I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
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▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
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Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
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Over the river | Aiden R. Sutcliff

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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Feb 19, 2016 3:20 pm
Al mediodía de aquel templado viernes de Febrero, Viktor comenzó a empacar los suministros de supervivencia que leía en el impreso sobre la mesa de granito en la cocina. La nota se identificaba con un sello guardabosques de la privatización Norte del Estado de California, estaba sobre una alta pila de libros que no debería encontrarse por ahí, y enlistaba una serie de productos que el castaño se encargó de ordenar cuidadosamente antes de ir por la mochila de campamento; un monstruo inmenso donde al parecer, cabía cualquier cosa que se te ocurriera llevar contigo y te concedía hacerle creer a todos que pertenecías al ejército.
Junto a Aiden, habían decidido tomarse un tiempo libre sólo para ellos, así que viajarían a los recónditos bosques junto al lago Trinity y se olvidarían del mundo entero durante todo el fin de semana. Para él sonaba increíble, sobre todo por Aiden y la oportunidad de dedicarse a él por completo, aunque no recordaba la última vez que se pasó más de veinticuatro horas alejado de la bulliciosa ciudad en la que vivía.
Cuando terminó de empacar, observó el interior de la mochila; comprobó las frazadas en el fondo, las linternas, los fósforos, el repelente para mosquitos, el papel higiénico, los adhesivos, el mapa, los teléfonos del equipo guardabosques  y un sinfín de necesidades que seguramente no habría considerado por su propia cuenta, aunque ni siquiera estaban en plan de ir como un grupo de excursión. Era algo nuevo, sin duda, pero al menos ninguno de los dos tendría que preocuparse más de lo que deberían. Viktor se había encargado de arreglarlo todo por teléfono y les esperaba una cabaña amueblada que no había sido alquilada desde hacía casi cinco meses, lo que era bueno, porque nadie es muy asiduo de la época nevada para vacacionar en las afueras y otros tantos, como por ejemplo él, prefieren habitar un sitio del que ya no forman parte los olores y la vitalidad de otras personas antes de su propia invasión.
Nos tomará sólo una hora de camino por la interestatal ochenta, quizá un poco menos— comentó unos minutos después, habiendo aparecido Aiden en la puerta de su apartamento, luego de saludarlo con un beso en los labios y negarse a apartarse más de cinco centímetros de él. No era la primera vez que le vería en años, pero le recibió como si lo fuera. Cada día se sentía más enganchado de él, quizá porque entre más tiempo pasaban juntos, más descubría Viktor las cualidades y las pequeñas imperfecciones que le habían impulsado a enamorarse de Aiden. Era un sentimiento innegable del cual ya había zarpado el barco junto con su control de esconderlo, pero no hacía más que crecer y mejorar, mejorar y crecer, a pasos agigantados.
Pasa. Es tu segunda casa si la quieres— mencionó con una sonrisa, tomándolo ligeramente de la mano al adelantarse al interior. No cerró la puerta. —¿Necesitas entrar al baño? ¿Quieres agua? ¿Algo más? Son cinco horas— dejó las preguntas al aire y se desplazó al sillón de la sala, donde se encontraba la mochila multiusos. Básicamente, la mayor parte de las cosas que Viktor tenía pertenecían a la misma categorización de sirve para todo.  Estaba acostumbrado a lo práctico, porque era un hombre de lógica y desesperado para actuar. —¿Otro beso, tal vez?— sumó la tercera cuestión con opciones antes de que le respondiera a lo anterior, en tanto abría el cierre de la mochila y extraía el mapa que los estaría guiando, mirando a Aiden de soslayo. Siempre lucía bien. Increíblemente atractivo.
El apartamento era un piso amplio, increíblemente pulcro, casi ordenado a diario y con una combinación de colores que eligió la contratista cuando él pidió algo casualmente formal, pero no demasiado llamativo y actualizado. Tampoco decía gran cosa sobre su personalidad, salvo por el gran número de películas en el estante superior del centro de entretenimiento, las revistas en la mesita de apoyo y la numerosa cantidad de libros esparciéndose por doquier. Viktor se sentía como un coleccionista orgulloso cuando de Jack Nicholson y objetos a escala se trataba, aunque en su repertorio también se apreciaba algo de ciencia ficción, documentales del  National Geographic, autobiografías escritas y en vídeos, novelas historiadoras, relatos sobre proyección astral, libros de filosofía y literatura y hasta un par de manuscritos que le habían enviado para armar una opinión al respecto. El más grueso pertenecía a una tal Monique Evans, de Arkansas.
Mira. Aquí— le tendió el mapa para que le echara un vistazo y se posicionó a su lado, con las manos en la cintura. No era más que una ruta marcada en rojo. 24 millas y media hasta llegar a Trinity Center desde San Francisco, esa sería su parada final para ingresar al sendero— Nos ahorrará como cuatro horas, creo... Como sea, no tienes idea de lo mucho que te extrañaba.


Viktor Guilleaume Bertholon


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Feb 22, 2016 8:44 am
Una simple y efímera idea había adquirido tal importancia convirtiéndose en una posibilidad hasta llegar al punto de ser una realidad y es que el tener unas vacaciones en conjunto no estaban en sus pensamientos más próximos sin embargo al considerarlo se daba cuenta de que lo ansiaba más que nada, lo quería sin saberlo y eso lo hacía aún más especial. Lo más consistente no era en si el viaje sino el poder pasar tiempo a solas con Viktor, nunca habían tenido la oportunidad de compartir de aquella manera por cosas de la vida y las malas decisiones que habían tomado tiempo atrás más esta era una oportunidad que no podían dejar pasar y mucho menos arruinar, al menos Aiden lo tenía claro y haría todo lo que estuviese en su poder para propiciar un ambiente adecuado, después de todo amaba a aquel sujeto con todo su corazón y tenerlo tan sólo para él sin el bullicio de la ciudad y las miradas encima se alzaba como un Edén, uno que le quemaba tan sólo de pensarlo.

Un fin de semana no parecía mucho y en realidad no lo era pero esta era su primera vez en un viaje juntos lo cual estaba bien, el Teniente lo amaba con locura pero era consciente de que era algo nuevo para ambos y es que a pesar de los sentimientos aún eran neófitos en llevar una relación o compromiso que antes no habían logrado concretar. Procedía con cuidado y es que el rubio era calculador en todo ámbito, podría pensarse que en el ámbito amoroso no era así pero era un rasgo propio de él que extendía completamente más eso no quitaba que se hubiese embarcado en la travesía de amar a su novio con todo lo que tenía, todo lo que él podía brindarle sin importar si dolía. Su cabeza daba vueltas considerando miles de posibilidades y conversaciones tipo que podrían tener sin embargo cada vez que se acercaba más y más hacia el hogar de su novio se daba cuenta de que no tenía control alguno de la situación y que una de las ventajas del viaje era relajarse y dejar el cansancio y estrés atrás así que mientras más rápido se cambiase al modo descanso sería mejor para él, para ambos en realidad.

Aparcó el coche en la acera fuera de la residencia del escritor para luego dejarlo y encaminarse a la entrada lentamente, observaba la fachada de este puesto que no lo recordaba muy bien desde la última vez que había estado allí y es que el tiempo de aquello era demasiado extenso como para persistir en su memoria ocupada con cientos de otros recuerdos. Una vez que estuvo lista en su cabeza la imagen de aquella infraestructura tocó el timbre esperando que lo recibieran, era estúpido de su parte pero todo se sentía tan nuevo que de albergar nerviosismo en él estaba seguro lo tendría a montones-No debería sorprenderme el que tengas calculado el tiempo de viaje, trazada la ruta, em..¿Dirección del viento?, ¿Humedad?-agregó riendo tras el comentario de su novio, no sin acariciar sus costados mientras lo decía y mantener sus labios pegados a los de este tras el beso de saludo que había recibido el cual se le había hecho insuficiente, necesitaba más, mucho más pero no se desesperaba porque estaba seguro de que lo obtendría, por la razón o la fuerza.

El calor que sentía a su lado era incomparable y no consideraba lo mucho que lo extrañaba hasta que lo tuvo entre sus brazos, claramente lo hacía pero no consideraba a qué grado hasta que se hizo presente la sensación abrumándolo y obligándole a apegarse más a su cuerpo, aspirar su aroma y disfrutar de sus manos en la cintura de este mientras lo miraba con intensidad y adoración. Se dejó llevar por este y caminó unos cuántos centímetros detrás pero sin perder el contacto de sus manos, sus ojos no podían evitar oscilar hacia su alrededor fijándose en detalles que resaltaban para el Teniente más sin embargo decidió concentrarse en el escritor por lo cual le contestó-¿Es una propuesta o algo?-preguntó divertido pero al instante se corrigió-Sería la tercera si tuviese que contarla-aventuró con una sonrisa coqueta puesto que había reordenado sus prioridades y en primer lugar estaría la casa que ambos tendrían a futuro si es que se concretaba lo de vivir juntos relegando el segundo y tercer lugar a sus respectivos hogares si es que por alguna razón la conservaban, por su parte lo haría ya que de seguro alguna de sus hermanas la aprovecharía. –Esto…no por el momento-contestó abrumado por las preguntas del castaño, al menos en aquel instante no se presentaba ninguna necesidad de la cual ocuparse. Le siguió hasta la sala donde observó la mochila y la cantidad de objetos que se encontraban alrededor como otros que suponía ya estaban en el fondo de aquella bolsa, sus ojos oscilaron por toda la habitación y un silbido escapó de sus labios lento y sonoro, estaba sorprendido pero eso no evitó que aún dejase en el aire su pregunta que contestaría con gran interés en aquel instante-Otros, en plural-enarcó una ceja-Me vendrían bien unos cuántos, ¿Dónde los puedo encontrar, apuesto caballero?-bromeó para luego dedicarle una mirada a sus movimientos.

Podría estar horas y horas contemplándole y eso jamás resultaría en una pérdida de tiempo puesto que no podía asimilar del todo aún que estaban juntos, que eran una pareja con una relación formal y más increíble aun lo que estaban a punto de hacer. De vez en cuando se permitía desviar sus claros y gélidos orbes desde la imagen de su novio hacia su apartamento, la decoración y los elementos que allí podría encontrar los cuales no resultaban inesperados, de hecho esperaba una cantidad superior de revistas, libros y quizás unos cuántos pares de archivos, hojas y bolas de papel por los alrededores más suponía que posiblemente habría limpiado antes o simplemente tenía un concepto erróneo de lo que era un escritor, quizás la televisión tan sólo imponía un estereotipo. Movió la cabeza para centrarse en lo que sucedía en aquel preciso instante, alargó la mano para tomar el mapa y le dio un vistazo a la línea que debía de interesarle-Humm, ya veo-espetó mientras pasaba el dedo delineando la ruta lentamente, no conocía el lugar al que se dirigían pero si tenía orientación acerca del camino que tomarían así como de Trinity Center, al menos políticamente y en cuanto a su división de seguridad es la información que manejaba el rubio-No me importa el tiempo que nos lleve, digo, mientras sea a tu lado no será tedioso-sonrió mirándole puesto que era la verdad, incluso si el castaño se aburría o prefería guardar silencio Aiden se conformaba con tenerlo sentado a su lado y quizás tener su mano sujeta sin dejarle ir, claro está si no fuese riesgoso al conducir-No la tengo, pero…podrías hacer algo para arreglar eso, ¿No crees?-dejó el mapa en el sofá que estaba cerca de ellos y pasó sus manos por encima de las de este para sujetarle por la cintura y enfrentarle con el rostro durante unos segundos para luego acunar su mentón en el hombro de este y abrazarle con fuerza, aspirando su aroma y sintiendo el calor emanar de su cuerpo-Me hacías mucha falta-agregó orientando sus labios hacia su oído el cual besó sin dejarle ir, un oso no tendría la intensidad que el Teniente exhibía en aquel instante al rodear a su pareja.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Feb 23, 2016 1:58 pm
Vaya. En serio crees que soy listo ¿eh?— comentó sonriendo, divertido por la especulación. Problemente fuera un obsesivo, pero le faltaba mucho para ponerse a calcular la humedad o la dirección en la que viajaba el viento— Sólo lo pregunté cuando me llamaron para confirmar el hospedaje— dijo y se encogió de hombros— Pero si alguna vez me ves haciendo algo como eso, con lo del viento, por favor deténme— añadió bromeando.

Rozó sus labios con los propios y le atrajo contra su cuerpo, sintiendo su respiración en el rostro debido a la cercanía. Su relación apenas había conseguido el gran salto de las dudas y las inseguridades, estaban entrando en la etapa donde todo parecía bien, en la cual ambos se querían y no dudaban en demostrarlo en todo momento. Así era, supuestamente, una fase y además una de las mejores. Durante muchísimo tiempo él también lo pensó igual, consideró que era cierto aquello de las fases, como si pudiera seguirse un patrón constante y absoluto, sin cambios a la regla, sólo porque no le había pasado. Pero de ése entonces a la fecha, se sentía diferente. A Viktor le parecía más una forma de vida que quería seguir transitando durante años, con paciencia y un ligero desenfreno que avivara la realidad, de lo que antes creyó ingenuamente como una fase. Aiden era el único hombre en su vida ahora, al único al que podía prestarle su completa atención y ciertamente, el único que se ganaba su amor cada día más. Irrelevante era pensar que había llegado al límite, que sus sentimientos habían crecido tanto que ya no podían aumentar, porque solamente bastaba un minuto junto a Aiden para comprobar que se sentía el doble y el triple de enamorado y dependiente por tenerlo a su lado, compartiéndolo todo en su compañía y haciéndolo feliz.

Sonrió al escucharlo. No era una propuesta oficial, pero no creyó tampoco que Aiden la necesitara. Cuando lo buscó en Beverly Hills, hablaron demasiado sobre su futuro, se aclararon algunos puntos de los que Viktor ni siquiera imaginó que podría hablar, haciéndolo en serio, sincero, como se suponía que debió hacer desde el principio. Él estaba dispuesto a modificar la rutina de su vida, a mudarse, a desprenderse del pasado y dejar a un lado lo material que poco importaba, con tal de estar con él, de saberse la persona con la que el policía deseaba estar. Eso era más que suficiente, incluso más que esperar hasta que su relación avanzara sin presiones, llegara al punto de confianza y seguridad del que no existiese retorno, y pudieran comenzar una vida juntos de verdad. No sonaba nada imposible a ésas alturas.
La tercera, sí. Somos un par de afortunados— convino con su opinión. Había que darle tiempo al tiempo, pero si ya quería hacerlo en ése preciso instante, a futuro no tendría que preocuparse por la propiedad. Al menos no de ésa, que en realidad distaba de ser un lujo. Viktor era de esas personas que, proviniendo de una buena y acomodada familia, continuaba viviendo por su cuenta, con su propio dinero y las posibilidades que trabajar del arte (con un poco de suerte y excelentes contactos, tendría que admitir) le estaba dejando. Era un escritor que se defendía en el ámbito literario, pero también solucionaba sus errores con una acumulación imaginativa que al final, como de sorpresa, lo mejoraba todo y llevaba a los críticos a perdonar los pequeños detalles de sus no tan buenas obras, comparando la brillantez de una única tras el golpe de éxito que tuvo en el país. ¿Por qué? Ni siquiera Viktor lo sabía; no estaba malo, eso es cierto, pero no había sido su trabajo favorito.

Se acercó con el mapa direccional en la mano izquierda y aguardó a que le echara un vistazo cuando se lo entregó, mirándolo mientras lo hacía y esbozando, casi al mismo tiempo, una sonrisa inevitable. —No lo será. Voy a estar besándote durante todo el camino— le aseguró, aunque bromeaba en parte. Con las manos al volante en el carril libre, es muy poco probable darse un gusto como ése y no estrellarse en el intento. Sin embargo, de lo tedioso podrían pasar fácilmente, siempre hallaban una forma de saltar de un tema al otro, sin siquiera darse cuenta. Dicho esto, le atrajo con la diestra por la mejilla, dejando un suave y profundo beso en sus labios, beso que luego dio paso a otro, y a uno más sin importar el hecho de que se había interrumpido, olvidándose hasta de lo que había querido decir a continuación. Tal vez nada. Con Aiden, no cabía duda de que las palabras se hacían menos. El universo entero parecía esfumarse detrás de él, dejándolo a merced de que sus ojos no pudieran concentrarse en nada más. Incluso parecía adictivo.

Retrocedió unos pasos junto a Aiden cuando éste le abrazó. Viktor lo rodeó también con sus brazos, enlazando una mano a la otra, como si el objetivo fuese oprimirlo hasta que uno de los dos luchara por respirar. Sentirlo cerca revitalizaba al escritor y actuar de aquella forma, tan unida y necesaria, era solamente otra forma de expresarlo. Cuánto le importa, cuánto le añoraba aún cuando la cuestión de tiempo hablase de horas o minutos. Apenas verlo marcharse, Viktor ya comenzaba a extrañarlo. Se le erizó el vello de la nuca al sentir sus labios, húmedos y tersos, oscilar cerca de su piel hasta posarse en aquella zona. Movió un poco la cabeza, con la nariz rozando la mejilla del teniente, hasta que fueron sus labios los que se unieron contra su boca. Volvió a besarlo, con un gesto de enternecida adoración, y cuando sus labios se despegaron lentamente de los de él, Viktor alzó la barbilla y clavó los ojos en los contrarios. Todavía no podía creer que estaban juntos, que lo estaban en serio. Se sentía como si estuviera en una montaña rusa y ahora no hiciera más que subir. Todo iba bien. Todo parecía correcto y agradable y completo. Hasta las cosas menos importantes que se relacionaban con el Teniente, Viktor las encontraba de interés; puesto que formaban parte de una vida a la que quería pertenecer completamente. —No puedo creer lo mucho que te amo. Quiero decir, no es normal— musitó sonriendo y negó con la cabeza, besándolo de nuevo en un acto seguido, casi fugazmente y sin apartarse demasiado, sólo el par de centímetros que le permitió decirlo antes de volver a sus labios— Estoy completamente enamorado de ti— añadió contra su boca, de un beso a otro, uniéndose con rendido afecto mientras sus brazos le rodeaban haciéndole participe y compañero de su calor corporal.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Feb 25, 2016 9:07 pm
Le miró y sonrió ampliamente por sus palabras, quizás el castaño lo hacía sonar como algo casual pero en realidad Aiden tenía una opinión fundamentada acerca de ello-No lo creo, estoy seguro de eso-aventuró pegando su nariz con la de este de una forma cariñosa y suave, frotándola algunos segundos. No era cuestión de lo que creyese sino de lo que era una verdad fundamentada con hechos y una cantidad no despreciable de publicaciones que hacían de su novio el sujeto más inteligente que conocía.-Oh claro, era lógico-rió pero sin quitarle la mirada o alejarse, simplemente perderse en sus ojos y en todo lo que representaba para el rubio tenerlo así, cerca y sentirlo suyo cosa que aún era algo nuevo más trataba de acostumbrarse rápidamente a ello.-Bueno, te prometo detenerte…pero después de haberme reído unos cuántos minutos, ¿Está bien?-agregó con una sonrisa pícara y que denotaba que estaba tomándole el pelo pero claramente con la mueca que tenía dudaba que el escritor pudiese verlo de una mala manera.

Cada vez que lo veía, que estaba en su presencia y en contacto con su cuerpo aprovechaba cada segundo para grabar su imagen, aspirar su aroma y deleitarse con la calidez que emanaba de su ser en cada momento y es que no podía concebir no sentirse completamente atraído por alguien a quién no consideró que podría amar con tanta fuerza como lo hacía por Viktor. Ciertamente el escritor se había calado hasta sus huesos grabando su nombre en las óseas superficies de su esqueleto y es que de esa forma podía explicar lo que sentía por él, como algo propio de sí mismo y sumamente arraigado constituyendo parte de su estructura. Desde que lo había visto entrar a su oficina sintió algo deslizarse en él lentamente más no imaginó nunca que llegarían al actual punto en el que se encontraban y es que había sido algo que Aiden siempre buscó y deseó más en el pasado las condiciones no se dieron o quién sabe qué es lo que había impedido que pudiesen concretar lo que ahora los unía a ambos.

Comentó lo de la casa de una forma vaga y al azar puesto que no consideró que fuese algo de lo que realmente hablar más no pudo evitar darle más importancia de la necesaria y es que ahora que el amor lo tenía sujeto con fuerza su racional ser solía palidecer como si de un halo de luz se tratase, brillante en el apogeo del sol y tenue casi desapareciendo al llegar el ocaso. –A mí me basta con tenerte a ti, nada más importa-se encogió de hombros y es que no mentía puesto que durante un tiempo prolongado y bastante tormentoso para él pasaba más tiempo en la oficina que en su propio hogar haciendo de aquellas paredes su habitación personal. Las marcas que sugerían ojeras sobre sus pómulos tenían nombre y apellido y es que cuando el castaño había desaparecido el Teniente procedió de una forma obsesiva prescindiendo de cualquier otro asunto y otorgándole prioridad a encontrar al hombre que le había vuelto loco y del cual estaba profundamente enamorado-Digo, ya soy afortunado, tres hogares me parece un abuso-dijo riendo y es que mucha buena suerte le resultaba sospechoso y cayendo en la paranoia –de la cual no podía prescindir por ser necesaria en su trabajo- esperaba un golpe bajo aunque deseaba no fuese tan bajo.

Sonrió divertido por sus palabras y es que a pesar de que sabía que era algo imposible imaginarlo no lo era así que perderse en aquella imagen durante algunos segundos fue lo único que hizo, sonriendo como un tonto inundado por un sentimiento de felicidad a cada segundo, ahogado de amor podría decirse que era su actual estado. –Seguro que encontraremos qué hacer, yo tengo algunas ideas ya brotando-aventuró con una inocencia impropia de él pero le resultaba divertido fingir que si podía albergarla, sobre todo frente al castaño. Su mejilla se tensó en dirección hacia el rostro del escritor para luego recibir el abrazo de sus suaves labios los cuales degustó a cada momento en que estos se posaban sobre los propios devolviéndole cada uno de los gestos con gracia e intención que no le faltaba y al contrario se derramaba en exageración cuando se trataba de demostrar sus sentimientos. Sus ojos se mantenían cerrados sin permitirse el abrirlos debido a la fluida e inmensa sensación que le llenaba en aquel instante buscando el punto cúspide de su sentir, de su amor.

Nunca había considerado lo revitalizante y más aún gratificante que era poder abrazar a una persona y es que tratándose de su novio jamás le parecía exagerado el tiempo que pudiese mantenerlo entre sus brazos lo cual respondía al hecho de sentirle cerca, suyo, protegerlo y poder disfrutar de las sensaciones que en su cuerpo despertaba el mero contacto. Suponía que a su novio le gustaría que le hablasen al oído lentamente y sentir el contacto de los labios tanto como a él mismo le gustaba y es que aunque no fuese del todo así lo hacía por un hecho que respondía meramente a un acto inconsciente y efervescente de su ser. No eran necesarias palabras, gestos o movimientos extras para que su cuerpo reaccionara con eficiencia ante los estímulos que a su alrededor se encontraban y es que técnicamente sólo necesitaba tenerlo cerca para que su centro se pusiese en marcha actuando de acuerdo a una configuración que suponía estaba ya arraigada en su persona; el deslizamiento de sus labios una y otra vez jamás resultaba ser excesivo sino al contrario sumamente escaso, un pecado a ojos de alguien que se atrevía a blasfemar si era necesario pero como todo lo bueno nunca se tenía suficiente. Sus ojos estaban fijos en los orbes miel que tanto le atraían e hipnotizaban del rostro contrario y es que una mirada suya podía paralizarse como el más fuerte de los venenos al cual se entregaría sin pensarlo dos veces si es que su novio se lo pedía o provenía de él, cualquier caso demostraba devoción completa.

Sonrió por sus palabras y es que entendía a lo que se refería, quizás no sería una sincronización a nivel químico puesto que eran dos organismos totalmente distintos más eso no lo hacía menos importante-Lo normal es aburrido-le sonrió frotando la punta de su nariz en la contraria suavemente-Prefiero que me ames con tanta locura como yo lo hago porque…-respiró profundamente-Siento que podría explotar con todo lo que llevo en mi interior…con todo lo que tú provocas en mi-se confesó sonriendo mientras acariciaba sus costados suavemente una y otra vez a la par de dejarse besar y hacerlo también él mismo, caricias cortas pero que eso no les restaba importancia cuando se trataba de estar a su lado. Pasó la lengua suavemente por el labio inferior del castaño para luego deslizarlo entre sus dientes para captarlo durante algunos segundos forzando a la piel a estirarse y es que los nervios de tenerle así podían apoderarse de él más sabía que tenían tiempo, ahora si era algo con lo que contaba y lo aprovecharía completamente sin desperdiciar hasta el más ínfimo segundo-¿Por qué te llevó tanto tiempo hacerlo?-le miró pero una sonrisa estaba presente en aquel momento por lo cual esperaba no se lo tomase a mal aunque eso no le restaba importancia a lo que decía, de cierta forma lo preguntaba de verdad-Digo, no te estoy juzgando amor, sólo que yo lo hacía hace tiempo-rió para quitarle un poco de seriedad a lo que decía y es que por su parte aquella revelación era ya pasada, no por nada se había vuelto loco buscándolo cuando desapareció de un día para otro, obedecía al amor que sentía por él y que de una manera bastante poco adecuada había descubierto-Mejor olvídalo, ni sé que digo ya-le dio una senda de besos cortos riendo, a veces la locura le inundaba de lleno.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Sáb Feb 27, 2016 3:42 pm
¿Minutos?— arqueó una ceja, con falsa exageración y una leve sonrisa formándose en la comisura de sus labios— Me parece que sería un abuso a la burla. Pero quién soy yo para negarte algo, ¿cierto? Ni siquiera puedo decirte que no a las nimiedades— añadió con cierto toque de ironía, porque justamente estaban refiriéndose a una nimiedad. Viktor estaba un poco acostumbrado a que le catalogaran de inteligente, pero vivir igual todos los días no te hace comparar, sino sentirte del todo normal con quienes te rodean. Quizá fuera eso. Su madre era médico y se especializaba en la Oncología, su padre una especie de detective de investigación, para simplificar el hecho de que trabajaba en la base de análisis conductual y formaba parte, aún en la actualidad, del equipo táctico del FBI. Sus conversaciones con ellos, criado y educado por dos personas en mundos tan apartados pero al mismo tiempo unidos, enlazados y enormes, ambos tratando de inculcar sus creencias, pensamientos e ideologías morales, son los medios que formaron a una persona con la extensión mental de Viktor. Eso y el hecho de que, sí, desde niño resultó un poco excesivo, competitivo como nadie, actuando bajo presión con tal de brillar igual o hasta más que el resto, sin siquiera darse cuenta de lo que intentaba conseguir. Escribir lo había salvado de aquellas irrealidades que le atosigaban en ocasiones, le había funcionado bastante bien por haberla metido entre las páginas de sus historias, controlándose a sí mismo y a lo que surgía en su cabeza.

¿Entonces los donamos a los pobres?— aplastó los labios; no es que fuese una idea de verdad, aunque sí acompañaba a su madre a proyectos de caridad desde que tenía unos once o doce años´y el ochenta por ciento de su ropa, juguetes y un montón de otras cosas había terminado en manos de alguien más.  —No, es broma. Es decir... Sí, deberían tener una, pero, bueno, tú me entiendes; cuando nos mudemos juntos, en nuestra propia casa, con nuestro propio y único espacio; y quién sabe, quizá hasta adoptemos a un perro, podremos pensar en qué pasará con el resto. No tenemos que apresurarnos, de todas formas. Sólo son casas, ¿no? Ninguna es tan maravillosa ni vale tanto como tenernos el uno al otro— comentó a su vez, en respuesta, porque eso era realmente lo de menos. Ahora que Viktor le tenía a él a su lado, pensar en algo más que la seguridad que éste traía a su vida y el cariño que avivaba con el paso del tiempo, como si fuese una luz capaz de atravesarte en mitad de un hoyo negro, lenta, pero constante, siempre presente para recordarte lo mucho que perderías si en algún momento se alejara. Tenía todo lo que quería y lo que necesitaba para ser feliz, para hacerlo feliz a él y para complementarse con una insuperable suerte que les llovía encima, si no se considerara afortunado desde ahí mismo hasta Saturno, entonces estaría completa e irremediablemente loco. Aiden era lo mejor que podría haberle sucedido.

Se rió por lo bajo al escucharlo. Viktor le conocía demasiado bien para saber que la frase en sí, no respondía del todo en su pensar y las mencionadas ideas que brotaban de su mente. La inocencia, casi con ingenuidad, conseguía sacarle a diario una sonrisa, porque a veces le costaba creer que Aiden hablaba en serio y en otras hasta le confundía de lo bien que parecía tomarse el papel, independientemente de las señales que tanto Viktor como el Teniente, estaban en altura de reconocer sobre la personalidad del otro. Sin embargo, no pasó mucho tiempo divagando en ello, como lo hizo al sentir el calor y la cercanía de su novio al abrazarlo. Viktor no era un tipo de abrazos, ni siquiera al sentido familiar, pero sí le gustaban, le llenaban como el insuflar del aire ante una asfixia, como si fuesen lo suficientemente fuertes para solucionar los problemas del mundo en un chasquear de dedos. Quizá sólo se tratara de Aiden. Probablemente fuese gracias a él, puesto que con él todo parecía sumarse a más y mejor, incluso volviendo lo común, lo monótono, en algo sumamente significativo; alzándolo a magnitudes colosales para un ser humano. Por eso tenía la creencia de que no podría vivir sin él. Claro que podía, claro que seguiría existiendo, pero la cosa es que no quería, ni se imaginaba otra realidad alterna en la que no estuvieran juntos. Aiden ya era parte de él, de alguna forma. Y aunque pareciera exagerado a veces, sobre todo a oídos externos hacia lo que se había formado entre ellos dos, a Viktor le parecía primordial la presencia del Teniente para no empezar a desmoronarse poco a poco. Le había quedado claro que estar lejos de él costaba mucho más de lo que creía, pero también que no tenía caso sacrificar algo tan sencillo de dar y recibir, cuando no parecían tener verdaderas dificultades que les impidieran aprovechar del momento, de su amor y de todo lo que podían proveerse en compañía.

Y tedioso— afirmó después de Aiden, con un ligero matiz de diversión en el rostro. Rozó su nariz con la ajena cuando éste propició el acto, dando pie a un gesto de ternura, y desplazó suavemente sus manos por los brazos del Teniente mientras le escuchaba. Ya no era una sorpresa escucharlo, pero le seguía ocasionando una reacción inexplicable cuando palabras como aquellas salían de sus labios, proviniendo de su boca con tan absoluta sinceridad y convicción de lo que sentía. Viktor no había podido hacer eso antes, era de los que se lo guardaban, como si fuese incómodo o hasta embarazoso el confesar sus sentimiento en voz alta, pero no era así, eso no tenía nada de incómodo o de embarazoso, le hacía sentirse bien, le completaba al sentir y demostrarlo con actos, con besos y caricias constantes, porque lo que sentía por Aiden era inmenso y ni siquiera tenía una manera segura que pudiese hacer justicia a todo lo que cargaba dentro. No había palabras para explicarse.  Sólo existía el vago recuerdo del momento en el que comenzó a cambiar su forma de mirarlo, aquel golpe de silencio que se plantó en la boca de su estómago, implantándose y ascendiendo con la sencilla creencia de una atracción común, solamente para dar paso a lo que sentía ahora.

No me tomó nada, Aiden— respondió con sinceridad, sonriendo al instante— No, no, no seas tonto, está bien—  se rió, recibiendo uno de sus besos literalmente en los dientes, antes de corresponderle al siguiente y esperar el próximo en aquella avalancha. Desplazó sus manos hacia las mejillas del rubio y le acercó, aferrándolo a un beso un tanto más largo, hasta que se separó y el chasquido de sus labios emitieron un breve y sutil sonido al despegarse. —Te lo voy a decir, porque, ¿por qué no? Tal vez nos sirva de algo— dijo luego de haberse apartado, obrando por usar una expresión despreocupada; puesto que así se sentía, ya estaba tratando de dejar el pasado en el pasado, aunque eso no implicara olvidarse de ello— De hecho, tienes que saber que mi amor por ti pasó tan rápido, creo que lo hice tan pronto que... — suspiró, algo inseguro sobre cómo ponerlo. El trabajo no había sido sentirlo, sino aceptarlo, darse cuenta de que quizá se merecía algo así, y de que también podría ser capaz de entregarlo con el mismo afán y la misma entereza que estaría esperando en retribución— Me tomó un poco más de tiempo dejar de hacer al idiota que enamorarme de ti. Y no, en serio, tú eras tan agradable, guapo, simpático, listo, responsable... No sé, podría seguir con una larga lista de cualidades y fingir que no quiero destacar también tu aspecto físico entero como otra razón de peso, pero nos quedaríamos aquí hasta la eternidad y... Te va a sonar ridículo y querrás darme un golpe en la cara, pero la verdad es que estaba un poco asustado de haberme podido enamorar así de alguien, de golpe, sin pensarlo, sin meditarlo, porque no supe exactamente cuándo sucedió— se ocultó un poco en hombros. Aiden le conocía lo suficientemente bien para saber que Viktor era de esos que lo planifican todo, viven en una rutina y la pueden romper, aunque sin dar un paso largo, porque quieren tener el control. Esa pequeña obsesión de cuidar los detalles, ordenarlos y enfilarnos, para que las fichas impuestas vayan cayendo como debe de ser, como está destinado por ellos mismos—No podía tener el control sobre lo que sentía por ti, así que, me embargó un temor estúpido. Preferí tratar de alejarlo, creyendo que eso sí estaba en mis manos, renunciando a la posibilidad incluso antes de que pudiera llegar a perder a otra persona a la cual quisiera tanto, como sucedió hace mucho tiempo; aunque fuese muy, muy diferente la situación— No se refería a una pareja o algo que se le pareciera, sino a su hermano—. No quiero que eso pase, Aiden. Te necesito demasiado como para no ser egoísta si eso sucediera. Y, lo sé, sí, conozco los riegos y sé que no puedo tratar de controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor y que no está bien y que hablo y divago mucho, es sólo que, al parecer no me importa. No quiero perderte nunca. Quiero tenerte aquí conmigo— sus manos se trasladaron desde su hombros hasta sus muñecas, recorriendo sus brazos—, cerca de mí, para amarte con tanta locura como tú lo haces.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Feb 29, 2016 3:05 pm
Le miraba con suma diversión y es que las expresiones del castaño resultaban interesantes en un momento determinado como aquel, donde las bromas brotaban del rubio sin esfuerzo alguno y es que en su compañía todo era más tolerable, y mejor, claro está-Oh vamos, no te hagas el novio perfecto ahora...no es justo-le picó en el pecho con un dedo de forma recriminatoria y es que el expresarse de aquella forma podría enternecer a Aiden o peor aún, darle la falsa confianza de que sería mimado sin importar qué claro está el tono que utilizaba sugería que no lo decía en serio, más eso no frenaba los intentos por seguir riendo-Aunque no me vendría mal de vez en cuando que seas muy permisivo-se encogió de hombros con una sonrisa que gozaba de cierta rebeldía y quizás locura, en una pequeña cantidad.

Para él no constituía un problema el recalcar lo inteligente que era su novio las veces que hiciera falta lo cual no respondía a un intento de agrado o enaltecerlo por mero hecho de exagerar sino que por reconocer a quién tenía a su lado, así como tenía en cuenta sus defectos también lo hacía con sus cualidades que elegía celebrar de una forma honesta y no envidiar como las personas solían hacerlo con el prójimo. No, para el Teniente su novio era la persona más importante por el mero hecho de haberse ganado su corazón y elogiarlo cuando correspondiese simplemente era una forma más de reconocer en él lo mucho que le atraía y que hacía del escritor la persona que actualmente estaba frente a él, esa por la cual suspiraba a diario.

Esbozó una sonrisa por sus palabras, aunque suponía lo decía de broma si lo pensaba con detenimiento no le parecía una idea tan descabellada, como mucho exagerada para el momento más eso no era un problema, no para él. La caridad siempre había estado presente en su persona y es que en Alemania su madre solía participar de actividades en pro de los más necesitados así como en fundaciones y eso se los había inculcado a sus hijos, además estaba el hecho de que como Policía se había visto inmerso numerosas ocasiones en situaciones que involucrasen a personas necesitadas, era algo que como un agente no podías dejar pasar y mucho menos evitar-Eso es exactamente lo que decía hace unos minutos atrás-agregó como si le estuviese llamando la atención por utilizar sus palabras más la sonrisa en su rostro dispersaba cualquier mueca o intención-Yo ya te lo he dicho, mientras te tenga a ti podría dormir hasta en el suelo, si me abrazas no pasaré frío y bueno, creo que cubro bastante con tan sólo tu presencia, no sé tú, pero yo me daría por satisfecho-aventuró pasando juguetonamente sus dedos a través de la espalda del escritor y es que aunque sonase cursi realmente podría lidiar con ello de volverse una realidad, claro está si es que dejasen de configurar posibles escenarios de un futuro incierto-¿Un perro?-preguntó en el más estilo que ambos poseían el cual se caracterizaba por cambiar de tema de un instante a otro, sin línea temporal ni lógica clara-Yo te hacía alguien más de gatos, ya sabes, como que te quedan-rió un poco pero tampoco lo decía por mera burla, ciertamente existía una teoría acerca de que las personas se decantaban por gatos o perros y eso respondía en ocasiones a determinados rasgos que cada uno poseían, así como personalidades tipo.

