I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
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El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
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Dangerous | Gustav Kjörn

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Mensaje por Demian Kjörn el Sáb Jul 30, 2016 3:49 pm
Días que quedaron atrás, días que fueron completamente desperdiciados para él.

Su regreso a Beverly Hills no fue campante como cada vez que regresaba de unas vacaciones, o simplemente cualquier viaje que le diera a él el material de presumir con sus amigos de la facultad. Un arresto por pasarla demasiado bien, tal vez beber y bailar con una celebridad, o incluso una aventura con un desconocido. Pero no, fue peor para él que la aventura se desenvolviese precisamente con alguien demasiado conocido para él. Demian no era el mismo, y lo gracioso -o quizá no tanto- del asunto, fue que arrepentimiento o culpa no tenían nada que ver para excusar su humor, pues tales... no aparecían por su cabeza. Fue, sino, el cambio de ambiente en su vida, estar en casa ya no se sentía como estar ahí. Razón por la que tras la primera noche que pasó en la mansión, el rubio se convenció de que nada seguía igual.

Para ese atardecer, en particular, no había pisado el suelo de la mansión Kjörn desde la mañana que salió a la universidad. Berta no tuvo ni tendría idea de dónde se encontraría el menor de los Kjörn, muy a pesar que en los últimos días se había convertido en una especie de confidente para él. Horas después que acabara con sus lecciones, el muchacho paró nada más que en la casa de playa para compartir unos cuantos tragos con sus amigos, bailar un rato y luego darse una partida de CoD. Y a pesar que sus colegas estaban de lo más tranquilos y conformes, Demian se sofocó, el encierro estaba haciéndole mal: peor ya que él deseaba mantenerse ocupado, salir y olvidarse que él mismo existe. Pues si él no existe, sus problemas dejarán de hacerlo también, aquellos pensamientos que no hacían más que atormentarlo. —Levanten el culo que hoy... iremos a un lugar bonito— prometió, ganándose la sorpresa de sus amigos pues su propuesta salió de la nada. Pero siendo él el de la billetera cargada, el resto nada más le seguiría.

Sin embargo, por su estado, él aguardó en el asiento trasero ya que si bien no estaba perdido de ebrio, tal vez su aliento podría delatarle a la hora de conducir. No importó ya que estaba con personas que podían tomar ventaja de él, pero al menos no hacen preguntas que él odiaría responder. Solo siguen la corriente, y es lo que él necesita, ha venido necesitando desde varios días: un poco de normalidad. Así entre risas y un improvisado karaoke con la radio, los muchachos llegaron hasta Canon Drive, hogar de la mejor comida en todo Beverly Hills. Demian dio una palmada al brazo de su amigo que intentó ayudarle a bajar, él podía solo. Dejaron las llaves del coche con el valet y pudieron entrar. La recepcionista les interrumpió, sin embargo, en lo que pedía por la reservación. —No tenemos reservación, pero... ¿sabe quién soy yo?— La retó, mirándola fijamente a los ojos. A lo que la respuesta de la mujer fue nada más que relatar el incidente en el que fue secuestrado, pero salvado por Gustav. —Sí, mi tío el héroe. Ahora ya, consígame una mesa si aprecia su trabajo. ¿O me quiere hablando con su gerente?— Le guiñó un ojo, y tanto el tono como su sutil amenaza, sirvió para que ella fuese despavorida a buscar algo para él y sus colegas, regodeándose de lo que había conseguido.

Apenas un par de minutos tuvo que esperar para que la empleada regresase con la noticia de que no habían temas disponibles, y aquello solo hizo enfadar aun más al muchacho. Quizá él no se habría alterado de esa forma en un día cualquiera, pero esa noche, lo hizo. En un arranque, tomó la mesa donde trabajaba la muchacha y le dio vuelta, tirando todo encima. El escándalo alarmó a todos en el interior del restaurante, así como solo uno de sus amigos intentó hacerlo parar pues el resto se habían alejado para evitar problemas. ¿Qué hizo Demian? Le respondió con el puño cerrado directo a su mandíbula, y lo tiró al suelo. No pasó mucho más para que su rabieta fuese puesta en orden, cuando dos oficiales lo inmovilizaron, lo sacaron del restaurante y así lo pusieron contra el capó de la patrulla. Ahí no importó de quién se trataba, las esposas no vieron clase social cuando apretaron sus muñecas y él así acabó en el asiento trasero, al ser trasladado hasta la estación.

Al menos se había controlado, entre los otros reclusos que esperaban a alguien que pagara su salida o lo que fuera, Demian mantenía distancias pues no quería más problemas de los que ya había iniciado. Lo que deseaba, nada más, era que no lo llamaran a él, sino a su empleada, pero no tuvo suerte alguna. Todo por no tener los veintiún años cumplidos, requería la presencia de su tutor, de Gustav. Luego de insistirle a un oficial que se la pasó ignorándole, Demian soltó los barrotes y llevó las manos hasta su cabeza, tirando de sus cabellos por la impotencia. No quería verlo, no quería hablarle, él solo quería irse, largarse de ahí a un lugar donde nadie le conozca, no su tío, nadie.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Sáb Jul 30, 2016 4:44 pm
¿Qué había ocurrido? ¿Quién era Gustav? Aquello había descolocado su mundo y todo estaba tan patas arriba que había cancelado todas sus reuniones y encuentros y apenas salía de la planta superior de su casa. Ni siquiera se aseaba más que una rápida ducha; su barba continuaba creciendo y su cabello estaba hecho un lío, sin molestarse en peinarse. Sentía que de un modo u otro había traicionado a su propio hermano. ¿Cómo llegaba alguien a acostarse con aquel al que había jurado proteger, o peor aún, aquel que hacía unos meses parecía ignorar su existencia a pesar de vivir bajo el mismo techo y alimentarse de su dinero?

Lo peor de todo es que lo había disfrutado, y quién sabe, quizá lo repetiría si la oportunidad fuese la adecuada. ¿O era eso lo mejor? Se odiaba de sólo pensarlo. Lo peor de todo es que no podía poner al alcohol como excusa, pues el vino no se le había subido tanto como para realizar algo así. ¿Lo había disfrutado Demian? Lo cierto es que no lo había comprobado; tras ello, se habían dormido y a la mañana siguiente habían volado de vuelta a Beverly Hills como dos parientes normales. Una vez en casa, sus vidas volvieron a separarse en los días venideros.

Se encontraba en la cama, admirando el techo. Su teléfono sonó, aunque Gustav decidió ignorarlo. Había dejado muy claro a sus socios que no le llamasen, así que, ¿quién podría ser?
Cuando volvió a sonar decidió observar la pantalla. Número privado. Frunció el ceño, y la idea de que Demian estuviese en peligro pasó por su mente. Todo era posible, y a pesar de lo ocurrido... seguía siendo su sobrino y el cuidarle y protegerle era su obligación. Descolgó, y se sentó en el borde de la cama cuando escuchó las palabras Demian y comisaría. No le podían decir el porqué de su detención preventiva, pero Gustav prometió que estaría allí enseguida.

Se duchó, esta vez una ducha de verdad y se vistió con lo primero que vio, unos vaqueros y una camiseta roja. Un estilo demasiado informal para salir a la calle siendo Gustav como era. Aún tenía el cabello húmedo y revuelto cuando aparcó frente a la comisaría y entró en ésta a trompicones. Cuando se calmó le contaron lo que Demian había hecho y a pesar del enfado que mostró, en el fondo se sentía alviado. No había nada demasiado grave y a menos que Gustav tuviese otra información, su sobrino no tenía cargos.

Le dirigieron hasta una sala donde ya se encontraba sentado el contrario. Una vez dentro, a solas, sus ojos estaban cargados de decepción. Probablemente estaban monitorizándoles, tanto vídeo como audio, así que tendría que medir sus palabras. Se sentó dejando escapar un gran suspiro, y negó con el rostro. —¿Por qué siempre tienes que llamar así la atención? Siendo quien eres, mañana saldrás en todos los telediarios. No me importa lo de la mesa, puedo ir a pagarles otra en cuanto salga de aquí, ¿pero golpear a tu amigo? Probablemente me toque pagarle el dentista, ¡y ya estoy harto de pagarle casi todo a tus amiguitos! —su mano se cerró en un puño y cayó con fuerza en la mesa metálica que les separaba—. ¿Ahora te vas a convertir en esto, en un matón? —preguntó, algo furioso. Él no era el más indicado para reprocharle aquello... pero por fortuna pocos sabían esa parte de él, y su sobrino no estaba entre ellos.


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Mensaje por Demian Kjörn el Sáb Jul 30, 2016 5:25 pm
Nada más habían pasado veinte minutos, o así, desde que prometieron hacerle una llamada a su tutor legal, y el rubio estaba para nada contento. Tuvo que ir de un lado para otro, preparándose mentalmente, pues aun cuando no le preocupó el reproche, sermón a recibir, sí estuvo nervioso ya que le vería. Y claro, no era como si luego de aquel viaje a Las Vegas no lo haya visto, si viven en la misma casa. Pero no se habían visto, frente a frente, cuando no tenían ninguna otra cosa que hacer, más allá de estar ahí, uno para el otro. Ese fue su miedo, el que no sabría qué decirle, ni cómo enfrentarlo, aunque tenía tanto que sacar, quizá no estuvo preparado para hacerlo en ese momento.

