I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
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▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
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El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
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Over the river | Aiden R. Sutcliff

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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Feb 19, 2016 3:20 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Al mediodía de aquel templado viernes de Febrero, Viktor comenzó a empacar los suministros de supervivencia que leía en el impreso sobre la mesa de granito en la cocina. La nota se identificaba con un sello guardabosques de la privatización Norte del Estado de California, estaba sobre una alta pila de libros que no debería encontrarse por ahí, y enlistaba una serie de productos que el castaño se encargó de ordenar cuidadosamente antes de ir por la mochila de campamento; un monstruo inmenso donde al parecer, cabía cualquier cosa que se te ocurriera llevar contigo y te concedía hacerle creer a todos que pertenecías al ejército.
Junto a Aiden, habían decidido tomarse un tiempo libre sólo para ellos, así que viajarían a los recónditos bosques junto al lago Trinity y se olvidarían del mundo entero durante todo el fin de semana. Para él sonaba increíble, sobre todo por Aiden y la oportunidad de dedicarse a él por completo, aunque no recordaba la última vez que se pasó más de veinticuatro horas alejado de la bulliciosa ciudad en la que vivía.
Cuando terminó de empacar, observó el interior de la mochila; comprobó las frazadas en el fondo, las linternas, los fósforos, el repelente para mosquitos, el papel higiénico, los adhesivos, el mapa, los teléfonos del equipo guardabosques  y un sinfín de necesidades que seguramente no habría considerado por su propia cuenta, aunque ni siquiera estaban en plan de ir como un grupo de excursión. Era algo nuevo, sin duda, pero al menos ninguno de los dos tendría que preocuparse más de lo que deberían. Viktor se había encargado de arreglarlo todo por teléfono y les esperaba una cabaña amueblada que no había sido alquilada desde hacía casi cinco meses, lo que era bueno, porque nadie es muy asiduo de la época nevada para vacacionar en las afueras y otros tantos, como por ejemplo él, prefieren habitar un sitio del que ya no forman parte los olores y la vitalidad de otras personas antes de su propia invasión.
Nos tomará sólo una hora de camino por la interestatal ochenta, quizá un poco menos— comentó unos minutos después, habiendo aparecido Aiden en la puerta de su apartamento, luego de saludarlo con un beso en los labios y negarse a apartarse más de cinco centímetros de él. No era la primera vez que le vería en años, pero le recibió como si lo fuera. Cada día se sentía más enganchado de él, quizá porque entre más tiempo pasaban juntos, más descubría Viktor las cualidades y las pequeñas imperfecciones que le habían impulsado a enamorarse de Aiden. Era un sentimiento innegable del cual ya había zarpado el barco junto con su control de esconderlo, pero no hacía más que crecer y mejorar, mejorar y crecer, a pasos agigantados.
Pasa. Es tu segunda casa si la quieres— mencionó con una sonrisa, tomándolo ligeramente de la mano al adelantarse al interior. No cerró la puerta. —¿Necesitas entrar al baño? ¿Quieres agua? ¿Algo más? Son cinco horas— dejó las preguntas al aire y se desplazó al sillón de la sala, donde se encontraba la mochila multiusos. Básicamente, la mayor parte de las cosas que Viktor tenía pertenecían a la misma categorización de sirve para todo.  Estaba acostumbrado a lo práctico, porque era un hombre de lógica y desesperado para actuar. —¿Otro beso, tal vez?— sumó la tercera cuestión con opciones antes de que le respondiera a lo anterior, en tanto abría el cierre de la mochila y extraía el mapa que los estaría guiando, mirando a Aiden de soslayo. Siempre lucía bien. Increíblemente atractivo.
El apartamento era un piso amplio, increíblemente pulcro, casi ordenado a diario y con una combinación de colores que eligió la contratista cuando él pidió algo casualmente formal, pero no demasiado llamativo y actualizado. Tampoco decía gran cosa sobre su personalidad, salvo por el gran número de películas en el estante superior del centro de entretenimiento, las revistas en la mesita de apoyo y la numerosa cantidad de libros esparciéndose por doquier. Viktor se sentía como un coleccionista orgulloso cuando de Jack Nicholson y objetos a escala se trataba, aunque en su repertorio también se apreciaba algo de ciencia ficción, documentales del  National Geographic, autobiografías escritas y en vídeos, novelas historiadoras, relatos sobre proyección astral, libros de filosofía y literatura y hasta un par de manuscritos que le habían enviado para armar una opinión al respecto. El más grueso pertenecía a una tal Monique Evans, de Arkansas.
Mira. Aquí— le tendió el mapa para que le echara un vistazo y se posicionó a su lado, con las manos en la cintura. No era más que una ruta marcada en rojo. 24 millas y media hasta llegar a Trinity Center desde San Francisco, esa sería su parada final para ingresar al sendero— Nos ahorrará como cuatro horas, creo... Como sea, no tienes idea de lo mucho que te extrañaba.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Abr 17, 2016 1:32 pm
Sonrió complacido por la confirmación del castaño, después de todo estaba haciendo una invitación directa a aquel particular juego-Lo sé, yo también me sorprendo a veces de mis particulares ideas-dijo riendo un poco pero sin perder la máscara de coquetería que tenía en aquel instante. Menos aun cuando se dio cuenta del rubor en sus mejillas, si bien no era intenso como sucedería con su propio rostro podía notarlo ya que conocía al castaño y cada ínfimo detalla no podía pasar inadvertido para alguien que se deleitaba con observar sus facciones y suspirar por ellas-No tenemos que jugarlo nunca, si quieres-deslizó las manos por sus costados suavemente con una clara intención, más bien, tentación.

▼▼▼

-Pues que plaga más sensual has de ser, porque yo dejo infectar sin pensarlo-dijo encogiéndose de hombros y con una amplia sonrisa, bromeaba pero dentro de ello también se encontraba un halago y un intento de agradarle. Bufó por sus palabras, nadie podría arruinarle más que él mismo y lo hacía bastante bien así que no necesitaba ayuda externa-Si es un riesgo para tenerte lo asumo-rió mientras se apegaba más a él y disfrutaba de aquel tan cariñoso abrazo, alimentándose del calor corporal de este y del aroma que su perfume emanaba, era increíble lo mucho que podía estimularle el estar de aquella forma con el escritor, disfrutaba del contacto de sus cuerpos y de un gesto que podría ser común en todos pero que para el rubio era extraordinario, alzado por el hecho de lo que sentía por este lo cual hacía todo más intenso, amplificado.