Tenía más que claro el instante en que su vida había dado un giro completo y estaba seguro de que jamás podría olvidarlo puesto que existía una línea bastante definida entre el antes y después, refiriéndose al hecho en que había pasado de ser un sujeto un tanto amargado y con el corazón roto al completamente enamorado que el castaño tenía en frente, un Aiden que sonreía y que parecía encontrar la luz en las tinieblas propias de su existencia. Pequeños detalles como una simple risa por parte de su novio bastaban para hacer de su mundo un lugar mejor y es que no estaba acostumbrado a que alguien más sonriese por su presencia, por algo que dijese o hiciera, pero el comprobar el efecto que tenía su participación en la vida de otro reafirmaba el sentido de su propia existencia y afianzaba su interés en ser una mejor persona, todo con el fin de agradar a la persona que más amaba, la que por el mero hecho de estar a su lado se había ganado el cielo y es que en la misma línea, Aiden se comportaba como los perros, fieles a su dueño y feroces cuando se trataba de defenderlos, no por nada eran el mejor amigo del hombre según se decía, claro está el rubio no era un animal, al menos no uno cuadrúpedo, más la analogía parecía correcta, adecuada como mucho.

Asintió por lo que decía y es que pensaba de la misma forma más no era importante ofrecer una comprobación o respuesta de vuelta cuando su concentración estaba situada en el hecho de disfrutar del contacto físico con el escritor, estimular sus sentidos y su corazón con aquella muestra de cariño. El paso de los dedos de este por sus brazos se sentía eléctrico y es que a pesar de llevar una capa de algodón encima y no permitir el roce de sus pieles no hacía falta realmente llegar a aquello, su conexión iba más allá de lo físico –siendo aún importante aquel punto- por lo cual no era inconcebible que se convirtiese en un gesto cargado de significado para alguien que prácticamente vivía para ello.

Tenía la férrea creencia de que era un sujeto con gran control y amplio sentido común y posiblemente no se equivocaba ya que eran rasgos de su personalidad que había adquirido a través de los años y más aún cultivado en base a la experiencia y el razonamiento más no contaba con que el amor le pegaría con tal fuerza que desestabilizaría su centro, relegando a un segundo plano a su cerebro y alzando a sus sentimientos y emociones como el nuevo mando de su ser. Deseaba haberse mordido la lengua con fuerza al ofrecer aquellas palabras y conformar oraciones que carecían de sentido o al menos para su actual situación no tenía espacio, ya no. Le escuchaba con suma atención, tanto que si el respirar no fuese un acto involuntario dejaría de hacerlo debido a la concentración que ponía en el castaño y es que tras sentir que había arruinado el momento hasta la más ínfima letra proveniente de sus labios era un acontecimiento de gran interés. Le había besado rítmicamente y sin despegarse más cuando uno de ellos se prolongó con la evidente cercanía de sus rostros no pudo evitar responderle con la misma intensidad, pegando sus labios a los de su novio y orientando su nariz en una dirección adecuada para evitar el innecesario choque de ambas, no fue hasta que lo dejó ir y sus labios sonaron que se permitió aspirar aire e insuflar nueva vida a sus pulmones que exigían atención.

Se obligó a guardar silencio y para ello se mordió la lengua con fuerza más no la suficiente para causar una herida, a pesar de que tenía palabras que agregar a cada momento consideró que ya había actuado con imprudencia hace unos minutos atrás y eso bastaba así que en un acto de inteligencia aguardó en silencio más ofrecer un movimiento de cabeza simulando entendimiento no le mataría lo cual aprovechó para dejar en claro que prestaba atención, y vaya que lo hacía. Podría haberle interrumpido cuando sintió la necesidad de ello más al abrir la boca nada salió, un exhalo de aire y un pequeño gruñido sin embargo no existían palabras que se atropellaban las unas a las otras compitiendo por el primer lugar, esta vez el Teniente estaba mudo y con razón puesto que no esperaba tal nivel de sinceridad y mucho menos la mella que hacía en su interior escuchar a su novio expresarse de aquella manera, se sentía amado, importante, incluso no podía alejar el momento de empatía que sentía y que de cierta forma le permitía conectarse con la indecisión que su novio había sufrido hace tiempo, todo era una mezcla de emociones que le abrumaban con fuerza haciéndole sentir en el vórtice de un huracán, a la deriva en la inmensidad del mar y sumamente perdido en una negrura que engullía todo con fuerza. Tras unos minutos en que sólo podría ofrecer miradas y tragar lentamente decidió carraspear y dominar su cuerpo para hacer acto de presencia en la conversación-Vaya…realmente no sé qué decir-aventuró llevando una mano hacia su cuello el cual masajeó suavemente de arriba hacia abajo-Bueno, sé que podría decir una que otra cosa sin embargo no creo que sean adecuadas, o al menos estén a la altura de la conversación-agregó llevando una mano hacia el rostro de este y peinando un mechón detrás de su oreja suavemente para luego volver a sus intrigantes y hermosos ojos color miel-Creo que exageras al describirme, pero te agradezco que elijas tener una imagen mía sumamente generosa-sonrió ampliamente y es que de verdad gustaría de ser la persona que su novio tenía en mente más para eso le faltarían años y experiencia más eso no quería decir que fuese algo imposible, al menos ya tenía un Norte al cual dirigirse, en sentido figurado claro está-No te golpearé, pero si quiero darte algo-ofreció mientras sujetaba su mentón con una mano y lo acercaba para darle un profundo beso, uno cargado de emociones y palabras ocultas, había tanto que podría decirle pero era innecesario cuando un ósculo cumpliría el trabajo de mejor manera.

Una vez que consideró que era suficiente –nunca lo sería pero para el momento estaba bien- se separó mirándole intensamente, sus orbes cristalinas no le dejaban y es que amaba a aquel hombre con todo su corazón, tanto que consideraba que haría cualquier cosa por él, lo amaba y dolía más nunca se había sentido tan predispuesto al dolor como en aquella ocasión-Ya sabemos que eso no fue nada bien, pero no tiene importancia, ya no-agregó por sus palabras, más no era un reproche sino una confirmación de sus propias palabras sin embargo lo más importante y que quedaba dando vueltas en su cabeza correspondía al hecho de que ya había perdido a otra persona antes, curiosidad le llenaba más no se atrevía a preguntar aunque le quemase por dentro la incertidumbre, suponía no era algo adecuado para el momento y vaya que se esforzaría para suprimir al monstruo que clamaba por una respuesta en su cerebro. –No serías tú si no divagases y hablases hasta por los codos-agregó acariciando su mejilla suavemente con una ternura excesiva-Además de querer controlar todo a tu alrededor-rió un poco pero no terminaba su caricia-Sin embargo son de las cosas que más me gustan de ti y que he aprendido a amar, tanto que cuando no lo haces son lo primero que extraño, no sé, estoy tan acostumbrado a ti, a tus gestos, palabras, tus ideas que hasta la más ínfima diferencia me destrozaría el corazón-le miraba intensamente y es que aunque pareciese exagerado de su parte, Aiden no podía concebirlo de otra forma, con el correspondiente sentimiento de pertenencia que acompañaba el aceptar y amar a una persona tal como era.

Se liberó de su agarre sin embargo más que alejarse fue un cambio de posición puesto que sus manos buscaron las suyas y una vez que dieron con ellas entrelazó sus dedos con fuerza, sus manos estaban juntas a las cuáles les dedicó unos segundos hasta que sus ojos barrieron por su tronco hasta llegar a los orbes del escritor donde establecieron su parada oficial-Me tienes contigo amor, yo soy tuyo para siempre-agregó lentamente mientras con el pulgar acariciaba una de sus manos-Y no me perderás porque siempre estoy y estaré contigo-alzó la diestra sin soltar la mano ajena y la recargó contra el pecho del castaño, donde debía de estar ubicado anatómicamente su corazón-Estoy aquí si no me ves, si no me sientes cerca, recuérdalo-le miró y bajó sus manos hasta el lugar que antes ocupaban-Tú eres el amor de mi vida por lo cual sólo existe una forma en que me aleje de ti…y aunque sucediese eso no cambiaría lo que siento-y con ello se refería a la muerte, así de seguro estaba y es que hasta el fin de sus días no cambiaría –aunque quisiera- lo que sentía por Viktor, él era esa persona que se suponía todos decían que era la indicada, su alma gemela, su verdadero amor. Lo tenía claro, la única cosa en su vida que era y sería constante.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Miér Mar 02, 2016 3:05 pm
Se rió por sus palabras, pues sin duda aquella no fue nunca su intención. Ser el novio perfecto sonaba como una carga descomunal de la cual le costaría bastante trabajo hacerse, alcanzar semejante nivel parecía inasequible incluso entre sus obsesiones por mejorar y convertirse en la persona adecuada para compartir la vida con Aiden, alguien con quien se sintiese cómodo, que supiera suscitar su agrado y sus alegrías, en lugar de derrumbarlas como si fueran cualquier cosa. Para Viktor, nada de lo que tuviera relación con su novio, así fuese con un matiz efímero o remoto, le resultaba una molestia de tratar. Quería dedicarse a él, era cierto, pero se temía exagerar y atosigarlo hasta que éste se fastidiara de su insistencia. Tenía que pensar en estos aspectos como si realmente pudieran llegar a darse, aunque la duda cayera de sobra y él se sintiera bastante seguro de que su amor podría superar hasta la más inmensa y ridícula de las adversidades. Así se percibía al estar cerca de Aiden, como si todo a su alrededor tuviera una razón de peso y le otorgara un mayor sentido de estar ahí. Ciertamente, una locura de su propia mente y de los sentimientos que acudían para alcanzarlo cuando sus ojos se cruzaban con los de él, haciéndole notar más de ése cariño que profesaba, atento, protector y muy consciente del vigor con el cual afirmaba amarlo. —¿Entonces te parece que no lo soy ahora?— su tono continuaba relajado, ligeramente divertido. Ninguno de los dos había puesto a prueba su capacidad para aceptar ciertas peticiones en las que se involucrara al otro, aunque algo estaba claro: Ambos convinieron en perderse del trabajo, el bullicio y el ajetreo de sus vidas como se sucedían a diario, con tal de estar juntos en su universo aparte, lejos de los demás, las responsabilidades, el ocio casual y hasta discreto, un espacio dispuesto únicamente para ellos y su máximo disfrute personal.

Por un momento creyó que Aiden se refería a la donación de la casa cuando ya no la necesitaran del todo, pero muy pronto cayó en la cuenta de lo que en realidad trataba de decir. Hablaba de tenerse al uno al otro, de lo suficiente que eso parecía al estar juntos. Y que lo era. No sólo lo parecía, simplemente era así, algo que permanecería por todos los próximos días, meses e incluso años, si ellos así lo decidían y ponían de su parte pata mantenerlo. Le sonrió de vuelta, aunque ésta vez, su gesto no representaba una expresión divertida como la que hubo plasmado unos minutos atrás, sino que era la muestra de la felicidad que Aiden atraía a su ser. No recordaba muy claramente la última vez que se sintió tan afortunado y feliz, hasta que volvió a encontrarse con el policía, teniendo su oportunidad abierta para solucionar las dificultades del pasado y comenzar de nuevo. Eso ya no podría cambiarlo nunca, lo bueno, malo, lento o apresurado que sus determinados momentos juntos hubiesen arrasado con ellos como un incendio forestal, pero lo que sí podía hacer y estaba convencido de que haría, sería elegir siempre dar un buen paso a partir de ahora, el más adecuado y firme para su relación, aunque sin presionarlo, más fácil se sentía el ser espontáneo y permitir que fluyera con normalidad, aún cuando le pareciera totalmente nuevo.

Lo dices como si los vistiera. Es gracioso— bromeó, riéndose por ello y la acertada suposición de Aiden. Prefería a los felinos, sí, pero el motivo tenía que ver con su activado sistema mental de la limpieza. Los creía más higiénicos e independientes, aunque nunca había tenido un perro para garantizarlo y comparar, ni siquiera de niño había conseguido uno, porque a su madre no le gustaban los animales grandes y Viktor no estaba de acuerdo con las razas pequeñas o medianas. Fuese como fuera, se dejaba guiar por la sospecha y los constantes lengüetazos de unos y otros, su capacidad de supervivencia y la poca necesidad que los gatos tenían de estar todo el día con sus dueños. Quizá los perros estaban ligados a personas más cariñosas o algo parecido, cosa que Viktor no era, no le daba por ponerse a jugar de veinticuatro siete con sus mascotas y en su mente surgía la idea de que si nos los acariciabas todos los días, cada tanto que te brincaran para recibirte cuando salías unas horas de casa, se iban a morir. Una tontería en todas sus letras. Sin embargo, ésa fue la razón de que no progresara su mundo acuático en casa. Había dejado morir (no deseándolo, por supuesto) también a sus pobres peces y ahora la pecera de pared yacía vacía. Los alimentaba cada vez que recordaba tenerlos, lo cual no era a menudo...
Pero de hecho, sí tienes razón— añadió al instante— Hace tiempo que tengo un gato, no recuerdo si llegué a mencionarlo. Me lo regalaron como si fuera por Navidad y pues, nadie se niega a un regalo ¿verdad? Ni siquiera al ver que se mueve y come y orina. Se llama Marvin, tiene que estar... metido en alguna parte, por aquí... supongo— miró en derredor, buscándolo con la mirada, pero no dio con él. Podría estar en cualquier sitio, desde el cajón del librero hasta el extremo vacío del armario, debajo de la cama o encima del refrigerador, en lo alto. Era un felino ordinario, de cuerpo rayado y anaranjado, con una cola tremendamente esponjosa, a diferencia del resto de su cuerpo. Eso es lo que le hacía llamativo, pero Viktor no sabía qué raza era. Tal vez ninguna en específico. —También alimento algunas veces al siamés huraño de la vecina, pero me dio la impresión de que tú preferirías un perro si tuviéramos que elegir. No sé por qué, tal vez sea la misma intuición figurativa— se encogió un poco de hombros, porque si bien era un tema trivial, no conocía aquella preferencia sobre el policía; así como muchas otras de la misma índole. Había gente a la que ni siquiera le gustaba tener animales, aunque claro y evidentemente, Viktor no era uno de ellos. Su problema sólo estaba en lo malo que era para cuidar de otros como si fuesen bebés.

Oh, no tienes que hacerlo. Yo sólo... No podía dejar que siguieras pensando que algo hubo en falta contigo— y es que lo decía en serio. Quizá no fuese necesario que aclarase cada punto en los conectores de su pasado y su presente, pero Viktor mejor que nadie comprendía del error que significaba querer dejarlo atrás sin hablar de ellos, ésa idea de olvidarlo como si no hubiese sucedido nunca. A veces parecía lo adecuado, porque se veía fácil, como un camino recto en lugar de meterse entre las curvas, al riesgo, a la pequeña aventura de describir y sumergirse más a fondo. El castaño apenas era un novato en el tema, ésta se posicionaba como su primera relación formal desde hacía bastante tiempo, la única a que la ciertamente le dedicaba su atención, en la única de la cual no quería perderse detalle, porque todos le gustaban y los disfrutaba con la compañía del hombre del que se sentía tan enamorado. Era al fin una realidad y no deseaba ver que se le escapara entre los dedos, pero también comprendía -tarde, sin embargo seguro- que el control de ello no estaba en lo que él quisiese o lo que Aiden estuviera esperando, sino lo que se impulsaba conforme de sus acciones, su pensar, la manera en que cada uno tomaba las cosas y las absorbía hacia adentro. Si este forma podría ser sincera y mucho más profunda entre los dos, entonces Viktor haría su parte para que así fuera, para sentirse más cerca de él, no solamente en un estado físico en el cual sus cuerpos se unieran, sino en algo más grande y espiritual, más real y al mismo tiempo soñador de lo que se pensara; porque en eso consistía amar, no debías levantarme mucho y apartar los pies de la tierra, pero tampoco debería ser todo tan lógico y apagado, tan simple y preciso, con nada de la aventura que conlleva el simple proceso y la sensación de enamorarse.

Aiden era esa persona que encajaba a la perfección con Viktor. Casi leía en su cabeza, le adivinaba, le complementaba, demostraba su saber y su comprensión sobre aspectos que nadie más entendía con facilidad, festejaba inclusive el existir de aspectos de su personalidad que a otros no agradaba, ya que formaban parte de un mismo organismo y costaba de cambiarse, costaba de modificar algo ya equipado, que más sencillo tendría que ser aceptar, como él lo hacía, como él que no se negaba a abrazar aquello y combinarlo en un mismo lugar.
Le miró a los ojos mientras el rubio acercaba su mano hasta su rostro y se detenía para peinar un mechón de su cabello, llevándolo tras su oreja con un gesto que a Viktor le pareció excesivamente sobrecogedor. Tuvo el impulso, casi libre, de volver a besarle, pero resolvió resistir y escuchar de su propia boca lo que estaba por decirle, tal como él le había dejado hablar, con el objetivo de ahondar en su vida, en lo que de verdad eran y cómo se sentía respecto a cosas de las que no todas las parejas se permitían incluir en la conversación; esos pequeños detalles que volvían todo más firme, como si te estuvieran pasando el informe de que tus pies cruzan por un rumbo sólido, íntegro. Y que de ningún modo tendrás la necesidad de girar otra vez para solucionar las dificultades.
Sonrió apenas oírle continuar. No obstante, sus labios se cerraron un poco para corresponder a su beso, suave y mucho más descriptivo de lo que cualquier respuesta hubiera podido darle. Allí crecía la forma más elevada de amor, confianza y devoción por el ser querido. En un instante, le hacía sentir capaz de que el tiempo frenara sólo para ellos, con aquella sensación de abandonarse al destino y lo que éste tuviera deparado, siempre que siguiera existiendo en la misma compañía.

Su caricia, sus palabras, revivían una ternura oculta y durmiente en el pecho del escritor. Sabía que llevaba toda la razón en cada una de sus frases, pues no importaba más lo sucedido, no volvería a ocurrir, no de su parte, ni siquiera en la mínima sospecha. Ahora vibraba en él un estado de convicción de gran magnitud con respecto a su amor por Aiden, a lo mucho que le quería y le deseaba, de estar con él, de hablar con él y hasta de quedarse en silencio, no como un momento incómodo, eso nunca, no sucedía entre ellos, siempre tenían algo qué decir, una forma de llenar los espacios y revertir las pausas, pasando de un tema al siguiente, como si no pensaran en el cambio, como si aventuraran por el instinto.
Es absurdo pensar que creí que podría estar sin ti— le musitó en respuesta, casi inaudible, más no había necesidad de alzar la voz para que le escuchara. Estaban cerca, demasiado, sus labios aún sentían la suavidad y la humedad de los ajenos, como si continuaran firmes sobre los suyos, mirándose de la única manera que un par de personas con sus sentimientos en superficie, hablados y demostrados por igual, se detendrían a apreciar dicha emoción a través de sus ojos. Le sostuvo las manos, entrelazados sus dedos, y escuchó con el pulso por encima de los niveles acordes a la normalidad. No le dio importancia. Apretó su agarre con fuerza y le acarició el dorso de la mano con el pulgar, sin saber qué decir, en silencio, con el leve esboce de una sonrisa que de a poco fue creciendo. Asintió finalmente con la cabeza, un momento nada más, antes de soltar una de sus manos y pasarse la mano por la boca, como si aquello fuese a aligerar el ambiente, la sensación inmensa, de gran peso, que sentía como incrustada en el corazón. Parecería un exagerado, sin duda, pero lo contenía bien, se guardaba la importancia de aquellas palabras dentro suyo y lo resumía, fielmente, sin menor adoración de la que pondría en otro momento, al apoyar el rostro junto al del Teniente, rozando su mejilla con la de él, antes de depositar un beso a la orilla de su mentón.

Humedeció sus labios y luego se aclaró la garganta, sin soltar su mano, aunque sí apartándose un poco de él después de aquel beso. —Deberíamos irnos ya— lo dijo dirigiendo una mirada de sesgo a la mochila, porque sabía que si lo hacían en ése momento, acabarían por no hacerlo con tal de no alejarse ni siquiera un poco— La carretera estará más libre ahora y... Me muero por descubrir si soy capaz de disparar un arma y no llorar— sonrió por el final.
No les hacía falta nada y tenían todo el día por delante, pero Viktor supuso que apresurar el viaje, les concedería más tiempo para ellos dos, sin que el incesante ruido del piso superior se escuchara haciendo eco. Eso era quizá lo malo de vivir en un edificio de apartamentos. Su piso no estaba en la cima de la construcción, así que los ruidos (que nunca habían sido escandalosos, en realidad) eran como estar viviendo todos en el mismo espacio. Nadie se salvaba.  Esperó por una respuesta o un gesto positivo de su parte, antes de soltarle y andar por la mochila para encaminarse al coche de Aiden, cargándosela en un hombro como si llevara piedras dentro. Se acordó de dejar la luz de la entrada encendida, —para cuando se apareciera la vecina del abajo e hiciera su papel de buena samaritana, dándole de comer a Marvin—, y luego volvió a buscar la mano de Aiden, entrelazando sus dedos con los de él.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Mar 04, 2016 3:43 pm
-Eh..no, o espera, ¿Lo estás siendo?-enarcó una ceja y es que no consideraba plausible aquello debido a que técnicamente no le había pedido nada ni tampoco veía en el castaño una actitud que sugiriese aquel estado más su rostro denotaba que no se equivocaba, o simplemente no sabía interpretar las señales…algo admisible a pesar de afirmar conocer a su novio profundamente. Y lo hacía, confiaba en lo que sabía de él, sus gustos, disgustos, qué le hacía feliz o que lo amargaba, situaciones que le daban vergüenza o por el contrario eran de su interés, cualquier aspecto que pudiese estar relacionado al escritor afirmaba tenerlo claro pero eso era una exageración nada más, considerando que tenían muy poco tiempo de estar verdaderamente juntos. Aún faltaban muchas situaciones que vivir en conjunto y es que las experiencias supondrían un nuevo nivel a su relación y la propia compenetración que tenían como una pareja por lo cual evidentemente era un tema de tiempo, de cambios y ajustes que debían de suceder con naturalidad pues al forzarlo dejaría de tener sentido y el resultado en sí mismo sería incierto.

El tema del hogar realmente no era de su total preocupación y es que ahora en su vida tan sólo existía interés por permanecer al lado del castaño, tenerlo para sí y disfrutar de su compañía por todo el tiempo que se le permitiese vivir, al menos. Claramente y aunque no lo mencionara debían de vivir bajo un techo pero como había dejado claro hasta el más básico sería suficiente cuando su interés radicaba en una persona, no en lo material. Una sonrisa de parte del contrario bastó para que replicara el gesto y su corazón nuevamente se alterase y es que las palabras sobraban cuando podía ver en aquellos exquisitos orbes de color miel lo que quería decir, el sentimiento que alojaban y que lo invadían a cada momento sin oponer resistencia alguna, sino que al contrario, se entregaba consciente y dispuesto a todo.

-No estarás haciendo un chiste con los gatos, sus pieles y vestimenta, ¿Cierto?-le miró serio y es que Aiden se consideraba un gran defensor de los animales, no al nivel de pertenecer a PETA pero si era simpatizante de su labor y él mismo había sido parte de algunos movimientos u operativos en pro de los animales. Desde pequeño se mostró interesado por el bienestar de los animales y es que el vecino tenía una gran cantidad de ellos, en mayor parte perros los cuales se habían convertido en sus mascotas y amigos de juegos, siempre pendiente de ellos, alimentarlos, darles de beber, acariciarlos e inclusive recoger sus desechos y peinarlos y es que no había niño más interesado y preocupado que el rubio. Tal nivel era su preocupación que lloraba a cántaros cuando alguno de los animales veía el fin de su vida, podía pasar días deprimido y triste por perder a un amigo y como nadie se preocupaba de darles un entierro adecuado y llorar su pérdida cosa que a veces preocupaba a su madre, sobre todo cuando parecía demostrar más interés en los animales que las personas mismas.

De mayor su forma de ser había cambiado, y no era para menos debido a los golpes que la vida le había dado sin embargo persistía en su ser el amor por los seres vivos y por ello mismo había adoptado dos perros callejeros a los cuáles les había dado un hogar y los había adiestrado para ser guardianes excepcionales los cuales hoy en día paseaban por el patio de la casa de su madre a la cual resguardaban de cualquier amenaza eventual del exterior y es que eran animales bravos cuando se trataba de defender a la mujer y sus hijas, tal como Aiden las defendería si se diese la ocasión.-Nunca me habías dicho que tenías uno, de hecho me parece increíble que sea así-le miró y es que no era una sorpresa para el Teniente que su novio se preocupase de alguna otra forma de vida-No lo sé, si te hubieses presentado aquel día en mi oficina con un envoltorio…pues lo habría dudado, bastante-aventuró una pequeña risa, y es que bromeaba aunque no podía evitar pensar que tenía ciertos toques de verdad, matices pequeños, pero reales. Le siguió con la mirada y se permitió escapar hacia otros confines buscando al felino sin embargo tampoco dio con él lo cual le sugirió una pregunta-¿Estás seguro de que no se habrá escapado?-le miró y entrecerró los ojos-¿O siquiera que esté vivo?-y es que no era una idea inconcebible, aunque sugería que tenía cierto pensamiento acerca de su novio y su forma de ser. –Oh, ya veo-y el énfasis en sus palabras demostraba que estaba impresionado por lo que decía, habían cosas que no conocía de su novio y no debería molestarse por ello sin embargo el no saber le carcomía, además de producirle una sensación desagradable por sobre todo.-Creo que si lo piensas un poco más te darías cuenta de por qué-le miró divertido y es que lo estaba retando, era su animal favorito por la sencilla razón de que se identificaba con él, atributos como la lealtad, valentía e instinto los unían a niveles sumamente profundos, de hecho sus hermanas siempre le decían que parecía un Husky Siberiano tanto por su comportamiento por rasgos físicos similares lo cual justificaba muchas veces las burlas que aquellas proferían tachándolo de un can más, sobre todo cuando el rubio estaba en la tierra jugando con sus mascotas.

Le miró y se encogió de hombros, no le molestaría escuchar que había cosas de las cuales carecía y es que tenía sumamente claro lo imperfecto que era más aceptarlo siempre era un paso más complicado de hacerlo que decirlo, estaba trabajando en ello, al menos-No me molesta en realidad, ya sabes, me parece lógico-y lo decía con gran sinceridad, no podía pretender ser alguien que no era y mucho menos atribuirse características divinas cuando no era algo correcto.

Besarle jamás se limitaba a un acto meramente físico y transitorio sino que se alzaba como una muestra de lo sentía por el escritor, un acto carnal que involucraba emociones y sentimientos que no eran necesarios de expresar verbalmente debido a que el gesto cumplía una función doble y enriquecida, la cual podía oscilar en importancia y seriedad dependiendo de la intención que se le inyectase y es que aquella variaría una y otra vez conforme a lo extasiado que el Teniente se sintiese siendo un estado que últimamente no lograba manejar pero que le producía infinito regocijo. Le amaba profundamente y no había tardado en aceptarlo puesto que era un erudito en cuánto se trataba de conocerse a sí mismo, negarse algún aspecto de su personalidad simplemente se debería a un intento por no asumir una verdad y no al hecho de desconocerla, ir en contra de su naturaleza. Sus labios se unían suavemente a los de su novio sin embargo la intención crecía a cada momento lo que se correspondía con el afán con que buscaba el contacto, deslizar su boca y degustar la humedad, calidez y sabor que profería la ajena capaz de envolverlo y mantenerle pendiente a cada segundo, sin desviarse ni perder la concentración en cuánto a amarle y demostrarle lo que en su interior residía se tratase. Una vez que la falta de aire se hizo presente fue el momento preciso para dejarle ir más aquello se limitaba al contacto entre sus labios no así a la cercanía de sus rostros y el acople de sus cuerpos que se reconocían afines y partes de un todo, como en las ocasiones que habían experimentado tal nivel de pertenencia, aquellas situaciones donde la carne era una sola, un mismo sentimiento que los llenaba y hacía explotar su interior.

Sus cristalinos y fríos ojos, como una ventisca poderosa y nívea, se mantenían fijos en el rostro del amado y es que sus facciones, todo los ángulos que determinaban su composición y el esculpido perfil de este resultaban sumamente atractivos y ricos en detalles y matices de los cuales no podía prescindir. Era el hombre más hermoso que había visto en su vida y es que no se limitaba únicamente a un nivel físico sino que se debía a un conjunto de imágenes, emociones, pensamientos e impresiones propias que al confluir en un mismo sentido enaltecían a un ser único que podría prácticamente formar parte de sus fantasías y no guardar relación con el presente, inverosímil por el lado que lo considerase.-Te amo-fue lo único que dejó escapar de sus labios, su tono de voz había sido audible y firme más eso no le restaba importancia o lo hacía sonar monótono sino que le aportaba un nivel de seguridad y veracidad por sobre todo haciéndole justicia a lo que realmente sentía. Disfrutaba de su tacto tanto como él mismo aventuraba caricias entre sus dedos, ahuecaba partes de su mano para albergar a los ajenos y deslizaba los propios en pro de una sensación agradable y efímera al fin y al cabo. Recibió el beso en su mentón y pronto una curvatura agradable se extendió por el lienzo de piel que contenía sus facciones, agradado sumamente por la emoción y la abrumadora pertenencia de la cual gozaba en aquel instante.

La burbuja de sus sueños más placenteros y añorados se vio condicionada por los movimientos y palabras del castaño obligándole a prescindir de su estructura esférica, estallando por el contacto con la realidad. Suspiró profundamente y soltó su mano para llevarla a su propio rostro acariciando suavemente su mentón-Tienes toda la razón-las palabras habían salido con menor énfasis del que había configurado en su mente sin embargo no tenía opción a modificarlas una vez liberadas por lo cual simplemente le quedaba hacerse cargo de ellas, con la consecuente sensación de que se debían meramente a qué no apoyaba la idea de separarse, por muy errático que fuese considerando que pasarían más horas juntos de lo que habían hecho durante el tiempo que se conocían. Asintió por sus palabras debido a que no tenía nada que agregar para contradecirlo o apoyarlo sin parecer poco elocuente o aventurar palabras innecesarias, estaba de acuerdo y mientras más rápido su cerebro se correlacionara con ello sería mejor.

Le vio cargarse la mochila en el hombro y de inmediato reparó en las incongruencias de la imagen debido a que aquella parecía sobresalir de la estructura física de su novio, además de mostrarse más pesada de lo normal. Se dejó tomar la mano sin embargo con la libre recorrió el camino hasta llegar a la mochila la cual sujetó con una fuerza precisa-Dámela, yo la llevo-aventuró y es que consideraba que estaba demasiado pesada y para alguien que estaba acostumbrado a un esfuerzo físico constante –lo que se traducía en su actual condición física- no representaría problema en contraste al escritor y a su físico –que no tenía nada de malo, al contrario- no cualificado para cargas pesadas-Así te das una vuelta por el piso para comprobar que no se te olvida algo, por ejemplo tu gato, ¿No crees?-le miró mientras con sus dedos hurgaba en su hombro para quitarle la mochila, una sonrisa se dibujaba en su rostro, pequeña pero aún estaba ahí. Aiden era alguien muy precavido y además atento, por lo cual no sería extraño que orientase todo su ser en pro del hombre que lo tenía completamente enamorado, ¿O si?-Digo, a mi si me preocupa que esté vivo-dijo ligeramente divertido más se encogió de hombros por si se le quedaba mirando feo o algo, nunca se sabía.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Dom Mar 06, 2016 3:21 pm
Ahora mismo... No. No realmente— admitió, dando un breve repaso a su estado de novio permisivo en los últimos minutos. Tampoco es que hubiese tenido la oportunidad de serlo o de tan siquiera fingir que lo era, pero la verdad es que era un sujeto variado; sólo decía que no a lo que absolutamente no pensaba apoyar o hacer nunca, y eran cosas insignificantes, como no probar cierta comida, no dar una conferencia literaria que terminara con firma de autógrafos,  no visitar a su familia en Nueva York mientras el abuelo estuviera presente, no a asistir a la iglesia y no a pasarse más de dos horas durante una velada aburrida con gente aparentemente importancia. Simplezas, sin duda. Sin embargo, darle un gusto a su novio y hacerlo con aquellos medios que se encontraban a su alcance, disponibles, era una de las razones para dar el sí. De todos modos, ¿qué podría necesitar o pedirle Aiden para suscitar el que Viktor se negase? —Pero— agregó enseguida, para complementarse— Tengo mis momentos. Hace como ciento ochenta segundos, te habría aceptado cualquier idea incluso aunque fuese una locura para el Viktor regular.

Cariño, los chistes malos y crueles son los únicos chistes que circulan por el mundo.  Pero de hecho me refería a vestirlos vivos y completos, literalmente  alrededor de ti. Hay una portada ¿se les llama portadas?— frunció el ceño momentáneamente, luego sacudió un poco la mano para restarle importancia. — Como sea. Hay una portada de un CD de una banda irlandesa donde hicieron algo parecido, ahora que lo recuerdo. Una chica, a mí me parece que desnuda, está envuelta entre gatos. Los felinos están dormidos sobre ella como si fueran su cobija y le cubren el torso. Y mientras tanto, ella cae de espaldas por un abismo lineal que se parece mucho—en mi versión de cómo quise interpretarlo sin hallarle un sentido, claro— a una alucinación por esquizofrenia. Aunque ellos, los muchachos de la banda, dijeron que era algo relacionado con la Marihuana— concluyó aplastando los labios, sólo para después encogerse de hombros, como adelantándose a responder que no tenía ni la menor de las ideas de cómo o por qué se les ocurrió hacerlo, pero que sin duda su propuesta tenía más sentido. Ya no recordaba el nombre del famoso sujeto que padecía la enfermedad y que, en su mezcla de crisis y gusto por los gatos, los veía de mil maneras, distorsionados por su mente y el trabajo que ésta realizaba durante uno de sus constantes brotes, precisamente tratando de controlar la ansiedad y la paranoia, dibujándolos. —En fin, ése no era el tema y ya me desvié. Me gustan los gatos. Me gusta que vivan ellos y todos los demás animales, incluyéndonos, así que no me vayas a catalogar de monstruo insensible o algo semejante. Recuerda que me criaron dos personas que hacen de todo para preservar la vida hasta de quienes sí no se lo merecerían tanto y he seguido casi perfectamente su ejemplo— y es que proteger a un homicida con chaleco antibalas y una flota de oficiales de policía tras el arresto, era para Viktor una tremenda exageración. Si alguien quisiera matarlos, luego de matar a veintenas, ¿por qué no dejarlos? Ya, ya, porque nadie es Dios y la justicia debe hacerse conforme dicta la Ley. Lo había aprendido de principio a fin cuando trató de darle un gusto a su padre y meterse en su mundo aparte, porque además no era del todo malo en ello, pero honestamente, jamás fue capaz de entenderlo del todo a pesar de absorber como una esponja el aprendizaje y los deberes a cumplir. Él no estaba de acuerdo con muchas de sus obligadas ideas que alguien había plasmado en un papelito (como por ejemplo, que humanos asesinaran a miles de animales y se negaran a asesinar a un único humano que había asesinado por su cuenta, sólo por ser uno de ellos; sonaba revoltoso y se expresaba una inmensa hipocresía), aunque las seguía todas a diario hasta el día en que abandonó, mintiendo un poco, diciendo que necesitaba todo de su tiempo para escribir, que las imágenes y las pruebas del forense a veces eran demasiado perturbadoras y luego le impedían hacerlo, pues se pasaba horas y horas buscando más pistas dónde buscar.


Sí, bueno... No tengo mucho con él— se refirió al gato, claramente. Se lo habían regalado porque él bromeó con la mujer diciéndole que el suyo ya parecía de él, de tanto que se pasaba a cuidarlo y darle el alimento. No se esperaba que por mencionar que ya mejor se conseguía uno propio, dado que sabía un montón de cosas sobre cómo cuidarlos gracias a las indicaciones de ella, se le fuera a aparecer en la puerta con Marvin usando un moño enorme entre las orejas. Tal cual si fuera un regalo de verdad, aunque el moño terminó en la camiseta de Viktor en menos de un minutos, pues la mujer insistió en que el regalo para Marvin, supuestamente por lo de tener un dueño y una casa nueva. Lo había levantado de las calles, según dijo, y por la pata que tenía vendada cuando llegó a sus manos, parecía muy cierto. Así que tenía un gato que dormía prácticamente todo el día.
Viktor rió por lo bajo, ya que a la inversa, seguramente no se habría negado de ninguna manera a recibir a un Aiden de regalo a voluntad. Ahora lo tenía, no como un regalo, pero lo tenía a su lado y eso era lo más importante de todo. Cómo se dieron las cosas, cómo pasaron de evitar verse y hablarse durante una larga temporada, a estar finalmente juntos y bastante conformes y felices de la forma en que avanzaban, era lo de menos.
No, claro que no— respondió de inmediato ante sus dudas. Luego titubeó— O creo que no. A menos que se saliera ésta mañana y lo arrollara un auto, tiene que estar vivo y aquí. Ayer lo estaba— por lo menos de eso sí se sentía seguro, aún cuando Aiden consiguió meterle la duda muy a fondo. Pensó que tal vez debería ir a comprobarlo, pero no lo hizo. La alacena, los cajones, el refrigerador, bajo la cama, entre las almohadas, en el armario... ¿Dónde empezar? Tendría que mirar en cualquier rincón donde su diminuto cuerpecillo tuviera espacio para entrar.

