I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
▲ Debes subir tu ficha para obtener color
▲ Después de que tu ficha es aceptada, debes realizar tus Registros
▲ El mínimo de líneas por post es 10.
▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
▲ Avisen sus ausencias y eviten perder sus Pbs
021

Elite

013

Burgherdom

002

Home Workers

012

Employees

010

Students

001

Press

003

Police

008

Criminals

Nuevo Skin

21 - 04 - 2016

Limpieza de Registros

12 - 03 - 2016

Skin de Otoño

Noviembre - 2015

Skin Primavera

28 - 04 - 2015

Normas Actualizadas

09 - 12 - 2014

Censo Obligatorio

Octubre - 2014

Apertura foro

25 - 10 - 2014

El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
Savage Themes
The Captain Knows Best y Foroactivo

Algunos recursos gráficos e imágenes han sido tomados de
Tumblr
DeviantArt - Agradecemos especialmente a Pillsburymonki por su coloring Hollywood psd 15
Google
Otros

Gracias a Flaticon por los íconos, créditos a sus autores.

Licencia de Creative Commons

Beverly Paradise by Paparazzi is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://beverly-paradise.foroactivo.mx
Mejor AAAApellido
Mejor AAAApellido
Mejor AAAApellido
Mejor AAAApellido
Últimos temas
» Over muscle
Jue Mayo 18, 2017 10:54 pm por Vladimir Mikhailov

» Petición y/o Búsqueda de Rol
Vie Mayo 05, 2017 1:21 pm por Connor Reznikov

» Sorcery hill {Af. Élite}
Lun Abr 03, 2017 9:52 am por Invitado

» Comunidad Homosexual | Eternal Pleasures | REALES | SPORT & UNIVERSITY | APERTURA.
Miér Mar 29, 2017 7:29 pm por A. Griffon Arkwright

» — WALPURGIS HETERO ♥ +18 — Cambio de botón élite!
Sáb Mar 25, 2017 2:42 pm por Invitado

» Gold rings | Griffon
Sáb Mar 25, 2017 2:27 pm por A. Griffon Arkwright

» HUSBAND & MY BOYS 1/4 | Boda del año | Lacayos.
Vie Mar 03, 2017 12:06 pm por A. Griffon Arkwright

» THE RED JOINT | Putos | Sexual Slaves | Clientes
Miér Mar 01, 2017 7:15 am por A. Griffon Arkwright

» Daddy's Boy | Griffon +18
Mar Feb 21, 2017 9:29 am por A. Griffon Arkwright

Afiliados Élite 21 de 50
afiliados Hermanos 03 de 05
Directorio

Todo es empezar... [Angelo Bassani]

Página 1 de 3. 1, 2, 3  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Lun Mayo 09, 2016 6:08 pm
La última factura de la residencia hizo que al Cortesillo se le cayera el alma a los pies. Durante los primeros meses, la beca fue suficiente para cubrir los gastos superficiales, incluso le permitía darse algunos caprichos. Sin embargo, conforme avanzaba el curso, las exigencias eran mayores, los libros más caros, los enseres personales requeridos más jodidos de encontrar y, sobre todo, la cartera del sevillano estaba más vacía.

El primer mes que se vio así, más o menos pudo subsistir, si por más o menos se tenía en cuenta que la última semana no comió más que pan y agua. El segundo mes fue algo más duro, pues tuvo que recurrir a la caridad de la gente para poder tener un plato caliente del cual alimentarse. El segundo mes casi llama a sus padres… sí, la idea en sí era una mierda, pero no podía dejar de pensar en sus estudios y en todo lo que había avanzado en Beverly Hills. De hecho, sus profesores vieron lo mismo que los antiguos de la ESAD de Sevilla: una potencia tan fuerte en él que no iban a dejarlo ir.

Es por esto que, pese a su orgullo, habló con un profesor de su situación. Se sentía en cierta manera perdido, y supuso que él podría ayudarlo, al menos, a encontrar un trabajo y seguir contando con la beca de estudios. No quería volver a España un año más tarde de haberse marchado, ni quería dejar a medias sus estudios, pues la interpretación lo era todo para él. Este profesor en cuestión le había hablado de otro, también del mundo del arte. Este otro profesor se dedicaba a la pintura, y Jaime se lo había cruzado en alguna que otra ocasión por los pasillos de la Universidad. Al parecer, estaba buscando modelos para sus clases —o algo así entendió él— y Jaime, que a pesar de ser un poco reservado y vergonzoso para eso, pensó que sería como una interpretación más, por lo que se armó de valor y lo llamó.

Habían quedado en la cafetería después de clases para echar un café y conocerse. Jaime sabía de antemano que aquello no era tan simple: iba a ser inspeccionado al dedillo. Esto no le importaba, teniendo en cuenta que en más de una ocasión ya se habían quedado completamente prendados de él. El problema era, más bien, las reacciones que Jaime tenía en esos momentos. Se sonrojaba, tartamudeaba, hablaba en español y ceceaba como nunca. Antes de llegar a la puerta del comedor, intentó tranquilizarse. La gente pasaba a su alrededor, pero él no se fijaba en las caras, absorto en sus pensamientos… desde luego, si este profesor podía ayudarlo, le ahorraría muchos calentamientos de cabeza de cara al próximo mes.

Llevaba una ropa cómoda y sencilla: una camiseta azul cielo algo repegada y unos vaqueros ceñidos que remarcaban su figura. Tal vez eso lo ayudaría a decidirse. Armándose del poco valor que le quedaba, abrió la puerta y buscó al hombre. Estaba sentado en una mesa tomando una humeante taza de café, y sus grandes ojos dormilones miraban de aquí para allá. Jaime pensó que había llegado demasiado tarde y que, probablemente, el otro pensaría que era un mal educado. Se sonrojó un poco y llegó hasta la mesa. Dedicó una leve sonrisa al otro y, en vista del gesto que hizo, se sentó en la silla para acompañarlo.

—Ho… ho-hola —tartamudeó —. Ciento el retrazo, he tenío algo de lío anteh de vení, y, y… —se relajó un poco —. Lo ciento, no me doy cuenta de mi acento…

Vale, ahora Jaime pensaba que el otro pensaría que era disminuido mental. El rojo de su rostro subió de sobremanera, y eso provocó que su mirada se dirigiera ahora hacia abajo, a la taza de café, y sonriera de forma tímida. El blanco de su sonrisa era otro de sus fuertes, pero no se atrevía a alzar los ojos para mirarlo, por miedo a lo que pudiera decir el otro. No obstante, al cabo de unos segundos, terminó por hacerlo.

—Perdone mih modaleh —dijo —. Yo zoy Jaime Cortéh.

Y, dicho esto, le tendió una mano más temblorosa de lo que el propio Jaime quisiera. Tal vez incluso demasiado sudada, pero sus intentos por limpiarse el sudor se habían visto frustrados ya tantas veces que las palmas de sus manos parecían las del Cristo de los Gitanos.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Lun Mayo 09, 2016 6:51 pm
Mucha gente vivía su día a día preocupado e infeliz por la necesidad... sabía que podía considerarse generosamente afortunado por poder tener la calidad de vida que poseía... pero, aún así, aquello no aliviaba su infelicidad. No es como si fuese incapaz de pintar pero... nada de lo que pintaba le llenaba ya; sus obras habían perdido, para él, la chispa que antes poseían. No servía de nada que otros siguiesen apreciándolas, incluso le había llegado a ofender ligeramente aunque, por recomendación de su representante, había dejado de expresar sus opiniones a ese respecto frente a posibles compradores para evitar ser odiado... pero es que sus "obras", si es que podían considerarse como tales, actuales eran para él basura, nada comparable a las anteriores.
Aquel sentimiento de frustración y pesar se había adueñado de él, dándole todavía más fama de excéntrico ya no en terrenos profesionales del arte, sino incluso en la propia facultad en la que se había visto casi obligado a impartir clases para mantener sus finanzas adecuadamente, una pequeña compensación por su bajón de inspiración que le hacía realizar muchos menos cuadros de los que antes había sido capaz de hacer.

En general, Angelo había comenzado como un pintor paisajista, en sus galerías compartiendo con la gente, además de sus cuadros, la música con la cual los había creado. Especial amante de música instrumental "mágica", como él la llamaba, los bellos paisajes desérticos o verdes, marítimos o propiamente marinos... todos ellos habían conquistado a la gente, transportándolos con la ayuda de la música a esos reinos de maravilla capaces de cautivar con su apariencia onírica cargada de belleza.
Después de aquello le habían atraído las personas... y había sido en aquella parte de su recorrido profesional cuando la inspiración le había ido abandonando. Al principio caras normales, caras bellas o caras consideradas como "feas" le habían llamado la atención... había creado varias galerías completas con diferentes temas, incluyendo en ellos incluso sus propias críticas sociales... pero, poco a poco, había ido perdiendo la ilusión. Menos cuadros, menos felicidad... menos dinero.

Y así había terminado... aún no se rendía con la temática de las personas, por eso había dicho a sus colegas en la facultad y en el mundo del arte que le ayudasen a encontrar a algún modelo... a alguna "musa" que despertase de nuevo su inspiración en algo, aunque no tenía demasiadas esperanzas, en verdad.
A pesar de todo, accedió a encontrarse con aquel muchacho que un amigo le había recomendado como modelo, de paso diciéndole que le podría venir bien la ayuda económica que el trabajo podría darle... aunque no le dio ninguna respuesta afirmativa porque, obviamente, primero debía ver a su posible modelo... y sospechaba que iba a quedar tan indiferente como con todos los otros.
Desencantado en general, tomaba su café lentamente, mirando a las mesas a su alrededor sin mucho interés, esperando al joven universitario y pensando formas educadas de rechazarlo. En las otras dos ocasiones los modelos se habían ofendido todos... quizás debía practicar su diplomacia más de lo que pensaba.

Con lo despistado que era, ni siquiera sabía a qué hora había llegado con respecto a la cita, de modo que cuando escuchó aquel tartamudeo referido al tiempo, iba a negar y restarle importancia cuando clavó su mirada en aquel rubio despampanante que tenía frente a él. Parpadeó. ¿No se habría equivocado alguien...? Es decir... se suponía que el chico que iba a verle tenía diecinueve años, y aquel... hombre, difícilmente no llegaría a los veintitantos. Al menos por su altura y complexión...
Se quedó en silencio un segundo, pero se acordó de señalarle la silla para que se sentase a duras penas. Le había salido automático, por suerte.
- A-Ah... no te preocupes -carraspeó y se recompuso, porque la sonrisa tímida del contrario le había dado casi mareo. ¿Podía existir en verdad alguien tan jodidamente perfecto?-. Yo llegué temprano... y tu acento... no me molesta -añadió, mirándole con fijeza, sin que su expresión indescifrable revelase nada... aunque, como a menudo le decían "de broma", aquella mirada tuviese la expresión que tuviese parecía incitante sí o sí. Desde luego el acento del contrario no le molestaba... es más, hasta le gustaba. Era refrescante... y ligeramente divertido, cabía añadir.
Sonrió ligeramente, una media sonrisa que, como siempre y sin que esa fuese su intención, era más seductora que otra cosa.
- Es un placer, Jaime... yo soy Angelo Bassani, pero puedes llamarme Ángel si gustas... creo que es la variación española -se encogió de hombros ligeramente-. Antes de nada... ¿quieres tomar algo? Yo invito -añadió educadamente, mirándole algo intenso. No podía evitarlo... le gustaba, era obvio que le gustaba. Acababa de verlo y ya se imaginaba pintándolo... aunque podía conocerlo un poco más antes de nada... no iba a dejar cautivarse sin conocer a la persona.
- Y, bueno... cuéntame un poco de ti si gustas -comentó finalmente, sin saber muy bien cómo aproximarse al tema. Nunca le había interesado ninguno de los modelos, así que... no sabía bien cómo hacerlo.
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Lun Mayo 09, 2016 7:34 pm
Las expresiones del contrario hacían que Jaime se calmara. Pese a la “rudeza” con la que lanzaba miradas, Jaime conseguía ver cierto sex-appeal en ella que, poco a poco, lo estaba haciendo tranquilizarse un poco. Sobre todo, lo estaba haciendo mirarlo demasiado y, sin darse cuenta, sonreír. Conforme más se fijaba en él, más guapo le parecía, y se obligó a sí mismo a bajar la mirada para que el otro no se diera cuenta de ello. Se preguntó cuántos años tendría… pero desechó la idea, ya que, si todo salía bien, ese hombre sería su jefe.

Suspiró, aliviado, cuando el otro dijo que no le molestaba su acento. Era una ventaja, pues para Jaime era terriblemente difícil deshacerse de él si no se encontraba en las tablas de un escenario, donde su persona era completamente moldeable. De nuevo, algo que lo rompió en mil pedazos: su sonrisa. La sonrisa de Ángel fue tan bonita y sensual que el joven no pudo hacer otra cosa que sonrojarse ligeramente y sonreír, ahora mirándolo directamente a los ojos.

—Zí, Ángel eh en ehpañol —confirmó —. Pueh… un café, zolo y largo, por favoh.

En menos de un segundo, le asaltó la duda de si era sensato pedirle algo, pero esta se disipó cuando llegó a la conclusión de que rechazarlo sería también incómodo para los dos. Esperó hasta que el otro pidió su bebida y suspiró hondo cuando le preguntó. Hizo examen de conciencia mientras decidía todo lo que iba a decirle y, lo más importante, todo lo que debería callarse para no hacerle sentir incómodo.

