I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
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El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
Savage Themes
The Captain Knows Best y Foroactivo

Algunos recursos gráficos e imágenes han sido tomados de
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Mensaje por Austin Jones el Mar Mayo 17, 2016 2:13 am
No es tan malo ser indigente, pensaba Austin buscando argumentos positivos para evitar sentirse decaído en tan lindo día. El sol brillaba con fuerza, sin ser sofocante, sobre la gran ciudad. Los rayos de luz bañaban a los ya bronceados citadinos que de todas maneras buscaban obtener su buena dosis de vitamina d. De vuelta en su pueblo en un día así la gente saldría con sus sillas plegables para sentarse en sus porches, para quedarse acostados como lagartijas, sus rostros manchados de bloqueador. Recordaba muy bien que de niño se divertía con la piscina inflable de sus vecinos. Refrescaba y animaba el espíritu.  En aquella urbe la gente también salía, pero las diferencias eran muy marcadas. Por mucho que hubiese sol, las mujeres se atrevían apenas a salir con camisas sin mangas. Las que desfilaban por la calle lo hacían con shorts de mezclilla que escandalizarían a más de uno, y trajes de baños llamativos. Como ellas, habían hombres que se quitaban la camisa, mostrando cuerpos bien formados. Aparentemente todos en aquel lugar eran increíblemente apuestos. El rubio no podía evitar girar a admirar discretamente a algunos de los varones que sin saberlo, disfrutaban de ser vistos. Uno no construye un cuerpo así sin llegar a apreciar la atención que se recibe por ello. Austin tenía también un cuerpo esculpido, quizás incluso más marcado que algunos de los que caminaban por ahí, más no le paso por la cabeza quitarse la playera, aunque estaría mucho más cómodo así.

No llevaba su mochila consigo, la había dejado en el refugio. Tuvo suerte de haber encontrado un lugar donde quedarse, sino estaría en las calles mendingando. Después de haber sido expulsado de su casa, una parte de él imagino que no le quedaría de otra más que ser una paria, vagando por los caminos. Una visión demasiado pesimista de la que afortunadamente no se hizo presa. Llegar a Berverly, una ciudad como esa, lo dejo de a primeras tan impresionado como asustado. Tenía una oportunidad, como también podría no tenerlas realmente. Un pueblerino como él no encajaba, pero entre más conocía, más quería encontrar la manera en la que fuera posible, ganarse un lugar. Los pequeños trabajos que conseguía lo ayudaban a mantener y renovar la esperanza. Claro que no era nada grande, pintar casas y arreglar jardines. Un comienzo que lo hacía sentir muy cerca de casa, más le brindaba de lo suficiente para poder comprarse lo básico y sustentar sus necesidades. Llegaría el día en que le dijesen que si en uno de los sitios en los que ha ido a buscar trabajo. No me le molestaría trabajar de mesero en uno de esos cafés elegantes, donde la gente importante acude a reuniones, o pasar la tarde en su laptop.

Sin darse cuenta, Austin había llegado a la playa. Levantar arena con sus tenis fue lo que lo sacó de su inmersión. La vista era bastante hermosa. Arena blanca y aguas azules. Se quitó su calzado y ando por el camino del boulevard. A la distancia algo llamo su atención, y decidió ir ahí. Al acercarse a lo que parecía un área de juego para hombres mayores, cayendo en cuenta después que se trataba de un gimnasio, Austin se quedó estupefacto del consorte de cuerpos masculinos ahí reunidos. De varias complexiones, aunque todos anchos, musculosos, se apreciaban fuertes. Sin camisa todos ellos, deslucían sus trabajadas musculaturas sin problemas. Había varios aparatos y pesas que permitían aquellos sujetos moldear su figura para parecerse a los dioses griegos. Una sonrisa distraída se dibujó en los labios del muchacho, aproximándose más por inercia. Caminó entre ellos, admirando como es que entrenaban. Después de verificar que no había cobro por el uso de las instalaciones, se quitó la camisa – sintiéndose un poco cohibido al principio – para unirse a los demás, sin saber realmente que hacer.