-Tú me tienes tonto-respondió aunque sabía que no era necesario sin embargo le pareció un buen complemento a la situación. Disfrutó del beso en el barbilla puesto que era un gesto agradable sin embargo no podía evitar pensar que lo habría preferido en la boca, claro está eso no le restaba importancia al gesto ya que no dejaba de ser algo sumamente estimulante, y además común, ya que las parejas solían aventurar besos de aquella índole que tan sólo cumplían con demostrar cariño y hasta ternura. Le miró con intensidad tras la confirmación de amarle, él también lo hacía y le encantaba escucharlo de su parte, hace tanto tiempo que ansiaba con aquel momento que cuando llegó sintió cómo su interior parecía desbordarse, a pesar del tiempo que ha pasado ya escuchándolo sigue teniendo pequeños ecos de aquel instante y es que no puede evitar sentirse de la misma manera, le es imposible fingir un cosquilleo como si fuese la primera vez.

Curioso era cómo la conversación oscilaba de un lado a otro como si se tratara de un barco en el Océano a merced de una furiosa tormenta, sin tener un sentido claro y dependiendo de ella sometiéndose a su voluntad. Así mismo sentía que estaban en aquel momento, hablando de un tema y luego saltándose a otro totalmente distinto en fracción de segundos claro está ya era algo común entre ellos más eso no quería decir que fuese del todo normal, y aceptable, claro está sin embargo sin tener medios para frenarlo terminaba por rendirse y dejarse influenciar. Lucy era su nuevo tema de interés, no podía creer que de tan sólo mencionarlo ahora fuese el eje de todo el asunto, dándole más participación entre sus vidas de la que posiblemente tenía.

Aiden siempre la tendría en gran consideración dada la importancia que tenía para él pero eso no quería decir que tuviese que extenderse hacia el escritor, él no la conocía más allá de simple vista y por ello es que tampoco debía de importarle, era lo normal, ¿No?. Le molestó la forma en que se expresó, lo cual sin decir palabras lo demostró ya que sintió su frente arrugarse, no le gustaba que nadie hablase mal de la gente que quería y aunque fuese su novio no le dejaría pasar aquello-No hay necesidad de que lo digas así-refutó pero no esperaba contestación, simplemente un complemento a sus palabras. Simplemente rodó los ojos y le dejó estar, consciente de que de involucrarse podría derivar en una discusión que no tenía por qué darse, si es que presumían de ser seres inteligentes.

Siempre defendería a la rubia, ponía las manos al fuego por ella y si tenía que poner a alguien su lugar por ella no lo dudaría ya que estaría devolviéndole la mano de una forma ínfima considerando el gran apoyo que ella había sido cuando Aiden había caído en una especie de depresión tras el abandono del castaño. La única persona dispuesta a aguantar su mal humor y no dejarse llevar por él sino que ver realmente lo que estaba sucediendo, posiblemente, ella haya sido la que le ayudó a salir de aquel estado de desgracia en el que había caído, claro está, el tiempo también fue un factor determinante. Si iban a discutir por ello prefería no tomar su parte en aquel encuentro ya que era un tema un tanto sensible y de involucrarse podrí decir o hacer algo de lo que se arrepentiría más tarde y no necesitaba algo como tal en su estado-No es necesario-profirió con seriedad, sin saber qué decir realmente por lo cual aquellas palabras resultaron ser las más fáciles. Sintió el calor ajeno rodearle recibiéndole sin problema alguno, podían discutir pero eso no sería suficiente para rechazarlo, el amor era complicado y volvía tontas a las personas, él lo sabía muy bien-Me has dejado bastante claro, en más de una oportunidad que tú no tienes celos, que no es algo tuyo-le clavó la mirada para lo cual se movió un poco para enfrentarle-A mí me parecía algo sumamente increíble pero también tengo claro que no eres un sujeto común, quién sabe, a veces eres muy indiferente y pensé que sí podrías prescindir de los celos-agregó mirándole, su rostro era serio pero no del tipo que demostraba enojo sino uno que decía que estaba hablando con la verdad, su verdad, al menos-Mejor dejemos esto hasta aquí, por la paz-le miró y le apretó con más fuerza, consciente de su cercanía, tanto que podría seguir presionando hasta atraerlo completamente a su cuerpo, y lo hizo, motivado por la necesidad de su amor, de lo único que este suscitaba en su interior.

▼▼▼

-Sería preocupante que no-convino sonriéndole, agradado por el hecho de recibir una confirmación. Tenían el acuerdo de que procederían con calma en su relación, tejiendo las conexiones de la misma con suma dedicación y de una manera adecuada para entablar un sistema sumamente resistente, y para ello se necesitaba tiempo y paciencia. Era fácil decirlo, aceptarlo también, pero llevarlo a acciones es donde todo peligraba más sabía que se tendrían para apoyarse y dar los pasos necesarios juntos, sin presiones y en completo acuerdo.

Entrecerró los ojos a modo de evidenciar la duda acerca del color de su cabello, tenía algunas tonalidades que variaban a la luz pero realmente no era algo de importancia-Tan sólo decía-se encogió de hombros divertido por su rechazo. –Estoy equivocado, ¿Eh?-preguntó volteándose con una ceja levantada, no lo creía así pero sería divertido conocer la respuesta de su novio en aquel instante, si él afirmaba lo contrario no habría nada más entretenido que conocer las razones que aventuraría, tal como si fuese un caso de la corte.

