I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
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Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
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Capítulo 1: La llegada

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Mensaje por Robert Swann el Miér Ene 20, 2016 9:55 am
Fumaba un pitillo en la puerta del edificio. Tras de si se levantaba un bloque de apartamentos de cinco pisos. Había decidido volver a Los Ángeles, pero prefería un lugar un poco más alejado, como Beverly Hills. Su familia había protestado en un principio, pero el no deseaba, por nada en el mundo, volver a vivir junto a ellos. Los años en Boston habían sido suficientes para hacerle ver que necesitaba su lugar, que era alejado, viviendo solo o quizás con alguien, algún compañero de piso. Su sueldo le daba para poder encontrar algún lugar por una zona media en Beverly así que empezaría por aquel sitio. Levantó la vista, ensombrecida por los cristales ahumados de sus gafas de sol. La fachada del edificio no era muy moderna, pero tampoco quedaba anticuada. Lo que si le gustaba era que estaba en lo alto de una colina por lo que desde arriba, seguramente, habría unas buenas vistas de toda la ciudad y de Los Ángeles, más allá.

Había conseguido que su padre llamase a un conocido de negocios, un tal Cayden que al parecer se encargaba de transacciones y polladas de esas. Eso era un favor porque Robert dudaba que este hombre en verdad se encargase de ir enseñando pisos como si de un agente inmobiliario se tratase a muchachos jóvenes. Y no estaba dispuesto a joderle demasiado, ni a hacerle perder el tiempo. Por eso estaba allí antes de hora, para que no existiese nada que pudiese provocar que el otro, encima de hacer el favor, se sintiese toreado o algo así.

Quedaban cinco minutos para que la hora fuese la acordada por lo que tenía tiempo para terminar el cigarrillo que tenía en sus labios. Se decidió por dar un pequeño paseo, rodeando el edificio. Tenía una pequeña zona verde que lo separaba de otros parecidos alrededor, aunque todos en un nivel de altura más bajo. Aún así el primero de los pisos era opacado por el último de los otros apartamentos. No tendría problemas con ello ya que el suyo era el quinto, o en eso había quedado el tal Cayden cuando hablaron por teléfono. El precio se le iba un poco de las manos pero esperaba conseguir alguna pequeña rebaja, y sino podía buscar a un compañero de piso para llevar el pago al día sin problema alguno.

En esas estaba cuando escuchó el ruido provocado por una moto, una Harley, algo de lo que se dio cuenta cuando volvió la esquina y pudo observar directamente a su conductor en ella. Aparcó justo al lado de su coche, un Jaguar. Intuyó que sería el hombre al que buscaba. Desde unos pocos de metros arriba, los que proporcionaban las escaleras, habló una vez el otro se quitó el casco.- ¿Cayden? Hola...¿Qué tal? Soy Robert. Habiamos quedado para ver el piso...- Esperó a que el tío se acomodase un poco tras el viaje en moto y subiese los escalones antes de tenderle la mano.- ...Gracias por venir, ya se que fue un favor por lo pesado que es mi padre.- Llevó su mano hacia sus gafas, quitándoselas para colocarlas sobre el cuello de su camiseta. Sonrió, por instinto.
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Mensaje por Invitado el Jue Ene 21, 2016 3:21 pm
Robert Swann ya estaba esperándole en la entrada del bloque de apartamentos acordado. Cayden no se lamentó por ello, ni pensaba disculparse por su mínima demora. A fin de cuentas había sido bastante puntual, y era él quien estaba haciéndole un favor al otro presentándose a última hora de la tarde después de una estresante jornada laboral. El empresario, por supuesto, exhibió un gesto de lo más cordial tras bajar de la moto y sacarse el casco de la cabeza. Por el bien de aquella transacción debía enmascarar su apatía con una expresión afable, condescendiente, que disimulara su cabreo por no haber podido ir al gimnasio esa tarde ni a tomar unas birras con su amigo Hector a la salida del mismo. Además su cliente, con el que ya había hablado un par de veces por teléfono, resultó ser un muchacho condenadamente guapo. Y Callaghan siempre recompensaba la belleza masculina con un buen trato. Al menos en un principio. -Imagino que lo último que esperabas ver es a un tipo con corbata montando en burra-. Bromeó Cayden con una sonrisa encantadora, consciente de lo insólito de encontrarse a un tipo en traje Armani a lomos de una Harley Davidson. Aquel joven, sin embargo, no se mostró especialmente extrañado. -Un placer, Robert-. Le devolvió Cayden la cortesía tras salvar la distancia que les separaba y propinarle un apretón de manos, habiendo estrechado la tendida por el chico con una fuerza que no sólo delataba un talante firme y autoritario, sino que también insinuaba su brutalidad en la cama. Seguidamente, entraron juntos en el edificio. El 102 de Wilshire Boulevard.