Tomó un par de pesas, e imitó la rutina de uno que entrenaba brazo. Hizo una serie de curls con el peso adecuado, como también press militar para los hombros. Existía una armonía en que cuando uno terminaba de usar un aparato, otro llegaba para tomar su lugar. Austin encontró con que eso le gustaba, extrañamente. Después de un rato, ya unos veinte minutos de ejercicio, la musculatura de Austin estaba marcada, resaltaba vistosamente  desde el tríceps hasta el deltoide. Si pudiese verse en un espejo, se vería como una versión más ancha de si mismo. En su rancho jamás tuvo la oportunidad de entrenarse en un gimnasio así, y viendo que estaba al aire libre, quizás debería visitar el lugar unas cuantas veces por semana. El ambiente estaba cargado de testosterona, una fuerza invisible que se canalizaba en cada repetición y grito para lograr llegar al final de la serie. Casi se sentía uno con ellos, excepto que era el único ahí usando jeans, mientras que los demás tenían licras deportivas, o shorst playeros. Unos cuantos unos speedos que no dejaban nada a la imaginación, y que internamente se agradecía.


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Mensaje por Vladimir Mikhailov el Mar Mayo 17, 2016 10:44 pm
El lanzamiento de la segunda colección de Aesthetix Era estaba siendo incluso más exitoso que la primera y eso me tenía muy contento. Las ventas a través de la página Web estaban alcanzando récords que no hubiese estimado ni en sueños y la Boutique del Gimnasio debía reponer las piezas con bastante frecuencia para satisfacer alta la demanda que había por los productos. ¿Y qué era lo mejor del asunto? Que con este aumento de los pedidos de ventas, las compras a los proveedores también aumentaban y por ende, se obtenían excelentes descuentos por volumen. Y mientras menos costaba fabricar las colecciones, mejor precio se podía ofrecer a los clientes sin sacrificar el merecido margen de contribución de las ventas. ¡Nos habíamos convertido en una de las marcas deportivas más competitivas! Y no sólo en ropa para el gimnasio o para el deporte en general, sino también para los respectivos accesorios, tales como: coolers, zapatos, gorras, bolsos y también los infaltables suplementos proteicos. ¿Y cómo se había logrado tanto éxito? Pues fácil; tanto yo como mis colaboradores éramos los embajadores de la marca, usando cada producto y demostrando que no había algo mejor para el Atleta. Esa era la mejor publicidad que le podíamos dar a Aesthetix Era, la cual a su vez era efectiva por el simple hecho de vestir y de hacer campeones. Sí, porque tanto yo como el resto de los representantes de la marca habíamos habíamos obtenido los mejores lugares en las famosas compentencias donde participamos.

Este año había logrado la marca personal de tres trofeos seguidos con el primer lugar en la división de Classic Physique, conviertiéndome así en uno de los favoritos para ganar el Mr. Olympia en Septiembre. Justamente el fin de semana pasado había obtenido mi tercer campeonato consecutivo en Nueva York, donde gané con sobrada ventaja sobre mis más cercanos competidores. Mi cuerpo no se podía encontrar en mejor condición; musculado a la perfección, con una definición envidiable y una simetría que parecía estar medida con extremo juicio. Muchos expertos se habían quedado asombrados con el nivel que yo había alcanzado este año, con ganancias musculares limpias y una vascularidad que hacía lucir cada uno de mis músculos como si estuviesen esculpidos en roca. Los jueces calificaban mis abdominales y pectorales como los mejores del mercado. ¿Y que decir de mis brazos y hombros? No podían estar más gruesos y balanceados, con bíceps, tríceps, trapecios y deltoides que no tenían competencia justa. También mi espalda se mostraba insuperable sobre los escenarios, ancha como un armario de dos puertas y extremadamente trabajada. Quizás mis piernas no eran las mejores de todas, pero tampoco estaban en desventaja frente a los demás atletas, lo que hacía que mi musculatura en su conjunto se tornase imbatible y capaz de llamar la atención de expertos y de la gente común y corriente.

