktor a su lado y nada más sería importante, bueno con que tuviese un techo y fuese de material sólido era suficiente, el resto se lo dejaría a su novio quién tenía mejor gusto para todo lo que fuese decoración o estructura.

-No lo parece, lo es, en el fondo, claro-convino mirándole con una sonrisa-No, en serio, es una mujer excepcional pero hay que saber cómo tratar con ella-agregó con cautela, puesto que no mentía, Lucy parecía ser una chica seria y que podría matar a alguien tan sólo con la mirada cosa que no era mentira, pero si se tomaban un tiempo para conversar con ella calmadamente cualquiera podría ver lo honorable y bueno persona que era. –Exactamente eso, te lo advierto-dijo con un tono más imperativo de lo normal pero en su rostro no existía nada que pudiese afirmar aquello-Oh Dios no, ya tengo dos hermanas, no necesito una tercera-agregó casi espantándose, aún sus hermanas no conocían a su novio pero eso lo tenía ligeramente nervioso como para pensar en Lucy como la tercera integrante, Trillizas no era una buena idea por donde se le viese-Básicamente porque hemos pasado bastante tiempo juntos, y sí, podría contarte un par de cosas que no me dejarían bien parado ante tus ojos-dijo poco convencido-Además que no sería justo los dos contra mí, ya tengo suficiente cuando me pelean en singular-aventuró casi balbuceando pero nada de lo que había dicho respondía a un tono de voz seco, al contrario tenía matices de risa y jovialidad propias de él.

-No estoy enojado, tendrías que hacer mucho más para conseguirlo-convino cuando terminó de pasar los dedos por sus labios, constituyendo una suave caricia la cual se invirtió al sentir un beso en el índice que le provocó un ligero cosquilleo, perdiéndose más tarde entre los brazos del castaño. No le contestó sino que simplemente se dedicó a disfrutar de su abrazo, de su calor corporal y de aspirar su aroma, uno que le inundaba completamente mientras cerraba sus ojos para dejarse llevar por todo lo que Viktor provocaba en él.

Eso es trampa, no puedes colocar situaciones de la vida cotidiana e ir modificándolas sobre la marcha, no me das tiempo a dar una respuesta clara-le miró enarcando una ceja, interrogándolo pero al final se rindió, haciendo con la mano el gesto de que no importaba. Se dejó llevar por el escritor riendo por ello, mientras posaba las palmas sobre el pecho de este-Quizás, pero por lo que veo igual me salí con la mía-deslizó las manos recorriendo sus pectorales en círculos y luego subiendo y bajando hasta que alcanzó su abdomen donde un par de dedos jugaron sobre él para desaparecer antes de aventurarse en algo que era imposible en aquel lugar.

-De nada, cuando quieras-sonrió ampliamente con ironía-Eso es lo que crees tú, si vieras las estadísticas de accidentes provocados por Senescentes, te sorprenderías-agregó mirándole con una ceja enarcada pero eso estaba fuera de discusión, era tan sólo su forma de intentar no perder en la disputa silenciosa que tenían.  Se perdió en aquel abrazo, disfrutando de todo lo que su novio podía entregarle sin decir ninguna palabra o realizar movimiento, tan sólo con tenerle sujeto era suficiente, el calor de su cuerpo emanar a cada momento, el contacto de su piel, su aliento cálido y más importante aún el latido de su corazón rítmico que de proponérselo podría traducir a una melodía que le gustaba pensar tan sólo era para él.

Se alejó lo suficiente para mirarle a los ojos-Hazlo, tienes una habilidad de la cual no todos pueden presumir, o sacarle provecho-esclareció mirándole sonriente, el rubio siempre veía lo bueno que era Viktor, destacando cada cualidad o aspecto de su persona que lo hacían convertirse en la persona de la cual se había enamorado, aquel que constituía el foco de su desesperación y añoranza.

Asintió ante sus palabras, era un buen plan por lo cual contaba con él sin siquiera decirlo, después de todo ninguno tenía la certeza de que las cosas serían perfectas o no tendrían problemas, eso era algo que no podía faltar y  que al final le daba más valor al resultado final-No hay nada más de lo que hablar entonces-sonrió ampliamente, estaban de acuerdo aunque no lo dijera, después de todo, ¿Por qué debería tener algún problema cuando las palabras del castaño eran tan acertadas?.-Seguramente daremos con la indicada si buscamos un poco, ya sabes, el que busca siempre encuentra...bueno, espero sepas a donde quiero llegar-dijo con una leve risa-Quiero ver la sonrisa en tu rostro cuando la encontremos-finalizó llevando sus manos para acariciar su cuello lentamente mientras le sujetaba de aquella zona atrayéndolo hacia su cuerpo.

Se había acomodado a su nueva posición encima del castaño, sus piernas se encontraban extendidas bordeando las de este para no interferir de ninguna forma en lo que estaba haciendo, sus manos se encontraban alrededor del cuerpo de su novio mientras se dedicaba a besarle por su parte y por la otra a disfrutar de las caricias que recibía. Su boca oscilaba de estar unida a la de su novio en ocasiones a dejar salir más de un jadeo cuando estaba libre para volver a juntarse en un beso que rebozaba de pasión y humedad cuando batían sus labios y el rubio introducía la lengua en la cavidad ajena. Sus pantalones habían comenzado a descender cuando lo aflojó el escritor y gracias a un movimiento propio permitió que cayesen hasta el borde de la rodilla donde luchó para deshacerse más de él y con suerte podría.

Las manos de Viktor se posaban sobre el área trasera del Teniente y eso le provocaba un poco más de jadeos sobre todo cuando sentía sus dedos enterrarse en sus glúteos, las manos desnudas deslizarse sobre la lisa piel de su trasero y el contacto de sus ásperas yemas con la suavidad propia de aquella zona de su anatomía. A veces se detenía para disfrutar de aquello y jadear sin embargo no duraba más de algunos segundos antes que pegase sus labios nuevamente contra el pecho de este repartiendo besos, mordidas y lamidas hasta que orientó todo aquello en su tetilla, por algunos minutos se mantuvo en una para recorrer el camino hasta la contraria donde repitió todos los movimientos consciente de que a su novio le gustaba debido a la presión con que sus dedos recorrían su cabello. Se mantuvo un tiempo así mientras un tirón en su cuerpo bailaba debido al contacto de los dedos de este contra la piel de sus testículos, por su parte comenzó a bajar en un camino trazado pasando por su abdomen y se detuvo por encima del cinto de su pantalón.
Le observó mientras lo desabrochaba y lo forzaba a salir obligando al castaño a levantarse un poco para ello para luego volver a decantarse por atender a su vientre con sus caricias que cayeron lentamente hasta el elástico de sus boxers que conforme descendía con sus labios estiraba la ropa interior liberando su entrepierna de su prisión de tela exponiéndolo para el rubio.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Nov 23, 2015 6:12 pm
Aunque a veces tenían sus diferencias, Viktor concordaba en que hacían una pareja excepcional. Se comunicaban demasiado bien para el poco tiempo que habían estado juntos, se querían un tanto más que eso y parecían aceptarse cada cual tal y como eran, algo que ya de por sí debería de ser un festejo a paso grande. Claro que resultaba raro y hasta presuntuoso el considerar lo suyo con Aiden de aquella forma, viniendo de su propia boca y sobre todo en voz alta, pero así lo sentía y no cabía duda de que la mayor parte del tiempo, también pensaba con gran seguridad que habría sido imposible encontrar a una persona que le complementara mejor de lo que hacía el policía. Él era el único, el indicado incluso para entender sus gestos y sus pésimas bromas.

Enarcó una ceja y le miró con una sonrisa, conteniendo una risa que acabó dejando fuera de todos modos. Vamos, no quería reírse al pensar en el conejo sin pata... pero Aiden lo puso en una zona cómica con sombras de ironía y, bueno, fue inevitable. Si lo pensabas bien, sonaba un poco cruel y probablemente no hiciera feliz a los ecologistas protectores de animales, pero si lo pensabas mejor y lo justificabas, ya no tanto. Viktor creía que en realidad eran falsas, además. En un montón de lugares vendían esas cosas y él en serio tenía sus dudas de que fueran cien por ciento patas de conejo, porque encima no creía que se vendieran a raudales. Es decir, ¿quién se pasaría cazándolos para obtener una cantidad de patas así de inmensa y sin ningún otro motivo? Cuatro por conejo. Ocho por cada dos. ¿Y el resto? La gente no compra patas si quieren suerte, por lo regular deberían mirar al suelo y buscar monedas, cien dólares milagrosos o alguna de esas cosas, más prácticas y probables, como suelen a hacer los astutos empleados de las playas; ellos sí que han de encontrarse una fortuna gracias a los anillos de compromiso que se truncaron.

¿Si? ¿Y cuál es?— preguntó curioso, sin embargo frunció el ceño apenas oírlo. Tenía que estar bromeando, y claro que lo hacía. De lo contrario su mano no estaría meciéndose de aquella manera por su cintura. Viktor resopló antes de echarse a reír, negando con la cabeza levemente. —Raro, no. Rarísimo— comentó esbozando una sonrisa con diversión.—Y no por la parte del adulto siguiéndote a todos lados (que también lo sería), sino por verme vestido así—  Todavía no estaba seguro de qué sería peor, ser pata o ser un dedo humano, su mente se lo debatía y al parecer estaban en un empate, pero al final de cuentas daba lo mismo, cualquiera de los dos sacaría una mueca en quien lo viera—. No lo haría ni siquiera en Halloween, que se tiene permiso hasta de lucir trajes de huevo— añadió a continuación, apretando los labios en una fina línea.
Con un cambio repentino en la expresión de su rostro, Viktor le miró interesado y levantó las cejas. —Mallas... interesante— repitió mientras su mano se deslizaba por la espalda baja de él, acertando en rodearlo con un medio abrazo que de alguna forma complementaba su gesto. Su sonrisa se había ampliado y en el momento en que Aiden meneó la cabeza, tal como el castaño tendía a hacer para salirse de los apuros en que lo ponía su cabeza imaginativa, le atrajo un poco más y apoyó su rostro junto a la mejilla del rubio, agachándose para besarle el mentón.  —Y... es por esas ideas que me gustas tanto— y que definitivamente demostraban que sí tenían muchas cosas en común.

Qué puedo decir... padre francés, madre irlandesa, nacido en Bélgica y radicando en Estados Unidos durante más de la mitad de mi vida— enumeró con los dedos y luego sacudió la mano—. Me siento como cualquier mercancía enviada desde China. Ni siquiera sé con cuál tradición debería quedarme— dijo sonriendo, aunque la verdad es que eso jamás fue un problema para él. Se había adoptado más o menos bien cuando se mudaron y siempre disfrutó de ir de vacaciones con la dividida familia de mamá y la que se concentraba casi en una misma zona con su padre. Eran una familia enorme. —Pero lo digo en serio, eh— le advirtió, alzando el índice por un momento al señalarlo. Era sumamente agradable escucharlo hablar así, saber que contaba con él para entonces y para el futuro, incluyendo sus improvisadas ganas de pasear por Europa y todos los otros planes que seguramente estaban por venir; apareciéndose conforme a la situación. Viktor esbozó una ligera sonrisa y negó con gracia al escucharlo, moviendo la cabeza cual si fuera un reclamo por preferir la cerveza verde antes que a él.

Asintió con la cabeza. —Bien, porque fue broma— comentó afable, por si acaso. —No me habría alarmado si no lo hubiera visto antes, pero... ya sabes, tampoco iba a pensar que habías visto algo o a alguien más deslumbrante o atractivo que yo, como para quedar así y pasarme por alto— se encogió de hombros, pero luego sonrió y dejó en evidencia que seguía siendo una broma. Sí, le había dado un susto. Y sí, había caído por completo en lo que fuera que esperaba en su reacción, pero tenía que agradecer que no sucedió, exageró y que seguiría teniendo novio para rato.
Muy justo. Lo mío al menos está más fácil de cumplir— dijo bastante seguro. La vida de alguien con el trabajo de Aiden estaría en riesgo cada día, pero en lo que concernía de su promesa por el lado de Viktor, el castaño sí podía jurar por ello una y cientos de veces— Es más, ni tendré que recordarlo de tan fácil que es.

Por supuesto— respondió de inmediato y como si hubiera sido la primera y única razón por la que sus manos se deslizaban por el pecho de Aiden, ambas acariciando con suavidad, tanteando la realidad de su estructura. Bastante real, bastante bueno, bastante afortunado que era. Una felicitación a la familia por sus genes, a él por su increíble bondad de compartirlo y a todo lo demás... lo que fuera y en lo que ya ni siquiera estaba pensando con lógica. Cada vez que ponía las manos sobre el cuerpo de Aiden se olvidaba del resto. Una parte de sí mismo sufría una especie de adicción por él, lo hacía perderse en lo que veía y en lo que sentía al tenerlo cerca, pero aún más en la sensación que le dejaba a su boca tras separarse de sus labios con el clásico chasquido de un beso. —Sí, supongo que... — se frenó al verle humedecer los labios— Oh, qué más da, sólo dame un beso— comentó divertido, y luego le acercó tomándolo suavemente por las mejillas para acercar y unir su boca con la propia.

Sí... debió decirlo alguien más antes, yo nada más lo aprendí de memoria y cito sin recordar dónde lo leí— complementó a su broma. Sin embargo, hablaba muy en serio. Ésta vez le parecía que las decisiones no debía tomarlas en base a las preocupaciones y las alarmas que el de arriba solía imponer a diario, sino en lo que creía y estaba dispuesto a cumplir, quizá arraigándose a una esperanza que no era muy segura, pero que si bien lo querían —y Viktor lo quería más que nada en el mundo—, entonces podían conseguirlo. Se había pasado años mirando los carteles y los mensajes del tipo mural por las calles de California que pretender animar a la gente aunque estas no lo notan, así que, como mínimo, ahora tenía el turno de tratar de hacerles caso una vez y probar que podían ser algo más que palabrerías de un artista de calle. —No, tú me soportas. Lo que es fantástico, porque te adoro— respondió luego, aunque sus palabras sonaron de lo más casual. De modo que sí, expresarse con Aiden sobre sus sentimientos por él era cada  vez más fácil, más natural y más común en el centro de su relación. Y eso que le había costado meses el hacerlo la primera.

Viktor le acompañó en la risa y levantó un brazo por encima de sus cabezas, dejándolo caer sobre el hombro de Aiden al abrazarlo. ¿Podría ser una opción viable? Él estaría encantado de esposarse y estar pegado a él, todo el tiempo. Aunque quizá no fueran necesarias las esposas para que se le antojara estar metido con él en su oficina durante el trabajo, acompañarle a lo corto del descanso (¿Tienen descanso? Seguro que sí, él tenía el suyo cuando estaba en plan de justiciero, por más inestable que fuera) y seguir así hasta volver a casa al final de la jornada, donde fuera suyo a tiempo completo.

Entrecerró los ojos al mirarlo, haciendo todo su esfuerzo para que la sonrisa no lograra entreverse en sus labios. Ya se había acostumbrado a que algunas personas le calificaran de loco, pero casi siempre lo tomaba como un cumplido. Sobre todo porque dicha mayoría eran críticos literarios y se basaban en su trabajo. Si les hacía pensar así, bueno, estaba haciendo un papel excelente al presentar sus historias. Eran ficción; ficción posible, pero ficción en un porcentaje a la mitad. —Eso creo— respondió con lentitud, para hacerle creer que lo dudaba. No obstante, fue ahí cuando finalmente perdió el control de su faceta de seriedad y sonrió mirándolo. —Dios, no puedo enfadarme contigo si usas palabras como esas. Aunque sé que una parte de ti cree que de verdad, de verdad estoy un poco loco, pero— ladeó la cabeza y emitió un suspiro— pero deberías de ver lo diferente del lugar que se presenta aquí— se dio dos toquecitos en la sien izquierda— cuando yo pienso en ti. Es un poco bastante cuerdo y habitual.
Viktor alargó una mano y le acarició la mejilla con suavidad. Sigues diciendo eso, pensó al sonreír. —Entonces estaré todos los días. No me lo perdería por nada— le aseguró, delineando la curvatura de sus labios con el pulgar, antes de unir sus dedos sobre y con las manos de él. Definitivamente le gustaba la idea de ser y seguir siendo la razón por la que una sonrisa como esa hiciera acto de presencia a diario, que la persona a la que tanto quería tuviera razones de sobra para estar feliz y sentirse afortunado.
Muy bien, muy bien— comentó deslizando la decisión a conjunto. —Yo me encargaré de todo. Así seguirá siendo sorpresa un poco, cuando llegue a ser nuestra, la veas al fin y todo eso.

Ya, como de nuestro molde de creación— bromeó, tratando de decir que eran de esas personas con quienes simplemente no se puede tener una primera impresión al echar un ojo. —Pues, al parecer, tú lo has hecho muy bien. Tal vez yo podría hacerlo igual— aventuró decir, sólo para comprobar que no le parecía aquello de su unión amistosa. Si estuviera en su lugar, puede que tuviera la misma necesidad de negarse, aunque claro, él era bastante despreocupado con sus secretillos y no tenía amigas; a no ser que la vergonzosa idea de que las señoras mayores con las que hablaba bastante seguido en el condominio pudieran nombrarse como tal. —Oh— alargó el tono de sorpresa al caer en la cuenta y entrelazó sus dedos con un ligero aplauso, sonriendo con los labios juntos. —Es eso. ¿Cómo no lo pensé antes? Sí, sí... tiene sentido. Mucho sentido. Aún cuando me quedaré sin mi experimento cupido, otra vez... Pero, de acuerdo, amor. No me acercaré a ella más de la cuenta ni trataré de sacar información sobre tu, no sé, desenfrenado pasado, si así te parece mejor y puedo reservarme el derecho de peleas por ronda individual— concluyó divertido; claramente no hablaba del todo en serio.

No me culpes a mí, amor. Es lo que pasa todo el tiempo, es un tablero de ajedrez o algo parecido. Ahorita podría estar comiendo una hamburguesa y decir que estaré mejor sin una soda, pero en un minuto se podría atorar un trozo en mi garganta y ¿adivina qué? Querría tener la soda a la que tanto me negué— se encogió de hombros. —Una pieza cambia todo el tablero. Al principio no sabíamos que la ancianita estaba ciega. A lo mejor se le cayeron las gafas, se agachó a buscarlas al notar que la calle iba libre y por eso no reparó en la señal y no se detuvo. ¿Ves? Ancianita inocente. Pero, también pudo inventar que se le cayeron las gafas y se inclinó a recogerlas, aunque realmente no hubiera pasado y se hubiera querido saltar la ley para llegar a tiempo a un pedicure: Ancianita malvada— comentó, dando dos ejemplos que de nuevo los posicionaban en el inicio de todo. Ni qué decir, Viktor apenas si entendía cómo hacía Aiden para averiguar quién era el malo y el bueno de las historias reales. Con razón la ley se aplicaba en general, así evitaban el quebradero de cabezas.
Hasta ahora— garantizó Viktor con una sonrisa, que más por el comentario y la inclinación de la que se hallaban hablando, se debía a la manera en que sus dedos habían empezado a moverse en su pecho y a través de su abdomen, provocando una extensa sensación de cosquilleo.

No vale si también son borrachos— respondió para hacerse de un punto final, diciéndolo con un tono de voz y una sonrisa que dejaban en claro su titubeo. Él también quería tener razón y no contaba con estadísticas para ofrecerle, así que antes de dedicarse a su novio y abrazarlo por sabría cuántos minutos sin notar algo además de la calidez y la comodidad que sentía en un simple gesto como lo era ese, decidió dar por hecho que la mitad de esos ancianos con problemas de vista también conducían con varios vasos de whisky en el organismo.

Asintió con una sonrisa agradable, casi apostando a que nadie además de Aiden podría encontrar su lado bueno. Lo hacía cada tanto que se le presentaba la oportunidad y algunas veces hasta a Viktor le costaba trabajo armar las piezas para comprender el por qué. No era así de bueno, pero quizá el rubio pensara lo mismo de sí cuando Viktor insistía en catalogarlo como uno de los mejores hombres de la tierra que él hubiera conocido. Eran detalles pequeños, pero de suma importancia para el valor que este daba a su opinión.

Creía saberlo y entender hacia dónde les guiaría vivir juntos, pero prefería esperar a que se diera con la mayor naturalidad posible. Algunas veces forzaba a que los hechos fueron exactos, así tenía el control y sin duda obtenía la clase de seguridad que le gustaba: la suya, donde sólo él pudiera intervenir en los cambios y jamás se presentara uno drástico, de ciento ochenta grados o parecido. Pero en cuanto a su relación con Aiden, creía que no podía ir mejor tal y de la manera en que ya se encontraba, avanzando y avanzando entre cada repique del reloj.
Y yo quiero ver la tuya cuando la estrenemos— le complementó con dulzura, sujetándole por la cintura con las manos y entrelazando sus dedos por detrás de él, aunque sin ejercer demasiada fuerza en ello.

Con un ágil movimiento, Viktor se sacudió el pantalón una vez fue arrastrado a la altura de sus rodillas.  Lo empujó con un pie prácticamente usando sus dedos como si fueran partes de la mano, aunque no duró mucho en el esfuerzo de hacerlo caer hasta sus tobillos y sacarlo fuera, dejando que cayera al piso y se hiciera sonar el ligero golpe de la hebilla del cinturón, mientras él acariciaba la espalda baja de su novio, oscilando caricias a través del área baja de su anatomía, dando suaves apretones en sus glúteos y masajeando sus testículos con delicadeza; a momentos presionando entre sus dedos conforme su pulgar le dedicaba suaves movimientos circulares y el escritor podía escucharle jadear cerca de su oído, disfrutando del goce en el que se traducía la reacción de su cuerpo al sentir sus labios sobre su piel desnuda, arrancándole uno que otro gemido ante la húmeda presencia de su lengua en el acto, deslizándose con finura y una ardiente sensación que crecía cada vez más.

Las manos del castaño subieron hasta su espalda y una de ellas se mantuvo enredando los rubios cabellos del policía cuando este comenzó descender, impidiendo la opción de que siguiera con su tarea, pero marcando su abdomen con besos y deteniéndose en el anunciante filo de su ropa interior. La idea, el saber, provocó un escalofrío en la espalda de Viktor, que sin quitarle la mirada de encima, casi se obligó a aguantar la respiración en cuanto su novio sujetó y levantó la tela de sus boxer, bajándolos con una lentitud que quemaba en el roce de su piel y se sentía exquisita al mismo tiempo. Al apartar la presión que aún había estado sobre él al sacarse los pantalones, Viktor notó una liberación entera al tiempo que su ropa interior quedó fuera del camino. Su miembro había tenido mil razones para comenzar a endurecerse contra la ropa desde hacía rato, pero la presión de entonces y la de ahora debió de haber crecido tanto como el aumento de su temperatura corporal. Al desnudo se hallaba erguido, tenso, tal como debería y tenía todo el derecho de estar. El castaño echó las piernas a izquierda y derecha, dejando espacio entre ellas para el cuerpo de Aiden y la facilidad que tendría este con aquel acto.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Nov 25, 2015 6:33 pm
En el pasado quizás se habría reservado para él mismo sus pensamientos y sentimientos como solía hacerlo, existía una densa capa que lo protegía de cualquier daño y que meticulosamente había trabajado durante años para impedirle a cualquiera tomar ventaja de él. No vio venir el momento en el cual sus defensas cayeron inútiles en presencia del castaño, conocerle fue toda una relevación para él y más aún el poder darse cuenta de que se sentía atraído hacia él con el evidente resultado posterior de enamorarse. Rememorar las palabras que en alguna oportunidad se dijeron el uno al otro o lo que no se llevó a cabo no constituía recurso alguno y menos aún era algo sano sin embargo, en un muy extraño y quizás alejado de la realidad pensamiento Aiden comenzaba a considerar que todas las decisiones –fuesen de ambos o unilaterales- les habían llevado a su actual estado donde eran una pareja sana y sólida, al menos así le parecía a él y frente a aquello no tenía nada que agregar, simplemente disfrutar de los eventos y de una futura vida junto a la persona que amaba, especial, perfecta y por sobre todo, única.