—Bueno… —empezó — pueh tengo 19 añoh, y zoy de Zevilla, al zur de Ehpaña. Ehtudio Arte Dramático, y ehtoy aquí por una beca que conceguí en mi paíh el año pasado. Me vine porque la cituación en caza no era ehpecialmente buena —frenó ahí para beber un sorbo de su café, que acababa de llegar, estaba tan caliente que hizo un gesto de dolor y lo dejó de nuevo en su lugar —. Veráh, Ángel… yo nececito el dinero porque la beca no eh zuficiente para loh gahtoh ehtra de la ciudá.

El tono de su voz había disminuido poco a poco conforme contaba la historia, y sus dedos jugueteaban con la taza. Lanzó un pequeño suspiro y volvió a probar otro sorbo. Esta vez no se quemó, y pudo disfrutar del sabor del café que, aunque no era tan bueno como el de otros lados, sí que estaba rico. Potable, como se decía en Sevilla. Por lo que le había dicho su profesor, tenía algunas papeletas para obtener el puesto, pero el otro era difícil para elegir a los chicos… de hecho, había rechazado a todos ellos. Uno por uno.

El nerviosismo empezó a crecer en su interior. Le temblaba ligeramente el pulso y su piel nívea dejaba ver esa rojez que poco a poco volvía a acentuarse. Él no tenía un carácter especialmente fuerte, por lo que tampoco iba a montar un escándalo —como al parecer otros habían hecho—, pero ahí moriría una de sus oportunidades de conseguir subsistir en el futuro en aquel sitio.

—Yo, ceñor, no quiero robarle zu tiempo —dijo sin mirarlo, con la voz algo temblorosa y sus ojos azules posados en el café —. Ci no le guhto no paza ná, no tieneh que buhcá una ehcuza. De hecho, lo entendería, Ángel.

Si alguien le preguntara, no sabría responder de dónde había sacado el valor para decirle aquellas palabras. Pero lo último que quería era molestarlo y que, en un futuro y si conocía a alguien más, creara una mala impresión sobre él por St. James. Ahora mismo temblaba más que lo que había temblado en mucho tiempo, y sentía un nudo en la garganta que, si bien no era de tristeza, podría tratarse de ansiedad. Estaba siendo probado por el adonis que tenía enfrente, y no quería dar una sensación de debilidad extrema. Sin embargo, su necesidad era tal que la impaciencia se había convertido en un factor fundamental en aquella conversación.

Lo que pensaba en verdad era que, si todo eso salía mal, se apenaría por no haberlo podido conocer mejor. Era especialmente guapo, y aunque tal vez no sería buena cosa que acabaran liados, siempre era una delicia poder observar a esa belleza italiana pintándolo por algún rincón de su estudio… en fin, de ilusiones también se podía vivir.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Lun Mayo 09, 2016 8:13 pm
La sonrisa de aquel chico era como la de un ángel... un ángel diabólicamente tentador. Angelo apenas podía concentrarse en la conversación cuando le sonreía de aquella forma, con sus miraditas tímidas y sus sonrojos... parecía una doncella del medievo en el cuerpo de un hombre demasiado sexy como para ser legal.
Pidió el café al muchacho en cuanto se lo dijo, y pensó que quizás había metido la pata al ver la expresión contraria a aquello de hablar de él, pero... es que suponía que tendría que recabar un poco de información acerca de él y no lanzarse simplemente a decirle "tienes el trabajo", como ya había decidido que tenía. Aunque aquello era doble tortura... porque en aquel momento sólo podía pensar en pintarlo. Bueno... casi, había que admitir que el pensamiento de tirárselo también llenaba su cabeza, porque no era una piedra... pero el pintar iba delante.

Cuando le confirmó que tenía diecinueve años pensó en sí mismo como un asaltacunas sólo de imaginarse "profanando" aquella belleza... pero en fin, había gente mucho más mayor que él que disfrutaba también de la compañía de yogurines, no es como si fuese a joderse la conciencia por joderse a aquel muchachito... en caso de que algo semejante pasase, claro. Ya estaba dando por supuesto que él podía interesarle a alguien tan joven o, si quiera, que era homosexual... algo que por Beverly era bastante común, pero no podía aplicarse a todo el mundo, vamos. No es como si viviesen en una especie de realidad alterna sin mujeres y sólo con hombres cuasi-perfectos, todos gays, no.
- Situación mala en casa, ¿eh? -comentó a lo que el chico le dijo, removiendo distraídamente su propio café todavía a medio tomar- Creo que es un común para casi todos los que nos dedicamos al arte, sea de un tipo u otro... mi padre no apreció nunca que me quisiese dedicar a la pintura -resopló-, le callé la boca hace tiempo... no dejes que eso te desanime -le dedicó otra media sonrisa que, intentó, fuese de aliento, aunque no supo si le saldría... pensaba que sus sonrisas solían malinterpretarse a menudo. Aunque a aquel rubio le habría soltado muchas sonrisas sensuales en otra situación sin dudar...

Algo le había comentado su amigo sobre la necesidad del muchacho por el dinero. Verlo hablar de aquella forma, cada vez más cohibido y nervioso, hizo que la vena artística en Angelo aumentase incluso más... dioses, tantas expresiones perfectas, de una cosa u otra que quedaban grabadas en su cabeza... necesitaba pintar.
Casi sin darse cuenta, adelantó su mano y la posó sobre una de las del chico, aferrándola con gentileza pero firmeza al mismo tiempo, buscando que se detuviese aquel temblor que le partía el corazón. Era como un cachorrito abandonado...
- Tranquilízate, Jaime... tienes el trabajo -negó levemente y resopló con algo de sorna ahora-. Ni yo mismo podría pensar una situación en la que resistirme a... a ti -con los ojos medio caídos que se gastaba, lo miró con una media sonrisa dibujada en su rostro-. Supongo que, por una vez... mis amigos han tenido buen ojo para enviarme a alguien... eres perfecto para el trabajo -parpadeó, borrando su sonrisa y soltando la mano del otro, suponiendo que quizás sería incómodo que le tocase más de la cuenta-. Aunque realmente, no sé si sabes lo que implicará el trabajo... -ahora era él el que dudaba- Puede que tengas que posar en ropa interior o incluso desnudo... ¿te molesta? -inquirió.
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Mar Mayo 10, 2016 6:39 am
Durante unos momentos, Jaime suspiró. Al principio temía haberle molestado por haber hablado tan abiertamente acerca del puesto, pero él tampoco quería perder el tiempo ahí solo para escuchar un nuevo rechazo, al igual que había pasado con los chicos que lo habían precedido. N obstante, las palabras del otro lo tranquilizaron. A él lo habían aceptado por ser artista… lo que no aceptaban era su homosexualidad. No dijo nada de eso, temeroso de que el profesor también pudiera tener algún problema con eso —pese a ser de la capital mundial gay—.

Lo siguiente lo dejó un poco atónito. El otro posó la mano sobre la suya para… ¿tranquilizarlo? No sabría decirlo, pero era un gesto bonito que hizo que Jaime se callara y lo mirara, con una mezcla de sorpresa y timidez. Le gustaba el contacto del otro, cómo le hablaba y, sobre todo, cómo le miraba. Tal vez… no, iba a ser su jefe, y nunca se podían mezclar el trabajo y el placer, dado que lo verdaderamente importante era poder subsistir en aquel sitio y pagar sus estudios.

Al escuchar al otro decir que se tranquilizara y que el puesto era suyo, Jaime lo miró con los ojos abiertos como platos. No pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas y, sin mediar palabra, se lanzó a él y lo abrazó como si se tratara de un familiar al que hacía mucho tiempo que no veía. No pensó en ello, y aunque los italianos no negaban el contacto físico, tal vez era demasiado para ellos. Sin embargo, sentía que no tenía nada con lo que agradecerle… y entonces cayó en la cuenta de lo último que le había dicho.

—Lo ziento... ¿De… dehnudo? —se separó de él, mucho más rojo que de costumbre. De hecho, cualquiera que lo viera ahora pensaría que le iba a explotar la cabeza —Zupongo que cí… no… bueno, no tengo problema ni complejoh, azí que…

Se obligó a callarse a sí mismo y tomar otro sorbo de la taza. Fue tan largo que se bebió todo el contenido entero, intentando evitar hablar más, intentando evitar parecer mongólico o algo por el estilo. Cuando se lo terminó, hizo una mueca. Le gustaba el café, pero bebérselo todo así de un trago como que puede con el estómago más duro… y volvió a mirarlo entonces. Qué más daba. No era prostitución, porque no lo iban a tocar, y prefería desnudarse ante un hombre para que expresara su arte que ante trescientos imbéciles en una discoteca para que metieran dinero en su tanga y cobrar cien dólares la noche. Sus opciones se acababan y no quería acabar así.

Volvió a sonreír y a mirarlo… vale, tal vez esa fue una mirada y una sonrisa demasiado golosas, pues era evidente que el mayor le había atraído desde que lo vio a lo lejos en la mesa, y le tenía el corazón robado desde que le había lanzado esas sonrisas de medio lado. Pensó en si sería difícil para él acostumbrarse a esos gestos y esas miradas, teniendo en cuenta que probablemente el otro le sacaba, por lo menos, diez años y que no querría nada con alguien tan… inexperto como él.

—Acepto el puehto, Ángel —dijo ahora más convencido, aunque su tono de rojo apenas había bajado dos grados — ¿Cuándo empezamoh?

Lanzó un suspiro, como si lo que acabara de decidir fuera lo mejor que le había pasado en mucho tiempo… de hecho, era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo, y quería empezar cuanto antes. No solo por estar cerca de él —que también—, sino por empezar a cobrar cuanto antes para pagar todas sus deudas. Menos mal que no tenía vicios, porque si no ahora mismo viviría debajo de un puente.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Mar Mayo 10, 2016 7:22 am
Había que decir que, desde luego, Angelo no se esperaba la efusividad del otro, mucho menos las lágrimas en aquellos ojos tan bonitos cuando le dijo que el puesto era suyo. El abrazo lo pilló por sorpresa, pero en absoluto lo rechazó o se separó de él, sonriendo ligeramente y dándole unas palmaditas en la espalda... antes de darse cuenta de que quizás el muchacho aún no aceptaría el trabajo debido a lo que conllevaba, momento en el cuál se lo aclaró, intentando que no hubiese malos entendidos.
Era un joven tan malditamente adorable... se puso rojo como un pimiento de esos super picantes y, a pesar de ello, afirmó que no habría problema en los desnudos. El italiano sintió verdaderas ganas de comerse a aquella cosita tan mona en aquel instante... pero se contuvo decentemente, asintiendo y carraspeando de nuevo para recuperar su voz.
- Sólo es posar, no hay nada de lo que preocuparse -afirmó, quizás en un intento de calmarlo, aunque quizás sonase peor de lo que había intentado que sonase. No era un asaltacunas... no iba a tirárselo a la más mínima oportunidad... al menos sin su consentimiento. Angelo no era de esos aunque... Jaime poseía algo que le tenía loco irremediablemente, y apenas acababa de conocerlo. Tenía que pintar aquella sonrisa.

Había vuelto a aquel bucle de pensamientos artísticos en lo referente a aquel adonis cuando se fijó en aquella nueva sonrisa y mirada que le dedicó. ¿Era cosa suya o había cierta... sensualidad en ella? No estaba muy seguro... pero aquella sonrisa en particular le gustó tanto como las tímidas que le había estado dedicando hasta ahora.
Sintió hasta alivio cuando, ahora el chico, le respondió que aceptaba el puesto incluso con el tema de los desnudos y, ahora él, esbozó una sonrisa ligeramente sutil y "tímida"... empezando a juguetear con su taza una vez más.
- Verás... no sé si tu profesor te lo contaría pero... estaba buscando un nuevo modelo porque me encontrab... me encuentro en una racha bastante mala -casi ni se acordaba ya de su frustración e infelicidad...-. He seguido pintando, pero no tanto como antes y... nunca quedo satisfecho de las "obras" resultantes -hizo una mueca leve-. Teniendo eso en cuenta... am... ¿sería imposible que tuviésemos nuestra primera sesión hoy... ahora? -le lanzó una mirada que, casi sin planearlo, parecía la de un cachorrillo abandonado en busca de conseguir un nuevo hogar con sus "poderes oculares".
"Ansioso" era poco para describir cómo estaba en aquel momento pensando en pintar las perfectas líneas de aquel chico sobre un lienzo.
- ¡Ah, desde luego te pagaré nada más terminar! -le aclaró al recordar lo de su dura situación económica- Y si necesitas algún adelanto alguna vez no dudes en decírmelo, mi amigo dijo que eras de confianza, así que le tomo la palabra -le sonrió cálidamente. Seguramente Jaime terminaría contento con su salario... Angelo pagaba muy bien, incluso a modelos "amateur" como Jaime. Cualquiera capaz de devolverle su inspiración ya se merecía de todo.