De regreso en Beverly Paradise, no quise desperdiciar la oportunidad de mostrarme ante el público después de mis victorias. Era el mejor momento para hacerlo. ¿Y qué mejor para eso que ir hasta el Gimnasio al aire libre donde inició mi fama en esta ciudad? Extrañaba ese sitio y la excelente compañía. Tenía pensando ofrecer algunos pases de cortesía para el Gimnasio y también escoger a algunos atletas nuevos para promocionar la línea de ropa. Por otro lado, también estaba en la búsqueda de nuevos empleados para mi creciente negocio, y tenía pensado ofrecer oportunidades en el lugar que me las ofreció a mí cuando vine a esta ciudad. Necesitaba entrenadores jóvenes, personal de mantenimiento, masajistas y encargados generales para la segunda sucursal que abriría en la zona sur. Todavía con la mañana por delante me alisté para ir al gimnasio de la playa. No pretendía ejercitarme, así que vestí mis vaqueros favoritos y una ajustadísima camiseta negra con el sello de mi marca a nivel del corazón. La prenda me quedaba tan ceñida, que todos los músculos de mi torso se marcaban por encima de ésta, especialmente los pectorales. Mis brazos parecían no caber en las mangas cortas y al más mínimo movimiento, mis bíceps se marcaban en su redondez, mostrando su excelente definición y tamaño. De calzado, llevé mis Converse. A pesar de ser alguien relativamente famoso en la ciudad, yo vestía cómo y casual.

Cuando llegué, por supuesto que llamé la atención. Muchos conocidos se me acercaron a felicitarme, y muchos otros Fans aprovecharon mi presencia para tomarse unos Selfies, obtener autografos o tener la oportunidad de palpar mis brazos y comprobar que estaban duros como el acero. Obviamente fui bastante receptivo con la gente, aunque tampoco dejaba que me atosigasen. En medio de mi visita, el entusiasmo se apoderó de algunos y empezaron a proponer una competencia de alzamientos sobre la barra. Querían ver si existía aquí alguien que pudiese quitarme el titulo de campeón, ya que siempre que participaba en este evento informal, lo ganaba fácilmente. —¡Inscripciones abiertas, señores!— Gritó uno de los que empezó a organizar la pequeña competencia. Comenzaron a buscar a los participantes entre los presentes, cuyo potencial se medía con unos buenos brazos a simple vista. —¡Hey, tú! ¡El de los vaqueros, ven aquí!— Dijo para llamar a un rubio que extrañamente estaba ejercitándose en Jeans el día de hoy. Aquel espécimen masculino no podía estar más bueno a mi juicio, con una musculatura perfectamente trabajada y armoniosa. ¡Y eso que lo estaba viendo de lejos! De cerca seguro que podía ocasionarme una erección. El muchacho debía llevar un rato entrenando, porque se le notaba un sensual brillo en el cuerpo a causa del sudor. Además, se mostraba particularmente marcado. —¡Vamos, anímate rubio! ¡Que tienes pinta de ganador!— No se equivocaban con esas palabras y yo no despegaba mi vista de él. Estaba realmente bueno el condenado.


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Mensaje por Austin Jones el Lun Mayo 23, 2016 11:11 pm
Austin no estaba familiarizado con el concepto de celebridades. Ser famoso en su pueblo significaba dos cosas. Haber ganado el concurso para señoritas Chica del Condado – el que sus hermanas ganaron respectivamente dos años seguidos – y la competencia de pays. Tan simple como suena, el que pueda comer más pay sin vomitar o desfallecer gana. Una vez lo intentó, quedando en cuarto lugar. Para su tercer pay el estómago ya le estaba pidiendo boleto para el cuarto. Una mordida al quinto bastó para enfermarlo y devolver todas las moras sobre la cubeta a su izquierda. Es por eso que el no se une a los otros que emocionados reciben a una de las figuras más prominentes del fisiculturismo. El rubio solo notó como se despejaban algunas máquinas, y se arremolinaban alrededor del recién llegado, más quiso terminar su serie de quince curls primero, antes de ver de qué se trataba toda la algarabía. Sin mover el codo, manteniéndolo fijo a su costado con la separación prudente, el vaquero subía y bajaba la pesa con una precisión similar a la de alguien que llevaba ya tiempo entrenándose. El trabajo de granja le proveyó de una buena musculatura y fuerza de la que Austin todavía no sacaba provecho. Tenía potencial para hacer tantas cosas, como gogo dancer según le ofreció un tipo en la calle a las fueras de un antro gay. Oferta que rechazo porque no quería meterse en lo que desconocía completamente.