Es por lo que ahora consideraba su nueva realidad que actuaba de una forma tan relajada con el castaño, con él no necesitaba guardarse sus pensamientos o limitar lo que sentía, hasta la más grande tontería que pudiese surgir no le parecía algo de lo que temer si estaba a su lado, podría pensar que era un demente pero aún así mientras el otro quisiera estar a su lado podía ser digno de un Psiquiátrico, irremediablemente inestable, pero feliz.

-Bueno, sería raro, pero vamos, te verías adorable-agregó tras sus palabras mientras sonreía como idiota-Además que el verde acentuaría tus hermosos ojos mi amor-asintió llevándose la mano al mentón-Y ni decir que tienes ese aire como de Elfo, estilo Legolas, ya sabes, J. R. R. Tolkien y todo eso-aventuró como si estuviese haciendo una lista de atributos muy inusual. Su mano no se desprendía de su cintura a la cual acariciaba lentamente, pasando sus dedos y delineando un camino imaginario del cual tan sólo él tenía idea-Oh vamos, te verías genial, hasta sexy si me lo permites-comentó divertido, como la vida fuese buena con ellos podrían tener la misma discusión en Octubre del próximo año cuando la fecha estuviese encima.

-Claro que lo son-agregó asintiendo tras el suave y eléctrico beso que el escritor depositó en su mentón, la suavidad de sus labios era tal que tan sólo un mero contacto suponía una tensión en todo su cuerpo-Me vería en la obligación de ayudarte a escoger las adecuadas, asegurarme de que te queden bien y no te molesten de ninguna forma-comentó con total descaro, como si de verdad fuese un tema que no fuesen incómodas. Era consciente de sus palabras y del impacto que tenían en él pero prefirió asentir y sonreír mordiéndose el labio inferior ante ello, el pudor a veces se le escapaba en las situaciones más insólitas y peor cuando debería haberle seguido en aquel intercambio de momentos subidos de tono.

Le escuchó y no pudo evitar soltar una risa agradable antes que todo pero no dejaba de serlo-Y todo eso conforma a la maravillosa persona que eres-comentó como si fuese necesario hacerle ver que no estaba mal aquello, claro está si es que Viktor lo consideraba así, no tenía idea de qué se sentiría poder pertenecer a más de un lugar y a la vez a ninguno, por su parte él era 100% Alemán, sangre pura como en cierta época cierto personaje había llamado a su propio pueblo y prácticamente autodenominado una nueva “raza”. –Pues esta mercancía-posó sus manos alrededor de sus caderas y las palmeó pasando algunos dedos por su trasero en aquel momento-Es la mejor que me he visto en mi vida, así que algo deben estar haciendo bien allá-agregó con una risa y luego le dio un beso corto y rápido como disculpa-A mi parecer tienes suficiente tiempo para dedicarle un tiempo a todas, ¿No crees?...o ¿365 días son muy pocos?-sonrió mirándole-Es más, podría ser tu compañero en cada una de tus aventuras, si tú quieres, claro-dejó la invitación abierta para cualquier decisión que su novio quisiera tomar.

-Y yo lo tomo con la misma seriedad amor, de verdad-dijo alzando ambas manos en señal de rendición pero con una pequeña sonrisa más traviesa de lo usual-Puedo tener al novio y la cerveza al mismo tiempo, ¿Por qué siquiera tendría que considerarlo?-agregó como una pregunta que debería responder en su interior.

Cerró la boca en una casi perfecta letra O y luego no pudo evitar rodar los ojos, medio riendo, medio bufando-Posiblemente hay gente más atractiva que tú-comentó serio-Es la verdad, pero, ¿Y?, no necesito mirar a nadie más, yo te amo a ti y ningún supermodelo o algo por el estilo podría hacerme cambiar de parecer o siquiera quitarme el aliento como tú lo haces-agregó alzando un dedo-Lo dejo claro por cierto, nada más-comentó suspirando y mirándole como si le fuese a castigar-Para la próxima lo consideraré mejor, ya verás-le guiñó un ojo, suponía que para cualquiera eso sonaría como una advertencia y no lo negó tampoco.

-Eso es cierto-le miró durante algunos segundos-Bueno, yo haré mi mejor esfuerzo, si te sirve-agregó como una broma aunque ahora que lo consideraba no era algo tan ligero de tratar, sin embargo no quería tener ese tipo de conversaciones cuando recién estaba comenzando algo tan increíble. Alzó un dedo y tocó su nariz sonriendo para luego volver su mano al lugar donde le correspondía estar y eso era en las caderas del hombre que amaba.

El toque de Viktor era tan suave pero a la vez tan intenso que comenzaba a pensar que el castaño había inventado un nuevo nivel de placer para entregar, lo que para cualquiera sería una caricia y nada más para el policía se sentía como si estuviesen sujetando todo su ser y sacudiéndolo por algunos segundos, eso suponía que era una traducción directa y corporal de lo que significaba estar completamente enamorado de alguien. Sonrió por su comentario más no logró articular palabra alguna cuando sintió cómo le acercaban y luego los labios de Viktor sobre los suyos, no hacía falta más para que le devolviese el gesto con gusto perdiéndose en las innumerables sensaciones que significa besarle-Los que quieras amor-agregó separándose unos segundos para mirarle y luego volver a donde estaban antes.

-Tonterías, yo no te soporto, si afirmas conocerme sabes que no soporto a las personas, o me agradan o me desagradan, punto-agregó mirándole-Es lo uno o lo otro, no tengo términos medios para aquello-se encogió de hombros y cernió la diestra alrededor del cuello del escritor, de otra forma parecería que podría ahorcarle sin embargo mantenía su mano ligera en aquella zona y con el pulgar acariciaba su piel lentamente-Nunca he hecho el menor esfuerzo contigo, en el sentido de tener que aguantarte, eres naturalmente de mi agrado y totalmente de mi gusto-convino sonriendo y mirando sus labios durante algunos segundos, elevando su mano luego hasta ellos y pasando el pulgar lentamente deteniéndose allí.

Suponía que no estaba mal decirle a su novio que estaba un poco loco, después de todo el dicho decía que las mejores personas lo estaban y aunque no fuese así jamás se había quejado de ello y no encontraría oportunidad tampoco para ello, le amaba tal cual era y la más mínima variación en su persona sería el detonante para que el Teniente se sintiese fuera de lugar junto a una persona que ya no reconocía. –Perfecto-agregó con una pequeña sonrisa que evidenciaba que se había salido con la suya y que quizás constituía un recurso útil cuando en un futuro quisiera zafarse al meter la pata con el castaño-Oye, todos lo estamos, no te sientas tan especial-rió mirándole y tanteó la barbilla de este con sus dedos-Para eso tendría que poder leer tu mente, o en su defecto echarle un vistazo, no sé tú, pero yo no estoy de ánimos para abrirte el cráneo-agregó enarcando una ceja de modo bastante divertido, un poco de humor negro. Suspiró por sus palabras y más aún al disfrutar de su repentina caricia-Si no estás no tengo razón para sonreír, así que tu presencia es completamente necesaria-aventuró con una fina línea en sus labios que en las comisuras se curvaba para hacerla agradable y también accesible para cuando su novio decidió acariciar sus labios.

-Tenemos un trato-agregó sonriendo-Además no quiero batallar contigo por el color, cuántos pisos son adecuados, si el Jardín es bastante amplio o el del vecino es más verde, etc, lo usual-dijo riendo y restándole importancia con la mano-Eh-se aclaró la garganta-Lo que quiero decir amor es que lo que tú decidas me encantará-convino sonriendo y casi mordiéndose la lengua para no molestarlo.

-No tientes a tu suerte Viktor, te disparará, de verdad-dijo intentando convencerlo de ello pero que va, era una exageración que ni el más iluso podría creerse. Lucy era la única persona además del castaño en la que confiaba además -y obviamente- de su familia, era lógico que al conocerla de antes que a su novio esta podría complementar la otra parte de la historia acerca del Teniente, aquellos datos o experiencias que le habían marcado en el pasado y que si bien no eran parte del presente aún eran parte de él. El rostro de este cambió e instantáneamente supo que algo había dicho que no le hacía ningún favor a su causa, el castaño tenía esa expresión física que denotaba haberse salido con la suya o algo similar sin embargo terminó por mover la cabeza y reír. -¿Otra vez?-preguntó con curiosidad. –Te conviene, que si me obligas le contaré a Lucy lo que dijiste de ella y no le gustará, bueno, lo que yo le diré que dijiste-comentó riéndose y con aquella mirada que decía que estaba siendo malvado. –Las peleas de ronda individual vienen con su correspondiente reconciliación, ya sabes-acercó la mano para acariciar su abdomen con cierta intención mientras no podía dejar de sonreír.

Le miró con una expresión muy divertida, su mandíbula podría haberse desencajado de la sola sorpresa por lo que decía, ahí estaba su novio con sus explicaciones y teorías acerca de asuntos que podrían bien ser reales, cuando él hablaba el Teniente se tomaba el tiempo de ponerlo en duda e imaginarse todo el escenario casi como si hubiese sido verdad y no el fruto de la privilegiada y abundante imaginación del escritor-Qué puedo decir, cuando te pones así no hay forma en que pueda contradecirte, me dejas sin palabras amor-comentó con tono rendido, no podía hacer nada más que mirarle embobado, deslumbrado aún por cómo el castaño podía poner la balanza a su favor y neutralizar al siempre dispuesto a discutir Aiden.
-No discutiré, esta ronda la ganaste tú amor-se encogió de hombros, si tuviesen que discutir las estadísticas estaba seguro de que terminaría con dolor de cabeza y sus sienes le agradecían estar totalmente sanas-Acepta mi rendición con un beso-agregó bajando las manos de su espalda para sujetarle por la cintura y dándole un beso bastante intenso.

Hablar del lugar donde les gustaría vivir y de su vida juntos era algo que jamás consideró posible pero ahora lo sentía demasiado real, demasiado cerca y claramente eso le sumergía en un completo estado de euforia-Y vaya que la estrenaremos-agregó riendo mientras se dejaba rodear por él, llevó sus manos a las de este y las acarició por encima durante algunos segundos para luego subirlas hasta su pecho donde las dejó descansar, sonriendo y mirándole con una amplia sonrisa.

Sus dedos estaban frenéticos alrededor del cuerpo del castaño, no podía mantenerlos quietos puesto que no dejaba ningún rincón de su anatomía sin repasar, delineando los bordes que componían aquella estructura pasando las yemas lentamente y formando figuras en su etapa más suave más cuando subía la excitación sus dedos se incrustaban en su piel donde si se lo permitiese podría rasgarla más tenía claro que no le haría daño. Su boca estaba bastante ocupada en besar el pecho y abdomen de su novio que respirar se había vuelto un jadeo constante aunado a las sensaciones que se extendían en su cuerpo cuando el otro jugaba con sus testículos de una forma bastante estimulante.

Descendió lentamente por su abdomen hasta que bajó la ropa interior de su novio quitándosela completamente con ayuda de este, la desnudez de aquel simplemente reforzaba su propia excitación alternando la vista de sus claros ojos hasta la potencia de su miembro erguido que se presentaba a escasos centímetros de su rostro. Se movió entre el espacio que este generó y se inclinó para llevar sus labios hacia su ingle donde dejó un camino de besos cortos pero suficientemente intensos para estirar la piel de aquella zona hasta desplazarse a su miembro el cual rodeó con su puño desde la base sujetándole con fuerza mientras dejaba caer su boca en la punta de este, pasando sus labios suavemente por el glande abarcando de a poco más y más de su estructura hasta llegar al tronco donde se frenó y volvió a subir, acción que repitió una y otra vez aumentando la velocidad y produciendo el sonido característico al succionar con fuerza el miembro de su novio, su mano libre subió desde la pelvis del escritor hasta su abdomen y pecho el cual acarició proporcionalmente a la felación decantándose por uno de sus pezones más tarde con el cual jugó sin detenerse de su acto más que para exhalar y recobrar aire antes de proseguir y abarcar más terreno.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Nov 27, 2015 8:05 pm
Oh, me vería adorable— asintió con la cabeza y se rió— Mi amor— le puso la mano sobre el brazo e hizo una breve pausa, mirándolo con los labios levemente apretados ilustrando su diversión. Definitivamente se había hecho de un novio único en su especie y eso era fantástico. —Creo que deberíamos trabajar en tu concepto de disfraces para adulto.
Seguramente no los había, no del todo. Aquello parecía creado originalmente para niños, para su diversión y todo eso; a menos que se tratara de los clásicos fetiches nocturnos o una máscara horrible con la cual podrías cubrir la otra máscara permanente. —Bueno, esas palabras lo cambian todo— le sonrió y desvió la cara con un infantil acto de vergüenza. Tal vez con el tiempo se acostumbrara a los halagos y los buenos comentarios de Aiden sobre su aspecto, inclusive en un papel de duende y de la forma tan peculiar de adoptarlo a temas que Viktor conocía sumamente bien, pero de momento la repentina tonalidad carmín de su rostro lo seguía delatando con fuerza.
Teniendo en cuenta que debían ser altos y de belleza inigualable— humedeció los labios, haciendo como si lo pensara— Te lo permito— dijo acompañándole en el gesto con una expresión divertida y su mano se deslizó por la cintura de Aiden, desplazándose con suavidad para acercarlo hacia sí.

Así que en la obligación de ponérmelas ¿eh?— enarcó una ceja, sonriendo con gracia—  Vaya, acabas de convencerme— le aseguró enseguida. No había pasado por alto la falta de pudor hacia lo que se refería, pero vamos, era su novio, si no podía comportarse de ese modo con él y sentirse cómodo al mismo tiempo, entonces ¿con quién? Una de las tantas cosas favoritas de Viktor con respecto a Aiden, era precisamente que sus ideas y el trabajo de su mente se parecían mucho a las de él; les favorecía el mismo deseo fantasioso que se hacía participe sin avisos previos, la misma renuncia a guardárselos y la misma facilidad de emplearlos no en el momento más oportuno, sino en cualquier momento. Era lo que necesitaba, lo que le gustaba casi tanto como verlo jugar con su labio de una manera tan provocadora. Viktor se inclinó y rozó sus labios con los ajenos, dándole un corto beso en el que lentamente deslizó la punta de su lengua a través de ellos. —Siempre que tenga tu ayuda, me encantaría hacerme con unas— dijo luego, con una normalidad que distaba de ser apta para la situación, sin tocar su boca, pero bastante cerca de hacerlo. —¿Sabes? No me había dado cuenta antes— la traducción es que las consideraba para deportistas, o para que los no-deportistas como él echaran un vistazo a los modelos en los grandes espectaculares de la ciudad y empezaran mejor su día; sin embargo, con el uso que le prometían en ese instante, su opinión se modificó en un parpadeo. Se apartó un poco más y guardó la distancia cuando un Ford pasó deprisa al otro lado de la calle, luego volvió a acortarla y enlazó sus dedos con los de Aiden, sujetándole las manos sin ejercer fuerza u oprimirle, excepto por el contacto de sus cuerpos; Viktor se había aproximado lo suficiente para sentir su anatomía contra la propia— pero ahora, puedes apostar que están en mi lista de pendientes— concluyó mirándolo a los ojos, y volvió a esbozar una sonrisa.

Aún cuando le agradase la idea de pertenecer a cuatro raíces culturales distintas (representaba una dicha para él, sobre todo como escritor y obsesivo del arte y la tradición humana a la escala internacional), a veces la opinión de mercadería china le iba excelente. Había estado en un lugar y en otro y no conocía ni un tercio de cada uno de ellos, pero todos le fascinaban. En todos le gustaría vivir por el resto de su vida y en todos cumplía con la ley de quejarse sobre al menos cinco cosas importantes. Lo mismo que haría la mercancía china si pudiera hablar de su destino a Brasil, en la opinión del castaño. Los viajes largos y el conocimiento diverso te hacía preguntarte y comparar más de lo que deberías, inclusive más de lo que quisieras, pero te arrebataba la oportunidad de hallar las respuestas. Él estaba así, a medias. Ahora menos que hacía quince años, por supuesto, en aquel entonces se revolvía al estudiar historia americana y unir fechas y sucesos con los acontecimientos en Bélgica durante un proyecto escolar.
Viktor sonrió apenas sentir las manos de Aiden en sus caderas y moverse al tacto en su trasero, luego se echó a reír por lo que dijo. —No, no lo son— convino negando con la cabeza y hundió sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón. Ahí estaba otro de los planes elaborados que hundió y hundió y hundió hasta olvidarse de ello. Según él, había querido descubrir un poco más sobre cada sitio en el que su familia había vivido, en el que él había puesto los pies en más de una ocasión también. No obstante, se trataba de viejas ideas sin estructura o futuro, tal vez creadas para decir que llevaba una lista y ya lo había estado considerando, lo llevara a cabo o no. Estaban empolvadas, así que ya venía siendo tiempo de sacudirles. —Claro que quiero. Además, tendrías que serlo— respondió, ligeramente sorprendido por la imposible opción de no quererle a su lado. —Mis 365 días del año son tuyos— añadió tomándolo por la cadera, con una mano extendida a cada lado— Te pertenecen aquí o al otro lado del mundo... pero creo que sí, podría dedicarle un par de horas a la aventura de mis raíces, siempre y cuando deje de ser mía, y comience a ser nuestra— comentó, alzando una mano para acariciarle el mentón y acabar rodeando su cuello.

Buen punto— razonó Viktor ladeando la cabeza, pensando en lo buenísimo de la combinación. Él no bebía a menudo, tampoco solía experimentar con las mezclas perfectas, pero si algo había aprendido bien de los conciertos a los que asistió en su juventud y del extraordinario físico de su novio, es que la cerveza a menudo deja de beberse y se convierte en una regadera improvisa, mientras que por otro lado, un cuerpo como el de Aiden es justamente lo que se requiere para una celebración a puerta cerrada.

Muy posiblemente— concordó el castaño al oírlo, aguardando tan sólo un momento para que sus labios comenzaran a curvarse con una sonrisa. Viktor no se cansaría de escucharle hablar de esa manera. Con la dulzura propia del arrojar de sus sentimientos, fuese con las palabras que fuesen. Le recordaba lo mucho que le amaba a pesar de ambos saberlo, pero sobre todo le recordaba lo mucho que él le amaba de regreso.  Lo seguro que se sentía a su lado y la inmensa confianza que se atrevería a depositar en él tantas veces como se necesitara.
Uh, perfecto. Yo también te amo, mi vida— comentó divertido y con un despreocupado toque de ironía cuando este le guiñó el ojo, aunque no en base a lo que sentía por él, sino debido a lo que estaba dando respuesta.
Es justo también— respondió con un gesto agradable y le abrazó por encima de los hombros, frotando su brazo en la caída de sus dedos. Claro que no era justo exactamente, pero Viktor no estaba ciego, ni era (no siempre) demasiado ingenuo para creer que su vida sería de lo más sencilla y estarían viviendo dentro de una mágica burbuja protectora. Eso no se lo creería ni siquiera en un cuento. Había conocido a Aiden siendo policía y sabiendo de los riesgos que el trabajo conllevaba, de las responsabilidades y los sacrificios en los que prometían verse implicados cada uno de ellos, y aunque sin duda el tema se complicaba más allá de la promesa de que se mantuviera con vida, él estaba dispuesto a tratarlo cuando llegara el momento de hacerlo.

Viktor se limitó a mirarlo en silencio y escuchar lo que decía. —Puedes ser honesto, ¿ni siquiera conmigo? ¿ni tantito?— levantó una ceja al preguntar. La verdad es que le costaba un poco creerlo. A veces él no se aguantaba a sí mismo. Decía que si conociera a alguien con su actitud, cosa que aún no sucedía, seguramente acabaría pareciendo molesto. Sin embargo, lo que Aiden decía llevaba mucha razón. Sabía que no tenía divisiones para clasificar a la gente, que aunque al escritor le diera por matizar con grises en lugar de blancos o negros para tratar de entender y sentir agrado por los demás, con su novio funcionaba diferente. Sus opiniones discrepaban en casi todo, se tratara de pequeños detalles u comentarios de gran peso. Por eso estaban juntos. Su relación era diferente y engranaba como si estuviera predispuesta a suceder porque tenían las dos caras de la moneda y se mostraban dispuestos a compartirlas.
Suspiró y se lamió los labios al oírlo continuar, asintiendo muy levemente. Le bastaba. —Eso sonó hermoso, no sé qué decir— soltó por lo bajo y se llevó una mano hacia la nunca de su novio, sintiendo cómo su pulgar iba delineando el borde de su labio, despacio y con delicadeza, hasta que él mismo rompió el gesto y lo acercó a su boca, uniendo sus labios con un suave y profundo beso.

Le tomó la mano que yacía en su barbilla y le sujetó en el aire. —Acabas de perturbarme— le dijo seriamente, mirándolo con los labios entreabiertos. —Dios, no cabe duda de que somos el uno para el otro— añadió al instante y esbozó una amplia sonrisa echándose a reír, para corroborar que se trataba de algo por lo cual agradecería durante años. Al fin comprendía a qué se referían todas aquellas personas con las que habituaba a conversar y extraer un poco de ese humor suyo, el que mantenía oculto para no desvanecer sonrisas; el mismo que usaba exactamente para lo mismo cuando ése era el objetivo. Funcionaba bien. Su pensamiento de lugar común y cuerdo con Aiden se desapareció en un santiamén. —¿Sabes qué me parece completamente necesario ahora mismo?— su mano se desvió de los labios de Aiden hacia su oreja, echando atrás sus mechones de cabello, como si el pretexto fuera peinar alguno que otro rebelde. —Besarte— dijo enseguida, respondiendo a su propia cuestión— Se está convirtiendo en una adicción para mí.

Ay, por favor... Yo no hago eso— comento irónico. Lo más acertado de todo lo que dijo Aiden, fue su espíritu competitivo. Si un vecino suyo tuviera un jardín igual de verde que el de Central Park en primavera, él debería tenerlo como en verano. Con los ojos entrecerrados, se volvió a mirarlo durante un momento y luego cambió el gesto, sonriendo con una ligera mezcla de agrado y diversión. Su novio definitivamente lo conocía bien. —Bueno. Eso espero— respondió, decidiendo para sus adentros que ésta vez dejaría pasar su intento por molestarle.

Sin poder evitarlo, Viktor bufó una risa que terminó en carcajada. Dudaba mucho de que la chica se atreviera a una cosa así, de la nada, todavía más con él tratando de ganarse su confianza y ser el amigo y aliado que intervendría en su conocimiento de Aiden. Era absurdo, pero no hacía falta ponerse a pensarlo para saber que su novio había empezado a inventar razones sinsentido. Al menos le había hecho reír con ello y eso ya era de agradecerse. Se calmó un poco y le miró, divertido y todo, aunque más consciente del verdadero motivo que se escondía detrás de todo aquello. —Sí, es decir que antes no lo tenía, ahorita creía tenerlo y de nuevo ya no está— se explicó, sonriendo a medias al imaginar que Aiden pensaba que se refería a algún otro noviazgo del pasado. —Me duró segundos— bromeó enseguida.
Ceñudo, abrió la boca en buscar de saber qué cosa mala podría haber dicho de ella, pero Aiden se adelantó aclarándolo antes de que siquiera pronunciara palabra. —Eso es trampa— se quejó con expresión divertida, admirado de sus medios para llevarse la victoria. —Ouh.. Está bien, está bien— se rindió en automático en cuanto Aiden prosiguió; acercando su mano como si el hecho de tocar su abdomen doblegara los últimos esfuerzos del castaño; venga, que sí, también le funcionó. A Viktor le convenía y lo disfrutaría mucho más que el compartir sus discusiones en un trío inocente, así que adiós Lucy y bienvenidas las reconciliaciones.

Viktor sólo había tenido que imaginarse el día a diario de Aiden en el trabajo para sacar toda la revuelta de la ancianita inocente y la malvada. Así debían ser las versiones con las que él se topaba todo el tiempo, aunque los sucesos no cambiasen a los segundos y en conveniencia de lo que a Viktor se le antojaba que fuera. —Así que gané ésta— recalcó con fingida y deslumbrante alegría, levantando la cabeza cual si el premio le recompensara con una fortuna, luego se acercó hacia él, tomó sus mejillas con sus manos y le besó mientras su novio le sujetaba por la cintura, entreabriendo sus labios al probar el agradable y reconocido sabor de los ajenos.

