I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
▲ Debes subir tu ficha para obtener color
▲ Después de que tu ficha es aceptada, debes realizar tus Registros
▲ El mínimo de líneas por post es 10.
▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
▲ Avisen sus ausencias y eviten perder sus Pbs
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21 - 04 - 2016

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Skin de Otoño

Noviembre - 2015

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28 - 04 - 2015

Normas Actualizadas

09 - 12 - 2014

Censo Obligatorio

Octubre - 2014

Apertura foro

25 - 10 - 2014

El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
Savage Themes
The Captain Knows Best y Foroactivo

Algunos recursos gráficos e imágenes han sido tomados de
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Mensaje por Aaron Brucket el Sáb Oct 03, 2015 8:14 pm
Había encontrado esa joyita hace un par de semanas. El rincón de Joe, un bar, pero realmente uno como los que él conocía, no con toda la charada de luces y espectáculos que tenían los lugares de moda y que no comprendía. Le recordaba mucho a su pueblo, y es por eso que lo había adoptado como su lugar para ir a descargar sus frustraciones de la vida diaria con buena cerveza, y un ambiente que lo llevaba de vuelta a casa. La ciudad no era nada parecido a su pequeño pueblo. Se movía a una velocidad a la que no se acostumbraba, hacía parecer que vivió en estado de estasis durante todo este tiempo. Es la misma prisa de la gente la que lo mantiene afuera. De vuelta en Texas, todos se conocían. Tenía amigos, familiares, en Beverly no tenía a nadie, más que así mismo. El agente con el que trataba para lo del fisiculturismo apenas se podía llamar un conocido. Apenas lo había visto en los últimos días, solo para revisar que estuviese “ajustándose” bien, y que mantuviese el cuerpo. Ni siquiera tenía un gymnasio. Las membresías de los buenos eran muy caros, y los que apenas parecían uno no le apetecían en nada. Quizás era muy pedante de su parte, pero no deseaba más que un buen inicio. Debía encontrar un segundo trabajo para poder hacerse del dinero. Ya le tenía el ojo a uno que le llamaba la atención. Solo debía tener el presupuesto.

Hay dos jarros en su mesa de noche, uno que dice gimnasio, otro que lleva su nombre. Ese es el dinero que tiene permitido gastarse en su mismo, como ropa nueva, lo que quiere decir camisas blancas, algo ajustadas para mostrar cuerpo, y misceláneos. En esta ocasión serviría para pagar sus tragos. Usualmente llegaba solo al bar, solo en dos ocasiones se fue con alguien. De esas noches en las que solo quieres deshacerte de todo lo acumulado y deshaces al pobre que cree que puede aguantarte una noche. No recuerda su nombre, o el de ella. Poco importaba. Toma una ducha para relajarse y quitarse el aroma a sudor que traía desde la tarde. Su trabajo como cargador era pesado, más lo ayudaba de cierta forma a mantenerse en forma, haciendo fuerza aquí y allá, flexionando y aguantando. Sale de la regadera, perlado por gotas de agua en su torso. Pasa frente al espejo, pero al atrapar su imagen por el soslayo, se regresa para apreciarse un momento. Posa y se luce ante si mismo admirando su cuerpo. No puede negar que es un tipo atractivo, y que sus citas de una noche tuvieron mucha suerte. Al terminar debe ponerse los briefs con una semierección que le incomoda al ponerse los pantalones. Eran algo ajustados, lo que lograba resaltar con creces su entrepierna de forma vistosa, como también su trasero. Ambas armas que sabía usar a su debido momento, claro que era completamente consciente del uso de su parte delantera, la trasera, no tanto. Mero display, sin uso.