Cuando terminó, dejo las pesas en su lugar, girándose hacía el gentío. Inmediatamente supo en torno a quien giraban todos ellos, era imposible no notarlo. Increíblemente alto, ancho y musculoso, aquel hombre sobresalía sin esfuerzo alguno por sobre los demás. No solo era su altura. Podría ser más flaco y aún así resaltar por ello. El sujeto poseía una presencia que se sentía incluso en la distancia. En los labios del joven se dibujó un wow silencioso mientras admiraba aquel ejemplar de varón. De pies a cabeza, todo él gritaba virilidad, brío. Era ridículo el contraste que lograba él con los otros hombres que hace un momento consideraba enormes. Lo era mucho más, estaba en una escala completamente diferente. La ropa que traía apenas podía hacer lo suficiente para contenerlo. Parecía que le vendría bien quitarse la camisa, una idea que no desagrado por completo al muchacho, quien curioso había dado un paso hacía su dirección. Debajo de esa delgada indumentaria debía estar el cuerpo de un semidiós, de uno de esos que son hijos de los dioses griegos. En los libros de arte de la librería de su pueblo había uno que mostraba El David de Miguel Ángel. Austin guardaba esa imagen en su cabeza, creyendo que era el pináculo de la forma masculina. En ese momento le parecía tan insulso. Mármol de color caoba era su nueva fijación.

Prontamente se percató que el otro hombre le devolvía la mirada. Se giró para ver si no estaba alguien detrás de él y le estaba bloqueando la vista, más no era así. Una sensación eléctrica le recorrió el interior de los muslos sin razón aparentemente mientras se acercaba. Apenas si escuchó las palabras del otro que organizaba la competencia. Varios de ellos se veían bastante animados, dispuestos a competir y mostrar de lo que estaban hechos. Cuando finalmente se plantó delante del otro, una sonrisa se fijo en sus labios. Supo que estaba en la presencia de alguien importante, se lo decía la manera en la que los demás actuaban en torno a él, así que no estaba de ser agradable – Austin, señor – le dijo con un claro acento Texano, extendiéndole la mano. Su brazo marcado se deslucía perlado por el sudor, haciendo mas vistoso la pinta de los músculos por su extensión, sobretodo el tríceps que resaltaba espléndidamente. Las venas azules corrían debajo de la piel, pero no estaban en lugar de competir con las que el moreno presumía sin esfuerzo. Cuando le apretó la mano, lo hizo con algo de fuerza, como queriendo probarse ante el otro – yo participo si puedo – exclamó rompiendo el contacto visual con el hercúleo por un momento. El otro sujeto lo anotó y comenzó a sortear las parejas de quien contra quien pelearían. Más que fuerza, era una tarea de resistencia. Austin tenía cierta confianza en si mismo. Tenía que ser listo y no desgastarse queriendo fanfarronear a otros. No era su estilo. Le suelta esperando porque de inicio el concurso, ansioso de lo que era capaz de hacer, y sobretodo, lo que el otro hombre podía también.


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Mensaje por Vladimir Mikhailov el Jue Mayo 18, 2017 10:54 pm
La forma de caminar que tenía aquel rubio era tan impactante como la definición muscular que mostraba. ¡Qué pinta de macho rudo tenía! Y eso se le notaba más allá de esa carita de niño bueno que se gastaba. No le perdí la pista ni un segundo hasta que estuvo frente a mí. Nunca fue alguien que sintiese corte frente a los extraños, mucho menos cuando estaban tan buenos como el espécimen que se presentó ante mí con tanta naturalidad.