Le miró con una ceja ligeramente alzada, curioso. —¿Me está autorizando a que te analice, Teniente?— le preguntó sonriendo al fin con amplitud. Viktor había conocido a Aiden durante la investigación de un caso. Fue una casualidad. Ambos en el momento justo, a la hora justa, en el día justo. El castaño estaba apoyando al equipo federal mientras ellos se unían a la policía local, más por imposición que por gusto, pero fuera como fuese, ellos dos acabaron por cruzar palabras cuando Viktor tuvo que explicar paso a paso el análisis de conducta que ni siquiera su padre fue capaz de entender la primera vez. Haces que parezca el doble de complicado, le dijo una vez. Pero no era cierto. Lo único que hacía era ordenar piezas y sumar una con la otra, buscando la conexión que pudiera ligarlas para saber qué llegó antes y que se vino después; no en base del sospechoso y posible culpable, sino primero de la victima. —Necesitaría investigar más sobre los perros, pero déjame intentar—  caviló un momento, mirándole con expresión pensativa. —Si a ellos les motiva un instinto de lealtad, apego, amor y obediencia. Saben entender, son expresivos, todos parecen tomar sus decisiones de una manera autónoma. Son expertos con los sentidos, cuidadosos, inteligentes, por ello resultan un arma bastante funcional cuando se necesita seguir un rastro. Dicen por ahí que son capaces de distinguir lo correcto de lo incorrecto y tienden a seguir el primero de ellos, incluso aquellos que no han sido adiestrados. Independientes al acto, intrépidos, protectores, con facilidad para adaptarse a las nuevas circunstancias y he aquí, una increíble respuesta de valentía... Vaya, no sé qué tan acertado o errado pueda estar, pero acabo de describirlos a ellos y es sorprendente la cantidad de adjetivos que también te corresponden a ti. En mi sencilla opinión, mi vida, te gustan y los prefieres porque es un reflejo de tu propia personalidad y los seres humanos nos sentimos más cómodos y seguros con quienes sienten empatía y tienen posibilidades de comprendernos de mayor manera, sobre todo si éste reflejo es una forma particular en nuestra vida diaria, a veces inconsciente en algunos sentidos y otras demasiado arraigada— cerró la boca, sonriendo con los labios juntos— Lo que me convierte a mí en un gato porque me fascinaría dormir durante un día entero si pudiera.

***

¿Eh?— se volvió de lado, pero en breve comprendió que Aiden se refería a la mochila. —Oh, no... no es... De acuerdo. Tú ganas, pero que sepas que fue considerando que es esto o pasarme el fin de semana quejándome de la espalda o de que se murió mi gato— la bajó, sujeta de una mano antes de pasársela a él. —Y gracias. Sólo me tomará un minuto— y es que mejor era prevenir que Marvin estuviera dentro, no afuera arrollado por un auto, como se imaginó lo peor unos minutos atrás. Volvió a entrar al piso, miró primero detrás del mueble de la tele y abrió el cajón grande. Nada. A la cocina. Nada... ¿O sí? Regresó sobre sus pasos, retrocediendo sin volverse, sólo para abrir la puertas bajas y verificar que no se hubiera metido allíi. Uno nunca sabe, aunque jamás encuentre la respuesta a cómo hicieron algo así. En una ocasión, Viktor lo encontró durmiendo en segundo cajón del buró junto a su cama. Tuvo que enviar todos los calcetines a la lavandería para que le quitaran los pelos que Marvin le dejó con gusto y a puñados. Al abrir la puerta de su habitación, ya estaba pensando que en efecto, Marvin se habría salido, que se hallaba en la calle y que probablemente a) se lo robaran, b) lo atropellaran o c) se pierda tratando de huir de algunas de las anteriores y no supiera cómo regresar. Eso tenía en la cabeza. Y eso siguió zumbándole aún después de pasar al interior y asomarse abajo de la cama. Se escuchó un maullido. Viktor sacó la cabeza de debajo y levantó los ojos hacia el armario. —¿Cómo carajos?— pero no tenía caso preguntárselo. Era un gato, lo cual los volvía una especie avanzada de ninjas. Se incorporó, salió de la habitación y ésta vez dejó esa puerta abierta. —Está vivo— su voz entonó una mezcla de alivio y diversión, porque en serio, había conseguido que se pusiera algo paranoico por la posibilidad de que se perdiera el gato. Miró el mapa, que también se había olvidado, y pasó de largo para agarrarlo antes de salir. — Estaba arriba del armario, que es demasiado alto... Pero fue una buena idea, se habría quedado encerrado allá. No habría comido nada y sufriría hasta que se cagara en mi cama por no tener el arenero disponible— comentó mientras se encaminaba hacia la puerta de la entrada, donde le aguardaba Aiden. —Dios, qué mal padre soy ¿verdad? Pensaba irme. Marvin ya debe empezar a amarte por hacerte volver— meneó la cabeza tirando del pomo para cerrar detrás de sí, luego le dejó un beso en la mejilla a su novio, pasando su brazo por detrás del cuello de él.
¿Mencioné que hay un lago cerca de la cabaña que alquilamos?— reanudó la conversación haciendo un cambio, mientras bajaban a la primera planta, donde se hallaba el amplio recibidor y esas enormes puertas de cristal que deberían abrirse solas, pero casi nunca estaban encendidas para que pudieran funcionar. Viktor la desplazó con una mano al estar delante de ellas, dejando que pasara primero Aiden; pues además, era el rubio quien llevaba el coche y sabía dónde lo había dejado aparcado.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Mar 09, 2016 5:19 pm
Enarcó una ceja y sonrió tras escucharle, era agradable –sumamente- el poder contar con él de esa forma y que estuviese dispuesto a complacer algún capricho considerando que Aiden sabía que el escritor no era un sujeto que hiciera aquello, es más lo consideraba algo totalmente ajeno a su persona por lo cual el tan sólo hecho de considerarlo ya hacía que para el rubio la sonrisa se extendiese ampliamente-¿Ves que puedes ser extremadamente lindo cuando quieres?-le sonrió con cariño-Y no me refiero a físicamente, porque Dah, eres hermoso-agregó con un tono divertido y es que imitaba a aquellas películas del género Comedia lo cual no quería decir que sus palabras fuesen mentiras.

Le miró intensamente y es que no le parecía tan cierto lo de los chistes crueles pero claro eso respondía al hecho de que personalmente no le gustaban más era una opinión personal y bien sabía que el castaño llevaba razón en algo que era común en la sociedad, hasta “aceptable” por muy lamentable que le pareciese-Yo no hago chistes crueles, quizás malos porque a veces son horriblemente aburridos pero nunca crueles-alzó un dedo y es que quizás su labor lo hacía más humanitario, más centrado y menos frívolo. Asintió por su pregunta, cualquier imagen que se publicase y se extendiese como una campaña resultaba en una portada, en el centro de toda la atención y la imagen que debía de comunicar un mensaje sin hacerlo realmente, más bien quedaba a interpretación del receptor-¿Te has dado cuenta que generalmente sueles buscar desórdenes mentales en las personas que te rodean?-dijo con cierta diversión y también como especie de reproche, leve obviamente más alzar una mano para quitarle importancia fue su intento de disiparlo para darle paso a lo que realmente quería decir, llevó una mano a su propia barbilla y la acarició mirándole seriamente-Eres consciente de que a pesar de estar vivos los felinos, ¿el hecho de cubrirla y que esté desnuda emula a un abrigo?-le miró fijando sus fríos ojos celestes y es que a su juicio seguían recurriendo al mismo tema que no debería de tomar importancia por lo cual mejor suspiró y también se encogió de hombros, eran necedades que no venían al caso.

Negó rápidamente ante sus palabras, exactamente quería evitar el hecho de que pensara que tenía tal distorsión de la imagen del escritor y es que no podría estar más equivocado, a los ojos del Teniente era la imagen viva del amor, de sus anhelos y de todo lo que a sus claros orbes podría interesar-No he usado esas palabras, no exageres amor-le sujetó por el mentón con una mano al instante y le acercó-Si vieras cómo yo te veo…-agregó suspirando y acariciando su barba levemente para luego dejarle ir, no consideró necesario refutar más ni tampoco agregar palabras, no es que conociera personalmente a su familia, bueno a su padre sí, pero no a un nivel más íntimo como para tener la confianza de preguntar cosas, que va, ni siquiera sabría cómo decirle al hombre que era el novio de su hijo y eso era una constante preocupación más no era atingente en este caso, ahora no. –Descuida, entiendo lo que quieres decir y no pongas en duda que no confío en la educación que te han dado tus padres o algo similar, es sólo que, quería aclarar un punto, nada más-dijo como si fuese algo sumamente efímero y es lo que intentaba lograr, con suerte llegaría a ello.

-Ya veo-agregó y es que no podía evitar tener una postura contraria a la de su novio lo cual no significaba que uno estuviese mal y el otro en la razón, simplemente lados opuestos de una misma vía. Cuando había adoptado a sus actuales dos perros para el rubio eran dos integrantes más de su familia, así como tenía hermanas gemelas los canes parecían la contraparte masculina del par, claro está con la diferencia de raza y atribuciones propias de cada especie más eso era lo de menos, siendo el sentimiento lo más parecido a la pertenencia con su familia consanguínea. Para cuando viviesen juntos se encargaría de convencer al castaño de adoptar a un can aunque considerando que estaba Marvin dudaba de su fuese una buena idea, claro está si era un cachorro seguramente podrían llevarse bien con el felino…igual era algo a futuro y que necesitaba lógica y razonamiento en su momento. Sus ojos claros se abrieron de par en par ante sus palabras, abrió la boca pero se mordió el labio rápidamente para callarse, aun así no era inmune a lo que había escuchado y es que le parecía que su tono de voz y la simpleza con la que lo había dicho no eran adecuadas-Qué frío-comentó llamándole la atención y golpeándole la nariz con el índice-No quiero saber qué dirías si te preguntaran por mí y yo estuviese muerto-agregó con cierto desdén sin embargo no se lo estaba tomando con extrema seriedad, y es que tenía aquella capacidad de llamarle la atención pero sin llegar a molestarse…del todo, ahora la otra parte era libre de reaccionar cómo quisiera, pudiera, etc.

Le miró y rió porque consideraba que era un juego pero se olvidaba que su novio era sumamente competitivo –al igual que él- y se lo tomaría claramente como un reto, claro está no es que tampoco fuese algo que causar molestia, para nada-No le autorizo a nada, pero es libre de actuar como quiera, tiene derechos, amado ciudadano-enfatizó en el amado y es que le encantaba asociar aquello al castaño. Suspiró mientras le miraba con dedicación, ante él estaba al hombre que amaba y es que a pesar de poder haber salido en varias ocasiones con otros, tener ligeras relaciones claramente esta vez era la única, era especial y sabía que sería para siempre, lo sentía, lo ansiaba, lo lograría. No podía pensar en aquel instante –ni en ningún otro posiblemente- en una mejor descripción acerca de los canes y es que sus palabras eran elocuentes, precisas y elegantes por sobre todo, más no debería sorprenderse tanto considerando el calibre que poseía como escritor, no por nada era exitoso aunque fuese modesto y no lo quisiera aceptar…claro está no importaba porque el rubio estaba para recordárselo cuando fuese necesario, o no. -¿Qué libro te comiste, amor?-agregó con una risa y es que si aquello no estaba plasmado en páginas de suave papel y cubiertas por una portada trabajada debería ser ilegal, como mucho-No en serio, es una descripción muy completa, específica en realidad, y bueno, no sé para los demás pero para mí es totalmente acertada, atingente, ya sabes-se encogió de hombros y es que se maravilla con la inteligencia y asertividad que poseía-Aunque a veces reniegues de ello, te queda mucho la faceta de Psicólogo-aventuró una mano para acariciar su mejilla suavemente-¿Sabes lo mucho que te amo, cierto?-agregó y es que no podía evitar sentirse de cierta forma conmovido, agradado por sobre todo. Dejando de lado su encandilamiento se centró y rió por lo bajo, de hecho se lo imaginaba como tal y eso era demasiado gracioso como para guardárselo-No te quedaría para nada mal el bigote y el pelo esponjado, si me preguntas-se acercó para colocar su nariz contra la de este en un gesto suave-¿Y por qué no puedes dormir durante todo un día?-preguntó entretenido-¿No lo considerarías si yo me quedase todo el día en la cama contigo?-le dio un corto beso que provocó el chasquido característico al separarse.

Entornó los ojos sin embargo no se dejaría llevar por sus palabras y menos se involucraría en un debate con él, simplemente tomó la mochila y la deslizó en su hombro, estaba pesada más para alguien que estaba acostumbrado a cargar su peso y un poco más realmente no era mucho. Le esperó mientras este iba a dar un vistazo final al lugar y es que a pesar de que el castaño afirmase que mientras más rápido se fuesen sería mejor, unos cuántos minutos más no harían daño. Repasaba en su cabeza algunas cosas, del trabajo y es que a pesar de pedirse libre no podía dejarlas ir por lo cual aprovechó de digitar unas cuantas palabras en el móvil para avisar de unos asuntos a su secretaria y luego lo dejó en el bolsillo izquierdo de su pantalón. Tras verlo de vuelta le sonrió y asintió ante la confirmación de que el pobre gato estaba vivo-Qué suerte para Marvin que viniese, ¿No crees?-cerró los ojos y sonrió pero estaba claramente tomándole el pelo y burlándose. No le sorprendía el lugar donde se encontraba y es que a pesar de no haber tenido nunca uno sabía de lo que eran capaces, y lo escurridizos que eran por sobre todo, no por nada habían videos de gatos por la red que demostraban de lo que eran capaces y de los cuales muchas veces observó cuando Lucy estaba aburrida y buscaba en el ordenador pensando que nadie la veía.-De nada amor-asintió atribuyéndose el hecho de que había evitado toda una tragedia.

Hizo un sonido de tensión y es que ante sus palabras era adecuado-Guardaré silencio para no perjudicarte más-dijo como si estuviese siendo sumamente amable. Claramente no lo estaba comparando con la idea de cuidar un bebé aunque ambos exigían cuidados mínimos como un ser vivo sin embargo equipararlos no era correcto, del todo, sobre todo cuando no era algo atingente, real, próximo. Se acercó instantáneamente al cuerpo de su novio cuando sintió la proximidad dejando una mano en su cadera.

Negó rápidamente-No, no lo mencionaste, como supongo que hiciste con otras cosas…pero que importa, supongo que son sorpresas, ¿Eh?-rió y es que el que estuviese algo desligado del tema del tiempo en conjunto no quería decir que no le importase, simplemente había dejado a su novio proceder ya que sabía lo perfeccionista que era y que querría lo mejor, bueno él no se contentaría con algo mediocre existiendo la posibilidad de optar a lo agradable, suficiente, merecido, justo como mucho. Avanzó al paso de su novio para luego abandonar su hogar y caminar por el sendero hacia su coche el que estaba aparcado unas dos propiedades de distancia, siempre estacionaba de aquella forma sin tener una razón de peso-¿Quieres conducir, o lo hago yo?-le preguntó y es que a él le daba lo mismo, sin embargo tenía la idea de que al tener planeado el viaje con suma precisión el escritor también querría marcar el camino por su propia mano a pesar de contar con el mapa-A mí me da igual, francamente-se encogió de hombros y le tomó de la mano en el resto de camino que les quedaba hacia el coche, más con la otra mano tanteaba el bolsillo de su pantalón para buscar las llaves.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Mar 11, 2016 3:13 pm
Aunque no se sentía con el papel justo para convertirse en el novio del año, sí trataría de esforzarse por hacer feliz al hombre de su vida hasta con detalles inconscientes, por eso le devolvió una sonrisa cariñosa a Aiden cuando le escuchó. Luego puso los ojos en blanco, riéndose por lo bajo mientras negaba con la cabeza. Ahí estaba él, con palabras simples pero muy precisas, capaces de arrancarle un tenue enrojecer al rostro por entero. Por supuesto, estaba acostumbrándose cada vez más a las frases afectuosas, los gestos de adoración y las efusivas caricias, pero con Aiden, con él todo parecía más exorbitante, con más valor y gusto de oírlo y de tenerlo cerca. Todas estas cosas, que podrían parecerle un gesto común entre parejas, cobraba significado y profundidad ahora que de verdad lo sentía propio, un conjunto de sinceridad y amor que adivinada reciproco en todo momento.

Bingo. Pues ahí tienes la razón de que te parezcan aburridos— destacó pasajeramente. Tampoco iba a dárselas de siempre bueno porque no lo era. Se había reído de un par, así que negarlo estaba de más. Su opinión era como siempre subjetiva a la realidad de los hechos. Las bromas, así fueran chistes brutos como para amusgar los ojos, por ejemplo, son la capacidad más grande que tiene un ser humano para sobreponerse y afrontar una catástrofe. Es contagiosa la risa y el buen humor, pero claro que todo necesita su línea para ubicar el límite que nadie debería tener derecho a rebasar. Viktor lo entendía, sólo que no había tenido la mala fortuna de poner en práctica ninguna de las dos—. Los chistes están bien aunque sean crueles, a menos que la crueldad esté ocurriendo lejos de ti. Ahí es donde todo parece antinatural, en mi opinión. Ya no es un chiste animoso, es una burla fomentada por el odio, pero... ¿En serio vamos a meternos en esto?— y arrugó un poco la nariz. Estaba claro que su despreocupación del universo podría recaen en más de una conversación poco sana, porque además, Viktor era terco, testarudo como sólo él. Y a pesar de que aceptaba de todas opiniones, ya estaba adaptado a escuchar, comprender y quizá mantenerse firme con su propia creencia archivada. De cualquier forma, lo que compartían respecto al tema no era que los chistes crueles fueran buenos o malos, sino que lo horroroso era vestir a otro ser vivo y presumir su piel como si disfrutaras de ello, como si el pobre animal no hubiese tenido que sufrir durante el proceso y sobre todo, las prácticas médicas que hacían con ellos.

Bueno, sí, es muy probable que los busque sin intención. Es mi cerebro el que trabaja y se confabula con mi personalidad ¿sabes?— sonrió divertido, y es que no era algo que quisiera hacer o que tuviese la forma de evitar, a cada cual le buscaba un mensaje del subconsciente—  Tengo la teoría de que todos estamos un poco enfermos si nos adaptamos a vivir en las circunstancias actuales— comenzando desde lo inútil hasta lo que de verdad importaría ponerle un alto con urgencia. Añadió aquello como un complemento explicativo, pero nada más. No era una teoría verdadera, ni basada en un fundamente sólido, sino más probablemente esperanzados para justificarlo. Después de todo, también somos animales y seguimos un instinto, que incluso a veces llega a superar la razón misma. Se quedó pensándolo un momento. —Vaya. No lo había pensado desde esa perspectiva. Yo más bien habría creído que a la chica le gustan tantísimo los gatos que le encantaría estar rodeada de ellos todo el tiempo, pero de hecho sí, tiene bastante sentido lo que dices— dijo, y finalmente sonrió. Lo que había iniciado con una creencia torpe de su parte, se había convertido en un estudio moral sobre el maltrato de los animales y el análisis de la portada de un grupo musical (que quizá no saliera jamás de su Dublín querido)—Son irlandeses, mi amor, ¿qué esperas de ellos?— acabó por relajar el gesto. Ésta vez, no lo decía del todo por sus raíces, aunque lo valían también fuera de que no estuviera hablando nada en serio, tal como la entonación de su voz lo hizo notar.

Sólo decía, es lo que yo habría pensando— se rió, porque realmente no estaba dándole mucha importancia al asunto. Decía, opinaba, no se guardaba nada, pero era una reacción casi mecánica que ya vivía dentro de él. —Pero si no he usado esas palabras, no exageres,  amor— le imitó al escuchar sus palabras. Definitivamente no creyó ni por un segundo que Aiden dudara de su educación. De hecho, quien tendría que dudar serían sus padres. Pero eso ya era otro tema, cosa aparte, de un futuro que quizá se acercara demasiado pronto. De cualquier manera, lo que concernía ya se había perdido un poco entre los últimos comentarios, así que Viktor le atrajo con suavidad y besó suavemente su mejilla. —Olvídate de eso— le dijo, instando el acto con un gesto que estaba por seguir también. Lo comprendería mejor en cuanto le presentara a sus padres al final. Puede que primero a Giovanna, su madre, que ya tenía un mayor conocimiento de Aiden y de lo que su hijo afirmaba sentir por él. Viktor era más cercano a su madre, desde niño, se entendían mejor porque él se parecía demasiado a su padre, así que no sería una sorpresa el pensar y comprobar un tiempo adelante, que el castaño le confió más de una conversación con el Teniente como tema principal.

Aiden, por favor. No vas a compararte con el gato ¿verdad?— levantó las cejas— Él no sabe del todo que si se sale, viviendo donde vivimos, lo pueden atropellar en cualquier segundo. O que un niño malvado tratará de hacerle algo por mera diversión. Sólo soy realista a las posibilidades— agregó, con tal de justificar algo por lo cual no sabía que tuviera que justificarse, porque sin lugar a dudas, creía que el gato estaba dentro y a salvo. No lo dejaba salir muy a menudo, procuraba que se enroscara en el sofá y no se moviera de ahí, dormido más de la mitad del día. Aunque en algunas ocasiones se subía al ventanal para mirar afuera o paseaba del balcón propio hacia el ajeno; de ahí venía la duda punzante. Viktor nada más llegaba a preocuparse cuando Marvin tardaba más de seis horas en aparecerse frente a sus ojos. Sabía lo que les gustaba a hacer, desde el dormir en zonas altas hasta desaparecer uno o dos días, inclusive más, cuando estaban en celo. —Los animales mueren, la gente muere. Es el orden natural... Que no aceptaría si pasara, ni con Marvin ni contigo, pero, creo que se entiende. Tú me haces pensar que podría haberle pasado algo, yo lo pienso, pero no me lo creo hasta verlo con mis propios ojos— lo decía como si fuese un método que llevara pasos a seguir. Pero claro, si saliera a la calle y viera al gato ahí, inmóvil, no hablaría de semejante modo ni estaría con la seriedad en el rostro. Era un tragasentimientos, un encubreemociones, como definiría si tuviera su propio diccionario para palabras nuevas. El hecho de que no fuese expresivo, tendía a lo mismo. Se guardaba todo dentro. Tristeza, enojo, alegrías, amor... Todo. Era más fácil existir con la barrera para que la gente no pudiera reaccionar a ti, que tu sentir no transformara la manera en que serías tratado en una situación completamente diferente —En la Iglesia le dicen fe. Yo lo conozco como esperanza, que al final se supone que es lo mismo y funciona de una forma idéntica— añadió ante su mirada imperturbable, aunque su tono fue exactamente tan natural como antes— Y, además, no es por nada, pero me haces sentir como un niño al que disfrutan de reprender ¿sabes? Debería ser yo quien se indignara por la sola mención de que no reaccionaría ante tu muerte. Eso es horrible, horrible— enfatizó con cierta exageración— de pensar sabiendo cuánto te amo.

Le miró aplastando los labios con una sonrisa que no mostraba los dientes, pero no tardó en resoplar al escucharlo y que éste desencadenara en una risotada. —Ninguno— dijo riendo, haciendo un gesto de la mano. Le había hecho bastante gracia, pero se calmó pronto y dejó la expresión formándose con una sonrisa amplia. Viktor no estaba muy seguro de que hubiese funcionado en cualquier otra profesión, pero le dio razón en que por lo menos convenían sobre el punto del cual partió; la teoría, nada práctico saldría bien cerca de sus manos. Eso lo había descubierto en las infinitas horas de clases deportivas que lo siguieron durante sus años académicos. Era malo en el rugby, despreciable en fútbol, pasable en baloncesto, pero en ninguno logró la decencia que habría requerido un centenar de aplausos. Le sirvió para entender que llevarlos de ocio para un fin de semana con amigos, era lo máximo que el futuro deparaba para su acción de movimiento. Él había sido creado para meterse detrás de un escritorio, ya fuese para investigar, escribir o bien, como Aiden sugería, dar terapia al enfermo y hasta satisfacer un poco su curiosidad por el funcionamiento de la mente. —No, pero me gusta imaginarlo cada vez que me lo dices— le sonrió, en parte complacido, en parte enternecido por la libertad y la seguridad en sus palabras. Si en ése momento no le amara tanto, estaría comenzando a enamorarse de él tal como al principio. No lentamente, sino de golpe. Todo el amor que sentía acumulado en un mismo día y un mismo momento.
Hizo una mueca ante su siguiente comentario, negando de inmediato. —Dejarías de pensarlo así, una vez que me dejara el bigote con el pelo esponjado— le aseguró con diversión, todavía sonriendo y a punto de abrir la boca para responder, cuando sintió sus labios unirse con los propios. Se lamió los labios al separarse, con el gusto de su boca y la falta de ellos ahora que yacían lejos— Creo que hoy más que antes consideraría quedarme en cama el día entero, pero no del todo para dormir.

Esto va a sumarme una derrota— respondió como si estuvieran en mitad de un juego— pero sí. Tú tenías razón. Marvin está agradecido con su héroe— esbozó una sonrisa ligera— Y yo también. ¿Qué habría hecho de irse y volver, encontrando a un gato flacucho, a diferencia de la redondez habitual del anaranjado pelaje del felino? Probablemente pensaría que alguien le hizo un cambio, aún cuando fuesen dos días nada más. Un fin de semana sin comer es suficiente. Aunque ahora se sintiera relajado y con la ligereza de no cargar la duda sobre sus hombros, de no haberlo seguido su propuesta la cosa habría sido muy distinta. Pobre gato. Menos mal que tenía a un novio que le compartía la paranoia y también los cuidados por el animal, que ni bien escuchó la puerta cerrarse detrás de ellos, saltó del armario para cambiarse a dormir en la esquina de la cama.
De acuerdo. Yo guardaré silencio para fingir que no has dicho eso— replicó de buen humor. Ya sabía que apenas podía cuidarse a sí mismo, pero de que hacía el intento, lo hacía. —Supongo que sí— añadió después, en relación al lago. —O no, espera, no estoy seguro si era un lago— dudo un momento— Vi un montón de opciones. En el Norte de California abundan zonas boscosas, yo no sabía, pero resultó que las hay. No sé... El punto es que era una cosa con agua. Lo descubriremos cuando estemos allá— y es que de nuevo, se revolvió la información que le habían dado por teléfono. Tal vez algo tuviera qué ver con estar pidiendo informes de alrededor de siete o más sitios al mismo tiempo.

¿No hay problema si lo hago yo?— le peguntó a pesar de la oferta. La verdad es que quería conducir, pero también pretendía dejarlo descansar. Aiden ya había conducido hasta San Francisco, tendría que estar cansado de pasarse horas en la carretera. Tras su confirmación, abordaron el vehículo y Viktor se ubicó en el asiento del conductor, luego de que su novio le pasara las llaves y metieran la mochila en el maletero. —Eso de "Como supongo que hiciste con otras cosas", fue sólo por lo del viaje ¿verdad?— retomó la conversación mientras se acomodaban en el asiento. Viktor tanteó en busca del cinturón de seguridad, se lo puso y enseguida insertó la llave, enciendo en motor antes de mirar por el espejo retrovisor y comprobar que no se acercara ningún coche que les impidiera salir. —¿No hay nada oculto detrás de eso? Digo, tal vez exagero, pero... Estamos empezando otra vez, ahora quiero hacerlo tan bien como se pueda.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Mar Mar 15, 2016 5:39 pm
Entornó los ojos por su respuesta sin embargo no le dio importancia alguna, era algo pasajero y por lo que no valía la pena pensar de más y es que era una de esas veces en las que sus palabras eran contrarias a las del otro y su pensamiento igual. Apreciaba la ironía como cualquier persona y es que era algo natural en todos, como también parte de la naturaleza misma, una especie de configuración predeterminada; más sin embargo todo tenía un límite y para él estaba más que claro y es que debido a su trabajo había presenciado tantos escenarios distintos, cada uno más inverosímil que el anterior que prácticamente la capacidad de reírse de una broma cruel no se daba en él, atentaba contra su disposición hacia la empatía que estaba bastante desarrollada, como antagonista a lo que había perdido. Negó con la cabeza rápidamente y es que era el primero en querer desligarse del tema, evitarlo por sobre todo-No es algo en lo que esté interesado de hacer amor-agregó sobándose el cuello suavemente y esbozando una suave sonrisa.

No pudo evitar soltar una risa y es que aquella respuesta era tan predecible por parte del escritor más eso no quería decir que fuese una persona así, simplemente obedecía al hecho de que Aiden lo conocía lo suficientemente bien para esperar aquello, así como también habían otras cosas inherentes a él que no pasaban desapercibidas para el hombre que afirmaba amarlo con todo su ser y que de verdad lo hacía.-No lo sabía, pero no parece algo inverosímil, de hecho casi me atrevo a decir que sería lo normal en ti, ¿No?-aventuró una mano para acariciar su rostro suavemente con una sonrisa en los labios y es que realmente lo decía en serio, más eso no quería decir que estuviese mal o se estuviese quejando-Aunque acepto que tienes razón puesto que las personas cada vez están más locas-había tenido en sus manos casos que deberían pertenecer a la ficción y no a la realidad-Sin embargo, ¿No crees que nos adaptamos porque es lo que siempre debemos hacer?-preguntó y es que consideraba que no se debía al hecho de poder sobrevivir al margen de una sociedad enferma sino al simple hecho de que como humanos estábamos sujetos a constantes cambios a los cuales debíamos de sobreponernos si es que queríamos sobrevivir.

A veces consideraba que podría sonar bastante insistente en cuanto a sus ideales por los animales pero en su defensa no lo hacía a propósito, simplemente se debía al hecho de que el policía era demasiado apasionado en su qué hacer diario extendiéndose a todas las aristas que componían su vida.-No sé, no hay forma de que no lo vea así-se encogió de hombros y es que quizás pudiese ser que erraba o exageraba más la simple lógica y su incesante raciocinio le ordenaba a su cerebro procesarlo de aquella única manera. Observó al castaño y su propio gesto se suavizó completamente debido a la aparición de una pequeña risa-Pues no sé, ¿Qué puedo esperar de ti?-dijo bromeando y utilizando la pregunta a su favor-Ilústrame-bromeó arqueando una ceja.

Iba a reprochar cuando utilizó sus mismas palabras y es que era algo que nunca dejaba pasar sin embargo su novio jugó bastante bien al besarle en la mejilla lo cual esperaba no fuese intencional sino un acto inesperado, como fuese el caso es que tenía aquel efecto de sedación que lo inutilizaba por completo, lo volvía dócil y afable como un cachorro-Todo lo solucionas con un beso…no es justo-se mostró molesto pero en una versión veinte años menor, un niño enrojecido y sumamente agradado que no sabía cómo mostrar lo que sentía por lo cual simplemente se lo guardaba provocando que la temperatura subiese en su cuerpo y su rostro se mostrase tinturado de un rojo carne en contraste a la nívea imagen de su piel.

Fijó sus gélidas orbes en el escritor y frunció el ceño inmediatamente ante sus palabras debido a que no le sentaban para nada bien, más eso no quería decir que llegase a molestarse realmente, sólo…era un tanto sensible en cuanto a las comparaciones y al hecho de que no lograba compartir la visión del castaño lo cual era entendible, normal por sobre todo tratándose de dos personas tan distintas-No me estoy comparando con tu gato, aunque si tuviese que hacerlo tendría unos cuántos puntos y…-entrecerró los ojos-Cuidado amor-alzó un dedo a modo de reproche sin embargo no llegó a tal punto, al contrario simplemente torció el gesto y lo dejó ir, como solía hacerlo en la mayoría de las veces al elegir no molestarse o estresarse por algo y es que realmente su cuerpo no tenía ya la tolerancia de antaño. Se encogió de hombros ante sus palabras, seguía pensando que era un tanto frío al expresarse y es que por tratarse de un animal, otra raza eso no lo hacía menos importante, claro está eso sucedía a ojos del Teniente y de unas cuántas y limitadas personas en la faz de la tierra-Que bueno saberlo-agregó pero convocando a todas sus fuerzas para que aquello no adquiriese un tono molesto o inexpresivo, al contrario quería pensar que se escucharía de una manera ligera, despreocupada, como mucho. Estaba en su persona el pensar en el peor de los casos, siempre considerar el escenario más extremo y desastroso con el fin de no acogerse a falsas expectativas y es que en su trabajo era algo necesario, un requisito por sobre todo si es que al final del día se quería conservar la cordura, o al menos tener la ilusión de ella. La muerte era el orden natural de los seres vivos, si, lo aceptaba, lo creía, sabía que era parte de la naturaleza y del entendimiento común sin embargo eso no quería decir que pudiese procesarlo de una forma indolora, que fingiese no tener un impacto a nivel emocional en él –considerando que una de sus habilidades más desarrollada era la empatía- cuando si lo tenía a tal punto de hacer mella en su interior. No necesitaba pensarlo y observarlo, a pesar de ser un sujeto que se avala por los hechos y es que su trabajo lo exige así sus ojos no eran necesarios cuando estaba el discernimiento de que la catástrofe tenía lugar, de que lo inevitable sucedió y que lo sorpresivo había mutado a lo predecible.

-Y la esperanza es lo último que se pierde, ¿No?-agregó como respuesta a sus palabras, no le veía sentido a aquella frase y es que más allá de ser parte de un relato de la Mitología Griega para Aiden no representaba una verdadera lección, simplemente un Mito que descansaba en los anales de la historia para toda la eternidad. Entornó los ojos y colocó una mano en cada hombro del escritor mirándolo fijo-No seas dramático, tampoco es como que te reprenda a cada momento…sólo terminamos hablando de algo que representa distintas posturas para ambos-se encogió de hombros-Nadie dijo que no pudieses hacerlo, yo lo haría, considerando que lo dije como una verdad-rió por lo bajo, no era algo a lo cual le atribuyese más importancia de la que tenía pero en aquel instante parecía que sus deseos no se correspondían con la realidad-Y si fuese tú aprovecharía por demostrarle a mi novio cuán grande es ese amor del que tanto hablo, si me preguntas, claro…teóricamente-subió las manos hacia su cuello el cual acarició suavemente mientras una expresión relajada se mostraba en sus facciones, podría haberse reído más eso le restaría importancia a lo que decía y por sobre todo nublaría la ilusión que estaba intentando crear. Un leve exhalo se escapó de sus labios y es que con él realmente no podía molestarse, claramente rivalizaban en ciertos aspectos pero eso no era suficiente para separarlos o modificar su relación, simplemente era un reto que debían de superar a diario si es que tuviesen que esforzarse, al menos de su parte jamás era de aquella forma considerando que lo que sentía era más que suficiente para obnubilarlo completamente.

Amaba verlo sonreír, sobre todo cuando era por su intervención y es que a pesar de considerar que se comportaba como un bufón en ocasiones realmente no le importaba si podía ver aquella curvatura agradable adornar su boca.-No tendrías por qué hacerlo, yo encantado de demostrártelo las veces que quieras-aventuró tomándole por los costados y acariciándolos lentamente, subiendo y bajando con las manos a la vez que no le quitaba la vista de encima y es que lo decía en serio,  realmente por él haría cualquier cosa y el demostrarle sus sentimientos ni siquiera tenía por qué ser algo forzado, al contrario, un deleite para ambos, esperaba. Se rascó la barbilla y le miró enarcando una ceja de una forma exagerada-No estoy seguro eh-aseguró como si realmente lo estuviese considerando más la risa brotaba para desmentirle de inmediato. Tras besarle le miró sin alejarse sino que mantenía su posición cercana en todo momento, claro está cuando este le respondió no pudo evitar sonreír y hacer un chasquido con la lengua en señal de desaprobación-Bueno yo sólo hablé de dormir-alzó las manos divertido-No sé qué otra cosa querrás hacer pero yo me ofrecí para acompañarte a descansar-agregó con un tono que evidenciaba que estaba bromeando, y que claramente se hacía el desentendido tan sólo por juego.

-Otra victoria más para mí-agregó sonriendo-La agregaré a nuestro tablero, espera...¿A cuánto vamos?-preguntó como si fuese algo de gran importancia y es que a pesar de no existir dicho conteo no estaba de más pensar de que sí, tan sólo por el momento. –No hay de qué, estoy para servir a la comunidad, aunque, una gratificación no me vendría nada mal-sonrió con cierta malicia.

-Qué fácil es llegar a un acuerdo contigo, me encanta-agregó riendo acercándose para depositar un beso prolongado en su mejilla que al separarse dejó un chasquido debido a la fuerza e intención con la que lo hizo. Le miró atentamente pasando las manos por su cuello cuando le hablaba y es que era de interés lo que tuviese para decir, asentía cuando escuchaba algo que parecía un destino prometedor sin embargo volvía al inicio: sin tener idea de qué es lo que les deparaba, sin embargo, ¿No era parte de relajarse y tomarse el tiempo tan sólo para ellos?.-Suena divertido, sea lo que sea-agregó como acotación y encogiéndose de hombros con un humor bastante liviano.

