I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
▲ Debes subir tu ficha para obtener color
▲ Después de que tu ficha es aceptada, debes realizar tus Registros
▲ El mínimo de líneas por post es 10.
▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
▲ Avisen sus ausencias y eviten perder sus Pbs
021

Elite

013

Burgherdom

002

Home Workers

012

Employees

010

Students

001

Press

003

Police

008

Criminals

Nuevo Skin

21 - 04 - 2016

Limpieza de Registros

12 - 03 - 2016

Skin de Otoño

Noviembre - 2015

Skin Primavera

28 - 04 - 2015

Normas Actualizadas

09 - 12 - 2014

Censo Obligatorio

Octubre - 2014

Apertura foro

25 - 10 - 2014

El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
Savage Themes
The Captain Knows Best y Foroactivo

Algunos recursos gráficos e imágenes han sido tomados de
Tumblr
DeviantArt - Agradecemos especialmente a Pillsburymonki por su coloring Hollywood psd 15
Google
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Creado a partir de la obra en http://beverly-paradise.foroactivo.mx
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Mensaje por Frank Fadden el Lun Dic 21, 2015 8:25 pm
Estaba por terminar su desayuno cuando el gerente general de la compañía lo había llamado nuevamente. Crown lo había vuelto a llamar. Y era la quinta vez. Del día. A veces se Frank hastiaba por el comportamiento ajeno, y, por mucho que no quisiera prestarle atención, sabía que, por su naturaleza afectuosa, era incapaz de decir lo que realmente sentía cuando estaba con él: incomodidad. Por lo que se veía obligación de ir a las oficinas de la editorial. Bufó porque no quería, más, debía. Tal vez esta vez sí era importante.

Salió de su departamento para dirigirse hacia la limosina y, posteriormente, llegar hacia la oficina de la Editorial Fadden. Rápidamente, tras una charla con el mismo chófer que se había ganado la confianza del americano, llegó a la sucursal y bajó del automóvil de puro color negruzco, adentrándose por la puerta principal de vidrio. Su entrada provocó la mirada de varios empleados, que analizaban rápidamente el cuerpo del moreno. Alto, cuerpo definido, barba y ojos castaños oscuros penetrantes. Se sintió un poco intimidado por las miradas y los comentarios (que, seguramente, eran subiditos de tono) en cuanto a él, por lo que, fugazmente, se aproximó al ascensor. Una vez las puertas metálicas se cerraron, logró exhalar el aire que tenía prensado adentro, liberándose de lo que siempre debía liberarse: de los hombres.

Llegó al piso donde la amplia oficina de Crown estaba. Y, para su sorpresa, se encontró con el joven Isaac que, de a ciencia cierta, le recordaba muchísimo a su cita de la fiesta de promoción. Tenía tan solo dieciocho cuando su primer amor, el chico tímido de su clase, estaba allí, siendo invitado por el capitán del equipo de futbol americano del instituto para la noche de promoción. Hardy le traía buenos recuerdos de aquel chico y, por mucho que él mismo se lo negase, sentía una inevitable atracción por él, a pesar de haber compartido muy poco con el joven secretario de Crown. —Hey, hola Isaac. —saludó con emoción, como siempre solía saludarle a él cuando debía estar allí.


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Mensaje por Isaac D. Hardy el Lun Dic 21, 2015 9:02 pm
Cualquiera podría atreverse a adivinar el estado de ánimo de ese muchacho, el que por la ausencia de su jefe, debía darse la gran vida en la oficina. ¿Y cuántos apostaron a que sería todo lo contrario? Con pesar, nadie. Porque la presencia del Sr. Crown nunca tuvo mayor énfasis, ni cuando su colonia carísima impregnaba las paredes del edificio, porque cada media hora o así la pantalla del centro de la oficina se encendía para una fugaz sesión de videollamada: sí, Crown no pondría jamás su confianza ciega en el muchacho. Y a pesar de que aquella paranoia en su jefe, estuvo más que injustificada, Isaac tuvo que dejar cada cierto tanto sus deberes para responder al hombre. ¿Qué podía decir? Él tampoco se esperó menor presión nada más por la ausencia del hombre, así que no hubo decepción alguna.