La tez áspera de su mentón le rozaba la piel conforme el rubio descendía por su abdomen, repartiendo besos y humedeciendo las áreas de su cuerpo hasta concluir en su entrepierna. Su cuerpo entero se puso rígido al sentir el contacto que tenían los labios de Aiden sobre su glande. Cerró la mano aún en la cabeza de su novio y le sujetó el cabello, aunque sin ejercer demasiada fuerza en ello, sino que hundía sus dedos en él y le enredaba, guiando con gentil firmeza la disposición que el otro tenía sobre su miembro, donde sus labios cubrían la estructura de su pene y conseguían hacer que el escritor gimiera, sintiendo el placer acechar en sí y revolverse con una sensación liberadora.

Deslizó las manos por la espalda de Aiden y le acarició los hombros con suavidad, ejerciendo presión cada vez que la fruición en su entrepierna le embriagaba con tal fuerza que resultaba exorbitante. Su respiración se fue convirtiendo en nada, además de quedos jadeos que a ratos incrementaban su magnitud conforme las caricias y la velocidad que el rubio desempeñaba iban avanzando. A pesar de haber estado antes con él, incluyendo la temprana aventura de ese mismo día, todo lo que sentía en aquel momento le parecía nuevo y diferente; su cuerpo respondía a sus besos, a sus caricias, al deseo de sentir cómo su cuerpo se pegaba al suyo. Al cabo de los minutos, le recorrió un escalofrío por la espalda y levantó la pelvis arrastrando una mano para sostener el brazo de su novio, percatándose sólo entonces de que prácticamente había estado a punto de abrirse el labio por morderlo. Suspiró con los labios entreabiertos, agitado, y cerró su diestra por detrás del cuello de Aiden cuando la marcha de la felación se detuvo con suavidad, succionando con ligereza y contorneando el ancho y el largo de su pene, mientras Viktor aflojaba y acariciaba la musculatura en el brazo de novio, hallando su posición en alto hasta dar con sus dedos, los cuales se habían dedicado a envolver y juguetear con su pezón, vigorizando la excitación que despertaba en su bajo vientre y se extendía como un trayecto intravenoso. Entrelazó su mano con la de él, luego levantó su mentón con la mano libre, le hizo mirarlo y repitió el mismo gesto que había hecho durante su pasada conversación: le acarició el contorno de los labios con el pulgar, delineando la curvatura que allí se formaba cuando sonreía.

Tiró de su mano y le invitó con el gesto a acompañarlo, rodeándolo con una pierna flexionada que yacía a la altura de su trasero e inclinándose para unir sus labios con los de él, sin poder evitar el esboce de una leve sonrisa cuando sintió su boca al encuentro. Con toda la intención de invertir su postura, Viktor desplazó la lengua por entre sus labios y la llevó dentro mientras le besaba, jugando con sus lenguas y mezclando su calor y la humedad de sus cavidades cual si fueran una. Resbaló suavemente el pie por el muslo de Aiden y se detuvo bajo su rodilla, queriendo impulsar así el empuje que le revertiría la situación, llevándole a él a encontrarse encima de su cuerpo con un movimiento sutil. Al hacerlo, su anatomía se oprimió contra la del otro y Viktor volvió a experimentar esa patente excitación resurgiendo, el toque que te orillaba hacia el punto sin retorno. Se arrodilló a medias sentándose con una pierna a cada lado sobre la pelvis del policía y se inclinó a besarlo, suave y ávidamenente, de la manera que ahora podía permitirse sin inhibiciones. Le acarició la cintura, se desvió por su abdomen atravesando por su vientre, llegó hasta su pecho y volvió a descender acariciando su torso mientras su mano diestra descendía despacio, metiéndose por debajo de los boxer de su novio y arrastrando la tela desde dentro, de forma que pudiera liberar su miembro y rodear su anchura entre sus dedos, iniciando un subir y bajar por su tronco suavemente, frotando con gentil firmeza, endureciéndolo en tanto se movía un poco encima de él, inclinándose a besarle los labios, la barbilla, el cuello; deslizando su boca en un orden incongruente, yendo de una zona hacia la otra sin siquiera pensarlo, sólo actuando por el placer que sentía y la necesidad de compartir su deseo, un deseo de complacerle, de hacerle gemir con una experiencia que los nublase a ambos.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Nov 30, 2015 8:04 am
-¿Qué tiene de malo mi concepto?-preguntó con una ligera mueca dual, medio risa medio bufando, usar mallas apretadas que remarcaban las partes necesarias de la Anatomía de su novio no podía ser un mal concepto, no para él. Quizás no sugirió utilizar el típico disfraz de Sadomasoquismo que constituía los deseos y fantasías de los adultos pero para el Teniente era de mal gusto, por donde lo viera. Observó el tinte en sus mejillas y no pudo evitar sonreír por aquello, a pesar de parecer tan serio e impenetrable su novio no distaba de ser un ser humano y alguien que podía ser presa de sus propios sentimientos o pensamientos-Es la verdad, el verde acentúa tus ojos y el rojo de tus mejillas aún más-agregó con una sonrisa mientras sus manos se alargó para acariciar sus pómulos suavemente, reforzando sus palabras.

-Viste, hice una buena comparación, aunque no hay como Orlando Bloom-comentó y se quedó pensando algunos segundos sobre ello, claramente Viktor era el único para él pero con aquel comentario se permitía molestar a su novio, la idea era hacerlo palidecer al lado del actor, tan sólo por bromear. Asintió divertido por la confirmación de sus palabras, era sexy en todo momento y recalcarlo en situaciones como esa no dejaba de ser la preocupación del rubio quién se dejó llevar por el castaño con suma facilidad y gracia.

-Pero por supuesto, ¿Qué clase de novio sería si no lo hiciera?, No, no, hablaría muy mal de mí como tu pareja si no te ayudase en aquella situación tan compleja-comentó intentando morderse el labio para no reír mientras lo decía, necesitaba lucir serio para acompañar a sus palabras pero le estaba costando demasiado trabajo. Claramente sus palabras iban más allá de aquello, se mezclaba la picardía en aquel asunto puesto que su ofrecimiento implicaba contacto físico todo el momento y Aiden no podía guardárselo cuando lo único que quería era estar con su novio, claro está eso no quería decir sólo sexo sino que disfrutar de su compañía y de cómo tensaba todo su cuerpo ante el más ínfimo contacto. Disfrutó del contacto de sus labios que a pesar de ser breve disparaba muchas sensaciones en su ser, sobre todo cuando el castaño utilizaba la punta de su lengua para repasar la textura de sus labios, sintiendo la humedad de aquel órgano que amenazaba con invadirle-Claro que sí, y serás unas cuántas-corrigió contra sus labios medio riendo por la situación.

-Yo tengo algo de experiencia, nada que presumir-agregó encogiéndose de hombros, no sería la primera vez en su vida que veía a un hombre en mallas ajustadas y apreciaba la calidad de la tela y cómo esta se expandía…claro está todo eso no lograba ser importante cuando realmente apreciaba los contornos definidos que estas delineaban con suma precisión. Le miró raro cuando se alejó súbitamente de él, no entendía aquello cuando en todo momento habían estado necesariamente más cerca de lo necesario, iba a proferir un bufido y un par de palabras en señal de molestia sin embargo el escritor le interrumpió tomándolo de las manos y acercándose peligrosamente a su cuerpo de forma que podía sentir las curvas propias de su cuerpo y la dureza de ciertas partes chocar contra las propias lo cual simplemente suprimió sus pensamientos-Sería muy inteligente de tu parte hacer eso-esbozó una sonrisa cariñosa mientras posaba la mano en su pecho y la bajaba lentamente acariciando su torso.

-Entonces no veo impedimento alguno para ello-le miró como si estuviese llamándole la atención y de cierta forma lo estaba haciendo, era muy consciente de que su novio generalmente solía dejar cosas de lado por considerarlas insignificantes frente a otras de mayor importancia según su propia jerarquía, esa que tan sólo él conocía y solía utilizar para dirigir sus actos a diario, más él se había propuesto sacarlo de su zona de comodidad y llevarle a aquel estado donde si algo se le antojaba simplemente debía de hacerlo o tomarlo, sin pensarlo demasiado, sólo actuar y luego pensar-¿Tendría?, suena a una obligación-dijo con una seriedad que no era propia de él sin embargo estaba tomándole el pelo por lo cual se podía permitir reaccionar de aquella forma, era algo omitido entre ambos, vamos, el rubio le seguiría hasta el fin del mundo si fuese necesario, con su aprobación o no. Bajó sus manos hacia las de este y las acarició por encima mientras le miraba divertido-Lo que dices me suena a un compromiso bastante serio, ¿Podrás con ello?-inquirió quitándolas de sus costadas y alzándolas al momento que entrelazaba sus dedos con los de este, claramente se refería a lo de que le pertenecían sus 365 días del año puesto que hasta el momento recién lo tenía por un día y el futuro no era para él algo certero, aún así soñar con que podría ser así era válido y algo que escogió como primera opción por lo cual simplemente decidió sonreír y aceptarlo en una parte bastante profunda de su ser-Pasaré por alto esta especie de chantaje que estás haciendo conmigo, después de todo es algo en tu beneficio, pero sabes que te amo y que te acompañaré siempre-convino disfrutando de su caricia y acercándose más a él bajando sus manos para rodearle.

-Lo sé-sonrió agradado por sus palabras, escucharlo decir aquello nunca le cansaría y si podía tener una dosis diario de aquello tampoco se quejaría, vamos, estaba enamorado y esas cosas solían ocurrir cuando se entregaba con todo hacia aquel sentimiento tan puro y poderoso.

El tema de su trabajo siempre sería algo delicado de tocar, no tan sólo con el escritor sino que con su familia misma, su padre había muerto en servicio y él no podía renegar que podía ser su futuro también pero no quería considerarlo, no tenía miedo de ello pero ahora que por fin podía estar con el amor de su vida era una preocupación latente que esperaba el momento exacto para atacar sin embargo prefirió volver a sepultarlo en lo más profundo de sus preocupaciones junto con otras que sabía algún día tendría que enfrentar, tarde o temprano.

-Me molesta que creas que no soy honesto-bufó por algunos segundos más terminó por suspirar y mirarle, enojado no estaba-Que no amor, a ti no te aguanto, ya te dije por qué, no me hagas ir y demostrártelo-agregó enarcando una ceja, tenía sus métodos más la mayoría no eran aptas para el público así que de verse en la obligación utilizaría las más fáciles y moralmente adecuadas. Ni se molestó en contestarle de vuelta, simplemente se limitó a unir su boca a la de él en un beso que tornó más impetuoso de lo que parecía ser, simplemente estaba completamente a merced de aquel gesto y del sabor, humedad y sensación que la boca ajena le producía-No digas nada y sólo bésame-agregó separándose de su boca por algunos segundos y luego volviendo a buscar el contacto con su novio.

-¿Qué?-se encogió de hombros-Es la única forma que tendría de echarle un vistazo a tu cabeza-se rió al final y observó sus manos en lo alto-No sé a qué te refieres-enarcó una ceja-Y espero no sea al hecho de que te perturbo, porque entonces estarías afirmando que somos el uno para el otro en base a que ambos somos capaces de perturbar a otros...estilo Psicópatas o algo-comentó con una elaborada teoría y riendo por ello al final. Le observó curioso por sus primeras palabras y más por las siguientes, no había duda que no podía leer su mente y eso era realmente interesante puesto que le hacía interesarse aún más por lo que su novio pudiese tener entre manos, o en su cabeza, en este caso. Le quiso responder pero los dedos del castaño oscilaron de su boca hacia su oreja donde se quedaron algunos segundos lo cual le hizo mirarle a los ojos en busca de algún indicio más sus palabras se adelantaron a cualquier evento-No estoy a favor de las adicciones, pero cuando se trata de ti besándome creo que puedo hacer la vista gorda y permitirlo-comentó coqueto mientras entrelazaba sus manos alrededor de la cintura del escritor y lo acercaba para besarle, abriendo su boca para captar la ajena y combinarlas en una danza de movimientos y contacto que constituía aquel gesto mientras se permitía además sentir el sabor, humedad y calidez de la cavidad ajena.

-Oh vamos, ambos sabemos que si lo haces, bueno, lo harías-le picó el pecho con un dedo divertido, le conocía demasiado bien y eso eran comportamientos propios del castaño, involucrándose siempre en alguna competencia y queriendo tener el primer lugar. Le miró directamente y con cierto aire de reproche ante sus gestos pero sabía que tenía razón y que el otro terminaría por rendirse, en algún momento, el cual llegó al notar su sonrisa-Seguro que sí, yo no te mentiría-dijo poco convencido pero estaba simplemente dando a entender algo que no era.

No entendía por qué Lucy seguía siendo un tema para ambos, era su Secretaria y una buena amiga para él pero no debería estar en el centro de la conversación de ambos, no le molestaba pero si era así con ella esperaba que no tuviese que repetirse con algún otro amigo que pudo tener en alguna época y de la cual esperaba no hablar nunca ya que eran temas que prefería dejar de lado. La cara del castaño era aquella que ponía cuando sabía que le tenía contra la pared y que no le podía despistar, al menos del todo, sin embargo en aquel instante le pareció tentativo darle la espalda o evadirle para no tener que lidiar con lo que vendría.

Le preguntó porque de verdad le había parecido que se refería a otra cosa con sus palabras, con esa otra cosa pensó en otro novio o una situación similar y eso era muy de su incumbencia-Ah, ya veo-agregó asintiendo para convencerse de ello y no pensar en nada innecesario, no le convenía porque luego tendría que explicarse así que decidió deshacerse de ello con rapidez-Lo que fácil viene fácil se va, eso dicen-agregó riendo rápidamente, despistando en lo posible. Se mordió la lengua cuando el escritor le descubrió y bajó la cabeza acortando su cuello adoptando la imagen típica de querer esconderse-Es tu culpa, me obligas a tomar medidas extremas-convino con una seriedad fingida que buscaba de verdad hacerle ver como el culpable de ello aunque ambos sabían que eso no era así, más sin embargo profirió un gesto de victoria cuando el otro se retiró en la contienda, después de todo aún funcionaba el hecho de tentarlo y dejar caer caricias sobre su cuerpo que pretendían estimular más de lo necesario.

Mantenía sus manos alrededor de la cintura de este la cual acarició por encima en varias oportunidades, sintiendo la diferencia entre las distintas porciones de piel, carne y hueso que componían su anatomía -Ajá, no te acostumbres tampoco-rió un poco bajando hasta bordear la parte que llevaba hacia sus nalgas las que tanteó suavemente antes de volver sus dedos nuevamente a sus costados todo aquello mientras su boca se dejaba tomar por la de su novio, disfrutando del ansiado contacto que de no necesitar respirar sería permanente y constante.

No necesitaba mirarle para darse cuenta de que lo estaba disfrutando, el agarre que este ejercía sobre sus cabellos era una demostración clara de que le gustaba aquello por lo cual simplemente no se detuvo en su tarea de succionar su miembro una y otra vez, dedicándose en primera instancia a su cabeza y luego bajando hasta su tronco por los lados sin llegar a tragarlo completamente. Los gemidos eran una invitación directa a que continuase y así lo hizo, esta vez dedicándose completamente a su pene mientras abarcaba la mayor parte de este que su propia boca le permitía, pasando la lengua por los bordes lo cual estaba seguro que le gustaría mucho al castaño repitiéndolo por varios minutos y ocasiones seguidas, sacándolo y volviéndolo a engullir.

Por su parte estaba más que excitado y eso lo demostraba al atender a su novio en todo momento, sus manos subían y bajaban por sus muslos hasta recorrer su abdomen que se contraía con fuerza debido al esfuerzo que el escritor hacía al respirar y jadear. La mano del escritor encontró la suya y se permitió entrelazar sus dedos completamente y ejerciendo cierta presión al momento que lo hacía deteniéndose casi por completo de la felación que estaba provocando, la cual llegó a fin cuando siguió las instrucciones físicas que el otro le daba hasta sentir su pulgar recorrer sus labios, cerró los ojos disfrutando de aquello y le dejó un par de besos en aquel al momento que lo hacía.

Sin tener que pensarlo dos veces o esperar una invitación más formulada se movió por encima de su cuerpo hasta quedar encima de él y poder juntar sus bocas como en muchas ocasiones, aún así cada vez era diferente y la emoción cambiaba con la intensidad, ahora se trataba de pasión y excitación lo cual hacía que al besarle fuese una experiencia furiosa y con cierta humedad de por medio, jugando con su lengua en una batalla entre sus cavidades. Sus manos se encontraban alrededor de los costados de este mientras le besaba sin embargo ante el ágil movimiento de su novio le rodeó con los brazos para invertir sus posiciones y quedar ahora en el lugar de este teniéndolo encima suyo. Enarcó una ceja puesto que le gustaba que tomase el control de la situación y claramente tenerle así, piel contra piel, sus manos se fueron directamente a sus muslos los cuales acarició suavemente de forma ascendente mientras sus bocas nuevamente se unían repartiendo caricias, se permitía morder el labio inferior de este y estirarlo las veces que se le antojaran antes de abrir su boca y volver a un beso.

Jadeó entre aquel intercambio de caricias y saliva cuando sintió su mano alrededor de su miembro, estaba excitado y sus movimientos ayudaban a que este adquiriese mayor dureza y tensión de lo que ya tenía, separándose de su boca a momentos para liberar un soplo que provenía de lo más profundo de su ser. Sus manos se posaron sobre las caderas de su novio y ascendían hasta su pecho pasando las yemas de sus dedos por cada parte que constituía sus pectorales, delineando las curvas que estos tenían y orientándolos luego por sus pezones que atendió cuidadosamente hasta que los besos del castaño migraron hacia su cuello lo cual para permitírselo llevó sus manos hacia su espalda y le atrajo para sentirlo más cerca, jadeando por lo que le hacía y moviéndose un poco también para frotar sus cuerpos. Se tensó ligeramente al saber que la mano de su novio seguía con su miembro el cual ya no podría posiblemente adquirir mayor dureza y sus besos le sacaban suspiros y gruñidos que provenían de lo más hondo de su garganta, sus manos jamás estaban quietas y esta vez cayeron por su espalda hasta llegar a su cintura donde los dedos rozaron sus nalgas que apretó un par de veces conforme la excitación llegaba a él.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Miér Dic 02, 2015 5:08 pm
La parte del duende, puede ser— se encogió de hombros. Absolutamente nadie, por lo menos no uno de ellos, estaría fijándose en el resto del disfraz mientras tuviera a su novio con un atuendo ceñido al frente. Lo pensó recapacitando al segundo; ya no por el cómo se vería él usando aquello, sino cómo lo llevaría Aiden en su lugar. La lógica de invertir los papeles hacia el gusto de cada quien puede ser bastante poderosa, no cabe duda.
Viktor rió por lo bajo y mantuvo la sonrisa cuando el rubio acercó su mano hasta su rostro y le acarició, evitando la opción de volver a apartar sus ojos de él aunque fuera por un instante, el suficiente para amainar el color que habían cobrado sus mejillas al escucharlo. Sólo existían dos formas ineludibles de que eso le ocurriera, pero definitivamente el sol no tenía la culpa de su aparente azoramiento ésta vez. Era su falta de costumbre, el hecho de que Aiden lo dulcificará, lo poco habituado que estaba a escuchar comentarios y recibirlos así, con gusto, con algún término que aún no alcazaba a explicarse, pero le era cien por ciento bienvenido.
Qué va— intervino, mirándole con el ceño levemente fruncido— Es la caracterización— añadió con una entonación de berrinche, como si al quitarse la peluca, la armadura y los lentes de contacto, Orlando Bloom también dejara a un lado su atractivo.

A pesar de que la mayor parte del tiempo Viktor se lo pasaba bromeando y en otras tantas el objetivo iba más a tratar de armonizar los errores de sus comentarios y las indecorosas propuestas que su mente decidía no frenar a tiempo, durante años estaría agradecido de que la confianza que había entre los dos les permitiera conectarse de aquel modo. Podían hablar de cualquier cosa, incluyendo el sexo y las fantasías, grandes y pequeñas, de las que nunca pensaron que tendrían oportunidad de compartir ni siquiera a voz.
¿Algo de experiencia?— preguntó levantando las cejas con curiosidad. Venga, no quería detalles ni nada de eso; si fuera él, tampoco se pondría a soltar la lista hasta ponerse todo incómodo o algo parecido, pero Viktor tenía interés en saber la aventura del nada que presumir. —Dios, me haces sentir como si hubiese vivido demasiado poco— bromeó enseguida, negando con la cabeza y dedicándole una sonrisa al concluir.
Haría cualquier cosa para darte gusto— dijo, deslizando lentamente las manos por sus costados. Y lo haría. Volvería a casa y visitaría... el lugar donde se consiguen, se llame como se llame. —Casi, casi cualquier cosa— agregó divertido, levantando el dedo cual si hubiera recordado que estaba mejor no obsequiarle mucha libertad a su imaginación.

Bueno, suena así porque lo es— afirmó, echándole una mirada extraña al caer en cuenta de su seriedad; eso sí que no era normal, no mientras lo comparase con su humor de hacía cinco minutos. —¿Por qué pones esa cara? Es como una obligación de ambos— añadió, creyendo que se debía al enorme compromiso que la simple palabra parecía representar en sí misma, y que si lo minimizaba con una comparación sinsentido, entonces estaría bien. —Si me das dos o tres días libres para escribir, seguro que sí— respondió con cierta gracia, fingiendo considerar sus prioridades.
Le abrazó y se echó a reír recargando la barbilla sobre su hombro, sintiendo cómo él también le rodeaba con sus brazos. —No fue un chantaje— dijo y le apretó contra su cuerpo. —Es que te amo, nada más— aseguró ascendiendo una de sus manos por su espalda.
Probablemente Aiden fuera la razón de que recordase al fin todas aquellas promesas que se hizo en el pasado; contando numerosas actividades que juró llevaría a cabo algún día, pero que el dichoso llegar de estos todavía parecía lejano. Gracias a él, perder el tiempo en ocio y otras tonterías en lugar de cumplir lo que había dicho podría cambiar, pero lo que también era cierto es que su ánimo no se debía solamente al recordatorio y el aliento que recibía para hacerlo. Había escuchado a varios recordándoselo cada vez que se daba la oportunidad. Sin embargo, lo que quería era aprovechar ese viaje para compartirlo con Aiden, conocer un mundo en el que había nacido y del que estaba de alguna manera conectado, mientras su propio mundo, el que él se acababa de formar al tenerlo en su vida, le acompañara todo el tiempo.

Lo siento— dijo y esbozó una sonrisa a medias—, no es que dude de tu honestidad, pero eres tú el que dice no ser perfecto. Así que estaba tratando de buscarte, ya sabes, errores— respondió en su defensa. La verdad es que para Viktor resultaba algo sencillo identificar cuando su novio mentía; no siempre, quizá, pero se daba cuenta de cuando prefería no hablar de un tema en concreto, cuando lo mejor era ponerle un alto y pasar a otra cosa. En ese momento, mientras lo miraba, lo que vio es que decía la verdad. Sabrá por qué, o cómo, pero era cierto que lo aceptaba con el montón de etapas defectuosas que venían con él para no irse nunca.
Hecho— pronunció en un tono apenas audible cuando volvió a acercarse hacia él y unir sus labios, acortando la poca distancia que les separaba.

Dio la impresión de pensarlo de verdad, luego ladeó la cabeza y lo miró. —Sí, sí. De hecho, a eso me refería exactamente— comentó con una sonrisa. —Es broma— añadió después, riendo por ello. Estaba seguro de que ninguno de los dos sufría los problemas mentales de un homicida, ni tampoco el gusto, el placer o la sed de sangre. Sabían más de la cuenta que otras personas, pero afortunadamente Aiden no era Dexter y Viktor... Bueno, él ni siquiera cumplía con el papel de policía. —Pero otra forma que tenías de echarle un vistazo sin aplicar la de Jack Torrance, sería pidiendo que me agachara un poco, o con una resonancia magnética, qué sé yo— comentó riendo, aunque restándole toda la importancia en los siguientes minutos, pues en cuanto su boca rozó los labios ajenos y se mezcló en un suave movimiento con la cavidad ajena, Viktor posó sus manos en la cintura de Aiden mientras el resto parecía difuminarse entre las cosas que venían dándole lo mismo.