-No lo sé, más, ¿Interés?-dijo riendo un poco, no sabía cómo verbalizarlo porque si decía que quería que hablase más no era algo específico y bien sabía que Viktor podría volcar un mar de palabras encima tan sólo por sugerirlo. Un beso un tanto inocente mutó hacia uno más intenso, hambriento por sobre todo por cómo unían sus bocas. Sus manos iban de un lado a otro mientras se presionaba a este y no le dejaba ir, aspirando su aliento, degustando el sabor de su boca y tensando su cuerpo para acoplarse al momento que estaban compartiendo ambos. Se deshizo de su camiseta para dejar su torso desnudo mientras volvía a unirse a su novio en aquella tormenta de besos y caricias que se unían, sentía sus manos un tanto frías recorrer su pecho pero no le importó ya que estaba seguro que con su propia temperatura debía de neutralizarse ambas. Le besaba con intensidad alternando mordiscos y con las propias manos subiendo y bajando por su costado haciendo un camino lento por su cuerpo. Permitió o más bien no tuvo opción que separarse para que el otro se quitase la chaqueta sin embargo cuando cumplió con ello volvió a unirse a su boca mientras sus manos se posaban sobre el vientre de este y deslizaba los dedos por dentro tocando la piel y aferrándose a ella. Su pregunta hizo que se detuviese y le mirase, consciente del momento que estaban compartiendo y más de lo que estaban haciendo, o a punto de hacer. Ni siquiera llegó a considerarlo cuando nuevamente sentía la boca de este encima buscando sus labios los cuales con emoción besó, durante algunos segundos hasta que se detuvo con dificultad, respirando entrecortado contra sus labios-Espera-agregó entrecortado en la voz- ¿Estás seguro que quieres ahora?-le miró, era una pregunta válida pero no podía quitarse la sensación de sentirse estúpido por ello, por su parte no tendría problemas pero considerando que ni siquiera se habían ambientado a la cabaña, tampoco desempacaron ni se preocuparon de convertirlo en un lugar habitable y no en la ilusión de ello. Mal momento para pensar Aiden, se dijo a sí mismo, puesto que una vez que comenzaron a besarse de aquella forma todo su cuerpo le pedía continuar, rogándole unirse a su novio de la única forma en que sus cuerpos podían hacerlo-Sólo pregunto-comentó acariciando sus costados.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Abr 19, 2016 12:50 pm
No, no— respondió casi de inmediato y meneó un poco la cabeza, pero con la entonación de quien pretende decir lo contrario— Sería divertido. Hagámoslo alguna vez— complementó la propuesta como algo cien por ciento real, también de su parte, esbozando una amplia sonrisa antes de pasarse la mano por la nariz, como si aquel gesto pudiese impedir que la coloración de su rostro ascendiera más o pudiese quedar en evidencia. Estaba claro que había visto a Aiden más de una vez con poca ropa y sin nada de ella; pero no era lo mismo que la situación se tornase como un juego, algo meramente excitante para visualizarlo en toda su etapa, con el proceso a detalle y sin apartar sus ojos de la anatomía del rubio durante un lapso lento y considerable para engañarse diciendo que no le gustaría. Claro que le gustaría. Aunque nunca antes lo hubieran hecho, bien sabía que podía afirmarlo sin riesgo a arrepentirse o modificar su opinión.

***

Viktor sonrió, agachó ligeramente la cabeza y dejó escaparse de sus labios una risa particularmente azorada, cuando le escuchó referirse de aquella forma. Sólo Aiden podría ser capaz de transformar su comentario en algo así de bueno, agradable e incluso bromista. De verdad que no se lo merecía, pensó el castaño, mirándolo todavía con la sonrisa plasmada en su rostro y una sensación de adoración absoluta acumulándose en el centro de su cuerpo. No sabía de dónde llegaba, ni cómo aparecía, pero era tan complicado de explicarse, que ni siquiera se molestó en hacerlo. Aiden se había convertido en su pilar y eso era todo, sin más, nada de argumentos difíciles para algo tan sencillo como saber que estaba perdidamente enamorado de él. Así que le abrazó, estrechándolo en sus brazos para disfrutar de su presencia, de su calor y de la increíble fortuna que sentía por haber conocido a una persona como el Teniente, tan extraordinaria y sensible ante sus ojos.

Sí, se suponía que no lo era— musitó en replica, aunque lo hizo más para sí mismo. Ahí tenía la prueba de que a veces, no tenía la razón ni siquiera tratándose de confirmar algo sobre su propia personalidad. Que no era celoso, que no se molestaba fácil, que no se apegaba a las personas más de lo estrictamente necesario. Eran puras palabrerías. Nada de eso era constante, sino que variaba en sus formas. Todo dependía de la situación y también de las personas, pero en el caso que trataban había sido un absurdo y tenía que admitir, que la culpa había sido suya.  Se había hecho una interpretación bastante ajena de la realidad, simplemente por el miedo que sentía de volver a perderlo. ¿Alguna vez podría no arruinar las cosas? Cerró la boca limitándose a mirarlo, pues la disculpa le valió la sinceridad sobre su error y no tenía la menor idea de qué añadir a eso. No era bueno disculpándose, porque nunca se metía demasiado en hacerlo de una manera que respetara la sinceridad de la regla, como lo hacía en ése momento. Ya era mucho agradecer que Aiden no se apartara de su lado cuando le abrazó, por ello asintió con un gesto y se rehusó a discutir sobre lo que no debería tener importancia en sus vidas. De su actitud debería cambiar la perspectiva que Aiden tenía sobre él, así que no le obligaría a realizar modificaciones antes de tiempo, sólo para sentirse mejor consigo mismo y comenzar a creérselo sin motivo ni razón. Estaba intentándolo, esforzándose a empezar de una mejor manera que antes, pero tampoco ocurriría como por arte de magia. Le apretó contra su cuerpo y ahuecó el rostro levemente en su hombro, dejando un beso en su cuello y otro en su mejilla al moverse un poco, para convenir en el acuerdo de olvidarse del asunto y dejarlo por la paz.