-Para nada, lo mío es tuyo-sacó las llaves sin embargo antes de dejarlas caer en sus manos se detuvo-Ah espera, no estamos casados-reparó en ello y le miró serio-Con cuidado-dijo a modo de advertencia más si lo conocía bien sabría que estaba jugando ya que aquella actitud no se correspondía con la seriedad que normalmente albergaba. Dejó caer las llaves en sus manos y tomó asiento en el asiento del copiloto, el viaje hacia San Francisco había sido algo largo sin embargo no le importaba proseguir al volante más considerando que Viktor era el responsable de orquestar el viaje suponía que le correspondía también el viaje, aunque sonase como una pésima gratificación. El cinturón ya estaba cruzando su pecho y rodeando la cintura mientras esperaba que encendiese el coche, por su parte mantenía una posición erguida y su atención desviada a su alrededor en especial atención a si venía algún coche por lo cual cuando le escuchó volvió la cabeza hacia él enfrentándole-Eh…-tragó saliva ya que le había tomado por sorpresa la pregunta, de hecho no lo había considerado a fondo pero quizás debía-Supongo que sí-agregó buscando palabras adecuadas-Digo, a menos que haya algo que tenga que saber, que no me has dicho-buscó sus ojos color miel-¿Hay algo?-inquirió intentando quitarle la mayor cantidad de interés a sus palabras para que no sonase a un interrogatorio sino que al contrario a una pregunta normal, sin mucho interés, casual.-Y yo-sumó aquello a sus palabras, la relación requería que ambos se involucrasen ya que de ser unilateral realmente no sería una, técnicamente.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Mar 18, 2016 4:05 pm
Puede ser— convino sonriendo. Le bastaba con saber que su comportamiento parecía normal y aceptable para él, porque después de todo, de ahí en adelante pasarían muchísimo más tiempo juntos del que hubiesen planeado. Viktor no había dicho que se mudaría a Los Angeles sólo para convencerlo de que se dieran una nueva oportunidad, que intentaran comenzar desde abajo con su relación y la dejaran fluir hasta ascender al sitio en el que ambos se permitieran estar felices. Ésta vez no se trataba de promesas vacías. El castaño estaba convencido de lo que quería hacer, y lo que quería era estar cerca de él y aprovechar tanto de los cortos como de los prolongados momentos que pudieran tenerse el uno al otro, así que la mudanza era un hecho que simplemente esperaba por concretarse dentro de poco.  —Y que lo digas. Tú tienes la posibilidad de verlo a diario— añadió a continuación, mostrándose más que de acuerdo con lo que decía. Por lo menos en eso sus opiniones eran idénticas. Viktor escribía ficción, lo garantizaba en las aclaraciones finales de cada una de sus novelas, pero eso no quería decir que la inspiración de tan atroces actos que se plasmaban en sus páginas, estuvieran muy lejos de suceder en la vida real. Lo que resultaba perturbador, y por lo que él creía que a sus lectores constantes les gustaba leerlo, era precisamente por ése toque cercano a lo cotidiano, el miedo natural, la curiosidad y la paranoia de no saber en realidad quiénes viven cerca de ti y qué haces al cerrar la puerta de sus casas. Todos reaccionan de una manera diferente. Y aún así, lo que a menudo sucedía en la realidad siempre le seguiría pareciendo cien veces peor que la ficción. Había visto bastante cuando trabajó con los federales. Él se encargaba de examinar los cuerpos junto al científico forense, hacía anotaciones y debía tocar los cadáveres cuando había uno, los restos cuando no lo había... Ahora sólo prefería dejarlo en el pasado, aunque no olvidarse de ello. —Sí, claro que sí. Tienes razón— asintió levemente, con un matiz de sonrisa en el rostro— Es sólo que, ya sabes, hay tantas cosas a las que no deberíamos acostumbrarnos que... Es deprimente saber que lo hacemos de todos modos ¿no? Es como si no nos sirviera tener un cerebro capaz de razonar un poquito. Por eso también parece irreal que nos quejemos de lo que ocurría antes de nosotros, catalogando de salvajes a los humanos del pasado y demás. A lo que deberíamos acostumbrarnos es a los cambios naturales, la supervivencia en un mundo tras catástrofes de ése tipo, igual que el resto de los animales, supongo. Pero ahora el esfuerzo es para que la destrucción que nosotros mismos vamos creando sin razón alguna, no nos arrastre detrás. Y... otra vez estoy divagando— esbozó una amplia sonrisa y negó con la cabeza. Probablemente nunca dejara de hacerlo, pero como mínimo ahora se daba cuenta de cuando lo hacía. Antes no, antes podía seguir hablando y hablando durante horas, mientras tuviera a alguien todavía dispuesto a escuchar.

Oh, bueno, sobre esto en específico, empecemos con que me empeñaré en cuidar muy bien a mi gato— comentó divertido, como si es tuviese que prometerlo. Ya lo hacía... Bueno, sí, de acuerdo, lo intentaba. Estaba entrenando y la verdad es que hasta el momento no se le había dado demasiado mal. Quizá porque la vecina se pasaba seguido... Pero también porque le tenía cariño a Marvin. Habría sido imposible que no sucedería, luego de sus rasguños y mordidas, después de que se subiera a la cama a las cinco de la mañana, dando un salto sobre sus pies para atraparlos y jugar como si fuesen una bola de estambre. Lo había odiado un poco entonces, pero lo superó rápidamente, así como debe pasar el compartir espacio con alguien más. —Le compraré un centro de juegos de mi tamaño. Y, además, no escucharé a la banda irlandesa que parece invitarnos a vestir piel de animales, a los cuales tú, mi amor, sin duda adoras. Luego... Veamos, podría dejar de comer carne. Me alimentaré de brocolí y otras cosas verdes saludables, como judías y, ni idea, esas cosas que no encuentras en el directorio de comida rápida— se volvió a mirarlo y levantó las cejas— ¿Qué te parece? ¿Es un buen comienzo? Quizá después done todas las ganancias de una novela a una de esas asociaciones de protección animal y te incluya en los agradecimientos— ahí ya estaba exagerando y podría notarse con facilidad, ni que ganase tanto, pero lo anterior sí lo había dicho muy en serio. No se lo hubiera planteado un tiempo atrás, sin embargo todo cambia, se modifica y lo hace para mejor, incluso para los que ni siquiera estaban al tanto de nada, como Marvin.

¿Recuerdas que fuiste tú quien me contó el secreto del beso que lo puede todo?— bromeó. No obstante, así fue. Aiden le había dejado en claro que expresarse a través de acciones funcionaba mejor con él. Viktor era excelente a la hora de hablar, no por nada se llevaba tan bien con periodistas y jugaba cartas buenas a la hora de vender sus obras, elegía del modo adecuado, pero con Aiden, con él había tenido que empezar de otra manera. Con él no funcionaba el marear con palabras. Era diferente, se sentía distinto y sin lugar a dudas, mucho más interesante, espontáneo. Algo que no podía confirmar desde el momento en que se acercaba. Viktor hacía eso, de lejos estudiaba a las personas y al acercarse ya sabía exactamente cómo actuar si necesitaba atraerlo a una firma, un negocio, un acuerdo. Sabía cómo tratar a las personas para mejorar su ánimo cuando estaban decaídos, cómo lograr que entraran en razón cuando perdían los estribos, cómo controlarse, cómo ser afable, cómo alcanzar la tan ansiosa necesidad de ponerse en zapatos ajenos para entenderlos un poco mejor. Aiden había aparecido como su opuesto y nada de eso funcionaba. Por eso, principalmente, se fijó en él. Lo había sacado de su zona de confort. Y en cuestión de tiempo, con una rapidez impropia de sus metódicos azares, también se enamoró como un imbécil. Y es que, ¿de qué otra forma puede uno enamorarse? Lo miró y la sonrisa que se dibujaba en su rostro ante el berrinche de su novio, aumentó al cruzar sus ojos con los de él. —Me encanta cuando eres tú el que se pone todo carmesí— le dijo, luego le atrajo por las mejillas y volvió a darle un beso corto.

Sí. Así es, lo último que se pierde. Eso es lo que dicen— afirmó de buena gana, a pesar de que supiera perfectamente que aquello se estaba tornando en una absurda discusión. Él no podía evitarlo, no podía cambiar todos los rasgos de su personalidad aunque quisiera darle un gusto entero al Teniente. Se había pasado bastante tiempo tratando de no ablandarse ante las tragedias, porque había visto cómo su madre casi era destruida por una y a su padre repetir aquella (estúpida) frase como si tuviese algún sentido, aferrado en ella. ¿De qué servía, qué caso tenía sufrir tanto si no había nada qué hacer para echar el tiempo atrás cuando algo malo sucedía? Sabía que estaba mal pensar así, porque ya no consistía en ser realista sobre nada, sino en mostrarse tan pesimista como le fuese posible, pero el motivo estaba ahí. No quería convertirse en eso que había visto antes. No iba a permitirse acabar en un pozo imaginario, hasta asegurarse de que el pozo estuviera ahí, con la tierra encima y la imposibilitada libertad de ver que tal ser querido no podría abrir la tapa nunca.  Humedeció los labios y alzó sus ojos hacia Aiden cuando éste le apoyó una mano en el hombro. —Seguro, distintas posturas, como la muerte no comprobada de mi gato, que de pronto se vuelve a tu muerte y a mi no preocupación. En absoluto— enarcó una ceja, pero un momento después, al escucharlo reír, volvió a dejarlo pasar sintiéndolo absurdo. ¿Por qué estaban pensando en eso, en primer lugar? Se llevó una mano detrás del cuello y se frotó un poco, esbozando una sonrisa apenas escucharlo proseguir. —¿Cómo haces eso? Dices algo y yo... — se pausó, alzando la mano para acariciar sus nudillos— No te enojes, pero me importas más que mi jodido gato y cualquier jodida persona del mundo. Y es por eso que acabo de expresarlo con un jodido en ración doble, como la gente normal. Te amo. No sé cómo me aguantas, ni cómo haré yo para acostumbrarme a tus modos hippies, pero te amo.

¿Ah, sí? Pues contemos con eso— comentó agradable, rozando su nariz con la de él al acercar su rostro con el suyo, mientras sentía las manos del rubio deslizarse suavemente por sus costados. Él apoyó sus manos sin ejercer presión sobre sus brazos, mirándolo a los ojos y escuchando lo que decía a continuación con una expresión divertida, por tan sólo imaginarse a sí mismo de aquella forma. Al oírle sucumbir a la risa, casi se la contagió de igual manera. —Ay, por favor — entonó con gracia, porque eso sí que no se lo creería ni siquiera ocultando la evidencia de la broma— Perdona entonces mis sucios pensamientos. No puedo reprimirlos cuando estás tan cerca, oliendo tan bien — bromeó enseguida, inclinándose para darle un beso que le llegó a la comisura de los labios, mientras se disponía a rodearlo con sus brazos y apretar su cuerpo, por un momento que aún cuando duró poco, le insufló ése gusto de cariño que hacía minutos había notado un poco tenso.  

Espera a los próximos minutos del Viktor generoso, te convendrá más pedir tu gratificación entonces— respondió divertido, y enseguida añadió— Creo que voy ganando diez a dos o algo así— aplastó los labios ante la cuestión sobre el conteo, que si bien no existía, Viktor podría haber enumerado cada una como si fuese un juego, si no estuviera demasiado interesado en mirar al hombre en su compañía y olvidarse de todo lo demás —De acuerdo, no. Eso sería como robarte fichas en el poker. ¿Sabes jugar poker, por cierto?— preguntó por simple curiosidad, ya que lo mencionaba. Había muchas cosas que no sabía aún de Aiden, pero tal como en ése momento, se estarían presentado ocasiones para descubrirlas. —Yo nunca entendí mucho, sinceramente. Sería un desastre en Las Vegas. Todos querrían jugar contra mí.

¿Te me estás proponiendo de una manera original?— cuestionó antes de que las llaves estuvieran en sus manos, mirándolo curioso, pese a no cuestionarlo del todo en serio. Había quedado en no presionar, pero, aún así, tenía la idea de que cuando eso llegara a suceder, fuese quien fuera el primero en querer hablar de algo así, en serio, sin juegos, sería tan improvisado que igual tendrían que preguntarse si por esa vez estaban completamente fuera de bromas. Al final, tomó las llaves y subió al auto, asintiendo con un gesto sobre cuidarlo. —Conduciré como si hubiera tráfico— dijo a la vez. Al tiempo de ingresar en el carril uniéndose a los demás conductores, Viktor tuvo que mirarle de soslayo mientras respondía a lo que él había preguntado, sintiendo como si hubiera otra cosa de por medio. No sabía, sólo creía que era de ése modo. Tal vez estaba exagerando, confundiendo el asunto un poco y nada más. Sonrió un poco. —No, no sé— respondió inseguro— Es decir, sí. No que tengas que saber de esa forma de tener que, tú me entiendes, pero— se detuvo, asintiendo a la brevedad— Y tú, por supuesto, sí. Los dos. Creo que tendríamos que saber más el uno del otro ¿no te parece? Como tu gusto por la defensa de los animales, tan firme, tan genuino... Yo no conocía esa faceta de ti. Y creo que te hace más encantador de lo que recordaba, aunque a ti pueda no parecerte así— mantuvo una mano en el volante al hablar, pero le miró de sesgo con una sonrisa y se facilitó el acto también con la posición del espejo retrovisor central. —Eres como la parte sensible y llena de empatía que a mí me hace un poco en falta ¿sabes?— se encogió de hombros, arrugó un momento la nariz y luego añadió, comenzando una serie improvisada con lo primero que se le vino a la cabeza: —Algo sobre mí es que... No me gusta el pescado, en realidad lo detesto; mi vida entera he sido espantoso en casi todos los deportes, pero me gusta el béisbol; además de mi necesidad por controlar cuanto me rodea, tengo una obsesión con verlo todo limpio y en orden, porque durante un tiempo las cosas en mi casa se volvieron un desorden y yo quería arreglarlo, solucionarlo y todo eso que los niños creen poder hacer aunque no siempre sea posible, pero en fin; nunca me agradó mucho mi trabajo en la oficina federal. Estaba ahí porque a mi padre le gustaba y yo no tenía dinero suficiente para pagar el alquiler de mi anterior departamento por mi cuenta; así que mentí para dejarlo y en ningún momento decidí confesar que lo había hecho; tengo dos novelas en francés publicadas con un nombre entremezclado que no es el mío y que hasta la fecha sigo sin admitir que yo escribí, y además de mi madre y mi abuela, ahora eres el único que lo sabe... No sé cómo seguir, así que diré que es tu turno de nivelar la balanza.


Viktor Guilleaume Bertholon


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Mar 20, 2016 8:06 pm
-Yo creo que es más que “un puede ser”-dijo buscando su mirada con una sonrisa que no dejaba sus labios, ahora se rectificaba a sí mismo con el fin de brindarle un total sentido a sus palabras, lo creía totalmente y es que estaba haciendo uso del conocimiento que tenía acerca del castaño, de lo que creía saber acerca de este y que por el contrario no ignoraba. Suspiró dedicándole una mirada un tanto miserable-Ojalá no fuese una posibilidad tan remota-agregó lamentándose, realmente amaba su trabajo y lo que representaba pero eso no quería decir que estuviese contento con el actuar de las personas, las cosas que hacían o que dejaban de hacer las cuales se traducían en situaciones claramente amargas donde muchas veces la presencia de la Policía podía ser el remedio y en otras simplemente un mero testigo de algo que ya había acontecido.

Sabía que tras sus palabras le seguirían otras ya que era un tema donde ambos podían opinar con total libertad, además estaba el hecho de que si había alguien con quién poder sostener una conversación con puntos de vista distintos más no contrarios del todo –en el sentido de transformarse en una batalla- ese era Viktor, un escritor bastante talentoso, un sujeto que tenía experiencia en lo que se limitaba el trabajo del rubio y por sobre todo con el cual compartía un lazo lo suficientemente fuerte como para asegurar una compenetración, una que les permitiese ir por el camino del razonamiento antes que del egocentrismo. –Supongo que es la naturaleza humana, contra la que no podemos ir y más bien debemos lidiar ya que cambiarla sería como negarnos a nosotros mismos y bueno, no recuerdo que eso sea un rasgo característico en nosotros-se encogió de hombros, a su juicio las personas no podían cambiar porque la capacidad de cambiar era algo con lo que se venía equipado genéticamente y por cómo lo había comprobado con el paso de los años la raza humana carecía completamente de ella, al menos no en el actual escalafón de evolución que han alcanzado. Se rió pero no lo suficiente para ser ofensivo, en cambio le sonreía-Fue profunda esta vez, ¿No crees?-enarcó una ceja-Digo, hay un razonamiento elaborado tras ello, no me parece algo inverosímil…de hecho, debería estar escrito en alguna parte, quizás en alguno de tus escritos a publicar, o…no-levantó un hombro, por lo menos para él tenía mucho sentido y era una buena reflexión, digna de ser reproducida las veces que fuese necesario, con fines didácticos, claro está.

-Lo tomaré como una promesa-le dedicó una mirada seria para afianzar sus palabras, ciertamente no creía que fuese necesario el prometer aquello ya que debería ser algo obvio, innato, sin embargo, peor era nada y avalarse de aquello al menos le valdría el tener la razón si es que alguna vez llegan a tener un desacuerdo, digamos, un llamado de atención por parte del rubio al darse cuenta de que el gato no tiene los cuidados básicos que necesita. Una leve sonrisa amenazaba su rostro por la idea de que le había conseguido a Marvin un mejor cuidado y un dueño más responsable, o al menos que se considerase advertido ya que para Aiden no era un secreto lo despistado que era su novio en cuanto a tener que ser el benefactor de un ser vivo. Interrumpió sus pensamientos porque el castaño proseguía por lo cual simplemente lo escuchó dedicándole su atención que él requería con insistencia en aquel instante sin embargo al ver las pausas que hacía y la entonación su primera reacción fue entornar los ojos de una forma bastante notoria y dedicarle una de sus caras predeterminadas, esa de “Mira cómo me río”-Qué gracioso amor, aparte de extremadamente guapo y escritor, eres Comediante, mira ve tú-el sarcasmo acaparaba cada una de las palabras que conformaban la oración-Aunque suena a un plan bastante bueno, si me preguntas, sólo te faltaría encontrar a alguien para luego jactarte de ello, porque dudo que tuvieses novio al terminar, eso sería gracioso también, ¿Eh?-aventuró una sonrisa amable pero no era genuina, sino forzada e irrisoria, bromeaba claramente pero si el castaño quería jugar era algo que ambos podían hacer y el Teniente a veces podía ser bastante creativo, o vengativo.

-Sí, lo recuerdo, pero creo que lo hice para clarificar una situación, no para que lo usaras en mi contra-balbuceó un poco aún agradado, más bien embobado por la sensación de calidez que nacía en su interior y le envolvía como en un torbellino de llamas, abrazando cada porción de su cuerpo y extendiéndose a un paso avasallador. El observarle, tenerle cerca, sentirlo en contraste a su propia piel le confirmaba a cada momento –como si fuese necesario- que él era el indicado, se sentía completo en su presencia, seguro, y con una constante sensación de que su sangre había sido reemplazada por salsa extra picante que corría a prisa por sus venas. Podía y se sentía especialmente derretido por el contacto de sus labios, el tierno y suave intercambio de caricias que lo transportaban hacia un lugar totalmente distinto, uno que lo obnubilaba y le obligaba a bajar cualquier defensa que estuviese manteniendo a su alrededor, desnudo y vulnerable. Era consciente de que su novio disfrutaba con lograr aquel estado de euforia debido a la sonrisa de satisfacción que se dibujaba en su rostro lo cual le provocaba querer darle un ligero golpe para quitarla sin embargo eso era algo que no estaba previsto, ni mucho menos llegaría a ser una realidad, jamás. Recibió el nuevo beso deslizando los propios de arriba hacia abajo, atrapando su boca por el instante que duró, tras separarse le acarició el pecho suavemente y le observó-Especialmente cuando soy el más pálido y parezco una víctima de la insolación o una señal de detención ambulante-arrugó la nariz y dejó caer suavemente el labio inferior, nunca le había gustado la nívea coloración de su piel dado que al llorar o enojarse su rostro era presa de un enrojecimiento que no debía de ser saludable –ni un color perteneciente a la rosa cromática- el cual teñía hasta sus cejas.

-Es mi trabajo sospechar, situarme en el peor de los casos, ya sabes-rió mirándole-Aunque el ligero picante de drama fue cosa mía, sólo para sazonarlo mejor-agregó aún con la curvatura en los labios, hacer referencias como tales no eran algo suyo pero le parecía atingente a la situación, con suerte cómico. Se explicó en lo que quería decir lo cual no constituía una disculpa y es que no lo tenía contemplado, simplemente intentaba dejarlo lo más claro posible-¿Y tú qué?-inquirió para que complementara su frase, disfrutó aún de sus caricias traduciéndolo en un agarre un tanto más férreo sobre sus hombros más no lo suficiente para resultar molesto, a su juicio claro y considerando que no era suya la carne que sujetaba. Le observó un tanto preocupado debido al tono de voz que estaba utilizando, hasta el momento su conversación había sido un tanto ligera o al menos no tan seria sin embargo ahora parecía adquirir todo el perfil de algo concreto, importante-No creo que más que cualquier persona-le corrigió sin ninguna mala intención, sólo quería dejar en claro que él nunca podría competir con su familia y para él estaba bien, era lógico, aceptable, muy entendible, y respetable, por sobre todo-No me enojaré por eso, no seas tonto amor-levantó la mano para sujetarle por la barbilla y buscar sus ojos, realmente era agradable escucharlo decir aquello, sonaba a una confesión de amor la cual no era nueva para él pero eso no quería decir que fuese algo pasajero, seguía teniendo un efecto incandescente en su cuerpo-Yo no te aguanto, te lo he dicho tantas veces-suspiró sin quitarle la mirada-Para mí eres perfecto tal cómo eres, te amo por quién eres, no por cómo quisieras ser para agradarme, o algo similar-lo dijo y él mismo sintió que estaba un poco confundido con sus palabras-¿Mis modos hippies?-enarcó una ceja disponiéndose para refutar sin embargo su ataque desaparece como si nunca hubiese estado allí, y le muestra una amplia sonrisa. No se puede decidir si es genuina, o si es el tipo de sonrisa que muestra cuando debe pagar por algo más tarde-Yo también te amo, demasiado, lo sabes…ya resolveremos eso luego-le lanzó una mirada que claramente dice “no hemos terminado con esta conversación”, sin embargo ahora no era el momento para discutir algo que bien podría ser parte del futuro, no el presente.

-Hazlo, si quieres te firmo algo-dijo continuando con su broma, cerró los ojos por acto reflejo cuando sintió la nariz ajena rozar la suya, era algo agradable pero que su cuerpo interpretaba de una forma distinta, aun así sus manos persistían por sus costados suavemente. Decidió hacerse el tonto por sus palabras y es que tenía demasiado claro que dormir no sería precisamente una actividad para tener en cuenta-Perdonado, ya sé que eres un pervertido, recuerda que te amo con todo, ¿No?-rió mirándole sin poder evitar luego sonreír por lo que decía acerca de su aroma-Es la fragancia que traigo-dijo como si fuese algo obvio, para luego quedarse tranquilo disfrutando del beso y de su cercanía, sin embargo el rubio de un momento a otro está demasiado distraído por la proximidad de su boca para prestarle atención a cualquier palabra o estímulo por parte del castaño. Se mueve un poco y captura su boca con la suya. Se olvida de todo y lo único que existe son sus labios en los suyos, su cuerpo presionado contra el de él al menos durante unos minutos para luego dejarle ir.

Sonrió con gracia por sus palabras-Gracias por el dato amor-le guiñó el ojo devuelta. Podría haber atacado, refutado, quería hacerlo, pero al analizarlo consideraba que quizás tenía razón por lo cual el silencio para una mejor estrategia. Le miró y alzó un hombro para acompañar sus palabras-No sé jugar, Lucy se ofreció a enseñarme pero como verás no es como que tenga tiempo para sentarme, quitar la montaña de hojas en mi escritorio y prepararme a una lección rápida-agregó haciendo una mueca, ciertamente se privaba de muchas cosas debido a la falta de tiempo, aunque si las tenía que colocar en una balanza para atribuirle importancia no eran suficientes para hacerle desestimar de su actual labor. Podía vivir sin Póker, llevaba toda su vida sin él, y estaba intacto. –Yo si estuviese en Las Vegas llevaría a Lucy, seguramente dobla el dinero, sabes, es muy buena en ciertas cosas…demasiado-agregó y no pudo evitar sentir un leve cosquilleo al recordar algunos episodios que habían compartido donde el rubio se dio cuenta de que no la estaba valorando como debería, cosa que corrigió al arrepentirse de ello.

Muy pocas veces lograba quedarse sin aire, si se trataba de esfuerzo físico era algo aislado debido a que gozaba de una excelente condición física la cual trabajaba a diario sin embargo cuando se trataba de algo a nivel mental, entendiéndose como estupor o estrés realmente no tenía poder sobre ello por lo cual en aquel instante no se dio cuenta de que estaba conteniendo el aire hasta que lo exhaló-Esto…no, ¿Debería?...¿Quieres?-cambió su semblante de un momento a otro, no era algo que tuviese en mente precisamente pero tras analizarlo durante algunos segundos consideró que quizás no existiría un momento adecuado, ¿O sí?. No podía estar seguro de ello, ignoraba demasiadas cosas como para siquiera atreverse a fantasear con el futuro.

Se limitó a ser el copiloto y admirar el camino que se extendía en el horizonte, dejando que el viento se colase y removiese algunos de sus cabellos suavemente, debido a su libertad se permitía dedicarle miradas prolongadas, detallando puntos consistentes en su rostro que siempre había tenido claro y que ahora explotaba con mayor libertad, quizás por el mero hecho de no tener prácticamente nada que hacer más que estar sentado a su lado. Interrumpirlo con caricias se alzaba a cada momento como un deseo que siseaba por su cuerpo sin embargo su cerebro ejercía el control necesario para no suponer un riesgo, sería irrisorio tener un accidente por algo como aquello siendo él culpable. Se perdió en el hilo de la conversación en el momento en que su novio dejó en el aire aquella pregunta, estaba seguro de que no había omitido algo digno de contarle, claramente no estaba siendo abierto del todo pero dudaba que fuese importante contarle pequeñeces como el hecho de que el día anterior su secretaria y mejor amiga le había interrogado –prácticamente lo encerró en la oficina y alzó la luz- acerca de su viaje sorpresa obligándole a volcarle todo si es que pretendía que le dejase ir. Eran cosas efímeras, que suponía no serían del interés del castaño quién debía de tener sus propias preocupaciones e intereses para molestarse por los suyos. –Eh, no, créeme que no te entiendo-aventuró mirándole, el juego de palabras resultó eficaz para confundirlo aún más, si esa era su estrategia, claro. Le miró asintiendo luego de que se centró y logró encauzarse en el camino que su novio estaba utilizando para llegar a un tema en particular-Ah, eso, por supuesto que sí amor-confirmó de regreso cuando sus ojos se encontraron en determinado momento-Tenemos tiempo para ello, ¿Recuerdas?-su intención no era recalcarlo sino que simplemente dejarlo como una posibilidad-Pero concuerdo contigo, sabes y si no, te lo digo ahora, que si quieres saber algo sólo dispara, no con un arma, claro-rió por su pequeña e irrelevante broma. –Es una habilidad útil en el trabajo, o la tienes, o mejor te vas-agregó encogiéndose de hombros, podría parecer duro pero era cierto, para ser un Policía necesitabas tener empatía, saber llegar a la gente y entenderte con ella, de lo contrario no serías útil y al contrario te convertirías en un estorbo, muchos podían verlo como un trabajo ordinario, común, fácil, irrelevante pero se necesitaba vocación para ello, real compromiso y cierto grado de voluntad y determinación.

Le escuchó en silencio ante su relato, no esperaba que se convirtiese en algo tan extenso y necesario en el momento pero de verdad estaba sucediendo así que simplemente se limitó a contemplarlo, asintiendo algunas veces y otras acomodándose en su asiento, sus expresiones variaban de un momento a otro por lo que escuchaba y es que “lo que no nos hemos dicho” resuena demasiado en su cabeza porque es demasiado cierto, tanto que le golpea como una bofetada-Vaya…eso sí que es esclarecedor, y consistente-aventuró sonriendo un poco. No olvidaría nada de lo que había dicho y es que podía utilizar mucho a su favor, así como otras cosas serían ideales para evitar, y en otros casos para explotar por si necesitaba salirse con la suya claro está en términos permitidos y razonables, nada que pudiese atentar con la confianza que se tenían y en la que constantemente estaban trabajando, como ahora-Está bien-dejó salir y respiró tomándose unos segundos para buscar en su memoria buenos ejemplos que dar, describirse a sí mismo siempre resultaba toda una proeza para alguien que prefería relegarse hasta el fondo en una escala de apreciación y alzar a otros por encima suyo-Qué puedo decirte...si hablamos de comida, la miel siempre consigue descomponerme el estómago, quizás es demasiada cálida para mí o algo similar por lo cual la evito, aunque generalmente soy alguien que no consume demasiada azúcar; aprendí a cocinar desde joven porque mi madre insistió en que debía de hacerlo, además estaba el hecho de que ella y mis hermanas ya sabían y tan sólo faltaba yo por lo cual no me consentirían, debía de ser útil y bueno, se lo agradezco porque me hizo comenzar a ser independiente y hasta el día de hoy es algo que siempre busco; no sé si te has percatado pero no me gusta depender de nadie-. Respiré brevemente-Cuando era niño solía ir donde mi vecino que era Bombero y me dejaba probarme su uniforme, a veces me llevaba con él hacia el Cuartel y mi madre luego nos regañaba por llegar tarde o que me ensuciara; mi primer día como Teniente de Policía fue uno de los más estresantes que he vivido durante mi carrera porque tuve que lidiar con un incidente legal con el FBI que persistía del anterior en mi puesto, técnicamente tuve que limpiar su desastre y lo peor no fue eso, sino que uno de los miembros de aquella unidad me dio un golpe en la quijada que requirió de toda mi paciencia para no romperle algo, de hecho siempre me arrepentí de no devolverle mano pero en aquella ocasión consideré que no le haría bien a mi imagen y al hecho de que era mi primer día. Lo más chistoso de todo, es que aquel sujeto hace un tiempo atrás coqueteó conmigo descadaramente, comprenderás que lo dije que se metiese su invitación por cierta parte y que ahora no repararía en re acomodar alguna parte de su cuerpo; esto...-le miré sin tener claro qué decir, se me venían muchas cosas pero no tenía idea de cuál era irrelevante o importante-Ya sabes que quiero tener hijos, me gustaría tener dos al menos, me encantaría tener una niña, no sé, quizás es porque soy muy unido a mi madre y hermanas que me gustaría una, aunque si fuese un varón también sería muy feliz, aunque te confieso que de ser así sería bastante enfático en hacerle saber que no siga los pasos de su padre, no me lo podría perdonar-aquello residía en lo más hondo de su ser y es que nadie lo sabía, era algo que guardaba celosamente por el hecho de ser delicado, espinoso para él-Em, ¿Lo hice bien?, digo, posiblemente dije tonterías, pero si tú quieres saber algo pregunta, de verdad-le miró y estuvo tentando a brindarle una caricia sin embargo se limitó a sonreírle.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Mar 22, 2016 5:09 pm
En realidad no, no lo es, admitió para sí mismo al escuchar aquello que Aiden decía. Podría serlo, quizá, dentro de un mundo utópico donde no existieran tantos imbéciles. Pero claramente eso es imposible, cada quien tiene su punto de vista y la representación destructiva con la cual le apetece ir acabando con todo lo que le rodea, siempre que obtenga un beneficio de ello. Viktor estaba en contra, como muchos otros lo estaban, pero bien sabía que los deseos no eran acciones y que muchas personas, simplemente estaban fuera de control. Enfermos, ajenos a lo verdaderamente importante, llenos de egoísmo y adicciones incapaces de resolverse como una simple gripe de verano. Los estaban por todas partes. Y se incluía, por supuesto. Hasta él se apartaba demasiado algunas veces del humanismo que pretendía fomentar. —Sí, bueno, por algo se empieza. Tal vez debería intentarlo alguna vez— respondió divertido, esbozando una sonrisa de lado. Era cierto que toda aquella información funcionaba para extenderse en una historia. Parecía fácil para Viktor, porque ideas nunca le faltaban, las tenía de sobra y acumulándose de pronto, sacando una de situaciones comunes. Sin embargo, supuso que de esforzarse en algo parecido terminaría escribiendo material sobre ciencia ficción, inspirándose en Herbert George y su famosa Guerra de los mundos o su País de los ciegos para expresar su inconformidad con una trama al alcance de todo público. Dichas obras literarias habían marcado un antes y un después en el escritor, en su forma de pensar, en sus creencias y esperanzas de un cambio que todavía se sentía sumamente lejano. No había sido el impulso que le ayudó a escribir, ni tampoco desempeñaba la función de raíz inspiradora cuando se sentaba frente a la vieja IBM que le compró su madre hacía casi doce años, pero también tuvo su importancia desde el primer instante en que abrió sus páginas, así como lo hicieron otros autores y ensayos de la misma índole. Poco a poco se había formado una opinión propia al respecto, coincidiendo y desaprobando, aprendiendo de ello lentamente, pero aún temía llegar a un momento donde decidiera escribir otra novela y se le secara el cerebro. Era un riesgo peligro. Los bloqueos eran temores constantes, aunque nunca sufrió de uno severo. Había tenido suerte, pero se imaginó que la razón se debía meramente a su juventud. El último cabo suelto lo solucionó cuando volvió a ver a Aiden, descubriendo que el motivo había sido precisamente el policía; su necesidad angustiosa por verlo y saber de él. No había podido dejar de pensar en eso luego de alejarse, pero ahora volvía todo lo que en su momento perdió. Con Aiden, hasta lo más ridículo y banal parecía maravilloso, incluso las ganas por continuar con sus trabajos pendientes. De modo que no habría sido difícil sospechar que su concentración se sentía por entero indispuesta, mientras su propia historia hubiese visto un final inconcluso e inesperado.

Viktor se volvió a mirarlo, ya con la sonrisa fuera tras escuchar su conclusión. ¿Y decía que no le gustaban nada las bromas crueles? Ésa valía como una, independientemente de que hacerla no le ocasionara una ofensa terrible, como en muchos de los otros casos. —Já. Qué gracioso. ¿Sabes? Lo que yo tengo de comediante, a ti te está faltando muchísimo, mi amor— repuso ante su mirada, que parecía mucho más seria que su propia sonrisa aplastada—. Y para que lo sepas, tu nombre será borrado de los agradecimientos— continuó, como si dicha obra existiera y ya fuera a exprimirle no sólo dinero, sino reconocimiento y agrado para con los demás— Aunque sean imaginarios... Ay, qué diablos estoy diciendo. Por lo menos sí cuidaré muy bien del gato y eso lo decía en serio— confirmó casi como si estuvieran retándole a no equivocarse nunca con las necesidades del felino—. Eres demasiado susceptible a la sensibilidad de mis bromas malas, Aiden. Te vuelven terriblemente cruel destacando tales ideas— añadió a continuación, frunciendo el ceño, pero con una ligera sonrisa asomando desde la comisura de sus labios. Era, más o menos, divertido, notar el efecto que provocaba en Viktor terminar su relación, puesto que Aiden sólo necesitaba de una frase semejante con la cual desempeñar su objetivo, el de cerrarle la boca y borrar la sonrisa de su rostro, cuando empezaba a exagerar el asunto hacia un desvío poco gustoso para él.
Lo de comer saludable en torno al verde tampoco había sido del todo en serio, pero no se iba a meter en lo complicado de un cambio completamente drástico en tan poco tiempo; ni siquiera con toda la intención y la voluntad de llevarlo a cabo podría ser tan sencillo. De todos modos, lo que valdría sería el esfuerzo y al castaño siempre le gustó experimentar, así que se lo tomaría con calma, aunque seguro. Total que se iría acostumbrando y quizá en poco tiempo comenzara a entrarle en la cabeza, que no sólo debería estar haciéndolo por Aiden y su aparente gusto muy inmenso de proteger toda vida, incluyendo la animal en cualquiera de sus formas. Fuese como fuera, Marvin saldría ganando con la dichosa promesa. Aún cuando Viktor se encargó de hacerse antes con una de esas camas especiales para ellos y el gato jamás la usó. prefiriendo la esquina dela cama para humano, intentaría que ésta vez se interesara más por lo que hubiese comprado exclusivamente para él. Y para después probar de su excelente paternidad con el rubio, por supuesto.