Pidió la cuenta en el momento en que un camarero se acercó, ya preparándose por si acaso el chico aceptaba.
- Ah... como tiene que ver más con tu comodidad que otra cosa, puedes elegir dónde hacerlo -añadió-. Tengo un taller aquí en la universidad, si no te sientes cómodo viniendo a mi casa... sino, está esa segunda opción, más apartada si te sientes nervioso ante la perspectiva de hacerlo en un edificio público -no sabía bien cómo estarían sonando sus palabras, pero bueno... a él tanto le daba; disponía de los materiales adecuados tanto en un sitio como en otro, ahora sólo faltaba saber cómo estaría más cómodo el chico.
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Mar Mayo 10, 2016 8:48 am
A decir verdad, el joven sevillano sintió una punzada de lástima cuando le dijo que se encontraba en una época en la que su inspiración se había marchado. No conocía mucho sobre el mundo del arte, pero por lo que había leído, la inspiración era primordial. De todos modos, si en él encontraba esa inspiración, seguro que su paga iba a ser más de lo acordado… de hecho, no era solo el dinero lo que empezaba a interesarle de Angelo.

Lo que no se esperaba era que quisiera tener hoy una sesión. Algo curioso en Jaime, era que cuando tenía exámenes, pruebas, entrevistas, etc., si no tenía que enseñar su cuerpo desvestido, se ponía ropa interior de superhéroes. Eran algo así como un talismán de la suerte que, ahora, lo harían parecer ridículo. Quiso negarse, pero el otro le lanzó una mirada que lo derritió por completo… ¿cómo negarse?

—Vale… pero tengo tatuajeh —dijo él —, y no cé ci la ropa que llevo eh adecuá.

Obvió lo de la ropa interior. De todas formas, eran bonitos, así que supuso que tampoco sería tan malo desvestirse para él. Aquel día había elegido uno de la Liga de la Justicia, Flash, para ser más exactos. Es decir, de un intenso color rojo que remarcaba su figura, su trasero y su entrepierna de forma más que evidente. Además, lo terminó de convencer con el pago que le haría después de la sesión. Definitivamente, aquello le iba a venir bien.

—No, tranquilo, con zolo una ceción tendré zuficiente como para podé comé —lo dijo casi sin pensar —. O cea, que me llegará para pagarlo tó.

Se volvió a ruborizar y se quedó de pie cerca de la puerta, esperándolo que terminara de pagar. No sabía si acompañarlo y ver lo que había gastado en él —que no sería mucho, pero igualmente le daba vergüenza—, o esperarlo. Se decantó por lo segundo. Cuando volvió, le comentó sobre los espacios en los que podían hacer la prueba inicial. Ir a su casa le había parecido en principio una locura… pero en una escuela de arte, lo mismo entraba un alumno o un profesor que, si bien no iban a resultarle extraño, lo iban a mirar. Y no sabía si estaba preparado para hacer así.

Le vino a la cabeza una obra de teatro en la que, en escena, tenía que cambiar su ropa con la de una chica de teatro, y tenía que desnudarse por completo ante cientos de espectadores que iban a verla. No obstante, le parecía distinto. Las tablas eran un sitio donde él no era Jaime Cortés Hernández, sino su personaje… siendo pintado por el artista, sería él mismo, al desnudo, sin ningún tipo de máscara o de identidad diferente.

—Creo que prefiero que cea en tu caza —dijo él con cierto sonrojo en su rostro. Ahora que estaban juntos y en pie, se dio cuenta de que tenían la misma estatura, aunque el otro era más corpulento que él —. No por nada, cino porque aquí puede verme cualquiera… y de momento prefiero que zolo me veah tú. Bahtante tendré cuando me ehpongah por ahí en una galería…

Sonrió entonces, haciéndole saber con esa sonrisa que no se sentía contrariado por ello, sino que le daba vergüenza… una vergüenza que, con el tiempo, tendría que ir eliminando, como la de actuar ante el público. Perder la virginidad. Algo que venía como anillo al dedo porque, en verdad, él seguía siendo virgen. Lo volvió a mirar, sonrojado, esperando que el otro no malinterpretara sus palabras. Que le gustaba era evidente, otra cosa era que se lo follara a la primera de cambio, ya que él se estaba reservando para la persona adecuada. Una tontería inculcada por sus padres, pero era SU tontería.

—Aunque me dá iguáh —soltó casi en un susurro después —. Donde tú ehtéh máh cómodo.

Volvió a sonreírle. Que le notara que le gustaba empezaba a darle igual, pues la química también era imprescindible en el escenario, por lo tanto imaginaba que, si tenía que desnudarse para él, tendría que ser una situación cómoda para ambos. Además, le hacía gracia que todo lo que decía tenía un doble sentido que, tal vez, el mismo Angelo no sabía. Pero poco a poco empezaba a sentirse más cómodo, y su sonrisa relajada lo demostraba.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Mar Mayo 10, 2016 9:14 am
Le miró con una sonrisa levemente divertida que, de nuevo, le debió dar aquel aire medio rebelde que, incluso con las pocas ganas que daba sus clases, encantaba a muchos de sus alumnos y alumnas.
- Voy a pintarte a ti, Jaime... con tus tatuajes y la ropa que sea -se encogió de hombros-, como mucho te daré alguna ropa o complemento para que te pongas en una u otra ocasión, aunque hoy... -le miró con una intensidad de "artista"- hoy quiero pintarte sólo a ti... con tus tatuajes, pero sin tu ropa -sonrió un poco más amplio-. ¿Serás capaz? -inquirió, pensando en la extrema timidez que había estado demostrando el otro, aunque... pensándolo bien... no le había negado nada rotundamente hasta el momento.
¿Quería retratarlo desnudo? Sí. ¿Quería VERLO desnudo? También. Una cosa no quitaba la otra, desde luego... y menos en el caso de un chico tan atractivo como Jaime que podría estar tanto en la Pasarela Cibeles como en la mejor porno de la historia y hacerlo genial de todas todas.

Angelo le lanzó una mirada ligeramente sospechosa y preocupada al escuchar aquello de "tener suficiente para comer". ¿Lo habría dicho en serio? ¿Tan mal estaría de dinero? Sabía que el chico no le contestaría, o igual le contestaría con alguna evasiva... de modo que, para sí, decidió desde ya aumentar aún más la cantidad que había pensado pagarle al chico, por si acaso. No sólo lo hacía por la salud del más joven... después de todo, un modelo con mala salud terminaría mal. Cualquiera con mala salud terminaría mal...
Fue a pagar y, cuando volvió, le dejó elegir el lugar que prefiriese, sonriendo y conteniendo la risa al escuchar sus últimas palabras.
- Está bien, claro... yo también prefiero la privacidad de mi casa, si hay algo que me revienta es que me rompan la concentración cuando ando pintando -rodó los ojos, dándole unas palmaditas en la espalda al rubio-. Aunque no debes preocuparte demasiado porque te vean, menos en un cuadro... -le dedicó una de sus miradas intensas- No tienes absolutamente nada de lo que avergonzarte... -sin pensar pero sin pasarse, deslizó suavemente su mano por la espalda del muchacho, incitándole a que pasase delante de él para salir. No llegó a bajar tanto como para tocar nada indecente... pero la calidez de su extremidad se dejaría notar bien en la parte baja de la espalda del rubio. Pequeños detalles que fácilmente podían pasar inadvertidos, en realidad.

- Vamos, acompáñame -le indicó, empezando a recorrer los pasillos de la facultad rumbo a la salida-. Si tienes algún compromiso luego o simplemente quieres que te lleve a casa, te acerco en coche sin problema -añadió, al salir al exterior y a la tranquila tarde que se había quedado llevándole hasta su coche, un Lexus CT 200h, un buen coche, pero el modelo más barato de su marca. Lo tenía desde hacía ya bastantes años, desde que la vieja birria que había utilizado le había cascado... y pensaba aprovechar este por otros veinte años o más, los que durase.
- Ponte el cinturón -recordó casi como un padre con su hijo, mirándole levemente sonriente al percatarse de ello y arrancando hacia una de las zonas consideradas como de "nivel medio" en Beverly. No estaba demasiado lejos de la universidad y, cuando aparcó en su pequeño aparcamiento, abrió la puerta de su casa y le dejó pasar educadamente-. Adelante, estás en tu casa -dijo, abriéndose camino también en la bonita y moderna vivienda que, sin embargo, carecía de demasiados muebles o incluso decoración. En tonos blancos, grises y negros, había notas de color aquí y allí con algunos cuadros.
- Ninguno es mío -le dijo divertido al contrario-, no soy tan egocéntrico como para tener mis propias obras colgadas... aunque quizás alguna sí que termine poniéndola en algún sitio más privado -entró en la cocina y le miró por encima del hombro-. ¿Quieres beber o comer algo? No sé muy bien qué tendré por la nevera, pero siéntete libre de pedir -rio entre dientes, sacándose un poco de vino. No le gustaba el alcohol en general, pero aquel vino tinto lo había probado de pequeño cuando había hecho la comunión y le había encantado. Una copita cuando empezaba a pintar y el resto del día iba como un tiro.
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Mar Mayo 10, 2016 10:22 am
Asintió con la cabeza ligeramente, mirándolo a los ojos de forma cuasi solemne. Estaba dispuesto a desnudarse el primer día de trabajo para él si así podía ayudarlo a recuperar esa pasión con la que pintaba y, de paso, tener algo con lo que subsistir. No pudo evitar, sin embargo, el pensamiento de que ni siquiera en un club de streptease se habría desnudado tan rápido. De todas formas, el arte siempre era mucho más delicado, bello y armonioso que una panda de garrulos gritando y toqueteando cosas que no deben.

Suspiró aliviado cuando el otro vio completamente normal el hecho de que prefiriera ir a su casa. Sonreía casi en todo momento, porque a pesar del corte que le daba toda aquella situación, el artista lo hacía sentir a gusto, era una persona confortable. Otros tal vez vieran seriedad en su rostro, indiferencia, incluso. Jaime veía en esos ojos dormilones una gran ternura, y su seria expresión solo aumentaba el nivel de sensualidad cada vez que descargaba una sonrisa. Desde luego, cumplía el cliché de cualquier italiano: buenorro con pasta. Y un buenorro que casi llegó a sus nalgas en ese fútil contacto. Casi.

—No, hoy he acabao lah claceh anteh —dijo él haciendo examen de consciencia —. Y luego no hace falta que te molehteh, ci ehtá cerca de aquí puedo volvé a mi ehtudio andando, ya no vivo en la recidencia.

Omitió el dato de que ya no vivía en la residencia por el precio de la misma, y prefería guardar el dinero de la beca destinada a ella para lo verdaderamente necesario. Vivía en un estudio de diecisiete metros cuadrados, que se componía de una habitación con una cama, un escritorio y una mesita baja en la que tenía un televisor —cortesía del casero—, una diminuta cocina donde también estaba la lavadora y un baño minúsculo. Un espacio muy reducido que, para una persona, tampoco estaba tan mal.

El coche le sorprendió. Él, que era un pintor de renombre y, por lo que había oído, estaba montado en el dólar, tenía un coche que si bien Jaime no se lo podía permitir, tampoco era nada del otro mundo. Aunque bien era cierto que a Jaime no le gustaban las cosas que llamaran demasiado la atención, por lo que se encogió de hombros y se metió dentro. Estaba limpio y bien cuidado y, casi al instante, cumplió la orden del otro, poniéndose el cinturón de seguridad y dedicándole una sonrisa.

Su casa tampoco era como Jaime habría esperado de un multimillonario. Era una modesta casa de un modesto barrio, decorada con muchísima modestia. Supuso que el pintor prefería ahorrar su dinero en vez de despilfarrarlo en una sola vivienda. Tal vez le gustaba viajar, o algo así, y en ese caso tampoco necesitaría gran cosa. Desde luego, era como veinte veces más grande que su estudio, sino más, y la decoración le gustaba. La sencillez era algo a lo que desde pequeñito estuvo acostumbrado —si se obvia todo el folclore andaluz, claro—.

Observaba los cuadros colgados en la pared. Le parecían bonitos, pero lo que en realidad miraba era las firmas de los pintores. No obstante, tampoco sabía cómo era la de Angelo, por lo que si era rara no la iba a reconocer en las imágenes. El otro pareció entender el empeño del sevillano por descifrarlos, así que confesó lo que ya llevaba unos segundos sospechando. Sonrió y volvió a sonrojarse. No quería parecer maleducado.

—Un poco de agua ehtaría bien —le dijo entrando con él. Lo seguía para no quedarse solo en las habitaciones, pues las costumbres andaluzas dictan que, si te invitan a una casa y no te han invitado a sentarte, has de seguir a todos lados al anfitrión —. Graciah.

Bebió unos tragos de su vaso. No la había pedido porque tuviera ganas, sino más bien para no rechazarle algo y, sobre todo, para tener algo que hacer y no decir cualquier tontería. Puso el vaso en la encimera, cerca del fregadero, y después se quedó mirándolo, sonriendo tímidamente mientras encogía los hombros y metía sus manos en los bolsillos, esperando que fuera el otro el que dirigiera la acción de los acontecimientos.

