I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
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That was a party Cayden

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Mensaje por Invitado el Dom Nov 29, 2015 4:45 pm
Es… la primera vez que vengo a una celebración así.

Una fiesta privada, solo invitan a las mejores estrellas y tal, nunca he sabido a cuento de que organizan estas celebraciones, es decir, ¿conocer gente importante? Entonces ¿a cuento de que vengo yo aquí?

Uno de los invitados es el decano de St.James, alguien a quien desconozco, y se supone que el a mí también, sin embargo la carta de asistencia a este evento me afirma que estoy invitado por el, algo que me extraña pues los demás alumnos invitados son personas importantes o influyentes que todo el centro conoce, hijos de políticos, banqueros, que la mayoría vienen con sus padres, pero por el colegio, sin embargo en lo único que destaco yo es en mis notas ¿Será por eso?

En un primer momento estaba tranquilo, incluso optimista, pensando que no era más que una fiesta universitaria (no soy universitario, pero creo que podría ir a una, total viendo a lo que he llegado...)

Lo peor es que me he visto obligado a vestir de traje, es decir, me he tenido que comprar un traje, aunque pagado por el centro menos mal, yo no podría costearme uno, y este parece caro, de los que llevan pajarita.

Una vez en el lugar, que está en todo el centro de la ciudad, me siento algo diminuto por el ambiente que se respira, es un lugar de ricos, la decoración lo demuestra, camareros, comidas con nombres impronunciables aunque riquísimas, e incluso detecte una pizza, no duró mucho.
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Mensaje por Invitado el Mar Dic 01, 2015 3:01 pm
Franquear el vestíbulo del Luxe Rodeo Drive supuso para Callaghan quince minutos de tediosa cháchara con estudiantes homos que ensalzaron la que fuera su primera exposición didáctica en una universidad de California. Aquellos niños ricos, cuyos padres suponían la élite de Beverly Hills, alabaron sus vastos conocimientos empresariales con una insinuante retórica cargada de pretensiones y sutil coquetería. Obviamente no fue la sabiduría de Cayden lo que en su día les impresionara, sino su aspecto de heterosexual inflexible al que corromper, la masculinidad que destilaba por cada uno de sus poros y esa imponente anatomía suya de padre o hermano mayor al que sin duda se follarían. Ese reencuentro fortalecería sus recuerdos de aquel hombre con acento gaélico, los cuales ya empezaban a serles difusos pese a que tan buenas pajas les promovieran. -No... No doy clases particulares, jovencito-. Le replicó Cayden a uno de ellos, el perro más atrevido de aquella jauría, guiñándole un ojo mientras se abría paso con actitud esquiva pero sin llegar a mostrarse desconsiderado. Para cuando finalmente pudo acceder al ostentoso salón destinado a eventos privados y celebraciones de aquel lujoso hotel, lo hizo vestido de esmoquin y con una radiante sonrisa en su perfectamente afeitado rostro. No era que la fiesta universitaria que allí se celebraba le entusiasmara especialmente, pero creía haber conseguido aderezar lo que a priori se trataba de una aburrida velada destinada a recaudar fondos y la captación de nuevos estudiantes moviendo un poco los hilos de sus influencias. El empresario había sido invitado por un buen amigo suyo, rector del colegio St. James, comprometiéndose a asistir sólo si éste traía consigo a uno de sus más aplicados docentes. Naturalmente, Cayden no le confesó a su anfitrión los verdaderos motivos de su interés por volver a ver a Dylan Greths, arguyendo vía telefónica que una noche como la prometida sería un buen presente para aquel chico que tan gentilmente le había guiado por el campus y el edificio de la universidad durante su última ponencia. Un magnífico cicerone, fueron las palabras exactas que Callaghan empleó para describirle. Por supuesto, el decano aceptó de buen grado a su condición.