Oh, vaya. Ahora parece que besarte es malo— comentó con una leve risa, sin embargo no se hubo apartado de inmediato y se inclinó un poco más para reunir nuevamente el suave tacto de su boca. Le gustaba demasiado estar cerca de él, poder encontrarse a una distancia desde la cual se hiciera fácil aspirar su aroma, percibir su calor y demostrar su amor en todas sus escalas, sin demorarse ni apresurarse a ellos, simplemente así, apartados de los planes, muy presentes en dedicarse a sentir en lugar de pensarlo todo. Viktor se sentía seguro de que estuviera ahí, con él, porque la sensación en su interior era verdadera y se prolongaba mucho más cuando éste respondía a sus gestos con aquella dulzura, aquella ternura que parecía perderse en sus ojos cuando lo miraba. Aiden provocaba una bombarda de explosiones continuas en sus sentimientos, pero siempre agradables, correctas y poderosas. Tenerlo fue razón suficiente para temer que algún día se alejara, pero no bastante para que dicho temor, oculto y poco apabullante al saber que sus sentimientos eran correspondidos, se alzara por encima de ellos. Lo que tenía con él había dejado de parecer una serie de imágenes oníricas a punto de cumplirse. Se había vuelto una realidad, algo verdadero, genuino y por sobre todo, tangible a sus manos, a las caricias que le concedía y lograban erizar su piel por todos los rincones de su cuerpo.
No seas exagerado— esbozó una sonrisa al escucharlo, acariciando la zona entre su hombro y su cuello; haciéndolo lenta y simultáneamente al hablar— Yo aplaudo que parezcas una víctima de insolación, te lo aseguro. Creo que es egoísta y pretencioso de mi parte decirlo, pero la verdad es que me recuerda lo mucho que me amas. Verlo reflejado en pequeños matices que no podemos encubrir... No hay nada más dulce, ni más fuerte que un amor correspondido. Y luego está algo más— dijo y alzó pasajeramente las cejas, al deslizar su pulgar por la barbilla de él, hasta concluir con una caricia en su labio inferior—. Eres la persona roja más hermosa que haya visto en mi vida entera.

Ciertamente no, pero a veces así lo siento— convino con un leve encogimiento de hombros, llevándose las manos sobre las de Aiden para aflojar suavemente el agarre que éste mantenía sobre él. Si él había podido darse el tiempo de un drama prolongado, Viktor supuso que se merecía también su parte. Aunque definitivamente le importaba. Quizá no de la misma manera que su madre, que su padre, pero sí que gran parte de sus conocidos, para bien o para mal. Le quería, y a ellos también, pero con el policía creaba un sentimiento de necesidad, de complemento, que sin duda jamás existió con ninguna otra de las personas que compartían un lazo formidable con él. Aiden había entrado a su vida y se había hecho de un lugar exclusivo, eso no podía cambiarlo, no quería hacerle modificaciones y tratar de mantenerse lógico en pleno enamoramiento. Él era una persona sumamente racional en su día a día, poseía una mezcla perfecta entre la realidad y la ficción, una dinámica justa, plena y sistemáticamente dispersa para no dejarse atraer a un cien por ciento por ninguna de las dos. Sin embargo, no era tan capaz de hacerlo entonces. Con Aiden, lo que parecía falso se volvía real y lo real, comenzaba a tornarse como una especie de fantasía imparable.
Deslizó sus manos por los costados de él, luego levantó la barbilla cuando Aiden le sujetó y levantó su rostro, haciendo que sus ojos se encontraran con los suyos. No dijo nada. Ni siquiera asintió, no elaboró gestos de afirmación o con algún otro mensaje puesto en ellos, solamente le miró y lo escuchó sabiendo que era cierto, que no era la primera vez que se lo decía y quizá tampoco sería la última. Ya se lo había dicho antes, pero Viktor dudaba de que todo continuara en su agrado con el paso del tiempo. A él, por ejemplo, no le gustó nada el cruce de opiniones diferentes, a pesar de su normalidad, al estar hablando de su forma de educar a una mascota con Aiden. Era ridículo darle importancia, claro que sí, pero era un paso que lo evidenciaba y continuaría conforme avanzaran en conocimiento, en saber más el uno del otro, explorando lo que les resultara fascinante y también lo que no tanto. Le sucedió con su padre, con su madre, con sus abuelos y hasta con su hermano menor cuando eran niños. A ratos, creía que eran detestables, pero después, como por arte de magia, volvía a considerarlos lo mejor del mundo, pintándolos dependiendo de sus acciones dentro de un mismo lapso de tiempo, en el centro de un vínculo formado por dos.
Aceptar a las personas tal y como son porque no puedes cambiarlas, para Viktor a veces no quería decir que fueran del todo soportables, porque siempre nos parecerá que tenemos la razón; siempre habrá un pequeño cabo suelto, una pieza que se niega a encajar con las demás, que no gusta, que no se aprecia y se quiere como al resto, a pesar de unirse todo en la misma persona, el otro lado de un cuerpo, un rostro y un alma que estamos convencidos de adorar a plenitud.
Con una pronta sonrisa que marca el punto final de aquel trozo de conversación, Viktor negó con la cabeza y le dedicó una mirada divertida. Comprendía que todo aquello se debía a su elaboración de instrumentos para finalmente, decidir que su novio pertenecía a una versión hippie actualizada, y encima decírselo, pero francamente escucharlo entender lo que había querido expresarle, fue suficiente para avivar su buen humor y olvidarse en definitivamente de lo anterior, que no tenía motivo para atormentarle la cabeza en esos momentos, arruinando la felicidad con su ápice oscuro.

No es necesario— rió por la propuesta, meneando la cabeza para enfatizar su confianza en él pese a la falsedad del asunto. Si no lo fuera, la reacción sería idéntica, porque es verdad que no requiere de ningún comprobante para saberse genuino nada de lo que venga de él. Arqueó una ceja, entre abrió los labios y se sintió dispuesto de apelar para defender que él sólo estaba bromeando, pero al final no lo hizo, sonrió de lleno y asintió de una sólo vez, como quien se dice de acuerdo, abatido por la verdad. Tal vez así fuera. No podía competir con la sensatez cuando se trataba de inclinarse en una balanza a elegir contra su novio, como si las opciones tuviese la menor comparativa, o como si para Viktor fuese a una elección muy complicada. Arrugó la nariz, volviéndose a fingir sorprendido, aunque se notó su ironía. ¿La fragancia? ¿No era tu increíble olor natural? Se leía en la expresión de su rostro, aspirando de aquel agradable, hasta que volvió a caer en la red de su boca y le correspondió al beso, arrastrando sus manos por su espalda baja hasta ascender un tanto más. Lo pegó a su cuerpo, entreabriendo sus labios mientras los humedecía con el sabor ajeno, compartiendo la cavidad, la calidez que de ahí se desprendía en tanto sus bocas se unían, se apartaban, volvían a repetir el gesto con suavidad, acariciándose sus labios y aferrándose a ello con breves caricias, actuando sus manos y sus bocas, sus labios, su lengua, en el pequeño vaivén de compenetración que se formaba en un beso. La simpleza de un beso, que en lo absoluto respondía a ser simple.

Claro, claro, claro, pensó Viktor. Estaba junto a un hombre ocupado. Algunas personas sí debían trabajar de lleno, adentrarse en su actividad y cumplir una labor social como la que él había querido abandonar al momento de tenerla. El empleo verdadero, como diría su abuelo, no fue hecho para él. Viktor no gustaba de trabajar en equipo casi nunca, prefería hacerlo todo solo, solucionarlo por su cuenta, arruinarlo por sí mismo, sin que la mano de alguien más interviniera en su área prohibida. Una vez, cuando era niño, le prometió e Geert que lo dejaría escribir el final de su primera novela de policías y ladrones, pero su hermano no estuvo presente cuando eso sucedió y Viktor jamás podría llegar a cumplir con la promesa. La novela, además, era un cuento corto. Tenía quince páginas, pocos adjetivos, mucho contenido de relleno que a nadie importaría, pero la envió a una revista donde se publicaban los relatos de aficionados, la colgó con la ficha de sus datos y esperó paciente por una respuesta, que llegaría junto con el agradecimiento por el interés, pero el rechazo de la editorial irlandesa, con un retraso de tres meses. No había vuelto a intentarlo de ése modo, y claramente tampoco prometió cosa igual a ninguna otra persona. Al contrario, impedía que vieran lo que llevaba escrito hasta que estuviera listo, con el punto final.
Bueno, mínimo tú tienes a alguien a quien llevar para explotar en habilidades— respondió al recordar a Lucy. Él le había pedido a Aiden acercarse a ella en otra ocasión, porque el día en que se conocieron no empezaron con el pie derecho, pero hasta entonces que eso no sucedía. Y probablemente demoraría un tanto más. Viktor ya había accedido también a no sacarle información sobre el policía; por tanto, no trataría de incluirla en su círculo de amigos poco constantes, como lo eran ahora hasta los de antaño, que estaban casi tan ocupados como él y se facilitaban saberse vivos y saludables a través del teléfono— Yo compré fichas hace... Ah, no sé. Fue el año pasado, a principios de Febrero o algo así. Me reuní con mi agente literario, que iba a retirarse y presentarme ése mismo día con un amigo suyo, quien ahora se encarga de vender mis libros y subir cuidadosamente el precio. Se suponía que sería un juego de poker parejo, ya sabes, nos explicó, lo entendimos durante los primeros cinco minutos, tal vez, pero el retirado, Alan, nos vació las billeteras de todos modos. Nos hizo pedazos. Hasta la fecha Richard y yo no tenemos idea de cómo lo hizo, pero yo detecto que fue trampa... O mala suerte... O una habilidad bastante pobre para las apuestas. En fin, dicen que las mujeres son mejores para los cálculos. Eso explicaría a Lucy, además de todo lo que yo no conozco y tú sí, está claro, ya que es tu amiga, no mía... Ya que no me dejarás hablarle de ti, para que hable ella...

¿Que si quiero?— repitió sus palabras con una sonrisa tranquilizadora. A él tampoco le parecía que casarse consistía en la calma, ni que debería tomarlo como tal, pero ciertamente no fue el receptor del mensaje y no le había llegado a los oídos de la misma forma que a Aiden. Sí, querría. Pero no estaba seguro de que forzar el futuro fuera adecuado, o que por el contrario, no hacerlo lo fuera— No lo sé, mi amor. ¿Es una pregunta de verdad? Digo...  Sólo estaba... No quería llegar a que sonara tan apresurado. No tenemos que hacerlo ahora ni nada de eso, vas a creer que quiero obligarte— se pasó una mano por el cuello, tratando de sonar sereno, casual, pero la verdad es que podría haber respirado la seriedad en el aire si algo así existiera. ¿A dónde quedó la propuesta sobre ir lento, paso a paso, Viktor? Se lo preguntó mientras pasaba a otra cosa, con el disimulo teatral que tan bien se le daba. Creía que si el momento justo para proponerlo iba a ser improvisado, mejor que lo fuera en otro momento en que no sintiera la garganta seca. Primero necesitaban convivir juntos. Y aunque Viktor no buscaba arruinarlo pensando en qué iba a pasar, sí hacía pequeños planes. Organizaba cosas como viajes... Y procesos. El principal fue buscarlo, el segundo, tratar de reconquistarlo, el tercero, conforme las horas pasaban, fue improvisar una mudanza de San Francisco a Los ángeles.  Y de ahí, cuando decidieran que llegó el tiempo de intentar vivir juntos, unos meses, luego un año, hasta que pasaran los días presurosamente y todo marchara bien. Necesitaban conocerse casi a la perfección, o al menos así lo pensaba el castaño, tan siquiera lo suficiente para que al compartir un vida juntos, supieran adivinar cuando danzara por allí una mentira, una evasión. Él no quería que le sucediera lo mismo que a sus padres;  que se querían, sí, y que evidentemente, se separaron aún cuando todavía podrían haber solucionado las diferencias.

Suponía que sí, para ser policía se necesitaba mucho más que saber apuntar con un arma y atreverse a disparar cuando fuese necesario. Viktor ni siquiera lo pensó cuando le preguntaron en la oficina si quería llevar una pistola; dijo que no, porque su trabajo no lo requería. Y tampoco sabía usarlas. Su padre lo había intentado, había sido un buen maestro, pero el castaño no le dejó continuar porque él sí que era un mal alumno. De cualquier forma, sus compañeros temporales gustaban de su forma de trabajar porque le hacía falta la sensibilidad empática de ellos. Viktor no necesitaba hablar con las familias, sólo acercarse a los cuerpos, revisar heridas, fijar medios, construir hechos y enlazar situaciones, investigar, planear, estudiar la historia, la escena, las heridas, las armas y llegar hasta un posible motivo que perfilara en variaciones. En ningún momento apoyaba la mano en el hombro de quienes sufrían por una pérdida y jamás prometía que llegarían a un resultado positivo, porque no tenía la presión de hacerlo. Trabajaba con los muertos. El punto era no pensarlo demasiado. Era la ley básica; no preguntarse por la persona en vida, más allá de su trabajo, porque eso podría distraerlo en el análisis. Costaba mucho lograrlo, pero entre mejor lo hiciera, menos se tardaba, menos necesitaba hacer pausas para despejarse. Y por malo o bueno que pareciera, Viktor no tuvo grandes problema con sobrellevarlo nunca, hasta que ocurrían casos con niños. Ése fue el motivo que lo obligó a abandonar; no podía hacerlo, su mente se quedaba en blanco y no ayudaba en nada, sino que se perdía pensando en ellos, en todo lo que no debería estar pensando.

Había omitido algunas situaciones por abreviar la idea, aunque fue muy constante en esclarecer cierta información sobre sí mismo que pudiera aún presentarse en su presente. Al hombre de ahora le había diseñado el pasado, y muchas de esas cosas, merecían la pena de saberse para poder profundizar en ello, en sus conductas y en el entendimiento. La carretera comenzó a vaciarse cuando Viktor dobló dos veces más, internándose a la carretera estatal. No había visto el mapa otra vez, pero en ésa parte del camino todavía no era necesario. Le dedicó algunas miradas de sesgo, aprovechando también que los autos no abundaban de aquel lado, para que supiera que lo escuchaba y estaba prestando atención en su historia. Archivó aquello sobra la miel y los alimentos dulces, luego reunió el resto, asintiendo con la cabeza y esbozando una sonrisa. —Lo he notado, sí— replicó a su vez. Finalmente podía hacerse de una idea más completa sobre su novio, más precisa, completa. Saber algo que desconocía de él como la persona que fue durante los primeros episodios de su vida, resultó mucho mejor de lo que hubiera esperado. Lo guardó en su memoria para no olvidarlo, pero no tardó en reprimir una risa al momento en que el Teniente prosiguió con su relato. Viktor le miró interesado, pues su manera de conocerse había sido igualmente tensa. No habían discutido, menos aún llegaron a la necesidad de darse de golpes o a la coquetería directa, pero el castaño podría llegar a volverse muy irritable en su antiguo trabajo. ¿Y qué le habían dicho los demás antes de que se ataviaran con sus placas y se reunieran con la policía local? Nada que le sirviera. Una unidad y otra simplemente no se llevaban bien, no estaban de acuerdo en sus maneras de proceder. Y ahora que su perspectiva se hallaba a medias, Viktor pensaba que debería entender mejor la rivalidad, saber quiénes llevaban la razón, pero no era así. El FBI optaba por estar bajo presión, hacer de todo, solucionarlo sin importar el costo mientras se pudiera llegar en silencio y evadir ciertas verdades, pero la policía se tomaba su misión sobre proteger a la gente más en serio; no barrían la basura bajo un mueble, sólo para que no se viera y lo pudieran solucionar después, con más calma; la prioridad del momento iba primero con su padre, por ser una orden, no por se más importante. Y eso lo volvía más rápidos, sí, pero quizá menos seguro para terminar un caso de raíz. Resopló una risa y ésta invitó al esboce amplio de una sonrisa que dibujó en su rostro mientras conducía. —Sí, sigue... Te escucho— dijo mirándolo, antes de oírlo continuar con el tema de los hijos. —Nada de eso, no. Lo hiciste excelente. Yo quise ponerlo fácil, me comí como la mitad de mi vida, pero lo tuyo... De verdad que me faltaba saber de ti— comentó, con la danzante duda que le dejó una de sus últimas frases. Creyó, al principio, que se refería al riesgo de ser policía. Pero no. ¿Quién no quiere ser policía, bombero, médico? ¿A quién no le gustaría tener un cargo de tal importancia, que sirva para el beneficio absoluto de ayudar, de ser altruista? —Será sólo... Nada más una pregunta ¿de acuerdo?— añadió al tener el pase libre para resolver sus dudas; el paisaje libre inició desde hacía un par de minutos atrás, dejando fuera del escenario a las residencias y buena parte del comercio, mientras ingresaban por el puente vehicular— No tienes que responderla si no quieres hacerlo ahora, pero, ¿por qué eso de que no te gustaría que tu hijo siguiera tus pasos?— lo suavizó al preguntar, porque Aiden no lo había dicho exactamente de ese modo.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Mar 27, 2016 6:05 pm
Rodó los ojos pesadamente y bufó por las palabras del castaño, no estaba de acuerdo con él ya que se consideraba bastante gracioso, ahora que para los demás sus bromas y chistes tuviesen el efecto esperado dependía de muchos factores que no siempre eran su culpa, suponía-Si va a ser comedia como la tuya creo que estoy bien-sonrió y alzó una mano para restarle importancia-¡Qué malo eres!-actuó como si de verdad fuese una noticia que no le cayese para nada bien más si lo conocía bien –y confiaba en ello- estaría más que seguro que sólo bromeaba. Asintió cruzándose de brazos por sus palabras, lo consideró por algunos segundos más para luego hablar-Más te vale que lo hagas, lo dijiste frente a mí, estás obligado a cumplirlo…-se calló durante unos segundos-Es más, me enviarás a diario una fotografía de Marvin para ver que está bien-hundió un dedo en su pecho un par de veces pero su sonrisa seguía adornando las perlas de su boca. Enarcó una ceja y luego estiró el labio inferior-Es que son demasiado malas, ¿Qué esperabas?-dijo riendo al final, para luego palmear su hombro-No soy cruel…sólo, creativo-destacó corrigiéndolo acerca de lo que decía, el castaño para aquel entonces debería tener más que claro que provocar al Teniente o jugar de aquella manera con él daba el pie para una batalla de la cual no se tenía claridad quién saldría victorioso, si es que había un ganador al fin y al cabo.

Era ya de conocimiento general para el Teniente el cómo se comportaba su novio, la clase de respuestas que podría dar o las reflexiones acerca de un tema que siempre terminaban por sorprenderle debido a que no se relacionaban con el común de las personas, claro está, Viktor no era común y eso era algo que siempre había tenido en cuenta, desde el momento en que se encontró por primera vez con él lo asumió, más aún cuando lo besó y comenzó a sentirse inevitablemente atraído hacia su persona, era extraordinario y por ello le gustó, más ahora lo amaba lo cual sólo aumentaba de categoría aquel adjetivo, sería, ¿Muy extra extraordinario?, tal vez, a falta de algo más preciso.

Lo era, sobre todo cuando podía desarmar cualquier barrera que con esfuerzo hubiese levantado, cualquier intento de mantenerse firme desaparecía ante el contacto de sus labios, la sensación de ardor que se apoderaba de su cuerpo y convertía su sangre en lava era capaz de derretir cualquier contención avanzando y destruyendo todo a su paso, de la misma forma en que los labios del contrario eran capaces de doblegar a los suyos y volverlos sus esclavos, dependientes de ellos de una forma ridícula-No, no lo es-aseguró disfrutando del contacto una vez más, propiciando otro por las dudas de que fuese insuficiente y es que aunque lo repitiese una y otra vez seguiría siéndolo. Cuando salían podía tolerar un intercambio respetable y dentro de las normas sin embargo con el tiempo el sentimiento se afianzó así como su necesidad de él, de sentirlo suyo y de poder degustar su sabor una y otra vez sin cansancio, sin importar si sus labios se adormecían o agrietaban pues de suceder sabría que valió la pena. Disfrutó de la pequeña caricia que su novio le dedicaba mientras no le quitaba la vista de encima-Claro, cómo a ti no te pasa, es fácil decirlo-dijo con un reproche que no llegaba a serlo del todo, odiaba aquella capacidad del escritor para sumirle en un estado de euforia con sus palabras diluyendo cualquier contra que pudiese tener-Osea que necesitas una demostración física, ya sabes de qué tipo, para confirmar lo mucho que te amo, ¿Eh?-enarcó una ceja que esperaba demostrase algo de reclamo, sin embargo no podía evitar sentirse atraído y amado por lo que decía por lo cual sus manos cayeron hasta las caderas de este para sujetarlo suavemente-Oh vamos…sabes que es correspondido, aunque hasta hace un tiempo creo que esa era mi línea-agregó ya que durante la etapa en que salían siempre se lo preguntó, quizás operaba el hecho de que era un sujeto sumamente intenso y de tacto por lo cual al ver que Viktor no correspondía o no parecía estar al mismo nivel de interés que él consideró la opción de que no compartían una atracción común, sino que se limitaba a algo unilateral, en el peor de los casos platónico o simplemente un acto meramente físico para ambos, algo del momento. Tenía aquel debate muy arraigado en su interior y es que por los eventos pasados había vuelto a la luz devorando su cerebro y su voluntad, más toda marcha se frenó en aquel instante por la caricia que sintió, el tacto de sus dedos ígneos sobre el glaciar de su labio-Para…-agregó suspirando y desviando la mirada hacia un lado-Te das cuenta de que no es un halago del todo, ¿Eh?-comentó enfrentándole nuevamente, agradado a más no poder pero con la intención de mantenerse firme en su inicial estado de reproche aunque sus manos le traicionaran y estuviesen acariciando sus costados con suavidad y dedicación.

Le miró intensamente por algunos segundos más que necesarios, no consideraba que fuese un tema a tratar el grado de importancia que podría tener en su vida, sí, le encantaba escuchar que ocupaba un lugar en su mundo, que quizás había reemplazado al centro que le hacía girar tal como el sol ejercía aquel efecto en la tierra, nada más podría reemplazar aquel sentimiento sin embargo eso no quería decir que pudiese pretender ser el único en la vida del castaño, no era el primero y posiblemente no sería el último aunque le gustase, aún no podía cuantificar el número de personas importantes para su novio lo cual era un plan a futuro sin embargo tenía claro que una competencia con ellos tan sólo le significaría una derrota miserable y posiblemente devastadora por lo cual en un acto de inteligencia de su parte desistiría-Y me encanta que lo pienses, pero no es algo de lo que me preocupe, estoy bien con la parte que me toca, supongo-movió los hombros rápidamente, lo dijo con convicción, pero no por dejarlo tranquilo al escritor sino para creérselo él mismo. Mantuvo su mano en su barbilla para asegurarse de que lo mirase en todo momento que hablaba, no obtuvo señal alguna de vuelta sin embargo no le importó, quizás no era necesario después de todo ya que lo pudiese decir no modificaría lo que pensaba o lo que sentía, una discusión no podría ser tan fuerte para hacerle reconsiderar todo lo que había construido en su cabeza acerca de su relación, cualquier desacuerdo o nuevo dato podía influenciar su forma de ver las cosas más al final de todo dependía exclusivamente de su inteligencia, madurez y confianza el qué tanto incidiría en su relación. Una pequeña sonrisa fue suficiente para contagiarse y replicar la misma en su rostro, su agarre tambaleó hasta el punto de dejarle ir y regresar sus manos hacia sus costados claro está el contacto visual no había flaqueado, se mantenía férreo y constante en los orbes miel del contrario, algo en ellos le parecía distinto sin embargo no quería dejarse llevar por su imaginación por lo cual mantuvo la boca cerrada y simplemente se perdió por un instante en el mar de sus emociones y sus pensamientos con la seguridad de que sabía nadar y no se ahogaría en ellos.

-Dio la casualidad, no es que tuviese contactos para todo-le quitó importancia y es que cómo lo había dicho sonaba a que si lo tenía, Aiden nunca se imaginó que su secretaria podría ser tan buena en aquel juego y en muchas otras cosas, claramente aquello no respondía al hecho de que no la valorase y simplemente la clasificara como una asistente como el común de las personas a cargo solía hacer, no, la verdad misma es que el rubio ignoraba muchas cosas de Lucy porque no preguntaba y no se sentía con la confianza para preguntar, así como también respetaba demasiado su privacidad para interrogarla acerca de su vida, no es como que pudiese decirle “Hey Lucy, ¿Tienes novio?, ¿Cuál es tu comida favorita?, ¿Qué talla calzas?, Hey, ¿Qué tal se te da el Póker?”, no, no eran cosas que pudiese hacer por simple inercia, claro está las cosas suponía encajaban por si solas sin forzarlas y así mismo es como sentía su relación con la rubia, congeniaban de varias formas que simplemente se necesitó un punto de partida para que una amistad naciera entre ellos. Escuchó su relato y durante algunos momentos se sintió tentando a interrumpirle con algo que no le calzaba y es que al terminar se convirtió en una pregunta: ¿Por qué aceptó jugar y apostar si no tenía idea de cómo se procedía?, claro, se lo explicaron y al parecer no representaba mayor complejidad pero para un tema de apostar dinero no se podía confiar tan sólo en una vaga instrucción, claro está eso sería algo lógico para él quién no era un sujeto dispuesto a desperdiciar dinero de aquella forma más eso no volvía al escritor una mala persona, simplemente opiniones e intenciones distintas-Creo que te entendería si no quisieras jugar otra vez-fue lo primero que le vino a la cabeza para hacerse presente en la conversación, acompañada de una sonrisa-Oh no, no son mejores, son expertas-y habla con propiedad al haberse criado con tres de ellas, nunca olvidaría lo eficiente que era su madre al calcular las cuentas por pagar, el dinero a distribuir y cómo manejaba las finanzas de la familia de una forma tan eficiente y calculada que debería ser mortal, por otro lado sus hermanas siempre traían la máxima calificación en las tareas matemáticas por lo cual eran las tutoras designadas cuando el Teniente tenía un examen para el que no se sentía del todo preparado. Le miró y entornó los ojos nuevamente, aquí iban de nuevo, más no podía evitar reírse de ello-Y eso se mantiene, no insistas-alzó un dedo y lo colocó contra sus labios para frenar cualquier réplica, una risa abarcaba su boca y ciertamente le divertía la situación-¿Qué pretendes conseguir hablando con Lucy?-no era algo difícil de imaginar pero por diversión le interrogaba.

Era una fortuna que gozara de una salud acorde a su profesión, hasta el último chequeo que había sido hace una semana atrás su corazón era tan saludable como se esperaba para alguien de su edad, constitución y actividad física por lo cual aquel órgano estaba completamente operativo, todo un alivio considerando que al orientarse la conversación en el tema del matrimonio podría, -debería, lo esperaba- haberse detenido y dejar de funcionar. Había sido ya algo de lo cual conversaron y que supuestamente concluyeron como algo a futuro, de lo que deberían esperar y es que ni siquiera se habían mudado lo cual sería el primer paso para degustar cómo sería una relación formal como para oficializarlo, sin embargo, en lo más recóndito de su ser, una pequeña sensación le decía que no debería ser realmente algo tan planificado y que si realmente le amaba el momento perfecto siempre lo sería, más eso era algo sumamente cuestionable, sobre todo por la reacción del castaño-Ajá-agregó lentamente considerando cada movimiento y palabra que podría recibir, todo contaba desde aquel instante. –Es una pregunta de verdad, no jugaría con esto-agregó tragando lentamente, y lo creía con todo su ser más quizás el momento no era oportuno, se permitió a si mismo apretar sus puños para relajarse y asentir por sus palabras-No me estás obligando a nada, ya deberías saber que no es fácil que logres eso-agregó mirándole más eso era innecesario, desviaba todo de lo que realmente debía de responder-Lo siento, olvida lo que dije, estoy apresurándome-terminó por decir, no sabía muy bien qué hacer así que prefirió recurrir a la regla número uno en situaciones incómodas: disculparte, aunque a veces no tuvieses intención de ello o realmente no estuviese claro el por qué.

El viaje por la carretera le resultaba sumamente gratificante y cómo no si al estar en el lado del copiloto tenía el pase libre para disfrutar de la vista, de la brisa contra su rostro y más importante aún de la compañía de su novio, llenarse de las imágenes del castaño en todo su esplendor y de lo mucho que su físico le atraía haciendo un conjunto con la persona que era, un paquete sumamente interesante y ansiado por el Teniente. Por su parte distraerse era posible claro está el límite se encontraba en no extenderlo al conductor y así propiciar un accidente por lo cual se guardaba aquel privilegio tan sólo para él.

Se mostró totalmente dispuesto al intercambio de información con Viktor, no se había planteado que el proceso para conocerse más vendría de la forma híbrida entre una entrevista y un juego de preguntas pero quién era para cuestionarlo, al contrario, se anotó de buena gana en ello y participó activamente del proceso. Le contó acerca de algunas cosas que vinieron a su mente cuando buscó en ella, obviamente estaba obviando una buena parte de su vida pero no es como que pudiese hacer calzar todo en una simple conversación, aquello nacería de a poco y quizás saldría por simple casualidad, estilo “mira me gusta aquellos zapatos porque son de tal color y coincidentemente son mi de talla”, o similares que bien no podrían tener importancia real y ser simplemente pequeños detalles, momentos pasajeros. Sonrió al escuchar la confirmación de que estaba bien con lo que había dicho, esperaba no fuese muy irrelevante lo que decía pero para improvisar consideraba que era una buena porción de sus recuerdos y que abarcaba las partes importantes de su ciclo vital-Es una pincelada nada más, estoy pasando por alto muchas cosas, que…vamos, no podría contar todo de una sola vez, no es como que fuese fácil hacerlo-rió y alzó un hombro divertido debido a ello, más el ver el agrado de su novio era suficiente para sentirse satisfecho con lo que había dicho. No esperaba que se tomara literal su ofrecimiento de más preguntas no por no ofrecerlo de verdad sino por el hecho de que consideraba que era una conversación informal y muy ligera por lo cual se acomodó sobre su asiento y le dedicó una mirada-No tienes por qué ponerte tan serio amor, no me molesta-agregó observando por el rabillo del ojo la vía que tomaban y cómo cambiaba el escenario a su alrededor. Escuchó su pregunta la cual era inesperada considerando que formaba parte del cohesionado –como podía ser según las circunstancias- relato que había dicho más cómo la exponía se mostraba como una parte independiente, curiosa elección para preguntar sin embargo no le molestaba contestarla, ya que detrás de ella no había molestia, sino dolor-Está bien, no hay problema-agregó para asegurar que lo contestaría-Es simple mi vida, no quiero que siga mis pasos porque…bueno, está el hecho de que su vida siempre estará en riesgo y no quiero que pase por lo mismo que yo…¿Sabes?-dijo con un tono ligeramente amargo, era un tema superado para el Teniente más el sentimiento jamás desaparecería, ni mucho menos los recuerdos de la tragedia que afectó a su familia hace tantos años atrás, cuando dejaron de ser cinco, tres mujeres y dos hombres a un cuarteto con tan sólo un integrante masculino quién maduró más rápido de lo necesario debido a ello, perdiendo parte de su infancia tardía y principio de su adolescencia por un bien mayor-Es un trabajo muy gratificante…que va, no lo veo como trabajo, es un servicio a la Comunidad, pero cuando tienes familia...es realmente difícil-agregó desviando la mirada la cual se fijó en el camino que el visor del coche le mostraba.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Miér Mar 30, 2016 6:02 pm
¿Que escriba un libro con ése tema o que te incluya en los agradecimientos?— comentó esbozando una sonrisa, genuinamente divertido. Probablemente Aiden se estuviera refiriendo a ambas cosas y tal vez no del todo en serio, porque el castaño no habría dudado ni tan siquiera un poco en la segunda, pero en lo que a Viktor atañe en general y con respecto, sobre todo, a su trabajo como novelista, el plan de meterse a un hoyo negro y escribir algo muy diferente a lo habitual, tendría que demorar hasta concluir con la novela que desarrollaba en ése momento, cuya narración se hallaba en paro indefinido... Todavía estaba en proceso y marchaba lento, igual que un camión viejo con mucha carga encima; aunque hasta el momento no lo convencía del todo. Su opinión recaía en la idea de que le faltaba más suspenso y sobraba un montón de drama policiaco y simpleza, como si estuviera dirigido a críos menores de quince años, que pudieran entenderlo bien y no perderse en el embrollo laberíntico con el que solía envolver todas las tramas. No es que fuera mala o que definitivamente no le gustara nada de ella, pero no era tampoco lo mejor que podría haber hecho. Necesitaba recobrar las baterías, activar de lleno la imaginación y olvidarse de los rellenos que a nadie le importaban. Cuando lo hiciera —porque se sentía seguro y bastante capaz de hacerlo ahora que su vida comenzaba a liderar un camino recto y nada pedregoso—, se lo mostraría a su novio con tal de tener una opinión sincera de verdad. La primera de todas. —¡Oh, Marvin!— añadió enseguida, cayendo en cuenta cuando el rubio prosiguió— Te referías a él. Claro que sí— asintió con la cabeza, sonriendo con amplitud, mientras de aquella sonrisa que se dibujaba en su rostro, una breve risa se apresuraba a brotar. Levantó la mano y cerró sus dedos cubriendo la ajena al detenerla en su pecho, luego entrelazó su mano con la de él. —¿Malas? Tienes que estar bromeando— arrugó la nariz, negándose a creer que sus bromas lo eran. No iba en serio, pero sí que le dio la razón en lo que Aiden mencionó a continuación. Tenía sentido, aunque ciertamente a él no le gustara oírlo de ninguna manera. Ahí bien podría inventarse que hasta era de mala suerte, a pesar de nunca haber creído mucho en ninguna de esas cosas. —De acuerdo. Creativo— ironizó con gracia— Pero eso no quita que escucharte decirlo se sienta como una daga de hielo atravesando mi pecho— añadió con aflicción, exagerando por algunos segundos su terrible talento para la actuación, antes de echarse a reír.

Sonrió, pues aquello era cierto, pero no tendría que volverse una reacción desagradable. Viktor no estaba mintiendo en lo absoluto, porque siempre le había gustado admirar los pequeños detalles en las actitudes de Aiden. No era solo él hablando o riendo por algún comentario sinsentido. No era  su capacidad de insuflarle un aliento de vida extra, aquella alegría de la que parecía muy poseedor. Simplemente, algunos gestos lo representaban mucho mas de lo que quizá creyera y le gustaría, pero Viktor adoraba cada uno de ellos, seguro de que jamás podrían tornarse engañosos. A través de ellos veía enteramente al hombre del que se enamoró; lo admiraba real y completo. Negó relajadamente con la cabeza. —No. Bueno... No, pero es más como una confirmación en varias oportunidades— acabó entonando su respuesta como si fuese una pregunta, arrugando un poco la nariz y esbozando una sonrisa ligera. ¿Cómo se suponía que explicara algo sin explicación? Lo único que podía decir es que le fascinaba en cualquier dirección y medio por en cual su amor pudiera filtrarse. Ya lo había dicho; probablemente sonara bastante presuntuoso, pero era un gusto que algunos tenían y bastante pocos se decantaban por admitir con sinceridad. Para suerte de Aiden, o de ambos, Viktor estaba intentando cumplir con una nueva tarea, que consistía firmemente en no menrtirle a su pareja. Tampoco lo acribillaria con información de cada uno de sus pasos o algo parecido, pidiendo lo mismo a cambio. Sin embargo, sí lo haría involucrarse en su vida, formar parte de ella y permanecer en su centro, justo en el sitio que había predispuesto para él.
Sí. Lo recuerdo— levantó una ceja, divertido, un momento después de sentir sus manos deslizándose por sus costados y escucharlo. No le cabía duda de que habían tenido su momento desperdiciado, aquel en el que su posible temor a comprometerse lo arrastraron a reacción de la peor y más estúpida manera, alejándose de lo único que lo hacía feliz. Aiden había cambiado su vida, eso no podía negarlo, ni lo haría. Pero tenía la fortuna de empezar de nuevo, de llevarlo bien en la segunda oportunidad. No volvería a cometer los mismos errores ahora que los conocía como tal, y por supuesto, nunca volvería a dudar de su amor por él, puesto que no existía manera de negarse un sentimiento que lo estaba abarcando desde la punta de los pies, hasta el más fino de sus cabellos; como un campo de electricidad, capaz de erizarlo por entero, de provocar una onda expansiva de aquel amor que decía y afirmaba profesarle con todo su ser. —Culpa mía. Te prometo que ya no estoy tan tonto— se apoyó la mano en el pecho, aplastando los labios. Se había disculpado antes, pero ahora solamente se dedicó a admitir un hecho que hablaba por sí solo. Ambos habían estado implicados en el debate de Viktor, mientras se decidía por aceptar las cosas tal y como eran y hacerles frente, o quedarse con un millón de posibilidades a la imaginación, pensando en cómo podría haber sido su vida juntos, aunque fuera un tiempo; cuánto habría durado, qué habrían logrado. Ya no necesitaba hacerse ninguna de esas preguntas. Sólo tenía que vivirlo, porque no estaba más dentro de su cabeza y de sus cuestiones antes de lanzarse a tomar lo que viniera con aquella pizca de valor.  Estaba claro que tampoco se olvidaría del suceso como si nunca hubiese existido. Le había hecho daño a Aiden, lo quisiera o no, pero era parte de un pasado que se planeaba enmendar con mejores acciones, actitudes y muestras de lo que realmente sentía, a pesar de no poder devolver el tiempo y resolver el asunto desde el primer día de su separación, hablándolo, admitiendo con sinceridad hacia dónde estaban yendo, en lugar de limitarse en ello. Bufó con un resoplido, luego sacudió la mano. —Estoy seguro de que lo es en intención. Del todo— repuso, y se acercó, tronando un beso en la comisura de sus labios.