***

¿Me seguirías queriendo así?— le cuestionó, levantando el rostro con una sonrisa, tras oírle asegurar algo que de ser verdad, podría no solamente ser preocupante, sino también extenuante y complicado de sobrellevar para cualquiera. No era que Viktor estuviera a tiempo de distancia con los días o los años contados en exactitud para quedarse con el radio de la memoria fallando cada cinco minutos, ni cerca ni lejos se hallaba de eso, pero le dio por preguntarlo de todos modos, como algo pasajero y sin gran interés. La mención le había recordado a un viejo amigo, un escritor con el que solía reunirse en el Central Park antes de que el mismo estallara las ventanas y se colocara por encima de Willa Lee y James Cameron, junto a otros compañeros del grupo literario al que asistía durante la temporada que pasó en Nueva York. Jantiel era un italiano muy talentoso, pero su brutal sarcasmo no siempre agradaba a muchos. A Viktor sí. Por ello llegó a conocerlo lo suficiente para saber que era un tacaño, que tenía alergia a los conejos de su esposa y que su abuelo sufría de Alzheimer, aquella enfermedad degenerativa de las células nerviosas del cerebro. Cuando le acompañaba al hospital donde lo tenían ingresado, Viktor se presentaba de diez a veinte veces en los primeros minutos, porque al anciano se le olvidaba al instante y no dejaba de preguntarlo. Le escuchaban pedir agua diciéndose sediento, justo después de beberse un vaso grande. Y exclamaba que necesitaba ir al cuarto de baño, a dos minutos de habérsele cargado en hombros hasta el orinal, porque nunca, jamás, aceptaría que una enfermera le pusiera y le retirara el pañal cada vez que lo llenara. No, señor, decía, pues todavía le quedaban piernas.

Viktor pareció dudar en su respuesta, se volvió apartando su mirada de la ventanilla y se quedó pensativo por un momento, con los labios aplastados y los ojos puestos en Aiden, hasta que se encogió de hombros y en su boca surgió una sonrisa de lado. —Tal vez— respondió, aunque nada de eso estaba en duda. Viktor creía poseer de salvaje, lo que el desierto de agua, por eso no se lanzó a la inmediata defensa. — Ya lo descubrirás tú mismo— agregó con gesto divertido, casi retándole a descubrirlo en lugar de esperar por una respuesta de su parte. Él le había dicho que las palabras no siempre eran la solución, así que estaba siguiendo su ejemplo, el de: ven, haz el intento y a ver qué pasa.

¿Interés?— repitió risueño, enarcando las cejas antes de inclinarse y volver a besarle, suave y pausadamente. Estaba interesado. Nunca se había sentido más interesado, ni motivado por una persona y una situación en específico, desde la última vez que creyó sentirlo, con algunas copas extra encima y el ligero mareo del alcohol. Estaba sobrio, perfectamente cuerdo y consciente de que, iniciando con un viaje, a solas, con el tiempo libre para los dos, para disfrutarse, era el paso de superar la primera etapa y conocerse mucho más de lo que habrían hecho anteriormente. Después vendría otro escalón hacia arriba, ascendiendo y solidificando el suelo en el que estaban parados, donde los cimientos de su relación se apoyaban y se fortalecían conforme ellos dos lo motivaban a suceder. Mientras le besaba, con una mano enredándose entre su cabello, detrás de su nuca, aferrándose al beso que unía sus labios con los ajenos y le concedía probar del sabor y la textura que guardaban, Viktor oscilaba suave caricias por la piel desnuda del Teniente, deslizando la palma de su mano diestra por el pecho de Aiden, para luego descender a su vientre y moverse por su costado. En cuanto sus dedos rozaron la tensión de su brazo izquierdo, Viktor le escuchó, besando su barbilla al permitirle responder, y se detuvo en el acto.

Apoyó su peso por un lado del cuerpo de Aiden, recargando la mano para sostenerse al apartarse y elevar su rostro del contrario, aunque todavía podía sentir su respiración azotándole sutilmente. El reloj de pulsera continuaba en su sitio, marcando la hora con su tic tac insonoro. Le miró, considerándolo, a pesar de la insistencia de su cuerpo pidiéndole que lo hiciera, que de cualquier forma, no tenían de qué preocuparse en mitad del bosque, porque allí no había nada más. Nadie, por fin, lo tenían todo para ellos dos y ni tan sólo necesitaban cerrar la puerta. Pero no. No era del todo así. Viktor se humedeció los labios, arrugó un poco la nariz y después asintió con la cabeza. ¿Quién le había dicho que la planta superior se hallaba habitable? Estaba claro que sí, en la medida justa, pero no en la definitiva. Habían pasado algunas semanas desde el último alquiler. —No, es cierto— dijo, pero en realidad, también le habría gustado decir que sí, que se olvidaran de la cabaña y le prestaran atención en más o menos una hora— Tienes razón. Deja que te bese por responsable— le tronó un beso en el centro de la boca y se movió por un lado, con una pierna sobre la de Aiden por el estrecho espacio del sofá, mientras le rodeaba el cuello con un brazo, acariciando su hombro en la caída de sus dedos. —Tenemos que terminar primero con esto. Desempacar, ordenar, comprobar que todo marche bien antes de que oscurezca y... — sonrió en mitad de la frase, ladeando el rostro para mirarlo— Ahora ya sabemos lo que pasa cuando me besas así— bromeó. Luego se movió hacia él y le dio un beso en los labios. Su respiración había comenzando a tranquilizarse, serena, habitual.

Ponte la camiseta, mi amor, es una tentación inevitable— comentó enseguida, divertido, en tanto le sacaba el brazo y lo pasaba por encima de su cabeza, para poder levantarse y permitirle hacerlo a él también. Cuando estuvo en pie, él mismo le tendió la camiseta. —Hay que subir a dejar eso— señaló la mochila de campamento, sacudiéndole las marcas de la suela de su zapato, pues al patearla y hacerse espacio en el sofá, le había dejado huella... literalmente. —No hay mensajes ocultos, lo juro— añadió volviéndose a Aiden y se agachó a recoger su chaqueta, ya que la propuesta respecto a subir al dormitorio en la segunda planta, la había hecho antes, aunque de una manera muy distinta de como lo hacía entonces.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Abr 22, 2016 12:00 pm
-Ni porque cabe la posibilidad de que quede desnudo parece entusiasmarte, si fuese al revés…-le miró enarcando una ceja de una forma reprochadora, por su parte si el ofrecimiento viniese de parte del castaño ya estaría preguntando cuándo lo harían, dónde y si podía ser dentro de la semana lo más próximo posible sin importarle si antes preguntó por una fecha estimativa, mientras antes mejor, y cuándo lo repetirían, ¿dos, tres, cinco días a la semana?.