La taberna no está muy lejos de su pequeño departamento. Camina unas cuantas cuadras para llegar, siendo ya las diez de la noche. El lugar esta decentemente lleno, con vida suficiente para hacerlo interesante. No hay nadie que lo reconozca, pero algunas miradas se dirigen a él, otras muy minuciosas, comiéndolo de arriba abajo. Se acerca a la barra para pedir una cerveza, colocando los codos en ella, admirando el lugar. Tenía ganas de beber, pero no sabía de que más. Su virilidad parecía ansiosa, como también sus ganas de jugar. Puede sentir el peso de los ojos que hay sobre él, y lo disfruta. Un poco fanfarrón, Aaron le encantaba ser visto, algo que descubrió en su adolescencia, cuando se masturbó en los arbustos siendo visto por otra persona. Toma asiento cuando le entregan su bebida, y se gira para contemplar al bar. Abre sus piernas, como si poco importara, solo porque sabe que así da un mejor panorama. El bulto resalta perfectamente, dando una indirecta de sus proporciones reales. Se hace el desatendido mientras sorbe tragos de la botella. Hay un par de eventos llevándose a cabo en el lugar. Dardos, unos cuantos hombres probando su puntería tirando medio ebrios hacía la diana. Ojala nadie perdiese un ojo. Y la típica competencia de caballitos, sopesando su aguante ante el alcohol. Se le antojaba una competencia, pero no de habilidad o resistencia, de fuerza. Todos ahí no parecían ser capaces de poder hacerle frente, más no estaba de más tratar. Se va a una de las mesas, arremagándose la camisa hasta el hombro, y poniendo su codo en la mesa – Quien me gane, le pago lo tragos – anuncia con una sonrisa, haciendo una invitación a quien sea que se atreviese a tomar su desafío.
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Mensaje por Vladimir Mikhailov el Dom Oct 04, 2015 12:14 am
De un tiempo para acá mis días comenzaban a ser algo monótonos por los entramientos a los que estaba sometido. Llevaba más de catorce semanas en un estricto régimen de nutrición que estaba siguiendo para disminuir al máximo el porcentaje de grasa corporal y eso me tenía un poco estresado. Llegó un punto en que mi propio entrenador me sugirió que me tomase un día libre y me olvidase del trabajo. Después de todo, una noche de jerga no iba a acabar con mis esfuerzos, ni mucho menos iba a hacer mella en mi cuerpo. Le tomé la palabra al coach.

Un poco cansado de la rutina del trabajo, decidí que hoy haría algo distinto. Escogí precisamente lo que el dinero, la fama y las comodidades no podían brindarme; una noche en los suburbios de Berverly Hills. Sí, un lugar donde no se me pudiese reconocer fácilmente y donde pudiese desenvolverme con total libertad. En sí no tenía un sitio escogido, pero caminando por la zona del Canon Dirve seguro que algo encontraría. Teniendo ya el plan, me di un buen duchazo y me vestí adecuadamente para la noche de cacería que tenía planeada; Jeans semi ajustados para marcar el prominente paquetazo que tenía entre las piernas, una camiseta gris ceñida a mi torso para mostrar cada uno de mis trabajados músculos y unas gafas oscuras que me ayudarían a pasar desapercibido. En estos momentos me encontraba en una de mis mejores condiciones físicas dada la cercanía de la competencia del Fitness Atlantic, así que mi musculatura se notaba más desarrollada y marcada de lo normal, aun estando cubierta por la tela. Por supuesto que yo estaba orgulloso y me vestía con toda la intención de mostrar de lo que estaba hecho, aun si eso me costaba que me reconcieran por las calles de Berverly Hills por mi físico tan distintivo. Para finalizar, arreglé mi cabello como de costumbre y me di una última mirada en el enorme espejo que tenía en el cuarto. Al verme en plena forma no dudé un segundo en flexionar mis brazos y observar mi excelente forma. —Este año la copa vuelve a ser tuya, Vlado.— Me dije a mí mismo mientras me daba unas palmadas en el bíceps, el cual parecía estar hecho de hierro por lo duro que estaba. Si mi narcisismo llegase al niveles de otros en el gimnasio, ya hubiese tenido una erección al verme posar, pero afortunadamente yo era un hombre disciplinado a pesar de la falta de sexo autoimpuesta que venía experimentado para la competencia.

Aunque eso iba a cambiar esta noche, hoy tenía planeado descargarme como lo merecía; lo necesitaba. Ya estaba en el momento en el que a un hombre le molestan las pelotas cuando las lleva bien cargadas. Testosterona llevaba de sobra en el organismo así que una liberación no iba a afectarme demasiado ¿Verdad?. Estando listo tomé uno de mis autos más modestos y me dirigí hasta las inmediaciones del Canon Drive. Estacioné en uno de los parqueaderos públicos y me bajé a caminar por las calles. Obviamente un hombre como yo llamó la atención a su paso y lo disfruté mucho. Siempre me gustó atraer miradas y alborotar a aquellos que deseaban tener la suerte de ser mis 'víctimas' de turno. De momento ninguno de los transeúntes me pareció lo suficientemente bueno para echármelo, así que seguí con mi interesante camino hasta que me topé con la entrada de un bar. El Rincón de Joe se llamaba, y se parecía mucho a lo que me había imaginado para pasar la noche de hoy. Sólo por la fachada del local me pude dar cuenta que no se trataba del típico bar al que yo asistía. Este lucía más sencillo, de esos que eran frecuentados por algunos en búsqueda de una cerveza y los clásicos juegos masculinos; dardos, billar, vencidas, etc. No podía ser mejor, porque precisamente eso buscaba yo hoy, alguien con un buen par de pelotas entre las piernas que se comportase como un hombre.