Y fue que desde muy temprano tuvo que recorrer las calles de la ciudad para transportar un manuscrito, ¿de qué? Le fue pedido expresamente que no ojeara, o el dueño le demandaría, y es muy joven para ir a prisión; por lo que tras recorrer varias, tantas calles, regresó al edificio con alguna lesión muscular en sus piernas: de lo contrario no dolerían tanto. Eso sí, llegar hasta la oficina del hombre y sin que este estuviera presente, le ayudó para aprovechar -en lo posible- la situación. Y esto se redujo a tomar asiento en la "gran silla", que ni el trono de la serie esa podían compararse en honor. Lo especial de aquel asiento fueron las mismas demandas de Crown, las mismas que Isaac se encontró pronto aprovechando: pues tras tirar de un pequeño interruptor, la silla comenzó a vibrar. Su espalda lo agradeció, y aquella sensación gozosa no pudo esconderse por la terriblemente feliz sonrisa en su boca. Aun si durase un par de minutos, los disfrutaría a más no poder.

"¿Isaac? ¿Qué estás haciendo?... ¿Isaac? ¿Acaso está bajo el volumen? Súbelo, imitación de Hugh Grant. Ah, sí... ¡Isaac, renacuajo próximo a quedarse desempleado! ¿¡Qué haces en mi silla!?

Bastaron los gritos descontrolados para hacer que el muchacho sufriese de un mini infarto, el mismo que tuvo lugar cuando de un brinco se levantó y vio, con horror, el rostro del ojos claros a todo color, y sobre la gran pantalla de la pared —. Eh,... ¿tropecé y caí?— Entrecerró los ojos, como si se estuviese preparando física y psicológicamente para una crucifixión, aun si había un charco de distancia entre ambos.

"Que no se repita, yo lo sabré. Aun aquí puedo sentir tu colonia barata, como sea. ¿Entregaste el manuscrito?"

Empezaron entonces a ponerse al día, Isaac por su cuenta relató lo que le había ocupado por casi toda la mañana y parte de la tarde: hacer de mensajero para el hombre que, ni siquiera le daba la importancia suficiente para prestarle atención o, en este caso, ver hacia la cámara para entablar un ciber-contacto visual. A su lado, un hombre con terror marcado en su mirada, tratando de mantener la conexión sin ningún tipo de contratiempo: a pesar de que la red parecía debilitarse, a lo que internamente significó una victoria para el muchacho, quien por primera vez en la historia, podía no escuchar la voz de su jefe durante el resto del día.

"Bien, no me decepciones. Ahora me voy, que tengo una cena organizada con la Sra. Streisand. Adiós, o lo que sea."

Y tras ese funcional esfuerzo por despertar la envidia del más joven, la imagen se consumió para volver a la pantalla en negro completo. Isaac se encogió de hombros y, por mero berrinche, volvió a tomar asiento en la silla de su jefe; era lo único que tenía a su alcance como método de venganza, para hacerlo irritar. Sí, en ocasiones podía tornarse muy infantil cuando se trata de hacerle mal a alguien. Pero aquello fue recompensado, no como el karma lo dictaría, sino el antikarma: pues vaya recompensa. Un tono de voz que, en contraste a la de su jefe, provocaba otro tipo de mini infarto, uno al que podría acostumbrarse con tal de escucharle hablar... seguido. Empujándose con los pies para hacer girar la silla, se encontró al dueño de esa voz, y sí: su gesto atrapó la misma culpabilidad. —Hm—. Aclaró su garganta, y bajó la mirada para buscar en su repertorio de muecas, a la del hombre profesional y ético. Así pretendió que buscaba un papel entre los cajones del escritorio, pero como no era sorpresa incluso para él, sí olvidó que los cajones permanecen asegurados y él único que tiene la llave es Crown. —Sr. Fadden, hm— otra vez le tocó carraspear —. ¿Qué le trae por aquí? El Sr. Crown no está, y curiosamente nadie siente su ausencia. Bueno, todos la sentimos, pero en realidad no hay quien lo... eche de menos—. Quiso bromear para aligerar la tensión en la que él solo se hubo enfrascado, acompañando esas palabras con una sonrisa. — ¿Se le ofrece algo? ¿Un café, mi carta de renuncia?— Cerró los ojos porque, nada más se levantó de la silla, esta empezó a emitir sonidos por haber olvidado apagar el vibrador. Por lo que tuvo que interrumpirse para darle la espalda y encargarse de ese asunto, tras encontrar el interruptor, todo volvió a la normalidad.