Lo mismo digo yo— contestó a sus palabras, mirándolo a los ojos y pronunciando aquello, lo suficientemente seguro para empezar a creerlo por sí mismo. Viktor sabía, como adivinó desde el principio de todo, que sus vidas y las personas cercanas a ellos respondían de una manera muy diferente con el uno y el otro. A él no le importaban demasiado las personas, habría que decirlo. No era fácil de encariñarse con la gente, de confiar en ellos o de cederles un camino para llegar a él, al verdadero Viktor, fuera del sujeto cordial que ofrecía sonrisas y comentarios amables por simple educación. Pero su familia era otro asunto. Sus padres, los abuelos a quienes admiraba y quería, tíos, primos, el hermano al que ya no te tenía pero seguía recordando con lealtad, el resto de aquellas personas que habían impuesto un grano de arena durante su crecimiento, ya fuese en vano o con un empuje descomunal para covertirse en quien actualmente era, tenían un lugar reservado. Incluir a Aiden entre ellos, no quería decir que fuese a arrebatarle dicho sitio a nadie más, sino a compartir con el resto el mismo nivel de importancia en su vida, de interés y cariño. Eso era todo. No le pondría por encima de su madre, pero tampoco habría que hacerlo. El castaño estaba casi seguro de que entre ellos dos se iniciaría una buena relación, así como esperaba que sucediera con su padre y con el resto de la familia.
Viktor no era un conjunto de afecto, besos y abrazos que indicaran su aprecio por los demás, no se había criado de esa forma, pero al menos lo intentaba. Lo demostraba a su manera... Algunas veces, cuando podía y cómo se sentía cómodo. Pero lo vería más pronto que tarde. Una vez se cumpliera aquella propuesta, una vez avanzara en su relación y llegaran al punto de querer presentarse a sus respectivas familias, a la gente de la que en ése mismo momento se referían, haciéndolo de verdad, como algo serio y constante, lo comprendería mucho mejor.

En realidad, lo tomé como un reto. Me pareció muy sencillo ¿sabes? Haces esto, haces lo otro. Sólo se trataba de estrategia, o eso pensé— comentó, refiréndose al juego. Así lo había pensado, porque era bueno en las damas chinas y en el ajedrez, ¿qué complejidad podría tener el póker? También estaba la parte en la que suponía que iba a ganar, porque habitualmente se dejaba llevar por la creencia de que era un hombre con suerte. —De todos modos, sólo fue una partida de despedida. Incluso pareció que le apoyamos para llevarse un extra a casa— se encogió de hombros, pues la verdad es que no tenía importancia. Lo único que había hecho era recordarlo por la pregunta, espontanea. De eso había pasado bastante tiempo. Viktor era seis años menor, quince veces más impulsivo. Un crío, en otras palabras. Tenía veintidós años, un libro en las mejores ventas y mucho dinero acumulándose en sus bolsillos, pero lo que sigue por debajo de poca experiencia. Sonrió al mirarlo con curiosidad. —Eres todo un feminista ¿eh?— comentó de buen humor, gustoso de saberlo sin la necesidad de preguntar. Era de esperarse, y era algo en lo que también se sentía completamente de acuerdo, gracias a su madre y a la abuela francesa, sobre todo. De cualquier modo, también comprendió el punto y sus razones, ya que conocía muy bien que Aiden vivía rodeado de mujeres, que había crecido con su educación y sus consejos. Frunció los labios levemente y guardó silencio ante su gesto por silenciarlo, sin embargo se notó relajado al soltar una risa.  —Creo que no es un misterio, mi amor. Tú mismo dijiste que ella te conoce bien— replicó en cuanto a Lucy, divertido. En ningún momento se dispondría a forzarlo, ni es como si pudiera llegar a cuestionarle de inmediato a ella por todo aquello de lo que el Teniente querría guardar en secreto benigno, pero se entendía—Debe saber muchísimo sobre lo que a mí me gustaría saber y que, tal vez, porque no lo sé, tú no aceptarías contarme así nada más. ¿O sí?

Se suponía que no tendría que ponerse tenso, mucho menos nervioso. Estaba seguro de lo que sentía, bastante más de querer compartir su vida junto a él. Entonces ¿por qué le parecía tan avanzado hablar sobre casarse? Se trataba de un papel firmado, nada que pudiera afectar su relación entonces o después. Un simple papel, una cosa legal, un acuerdo muy aparte de sus sentimientos. Sin embargo, el asunto sí que era relevante y no se engañaría por su fundamento de que, cuando hay amor, lo demás no importa. Tenía la absurda conclusión de que apenas casarse, algo se rompía. Se quebraba una parte de la solidez, incluso cuando dos personas ya habían estado viviendo juntas. Era, para él, una especie de maldición ridícula desde que lo escuchó en voz de su tía. Ella decía que su matrimonio se fue al traste en cuanto firmaron el acta, y no sucedió lo mismo con su madre, porque el resultado tardó mucho más y no se halló en la misma circunstancias, pero la conclusión fue idéntica, y poco difería también de otros comentarios semejantes. Tampoco pensaba que lo suyo estaría maldito o alguna de esas tonterías, pero no quería apresurarse. ¿Cuánto había pasado desde que decidieron volver e intentarlo? Muy poco, supuso. Y quería casarse con Aiden. No tenía duda de que firmaría y prometería con los votos, porque no solamente le quería; lo amaba. Pero aún no estaba seguro de que fuera una buena idea excluir al resto del mundo y adelantarse a todo lo demás, o que por el contrario, fuese bueno considerar sus opiniones independientemente de quiénes fueran.
Lo miró a los ojos, le escuchó y buscó un ápice de duda en sus palabras, sin encontrarlo. Entonces se lamió los labios, guardó silencio y se limitó a responder con un asentimiento, lento e inseguro. Tendría que haberle dicho que sí. Pero no ahora, no cuando, después de quedarse callado con la garganta prácticamente seca, no dijo nada. Se rascó la ceja con una mano y le sonrió, al principio a medias, luego en refuerzo, porque no sabía del todo que decir. Tenía muchísimo que expresar, pero no creyó que fuera momento. Lo haría cuando estuvieran solos. Retomaría el tema cuando no tuviera la repentina presión encima, cuando pudiera hablar como un humano al que no parece que se le han pegado los pies en el suelo. —Eh, no. No, no es eso— se aclaró la garganta, alzando una mano, que movió para indicar su negación de que estuviera apresurándose. Quizá sí, pero en tal caso, lo estaban haciendo ambos y no parecía ser un problema. Lo habían iniciado desde que regresaron, desde que resolvieron comenzar una relación oficial, una historia juntos de verdad y no juntos, pero por separado. —Es... Quiero casarme contigo, Aiden— dijo finalmente— En serio, quiero. Y no debería haber un pero en esto. Te amo; muchísimo. Quizá no exista nada que pueda hacerme más feliz que tú,  excepto tú todos los días de mi vida, pero...  No lo sé. Ni siquiera sé qué decir ¿sabes? Es un poco complicado; no quiero arruinarlo, porque, no creo que te estés apresurado. Y no creer que lo haces, ni que yo lo hago, ése podría ser un problema, sólo... ¿De verdad te casarías conmigo? ¿Ahora? Es decir, no ahora en éste momento, sino... ¿Lo harías?— devolvió la pregunta. Hace dos minutos tenía la intención de esperar un mejor momento. Hace unos segundos creía que tal vez no fuese el lugar y el tiempo adecuados, ¿pero cuándo se supone que es un lugar y un momento adecuado?

Ni que lo recordaramos de golpe— convino de buen humor. Ciertamente, a él se le perdía buena cantidad de pasajes en la memoria. Volvían de pronto, cuando los comentarios en mitad de una conversación lo atraían, cuándo alguien lo mencionaba y el recuerdo comenzaba a regresar con nitidez, pero no así, no con la simple idea de querer saltar de año en año y extraer lo más relevante, como si tuviera el poder de una extraordinaria máquina divisora. —Más vale prevenir— añadió en su momento, aunque le facilitó el preguntar al saber que ninguna de sus cuestiones podrían llegar a molestarlo. No quería eso, ni lo pretendía. Pero la curiosidad ahí estaba, presente, como si fuese de suma importancia acabarla de raíz y enterarse de las mínimas que captó en el relato de Aiden. Lo que había dicho estaba claro, se lo pudo imaginar incluso como si estuviera presente, pero el resto, aquella parte que ahora exponía le había dejado con un pequeño interés puesto y latiendo por saber, sin siquiera sospechar que escondía poco más de una frase sencilla que pudiera explicarlo, algo como que ser policía es cosa de riesgo y la familia es quien sufre de las consecuencias. Viktor debería comprenderlo a la perfección, porque su familia también había sufrido de una pérdida por querer salvar a otros, por querer hacer el bien, pero en aquel entonces era muy joven e incapaz de entender a un cien por ciento lo que sucedía. No había sabido enfrantarse a la tragedia con la realidad que lo hace alguien mayor, más consciente.
Mientras él hablaba, Viktor lo miró de sesgo, escuchándolo con atención. Aunque no se arrepintió de preguntar, sí fue fácil notar que el tema no era tan simple. Nada simple, en realidad. Cambió la mano del volante por la zurda, echando un vistazo por el retrovisor en el camino por detrás de ellos. Luego alargó su mano libre y alcanzó la de Aiden, envolviéndola dentro de la suya para después entrelazar sus dedos. —Lo siento. No debí, no sabía... — se pausó. Cruzaron el puente y continuaron por el rumbo, adentrándose por las calles, la zona residencial, el cambio que guiaba la dirección hacia la estatal, que conduciría en recto durante varios minutos de paisaje arbolado, antes de acercarse de lleno al área a la cual se dirigían. —Nuestra niña, o niño, lo que sea al final... Estará sumamente orgullosa de lo que tú haces, Aiden, tal como yo, eso puedo apostarlo, pero... Te prometo que yo seré el papá malo que le niegue la academia de policías si en algún momento quiere intentarlo ¿está bien?— sonrió pasajeramente, sin mostrar los dientes, consciente de su aflicción y el dolor que hasta la fecha significaba la pérdida de un ser querido, de alguien que representaba el pilar de la familia y las dificultades por las que debieron pasar. No podía verlo desde su perspectiva, pero ahora estaba ahí para él— La de policías y el FBI y la base de bomberos y... Sólo muestráme una de esas preciosa sonrisas tuyas ¿si? No quiero verte triste ni por un segundo.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Mar 31, 2016 7:03 pm
-Supongo que ambas, yo que sé…¿Por qué hablamos de esto siquiera?-preguntó divertido ya que no estaba seguro realmente del tema en cuestión, tenían una capacidad –ya la definía como tal- para ir de un tema a otro en cuestión de segundos, sin importar si podían ser contrarios y de una naturaleza totalmente diferente, el caso es que a la hora de entablar una conversación con el castaño tenía claro que cualquier cosa podía pasar y un tema superfluo podía convocar su atención de una forma atenta y hasta preocupada, en el peor de los casos. Nunca había pretendido entrometerse en el trabajo del escritor dado que la oportunidad no se dio al no tener una relación como tal, ahora que si cumplían aquel requisito el rubio tampoco estaba en posición de hacerlo, al contrario, mientras menos tuviese idea de lo que escribía le parecía mejor ya que era consciente de que aunque su novio no lo dijera el que estuviese preguntando o haciendo referencias a sus escritos debería ser molesto, invadiendo su espacio personal y hasta coartando cualquier inspiración que este haya recibido o al menos para el Policía aquello sonaba razonable en su cabeza, podía equivocarse, claro está. Rodó los ojos cuando le escuchó, más aún cuando la sonrisa aparecía dibujada en sus labios-Qué gracioso te crees-bufó sintiendo su mano congeniar con la contraria, entrelazando sus dedos y pegando su piel a la de este totalmente, sintiendo el roce de la misma a cada momento-Hablo en serio amor-le dedicó una de esas miradas que reforzaban lo que decía más aquella faceta de seriedad no le impedía acariciar con el pulgar el dorso del castaño.

-¿Tengo cara de estar riéndome?-se apuntó con la mano libre al rostro intentando convocar toda la seriedad que había en él –la cual podría ser equivalente a la cantidad de agua en su cuerpo- sin embargo no le resultaba tan fácil, primero porque aquella coraza la había desactivado para estar con Viktor y segundo porque realmente le costaba ser serio cuando estaba la mayor parte del tiempo sonriendo o conteniendo las risas. –Sumamente creativo-le corrigió asintiendo, dado el hecho de que se valdría de estrategias como aquellas para molestarlo o reprocharle algo. Le miró y no pudo evitar rechistar dado su comentario-Y ahí vas con tus fantasías, ¿Una daga de hielo?-enarcó una ceja-Podría haber sido una normal, y…nada-dijo siendo su turno de reírse por sus palabras, vaya que le gustaba el drama al castaño.

-Fingiré entender si eso te hace feliz, y me salva de una conversación extraña-agregó asintiendo, después de todo no podía pretender entenderlo del todo, cada persona tenía un tanto de sus propios pensamientos o impresiones que debería guardarse o que simplemente respondían a impresiones propias que no necesariamente eran compartidas por los demás, suponía que en esta oportunidad era una de esas veces. Además estaba el hecho de que no estaban tratando un tema delicado o que tuviese aristas toscas, después de todo el escritor se estaba refiriendo a rasgos propios del rubio que le gustaban y eso en cualquier sentido debería ser suficiente para halagarlo, y derretirlo, por sobre todo.

No era su intención en el fondo rememorar los hechos pasados pero aquello parecía filtrarse por sí solo en el presente, ahora era de su completa decisión el cómo lo haría y la forma en que lo manejaría, tenía dos opciones: o lo dejaba tomar fuerza y convertirse en un obstáculo para su relación o simplemente podía tomarlo como algo aislado, un mero recuerdo sin gran importancia pero que el hecho de mencionarle simplemente constituía un medio para ejemplificar una situación particular; en esta oportunidad, decidió la segunda, puesto que no había nada más que deseara que no dañar lo que estaban construyendo con tanto esfuerzo-Más te vale, por lo de la promesa, en cuanto a lo otro…no estoy seguro-agregó aun persistiendo con sus caricias y riendo por el comentario, más sólo bromeaba.

Disfrutó de la caricia que estaba recibiendo, de cualquier manera sus pensamientos se invalidaban por la oleada de sensaciones de la cual era víctima lo cual constituía la única forma en la que Aiden podía ser: un sujeto sumamente racional que no podía controlar sus emociones, las cuales muchas veces tenían la fuerza suficiente para dominarle y suprimir cualquier rastro de inteligencia y es que a pesar de ser algo que le disgustara de su persona siempre había sido alguien de sensaciones y emociones intensas, un hombre completamente dominado por lo que su faceta emocional pudiese decir. El beso simplemente terminó por derribar su escaso y para nada sólido reproche, olvidándose de todo y cerrando los ojos para disfrutar de aquel, no había sido de la forma en la que le encantaba sin embargo el mero hecho de obtener una caricia proveniente del otro ya hacía todo el trabajo pesado de desarmarlo-Ya olvídalo-profirió riendo un poco pero con la presión en el pecho que le demostraba lo bien que se sentía todo, que estaba haciendo lo correcto y que aunque no lo pensara su propio cuerpo se encargaba de demostrarle lo contrario.

Asintió elevando una mano para conducir una fina hebra de cabello hasta el lugar que le correspondía, detalles tan pequeños como esos no carecían de importancia para el rubio debido a que ahora comprendía que el enamorarse no era algo premeditado, tampoco existía un manual para ello y mucho menos una forma totalmente correcta de hacerlo, suponía que para cada persona era distinto según sus propios estándares, principios y forma en la que se comportaba, después de todo cada uno tenía su propio mundo con reglas propias que modificaban las sensaciones o sentimientos de acuerdo a lo que estuviese bajo un concepto de adecuado para ellos, es decir, de una forma subjetiva y sumamente personalizada. Aiden jamás estaría dispuesto a pedirle algo más a su novio de lo que ya recibía, jamás sería su intención ya que estaba sumamente arraigado en su persona el tomar lo que la vida le ofrecía y no ansiar más de lo necesario, aquello claramente era algo de lo cual no estaba contento sin embargo había aprendido de la forma más dura que era un simple sujeto que no podía querer más de lo que le tocaba, hacerlo se volvía en un acto de codicia la cual sería castigada de una forma u otra y bien lo sabía. Por aquello mismo cuando el castaño había decidido desaparecer su instinto le sumió en un estado de aceptación y adormecimiento, imposibilitándose de expresar lo que realmente sentía, o más bien quería, claro está eso no fue una limitación para que desplegara todos sus esfuerzos en su búsqueda, curiosamente podría haber dado con él pero no había considerado la posibilidad de que encontrarlo sería algo factible, al contrario se había convencido de cierta forma –inconsciente- de que no lo haría por lo tanto no tenía ensayada una conversación para tener con él, ni siquiera podría albergar un reproche en aquel instante. La situación fue totalmente distinta cuando irrumpió en su oficina por lo cual también su reacción y pensamientos estaban orientados al momento en el que se encontraban y no al dilema que le consumía en aquel entonces. De la misma forma, el policía quería dejarle claro que no era un terrorista, su intención no era tomarlo tan sólo para él -a pesar de quererlo con todas sus fuerzas- y acaparar cada momento de su existencia, No, sabía que él era una parte más en su vida y que por ende se debía de ajustar a aquello.

-Ajá, en resumen te confiaste-agregó con una pequeña sonrisa, tenía más que claro lo competitivo que podía ser el castaño puesto que era evidente para él, por la sencilla razón de que él también lo era y sabía reconocerlo en otros.-Quizás le diga a Lucy que me enseñe y luego podría retarte, no te quitaría tu dinero pero de seguro encontraría una buena forma de cobrarte-le guiñó divertido, aunque estuviese jugando y utilizando opciones al azar le parecía un buen plan, al menos de una forma imaginaria. Y afirmaba que ganaría ya que dada la historia de su novio y el hecho de que la chica era mortal en el juego las posibilidades estaban a su favor. Le miró y rió, no creyó posible que utilizara esa palabra con él, podía entender la razón pero aun así era extraño-No seas tonto-rodó lo ojos en desacuerdo a lo que decía-No se trata de eso, pero cuando creces rodeado de ellas es inevitable darse cuenta de lo que son capaces, sería un idiota si no las valorara-agregó y es que no podía tener más claro la magnitud de sus habilidades, algunas eran hasta peligrosas de cierta forma. Entendía el por qué pero no la real motivación, si quería saber cosas de él tenía que preguntar aunque de cierta forma y ahora se daba cuenta estaba castigándolo inconscientemente al no revelarle cosas que su amiga si sabía, no por nada ella había sido la única persona en la que había depositado su confianza y para su alegría hasta la fecha no le había fallado-Eso está claro-agregó confirmando sus primeras palabras más para las siguientes frunció el ceño-Ella se mostró digna de mi confianza y bueno, también me apoyó sin pedírselo, no es como que pudiese dejarlo pasar sin retribuirle-se encogió de hombros-Se lo ganó-agregó sin mucha réplica-Ya llegará la ocasión en que tú también puedas demostrarlo, ¿No lo crees?-le sujetó por la barbilla mirándole directamente, no estaba siendo sarcástico sino que lo decía en serio más tampoco quería decir que le estuviese reprochando las malas decisiones del pasado, simplemente era objetivo frente a algo que no podía fingir no había sucedido.

Un gran defecto de su personalidad, asociado directamente a su inconsciente, es que solía modificar, cortar, hasta reemplazar sus propios pensamientos en función de un momento determinado o necesidad, aquello podría responder más a una mera protección que a un defecto sin embargo no había garantía de lo uno o lo otro. Debido a ello, y ante la conversación que tuvieron en la cual existieron silencios que se prolongaron más de lo debido a su juicio consideró que no era apropiado tratar aquel tema, al menos, era la segunda vez que lo hacían y en ambas Aiden terminaba con un sabor amargo en la boca y con una presión en la cabeza y pecho suficiente para provocar una falla orgánica como mucho. Decidió, de una forma consciente, calmada y quizás con una madurez que no estaba seguro de tener que no volvería a tocar el tema, al menos no hasta que estuviese seguro de ello ya que la confianza era algo en lo que aún estaban trabajando, además del hecho de que si se estaba apresurando, presionando algo que no debía de hacer y que como siguiera estaba seguro algo terminaría por explotar. Le miró y le dejó hablar, no porque le prestara atención sino porque realmente no tenía nada para decir, nada coherente y que ayudase a su caso, para ser exactos. –Lo entiendo-aventuró más tarde de lo que debería pero se debatía entre tantas respuestas que esa fue la más neutra y quizás adecuada en la que pudo pensar-No, tienes razón, me estoy apresurando, me he dado cuenta de ello, no es algo que deba tener en cuenta, al menos no ahora-agregó desviando la mirada levemente, como si temiese la reacción de su novio-Considerando todo, no es el momento-profirió con una voz más tenue, quizás hasta carente de fuerza. Llevó una mano hacia su nuca la cual acarició suavemente, una señal de que estaba nervioso, quizás hasta incómodo y aunque sabía que no era la intención del escritor se sentía ligeramente rechazado-Siento que sí, pero ya no estoy tan seguro-levantó un hombro, se estaba contradiciendo demasiado a sí mismo, odiaba eso pero no lo podía evitar, sobre todo cuando le daba la oportunidad a su cerebro y a sus sentimientos de debatir, de ponerse de acuerdo en algo que quizás nunca podrían, lo cierto es que el policía estaba en una encrucijada entre lo que sentía y lo que pensaba, en lo que su cerebro le decía que era lo lógico y lo que su corazón –aquel órgano que sólo figurativamente contenía las emociones y sentimientos- le indicaba como lo correcto, hablando en el ámbito sentimental.

Cada vez era más consciente de que si bien se consideraba sincero con el resto de las personas no llegaba a serlo con la persona que más importaba: con él mismo, y eso no respondía a un hecho ególatra sino que simplemente cómo podía esperar sincerarse con otras personas cuando ni siquiera podía con su propia carga. La muerte de su padre sin duda había sido un golpe para su familia, sin embargo para él le había afectado de maneras que nadie se esperó, ni siquiera él mismo, primero que todo había perdido a su padre, quién también era la única figura masculina de importancia en su vida, también el único que le entendía en cosas que su madre y hermana no llegarían a comprender por el hecho de ser mujeres, lo que no estaba mal claro, pero tenían una visión distinta en la que coincidían, en su tiempo lo consideró estúpido pero aún no encontraba una explicación lógica para aquella diferencia, además estaba el hecho de que obligadamente debió de madurar para suplir una falta importa, ningún hijo debería reemplazar a su padre o una niña a su madre en el ambiente familiar sin embargo decirlo era mucho más fácil que hacerlo, la presión era innata en él mismo considerando la sociedad en la que vivían. Había todo un tema detrás con el que nunca había lidiado, simplemente lo relegó a un rincón de su mente donde había construido paso a paso una barrera para mantenerlo alejado de si, reconociendo la importancia que tenía y el hecho de que de permitirle libertad a aquellas emociones reprimidas no podría recuperarse, al menos no ahora, cuando habían madurado al igual que él, una carga sobre sus hombros que no había hecho más que crecer, nunca abandonándole, esperando, el momento de flaqueza para brotar.

Sintió la mano de su novio sobre la suya, era una sensación conocida y cálida más no le atribuyó la importancia que tenía, estaba ligeramente ensimismado en sus pensamientos los cuales intentaba suprimir, Aiden solía ser bastante controlado consigo mismo por lo cual era inevitable que cuando no lo hiciera comenzara a debilitarse, derrumbarse poco a poco. Era tal como decían, de las personas que no sabían lidiar con la presión, puesto que la suprimían y actuaban correctamente en el momento indicado a costa de asumir una carga nueva cada vez, un problema que les perseguiría siempre por no haberlo tratado en su momento. –Descuida, no es tu culpa-aventuró como un consuelo, apretó su mano a modo de respuesta pero con el claro fin de brindarle seguridad a su novio, por su parte debería dejarlo pasar, como muchas cosas. El camino se volvió bastante interesante, demasiado de un pestaño a otro, puesto que las orbes azules se mantenían fijas en el paisaje, memorizaba cada detalle que pudiese exponerse hacia él mientras el silencio le inundaba hasta el extremo de ahogarle. Tras unos minutos de la misma forma, se volteó para encararle y dedicarle una pequeña sonrisa, no quería preocuparle o darle una mala impresión, menos cuando su novio intentaba animarle, le dejaría hacerlo aunque no tuviese efecto en él-Suponiendo que haya un niño o niña, ¿No?-agregó con una sonrisa que no llegaba a enmarcarse como tal-Pero está bien, supongo que sí es una posibilidad puedo contar contigo, ¿Siempre?-buscó en él la respuesta, quizás le estaba presionando pero el amor que sentía por este le obligaba a reaccionar así, a esperar algo que seguramente no se merecía pero que ansiaba sobre todo en un momento de necesidad. Le miró y asintió, podía notar que su novio comenzaría a preocuparse si no lo hacía y no lo culparía tras ver su reflejo en el retrovisor exterior, la tristeza comenzaba a notarse en sus facciones por lo que se obligó a sonreír, primero tragó lentamente y luego suspiró hondamente para mirarle, la sonrisa comenzó a brotar hasta que dominó su boca-¿Está bien así?-preguntó reuniendo ánimos de donde no los tenía, con una sonrisa sincera pero no espectacular-Lo siento, no quiero arruinar nuestro viaje-se disculpó echando la cabeza hacia atrás como reprimenda para luego buscar sus ojos, esperaba enterrar nuevamente aquella tristeza y volver a ser el de siempre.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Abr 01, 2016 10:06 pm
Bueno, tú lo preguntaste... Creo— frunció el ceño esbozando una ligera sonrisa, ligeramente confundido. Tal vez no lo había hecho, pero el punto es que cayeron al tema en mitad de la conversación. Fuese como fuera, no tenía mucha importancia. Aiden le había dado una idea para escribir sin siquiera planear hacerlo, y era una idea buena, a la cual podría exprimir realmente dándose un poco de confianza, pero lo tomaría en cuenta apenas estuviera lejos de último gran proyecto del que no podía salir. Claro que lo haría. Le gustaban los retos, lo nuevo, lo complicado. Él mismo iba a por ello. Si no fuese tan obsesivo con las cosas, probablemente ya hubiera arrojado el trabajo anterior a la basura, o al menos hubiese puesto una pausa al manuscrito para continuarlo después, cuando el cerebro le diera para eso. También había llegado a la conclusión de estaba demasiado de buenas últimamente. Quería proseguir con la trama, desarrollarla a un paso decente, pero nadie es capaz de escribir algo terrible, fúnebre, cuando su modo está alzándose con todo lo contrario. —En fin, no importa— añadió de inmediato, para acabar de restarle trascendencia a lo que no tenía relieve. Su viaje estaba por comenzar, sin embargo el tiempo corría las horas del día y no se supondría que estuvieran acabándose los minutos hablando de trabajo. Viktor había prometido abandonar su profesión por el fin de semana entero para disfrutar de su compañía y de ninguna otra cosa más. Y eso le valía suficiente.

Le miró para comprobar que no, no lo hacía. De hecho, lucía bastante serio como para afirmar que estaría a punto de soltarse en una carcajada. —Lo sé. Deberías callarme con la técnica que tú mismo me recomendaste a mí— repuso mirándole de soslayo, con el breve atisbo de una sonrisa que no terminó de formarse; al menos no con la particular y amplia muestra de la dentadura. Parecía que volvía a hacerse el gracioso, pero en realidad lo decía en serio: Era efectiva, funcionaba mucho mejor que la respuesta a miradas y los reproches de ironías —que Viktor solía utilizar infinidad de veces, también—, puesto que simplemente se le borraba todo de la cabeza. Cada vez que sus labios hacían contacto con los de él, el resto dejaba de tener relevancia. De pronto se le olvidaba si estaban discutiendo de la manera más sana, compitiendo por ver quién tenía y ganaba la razón sobre cierto tema o si, más habitualmente, habían estado hablando sin sentido con respecto a cualquier otro acontecimiento. —De acuerdo, de acuerdo. Le pongo un alto— comentó después, con un sencillo asentimiento. Dejaría de hacer bromas malas. O lo intentaría, como mínimo. No podía asegurar nada. —Pero mira que la daga de hielo podría ser sumamente más dañina por los compuestos químicos y la variación de estos en el cambio de temperatura, si no estuviéramos hablando metafóricamente. A no ser que tu daga común fuese de metal oxidado; entonces sí, regresaríamos a la terrible infección de tétanos... Lo siento. Broma peor que mala. Ahora sí, ya me detendré— levantó la mano y mostró la palma extendida a la atura de su pecho, prometiéndolo, poco serio, porque era evidente que no estaba en su control abrir de más la boca. Se le ocurrían ideas, las decía. Sin más; divagando, exagerando, suponiendo. Total que no estaba delante de un micrófono frente a una sala que pudiera acribillarle. Así es como funcionaba la confianza bruta en un hombre como Viktor. Y de momento, Aiden era uno de los pocos que se la había aprendido a ganar completamente.

Me hace feliz. Y nos salva a los dos, sin duda— convino de buen humor. Tal como se lo había dicho anteriormente, la facilidad de Viktor para expresarse no funcionaba del todo a la comunicación verbal. Le gustaba lo escrito, era más fácil, podías tomarte cinco minutos para redactar la idea con los instrumentos justos, claros y comprensibles, o hacerlo en una hora e incluso en días. Nada de presión. El trabajo perfecto para un trabajo perfecto. Sin embargo, expulsar algo que apenas llegarías a comprender en años se complicaba cuando la costumbre, por sobre todo, decidía jugarte en contra.
Arqueó una ceja inmediatamente después de escucharlo. El castaño lo decía porque... era cierto, en parte. Había sido tonto al abandonarlo, alejarse, temer que una historia falsa de su imaginación se sucediera sólo por su aparente necesidad de envolverse en el pesimismo. Pero como era un hombre maduro, aunque no se comportara como tal en infinitas situaciones, podía usarlo de mención pasajera y no tenía el riesgo enfermizo de parecer que lo ignoraba. Había cometido un error, así que iba a aceptarlo con sus repercusiones buenas y malas. Después de todo, no era perfecto. Y Aiden se había encargado de volvérselo más simple de lo que hubiera esperado. Lo había aceptado, haciendo caso omiso de la situación en la que su necedad los había metido. Había actuado por los dos, decidiendo por sí mismo pero en favor de ambos, y Viktor no dejaría de agradecerle por ello. Estaban en un nuevo comienzo del cual aprovecharían hasta las pequeñas oportunidades, viviéndolas en lugar de planificar vivirlas. —Y... es por eso que agregué "Tan" en la oración— bromeó, sólo por seguirle el juego, calmo y con agrado de sentir sus caricias, explicándose con un gesto lo profundo de sus mutuos sentimientos.

***

No hay manera más exacta de decirlo— respondió, confirmando que se había dejado llevar por un exceso de confianza. De verdad lo había creído, que podía ganar y todo eso, pero el hecho de poner su suerte a prueba no le hizo mucho bien en aquella ocasión. Por eso había dejado de hacerlo. Se volvió a mirarlo con un gesto divertido. Que Lucy lo enseñara, implicaría todo un reto para vencerlo después. Decía que era buena en ello y Viktor podía confirmar con todas sus letras, que él era un desastre. Ya lo había dejado claro en el pasado. Así que seguramente le ganaría, hiciese lo que hiciese y estudiara la partida como la estudiara, en todo caso. Pero que lo hiciera no tenía porqué implicar algo negativo y así lo comprobó al reparar en el guiño de su ojo, al cual respondió con una sonrisa de lado. —Avísame cuando estés listo— extendió las palmas de las manos fugazmente, sin soltarlo, como si fuese aquella una confirmación de que lo harían, aunque sólo estaba jugando; no es que pudieran ponerse a seguir el plan o que siquiera fuesen a recordarlo pronto, para incluir a Lucy en todo aquello y llevarlo a cabo.

Claro que lo serías— replicó bastante de acuerdo y le ofreció una sonrisa, porque aquello entraba en su amplio arsenal de temas defensivos. No era un rescatista de animales inocentes, pero tampoco se guiaba por rumbos egoístas. No por nada se había ganado una bienvenida agradable entre lectoras del género. La mitad de sus relatos cortos y novelas escondían un mensaje al respecto de la forma en que se impulsaba una sociedad todavía en decadencia, negándose con ello a creer o defender siquiera en apariencia la superioridad masculina del mundo. Era algo que debería tenerle sin cuidado porque no le afectaba en lo más mínimo, no era una mujer, pero tal como Aiden lo decía, lo convertiría en un idiota no valorar de lo que son capaces. Y ahí estaba la evidente respuesta a que Viktor, siempre, siempre, siempre, resaltara las capacidades reales de los personajes femeninos a través de sus acciones a lo largo de la narración, en lugar de seguir el típico patrón sexista y misógnino, incluyéndolas como si fueran un apoyo de los verdaderos personajes de supuesta importancia y nada más, tal como sucedería no sólo dentro, sino también fuera de la ficción a diario.

Ya lo sé; no digo que deberías de haberlo hecho, al contrario. Lo menciono como algo bueno ¿sabes?— se encogió de hombros, porque estaba hablando con franqueza. No era un reclamo o una manera de querer presionarlo a que le contara todos los detalles de su vida en pasado, presente y hasta futuro antes de saberlo, pero quizá hubiese expresado la idea equivocada. Aunque no lo quisieran y a pesar de que lo intentaran, ninguno de los dos le hablaría al otro de absolutamente todo lo que le sucediera, como tampoco se le habla así a una madre o a un padre, sino que se hace con un amigo, como si cada una de las personas con un hueco en tu vida tuviesen un papel fundamental. Es una confianza diferente. Y está claro, también, que siempre existirá una pequeña parte de las personas que permanecerá alejada, secreta, que no se dará a conocer a nadie y hará de permanecer borrosa para el resto del mundo.
Apretó los labios, asintiendo levemente con la cabeza. —Sí. Sí, así es—  mencionó a su vez, mirándolo de vuelta. Probablemente tampoco hubiese sido la intención, pero Viktor recibió su comentario como un golpe bajo innegable, a pesar de haber añadido una sonrisa y el ligero menear de su cabeza, como si le pareciera cualquier cosa. Se lo ganaría.

Tendría que haber supuesto que durante algunos minutos el ambiente se tornaría un poco incómodo, pero no le molestó. Era más fácil dejarse las cosas claras, hablarlo con la verdad y no guardarse lo que tenían que decir como si fuese a desatar una tormenta. Asintió con un gesto, con aquel movimiento que aseguraba estar de acuerdo. No era el momento de pensar en matrimonio, ni en ningún otro plan a  futuro. Aiden tenía razón. Ése había sido un error que Viktor cometió antes, pensando más de lo que debería. Y aún cuando era bueno trazarse un calendario más o menos de guía, prometerse algo sumamente alto de expectativas sería igual que vivir en una falsa realidad fantasiosa. El castaño no quería eso para ellos. Lo que quería era que estuvieran juntos y felices, independientemente de los papeles que les atestiguaran un comprimiso formal y de que, de pronto, comenzaran a sentirlo como una obligación a cumplir, una garantía del cariño que se profesaban.  —¿Ya no estás tan seguro?— preguntó con voz calma, acercándose a él y deslizando su mano por uno de sus costados con suavidad. —Bueno... Pues yo estoy seguro por los dos. ¿Está bien? Sólo... Dejemos que pase como tiene que pasar— trató de ponerlo de la mejor manera, de la sencilla y la que tenían hasta el momento. Estaban juntos, finalmente, y en su opinión su relación se encontraba en el mejor punto que hubiera llegado a alcanzar desde que se conocieron. Levantó su rostro llevándose la zurda hacia la mejilla del rubio y le alzó el rostro, haciendo que sus ojos se cruzaran al instante con los propios. —No pasa nada, amor. Tenemos toda la vida para elegir el día— añadió, pues lo decía y lo pensaba en serio. No tenían que preocuparse por eso, si contaban con la creencia —segura en el afán de sus emociones— de que sucedería en cualquier fase de su relación. Viktor le quería de verdad, pero también sentía confianza al estar con él, se aseguraba de ser él mismo, sin matices rebuscados para llevarse mejor. Y le gustaban muchísimas cosas de Aiden, aunque no formaran parte de sus propias preferencias. Se había enamorado del Teniente a través de lo poco que había conocido de él antes, por su comportamiento y su manera de tratarlo cuando estaban juntos, pero ahora que pasaban más tiempo a solas, que invertían los minutos para conocerse y llegar a entenderse con mayor facilidad, aquellos sentimientos no habían disminuído en lo más mínimo, sino que iban rápidamente en aumento y se fortalecían de una manera más sólida, más completa, más firme.