El joven le agradeció presto su disponibilidad y predisposición, aludiendo a lo pesado que podía llegar a ser su padre -un importante adquirente y accionista de la empresa de Callaghan- a la hora de obtener favores personales. -Yo no le llamaría pesado, sino más bien tenaz-. Ambos rieron aquel halagador y sincero eufemismo por parte de Cayden mientras atravesaban el vestíbulo en dirección al ascensor. Se trataba de un hall bastante sencillo pero con cierto toque de distinción, iluminado de manera elegante y extrañamente acogedor tratándose de una mera zona de paso. -Un gran tipo en cualquier caso-. Añadió el escocés antes de saludar al portero, un cincuentón canoso y de rostro sonrosado llamado Terry, y dejar el casco de la moto sobre el mostrador de conserjería. Robert le sonrió cuando ambos volvieron a cruzar sus miradas frente a la puerta del ascensor. Una sonrisa explosiva, abierta y blanca, dibujada entre hoyuelos; los ojos azules e intensos bajo cejas muy pobladas. Cayden le devolvió la sonrisa y después miró los indicadores: P3. Pulsó el botón de llamada. -Tu padre me comentó que vivías en Boston-. Le dijo mientras esperaban a que el ascensor bajara. -Dime, Robert: ¿A qué te dedicas? ¿O sigues estudiando?-. El chico despejó sus dudas dentro ya del ascensor, en una distancia lo suficientemente corta como para percatarse de que el muchacho era fumador y descubrir éste que su honorífico agente inmobiliario llevaba un buen perfume. La doble puerta de acero se abrió tras un ding cuando el panel luminoso les indicó que habían alcanzado la quinta planta. Callaghan le invitó con un gesto a salir del ascensor, no tanto por cortesía como sí para regalarse una bonita visión del culo de su cliente. -Las vistas son magníficas-. Aseveró el ejecutivo después de rascarse el peludo mentón y esbozar una sonrisa lupina, acechando la retaguardia de Robert con un brillo depredador en la mirada. Su actitud pasó del todo inadvertida para el otro, escapándosele de igual forma la lasciva ironía que matizara su doble sentido.

El apartamento era diáfano y espacioso, aunque aún lo parecía más gracias a unos muebles de diseño minimalista y a sus paredes desnudas. Olía a recién pintado, a futuro hogar para quien se decidiera a ocuparlo, y su suelo de madera pulida reflejaba de manera muy estética los últimos rayos de sol del día. Un balcón de considerables dimensiones fue lo primero que atrajo la atención de Robert, cuyas puertas correderas de cristal enmarcaban una bonita vista de Beverly Hills al atardecer. -50 metros cuadrados de terraza. 160 en total-. Le hizo saber Cayden mientras deambulaba por aquel salón comedor con calefacción central y cocina americana aún por estrenar. La luz naranja del crepúsculo le confería a la vivienda un toque de calidez que todo agente inmobiliario agradecería, aunque Cayden no necesitaba de los favores de una buena iluminación para alquilar o vender aquello que se había propuesto. -Sólo cuenta con dos dormitorios, pero ambos muy espaciosos. Uno de ellos dispone de baño. Espacio más que suficiente para un hombre solo. ¿No te parece?-. El escocés había apoyado su trasero en uno de los laterales del sofá blanco que presidía aquel salón, observando de brazos cruzados el escrutador revoloteo de Robert en torno a él. En espera de que el chico le comentara algo al respecto de aquella estancia, o que sin más le pidiera poder ver el resto del apartamento, Cayden se aflojó un poco el nudo de la corbata. -¿O tienes pareja? ¿Un compañero tal vez?-. Cayden sabía que el chico era soltero y que pensaba vivir solo, el locuaz patriarca de los Swann se lo había corroborado, pero pretendía que él mismo se lo negara y, sobretodo, prestar atención al modo en que éste le dejaba claro que estaba libre. Podía deducirse mucho de la condición sexual de un hombre escuchando la manera con la que informa a otro tío de que no está comprometido.
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Mensaje por Robert Swann el Vie Ene 22, 2016 4:53 am
- Te aceptaré que lo llames así.- Rió con el otro la forma en la que había querido transformar el reproche a su padre. Ahora se encontraban dentro del ascensor, y Robert dirigió su mirada a la pantallita que indicaba en que planta se encontraban. O al menos lo hizo hasta que Cayden le habló. Volvió la vista a él y asintió.- Si. Terminé allí ya. Por eso busco casa. Se me hace difícil pensar en volver a casa de mis padres después de estar viviendo allí solo.- Se encogió de hombros, como si aquello que había dicho fuese algo normal. Y lo era.- La verdad es que mi padre quiere que me mantenga en la empresa. No es familiar...- Porque el control estaba repartido ya con varios accionistas.- ...pero un Swann debe estar ahí. Así que ando aprendiendo, por debajo.- Las puertas se abrieron casi al instante y Robert pasó tras el escocés