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Mensaje por Frank Fadden el Lun Dic 21, 2015 9:23 pm
Francis, observando detenidamente los movimientos tímidos y avergonzados de Isaac, soltó una pequeña risa ahogada entre sus dientes, sin dejar de clavar su mirada en los orbes oscuros del chico. —Parece que vengo en mal momento. ¿Quieres que te deje privacidad para que tú y esa silla sigan haciendo… lo suyo? —preguntó en broma, mientras que ladeó su cuerpo para cerrar la puerta de cristal de la oficina de Crown que… —¿no está? —inquirió confundido. ¿Y a este tipo qué le pasaba? Citaba a Fadden a su oficina para, seguramente, nada en particular, ¡y se va!

Pero no puede culparlo, al menos, lo dejó con el chico agradable que, cómicamente, trataba de excusarse frente a Fadden. El americano negó con su cabeza y se aproximó hacia el varón menor, haciendo notar la diferencia de estatura. (Y eso le hacía recordar todavía a Steven, su pareja de baile. Cristo. No podía haber tantas coincidencias con respecto al secretario del malévolo Crown y su primer amor juvenil). Fadden soltó un bufido que denotaba su cansancio. En serio no podía con Nathaniel. No podía comprenderlo y tampoco es que tenía interés en hacerlo.

Carcajeó él ante el chiste que soltó el chiquito. —Pues, la carta de renuncia no es mala idea. Todavía me pregunto cómo soportas a Nat —dijo, haciendo referencia al tiempo que Isaac llevaba trabajando para Cruelo de Vil—. Pero un café no me sentaría mal, ¿sabes? No he podido completar mi desayuno por culpa de él. —dijo, todavía, con su voz ronca (adormecida), mientras que apoyó su cuerpo sobre la mesa de madera que había allí, cruzándose de brazos, todavía frente a Hardy.

Su rostro, sus ojos, su nariz, sus labios, su cuerpo, su pecho, sus hombros, sus glúteos, sus piernas, él. Trató de controlarse, porque, en cuestión de segundos, hubiese plantado un beso en aquellos carnosos labios que tanto deseaba morder con ganas. Negó con su cabeza, borró los pensamientos que, prontamente, llevaron todo a un plano menos apto inclusive hasta para él. Y, volviendo a fijar su mirada de en los orbes masculinos ajenos, pronunció: —Llámame Frank, Isaac, te lo he dicho varias veces. —porque no quería que también se siéntese intimidado por su aspecto o por lo que escucha en los pasillos de la oficina. A todas esas, Francis no era así. Francis era un oso gigante de peluche y no quería que Hardy tuviese otra perspectiva sobre el CEO de Editoriales Fadden que no sea esa: alguien en quien podía confiar con plenitud si miedo a una traición.

Quizá Isaac era el chico que tanto quería Francis Eugene en bastante tiempo. Estaba viejo para esas cosas. ¡Tenía 43! Espera… ¿y si era eso lo que le aterraba a Isaac? ¿Su edad? ¿Y qué si no quería estar con Fadden, precisamente, por su edad? ¡Tantas incógnitas pasaron por la mente del hombre mayor que comenzó a inquietarse! Y, tras segundos de un incómodo silencio que él mismo había ocasionado, se atrevió a preguntar:

Isaac, ¿crees que estoy viejo? —y punto para Fadden: maneras de iniciar una conversación agradable con tu pequeño amor platónico. ¿Quién dijo que no se aprendía algo de las películas adolescentes de romance pasional?


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Mensaje por Isaac D. Hardy el Lun Dic 21, 2015 11:38 pm
— ¡Un espresso doble en camino!— Con la hiperactividad que solo demuestra una vez se siente, quizá no incómodo, pero sí presionado: el muchacho dio un par de zancadas rodeando el escritorio hasta la mesa con la máquina de hacer cafés, de único uso para su jefe, pero en vista de que el hombre quien hace de compañía es no solo un jefe más, sino la cabeza de toda la editorial: Isaac improvisó sobre esa jerarquía, ya que en palabras de Crown: su incompetencia no debía permitirle usar su máquina de forma personal, no podía invitar a nadie, ni usarlo para sí mismo. Así de bueno era su jefecito, y esa presencia aun podía sentirse, porque el buen muchacho escuchó la voz mandona de Crown en su oído: dictando que aquello estaba mal, no debía preparar cafés ahí.