—Cuando quierah —dijo simplemente, con una sonrisa amplia, pero tímida al mismo tiempo, y algo sonrojado.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Mar Mayo 10, 2016 10:45 am
- Bueno, como prefieras, pero no me molesta llevarte si queda lejos -replicó, sin insistir más en ello y conduciéndolo por la facultad y, a continuación, hasta su casa que, si su amigo ya le había contado algo al chico, sin duda le sorprendería. La gente por Beverly estaba acostumbrada a despilfarrar, vivir en mansiones e incluso contratar servicio para que les mantuviesen la enormidad de casa bien. Él era más práctico. De tanto en tanto hacía zafarrancho de limpieza él mismo, hacía todas las tareas del hogar por sí mismo, que no estaba tullido, y así ahorraba un dinero que nunca se sabía cuándo podía hacer falta... como en su período malo, por ejemplo. Haría ya tiempo que estaría en la calle si se hubiese ido fundiendo toda la pasta que había ganado los primeros años con sus cuadros. Ahora seguía viviendo desahogadamente precisamente gracias a su previsión o, simplemente, su poca necesidad de gastar o comprar cosas aleatorias.

Para cuando estuvieron en su hogar, Angelo tuvo oportunidad de volver a ssonreír ante los sonrojos casi continuados de Jaime y de su absoluta adorabilidad. Cada vez que añadía a aquellos pensamientos lo más mínimo sexual, se sentía verdaderamente como un asaltacunas... cuando hacía aquellos gestos parecía tan joven, en contraste con su apariencia normal, que en verdad aparentaba más de diecinueve años...
Le sirvió el vaso de agua y él mismo su copa, dando un pequeño sorbo y mirándolo pensativo, de nuevo derritiéndose ante aquella sonrisa y sus palabras que, de nuevo, le trajeron "malos" pensamientos. Era jodidamente perfecto, el maldito...
- Ven, vamos al taller -le sonrió ligeramente, abriendo la marcha esta vez hasta su estudio que servía de taller de pintura. Era posiblemente la zona más amplia de la casa, sólo similar en tamaño al salón. Sin más que una estantería en una de las amplias paredes, llena de botes de diferentes pinturas, pinceles y otros útiles similares, la habitación era de paredes blancas, y había un caballete enorme en una esquina, con una silla frente a él. En el centro mismo de la estancia estaba la mayor cantidad de muebles, concentrada toda allí: un sofá, lo que parecía una mesita de noche con una lámpara encima y un sillón. Todo de cuero blanco, impoluto, y la mesita con lacado negro, muy moderno todo.
- Últimamente estaba tratando de modernizarme un poco, más como una escapada que otra cosa... porque pensaba que igual me estaba centrando mucho en lo clásico -se encogió de hombros, mirándole-. Siento que, en tu caso, da igual en qué situación te retrate... lo que importa eres tú -sonrió levemente y le hizo un gesto hacia el sofá-. Ve desnudándote, por favor... tienes sobre el sofá un albornoz para que no zojas frío mientras preparo los materiales... no esperaba encontrar a mi modelo por fin, así que no tenía listo nada -negó-. Lo siento, soy un desastre -sonrió de nuevo y fue a por ello-. Ponte cómodo ahora... el trabajo de un modelo es más duro de lo que parece, posar inmóvil puede ser incómodo -le miró por encima del hombro-. Hoy haremos poco tiempo, no te preocupes. Si en algún momento llegas a cansarte o a notar molestias musculares sólo dímelo y pararemos, ¿de acuerdo?

Preparó todos los materiales convenientemente y, entonces, se situó frente al muchacho, todavía sin ir hacia el caballete.
- Bien... -contuvo las ganas de tragar saliva- sácate el albornoz, por favor... y túmbate en el sofá boca abajo, las piernas elevadas y cruzadas -le entregó un libro... y se acercó a él, sacando de la bata blanca que se había puesto... unas gafas-. Posa como si leyeses el libro... no tienen graduación, no te preocupes -inclinándose sobre su rostro, colocó las gafas sobre su nariz, tomándole del mentón un segundo para verlo mejor. Increíble... simplemente increíble.
- Venga, vamos allá -se obligó a dejar de mirarlo tan fijamente y soltar su rostro con suavidad, dándose la vuelta y yendo a su posición, esperando a que el otro asumiese la postura para empezar.
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Mar Mayo 10, 2016 11:39 am
Jaime empezaba a relajarse poco a poco, aunque ese relax no llegaba a permitirle que no temblara ligeramente, así como tampoco rebajaba el tono de su piel. Simplemente, sentía una comodidad y un confort que hacía mucho tiempo que no tenía la suerte de sentir. Así mismo, también le gustaba mucho el hecho de, en cierta manera, sentirse deseado. Una musa (“muso” en este caso) era algo que inspiraba, que sacaba lo mejor de las personas… y empezaba a gustarle de sobremanera aquello de inspirarlo a él. Un chico cualquiera era capaz de sacarlo todo de un artista reconocido.

El taller del pintor sí era parecido a lo que se había imaginado. Un grupo de muebles, bonitos y sencillos, amontonados en un rincón, una sala enorme y un caballete de gran tamaño que descansaba al final de la estancia. Había una estantería a la que Jaime no se atrevió ni a acercarse por miedo a ponerlo todo perdido en un arrebato de torpeza, aunque lo más bonito que había allí eran las miradas. La forma en la que Angelo lo miraba lo hacía sentirse… deseado, incluso. Eso lo hacía sonrojar de nuevo. Tal vez…

—No te preocupeh —dijo él con una sonrisa —. Ci te digo la verdá, me daba miedo confezarte que me he traído unoh calzoncilloh algo ridículoh… tampoco me ehperaba que me quicierah —sonrió y se fue desnudando. Mientras el otro preparaba todo lo que necesitaba, él se desvestía casi con prisa, como si en realidad su cuerpo le diera vergüenza. Lo tenía trabajado, y era sabedor de que era atractivo… pero por alguna razón, no se sentía del todo cómodo, y ese motivo lo llevó a ponerse el albornoz con premura. Su ropa la dejó en otro de los muebles, sin saber muy bien si estaría bien o no —. No te preocupeh, ehtoy acohtumbrao al trabajo duro.

Y aquello era cierto. En otra obra de teatro, en la que interpretaban a dioses de la antigua Grecia, durante toda la intervención de un protagonista él tenía que estar firme como una estatua. En la obra no era mucho rato, pero en los ensayos había pasado hasta una hora y media, incluso dos, en la misma postura. Aquello, suponía, sería lo mismo. Era también algo flexible, por lo que podía soportar ciertas posturas, aunque esa flexibilidad estaba algo aminorada desde que había hecho aparecer tanto músculo.

Tuvo que armarse de valor para, ante el otro, abrir el albornoz. Puede que no le gustara lo que veía, había gente a la que ciertos cuerpos no les gustaban, simplemente porque no era su estilo. Por un momento, Jaime sintió la necesidad de echar a correr. Sus manos temblaban en el nudo que había hecho, y no dejaron de hacerlo hasta que lo dejó a un lado, mostrando toda su desnudez… una desnudez que, en verdad, era mucho más atractiva de lo que el propio Jaime estaba dispuesto a admitir en aquel momento.

Se tumbó entonces en el sofá, siguiendo sus indicaciones, bocabajo. Cogió el libro que el otro le ofrecía y, en parte, suspiró aliviado. Podía ver su trasero, pero era la primera vez que otro hombre le veía las joyas de la corona tan de cerca. No eran motivo de mofa, para nada, pues estaba bien armado ahí abajo. Pero sí que tenía cierto reparo a mostrarse tan desnudo y tan cerca del pintor.

—Vale —dijo simplemente cuando el otro le puso las gafas.

Y, durante unos segundos, las miradas de ambos se cruzaron e hicieron que, para Jaime, el mundo se detuviera. Su rojo volvió al mismo nivel que en la cafetería, su corazón se aceleró y su respiración era ligeramente entrecortada. Verlo tan de cerca, tan atento a él… su mirada prometía devorarlo allí mismo, si hacía falta. Ahí le quedó completamente claro de que el otro era gay y que le atraía físicamente. Y, seguramente, Jaime tampoco había dejado lugar a dudas con él. Sus expresiones y que, además, rozó con la yema de los dedos la mano que el italiano posó en su cara, aunque eso fue más de forma inconsciente.

—Lo ciento —carraspeó — ¿Ehtá bien azí? —preguntó para cambiar de tema.

Tal y como dijo, estaba tumbado boca abajo en el sofá con las rodillas dobladas y las piernas en alto. En esa postura, podía observarse su blanca piel y sus formas cuasi perfectas, su culo redondeado y bien trabajado, y su espala fibrada. Descansó el pecho sobre uno de sus brazos, mientras que el otro sostenía el libro con algo de delicadeza. En clases de expresión corporal enseñaban siempre cómo hablar con el cuerpo sin decir una palabra, y todos esos conocimientos que tenía los fue expresando, muy poco a poco, hasta encontrar la postura adecuada. Eso sí, las miradas hacia el pintor y las sonrisas no dejaron de sucederse en todo momento.

—Ya —dijo a modo de sentencia cuando él mismo se vio a gusto, esperando si tenía que corregir algo de su postura e intentando relajarse para que el color de su rostro también lo hiciera ligeramente…
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Mar Mayo 10, 2016 1:27 pm
- ¿Calzoncillos ridículos? -inquirió, mirándolo con una ceja alzada- Creo sinceramente que nada te quedaría ridículo a ti... -le confesó, riendo levemente- Y aunque fuese el caso, una de tus sonrisas y ya dejarías KO mentalmente a cualquiera que te estuviese viendo... no creo que tuvieses problema con ello -los halagos eran gratis, y Angelo no dudaba en lanzarlos cuando los consideraba reales. El pelotilleo no le iba, pero cuando pensaba, como en aquel caso, que alguien era bello llevara lo que llevase, lo decía sin pelos en la lengua y se quedaba tan ancho.
Cuando tuvo todo preparado, sin embargo, no se quedó "tan ancho" cuando el rubio por fin se desnudó ante él. Mentiría si dijese que en aquel momento no hubo de pensar en mil cosas desagradables a la vez para no empalmarse... porque el chico era una belleza en todos los aspectos. Cuando se acercó a él para ponerle aquellas gafas no pudo evitar quedarse durante varios segundos mirándolo con fijeza, en parte embobado... le dieron ganas de besar aquellos labios carnosos que tanto le llamaban, pero se contuvo. Asaltacunas... ¡Asaltacunas! Aunque pareciese que Jaime estaba deseando que algo pasase por cómo se aceleró su respiración y que incluso tocó su mano... no, aquello no era normal, acababa de conocerlo.

- No pasa nada -él también carraspeó, yendo al caballete para contemplar la postura del otro desde donde la apreciaría... y pudo ver algunos cambios que quería, algunos nuevos y sobre la marcha al ver las miradas que le echaba, además de aquellas preciosas sonrisas.
- Mmmm... -se levantó de nuevo y fue hacia él- perdona si tardamos un poco, pero una vez encontremos la colocación perfecta ya sólo tendrás que aguantar -se acuclilló a su lado para quedar a su altura-. He cambiado de idea... harás como si hubieses estado leyendo el libro y de repente alguien, en dirección a mí... al visualizador del cuadro, hubiese llegado. Recíbelo con una de esas sonrisas tan bonitas que tienes -esbozó una de sus medias sonrisas y se volvió a erguir-. Ah... y el cuerpo... -deliberadamente suave y delicado, posó sus manos una a cada lado de la cintura desnuda del chico, casi tocando sus glúteos y, con más suavidad incluso, hizo que se moviese un poco más hacia dentro del sofá- así, un poco girado para "ver" a la persona recién llegada -dejó sus manos sobre la cálida piel del otro un segundo más antes de separarse, rozando a la vuelta "sin querer" la piel de su trasero respingón-. ¿Estás bien así? -inquirió, mirándole con fijeza- Si se te cansan los brazos o las piernas, lo dicho, avísame y paramos un rato.

Se dio la vuelta y volvió hacia el caballete.
- ¿Tienes frío o estás bien? Si quieres pongo la calefacción; en esta habitación tengo suelo radiante, así que calienta rápido -se sentó en su silla y miró... era perfecto, estaba perfecto-. Cualquier cosa, dime... voy a empezar -se relamió los labios casi sin darse cuenta... y comenzó a pintar.
Lentamente, su mirada alternaba entre suaves trazos con el pincel y la figura desnuda de Jaime, embebiéndose de ella, en aquel momento sólo percibiendo la belleza del rubio para plasmarla en el cuadro que, como todos los suyos, comenzó difuso... pero totalmente claro en la mente del italiano.
Así pasaba el tiempo, lento, tranquilo. En aquella ocasión ni se había acordado de ponerse música, tan distraído que estaba con Jaime y su retrato... la siguiente vez no lo obviaría. Quizás lo citaría al anochecer... para que el sol rojizo se filtrase por la ventana... un cuadro así llevaría bastante tiempo... pero debía hacerlo. Tenía tantas ideas que casi no podía con la impaciencia por su propia "lentitud" al pintar, que no era tal... pero en aquel momento se lo parecía.
Había encontrado a su "muso", sin duda alguna...
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Mar Mayo 10, 2016 2:23 pm
El momento se había esfumado tan rápido como había llegado. Sin embargo, para él había durado casi una eternidad. Si hubiera hablado en ese momento, su voz habría temblado del nerviosismo, en el caso, claro, de que hubiera salido. Lo observó marchar hacia el caballete casi con nostalgia, le gustaba tenerlo cerca… no sabía decir el por qué, pero le gustaba mucho aquel hombre y, desde luego, le habría gustado simplemente besar sus labios. Sí, tal vez algo precipitado dado el poco tiempo que llevaban conociéndose, pero Jaime había experimentado de buena mano lo que él llamaba “química a primera vista” en los escenarios… ¿por qué no iba a ser así en la vida real?