Sin embargo, su reloj corría distinto al de los oficiales pues uno de ellos abrió la reja para sacarle exclusivamente a él. Demian estaba nervioso, pero canalizó aquello como desagrado, el mismo que le hizo ver muy bien al hombre que lo escoltó. El caminar de ambos le llevaron hasta una habitación cerrada, con nada más una ventana que daba con el pasillo, una mesa de metal y tres sillas. Tras escuchar la puerta siendo asegurada detrás de él, asumió que aun no sería liberado. ¿Y con qué podían acusarle? Nada más allá de perturbar el orden, aunque él no conocía el término adecuado. Solo deseaba largarse de ahí, irse muy lejos, y dejar tanto a Gustav como a Beverly Hills, atrás. Sin embargo, su caminar de un lado a otro no hizo más para él que alimentar su ansiedad. Entonces, luego de dar un respiro hondo, pasó a tomar asiento, pero ni así podía solo despedir aquella tensión.

Demian juntó sus manos sobre la mesa y se encorvó para apoyar su frente sobre la unión de estas. Fue en ese momento que volvió a escuchar cuando el guardia retiró el seguro de la puerta y, a la espera de que le dijesen algo como que estaba libre, no fue así: pues ahí estaba él, entrando a aquella recámara. El muchacho bajó la vista de inmediato, no tenía nada que decirle, y a su vez, no podía verlo. Cerró los ojos y apretó los labios, su mandíbula con aun más fuerza pues no quería decir, o en ese caso gritarle algo de lo que iría arrepentirse después. Las aguas ya estaban lo suficiente turbias como para ganarse una noche en prisión. Aun así, cuando trataba de comportarse como una persona razonable, un adulto responsable, la temperatura en su cabeza iba en aumento. Entonces pensó, no tanto en el desastre que armó en la recepción de ese restaurante, sino en que descargó todo aquello con su amigo, quien no lo merecí.

Era a ti— dijo entonces, en voz baja, pero podía leerse lo enfurecido que estaba. —Era a ti a quien deseaba tirarle los dientes—. Escupió aquellas palabras una vez que giró su cabeza para verle, su ceño arrugado, el poder que tenía su mirada que de poder matar, ya estarían enterrando al mayor de los Kjörn. Sin embargo, cerró los ojos y volvió a respirar hondo. —¿Qué haces aquí?—Cuestionó, abriendo los ojos hasta ese momento para verle, y así poder enfrentarlo. —¿Ahora sí te importo?— Enarcó sus cejas, poco a poco relajaba su frente, pero no porque la furia, la decepción, y sobretodo: su pena, haya acabado. —Ahora no vengas a jugar a que eres el tío responsable y preocupado, pues no solo te haces ignorante de lo que me pasa, sino lo provocaste tú. Ahora, sácame de aquí y continuamos pretendiendo que el otro no existe—. Zanjó, puso las manos sobre la mesa y se levantó, tirando la silla hasta atrás. Cruzado de brazos dio la vuelta, de cara a la pared y espaldas al otro Kjörn. Aquello que le tenía así de tenso, solo pasaría cuando regrese a la casa, se termine de embriagar hasta perder sus sentidos y caer dormido, o inconsciente. Eso le hacía falta. Ese era el remedio que necesita.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Sáb Jul 30, 2016 5:53 pm
Sintió una daga atravesarle todo el pecho cuando dijo que en realidad quería golpearle a él. Habían vuelto a su antigua relación, la que surgió cuando Demian dejó de ser un preadolescente que sí le hacía caso. ¿Acaso le había ofendido? ¿Acaso no quería hacer lo que hicieron? Lo único que tenía que haber hecho era decir no. Una sola palabra, una sola sílaba, y Gustav hubiese parado.

Sus ojos confrontaron los del menor, con el ceño fruncido. Lo único que así conseguía era remarcar las arrugas y demás signos de su edad. ¿Qué había provocado él? No, era imposible que Demian supiese lo del secuestro. Gustav permaneció sentado cuando su sobrino se levantó y le dio la espalda, intentando mantenerse calmado. Cruzó los brazos sobre su pecho, negando con el rostro.

Ni aunque les pague ahora mismo te sacarían. Te tocará pasar la noche aquí, y mañana te liberarán. Por supuesto, me harán pagar una puta fianza. ¿Y a qué mierdas viene eso de que no me preocupo por ti? —se puso en pie y rodeó la mesa, acercándose a él. Lo hacía con cautela y sin prisa, recorriendo apenas centímetros con cada paso—. ¿Quién te salvó de esos cabrones? ¿Quién se preocupó cuando llegaste lleno de moratones a casa aquella noche, a pesar de que te lo hiciste en un entrenamiento? ¿Crees que si no me importases te hubiese...?

Calló a tiempo, cogiendo aire para calmarse. Tenía que medir bien sus palabras. —Si tanto quieres partirme los dientes, hazlo —y tras un último paso le sujetó un hombro y le giró, con algo de violencia. Sabía que si empezaban a pelear los policías les separarían y quién sabe si también le retendrían a él, pero merecería la pena—. Vivimos en la misma casa. ¿Por qué no me partiste la boca tras venir de Las Vegas? Has tenido casi una semana para ello. Ahora bien, no soy tu amigo. No te voy lamiendo el culo por ahí porque tienes dinero. De hecho tienes todas las de perder. Pero vamos, no voy a defenderme.

Se señaló el rostro con ambas manos, como si esperase su puñetazo. Demian era inteligente, el pelirrojo lo sabía, pero quién sabe si se atrevería a pegarle allí. Sólo había una forma de comprobarlo, y era esperar.


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Mensaje por Demian Kjörn el Sáb Jul 30, 2016 6:16 pm
De nuevo aquellas palabras, de esa voz que no deseaba escuchar en ese momento. Su cabeza estaba al borde de estallar, pues creyó que esa era la tortura para él en lugar de la amenaza de un día, una semana, o todo un año en prisión. Demian apretó sus puños y negó, rechazando la idea, rechazando cada una de esas palabras que en ese momento, solo supieron a engaño. Sí, eran todas cierta. Pero, ¿para qué? ¿Para tratarle después como a un puto luego de prometerse que no sería así? El pecho del menor se infló y desinfló, agitado, las ganas no le faltaban. Peor aun cuando sintió que le quemó en el hombro, aquella mano que lo puso de frente a él. Su rostro ardía por lo que estaba tragándose, o ambos lo lamentaría.

Gustav, basta, cállate—pidió antes de que las cosas fueran a empeorar. Había descruzado sus brazos, pero éstos al colgar, solo era cuestión de tiempo antes de que se dejara seducir por sus impulsos, y aquello que había estado guardando por tantos días que recibió el rechazo del hombre. —No, definitivamente no eres mi amigo, pero aun así me lamiste el culo... ¿qué tal estuvo? —Estalló. Sintió una especie de liberación cuando llevó su puño hasta la mandíbula del mayor, y no se contuvo. Mientras lo hacía, destellos llegaban a su mente, eran los recuerdos de ellos dos en la cama, durante esa noche especial en Las Vegas. —¿Qué? ¿No lo esperabas?— Tomó al hombre por el cuello de su camiseta y lo empujó contra la mesa, podía escuchar el chillido de las sillas y la mesa metálica al ser empujadas por el suelo. —¿Quieres más?—Le retó, y esta vez fue su puño izquierdo el que tuvo el gusto de descargarse con la otra mejilla ajena. — ¡Yo quería más!—Le gritó, y sin quererlo, su saliva era despedida de su boca pues estaba desahogándose como no tuvo la oportunidad antes. Y en esa ocasión, no con la persona equivocada.

Demian tomó una de las sillas y nada más para expresar su furia, la aventó contra el suelo. Pues a pesar de su enojo, a pesar de haberlo descargado a partes contra su tío, no tuvo el valor de hacerle más daño. Todo era porque, no quería lastimarlo. Fue en ese momento que el escándalo despertó la atención del guardia quien se apresuró a retirar el seguro de la puerta, pero no fue lo suficientemente rápido para cuando el rubio empujó su cuerpo contra el de Gustav, estampando a éste contra la pared. Miró a sus ojos sin un solo gramo de vergüenza, no le debía nada, no debía esconderse, pues él no había metido la mata. —Eres un mierda—soltó, ya estaba perdiendo el control, ya sus manos no eran tan firmes en su actuar pues temblaban al sujetarle del cuello de la camisa. Ya sus ojos se enrojecían por el llanto inminente. —Me usaste cuando tú eras lo único que quería, ¿y para qué? Para volverme una peste después, yo... yo... —. Entonces, recordarlo de nuevo, solo le dio combustible para continuar, pero en el momento justo que levantó su puño, sintió el tirón de sus brazos, alguien tomándole por la espalda para inmovilizarlo.

Susurraba a su oído, advertencias de lo que le harían si continuaba por ese camino. Demian hizo el intento por zafarse, pero era inútil, le tenía completamente neutralizado aquel hombre. — ¡Suéltame!— Gruñó, ladeando la cabeza para verle, y estaba a solo pequeños pasos de liberar aquella ira con él a su vez. No pensaba claro, no quería irse de ahí, solo quería estar fuera, que su vida volviese a lo de antes, no quería sentir más aquello.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Sáb Jul 30, 2016 6:47 pm
Su rostro examinaba el del menor cuando le pidió que callase. Tenía sentimientos encontrados, y tan pronto quería pegarle a la pared para besarle como empezar a golpearle para quitarle aquel aire orgulloso que vestía desde la vuelta de Las Vegas. «No, definitivamente no eres mi amigo, pero aun así me lamiste el culo... ¿qué tal estuvo?». Su cuello enrojeció de ira, pero antes de reaccionar, antes de poder siquiera abrir los labios para replicar aquello, sintió el primer puñetazo. No era el más fuerte que había recibido en su vida, pero el verdadero golpe se encontraba en la persona que se lo había dado.