La cabeza del altísimo escocés se convirtió en un periscopio buscando su objetivo en aquel mar de políticos patrocinadores, profesores lameculos y jovencitos harto acostumbrados al esnobismo de sus padres. Poco tardó en localizarlo junto a una larga mesa colmada de aperitivos, dando buena cuenta de una pizza cortada en porciones que todos los asistentes habían condenado al ostracismo en pro de los canapés de salmón y caviar. Salvó entonces la distancia que le separaba de su avistamiento con un caminar muy lento que no delataba sus ansias por llegar, adueñándose de una copa de champagne de la bandeja de un camarero durante el camino. -Eso es. Cómetela toda-. Susurró al oído de Dylan tras plantarse en su retaguardia, rozándole deliberadamente el final de la espalda con su entrepierna. Cuando el jovencito se giró para comprobar quién le había musitado aquella obscenidad, el mayor se deslizó hacia el lado contrario con el fin de demorar por dos segundos más su sorpresa. Y vaya si su repentina aparición resultó serlo, a tenor del gesto anonadado que las facciones de Dylan compusieron nada más verle. El ejecutivo en tuxedo de Armani se acarició el rasurado mentón y sus labios dibujaron la sonrisa de un niño travieso, sutilmente lasciva, a juego con su comentario. -Recuerdo haberte dejado en cueros y bien jodido en la ducha de tu humilde guarida estudiantil-. Callaghan decidió remojarse el gaznate con un trago de Moët & Chandon al percibir que con su última palabra había sonado un poco más ronco de lo habitual. -Y esta noche te encuentro en una fiesta de alto nivel disfrazado de un adolescente James Bond-. El moreno no pudo evitar reir entre dientes su propia observación, mientras repasaba de arriba abajo al nerd trajeado. Sus cejas se arquearon después en el clásico mohín de incredulidad exagerada. -¿Tanto tiempo ha transcurrido desde nuestra última escaramuza?-. Un deje de chanza matizó su interrogación, formulada al tiempo que enderezaba la pajarita de su guapo interlocutor con los dedos libres de tener que sostener una copa. Cayden fue consciente de la tensión en los hombros del muchacho, fruto del acercamiento de una mano con la que otrora le había sometido sexualmente. -Antes de que me llames acosador, o que lo pienses siquiera, debes saber que no he tenido nada que ver en esto. Sólo soy un invitado más. Como tú-. Le mintió el de Aberdeen con una descarada impudicia, sin remordimiento alguno e indiferente como siempre a que aquel chaval creyera o no sus falsedades. Pues hasta entonces, el nivel de credulidad o escepticismo de Dylan no había afectado en absoluto el poder conseguir de él aquello que en un principio se hubiera propuesto. -Supongo que es cosa del destino-. Acabó deliberando Cayden con una mueca divertida, casi encantadora. Un gesto risueño, nada amenazador, que enmascaraba su cinismo así como los depravados designios que la mera visión de aquel muchacho le inspiraba. Y aquello no era algo nuevo.
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Mensaje por Invitado el Dom Dic 06, 2015 6:03 pm
El muchacho casi escupe la comida, pero soltó un bufido de incredulidad que de haber tenido agua dentro de su cavidad bucal la hubiera expulsado al instante al reconocer dicha voz, por mucho que llevara sin escucharle, sabía precisamente quien es, dueño de tantos sueños y pesadillas por igual. Aun así se giró buscándole, tuvo que hacerlo dos veces pues a Cayden le pareció oportuno jugar al escondite.

No importa que se desvelara antes de ser visto, el muchacho no cabía en sí de su espasmo inicial, todos sus encuentros han sido por igual, fortuitos y malditos, y el último fue en público, no consideraba que este fuera diferente, estando en esta ocasión en terreno del mayor.
El muchacho trago saliva, varias veces, ni siquiera se dio cuenta que prácticamente vació su boca casi sin masticar- Ve.. veintitr…- cuando se dio cuenta de lo que iba a decir, omitió su frase, pero prácticamente había contado los días desde la última visita del empresario, algo que no podía ser muy saludable.