El otro decidió entonces cambiarlo de postura. Verlo acercarse de nuevo lo volvió a hacer sonreír, y su respiración, otra vez, se volvía entrecortada. Pensaba que si seguía así, le iba a provocar un ataque al corazón… esperaba que en las siguientes sesiones se normalizara todo, porque eso estaba empezando a parecer una tortura. Una deliciosa y sensual tortura.

—Vale… —dijo mientras adoptaba una nueva postura, algo ladeado. El contacto de la piel del otro lo hizo pausar su respiración y, mientras lo movía, soltó todo el aire comprimido en forma de suspiro. Vale, eso no fue especialmente disimulado… pero lo hizo sin querer, prácticamente.

Sonrió cuando sintió las manos del otro aún pegadas a su cuerpo en el momento en el que se suponía que tenía que retirarlas, y se sonrojó hasta límites que ni siquiera él conocía cuando, disimuladamente, rozó la piel de los glúteos del sevillano. Aquella situación estaba siendo terriblemente deliciosa para el Cortesillo. Tanto que estaba empezando a tener un problema con su entrepierna que, afortunadamente, no se veía por estar pegada al sofá… aún así, empezó a molestar por la postura en la que se encontraba.

—Perfehto, no te preocupeh, ehtoy bien —dijo él, dedicándole otra de sus sonrisas… la misma que tendría que utilizar para el cuadro. Al principio pensó si sería capaz de mantenerla tanto rato… luego encontró una solución fácil: sonreírle a él.

Antes de que empezara a pintar, con el otro sentándose, deslizó su mano a su propia entrepierna para cambiarla de posición. No solían pasarle estas cosas cuando se concentraba en sus personajes, pero ahora no estaba interpretando… y tal vez por eso, su cuerpo le había jugado esa mala pasada. Estaba duro como una piedra, aunque por suerte no se vería demasiado y, poco a poco, se iría rebajando.

Ni siquiera se dio cuenta del tiempo que pasó estando allí, tumbado desnudo en aquel sofá, mientras los ojos del otro estudiaban su anatomía al dedillo. Él, por su parte, lo miraba ya más calmado, con la respiración mucho más normalizada y el rojo de sus mejillas rebajado. Lo que no descansaba era su sonrisa. Cada vez que el otro lo estudiaba, él le dedicaba su sonrisa, que a veces se volvía algo más intensa, aunque no pareció molestarle al pintor. Intentaba recordar dónde se encontraban todos sus músculos y, si tenía que moverse mínimamente para acomodarse, no le costaba volver a aquella posición.

En la habitación se respiraba un ambiente artístico y sexual por donde quiera que se mirase. Las miradas, los gestos, el pincel, el olor a pintura… todo era nuevo para Jaime, y extrañamente familiar. Tal vez aquello no era lo que había buscado en un principio para salir de su bache económico, pero desde luego era la opción que más le estaba gustando… ya no querría otra, de hecho.

—¿Todo bien? —después de un buen rato sin hablar, el joven se atrevió a preguntar, solo por saber si el otro conseguía definitivamente lo que había ido a buscar en él. No quería escuchar que era una decepción… pero si había algo bueno, sí que quería escucharlo.

De todos modos, y como interrumpió el silencio, su rostro volvió a tomar el rojo que, al parecer, ahora era más natural en él que el blanco. Por suerte su erección hacía rato que había pasado, así que no temía mucho que lo hiciera moverse de nuevo. Solo esperaba que los roces no fueran muy numerosos, o iba a acabar enterándose sí o sí.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Mar Mayo 10, 2016 3:34 pm
Angelo había lanzado una mirada leve a Jaime que enseguida había disimulado, por si acaso. No había escuchado mal... ¿verdad? El rubio había suspirado al sentir su contacto y, desde luego, el sonrojo tampoco había pasado desapercibido al italiano antes de darse la vuelta para volver al caballete. Si por él hubiese sido, habría acariciado aquellas preciosas nalgas a manos llenas... le había puesto casi malo. Y es que aquel juego que se traía entre manos era una "tortura" de doble filo, en verdad... pero deseada a fin de cuentas.
Cuando se estaba sentando vio por el rabillo del ojo a Jaime moverse. Iba a decirle que procurase no moverse demasiado cuando, evidentemente, le miró. Justo a tiempo para verle sacar la mano de debajo de su cuerpo, como si se hubiese acomodado... sí, la entrepierna.
Se mantuvo callado e hizo como si no hubiese visto nada, él mismo colocándose bien sobre la silla, porque aquel indicador de la excitación ajena le había parecido, nuevamente, irresistible... ¿es que aquel crío le iba a volver loco incluso antes de poder dibujarlo?

Todo pareció normalizarse, sin embargo, cuando empezó a pintar. Se aisló en aquel mundo en el que sólo él solía entrar... y, sin embargo, disfrutaba de cada mirada que Jaime le dedicaba, de cada una de sus sonrisas. Igual lo estaba imaginando, pero parecía como si sólo le mirase a él, regalándole esos gestos en exclusiva... y él supo dar buena cuenta de ellos.
El tiempo pasó. Minutos, horas... nunca había puesto un reloj en aquella habitación para evitar distraerse con "lo mundano", como decía él cuando estaba pintando, de modo que no supo exactamente cuánto tiempo tardó. Desde luego, cuando dejó el pincel a un lado al escuchar la pregunta de Jaime, Angelo todavía no había terminado... pero había pintado aquello que requería de la presencia del modelo... los detalles los ultimaría él en otro momento.
Dejó las herramientas sobre la pequeña "repisa" del caballete y suspiró, desentumeciendo los músculos de su espalda, algo adoloridos de haberse mantenido firmes todo aquel tiempo.
- Todo perfecto -le dijo, mirándolo con una amplia sonrisa exultante-. Tú eres perfecto -añadió con un deje de increíble satisfacción en su voz, levantándose y yendo hacia el muchacho, tomándole de nuevo del mentón para que le mirase directamente a los ojos, sonriéndole de forma más leve pero más intensa-. Debo decir que estás arrebatador con las gafas... sin ellas también, desde luego, pero es un toque fantástico en ti -de nuevo sintió aquel impulso que le decía que se apoderase de aquellos labios... y de nuevo hizo un esfuerzo para contenerse, que hizo que le observase en silencio durante unos segundos más de lo que tenía planeado. Se separó inmediatamente de él.

- Ah... dios, perdona, debe de ser muy tarde -se asomó al salón a mirar la hora. Eran las diez de la noche-. Mierda... lo siento mucho, de verdad, ¿no estás hambriento? -le preguntó, volviendo a entrar en la habitación- Pasa ya bastante de la hora de cenar... ¿quieres cenar conmigo y luego te llevo con más calma a tu casa? Así no tienes que hacerlo tú, que me imagino que no tendrás ganas de hacer nada a estas horas -le sonrió amablemente... aunque secretamente quisiese de verdad que aceptase aquella proposición y se quedase un poco más con él.
No iba a admitirlo... al menos no por ahora, pero estaba bastante colgado de aquel crío, no solo artísticamente hablando, ni siquiera sexualmente hablando... ahí había más, aunque eso no fuese algo que se plantease en el momento.
- ¿Qué me dices, Jaime? Puedo preparar unas pastas si quieres -resopló, divertido-, sí, cumpliendo el arquetipo más básico de los italianos -se rio un poco de sí mismo, negando y dándose cuenta de algo en aquel momento.
- Perdona, ya te dejo que te vistas, voy a por tu paga -le lanzó una última mirada, disfrutando de su desnudez apenas un segundo más y se marchó yendo a por su cartera. Tenía que enfriar un poco su cabeza o acabaría mal, a aquel paso. Aunque a aquellas alturas ya sabía cuál iba a ser la actividad que realizaría en cuanto hubiese dejado sano y salvo al chico en su casa: pajearse como un maldito mandril. Se sentía como un maldito adolescente... ¿cómo podía excitarle tanto una persona a sus años?

Negando, regresó a la habitación con el dinero. Próximamente se lo daría en sobres, para que quedase todo más solemne; ahora sin embargo se lo entregó en mano... una suma considerable de dinero que, desde luego, era mucho más de lo que se solía pagar incluso a modelos profesionales. Desde luego, un sueldo mayor que el de un actor fijo.
- Aquí tienes -se lo entregó, sonriendo tenuemente-, y gracias por despertar de nuevo la inspiración de este artista roñoso, Jaime... de verdad -su sonrisa cálida precedió a unas palmaditas en su espalda-. Voy a ponerme a hacer la cena pues -añadió, dando por sentado que se quedaba-, ¿te apetece acompañarme o prefieres descansar en un sitio más cómodo que una silla de cocina? -inquirió.
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Mar Mayo 10, 2016 6:01 pm
—Yo… no zoy perfehto…

Apenas pudo musitar eso con una tierna sonrisa en los labios, mientras lo miraba a los ojos de forma tímida, pero intensa. Su mano se posó en el antebrazo del otro, perdiendo un poco del miedo que tenía a establecer contacto físico con él… de hecho, si el italiano lo tocaba, supuso que no habría ningún problema con que él hiciera lo propio. Tampoco era sobrepasarse si había algo de confianza entre ellos dos, y más después de haber pasado horas desnudo para él. Ya apenas se acordaba de su ropa. Lo único que quería era besar esos labios… aquel momento empezaba a tener una magia que Angelo rompió en seguida. Tal vez hizo algo mal.

—No paza ná, Angelo —dijo suavemente —. No eh tan tarde.

De todas formas, el otro pareció no escucharlo. Se movía del salón hacia el estudio rápidamente, mientras hablaba de forma ligera para disculparse y proponerle quedarse a cenar. ¿Quedarse a cenar? ¿Podría ser esa una buena idea? No quería molestar y, desde luego, no quería seguir tentando a la suerte, ya la había estado tentando suficiente durante toda la tarde… y de momento no había habido ningún desliz. De momento.

—¿Pahta? —preguntó él con una enorme sonrisa —¿Loh italianoh zolo zabéih hacé pahta, o qué?

Rió divertido con la contestación del otro. Era la primera vez que se reía en todo el día… en todo el mes, más bien. Sus preocupaciones lo habían tenido tan estresado que hasta a él se le había hecho extraño escuchar el sonido de su risa. Se incorporó, mostrando de nuevo todas y cada una de las partes de su cuerpo, y se estirazó. Tal vez no fuera algo de buena educación, pero llevaba varias horas en la misma postura, y tenía el cuerpo algo entumecido.

Cuando fue a por su dinero, el otro se quedó mirándolo. Armándose del poco valor que tenía cuando el italiano lo miraba, tocaba, y todas esas cosas que lo volvían loco, le guiñó un ojo con picardía. Se dio media vuelta en busca de su ropa y empezó a ponérsela mientras miraba el caballete por la parte trasera. Gran parte de su curiosidad ahora mismo estaba destinado a lo que estaba haciendo, pero no sabía si era de mala educación echar un vistazo, así que no lo hizo. Lo que no se esperaba era esa cantidad de dinero. Un fajo de billetes como nunca había visto cerca de él. Ni siquiera estaba escuchando lo que decía. Algo de llevar una silla de la cocina a algún lado.

—¿Ehto qué eh? —dijo con el dinero en una mano tan temblorosa que amenazaba con dejarlo caer todo al suelo. Sus ojos estaban acuosos también, amenazantes con echarse a llorar en cualquier momento… ¿cómo iba a ser eso para él? Imposible —. Ehto no… no eh pa mí, ¿no? No puede cé, no puedo aceptáh tanto dinero, Angelo…

Extendió el fajo de billetes hacia el otro y, temiendo que rechazara la devolución, le cogió una mano para intentar dejarlo todo ahí, donde Jaime creía que debía de estar. Con una décima parte de lo que le estaba dando, seguro que llegaba a fin de mes y se podía incluso permitir algún capricho. Eso era demasiado para él… es más, había hecho ya bolos por los que había cobrado menos en el pasado. Definitivamente, eso no era para él.

—Angelo, por favoh… —dijo con la voz quebrada — de verdá que no puedo… no me merehco tanto…

Y, sin poder evitarlo, rompió en un llanto. No sabía explicar por qué había llegado, pero sabía que tenía que ver con no tener el apoyo de sus padres, de su familia, de su ex novio del que no quería ni recordar su nombre… no sabía si era por el desahogo que suponía un solo billete de ese enorme fajo, o si era porque, cerca de Angelo, empezaban a ir las cosas bien. Y no hacía ni diez horas que se conocían. No lo sabía, pero sí supo lo que necesitaba, así que lo abrazó, sin más.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Mar Mayo 10, 2016 6:29 pm
Que no era perfecto... tenía el valor de decirlo con aquella expresión. Angelo pensó en que a aquel chico había que darle una "lección". Y no, no en el sentido habitual de la frase, habitualmente utilizado por abusones... sus "lecciones" tenían intenciones más tortuosamente placenteras, por llamarlo de alguna forma. Como siempre, se contuvo de hacer o decir nada al respecto, le devolvió una media sonrisa y negó levemente.
Su sonrisa se amplió cuando el otro siguió la broma y volvió a reír, disfrutando de la risa del otro.
- Bueno, yo me he diversificado, ojo; también sé preparar cous-cous, arroces, carnes y hasta pescados, si no nos ponemos demasiado tiquismiquis con la preparación -le guiñó un ojo, sonriente-. Pero mi especialidad es la pasta, sí, más concretamente la carbonara -alzó una ceja, mirándole divertido-. ¿Supone un problema a mi italianismo? -se hizo el ofendido, terminando por sonreír de nuevo rápidamente. Le tenía de buen humor, el muchachito... además de muchas otras formas que no sabía cómo podían coexistir en su forma de sentirse en aquel momento. Aquello era de locos...

