I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
▲ Debes subir tu ficha para obtener color
▲ Después de que tu ficha es aceptada, debes realizar tus Registros
▲ El mínimo de líneas por post es 10.
▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
▲ Avisen sus ausencias y eviten perder sus Pbs
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El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
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Unveiling | Pv. Gustav Kjörn [+18]

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Mensaje por Demian Kjörn el Mar Ago 23, 2016 7:06 pm
Tomó tiempo, quizá más del que él había esperado, pero por fin había hecho algo con su vida. Tenía los fundamentos para probarse capaz, y probarle a él que era capaz, no solo un niño mimado dependiente del dinero de su familia. Para Demian aquello había sido revelador, ya que en un comienzo él mismo no lo habría creído. Pero ahí estaba, afinando detalles para pasar la prueba de fuego: recibir la visita del Kjörn mayor. Era fácil predecir que el muchacho de cabellera rubia, fuera consumido por los nervios. Aun así, no contaría con el tiempo suficiente para hacer todo un cambio de su vida. Por ejemplo, no era como que había aprendido a cocinar ni nada parecido. Si la comida había sido preparada en una buena cocina, de la que ordenó la cena que consumirían ambos. Y sí, que la empleada recibió su baño de quejas por parte del menor ya que él no aceptaría nada por debajo de la perfección.

Con solo cinco minutos de retraso, Demian se encontraba lo suficiente enfadado como para pensar que se le había arruinado la noche: y no necesariamente fue así. Pagó por lo que había ordenado, pero no lo hizo así con la propina. Primero, estaba saliéndose de su presupuesto, y segundo, si le llevaban la comida después de la hora, estaban muertos para él.

El rubio se había instalado ya en su nuevo hogar, con cerca de dos meses y medio para lograrlo: el lugar estaba debidamente amueblado, una de sus amigas de la universidad colaboró con él a la hora de diseñar cada cuarto, toques modernos, y colores secos, en el que predominaba el verde: de lejos, su color preferido. Lo que el muchacho notó, cuando ponía la mesa, fue el que el repartidor se había olvidado de la bebida, una botella de vino que especificó él se añadiese a su orden. Estaba saliendo mal, fatal. Pues cuando escuchó que tocaban su puerta, Demian atendió a esta. — ¡Les dije, específicamente, lo que quería! Y vienen con una trastada de... estas... — su voz fue bajando en intensidad cuando no encontró al repartidor ahí, sino a su tío parado frente a su puerta. Sonrió de costado y calló por unos segundos, internamente deseaba morirse, que la tierra lo tragase o algo de esa denominación. Aclaró su garganta y se hizo a un lado, invitando al hombre a pasar. — Tío Gustav, pasa. — señaló con su brazo al interior de su apartamento; cabía mencionar que él nunca le llamaba tío, pero dada la situación de ambos. Era más un recordatorio para él. Estaba por cerrar la puerta cuando escuchó zancadas viniendo del pasillo, y un brazo se colaba con la botella de vino. — Por fin — dijo en voz baja. Volteó a ver al hombre y le dedicó una sonrisa condescendiente. - Un segundo. - Entonces se regresó con el empleado para masacrarle con la mirada. — Llamaré a tu jefe, y le pediré que te despidan. — amenazó, aun cuando acabó por reír un poco.— Pero, gracias por traerla. — señaló la botella. ¿Por qué el cambio de humor? Debía considerarse quién estaba haciéndole compañía en su apartamento, porqué tanto alboroto.

Demian fue hasta la cocina, dejando la botella en el proceso, y de ahí levantó una toalla para secarse el sudor de la frente y de sus brazos. Sí que había trabajado bastante, se había tensado aun más, para que aquello saliese bien. — Este... tío — remarcó, de regreso a la sala de estar donde le había dejado. — Te daría un recorrido, pero... la comida ya está servida, ¿lo hacemos después de comer? — cuestionó, tratando de ser lo más amable posible. Todo aquello, para ocultar el hecho de que no le había visto, ni habían hablado, desde el día en que él partió de casa.


Última edición por Demian Kjörn el Jue Ago 25, 2016 5:50 pm, editado 1 vez



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Mensaje por Gustav Kjörn el Mar Ago 23, 2016 7:30 pm
Acabó rehaciendo su vida a las dos semanas de la marcha de su sobrino. En los últimos meses se había convertido en un gran pilar para su vida, discusiones incluidas. Pero tras su marcha al apartamento la vida volvió a fluir como antaño, como aquellos días en los que la presencia de Demian se resumía hasta ser casi un fantasma en las comidas que hacían juntos. Su vida en vacaciones no era muy interesante laboralmente hablando, así que recuperó el contacto con antiguas amistades y de vez en cuando salía a disfrutar de la vida antes de convertirse en el anciano que acabaría siendo.

Y un día, sin previo aviso, recibió una invitación al móvil de su sobrino para que fuese a su casa. ¡Se acordaba de él! Por supuesto, no tardó en aceptar: seguía vivo, no había noticias de ningún apartamento quemado y, además, le había hablado él al mayor. Eso sólo eran signos de buen humor y buena voluntad.

Pero no todo era tan fácil para los Kjörn. ¿Quién será el primero en saltar?, se preguntaba Gustav frente al espejo que usaba para vestirse; ¿quién echará en cara a quién el no habernos hablado durante estos meses?, fue lo que llegó a su mente mientras se abotonaba lentamente el pantalón y luego la camisa, que había metido bajo el pantalón; ¿y si se repite lo de Las Vegas?, fue lo que su mente sacó al aire mientras se echaba un poco de colonia en el cuello. Acabó por tirar el frasco contra la pared, lo que alarmó a Berta. Lo de Las Vegas había sido el origen de sus últimos males y a la vez la culminación de su aparentemente buena y renovada relación. Lo odiaba.

Dejando a Berta recoger el estropicio que había creado, se puso en marcha con el coche al apartamento de Demian. Antes de salir había recogido un pequeño fajo de billetes que le daría para hacerle la vida más fácil durante los dos próximos meses. Como las pagas que solía darle, pero con vistas a su alimentación, la compra de algún mueble o accesorio, alguna ropa, etc. Tras aparcar subió hasta su piso.

La forma en que le recibió le hizo dar medio paso hacia atrás y fruncir el ceño, curioso a la vez que casi asustado. Cuando se fue relajando le dedicó una pequeña sonrisa y pasó hasta la sala de estar, desde donde observó la escena con el repartidor. Una sonrisa traviesa le invadió, satisfecho de la actitud de Dem. Al oír la palabra tío por segunda vez no pudo evitar escudriñarle de arriba abajo, ver si había algo distinto en él, si le habían dado el cambiazo por un impostor, pero todo seguía igual. —Claro —añadió sin más, asintiendo con la cabeza—, no hay prisa.

Se sentó con él a la mesa, tal y donde le indicó, y observó la comida una vez estuvo propiamente servida en cada plato. Agachó el rostro hasta su entrecot, maravillado por el aroma a especias que le llegó a las fosas nasales. —No sabía que la independencia viniese con un cursillo de cocina bajo el brazo —le comentó divertido, intentando hacer que esos dos meses incomunicados no habían existido—; espero que sepa tan bien como huele. ¡Ah, por cierto! Ten —se alzó unos centímetros para sacar su cartera del bolsillo trasero del vaquero y de allí sacó el fajo, mil quinientos dólares. Lo dejó caer entre ambos platos y ambas copas de vino—, para los dos meses que vienen. Ya te daré más la próxima vez que nos veamos.
Aquel último apunte no había sido adrede, pero parecía que la próxima vez se relacionaba con ese los dos meses; como si hasta dentro de dos meses el menor no fuese a llamarle de nuevo.


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Mensaje por Demian Kjörn el Mar Ago 23, 2016 8:57 pm
Una sonrisa de satisfacción apareció sobre la línea de sus labios, lo había conseguido, admiración por parte de aquel hombre a quien quería impresionar en esa tarde. El rubio acabó por tomar asiento después y se olvidó de comer él ya que se mantuvo con la vista fija en el mayor, lo estaba consiguiendo. Aun así, la ilusión duraría menos que poco luego de escuchar el golpe que dio aquel dinero sobre su mesa. Primero se vio confundido, ¿a qué iba aquello? Demian cerró sus ojos y respiró profundo, ya sabía hacerlo con disimulo; estaba tratando de dejar aquella persona atrás, el impulsivo, al que le valía una mierda lo que ocurra a su alrededor. ¿Por qué? Pues esa persona era la que había quedado destrozada en la bañera de su antigua habitación. Nada más sonrió de costado y cuando vio que las copas seguían vacías, él se levantó de la mesa. — Disculpa. — pidió, para después llevarse la botella hasta la cocina, donde pudo destaparla luego de unos segundos; regresó a la mesa y sirvió una generosa cantidad en ambas copas, más en el suyo pues ya parecía que iba a necesitarlo. — Tío Gustav... - hizo una pausa, su lengua daba comezón pues sabía que no debía decir aquello. - no te invité para pedirte dinero. — expresó al final, empujando con su dedo aquel fajo de billetes para acercárselo a él.

Demian tomó asiento, a sabiendas que aquel comentario volvería la velada un poco más incómoda de lo que podía ser. Pero debió sacarlo de su sistema. — Me sentí mal por no invitarte a que conozcas donde estoy viviendo ahora, y quería verte, de hecho... me alegro de verte. —dijo con sinceridad, ayudándose con sus impulsos al hacer trozos del filete que después llevaría hasta su boca. Se aferró muy bien al dicho de no hablar con la boca llena, pues se llenó esta para decir algo más... irreverente. En ese estado permaneció varios minutos, en los que solo se escuchaban sus cubiertos contra el plato. Hasta que Demian pudo tragar, fue que levantó la copa y degustó del líquido rojizo, mismo que después lubricaría su garganta de la manera más dulce. — Lo siento, fue un poco hostil. — Trató de reparar lo anterior, para lo que extendió su brazo hasta que su mano tomó la ajena. — Si me mudé aquí fue para probar un poco de independencia, no esperabas que viviera de tu esfuerzo y trabajo... ¿o sí? — Rió un poco y hasta entonces siguió con su comida, de una forma más civilizada, un bocado pequeño a la vez.