Aun si seguía dándole la espalda, pudo escuchar la queja del hombre referente a la ausencia del tercero; ¿acaso no le había avisado del viaje? Y justo cuando vio un sobre blanco junto a la máquina de cafés, con la taza especial del Sr. Crown haciendo de soporte, la vida se le vino abajo al moreno. —Creo que sí, el Sr. Crown le estaba esperando... pero no aquí—. hablaba en pausas, porque de nuevo estaba aceptando que olvidó algo, quizá crucial para la vida amorosa del otro hombre. O la de ambos. En vista de que no haga más que escuchar y observar, el muchacho ha estado muy pendiente del interés del hombre ojos azules hacia el CEO de Fadden Editorial. Lo cual le hacía sonreír en las sombras, porque era divertido de ver las reacciones del hombre cuando sea que el Sr. Frank asoma por la oficina. Y claro, no estaba de más, con su sonrisa, esa presencia tan familiar y cálida, cualquiera podía sentirse no solo a gusto en su compañía. Pero era posible que el pequeño Isaac estaba sintiéndose más que solo a gusto.

De cualquier forma, tomó el sobre y se dio la vuelta, esperando a que se preparara la taza de café; entonces estiró su brazo para pasarle el contenido, nada más que un boleto de avión pagado con la cuenta de la empresa—. El Sr. Crown viajó a Francia hoy por la mañana, como invitado para una desfile de modas o algo así y... se supone que yo debía entregarle esto a usted, ayer—. Isaac variaba entre el rostro, que esperó no cambie a uno enfadado, así como el suelo: la zona más segura en toda aquella oficina, porque ver al suelo no cargaba presión: el suelo no le juzgará en lo absoluto. Y, haciendo honor al dicho "salvado por la campana", el timbre de la máquina avisó cuando todo estuvo preparado. Hasta ese momento reparó en que no le había preguntado cómo lo prefería el café, solo lo preparó como a él le gusta, o lo pide cada mañana que pasa por el Starbucks: uno de azúcar, sin crema, muy fuerte. Acomodó la taza sobre el platito y se lo entregó al hombre.

—Eso... más de una vez intenté llamarlo así, pero cada vez que lo hice tuve al Sr. Crown cerca, y me dio la reprimenda de mi vida: él asumió que yo trataba de ser coqueto para conseguir una especie de aumento, o tener un pase libre por la oficina—. Explicó breve, sin ánimos de echarle tierra a su jefe, pero debía hablar con la verdad, más o menos —. Lo cual no puede estar más equivocado, estoy feliz con mi trabajo... la mitad de las veces—. Con un suspiro pesado, solo estaba compartiendo lo que cada quien en el departamento, y posiblemente Fadden tenía sabido ya: la influencia de Crown en la vida de todo aquel que tiene contacto con él.

Entonces guardó sus manos en los bolsillos traseros de su pantalón, a la espera de ver esa reacción, ¿y si no había preparado bien el café? No le preocupó tanto como lo sería equivocarse con Crown, ya que solía ser curiosa la interacción entre el muchacho y el hombre frente a él: no había expectativa, ni esa necesidad por imprsionar o temer a errar, era solo el respeto del trabajo. Dos jefes para el muchacho, pero muy distintos en cuando a su perspectiva. — ¿Qué dijo?— Enarcó una ceja, no supo de dónde había venido esa pregunta, por lo que tampoco tuvo idea de cómo responderlo. Con una mueca perdida, para comprarse un poco de tiempo hasta responder, se quedó pensando en qué decir y cómo hacerlo. — La edad es subjetiva... — hizo una pausa, con su ceño fruncido por no saber qué camino estaba siguiendo —Empieza siendo solo un número, pero tiene de importante lo que uno quiera ver. Para mí, es un hombre mayor. Creo, ¿cuántos años tiene?— Dejó libre aquella duda, aunque pensó pronto lo irrespetuoso que podía ser curiosear de más—. Pero para alguien de su edad, no es viejo. Está bien así como está, muy bien —. De pronto sintió comezón en su nuca, en su cuero cabelludo, por todos lados: no supo si había metido la pata, o de haberlo hecho, qué tanto—. ¿Por qué la pregunta? No me diga que planea salir en citas de nuevo—. Aun si había sonado indiscreto, el muchacho no lo vio como aquello, pues únicamente buscaba algo con lo qué bromear, ya que ajeno al trabajo, Frank se le hacía un hombre muy agradable.


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