Tampoco es la tuya, Aiden— respondió mientras sostenía su mano. Quizá sus palabras no fuesen suficientes para hacerlo sentir mejor, pero tampoco pretendía que su novio se quedase en el laberinto del recuerdo y comenzara a flaquear. No era una sensación agradable, él la conocía. De otro modo, pero lo hacía. Y lo que menos hubo querido fue recordarle un suceso de su pasado que le causara la abertura de una herida ya cicatrizada en su superficie. Por eso tampoco se puso en el plan de comprensivo diciendo que le entendía, que sabía cómo se sentía y que pronto, aunque no lo pareciera, aquello iría remitiendo conforme lo comenzara a tratar. Viktor no había tenido quién se lo dijera en su momento, pero aprendió por su propia cuenta. No había dejado ir la pérdida simplemente, no la había olvidado ni había fingido que nunca existía, apartando la cara a los recuerdos. Sin embargo, trató de resignarse a la falta de alguien más que le diera consuelo, que le ayudara a sobrellevarlo, porque en aquel tiempo, durante su niñez y la desaparición de su hermano menor, sus padres estuvieron demasiado ocupados lidiando con su dolor, encontrando algo que llenara el vacío de perder a un hijo, sin darse cuenta de que aún les quedaba otro. Viktor nunca los culpó por eso, porque los entendía, y si no lo hacía, por lo menos intentaba hacerlo.

Eso fue exactamente lo que hizo en ése momento con Aiden. Decidió no preguntar y sí entender, puesto que no era adecuado forzar a quien todavía no se siente listo de enfrentar las sombras de su pasado, cuando una parte de sí continúa en medio de la oscuridad. —Siempre. No tienes ni qué preguntarlo— le aseguró, tomándose un momento con los ojos fuera de la carretera para mirarlo del todo. Cuando volvió a mirar hacia el frente, con el camino despejado, observó la hora en su reloj de muñeca y añadió algo más en el mismo instante en que lo hacía, reafirmando su intención— Incluso si adoptamos a un perro, no le perimité ponerse la gorra azul.
El único objetivo que tenía en aquel momento era el de moldear la frase y que Aiden tratara de olvidarse de lo anterior, que dejara de pensarlo y darle vueltas, pues sabía de la fuerte capacidad que aquella clase de recuerdos, remordimientos y tristeza podría llegar a provocar en una persona. Era más fácil mantenerte distraído e ignorarlos, aún cuando no pareciera completamente saludable.
Volvió a mirarle, primero por el espejo a mano derecha y después directamente a su rostro cuando el rubio se volvió hacia él. —Así se hace— comentó con una pequeña sonrisa, devolviendo la suya al replicar. No había sido la sonrisa de concurso que tanto le gustaba admirar en el rubio, pero le valía como un inicio. —No digas eso— añadió a continuación, frotando su mano con el pulgar— Será el mejor primer viaje que tengamos juntos. Y Aiden— se volvió hacia él— no tienes que disculparte por lo que no debería requerir disculpas ¿de acuerdo? No conmigo. Soy tu novio, y te quiero y te apoyo. Si en algún momento quieres y necesitas hablar de ello, estaré aquí para ti. Y cuando no sea de ése modo, tampoco voy a cambiarme de sitio... Sólo quiero que lo sepas.

***

Exactamente como lo había visto en una de las tantas fotografías que le enviaron a su correo electrónico, el sendero vehicular conducía fácilmente hacia el camino de la casa, que se extendía a unos tres kilómetros cruzando la zona boscosa y continuaba aún después a la carretera principal. Viktor lo siguió sin ningún problema luego de conducir durante largos minutos en la carretera libre, ligeramente orgulloso de sí mismo porque no había necesitado mirar el mapa ni una sola vez. Lo tenía por un lado, todavía enrollado. Pero tampoco se molestó en tocarlo cuando ubicó el doble rumbo de tierra. Sabía que al doblar a la derecha llegarían a la casa, mientras que por la izquierda se encontrarían con la caseta de información y la cabaña central de guardabosques, de la misma forma que sabía, porque se lo habían comentado también por teléfono, que no habría personal hasta la temporada final de mes para las excursiones turísticas. ¿No tiene ningún inconveniente con eso? habían preguntado. Pero Viktor garantizó que no, gracias, estarían perfectamente.
Así que la casa, que ahora podían ver desde su posición, tenía un letrero de madera incrustado a la orilla del sendero de tierra, rezando el nombre de la propiedad. Viktor se asomó por la ventanilla para asegurarse de que el coche no tendría problema al pasar, luego condujo junto al letrero  y pulsó el botón para subir las ventanillas del coche antes de aparcar junto a un montón de troncos recolectados a un costado de  la puerta de la casa, donde también se hallaba un banquillo largo.
Era un lago. Lo que te dije que había cerca— comentó al mirar la fachada de la propiedad veraniega, apagando el motor antes de abrir la portezuela para bajar. —De aquel lado, me parece— señaló por encima del hombro, recordándolo por la imagen que le devolvía el conjunto en la escena. Entonces le tendió las llaves del coche a Aiden. —Todo tuyo, otra vez. Y sin ningún rasguño— comentó. Todavía no estaba seguro de la dirección, pero bien podría confirmar que el agua que formaba el lago se desencadenaba a través de un río. Fuese como fuera, se dirigió hacia el maletero cuando ambos se hubieron apeado del coche, cerrando las puertas, para sacar la mochila y dirigirse hacia la entrada. La puerta estaría abierta, mientras que las llaves, le habían dicho, se encontrarían en el segundo cajón de la cómoda en el dormitorio.


Viktor Guilleaume Bertholon


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Abr 03, 2016 8:04 pm
-No lo recuerdo, pero bueno-agregó encogiéndose de hombros, el caso es que no era un tema importante para estar perdiendo el tiempo en él y claramente era una pérdida de aquello considerando que lo que los reunía era el viaje que estaban a punto de hacer, y que a pesar de prometerlo, estaban fallando miserablemente en dejar el trabajo de lado y cualquier otro asunto que no fuese atingente al momento. Podía aceptar parte de la culpa ya que no le había detenido en ningún momento y al contrario propiciaba que se prolongase cada vez más hasta haber llegado al punto donde se volvía algo sin sentido y carente de relevancia. Asintió por la confirmación de que no importaba, estaba totalmente de acuerdo con ello además de sentirse ligeramente perdido en la trama que supuestamente estaban llevando a cabo.

Creía que su rostro se veía tal cual como sentía que lo estaba forzando con sus facciones, más al comprobar la reacción del castaño se dio cuenta de que había fallado miserablemente, sin embargo comenzaba a pensar que no era su culpa, sino la de su novio, ya que, de una forma que no podía controlar, sentía que había perdido la capacidad de mostrarse serio con él considerando que el tan sólo mirarlo era suficiente para acabar con sus defensas y perderse en la perfección que suponía el escritor para sus ojos. –¿Y premiarte además?-inquirió enarcando una ceja, aunque también él obtendría una ganancia de besarle, porque *alarma* le encantaba hacerlo, por su parte podría estar pegado a su boca todo el día durante toda la semana lo cual sería imposible considerando que tenían trabajos a los cuales responder y también por la pequeña pero importante necesidad de respirar, comer, o satisfacer las necesidades básicas de un organismo vivo. Rodó los ojos al escucharle, obviamente no se quedaría corto con una explicación y si lo hiciera no sería el mismo, así que simplemente le dejó hablar y decir su teoría que era bastante exagerada, si, tenía sentido en el hecho del efecto del hielo pero seguía siendo inverosímil para una situación cotidiana-Debí haberte besado y ya, al menos le habría dado un buen uso a tu boca-dijo riendo, más eso no evitó que rozara sus labios suavemente-Sea cualquiera el material del cual esté constituido, el hecho de atravesar tu piel ya sería doloroso, así que…e-x-a-g-e-r-a-d-o -deletreó con diversión la palabra, mientras le observó durante escasos segundos debido a que, en un intento de estar preparado, decidió unir sus bocas nuevamente en un beso suave y cariñoso, suficiente para callarlo y así utilizar la técnica que tan bien había explicado hace un momento atrás y de la cual se adjudicaba la invención, claro está si es que fuese algo inventado y no un impulso.

Simplemente se relegó a asentir y mirarle intensamente por sus palabras, esperaba, que fuese una de esas situaciones en las cuáles no era necesario decir nada para comunicar un mensaje, no oculto, sino más bien silencioso, armonioso, quizás hasta ceremonial en el mejor de los casos. ¿Estaban suficientemente conectados para ello?, esperaba que si, al menos por su parte se sentía en completa sincronía con el que había aceptado como su novio, como el amor de su vida y por el que era capaz de entregar todo si la situación así lo exigía.

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-Lo sé, a veces puedo ser muy preciso-agregó con una risa por sus palabras, no era su intención vanagloriarse de algo tan poco consistente para la conversación sin embargo si podía valerse de ello para fomentar la risa y el momento de diversión que estaban compartiendo, después de todo hablaban demasiado en base a los supuestos-¿Qué?-enarcó una ceja-¿Ninguna réplica?, ¿Sin ninguna mueca?-agregó como si estuviese sorprendido a niveles exagerados, y lo estaba, pero por propia exaltación, acompañado de una pequeña risa molestosa, y siguiendo su curso con las manos, con una sonrisa pícara surcando su boca en último lugar.

A pesar de su sonrisa, si se desviaba y perdía el centro de la conversación fácilmente podría creer que le había dicho idiota pero eso sería exagerar y tergiversar las cosas, gracias a que aún era parte de la charla se mantuvo sereno y atento para no llegar a considerarlo como tal. Simplemente alzó las manos hasta su pecho el cual acarició suavemente, aprovechando para intentar estirar los pliegues que se formaban en su camisa lentamente, claro está eso también le permitía disfrutar del relieve que suponía su pecho y los contornos del mismo.

-Oh, pensé que estabas reclamándome algo, sonó como eso-agregó pasándose la mano por el cuello, consciente en aquel instante de que lo había tomado de una forma que no había sido la intención de su novio según él mismo, en su defensa no es como que pudiese tener claro a qué se refería o qué pasaba por su cabeza siendo que leer la mente no estaba entre sus habilidades, al menos no aún. Tampoco es que se lo hubiese reclamado todo, simplemente creyó necesario dejar claro el porqué de que Lucy fuese su confidente y depositara tanta confianza en ella, quizás, también, el castaño podría sentirse intimidado de ello-Porque no te da celos Lucy, ¿Cierto?-preguntó mirándole, no consideraría que eso sería posible viniendo del escritor, ese que afirmaba no sentir celos ni siquiera por ahora estar en pareja lo que sería muy normal, pero ciertamente lo conocía bastante para saber que la normalidad era efímera en el castaño.

Confirmó con la propia cabeza y una sonrisa las palabras del contrario, aún estaban trabajando en su relación y tenía la idea de que jamás dejarían de hacerlo, no deberían si es que pretendían mantenerse juntos hasta el fin de sus días. Por lo cual, alcanzar algunos peldaños en su relación era una meta en común por la cual debían de esforzarse, y que obviamente obedecería a un tema de tiempo, como todo en esta mundana existencia.

Antes la palabra matrimonio no había formado parte de su vocabulario y aunque sonase imposible se había dedicado a no considerarla posible, tenía el ejemplo de su madre y que aunque no fuese su culpa y la pobre mujer jamás lo hubiese deseado, había quedado viuda relegándose a una existencia solitaria en cuanto al ámbito de pareja puesto que jamás se había preocupado de rehacer su vida. Aiden la había visto sufrir por la pérdida de su padre más que a todos y lo comprendía, tanto como un adolescente podía hacerlo más al día de hoy, al llegar la madurez y también haberse visto inmerso en las redes del amor se dio cuenta de cosas que había ignorado en aquella etapa, tomando consciencia de muchas otras y sorprendiéndose de lo idiota que había sido por reclamarle algunas cosas a la mujer que le había dado la vida y que sabía que si se lo pidieran daría todo por él, cómo él también lo haría sin considerarlo ni un solo segundo. La relación que había comenzado con el castaño suponía una primera vez para muchas cosas, entre ellas el hecho de formar una alianza como lo era el matrimonio, un contrato que los uniese de una forma legal y que reforzara el vínculo emocional que ya existía, era un paso enorme, considerando que él era un hombre de ley, se regía por ella y a su juicio era lo que les separaba de las bestias y los volvía personas-Si, supongo-aventuró mirándole, no estaba seguro, ya no, aunque quería creer que no había sido su intención Aiden era un sujeto que no sabía lidiar con sus sentimientos, y al verse involucrado en aquella conversación la inseguridad que residía en él había decidido hacer acto de presencia, arrastrándose lentamente por su ser y extendiéndose como una enfermedad hasta contaminarle completamente, ahora dudaba, y necesitaría tiempo y control volver a sentirse seguro con ello, como todo, y siendo netamente un defecto suyo, era alguien inseguro que daba la apariencia de lo contrario, pero tan frágil que sin poder evitarlo se desmoronaría ante el más ínfimo toque-Claro-fue lo único que aventuró, sin embargo una sonrisa que carecía de honestidad adornó su boca, era más bien amable pero cumplía la función de aseverar confianza, o al menos que estaba de acuerdo con lo que decía.

No era su culpa, no, lo tenía claro, a un nivel lógico, cerebral, lo sabía porque le había dado vueltas muchas veces pero eso no tenía validez cuando lo contrastaba con lo que a un nivel emocional sucedía, curioso siendo que también pertenecía al cerebro dado que las emociones nacían de aquel lugar sin embargo cuando intentaba buscar una unión entre ambos sólo se topaba con grandes diferencias que deberían ser irrisorias pero no las podía evitar. Sí, no era su culpa, pero la sentía como tal, un peso que cargaba en la espalda y que si le permitía tomar suficiente control sobre si se traduciría en opresión, en la falta de aire y la incapacidad para quitarse aquello de encima. –Nunca se puede dar todo por sentado, ya sabes-agregó correspondiéndole a la mirada, mientras nuevamente dejaba que la misma se perdiese con el horizonte que se presentaba hacia él, más bien, el camino por el cual se dirigían y que ofrecía infinidad de estímulos visuales para que alguien con una tendencia a adormecer sus pensamientos pudiese valerse de algunos con el fin de completar su cometido.

Se obligó a sonreír, primero porque se lo estaban pidiendo y segundo porque aquel momento de tristeza no se iría solo, no era algo que pudiese apagarse o encenderse según le diese la gana, no, la única forma que conocía y que le funcionaba era sepultarla bajo toneladas de distracción, pensamientos aleatorios e involucrándose completamente en la conversación con la consecuente obligación de ello-Da por hecho que lo será, me esforzaré para ello-sonríe mirándole, esta vez podía verse más ánimo y es que lo estaba convocando con todas sus energías. Le miró intensamente por sus palabras, realmente no era necesario que dijese algo más porque con tan sólo su presencia y sus miradas se sentía agradecido y querido, claro está, escucharle no hacía más que ensanchar su corazón y brindarle una seguridad renovada, una que sabía que el castaño estaba extendiendo como un manto sobre él para protegerlo lo cual agradecía, de formas en que el otro no se imaginaba-Gracias mi vida, de verdad-levantó la izquierda para ponerla encima de su hombro y acariciarlo suavemente-¿Cómo no podría amarte cuando dices cosas como esas?-agregó sonriendo, realmente, se sorprendía y quizás no debía pero aun así era una reacción que no tenía forma de frenar, no cuando no estaba acostumbrado a que el castaño fuese de aquella forma claro está todo era nuevo en su relación, que de por si eran neófitos en ella.

▼▼▼

El tiempo que transcurrió mientras viajaban lo dividió en hablarle parcialmente, unas cuantas palabras de cariño, otras comentando algo que vino de la nada a su cabeza pero muchas otras veces se limitó a observar el camino, fijándose en detalles particulares que pudiesen alzarse en su travesía, capturando las imágenes en su cabeza y uniendo puntos que podrían formar un trazo de llevarlos a un plano, más sin embargo, era la tendencia de Aiden a tener todo en control, en no dejar que su alrededor tuviese la ventaja sino que al contrario imponerse, no le gustaban las sorpresas por lo cual adelantarse y obtener un mejor panorama siempre sería su primer instinto. Al menos, el camino ya lo había memorizado por si tenía que volver alguna vez, no necesitaría un mapa, también se había fijado en la vegetación a su alrededor por lo cual tenía claro que existían pinos bastante adecuados para obtener leña, así como también arbustos que deberían evitar si salían de excursión dada su toxicidad. Varios detalles más captaron su atención y la misma se encargó de guardarlos sabiamente en su memoria si es que llegaban a ser de utilidad.

Observó el camino que los llevaría a la casa, desde donde estaban podía apreciarla y tenía todas las características de una infraestructura rústica lo cual era perfecto dada la ocasión, no habían llegado a ella pero podía imaginarse como era, lo que contenía y que debía de brindar calidez a pesar de no tener la temperatura para ello, más bien, el tipo de sensación que ofrecían los hogares, aquellos que dependían exclusivamente de las personas que se encontrasen bajo techo y de los sentimientos que pudiesen tener en conjunto y como tal, dudaba que para ellos no funcionase considerando que se amaban. Había troncos cortados pero estaba claro que no alcanzarían para su fin de semana, suponía, dada la envergadura de la casa que la chimenea debía de ser proporcional para expandir el calor, por lo cual tendrían que cortar algunos árboles o conseguir ramas del suelo aunque la primera opción le parecía más adecuada, por temas prácticos-Ya veo-comentó sin quitar la vista de la casa, su cerebro estaba trabajando y admirando toda la imagen que tenía en frente, más al ver la indicación la siguió vagamente para ver hacia donde se dirigía. Sujetó las llaves y las guardó en su bolsillo, sin embargo enarcó una ceja y observó su coche de una manera exagerada-A simple vista, parece que si-acabó por reírse, estaba bromeando tan solo.

Sus pies se sentían bien en aquel terreno, hojas crujían cuando se movía, más la brisa era demasiado suave como para llegar a mover su vestimenta pero si suficiente para despeinar sus cabellos. Le observó ir a la cajuela y sacar la mochila, sin embargo le persiguió para quitársela-Yo me encargo amor-agregó deslizándola de su hombro y volviéndola su carga, abriéndose paso por el pequeño camino hacia la entrada de la propiedad-¿Sabes?, aún ni he entrado pero la he visto durante varios minutos y no sé, me agrada demasiado, siento como si fuese un lugar conocido-agregó voltéandose para mirarlo-Es, raro, pero no sé, ¿No te ha sucedido nunca?-preguntó con interés, posiblemente estaba teniendo una sensación de antaño, quizás algún recuerdo pero de ser así no llegaba a dar con él por lo cual simplemente se quedaba con la sensación.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Abr 05, 2016 3:57 pm
Te lo advertí; no puedes decir que no lo hice— comentó pasajeramente, alzando un hombro mientras le dedicaba una sonrisa divertida y resistía al impulso de aventurarse a besarlo al sentir el roce de sus labios cerca de los propios, pues si le hubiese hecho caso a la propuesta de cerrarle la boca de una vez por todas con un beso algunos minutos atrás, aunque lo hubiese mencionado cual si fuese una broma, aquello habría impedido que Viktor continuara con sus aires de profesor explicando los sentidos de su figurativa daga de hielo. De cualquier manera, Viktor no tuvo que esperar para que sus bocas volvieran a unirse. Él se había detenido antes de hacerlo, al caer en la cuenta de que Aiden estaba a punto de añadir algo más al comentario. Pero después, cuando el mismo Teniente fue quien se acercó hacia él, Viktor simplemente se dejó llevar y correspondió a la caricia de sus labios, entreabriendo un poco su boca, con un movimiento suave y bastante sutil, que declaraba su cariño a través de un medio sencillo, pero suficientemente profundo como le parecía cada vez que se olvidaban del entorno para dedicarse a ellos; un minuto, algunos pocos segundos en los cuales no fijaran su atención a nadie y nada más.

***
                                               
Harás que cambie de opinión— respondió, naturalmente bromeando por la fingida presunción de Aiden, que alardeaba por su gran precisión comunicativa.  —Oye, ¿por qué ese tono? Ése... Así soy yo de serio— aseguró a continuación, frunciendo un poco el ceño; como si lo dijera en verdad. Estaba claro, para todos, que Viktor distaba de una seriedad común como el resto de personas. Era extraño tratar de ahondar en él y encontrarle una forma, una actitud acorde o comparativa con alguna otra vista antes, porque realmente poseía pequeñas dosis que no parecían con la posibilidad de mezclarse juntas en una misma persona— Y me tomo muy en serio mis metas cuando alguien me reta— continuó, volviéndose a mirar a su novio, al tiempo en que sonreía de lado y levantaba las cejas. —Si no me olvido de esto, puedes apostar que lo llevaré a la realidad sólo para declararme ganador y cobrarte mi triunfo... Tendré un montón de tiempo para hacerme ideas de lo que pediré— agregó con gracia, pues de ningún modo creyó que lo recordaría y mucho menos entraría en papel competitivo con Aiden. Con él, lo evitaba en lo posible; porque desafortunadamente para sus retadores de antaño, cuando no ganaba en algo o no le salía conforme al plan, se frustraba y permanecía de malas durante el resto de la partida, fuese un juego de mesa, ingenio o una práctica importante; no importaba, la reacción era la misma casi a diario.

***

Sí, lo noté— repuso, asintiendo con la cabeza— pero... Yo no quiero volverte loco con eso, ya sabes, siguiéndote, asfixiándote con preguntas y dudas y... No es mi estilo, supongo. Me gusta más confiar en la gente y sobre todo en la persona que amo— expresó con un dejo de sinceridad, pero también otro de mentira.  Muchas veces querrían preguntarle cosas de las que no se sentiría del todo convencido, y lo haría, a pesar de que pudiesen sonar mal, que se interpretaran de una manera errónea o que significaran un error monumental por siquiera pensarlo. Sabía que lo haría, pero también era cierto que depositaría su confianza en Aiden a un alcance parecido al del amor que sentía por él. Era justo. ¿Cómo podría no hacerlo? El castaño podría comprender que para Aiden fuese más complicado llevarlo a cabo para con él, por el pasado que a ratos habían tratado como si fuese un Voldemort y no pudiese ni nombrarse, pero no para él. Viktor había ascendido por ése escalón hacía un tiempo, y no tenía intenciones de retroceder con ello... Sin embargo, titubeó un momento, confundido, porque parecía haber leído su mente, poniendo el alto en un pensamiento que Viktor había dejado pasar sin detenerse mucho en él. Estaba celoso de Lucy, sí. Tendría que admitirlo. Pero no eran celos comunes, no era porque se sintiera amenazado por ella y creyera que podría arruinar su relación con el Teniente. La razón venía de lo cercana que parecía ser Lucy de Aiden. No podía evitar sentir celos de que ella lo conociera mejor que él, que ella supiera muchas más cosas sobre su novio, que se pasara prácticamente el día entero a su lado en la comisaría, que pudiera entenderlo con mejor profundidad y apoyarlo de una forma que quizá Viktor no podría, porque su facilidad para saber lo que surgía en la mente de Aiden y el cómo se sentía respecto a sus emociones, estuviera tan por encima de él, como la misma confianza que el rubio afirmaba tenerle y que Viktor todavía necesitaba ganarse, con creces. —¿Por qué me preguntas eso?— sonrió un poco, metiéndose la mano izquierda en el bolsillo del pantalón— ¿Tú crees que estoy celoso de ella porque suena a que es magnífica y que ciertamente la admiras y le tienes en alto estima?— aventuró, en lugar de responder de inmediato con un rotundo «sí» o un bastante engañoso «no».

***

Ladeó el rostro y le ofreció una afectuosa sonrisa al escucharlo, cuando el Teniente apoyó la mano sobre su hombro. Verlo sonreír, aunque fuera un poco, tratando de recuperar el ánimo que llevaba encima hacía tan sólo algunos minutos atrás, fue razón suficiente para que Viktor comprendiera que estaba esforzándose por él. No quería arruinar el viaje, por él. No quería pensar en el pasado que dolía, que todavía sufría, porque sería difícil deshacerse del recuerdo como a cualquier habría gustado. Lo hacía por ellos. Ambos estaban iniciando algo nuevo, algo que funcionara y saliera de la mejor manera posible entre los dos. Lo llevaban bien. Viktor disfrutaba de su compañía, le gustaba sentirlo cerca, presente. Saber que estaba con él y que seguiría acompañándole por mucho tiempo más, lo volvía un hombre muy diferente al acostumbrado. De pronto, su actitud era más relajada, mucho más abierta y cariñosa de lo que hubiera sido durante años. Demostraba sus sentimiento el doble, o quizá el triple, de lo que se hubiese atrevido hacer un tiempo atrás. Aiden le había ayudado en su capacidad de expresar lo que sentía por él, a no rehuir de la emoción que despertaba en su centro y a exteriorizar aquel reflejo sin tan quisiera darse cuenta.
El castaño sabía que no era nada sencillo, por ello admiraba y agradecía el intento de su novio por cumplir a la petición que él le había hecho, ignorando por un momento el trágico recuerdo y distrayéndose de una herida que a pesar del tiempo, todavía escocía y aún faltaba mucho por verla sanar.

***

El aire en el área boscosa era totalmente natural, nada comparado con las abarrotadas ciudades, a diario con su incesante claxon vehicular y el ajetreo de las personas. Ahí se respiraba un fresco aroma de pino. —¿Sabes que podía cargarla cuatro, cinco metros, hacia la entrada?— cuestionó divertido, al tiempo en que Aiden se hacía con la mochila para ayudarle. Estaba pesada, la había cargado con los suministros suficientes para creer que al final el cierre se trabaría, tardaría una eternidad en lograr cerrarla y como gran final, destrozaría el cierre. Nada de eso había pasado, pero su suposición tampoco había estado tan errada. Cerró la puerta del maletero antes de acompañarle, uniéndose a él de camino hacia la entrada. Viktor levantó los ojos, pendiente del tejado. Su padre le había dicho una vez que, siempre, tenía que estar al tanto de la estructura alta cuando las propiedades tenían sus años. Aquella casa rústica lucía fantástica, pero se imaginó que debería llevar ahí bastante tiempo. Las que lograban contar más años que aquellos que las habitaban, juntos, eran las mejores. Parecían rodearse de un ambiente mucho más cálido y acogedor, como de estilo hogareño, alejadas de las novedades modernas de la actualidad.
Bueno... Cuando Geert y yo éramos niños, solían llevarnos de campamento a Houffalize— comenzó a decir, alargando la mano para girar el pomo de la puerta y mirando a Aiden de soslayo. Tal como le habían dicho, estaría abierto para el momento en que llegaran, así que la puerta cedió sin ningún problema— Recuerdo que contábamos los días en un calendario, esperando a que llegara el final de abril, porque mayo era el mes de viaje. Papá siempre elegía mayo para las vacaciones— echó un vistazo panorámico a la estancia del pequeño recibidor mientras hablaba— La cabaña en la que nos quedábamos se parecía mucho a ésta...

La primera impresión de la casa fue a cortesía de sus grandes ventanales y el piso creado exclusivamente con madera de cerezo, evocando un ambiente majestuoso en el acabado. La sala estaba mediada por una enorme chimenea para la temporada de frío (mucho más severa en el Norte), frente a un sofá largo y dos sillones que le hacían juego y al unirlos parecían uno solo. En su dirección, saltaba a la vista la escalera del segundo piso. Las paredes eran no más que finos troncos bien detallados en su forma circular. Desde su posición, se alcanzaba a observar el marco divisorio que guiaba hacia la cocina, un espacio amplio donde también se encontraba el comedor, de seis sillas, y cuatro taburetes en la barra del desayunador. La cocina, que había sido equipada con lo esencial después de 1995,  ahora se unía al grupo de las lamparas de gas y estaba limpia y reluciente como un espejo recién pulido. Junto al fregadero pendía una percha con utensilios, mientras que en la pared discurría una variada ola de cacerolas de acero inoxidable, ollas y tazones, hasta donde se ampliaba el mundo exterior a través de la ventana; que al estar cerradas en ése momento, impedían ver el arbolado que despedía la vista. Viktor no ocupó de acercarse a abrir las puertas del armario o mirar en los cajones para saber que estarían abastecidos con vajillas y cubiertos.

A un lado de la puerta, a sus pies, se encontraban un par de troncos más,  apilados uno encima del otro; sin embargo, no habían sido cortados, sino que los habían acercado por si acaso los necesitaran. Lo harían, sin lugar a dudas.
De acuerdo, tal vez no se parecían tanto— acabó por decir sobre la casa, corrigiendo la última mención que había hecho con respecto a su historia vacacional durante los buenos tiempos en su ciudad de origen. No estaba ni cerca.
Al percatarse de la nota sellada en la mesita central de la sala, Viktor se acercó y la alzó para leerla. Provenía de grupo guardabosques de la privatización Norte del Estado de California, tal como lo había hecho el mapa y la sellada de permiso que ahora guardaba en el bolsillo del pantalón. En ella se numeraban algunas indicaciones, números de emergencia del poblado vecino, propuestas y preliminares sobre las bajas posibilidades de nevada, pero algunas medias sobre lluvia en los próximos días. Estaba firmada por Mina Reynols. —Muy bien... Se supone que las llaves de la casa están en el segundo cajón de la cómoda del dormitorio. Creo que ya me lo habían dicho. Pero de todos modos... dudo que un oso venga a girar el pomo o algo parecido. Atrás, se supone— continuó mientras leía— está un armario de almacenamiento con herramientas y... En fin, esto está muy largo— dio la vuelta a la primera hoja y la regresó, dejando la nota nuevamente en la mesita— Ya descubriremos la mayoría por nuestra propia cuenta... Ven aquí— y le atrajo simple movimiento, acercando su mano para tomar la de él y tirar suavemente de ella, antes de rodearle su cintura con el brazo libre. —Entonces, ¿puedo confirmar que te gusta?— le preguntó en voz baja, pues no necesitaba levantar el volumen de su voz para hacerse oír. Aiden estaba demasiado cerca de él, tanto, que podía sentir su respiración golpeando en su rostro.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Abr 08, 2016 9:29 am
-No sería mi culpa, y ante todo alegaría inocencia-dijo con un tono divertido y mirándole con cierta travesura-Debe ser contagioso, digo, el tono, ya que he pasado más tiempo contigo-se encogió de hombros divertido y siguiendo su broma ya que no tenía claro a qué tono se refería siendo que consideraba que estaba hablando como solía hacerlo cuando la seriedad era necesaria, claro está, eso era a su juicio lo cual podía estar distorsionado siendo tan sólo una apreciación personal y no la realidad misma. Enarcó una ceja por sus palabras y sus expresiones, si quería intimidarlo o algo parecido no daría resultado considerando cómo era el rubio y a las amenazas que se enfrentaba a diario…su novio sería tan letal como un cachorro a sus ojos, igual de tierno también y posiblemente con el mismo poner de enamorarle dada su apariencia sumamente agradable-Ajá, no me digas-dijo con una voz un tanto desinteresada más sólo era para bromear con él, como si no le creyese lo que de sus labios salía-Oh, por favor, ya me siento intimidado y aún no dices nada-alzó las manos y fingió terror en el rostro, si se conocían tan bien el uno al otro sería algo lógico el darse cuenta de que al tornarse en algo serio se volvería toda una competencia puesto que no estaba claro quién sería más competitivo, el policía por su parte solía afirmar que él debido al ambiente en el que se encontraba inserto y a la constante lucha de egos y testosterona que solía haber en el cuartel y en general en la ciudad. Sin embargo, también tenía claro que su novio era un escritor conocido y que el éxito de alguna de sus novelas tenía que ver con derrotar a otras, claro está, eran distintas batallas con métodos completamente opuestos pero que en esencia representaban el tema de competencia.

▼▼▼

-Bueno, si tú dices eso, supongo que está bien-agregó mirándole con cierta duda, antes había estado seguro de que le parecía bastante interesado en hacerle preguntas y saber más de él pero posiblemente se debía a la emoción del momento, aquella pasajera y que se tornó calma cuando ambos tuvieron claro que se encontraban en una relación formal la cual debería durar debido a que ellos mismos trabajarían para ello lo cual les aseguraría tiempo en conjunto para resolver aquellas dudas u omisiones-¿Confías en mí?-preguntó como si no lo hubiese escuchado hace unos segundos-Espera, ¿dijiste que me amas?-giró la cabeza para mostrarle el oído y hacer el gesto de no haber escuchado-Lo siento, no estoy seguro de lo que escuché, ¿Podrías repetirlo?-dijo convocando una inocencia precisa en aquel momento, útil por sobre todo. Preguntar por celos era algo que no acostumbraba y que hace un tiempo atrás le había parecido innecesario tratándose del escritor ya que él no parecía tener esa clase de sentimientos por alguien más claro está eso también correspondía a la época donde Aiden consideraba que era el único interesado de ambos y que prácticamente era idiota por gustarle alguien para quién él no era más que algo pasajero. La situación ahora era distinta, eran una pareja y como tal las cosas ya no tenían el mismo valor o intención, todo debía de reevaluarse desde la nueva perspectiva y atribuirle importancia bajo aquel concepto.

Esperó su respuesta con una cierta expectación, y cómo no si hasta el momento la palabra celos y Viktor no las podía juntar en una misma oración dada lo opuesto de ambas, pero tras escucharle una sonrisa casi maléfica se dibujó en su rostro, claro que estaba celoso y no parecía tener la mínima intención de disimularlo-Simple curiosidad-dijo riendo sin dejarle ir con la mirada acusadora-Espera, no suena a ello, es magnífica, admirable, es hermosa, simpática, y la quiero de una forma que no esperé hacerlo-dijo sonriendo-Si ella no estuviese saliendo con alguien a lo mejor…-dijo y luego se calló, claramente jugando pero su tono no indicaba ello, ciertamente, tampoco mentía describiéndola ya que no hacerle justicia le parecía una ofensa, y de hecho, quizás de no haberse flechado por el castaño hubiese terminado evaluándola de otra forma…posiblemente, o no, no tenía manera de saber dado que la vida era demasiado impredecible para asegurar algo.

▼▼▼

-No estoy tan seguro, está pesada-dijo mirándole como si estuviese bromeando por el comentario, no era como levantar el peso de otra persona o peor y de una forma exagerada levantar una roca o algo que fuese todo un reto, sin embargo, siempre había sido así de tanto y como no si al criarse rodeado de mujeres él era quién tenía que poner los músculos y dedicarse a las labores propias para las que el género masculino existía, según data en la memoria colectiva de la sociedad. A él no le importaba aquello sino que siempre se había sentido con la obligación –autoimpuesta- de ser útil en el hogar, y de atribuirse tareas de mayor calibre considerando su constitución física más prominente que la esbelta que sus hermanas y su madre exhibían-Para la próxima…quizás-aventuró con un gesto que denotaba que el momento ya había pasado. Le esperó mientras cerraba el maletero para luego proseguir con el camino hacia la propiedad, no podía evitar que sus ojos oscilaran de un lado a otro admirando lo que les rodeaba, en pequeñas fracciones de aquella acción se permitía posar la mirada en su novio para encontrarse de frente con una imagen que representaba a todo un Adonis al impactar los rayos del sol en su rostro, delineando sus facciones y resaltando la atractiva tez de la cual gozaba lo cual podía ser peligroso considerando que de prestarle mayor atención tropezaría con la mochila y eso no sería algo agradable.

Asintió y escuchó su relato mientras su atención visual se correspondía con la cabaña y los detalles de la misma, tras abrirse la puerta sus orbes siguieron el camino que se mostraba hacia él analizando lo que podía recoger de aquello. No podía aportar realmente a su recuerdo dado que él no recordaba haber asistido a un campamento como tal, posiblemente lo había hecho pero eso se encontraría en la memoria que Aiden había decidido bloquear la cual estaba sumamente ligada con la muerte de su padre, curioso como un recuerdo agradable podía tener una sensación totalmente opuesta al acceder a él-Debió de ser muy divertido y gratificante, ¿No?-agregó para hacer acto de presencia, tampoco quería parecer que no le prestaba atención o que estaba mudo por alguna situación en particular-Eso es bueno, ¿Cierto?-comentó observando la cabaña también, esperaba fuese un recuerdo agradable y no a que la cabaña en la que había estado dejaba mucho que desear…sin embargo, y sin exagerar, no podría creer que Viktor hubiese tenido tal clase de experiencia considerando que provenía de una buena familia…sabía que eso era quizás juzgarlo pero por su parte no estaba recriminando nada, simplemente se llamaba la atención a si mismo por no considerarlo antes.

Si existía una versión rústica, ligeramente lujosa, bien cuidada y sin perder el toque propio que debía de poseer una cabaña estaba seguro que aquella sería el ejemplo por definición, sin dar lugar a otra considerando que aquellos adjetivos se aplicaban de una forma concisa. Le había encantado la fachada desde lejos, la naturaleza rodeando la cabaña y la disposición de la misma, al entrar se había dado cuenta de que era aún mejor incluso por dentro lo cual era agradable más no decisivo, es decir, era genial y estaba satisfecho más eso no quería decir que fuese esencial cuando en su mente, quizás de una manera equivocada tenía la especie de fantasía o imagen de una cabaña rústica en todo sentido y que dificultase la vida. Esta no poseía una televisión con cable, tina, mini bar y otras cosas muy tecnológicas pero se entendía a si mismo por lo cual estaba seguro de que verbalizarlo sería algo que su novio no entendería y con justa razón, si él tampoco tenía claro por qué se fijaba en eso y no en que estaban solos y que por primera vez tenían un viaje juntos donde no tendría que controlarse o preocuparse por nada más que por amarlo, para lo cual estaba sumamente dispuesto y capacitado.