Está bien, está bien... Lo haría— aceptó alzando las manos un momento, sonriendo y dando prueba de su rendición. Quienes fueran tendrían que empezar a esforzarse más cuando los tuvieran como vecinos, sobre todo porque no hay lugar en que el no existan por lo menos dos iguales a Viktor en cuanto a eso. No obstante, la primera sorpresa de rango mediado querría dársela a su novio y a nadie más, con una bienvenida al nuevo hogar que sin duda quedase guardada en sus memorias

Pues qué bien que eso digan, porque estar contigo no fue precisamente fácil— comentó ante sus palabras, aunque sin reclamar o quejarse del hecho, ahora que lo veía desde otro ángulo y le complementaba lo que dicen por ahí, se sentía mejor de que el bache en su relación le hubiera enseñado a valorar lo que tenía. —Mi vida, si supieras que estaba bromeando desde el principio— lo miró con una sonrisa sin mostrar los dientes, como si fuera él quien acababa de ganar una batalla entre los dos. — Yo no sé hacer buenos, nuevos amigos. No van conmigo— añadió a continuación, guiñándole un ojo al explicarse. Él prefería socializar a distancia, sin involucrarse más de lo necesario, sin hablar de sus asuntos más privados y así no extender el pequeño circulo de amistades ya formadas; los de antaño. Solía presentarse de vez en cuando en las reuniones grupal, o facilitando una charla amena cuando se topaba con alguien conocido, pero sólo por casualidad, por cortesía y porque le agradaban así, con sus primeras impresiones.

Se permitió escrutarlo desde arriba, mirar su cuerpo a merced de sus caricias conforme deslizaba sus manos suavemente sobre su pecho, alcanzando ambas tetillas y rodeándoles circularmente entre su dedo índice y pulgar.  Volvió a frotar su entrepierna contra el cuerpo del policía siguiendo el movimiento de un reloj, repitió el acto una vez más mientras su lengua se desplazaba despacio a través de su cuello y comenzó a descender por un sendero vertical donde su boca se detuvo sobre su ombligo, regresando unos centímetros y moviendo su mano de posición hasta adentrarse bajo los boxers de Aiden. La humedad de sus labios se apoyó alrededor de su pezón izquierdo. Viktor lo succionó con suavidad y lo contorneó con la lengua. Abajo, su mano envolvió la dureza del pene de Aiden entre sus dedos, apretó muy ligeramente y comenzó a mover su mano yendo hacia arriba y después hacia abajo, rozando sus testículos con los dedos cuando estos le hicieron llegar hasta el punto culminante que su miembro podía ofrecer, dejando que el castaño lo comprendiera y fuera consciente de ello al sentir sus manos reforzando el agarre sobre sus nalgas. Acarició su glande deteniéndose y dedicando mayor atención a dicha área por un momento, luego levantó un poco la cabeza y lo besó en la boca, deslizando la lengua dentro, controlando su ritmo en tanto disminuía la velocidad y la frecuencia de sus caricias alrededor de su pene.

Se agachó al separarse de sus labios y recorrió las sábanas con las rodillas, arrastrándose hacia abajo mientras sus manos le acariciaban el abdomen y unos segundos después se precipitaban a sus muslos. Allí también le acarició. Deslizó sus manos despacio y bordeó su miembro sin siquiera tocarlo, acabando de apartar su ropa interior hasta dejarla fuera por completo. Tentó en su cercanía, pero entonces fue su boca quien tomó el control. Viktor entreabrió los labios y cubrió su glande con ellos, mirándolo mientras bajaba a través de lo largo de su tronco, lamiendo conforme retornaba en el movimiento y lo volvía a repetir, una y otra vez, sosteniendo su pene con la mano izquierda, yendo lento y cobrando velocidad en tanto su mano libre ejercía presión en sus caderas, apoyando su peso en él cuando el endurecido miembro del policía entraba en su boca y Viktor saboreaba su textura, tragándolo casi por completo, probando la tensión a la que le había orillado y escuchando el excitante sonido en la voz de Aiden al gemir.

Su diestra asió sus testículos y los manipuló en un acto sincronizado a la felación, maseajeándolos y lamiendo con la misma firmeza  que le hacía responder ante su propia excitación, disfrutando del manejo que su novio le dedicaba, recorriendo su cuerpo en caricias y permitiendo que su deseo solamente pudiera incrementar al sentirlo, renaciendo piel con piel, sin ninguna capa de por medio que pudiese impedir su contacto.
No se detuvo hasta sentirlo demasiado cerca, a punto, y sólo entonces oprimió un poco más sus labios y subió despacio a través de su erección, rodeando suavemente su punta y paseando su lengua en rededor antes de apartarse, alcanzando pronto la misma altura entre su rostro y el de él, echando mano de su trasero y depositando un beso en su barbilla, donde no dudó en dejar un leve mordisco al tiempo en que apretó la nalga que estaba acariciando.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Dic 07, 2015 11:31 am
-Te pareces a uno, claro está en una versión un poco más gruñona y exageradamente atractiva-comentó con una sonrisa traviesa ofreciendo una justificación a la duda que el castaño planteaba, era curioso cómo podían estar hablando de una situación en particular con un escenario completamente definido que ofrecía una visión bastante realista de algo que había nacido de sus más alocadas ideas pero que en aquel instante podía cobrar importancia tan sólo al verse ambos involucrados y dejarlo fluir sin restricciones. Las yemas de sus dedos se esparcieron lentamente por la piel de su rostro lustroso repartiendo caricias que no las detuvo hasta que abruptamente dejó de hacerlas sin motivo alguno, sólo algo inesperado tal como había sido la acción en primer lugar. –No seas celoso-le reprendió tomando su barbilla con un par de dedos y sujetándola para mirarle a los ojos con una leve sonrisa, aprovechando para admirar la perfección de su esculpido y frontal-Pues que buen trabajo hace-intervino encogiéndose de hombros y pasando un dedo por su piel para luego soltarle.

-Ajá-confirmó sin darle más detalles, consciente de que el escritor esperaba que le diese detalles o al menos esclareciese a qué se refería-Algún día quizás te diga-dijo restándole importancia con una mano más asomando una mueca de diversión. –Es la idea, estar atado la mayor parte del tiempo a tu escritorio es contraproducente con vivir amor, deberías saberlo-agregó con una risa que obviamente sugería que estaba bromeando aunque quizás llevaba algo de verdad-Pero descuida que yo me encargaré de hacerte vivir más, mi recluso favorito-aventuró una burla con una resplandeciente sonrisa que dejaba ver sus dientes levemente.

-¿Casi?-frunció el ceño casi haciendo un berrinche, no podría pedir más de lo que ya tenía porque era maravilloso simplemente pero aún así decirlo no parecía algo completamente exagerado o fuera de lugar, suponía-Vamos, ¿No me merezco el todo?-dijo acercando sus manos hacia sus costados los cuales acarició suavemente mientras su rostro se asemejaba al de un niño pequeño que intentaba ganarse un premio en base a su apariencia carismática e inocente.

Rompió a reír de una forma que quizás podría molestar a cualquiera, es más debería hacerlo sin embargo no se alejó de su novio sino que al contrario se pegó a su cuerpo acunando cada una de las partes que componían ambos en cuánto a estructura y permitiéndoles coexistir sin problema alguno-Estaba jugando, y no es como una obligación, digo, eso le quita todo el sentimiento, lo hace parecer una especie de trámite normado, algo sin sentido y emoción-llevó una mano a las hebras castañas que adornaban su cabeza y las peinó de formas contrarias sin un fin claro-Obviemos esto, es tonto hablar de qué es obligación y qué no-aventuró con una sonrisa cálida sin dejar de pasar sus dedos por su cabello.

Asintió divertido y simplemente se perdió entre sus brazos, aspirando su aroma una y otra vez disfrutando además del calor que emanaba su cuerpo y del contraste entre las texturas de sus vestimentas que ejercían presión al frotarse entre ambas-Bueno, desapareceré por dos o tres días, ¿Necesitas más?-dijo convenientemente y con una facilidad que no debería ser utilizada en situaciones como aquellas. No contuvo el suspiro que se formó en lo más hondo de su interior puesto que no tenía por qué hacerlo, simplemente lo dejó salir como respuesta a las palabras de su novio que claramente no pasaban inadvertidas para sus oídos pero más importante para su corazón que se regocijaba con la confirmación de los sentimientos de este-Nada más-repitió con un tono afable y una enorme sonrisa en sus labios, acunándose al cuerpo del otro cuanto pudiese hacerlo.

Rodó los ojos y al final terminó por soltar una burbujeante risa que se extendió más allá de lo normal, se llevó las manos hacia el rostro y tras pasarlas con un movimiento descendente le miró con el cabello algo enmarañado más no le importó-Ay Amor, ¿Qué voy a hacer contigo?-dijo con un gran soplido-Aparte de amarte inmensamente claro-comentó con una abertura de sus labios en una curva agradable a la vista. Su boca estaba húmeda más de lo normal debido al contacto con la del escritor, el sabor en esta era más intenso debido a las veces que había deslizado los suyos por encima de los contrarios una y otra vez, de vez en cuando estirando la piel inferior para luego pegarse a estos y disfrutar del contacto constante entre ambos.

-Y vaya que broma-comentó con algo de ironía-Estás tan loco Viktor…-agregó dejando la frase sin terminar y luego juntando los labios en una pequeña mueca que se tornó divertida de un momento a otro. Le conocía tan bien y por eso mismo es que no se sorprendió por sus palabras sino que le siguió el juego pasando una mano por su pecho revolviéndola sobre este, prácticamente dedicándose a sus pectorales. Se perdió nuevamente en los labios del escritor y todo dejó de tener importancia, simplemente estaba allí disfrutando de la sensación que provocaba en él aquel gesto donde su propia carne se deslizaba por encima de la contraria una y otra vez abarcando distintas porciones en cada oportunidad mientras la humedad de la cavidad ajena la inundaba hasta volverse parte de la suya, una vez que sus pulmones comenzaron a demostrar una falta de aire y su garganta comenzó a arder se permitió separar sus bocas sin quitarle la mirada del rostro salvo para observar sus labios y luego ir hacia sus ojos-No sería divertido si lo piensas-comentó pegando sus labios suavemente, minimizando el roce al máximo-Pero no tiene caso seguir hablando de algo de tan mal gusto, digo, luego te doy ideas y de ahí no podré pararte, ya sabes, tú y tú imaginación exuberante-frunció el labio inferior con cierto aire de risa.

-No tienes que repetírmelo o aceptar, sabes tan bien como yo que es la verdad-comentó divertido estirando las manos para sujetarle por las orejas y estirarlas un poco, un gesto infantil que denotaba también algo de reprensión-Pero tranquilo, no tendrás que volverte obsesivo o algo por el estilo, tendré una pequeña conversación con la empresa de Bienes Raíces y todo estará biencomentó con una risa-Mostraré mi arma-enarcó una ceja divertido y luego se echó a reír por la tontería que acababa de decir, además de ser algo incorrecto traicionaría sus propios pensamientos acerca de lo que es correcto o no.

Le observó y frunció el ceño ante sus palabras, se hacía el ofendido por lo que él le decía más no se lo tomaría a mal, simplemente mantuvo aquella imagen de aparente enojo-Lo haces sonar como si fuese un ogro o algo, qué malo eres amor-estiró el labio inferior formando una máscara de reproche, claro está era más adecuada para el Aiden de 8 años que para el actual. Bufó y aspiró aire con pesadez-No sé cuando estás bromeando o no, eres demasiado serio y eso dificulta las cosas, ¿Sabes?-presionó un dedo en su pecho una y otra vez reprochándole aquello-Cada vez te perfilas más como todo un Ermitaño, yo creo que si te dejas crecer la barba y el cabello un poco más tendrías el look completo-aventuró alargando las manos para pasarlas por su barba y su cabello como si estuviese midiendo su longitud más sólo apoyaba sus palabras-Bueno, no es necesario que sean tus mejores amigos o algo, pero vamos, hasta tú puedes ser agradable y caerle bien a las personas-se encogió de hombros-Si te esforzaras un poco en ser más afable y no tan…gruñón seguro que podrás-comentó palmeándole el hombro-Yo podría ser tu amigo si quieres, y cuenta de algo-rió al final sin quitarle la mirada de encima y mucho menos las manos que se deslizaban por toda su estructura.

Ahogó un suave gemido cuando sintió la lengua del castaño delinear el contorno de sus tetillas, el contraste entre la suavidad de su órgano muscular y la textura rugosa y férrea de sus pezones ante el estímulo combinado con la estimulación que estaba recibiendo en su entrepierna, todo por la misma persona y en un instante dado del tiempo lo cual comenzaba a obligarle a proferir suspiros que respondían a la excitación del momento y al placer que iniciaba el camino para extenderse por su cuerpo completamente como una corriente de electricidad que al abrirse paso hervía la sangre que recorría sus venas y arterias hasta sofocarle desde dentro hacia afuera.

Sus manos sostenían ambas nalgas con fuerza, sus dedos estaban completamente extendidos para abarcar la cantidad de piel y carne que pudiesen la cual masajeaba por segundos para otros acariciarlas con suma delicadeza, sintiendo la textura lisa de aquella y contorneando su circunferencia ante el paso de sus yemas. Unió su boca a la del castaño cuando la buscó disfrutando del choque de ambas lenguas y del intercambio de humedad y fluido que suponía un beso de aquel tipo, excitado y consistente provocando que se separase por segundos para renovar el aire en sus pulmones y luego retomándolo hasta que fue definitivo el término de aquello. Se perdió completamente en el movimiento que sucedió a continuación, a pesar de que lo veía venir eso no le restaba en lo más mínimo el placer que experimentó al sentir los labios ajenos sobre su miembro, rodeándolo y entregándose al placer al sentir la humedad de su cavidad oral inundar completamente a su pene que ya se encontraba en su máxima extensión y dureza.

Los gemidos no se hicieron esperar así como tampoco los gruñidos que intercalaba a cada momento según se presentaran como reacciones a lo vivido en aquel instante, dejando salir un suspiro de máximo placer al sentir los ágiles movimientos de su novio el cual parecía concentrado en la actividad y vaya que lo agradecía. Por su parte no profundizó ni realizó actividad complementaria ya que simplemente estaba demasiado desprovisto de cualquier pensamiento al dejarse llevar por la felación que estaba recibiendo la cual tras unos minutos de creciente fruición fue suspendida abruptamente por el escritor encontrándose con su rostro a la altura del propio donde gozó del beso y la mordida en su barbilla complementada con el agarre de una de sus nalgas.

Elevó sus manos desde el trasero de su novio recorriendo con sus dedos y ligeramente con sus uñas la piel que recubría su cuerpo ascendiendo por su cintura y luego su espalda donde pasó ambos brazos para rodearle y apegar sus cuerpos al máximo, buscando su boca en aquel instante para devorarla con una intensidad y hambre permitiéndose meter la lengua en la cavidad ajena jugando con la de este y estirando su labio inferior de vez en cuando mordiéndolo para luego lamerlo en una especie de caricia por la fuerza de sus dientes sobre este. Prosiguió con su beso húmedo e intenso mientras acariciaba la porción de piel que alcanzaba con sus manos al abrazarle hasta que luego bajó una de sus manos hasta los miembros de ambos los cuales juntó para comenzar a masturbarlos al mismo tiempo, al principio lento y dedicándose a ello retrayendo la piel que los cubría hasta adquirir velocidad subiendo y bajando con frenesí, moviendo sus piernas para propiciar una posición más fluida al tiempo que se permitía bajar de su boca hasta su cuello y morder la zona hasta hacer un camino a su clavícula lentamente. La mano libre cayó hasta su glúteo izquierdo el cual sujetó con los dedos y comenzó a masajear estirándole con algo de fuerza que variaba de intensidad en función de sus movimientos.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Jue Dic 10, 2015 5:10 pm
Se iba a quejar diciendo que el duende irlandés le hacía pensar en la película de Mark Jones, Leprechaun, y eso no era precisamente una linda comparación física, pero en lugar de interrumpirle a mitad de la frase, lo escuchó hasta el final y esbozó una enternecida sonrisa. Aceptaría eso de tener una actitud gruñona (muy cierto) sólo porque el comentario fue acompañado de una versión exageradamente atractiva también. Siempre es bueno oírlo e intentar creérselo.
Eres todo un ocurrente ¿eh?— comentó pues, negando ligeramente con la cabeza; un rasgo muy suyo, lo repetía con la manía de un disco rayado; como aquella molesta y vergonzosa obsesión que tenía de niño con la punta de los lápices.
La verdad es que la ocurrencia venía de ambos. Los dos se comportaban con demasiada confianza cuando estaban juntos, como si pudieran hacer y decir lo que les viniera en gana y nadie estuviera ahí para juzgarlos. Viktor le adoraba por eso. Le adoraba porque gracias a él su vida se había tornado más interesante, más peculiar y más impredecible de lo que pensó que llegaría a ser algún día. Finalmente empezaba a cobrar los años de risas y felicidad que se debía desde hace mucho.
No lo soy, no lo soy— trató de sonar convencido, pero una sonrisa se escapó de sus labios.
Quizá su pensamiento acabara de generalizarlo o el ataque de risa de los cientos de comentarios de antes, no sólo sobre el duende y los disfraces, sino más allá de eso, todavía estuvieran surtiendo algo de efecto en él. A Viktor le pegaba duro la risa cuando trataba de contenerla, como si en lugar de hacerla desaparecer nada más estuviera resguardándola. Era un sujeto como todos los demás. Se celaba fácil al creer que tenía motivos, al ver que lo suyo estaba tratando de ser acaparado por alguien más. Él suponía que todo eso era natural, que a cualquiera le sucedía y al que no, pues simplemente no era humano. Sin embargo, su amor por Aiden no alcanzaba la etapa enfermiza. Afortunadamente no sentía celos de Orlando Bloom, ni como elfo ni como actor, ni por su atractivo rostro ni su buen aspecto físico. Qué bueno... de lo contrario habría tenido que admitir que en realidad, ahí estaba la prueba de que sí tenía problemas y debería pasarse de nuevo por un hospital mental, pero con el título de paciente en vez de visitante. Viktor le miró de nuevo como si le advirtiera que estaba echando fuego a la herida, pero el hecho es que tal herida no existía y acabó por dar a su expresión una nota divertida, sobre todo al sentir el tacto de su caricia.
Prefiero a Viggo no sé qué, el tipo que hizo de Aragorn— remató encogiéndose de hombros, imitando la misma reacción que había ofrecido Aiden.
Por lo menos no mentía. A pesar de no decirlo nunca, tampoco, asegurando que él no sigue un patrón de preferencias en cuanto a su atracción por los hombres, la verdad es que Viktor gusta mucho del azul de los ojos que igualan un cristalino burbujeante. Da lo mismo lo que tenga o no tenga encima —mientras no sea una peluca de estilo afro— a saber por qué motivo, pero el iris de un azul siempre le ha parecido mucho más penetrante que los demás, como si al verlo durante largo tiempo fuera a descubrir algo único y fascinante.

Frunció los labios brevemente, después fingió que su objetivo no había sido escuchar lo suficiente para satisfacer el yo curioso de su interior, que más fuerte se hacía cuando se trataba de su novio.
Ya, claro— le respondió dubitativo, aunque la diversión que leyó en el rostro de Aiden fue tan natural que se le contagió.
Sonrió a su par y se hizo a la idea de que no era tan importante satisfacer su instinto curioso en ese momento; en unos minutos más a lo mejor. Venía diciéndose eso ya varias veces, pero qué más daba. Eran pequeñeces, pequeñeces de las que no hacía falta... Al diablo, lo recordaría para saber de su experiencia y preguntárselo en otro momento. O ahora, a los dos minutos.
Sólo es un trabajo como cualquier otro. Si no me robara la mitad de la vida, no podría llamarle trabajo— comentó con sinceridad y una pizca de gracia en la voz, justificándose en parte, porque era cierto que se perdía en ello como si se tratase de una droga, como si fuera adicto y no pudiera detenerse.
De hecho, según sabía, existe una manía obsesiva denominada como una trastorno para quienes escriben muchísimo, y también para aquellos que leen todavía más; él podría tener ambas azotando un rasgo débil de su salud, si de vez en cuando no prefiriera lanzarse al sofá y comer basura chatarra durante casi tres horas, en vez de ponerse a trabajar; lo cual creían todos que hacía... obviamente. Claro que esos eran días de bloqueo. Y si no se inclinaba por la tentación de fumarse un cigarro o emprender marcha con algún chocolate (que ni siquiera le gustan), necesitaba esperar con paciencia, sin el temor de no escribir nada en dos días, cinco, o hasta un par de semanas. Lo veía más como un pasatiempo entretenidísimo que un trabajo; uno del cual podía obtener decentes ingresos ahora que su suerte había tocado en una puerta grande y había sido bien recibido por el público. Para ser claros, requería de algo en lo que explotar la pequeña dosis de artista con la que había sido bendecido al nacer. No podía hacerlo con ninguna otra cosa, porque aparte de escribir, no había tema que le apasionara más para desenvolverse. Así que escribía. Leía, leía, leía y volvía a escribir. Lo hacía guardando lo bueno y tirando a la basura lo que no le convencía en absoluto. Lo hacía por gusto, por placer, porque seguía siendo libre de poner la fecha de sus vacaciones y no habría quién para decirle: Lo siento, Viktor, tendrás que escoger otra fecha. Martha, John y Mike se han ido por delante. En fin, que aún cuando no visitaba las playas de México y por lo tanto se privaba del gustazo que es tirarse como lagartija al sol, se consideraba uno de los tipos más afortunados de la tierra y encima tenía un novio impresionante, física y personalmente impresionante.
Menos mal que estoy en tu prisión— le respondió, acentuando un poco su sonrisa ladeada.


Amor, no seas avaricioso— dijo mientras apoyaba sus manos sobre las de él, deslizándose por sus propios costados al la distancia y el lugar que Aiden decidía llevarlas. Parecía prepararse para enseñarle una lección como haría un adulto con un niño, pero sólo podía mirar la cara que Aiden había puesto y ocultar una risa entre sus labios. Dios, era tan dulce... Viktor suspiró.
Está bien. Tú ganas. Todo lo que quieras que sea posible— levantó una de sus manos y enumeró el uno con el índice, luego siguió con el dedo corazón y prosiguió con lo que decía— no dañe la salud de nadie— añadió un tercer dedo al conteo— y no destruya mi integridad con actos dificilmente vergonzosos. Son las únicas tres que se me ocurren ahora, pero seguro que tu mente malevola tiene mucho más, ¿no?
Bromeaba, por supuesto. Estaba negociando por un berrinche, como si desde el principio no hubiera estado en sus planes darle exactamente todo lo que se merecía. Intentarlo, al menos, y ver siempre aquella sonrisa dibujada en su rostro, aquella buena actitud que le hacía sombra y funcionaba por ración doble alegrandole el día también a Viktor.

Levantó una ceja, entre asombrado y atónito. Probablemente estuviera en la línea que divide uno del otro, pero le miró sin siquiera sonreír. A tal punto de extrañeza, le devolvió el abrazo, pero no se le pegó la carcajada loca que su novio soltó.
¿Por qué eso?— preguntó arrugando la frente.
Al cumplir cuarenta, seguro tendría bien marcada esa línea entre las cejas. Se refería a las risas, porque parecía burlarse de él. Lo dudaba, claro, pero lo parecía. Al escucharlo, su frente fue recuperando la lisura original. No lo había pensado. Vaya, nunca se le había ocurrido verlo de un modo tan feo. La gente hacía que se oyera bien, como el hecho de tender la cama y doblar las cobijas por la mañana, que era una obligación, pero buena al fin y al cabo. Así tenía entendido que eran las del matrimonio, o las de la vida en pareja, que es lo mismo. Si tú haces esto, yo hago esto. Era como un intermcabio justo pero con gusto, como si el placer de hacerlo debiera ir de la mano con la obligación de una responsabilidad.
Vaya— repitió la reacción en su pensamiento. —Sí suena bastante vacío— concordó de buena gana.
Por esta vez le daba la razón al cien por cien de que estaba equivocado. No, peor que eso. Estaba yendose por un rumbo de trámites y cosas, y él odiaba los trámites y cosas con reglas que en realidad nadie quiere leer (lo único que posiblemente ni él quisiera leer). La idea que tenía Aiden al respecto estaba mucho mejor. Le gustaba. La adoptaría.
Claro, claro. Es muy tonto. Pero, con el riesgo de sonar tonto...—subió sus manos por la espalda del oficial y le apretó contra sí, alcanzando a disminuir la distancia hasta quedar con su nariz prácticamente unida a la del otro— Tienes la obligación de quedarte conmigo para siempre. Y esa es una norma irrompible, Teniente.