La habitación le dio vueltas durante unos segundos de confusión y antes siquiera de poder llevar la mano a su mandíbula, fue empujado contra la mesa. Soltó un quejido cuando la parte baja de su espalda se chocó contra el borde de ésta. El golpe definitivo fue el que recibió a continuación; sus ojos adquirieron un tono más brillante y una de sus muelas colgaba de la encía gracias a unos cuantos nervios. El sabor metálico de la sangre llenó su boca y aún medio echado sobre la mesa tosió y escupió la sangre, que bajó por su barbilla.

¡Podías tener más! ¡Podías tener todo cuanto quisieses! —gritó mientras era arrastrado hasta la pared. Se negaba a golpear a su sobrino y no le importaría morir a manos de éste. Volvió a soltar un quejido, esta vez cuando sus hombros golpearon contra la pared, de duro yeso—. Nadie te usó, Demian... no me dio tiempo a usarte, joder... —se achantó ante el puño, a pesar de que había visto al policía entrar a sujetarle. Menos mal que lo hizo. Escupió sangre de nuevo, aunque en mucha menos cantidad, que cayó hasta su propia camiseta.

Gustav se separó de la pared y se recompuso como mejor pudo. Se llevó una mano a la mandíbula y siseó en cuanto apretó. No estaba rota, simplemente inflamada, y durante varios días tendría dos moratones decorando su rostro. Observó la escena que tenía ante él, y acabó por alzar una mano. —Déjele. Quiero seguir hablando con él, pero espósele, por favor. —. Aguardó a que su petición fuese obedecida; de no ser quien era, el policía no dejaría que siguiesen viéndose. A veces ser un buen hombre de negocios, aunque estuviese engañando a más de media ciudad, daba sus frutos.

Cuando volvieron a estar solos, sintió unas ganas irreflenables de alzar una mano y estallar su palma contra una de las mejillas de Demian, pero se contuvo. En su lugar, le dio una patada a la silla que ya descansaba en el suelo y que Demian tiró minutos atrás. —Eres un egoísta. Ni siquiera tras... tras... —se mordió el labio inferior—, ni siquiera tras unirnos de forma tan íntima has dejado de ser un egoísta. Arriesgué mucho esa noche, y me hace gracia que me acuses a mí de usarte. Tú eres un puto crío que no ha conocido lo que es el compromiso, ¿y me echas en cara a mí que yo te use? Dame una sola razón para que no denuncie la paliza que me acabas de dar y para que haga posible que mañana salgas de aquí. Si no pago tu fianza, aquí te quedas. Si me das esa razón, pagaré la fianza y te irás de casa. Vete con tus padres, si quieres.

Le dio un empujón en el pecho antes de levantar la silla y tras dejarla bien colocada con un fuerte golpe se sentó en ella, agotado. Sabía perfectamente que sus padres estaban muertos, de ahí su última frase. Lo cierto es que no pensaba lo que decía, de ahí que estuviese siendo tan insensible. Se movió con la lengua la muela casi suelta, siseando al hacerlo. Si le hubiesen avisado que una noche de placer se transformaría en situaciones de esta índole, se habría detenido a tiempo.


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Mensaje por Demian Kjörn el Sáb Jul 30, 2016 7:15 pm
¿Qué? No, no, ¡no! Sácame de aquí, ponme en una celda o lo que tengas— renegó con el oficial que a su vez lucía confundido por la decisión del hombre mayor. Y sin embargo, siguió la petición para encaminar al rubio de tal forma que le dejó con sus brazos extendidos por la mesa, y sus muñecas juntas al ser esposadas. No iría a ninguna parte, eso era seguro. Demian se sentó a regañadientes, solo lanzaba una mirada de ira al hombre que ya se alejaba para dejarles nuevamente solos. Chasqueó su lengua y negó con la cabeza, escucharlo era el peor castigo que podía recibir. —¡Cállate!—levantó la vista, no podía seguir con aquello, le dolía, le dolía demasiado. Y lo peor de todo era que ese dolor no se iría con los días, cual moratón. Él no gozaría de esa suerte.

Tuvo el impulso de levantarse, pero en ese momento las esposas frenaron su actuar, rechinando las cadenas al golpearse entre ellas. Dejó caer sus manos de regreso a la mesa y hundió su rostro en el espacio entre sus brazos, para sentir lo fría de la superficie en la mesa. Entonces no pudo contenerse más, y comenzó a sollozar. Su miedo estaba lejano de aquel de pasar una noche en prisión, sino de lo que estaba sintiendo en ese momento, lo que no tenía la menor idea sobre cómo comenzar a ponerlo en palabras. Demian abrió los ojos y vio como dos gotas de sus lágrimas cayeron a la mesa, entonces cerró los ojos, rehusándose a sentir aquello. —¿Marcaría una diferencia?—Cuestionó, ya no había tanto veneno en su voz, pues pasó de estar enojado con él, consigo mismo, para solo permitirse sentir aquello, y dolía, dolía más que sus nudillos luego de estallar contra el rostro ajeno. —Pagas mi fianza, volvemos a casa, ¿y luego qué? Seguirás sin voltear a verme—señaló, limpiaba con la manga de su camisa sus ojos y su nariz. Alzó la vista hacia él, sus ojos estaban perdidos en rojo por el llanto que retenía.

No sé qué fue para ti, pero para mí... fue todo. Joder, me hiciste sentir yo mismo en una noche, más de lo que he sentido toda mi vida. ¿Y para qué?— jadeó, y cerró los ojos pues la expresión en su cara estaba deformándose, cuando en su garganta crecía un nudo que se la puso difícil para hablar. Demian esperó a que aquello se fuese y luego suspiró. —Tú me llamas egoísta, pero... me abrí a ti como no lo había hecho con nadie antes. Y... —soltó un bufido, no tenía caso, pues el simple hecho de encontrarse en esa estación de policías, era la prueba de que expresar lo que siente, a ese hombre, no le llevaba a ninguna parte. Por eso era como era, con el resto de las personas, era mejor ser tomado como un idiota esnob, como el malcriado, el malo. Porque en el momento que hacía lo contrario, luego esperaban cosas de él, algo que no era. Y en el caso del otro Kjörn, solo lo tomaba por sentado.

Fue en ese momento que Demian se cansó, se cansó de todo y todos, de Gustav, de los sentimientos asquerosos que solo lo metían en problemas, de todo. Encogió sus hombros y volteó a ver la puerta. —Será mejor si te vas— dijo ya conformado, sacó y metió su lengua para humedecer su labio inferior y volvió a suspirar. —No pagues la fianza, merezco estar aquí. Así podrás moverte libre por la casa, si no estoy ahí, no tienes que evitarme—.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Dom Jul 31, 2016 4:43 am
Calló y escuchó a su sobrino, con sus ojos escudriñando cada una de sus muecas, o bien la forma en que escondía el rostro contra la mesa. Podía sentir su miedo y, si no se confundía, su debilidad. Lo que no entendía era el origen de éstas, y estaría encantado de descubrirlo y ayudarle. Le dolían aquellos pensamientos que tenía de él. Claro que le había rechazado al volver de Las Vegas, pero porque estaba hecho un lío y porque, para ser sinceros, Demian apenas pasaba por casa. El acto más grande de amor entre dos humanos había tenido el efecto contrario en ellos.

¿Crees que yo no me sentí así? Poquísimas veces me había sentido tan bien... e incluso quizá mentiría si dijese que ya me había sentido así antes. No sé ni cómo explicarlo, pero aquello fue indescriptible. Pero, ¿qué esperabas? —bajó la voz hasta que fue un simple susurro, para que si los policías estaban grabando también sus voces no le oyesen—, ¿que actuásemos como novios? Somos familia, joder —suspiró volviendo a un tono de voz normal—, por mucho que aquello me encantase, tenemos que mirar la realidad.

Calló unos segundos y cruzó los brazos, pensativo. —¿Que lo repetiría? Aquí mismo si pudiese. Aunque no lo parezca, me alegraste la vida, me viniste bastante bien. ¿Me vas a pedir que deje de ver a otros hombres por ti? Mira, podría intentarlo, pero me conozco y no sé cuánto duraría. A largo plazo, quizá... ¿pero crees que te vendría bien? Eres joven. Intenta buscar a alguien que te haga sentir lo mismo. Si no lo consigues, ya sabes dónde está mi cuarto.

Se puso en pie y aunque parecía que iba a marcharse se acercó a la única pared con ventana, apenas un ventanal cuadrado y con barrotes tanto fuera como dentro. Observó el cielo con un suspiro y metió las manos en los bolsillos antes de comenzar a caminar por la sala, detrás de Demian, de un lado a otro. —Me da igual lo que digas, pagaré la fianza y vendrás a casa. El cómo nos comportemos allí... está en tu mano. No tengo por qué evitarte, y te mereces todo lo que te doy y más. ¿Es eso, que no te doy lo suficiente? —preguntó de repente, rodeando la mesa para poder verle el rostro. Le daba todo lo que le pedía y más, pero, ¿quién sabe? Quizás ansiaba más cosas que Gustav aún no le había dado, si bien era cierto que para el mayor no había nada más allá de aquella noche en Las Vegas. Había sido especial, mágico, y pleno; ¿qué podía darle que le llenase más que eso?