Dejó la mochila en uno de los sillones con cuidado mientras fijaba la vista en el escritor que había tomado una nota, casi en el mismo momento caminó hacia una ventana para abrirla unos cuántos centímetros permitiendo que el aire entrase, era una brisa tibia que de seguro podría tornarse fría al caer la noche más ahora le parecía bastante agradable. Viktor se ocupaba de la nota la cual era bastante extensa considerando que estaba leyendo hace ya unos varios minutos además de la evidente concentración que ponía en ello y cómo un surco se dibujaba en su frente. No quería sentirse inútil por lo cual decidió probar suerte con la chimenea, se colocó de cuclillas y aventuró la cabeza por la entrada de esta para examinarla, no existía rastro alguno de restos que pudiesen sugerir uso durante un tiempo inexacto más no podía decir lo mismo del tubo que sobresalía del techo el cual tras retirarse golpeó para verificar presencia de hollín el cual descendió escasamente, aparentemente todo estaba bien con ella por lo tanto encenderla no debería ser un problema. Le miró y rodó divertido los ojos por lo del oso, no descartaba la presencia de algunos alrededor sin embargo llegar al extremo de una prosopopeya  simplemente era algo que tan sólo el castaño podría hacer-Luego la buscamos, a no ser que quieras despertar al lado del oso en la cama-dijo riendo pero con un tono sumamente tentando a jugarle una broma, quizás pésima pero aun así no dejaba de serlo. Se quedó en seco al escucharle puesto que sus siguientes palabras adquirieron una relevancia especial para él-Uh, luego iré a revisar ese armario-dijo más para sí mismo que el hecho de compartirlo con su novio. Se dejó atraer con gracia hacia donde estaba el castaño, sus manos se elevaron pasando de su abdomen hacia su pecho lentamente hasta llegar a su cuello donde las cruzó mirándole-Esperaba una mascota salvaje, no sé, un zorro, un lobo, hasta oseznos-agregó encogiéndose de hombros-Aunque supongo que está bien así-dijo mirándole seriamente para luego sonreír divertido-No es necesario que me guste, sabes que con tenerte todo para mí me doy por satisfecho-agregó acercándose para darle un par de besos cortos y suaves-Pero si necesitas mi aprobación, la tienes por completo-comentó sonriendo y luego haciendo un camino con los labios desde su boca, pasando por la comisura de la misma y siguiendo por la mejilla hasta su cuello donde dejó algunos más, motivado por un cariño y deseo en conjunto de sentirlo propio y de demostrarle lo feliz que estaba.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Abr 11, 2016 1:22 pm
Al ver la expresión aterrada en su rostro, Viktor se rió y meneó la cabeza, divertido. —Eso fue irónico ¿no?— esbozó una sonrisa ladeada, en retórica, por supuesto, porque estaba seguro de que así debería de ser. Probablemente Aiden tuviese razón con ello, pues Viktor no hacía más que bromear y seguirlo como un juego, dadas sus bajas oportunidades de ganar en algo que no fuese un aburrido discurso de método. Que lo culparan o no, su defensa siempre sería la inclinación que tenía por los debates desde el secundario, leyes para la media superior, literatura y filosofía en la universidad, criminología después de graduarse... Buena parte de su vida parecían eslabones en cadena para que no se callara nunca, para parecer un tanto despreciable en ocasiones y para garantizarte su imagen de supuesto sabelotodo, que en realidad no era, hasta poder demostrar cuál era su punto y por qué debería eso ser correcto, aún cuando no estuviese en lo correcto, ni supiera qué era lo correcto. Lo había adoptado a su diaria existencia sin importar el qué, pero justo en ése momento, al idealizar una partida de póker con su novio, algo tan sencillo como eso, no arribó la plena seguridad competitiva con la que solía moverse. Quizá fuera Lucy o tal vez la convicción de que el rubio podría alardear justificadamente y él se enfadaría un poco, silenciosamente, tan sólo por el hecho de no tener el triunfo y haber confesado anteriormente que su primer intento había resultado en un completo fiasco. Así pasaba en ocasiones. Y pensando que de igual manera era una cuestión vivida por Aiden cada vez que se metía dentro de su uniforme de trabajo, lo preferible a su sano juicio, mutuo, era no tornarlo serio en lo absoluto o no acabarían nunca.

***

Vamos, no supongas que está bien. Suenas como yo dejando las cosas a medias— replicó con cierta gracia, pero enseguida lo dejó pasar. Se volvió al escucharlo, mirándolo con plena tranquilidad, como si tuviese un boleto de seguro que se lo confirmara y nunca más debiera preocuparse de ello. Sin embargo, acabó resoplando una risa y puso los ojos en blanco cuando el otro prosiguió. —No seas payaso, no lo destaques así— le dijo, dándole un empujón, antes de atraerlo prácticamente de un segundo al otro, con los brazos rodéandole el cuerpo de costado— Lo repetiré hasta que dejes de fingir que no me escuchaste la primera vez— añadió entonces, supuestamente firme en su decisión. Claro que lo amaba, y era evidente que también confiaba en él; pero ciertamente, no esperaba recibir lo mismo a cambio. Comprendía de primera mano que Aiden necesitara tomarse un tiempo para ordenar el pasado, vivir el presente y entregar su confianza a Viktor de la misma manera que el castaño hacía con él. No podía culparlo por tener que esperar, ni lo juzgaría por ello, sino todo lo contrario. Era una reacción natural y con mucho sentido, por ello pretendía darle su espacio al confirmar una mezcla de verdad y mentira sobre sus celos. Los sentiría, pero más al fondo para no hacerles caso. Decir que no lo haría, que jamás tendría que sufrir de aquella antigua y molesta punzada recelosa por ninguna persona que estuviera cerca de Aiden, sería como afirmar que en ése instante no le quería y no le necesitaba. Estaría mintiendo. Pero al menos, quería intentar no ponerse de exagerado, como en el caso de Lucy. ¿Tenía que sentir celos de Lucy? Creía que no, lo pensaba como algo absurdo, a pesar de sentirlo y resultarle un poco absurdo el sentimiento, aunque fuese mínimo y de una manera muy distinta a lo que pasaría si de pronto, Aiden mejorara su relación amistosa con algún compañero de la comisaría, que curiosamente estuviera muy interesado en él. Eran vagas suposiciones, propias de él, de su imaginación y de su ánimo de girar la rueda a los inventos, pero así mismo era un buen ejemplo a plantearse.

Oh, venga ya... — aplastó los labios, levantando las cejas pasajeramente. Se volteó a mirar a otro lado, aunque lo escuchaba perfectamente, pues estaba a centímetros de distancia— Ahora también es hermosa  y simpática. ¿Estás seguro de que no es un robot?— cuestionó con un leve resoplido de seriedad, interrumpiendo en la frase de Aiden, pero incapaz de frenarlo en la continuación. Se giró hacia él, lanzándole la supuesta mirada de advertencia. No estaba molesto, pero afortunada fuese Lucy de escuchar semejante lista de apelativos agradables a su persona. Se aclaró la garganta en el punto culminante, aquel de la posibilidad de que si la secretaria no estuviese saliendo ya con alguien, podrían pasar cosas infinitas. Tal vez lo dijera en serio, no podía leer su mente y averiguarlo, aunque estaba seguro de que lo compartía sólo para ver su reaccionar y divertirse a costa de ello. —Bueno, parece que es la hora de las confesiones... ¿Mencioné que mi agente es joven y atractivo y es excesivamente cautivante mantener una conversación con él?— le devolvió, diciéndolo como si fuese cualquier cosa, pero muy cierto. No lo era. El tipo tenía lo suyo, era agradable, educado, eficiente en su trabajo y muy ocurrente a su manera, con el ingenio puesto en alto, como si buscara cumplir con todas las características para crear al mejor amigo de un escritor y además recibir dinero por ello, pero a Viktor no le atraía ni le interesaba en lo más mínimo. Culpa suya en la totalidad. Para él era muy complicado encontrar a una persona que lograra tal hazaña de llamar su atención y seguirla conservando durante las primeras dos horas tras las respectivas presentaciones, como precisamente había hecho Aiden. El rubio había logrado llegar a él de una manera en que raras veces le pasaba, pero no por eso dejaría de fruncir los labios frente a la importancia de Lucy y su falta de un ser humano igual. Charles, un profesor de historia originario de Edimburgo, había sido el último sujeto al que Viktor le prestó particular atención y cariño, pero no estaba con intenciones de hacerle mención alguna. También había sido el culpable con rostro simulado de pretexto para que Viktor dudase de que su relación con Aiden, cuando no era oficial, se fuese al traste a pesar de los intentos, pues creía ingenuamente que estaba destinado a que la historia se repitiera una y otra vez, siendo él al único que parecía importarle y quien se preocupara de verdad, dándole la relevancia que se merecían las cosas por tan sólo una diferencia de términos. Eso había sido falso y se había percatado del error a tiempo, pero ahora que pasaba la página y podía mirar hacia la anterior para revisar las conclusiones, encontraba una diferencia increíble entre una cosa y la otra. Pero sobre todo, caía en la cuenta de que Aiden y lo que sentía por él era mucho más imponente de lo que hubiese sentido por nadie más.

***

Sí, supongo. La verdad es que no lo recuerdo muy bien— respondió, algo inseguro, pero con una sonrisa que mostrar— Fue hace mucho. Desde antes de mudarnos aquí... que también fue hace bastante tiempo— concluyó en referencia al país, recalcando para sí mismo la cantidad de años que habían pasado desde la última vez que visitaron la mentada cabaña vacacional. Geert aún estaba con ellos, su padre todavía no se había obsesionado con su trabajo en el FBI  al grado de ocasionar cierto temor cuando se frustraba, y su madre no se había tomado las vacaciones temporales de cinco años enteros, alejándose del hospital y sus labores en éste, para poder beberse uno que otro trago y lidiar con la avalancha gris que parecía haberle caído encima. Era un recuerdo agradable... casi, aunque Viktor no pudiese recordar mucho más de cortos fragmentos que ni siquiera tenían importancia, como lo era haberse quedado dentro por la tormenta en una ocasión, o cuando su padre intentó enseñarle a disparara un arma, por haber estado preguntando cómo funcionaba y si él podría hacerlo. Mala idea. No obstante, la cabaña de Houffalize no tenía la culpa de lo que hubiese sucedido en los años posteriores. A decir verdad, nadie la tenía. Y por ello, Viktor tampoco tuvo problema de regresar a Bélgica en algunas ocasiones, para visitar a sus abuelos maternos y perturbarse con la habitación de retratos, que no dejaría de parecerle extraña aunque pasara el tiempo y se hiciera mayor. Después de todo, escribía por Geert. Había publicado su primera novela con el nombre de su hermano como seudónimo; había llevado sus manuscritos en fracciones a diferentes editoriales, desde que tenía dieciséis años, consiguiendo relatos cortos en algunas revistas y secciones del periódico sin importancia, de esas de entretenimiento donde también abundan los adictivos crucigramas. Lo había hecho por Geert, a quien le gustaba hasta la basura que escribía a los siete años y los cuentos que solía inventarle, cuando ninguno de los dos caía dormido en la noche.  

Asintió con una amplia sonrisa, se rió por lo bajo y echó un último vistazo a la hoja para toparse con el recordatorio de la caldera. —¿Y qué sería yo? ¿Ricitos de oro en un cuento de los hermanos Grimm?— comentó. Tenían que bajar la presión de la caldera cada veinticuatro horas después de encenderla, lo cual tendrían que recordar solamente si pretendían utilizarla. A Viktor nunca le habían gustado esas cosas, le daba la impresión de estallarían en cualquier segundo, así que decidió ignorar la indicación y por lo tanto, la existencia de la caldera, porque de cualquier forma, tenían la chimenea para cuando el frío comenzara a ponerse pesado y ya había visto la parte relevante en la nota de privatización, para saber dónde encontrar una bendita hacha para cortar la leña. Para que Aiden lo hiciera, mejor dicho. Él se rompería un brazo o algo parecido al intentar blandir el hacha y golpear justo en el centro. —Todavía no abrimos la puerta de la estufa, quizá allí esté un osezno— respondió seguido a su última broma. Si el oso podía abrir la puerta de entrada, el osezno podía ingresar a la casa, abrir la puerta del horno de la estufa y meterse dentro a dormir, con tal de convertirse en la mascota salvaje que su novio quería.

Viktor sonrió al escuchar lo que decía, enternecido por sus palabras. Podría creer que en algún momento se acostumbraría a ello, pero aún así, algo parecía activarse dentro suyo, incontrolable, inmenso. Deslizó las manos por los costados de Aiden, deteniéndose a una altura bajo sus costillas y respondió a sus besos, recibiéndolos con un gusto suave y ligeramente dulzón.
Bastante justo— añadió cuando le confirmó su gusto por el lugar. Viktor había estado pensando seriamente en comprarlo, si las ventas de su próximo libre estallaban como el anterior. Lo habían estado anticipando y él se había estado tardando, haciendo creer que era el propósito, aunque no lo fuera. Eso siempre ayudaba. El retraso de una obra que se anticipó durante mucho, provocaba la oleada de preguntas y te ayudaba a saber qué tan buena era la expectativa antes de que iniciara su venta. Por lo menos, eso decía su agente, pidiendo que le diera dos fechas, la falsa a su creencia y la verdadera según lo que dictaba su creatividad. Viktor había dicho abril. Y a principios de enero, en su última llamada para hablar de trabajo, acordaron dos meses más y su confirmada presentación para el 14 de junio. Si todo salía bien, y si al final esas vacaciones lejos del mundo urbano resultaban tan extraordinarias como se imaginó que serían al estar con el policía, solos, con el tiempo extendido simplemente para disfrutarlo entre ellos, compraría la cabaña y la dispondría para su uso personal, el de ambos, cada vez que pudieran tomarse un descanso a conjunto y resurgir un agrado extra de excepcional compañía.

Entreabriendo un poco sus labios, Viktor atrapó suavemente la boca de Aiden y le besó con sutileza, antes de que se escapara oscilando por su mejilla, luego a su cuello, haciéndole sentir la humedad y el estremecimiento que le recorría la columna al tiempo en que los labios de él acariciaban su piel, apenas en la superficie. El castaño recargó ligeramente su mejilla a la de su novio, dejando que éste tuviese el espacio de inclinarse y besar su cuello, en tanto él deslizaba sus manos por sus costados, yendo en dirección a su espalda, de la cual se aferró hasta ascender una de sus manos a la nuca de Aiden y enredar sus dedos entre sus cabellos, reforzando el gesto al mantenerlo cerca de sí.

Plantó la diestra en el pecho de Aiden y le impulsó a andar dos pasos, él hacia adelante, el policía hacia atrás, sosteniéndolo al llevarlo directamente hacia el largo sofá de la sala y apoyar una rodilla sobre el acolchado a un costado de su cuerpo. Se apartó un poco y volvió a buscar su rostro, que observó durante un instante, previo a acortar la distancia que separaba sus bocas y besar sus labios otra vez, calmada y cariñosamente, profundizando un poco más en el acto, recibiéndolo con el apetito y el interés de su deseo, del cariño que avivaba su respiración y que ahora no dudaba guardarse más, sino que lo expulsaba y lo demostraba, tal como hacía entonces, acariciando con sus dedos la clavícula de su novio por encima de la ropa mientras lo besaba, primero en los labios y después en la barbilla, mezclándose la necesidad de recibir y entregar su amor de la misma manera en que parecía afanarse cada uno. Viktor se echó la chaqueta hacia atrás, comenzando a sacársela por los hombros, antes de rodear el cuello de Aiden con su mano y descender, acariciando su pecho, su torso, firme y musculado, hasta dar con el bordillo de su camisa, levantándola.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Abr 14, 2016 6:08 pm
-Claro que no, me ofende tu pregunta-dijo frunciendo el ceño claramente de una forma exagerada y que tan sólo existía para apoyar sus palabras. Estaba dramatizando con el asunto pero eso es justamente lo que lo volvía divertido ya que sabía muy bien que provocar a su novio siempre tenía el mismo efecto lo cual era algo de dos vías ya que él mismo respondía ante aquello. Los dos eran competitivos, eso estaba claro más no tenía idea en qué nivel lo era cada uno por lo cual simplemente se limitaba a un tema de tira y afloja para descubrir aquello. Le miró intensamente-Oye, sabes que hay una variación del juego que dicen es muy divertida…-dijo con una risa-El Strip póker, podríamos probarlo-movió las cejas rápidamente lo que denotaba que estaba coqueteando con él.

▼▼▼

-Ya te lo he dicho, es culpa de pasar más tiempo contigo, estas cosas se pegan-dijo como si estuviese hablando de una enfermedad contagiosa en vez del comportamiento del escritor lo cual le valió una pequeña risa. Retrocedió por el empujón lo cual si hubiese provenido de otra persona en este momento de seguro le habría desencajado la mandíbula más claramente no iría a dañar el hermoso rostro del hombre frente a él, menos aun cuando este le abrazaba-Lo harás eternamente entonces porque no dejaré de fingir-dijo divertido pero mirándole con aquel rostro que ponía cuando no podía sentirse más enamorado. Sí, había escuchado de su propia boca que lo amaba pero eso no era suficiente, por él lo escucharía todos los días y a cada momento ya que inconscientemente temía que estuviese soñando despierto y no fuese la realidad. Después de todo, su relación había dado un giro completo pues pasó de ser nula, con toques de enojo, tristeza y otros sentimientos negativos al marcharse para luego ir al extremo contrario donde el cariño, amor y paz se alzaban para apoyar su nueva faceta, una que cada día se decía a si mismo que era verdad y que por lo tanto debía de cuidar y por sobre todo, lograr que siguiese proliferando.

No esperaba hacer de Lucy el tema de conversación sin embargo dado que el castaño la había situado en aquella posición no tenía más remedio que proseguir, después de todo era parte de su vida y dejarla de lado sería un insulto, ella merecía mucho más y Aiden siempre estaría agradecido con ella por su amistad y comprensión, después de todo fue quien estuvo siempre a su lado aun cuando se volviese una sombra de lo que era al momento que Viktor lo dejó. –Sabes tan bien como yo que no estoy mintiendo, ni exagerando-le dedicó la mirada seria que denotaba que no estaba bromeando-No creo que un robot tenga tanta suerte-aventuró mirando hacia otra parte, de una forma aleatoria. No fue ajeno a la mirada del castaño pero tampoco fingió sobresaltarse o algo, ya lo había dicho y no se retractaría de la verdad. Una sonrisa divertida si dibujó en su rostro, si creía que se molestaría por ello estaba equivocado, después de todo estaba seguro por su tono de voz que era una réplica a lo que decía-Yo no he confesado nada, en realidad-se encogió de hombros-Pero dado que tú si lo has hecho no puedo quedarme atrás-advirtió con la mirada-Podríamos haberlo intentado nosotros, ¿Sabes?-le dijo como si nada y sin molestarse siquiera en detenerse en lo del agente, después de todo si era verdad o mentira no tenía importancia cuando Aiden recién comenzaba a ser de importancia para él y aquel hombre lo conocía desde cuando no tenía idea pero obviamente antes que al policía. No quiso agregar más a su causa porque comenzaba a caer en el tema de provocaciones y celos que no venían al caso, además, podía salirse de sus manos en cualquier momento así que simplemente le hizo un movimiento con la mano que demostraba que olvidase el asunto.

▼▼▼

-No te estará fallando la memoria ya, ¿Eh?-le dijo divertido, no es que él fuese un prodigio de las memorias pero le resultaba divertido el hecho de que hace unos minutos estuviese hablando del campamento que solía ir de niño y que ahora no recordase algo tan fácil como lo era si se había divertido o no. A veces su novio le sorprendía bastante pero no de una mala forma, sólo, cosas que no se esperaba. –Sabes, más adelante, no ahora obviamente, podrías contarme la historia de cuando se mudaron acá, si no es problema claro está-agregó sonriéndole-Digo, no sé, además de tener curiosidad de cómo fue la experiencia para ti creo que también es por saber un poco más de tu familia, ya sabes-movió la mano con rapidez como si intentase quitarle seriedad al asunto con ello, realmente no quería presionarle pero con preguntar suponía que no estaba haciendo mal, podía negarse y no habría problema alguno con ello, después de todo él no era nadie para obligarle a hacer algo que no quería, tiempo al tiempo.

La casa era mejor de lo que en su mente había imaginado, quizás estaba un poco decepcionado en el sentido de que en su cabeza tenía la idea de una más rústica y menos cómoda pero eso era una estupidez de su parte, ¿Qué importaba?, estaba con su novio y eso era lo único que debería importarle así que mentalmente hizo el ejercicio de golpearse y simplemente concentrarse en lo que importaba. Rió por sus palabras con una profunda carcajada, ni lejos se le habría ocurrido algo así pero ahora que lo decía no podía evitar situarlo en aquella situación-Pues el rubio aquí soy yo, pero que va, Ricitos, o mejor dicho lisitos tinturada también es válida-agregó riendo aún-Un vestido gris resaltaría demasiado tus ojos mi amor, ¿Sabes?-dijo intentando no romper en risa otra vez y mirándole como si en cualquier momento fuese a sacar aquella prenda y colocársela. Le miró y luego osciló la vista hasta la estufa como si de verdad pudiese ser cierto-Sería genial, si fuese posible-resopló mirándole-Supongo que tendré que quedarme con las ganas, me gusta lo salvaje, y dado que mi novio es todo lo contrario…pues qué hacerle-dijo sin mirarle mientras recorría el lugar y fingía buscar algo en un cajón, el rubio comenzaba a agotar la cuota que tenía de molestarle pero en su defensa le salía natural, tanto como respirar.

-¿Sólo eso?-enarcó una ceja mirándole, para ser alguien tan versado y con las ganas de replicar y enfrascarse en una conversación o discusión el castaño se limitaba mucho a hablarle, aunque en aquel preciso instante no se podía quejar si lo estaba besando, pero al liberarlo tenía la libertad de hacerlo. Tampoco se preocuparía excesivamente, después de todo tenían tiempo para acostumbrarse a la nueva etapa en la que se encontraba su relación, que va, debía primero aceptar que se encontraban en una relación siendo aquel el punto realmente importante de todo, sacarle provecho y acostumbrarse a que ya no estaba soltero sino que comenzaba a construir algo con Viktor, lo cual esperaba a futuro fuese una vida juntos. Igual tenía el fin de semana para molestarlo y aprovecharse de él, sin temer a que otros pudiesen sentirse incómodos por su actuar o siquiera por tener que dar explicaciones de sus actos, ahora estaban en completa soledad –ignorando la naturaleza- lo cual propiciaba que el rubio estuviese a sus anchas, con un abanico de posibilidades para actuar.  

Acunó su rostro en el espacio que existía entre su cuello y su hombro, allí, ladeando toda su estructura craneal orientó su boca hacia su garganta donde dejó una senda de besos lentos e intensos en su piel, dedicándose a ello con sumo cuidado y precisión puesto que sabía qué hacer además de no ser algo nuevo para él. Aceptó con gusto la invitación a proseguir por parte del castaño, llevando sus manos al pecho de este donde las dejó descansar hasta que extendió las palmas para recorrer sus pectorales al tiempo que sus labios no liberaban aquella porción de piel, menos aún al sentir la presión de sus manos, enterrando la nariz en su carne en contraste a la fuerza de sus labios e incluso dientes contra la misma.

Consciente de la improvisada pieza de baile en la que su novio lo sumergió se mantuvo firme y atento para no cometer una tontería, dejándose llevar con fluidez sin liberarle, todo un profesional en el arte de mantener el trabajo a cualquier costo. De reojo se encontró con el sofá de la estancia, consciente de la diferencia de estaturas que supondría aquello más adelante por lo cual también se permitió recostar una rodilla a fin de emparejar la situación, más aún cuando el castaño se separó sin darle mucha oportunidad a decir o hacer algo cuando lo tuvo de nuevo junto a él, recogiendo con sus labios los propios haciendo que automáticamente le devolviese el gesto con renovadas energías, y por sobre todo, ganas, de poder demostrarle lo que sentía más allá de palabras o miradas.

Bajo ninguna circunstancia se permitiría separarse de sus labios, la única posibilidad sería la fisiológica y hasta el momento estaba aguantando bastante bien, de hecho desde hace un tiempo trabajaba en su respiración lo cual ahora tendría sentido al tener un novio al que quería besar a cada instante. Claro está no era algo que tuviese en mente en aquel instante sino tan sólo amarlo como merecía y cómo él mismo quería hacerlo, dejarle claro lo que sentía y si tenía que ser dejar la huella en su cuerpo estaba más que dispuesto. Sus manos descansaban a sus costados de una manera lánguida hasta que las levantó para sujetar el rostro del escritor mientras le besaba lo que duró un par de segundos al verse involucrado en un cambio de movimientos, de un instante a otro su camisa comenzó a ascender hasta que él mismo completó la acción quedando con el torso descubierto. Aquello supuso que se separase de sus labios más en cosa de segundos nuevamente se pegó a la boca de su novio mientras cuidando la flexión de la rodilla de este y con su propia ayuda y consentimiento –en términos de una posición determinada- le empujó sobre el sofá recostándose sobre este, sosteniendo su cuerpo con la fuerza de sus codos mientras su boca no dejaba ir a la contraria, en una danza sumamente hipnótica y constante, un intercambio de caricias que en su punto álgido se convertían en mordidas.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Sáb Abr 16, 2016 3:01 pm
Al escucharlo, ladeó la cabeza y lo miró durante un momento, sonriendo ante el sonido de su risa, que no tardó en hacerle compañía cuando el Teniente reveló aquella variación del juego de póker. Ni siquiera sabía que semejante cosa existiera, por eso enarcó un poco las cejas y aplastó los labios, cayendo en el significado de las palabras sin necesidad de aclaración, antes de que la risa le llegara por lo bajo y fuese también muy evidente por el lenguaje de su cuerpo, cada vez que enfocaba una de esas intencionadas y encantadoras miradas sobre él, que Aiden no hacía más que coquetear. Podrían pasar toda la vida en ello, pero a Viktor no dejaría de gustarse verlo así. —Me encanta como piensas— confesó mirándolo, aunque no pudo evitar que sus mejillas se tiñeran de un suave rubor, casi imperceptible de no ser por la luz del día. Se lo había imaginado con detalles y señales, y como siempre que se ponía a darle forma al color, en ciertos casos ése a veces podría ser un pequeño problema y no precisamente un beneficio de todos los días. —De ahora en adelante, el juego original me parecerá aburrido— añadió pasándose una mano por el cabello, cual si fuese una declaración absoluta de que en cualquier mención donde la palabra póker saliera a la luz, él estaría pensando en su variación de menos prendas y más piel al exterior, con tan sólo un individuo en mitad de la sala.

***

Genial. Ahora soy como una plaga. Lo que siempre quise— ironizó, claramente burlándose. No consideraba que fuera malo contagiarse de su comportamiento, porque solía pensar que entre su puñado de defectos, también había cosas demasiado buenas. Era un buen sujeto, por ejemplo. Odioso en ocasiones, pero un buen sujeto al fin y al cabo, de esos que le ayudarían a una anciana a cruzar la calle aunque nunca se prestara la oportunidad; de los que permitían el paso en medio del carril o prestaban el lugar en el aparcamiento subterráneo del centro comercial; de la clase que prefería ganarse lo que representaba acorde a su trabajo sin esperar más. En general, hacía un trabajo decente tratando de sobrellevar una vida agradable para sí mismo y para los suyos, la gente que le importaba, por más que no lo demostrara seguido. En él había virtudes que ojalá alguien se copiara, pero Aiden tenía todo eso y aparte le salían sobrando muchas otras más. —No me dejes arruinarte— agregó después, en modo de falsa advertencia, pero en un momento ya lo tenía entre sus brazos y lo oprimía cariñosamente, como si no fuese una opción posible soltarlo y dejarle respirar con sus funciones al cien por ciento. —Eres un tonto— se rió tras oír su respuesta negándose a fingir. Luego se inclinó cerca de su cuello y le besó la barbilla, sin dejar de envolverle en el abrazo. —Pero aún así te amo— complementó, repitiendo aquellas palabras con una facilidad que todavía le resultaba de extrañarse. Antes le había parecido algo descomunal, decir eso representaba un compromiso grande que no había estado dispuesto a echarse sobre los hombros, que no quería cargar y afrontar con sus consecuencias, pero que ahora podía admitir con plena sinceridad, sintiéndolo sin rehuir de sus sentimientos ni del significado emocionado que representaba el poder de aquellas cinco letras tan sencillas, tan genuinas, tan presentes cuando se trataba de expresarlas frente a aquel hombre grandioso.

Se encogió de hombros, con la expresión que indicaba no saberlo, ni poder confirmarlo de la manera que él hacía. Lucy parecía una chica agradable y Viktor no dudaba de que lo fuera, pero en una parte profunda de su ser, la chica suscitaba una leve punzada de celos que no podía impedir. Era una reacción inmediata, como la de respirar, como la aspirar algún aroma mientras no estuviera tapándose la nariz. —Ya. De acuerdo. Ella es fantástica, creo que el punto está bastante claro ahora— declaró, recopilando la lista de cualidades que la volvían prácticamente una mujer perfecta; eficiente, inteligente, simpática, hermosa, con habilidades extraordinarias en el póker y un sinfín de razones más por las cuales todos deberían admirarle y tenerle aprecio, por su inexistente margen de error.  Pues bien por él, por ellos y por los demás policías que tuviesen oportunidad de responderle al teléfono de vez en cuando. —Ay, por favor, ¿que no?— entrecerró los ojos al volverse en su dirección, y es que estaba seguro de que Lucy tenía que ser increíble, claro, no habría por qué negarse a la posibilidad, pero también creía estarlo en cuanto a la necesidad de Aiden por pintársela de aquella forma tan precisa, acentuando su valor nada más para conseguir molestarlo. Si no era así, ¿por qué le había lanzado la pregunta sobre sus celos? Viktor ni siquiera presumía de ser celoso, en absoluto. Nunca hacía reclamos, porque se los guardaba... Y sin embargo, eso no probaba nada. No era culpa suya creer que su novio preferiría pasarse el fin de semana con Lucy, la cautivadora secretaria. Le acababan de sacudir una descripción destructora a su defensa, en la cual Viktor también elegiría a la rubia.

Observó la sonrisa en su rostro, pero el castaño permaneció con el gesto forzado de seriedad. ¿Por qué tendría el impulso de sonreír cada que Aiden lo hacía al mirarlo? Eso no era normal. Se giró a mirar hacia otra parte, poniendo los ojos en cualquier área de su entorno que le permitiera disimular si se ponía a hacer gestos de poco agrado, sin embargo, no hubo ninguno y regresó la vista hacia Aiden, cuando surgió un cambio en la conversación. No era uno directo, pero se entendía de qué estaba hablando. Viktor se quedó callado, simplemente mirándolo. —Está bien. Me disculpo yo— dijo, a pesar del gesto de la mano que hizo Aiden. Claro que no lo dejaría pasar, abandonando el hueco como si fuese una mancha negra en el expediente de su relación. —Lo siento— agregó, acercándose para abrazarle a medias por la espalda baja, con la cabeza levemente recargada sobre su hombro— No debería molestarme cómo te expresas de tus amigos o de tus compañeros o de quién sea, pero... Es imposible que deje de quejarme un poco. Ya me conoces. Me dieron un poco de celos al oírte hablar así Lucy— admitió finalmente, de lleno, pese a recalcar en lo mínimo del hecho— Y ya sé que yo debo esperar por un lugar como el suyo, ganármelo y todo eso, pero de todos modos... — se encogió de hombros, sin saber cómo continuar. Quizá no hiciera falta, estaba claro que su necesidad de presionarlo todo había actuado otra vez, arruinándolo cuando apenas comenzaban con su viaje.  

***

Ojalá que no— replicó divertido, sobre el tema de su memoria. Afortunadamente no la había perdido todavía y esperaba que le durase muchos años más, pero sólo podía recordar fragmentos de su niñez y el campamento era uno de esos fragmentos. Todos los años visitaban la cabaña, ya fuese con su madre y los abuelos, o también con su padre si le concedían el permiso por aquellas fechas. Había una escena muy nítida en su memoria, donde el abuelo estaba sentado a la mesa y entre los tres trataban de resolver un libro de acertijos de preparatoria, mientras la lluvia sacudía las ventas azotándolas con el aire del exterior. Cinco segundos claros, nada más. Ni siquiera podía saber si aquel año habían estado sus padres juntos o no, si la abuela estaba cocinando, durmiendo o mirando el televisor cuando ellos resolvían las preguntas del libro, aunque sí estaba convencido de que su hermano tenía la nariz congestionada y el abuelo lo había envuelto en una manta con el estampado de león, que tenía un penetrante olor al perfume de su madre. Nada de sentido.

Claro— asintió, sonriendo al tiempo de mirarlo y afirmar que lo haría— Eso es algo que sí recuerdo— bromeó a su vez, pues comprendía la curiosidad de Aiden por conocerlo mejor. Saber de su familia era algo que él también había cuestionado antes, cuando se mostró sorprendido al saber que sus dos hermanas eran gemelas, para que el Teniente le hablase más de ellas y también de su progenitora. Viktor lo había hecho a su modo, pasajeramente, sólo por mencionar sus nombres y su existencia, mientras las conversaciones que habían sostenido cuando le visitó en la comisaría, tuvieron lugar. Le había invitado poco serio, pero muy confiado en que lo harían, a visitar a su familia de la habitación con los retratos fantasmas si todo salía bien entre ellos. Debían avanzar, y para Viktor no quedaba duda de que lo estaban haciendo, poco a poco, aprovechando el tiempo que pasaban juntos de la manera adecuada.

Es natural— dijo al llevarse una mano a los mechones de su lisa y oscura cabellera, recalcándolo antes de fruncir los labios y arrugar un poco la nariz, claramente como una broma. —No, gracias— rechazó la idea, riéndose un momento, proponiendo la opción de encontrar al dichoso osezno dentro de la estufa en el siguiente. Claro que no era posible, a menos que ellos mismo lo metieran allí. Y para eso tendría que ser de peluche. Le devolvió el gesto con una sonrisa y se cruzó de brazos, supuestamente ofendido por su confirmada falta de salvajismo. Enarcó una ceja, con la boca entreabierta y a punto de decir algo, que al final no cedió la batalla a la lengua. —No puedo creer que dudes de mí en eso— expresó, aun cuando sus ojos saltaron del cajón que Aiden abría, para mirar por la ventana. El paisaje daba directo a la arbolada, altos los pinos y tupidos los abetos que se enfilaban uno tras otro, como siguiéndose para molestarse... Como pretendería gustoso Aiden, pensó Viktor, divertido de sólo relacionarlo. A su novio le fascinaba molestarle sanamente. Parecía su actividad favorita, tanto como respondía a su propia diversión intentarlo a la inversa.

¿Qué esperabas, mi amor?— sonrió, preguntándolo al apartarse un poco de sus labios, sin soltarle, acariciando los costados de su cuerpo con los dedos, ascendiendo por la curvatura de su espalda, desciendo, oscilando su boca hacia el lóbulo de la oreja izquierda de Aiden, mientras le besaba, desplazándose de un área hacia la suavidad de su boca, la humedad de esta y el calor que emanaba al unirse con sus labios, que acariciaban los suyos y se mezclaban con gusto y placer ante su sentir. Cuando Viktor le alzó la camiseta, se apoyó de la reacción del Teniente para sacársela de encima, colocándola sobre la mesita al extender un brazo y empujar la mochila por el extremo contrario del sofá, abriéndose espacio mientras con su manos acariciaba el cuerpo de su novio, deslizando suavemente su palma abierta por el pecho de Aiden, aferrándose a sostenerlo por la nuca y besarlo, con una pierna flexionada sobre la blandura del sofá, sosteniéndose de tal modo que su peso no recayera encima del de él.  Respondió a sus besos, sintiendo el suave mordisco del rubio sobre su labio, y pateó un poco más la mochila, con el cabello rozando la frente de Aiden, la barba de tres días cosquilleando en su piel cada vez que se inclinaba, tensionando su cuerpo sobre el ajeno, deslizando la lengua por entre sus labios, unidos con los de él, como una caricia previa al entreabrir de su boca. Lo besó, atento y a ritmo con su respuesta, hasta que, durante algunos segundos, se apartó y sus labios emitieron un chasquido al separarse. Viktor sacudió la chaqueta expulsándola de sus brazos y dejó que cayera directa al suelo por su espalda, luego volvió a unirse a la petición que le hacían los besos de Aiden, aquella de no apartarse en tanto hubiera tiempo, mientras aún les quedara aliento para seguir.
¿Deberíamos subir?— musitó contra su boca, con la respiración agitada por el momento, desprendiendo la pulsera del reloj para quitárselo y que dejara de estorbarle, aunque sin más, sin esperar una respuesta, había vuelto a presionar sus labios con los de Aiden impidiendo que salieran de inmediato las palabras.


Viktor Guilleaume Bertholon


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