Sus labios se curvaron hacia abajo, con la expresión de quien se siente satisfecho. —Son más que suficientes— respondió, aunque no hablara del todo en serio. Escribir le costaría meses, pero ni un sólo día al que renunciar con su novio. Ya había ordenado sus prioridades, y aún cuando le costó años darse cuenta de que dejaba lo importante para después, reservándolo para la hora del descanso, por decirlo de alguna manera, Aiden había sido el detonante para lanzarlo en su cara y hacerle ver cuán equivocado se había pasado deambulando por la vida. No, de eso ya nada. El primer puesto lo tendría él; Aiden, después respirar y alimentarse, y enseguida todo lo demás. La prioridad era mantenerse vivo y sentirse como tal, así que las tres anteriores le ayudarían a estar mejor que mejor durante el resto de sus años (si tenía la suerte de que fueran años).
Así es— asintió levemente y le besó en la coronilla, cerrando un cálido abrazo alrededor de su cuerpo cuando éste se acunó hacia él, facilitando que Viktor le acercara y lo mantuviera junto a su cuerpo.

Arqueó una ceja, sonriéndose al mirarlo. —¿Qué?— preguntó risueño, más que nada porque Aiden se estaba riendo. No, qué va. Se soltaba a carcajada limpia y Viktor no entendía qué cosa tan graciosa había dicho para desatar aquello. Le observó con interés, apoyó una de sus manos en el hombro de Aiden y volvió a preguntárselo, sacudiendo un poco, como si el objetivo fuera calmar la risotada.
Venga, ¿de qué te ríes?— había dicho, y la sonrisa todavía se hallaba plasmada en su rostro, presente para cuando le escuchó y se amplió un poco más, radiante, de tal forma que parecía cubrirle el resto de la cara.
Se rió (así que de eso se trataba) y le rodeó con la mano que permanecía sobre su hombro, convirtiéndose en un hecho comprobado: no podía dejar de besarlo durante mucho tiempo, eso ya lo sabían los dos, pero tampoco podía permitirse estar muy lejos de él, ni dejar de abrazarlo cada vez que se le presentaba la oportunidad. Tratar de hacerlo sería como tratar de borrar el amor que se alimentaba dentro suyo, una misión verdaderamente imposible en comparación con la protagonizada por Tom Cruise en 1996. Viktor le quería de una manera demencial, demencial y justa. —Diría que yo a ti más, pero creo que empezaríamos una cadena— comentó.

Oh, muchas gracias. Me encanta oírte decirlo— le agradeció con un gesto sensible y por sobre todo teatral, pero desplegó las dos opciones que impedían su muerte imaginaria. Sí, se había imaginado la escena y le pareció excelente. ¿Eso estaba mal? No quería decir que estuviera loco. Sólo que tenía una nueva idea para pulir. Probablemente tan buena como la que desempeñó hacía unos meses, creando al personaje de su obra más reciente (Peter Collins) con algunos rasgos de personalidad que había extraído de Aiden. Cuando publicara la novela, a eso de Febrero, si bien le iba, le serviría de prueba para demostrar que la mitad de la población se enamora de los hombres como él y reclama por cuanta desgracia sucede a su alrededor. O mínimo les admira y sueña convertirse en su igual, decidiendo que si existen en la vida real, no deben ser muy comunes.
Se debatió en decir o no la suciedad (buena) que acababa de pasarle por la mente, pero como sucede a diario con las cosas que sería mejor no comentarlas, abrió la boca y hasta sonrió antes de pronunciar. —Bueno, que me callo con eso— comentó de buen humor y le dio un beso rápido, estrujando sus mejillas con ambas manos y emitiendo el sonido remarcado al separarse. Si bien su imaginación volaba, las ideas se revolvían en el aire y casi nunca le traían el fruto de un éxito indudable, eran como pedacitos que debías unir de poco en poco y sólo lo lograbas si no te desesperabas antes de acabar con el rompecabezas. —Pero... —casi siempre tenía un peroDudo que el agacharse sea tan poco divertido. Cuando lo hago no te quejas mucho que digamos — le dedicó una mirada traviesa y sus labios se curvaron con una sonrisa tenue; definitivamente no se refería a revisar su cabeza o incrustarse rayos X en las cuencas para examinar la función de su cerebro, aunque sin duda lo modificó de su original vulgarismo.

Si no finjo que no, dejo de ser humano... Ahh— se llevó una mano a la oreja e hizo un puchero, mirándolo con una expresión de reclamo igual de infantil que la reprimenda de Aiden. Ni le había dolido, pero eso también le haría dejar de ser humano ¿qué no?  —Te estás tomando en serio eso de convertirte en duende— dijo y sonrió un poco, pasando de ello hacia el tema que de momento era el central... que también se les acababa de ir por otro rumbo. —Oh, Dios. Dios, Dios, Dios. El arma— levantó las cejas con asombro y asintió varias veces, hasta que finalmente, resopló agachando la cabeza y se la cubrió con las manos, echándose a reír a carcajadas.

¡No!— exclamó sonriendo, con el tono bajo y afable de quien reconoce que se han malinterpretado sus palabras. Y de qué forma. —No, no. No quería decir que... Me refería a todo lo demás, lo complicado que fue algo tan sencillo como estar juntos. No, hombre, tú eres fantástico. Y divertido. Jamás me había reído tanto con alguien, apuesto mi pierna izquierda a que no— le aseguró mirándolo, pero con el fruncir de sus labios se ponía difícil no reírse; aunque hablara con sinceridad— Mi pierna izquierda es la buena, la otra sufrió secuelas hace tiempo— añadió enseguida, divertido, a pesar de decirlo en serio y dando a entender la importancia de apostar la parte buena que lo sostenía correctamente en pie y no le molestaba durante el Invierno.
Pero si me río todo el tiempo. Soy malísimo para fingir una broma. La arruino al minuto, al minuto ya me estoy riendo— comentó, porque con eso no podía engañar a nadie. Sin embargo, allí sí que había funcionado bien. Ellos se pasaban riendo casi todo el tiempo, así que ni idea de cómo dividir los espacios y darse cuenta de que la risa no le venía aparte de otra cosa. Le paró el dedo y sujetó su mano para acercarse a los labios de Aiden, pero no lo besó. Se detuvo ante sus labios, y luego le dio un beso en la punta de la nariz.
Eres un exagerado— mencionó divertido, pensando que ni tanto.  —Hasta me afeitaré, ya verás. Sólo promete que pensaras en mi propuesta de irnos a vivir apartados del mundo, en el bosque o cosa así— añadió sonriendo; ésta no podía pasar desapercibida como una broma, pero Viktor lo dejó por la paz.  Le miró a la cara y aplastó los labios por un momento, luego negó con la cabeza y se echó a reír. —Les caigo bien, amor. Y sí tengo amigos, aunque agradezco la dulce y burlona oferta— sonrió con cierta gracia, porque los contaba con los dedos de una mano— Al menos tengo algunos. Me llevo bien hasta con el anciano que recibe mis paquetes cuando no estoy en casa, pero ya sabes, eso de incrementar el grupo de amigos habituales o dejar de ser un tanto... selectivo, no gruñón, algunas veces... bueno, me hace sentir que no podré repartir mis horas y dedicar el tiempo que cada uno se merece. Llámame anticuado por eso, pero sigo quedando con los mismos tres sujetos que conocí de cuarto a séptimo en la básica..
Y el cuarto, el Frankenstein, que en realidad surgió apodarlo así por el monstruo y no por el doctor. Él vivía a cinco calles en el cruce de la estación de gasolina en la comunidad belga donde también vivía Viktor, hacía muchísimos años. Casi no se veían ahora, pero vamos, que tener menos de ocho cuando dejaron de verse y seguir en contacto hasta casi los treinta, es como una especie de milagro social. Antes no existía facebook, y si existía una cosa semejante, los niños no las usaban. A veces Frankenstein les acompañaba (a Viktor y los otros tres, los del colegio) a la zona de caza en donde el padre de Viktor trató de enseñarle a disparar un arma y él lloró sacudiéndose porque no quería volarle los sesos al pobre venado. Casi nunca cazaban (sólo dos, y el castaño no se contaba entre ellos), pero bebían mucho y hablaban todavía más, poniéndose al tanto de lo que hubiera ocurrido en el transcurso de los meses en que trabajosamente se encontraban al teléfono. Así funcionaba él.

Entre los dos había un encuentro de lenguas y dientes, besos y suaves mordiscos que generaban un calor espectacular. Viktor acariciaba su cuerpo con dedicación, sintiéndolo cobrar parte en el placer que experimentaba ante los movimientos de éste por su tacto. Le resbaló la lengua verticalmente y rodeó su punta entre los labios, succionando despacio, como si fuera el final de algo que apenas si había empezado. Se apartó de él, le acarició el costado con la palma de la mano extendida y atrajo su pierna con la otra, envolviéndolo hasta quedar su rostro frente al ajeno, su nariz rozando la de Aiden con un leve brillo de sudor. Era increíble cuán rápido podían pasarse los minutos mientras se hallaban en una situación como esa, con su organismo latiendo al mil por hora, con la excitación puesta en el límite y el deseo acompañándole con lealtad. Pero todavía no, se había dicho Viktor. No acabaría tan rápido, porque tenían todo el día. Era su lugar, su espacio, su libre albedrío, si se antojaba decirle de ese modo.

Viktor se acercó a su boca y lo besó con suavidad, contorneando simplemente la forma de sus labios y uniéndolos con los propios. Podía sentir la mano de Aiden deslizándose por su muslo, guiándose por nalga derecha y continuando hacia su cintura, pero ya no estaba seguro si el ardor que sentía provenía de aquella mano o de su propia piel, del calor que emanaba al sentirlo y reafirmaba su excitación. La tenía endurecida entre las piernas, y ni siquiera había tenido necesidad de que volviera a tocarlo. El hecho de sentirlo, de poner sus manos sobre el cuerpo de Aiden y escuchar el gemir romper la abertura de sus labios, le había mantenido en posición.  

Su beso, hambriento y ávido se mezcló con el ir y venir de un nuevo agite en su respiración. Viktor no pudo contener un gemido cuando los dedos de Aiden descendieron rozando su abdomen y le rodearon el pene, abarcando su grosor en conjunto con el propio. Se encorvó a medias y volvió a besarle, sintiendo que la electricidad que había experimentado antes, mientras la lengua de su novio recorría su miembro con firme y vehemente solidaridad a su placer, regresaba a apoderarse del momento.

Jadeó contra su boca y le acarició la cintura, atraiéndolo y pegando más su cuerpo al del rubio con una necesidad desconocida, pero sumamente apremiante. Sujetaba su nalga, la izquierda, y apretaba seguidas veces mientras la acariciaba de forma circular, estrujando y suavizando el agarre mientras las contracciones que sentía respondían por todos los medios posibles. Le besaba, acariciando sus labios con la lengua, enredado esta misma entre la cavidad contraria y llenándose de su sabor, del sentir que provocaban los labios de Aiden sobre su cuerpo, y de cómo gustaba aquel sabor en su hombro cuando se inclinaba a besarlo, deslizando su boca por su pecho, por su cuello y nuevamente a concluir algunos minutos en su boca, respirando con dificultad y resistiéndose un poco al exquisito placer que sentía, pero que bien entendía su funcionamiento para controlarlo y prolongar la pasión que se alzaba entre los dos.

Su cuerpo se tensó con fuerza y Viktor metió un tanto más la rodilla entre las piernas de Aiden, sin alcanzar siquiera rozar de lejos sus testículos, pero bien ladeándose con un movimiento sutil, acariciando la abertura de sus nalgas con la mano que no sostenía y se hundía entre las hebras de su cabello, mientras le besaba una y otra vez, como si necesitara de un control a mano ajena para ponerle pausa a sus acciones; sin que tuviese que intervenir su necesidad de recuperar el aliento. Mordió el labio inferior de Aiden y tiró de él con delicadeza, luego regresó a su boca, se estampó con sus dientes al besarlo y ni le importó, siguió acariciando su piel, recorriendo sus manos por la fortalecida figura de su novio y aferrándose a ella mientras la errática sensación que iniciaba en su miembro se extendía como una ráfaga de absoluto placer.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Dic 16, 2015 1:30 pm
-Eso es lo que dicen-se encogió de hombros divertido mirándole, no tenía problema alguno con hacer comparaciones ridículas o proferir palabras que podrían carecer de sentido sin embargo eso no las hacía menos válidas a la hora de bromear con el castaño. Le miró por varios minutos tan sólo dedicándose a contemplar su rostro, los ángulos que este poseía y que le daban a su perfil una imagen pulcra y marmoleada, como cincelada por un habilidoso escultor en sus mejores días, tal obra de arte para la exposición de una recién inaugurada galería donde se daría a conocer al público-Por supuesto que no-el sarcasmo se notó al instante pero nunca se vería en su rostro una tensión que sugiriese una mala forma.

Le escuchó y rodó los ojos divertido-Mortensen-complementó su frase mientras se cruzaba de brazos adoptando la típica posición de siempre, altiva y tensa como solía presentarse a los demás, a pesar de la rigidez de la misma Aiden no se sentía incómodo sino que al contrario era una forma quizás un tanto brusca de mostrarse relajado, más para él funcionaba.

-Todo llega para quién sabe esperar, ¿Así va?-comentó mirándole con expresión divertida aún, con notas de una ligera maldad que se guardaba al no darle en el gusto al escritor lo cual tenía muy claro que lo dejaría con una gran duda, y como no, si un sujeto como él que solía ser ampliamente versado en demasía no podría quedarse tranquilo frente a una interrogante que se le plantease y de igual forma pasaría con algo tan ínfimo cuando el rubio enfatizaba más de lo necesario. Le miró y enarcó una ceja pero de una forma que no resultaba atractiva del todo-Es una…extraña forma de ver las cosas, pero que va, no podría esperar menos de ti-agregó con un leve suspiro, quizás no eran sus palabras del todo sino la entonación que había utilizado la que le había parecido ligeramente alejada de la comodidad propia de lo que la realidad significaba para él, tentado a no aceptar algo que suponía era común en los demás.

Sonrió por sus palabras al instante que estas terminaron, no se permitió ninguna emoción que la dicha por algo tan simple, aún así el hecho de involucrarse a ambos en alguna actividad siempre sería gustoso para el Teniente-No me gusta presumir, pero es una de las mejores para estar-dijo bromeando, instintivamente se le vino a la cabeza la idea de ver al castaño tras los barrotes que componían las celdas de una prisión sin embargo eso era nada más que un pequeño escape de sus pensamientos más alocados y claramente inoportunos.

Una chispa incandescente explotó en su rostro para darle un tono carmín a sus mejillas y tornar las comisuras de sus labios en una curva en forma de U lo cual en su conjunto conformaba una expresión de triunfo y felicidad, y cómo no si se había salido con lo suyo-Viste, ¿Qué hay de malo con consentir a tu novio un poco, sólo un poco-, agregó mientras le sujetaba con más fuerza de los costados guiando las manos de este por su propio cuerpo, con una persistente sonrisa traviesa. Todo terminó cuando le escuchó proseguir ya que le había interrumpido antes del inesperado conteo, su ceño se frunció por sus palabras y la máscara de victoria no era más que añicos-Que pésima imagen tienes de mi-le quitó las manos del costado y las devolvió hasta sus propios costados-Pero si insistes, ya te mostraré de lo que es capaz mi mente malévola-dijo más con tono amenazador que cualquier otra cosa, aún en el falso perfil de alguien que estaba molesto.

Adoró el momento en que pudo apreciar la confusión en su rostro a tal punto de casi volverse tangible para él, ver a su novio en aquel estado suponía una nueva victoria para Aiden el cual se había propuesto –internamente claro- la ardua tarea de ayudarle a soltarse un poco y salir de su habitual estado de celeridad y poca maleabilidad. –Me alegra lo entiendas-agregó sonriendo y elevando un dedo para golpear su nariz, un gesto suave pero que aún podía producir una ínfima sensación de dolor-A no ser que quieras tener una relación estricta y normada, de ser así te aconsejo ir por un robot que sea tu novio, algo así como un Robonovio, Novot, lo que sea-movió la mano en forma ondulada para dar la imagen de quitarle importancia, el nombre sería lo de menos más quería llegar a un punto. Rió por cómo le atraía pero claramente no habría resistencia de su parte sino que al contrario fomentaría aquella atracción con todo su ser, sentía su nariz batallar contra la ajena por el espacio más no le importó cuando podía disfrutar de su cercanía-¿Ah sí?-dijo con sorpresa como si fuese algo de lo más alocado para él, le miró por algunos segundos en silencio como si estuviese considerando sus palabras para bajar sus manos hacia la cintura de este y sujetarle con fuerza, apegándole a su cuerpo si es que había posibilidad de más-Suena tonto, pero, ¿Quién soy para juzgarlo?-dijo bromeando antes de ponerse serio-Aunque no fuese una norma tampoco sería una opción, atractivo Ciudadano-agregó haciendo gala de profesión y aprovechándose de la cercanía para buscar sus labios dejando un suave y corto beso que provocó un chasquido al separarse-Siempre contigo-afirmó tras separarse mirándole los ojos intensamente.

-Está bien, no olvides avisarme si necesitas más, no podría perdonarme el molestarte en tu trabajo-comentó con una ligera facilidad y el asomo de una broma, si, estaba quizás aprovechándose la situación pero en ningún momento el rubio podría estar diezmando el trabajo del castaño el cual sabía de sobra que era lo más importante para él y eso lo convertía instantáneamente en una prioridad para el Teniente. Ambos tenían vidas y profesiones totalmente contrarias y que al estar juntos constituían el cliché de que los opuestos se atraían más aquella teoría o pensamiento –como fuese que era considerado por el común de las personas- nunca consideraba que atraerse era una parte pero ellos se complementaban demasiado bien a pesar de sus diferencias lo cual hacía todo más soportable y evidentemente mejor, compañeros en una realidad que ambos comenzaban a moldear en pro de su felicidad, por eso, el Teniente apoyaría  a su novio y claramente fomentaría cualquier evento, razón o aspecto que pudiese hacerle feliz.

Se calmó tan rápido como su propio cuerpo se lo permitió, la risa había brotado desde lo más hondo en su interior por lo cual no podía forzar una abrupta seriedad de la nada, simplemente se dejaba inundar por aquello y dejarlo ir cuando se sintiese listo, claro está también ayudó el agitado movimiento que el castaño hizo sobre él lo cual le significó respirar hondamente insuflando sus pulmones y provocando la distensión de su caja torácica-De nada, de nada amor-dijo ya pasando a un estado más sereno y lejano de la euforia la cual parece que se había contagiado a su novio como una especie de plaga más eso no le importaría cuando ambos lo estaban pasando de maravilla, por su parte ya estaba en completa claridad mental y emocional que le permitió disfrutar de su cercanía. –Y no queremos involucrarnos en ello, ¿Cierto?-dijo divertido mirándole con cierta travesura puesto que tenía tan claro como el castaño que eso sería una suerte de espiral interminable.

-Y a mí decirlo, ¿No es genial?-agregó con una risa burbujeante, ignorando la teatralidad que este pudiese estar trayendo a la conversación en aquel instante. No perdía oportunidad alguna de poder bromear con el escritor, hacerle ver que estaba equivocado cuando no lo estaba o que simplemente decía cosas que no tenían sentido cuando ni siquiera él mismo era capaz de conjurarlo en una situación en particular –y que posiblemente le hacía ver peor de lo que pensaba frente a este-. Pensó que la situación en aquel instante estaba concluida más por las palabras y el énfasis del contrario se dio cuenta de que había asumido demasiado rápido, el “pero” era siempre el sable que su novio blandía en cualquier momento, imposible de dejarlo descansar y traerlo a la conversación-Hey…-dijo con un fruncida molestia-Eso no es justo, lo sabes-agregó antes de romper su expresión y adoptar la traviesa mirada que este mismo le dedicó, por algunos segundos la sostuvo y luego rió-Eres imposible-concluyó aún con diversión.

Entornó los ojos por lo que decía, suspirando con fuerza-También lo es divertirse y no parecer un ermitaño, ¿Sabes?-le espetó picando su pecho, el castaño creía que aquel argumento le sería de ayuda sin embargo si Aiden tuviese que pensar en un ejemplo de ello él no sería precisamente un candidato. Le miró reírse en su rostro lo que provocó que le tomara de las manos para obligarle a levantar el rostro y mirarle, enarcó una ceja-Estás citando al Señor en vano demasiado, ¿No crees?-siguió con su gesto-A ver si te reirás cuando use mi arma contigo-lo dijo con doble sentido sin embargo podía interpretarse al menos de dos formas totalmente poco comparables y muy contrarias, en cuanto a la moral, claro está.

Se mostraba ofendido ante sus palabras, suponía que como escritor estas debían de dárseles con facilidad y tener la habilidad de emplear las adecuadas en cada momento, algo de lo cual el común de los seres humanos carecía tal como él-No lo dijiste de esa forma-se encogió de hombros-Oh, ahora aparte de gruñón soy un payaso, qué halagos amor-dijo la última palabra con cierto tono el cual respondía al hecho de si su novio pensaba de esa forma no quería saber lo que los demás tenían para decir. No le dio mucha importancia a la pierna puesto que no decidía aún si estar ligeramente divertido o de paso adoptar una expresión más seria, aunque si se tomaba un par de segundos –y lo estaba haciendo- se comportaba como un niño pequeño por lo cual simplemente bufó dejando salir el aire que contenía en su pecho desde hace un tiempo.

-¡Pero cuando te ríes parece que fuese con sarcasmo!-agregó en su defensa, mirándole con algo de diversión y jovialidad-Aún tienes esa capacidad de confundirme que…Dios, sabe cuánto me vuelve loco, en ambos sentidos-terminó riendo. Se quedó tranquilo esperando el ansiado contacto entre sus labios sin embargo este nunca llegó, al contrario su nariz fue la elegida para recibir aquella caricia que si bien era agradable no alcanzaba a compararse con la que él quería, la que necesitaba.

-Así me conociste, ahora no te quejes-alzó un hombro restándole importancia. –Está bien, lo prometo-confirmó mirándole, no podía tener la certeza de si hablaba en serio o no, pero de las formas se comprometía a ello, era lo menos que podía hacer-Igual, piensa, podríamos vivir en el Bosque, mientras tú haces lo que sea que quieras hacer yo puedo cortar madera y llevarla a casa, como todo un leñador, hacer cosas de hombres duros, ya sabes-agregó sonriendo pero más riendo, se imaginó a si mismo con la apariencia típica de aquellos que llevaban unos jeans y con el torso al desnudo cargando el hacha y troncos mientras hacían gala de la fuerza que sus músculos les proveían.

-Pensé que era el único que te aguantaba-agregó con un tono serio que no duró más de unos ínfimos segundos, cambiando su semblante por uno agradable pero igual reforzándolo al colocar cada mano en los brazos de este acariciándolos suavemente-Sabes que bromeo, ¿Ves lo mal que se escucha decir eso?-le preguntó-Sobre todo cuando no es verdad, eres increíble amor, no me sorprende que puedas tener amigos, de verdad-agregó contradiciéndose con sus palabras iniciales, sin embargo ahora estaba hablando en serio puesto que lo creía firmemente. Se encogió de hombros, no tenía cómo refutar sus palabras o decirle que no le parecía lo que decía, después de todo cada uno hacía gala de una única forma de actuar-Para nada, yo sólo hacía un comentario al azar amor-le miró y luego alzó la mano para hacer un movimiento con ella que se podía traducir como el de quitarle importancia-A lo mejor podrías presentarme a ellos, si te parece una buena idea, claro-tuvo aquella idea de la nada, sin embargo si él los consideraba sus amigos no había nada que más le interesara que conocer a las personas que eran parte de la vida de él, en primera lugar estaba su familia, claro.