-Ya veo…- en realidad si lo pensaba fríamente no era una sorpresa, en ese lugar se encontraba la elite de Beberly, no era de extrañar que el tan conocido empresario fuera a ser invitado, sin embargo el muchacho no lo consideró cuando el mismo fue invitado, tal vez porque no consideraba que fuera una celebración de tal calibre.
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Mensaje por Invitado el Mar Dic 15, 2015 3:29 pm
El escocés sonrió de manera lupina al escuchar que Dylan Greths había contado los días transcurridos desde su último y tórrido -más bien húmedo- encuentro. Aquello sólo podía significar dos cosas; que su brutalidad en el acto le había traumatizado o que en el fondo anhelaba poder repetir una experiencia como la de la ducha. En cualquiera de los casos, el que aquel chico lo hiciera le llenó de orgullo y ansias como el amante con ínfulas de violador que era. Su afilada sonrisa acabó convirtiéndose en una ronca carcajada al observar que Dylan tragaba, apenas masticado, aquel bocado de pizza con el que casi se había ahogado al descubrir quién le acechaba o, para ser más exactos, volvía a acecharle. -Si te vas a atragantar… Al menos que sea por un buen motivo-. Comentó Cayden con su particular y torcido sentido del humor, ignorante de si el muchacho habría captado su taimada y sugerente referencia a una felación. -Dime una cosa, pequeño-. Se inclinó hacia él después de mentarle como más le gustaba, aludiendo no sólo a la década y media que diferenciaba sus edades sino también a la cabeza y media que le superaba en estatura. -¿Ya puedes sentarte o todavía me sientes dentro?-. Le susurró al oído, rozándole intencionadamente la oreja con sus labios. Al separarse, pareció que un ruborizado Dylan empequeñeciera varias tallas de repente. Como siempre, la intimidante proximidad de Callaghan afectaba al guapo estudiante de un modo físico y no exclusivamente mental. Aquello delataba su miedo pero también su excitación, dos de las sensaciones que el feroz dominante frente a él más se vanagloriaba de generar en sus presas.

Pero Dylan ya había dejado de ser una presa al uso para convertirse en alguien que siempre se dejaba cazar por el maduro ejecutivo en perpetuo estado de celo. Cayden era muy consciente de ese rol suyo de eterna víctima que en realidad disfruta siendo sometida, y dicho conocimiento le abría un abanico de posibilidades. -Espero que después de disfrutar de la fiesta me permitas llevarte en mi deportivo de vuelta al St. James-. Su oferta, aparentemente cortés, pareció engendrar una -más que comprensible- suspicacia en aquel que ya había padecido las consecuencias de subirse a su coche. -¿O estás ya escarmentado?-. En espera de recibir una contestación, la vejiga de Cayden comenzó a espolear su esfínter en señal de que el depósito estaba lleno. Aquello hizo que el hombre oteara en todas direcciones en busca del distintivo de un WC, el cual pudo localizar enseguida y bastante cerca de donde se hallaban. -Voy a mear-. Le informó sin eufemismos a su cohibido interlocutor, antes de apurar rápidamente su copa de champagne. Lo dijo con una sinceridad casi soez que contrastaba con su fragancia de doscientos dólares, su tuxedo de firma y la decadente elegancia que se respiraba en aquel concurrido salón de eventos. Por otro lado, dicho descaro encajaba a la perfección con su voz, su talante zafio y esa masculinidad suya genuinamente escocesa. -Pestañea dos veces seguidas si te gustaría acompañarme al servicio-. Sus facciones adoptaron una expresión lasciva, de sátiro travieso, tras proponerle al siempre taciturno Dylan un método con el facilitarle sucumbir a sus verdaderos apetitos sin que después se sintiera sucio o culpable por ello. Callaghan acechó en sus ojos, expectante, la pertinente doble caída de sus párpados.
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Mensaje por Invitado el Mar Ene 26, 2016 5:03 pm
El muchacho enrojeció violentamente mientras el hombre le hacía claras referencias a su último encuentro, del cual había tenido secuelas, como un dolor atroz en su trasero durante dos días o tal vez más, también se volvió más inseguro consigo mismo, por el hecho de aceptar esa relación, ya que aunque haya sido sometido, el mismo lo quiso. Pero lo que más varió fue su reputación en el instituto, había pasado por lo que no es, un amante excepcional, o un chico con un trasero de infarto, el caso es que de repente chicos que apenas le dirigían la palabra ahora habían empezado a hablarle y a insinuarse claramente. El caso es que el asunto de su encuentro en el centro le había dejado secuelas claras, pero como siempre Cayden parecía alguien intimidante a su lado, y le dejaba sin habla.

La relación entre estudiante y empresario cada vez se volvía más turbia, el muchacho parpadeó rápidamente ante la propuesta del empresario…- Eh… volvemos en grupo... creo- se suponía que los alumnos del St James debían volver en un transporte conjunto, esas eran las normas, pero eran solo unos pocos muchachos del centro, los más influyentes, así que Dylan no sabía si volverían juntos o cada uno por su lado, el muchacho acudió con el decano quien le llevó, avisándole la hora de vuelta.