Pero le adelantó al entrar en el piso. Lo primero que llamó su atención fueron las vistas. Se dirigió hacia los ventanales mientras se quitaba la cazadora de cuero que llevaba sobre el jersey marrón. La abandonó sobre el sofá blanco que el otro había tomado ya y asintió, observando todo lo que quedaba por delante.- Si, la verdad es que buscaba algo así.- Sonrió mientras se volteaba, mostrando el jodido rostro que enmarcaba cada sonrisa de Robert, la de un rostro perfilado por los ojos claros y los dientes blancos.- Has cumplido a la perfección con eso que te pedí, no hay duda. Y el salón está bien, y la cocina.- Se encogió de hombros nuevamente, dispuesto a hacerle saber si podían continuar cuando el otro preguntó, suponía que para hacer el ambiente más distendido.- Pues en principio pensaba vivir solo. No, no tengo pareja. Como te dije acabo de llegar de Boston, libre, sin nada añadido.- De momento consideraba que una pareja era eso, un añadido, y que se merecía poder disfrutar un poco más antes de verse enganchado por alguien.- Y lo de un compañero...no es lo ideal pero supongo que dependerá de como me vea el primer mes que pague el alquiler, si me quedo, claro.- Si estaba muy corto de dinero debería tener en cuenta eso de alquilar la habitación para no tener que cargar con todos los gastos del piso.

- ¿Podemos verlos? Las habitaciones, y los baños...- Al decir esto dirigió sus manos hacia alrededor, haciéndole saber que él estaba bastante perdido y que no sabía muy bien por donde debían de proseguir en su camino. El hombre se levantó y, en vez de dar el rodeo por detrás del sofá, decidió que era mejor pasar por la cercanía del chico y el pequeño hueco que quedaba entre sofá y él, provocando que se rozasen, a lo que Robert respondió quedándose quieto, no apartándose. Después le siguió.
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Mensaje por Invitado el Sáb Ene 23, 2016 8:32 am
El guapo moreno de ojos cerúleos le pidió a Cayden si podía seguir mostrándole el apartamento. El experto en propiedades y bienes raíces accedió presto a cumplir con su deseo, forzando intencionadamente un roce con el cuerpo del chico cuando se levantó del sofá para dirigirse hacia el pasillo que distribuía y segmentaba la superficie de vivienda que aún quedaba por enseñar. -Para eso hemos venido, ¿no?-. Dijo al pasar justo por delante del Swann Jr., matizando su voz con un retintín que le hizo parecer que realmente se cuestionara otros motivos por los cuales hubiera podido organizar aquel encuentro. Y lo cierto era que se le ocurrían varios, todos ellos indecentes. -Y no te preocupes, Robert. Intentaremos que no necesites de un compañero para costearte un buen hogar en el centro de Beverly Hills-. Le alentó el empresario por encima del hombro, escuchando los pasos del recién llegado de Boston en su retaguardia. No pudo evitar preguntarse, vanidoso, si le estaría mirando el culo como él hiciera antes en el rellano del ascensor. -Disponemos de muchas otras opciones. Pero me veo siempre en la responsabilidad de enseñar a mis clientes lo mejor que tengo, aunque sólo sea para descartarlo-. Lamentándolo mucho, Callaghan fue consciente de que acababa de sonar como uno de esos agentes de fincas que tenía en nómina.