El frenesí propio de la situación en la que se encontraba le inundaba completamente orillándolo a un estado primitivo de su ser, donde tan sólo le importaba dejar caer caricias en el cuerpo ajeno y transmitirle a través del contacto físico lo que sentía por él, a pesar de tratarse de una situación que involucraba a sus cuerpos desnudos Aiden en cada gesto, hasta el más ínfimo estaba involucrado con los sentimientos que tenía por su novio por lo cual no era de sorprender que no midiese la intensidad de sus movimientos y actos. Le observó al tenerle de frente estirando su boca para alcanzar la de este sellando sus labios en un beso que fue más sereno que los anteriores más la intensidad seguía allí, se separó más tarde simplemente para jadear ya que aún estaba sometido a la agitación propia de los anteriores minutos.

Sintió sus labios caer nuevamente sobre los suyos apegándose sobre estos y devolviéndole la caricia mientras su mano se movía de su nalga hacia su cintura. La diestra aún persistía sobre ambos miembros estirándolos y ocupándose de ellos con movimientos rítmicos intensos hasta que desistió liberándolos, podía sentir el calor envolver su pene debido a la fricción de su mano y al choque mismo con el de aparato de su novio. Descansó algunos segundos mientras se dedicaba a recibir y entregar a cambio besos y mordidas por el cuerpo del escritor moviendo sus piernas para ajustarse a las de este y claramente rozar su miembro en el acto, deslizando la base del propio por la de este disfrutando de la sensación.

Nuevamente retomó el movimiento que los involucraba a ambos alzando su mano y luego descendiéndola por los troncos que sujetaba dejando la piel hasta el borde máximo que se podía dedicándose a subir hasta que retomase su normal anatomía al tiempo que se perdía entre los besos, el juego de sus lenguas y el constante escrutinio de su cavidad oral que se tomaba como un proyecto personal digno de investigar hasta el menor componente.

No tenía prisa alguna y eso lo demostraba al disfrutar de cada segundo que tenían juntos, después de todo era la primera vez desde hace mucho tiempo que se tenían el uno al otro y demostrarse cuánto se habían extrañado ahora se volvía un acto físico, disfrutar de él era lo único que tenía en mente además de no dejarle ir en ningún momento, claro está. Sintió el choque de sus dientes más no le atribuyó importancia alguna ya que era lo de menos cuando se entregaba al placer aferrándose a sus impulsos que tan sólo pedían a gritos poner en práctica todo lo que durante el día estuvieron conteniendo y que ahora podían dejar fluir como una vertiente, libre y sin la menor preocupación. Dejó nuevamente de masturbarlos a ambos sintiendo la palma de su mano arder aún así eso no le evitó orientarla al mismo tiempo que la otra hacia sus nalgas que sujetó con fuerza masajeando y estirándolas en un juego meramente provocativo. Su boca buscaba la ajena para unirse a esta y orientarla en distintos ángulos ajustándose a los movimientos poco coordinados de ambos pero suficientes para permitirles degustar del sabor de sus cavidades mezclada con la propia humedad que estas poseían y por el constante intercambio.

Se permitió separarse y dejar sus manos en las caderas de su novio para mirarle durante algunos segundos en los que no hizo nada más que acariciarle y observarle, podría estar frenando levemente el momento de pasión sin embargo no duró más de lo que consideró estrictamente necesario tomándole de la cintura para apegarse al máximo fundiendo ambas pieles en una sola, el contraste entre sus poros y la textura de la misma mientras pasaba sus manos desde la espalda de este lentamente dedicándose a ello hasta llegar a sus glúteos que estiró acariciando los bordes y el surco que le permitía acceder a su entrada, todo esto pasando la lengua por su cuello suavemente.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Sáb Dic 19, 2015 4:18 pm
Mortensen— repitió con la intención de recordarlo para la próxima vez. Tenía una memoria buena, demasiado buena, en realidad. Pero cosas así se perdían entre el resto de la información, uniéndose nada más oírlas y empezar a compararlas, como en este caso, con la muerte pronunciada en latín. Una de las poquísimas palabras que se sabía. Así quizá la almacenara para quedarse durante una buena temporada, a saber. —Pues ése— añadió luego, por si sobrara alguna duda, y le sonrió. De alguna forma, se acababa de dar cuenta de lo mucho que le gustaban los sujetos rubios y de ojos azules. Sonaba muy cotidiano, un gusto supuestamente general, pero no, lo suyo era cosa diferente, y no por nada había y terminado enamorándose de un hombre que poseía ambas características.

Sí, sí. Así va— afirmó con un asentimiento, sonriendo. Sin embargo, aunque se lo sabía y había escuchado un montón de iguales, él nunca había hecho mucho caso a eso de ser paciente. Quería algo y trataba de conseguirlo, punto. Viktor se desesperaba fácil, hasta en sus mejores momentos debía tajar el asunto y ponerlo en orden antes de continuar con el siguiente. Si no lo hacía, se le quedaba en la cabeza. Se orillaba un poco nada más para surgir a toda potencia cuando menos oportuno fuera, taladrando su curiosidad con tal de echarlo al área limpia, la que ya no podía decirse pendiente. —Pero la verdad es que yo no me lo creo mucho. Le voy más a cualquier otro que diga lo contrario— comentó divertido, sin ocurrírsele ninguno que pudiera usar de apoyo. A lo mejor no existían, aunque seguro sí. Hay de todo y para todos, el que no profese al menos uno debe ser porque está muerto. Siguió escarbando para dar con uno bueno, pero nada. —¿Sólo dijiste todo eso para dejarme con la duda?— levantó una ceja. Tonto él si no se hubiera dado cuenta, con todas las señales, pero fue su forma disimulada de volver al ruedo y escuchar finalmente su respuesta si es que se la daba, la de verdad, sin el esfuerzo bastante bueno de evadirlo para darle pique.

Puede— se encogió de hombros y curvó los labios en media luna, hacia abajo, como para indicar que lo aceptaba. Total, difícil es cambiar la opinión que has tenido por años. Y en cuanto a la suya, estaba ya muy marcada por el tiempo. Se basaba en lo que veía, lo que escuchaba y lo que era evidente. La gente se pierde de muchísimo con el trabajo, sea cual sea. Todos te quitan la mitad del tiempo que te queda libre mientras no estás durmiendo. Es cierto, aunque parezca mentira. Seguramente por esa misma razón piden tanto que te guste lo que haces. Podrían llover puercos y te los perderías por estar enfrascado en tus labores. Viktor, de hecho, se perdería hasta cien de esas lluvias seguidas, porque él no sólo trabajaba, él se desaparecía del mundo y cerraba oídos a todo lo demás.
Oh, no necesitas convencerme. Ya estoy seguro de eso— respondió limitándose con un gesto de agrado y simpatía por el tema al que había partido la conversación. Estar con Aiden se sentía muy lejos de ser una prisión, pero el término no estaba mal tratándose de una broma. Viktor disfrutaba de cada minuto que pasaban juntos, y además, no resguardaba ninguna duda de haber tomado la decisión correcta con él. Le quería en serio, pero también se sentía seguro a su lado y se lo pasaba excelente en su compañía.

Un poco, un poco... Pero si tú lo quieres todo. Mira que me quieres dejar vacío o algo— bromeó, sonriéndole y frotando ligeramente donde sus manos complementaban el abrazo. Bueno, nada de malo tenía el sospechar de algo que también Viktor estaría dispuesto a hacer. No lo iba a negar, si se le presentara la oportunidad y no fuese tan mala, ni cerca de pasarse de la famosa línea, claro que lo haría. Le gustaba molestarlo, por diversión, por gusto, por la reacción que se tenía justo después, cuando venía el momento de la merecida disculpa y la cariñosa reconciliación.
La expresión de su rostro debió mostrar un matiz sorprendido, porque a pesar de todo, no esperaba el repentino rechazo. ¿Quién se aleja de un abrazo así? Las manos se le habían quedado vacías, y aunque, mientras captaba la idea y cerraba la boca, que también se le quedó un poco abierta con la primera impresión, las dejó suspendidas en el aire para ver si volvía (no pasó), terminó por bajarlas deslizándolas por sus costados y frunció los labios con un gesto de tristeza. Si Aiden estaba enojado, entonces él se pondría de llorón. Ni que hubiera pateado a su perro o algo. —Ay, Aiden, pero si estaba... — se calló al pensar en la palabra que estaba a punto de usar. No, no era precisamente una broma, así que no estaba haciendo el payaso. —Estaba exagerando... Cómicamente— pues, al menos, sonaba más adecuado y realista. Lo miró con los labios fruncidos, otra vez, y ladeó el rostro para hacerse de un mejor ángulo mientras se cruzaba de brazos. Eso era lo más cercano a estar lejos de Aiden en las últimas tres o cuatro horas, más o menos. Y aunque era bastante poco y no se sentía como la última fase mala, ni siquiera en una ligera medida, fue extraño. —No creo que seas malévolo... Todo el tiempo— añadió, lamentándose no poder dejar el comentario a la mitad. Ah, pero prometió no decir mentiras y hablaría con la verdad, incluso con los detallitos. —Pero nada, ve cómo me haces rogar— se supone que en ese punto la reacción ya debería ser un beso o cosa así, para su gusto, claro. De cualquier forma, por si fuera suertudo o no, él acortó la distancia y lo rodeó con los brazos, rozando su barbilla con la propia cuando intentó ponerse cara a cara. —Aparte... ¿no te parece que malévolo suena hasta bonito? Malévolo, malévolo, malévolo— vocalizó frente a él, tratando de no reírse porque, si lo hacía, al demonio con todo. De por sí es un desastre para las disculpas y todo lo demás, ni hablar si estuvieran discutiendo algo realmente serio.

Puso una mueca, negó de inmediato y se echó a reír. El único robot que necesitaba todavía no se había inventado, pero definitivamente no ocupaba el puesto de novio. Ese, de hecho, nadie lo había ocupado de verdad. Nadie hasta Aiden. Inclusive parecía raro. Enlazarse, ligarse o comprometerse con otra persona, era una de las pocas cosas que de verdad no pensaba hacer. Hacía apenas unos años que decía eso. Aseguraba que la soltería le sentaba para dar brincos, pero luego de probar la diferencia, después de saber lo que se sentía estar con alguien así y ponerle empeño, no le apetecía nada regresar a lo de antes. Ahora sí que estaba para dar brincos y hasta un salto mortal.

Le sonrió poniendo una cara a la que bien podría atribuirse un diálogo. Sabes de qué hablo, decía. Y sí, lo sabía. Ambos estaban en el mismo sendero, con la misma conexión y un objetivo idéntico. Sin embargo, Viktor no se cansaría de escucharlo. Era como sacudir un boleto de seguro feliz delante de tus ojos, y alcanzarlo antes de que se te escapara por el aire. No podía verlo de otra manera. Ese sentimiento, conjunto a muchos otros más, había empezado a dominarlo. Era una sensación inmensa, que te enganchaba como si tuviera poder propio. A punto estuvo de inclinarse y besarlo, pero al final le ganó la risa. A cada momento hallaban otra manera distinta de bromear, daba igual quién fuese a por ello, las ocurrencias no les faltaban ni por un minuto. Aún con una sonrisa entre los labios, Viktor le miró a los ojos y cerró sus dedos por detrás de la espalda de Aiden, inclinándose apenas unos centímetros para dar con su boca y recibir su beso con un gusto suave, de esos cortos que parecen derrochar una ternura inexplicable. —Siempre— respondió él, sin pensarlo, tan convencido como raras veces, como uno cuando ni siquiera se toma la molestia de meditar porque de algún modo, diferente y hasta soñador, está seguro de que lo sabe.

Habría querido unir el pulgar con el índice alzando los otros tres dedos como si fueran soldados, pero no le dio tiempo. —Lo haré, mi vida. No te apures, que te molestaré con eso y un montón de cosas más— dijo, pareciendo que lo decía bromeando, pero la verdad es que no. Si estarían juntos, Aiden ya podía contarse como su as bajo la manga, su carta oculta y hasta su mentada pata de conejo pata la suerte. Era, digamos, que su nueva batería de inspiración. A veces no se entiende, hay que estar en los zapatos para hacerlo, pero a Viktor le encendía la bombilla de la creatividad el simple hecho de estar de buen humor. Los meses anteriores y durante una cantidad absurda de tiempo que también sufrió en el pasado, su mente estaba en blanco. Las ideas secas. Y el supuesto suicidio de su protagonista adolescente relegado a tonterías y falsas pistas al azar, lo cual, sin lugar a dudas, se traducía como un bloqueo en segundo grado. El primero se daba cuando definitivamente no podía escribir ni una línea de corrido, y había pensado que le sucedería pronto, pero, pues nada, catacrac y volvería a lo suyo, apostaba a que se le daría como llovizna ahora que su vida y su cabeza marchaban con armonía. ¿Y a quién se lo debía?

Se tentó a decir: no, porque de hecho, soy yo quien te ama más. Pero no, peligro de que la cadena empezara y se siguiera hasta el año próximo. Además, si uno llegase a ganar con ello, Viktor sabía bien que ese alguien sería Aiden. Él se rendiría cuando lo viera hacer el puchero sensible, la debilidad que le rompía y le aplastaba los esquemas. —Creo que no— le respondió, entre que lo pensaba—. Llegaríamos a ancianos estando en eso— añadió divertido; porque aún con la exageración que le ponía, bien sabido tenía de lo competitivos que eran ambos. Ni el uno ni el otro parecían querer quedarse con la penúltima palabra, sino con la del final. La que iba justo detrás del punto. Pero en cuanto a eso, hablando sobre lo mucho que se querían, vaya, eso como mínimo debería estar duplicándolo.

Asintió con la cabeza, aunque el gesto sobrara. —Lo es, es magnífico— dijo a su vez, esbozando una sonrisa que lo aseguraba todavía más, como si fuera la milésima prueba existencial de que había tenido mucha suerte con él. Que seguía teniéndola. Levantó las manos en dirección al cielo y luego las dejó caer. —Ah, no, yo no dije que lo fuera— respondió con fingida inocencia, pero la sonrisa no se le borró del rostro, y cuando le escuchó concluir, sin necesidad de decir nada más al respecto (vamos, que eso que Viktor decía aplicaba para ambos), le sostuvo por la cintura con un gesto protector y al mismo tiempo cariñoso.

Viktor puso los ojos en blanco, se rascó la oreja y le miró con los labios apretados, como esperando a oír una especie de sermón. La verdad es que no le molestaba, le agradaba saber que a su novio le preocupase que se convirtiera en un ermitaño de verdad; que se creciera el cabello a las rodillas y la barba al pecho y encima dejara de bañarse, a lo mejor; eso explicaría el miedo de todo. Hasta admitía que su vida en una encuesta estaría catalogada como una de las más antisociales dentro de una de las ciudades más sociales y divertidas del mundo, pero es que él así era. Así era y no le apetecía mucho cambiar su perspectiva. Le gustaba tal y como estaba, tal vez porque nunca había sido un sujeto de fiesta, alcohol y carcajadas a la vez. O mínimo no la primera. Tenía otras formas de entretenerse, más simples pero igual de anti-productivas. Y tenía amigos, claro que sí. En su mayoría se informaban de que seguían vivos por teléfono y quedaban de verse casi tan a menudo como el año bisiesto, pero de que lo hacía, pues lo hacían. Con respecto a lo otro... no tenía gran cosa para contar, ni le interesaban los ambientes en los que la mayoría gustaba moverse. Era como un pez fuera del agua cuando se ponía a intentarlo.

¿Se supone que es una propuesta para que deje de serlo?— enarcó una ceja, con una media sonrisa apenas visible— Porque no sabría dónde empezar, a lo mejor haciéndome una cuenta de facebook— comentó como si estuviera cuestionando. Esa era otra parte de su ermitañismo que sí admitía. No usaba redes sociales. Y excepto por la google play y su ahora adicción por Siri, otro robot que sí le gustaba y al que le encantaba darle uso para solucionar sus problemas de ubicación y demás, tampoco sabía de ninguna otra aplicación donde la gente se comunicara. En fin, que le parecía raro y un poco inservible. ¿Se entendían escribiendo así nada más? Lo dudaba. No podrías oír el tono con que te lo decían. Y si no podías hacer eso por ahora, seguiría pensando lo mismo mientras no ganaran todos habilidades telepáticas; aunque claro, teniéndolas para qué inventar redes sociales y teléfonos.

Se calmó exhalando aire para impedir que salieran las carcajadas, las cuales ya había empezado a descender y desaparecían con una sonrisa ligera. —Depende. ¿De qué arma estamos hablando?— preguntó con simpatía unos minutos después, en lugar de centrarse por su nombramiento del Señor en vano. Habría dicho alguna tontería, como que, si al Señor le molestara escucharlo tanto, se lo diría o algo parecido; haciendo que se estampara en un poste o que le cayera una popo de ave del cielo o empezara a llover y le atinara con un rayo. Pero nada. Mejor guardarse los chistes malos para sí mismo. Sobre todo en cuanto a eso. La mayoría tiene una forma de pensar muy distinta, Viktor ni se diga, y aunque él creía (le gustaba creer) en el ser todo poderoso que les hubiera creado, dudaba que en todo caso fuera exactamente como se lo pintaban en las parroquias. Desde joven lo había pensado. ¿Por qué si estaba lleno de amor y misericordiosa justicia, tendría que estar enojado a cada rato? Su explicación, para acortarlo fácil, fue que hasta al Señor lo había transformado el retorcido pensamiento de la gente conforme le convenía. ¿Por qué entonces no hacerlo con gracia y hasta un poco de humorcillo extraño del que todos poseen de menos una pizca?

Te esfuerzas en ver mal todo lo que digo. No entiendo— negó con la cabeza y le alcanzó la mano para envolverla con la suya, entrelazando sus dedos— Yo que intento demostrar lo bien que es estar contigo y todo eso— todo eso, que forma más sencilla de reunirse un montón de cosas difíciles de explicar— intentando decir que es bueno que me hagas reír, porque es bueno reírse, y no malo. Y tú que te autodenominas payaso— sonrió sin poder evitarlo. Claro que le hacía gracia, aún más por la actitud repentinamente emberrinchada de Aiden. — Te encanta hacerlo ¿no? Parece que lo hagas a propósito— dijo luego, entre divertido y extrañado, porque a lo mejor tampoco podía frenar el pensarlo así. —Ya mejor no diré nada de nada— anunció, aunque por supuesto que mentía. En primer lugar, significaría ignorarlo; y él no podría ni querría hacer eso. Y en segundo, Viktor raras veces tenía la capacidad controlada de cerrar la boca durante mucho tiempo.

Volvió a echarse a reír por lo que decía. —¿Si?— preguntó en mitad de las risas, hasta que las calmó y pudo hablar. —No me había dado cuenta— respondió con sinceridad— No sabía que sonaba así, nadie se fija cómo suena al reírse— se encogió de hombros y sonrió. Ya descubría otra cosa de sí mismo que quizá explicara las miradas desaprobatorias que algunas veces le habían dedicado; creían que se burlaba de ellos, no con ellos. Que sus risas eran fingidas y sabría qué tanto más. —Ouuh— añadió con tono enternecido, acariciando su mano con el dedo pulgar. —Si me hubieras dicho, te hacía alguna seña o algo, para que supieras que era risa divertida, de la real— comentó con jovialidad, y luego rompió todo aquello, robándole el sentido a la conversación cuando se quedó mirándolo y no tardó en inclinarse hacia él, rozando sus labios con los suyos, y entre-abriéndolos para besarlo.

No, me encantas así, exagerado— comentó risueño, antes de explicarse con respecto a lo otro. Suponía que la cosa era bastante natural, pero todavía les faltaba conocer lo que existía a su alrededor además de ellos mismos. Viktor, por ejemplo, estaba en el proceso ya hablado de conocer a su familia; su madre y sus dos hermanas gemelas. Pero en cuanto a las amistades de Aiden, aún no sabía nada. La secretaria, bueno, algo era algo. Sólo que no sabía nada más. Lo que se había enterado se debía al encuentro de ese mismo día temprano. Era algo que surgiría conforme su relación avanzara y él lo sabía, pero a veces simplemente no se siente como si el dichoso día estuviera por llegar. Él quería saberlo todo ya, así de golpe, de repente, tener la información de los gustos y los desagrados de Aiden, de lo que le parecía inaguantable e inmoral, de lo que le divertía y hasta de sus costumbres ocultas, las que se reservaban para comentarse con las personas más confiables que formaban parte de tu vida; y entonces, ya estando ahí, saber también quiénes eran estas personas. El saber respondía a un poder extraordinario para hacerlo feliz de la manera en que se merecía.

¿Qué te parece si lo intentamos para nuestras primeras vacaciones juntos?— le preguntó. Lo que había dicho antes no iba así de en serio. ¿Qué estaría haciendo Aiden en mitad del bosque? ¿Dándole multas a los osos y los venados y las ardillas? No, su vida estaba en la ciudad. Y la de Viktor, ciertamente, también podía quedarse con un gusto placentero. Sin embargo, la idea de pasarse allá un par de semanas no estaba mal. Les serviría a ambos para relajarse y pasar un tiempo juntos, a solas, nada más ellos dos sin el peso de los compromisos. Aiden lo agradecería después de tantas dificultades en un ajetreado empleo como el suyo, y a Viktor sin duda que le caería de las mil maravillas. —Podríamos descubrir qué se siente vivir así unas dos semanas. Además, me apetece verte cortando leña en vaqueros— añadió divertido.

De hecho sí. Ellos deben turnarse— bromeó después refiriéndose a sus viejos amigos. La verdad es que no mentía. Era como un acuerdo grupal en el que todos debían aguantarse entre ellos, porque seguramente nadie más lo haría. Viktor se llevaba bien con esos sujetos, porque les conocía desde niño. Sabían muchas cosas de él y él de ellos, cosas de las que ya mejor no se habla y hasta de las que te puedes reír, pero cuidado con que lo sepa alguien más. —Tal vez sólo un poco— respondió mirándolo, quizá para justificar que él mismo lo hubiera dicho antes. Le sonrió por lo que dijo a continuación y acarició sus brazos, aprovechándose de la posición que el rubio había tomado para con él. Luego levantó una ceja, examinando su gesto con curiosidad. —¿Presentarte a mis amigos?— cuestionó recordando el tema de Lucy. —¿Como tú me presentarás con los tuyos?— añadió en seguida, burlón. Sin embargo, cambió su semblante y se acercó a besarle el mentón, respondiendo cual si hubiera sido evidente y estuviera claro desde el principio. —Claro que voy a presentarte con ellos, amor. Eres de lo más importante que existe para mí; y ellos lo son a su manera. Deben conocerte. De hecho, creen que no es posible que tú existas, pero ya verán que sí— dijo y le soltó los brazos, llevándolos a su espalda, como cayendo por sus hombros también. Seguramente no podría pedirles que se guardaran las peores anécdotas como sí sabría hacer Aiden con su amiga, pero la verdad es que ya no le interesaba mucho. Prefería ser un libro abierto con su novio, que supiera todo de cuanto fuera capaz de enterarse y sirviera de algo para conocerlo aún más.

El calor del ambiente lo envolvía por completo, sintiéndose en cada parte de su cuerpo y ardiendo entre las imparables caricias de Aiden recorriéndole con suavidad. Viktor podía sentir una especie de electricidad única transmitiéndose a través de su ser, una mezcla de placer y emociones que se extendían cuando unía sus labios a los del rubio, tirando de su labio inferior y disfrutando del sabor y la humedad que estos le ofrecían. Se adaptó a sentirlo cerca, controlando su respiración y acariciando su cuerpo con delicadeza. El castaño paseaba la punta de sus dedos con un fervor y una paciencia casi inhumana, besándolo y acariciando su piel detenidamente mientras su ojos, al separarse y pausar un beso que sólo se alejaba para animar a recibir el siguiente, le miraban con tal intensidad que aumentaba aún más la temperatura de su cuerpo. Sus sentimientos y la pasión que se cernía sobre sus cuerpos desnudos hablaba por sí misma, pero aquellas miradas aseguraban la gran cantidad de emociones que existían por encima del acto en sí mismo. No se trataba de algo puramente carnal, un encuentro de ocasión o con simpleza, por eso se percibía mejor. Se sentía diferente, con un anhelo distinto al común.