Fue a por el dinero y se lo entregó al muchacho... y ni siquiera después de estar unas horas con él se habría esperado que reaccionase como lo hizo.
Empezó a fruncir el ceño cuando vio las intenciones del muchacho de rechazar el dinero, aunque por otra parte dudaba porque veía sus ojos acuosos y sus manos temblorosas... ¿qué le ocurría? ¿Se sentía mal de repente?
- Es todo para ti, Jaime... has salvado mi dinero, así que es justo que esta parte de él te corresponda -afirmó con firmeza que distaba de sentir, porque la voz y las expresiones del otro le estaban haciendo sentir incluso mal. Por dios... ni que le estuviese asesinando, ¡que le estaba pagando!
Cuando se echó a llorar sí que se quedó patidifuso... pero más cuando se abrazó a él, sollozante como un niño pequeño. Entornó los ojos... y con suavidad metió el dinero que el otro le había devuelto en uno de los bolsillos del ajustado pantalón del muchacho y, acto seguido, le abrazó también, un brazo rodeando la cintura ajena, su otra mano acariciando su suave cabello.
- Ya está, Jaime... ya está -lo apretó contra sí fuerte pero al mismo tiempo delicado-. Te lo mereces... te mereces esto y más -cerró los ojos, sintiendo su calidez y tratando de reconfortarlo con la propia, su voz grave suave y relajada-. Si sigues sin creer que te lo mereces... entonces considéralo la ayuda de un artista a otro, pero acéptalo de todas formas. Hay que ayudarse mútuamente en este mundo inclemente -sonrió ligeramente y, sólo cuando el otro quiso, se separó apenas de él para mirarle a los ojos directamente a escasos cenímetros de él, la mano que había estado en su nuca acariciando ahora su rostro, eliminando las lágrimas que corrían por él.
- Eres un chico especial... tu profesor ya me lo dijo, y demostró tener toda la razón -sonrió ampliamente-. Sólo... no llores... tu sonrisa es lo más bonito del mundo, lúcela y sé feliz -le guiñó un ojo.

Volvió a abrazarle, ahora dándole palmaditas y suspiró.
- Ay... estos jóvenes... yo soy tu jefe, así que yo decido lo que te mereces -dijo ahora, sonando "estricto" pero sonriendo cuando se separó del otro-. Y ahora digo que te mereces una buena cena arquetípica italiana y luego un paseo en coche hasta tu casita -ya no le dio opción, tomándole del brazo ahora que ya estaba vestido y arrastrándolo hasta su cocina, amplia y con una mesa en medio con varias sillas, sentándolo en una de aquellas sillas-. Tú descansa un poquito aquí y déjame la cocina a mí... jeje -sacó un mandil que tenía el cuerpo de un "chico sexy" en tanga dibujado y, guiñándole un ojo, divertido, empezó a sacar los ingredientes para sus pastas.
- ¿Eres alérgico a algo? Muy importante saber -le lanzó una mirada mientras ponía agua caliente a hervir, su camisa remangada ya para la faena.
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Mar Mayo 10, 2016 6:54 pm
Se sentía un poco estúpido por lo que había pasado, pero en cierta manera, aquello arreglaba su vida durante, al menos, unos meses. No quería parecer imbécil ante aquel hombre, pero llevaba demasiado tiempo desesperado como para que aquel gesto de altruismo pasara desapercibido para el sevillano. Y, por suerte o desgracia, el otro no quiso aceptar el dinero de vuelta, cosa que, pese a venirle bien, lo hacía sentir en cierta manera mal consigo mismo.

Sintió cómo el otro lo rodeaba también con sus brazos, trasteando en su trasero con el bolsillo y el dinero. Eso lo hizo sonreír, pues ya había conseguido echarle mano al culo por fin. Jaime empezaba a preguntarse si eso de meterle mano no iba a pasar en todo el día después de esas miradas y esas sonrisas constantes. Sentirse entre esos poderosos brazos era una sensación cálida y, sobre todo, placentera para el joven. No solía confiar en nadie últimamente, ni tenía siquiera acercamientos con otros chicos por miedo al rechazo… pero aquello era como estar en el paraíso.

Cuando llegó el momento, se separó de él, y escuchó sus palabras mirándolo a los ojos, mientras sus brazos descansaban sobre el torso firme del artista. Aquellas cosas que dijo le dieron fuerzas para poder sonreír de nuevo de forma sincera. No se sentía bien aceptando aquella suma de dinero, eso era obvio, pero si todo aquello había desembocado en aquel abrazo, había merecido la pena.

—Lo intentaré, Ángel —sonreía de forma cálida, aceptando el consejo del mayor. No consideraba que la suya fuera la más bonita, pero le gustaba lo que provocaba en el italiano.

Volvió a disfrutar de otro abrazo, y esta vez fue él mismo quien apoyó su cabeza en el cuello de Angelo, suspirando levemente. Se sentía en la gloria con él… y pensar que había tenido miedo por aquella entrevista de trabajo… menos mal que había ido, porque eso que empezaba a nacer en él era bonito y especial, y quería que siguiera creciendo, al menos hasta ver dónde llegaba la cosa.

—Me lo quedaré con una condición —dijo él muy solemne —. Que zigah haciéndome zonreíh tú a mí también.

Y, dicho eso, se dejó arrastrar hasta la cocina. Se quedó sentado, riendo divertido cuando lo vio con ese mandil nada elegante. Lo estudió de arriba abajo, sin ningún tipo de pudor, ya que aquello mismo había estado haciendo él toda la tarde. De todas formas, estaba seguro que lo que se escondía detrás de esa ropa era mucho mejor que el dibujo… y ahí decidió parar, porque empezaba a sonrojarse sin motivo aparente.

—No —carraspeó, volviendo a la realidad. Se había quedado mirándolo demasiado fijamente —. No zoy alérgico a ná.

Se quedó allí sentado, observándolo y devolviéndole las miradas y las sonrisas que el otro le estaba lanzando. Se sentía verdaderamente a gusto. No como se suponía que debería sentirse con su jefe, con su profesor, con sus padres o con un amigo de confianza. Era un tipo de comodidad que lo hacía sentir libre y atado al mismo tiempo. Como si solo pudiera despegar si él lo impulsaba <- vale, un pensamiento muy cursi.

—Por cierto, no me hah dao tu número de teléfono —dijo él sacando su móvil del bolsillo —. Creo que va a cer difícil que quedemoh de nuevo ci no contactah conmigo, ¿no?

Y, cuando tomó nota, abrió whatsapp para mandarle un mensaje y, así, que grabara su número. Casi sin pensar, escribió tres palabras. Las leyó como cuarenta veces antes de decidirse a enviarlas, pero él era una persona sincera y, de siempre, valiente. Su timidez no siempre podía con esa valentía que en él había aflorado al marcharse de casa a un sitio desconocido con ningún recurso a su favor. Así que le dio al botón.

“Me gustas, Ángel”.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Miér Mayo 11, 2016 8:42 am
Como caballero que era, sólo dejó sus manos en torno a aquel precioso trasero lo justo para meter el dinero en uno de sus bolsillos, dado que en mano no parecía dispuesto a tomarlo... no había sido consciente de lo que iba a hacer hasta que ya tenía las manos en la "masa", de modo que siguió con ello, en vista de que Jaime no parecía quejarse lo más mínimo ante el gesto.
Él mismo sonrió al ver aquella expresión de nuevo en el rostro del joven.
- Eso está mejor... esa es la expresión que me gusta ver en ti -de nuevo, tuvo que luchar contra la casi irresistible tentación de besarlo tiernamente. A aquel paso llamaría a la nueva galería "Tentación"... por Angelo Bassani. Sonaba a colonia que tiraba para atrás...-. ¿Te pago y aún me pones condiciones para recibir el dinero? -le miró con una ceja alzada, "escandalizado", no tardando mucho en soltar una leve carcajada- Que no se note el nivel de exigencia, caray -le guiñó un ojo-. Pero eso está hecho, chaval.
Y así se lo llevó consigo hasta la cocina, sentándolo en una silla antes de empezar a prepararse para hacer la cena que iban a disfrutar ambos. Disfrutar, porque esperaba que le gustase, vamos, no era mal cocinero... al menos en las cosas que sabía hacer. No era tampoco un chef de veinticuatro estrellas, pero se defendía.

Como estaba preparando cosas, apenas notaba la mirada fija del rubio sobre su persona, aunque cuando vio que tardaba tanto en responder le lanzó una mirada, pillándolo en medio de aquella inspección visual. Sonrió de lado, divertido, pero no hizo ningún comentario.
- Ah... tienes razón -parpadeó con sus ojos a media asta. Era despistado hasta límites insospechados-. Apunta -y le dictó su número. Como tenía las manos ocupadas, notó la vibración del mensaje en su bolsillo, pero no leyó el mensaje-. Ahí lo he notado llegar -comentó, apagando el fuego porque las pastas ya se habían cocido, rápido que habían terminado, y dejando el cacharro donde había estado mezclando nata y varios huevos para hacer la salsa a un lado. Se limpió las manos y sacó el teléfono, yendo a mirar el mensajito.
Por un momento se quedó anonadado por lo que ponía... pero pronto pensó que, con la timidez que mostraba el rubio, aquel "me gustas" seguramente sería como decirle eso mismo a un amigo. "Me caes bien". No podía ser que alguien tan vergonzoso acabara de... algo similar a declarársele.
Sonrió ligeramente. Que Jaime no lo hiciese, no quería decir que él no pudiese hacer algo casi similar... y difícil también de descifrar su verdadero sentido. Bueno, no tan difícil...
Pulsó enviar sin dudar y se giró de nuevo, volviendo a sus cosas en la cocina.
En el mensaje había puesto "Me enamoras, Jaime" en italiano. No tenía ni idea de si sabría el significado tal cual... pero si no lo sabía tanto mejor. Al llegar a casa igual lo buscaría...

- Bueno, nada de móviles ahora -sonrió el hombre-. Cuéntame, ¿qué tal tu primera experiencia como modelo de un pintor? ¿Fue muy duro? -le lanzó una mirada por encima del hombro, acompañada de una de sus medias sonrisas- ¿Te gustó? -añadió como si tal cosa, volviendo a girarse y empezando a hacer los taquitos de jamón que le echaba a las pastas, dejándolo a un lado y quitándole el agua a las susodichas para que se fuesen enfriando y secando antes de añadirlas a la "pota" principal.
- Debo decir que lo hiciste muy bien... ni te moviste, estoy impresionado -estaba más impresionado por otra cosas de Jaime, pero bueno-. Debes de ser un actorazo, si te tomas tan en serio todos tus trabajos, incluso uno que ni te va ni te viene como este -le halagó. Tenía que preguntarle más cosas sobre el rubio a su amigo profesor...
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Miér Mayo 11, 2016 3:45 pm
Durante unos momentos, su respiración estuvo completamente cortada, a la espera de la contestación del otro. Le había gustado de verdad… y bueno, aquello ya había avanzado más que cualquier primera cita, ya que él nunca se había desnudado en una primera cita. Es más, nunca se había desnudado en una cita. De hecho, apenas había tenido citas. Había besado solo a dos hombres en su vida, su novio y un intento de novio que tuvo al llegar a Beverly. Y ya no hubo nada más.

Sabía que aquello, probablemente, cogería al otro de sorpresa, pues había estado todo el santo día mirándolo y comiéndoselo con los ojos, Jaime se había dado cuenta de ello. De lo que también se había dado cuenta era que no había llegado a besarlo, a pesar de la tensión entre ambos. De todas formas, sí que lo dejó anonadado la respuesta del otro. No del modo en el que le gustaría, precisamente… y se sintió mal en ese mismo momento. Seguro que pensaría que era demasiado atrevido, o que lo había malinterpretado. «Zi eh que ereh tonto», pensó para sus adentros.

Guardó el móvil cuando el otro dijo que nada de móviles. No había entendido el italiano, aunque no era tan difícil del castellano. Lo que tenía claro era que lo había “rechazado” sutilmente, pues si a Jaime se le declara alguien, y ese alguien le gusta, lo besa, lo abraza o, como mínimo, lo invita al cine un día. Desde luego, había hecho el tonto. Lanzó un quedo suspiro y haciendo acopio de sus fuerzas, se obligó a sonreír. De repente, aunque el rojo seguía ahí, cambió por completo. Se sentía demasiado imbécil por haber pensado que… daba igual.

Se obligaba a sonreír de vez en cuando las veces que el otro hablaba, pero no era su sonrisa de siempre. El otro probablemente se iba a dar cuenta, pero, de repente, el mismo italiano le ofreció una excusa en bandeja de plata. Un golpe de suerte. Dos si contaba el dinero. Casi había hecho lo que los forofos del fútbol llamaban triplete.

—Ehtoy algo canzao, no zabía que ehto podía agotah tanto —sonrió y se pasó una mano por el pelo con suavidad —. Hago todo lo que puedo ciempre cuando tiene que vé con el trabajo. Ademáh, hay obrah en lah que he tenido que permanecé inmóvil. No me ha rezultao difícil, la verdá. Canzao, como ya te he dicho.