▼▼▼

Un abrazo parecía algo normal entre dos personas que se querían sin embargo para el rubio tenía mayor importancia, no sólo como una forma más de mostrar afecto sino que se convertía en la cuota necesaria y diaria para obtener atención y conforte donde antes no la encontraba. Si, tenía a Lucy y a su familia para sentirse apoyado o querido pero no se podía comparar a lo que Viktor le entregaba, quizás este no tenía idea de lo que significaba para él sin embargo eso no le restaba importancia, seguía siendo una especie de necesidad que amenazaba con devorarle de no saciarla. Le abrazó con fuerza, como si fuese la última vez que pudiese tenerle entre sus brazos, lo sentía así pero juraba por lo que fuese necesario que no permitiría que sucediese, sólo, una sensación y no la realidad.

▼▼▼

-Si la vida se tratase de suposiciones-rodó los ojos ante su comentario, no compartía el modo en que este se expresaba o veía las cosas a veces más eso no quería decir que uno de los dos tuviese la razón y el otro estuviese equivocado, simplemente, existía la diversidad y era deber de todos aceptarla. Claro está, existían ciertos asuntos que requerían comunión cuando se trataba de una pareja, como los celos, existentes aunque se quisiera afirmar lo contrario, y ¿cómo no podrían haber celos?. Una relación amorosa suponía algo como tal, después de todo se daba entre dos personas y no entre más por la cual la incidencia de otro sería innecesaria y mal vista desencadenando aquel sentimiento tan reprochable pero a la vez inevitable. Se dejó querer y acariciar por su novio durante aquel lapso, no se adentraría en el tema más de lo necesario, al menos ya se había pronunciado por ello más era innecesario seguir dándole vueltas, a menos que quisiera comenzar una discusión que sólo traería ruina a sus vidas, nada más.

▼▼▼

-Por supuesto, te querría de cualquier forma, mi amor por ti no es algo que fluctué en un aspecto detractor, sino al contrario, sólo puede crecer y crecer-agregó levantando una mano para peinar el cabello de este suavemente, mirándolo con intensidad.

Enarcó una ceja divertido por sus palabras, sin duda estaba gozando aquella conversación dado que le encantaba cuando el escritor intentaba no ceder y por el contrario hacerle ver que no se equivocaba, que tenía la razón, cosa que sucedía, la mayor parte de las veces. -¿Eso es una invitación?-fingió sorpresa, el tono sugería que sí, pero su parte era hacerlo parecer como una duda y  no la afirmación de algo, así, si tenía suerte, terminaría por desacreditarlo y hacerle ver que tan sólo está delirando y no intentando imponerse.

No se refería a aquel tipo de interés, pero, ¿Quién era él para negarse?, sobre todo cuando podía obtener muchos beneficios y realmente no importaba, no cuando estaba perdiéndose entre las caricias que recibía. Sus manos oscilaron desde su espalda hasta sus caderas donde tanteó la zona suavemente mientras intentaba corresponderlas con la sensación que en aquel instante le invadía, disfrutando del sabor de la boca ajena y de la humedad propia de la cavidad que se volvía suya en aquel instante. Las yemas de los dedos del castaño sobre su torso desnudo se sentían demasiado bien, agradable y ciertamente estimulante para la situación en sí, así como mismo esperaba sus manos también pudiesen demostrar lo mismo al acariciar su cintura, dedos rápidos e intranquilos que no dudaban con imponerse y darle a entender que la distancia mínima entre ellos era imperdonable.

Sabía que era de su entera responsabilidad el estar coartando aquel momento, si tenía que asumir la culpa de ello no era necesario siquiera considerarlo, era así y nada más. Jamás se quejaría de tenerlo entre sus brazos y permitirse el amarlo como correspondía, como su cuerpo así lo exigía, sin embargo, no pudo evitar tener en cuenta la situación en sí, y es que, a pesar de encontrarse solos con la Naturaleza y no deberle una explicación a nadie por un asunto de moral pensó que estaban avanzando demasiado rápido ya que ni siquiera se habituaron al nuevo espacio que los rodeaba, más bien, en el que se encontraban. No había prisa, tenían un tiempo para ellos que si bien no era excesivo o prolongado podía ser suficiente para cumplir con lo que esperaban de aquel momento, tan sólo en aquella situación.

Su cercanía era peligrosa, a pesar de haber pronunciado aquellas palabras aún sentía la necesidad de abalanzarse encima y olvidar todo, permitiéndose actuar antes de pensar, como debería haber hecho antes de volver a ser el de siempre, el precavido, y más bien, liberar al Aiden que mantenía oculto por el bien de los demás, aquel un tanto salvaje e irresponsable, símil a un animal enjaulado que ansía la libertad. Sintió su aliento cálido contra el rostro lo que impulsaba que su corazón se acelerase ante la idea de proseguir, sus ojos no dejaban ir al contrario dada sus expresiones y que a los minutos de silencio se sumó la preocupación de haber arruinado el momento y el viaje por completo, una preocupación sin fundamentos pero que en aquel instante parecía tan real y posible, casi como una consecuencia. Recibió el beso dada la espontaneidad del acto porque no estaría seguro de hacerlo consciente, no al sentir que sus palabras inoportunas habían apagado una llama que quizás no volvería a encenderse-No es algo por lo que me gustaría recibir un beso, en realidad-le miró de soslayo, podría haber sido más bien un beso indiferente, carente de emoción y más bien dado por como decía el castaño “por responsabilidad”. Le observó en todo momento al separarse de su lado, su mano alcanzó a la de este para entrelazar sus dedos y así evitar dejarle ir, al menos, no del todo-No es primera vez que te beso así, y no había pasado nada-alzó una ceja, quizás si había pasado pero dado que lo hacía en público la situación era distinta, por el bien de la decencia. Esta vez el beso lo sintió más gustoso, tenía un sabor distinto y provocaba en él algo más, como debería ser, razón por la cual sonrió y se permitió dejar otro de vuelta, insuficiente de aquello.