Quisiera engañarte, pero esta independencia no trajo el cursillo de cocina. — bromeó, aunque eso ya lo debía haber descubierto o de lo contrario su sabor no sería tan bueno. — Pero quería que tuvieras tu platillo favorito, para pedir disculpas. — Bajó la mirada, ambos sabían a dónde iría la charla. — Si no te invité antes, fue... solo quería demostrarte que sí pude. — expresó con sinceridad, al menos era la mitad de su verdad. - Usé parte del fideicomiso de papá para la prima del departamento, uhm... hay una que otra cosilla que debería contarte - volvió a reír, estando ya en la posición que había él esperado. — Conseguí trabajo en una academia de baile para niños, y está yendo bien... lo que comemos ahorita es producto de mi segundo sueldo. — dijo con orgullo, pues la satisfacción que traía el gastar dinero que él se había ganado, era mucha. Mejor, mucho mejor que el dinero regalado. — ¿Qué... hay de ti? ¿Cómo va el negocio? — Sí, su curiosidad e interés eran auténticos aun cuando él jamás había demostrado aquellos dos cuando de trabajo se trataba. Y era solo que, en esa nueva vida que trataba de mantener a flote, se esforzaba por ser maduro. Después de todo, él ya era un adulto.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Miér Ago 24, 2016 5:32 am
Observó cómo se llenaban ambas copas, aguardando en silencio a que todo estuviese listo para poder empezar a comer cuanto antes. No había hecho más que clavar el tenedor y el cuchillo en su filete cuando volvió a escuchar ese tío Gustav que tan extraño le parecía y tan nervioso llegaba a ponerle. Dejó escapar un suspiro al ver cómo empujaba hacia él los billetes, pero no dijo nada. No por el momento. Dejaría que Demian dijese todo lo que tenía que decirle, el porqué de su ausencia, y entonces hablaría él.

Mientras tanto, partía trozos de entrecot para llevárselos a la boca; era la primera vez que una receta le gustaba más que la de Berta. De vez en cuando intercalaba la comida con sorbos de vino, también delicioso.
Sus cejas se alzaron cuando le comunicó que había encontrado trabajo y una sonrisa fue a sus labios, sin poder evitarlo. Que echase de menos su presencia en casa no significaba que no se alegrase por su nueva vida.

Antes de nada —comenzó, dando dos toques en el fajo—, es un regalo. Los regalos no se rechazan. Hay familiares que llevan vino o postre a una comida con otro familiar; yo traigo dinero. Piensa en esto como algún regalo de cumpleaños que no te hice, o algo así. Por favor. No te voy a preguntar en qué te lo has gastado, por mí como si lo guardas detrás de un mueble y no lo usas nunca. Pero acéptalo, Dem —e hizo lo mismo que él, arrastrar el fajo hacia su sobrino—. Respecto a lo otro... te entiendo, ¿vale? Entiendo que quieras vivir tu vida y no la que yo te imponía. Lo único que te pido es que no volvamos a estar dos meses sin vernos. ¿Acaso crees que no confiaba en ti? Sabía que podrías hacerlo, y sabes que no me planté ante la puerta para impedir que te fueses. Esperaba una cena de inauguración, o algo por el estilo, pero bueno, te lo perdono.

Le guiñó un ojo antes de continuar comiendo. No tardó mucho en intervenir de nuevo, interesándose por la vida de su sobrino. —Así que profesor de baile, ¿eh? ¿Qué enseñas? —lo cierto es que sabía poco del tipo de baile que Dem disfrutaba y enseñaba; si bien era cierto que sabía que le gustaba, nunca se molestó en aprender el qué. Ahora era el momento—. Oh, ¿y qué hay de amores? Este piso es lo suficientemente grande como para dos personas, a simple vista. ¿Cuándo me vas a sorprender con una pareja?

Lo cierto es que no sabría cómo reaccionaría a eso. El instinto de protección para con Demian era muy grande, y probablemente no se fiase de su pareja hasta meses más tarde. No era tanto el tema de Las Vegas lo que le preocupaba como lo mal que podía acabar Demian si el tipo acababa resultando un imbécil de manual.


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Mensaje por Demian Kjörn el Miér Ago 24, 2016 8:21 am
Mientras jugaba con un trozo del filete en su tenedor, el muchacho se tragaba las palabras para no ofender al otro hombre. Primero, le debía respeto por ser mayor y su único familiar; segundo, ese cambio sí estaba sucediendo en él, aunque era complicado en ocasiones. Cuando podía solo ladrar, Demian se tomaba unos segundos y escogía el camino más pacífico, por decirlo de alguna forma. - Te compraré algo con ese dinero - realizó después, con una sonrisa satisfecha ya que sintió que le había ganado en ese momento. Sin más, dejó el tema del dinero, aunque necesitara la ayuda: no iba a poder aceptarla, y continuó llevando aquel último bocado, para dejar su plato prácticamente en limpio. Demian soltó un pesado suspiro, preparándose para aquel sermón, y él mismo no estuvo distante que se diga.

Levantó la copa entre sus dedos y miraba hacia la mesa, sí, lo había hecho mal por esperar tanto tiempo: pero sus razones tenía, razones que exactamente en ese momento no podían discutir. Solo había una forma en que el menor de los Kjörn iba a sobrevivir a esa noche, y aquello era si se terminaba la copa. En un solo sorbo, tragó lo que restaba del líquido rojizo, y dejó el recipiente de cristal sobre la mesa. Mas no había acabado aun, de hecho, estaba lejos de hacerlo. Así fue como sirvió un poco más, copa llena, y regresó la botella a la mesa. Aun el muchacho no reparaba en el hecho de que sería más fácil bebe directamente de la botella, solo estaba engañándose.

Prometo que para la próxima esperaré solo un mes — bromeó, el líquido estaba haciendo efecto en él. Primero, pues llegó a sentirse un poco más liviano, así como sintió una capa tibia alrededor de su cuerpo. Ya habían pasado muchas semanas desde que se sintió así la última vez. — Ballet, aunque es un salón lleno de niñas, hay algunos niños que se incluyen también. Estaban buscando alguien que supiese, y yo era el único candidato... al parecer es más difícil de lo que se ve, ¿tú qué crees? — sonrió, no estaba presumiendo, pues aquel mérito no le correspondía sino a las incontables lecciones de danza que tomó en la universidad. Y era solo porque se había tomado un break por ese periodo, que no continuó estudiando. — Pero son fantásticos, me recuerdan a mí cuando solía bailar en mi habitación, eso... me motiva a querer ayudarles más. — comentó con un asentimiento de su cabeza. Él mismo jamás habría pensado en dar lecciones de baile, no siendo tan joven, pero así mismo aprendía que él no decide lo que ocurre, no controla su destino.

De cualquier forma, cuando la plática comenzaba a ser amena, y el vino ya no era tan requisito; el mayor se encargó de provocar al muchacho para dar un nuevo sorbo a su copa. ¿Qué le diría? Fue el contenido de la misma copa el que le dio coraje para hacerlo. — Sabes cómo soy, ¿de verdad crees que estaría con alguien como para hacerlo vivir conmigo? — soltó en tono sarcástico, aunque después agachó la mirada y lo tomó con un poco más de seriedad. — Tal vez deberías esperar sentado... — y bufó, a pesar de ser un Kjörn, tener la fama que el dinero de la familia le daba, y también los rasgos que le hacían alguien deseable, la historia era otra. — Digamos que... no he olvidado a la última persona que amé, o amo... no lo sé ya. — Tragó saliva, aquellas palabras le supieron aun más amargas de lo que esperó. Demian alzó la vista para ver de reojo a su tío y terminó por soltar un suspiro, pesado. ¿Qué más iba a decirle? Que vivir estancado, pensar en lo que pudo ser, le privaba de continuar y hacer su vida.

Voy a llevar los platos — avisó, necesitaba extraerse de aquella incómoda profesión. Siendo lo peor que el mayor no hacía nada, era el propio rubio quien se encargaba de matar cada intento por tener una charla amena, y hasta familiar. — ¿Te quedas para que te muestre el apartamento o tienes algo que hacer? — cuestionó, como si una parte de él estuviese arrepentido por haberle invitado a su hogar. Claramente era muy pronto para él, estaba rozando esa realidad ya. Sin embargo, no esperó a que le respondiese pues dejó aquellos platos sobre el fregadero. No los lavaría tan pronto, de hecho, quizá y hasta no había dejado terminar de comer al mayor. Él solo necesitaba una excusa para levantarse y huir. Demian puso las manos sobe el fregadero y cerró los ojos. — ¿Qué haces? ¿Qué haces maldito idiota? — se reprochaba, haciendo que el agarre sobre el borde fuese mayor de lo que esperaba. Acabó abriendo el grifo y juntó sus manos para acumular algo de agua. Le echaba la culpa al vino, aun si aquello lo venía arrastrando desde mucho antes. Con estas remojó su rostro, para enfriar sus impulsos, o algo así. Estaba perdido, completamente perdido.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Miér Ago 24, 2016 6:08 pm
Alzó las manos apenas unos centímetros de las manos. Está bien, él ganaba. Si quería regalarle algo lo aceptaría, pero al menos se había quedado el dinero, y en cuanto a lo siguiente... le devolvió la sonrisa a la vez que asentía con el rostro. Que se hubiese independizado no quería decir que cortasen todo contacto. Es cierto que él tampoco había contactado con él, ¿pero cómo hacerlo tras aquel último encuentro?

Mientras su sobrino le iba poniendo al día de las novedades, se terminó su plato, dejándolo impoluto de no ser por los restos de salsa que habían quedado. Apoyó entonces la espalda en el respaldo de la silla y sujetó la copa, a la que daba tragos de vez en cuando. —El ballet es difícil, sin duda, así que... que te hayan cogido dice mucho de ti. Y si fuese lo más fácil del mundo... ¿te hace feliz, no? Pues ya está, es lo único importante. —. Ante lo siguiente no supo qué responder y simplemente asintió con la cabeza y bajó la vista a la copa antes de vaciarla. Había ciertos temas que era mejor no tocar con su sobrino.

No tengo prisa, así que puedes enseñarme el apartamento —¿y ya está?, ¿vería el apartamento y se iría? ¿En eso se habían convertido? Cuando terminó su copa se puso en pie, suspirando—. ¿Necesitas ayuda? —preguntó a mitad de camino entre el comedor y la cocina, pero ya era demasiado tarde para que Demian se negase. Veía el agua caer de su rostro y se dio cuenta de que no estaba fregando.

Se acercó a él con cautela, como si fuese un animal salvaje. Dejó con cuidado la copa en la encimera y se colocó junto a él. Cerró el grifo antes de pasar un brazo por sus hombros. —¿Qué ocurre, Dem? Soy tu maldito tío, ¿por qué no me cuentas las cosas? —dejó de rodear sus hombros para buscar el paño y ofrecérselo para que se secase, mientras le observaba. Quería abrazarle durante el resto del día y a la vez sentarse a escuchar durante horas qué corría por su mente para ver si podía ayudarle en algo. Lo que no quería era que aquello se convirtiese en otra discusión. No podía soportarlo.