El chico asintió automáticamente dando por entendido el mensaje, cuando le dio la señal parpadeó no solo dos veces, si no varias, pero por señal de asombro más que de aceptar el trato- ¿Qué?- susurró mirando a todo el mundo excepto a su interlocutor, estaban en una fiesta, en un lugar concurrido, y ese servicio sería muy frecuentado, por nada del mundo iría ahí, negó con la cabeza- No… bromees hay... está todo muy lleno- le dice algo exasperado, imaginándose en su primera celebración oficial, si le encontraban procreando se ganaría una fama de meretriz totalmente merecida.

Si iba al servicio con Cayden sería para hacer lo que se hace en los baños, mear y asearse, ¿Qué diría su director si lo encontraba haciendo cosas indebidas?
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Mensaje por Invitado el Dom Feb 07, 2016 2:23 pm
Después de escuchar los entrecortados rodeos y evasivas verbales del atónito muchacho, Callaghan le sonrió de una manera que sólo podía describirse como cínica y presuntuosa. Sus proposiciones siempre parecían aturdir y escandalizar a aquel introvertido estudiante del St. James, por recurrentes que éstas se estuvieran volviendo. -No temas, pequeño. Tu director no tiene por qué saberlo. Ni ningún otro de los asistentes si somos cuidadosos-. Su expresión, la del macho alfa, era ahora la de un veterano seductor que encuentra divertido, a la par que entrañable, el pudor y las paranoias de un chiquillo de la edad de Greths. No es la primera vez que me tiro a un jovencito como tú en un lugar tan concurrido como éste sin que nadie más aparte del interesado se entere, le hizo saber con aquella mueca sardónica y un punto altanera. -Él sólo se enteraría si yo mismo se lo contara. ¿Entiendes lo que trato de hacerte entender?-. Le amenazó Callaghan; sibilino su estilo, casi subliminal. Con la sutileza propia de un zorro a la hora de hurtar su cena de un gallinero en lugar de cazarla. A fin de cuentas se habían reencontrado en una fiesta de gala celebrada en el Luxe Rodeo Drive, por lo que su manera de coaccionar sexualmente a Dylan esa noche debía ser más refinada y distinguida que su vulgar empleo de la fuerza bruta. Acorde su modus operandi al sitio, al champagne francés que acababa de beberse y al oneroso esmoquin de firma que llevaba. -Te espero allí. No tardes-. Pareció que le ordenara con un tono de voz severo e irrebatible, apuntando sus ojos grises la puerta del WC que de inmediato convirtió en el rumbo de sus pasos.

El empresario entró en el servicio de caballeros para comprobar, regocijado, que enseguida quedaría vacío al encontrarse únicamente a un tipo escuálido, con pinta de catedrático o mormón vendebiblias, que ya estaba haciendo uso del ruidoso secamanos. Él se limitó a descargar el contenido dorado de su vejiga a punto de reventar en uno de los meaderos, silbando Yesterday de los Beatles mientras lo hacía. Al acabar y mientras se lavaba las manos, una vez el otro se hubo retirado, pudo ver reflejada a través del espejo que tenía enfrente la vacilante entrada de Dylan a aquellos aseos de diseño vanguardista. El color rojo, el gris y el blanco se combinaban de una manera tan armoniosa como el mármol, el metacrilato y el cristal en aquel espacio luminoso y pulcro con un grato perfume cítrico a desinfectante que, a pesar de su denotado esfuerzo, no conseguía camuflar del todo el olor acre de la orina. -Por lo que veo no has tenido que pensártelo demasiado-. Comentó el pretencioso ejecutivo al tiempo que se secaba las manos con un pedazo de papel higiénico, mirando a los ojos de su tímido interlocutor por mediación del espejo. Sus labios, rodeados de un mentón cuadrado y recién rasurado, acentuaron muy despacio la vanagloriada sonrisa que habían dibujado. -Una decisión prudente y de lo más acertada. Si no quieres tener problemas con el decano será mejor que dejes tus escrúpulos en ese salón de eventos de allá fuera y empieces a obedecerme en todo a partir de este momento-. Tras proferir dicha coacción, sin valerse de demasiadas sutilezas esta segunda vez, Cayden arrojó el pedazo de celulosa húmeda encima del sanitario y se dio la vuelta con los brazos cruzados sobre su fornido torso. El espejo reflejaba ahora su ancha espalda trajeada, una nuca varonil y recia, así como la figura de un indeciso Dylan Greths a tan solo un par de metros de él.
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Mensaje por Invitado el Mar Feb 09, 2016 6:43 pm
El muchacho abrió los ojos desmesuradamente mientras le veía alejarse ¿Se iba a chivar? Pero… no puede ser… sería el empresario el que saldría peor parado si se iba de la lengua. ¿O tal vez no?
No tendría forma de desmentirlo, muchos estudiantes vieron la escenita que montó, por lo que un par de preguntas bastarían para dejar claro que ellos se conocían de antes, sin embargo si ese hombre se fuera de la lengua ¿No se perjudicaría a sí mismo? Sí, al fin y al cabo el muchacho aun es menor de edad, quedan varios meses para cumplir dieciocho y ser un adulto legalmente, por lo que esa revelación le sería ineficaz.
A no ser… no se trata de él que cuente, si no el cómo, si el empresario relata al muchacho como un chico que se aprovechó de su cuerpo y le sedujo o cosas así… sería su palabra contra la del musculoso hombre…