Asintió divertido por sus palabras, el escritor no lo sabía pero el rubio se sentía bastante cómodo sin aquella prenda y si pasara más tiempo con él o mejor aún viviesen bajo el mismo techo se daría cuenta de que la desnudez era un hábito en un hombre soltero, dada la comodidad de prendas ligeras –una camiseta a veces o sólo bóxer como siempre- en contraste a la prisión dada por el uniforme que a diario portaba. Se levantó y le miró sonriendo levemente, para luego fijar la vista en lo que se refería a la mochila-Yo lo hago, luego iré a cortar un poco de leña-agregó frente a este una vez que ambos estuvieron de pie-Así que te dejo la camiseta para que me la cuides, no la necesitaré por el momento-agregó alzando la mano para sujetar una de las correas de la gran mochila y deslizándola por encima de su hombro levantándola y moviendo un pie en dirección a la escalera para ascender-¿Necesitas que haga algo?-preguntó antes de voltearse y darle la espalda, perdiéndose en sus ojos color miel, claramente le ayudaría en todo lo que pudiese pero consideraba que conseguir madera era necesario considerando que gozaban de luz natural, además de evitar que se volviese un problema y así también darse más espacio para disfrutar de ellos sin preocupaciones, aquellas que podían atormentar al policía sin poder evitarlo, una mente que no descansaba.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Abr 25, 2016 1:38 pm
¿Lo harías sin dudarlo?— preguntó con media sonrisa, aunque más bien fue un complemento a sus palabras. —No creas que yo no— agregó ante la expresión de su rostro, mirándole ligeramente divertido— Es sólo que preferiría la distracción de que llegara mi turno— y es que no tendría sentido perderse en mitad de cada prenda que Aiden fuese apartando de su cuerpo ni siquiera por una milésima de segundo, porque eso sí, le ganaría en caso de hacerlo, lo haría, pues con un final feliz en toda regla, inclusive se enseñaría a jugar al póker como un verdadero experto de la materia. Lo había dicho y lo sostenía: sería divertido desnudarlo con el simple y falso objetivo único de llevarse el triunfo.


***

Cuando el rubio alargó su mano y le acarició el cabello, Viktor esbozó una sonrisa tras la conclusión de sus palabras. ¿Cómo sería posible no amarlo con la fuerza y la intensidad en que lo hacía? A él le gustaban las comparativas, pero en su caso, sólo podría encontrar una manera más o menos cercana de considerar que su relación se acercaba a ello, que Aiden procuraba un parecido con algo más en la existencia, algo valioso e importancia, sublime y primordial para cualquiera que tuviese la suerte de conocerlo. Para Viktor, aquella imagen le arrojaba la igualdad de un corazón vivo, bombeando sangre y reanimando el resto del organismo a través del sistema circulatorio. Aiden conseguía la misma reacción en su cuerpo, pero como una metáfora. Le alegraba el día con tan sólo verlo, le envolvía de ternura, de amor y de seguridad con sus palabras, sus gestos y la increíble dulzura, tenue pero genuina, que hoy en día no se encuentra a diario. De haber estado pensando en el abuelo enfermo de un viejo amigo, en lo terrible y doloroso de la enfermedad, osciló rumbo a una emoción completamente diferente. —Eres único— le dijo, mirándolo a los ojos— Lo eres, de verdad. No sé qué sería de mí sin ti.

¿Por qué querrías una invitación?— se rió, dedicándole enseguida su atención con los labios juntos, apretados para no volver a reírse. Ya, de acuerdo, lo tenía. Si aquel había sido su objetivo, lo estaba haciendo muy bien. La respuesta a su pregunta siempre había sido no, un rotundo no, porque esa era la total y absoluta verdad. Viktor era... entre el lobo y el cordero, el segundo todavía envuelto en la placenta. Admitir lo contrario, sería igual que mentir, que abstenerse a la sinceridad solamente para lograr seguirle el paso en la batalla. No lo haría. Oh, no, si además de cordero, su carácter poseía molde de terquedad y perseverancia en niveles inimaginables. —Ya sabes lo que dicen, «Si quieres hacer algo, hazlo porque es tu deseo, no mi asignación»— apuntó alzando las cejas fugazmente. Sólo bromeaba. Y era evidente. —Creo que estoy citando una serie, ya no sé. Pero, en serio, mi amor, no nos decepcionemos con la realidad. Mi realidad. Los dos sabemos cuál es. Dame un gusto y no me hagas admitirlo— agregó con gracia, negando con la cabeza.

***

Pues a mí me encantaría recibirlos hasta por el hecho de respirar si vienen de ti. Sólo digo. No tienes que hacerlo, pero... —Pero tampoco estaría mal que lo hicieras, buscó decir con la forma de mirarlo. Él no se cansaría, pero estaba claro que Aiden tenía razón. Había sido prudente y quizá, hasta les había evitado la necesidad de perderse por la propiedad buscando los interruptores de luz para cuando cayera la noche. Viktor se había dejado llevar por el impulso que raras veces se atrevía a seguir, creyendo que, como en otras ocasiones, los minutos pasaban a la velocidad de la luz y no les alcanzaría la libertad de estar juntos, como si no tuviesen ahora todo un futuro para acompañarse y repetir la experiencia cada tanto. Por supuesto que lo tenía. Y eso se hubo repetido al buscar los labios de Aiden y unirlos suavemente a los suyos.

Se agachó a recoger la chaqueta y la dejó esquinada sobre el sofá, justo en el momento en que asentía con la cabeza al mirar en dirección a su novio, con la camiseta entre las manos.  —Está bien, yo voy a... hacer algo también— sonrió, echando un pasajero vistazo junto a la puerta de entrada, allí donde se hallaba la pila de troncos que aún esperaban para ser cortados. Eran pocos, pero mucho mejor que nada. Viktor pensó que, contando los que yacían afuera de la cabaña y a menos que buscasen provocar un incendio y los usaran todos, cuando terminara el fin de semana, quedarían unos cuantos por ahí. O no. No podía estar seguro. Hacía mucho tiempo que las cabañas no eran su fuerte, mientras que la cantidad de madera necesaria o el clima venidero, jamás lo había sido. Le miró, sin poder frenarse a pasear su ojos por el abdomen de su novio hasta acabar en sus ojos. —Uh... Sí, digo, no sé. ¿Cuánto crees que dure eso?— preguntó, con la mano abierta apuntando hacia la acumulación de troncos. En realidad, todo dependía del frío que estuviera haciendo por la noche. Y no lo sabrían hasta el siguiente día. En las zonas boscosas, el golpe del viento se sentía doblemente helado cuando comenzara a atardecer. Estar el norte de California, no era como meterse a una callejuela de Nueva York en pleno invierno, pero aún así, tampoco estarían disfrutando del sol como Venice Beach al avanzar las horas. Y aún era febrero. La nota en la mesita al centro de la sala, les informaba de que nadie esperaba una nevada, pero aún así, Viktor recordó que una vez se habían pasado dos días enteros encerrados en casa gracias a la incesante e inesperada lluvia, a pesar de que alguien en la televisión informativa había dicho que sería un día despejado y soleado. —¿Crees que deberíamos traer más?— añadió dudoso, pero su entonación fue prácticamente una opinión formada en espera de escucharlo a él. Prevenirse siempre sería mejor, fuese por lo que fuera. Y aunque Viktor no conocía nada de eso, lo que tenían por el momento, los ayudaría para una noche como mucho.