Al entrar en el bar me saqué los lentes. Fue inevitable que mi vista se posase sobre el espécimen masculino que exhibía si enorme brazos ante los demás y soltaba un reto muy seguro de ganar. ¡Qué músculos! Pocas veces mis ojos se podían recrear con un cuerpo como ese, tan perfectamente esculpido y simétrico. ¿De dónde había salido aquél machazo? Mentiría si negase que sentí un conato de erección al verlo, aunque logré controlarlo para no hacerme evidente. El pantalón que llevaba no iba a disimular mucho si el general se alzaba listo para la batalla. Caminé despacio hasta él, sin perder ni un detalle de su cuerpo; ancha y trabajada espalda, piernas gruesas como troncos, un culazo de antología y unos brazos que podían competir con los míos en definición, tamaño y fuerza. Aquél expuesto bíceps era de los mejores que había visto, y eso era bastante considerando que yo era un experto en fitness y culturismo. ¿Y lo mejor de todo? Que aquél hombre iba vestido de forma que todos sus atributos resaltasen más, como si disfrutase exhibiendo su esculpida figura de gimnasio. Aquellos pantalones vaqueros le sentaban de maravilla, y los sabía lucir justo como a mí más me atraía; ajustados pero no demasiado. Desde siempre tuve debilidad por los Jeans, especialmente si quien los usaba lo hacía tan bien como aquel portento de macho. Cuando estuve lo suficientemente cerca, despegué mi vista de sus músculos y me coloqué frente a él, con esa actitud de quien se sabe el mejor. Lo miré a la cara y me di cuenta que el condenado era guapo a rabiar. La cantidad de cosas que podría hacer con ese rostro no se podrían escribir. —No pensé que bebería gratis hoy, pero si insistes.— Sentencié con férrea seguridad, con esa actitud tosca que me caracterizaba. Dicho eso, coloqué mi codo sobre la mesa y mostré mi enorme brazo, donde el bíceps estaba apunto de romper la manga de mi camiseta. Tomé su mano y la apreté con fuerza, dándome cuenta que él también las tenía grandes. Lo miré a la cara y me preparé para derrotarlo rápidamente.


VLADIMIR ILLICH MIKHAILOV
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Mensaje por Aaron Brucket el Sáb Nov 07, 2015 10:22 pm
Aaron era engreído, casi demasiado confiado para rayar en la estupidez. No hay hombre en el bar que le pueda hacer frente, por eso ha tirado el desafío. Le ha bastado ver alrededor para identificar posibles amenazas, y aquellos que apenas si representan una. Había un grupo de hombres corpulentos, no musculosos como él, pero si llenitos, de los que aman la buena comida y una cerveza para acompañar. Esos realmente no tienen fuerza, y su resistencia es pobre. Un señor, quizás ya en sus entrados treinta, es quizás el único que pueda aguantarle unos minutos. Sus brazos se ven trabajados y marcados por la labor de construcción, según deducir por sus pantalones manchados de cal. Lo acompaña un sequito de amigos, pero ninguno tan prominente como él. El moreno asume una posición relajada, con las piernas abiertas, tomando territorio, el brazo en posición sobre la mesa, y esa sonrisa taimada en su rostro que le queda tan bien. Razón misma por las cuales algunas, y algunos, lo encuentran irresistible. Todos se quedan expectantes a ver quien es el valiente que se atreve a prestarse a una vergüenza pública. No son tontos ante sus intenciones. Mostrarse, alardear, pero más que nada las ganas de una buena contienda de fuerza, probarse entre hombres, como acostumbraba en su rancho. No siempre eran juegos con músculos, velocidad, destreza, el punto era ser el mejor, y Aaron se llevó sus cuantas victorias, de las que aún se sentía orgulloso a pesar de ya no ser un crío.