Sonrió y probó el plato que le había ofrecido el otro estaba realmente bueno, y se lo dejó saber con una sonrisa algo más sincera que las que le había dedicado hasta ahora y asintiendo con la cabeza.

—Dehde luego, ereh italiano.

Rió, divertido. Sabía que los clichés tal vez no eran del gusto del italiano, pero él mismo era un cliché andaluz con patas, por lo que ni lo hacía con maldad, ni veía ninguna maldad siempre y cuando el tono acompañase. Comió hasta hartarse, pues hacía tiempo que no comía un plato tan bueno. De hecho, y gracias al hecho de ser andaluz, lo único que comía eran nutritivos y sanos hoyos con deliciosos vasos de agua. Un hoyo se compone de un trozo de pan en el que se corta un círculo en la parte de arriba, socavando la miga, y ahí se echa aceite de oliva. Era difícil encontrarlo, pero había encontrado una tienda de importación súper barata, y más o menos eso le quitaba el hambre y no tenía que gastar gran cantidad de dinero.

A pesar de que la pasta era un plato relativamente barato de preparar, había que añadirle algo para que no fuera algo incomible. Pues bien, esos detalles eran los que el rubio no se podía permitir. Al menos no hasta aquella noche. Cuando acabó de comer, se bebió lo que quedaba de agua en su vado y suspiró. De seguido, le salió un bostezo involuntario.

—Perdón —dijo algo avergonzado —. Creo que me voy a marchá ya. No te preocupeh, mi ehtudio ehtá entre la recidencia y tu caza, a mitá de camino. No ehtá lejoh y azí no te molehto.

Sonrió y se levantó de la silla para poner el plato en el fregadero. Desde muy pequeñito fue criado para, a pesar de ser invitado, ayudar al menos a recoger la mesa, así que eso hizo antes de recoger sus cosas y disponerse a marchar.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Miér Mayo 11, 2016 4:51 pm
En verdad notó el cambio en las sonrisas del otro, las pocas veces que se giró mientras terminaba de hacer la cena. Cuando le comentó sobre su cansancio, sin embargo, imaginó que sería por eso; no debía olvidarse de que no era más que un crío... debía de ser muy duro para él tener que trabajar tanto. Angelo confiaba secretamente en que, con aquel trabajo en particular, el otro podría dejar de forzarse tanto como para terminar así de agotado o peor.
- Desde luego... tienes madera de modelo -sonrió ligeramente-. Es obvio que por tu apariencia, pero también por tu resistencia... no sé ni cuánto pasó desde que nos pusimos a ello y no te has quejado ni una vez -negó como para darle más "incredibilidad" a sus palabras.
Entre esas terminó la cena y le pasó un plato al muchacho, sentándose frente a él en la mesa y comiendo él de otro.
- Espero que te guste -dijo simplemente, seguido de un "que aproveche" antes de empezar él también a hincar el diente, pues estaba bastante hambriento también, aunque alzó una ceja ante el comentario ajeno, riendo sin complejos-. ¡Oye! ¿Qué se supone que significa eso? ¡Que no soy un cliché andante! ¡Jajajaja!

Negó ligeramente, divertido todavía, y disfrutó de cómo el otro devoraba su plato mientras él comía más despacio, simplemente observándolo. Fue una cena callada, pero le daba igual, se sentía muy cómodo con el rubio.
Cuando éste terminó, estaba a punto de preguntarle si quería algo más cuando vio cómo bostezaba y sonrió un poco más. Desde luego... era un niño.
- No te preocupes, es tarde y has trabajado duro, es hora de ir a casa y descansar -apreció el gesto del otro cuando se levantó y dejó el plato en el fregadero, pero él fue a por las llaves de su coche y lo guió hasta la puerta... cerrando tras de sí y tomándolo de un brazo para llevarlo a su coche sin dejar de sonreírle como si no pasase nada.
- Creo que dije que era el jefe... dije que te llevaba a casa, que no me cuesta nada, y lo voy a hacer -le miró con cierta cautela-. Eres alguien demasiado... atractivo, ir de noche solo no te conviene -y aquello lo decía en serio. No le resultaba difícil de imaginar que algún hombre no demasiado legal se le antojase violar a aquel muchacho en un callejón o algo incluso peor...
Así que lo llevaría a su casa sano y salvo. Mejor prevenir que curar.

- Venga, cinturón que nos vamos -le sonrió, asegurándose de que entraba en el coche y arrancándolo, poniéndose el cinturón y saliendo. Le pidió indicaciones a Jaime y, siguiéndolas, en verdad no tardaron casi nada en llegar a su casa. Había dicho la verdad en lo de que estaba cerca, al menos en coche, pero aún así Angelo se contentó con su decisión de llevarlo hasta allí.
Lo vio bajar y le sonrió una última vez.
- Ponme si quieres tus horarios en un mensaje... querré volver a tener otra sesión cuanto antes, así que si puedes ponerme al tanto de esa información te lo agradeceré -le guiñó un ojo-. Buenas noches, Jaime, descansa... y gracias de nuevo -le vio subir a casa y, tranquilo, emprendió el viaje de vuelta.
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Miér Mayo 11, 2016 5:28 pm
Suspiró contrariado cuando el otro prácticamente lo arrastró hasta el coche. No quería molestarlo, y aquello era verdad. Bastante tenía con haberse comido su comida y haberlo hecho cocinar. Si él se habría tomado un yogur y se habría ido a la cama. Aunque no tenía yogures. Bueno, pues se habría ido a la cama directamente. A pesar de todo, el hombre lo seguía tratando bien, y el sevillano logró respirar aliviado por su futuro económico, ya que aquel trabajo era un chollo.

—Muy bien, jefe —sonrió y se frotó un ojo —. Vámonoh. Aunque dudo mucho que haya gente en lah calleh entre cemana. Mi virginidad ehtá a zalvo.

Vale, ahí sus colores subieron de nuevo como a los de aquella tarde. No, subieron más, si cabe. De hecho, sentía hasta los latidos de su corazón en las orejas. ¿Por qué demonios acababa de decir eso?

«Zoy mongólico» pensó.

Dejó que el otro se subiera en el coche y, acto seguido, se subió él también, ahora sin atreverse a mirarlo a la cara directamente. Se sentía un verdadero idiota bocazas. “Bocabolso” le solía decir una amiga suya en Sevilla. Bueno, pues ahora era un “bocabolso” total. Conforme le daba la dirección y el coche recorría las calles, él se iba relajando poco a poco. Lo mismo el otro no había caído en aquel detalle. Abrió la ventanilla, no obstante, para que el frío le diera también en la cara y no fuera tan evidente el bochorno que le había entrado.

Cuando bajó, pensaba que ya estaba a salvo. No obstante, el otro volvió a hablarle. Supuso que sería de mala educación no mirarlo, después de haberlo llevado hasta allí, así que se giró y lo miró a los ojos, esta vez con una expresión más neutra que otra cosa. Achacable posiblemente al sueño o a la decepción por lo que pudo ser y no fue. Muy dramático todo.

—En cuanto llegue a caza te mando la foto —dijo él —. Dehcanza… y graciah a ti.

Ahora sí sonrió de nuevo. Tal vez por ese guiño, la chispa de las sonrisas de Jaime volvió a saltar durante una milésima de segundo, y le hizo un gesto con la mano para despedirse. Después, se marchó sin mirar atrás en ningún momento, y respiró hondo cuando escuchó el sonido del motor alejarse en mitad de la noche. Miró en el buzón para recoger las cartas y las fue mirando en el ascensor. Vivía en la última planta, un decimoctavo piso que, pese a lo que mucha gente pensaba, no era un ático. Diecisiete metros cuadrados totales en aquel estudio enano.

Al llegar, no abrió las cartas, pues sabía cuáles eran todas las deudas que tendría que ir a pagar al día siguiente. Se tumbó en la cama bocabajo, ni siquiera encendió la luz, mientras lanzaba un quedo suspiro. Era extraño, pues haber estado en aquella posición toda la tarde lo hacía ahora querer quitarse la ropa, para estar cómodo. Sonrió, pensando en qué diría Ángel si le contara lo que estaba pensando. Lo que estaba haciendo, de hecho, pues al final sí que se desnudó para ponerse cómodo.

Abrió el móvil para mandarle el horario, y fue cuando leyó las palabras en italiano cuando se acordó del ridículo que hizo. Suspiró y, por curiosidad, abrió su portátil para meterse en una página traductora. Estudió las palabras a conciencia durante casi veinte minutos, y su cabeza daba tantas vueltas que parecía que iba a explotar de un momento a otro. Fue entonces cuando, de nuevo, abrió la conversación.

«Hola, Ángel. Verás, solo quería decirte que, en España, cuando una persona se declara a otra y esa otra lo rechaza, no pone estas cosas por whatsapp. No te lo digo porque esté enfadado ni nada de eso, de hecho, lo comprendo. Un hombre como tú rara vez se fijaría en mucho más que en el físico de alguien como yo, pero entiendo que tu sangre italiana te lleve a ser seductor incluso en momentos como estos. No te preocupes, como ya te he dicho, no estoy enfadado.»

Insertó la foto del horario después de esas palabras.

«Como puedes ver, mañana estoy disponible por la tarde también. Quiero seguir con el trabajo si tú aún quieres. Que descanses, Ángel »
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Miér Mayo 11, 2016 5:58 pm
Rio levemente ante las palabras del otro. Desde luego, se tomó aquello como una broma, lo típico que se decía de "mi virginidad está a salvo"... porque vamos, aún considerándolo un angelito tierno, al italiano le resultaba casi imposible pensar que aquel rubio no hubiese ya... perdido su santidad con alguien. Era humanamente imposible.
Dejó pasar el tiempo hasta que llegaron a su casa relajadamente y, una vez allí, se despidió del muchacho notándolo ya algo distante, imaginando que sería por el sueño, una vez más.
El trayecto de vuelta ocurrió sin incidentes y, ya en casa, estaba fregando los platos cuando le llegó un mensaje y fue a mirarlo por si era alguien del trabajo, dado que a aquellas horas ya no esperaba que nadie fuese a hablarle ni por el chat.
Y entonces se quedó con la cara de mayor "what the fuck" de la vida. Frunciendo el entrecejo, tuvo que sentarse en el salón a releer aquello tres veces más para ver si se hacía una idea de qué iba aquello. Luego recordó que estaba pensando en un crío de diecinueve años... y ciertas partes de su desconcierto terminaron de golpe.
Aún así, negó levemente.
- Estos críos... -dolores de cabeza que daban... aunque, pensando detenidamente en lo que indicaba el mensaje... bueno... aquel ángel rubio era menos ángel de lo que parecía. Procedió a responderle de inmediato, decidiendo seguir el esquema del contrario casi al cien por cien.

"Hola, Jaime. Verás, sólo quería decirte que, en Italia, cuando alguien te dice "me enamoras"... es porque de verdad le enamoras. Así mismo, en Italia, si alguien te rechaza... te rechaza de forma brutalmente sincera y sin sutilezas, para dejarte bien claro que no le gustas. Teniendo esas dos cosas en cuenta, y que pareces un chico que se sonroja por pedirle hora a un desconocido... considero que el no pensar que tu "declaración" fuese con esa intención está bastante justificado. No lo digo porque esté enfadado ni nada de eso... de hecho, lo comprendo. Eres muy joven, a pesar de tu apariencia adulta, y un chico como tú rara vez pensaría que su encantadora personalidad, sumado a sus sonrisas deslumbrantes, sus ojos hipnóticos y sus labios tentadores, podrían conquistar a un pintor italiano extravagante que, según parece, gusta de hablar de sí mismo en tercera persona. El pintor no era consciente de ello hasta ahora. No achacaré nada a tu sangre porque, sinceramente, nunca he ido a España y eres el primer español que conozco... de modo que terminaré este... mensaje, diciendo que te quiero aquí mañana a las siete, poco antes de que empiece a anochecer.
Y, como no me ha gustado mucha esa referencia a mi sangre (debes recordar que en un mensaje como este, indirecto, no detecto ni tono, ni expresión ni nada, pudiendo interpretarse de forma ofensiva), evitaré mencionar nada más ni mínimamente romántico en este mensaje. No por ser joven te daré tantas facilidades, muchacho
Dicho todo esto... dulces sueños, Jaime

PD: Resulta casi un alivio ver que no eres del todo perfecto... aún así, sigues siendo mi ángel rubio de bella sonrisa."


Lo envió, negando. El hecho de que hubiese insinuado que "por ser italiano" seducía aunque alguien no le gustase le había ofendido un poco... pero en fin, era un crío, no debía sorprenderse, y estaba dispuesto a perdonárselo. Él... que ni siquiera sonreía a menudo con nadie...
Suspiró y dejó el móvil sobre la mesa, dispuesto a darse una ducha y a relajarse un poco tras aquel mensaje inesperado. Le gustaba aquel muchacho... pero iba a tener que hacerse a la idea de que apenas era un post-adolescente.
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Miér Mayo 11, 2016 6:26 pm
Jaime encendió la televisión, en vista de que el otro había leído su mensaje. No sabía si respondería o no, pero tampoco se quedó esperándolo, sino que zapeó hasta que dio con una de sus películas favoritas. La película en sí no era especialmente buena, pero tenía una escena, solo una, que era realmente maravillosa. De hecho, aquella escena se utilizaba para algunos castings, y cuando él la hizo, emocionó a todo un jurado que lo hizo estar un verano entero de protagonista en uno de los teatros de Sevilla.