En cuanto el Teniente desapareció subiendo por la escalera, Viktor se encaminó hacia la cocina colgándose la camiseta de Aiden y su chaqueta en el hombro izquierdo, abrió el grifo del fregadero para comprobar el agua, la probó ahuecando la mano en el chorro y después lo cerró, satisfecho en que era pura y no tendrían que recorrer sabría cuántos kilómetros para abastecerse en el pueblo más cercano. Miró dentro de un par de cajones, revisó su contenido sin prestarles mayor interés y decidió que al terminar, subiría a la segunda planta. Los chicos del bosque se habían tomado la molestia de sacudir el polvo, cambiar las sábanas y guardar un puñado de mantas calientes en el armario de la habitación principal, que tenía un ventanal enorme y seguramente iluminaría hasta de noche con el reflejo y el resplandor de la luna, mientras no corrieran las cortinas. También habían agregado la vajilla y cubiertos limpios, ordenándolos para su uso. En el frigorífico había agua embotellada por montón, una agrupación de sodas en el segundo nivel, zumos de tres diferentes sabores en el tercero y cuatro cubetas de hielo en el congelador, vacías, pero funcionales para un demente en esos tiempos. En la alacena, también habían cometido la delicadeza de proporcionar alimentos enlatados, aceite, sopas, harina, cereales, bolsas de grano, azúcar, sal, especias con nombres que el escritor nunca escuchó mentar  anteriormente y que hablaban mucho de su poco conocimiento en la cocina, jarabes, aderezos, salsas, alguna cosa extraña a la que no le encontró función, bicarbonato... Se parecía mucho a lo habitual en su propio apartamento, con lo que suponía esencial y unos cuantos extras, aunque al final significarán un gran saco de nada si no tenía la menor idea de cómo utilizarlos.

Aquí hay comida enlatada como para alimentar a un ejercito— informó elevando el tono de la voz para que pudiese escucharlo, aunque exagerando un poco con lo que decía; su característica forma para anunciar que esa parte la tenían cubierta también. Cerró las pequeñas puertas y fue entonces hacia la escalera, cerrado el primer espacio de su curiosidad, se fijó en el interruptor junto al marco de la cocina mientras intercambiaba la chaqueta y la camiseta del hombro a las manos. Vio otro más por un lado de los primeros escalones de la escalera y un tercero en el pasillo de la segunda planta. Si les sucedía como en aquel libro de Stephen King y se iba la luz estando en el centro de un bosque que murmuraba con sus hojas, estarían preparados: Tenía linternas y baterías en la mochila. Pero principalmente, lo que notó fue que el lugar era muy agradable, tranquilo y construido de una manera práctica. —¿Quieres que te acompañe?— dejó de ascender en las escaleras al encontrarse con Aiden; que, como había dicho minutos antes, les salvaría al cortar la leña al mismo tiempo que lo distraía a él de cómo usar su cerebro en su entera capacidad— No te seré de ayuda, no nos engañemos, pero puedo... ¿adornar?— arrugó un poco la nariz, sonriendo luego, mientras le acariciaba el brazo descubierto— ya sabes, mientras tú haces eso de levantar el hacha y dejarla caer justo en el centro, en tanto tus músculos se tensan marcándose a un cien... — se acercó a él acortando la distancia que los separaba, con la sonrisa aún surcando sus facciones, y le dio un beso en la boca antes de apartarse despacio—... cien por ciento.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Abr 28, 2016 11:25 pm
-Y lo preguntas-bufó divertido y rodando los ojos, era consciente de lo que este intentó decir sin embargo ignorar aquello había sido parte de mantenerse aún en el juego-No me convences, ¿Sabes?-agregó enarcando una ceja luego, claramente estaba bromeando pero eso no se lo diría, le gustaba molestarlo y provocarlo dada la tendencia a ser un tanto más reservado en cuanto a bromear como pareja, si bien eran nuevos en ello estaba claro quién podía ser más animoso y quizás hasta insistente cuando se trataba de una relación, de demostrarle al otro lo mucho que lo amaba. Aiden era un tonto enamorado a fin de cuentas, pero no podía reprimirse cuando ahora lo tenía para sí después de perderlo. No era algo que pudiese darse con regularidad, era demasiado bueno para ser cierto por lo cual lo aprovecharía, al máximo.

▼▼▼

-Para suerte de todos lo soy, ¿Te imaginas si hubiese otro Aiden más?-dijo enarcando una ceja y luego colocando un rostro preocupado-No, no, el mundo sería un caos-comentó bromeando y riéndose contra el castaño, sabía que sus palabras eran sinceras y con un tono de cariño y elogio y vaya que lo había captado bien pero no quería caer en ello y sonrojarse porque lo sentía venir, como si estuviese en su piel, esperando por ello. –Oh por favor, no exageres, serías el increíble escritor sumamente guapo que eres y que no se calla nunca-comentó bajando las manos para jugar con la vestimenta de este un momento. Era una frase tierna pero ambos sabían que la respuesta a esa pregunta se había adelantado a la misma, cuando decidió irse y mantenerse alejado había tenido tiempo para hacer y ser todo lo que quisiera, eso sí, el rubio no se lo diría ya que tenía un acuerdo silencioso de dejar de lado el asunto y concentrarse en el presente para luego tener un futuro.