—Mucho gusto, macho. Soy Vladimir, pero puedes llamarme Vlado si gustas.— Le respondí, sacudiendo su mano con bastante vigor. Me gustó la forma en que él estrechó la mía, mostrando la gran fuerza que sus esculpidos músculos ostentaban. Como admirador del cuerpo masculino, no pude evitar que mi vista se pasease de forma descarada por encima de sus definidos brazos, luego por su marcadísimo abdomen, y finalmente por encima del voluminoso paquete que se le formaba en la bragueta de los vaqueros. ¡Joder! Ese condenado no sólo tenía un cuerpo de Dios Griego, sino también un aparente calibre que hacía juego con su tamaño y complexión. Y el hecho de verle sin camiseta y vistiendo unos pantalones de mezclilla incrementaba su atractivo a la enésima potencia, ya que según mi parecer, no había prenda que luciese mejor en un hombre musculoso que unos jeans a la cadera como los que él lucía. Desde ya estaba impaciente por apreciarle el culo forrado en esa tela, ajustado en el punto exacto para resaltar su redondez y firmeza. Sin duda Austin era todo un machazo, aun dentro de la obvia ingenuidad que desde ya le caracterizaba. —Ya veremos si es oro todo lo que reluce.— Le dije con una sonrisa casi altanera, pero siempre respetuoso. El texano me había impactado y eso me impulsaba a comportarme de forma particularmente sobrada frente a él, como si de alguna forma necesitase imponerme de una forma distinta a la física. Luego de eso me tomé la libertad de darle dos pequeños golpes en uno de sus pectorales, simplemente con la intención de comprobar que estuviesen duros como una roca. No me equivoqué, mis nudillos se encontraron con un músculo rígido aun en reposo. Era imposible que ese rubiote estuviese en mejor condición, y su pinta de campeón.

—¡Bueno bueno! ¡Se acabaron las presentaciones!— Exclamó el organizador, quien estaba notoriamente impaciente por ver a los musculados hombres en acción. Esta competencia no era precisamente para medir resistencia o fuerza, únicamente se realizaba para que todos tuviesen la oportunidad de lucirse frente a los demás en sensuales y justificadas flexiones corporales. —¡Es hora de comenzar la acción muchachones!— Dijo después a viva voz, instando a los participantes a que se alistasen. —Aquí el rubiales de Texas está más que listo... ¿A qué esperan?— Preguntó después, haciendo señas con las manos para indicarles al resto de participantes que se sacarab las camisetas y mostrasen de qué estaban hechos. Conmigo no fue la excepción, aunque en mí se centraron todavía más miradas que sobre el resto de los hombres presentes. Por supuesto que disfruté el momento y me hice esperar un poco, sabiendo que con eso provocaba a la mayoría. Entonces me saqué la camiseta con sobrada confianza y la arrojé al organizado. Luego de eso tensé la musculatura para dar el espectáculo que todos estaban esperado. Escuché exclamaciones de asombro, comentarios sobre mi crecimiento muscular respecto de la última vez que estuve aquí, y también como me llamaban 'Bestia'. Ese apodo me gustaba mucho porque me representaba muy bien. —¿Vamos a concursar o no?— Preguntó el organizador, esperando que los ojos de todos se despegasen de mi cuerpo, para enfocarse en la competencia. —Supongo que te veré en la final, muchachón.— Le dije al rubiote, admitiendo que sólo él podría un rival duro de vencer. Aunque yo luciese como el obvio ganador, tenía cierta fatiga por las competencias de Fitness recientes. Eso sí, no me dejaría ganar por nada del mundo.

Entonces la competición empezó. A Austin lo ubicaron en la fila derecha y a mí en la izquierda. Todo se definiría en dos rondas. La primera, en aquél que resistiese más en su línea, y la segunda era una competencia individual entre los dos que quedasen. Subimos todos entonces a las barras paralelas que estaban distribuidas por todo el lugar y empezamos a hacer flexiones. Aunque apenas yo hubiese comenzado con los ejercicios, las venas de mis brazos se brotaron con el primer movimiento hacia arriba. Proseguí sin cansarme demasiado, haciendo ver que esto era un juego de niños. Cuando ya llevaba más de cien flexiones, empecé a ver como mis compañeros de línea empezaban a jadear un poco por el esfuerzo. Unos simplemente se dieron por vencidos y otros juntaban todas sus fuerzas para continuar. Yo no les presté demasiado la atención, pues mi vista estaba sobre el rubio que recién había conocido. Fue un espectáculo verle haciendo ejercicios, y aunque yo estaba concentrado en ganar, no pude evitar que la sangre empezase a acumularse donde no debía, aumentando ligeramente el volumen entre mis piernas. No fue una erección como tal, pero sí se notó un cambio que algunos de los chicos que no habían concursado, vieron con descaro.


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