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Mensaje por Demian Kjörn el Dom Jul 31, 2016 4:58 pm
De estar teniendo esa charla, días atrás, quizá en el momento en que se dieron cuenta de la realidad de ambos; tal vez ninguno de ellos habría pisado la estación de policía. Y el rubio lo supo, ya que a pesar de negarlo con sus amigos, o toda persona que quisiese acercarse a él para hablar, se llevaría una evasiva o una mala cara suya. Cuando él tenía todo claro en su cabeza, siendo el origen de sus problemas, justo ese hombre que parecía no poder quedarse quieto.

Y Demian, tal vez compartiendo aquella inquietud, no podía solo dejar de moverse: bien fuera tamborilear sobre la mesa, o zapatear bajo ella, la presión estaba ganándole una vez más. ¿Novios? Él nunca dijo algo semejante, y de hecho, no pudo pensar en ello sino hasta esa noche de el mayor de los Kjörn se lo comentó. Su rostro fue un juego de muecas, ya que aun si no saltó a contradecirle, su silencio hablaba por sí solo. Y fue que, en lo más profundo de él, solo buscaba más de aquellas sensaciones que estallaron en la cama de ese hotel en Las Vegas. Pero al no saber lo que en realidad quería, no supo pedirlo, demandarlo como bien estaba mal acostumbrado con algo o alguien que él quiere.

Entonces volteó a verlo, con precaución de no ser atrapado en el acto. Su tío se encontraba de espaldas, y a pesar que en un comienzo quiso verle de mala gana, no pudo, sencillamente no pudo. Eran familia, sobrino y tío respectivamente, y eran lo único que tenía el otro para apoyarse, para sobrevivir. Dándose cuenta de aquello, soltó un suspiro mas no pronunció palabra alguna ya que no confió más en sí mismo sobre lo que podía decir. Luego de un par de minutos, su atención fue seducida hasta la puerta metálica cuando el oficial asomó para demandar la presencia del responsable, en ese caso Gustav. La ocasión en sí para llenar el papeleo sobre la salida del muchacho. Y cuando menos lo esperó, terminó solo en ese pequeño cuarto.

Demian echó su cuerpo hacia atrás, mientras relamía sus labios en el afán de humedecerlos; no pensó en que en realidad estaba hambriento, sediento, y cansado. Fue solo hasta ese momento que agradeció, en parte, la necedad de su tío a la hora de decidir pagar su salida. Otros minutos más tuvieron que pasar, para que el mismo oficial que guardaba la puerta, entrase para liberarle de las esposas. —Al fin—. Soltó un suspiro de alivio, y a la vez pesar; cuando bajó la vista hasta sus muñecas, solo pudo ver las marcas en rojo que dejaron el par de collares: antes no había sentido ese dolor, pues no recordaba haber forcejeado tanto -y en vano- con las esposas. Se levantó de la silla, mas su libertad él la había dado por sentada, ya que aun así, el hombre lo devolvió hasta la celda. Demian expuso su confusión ya que esperaba solo salir, terminar con aquella pesadilla. Nunca estuvo tan equivocado. —Hey, hey. ¿Qué pasa? ¿Por qué... ?— aun si opuso resistencia, con un empujón acabó por entrar a la celda, luego solo pudo escucharse el golpe que dio la puerta al cerrarse. No había ya nada que pudiera hacer, él pasaría la noche ahí. Tragó saliva, nervioso y alzó la vista para encontrarse de nuevo a su tío. —¡Gustav!— levantó la voz, con sus manos bien aferradas a los barrotes. —¿Qué está pasando aquí? ¿No puedo irme?— Frunció el ceño, no era enojo, solo miedo. A pesar de tener sus problemas antes, no había pisado una cárcel antes, ni por casualidad. Era que, una parte de él, había confiado en que el hombre haría lo posible por sacarle de ahí. Solo no fue el caso.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Dom Jul 31, 2016 5:58 pm
Aguardó en silencio a que Demian contestase, pero el silencio interrumpido por un lejano zumbido de ordenador inundió la sala. Alzó una ceja, cada vez más impaciente, pero apenas tuvo tiempo de abrir los labios cuando el oficial volvió a entrar para decirle que la visita se había terminado y que le necesitaban para tramitar aquel encierro nocturno. Le echó un último vistazo a Demian antes de ser escoltado fuera. Sentía una extraña mezcla de decepción y alegría; la primera porque no había abierto la boca antes de irse, la segunda porque simplemente se alegraba de que Demian se hubiese desahogado. Lo había hecho con un par de puñetazos contra su mandíbula, pero se los merecía. Según su sobrino, claro.

Antes de que abras la boca, Gustav —dijo el oficial que le ayudaría a rellenar los papeles mientras se sentaba en el escritorio; se conocían, y el contrario sabía quién era—, no importa cuánto me pagues; esto sí que no podemos ignorarlo. Si sólo hubiese tirado la mesa... a lo mejor hasta el otro chico le denuncia, quién sabe. Será mejor que no, hable usted con él, o puede estar unas semanas encerrado o cumpliendo servicios para la comunidad, dependería del juez. Ahora, si me rellenas esto...

Gustav se frotó la parte superior del rostro, aquella que no le dolía. Ni siquiera con todo el dinero del mundo sacaría a Demian de la cárcel esa noche.

¿Denunciarás esos puñetazos?

El pelirrojo negó con la cabeza mientras rellenaba sus datos y los de su sobrino y luego firmaba, desganado. La fianza no era demasiado cara, no para alguien como él, pero le dolía tener que dejar a Demian allí. Cuando terminaron le escoltaron a la salida, no sin antes atravesar el pasillo de las celdas para casos como aquel que sólo duraban una noche. Gustav se apartó del policía que le acompañabara para llegar a los barrotes, y colocó las manos sobre las de su sobrino, en los barrotes. De no ser porque conocía el motivo, se asombraría de lo calientes que estaban sus nudillos por los puñetazos.

No van a ser ni doce horas, ¿vale? El oficial me dijo que ni siquiera con un soborno te podría sacar de aquí, que no pueden hacer la vista gorda. Estaré aquí en cuanto abran, a primera hora, ¿vale? —besó su frente en un arrebato de cariño y sobreprotección, como su tío que era; que hubiesen intimado como lo hicieron en Las Vegas no dejaba a un lado la relación de protección que hasta entonces había tenido Gustav para con Demian—. No te pasará nada, ¿vale? Te traeré esas magdalenas que tanto te gustan, para que desayunes en el coche. —. Muchos ponían en duda la preocupación que Gustav sentía para con su sobrino por aquel tema del secuestro, pero el pelirrojo les ignoraba. Era como un hijo, y cuando le adoptó por fin tenía un motivo de peso para luchar por sus sucios negocios, y por su vida.


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Mensaje por Demian Kjörn el Dom Jul 31, 2016 6:26 pm
Era necesidad la que se expresó en su mirada, esos ojos verdes que pedían un abrazo, un cariño, o la promesa de que todo iba a estar bien. Pues ante lo inevitable, se sintió como un niño desprotegido entre aquellos barrotes. Claro, sería solo una noche, pero una noche entera al lado de verdaderos criminales, no como él que había solo estallado en el lugar y momento equivocado. Y la única persona que estaba ahí, para él, también le había fallado como para siquiera tener el valor de pedir su ayuda. Fue en ese momento que la expresión de su rostro se deformó, al ver a Gustav con esa cara que confirmó lo que él temía: sí pasará la noche ahí. Cerró lo ojos y mordió su labio, hasta que verdaderamente se lastimó éste. ¿Por qué iba a llorar? Si aquello se trataba de un castigo, nada más, para responder sus actos. Con esa idea en mente, fue que él pudo lidiar con lo que le ocurría.

Pero, tan pronto como lo tuvo a su alcance, extendió ambos de sus brazos y le tomó de las muñecas. —No, Gustav, no me dejes aquí— pidió, y aun así, nada que él dijera o hiciera, tampoco su tío, le salvarían de aquello. Una vez más cerró los ojos, ya respiraba agitado. Aquella sensación podía ser nada más comparada con el día en que sus padres fallecieron, esa sensación de abandono. Aun así, por uno o dos segundos sintió alivio, en la forma de un beso que le ayudó a tranquilizarse. —No te merezco—musitó, con sus ojos cerrados, pero la cabeza agachada. Fue en ese momento que se dio cuenta el idiota que había sido. Y para interrumpirles, la voz de un tercero, el oficial, instó a su tío para abandonar el lugar. Era tarde, demasiado tarde como para que el rubio recibiese visitas. Y tanto como el mayor se alejaba, él se vio forzado a aflojar el agarre de sus manos, y así dejarlo ir. Sin embargo, se quedó prensado de los barrotes, viéndolo ser escoltado fuera de la estación.

Estaba solo.