La siguiente estancia en mostrarle era rectangular; paredes color crema, al igual que las del resto de la casa, sobre un impoluto suelo de caoba. Disponía de un armario empotrado, una columna que le confería un bonito toque de distinción, dos ventanas encaradas al océano… Y ni un solo mueble que le restara espacio. -Esta es la única habitación del apartamento sin amueblar-. Le hizo saber Callaghan tras invitarle a entrar y detenerse él bajo el umbral de la puerta, permitiendo así que el chico examinara cómodamente su interior, el del armario y las vistas que desde allí se proyectaban. -Podrías convertirla en un estupendo despacho. ¿No crees?-. La sugerencia del escocés pareció convencer a Robert, que después de un segundo merodeo alrededor de la columna le siguió presto hasta la habitación que se hallaba justo enfrente de la que acababan de desalojar. -El dormitorio principal-. Le anunció Callaghan, con el tono neutro y profesional de un verdadero agente inmobiliario. Se trataba este de un cuarto algo más espacioso que el anterior, cuya decoración destilaba el mismo gusto contemporáneo y minimalista que poseía el resto de ese domicilio. Una gran cama de recia estructura king size, con el cabezal de forja y un sólido colchón desnudo de funda y sábanas, ocupaba entre dos mesitas uno de los lados de la habitación. Cayden encendió la luz de un pequeño cuarto de baño contiguo al dormitorio. -Lavabo, WC, una ducha con mampara… La instalación es prácticamente nueva-. La funcionalidad de aquel espacio privado pareció satisfacer sobremanera al joven Swann.

El mayor no quiso perder más de su tiempo dándole detalles sobre aquel baño, volviendo a centrarse en lo que era el dormitorio en sí. Se limitó a descorrer el cortinaje gris que cubría un gran rectángulo de cristal, prácticamente el ancho de una de las paredes, echando así a un lado la tela que lo eclipsaba y de ese modo exhibir ante Robert la espléndida vista que aquella estancia tenía por ofrecer. Una impresionante panorámica de la ciudad, ya iluminada, se extendía desde las alturas más allá del jardín que circundaba aquel bloque de apartamentos ubicado privilegiadamente sobre una colina de Wilshire Boulevard. -Ya te dije que las vistas eran magníficas-. Reiterado aquello, Callaghan se dedicó a observarle con escrutadora fijeza, al acecho del menor atisbo de entusiasmo o decepción que le aconsejara hasta qué punto debería hacer uso de una rebaja o mantener inamovible el precio de renta estipulado. -Considero que dos mil mensuales es un alquiler más que razonable, sobre todo si hablamos de un piso en esta zona y acondicionado para entrar a vivir-. Le aseguró Cayden a contraluz del ventanal, mirándole a los ojos a través de la penumbra azulada que seguía a toda puesta de sol. Una media luz que, francamente, le sentaba de maravilla a la hermosa faz de quien ya parecía haber descartado el poder costearse un piso así. -Pero, tratándose tu padre de un buen cliente y mejor amigo, apuesto a que mil seiscientos es una cifra que te sonará mucho más redonda-. Y no, no se equivocaba, a tenor de la sonrisa de gratitud y complacencia que le regaló Robert tras escuchar su generoso descuento.
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Mensaje por Robert Swann el Dom Ene 24, 2016 9:47 am
- Si. La verdad es que era algo que quería, las vistas. Levantarte y poder ver esto es un privilegio.- Mantuvo la sonrisa ante la cercanía del otro hombre, a su lado. Escuchó la tasación manteniendo la vista, pero cuando supo de los dos mil dólares al mes dejó ir un suspiro. Dirigió la vista hacia fuera, a la cristalera que le dejaba ver todo Beverly Hills. Lo merecía, pero dudaba que pudiese pagar ese alquiler o se quedaría bastante corto para todo lo demás. Su sueldo no era bajo, ni mucho menos, pero irse más del setenta por ciento en la renta de un alquiler era demasiado. Por eso la rebaja de cuatrocientos pavos si le pareció una mejor noticia, incluso hizo relucir, de nuevo, su sonrisa.- Pues la verdad es que ese alquiler entra dentro de mis expectativas. El otro se alejaba de mis pretensiones, es más, era prohibitivo.