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Mensaje por Demian Kjörn el Miér Ago 24, 2016 6:56 pm
Demian no contó con el hecho de que su tío le seguiría hasta la cocina, mucho menos que se fuese a enterar de lo que ocurría. Hasta tiempo atrás, él era de los buenos a la hora de esconder lo que siente, pues siempre había despreciado que traten de leerle, traten de conocerle o lo que fuera. Persona que le conociera, tenía el control, y era justamente lo que pasaba con el hombre ya de pie junto a él. Que trataba de consolarlo sin conocer la razón. Demian sonrió luego de tomar el paño, y así secó su rostro para después dejar éste sobre la encimera. No podía decirle, no podía ser completamente abierto con él. Ya no más. Así que frunció el ceño, y sonrió para lucir confundido. — ¿De qué hablas? Estoy bien — aseguró, pero las palabras pesaban al pasar por su garganta. — Creo que bebí de más, no es nada. —asintió con la cabeza y acabó por suspirar. Sí, al menos de esa forma lograba sentirse menos tenso. Le dio un pique con el dedo y un movimiento de su cabeza señaló hacia la salida de la cocina.

Maldito tío, sígueme — bromeó, solo si dejaba de tomarse todo tan en serio, era que realmente lograría superar aquella situación, y así poder salir victorioso. Demian pasó junto al comedor para ir hasta la sala de estar, la que estaba ya muy bien amueblada gracias al gusto suyo y de su amiga diseñadora. — El estante aun sigue vacío, y necesito comprar un TV para acá. Aunque justo ahora no importa, digamos que no recibo muchas visitas — explicó, pues si se asomaba, vería que faltaba aun decoración, retratos, y lo que fuera. Pero de lejos, la sala se veía bonita y completa. Lado a lado del estante en cuestión, se encontraban dos ventanas largas que daban vista a la playa, pero al no ser un lugar demasiado importante para él, decidió seguir con aquel recorrido.

A pesar que se encontraba forzándose para evitar el tema que le mantenía inquieto, Demian llegó a disfrutar, sentir alegría por mostrarle lo que había conseguido. Por primera vez en su vida hizo una inversión inteligente, y no usó el dinero nada más por la gracia de poder gastarlo. Era como un niño pequeño mostrándole la casita que construyó con piezas Lego. El pasillo estaba dividido por tres puertas, eran dos habitaciones, y una para baño de visitas, obvió éste y abrió la primera puerta más cercana. Aun si podía funcionar como una recámara más, él había armado un estudio, aunque más pareciera cuarto de juegos que otra cosa. El centro estaba despejado, con un tapete cómodo al tacto de los pies, había instalado un mural de espejos para cuando debiese practicar alguna coreografía, aun si muy en el fondo aun restaban algunas cajas que él mismo no se había atrevido a abrir. — Aquí es donde tu sobrino juega en sus tiempos libres, pienso comprar una máquina Arcade... siempre quise una. — Comentó de manera sincera, ojeando a su tío de vez en vez ya que la reacción de éste era de suma importancia y valor para el menor.

Luego de salir de aquella habitación, Demian señaló a la puerta del baño. — Este es el de visitas, pero por ser familia... tienes acceso VIP al mío. — rió fuerte ya que aquello no había sonado tan raro en su cabeza, aun así pasó de largo hasta la última puerta que era la de su recámara. Ahí es donde había puesto más empeño en decorar, pues de cierta forma su recámara era su refugio. Poco había cambiado en cuanto a la posición de sus cosas se refería, ya que quiso mantenerlo familiar y muy comparable a su habitación en la mansión Kjörn. Habían tres puertas en total, la que daba a su baño privado, al clóset y finalmente una tercera que le conectaba con el balcón. — ¿Y bien? ¿Qué te parece todo? — preguntó al ir hasta su cama y así tirarse sobre ésta. — Me gusta aquí, aun si a veces se siente un poco solitario... extraño a Berta despertándome todas las mañanas — rió, cerrando sus ojos para descansar un momento. — ¿Quieres acostarte? Ven,... eres mi maldito tío después de todo.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Miér Ago 24, 2016 7:48 pm
Rodó los ojos y se frotó el puente de la nariz cuando su sobrino obvió sus problemas para culpar de éstos a la bebida. Él era bebedor habitual y sabía que dos copas no conseguían lo que acababa de ocurrirle a Demian. ¿Qué pasaba por su cabeza? Gustav daría su propia vida si eso fuese lo necesario para entender sus pensamientos. A veces tenía la sensación de que el cariño y la protección que le otorgaba no era suficiente para ganarse su confianza de vuelta. —Está bien, como quieras —masculló antes de sentir su dedo y seguirle.

Recorrió el pasillo con él, deteniéndose en cada habitación en la que su sobrino se detenía. Asombó la cabeza en la sala de estar; aún parecía verse vacía, e incluso falta de uso, pero el color elegido y los muebles ya presentes le gustaron. Le dedicó una sonrisa.
La siguiente sala le hizo ladear el rostro y, tras dos segundos de duda, sonreír de nuevo. Él más que nadie sabía lo importante que era un espacio personal e íntimo para alguien, e imaginarse a su sobrino practicando allí bailes o jugando con el arcade que se compraría le hacía sonreír. En parte incluso le resultaba tierno.

Vaya, qué detalle, pensaba que por ser familiar me iba a tocar usar no el baño de invitado, sino la calle —bromeó mientras se llevaba una mano al pecho, al corazón, antes de estallar en carcajadas como él. En su habitación no se asomó sino que dio un paso hacia dentro. Asintió con la cabeza y esta vez le dedicó una sonrisa de lo más sincera—. Ahora entiendo dónde han ido a parar las cosas que faltan de tu cuarto.

Se acercó al baño, que abrió para echar un vistazo, y asintió de nuevo. El apartamento era más grande de lo que en un principio parecía, y le gustaba. También apreciaba los espacios pequeños, solían ser más acogedores, pero aquello era ideal. Se giró al oír su pregunta y alzó una ceja, divertido. —¿Qué crees? Me encanta. Todo está bastante sencillo, pero me gusta bastante.

Aunque tenía los ojos cerrados le asintió con la cabeza ante aquella petición, y tras dar unos cuantos pasos se dejó caer en la cama. Lo hizo de lado, tumbándose sobre su costado y apoyando la cabeza en un brazo flexionado del cual apoyaba el codo en el colchón. —Berta conocerá a alguna chica como ella, seguro que puedes contratarla. Y si no... te llamaré yo para despertarte a su estilo —rió divertido, y una vez se calmó dejó ir un pequeño suspiro—. Me has llamado tío más veces que en toda tu vida. No lo hagas, es... artificial. Llámame Gustav, como siempre, o Gus, ¿vale? —y besó su mejilla, sin saber bien cómo reaccionaría ante tal acto. Era temerario y a la vez cariñoso, sincero. Aquella mejilla que en más de una ocasión había visto con un moratón o roja le parecía ahora uno de los lugares donde mejor demostrar el cariño que seguía sintiendo por él.


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Mensaje por Demian Kjörn el Miér Ago 24, 2016 8:39 pm
Y había resultado, la noche, como lo planeó por un par de semanas con fino detalle para que nada saliese mal. Tenía la sonrisa de Gustav Kjörn como recompensa, y eso que el menor lo miraba a él como un hombre difícil, al menos cuando se encontraba entre colegas de trabajo. Podía resultar extraño, pero Demian solo buscaba la aprobación de aquel hombe, la única persona en todo el mundo a quien le debía respeto. Aun con sus altibajos, la familia era familia. Fue cómodo, y bastante familiar, tenerle a un lado de él, solo descansando. Pero saber que se encontraban en el hogar del muchacho, le llenaba de orgullo internamente. Demian giró su cabeza hacia él, para voltearlo a ver y le sonrió de costado. ¿Cómo no sonreír si veía esos ojos claros que le emocionaban como al ver su película favorita? Una y otra vez. O su voz que le resultaba relajante, le daba seguridad; sin importar lo que este dijera, hacía que Demian se sintiese el más hombre, el más fuerte, se sentía capaz.

¿Qué? No, será algo como... "¡Señor Demian, despierte, despierte, despierte, se le hace tarde!" — hizo su mejor intento por imitar la voz de la señora, y para nada que su imaginación llegaba a asociar aquel tono con su tío, aun si la escena llegaría a parecerle graciosa y hacer su día. Demian se soltó a reír, abrazando su abdomen, quería reía más fuerte de lo que en realidad debió.— Pero puedes llamar, no a buena hora de la mañana... es probable que no responda. — le miraba de reojo, en lo que tomaba una respiración profunda para recuperar el aliento luego de aquella carcajada. Sí, algo tenía que ver el vino para ese entonces. — Eres mi tío, no, eres mi maldito tío — arrastró todavía más aquella broma, aunque dejó de reír tan pronto como recibió el beso en su mejilla. Sí, un gesto de cariño y lo que fuera. Pero el rubio seguía aun estando sensible con todo aquel tema. Incluso cuando desease negarlo.

Ahora en serio, eres mi tío, Gustav. Debo recordármelo a cada segundo desde que cruzaste esa puerta — dijo sincero, para después soltar un suspiro. Demian movió sus brazos de tal forma que los cruzó detrás de su cabeza, provocando así que su camiseta se alzara solo un poco, dejando ver una parte de su vientre. Volteó una vez más para verle a la cara, no se iba a enfadar, si ni motivos tenía. Y de tener alguno, con quien debía desquitarse era consigo mismo, el culpable de aquello. — Porque... en el momento en que seas Gustav, o solo Gus... — hizo un pausa, girando para apoyarse también de lado, y así guió su palma hasta la mejilla de su tío; sí, cuando estaba esforzándose por evitar contacto con él, entonces era él mismo quien lo buscaba. — podría hacer algo como...— de su boca no saldrían más palabras.

Demian fue y se debo controlar por sus impulsos, aquellos que había acumulado por más de dos meses, y fue a por el hombre con el que compartía cama en esa noche. Se detuvo nada más a escasos centímetros de su rostro, pero acabó yendo más allá pues de lo contrario iba a enloquecer. Un Kjörn volvía a compartir un beso con otro Kjörn, y lo peor o mejor de todo, fueron las chispas que el rubio comenzó a sentir estallando en su abdomen. ¿Cuánto había pasado desde que probó esos labios? Una infinidad, para él, pero solo en ese momento dejó de ser relevante. Así como el hecho de que el hombre en cuestión era su familiar, un familiar cercano, su único familiar. Pero aun y si supiera delicioso, como los mejores labios que él probaría jamás, aquel intercambio había servido de desahogo para él. Siendo que al cabo de pocos segundos, el menor se retiró, quedándose con un hormigueo en su boca, pues deseaba más. Abrió los ojos y nada más se le quedó viendo, no había brillo en su mirada. Supo que él había cometido un error, aun cuando se sintiera como lo mejor que había hecho en su vida. Sin más, se levantó de cama hasta quedar sentado, y finalmente se puso en pie para dirigirse no al pasillo, sino salir por la puerta hasta el balcón.