Con el paso de las horas, Demian aprendió una muy valiosa lección, y no de la forma en que él habría deseado. Mas sin embargo, luego de conciliar el sueño por apenas una hora, o así, escuchó el ruido metálico que hizo un oficial con las llaves. Pero más que eso, fue escuchar su nombre lo que le dio fuerza para ponerse en pie. El muchacho cojeaba, así como no tuvo la capacidad de caminar derecho, ya que lo hacía encorvado. Claramente ese no era uno de sus mejores días, puesto que recibió lo que él había dado la noche anterior: un ojo morado, y un labio partido. Pero a la misma vez, sus nudillos estaban aun más inflamados que cuando entró a la reja. Le faltaba su reloj, sus zapatos, pero por estar saliendo de ese agujero, no le dio importancia: solo necesitaba irse. Así él fue escoltado por un corto pasillo que le llevó a la recepción de dicha posta policial. Lo único que quería, en ese momento, era estar en su hogar; pero ese hogar que tanto ansiaba, no se encontraría en la mansión Kjörn, sino en los brazos del dueño.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Dom Jul 31, 2016 6:52 pm
Si pudiese, se quedaría con él en la celda y le dejaría dormir contra él, para que no le ocurriese nada. Pero no le iba a ocurrir nada, ¿verdad? Habría policías vigilando la celda y con echarse a dormir la noche pasaría más rápido. —Claro que me mereces. Tranquilo, ¿vale? —le pidió mientras se marchaba, más por los suaves empujones educados del policía que por su propia voluntad. Le sonrió en un último intento de animarle y una vez en la calle entró en su coche y se marchó a casa.

Fue sentarse en la cama y que su espalda baja y su mandíbula comenzasen a dolerle horrores, como si el resto de sensaciones que había experimentado en la comisaría estuviesen camuflando el dolor. Dejó escapar un gemido y se vio en la obligación de ir hasta la cocina, donde se tomó varios calmantes y antiinflamatorios, sin medir la cantidad. Tuvo suerte de que ni le matasen ni le afectasen. Volvió al dormitorio y se durmió tras poner la alarma. No se desveló en toda la noche, aunque los sueños y pesadillas de Demian –a veces él mismo– en una prisión de por vida le inquietaron. De algún modo u otro ahora veía la posibilidad de ir a la cárcel mucho más real, cuando el incidente ocurrido nada tenía que ver con su trabajo.

Despertó al primer timbrazo de la alarma, como si estuviese en un sueño ligero, una siesta. No se molestó en ducharse, aunque sí que se cambió de ropa. Tras un café y con una bolsa de papel con varias magdalenas se dirigió a la comisaría, donde en la misma puerta y tras extender el cheque al policía esperó a que trajesen a Demian. Su ceño se frunció por la forma en la que andaba y la sangre coagulada de su labio y uno de sus ojos. Actuó con normalidad hasta que el policía volvió al interior de la comisaría.

Una vez solos, pasó sus brazos por los costados de Demian y le atrajo hacia sí, más para sujetarle que para abrazarle. —Dios mío, ¿qué demonios ha pasado? ¿Quién coño te ha hecho eso? Ven, Dem —su voz no tenía la firmeza que presentaba habitualmente. Se dirigó al cochey y tras abrir la puerta del copiloto sentó allí a Demian. Echó un último vistazo asqueado a la comisaría antes de meterse en su asiento. Pero no arrancó, sino que ladeó el cuerpo para mirar a su sobrino. Le cogió las manos por las muñecas para examinar sus nudillos—. Vamos, Demian, cuéntamelo todo. Confía en mí. ¿Quieres ir al hospital?

Soltó sus muñecas y llevó una de sus manos a su nuca. Se acercó a él y plantó un beso en una de sus mejillas. En parte no se atrevía a darle un beso en los labios, temiendo la reacción del contrario, y menos aún estando aparcados frente a la comisaría. Aprovechó la cercanía de tal beso para examinar mejor su ojo. Él sabría curarle, pero tal vez su sobrino prefería ir al hospital; quizás aún desconfiaba de él, o alguna estupidez semejante.


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Mensaje por Demian Kjörn el Dom Jul 31, 2016 9:01 pm
Demian agarró con fuerza a los brazos de su tío, encontrando en él el apoyo que no había tenido horas antes. En todo momento mantuvo su cabeza agachada, pues no quería detenerse, su meta última era la de salir por fin de aquel espantoso lugar. Soltando quejido de vez en vez, luego de que cada paso que daba era una tostura para sus costillas, el muchacho logró llegar hasta el auto. Sujetó los hombros de Gustav para así poder sentarse, ahí todo cambió: estaba a salvo. Extendió su brazo para tirar de la palanca que le ayudó a inclinar un poco su asiento hacia atrás. Mucho mejor. Volvía a su vida, o al menos estaba en camino hacia ello. —No importa qué pasó, lo que importa es que logré salir— dijo con una forzada sonrisa de costado. Aun, sus alrededores daban vuelta en su cabeza, pero al cerrar los ojos aquello se esfumó.

Sin embargo, la presión sobre su nuca, y últimamente la sensación húmeda que dejó sobre su mejilla, le forzaron a abrir los ojos. No solo estaba más alerta ante gestos así por lo que había pasado en esa comisaría, sino porque para ese momento desconocía esos gestos afectuosos de parte del mayor. Por lo que sonrió una vez más, pero en esa ocasión, de forma auténtica. El menor alzó su mano y la dejó también sobre la nuca ajena, para mantenerle ahí. Estiró ligeramente su cuello y acabó presionando frente sobre la del otro Kjörn. —Llévame a casa—musitó, estaba dejándose llevar por aquella calidez que le abrigó por unos instantes. Su mano había subido un poco más hasta tomarle por el pelo, aun cuando al final solo le dejó una caricia de sus dedos ahí.

Una vez se dejó derrotar por el cansancio, le soltó para volver a acostarse sobre el asiento. Lo hacía con cuidado, mientras ejercía presión con sus brazos sobre su abdomen, solo así el dolor sería soportable. Demian miró a través de la ventana, mas solo cerró los ojos cuando vio a la comisaría. Mentalmente se hizo la promesa que, por ningún punto, pisaría ese lugar una segunda vez. —Gustav—lo llamó, volteando para verle aunque de perfil pues se encontraba al volante —. ¿Dónde están mis magdalenas?—recordó la promesa que le había hecho la noche anterior, estaba hambriento, tanto que su estómago ardía por recibir algo dentro. Luego de haberse quedado sin cenar, o en general, de encontrarse agotado. Aun así, él mismo se dispuso a buscarlas, nada sobre el tablero o entre los asientos: giró para ver hacia atrás y entonces estiró su brazo para alcanzar la bolsa de papel.

No me fallaste—. Señaló, mientras abría la bolsa para meter su mano en esta, sacó una que sujetó entre manos para darle un muy merecido y necesitado mordisco. —Hmm... —cerró los ojos y se permitió disfrutar cada segundo que la tuvo en su boca, dedicado a saborear antes de tragar. —Gracias, Gus, solo gracias—. Dedicó de manera sincera, aunque mientras se chupaba los dedos incluso, volteó a verle y hasta entonces descubrió los recuerdos de la noche anterior, marcados en moratones a su rostro. Su mirada se ensombreció por un instante y apartó la vista, sintió pena, vergüenza de sí mismo. —Fue bastante duro, ¿mh?— mencionó, aprovechando que se habían detenido en un semáforo en rojo. El muchacho sacó su lengua para recoger algunas migas alrededor de sus labios, y luego sacudió sus palmas. No era fácil lo que tenía para decir, pero era peor el sentimiento pesado que albergó durante toda la noche. —L-lo siento—dijo en voz muy baja, conociéndose como todo un orgulloso, no fue sorpresa. —¿Me odias?



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Mensaje por Gustav Kjörn el Lun Ago 01, 2016 9:05 am
Negó con el rostro. Odiaba insistir, así que no lo haría, pero no pensaba quedarse sin saber quién le había golpeado de tal forma y por qué los policías, aparentemente, no habían puesto orden cuando la trifulca comenzó. Cerró los ojos cuando Demian apoyó ambas frentes, y se relajó ante aquellas caricias en sus cabellos. Aquello era extraño, y Gustav no sabía qué sensaciones le recorrían por el cuerpo en esos momentos. El caso es que estaba a gusto, y era lo único que pedía para con su sobrino.

Asintió ante aquella petición y cuando se separaron encendió el motor y puso en marcha el coche. No iba demasiado rápido, pues no quería que Demian se hiciese daño en los baches y vadenes que hacían botar el coche. —Encuéntralas —comentó, divertido, cuando le preguntó por las magdalenas, y cuando por fin las encontró esbozó una tímida sonrisa y negó con el rostro—. Nunca te fallaría, Demian, ya lo sabes. El problema es que hablamos poco. Los Kjörn somos duros de roer, y cuando nos juntamos dos... pasan estas cosas.

Rió, aunque algo a desgana, como forzosamente. Estas cosas, por supuesto, eran las discusiones que tenían. Se detuvo en el semáforo y al oírle giró el rostro hacia él; al principio frunció el ceño, pues las pastillas aún hacían efecto y de no ser por los moratones y esa muela todavía medio suelta de la encía ni siquier recordaría los puñetazos.

Oh, esto... —se miró en el espejo retrovisor antes de volver a mirarle, asombrado cuando se disculpó. Negó con rapidez con el rostro—. Jamás te odiaría, Demian, por eso no me defendí. Puedes matarme a puñetazos, que nunca te odiaré ni te pegaré. Eres la única familia que tengo, me niego a perderte a ti también —miró a la carretera, pues el semáforo cambió, y se puso de nuevo en marcha, lentamente. Pocas veces eran tan sincero con su sobrino—. Me sorprendiste, tengo que decirlo. Ese entrenamiento te vino bien. Pero no te preocupes, es normal que necesitases descargar esa ira que tenías acumulada. Aquí tienes mi mandíbula siempre que quieras —bromeó, señalándose la barbilla.