Entonces aparece, como si el mismo Zeus lo hubiese dejado caer en ese momento, entre la gente que observa ansiosa, haciéndose a un lado para dejarle pasar: un hombre. Carajo que era uno como ninguno. Aquel potente ente era el varón más desarrollado que había visto. Era enorme. Una persona de complexión normal, como las que estaban a su lado, se quedaban ridículamente comparadas ante su persona. No solo era alto, ancho como el mejor de los toros. Aaron le atisba, perdiendo por un momento aquella sonrisa, admirando a su rival. Al principio cree que lo está imaginando, como alguna clase de fantasía, ¿espera qué?, sacude el rostro, pero él sigue ahí. Su indumentaria desvela un cuerpo trabajado, fibroso, no hay engaños debajo de la tela. Se marcan a la perfección, apenas pudiendo contener el volumen de sus brazos. Sus poderosas piernas parecen que harán explotar sus pantalones con cualquier mínima provocación. Su rostro es singular también, hace buen conjunto con todo lo demás. Una barba que dice macho, una mirada que expresa seguridad. Se siente intimidado, una sensación a lo bajo de su vientre que corta de golpe. Cuando lo escucha, toda duda se disipa, y la sonrisa vuelve a él, incluso más amplia – Primero tienes que ganarme dulzura – dice lo último con un desdén competitivo.

Cuando toma su mano, una onda eléctrica lo recorre entero, enfocándose en pecho y entrepierna. Sabe que es raro, más no puede evitarlo, o le toma demasiada importancia. Le echa la culpa a la emoción del momento. La gente se acerca para verlos competir, puede escuchar incluso como algunos comienzan a hacer expuestas a sus expensas. Aaron mantiene la vista en la de su oponente, sonriéndole de manera incitadora, dándole a entender que iba a darlo todo, y que eso significaba su derrota. Una mujer se toma la licencia de acercarse a ellos y poner su mano encima de las suyas entrelazadas – Que sea unas vencidas justas – les esboza con una voz sedosa, viéndolos a ambos con una mirada que invitaba a algo después del evento principal. A Aaron poco le importaba la mujer en realidad. Era guapa, pero ahora era eclipsada por el sujeto que tenía en frente. La muy zorra deja a entender con su tacto que realmente los dese, a lo que el moreno le tira una mirada asesina para apurarla a darle inicio al asunto. La chica traga entendiendo la indirecta - ¿listos? – pregunta la muy tonta y solo puede rodar los ojos - ¡Ya! – grita soltándolos.

Preparado para el arranque, Aaron se propone resistir el empujón inicial, lo que no se espera es la brutalidad con la que el otro imprime su fuerza para llevarlo abajo. Le resiste aplicando un agarre fuerte y usando su fuerza para mantenerse a ambos  a la mitad. Sus músculos se marcan, naturalmente, exhibiéndose para los otros, como los de su rival, que de tamaño impresionante, dejan a más de uno impresionado, incluso a él. No hay confusión, ese tipo es fisicoculturistas, y de los buenos. De los que son pagados para competir, para mantener un cuerpo como el mejor de los templos. Sintió una punzada de envidia, aunque también era una gran oportunidad de vencer a un atleta. Busca en su memoria si lo reconoce, si lo ha visto en alguna revista. Cree que sí, se le hace conocido. Quizás haya manchado las páginas con su orgasmo, pero no puede decir con seguridad. A pesar de estar mateniendo un forcejeo constante, ninguno de los dos baja la potencia. En el momento en que uno declive, será una oportunidad que tmarían, dejándolo al otro una ventana muy pequeña para recuperarse. Una vena apareció de más en su brazo, marcando un camino hasta perderse en su camisa. La mujer que los había tocado, mojada sin que nadie lo notaba, solo se hacía la idea de lo que podría pasar si los tenía a ambos en la cama. Así que sus exclamos eran neutral: ¡Tú puedes!, ¡Vamos!, sin tomar partido, con la ilusión de ser perdonada. Aaron sigue enfrascado en el otro, como un animal, ambos leones peleando por territorio, no cediendo nada, apenas moviéndose. Fuerza brutal enfrentada en músculo. Pudo sentir el nacimiento de una erección, que intento controlar, distrayéndolo un poco.
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