Estaba siendo una noche fría, y con la camiseta que llevaba puesta no sería suficiente. Por lo que el menor de los Kjörn se abrazó para darse calor y nada más se quedó ahí, en silencio, miraba hacia la playa, el mar, y se sentía provocado nada más por tener un escape. Quería pensar que si al darse un baño ahí, se lavaría de su cuerpo lo que siente, y olvidaría que esas emociones estaban dirigidas al hombre que tuvo de visita en su apartamento. Podía pasar el tiempo que pasara, pero nada había cambiado para él. Sin importar la distancia, sin importar el tiempo, amaría a Gustav sin importar qué.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Jue Ago 25, 2016 9:06 am
El mayor estalló en carcajadas con Demian ante aquella imitación de Berta, y no tardó en negar con la cabeza, lentamente. No, la verdad es que no se imaginaba a sí mismo despertando a Demian tal y como Berta lo hacía, así que mejor dejaba esa idea apartada. Pronto la situación volvió a tornarse seria; no tensa, ni incómoda, simplemente seria. Gustav borró toda sonrisa de su rostro y su vista viajó por el cuerpo del menor cuando se colocó las manos bajo la nuca. No fue un gesto lascivo, y apenas movió los ojos para ello. Fue mera curiosidad.

Quería contestarle, o por lo menos detenerle, pero no lo hizo. Su mano en su mejilla pareció conectarle a Demian y hacer lo que éste quería que hiciese, como si entonces Gustav hubiese perdido el control de sí mismo. Notaba la respiración de su sobrino cuando se le acercó de tal forma, y entreabrió los labios. Pero no se movió. Si iban a besarse, dejaría que fuese Demian quien lo hiciese, quien diese el primer salto.

Su estómago se relajó cuando el menor se decidió, y continuó su beso con lentitud. ¿Por qué había estado nervioso? ¿Temía acaso que el mundo estallase al juntar sus labios con los del menor? Ni siquiera él lo sabía, pero ahora sólo tenía una cosa en mente: besarle hasta que, de nuevo, fuese Demian quien marcase el final del beso. Cuando lo hizo, su mirada se clavó en la de Demian y le siguió mientras se levantaba y se marchaba. Cuando se quedó solo suspiró y se dejó caer hacia atrás, quedando entonces tumbado boca arriba. Se frotó el rostro con ambas manos; seguía pensando que aquello era un error y sin embargo quería volver a probar sus labios.

A los pocos minutos se puso en pie y observó a su sobrino. Al ver cómo se abrazaba y frotaba los brazos comenzó a quitarse su camisa, quedándose así con una camiseta interior de tirantes. Salió al balcón y le echó la camisa por los hombros, dejando que la usase a modo de chaqueta. No era la tela más gruesa del mundo, pero confiaba en que al menos le ayudase.

Todo está bien, ¿vale? —susurró cerca de uno de sus oídos, sin quitar las manos de sus hombros—. Sé que tu mente será un lío ahora mismo... pero confía en mí, todo va bien —sus labios fueron a parar ahora a su mejilla, junto a la oreja que acababa de susurrar—. No soy quién para juzgarte porque me beses. Es más... me gusta que lo hagas y me gusta besarte. No hay nada ilegal en hacerlo, ni vamos a ir al infierno, básicamente porque no existe. ¿Vale, Dem? —preguntó con dulzura, siendo su sobrino el único que conocía esa faceta dulce de Gustav, antes de besar la misma zona.


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Mensaje por Demian Kjörn el Jue Ago 25, 2016 9:40 am
Ese silencio le estaba ayudando a poner sus ideas en orden, Demian veía hacia abajo, a la calle y las personas que iban y venían con algo en mente. No se sintió superior a ellos, de hecho, les envidió pues ellos no tendrían el conflicto que él sí. Aunque, pensó después que si él debía lidiar con aquella situación, era justo porque era capaz de hacerlo. Le gustaba creer aquello, cuando se sentía próximo a tocar fondo. Pero lo curioso fue que, aquella sensación no apareció cerca en esos momentos. Pues al menos él, no se sentía sucio, no se sentía equivocado.

Sin embargo, esa paz no iba a durarle mucho, el silencio se esfumó en el momento que se sintió abrigado una vez más. Demian no estaba en posición de quejarse, y la verdad era que, estaba cansado de hacerlo. Cansado de discutir, cansado de ese sabor amargo que quedaba después. Soltó un suspiro pesado, cuando seguía reacio a seguirle la conversación. Aun así, no estaba del todo ausente pues reaccionó con un resoplido irónico al escucharle. ¿Demian le temía a la idea de ir al infierno por haberse enamorado de su tío? Él solo podía temerle a aquello que puede ver, y lo que no puede controlar.

Finalmente giró su cabeza, y así le vio por el rabillo de su ojo. Permaneció varios segundos nada más compartiendo miradas con su tío, hasta que al final regresó la vista al frente. — Tú no entiendes, Gustav. — expresó, para que otro suspiro le diese seguimiento. — Mi mente sí es un lío, pero no tiene nada que ver con que tú seas hermano de mi papá — admitió, ya era tiempo de dar algo de resolución al conflicto de ambos. — Lo hace más fácil el que él no esté, sí, pero... — descruzó sus brazos y acabó por apoyarse en la barandilla, estaba aun más fría que el viento que le hizo estremecer. — no me importaría ir al infierno por que te ame. — reconoció, cuando poco a poco las palabras iban haciéndose más difíciles de pronunciar, al cabo de armar un nudo en su garganta.

Sino, ¿para qué estoy viviendo si no seré yo mismo? Sé que para ti es un error, de alguna forma sientes que traicionas a mi papá, pero... — sacó y metió su lengua, de tal forma que humedeció sus labios. Demian cogió el coraje que tenía muy, muy bien escondido y se decidió por girarse para encararle. — Cuando estoy contigo, me siento como yo mismo... y tuve miedo, antes, de que esa persona no iba a gustarme... pero, ¿sabes qué? Descubrí que no soy el imbécil inmaduro que va a tropezar siempre. Eres el hermano de mi papá, y debo reconocerlo ante ti... amo al hermano de mi papá. — confesó ante aquellos ojos que le inspiraban la misma serenidad, o de lo contrario, él jamás habría tenido el valor para decirle aquello. — No te estoy pidiendo que sientas lo mismo, porque simplemente no puedo hacerlo. Pero ya no puedo jugar, ya no puedo fingir que eres solo mi amigo... solo mi familia... — y no pudo más, pues ese nudo le estaba imposibilitando hablar. Demian sintió tan pronto como su rostro ardió, que no debía continuar aquello. Y así lo abrazó. Pues ese hombre era el causante de su dolor, pero desgraciadamente era también su medicina.— Recházame ahora, porque sinceramente... nada tiene sentido si no podemos estar como yo quiero. Necesito avanzar, dejarte atrás, o te prometo que voy a enloquecer.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Jue Ago 25, 2016 12:12 pm
Aquella revelación le sorprendió, pero no tanto como esperaría una persona normal. De un modo u otro, durante los meses que habían pasado desde su cumpleaños, intuyó que había algo distinto en Demian. La idea del amor se le cruzó por la mente, pero la descartó con rapidez. No dijo nada, en parte para no interrumpirle y en parte porque nada salía de su garganta. Se relamió los labios, que al tener entreabiertos se secaban poco a poco por la brisa que había en el balcón.

Amo al hermano de mi papá. Aquello no podía ser verdad. Sus brazos se acomodaron para recibir el abrazo de Demian, y una de sus manos subió hasta la coronilla de su cabeza, acariciando sus cabellos y asegurándose de que se apoyaba contra él. El brazo contrario le estrechó y le atrajo un poco más hacia sí mismo, sin saber qué hacer que fuese distinto de abrazarle. Depositó un beso en su cabeza y siguió callado. Poco a poco ese silencio le fue consumiendo hasta que lo único que quería era gritar; pareció pasar una vida entera antes de que volviese a hablar, a pesar de que ni siquiera llegó a un minuto.

No, Demian... no sé qué decirte. Yo... yo te quiero, y lo sabes. Y disfruto contigo —se refería a su compañía, a su presencia—, pero... no puedo decirte que sí al igual que no puedo decirte que no. Rechazarte me dolería a mí mismo, y decirte que sí... sería peligroso. No para el resto del mundo, y quizá para ti tampoco, sino para mí. En el caso de que desarrollásemos este amor... ¿qué harías? ¿Verme hacerme viejo, convertirme en una pasa, y morir cuando tú apenas habrás llegado a los cincuenta? —no había hecho cuentas, y había dicho su edad a boleo. Aun así, ¿y si no moría por causas naturales? ¿Y si yendo a casa esa misma noche un camion chocaba contra su coche y perdía la vida?

Suspiró de nuevo e hizo algo de fuerza con sus brazos durante dos segundos para estrecharle de nuevo contra sí. No quería que se separase. —Si amándome eres tú mismo, Demian, ámame. Yo... también lo haré. Pero esto no va a ser trabajo de un día, no te es novedad saber que mi vida romántica es distinta de la tuya —no es que tuviese muchas parejas, más bien lo contrario, odiaba el compromiso. ¿Pero sería capaz de dárselo a Demian? Era su sobrino, la persona más importante de su vida. ¿Cómo no hacerlo?

Aprovechando que tenía la mano en la coronilla de Demian le echó la cabeza hacia atrás, lo justo para poder agachar el rostro y besarle los labios. Lo hizo sin previo aviso, sin precedente alguno. Simplemente quería saborearle y hacer de sus palabras una promesa. Algunas personas cruzaban meñiques; Gustav le besaba. Se odiaba a sí mismo por hacerlo tanto como le encantaban los labios del menor.


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Mensaje por Demian Kjörn el Jue Ago 25, 2016 1:45 pm
¿Sería más sencillo si recibía el rechazo de su tío? Sí. Después de todo, el hombre no tenía todos esos años de adorno; debía poseer un mejor entendimiento de la vida, tomar mejores decisiones o lo que fuera. Ya que Demian acudía a él para resolución. Pero, ¿él quería ese rechazo? Por supuesto que no, y sin embargo, no estaba recibiendo ninguna de las dos. Y esa intriga estaba superándole, aun así, interrumpirle no era una opción. Después de varios minutos solo abrazándolo, el muchacho se había preparado mentalmente para aceptar lo que el otro decidiese darle. Sería su familia, después de todo, y así aflojó un poco el amarre que le tenía con los brazos, para nada más, convertir aquel en un gesto de cariño.