Entró en el garaje, adosado en su residencia, y cuando apagó el motor le indicó a su sobrino que esperase. Rodeó el coche y abrió su puerta, cogiéndole entonces en brazos. Pesaba mucho más que cuando le acababa de adoptar y se quedaba dormido en el coche, pero viendo cómo cojeó, lo cierto es que prefería llevarle él. —Voy a curarte, ¿vale? No pienso dejar que te duermas así. —. Cruzó la puerta que daba directamente a la planta baja de su residencia y entonces subió hasta el dormitorio de Demian, dejándole directamente en la cama. Todo le recordaba a la primera noche en la que su relación empezó a aumentar, hacía unas cuantas semanas, en la que también le curó unos moratones. Esto, a ojos de Gustav, era más grave todavía.


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Mensaje por Demian Kjörn el Lun Ago 01, 2016 4:50 pm
Demian no pudo articular palabra, pues, ¿cómo podría darle seguimiento a una disculpa? Sobretodo porque, para él, todo aquello era terreno desconocido. El estilo del muchacho era más bruto, ofensivo, con la clara excepción de esa persona sentada junto a él. Nada más lo observó, al conducir, y todo lo que guardó contra él, se esfumó. Sin embargo, aun así levantó su brazo y le dio un leve empujón a su mejilla, con el puño. —Ahora sí, estoy mejor—. Resopló con gracia y volvió a la posición de antes, con su vista enfocada en la ventana del carro. No porque hubiese algo interesante ahí, sino pues no deseó ser atrapado mirando a su tío. Sin embargo, el que el coche o la presencia de Gustav le inspirasen la sensación de un refugio, provocó en el rubio que cediera al sueño. Permaneció en ese estado durante todo el recorrido, hasta que el coche dio un bote en el momento que trepó a la vereda que les llevó hasta el garaje. — ¿Hm?—Frotó sus ojos, algo confundido, luego de que no hubiese esperado acabar dormido. —Necesito una ducha, o dos, o pasarme todo el día en la bañera— comentó, soltando un pesado bostezo justo después.

Cuando su mano hizo por abrir la puerta, se detuvo ante la señal del hombre. En ese momento estuvo confundido, al verle tan apurado por llegar hasta su puerta; y para cuando averiguó de qué iba aquello, rodó sus ojos. —¿Es en serio? Puedo caminar—insistió, ya que habían pasado muchos años desde que perdió el gusto por ser tratado como un niño pequeño. Pero dada su condición, no fue mucho lo que puedo hacer, más que cooperar. Así le pasó un brazo por los hombros, aferrándose de él, mas solo evitó mirarle a la cara pues aquella escena le estaba resultando vergonzosa. No pronunció palabra alguna, en todo el camino hasta su recámara, sobre lo demás: él solo se sintió demasiado incómodo. Sin embargo, debía reconocer que pudo descansar al tumbarse con la espalda contra el colchón: demasiado más cómodo que domir sentado, contra la pared. — ¿Acaso puedo decirte que no lo hagas? Y si lo digo, ¿me harías caso?— Resolvió en ese momento, no estaba enfadado, más bien resignado con el hecho de que no podía hacerlo todo. Aun así, neceó con sus manos para apoyarse sobre la cama y de esa forma poder sentarse.

De nuevo un vistazo a ese rostro le recordó lo que había hecho la noche anterior, y a pesar que sus sentimientos en esa situación estaban más que justificados -en su cabeza-, verlo en esa mañana, sí que pudo inyectar culpa en él. De esa forma fue que se atrevió a llevar su mano hasta la mejilla del hombre, aquella que tocó antes de manera violenta. Solo deseaba enmendarlo. Aunque tuvo que tragarse el dolor que sintió con cada movimiento, usó sus piernas para arrastrarse por la cama, y así quedó más cerca de él. Fugazmente sus ojos verdes se posaron en los grises ajenos para que después pudiera darle un beso a su mandíbula, concretamente donde el moratón estaba. —Realmente lo siento— musitó, más sencillo de decir cuando no lo pensaba tanto y aquello se volvía auténtico. Su otra mano llegó también a la altura de su rostro y así le sujetó por las mejillas, aun cuando su dedo pulgar se aventuró a rozar la línea de sus labios. Y fue como si quemara, pero era calor que necesitaba él, bastante, con todo el frío que pasó anoche.

Sin más, terminó por deslizar sus brazos por lo hombros ajenos en el afán de atraerlo para un abrazo. Sus costillas no dolieron, así como distintos golpes que tenía repartidos por su abdomen, sus brazos y piernas. —Ellos querían abusar de mí—. Admitió, hablándole al oído pues con aquello en mente, no tuvo el coraje para verlo a la cara. —Y me defendí, pero perdí mi teléfono, mi reloj, mis zapatos... aun así, no lo consiguieron. Me defendí—aclaró su garganta y esbozó una sonrisa, apenas, una vez regresó para apoyar su espalda contra la cabecera de la cama. —No les encantó que llamé la atención de los guardias, así que me patearon hasta que pudieron sacarme de ahí— . Concluyó, aun con la vista baja. —Pero ya estoy aquí, ¿no?—Soltó un suspiro, pues al menos él creía estar seguro. Ya que no le pasó, entonces solo tendría que esperar a recuperarse de sus heridas. —En realidad necesito esa ducha— se repitió, viendo de reojo al rostro ajeno.

Entonces movió su pierna para pedirle que se apartara, y con esas pudo bajar los pies de la cama para ponerse en pie. Dolió cada retorcer de sus músculos, cada uno de ellos. —Ayúdame, ayúdame—pidió luego de sentirse incapacitado para mantenerse en pie por mucho rato; odiaba estar así, tan dependiente, pero era lo que tocaba. Era lo que merecía.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Lun Ago 01, 2016 5:34 pm
Acabó por encoger los hombros antes de asentir con la cabeza. Tal vez estaba siendo demasiado protector con Demian, pero le había preocupado de veras el estado en el que había salido de la cárcel. ¿Qué llevaba a unos presos a pegar a uno que saldría en unas horas? La verdad, que sabría en unos minutos, le aterró. ¿Por qué sus vidas tenían que ser tan difíciles?

Se quedó en cuclillas junto a la cama, para estar a la misma altura que Demian, a la espera de que le dijese algo, aunque fuese un simple vete para que le dejase descansar. Sin embargo, Demian decidió sujetarle una mejilla para luego hacer lo mismo con la otra, y Gustav no podía sino estar quieto, expectante y con un hormigueo constante en su abdomen. Hacía tiempo que habían cruzado la línea de lo prohibido, pero la situación actual entre ambos era tan dudosa que hasta un roce le hacía preguntarse mil cosas.

Siseó al recibir el beso, aunque la tímida sonrisa que surgió en sus labios dejó claro que no ocurría nada, que no le había herido. Simplemente le sorprendió el cambio de temperatura, como si sus mejillas siguiesen calientes e inflamadas, lo que en parte ocurría. Fue entonces cuando Gustav imitó a Demian, aunque abrazándole por la cintura. Apoyó la barbilla en su hombro, relajándose hasta que le escuchó hablar. Sintió un escalofrío de terror cuando dijo que querían abusar de él, y se preguntó qué harían con el rubio si estuviese un mes, o los que el juez impusiese, en la cárcel. Volvería irreconocible, sin duda.

Se apartó sin abrir la boca, en un pequeño estado de shock que pronto derivaría en ira. ¿Cómo se atrevían a hacerle algo así a su sobrino? Pasó un brazo bajo sus axilas cuando le pidió ayuda, y caminó con él hacia el baño del piso en el que se encontraban. —Date un baño, yo... prepararé el botiquín mientras tanto... —pero no hizo más que soltarle cuando su pie golpeó con fuerza uno de los muebles donde descansaban toallas, geles, champús, y productos semejantes. Por suerte chocó contra la pared sin llegar a caer—. ¿Quién fue? Porque soy capaz de volver y darle su merecido allí mismo, delante de los policías. ¿Qué clase de oficiales permiten eso a menos que les llames? Me alegro de que te defendieses —llevó ambas manos a sus mejillas, observando el moratón de su ojos antes de besarle la frente, un par de veces—. Tus pertenencias son lo de menos... me alegro de que tú estés bien. Ya me entiendes, a pesar de estas heridas... estás bien.

Gustav, fuera del ámbito familiar, era de las personas más viles que existían, pero jamás abusaría de alguien. Le parecía una increíble pérdida de orgullo, y no entendía cómo el resto de la gente no era capaz de verlo. —¿Sabes qué? —suspiró de repente—, debería ser yo quien te pida disculpas. Es cierto que ambos estuvimos esquivos... pero no sé, en el camino del aeropuerto a casa podría haber sacado el tema. De lo que hicimos, ya sabes. ¿Te parece que lo hablemos mientras te bañas y yo preparo el botiquín? Sin censuras, aquí no hay ningún policía escuchándonos —y desconocía si el incesto estaba penado, pero no le hacía demasiada gracia hablar de ello delante de un policía, de ahí que hubiese hablado en clave todo lo posible.