Se volteó y se encaminó hacia la cama. Le gustaba que fuese de un gran tamaño. Se sentó en ella y notó como el colchón se amoldaba a su culo. Dio un par de botes, comprobando que estaba en perfecta condiciones, aunque tenía por seguro que así sería.- Me gustan las camas grandes. En Boston teníamos una pequeña, de esta en las que puedes dormir tu y gracias.- El joven de ojos azules se levantó de nuevo y le dio la espalda al otro. Llevó la mano derecha a la cintura de su vaquero y tiró de ella hacia arriba debido a que se había bajado un poco.- La habitación está bastante bien, la verdad. Y si tuviese algún tipo de problema siempre está la otra habitación para conseguir un compañero de piso.- No era su intención, pero entraba dentro de sus planes.

- Y además tiene baño propio...no es muy grande,pero supongo que no es el único, ¿verdad?- Así era, porque Cayden le hizo saber que aún quedaba por ver el baño principal, y por eso mismo dejó que el otro avanzase primero. Caminó detrás de él, dejando que le guiase por la casa que, ahora casi en su plenitud descubierta, no contaba con grandes pasillos, sino con estancias ampliadas y grandes. Mientras caminaba mantuvo la mirada en la altura del otro. No era muy mayor, solo unos pocos centímetros, pero su anchura si era reconocible Robert se mantenía en forma, bastante en forma creía entender, pero nunca conseguiría aquella estructura que el otro poseía. Le gustaban los hombres grandes, quizás no definidos, pero grandes. Pero tampoco podía permitirse en pensar en ese tío de otra manera más allá que la de un conocido de su padre, alguien mayor y con quien debía tener una relación como cliente.- Solo por saber...¿Crees que el resto de pisos tienen posibilidad de parecerse a este?- La verdad es que si quedaban por debajo del nivel de este, bastante por debajo quería decir, quizás ni le merecía la pena ir a otros inmuebles. Se fiaba de la palabra de Cayden. Y eso que apenas le había saludado hacía unos veinte minutos.

Cuando el otro se volteo para responderle, en ese instante, apareció su sonrisa, de forma innata, como si aquello fuese la propia barra de un bar.
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Mensaje por Invitado el Mar Ene 26, 2016 3:09 pm
Cayden sonrió al ver como aquel chico probaba prevenidamente el colchón, acentuándose su sonrisa cuando le escuchó decir que le gustaban grandes; las camas. El ejecutivo tuvo entonces que morderse la lengua para no preguntarle si también le gustaban duras, o proponerle el testar juntos la resistencia de aquel somier. -Es un Pierre Cardin de látex natural. Yo tengo el mismo modelo en mi cama, por lo que puedo asegurarte que dormirás de fábula y despertarás aún mejor-. Acabó comentándole el mayor en sustitución a la lasciva insolencia y proposición caviladas, retirándole los ojos de encima con el fin de impedir que su libido se acelerara como un coche de F1. -¿Sabes que seremos vecinos?-. Mencionó el empresario de repente, casual, como quien no dijera tal cosa. -En el caso, claro está, de que finalmente decidas instalarte aquí-. Gobernado por su egolatría, y aligerada su voz con un tono menos estricto y profesional, Callaghan había manifestado dicha información como si se tratara de un factor más a tener en cuenta. Otra tentadora ventaja que le ayudara a decantar la balanza de su todavía indeciso cliente hacia el lado de la aceptación. -El edificio en el que vivo se encuentra en esta misma avenida, a tan solo cuatro cruces de calle de aquí-. Y así era. Lo bastante cerca como para que Robert, ayudándose de unos buenos prismáticos, alcanzara a avizorarle tomando un baño en la piscina de su terraza. Y es que, aunque la diferencia de altura entre aquel quinto piso y su dúplex era de muchas plantas, la colina en la que se erigía el 102 de Wilshire Boulevard hacía que ambos niveles prácticamente se igualaran. Inevitablemente, y aun siendo ese supuesto voyeurismo una parafilia del Swann por confirmar, el mero hecho de pensar en que el moreno pudiera hacer tal cosa puso a Callaghan cachondo. Por no hablar de lo excitante que también resultaría espiarle a él en reciprocidad.