Viktor apartó su mano de la nalga del rubio con un último apretón y una caricia ligera, suavizando el tacto mientras se desplazaba por su muslo y se posaba temporalmente allí, sosteniéndolo mientras sus labios volvían a encontrarse y el doble movimiento de Aiden sobre sus miembros detenía su celeridad, haciéndolo más calmadamente hasta ponerle un fin, descanso del agite que sufrían sus pulmones y la concentración que entre los dos ya debía existir. Viktor le abrazó, sujetando aún su cabeza por detrás de la nuca, y movió sus dedos por su cabello, mirándolo a los ojos y se dedicándose a besarlo con significativa ternura, diferenciándose de la fiereza y la excitación con la que había atacado sus labios anteriormente, ahora entonados rojizos por el repetido contacto de sus bocas.

Sujetándose de su hombro con la diestra, Viktor se giró a medias y facilitó el movimiento de sus cuerpos con la unión que para entonces mantenían sus piernas, como si fuera un cruce de laberinto cerrado. Giró, pues, y dejó de aferrarse con la pierna en su muslo, aflojando y ascendiendo ligeramente mientras su boca le acariciaba la barbilla ante el movimiento. Echó la cabeza atrás al apartarse de su boca y lo sintió acercarse un poco más, acariciando con su mano el alcance de sus nalgas y la finura que dividía su entrada, donde también se detuvo y le acarició. Viktor no resistió al tacto, lo dejó venir y disfrutó de su caricia en tanto la lengua del rubio se deslizaba lentamente por su cuello. Aquello era, como estaba sabido, una de las debilidades más grandes del castaño. Le provocaba una sensación satisfactoria, algo así como un escalofrío pero caluroso. Importaba poco si llevara ropa puesta o estuviese desnudo, cuando los labios de Aiden se cernían cerca de su cuello, siempre se estremecía. Fue justo lo que sucedió entonces. Su lengua, caliente y húmeda, lo hizo estremecerse al contacto. Suspiró en su oído, exhalando un jadeo en tanto que extendía su pierna sobre él, abriendo así un tanto más los pliegues de su entrada, con lo que apoyó la facilidad que Aiden tenía entre los bordes de su piel, acariciando y estimulando aquella zona mientras frotaba y de poco en poco, también se fuese permitiendo ingresar sus dedos sin ocasionar dolor.

Al apoyar su pierna con mayor firmeza sobre el cuerpo de su novio, el escritor se sostuvo y se movió hasta quedar encima de él, aunque sin interrumpir la labor que este desempeñaba. Se movió despacio y con suavidad, agachando la cabeza para dar con los labios de Aiden y cerrarlos con un beso, acariciando su pecho por un lado y su brazo con la mano libre, pegándose a su cuerpo y sintiendo el contacto de su miembro junto al propio, ahora no rozándose, sino tocándose directamente debido a la cercanía absoluta de su piel. Viktor ahuecó la frente entre el cuello y el hombro del policía, y mientras él estimulaba su entrada, sacándole uno que otro jadeo al hacerlo, Viktor bajó la mano por entre su vientre y el de Aiden, escabulléndose hasta alcanzar el miembro de su novio, rodeándolo con sus dedos y comenzando a frotarlo despacio.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Dic 23, 2015 8:34 pm
Ni idea de por qué el castaño hacía alusión al actor, bueno suponía que lo hacía ver como un ejemplo de belleza para él, gustos propios de cada persona sin embargo al rememorar el rostro de aquel no había nada particular que pudiese darle un indicio de ideal para su novio. Ah, pero lo situaba en la producción de “El señor de los Anillos” donde particularmente se veía bien parecido así que quizás si podía entenderle, en parte, claro está.

-Cómo puedes creer eso-dijo sonriendo con cierta malicia llevando las manos hacia el pecho de este para acariciarlo suavemente, dejando caer la diestra por aquel hasta su vientre y luego recorrer el camino ascendiendo suavemente, divertido por la situación. Le miró y asintió, no compartía del todo su visión acerca del trabajo pero eso no quería decir que fuese menos cierta o peor que no tuviese razón, al contrario la tenía y de sobra, él mismo solía dedicarle todo su tiempo a su trabajo, podía dormir –y lo había hecho- en él, sin embargo esos habían sido sus primeros años ya que ahora como Teniente tenía una posición más privilegiada más eso no quería decir que estuviese menos involucrado, sólo aceptaba un poco las regalías que aquello le entregaba-Bueno, no soy tampoco el más idóneo para criticarte, ya sabes-se encogió de hombros, el castaño con sus libros, él con sus casos, cada uno con su propio mundo.

-Oh bueno, una lástima-arqueó una ceja riendo-Yo que iba a intentarlo con todas mis fuerzas-siguió con aquella máscara en su rostro, siempre se le había dado bien convencer a las personas y más si se trataba del hombre al que amaba, claro está en esta particular situación podría haberse valido de recursos más “provocativos” dado el carácter de la persona que estaba frente a él, su novio.

-Bueno, ya, un poco mucho, así como Todo-alzó las manos en señal de rendición, su novio le conocía bastante bien al parecer y se daba cuenta de que no tenía caso fingir inocencia, él quería todo del escritor, hasta lo más ínfimo y poco importante resultaba ansiado para alguien que no podía pensar en un mundo sin él, su nueva realidad. Un momento bastante agradable que el rubio arruinó con su inusual y espontáneo berrinche, más en su defensa simplemente estaba exagerando como últimamente se le daba con naturalidad cuando se trataba de estar con él-Que cómico mi novio, y yo ni enterado-dijo rodando los ojos con un gesto neutro más si le ponían atención estaba intentando contener una risa porque se estaba divirtiendo con aquello, al parecer estaba menos cuerdo de lo que aparentaba. -¡Y sigues!-agregó alzando la voz pero esta vez no logró contener una risa que se esparció por todo su rostro, adiós falso enojo, adiós drama, bienvenida toda la diversión-Me encanta-dijo travieso mientras se dejaba atraer, por su parte se apegó más a este, acortando la distancia entre sus barbillas y tocándose ambas completamente-Mejor guarda silencio, hazte un favor y bésame-agregó con un leve tono que sugería una exigencia, sin embargo la curva en sus labios no la demostraba y al contrario era coqueta, una invitación más por si no era suficiente rozó aquel par de labios con los suyos suavemente, un contacto efímero pero tentativo.

Sonrió complacido ante su confirmación, una palabra no hacía diferencia pero quería creer que para ambos podía adquirir especial importancia si elegían creerlo de aquella manera, si se aferraban a ello y más importante luchaban para que el “siempre” se tradujera en la vida real, en algo tangible. Volvió a repetir el gesto de juntar sus labios, deslizándolos por encima de los ajenos para extraer el tan conocido y agradable sabor que aquella cavidad guardaba, acompañada de una humedad característica que solía fluctuar entre ambas al momento de juntarse y que hacían de todo un gesto agradable.

-Y aquí estaré yo, dispuesto a que me molestes-sonrió más al instante chasqueó la lengua-Me corrijo, estaré aquí para lo que necesites, porque no me molestas amor, para nada-agregó con una mejor expresión, había seguido las palabras de este pero realmente no estaban del todo bien ya que había dejado muy claro que no le molestaba, tampoco lo aguantaba ni ningún adjetivo que pudiese sugerir algo similar, simplemente se trataba del rubio adorando a su novio y dándole toda la atención que merecía. Sonrió complacido ante sus palabras, después de todo se conocían bastante bien el uno con el otro y si el escritor decía aquello era porque no era más que la pura y santa verdad, quizás aunque no lo fuese del todo estaba seguro de que terminarían de aquella forma por culpa del rubio-Igual sería divertido, dos viejos cascarrabias peleando, yo me apunto, ¿Qué dices?-dijo bromeando con una sonrisa, aun así no era algo del todo inverosímil, ¿Por qué no podía ser algo para ellos?.

-Ajá-dijo poco convencido pero con una leve sonrisa aún en sus labios, no le creía con todo aquel acto de teatro sin embargo era parte de la diversión de la cual ambos podían disfrutar, sintió sus manos rodearle y él mismo se entregó acercándose más aún para sentir el contacto entre ambos, su estructura en contraste a la ajena. –Tómalo como quieras, yo sólo digo-se encogió de hombros-No es como que tu novio esté intentando sugerir algo sin hacerlo del todo-dijo riendo, sabía que fingir no era su fuerte y menos engañar al castaño pero intentarlo valía la pena con creces, siempre.-Claro, como si fuese lo más importante del mundo…ah espera, lamentablemente lo es, maldita tecnología, maldita Sociedad-dijo con una risa llevándose la diestra hacia el rostro lo que sugería que apenas podía creerse eso, de cierta forma todo iba de mal a peor sin embargo no podría hacer nada aunque quisiera, era una minúscula parte de una gran población.

-Depende de cómo te comportes será el tipo de arma que utilice contigo-agregó alzando un hombro sin gran importancia, aun así quedaban restos de lo que había intentado decir haciendo gala del doble sentido más había pasado quizás inadvertido, nada podía hacer más que aferrarse a ello o dejarlo pasar y al parecer la segunda opción era la más viable. Aunque no fuese ninguna de las dos si lo pensaban con calma Aiden no podría apuntarle siquiera con su pistola, sería en primera instancia un acto en contra del amor de su vida y en segunda una grave falta a las normas de la Policía, pero claramente era algo estúpido siquiera de considerar así que prefirió dejarlo pasar como debía.

Aún mantenía la faceta de ofendido que adoptó hace unos segundos antes por el hecho de considerar que su amado lo estaba colocando en una muy mala posición respecto a su forma de actuar, claro está todo era una treta del Teniente para intentar salirse con la suya-¿Qué me esfuerzo?-rodó los ojos y quiso pasar sus dedos por la nariz de este sin embargo no lo logró ya que su mano fue envuelta por la de este y sus dedos enmarañados en una perfecta unión-Tan afamado escritor, hombre letrado e inteligente y no es capaz de referirse a su novio de una forma que no suene a que se está burlando de él o peor, ofendiéndolo-dijo resoplando y mostrando un claro puchero-¡Que no me autodenomino payaso, tú lo dices sin decirlo!-exclamó como si lo que pudiese decir en aquel instante gozara de sentido. Se llevó la mano libre al pecho y con la otra ejerció presión sobre sus dedos, su mirada era seria pero de esas que tenían un toque de gracia-No sé de qué hablas-desvió la mirada para evitar romper en una risa, más aún por sus últimas palabras, si podía mantenerse en silencio Aiden consideraría seriamente en darle un premio o algo ya que callar a su novio sólo le resultaba efectivo cuando lo besaba, de lo contrario era imposible.

-No me había dado cuenta, blah blah-imitó su tono de voz y le miró haciendo una sátira del castaño, divertido estaba en grandes cantidades y se podía ver con la risa que brotaba desde lo más hondo de su ser, más aún cuando había decidido adoptar una postura más adecuada para ello, algo encorvada como su novio. –Bueno, no es que tuviese tiempo de…-se calló al sentir el contacto de su boca, al principio tímida e ínfima pero tras acercarse también se completó aquel gesto ladeando el rostro para adecuarse a los ángulos que la cavidad oral de este tenía y así disfrutar de toda la magia que ocurría cada vez que se besaban.

Sonrió con ternura por lo que decía, no era un sujeto que escuchase a menudo aquellas palabras menos proviniendo de una pareja, si, en el pasado las había recibido más estas respondían a un encuentro fortuito de sexo donde el otro hacía referencia a quizás lo placentero que había sido el acto sin embargo al fin y al cabo carecían de importancia, palabras vacías utilizadas en una situación aislada.
-Dime dónde, cuándo y si tengo que firmar algo-agregó sonriendo ampliamente, se le antojaba demasiado, en realidad no tenía que ver con el hecho de ir específicamente al Bosque sino por tener vacaciones compartidas, un pequeño atisbo de una vida juntos que esperaba fuese fructífera y longeva, como se lo merecían. –Lo haces parecer como una especie de reality show-dijo riendo por aquello-Sería todo un espectáculo, ¿No crees?-enarcó una ceja y la levantó por algunos segundos bromeando.

Rodó los ojos por sus palabras, ya había quedado claro que no era de aquella forma sin embargo suponía que al escritor le gustaba pensar o hacerlo ver de aquella forma-Y ahí vamos otra vez-dijo con tono de reprensión más simplemente torció el gesto y siguió con sus pequeñas caricias en sus miembros superiores. Le escuchó y una mueca se dibujó en sus labios, era una declaración de guerra directa y no la dejaría pasar-Estamos hablando de ti amor-alzó un dedo y lo arrastro desde su pecho hasta su nariz donde dejó un par de golpes suaves, una especie de castigo extremadamente tierno para serlo del todo. A pesar del agradable beso no sonrió ni nada, si iba a mantenerse firme no podía flaquear en ningún momento-Si valoras tu vida claro que lo harás-agregó con una pequeña sonrisa-Sólo bromeo-dijo pero su tono no lo indicaba-¿Y eso por qué?-preguntó curioso cambiando su semblante debido a ello, hasta donde tenía entendido su existencia no estaba en juego o era refutable, después de todo era una persona más, nada inverosímil que destacar.

Daba rienda suelta a todos sus deseos, hasta lo más hondos puesto que no había necesidad de moderarse en aquel instante, estaban en la comodidad y privacidad de su habitación donde las paredes eran las únicos testigos de lo que sucedería allí como en el pasado lo habían sido y que claramente se alzaban como una opción idónea en contraste a las paredes que componían su oficina en la estación.

Disfrutaba de los constantes cambios en cuánto a la intensidad e intención de sus propios actos, besos desesperados y húmedos que se tornaban más lentos y suaves dependiendo de la emoción que primase en aquel instante, por su parte al sentirse en continuo contacto con el castaño se permitía recorrer las partes de su cuerpo que alcanzaba suavemente tras haber liberado sus miembros de su firme agarre, ahora le besaba mientras también le devolvía el abrazo sintiendo cada parte de su anatomía colisionar contra la ajena en una danza silenciosa pero claramente excitante que a pesar de no constituir un estímulo real resultaba sumamente gratificante cuando se trataba de la persona que le robaba el aliento a diario. Orientó su lengua hacia el cuello de su novio y las partes que colindaban con este de forma intensa y claramente dedicándose a ello, dejando un rastro húmedo en su piel y de seguro un par de marcas al succionar con fuerza, presionando sus labios sobre la tersa capa que se extendía completamente para él.

Escucharle jadear siempre había sido un detonante para su propio libido aumentándolo conforme este también lo hiciera, reconocía que también funcionaba con otros tipos de manifestaciones de placer, un mantra o algo similar. Mantuvo la caricia en sus nalgas por varios minutos, sintiendo la textura de esta y lo que sus poros proyectaban en las yemas de sus dedos más comenzó a acercarse a estas rodeándolas para llegar a la entrada de este que consiguió con un ávido movimiento del castaño que le permitió acceder a esta con mayor facilidad aventurando un dedo que luego se apoyó en otro para dar paso a la tarea que tenían por delante.

Su boca se encontraba con la de este una y otra vez disfrutando de las caricias que sus labios podían entregarse, deslizando estos por encima de los de su novio adquiriendo el sabor de estos que se extendía por toda su cavidad recogiendo su lengua los sabores que esta le ofrecían sin embargo aquel órgano estaba bastante ocupado entrando en la boca contraria en una batalla constante por el control con la custodia de aquella abertura. Su dedo índice se aventuraba en su entrada abriéndose paso hacia su interior lentamente mientras el anular permitía rodear la estructura de su esfínter completamente dedicándose a delimitar la circunferencia que lo componía lentamente. Jadeó por el posterior estimulo en su miembro que si bien era lento y pausado respondía a un estímulo para aquel pene que gozaba de dureza por el simple hecho de encontrarse en aquella situación.

El ano del castaño cedía poco a poco lo cual permitía la existencia de dos dedos en su profundidad sin embargo no era suficiente para dar el siguiente paso, tras separarse momentáneamente de los labios de este se llevó ambos dedos a la boca para humedecerlos y luego dejarlos caer nuevamente hacia su entrada donde repitió el acto de hace unos minutos esta vez lubricando las paredes lo cual haría más fácil el deslizamiento de sus dedos que parecían gozar de aquella nueva faceta, avecinando la presencia de un tercero. Por su parte volvió a buscar los labios de este por algunos segundos hasta resbalar por su mentón y cuello donde no se detuvo al dejar besos y succiones lentas, rítmicas al movimiento de sus dedos en la cavidad anal.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Ene 04, 2016 5:49 pm
Aunque prefirió no decirlo y zanjar ese tema de una vez, el motivo principal por el que no le gustaba Bloom era su cara de bebé. Ni más ni menos. Había visto fotos de él con barba, sin barba, con el cabello corto, con el cabello largo, pero siempre lucía la misma cara de bebé de siempre en todas las galerías. Igual que la mayoría de los modelos de pasarela en Nueva York, como si de pronto fuera un requisito. Pero en fin, Viktor se limitó a encogerse de hombros y sonrió ligeramente, ampliando aquella curvatura al sentir las manos de Aiden paseándose por su vientre con un ascenso suave.
Sí, lo sé— respondió alzando las cejas, como si la cuasi-obsesión de Aiden por su trabajo fuera tal evidente como la suya. Quizá no fueran igual, puesto que ni siquiera se parecían en un roce, pero cada quien tenía su forma de percibirlo y adaptarlo por simple gusto, mucho más que por obligación. Lo disfrutaban, y ciertamente, cuando alguien disfruta de verdad lo que hace, el tiempo se pasa volando sin que te percates de ello. Eso le sucedía muy a menudo a Viktor, pero últimamente, estaba queriendo y tratando de derribar aquel muro bloqueador que le impedía escribir. Era el peor de sus miedos en cuanto a lo laboral; un miedo que, por lo general, ataca a cien de cada cien escritores en algún lapso de su vida.
Bueeeno... tampoco he dicho que no debas recordármelo cada— hizo una pausa, como si pensara en determinar un tiempo bastante apropiado— cinco segundos o así. Podría olvidarlo de repente. De hecho, presiento que la memoria va a fallarme— bromeó con un gesto sumamente convencido tras escucharle. No podía negarse a algo así cuando se trataba de su novio. No podía y no quería, para ser más claros.

Un poco demasiado— dijo Viktor y asintió riendo, dándose cuenta de lo mucho que le gustaba sentir que tenía tal importancia para alguien más. Era una cuestión en la que no había pensado antes, pero al hacerlo, podías notar y experimentar lo mismo que a veces te formaba un nudo en la garganta, muy parecido o cercano a la gratitud, pese a que fuera totalmente diferente también. El castaño dudaba de que él o cualquier otro fuera capaz de explicarlo, sin embargo lo sentía desde adentro y surgía a borbotones con palabras, gestos y muestras de afecto que ya no dudaba en entregarle a Aiden, incluso cuando se suponía que debía de estar realmente molesto, puesto que no duraba. Ellos discutían por tonterías, dialogaban entre desacuerdos ligeros y se emberrinchaban durante un minuto. Luego se reconciliaban. Demasiado rápido, demasiado bueno, de modo que se notaba lo mucho que se querían y lo poco que ambos aguantaban de mirar la seriedad en el rostro del otro.
¿Que si estaba exagerando también él con su actuación de disculpa? Por supuesto que sí. Ya lo había escuchado, y aunque por un momento le cayó de peso difícil, después fue muy sencillo detectar que la molestia se había evaporado por el aire hasta desaparecer. Viktor soltó una risa al callar aquellas repeticiones de palabras que emitía cerca de su oído, luego le besó en la mejilla y rozó un poco la comisura de sus labios al mover la cabeza y fallar en el punto de su boca. No obstante, aquel gesto fue tan sólo el principio para complementar el beso, cerrando sus manos al rededor de él y presionando, sin exagerar ni mucho menos hacerle daño, el abrazo que mantenía en su cuerpo mientras Aiden echaba la cabeza atrás y acortaba la distancia de sus bocas.

Con permiso y todo, pues lo haré a doble ración— comentó divertido y le dio un beso tronado a la altura de la sien, aunque en parte hablaba bastante en serio. Viktor era, como ya se sabe, muy perfeccionista con casi todo. Necesitaba opiniones que no fueran la suya para convencerse de que algo estaba bien o estaba mal, de que valía la pena o era preferible arrojarlo a través de la ventana para no volver a verlo. Muy limpio, muy ocurrente, muy exagerado, muy dramático. A cualquier cosa creada por él tenías que agregarle el muy. Su familia entera lo sabía, algunos amigos lo sabían también, y estaba claro que Aiden era la persona especia que conocía este detalle a la perfección. Habían pasado juntos el tiempo suficiente para saberlo e identificar muchas otras cualidades y defectos que tenían, pero este, sin duda, era el mayor y más significativo en Viktor. Se notaba a diario, porque parecía meditar en lo que diría, en lo que escribiría y en el cómo reaccionaría antes de hacerlo. Era la clase de hombre que hace eso. Y hay que decirlo, esa clase de hombres no los ves a menudo. Su madre solía decirle que era todo gracias a ella. Eres listo gracias a mí. Sabes tocar el violín (en secundaria, antes de renunciar a ello) gracias a mí. Sabes comportarte cuando hay invitados, te gusta leer y escribir y tienes colecciones extrañas gracias a mí. Puede que a veces exagerara con eso, pero la verdad es que en el fondo tenía suma razón en darse todo el crédito. Se parecía a ella. Les disgustaban casi las mismas cosas y se sentían atraídos por muchas otras idénticas; como creados por el mismo molde. Viktor había sospechado de tal parecido desde hace tiempo, pero cuando lo comprobó en definitiva fue el día en que decidió buscar a Aiden. Su madre lo había telefoneado para reclamar que no hubiera ido el fin de semana a la reunión mensual con los abuelos (con los de Nueva York, los que detesta; por decir lo poco), y de alguna manera, la conversación se fue por un laberinto donde los abuelos no entraron, pero su madre y él acabaron hablando de las motivos por las que se arrepentiría si no iba detrás de ese muchacho fabuloso, como si ellos dos tuvieran menos de veinte años y ella hiciera el papel de un cupido razonable. Probablemente no le alcanzarían los años para agradecerle, porque después de eso fue que no dejó de pensar en el tema y se armó de valor para buscarlo. Un muchacho fabuloso, había dicho ella. ¡Y cuánta razón tuvo! Parecía que hubieran pasado años desde entonces, pero no era así. Estaba feliz junto al hombre al que amaba. Lo estaba de verdad. —Digo que será muy divertido— respondió gustoso, tan sólo imaginándose la escena de ellos con bastón incluido y queriendo echarse a reír por ello.

Ajá— fue su turno de responder de aquella forma, aunque él ocultó una sonrisilla entre los labios. Al final sí que se echó a reír, pero no fue la carcajada que sintió que sería al principio. Tratar de no reírte si lo has pasado sonriendo tanto rato, es increíblemente difícil. —Ya sabes lo que dicen: si no puedes con el enemigo, únetele— dijo con gracia, formando el puño con la diestra y golpeándose la extendida palma de la otra mano con él. —No, pero ya en serio. ¿Tú sí tienes?— le preguntó— Yo sinceramente no les hallo el modo.
Viktor no bromeaba con eso de que no usaba las redes sociales. No las usaba porque, en pocas palabras, no las entendía. Una vez había tratado de abrir la que tiene el logo del huevo, y lo logró con éxito. Pero jamás volvió a entrar y nunca publicó nada; ni siquiera modificó la imagen de perfil porque estaba demasiado raro, y no podía pasar del paso dos al tres, donde se quedó estancado sin saber cómo darle atrás o qué hacer, debiendo que cerrar la pestaña del navegador mientras se sentía más tonto que nunca.

¿Cómo debo comportarme para que uses el arma bue...? Ay, ya, déjalo— se interrumpió a sí mismo ante el andar cercano de una mujer yendo a prisa con un niño y un montón de bolsas de la compra. Agachó la cabeza y se frotó la boca esforzándose por no dar a notar que, aparte de querer reírse por haber malpensado (de nuevo), también se había puesto rojo hasta de la frente cuando la mujer volteó a verlos y sonrió; como si fuera una situación embarazosa, a pesar de nadie haberle escuchado.