Ya en medio de aquella palabrería, el menor de los Kjörn encontró algo que le daba esperanza. ¿Era su fantasía o en realidad le había escuchado decir aquello? No tuvo que oponerse a verle a los ojos, aun cuando antes habría tenido miedo de hacerlo y ver una mirada distinta en aquellos ojos. — Lo haré por ti, si me dejas — prometió, el resto sería historia. Demian respondió a ese beso, como si fuese un regalo de vida. Cerró sus ojos y se permitió disfrutar, verdaderamente, de aquellos labios que lo envolvían casi como si supiera la forma correcta de hacerlo. Removió sus brazos para pasar sus manos por el pecho del mayor, y deslizar estas hasta sus hombros, los que terminó abrazando para pegarse a él. ¿A dónde iría aquello? Él no quería saber. Lo único que quería era que no hubiesen límites, tener oportunidades con aquel hombre, y saber que podría tomarlas.

Con sus labios le atrapó los ajenos, uno a la vez, al succionarle de manera suave, pero provocadora. Comprendió hasta entonces la miseria que había estado viviendo, durante todo ese tiempo que no se dio el placer de besar al único hombre que quería, que le hacía sentir no mariposas, sino todo el zoológico en su estómago. Fue distinto a las veces que tuvo la oportunidad de hacerlo antes, era menos un impulso, no había temor a ser rechazado. — Solo para que lo tengas en cuenta... estaría sobre ti, aun así tenga cincuenta y tú setenta.— murmuró, pues debía tomarse un ligero respiro para recuperar el aliento. Un paso a la vez, debía ser lo más prudente, pero Demian no había sido conocido nunca, por su prudencia.

Fue de esta forma que pasó de abrazarle los hombros, para bajar ambas manos sin discriminar una porción de la piel en sus brazos, y así le tomó de ambas manos: lo llevaba de regreso a su habitación. Demian le soltó nada más para voltearse y así poder cerrar la puerta que daba al balcón, luego corrió las cortinas para poder cubrir sus ventanas, de tal forma que le daría privacidad. Nada más volteó para verlo, él ya había hecho las paces con su mente, sus ideas y sobretodo sus deseos. Él, Gustav Kjörn. Demian esbozaba una sonrisa de costado, al tomar su camiseta por el cuello para tirar de ésta, revelando una porción de su torso a la vez, hasta que la sacó para tirarla al suelo. El trabajo en la academia le había ayudado a mejorar su figura, si era que antes no se notaba tanto, su cuerpo en general se mostraba más atlético que la última vez que se dejó ver por el mayor.

Pudo escucharse el sonido de su hebilla al desabrocharse el cinturón, quitó el botón en su pantalón y finalmente bajó la bragueta, para sacarse éste luego de haber quitado sus zapatos con ayuda solo de sus pies. Estaba usando un bóxer cómodo, de color vino, pero aun si éste no era muy ceñido, ocultar su abultada entrepierna no fue una opción. Entretanto, el menor jamás perdió un segundo sin ver a esa cara. Era como si deseaba asegurarse de que le veía en cada momento, al desvestirse, ya luego acabó por bajar la prenda que restaba en él, para la que se agachó al sacar por cada uno de sus tobillos. Demian no podía seguir pretendiendo que ellos dos eran solo tío y sobrino, y si bien aquella no era la única manera de hacerlo, si fue la que más deseaba esa noche. Al incorporarse, se dejó ver como había llegado al mundo. Para él, siendo aquella como una especie de ofrenda. Le entregaría su cuerpo, y alma.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Jue Ago 25, 2016 2:53 pm
No esperaba una respuesta tan escueta, ni siquiera tras el beso, pero no se quejó. Eso significaba que todo estaba claro. Que de un modo u otro su sinceridad había quitado las dudas de la mente de Demian, al menos aquella noche. Su rostro se ladeó más en medio del beso, fruto de la inconsciente pasión que empezaba a sentir. ¿Qué harían aquella noche? ¿Qué dirían sus cuerpos que no habían dicho ya mediante palabras?
Un pequeño jadeo escapó de él cuando succionó su labio, y las yemas de los dedos del brazo con el que rodeaba su cuerpo se clavaron suavemente en su costado, un signo de pura pasión.

Aquella promesa le hizo sonreír, pues la verdad era que pocas veces, poquísimas, le habían dicho algo así. Y cuando lo habían hecho, era pura mentira. De Demian, sin embargo, esperaba otra cosa. Sabía que decía la verdad, y tal vez era porque Gustav creía en el destino, y por lo tanto creía que pasase lo que pasara el futuro siempre les juntaría.

Se dejó llevar hasta el dormitorio y mientras Demian cerraba la puerta y las cortinas Gustav se acercó a la cama y se sentó en el borde del colchón. Esperaba que su sobrino se sentase junto a él o sobre él, pero lo que vino le sorprendió todavía más. Se relamió los labios antes de dejarlos entreabiertos, mientras sus ojos grisáceos subían y bajaban por él. A veces le devolvía la mirada, mientras que otras bajaba hasta sus pies y subía de nuevo. —Me alegra ver que al menos uno de los dos en esta familia sigue haciendo ejercicio —comentó sin poder evitarlo al observar que sus músculos estaban más definidos. Luego bajó la vista a su entrepierna antes de subir a su pecho, a su rostro. Le sonrió antes de ponerse en pie, indicándole con una mano que se quedase donde estaba.

Le imitó. Se quitó la camiseta interior de tirantes y luego procedió a quitarse las botas y los calcetines. Su hebilla y cremallera realizaron el mismo sonido que segundos atrás había hecho Demian, y le mostró su ropa interior, algo más ceñida que la de su sobrino. No tardó en bajarla y sacar los tobillos de ésta lentamente. Quedó desnudo frente a él, mostrándose tal y como eran. Tras aquella pequeña conversación en el balcón, su mente también se había despejado, a decir verdad. No tenía el mismo pequeño remordimiento que había tenido en Las Vegas y aquella voz de te encanta, pero es tu sobrino había desaparecido. Porque lo que estaba haciendo ya no era algo que su subconsciente había retenido y escondido durante años. Ahora lo quería de verdad, no era ningún deseo reprimido.

Se acercó a él y no dudó en colocar las manos en su cadera y atraerle hacia él. Ambos cuerpos quedaron pegados y esta vez buscó su mandíbula antes que sus labios para besarla. Fue desde el lóbulo de su oreja derecha hasta la barbilla, y sólo entonces subió a besarle los labios. Sus manos subieron de su cintura a sus costados, quedándose allí por el momento.


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Mensaje por Demian Kjörn el Jue Ago 25, 2016 3:30 pm
¿Cómo ocultar su fascinación hacia aquel hombre? El mismo que representaba la fantasía del muchacho, solo reemplazado por esa realidad frente a sus ojos. Era como si estuviesen descubriéndose, aun cuando tenían menor tensión ya que justamente esa no sería su primera vez. Pero sí que llegaba a sentirse como una. ¿Cómo ocultar su fascinación? Cuando sus ojos grises devoraban cada centímetro de piel que fue obsequiado a su vista con las prendas que fueron sobrando. Era un hombre tremendamente hermoso, podía tener a quien quisiera, quizá encanto de los Kjörn; podía ser incluso egoísta que tuviesen aquello, entre los dos.

Demian compartió sonrisas, miradas provocadoras con aquel que era su tío; pero en esa noche, era el hombre que ama, el hombre que desea, y entre sus piernas estuvo muy bien retratado el deseo mismo, con lo palpitante de su miembro, que el rubio simplemente no pudo o quiso esconder. La curvatura en sus labios se fue ampliando, a medida que la distancia entre sus cuerpos se redujo. No muchas veces el menor había estado nervioso, y esa noche fue una de ellas, pero aquella sensación solo le hizo estar aun más alerta, con sus sentidos despiertos. El primero en disfrutarlo fue el tacto de sus dedos, paseándose por la piel desnuda de su pecho; su piel era tibia, con una fina capa de vellos que él rozó con la yema de sus pulgares. Estaba idiotizado, completamente.

Aun si se encontró en un dilema, el menor concibió que no había una fórmula, no para con alguien que ama. Y a la vez, no necesitaba de una, solo hacía lo que desea, se dejaba llevar. Con la misma fluidez, sus manos pasaron hasta debajo de aquellas axilas, y finalmente le sujetó de la espalda, quedando pecho contra pecho, frente a frente. Demian cerró los ojos, no su experiencia le iba a preparar para el deleite que estaba llevándose, pues cada roce de aquellos labios con su piel, le quemó. Y como si de magnetismo se tratase, sus labios buscaron a los ajenos, hasta tener la dicha de apropiarse de ellos con un beso. Inició suave, paciente, pero las condiciones se prestaron para algo más, para mucho más. Cuando iba clavando sus dedos en la espalda de él, el movimiento de sus labios se volvió efusivo, impaciente y profundo. El menor simplemente se dejaba vencer por el fuego que el propio Gustav había iniciado en él.

Las manos del menor de los Kjörn regresaron hasta el frente, nada más para apoyarse sobre sus hombros y finalmente cruzarse detrás de su nuca. Sin saber de dónde provino aquel impulso, dio para que él brincase hasta separar las piernas en un solo movimiento, y las enrolló alrededor de la cintura ajena. Había estrujado un poco su pene contra el abdomen del mayor, pero no le molestó entonces. Ahora estaba él un poco por encima, para cuando se separó de su boca. Demian mantenía abrazada la cabeza de su tío, como si lo estuviese protegiendo o abrigando. — Te amo — susurró, otra sonrisa aparecía en él, era auténtica felicidad. Acercó su rostro al ajeno y le entregó una mordida a ese labio inferior que tanto lo había tentado segundos atrás. Tiró de este hasta que se le escapó de sus dientes. — Hazme olvidar a todo imbécil que pasó por mi cama antes de ti — hizo una pausa, rozando su nariz y la del Kjörn mayor — Hazme tuyo.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Jue Ago 25, 2016 4:26 pm
Dejó que su sobrino le acariciase y pasase las manos por su espalda. Le dejaría pasar las manos por donde quisiese, pues provocaban en él sensaciones que no conocía, sensaciones que ni siquiera Las Vegas habían conseguido, probablemente porque había bebido más. Era un cosquilleo que lejos de ser incómodo le excitaba más de la cuenta y ayudaba a que su erección, que había comenzado a surgir cuando el menor se desnudó, siguiese activa.

Sus labios besaban los de Demian haciendo caso al ritmo que éste imponía, llegando a cerrar los ojos durante varios segundos. Sintió las manos de Dem subir hasta su nuca y no fue hasta que sintió cómo su cuerpo parecía vencer hacia delante que entendió sus intenciones. Con rapidez, sus manos sujetaron las nalgas de su sobrino en cuanto éste brincó y le acomodó contra su cuerpo; empezó a dejar besos por su pecho, aprovechando la cercanía de éste y la altura que su sobrino había ganado al subirse a su cintura.