Una vez esa escena hubo terminado, su móvil vibró. Vio que el mensaje era de Angelo, de hecho, pudo leer las dos primeras líneas desde la vista previa, aunque los puntos suspensivos lo pusieron nervioso. No sabía si el otro estaría mosqueado o, si por el contrario, se lo había tomado a guasa. Le llevó unos minutos armarse de valor y abrir la conversación. En efecto, estaba enfadado.

Lo que más le llamó la atención fue que se tomase a mal el halago que le había hecho a su sangre italiana, además de que había usado las propias expresiones de Jaime en su contra. Ahora veía que para Angelo era algo en cierta manera racista, o clasista… o qué sabía Jaime. Estaba tan confuso que sus dedos tardaron en volver a deslizarse por el teclado. Angelo no estaba en línea, lo cual indicaba que, tal vez, no quisiera leer una respuesta. De todos modos, él la escribió.

«Creo que has malinterpretado mis palabras, pero no creo conveniente justificarme por ellas, más bien, lo mejor es que te pida disculpas y ya. No quiero que creas que estoy pidiendo nada con esto, o que estoy dolido y que por eso te insulto sin fundamento. Tampoco quiero que se genere mal rollo entre nosotros, porque hoy me lo he pasado bien… y bueno, da igual, lo siento. Mañana me tendrás allí a la hora acordada.»

Dejó el móvil a un lado y se dispuso a dormir. Ni siquiera deshizo la cama… apagó la tele y, tumbado en la postura en la que había estado viéndola, se quedó dormido, ligeramente intranquilo por el malestar de Angelo. Solo esperaba que al día siguiente el otro pudiera pintar de nuevo, y que él no fuera una preocupación más que lo llevara a un nuevo bloqueo. No se lo merecía.

La mañana siguiente fue un verdadero caos para Jaime. Empezaba las clases a las nueve, por lo que fue a pagar todas las facturas atrasadas a las ocho y, aún así, llegó quince minutos tarde a la clase de proyección de voz, lo que le supuso una regañina por parte de su profesor. Tampoco en clase de expresión corporal estuvo fino, hacía movimientos más torpes que de costumbre, y la mímica, tan sumamente fácil para él, se hizo un mundo. Por no hablar de historia del arte… aquella asignatura lo remató, y con el agotamiento físico por haber dormido mal y preocupado, casi cae rendido. La última clase fue la del profesor Stefan, el que le había recomendado hablar con Angelo. Era profesor de técnicas interpretativas, una asignatura difícil que abarcaba dos años de la carrera, pero a Jaime eso le alegraba, porque lo consideraba un profesor sublime.

Al acabar las clases, se pusieron al día, y Jaime le contó que había conseguido el puesto. Lo que no le contó fue lo que pasó después, y todo aquello por lo que aún se sentía mal. De todos modos, y a pesar de que Stefan se había dado cuenta de que algo no había ido del todo bien, dejaron el tema y comieron juntos en la cafetería. Aunque ahora contaba con el sueldo del pintor, el profesor se empeñó en pagar, así que Jaime simplemente sonrió y agradeció la suerte que últimamente parecía estar teniendo.

Cuando llegó a casa se dio una ducha reparadora, manteniéndose largo rato bajo el agua caliente que salía de la pera y que se resbalaba por su cuerpo con suavidad. Pensó en ese momento en Angelo, y en si le gustaría alguna vez pintarlo húmedo… aunque con todo el rato que tenía que estar quieto, seguro que se ponía enfermo de ver tanta agua moverse. Eso y que, si tenía que estar tantas horas mojado, acabaría pareciéndose a un garbanzo.

Salir de su ducha en el estudio era un espectáculo. Todo, absolutamente todo, estaba cubierto con vapor. Sin embargo, no le importaba. Abrió la ventana y, cuando estuvo medianamente seco, se echó sobre la cama, puesto que aún le quedaban varias horas hasta su encuentro con Angelo. Una cabezada no le haría mal.

Cuando abrió los ojos, eran las siete. Las siete justas. Su corazón dio un vuelco, y apenas pensó en lo que tenía o no tenía que llevarse. Se puso una ropa interior medianamente decente, de color blanco, se puso un pantalón deportivo y cogió las llaves, el móvil, una camiseta y las zapatillas en las manos para terminar de vestirse en el ascensor. Los vecinos con los que se cruzó no lo miraron con buenos ojos, aunque como había sido un inquilino ejemplar tampoco le llamaron la atención.

Corrió como alma que llevaba al diablo hasta la casa de Angelo, esperando que este no se enfadara. No se había atrevido ni a mirar el móvil, pues también tenía miedo a que el otro le regañara por whatsapp. Si era mal profesional, se merecía una regañina cara a cara. Llegó entonces a casa del italiano. Eran las siete y cuarto pasadas, y la luz aún era clara, así que no se preocupó más de lo que ya estaba (que era bastante) y tocó el timbre. Se encogió para poder respirar, pues ahora mismo su corazón estaba a mil.

—Perdón por llegáh tarde —dijo entre jadeos cuando el otro abrió la puerta.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Angelo Bassani el Miér Mayo 11, 2016 7:38 pm
Con la toalla alrededor de su cintura y su cuerpo cubierto en ciertas zonas por vello oscuro, Angelo observaba el mensaje de Jaime con sus habituales ojos entornados. Sentía que, con todo lo demás, el rubio todavía ni era consciente de que el italiano le había dicho que estaba colgado de él, y no solo de su físico, como el chico había insinuado que sí podría estar colado.
Suspiró levemente y tiró el móvil en el sillón, yéndose escaleras arriba al dormitorio. No pensaba responder de nuevo; nunca le había gustado hablar cosas "peligrosas" por mensaje o incluso por teléfono hablando... cara a cara era la forma correcta de hacer las cosas. Dejaría para el día siguiente lo que podía hacer mal aquel mismo día.
Con ese pensamiento en mente, se terminó de secar, se puso unos calzoncillos cualquiera y se metió en cama, cerrando el ojo tan pronto como su cansancio venció al típico insomnio que a cierta gente empezaba a surgirle al acostarse pasada cierta edad...

Abrió el ojo casi al instante, o eso le pareció. Miró su reloj... temprano, muy temprano. Tenía que ir a la maldita facultad a dar clases...
Suspiró y salió de la cama. Suerte que el fin de semana estaba cerca...
Se pasó el día aburrido, no demasiado a su pesar pensando en el cuadro que pintaría aquel día... y el tiempo que dedicaría el fin de semana a terminar ambos para que quedasen perfectos. Las clases se le pasaron lentas y tediosas porque, a fin de cuentas, enseñar no era lo que le gustaba hacer, y se notaba... pero al menos enseñaba bien, sin mucho ánimo, pero bien. Su clase no era de las más divertidas, pero todos sus alumnos aprobaban por sus propios méritos y entendían la asignatura con facilidad gracias a sus ayudas. Sabía que ellos no tenían culpa ninguna de que estuviese trabajando en algo que no le gustaba para poder sobrevivir bien... así que se esforzaba por ser un profesor al menos decente, que ya era más de lo que muchos de sus compañeros docentes hacían.
Por eso aguantó el tipo y no se puso a leer el periódico en clases o cualquier otra chorrada. Pensaba en otras cosas... pero explicaba.

Sintió una gran relajación cuando, por fin, las clases terminaron. Aquel día ni se pasó por su despacho de nuevo, pilló sus cosas y se largó a casa, tirándose en el sofá cuan largo era nada más llegó. Se quedó frito pero, a diferencia de cierto rubio, se despertó una hora antes de que fuese "la hora". Hambriento, porque ni había comido al llegar.
Se hizo un sandwitch rápido y se puso música "ambiental"... Dream a little dream of me, para ser exactos, de Mama Cass. Acto seguido recolocó los muebles de su taller, acercándolos un tanto al ventanal que daba al jardín trasero de su casa para que la luz incidiese directamente sobre el sillón. Acercó el caballete mucho más de lo que lo había estado la última sesión y preparó los elementos de pintura, calculando el tiempo a la perfección para tenerlo todo listo cuando llegó Jaime. O, más bien, cuando se suponía que llegaba Jaime.
Angelo miró el reloj y frunció levemente el entrecejo. Había dicho que iría... quizás se había echado otros planes o había cambiado de idea.
Se sentó en el sofá del salón a esperar, mirando el móvil de vez en cuando para ver si le llegaba algún mensaje, pero nada. Estaba pensando en llamarle cuando escuchó el timbre. Con una parsimonia que no sentía realmente, se levantó y fue a abrir, observando a aquel rubio jadeante de arriba abajo, escuchando de nuevo aquel acento que, casi sin darse cuenta, había emulado en su cabeza ya unas cuantas veces.
Miró a un lado de la calle. Miró al otro. Nadie. Tomó al rubio por el cuello de la camiseta y lo acercó a él hasta que sus rostros estuvieron a milímetros de distancia.
- Mi innamoro... -susurró, acariciando los labios ajenos con su cálido aliento, casi rozándolos con los propios- Me enamoras... quizás si te lo susurro a esta distancia y en ambos idiomas te lo tomes más en serio, Jaime... -pareció como si lo fuese a besar... pero entonces se separó de él y tiró suavemente para hacerle pasar, cerrando la puerta tras él- Yo no seduzco a nadie que no me enamore -añadió en un tono de voz normal ya, escuchándose ya la música de fondo.

Le miró con cierta "dureza"... aunque pronto negó y sonrió levemente.
- No voy a tener contemplaciones contigo hoy... -lo llevó hasta el taller y le señaló el sillón- Desnúdate por completo y siéntate en el sillón, evidentemente boca arriba -en aquella ocasión no habría forma de ocultar su miembro.
Pasó a su lado, deslizando su mano apenas por la parte más baja de la espalda del chico, donde ésta casi perdía su nombre... casi. Fue a sentarse en el caballete para visualizarlo desde allí y corregir lo que hiciese falta. E iba a corregir, desde luego... pues sólo le había indicado que se sentase, pero aquello no iba a ser todo, ni mucho menos.
ELITE
ELITE
Mensajes : 41

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Jaime Cortés Hernández el Miér Mayo 11, 2016 8:00 pm
El sevillano apenas tuvo tiempo de inventarse una excusa. Que no lo iba a hacer, pero aún así se sintió como si le fuera a golpear cuando lo agarró de la camiseta tan fuerte que hizo que se le cortara la respiración. Después de mirar a ambos lados de la calle, lo miró a él tan sumamente de cerca que Jaime pensó que se lo iba a comer allí mismo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

—Lo ciento, Angelo —dijo cuando pudo hablar, ya dentro. Sus labios, durante un momento, había rozado los del italiano, y eso le hizo sonreír levemente —. Lo que no te dije eh que ci no me importara, no te lo habría dicho…

Su expresión era algo más melancólica que a lo que había acostumbrado al pintor, pero no por nada, sino porque en verdad se sentía mal por haberle generado malestar. Que se había molestado era evidente. Que ahora jugaba a un juego mucho más peligroso, también. Pero Jaime no era un actor mediocre… si quería jugar, jugaría sus cartas también.

—Muy bien, no puedeh tirá el dinero pa ná, hay que ehplotáh loh recurzoh —lo desafió —. Vamoh allá.

Se desnudó por completo, sin ningún tipo de pudor. En ese momento no era Jaime, era Marcos Alfaro, un joven que se ganaba la vida como prostituto y que, si no contentaba a su chulo, no cobraría ese mes. De hecho, le quitarían todo lo que tenía, así que tenía que seducir él antes de que el otro sacara sus colores. Hoy el rostro de Jaime tenía su pálido natural, ligeramente sonrosado por el esfuerzo físico (y porque estaba vivo, obvio).

Se despojó del slip con cierta parsimonia, acariciando con la tela la longitud completa de sus piernas, y de espaldas a él para mostrarle lo que ya había visto, pero sin pudor ni vergüenza. Después, se giró sobre sí mismo. Ningún problema, Marcos era un marrano al que le importaban tres cominos exponerse, por lo que se sentó en el sofá, con las piernas ligeramente abiertas para acomodarse, dejando que todo su miembro fuera expuesto, descansando flácido sobre ambos testículos, a los que tampoco ocultó.

Apoyó su cabeza sobre el respaldo y lo miró directamente a los ojos, moviéndose levemente para acomodar su cuerpo al sillón. Después se quedó quieto, ya que sabía que él no era el que dirigía las poses en aquellas situaciones. Pero daba igual, Marcos no tenía pudor, ni se calentaba fácilmente y de una sola vez. No, a él había que calentarlo durante horas y horas, para que todos sus clientes tuvieran la oportunidad de catarlo.

—¿Empezamoh? —ladeó la cabeza sugerentemente, con cierto brillo peligroso en la mirada.

Si el pintor se creía que era el único que sabía utilizar trucos y armas para enamorar y volver loco al otro, no había conocido al hombre del millón de rostros. El escenario siempre va contigo si tú eres el escenario. Así que… a interpretar.
STUDENTS
STUDENTS
Mensajes : 45

Fecha de inscripción : 08/05/2016

Ver perfil de usuario
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Contenido patrocinado
Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 3. 1, 2, 3  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.