La siguiente pregunta de Robert, formulada mientras los dos hombres se dirigían al último espacio del apartamento que quedaba por ver, ayudó a que Callaghan pudiera despejar su mente de eróticas ensoñaciones. El ejecutivo dejó de caminar y giró sobre los talones de sus zapatos de mil dólares, limpiando su voz con un carraspeo antes de responderle. -No vendo ni alquilo cuchitriles, Robert. Esto es de lo mejorcito que puedo ofrecerte en este distrito y a un precio tan asequible-. El escocés alcanzó a decir aquello por pura inercia profesional, ya que la sensual sonrisa del veinteañero le dejó aturdido y fuera de combate por un par de segundos. Recobrada al instante la noción de lo que había ido a hacer allí, de su compromiso profesional, el mayor presionó uno de los hombros de Robert invitándole a seguir avanzando por el pasillo. -Sigues deliberando... Creo que deberías ver esto antes de tomar una determinación-. Una de las puertas, la única que quedaba por franquear, dio paso a lo que fuera de toda duda podía considerarse la joya de la corona de aquel apartamento: el baño principal. Alicatado en gris antracita y blanco, con luz natural durante las horas de sol y modernamente equipado, aquel lujoso balneario en miniatura contaba con una bañera enorme, cabina de hidromasaje, sauna y un sofisticado sistema de calefacción independiente al del resto de la vivienda. -Impresionante, ¿no te parece?-. Comentó Cayden después de advertir el gesto de asombro y complacencia instalado en el rostro del Swann. De nuevo permaneció afuera, apoyada una mano sobre el canto de la puerta y con los labios curvados en una sonrisa que, dado el contexto, no pocos tildarían de embaucadora. -El antiguo inquilino era un fanático de los spas. Cuando se marchó decidimos reembolsarle su inversión en este cuarto de baño, convirtiéndolo en un valor añadido que infló ligeramente la estimación primigenia del apartamento-. Durante su explicación, y aprovechando que un absorto Robert recorría con su mirada el cuarto, Cayden hizo lo propio con la anatomía vestida del muchacho. -Mi oferta final para ti es el alquiler establecido después de una primera tasación. El de cuando este baño sólo disponía de sanitario, ducha, un triste trono y demasiado espacio alrededor en el que resbalar-. El vikingo vestido de Armani y con marcado acento gaélico aprovechó que su cliente le daba la espalda para rascarse los huevos por encima del pantalón, retirando enseguida la mano al percibir que su polla se había engrosado levemente. Si quería impedir una perceptible -y por lo tanto inapropiada- erección, debía evitar cualquier roce o presión a su entrepierna. Ya tenía bastante trabajo sometiendo los efectos de su fértil imaginación y soslayando los estímulos externos, meramente visuales, que la presencia de aquel guapo muchacho le acarreaba.

Transcurrido un largo mutismo por ambas partes, Callaghan ladeó la cabeza y se atusó su poblada aunque perfectamente recortada barba. Su actitud se antojaba la de un tipo que guardara un as en la manga y reflexionase sobre habría llegado o no el momento más oportuno de usarlo. -Puedes pasar aquí la noche si quieres-. Tal sugerencia sustituyó la expresión meditabunda en su semblante por una de resuelta, la de un hombre pragmático e irónicamente bienintencionado. -Comprobarás que todos los servicios están dados de alta. A excepción, lógicamente, del cable y la línea telefónica. Aunque sí la electricidad y el...-. Callaghan salvó con un par de pasos la distancia que le separaba de Robert, plantándose frente a él hasta casi volver a rozar su cuerpo. Acto seguido se inclinó hacia delante, pareciendo por un momento que fuera a besarle. No fue así, naturalmente, ya que a su vez también le instó con su mano izquierda a que se retirara hacia un lado, empleando la diestra para abrir durante un segundo, y cerrar después, uno de los dos grifos con los que contaba aquel lavabo. -...agua-. Remató Cayden la frase, con voz queda. -Date un buen baño caliente y seguro que al terminar habrás tomado una decisión-. Le recomendó risueño, con voz persuasiva, mientras volvía a alejarse de él en dirección a la puerta. Sus ojos grises apuntaron por un instante aquella bañera en forma de diamante y con función hidromasaje que prometía temperaturas y sensaciones de lo más placenteras. Por un instante, flashes ensoñados del chaval desnudo dentro de la misma atravesaron su mente calenturienta. -Pero si incluso después continúas dubitativo, consúltalo con la almohada y por la mañana me das un toque. Ya tienes mi número-. Cayden se llevó sendas manos a los bolsillos, enfatizó su sonrisa y aguardó a que Robert se despidiera de él en aquel preciso instante o a que, por el contrario, resolviera abiertamente no quedarse a pasar allí la noche para evitar verse tentado por las maravillas de un piso cuya elevada renta, aun con descuento, se viera incapaz de sufragar.
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Mensaje por Robert Swann el Jue Ene 28, 2016 11:06 am
- Tranquilo...no quería dar a entender que alquilases cuchitriles, ni nada por el estilo, tan solo quería saber tu opinión a si crees que tenías algo mejor en calidad/precio. Confío en lo que me digas.- Al fin y al cabo el hombre estaba allí como un favor, seguramente perdiendo su tiempo, el cual podía ser gastado en mejores cosas que enseñarle, a él, un piso que estaría alquilado en poco tiempo sin necesidad de esto.- Yo sigo agradeciéndote que hayas venido y me estés mostrando esto, de verdad.- Asintió, dejándose llevar por el mayor mientras caminaba por el pasillo, guiado por la mano que apretaba su hombro por el corredor. Había escuchado acerca de lo de ser vecinos, y bueno, era algo a tener en cuenta, contar con alguien conocido, y amable, cuanto menos. Eso no restaría a su decisión, desde luego que no.