Bufó al escuchar su frase, aun así se había contenido bastante de lanzar alguna durante todo el momento que llevaban conversando. Pero así era el escritor y era algo que amaba en él, no específicamente sino que a todo el conjunto, después de todo, se había enamorado completamente y nada podría hacerle disminuir aquel sentimiento, si Viktor lo había aceptado con toda su extensa lista de defectos, ¿Por qué él no podría hacerlo?, claro está, si es que pudiese aquello ser un defecto, en cualquier caso.-Menos sé yo-enarcó una ceja divertido, ni idea de dónde había escuchado aquello pero no tenía importancia-Sólo si me das un beso, y uno bueno-comentó retándole divertido, por supuesto que no necesitaba nada pero aprovecharse de la situación le parecía sumamente adecuado, desde antes el rubio conocía la respuesta a su actual planteamiento más el gusto de ver al escritor defenderse y refutarlo con tal de salir victorioso no tenía comparación, si no podía tener eso al menos se deleitaría con el sabor de sus labios, algo que no era escaso entre ambos pero que jamás era demasiado.

▼▼▼

Suspiró profundamente-Sabes a lo que me refiero amor-le dedicó una mirada de reproche pero que más bien parecía un puchero al fruncir los labios de la forma en que lo hacía. Jamás diría que se cansaría de besarlo o que no le gustaría un beso bajo cualquier condición pero específicamente en aquel instante lo pensó de otra manera, y más por lo que su novio decía, esperaba no haber estropeado la complicidad que tenían ambos sin embargo sabía que ahora contaba con tiempo para arreglarlo y compensar si era necesario, con creces.

Asintió ante lo que decía, por su parte ya tenía en mente qué debía de hacer, suponía que cualquier otra nimiedad sería atendida por el castaño porque realmente la cabaña no parecía requerir mucho esfuerzo, al menos, a su juicio y con lógica por sobre todo si la comparaba con su visión de una cabaña como debía de ser: rústica, casi vacía y que representara un desafío sobrevivir en ella. Pero no se quejaría, porque realmente no le importaba el lugar sino con quién, y ese quién era lo único que necesitaba para estar bien, para sobrevivir, para tener una nueva razón para levantarse y vivir.

No fue indiferente el hecho de que le mirase durante algunos segundos, no necesitaba ser muy despierto para darse cuenta de que le estaba mirando el torso y no lo culpaba, si la situación fuese al revés no sólo estaría con la vista sino con las manos, y posiblemente algo más.-No lo sé realmente, pero de igual forma iré por algunos más al Bosque, nunca están de más-dijo encogiéndose de hombros, era alguien que siempre prevenía y en esta ocasión no dejaría de hacerlo, no esperaba que a mitad de la noche si aún estaban en la planta baja el frío se deslizara a su alrededor, bien podría deleitarse por el calor corporal ajeno pero eso no sería suficiente considerando que ignoraba realmente el clima de aquel lugar, después de todo la parte informativa estaba en manos de su novio.-Si no vuelvo para la cena, te puedes quedar con mi chaqueta, sé que te gusta-convino sonriendo y guiñándole, hablaba de la cazadora de cuero negro que tenía la cual según le había dicho Viktor lo hacía parecer el líder de una banda de motociclistas en su versión más guapa. Estaba refiriéndose al hecho de que podría perderse lo cual consideraba difícil dado que no iría tan lejos y que además contaba con un muy buen sentido de la orientación gracias a su preparación como policía más eso no lo había preparado para enfrentarse a un Oso si se daba la ocasión…claro está, era una suposición que estaba más cerca de la exageración más bromear siempre era algo que estaba a mano para él.

Tras dejar la conversación decidió subir las escaleras con la mochila en el hombro, una vez arriba observó la segunda planta lentamente, había una habitación principal con un gran ventanal que dejaba entrar la luz natural iluminando todo el lugar, había una cama de dos plazas, unos veladores a cada lado, un armario y una silla en una esquina donde a unos cuántos centímetros un espejo se encontraba colgado, para ser una cabaña era una habitación bastante lujosa, más nuevamente no era importante. Salió de aquella ya que la había inspeccionado detenidamente durante algunos minutos para comprobar que no podía estar mejor, según sus estándares los cuales no necesariamente tenían que ser los del castaño. Se retiró de la habitación para caminar por el pasillo y descubrir dos más de menor tamaño, una estaba acondicionada como la principal claro está utilizando el espacio que tenía para ello mientras la otra se asemejaba más a una especie de clóset donde existían estantes y algunos muebles, estaba limpio por lo que comprobó a simple vista. Volvió sobre sus pasos para entrar en la habitación pequeña donde dejó la mochila encima de la cama, esta sonó lo cual le hacía pensar que habían más cosas de las que pensó podría traer, un sonido metálico que llamó su atención sin embargo no sucumbiría ante la curiosidad y arriesgarse a estropear todo.

Escuchó cómo le gritaba lo cual se entendió perfectamente, la casa tenía buena acústica-Que palabra más hermosa-le devolvió el grito, supuso que no era necesario recalcar que se refería a la comida. Bajó las escaleras cuando sintió los pasos de su novio acercarse por las mismas. Negó mirándole ante su pregunta, iría sólo porque era algo fácil y no necesitaba de la ayuda. –Eh, ciertamente no-en tanto se refería a lo de la ayuda-¿Y arriesgarme a darte con un tronco cuando este saltase al cortarlo?-enarcó una ceja-Claro que no-dijo negando pero al sentir su mano no pudo evitar un leve cosquilleo, quería replicar pero por sus palabras y el beso que recibió, simplemente se calló devolviéndoselo por lo que duró unos minutos. Se permitió inclusiva tomarle de la cintura para acercarlo y sentir su calor, que ahora, era más intenso dada la desnudez de su torso. Se separó sin embargo no le dejó ir, en gran parte porque el más mínimo movimiento inadecuado los haría perder el equilibrio dada su actual posición-No estoy seguro…-dijo estudiando su rostro pero fijándose en sus labios, lo único que le interesaba, quería sentir sus manos en su pecho desnudo como antes pero eso sería un error por lo anterior –peligro en las escaleras- así que simplemente se quedó con la intención. O no, tomó la chaqueta y la camiseta de sus manos para liberárselas y dejarlas descansar en el pasamanos, acto seguido tomó las manos de su novio y las movió hacia sus pectorales donde las dejó descansar a la vez que buscaba su boca para besarle, con necesidad mientras las propias se dividían entre su cintura y la otra buscando sustento para no caer.


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