Dejó escapar una sonrisa al escucharle, disfrutando de aquella suave mordida en su labio inferior. ¿Por quién le tomaba, por un dios del sexo? Sin embargo, intentaría cumplir sus deseos, sus fantasías. —Como mandes, pequeño. Y yo también te amo —alzó el rostro para besar sus labios mientras giraba sobre sí mismo, para estar de cara a la cama, y acercarse a ésta. Poco a poco, sin separarse de sus labios, fue descendiendo sobre el colchón, con Demian bajo él.

Se separó de sus labios tanto para que respirase como para que se acomodase y sus manos bajaron a sus muslos. Comenzó a acariciarlos, mientras sus labios se olvidaban de los de su sobrino para pasar a besar su cuello. —¿Quieres que te haga mío del todo? —preguntó contra su piel antes de empezar a deslizarse hacia abajo, muy lentamente. Iba dejando besos por su pecho, incluso deteniéndose en uno de sus pezones para lamerlo y mordisquearlo. Su propio abdomen, y más tarde su propio pecho, se rozaban suavemente con el miembro de Demian, en parte sin darse cuenta y en parte buscando excitarle un poco más. Y mientras tanto le fue recolocando las piernas para que sus muslos quedasen apoyados en sus hombros.


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Mensaje por Demian Kjörn el Jue Ago 25, 2016 4:57 pm
¿Qué era el sexo para Demian Kjörn? Definitivamente no lo que experimentaba esa noche, en la habitación de su apartamento. Ya que no se encontraba apresurado, no debía probar nada, no era una competencia para ganar el orgullo de su amante. Pero sobre todo, no era él mismo. Con Gustav, fue autodescubrirse, ya que aprendía nuevas formas, aprendía a desearle como no lo había hecho con nadie más. Y era que, él no habría permitido a otro ajeno a Gustav, le apretase el culo como el mayor lo hacía, y vaya que se sintió como un halago. Él deseaba ser halagado el resto de la noche.

Entre besos y lamidas, fue que el muchacho acabó por reposar su espalda sobre el colchón, aun manteniendo las piernas separadas para invitarle entre éstas; cada roce era importante, cada contacto de piel y piel, era indispensable. Y su miembro bastante muy despierto, englobaba bastante bien lo que estallaba por todo su cuerpo. Demian nuevamente amarró con los brazos al torso de su tío, pegándolo a él tanto como fuera posible. Entrelazaba sus piernas al estar ambos acostados, iba a disfrutar de aquello como aguante tuviera su cuerpo. De sus labios sonrosados, y un poco hinchados por tanto intercambio de sus fluidos, Demian gimió pues fue auténtico placer el que aquellos labios daban a su cuello. Ninguna fantasía suya estaría a la altura de esa noche, y él lo supo bien.

Sí... del todo — respondió jadeante, en lo que subía su mano diestra hasta la coronilla del mayor, y de éste modo quiso guiarlo en un camino hacia abajo. Lo necesitaba, muchísimo, y esperó que estuviese en la mente de ambos. Demian echó su cabeza hacia atrás, en lo que sufría, de verdad, por aquel estímulo a su pecho, su botón rosado que se erectaba al paso de aquella lengua traviesa. Así su abdomen se hundía luego de recibir sus besos, todo en el menor estaba despierto, y quien era el solo causante de aquello, se encontraba con la cabeza entre las piernas del rubio. — Vamos... sigue. — le instó, pasando la mano diestra por su pecho y abdomen, reparando en que su piel se encontraba ligeramente húmeda al paso de la saliva ajena. Mas él no se detuvo, yendo hasta tomar la base de su miembro viril que no tenía reparo en manchar con su baba el pecho ajeno. Demian lo hizo levantarse mientras lo acercaba al rostro de su tío.

Fue hasta ese momento que estiró su cuello en el afán de ver aquella escena. Sea como sea, el menor no podía quedarse quieto en la cama, no si le tenía a él de compañero, de amante, su más grande amante. Como pudo, lo maniobró para rozar la cabeza de su pene muy cerca, bastante cerca a los labios del mayor. Quería tentarlo para que él diese ese segundo paso, a la vez que no quería forzarlo. Solo lo desea, lo deseaba tanto. — Abre, tío Gus... — sonrió de costado, no podía evitar la excitación que le provocaba. No era un enfermo, pero el contexto solo le daba el suficiente morbo para aprovecharse. No estaba de más, él se iba soltando con el mayor, se mostraba tal cual es.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Jue Ago 25, 2016 5:23 pm
Sus labios iban recorriendo su abdomen tanto como su lengua, esbozando una sonrisa al ver cómo se hundía ante el roce de su piel. Eso sólo podía significar que le gustaba. Poco a poco fue bajando hacia su entrepierna, notando cómo su sobrino se le había adelantado con la mano y la había sujetado. Antes de darse cuenta, y animado por su mano en su cabeza, se encontró ante su miembro erecto. Sin saber explicar por qué, se le hacía mas apetecible que en Las Vegas. Quería darle placer de todas las maneras posibles.

Se relamió los labios cuando el glande de su sobrino le rozó los labios. Si estaba provocándole y retándole, lo estaba consiguiendo. Fue cuando escuchó su orden que abrió los labios y bajó la cabeza, introduciéndose su glande en la boca. Buscó la mirada de su sobrino antes de bajar, aunque apenas pudo llegar a la mitad antes de verse obligado a subir de nuevo, succionando con suavidad. No apartaba la vista de sus ojos y a veces de sus labios, deseando ver todas y cada una de sus muecas.

Pero no tardó mucho en olvidarse de eso. Sí, iba a dar placer a su sobrino, pero también era importante que él disfrutase. Así que cerró los ojos y continuó con la felación, bajando la cabeza un poco más. No se presionaba, pues no había prisa alguna, y evitaba tener más arcadas de las necesarias.
Pronto empezó a dejarse llevar por la pasión y abrazó los muslos de su sobrino antes de aumentar la velocidad con que le regalaba aquella felación. Y de repente se detuvo, aguardando a que fuesen las manos de su sobrino las que levantasen y bajasen su cabeza. Sin duda Demian era privilegiado; realmente le quería. Si alguno de sus amantes veía a Gustav en aquella posición, con aquella actitud ligeramente sumisa, creerían que era una persona distinta. Pero su Demian era distinto. A él le permitía todo.


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Mensaje por Demian Kjörn el Jue Ago 25, 2016 5:49 pm
Demian llegaba a un punto en que todo el acto le parecía peligroso, puesto que temía por perder la sanidad por tanto placer al que su cuerpo se enfrentaba. No lo había visto venir, ni en sus más profundas fantasías, él iba a imaginar a su tío ceder para darle tremendo placer. Desde cada centímetro de su pene, engullido por la boca del mayor, se disparaban corrientes eléctricas por su espalda, las que le mantenían inquieto, estremeciéndose por la excitación que experimentaba. Sus mejillas, o rostro entero ardían com el resto de su cuerpo. Tenía las mejillas sonrojadas, al igual que su pecho; eran hilos de su voz que soltaban aquellos gemidos, no supo de razones, pero llegó a creer que era un sueño, y si gemía fuerte, iba a despertar.

Oh, joder... — tragó saliva, claramente hubo experiencia en aquella felación, y Demian lo supo porque era inhumano disfrutar tanto de un oral. — N-no, no, no pares. — se apresuró al notarle más o menos estático, pero sin sacarse la polla de la boca. Demian metió y sacó su lengua para humedecer sus labios y guió la mano hasta la coronilla ajena, donde le cogió firme, pero sin tirar de sus cabellos, nada más para mantenerle así. El resto fueron contoneos de su cadera para penetrar aquella cavidad bucal que le había hecho sentir más vivo que en sus 20 años de vida. Mantenía su cuello estirado para verle durante todo el acto, jamás borraría aquella imagen de su mente.

Sin embargo, no quiso forzarlo más, razón por la que acabó por soltarle y él mismo se incorporó al sentarse sobre el borde de la cama. Tiró de la mano a su tío y lo hizo tumbarse sobre la cama, parte de tener una buena memoria, era que él sabía dar las recompensas. Y así lo hizo, rodeando la cama para estar en oposición con él, fue arrastrándose a gatas hasta que dejó su rostro justo por encima del miembro erecto del mayor, y su cadera bastante próxima a la cara ajena. Estaba dejándose llevar, y no habría cómo frenarle a esa altura. Demian jugó con el mayor, sujetándole por la base del pene en lo que concedía lamidas con la punta de su lengua. Y sí, disfrutó como si de un manjar se tratase, al recoger apenas gotas del presemen que atrapó con su lengua. Pero al desear genuinamente hacer el amor con él, desistió de aquel jugueteo para nada más engullir su virilidad que supo de lo más tibia una vez dentro de su boca. Demian no se anduvo con largas, moviendo la cabeza de arriba abajo, al felarle con gusto, pues él lo disfrutó igual o más que la noche en Las Vegas.

Continuó en ese son por severos segundos, hasta que le estaban ganando las arcadas pues literalmente se le hizo agua la boca, al salivar de más. Le dejó por un instante nada más para continuar tentándolo, con besos a su ingle, a sus muslos, incluso concedió una suave mordida a esa piel de sus piernas. — No puedo pensar en cómo me frené de hacer ésto contigo... — murmuró, jadeante, aquella felación le había tomado bastante de su aliento, y lo peor de todo era que deseaba todavía más. — Fóllame la boca. — pidió, al situar su rostro nuevamente entre las piernas del mayor. Así separó sus labios para recibirle, a gusto, completamente a gusto. Quería hacerlo hasta sentir aquel saco de testículos golpeándole la nariz.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Jue Ago 25, 2016 6:13 pm
Encontraba un placer inexplicable en aquello. Su boca comenzó a segregar más saliva, como si eso fuese a ayudarle a que el miembro de Demian no atravesase así su garganta, y se vio obligado a retenerla para más tarde tragarla de nuevo. Alguna que otra arcada se fundía con los gemidos de su sobrino, pero aguardó, expectante y con los labios apretados en torno a su miembro para asegurarle el placer. Aquello acabó antes de lo que pensaba y lo agradeció tanto como lo echaba de menos. Nunca antes había sentido algo así. Había dejado que le follasen la boca y quería más. ¿Qué demonios estaba haciendo Demian con él, cambiándole tanto?

Se dejó guiar por él y se tumbó, siguiéndole con la mirada mientras rodeaba la cama con expectación. Cuando se echó sobre él esbozó una sonrisa y aguardó a que se colocase para sujetar sus nalgas. Sintió un escalofrío de placer al cual le siguieron varios gemidos al notar los lametones, y toda su respiración se escapó en un jadeo cuando comenzó con la mamada tan rápido.
Una de sus manos cayó abierta contra una de las nalgas de Demian, sin ejercer mucha fuerza, y entonces le abrió las nalgas. Escupió en su abertura antes de pasar la lengua por ella, pero sin profundizar ni comenzar a dilatarle. Todavía no. Le atrajo un poco más hacia sí, lo justo para llegar a sus testículos, que lamió y mordisqueó con mucho cuidado. Sus piernas se movían y su respiración eran suaves gemidos según su sobrino le felaba, le lamía e incluso le mordía la piel.