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Mensaje por Demian Kjörn el Lun Ago 01, 2016 6:16 pm
El Kjörn menor estampó sus manos contra la pared, para evitar caerse, pero el solo esfuerzo le consiguió un retortijón en la espalda del que no querría hablar, jamás. Le tomó un par de segundos el recuperarse, pero finalmente las molestias se volvieron mínimas. A partir de ese momento, no supo cómo funcionaría, aunque pensar en pena era lo último que pudo pasar por su mente.—Cálmate, Rambo—. Volteó a verlo de reojo y acabó negando con la cabeza. —Ya está, ya pasó, yo salí y ellos no— dijo lo que se había repetido tantas veces en la celda, para conseguir dormir un poco. —Eso sí, no volveré a beber tanto como anoche— rió, ya que de otra forma, se la pasaría lamentándose los días siguientes y justo ese no era su estilo. El muchacho, entonces, metió sus brazos por las mangas de su camiseta y levantó esta con el mínimo esfuerzo, ya que sus costillas seguían lastimadas. Con suerte pudo sacarla por encima de su cabeza, y la dejó caer al suelo.

Estoy aquí—. Afirmó, para que, de alguna forma pudiese hacerle entender que debían dejar aquello en el pasado. Sin embargo, apreció tantísimo esa muestra de afecto que no recibiría de nadie más, y tampoco se dejaría. Y aun así, tuvo que bajar la mirada ya que "ese" tema seguía fresco entre los dos. Él, a diferencia de Gustav, no jugó a pretender que no había pasado. Y mentiría di dijese que no tuvo más de una noche, siendo él, su cama, su mano y sus recuerdos. —Tuvimos sexo, ¿qué hay para hablar de eso?—Dijo un tanto cortante, ya que el no hablarlo días anteriores, indirectamente les había llevado hasta esa posición. Entonces Demian maniobró el broche y cierre de su pantalón con los dedos, para así poder dejarlo caer al suelo también. No tuvo reparo cuando también bajó su bóxer, ¿qué había en él que el mayor no hubiese visto ya? Al menos retiró esos pudores, esa pena entre ambos. Pero al hacerlo, la piel descubierta de su muslo y los laterales a su cadera, mostraron marcas de arañazos, él no los sentía ya, pero seguían ahí como prueba de lo violentos que habían sido los intentos por sacarle la ropa.

Ayúdame, pon el tapón—pidió, aunque nada más asomar la cabeza al interior de la bañera, comprobó que este ya estaba puesto. —No, espera, ya está—. Advirtió. Entonces venía el verdadero reto. Con mucho esfuerzo se apoyó de la pared en lo que levantaba un pie para meterlo a la bañera, luego el otro. Rechazó cualquier colaboración de Gustav, ya que él deseaba hacerlo solo esa vez. Aunque sintió otro retortijón en sus costillas, finalmente pudo sentarse, y estirar las piernas a lo largo de la bañera. —Gustav—. Señaló con la vista hacia el grifo de agua, era una petición implícita. Tan pronto sintió la frescura del agua, bañando sus pies, sintió aun mayor alivio que antes. Así como el agua se fue esparciendo, poco a poco llenando la bañera; dicha sensación se extendió a todo su cuerpo, para cuando ya le estaba cubriendo hasta por debajo del pecho. —Por favor, ciérrala—pidió nuevamente, había dejado mayor parte de su cuerpo sumergido, excepto sus brazos que permanecieron secos a la orilla de la bañera.

Demian hacía poco más que ver el agua, tranquila luego de no moverse tanto. Pero era por estar pensando, ¿qué deseaba decirle, en realidad? Tuvo miedo de que ocurriese lo mismo que en aquella sala, tuvo miedo de la verdad. —No estaba ebrio—habló, aun si al comienzo parecía no hacer mucho sentido—, esa noche, no estaba ebrio—. Explicó, girando la cabeza para voltear y verle. —Yo, de verdad quería hacerlo contigo—. Expresó, tal vez porque le debía la verdad, o porque se debía a sí mismo reconocerlo.—Sé, sé que eres el hermano de mi papá. Y te amo por ser mi tío, mi familia, pero quise que eso pasara, y ni aun ahora me arrepiento—. Era peligroso para él, dependiendo de las palabras que escogiera. Sin embargo, no se detuvo a pensarlo mucho, a escoger. Era él mismo hablando. —No quería que actuáramos como novios, ¿sabes? Sé que no lo somos, y cómo podríamos... —suspiró, haciendo una pausa para meter sus brazos en el agua y así poder levantar un poco de agua con la que se remojó la cara. —Pero me mató... me mató que no me reconocieras después. ¿Me culparías por pensar que me usaste? No sé si estoy enamorado de ti, no sé si puedo enamorarme de ti, pero... tu indiferencia dolió más que la paliza que recibí el primer día de mis lecciones de krav magá, dolió más que... la paliza de ayer—. Entonces cerró los ojos, no sabía cómo verle después de decir todo aquello. Pero aun así, paró, ya que sintió cómo un nudo crecía por su garganta. —Y me sentí culpable, porque... — tragó saliva, era difícil para él, demasiado. De nuevo, terreno desconocido que estaba pisando con el último hombre que esperó. —¿Yo había jodido lo único bueno en mi vida? ¿Por desearte acabé apartándote de mí? Estaba enojado contigo, pero... más aun, conmigo mismo... fui yo quien nos trajo hasta aquí, hasta esto y... —no pudo acabar, solo mordió su labio y se dejó poseer por el miedo, el que le hizo correrse por la bañera hasta hacer que su cabeza también se sumerja. Solo así podría bajar el calor de su rostro, solo así lavaría fuera sus errores, sus metidas de pata, sus idioteces.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Lun Ago 01, 2016 6:51 pm
La actitud de Demian le reconfortaba. Parecía ser que sí que había aprendido alguna cosa de Gustav; antaño, cuando la relación entre ambos no era tan íntima, se mostraba con la cabeza fría y pocas veces mostrando sus sentimientos. Le agradaba que hubiese dejado a un lado el tema del abuso porque ya era agua pasada y porque afortunadamente no llegó a ocurrir. Así que le dedicó una sonrisa durante varios segundos cuando le pidió que le calmase con aquel mote.

¿Qué hay para hablar de eso? Frunció el ceño; ¿de veras estaba preguntando aquello? No eran amantes, ni compañeros de trabajo, ni nada por el estilo. Eran familia. Merecía, por lo menos, una mención. Pero calló, apoyándose en el borde del lavabo mientras observaba a Demian desnudarse. No le ayudaría a menos que se lo pidiese, pues había demostrado ser fuerte incluso en esa situación. Apartó la mirada con una sensación de amargura recorriendo su cuerpo al ver aquellos arañazos. Se imaginó a unos cuantos brutos, el prototipo de hombre en prisión que todos imaginaban, tirando del pantalón de Demian y creándole aquellos arañazos. Su ira aumentaba, pero se obligó a esconderla.

Se enderezó cuando le pidió ayuda con el tapón pero se detuvo en cuanto dijo que no era necesario. Se quedó de pie en medio del baño, así que para hacer algo abrió el armario más grande y sacó de él un botiquín que conocía como la palma de su mano. Al escuchar su nombre ladeó el rostro y le obedeció, abriendo el grifo de agua fría tras sentarse en el borde de la bañera, en el lado opuesto a Demian. Mientras la tina se llenaba, ojeó el contenido del botiquín para comprobar que tenía lo necesario para curarle. Cerró el grifo cuando le pidió que parase y entonces apartó el botiquín y le observó, esperando que por fin hablase.

Volvió a bajar la vista a los azulejos cuando comenzó a hablar, negando de vez en cuando con el rostro, como si estuviese teniendo un monólogo interno más que estar escuchando a su sobrino. Cuando terminó cogió aire, se quitó los zapatos, se arremangó los vaqueros hasta las rodillas y se giró, introduciendo los pies y parte de las piernas en el agua, para estar así frente a frente pero aún sentado en el borde de la bañera, junto al grifo.

Antes de nada, no te culpes. Si algo tiene la culpa de esto... bueno, somos los dos. Esto no habría ocurrido si no hubiésemos querido los dos, ¿vale? Quiero que eso quede claro —se inclinó hacia delante, hasta apoyar los codos en las rodillas—. Y yo tampoco estaba ebrio. Sentía algo por el vino que había tomado, pero estaba consciente. En otras palabras, yo también quería hacerlo contigo. Lo curioso es que, al menos conscientemente, nunca antes te había visto de forma tan... digamos, sexual. Millones de veces te había visto pasear en ropa interior, y ninguna de esas veces se me había ocurrido meterme en la cama contigo. Esa noche... fue distinto, no sé explicarlo. Como si mi subconsciente se revelase y me diese lo que tanto ansiaba —tragó saliva y aguardó unos segundos antes de seguir—. Fui un imbécil, lo sé. No me arrepentía de nada al día siguiente, pero era todo extraño. Me desperté a tu lado, ambos desnudos en la misma cama. Aun sabiendo lo que habíamos hecho, me sentí como si hubiese traicionado a tu padre. «Eh, mira, hermano, prometí que cuidaría a tu hijo y he acabado follándomelo». Si te miraba a la cara, veía a tu padre. ¿Tenía que habértelo dicho en su momento? Sí, y nos habríamos ahorrado muchas cosas... pero no podía. Me encerré en mi cuarto para ver si se me olvidaba, si esa imagen se iba de mi mente, pero no ocurrió hasta que me llamó la policía ayer. Entonces te vi a ti, indefenso, en una celda. Por supuesto que puedes pensar que te usé —continuó antes de negar con el rostro—, pero que quede claro que no lo hice. ¿He usado a algunos hombres? No voy a mentirte, sí. Hombres a los que no he vuelto a ver. Tú eres mi sobrino, Demian. Si alguna vez te uso, me suicidaría.