No debería arriesgarse, pero tampoco cooperaría tan fácilmente, trazó un plan, simple, pero eficaz… se dirigió al baño siguiendo al más atractivo y le encontró en solitario, a pesar de tener las frases en la cabeza se le fue la fuerza por la boca al verle…

-Esto… ¿podriamos ir a… a otro sitio?- acabó pidiendo mientras miraba al suelo, pues no sabía si estaba mirando al hombre que tenía delante o a su reflejo del espejo
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Mensaje por Invitado el Miér Feb 24, 2016 4:37 pm
Al parecer Greths, una vez más, se había dejado arrastrar por su libido casi subconsciente en lugar de por la cabeza. Y a pesar de ello seguía fingiendo turbación y recato ante aquella situación que, de no desearla realmente en el fondo, fácilmente podría haber evitado. -Ya estamos en otro sitio-. Replicó Cayden, con un tono de voz glacial, la timorata petición del estudiante. Su renovada expresión, la de un inflexible hombre de negocios, pretendía dejar bien claro que no aceptaría otro cambio de escenario en busca de la intimidad que Dylan tanto parecía rogarle con los ojos. El inevitable riesgo de que acabaran siendo pillados, como en menor medida ya existiera en el campus del St. James College, lo hacía todo mucho más interesante. -¿Cuándo vas a admitir que te encantan esta clase de juegos?-. Le cuestionó al que probablemente todavía era menor de edad, mientras salvaba la distancia que le separaba de él con un caminar moroso y acechante. -¿Cuándo vas a reconocer que te gusto yo?-. Dylan no tuvo tiempo de reaccionar tras escuchar dicha pregunta, viéndose agarrado del bíceps por una de las zarpas del macho dominante para seguidamente ser arrastrado por éste hacia uno de los cinco cubículos que contaba aquel aseo. Los sonidos de la fiesta que allá afuera se celebraba -algarabía que apenas podía considerarse un murmullo en aquel servicio de caballeros-, ahogarían cualquier grito suyo. Aunque el mayor estaba convencido de que Dylan no trataría de pedir auxilio. Nunca lo hacía.

Cayden obligó con un empujón a que el muchacho tomara asiento en la taza del váter, cerrando después con pestillo la puerta a sus espaldas. Acto seguido, y ayudándose de uno de sus pies, le instó a separar un poco más las piernas para facilitarle el poder plantarse lo más cerca posible entre sus rodillas. Era un tipo enorme, de casi dos metros de estatura por uno y medio de aquel chico en cuanto a ancho, pero que el otro se hallara ahora sentado y él de pie lo convertía en un auténtico coloso. Y lo era en más de un sentido, para desgracia o fortuna de aquel que muy pronto debería complacerle con una felación. -Así me gusta, pequeño, que obedezcas sin rechistar-. Musitó con su característica voz rota, sensual, acariciando con el pulgar los suaves labios del chico. Después se llevó esa misma mano a la entrepierna y el sonido de una cremallera flotó en el aire, rompiendo el silencio que por momentos reinaba en aquel aseo. -Aquí nadie podrá vernos-. Aseguró Cayden después de que hiciera asomar su miembro frente a la atónita y recelosa mirada del joven; una rabo grueso y largo que resultaba intimidante aún en su estado a medio engrosar. Se sacó cada aterciopelada pulgada de aquella abrumadora media erección a través de la portañuela de su bóxer blanco y después, con sumo cuidado, por la bragueta. Por el momento no pensaba desabrochase el cinturón ni bajarse los pantalones, barajando aún la posibilidad de que aquello pudiera limitarse a recibir una buena mamada. La actitud y el talento de Dylan durante la misma lo decidirían.
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