Yo tampoco. Pero la respuesta es que fuimos idiotas, nada más... —. Se habían peleado y Demian le había golpeado en lugar de haber hecho aquello; eso era ser idiota. Ante aquella orden se colocó lo mejor que pudo, flexionando las rodillas para poder impulsarse con los pies. Ni siquiera le avisó, y es que en cuanto notó que colocaba sus labios para recibir su polla, comenzó con las embestidas hacia arriba. Los gruñidos de esfuerzo al alzarse contra su boca se mezclaban con puros gemidos, gemidos que su sobrino arrancaba de él cuando llegaba hasta su garganta pero sobre todo ante su pasividad, ante no apartarse.

Para callar sus propios gemidos, comenzó a lamer su ano, asegurándose de abrirlo poco a poco. Su cadera parecía actuar por cuenta propia y el chocar con su garganta no le hacía detenerse sino continuar con aquello. Pronto sustituyó su lengua por uno de sus dedos, previamente humedecido con su saliva. Mientras su dedo entraba y salía de él con rapidez, su cadera fue bajando el ritmo hasta finalmente detenerse sobre el colchón de nuevo. Notaba una calidez mayor de la habitual en su miembro, y el espesor que la recubría confirmaba que tal calidez se la daba la saliva de Demian. Silbó maravillado antes de reír suavemente con diversión e introducir en él un segundo dedo. —Continúa si quieres, por cierto... —mordió una de sus nalgas y luego besó la zona que mordió, antes de seguir hablando—, me he detenido para guardar fuerzas para lo importante. —. Lo dijo con naturalidad, como si fuese una actividad que hacían día tras día. Mientras sus dedos entraban y salían de Demian, su lengua iba acariciando las zonas circundantes.


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Mensaje por Demian Kjörn el Jue Ago 25, 2016 6:43 pm
Aun si empezó estando cómodo, lo suficiente para pasarse en aquella tarea durante toda la noche; se terminó en el momento justo que comenzó a sentir la lengua de su tío pasearse entre sus glúteos. Abruptamente su entrada se ceñía para evitar que nada entrase, era cuestión de reflejo. Y a la misma vez, el estímulo que Gustav daba con su lengua, provocaba a ese agujero que se abriese aun si solo era un poco. Demian estaba siendo abrumado con la mar de sensaciones que solo estallaban en su cuerpo. Ya que a la misma vez, luchaba por mantenerse al alcance de aquella pelvis, ese pene embistiéndose contra su boca. Como lo había esperado, llegó a recibir dos que tres leves golpes por parte de los testículos ajenos, pero lejos de molestarle, le habían hecho un poco de gracia. Manteniéndose en la misma posición, Demian ciñó sus labios alrededor de esa polla tanto como le fue posible, para que al salir pudiese hundir sus mejillas al succionarle en el afán de darle todo el placer posible.

Pero éste ritmo acabaría, y aunque él hubiese deseado más, estaría forzándose para cumplir con su hambre, su gula. Un hilo de su saliva y el presemen de Gustav siguió uniendo tanto el glande como sus labios, para que luego el menor fuese a cortarlo con su lengua. — Ah... joder. — tragó saliva, pues le había tomado por sorpresa, aquella falange intrusa. — Hm... — gimió un poco más fuerte, ya que se había hecho a la idea de que aquello era real, le estaba sucediendo, y se tomó libertades. — Gustav... guau... — reía abiertamente, era maravilloso, y supo que esa noche era la correcta, pues en Las Vegas no pudo disfrutarlo tanto como entonces. Fue abajo para provocarlo una última vez, y le atrapó nada más el glande con los labios, dando un profundo chupón a este. Finalmente se incorporó sobre sus rodillas, no podía pensar en desacomodarse por lo increíblemente placentero que resultaba ser follado por sus dedos.

¿Lo importante? — Resaltó, aunque no pudiese verlo, el menor estaba sonriendo como niño en feria. — ¿Algo así como entrar en mí? — repasó la línea de su labio inferior con la lengua, para que solo segundos después, se hiciese a un lado. No había tiempo que desperdiciar, y él mismo no podía con su impaciencia, lo que le llevó a trepar sobre el cuerpo ajeno, esta vez acomodando su cola justamente debajo del vientre ajeno. —Shh... — le sonrió amplio, mostrándole los dientes incluso y llevó su mano zurda hasta detrás de él y así tomó la polla de su tío para masturbarlo al pasar ésta entre sus nalgas. Demian movía su cadera de atrás y adelante, aumentando aquel roce entre carne y carne.

Lo dejó, soltándole para pasar ya ambas manos desde el abdomen ajeno y hasta su pecho. Si había una manera de ocultar el deseo que sentía hacia el Kjörn mayor, él no la conocía. Por lo que lentamente fue inclinándose hacia él pero se detuvo nada más se encontraron cara a cara. — Nunca tendré suficiente de ti, Gustav... — murmuró, pasando su mano diestra por la mejilla correspondiente de él. — Te amo.— jadeó, incluso luego de aquel breve respiro, no terminaba de recuperarse. Y sin embargo, se forzó todavía más, robándole un beso suave y fugaz. — Te amo. —y lo repitió, una y otra vez, hasta que los besos cortos se iban convirtiendo en uno más prolongado, húmedo y profundo. — Hazlo, hazme el amor. — susurró, a sabiendas de que podía sonar cursi, pero de ninguna otra forma sonaba correcto.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Jue Ago 25, 2016 7:03 pm
Aquella risa alegró su día, su semana y su mes. Eso era lo importante en el sexo, el sentirse bien y pasarlo bien. Si echaba la vista atrás, se arrepentía de lo ocurrido en Las Vegas porque fue, quizá, demasiado repentino. Oírle reír mientras sus dos dedos salían de él y su lengua acompañaba tal acción le llenaba de felicidad y le animaban a seguir. Soltó un pequeño gruñido cuando se apartó y se vio obligado a salir de él, el mismo gruñido que soltaría un niño al que le castigan sin su juguete favorito.

Sí, algo así —reconoció con una ancha sonrisa en los labios; en esos momentos Gustav era la mezcla perfecta de excitación, placer y felicidad. Llevó sus manos a los muslos de su sobrino cuando se colocó así sobre él, y aun a pesar de haberse mordido el labio inferior dejó escapar un gemido al sentir la masturbación con sus nalgas. Mantuvo el silencio que le ordenó, a excepción de varios gemidos que le eran imposibles de aguantar.

Según se inclinó hacia él subió las manos de sus muslos a sus costados y hasta casi sus axilas antes de pasarlas a su pecho, no para detenerle o empujarle hacia atrás sino para acariciarlos. Sujetó sus pectorales, maravillándose en éstos y en lo desarrollados que estaban desde Las Vegas, y continuó sus besos sin dejar de sonreír. —Yo también te amo, y si no tienes suficiente de mí... puedes tenerme cuando quieras, Demian. Lo prometo.

Soltó su pecho para llevar la mano derecha a su propio miembro y la izquierda a una de las nalgas de Demian. Tiró de ésta hacia fuera y a ciegas buscó su entrada. —Déjate caer. Despacio, ¿vale? —susurró en sus labios, siendo éste un buen consejo para ambos pero más para él, pues apenas le había dejado tiempo de dilatarle. Más tarde, si el placer no se lo impedía, cambiarían de postura. Él mismo alzó la cadera unos centímetros, para introducir en él el glande con un ahogado pero sonoro jadeo, y entonces dejó que siguiese su orden; no se molestó en acallar sus jadeos y sus gemidos, siendo el interior de Demian lo más cercano al paraíso. Su mano no dejaba ir su nalga, apartándola todo lo que podía, y sus ojos estudiaban sus facciones. Incluso con el rostro contraído en una mueca como aquella era precioso.


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Mensaje por Demian Kjörn el Jue Ago 25, 2016 7:47 pm
Decírselo mirándose a los ojos, era algo que cualquiera podría hacer, pero demostrarlo sin palabras entremedio: requería una conexión que muy pocos, y casi ninguno llegaba a conseguir. Fueron las manos de Gustav que hacían erizar la piel del menor, ese rubio que se sentía en su refugio, y por primera vez luego de más de dos meses, en su hogar. Pero el apartamento no tenía nada que ver, que su recámara estuviese ordenada de manera familiar era lo de menos; sin embargo, el tener a ese hombre debajo de sí, tocándole, besándole, hablándole era algo que no podía pedir, y aun así, estaba recibiendo.

Despacio... no quiero romperte — dijo en tono de broma, cuando nunca antes había podido reírse en mitad del sexo; supuso que tomaba a la persona correcta para ser él mismo, abrirse sin nada premeditado, pues aquello era humano, emocional, lo volvió especial el que Demian no tratase de impresionar a ese hombre, solo hacía lo que le nacía hacer. De esa forma, se resistió al recibirle dentro; ninguna sorpresa ahí, cuando las paredes de su ano se ceñían alrededor de la carne viril del otro Kjörn. Cerró sus ojos y se dejó caer del todo, para darle una mordida al hombro ajeno, mantenía su cola empinada, bastante, y aun así aquella polla no salió de él. Demian giró su cabeza de tal forma que pudo besarle el cuello, darle un chupón que seguramente dejaría una marca, subió de manera lenta por la barbilla de éste, finalmente dejando un beso suave sobre esa boca, en la misma que soltó un gemido, pues cada movimiento que hiciera, lo afectaba muchísimo.

Demian le dedicó una sonrisa, cuando puso las manos contra el pecho ajeno hasta que se irguió, dejando su espalda en un ángulo recto con la ajena. Así comenzaba a dejar caer su cuerpo, tragando más y más de aquella carne viril, hasta engullirla del todo. Expresó la tensión que sentía, al clavar sus dedos sobre la piel del pecho ajeno. Aun así le lastimara, él no deseaba hacerlo, pero debía liberar la tensión de alguna forma. — Joder... — gimió entrecortado, permaneciendo quieto por unos cuantos segundos más. Solo para permitirle al interior de su cuerpo, adaptarse. Pero supo que no podía esperar eternamente, así se forzó a levantarse, flexionando las rodillas hasta que estuvo a poco de sentirle fuera, y se dejó caer.