Me sobrevaloras— contestó mirándolo. Y luego añadió, resoplando una risa que sí pudo controlar en el proceso: —¡Eso no tiene sentido! No puedo estar diciendo algo sin decirlo, mi amor— apretó los labios, que de todos modos formaron la sonrisa que él trata de ocultar— Menos podría llamarte payaso; los tengo en un término que no es del todo agradable— volvió a menear la cabeza, este vez frunciendo el entrecejo. Se le ocurrió que debería recordarle de qué estaba hablando, algo como enlistar las veces que hubiera hecho lo mismo en los últimos veinte minutos, y después decirle ¡Já! ¿Te das cuenta? Sin embargo no lo hizo. Prometió que no diría nada de nada, así que se empeñó en al menos no ser el primero en hablar. Le miró y volvió a desviar la mirada porque este no lo estaba viendo, pero es que... es que estar en silencio no es igual de soportable en compañía que al estarlo a solas. A solas está bien, en compañía es incómodo. Es una demostración de enojo, de querer marcharse como si tuvieran un cohete en los pies o... qué sabía él. Era un hombre letrado que no podía usar un término diferente para decirle a su novio que era divertido, sin que estuviera llamándole payaso y le ofendiera. No. Imposible. Viktor se pasó la mano libre por el cuello, agitó la contraria para atraer la atención de Aiden y rompió el silencio. Prueba no superada. —¿Por qué te quedas callado?— fue lo que dijo.

Oh... lo digo en serio— dijo al verlo hacer aquella imitación burlona de él, llevándose una mano atrás y dándole un golpecito en la nuca. Un acto que discrepaba del todo con el beso que decidió robarle en menos de un minuto después, impidiendo que este pudiera terminar la frase de lo que decía y entreabriendo los labios de Aiden con el propio movimiento de los suyos al inclinarse, disfrutando como siempre del más mínimo contacto que su boca tenía con la ajena, provocándose una sensación de agrado y absoluta cercanía.

Creo que sí— rió por lo bajo— Pienso en ello y aun sin estarlo pasando ya creo que lo es. Todo un espectáculo; más por la parte de ti en vaqueros— comentó con una sonrisa. —Ahora mismo se me ocurre Iowa, Nebraska y Wyoming para hacer la prueba del dónde— empezó a decir, retomando lo que Aiden había mencionado antes y él, entre un comentario y otro, había archivado por un instante. —El cuándo... pues, pide un permiso de extensión libre o como sea que deban llamarlos en la comisaría, y ese es el cuándo— añadió yendo a por la tercera. Entonces lo soltó con toda tranquilidad, casi como si bromeara, pero sin estar muy seguro de que lo estuviera haciendo del todo. Quizá estuviera siendo muy sincero, pidiéndolo de verdad, como una propuesta que no terminaba de serlo pero que al mismo tiempo, sí lo era. No sabía. Le parecía que se adaptaba de lujo a la versión de Aiden sobre el estás diciendo algo sin realmente decirlo. —Y... ummh, a menos que te quieras casar conmigo y nos den a firmar un acta, no, creo que no habrá ningún papel.

Bueno, sí. Pero me gusta más cuando hablamos de nosotros— comentó divertido y arrugó la nariz cuando el dedo de Aiden se frenó en la punta, arrancándole una revuelta en el estómago de pura ternura. Ya se volvería un clásico. Tú haces esto, yo respondo con esto. —Lo sé. Y si no lo sé, haré como que lo sé para creérmelo, porque no suenas así de convencido— dijo al apartarse un poco tras besarlo y le sonrió, claramente jugando con lo que decía. —Como sea, es chistoso que en la mayoría de tus bromas amenazantes mi vida corra peligro— añadió riéndose, sólo para un momento después vacilar encogiéndose levemente de hombros. —Es posible que te haya mencionado antes— dijo, tanteando los brazos de Aiden con la punta de sus dedos. —En realidad, es sumamente posible que ya sepan de ti porque también es posible que haya hablado con uno de ellos y ahora todos sepan... pero no como algo oficial, ni nada— eso estaba claro, ni que se comunicaran telepáticamente— Sólo... no sé, como algo muy bueno en mi vida. Dios, qué idiota sueno— se frotó la frente y rió por lo bajo antes de volver a levantar sus ojos hacia él. —Lo que dije fue que estaba saliendo, o en aquel momento era algo así, con alguien hace unos meses. Quiero decir, contigo. Y los argumentos se extendieron hasta la versión en la que, conclusión: eres impresionante. Y muy guapo.

Sin dejar de adaptarse a aquel vaivén de subir y bajar, rodeando el grosor del pene de Aiden, Viktor le acarició los testículos con el pulgar cada vez que se encontraba en descenso y volvía a su tarea, estimulando el área y deslizando sus dedos por aquella porción de carne mientras aumentaba la velocidad, apretándolo con ligereza y soltándole con un rasgo propio de la excitación que se manifestaba tanto en la rigidez de su cuerpo como en el suyo, que parecía erguirse al tiempo en que la punta de los dedos de su novio le alcanzaba entre los pliegues de las nalgas y abría con suavidad, entrándose de poco en poco, como si estuviera tanteando demasiado el cuándo hacerlo para no lastimarle. Y es que lo hacía, Viktor no dudaba de que así era. Sin embargo, falto fue de prestar atención a cualquier otra cosa que no fuese su placer y el que experimentaba su pareja, compartiendo caricias que comenzaban en una zona alta y se esparcían por el resto de su piel, sudando un poco, no demasiado, pero lo suficiente para que sus manos se deslizaran con mayor facilidad y obtuvieran un mejor alcance, uno que ocasionaba de todo menos el tranquilizar el bombeo de su sangre y los latidos de su corazón.

Viktor sintió como su ano comenzaba a dilatarse conforme recibía la humedad e inconscientemente apretó sus cavidades por lo que contarían como segundos, luego alzó el cuello para alcanzar la boca del rubio y lo besó despacio, atrapando su labio inferior entre sus dientes y saboreando, por sabría cuántas veces mas, el tenerlo cerca y poder estar entre sus brazos sin ningún impedimento, demostrándole no sólo el placer que este conseguía levantar en él con un errático conjunto de sensaciones, sino también lo sencillo que era entregarse de lleno a una relación como la suya. De su boca, los labios de Viktor avanzaron por su mentón y le instaron a moverse para dejar un espacio libre en su cuello, donde como él hubiera hecho antes, el castaño posó sus labios y succionó, primero lamiendo con lentamente y dedicándose laboriosamente a aquella zona, en conjunto con el movimiento que su mano emprendía sobre el miembro de Aiden, a ratos calmándose y a otros superando el último tramo de velocidad que le había impuesto, como si tratara de arrullarle y después buscara despertar todo el deseo que se había logrado concentrar ahí.

Se movió frotando su entrepierna con la de él mientras lo besaba, dirigiendo sus dedos largos por el pene y deteniéndose con precisión en su glande, donde acarició con suavidad algunas veces, sintiendo el ritmo que había adoptado Aiden al entrar y salir en su cavidad anal, dilatando la entrada hasta que fuera abriéndose lo suficiente, cediéndole el ir mas profundamente y hacerlo sin que Viktor tuviera que medirle, deteniéndolo o pidiéndole ir más lento. Se percató del ingreso del tercero justo cuando su boca volvía a recuperar el aliento contra el de su novio, estremeciéndose con la intrusión y aferrándose doblemente a sus labios mientras su mano izquierda, la que había estado acariciando de entre el hombro, el brazo y el abdomen de Aiden desde hacía rato, se movía hasta a su pecho y se apoyaba directamente allí, con un suave gemido que vibró en su garganta y se ahogó en el beso que dejó a los labios de Aiden.

En cuanto Viktor apartó su mano del erecto miembro de su novio, se alzó un tanto sobre su cuerpo y pasó por encima de su miembro, echándolo hacia atrás al roce de sus nalgas. Su mano izquierda se encaminó acariciándole el pecho y después le rodeó la nuca, metiendo sus dedos entre su cabello y acercándole para volver a besarlo, siempre una vez tras otra, con sus labios unidos a los de él cuando no se desplazaban por alguna parte de su piel, intercambiado fluidos y mezclándose con su calor corporal. Le alcanzó con la otra mano el muslo, deslizando su palma abierta hasta sentir con la punta de sus dedos el inicio de su nalga, la espalda baja, y enseguida retornando, apretando su nalga y soltándole antes de volver a repetir todo aquel proceso, como si buscara reconocer cada parte de su cuerpo, cada rincón y todas las áreas que lo conformaban desde los pies a la cabeza. Aprendiéndoselo y dejando tantos besos que pudiera sentirlos siempre ahí, luchando constantemente por dar y también por recibir, complementándose únicamente al tiempo en que sus bocas se juntaban, olvidándose del resto en tanto sus lenguas se movían a la par, una sobre la otra, girando en el interior y entrelazándose como bien sabían hacerlo sus manos.


Viktor Guilleaume Bertholon


BURGHERDOM
BURGHERDOM
Edad : 30

Mensajes : 102

Fecha de inscripción : 16/05/2015

Localización : San Francisco

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Ene 10, 2016 6:53 am
Se reía puesto que lo decía en serio, no era quién para criticar a un obsesionado del trabajo cuando él mismo lo prefería por encima de todo claro está esto había cambiado una vez que el castaño había vuelto a su vida y que ahora eran novios, las posiciones se cambiaron y lo dejaron en primer lugar y único a este, tan sólo rió por sus gestos y palabras ya que decía la verdad y no había nada que pudiese hacer para refutar.

Le miró y enarcó una ceja divertido-Que conveniente, ¿Justo ahora?-alargó la mano para pasarla por su cabello peinándole mientras con la otra le tenía sujeto por la cintura acercándolo a su cuerpo, contacto físico puro-Pero no puedo quedarme de brazos cruzados, siempre estoy dispuesto a tenderle una mano a quién lo necesite, o dos, en algunos casos-le miró provocativo.

-Ok, ok, me rindo-alzó las manos con una media sonrisa, no era un secreto que daría todo lo que tuviese por el castaño, estaba enamorado de él completamente y eso anulaba cualquier pensamiento estricto o idea que pudiese tener, se había entregado al hecho de amar a alguien y estaba tan sumergido que el menor roce podría dañarle. Sus labios se tocaron cada vez más hasta que terminaron uno por encima del otro y un beso tuvo a lugar, orientaba sus movimientos en pro de aquel deslizando su carne en la de este y degustando el conocido y agradable sabor de la boca ajena, la humedad y el roce que esta provocaba en la suya, hasta las posibles cosquillas y/o molestias que causaba el contraste de sus barbas pero que en ningún momento era una molestia.

Una vida juntos es lo que tenía considerado a futuro para ellos, ya no era un sueño sino que estaba desde ya luchando para que fuese una realidad, tenía todo pensando y comprendía en qué se estaba metiendo pero no necesitaba pensarlo dos veces, su decisión ya estaba tomada-Estarás conmigo, claro que lo será-infló el pecho al decirlo, bromeaba aunque también tenía su parte de verdad, con sus locuras y tonterías, ¿Quién podría aburrirse?.

-No en mi turno amor-agregó como si se tratase de un asunto policial, claramente estaba rozando otra realidad pero no le importaba, después de todo estaban dando vueltas en asuntos de poca importancia. -¿Me ves cara de tener tiempo para perder con algo así?-soltó divertido y golpeando el costado de este con sus dedos-Con suerte duermo, no voy a desperdiciar mi tiempo con algo así, además no es como que tenga una gran red de amigos para contactarlos-se encogió de hombros, no era algo que le llamase la atención además que veía lo que hacía con las personas, las volvía estúpidas y dependientes de un aparato que consumía su vida, además tenía cierto rechazo desde la vez que un sujeto con el cual salió le tomó una foto inesperada, se había abrazado a él y tras extender la mano capturó aquella escena en una imagen que luego subió a la red haciéndose popular en aquella plataforma. No se hubiese enterado si no fuese por su secretaria que le mostró la fotografía al estar navegando, no tenía idea de cómo había dado con ella pero no le gustó verla en Facebook y mucho menos la cantidad de vistas que tenía y preguntas del tipo “Y quién es el sujeto rubio a tu lado”, o Qué guapo, ¿tu nuevo novio?, simplemente eso terminó por descomponerle y hacerle tener rechazo por una aplicación tan invasiva y molesta, por sobre todo-No te pierdes de nada-concluyó alzando un hombro.

Contuvo una carcajada ante sus palabras, si bien no lo había sugerido del todo igual estaba adornando sus palabras con un toque de picardía y doble sentido, claro está eso no se lo diría al escritor para aparentar que no es tan pervertido como la realidad lo dice. Observó el tinte que comenzó a aparecer en su rostro extenderse completamente adornando las partes más prominentes de su perfil lo cual simplemente extendió la risa y el goce que tenía-Estás colorado como un tomate amor-alargó las manos para sujetar su rostro suavemente acunándolo en sus manos con sumo cuidado-Resalta tus hermosos ojos-bromeó mirándole, sabía que no era lo que este esperaría y que quizás le replicaría por ello pero tampoco es como que estuviese mintiendo, sin dejarle ir se acercó hasta su oído para susurrarle-Compórtate bien, tan sólo eso bastará-agregó lentamente-Yo sabré recompensarte…-alargó las palabras con cierto tono y luego recorrió el camino desde su oreja hasta mejilla con sus labios donde al llegar allí retiró una mano para dejarse libre el espacio.

-No lo hago, digo la verdad-resopló mirándole, consideraba que era un muy buen escritor, tenía un estilo único y además gozaba de aquella inteligencia en sus palabras que a pesar de verse en un libro como simples palabras para él cada una tenía sentido y un propósito, además estaba el hecho de lo que sentía por él y que lo conocía demasiado bien, al leer cada palabra adquiría el tono que este tenía, como si estuviese leyéndolo para el rubio.-¿Acaso crees que no lo sé?-agregó reteniendo una risa, tenía más que claro que sus palabras no tenían sentido y no apuntaban a nada conocido, tan sólo un enmarañado conjunto de letras mal conectadas; rodó los ojos-Pero lo hiciste sonar como que así era-se quejó cuando no debía, no rió cuando era necesario y claramente estaba siendo dramático en un instante que lo permitía-¿Qué te hicieron ahora los payasos?-preguntó dejando de lado momentáneamente la supuesta discusión que tenían.    

Quiso mantenerse lo más neutro y quizás dramático posible por eso su reacción, le costaba cuando realmente no había sentido alguno en lo que estaba haciendo, contó mentalmente los segundos que pensó que podría dejar a su  novio en silencio pero como siempre sus dedos fueron demasiado para ello, su vista estaba fija en algún punto inexistente y sumamente interesante hasta que su atención fue captada por el incesante movimiento del escritor-Por nada en especial-se aclaró la garganta para intentar sonar más formal, aunque estaba seguro de que estaba haciendo un pésimo trabajo con ello y que la gracia terminaría saliendo de él tan rápido como siempre.

-Oh…pensé que no-dijo con una risa aún, sintió el golpe y lejos de dolerle no iba a dejar pasar su descontento sin embargo hábilmente le besó desarmando todo su ser, odiaba aquel poder del cual gozaba, bastaba un efímero contacto entre sus labios para que Aiden perdiese el rumbo y sus argumentos se fragmentaran hasta los cimientos, quedaba nulo ante él, indefenso como un animal ante un depredador. Disfrutó del contacto de sus bocas, orientó la propia en distintas posiciones para hacer del acto más placentero y se permitió colocar la mano en la nuca de este para presionarle más hacia él, claramente no le dejaría ir hasta que su cuerpo le obligase a ello.

-Hey, me vería sexy con tan sólo vaqueros ajustados, piénsalo-enarcó las cejas rápidamente, agregando una mirada e intención sugerente-Y sólo para ti-agregó como si no fuese ya suficiente provocación con la imagen mental que estaba sugiriendo-No conozco ninguno, así que supongo que cualquiera es una buena opción, ¿O tienes alguno específico en mente?-le preguntó con toda la naturalidad que le caracterizaba. Más que un permiso podría cobrar las vacaciones que jamás se tomó, desde que estaba en Estados Unidos nunca tuvo más de un par de días libres los cuales al fin y al cabo fueron por una cuestión de necesidad –papeleo y algunos asuntos- más nunca se dio un momento de ocio con ellos-No lo necesito, cobraré las vacaciones que nunca quise-se encogió de hombros, no estaba seguro de cuánto tiempo sería pero le parecía que no era menor a un mes, quizás más, con suerte. Le miró con mayor énfasis y seriedad que en cualquier otra ocasión, igual sus palabras no parecían ir por aquel sentido pero cuando las mencionó adquirieron una especial relevancia lo cual hizo que se lo pensara una vez, dos, hasta tres en una fracción escasa de minutos-Tenemos un problema entonces-le miró serio y se acercó más a él-Porque si quiero casarme contigo…-ahí estaba, la seriedad y las palabras que no creyó utilizaría tan pronto, pero suponía que no era algo que se podía planear del todo, al menos tenía la seguridad de que eso quería y le parecía suficiente, el resto iría sobre la marcha, como decían-Tú…, ¿Lo considerarías?-le miró con un poco de temor-¿Quieres casarte conmigo?-no tenía nada que perder excepto a él, esperaba no hacerlo-No tiene por qué ser ahora, ni mañana, ni pasado, cuando sea el momento, o quieras-agregó llevándose una mano a la nuca, perfecto, estaba comenzando a desvariar y dejarse carcomer por los nervios, no esperaba que esto se diese de aquella forma pero su lengua había sido más rápida que su cerebro lo cual no evidenciaba una mentira, siempre que hablaba sin pensar era debido a que sus sentimientos primaban y en esta ocasión su amor lo hacía-O mejor olvídalo, disculpa, no quise incomodarte o peor, espantarte-se apresuró a decir, sonaba idiota en su cabeza todo, y no quería presionarlo o ponerle en una posición…vaya manera de cagarla, bien hecho Aiden-pensó.

-Me encanta cuando lo dices, ¿Puedes hacerlo otra vez?-sonrió con cariño, el tono de su voz, el articular las palabras, los movimientos de sus labios y más aún, la intención y el hecho de provenir de él hacían que todo fuese perfecto, ansiado. –Por algo son amenazas, ¿No?-rodó los ojos divertido, si se lo tomaba personal es porque esa su novio y eso lo hacía todo íntimamente personal-Eso pasa por ser mi novio, pero sabes que son bromas…la mayor parte del tiempo-dejó aquello al aire como si no estuviese seguro del todo aunque si lo estaba. Escuchó lo que decía, no podría molestarle nunca el hecho de que no hablase de él con sus amistades o seres queridos ya que estuvieron saliendo durante un tiempo hasta que luego se alejaron y ahora que retomaban como una pareja tampoco lo esperaba debido a lo fresco de la relación más como en muchas oportunidades Viktor le sorprendía-Me gusta esa posibilidad-agregó disfrutando de sus caricias y riendo por sus palabras, aunque fuese con una persona el que le mencionara como algo más que un amigo, quizás un posible pretendiente ya era mucho considerando cómo era el castaño-Suena bastante bien para mí, más de lo que hubiese esperado en realidad-agradeció con una sonrisa y una caricia suave en su mejilla-Suenas como un idiota enamorado, si me preguntas-alzó un hombro, lo sabía porque era ver su reflejo casi la mayor parte del tiempo. –Ya veo, me gustó el que agregaras “contigo”, porque sonaba que lo hacías con alguien más…sólo digo-alzó las manos, era celoso y eso no lo podía evitar, ni en ocasiones donde no debería-Bueno, gracias por el cumplido-se mostró halagado y si hubiese sido suficiente hasta sonrojado sin embargo no sucedió. Por su parte no tenía a quién contarle mucho de su vida, sus amistades se encontraban en Alemania, su familia era lo único que tenía y vagamente le había contado a su madre que se estaba viendo con un hombre pero ningún detalle puesto que tiempo para sentarse a conversar no tenía, sólo su secretaria y amiga tenía las sospechas porque lo había visto una vez y se lo había dicho hasta que terminó por obligarle a contar que salía con alguien, curioso era que Lucy no asociase a Viktor cuando lo vio con el sujeto que el rubio le describió en varias oportunidades.

Ensimismado en el placer que sentía ante el mero contacto de la mano de este abarcando la estructura de su miembro y luego al dedicarse a sus testículos, Aiden simplemente suspiraba y disfrutaba de la sensación de placer que se extendía completamente desde la base de su pelvis hasta los demás rincones de cuerpo donde todo su ser se dejaba llevar por aquella reacción. De vez en cuando echaba la cabeza hacia atrás y otras gruñía en concordancia por la velocidad o intención del castaño sumamente sincronizado como si tuviese idea del momento exacto para hacerlo. Por su parte sus dedos tanteaban su entrada una y otra vez adaptándose a la estructura de esta y promoviendo su integridad al rozar sus bordes sin ánimos de hacerle daño, nunca había sido su intención dañarle y menos durante el acto sexual, aún tenía presente lo de la oficina y de cómo se había mostrado incómodo al hacerlo sin previa lubricación por lo cual ahora lo estaba haciendo bien además de saber que aquel acto también brindaba placer que el gozaba de repartir en su novio, la humedad propia de sus dedos y de la saliva que había empleado hacían de la labor más fácil por lo cual era de esperar que a cada momento ganase más terreno.

Un sonido característico se apreciaba de la entrada de sus dedos en el ano del castaño, el movimiento era lento pero seguro en el sentido de que abarcaba el máximo de profundidad que se le permitía trabajando insistentemente para avanzar en su tarea. Ansió tanto el contacto de sus labios que al tenerlo sobre los propios se permitió desbordar pasión y ansiedad en el beso, apreciar el sabor y todo lo que podía obtener de aquello en tan sólo un instante, jadeando contra sus labios y echándose para atrás cuando el escritor tomó su labio inferior obligándose a estirarlo hasta lo máximo posible lo cual era un gesto que le gustaba y que complementaba el momento de tensión y excitación mutuo. Convenido por sus movimientos ladeó el cuello dejándole el camino libre para sentir el paso de sus labios sobre su desnuda y sensible piel donde cerró los ojos dejándose llevar completamente por el deseo y placer, una combinación peligrosa entre su cuello y el movimiento de vaivén sobre su miembro comenzaban a hacerle perder la cordura.

Los besos iban y venían así como las caricias más en ningún momento había alejado los dedos de su ano donde ya un tercero hacía acto de presencia deslizándose por la lubricada pared de su esfínter y apoyando al par que no se movían, esta vez el movimiento claramente adquirió mayor relevancia y lo comprobó por la tensión en la espalda baja de su novio, la posición que adoptó y el posterior gemido que ahogó contra sus labios. Jugó con sus dedos estirando dos dentro y el tercero deslizándose por los bordes para luego volver a una formación donde los tres estaban juntos abriéndose paso con mayor facilidad lo que sugería que el trabajo estaba ya listo pero aun así continuaba consciente del punto de sensibilidad que se encontraba allí. Se movió un poco para recibir a su novio encima, el contacto de su pene erecto y duro contra sus nalgas se sentía tan bien por el simple hecho de que estas lo obligaban a ir hacia atrás friccionando en todo momento la piel que cubría a este más la concentración se veía compartida por el incesante intercambio de besos, fluidos y choque de sus lenguas; Aiden metía el órgano muscular en la cavidad de Viktor una y otra vez batiendo la propia en distintos ángulos y con intensidades distintas que obedecían al nivel de excitación y deseo que operaban en él durante aquel instante. Sus manos se fueron hacia su espalda donde le abrazó para atraerlo más y pegar ambos pechos ligeramente sudados mientras su boca parecía acoplar la de este de una manera que sugería que no lo dejaría ir por al menos unos cuántos minutos, así se mantuvo disfrutando de aquello hasta que una de sus manos bajó por su espalda lentamente hasta su trasero el cual acarició durante varios minutos hasta que la diestra se unió a la siniestra en una tarea mutua que consistía en separar sus nalgas y luego orientar la cabeza de su pene en su entrada donde tras un par de segundos ajustando el ángulo de flexión de su miembro y la posición de este lo dejó contra su abierta entrada deslizando el glande en su interior lentamente sujetando el resto de la base para que no se deslizara y así mientras le seguía besando disfrutar del deslizamiento lento que terminaría en una penetración.


Baby, heaven's in your eyes
POLICE
POLICE
Mensajes : 135

Fecha de inscripción : 21/04/2015

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Contenido patrocinado
Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.