Pero ¡ay!, en cuanto entró en el baño y observó aquello la balanza pareció inclinarse hacia un si rotundo. Le gustaba aquello, joder, si. Imaginaba que aquel baño podía ser un lugar de descanso, pero también de otras muchas cosas. La bañera era grande, lo suficiente para que seguramente dos personas pudiesen entrar en ella con facilidad. La ducha era amplia, y daba la sensación de que aquellos chorros deberían ser delicia tras una sesión de deporte. Y la sauna era algo que no habría imaginado encontrarse en un piso así.

Se volvió, y se encontró con el hombre casi encima suya, cerca. Apartó su rostro, dejando que abriese el agua. Cayden olía bien, a cítricos, y no a esos típicos perfumes que solían usar algunos hombres trajeados. Odiaba la simpleza, lo obvio, y aquel hombre, por lo que fuese, no era tal. Había de admitir que algo de curiosidad despertaba en él, no lo iba a negar, pero no lo iba a dejar salir. Al fin y al cabo era un amigo (o conocido, quizás era mejor) de su propio padre.- ¿Sabías que con esto me ganarías, no?- La sonrisa se transformó en risa, aún ante la cercanía del otro, el cual se dispuso a alejarse tras lo dicho.- No, no pienso quedarme...no me sentiría del todo cómodo en una casa que no pueda llamar mía.- Se volteó para observar todo el baño.- Por mucho que me invites a ello...- Tomó aire y trató de hacer cuentas en su mente. No estaba alejado de su máximo. Quizás podría hacer un esfuerzo, o como último recurso convertir la espaciosa habitación sin amueblar en otro dormitorio.- Digamos que se sale de mi presupuesto, la verdad...- Se volvió, para observar frente a frente al hombre.- ...pero que me ha gustado bastante como para decirte que no.- Dio una palmada, como si con ese gesto todo estuviese dicho.- ¿Por mil quinientos? Esos cien dólares son maquillaje, y es mejor tener una cifra redonda.- Negociaba...aunque sabía que para negociar no debería comenzar así. Robert sabía que el precio quizás podía sobrepasar un poco lo normal de aquella zona, pero poco. No quería parecer rácano, ni un necesitado, así que creyó oportuno que una rebaja de cien dólares sería tan suficientemente poco como para que el otro no se negase a ello.