Era la gloria, para él, empalarse con la polla de Gustav, su Gustav. Poco a poco iba soltando el agarre sobe los pectorales ajenos, y se fue soltando. Aun así, mantenía sus ojos cerrados al contonear las caderas. El menor cogía su ritmo, yendo de arriba hacia abajo, una, y otra, y otra vez. — Hmm... — otro gemido que escapó de lo profundo de su garganta, y solo hasta ese momento se permitió abrir los ojos y ver la cara de su tío. Como ni siquiera en sueños, lo hubiera imaginado así. — Me encanta... me encantas tú... — dijo siendo envuelto, sentón tras sentón, por el placer más crudo y perfecto que hubiese podido sentir. Él mismo se acariciaba, el abdomen, su pecho, incluso pellizcaba sus pezones antes de solamente estirar sus brazos y cruzarlos detrás de su nuca. Entonces comenzaría a moverse a gusto, cada vez más rápido, pues no solo se interesaba por el placer que recibía, sino el que pudiera darle al mayor. Era su todo, deseaba darle lo mejor de sí. — Uh... ah... — gemía cada vez más fuerte, conforme el placer iba opacando el dolor que inicialmente hubiese sentido. La saliva de ambos hacía un trabajo maravilloso como lubricante, o de lo contrario aquello hubiese sido una tortura para él.

Sus jadeos salían de forma automática, era impredecible, pero la respiración se agitaba de manera anormal. Como si hubiese corrido una maratón, cuando en realidad solo montaba a ese hombre como mejor sabía hacerlo. Cada vez que sus nalgas tocaron la pelvis de Gustav, era su propio miembro el que rebotaba para manchar el abdomen ajeno, darle pequeños azotes de paso. — Oh, por dios... podría vivir contigo dentro, sí... te amo, Gustav, te... — soltó un grito que le tomó de imprevisto, sí, había rozado ese punto en él. — Ven, ven... — le extendió los brazos para tomar sus hombros y traerlo hacia él. Rodeó el cuello ajeno y sin más preámbulos, se entregó a sus labios. Ahogaba sus gemidos contra su boca, lo lamía, lo succionaba, le daba mordidas, el menor se embriagaba con el aliento de él. Eran solo sus jadeos, y al estar conectados en uno solo, una sola carne, no necesitaba más para rozar el nirvana con él.



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Mensaje por Gustav Kjörn el Jue Ago 25, 2016 8:14 pm
Tenía ganas de gritar de placer, comunicarle al mundo cuánto le encantaba aquello. Era un simple polvo y a la vez lo era todo. Era la persona con quien lo hacía; era la pasión que ambos ponían; era la forma en que Demian confiaba en él, en su cuerpo; en resumen, aquello iba más del simple polvo, por mucho placer que estuviese recibiendo al sentir cómo el interior de Demian le rechazaba pero aun así el otro continuaba bajando, otorgándole un placer indescriptible.

Ah, Dem... —gimió entre besos una vez las nalgas de su sobrino llegaron a su pelvis y parte de sus muslos. Le soltó la nalga y ambas de sus manos fueron a su cadera, a pesar de que no le movía. No le hacía falta. Lo cierto es que poco le importaba cuántas uñas le clavase o cuán largos eran sus arañazos. No dolían y llegaban a otorgarle cierto toque de placer.

Pasados unos segundos soltó su cadera y colocó ambas manos bajo la nuca, sonriendo. Confiaba en que Demian podía hacer aquello solo, y en efecto lo hizo. Fue así como se concentró del todo en aquello, olvidando cualquier problema cotidiano. Su sobrino cabalagaba sobre él, ¿qué más necesitaba? Él mismo se clavaba las yemas de los dedos en la nuca, y su rostro se descomponía: fruncía el ceño de puro placer, se mordía el labio inferior, se enrojecía y comenzaba a brillar de sudor... el placer era demasiado, mucho más que el experimentado en Las Vegas, y tanto sus músculos como su garganta lo estaban dejando claro.

Tú a mí también me encantas...  Dem... —y aprovechó que le miraba para pasar dos dedos por su propio abdomen, allí donde el líquido preseminal de su sobrino comenzaba a acumularse. Se metió los dedos en la boca, hasta la segunda falange, y lamió aquel manjar sin pudor alguno. Lo hizo una segunda vez, esta vez sin meterse los dedos en la boca pero lamiéndolos fuera de ésta, para que el contrario viese que en efecto lo recogía y se lo tragaba.

Aquel grito le hizo estremecerse de placer, sin saber por qué. Sin hacer nada, moviéndose sólo Demian, había alcanzado ese punto, intuía Gustav. Aquello le hizo sonreír a la vez que su miembro sufría una pequeña sacudida, un espasmo por el placer, nada más. Se enderezó hasta quedar casi a su altura, ahora llevando las manos a sus nalgas y continuaba sus besos. Besos por llamarlo de algún modo. Se dejaba mordisquear y lamer, devolviéndole él ciertos besos o mordidas de vez en cuando.

Dejó que su sobrino continuase botando sobre él, ahora con ambos cuerpos tan pegados que sentía su polla frotarse contra su propio abdomen. Ahora mismo deseaba tener un cuerpo de goma para poder agachar la mitad de su torso y ofrecerle una felación, pero le era imposible.
Uno de sus brazos acabó subiendo a su cintura, y sujetándole con fuerza, se apoyó en la mano contraria y se impulsó. Un solo giro fue suficiente para cambiar las tornas y quedar él sobre Demian, con las piernas de éste alzadas en el aire a ambos lados de su cuerpo.

Te amo, Demian. Yo también te amo —le comunicó sonriendo antes de comenzar a embestirle. No fue cauto, si bien es cierto que medía la fuerza con la que chocaba contra sus nalgas. Le había visto botar sobre él, había oído sus gemidos segundos atrás; algo le decía que tal ritmo no le heriría, sino más bien todo lo contrario. Sus ingles chocaban contra sus nalgas, al igual que sus testículos, siendo sonidos que se añadían a la música que ya formaban los gemidos de ambos. Se agachó a seguir jugando con sus labios. No tenía prisa alguna y sin embargo su cadera aceleraba poco a poco, a un ritmo envidiable para muchos de su edad; haría lo posible por retener y alargar el momento de la eyaculación.


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Mensaje por Demian Kjörn el Jue Ago 25, 2016 10:39 pm
Aun el más mínimo de los movimientos, repercutía en el menor ya que éste se encontraba vulnerable aunque nunca con más energía que al segundo corriente; fue por ello que soltó un leve quejido al reacomodarse, aun sentado sobre el regazo de Gustav, pero con éste sentado a su vez sobre la cama. Quiso tomarse solo unos cuantos segundos, que al moverse en ese vaivén lento, se había puesto todavía más cerca de llegar a su clímax. Demian solía ser de los que pueden durar muchísimo, pero ahí, en esa noche con su tío: se volvía débil, sensible. La sonrisa sobre sus labios no hizo más que ampliarse por tan posesiva forma de abrazarle. Así el menor se aferró a ese torso, mientras le entregaba un beso pausado y de lo más húmedo; lo que él no esperaba fue el cambio de posición, ya que tuvo que aferrarse a él de brazos y piernas para evitar caerse. Soltó una leve carcajada, víctima de sus nervios, y se relajó un poco mejor al tener entonces su espalda contra el colchón.

Si Demian había pensado que la imagen más excitante, era la de ese hombre entre sus piernas y haciéndole una felación, era solo porque no le había visto así: entre sus piernas, y aun muy enterrado en lo profundo de sus entrañas. Tuvo que colaborar, al sujetarse por la parte contraria a sus rodillas para mantener aun más separadas sus piernas, solo así su agujero se abriría lo suficiente. Mantenía el ceño fruncido, ya que su rostro era toda una obra de arte, abatido por el placer que le golpeaba como un tsunami, y a la vez su sonrisa lo delataba como un adorador, obsesionado con el sexo que le daba su tío. Ya no había lugar a quejas, remordimientos, las cosas pasaron como tenían que pasar. Ni antes ni después. Lo supo tras escuchar aquellas palabras de él, el menor de los Kjörn le creyó ciegamente.

Demian mantenía sujetas sus piernas, aun si los brazos le flaqueaban todavía más al ser embestido de manera bruta, no podría gozarlo más aunque quisiera. El sudor contribuyó para que en un descuido, sus piernas se deslizaran de de sus manos y así él entrelazó estas con las de su tío, provocando que su ano se ciñese todavía más alrededor de aquella polla. Echó la cabeza hacia atrás, encorvando ligeramente su espalda, le estaba destrozando, pero esa sería la única manera que Gustav tenía permitido lastimarle: si era a través del placer. Ya el rostro del rubio se encontraba totalmente rojo, mechones de su pelo se habían adherido a su frente por la fina capa de sudor que cubría casi toda su piel. Él tenía la sangre muy cerca de hervir.

Las manos de éste se empuñaban con las sábanas, de nuevo necesitó de liberar aquella tensión y no deseó lastimar más la piel de su hombre. Demian jadeaba, gemía y se retorcía. No podría continuar así, y él lo sabía. Fue en un impulso que atrapó al mayor, rodeándolo con sus brazos por la espalda baja y así hundió su cara en el cuello de Gustav, adoró la capa de sudor en él, misma que atrapó con sus dientes al morderle, para después lamer el mismo sitio donde le marcó con su dentadura. — ¡Ah! —gritó de nuevo, muy bien aferrado a él, su respiración, sus jadeos, sus gemidos inclusive iban al son de cada embestida que aquel hombre le entregó. Demian hincó sus uñas, inevitablemente, sobre la espalda ajena, y así le arañó al descender por su piel, dejando hilos rojos aunque no había sido profundo como para herirle demasiado. Finalmente llevó las manos hasta el trasero del hombre, y se lo apretó, para que llegara más dentro, más allá en sus entrañas. Enloquecía.

Oh, dios, oh, dios... ¡Gus... Gus... Gus... Gustav! — estaba cerca de convulsionar, y sus gritos lo terminaron de revelar: no había necesitado de usar su mano para cuando sintió que de su pene estallaban aquellos disparos de su semen. — ¡Eso es, sí! — había perdido su mirada por un par de segundos, así como se liberó de cualquier y toda tensión al ser ascendido a ese estado de nirvana que jamás habría imaginado, ni siquiera en sus sueños. Sus ojos rodaban hacia atrás, le había destrozado y lo mejor de todo fue que aun así, deseaba más. Esa noche no podía terminar para ellos dos. — Hm... — casi sollozante, seguía gimiendo pues las embestidas no se detuvieron. Buscó la boca ajena con la suya y como pudo encajó sus labios en él, entre jadeos era como si se dieran respiración boca a boca. Así de intenso había sido para el menor. Que seguía sufriendo espasmos por todo su cuerpo, a pesar que su placer ya hecho líquido, se encontraba derramado y esparcido por el pecho de ambos. — ¡Joder! — y se soltó de él, enteramente rendido.



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