Aquello último era mentira, claro. Por desgracia, ya le había usado. Ojalá hubiese un modo de borrar aquel suceso de las mentes de ambos. Si alguno de sus socios hablaba más de la cuenta, o si Demian empezaba a sospechar de la rapidez de su rescate... olvidó esos pensamientos. No era el momento ni el lugar. —¿Estoy enamorado de ti? Sí, no, no lo sé. Depende de qué sea para ti estar enamorado. Claro que pasaría la vida que me queda junto a ti, pero no en tono romántico, más bien como familia, como compañeros, como... bueno, como lo que sea que fuésemos aquella noche en Las Vegas. Pero también siento que esto es una carga para ti. Una piedra en tu camino. Si para ti el tenerme cerca es lo único bueno que dices tener en la vida... joder, aquí me tienes, duerme cada noche en mi cama si quieres, pero yo pienso distinto. No por ti, tú eres la alegría de mi vida, adoptarte me vino bien, me centró más... sino por mí. Se me caería la cara de vergüenza si un día llegas antes de clases y me ves acostándome con alguien en el patio, o en la misma entrada. ¿Cómo te sentirías entonces? Porque jamás me perdonaría el que te deprimieses o enfadases por algo así.

No sabía, por supuesto, si Demian se cabrearía o apenaría al verle con otro hombre ya que no eran nada. Pero hablaba haciendo referencia a la hipotética situación de llevar adelante esa extraña vida de familiares que ocasionalmente cumplían sus deseos más carnales el uno con el otro. Había hablado de seguido, parando únicamente para coger aire y asegurándose de que Demian no le interrumpía. Merecía saber su visión de los hechos.


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Mensaje por Demian Kjörn el Lun Ago 01, 2016 7:32 pm
«Eh, mira, hermano, prometí que cuidaría a tu hijo y he acabado follándomelo». Fue la frase que permaneció en su cabeza por el tiempo que vino después. —Tal vez no quieras decirle eso—respondió breve, en lo que usaba las manos para sacarse el exceso de agua de su rostro. Demian estaba en paz con todo el tema de sus padres, más aun cuando su humor fue de oscuro para sonreír ante la escena entera, de Gustav enfrentando a su hermano por la famosa noche de Las Vegas. De cualquier forma, estuvo comprometido y atado a escucharle; no siempre quiso hacerlo, no siempre la sinceridad de Gustav estaba en tono con lo que el rubio habría deseado escuchar, pero prefería una verdad que le dejara con un trago amargo, a un engaño que prometiese felicidad para el resto de sus días. Sacó y metió la lengua, para relamerse, en ocasiones se hacía el distraído pues de alguna forma tenía él que demostrar su inconformidad.

Claro que él no esperaba que actuasen como una pareja, pues no lo eran, y de querer construir algo sobre la nada quizá no era recomendable. Pues tal vez de las paredes hacia adentro, ellos podían ser solo un poco más que familia, durante unos cuantos minutos, podrían solo dejarse llevar. Pero, ¿aquello no sería lo mismo de un engaño? Demian pensó. Pero al descubrirse en un silencio que duró incómodamente varios segundos, él espabiló. Su vista volvió a fijarse sobre el rostro de Gustav, y para descarrilar poca de la tensión que se había armado entre los dos: decidió jugarle una broma. De manera disimulada tomó una nueva postura, siendo así que se sentó y metió sus brazos al agua. Sin pensárselo dos veces, le sujetó por los tobillos y tiró con fuerza de él, para cargárselo y hacer que entre a la bañera, sin tomar en consideración sus ropas. Fue hasta ese momento que se soltó a reír, todavía más por haber salpicado mucha agua hacia fuera. —Eres demasiado lento— le retó, dejándole los pies en paz para volver hasta su postura inicial. —Tienes razón— mintió, quizá, pero de alguna forma ellos debían tener una especie de cierre.

Eres un hombre, soy un hombre, tal vez fue un tropiezo. No había tenido sexo en varias semanas, no sé tú... y pues, lo hicimos—. Repitió para darle algo de confort a su tío, casi como una promesa de que las cosas estarían mejor entre ellos dos. —Es decir, ¿por qué tendría celos de verte con alguien más? Fue una noche, una vez, ¿tú sentirías celos si me ves con otro chico en la cama?— Y como bien pagaron sus lecciones de actuación en la academia, pudo reír muy a pesar de que se estaba apuñalando por dentro. —Estaremos bien. Discutimos, peleamos, pero al final siempre regresamos... somos Kjörn—. Pronunció con una sonrisa ladina, mientras mordía su labio inferior. Ese era el cierre que, si bien él no quiso dar, sí el que ambos merecían. —Olvidemos que ésto nos pasó, ¿sí? Eres mi familia, la única familia que tengo, y eso es algo que no puedo poner en juego—. Prometió, firme, ya como él era con el resto del mundo. Pues jamás titubeaba.

¿Quieres... ponerte con el kit? La verdad es que no dormí demasiado anoche, y solo pienso en acostarme—. Comentó para instarlo un poco, si bien era cierto que sus ojos y cuerpo en general estaban agotados, por su parte él deseaba un tiempo a solas. Fue hasta ese momento que hurgó con su pie, hasta dar con la tapa que maniobró con sus dedos para quitar, así el agua eventualmente se iría. —Gustav— hizo una pausa para pensar bien en lo que estaba por decirle, y aun así, solo una vez antes estuvo tan seguro de lo que pensaba y haría. —Antes de... todo esto, había pensado en mudarme, pero estaba enfadado contigo, conmigo, con el mundo— expresó—. Ahora que, espero estemos en mejores términos... sigo creyendo que no fue una idea descabellada. Así que, solo esperaré a recuperarme de ésto y... voy a buscar un apartamento en la ciudad—. Enarcó su ceja, mirándolo a los ojos. No estaba pidiendo permiso, había tomado una decisión, y así fue como se la compartió. —Los primeros días pienso sobrevivir con el dinero del fideicomiso, pero la idea es que... me haga responsable de mí. Aun si puedo contar contigo, no quiero tener que hacerlo todo el tiempo. Yo... tengo que crecer aparte de ti, o vaya que no me gusta la persona en la que podría convertirme—. Se sinceró, como de nuevo, no lo había hecho con alguien antes. —Espero que me apoyes, esta vez no con dinero... pero que lo aceptes. Significaría mucho, mucho para mí—. Y hasta entonces su pecho se infló, satisfecho consigo mismo, y esa sensación rara vez podría ser comparada.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Mar Ago 02, 2016 4:38 am
Una de sus cejas se alzó en el silencio que inundó el baño cuando calló, aunque aguardó a que el otro empezase a hablar. Sin embargo, le tiró al agua. Gustav se sujetó con fuerza de los bordes de la bañera. —¡Eh, ¿qué haces?! —exclamó antes de sentir cómo era recibido por el agua, por suerte menos fría que al principio. Le miró con una mueca de cabreado, pero que no duró mucho ya que realmente no estaba enfadado.

Fue entonces cuando decidió relajarse y colocar los brazos en los bordes de la bañera sin importarle que sus manos goteasen agua al suelo. Ladeó el rostro ante aquella pregunta. No, no sentiría celo alguno, pero sería incómodo verle haciendo algo con otro hombre. Como si en el momento en el que ellos se habían acostado fuesen otras personas y en el momento en el que le descubriese con otro chico fuesen estrictamente dos familiares; sí, sería incómodo. Pero nada más. Se alegraría, incluso, pues significaría que Demian estaba anímicamente bien.

¿Fueron reales aquellas palabras? Su cuerpo quedó quieto, moviéndose su abdomen de arriba abajo con lentitud por su respiración, mientras el agua iba desapareciendo y dejaba ambos cuerpos al aire de nuevo. Gustav no se inmutó. Había construido su vida en torno a Demian: sus mentiras, su forma de hablar en clave por teléfono, sus excusas para cuando llegaba con los nudillos machacados de pelearse con algún miembro de la mafia italiana, y una larga lista de ejemplos. ¿Qué iba a hacer ahora sin él? No es que en su momento no se hubiese imaginado a Demian marchándose, era el ciclo de la vida, pero ahora que estaban tan unidos...

Tragó saliva, el primer intento por volver en sí. Abrió los labios, titubeando. —Claro —dijo sin más, asintiendo con la cabeza lentamente—, si es lo que quieres... adelante... pero no hace mucho... bueno, siempre he pensado que tú me sustituirías en los negocios, algún día. No puedes aprender de primera mano cómo funciona todo si estás lejos, ¿no? Pero lo respeto —dijo de repente, con rapidez—, y no voy a ser quién para impedir que te vayas. —. «A menos que cancele todas tus tarjetas, dejes de recibir dinero y te veas obligado a volver conmigo», pensó. Pero ese no era su estilo.

Se puso en pie dentro de la bañera, sujetándose de la pared para no resbalar, y estiró una toalla en el suelo antes de salir para no mojar los azulejos y no caerse. Luego esperó a Demian, por si necesitaba ayuda para salir, y le tendió una toalla para que se fuese secando. —¿Has... mirado algún piso ya? —tal vez era otra táctica para olvidar lo ocurrido, para volver a ser los de antes. Ante la imposibilidad de una convivencia más o menos normal bajo el mismo techo, quizás irse a vivir a otra casa era lo más razonable.


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