Dio el mismo par de pasos que el otro en su momento, para acortar la distancia. No quedó tan cercano como ellos antes, pero si a una corta distancia.- Y una invitación a mi nueva morada. Te aseguro que gastaré bien esos cien dólares. Como forma de agradecimiento.- Si, bueno, podía gastárselos pero después, cada mes, recuperaría cien pavos que le serían suficiente para poder pagar la luz y el agua, olvidándose de dos recibos más.- Con un gesto de su rostro, torció éste a la derecha, manteniendo la sonrisa firme y sus ojos claros en los del otro.- ¿No es una mala propuesta, no?- Si aceptaba, si todo iba bien, mañana mismo podría comenzar con la mudanza y hasta dormir por primera vez en su propia cama. Ahora todo dependía del otro hombre.
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Mensaje por Invitado el Vie Ene 29, 2016 9:31 am
Callaghan rasgó su mirada y esbozó una extraña sonrisa cuando aquel chico de talante negociador, difícil de contentar, reclamó una segunda aunque mínima rebaja al ya excesivamente abaratado alquiler. El mercader fenicio que había dentro del ejecutivo disfrutaba regateando, haciendo negocios a la vieja usanza, y eso se reflejaba en el gesto que sus facciones compusieron; un cóctel facial que mezclaba empatía, complacencia y hasta un toque de orgullo frente al inconformismo de su guapo cliente. Los seductores ojos azules de Robert, en adición a la irrisoria cantidad que éste pedía que se le restara mensualmente, hicieron que Cayden tardara bien poco en sucumbir a tal demanda. -Supongo que sí. Mil quinientos es una cifra mucho más redonda-. Robert se arrimó entonces a él, acentuada la curva de sus labios, y le invitó a aquello en lo que, como anfitrión, decidiera invertir los cien dólares que se ahorraría en su primera factura del piso. Sin duda no era una mala propuesta, como le cuestionó. -No, no lo es-. Replicó Callaghan con expresión aprobatoria, tratando de que su semblante no delatara la ilusión -y sus esperanzas de echar un buen polvo- que aquella propuesta le suscitara. -Pero debes saber que habiendo rebajado tu alquiler a mil quinientos mensuales no pienso conformarme con sólo una cena. Por muy caro que sea el vino-. Cayden decidió jugar con el joven tras advertirle de eso, reduciendo todavía más la corta distancia que les separaba con una actitud sensual y acechante que a su interlocutor hiciera creer, o como mínimo sospechar, que estaba refiriéndose a otros métodos de compensación bastante más deshonestos que despilfarrar en delicatesen o pasarse una tarde entera cocinando para él. -Al menos tendrás que invitarme a dos. Y también a tomar unas copas de vez en cuando-. Cayden remató su frase con un guiño de ojo, exhibiendo ahora una blanca dentadura por lo ancho de su sonrisa.

El escocés retrocedió un paso antes de tender su diestra en espera de que el otro se la estrechara; primer gesto en todo acuerdo que se precie antes de que la burocracia lo convierta en algo frío y puramente administrativo. -Trato hecho, pues-. Dijo al tiempo que se estrechaban las manos-. Permítame darle la bienvenida a su nuevo hogar, Sr. Swann-. Aquella repentina formalidad sonó en boca de Cayden más profesional que sarcástica, habiéndose esforzado para que así fuera y el muchacho no interpretara su paréntesis en el tuteo como una mofa por cerrar un contrato de arrendamiento con alguien de su edad. -Mañana pásate por mi despacho a eso de las once. Necesitaré que completes y firmes unos documentos. Ya sabes: datos personales, cuenta bancaria… Simple y tedioso papeleo-. El mayor hizo un aspaviento con la mano, como si le restara hierro a todo ese asunto de la estipulación escrita. -No será necesario que pagues ningún mes por adelantado-. Le hizo saber Callaghan, prefiriendo no informarle de que su padre se haría cargo de la liquidación de los tres meses de fianza que por ley debía sufragar, tal y como el patriarca de los Swann le expresara vía telefónica aquella misma mañana. -Ten, aquí tienes las llaves. El conserje guarda una copia de emergencia por si las moscas-. El muchacho aceptó al vuelo el manojo de cuatro llaves que Cayden sacara del bolsillo de su chaqueta antes de lanzárselo. -Ahora vámonos. Ya que no quieres pasar aquí la noche te llevaré con mi Harley a donde tú me digas-. Y eso fue lo que hizo, despidiéndose quince minutos más tarde de aquel atractivo ejemplar de veinteañero con la agradable certeza de que volvería a verle a la mañana siguiente. También con la satisfacción, por no decir dicha, que le suponía la promesa de un futuro tercer encuentro más ocioso que mercantil. Una cita, podría considerarse, ajena a favores profesionales y tratos inmobiliarios. En realidad no del todo, ya que durante la misma, Cayden trataría de cobrarse el generoso descuento pactado. Y en esa ocasión él pondría el precio.
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