I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
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Unveiling | Pv. Gustav Kjörn [+18]

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Mensaje por Demian Kjörn el Mar Ago 23, 2016 7:06 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Tomó tiempo, quizá más del que él había esperado, pero por fin había hecho algo con su vida. Tenía los fundamentos para probarse capaz, y probarle a él que era capaz, no solo un niño mimado dependiente del dinero de su familia. Para Demian aquello había sido revelador, ya que en un comienzo él mismo no lo habría creído. Pero ahí estaba, afinando detalles para pasar la prueba de fuego: recibir la visita del Kjörn mayor. Era fácil predecir que el muchacho de cabellera rubia, fuera consumido por los nervios. Aun así, no contaría con el tiempo suficiente para hacer todo un cambio de su vida. Por ejemplo, no era como que había aprendido a cocinar ni nada parecido. Si la comida había sido preparada en una buena cocina, de la que ordenó la cena que consumirían ambos. Y sí, que la empleada recibió su baño de quejas por parte del menor ya que él no aceptaría nada por debajo de la perfección.

Con solo cinco minutos de retraso, Demian se encontraba lo suficiente enfadado como para pensar que se le había arruinado la noche: y no necesariamente fue así. Pagó por lo que había ordenado, pero no lo hizo así con la propina. Primero, estaba saliéndose de su presupuesto, y segundo, si le llevaban la comida después de la hora, estaban muertos para él.

El rubio se había instalado ya en su nuevo hogar, con cerca de dos meses y medio para lograrlo: el lugar estaba debidamente amueblado, una de sus amigas de la universidad colaboró con él a la hora de diseñar cada cuarto, toques modernos, y colores secos, en el que predominaba el verde: de lejos, su color preferido. Lo que el muchacho notó, cuando ponía la mesa, fue el que el repartidor se había olvidado de la bebida, una botella de vino que especificó él se añadiese a su orden. Estaba saliendo mal, fatal. Pues cuando escuchó que tocaban su puerta, Demian atendió a esta. — ¡Les dije, específicamente, lo que quería! Y vienen con una trastada de... estas... — su voz fue bajando en intensidad cuando no encontró al repartidor ahí, sino a su tío parado frente a su puerta. Sonrió de costado y calló por unos segundos, internamente deseaba morirse, que la tierra lo tragase o algo de esa denominación. Aclaró su garganta y se hizo a un lado, invitando al hombre a pasar. — Tío Gustav, pasa. — señaló con su brazo al interior de su apartamento; cabía mencionar que él nunca le llamaba tío, pero dada la situación de ambos. Era más un recordatorio para él. Estaba por cerrar la puerta cuando escuchó zancadas viniendo del pasillo, y un brazo se colaba con la botella de vino. — Por fin — dijo en voz baja. Volteó a ver al hombre y le dedicó una sonrisa condescendiente. - Un segundo. - Entonces se regresó con el empleado para masacrarle con la mirada. — Llamaré a tu jefe, y le pediré que te despidan. — amenazó, aun cuando acabó por reír un poco.— Pero, gracias por traerla. — señaló la botella. ¿Por qué el cambio de humor? Debía considerarse quién estaba haciéndole compañía en su apartamento, porqué tanto alboroto.

Demian fue hasta la cocina, dejando la botella en el proceso, y de ahí levantó una toalla para secarse el sudor de la frente y de sus brazos. Sí que había trabajado bastante, se había tensado aun más, para que aquello saliese bien. — Este... tío — remarcó, de regreso a la sala de estar donde le había dejado. — Te daría un recorrido, pero... la comida ya está servida, ¿lo hacemos después de comer? — cuestionó, tratando de ser lo más amable posible. Todo aquello, para ocultar el hecho de que no le había visto, ni habían hablado, desde el día en que él partió de casa.


Última edición por Demian Kjörn el Jue Ago 25, 2016 5:50 pm, editado 1 vez



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Mensaje por Gustav Kjörn el Vie Ago 26, 2016 6:01 am
Gustav parecía haber perdido el control y estar fuera de sí. Todo lo que hacía se reducía a echar su cadera de atrás adelante con rapidez para entrar y salir de su sobrino, animado por sus muecas y sus gemidos. De no ser porque habían estado todos los minutos anteriores siendo como fueron, uno pensaría que había pagado por aquello y el menor era un objeto para recibir aquellas embestidas, nada más. Pero lo cierto era que Gustav pocas veces había disfrutado tanto de un polvo. Sin duda la persona a la que se lo hacía tenía mucho que ver.

Un sonoro gemido escapó de sus labios cuando notó cómo el ano de Demian parecía cerrarse levemente al cerrar un poco las piernas, y se mordió con fuera el labio inferior. No quería acabar nunca, quería quedarse así hasta que amaneciese, a pesar de que notaba la eyaculación muy cerca. Esperaría, por lo menos a que Demian terminase, pero eso no significaba que fuese a reducir la velocidad. Dejó que le mordiese y arañase, con algún que otro gruñido, pues aquello sólo le otorgaba más placer.

Ah, Demian, joder... —murmuró en un hilo de voz antes de volver a perderse en esa música que creaban sus golpes contra las nalgas del menor. A esta música se le sumó la voz de su sobrino, aquella forma entrecortada de decir su nombre. Bajó la vista, maravillándose con aquellos disparos que crearon sus embestidas. Fue el ver aquella escena la que le hizo sentir un escalofrío y un cosquilleo en la parte baja de su abdomen, anunciando que él también iba a correrse—. ¡Ahh, joder! —le dio una última embestida, seca y fuerte, y dejó su polla enterrada en él. Con otro escalofrío comenzó a eyacular en su interior, mientras sus manos se aferraban con fuerza al borde del colchón.

Escuchaba y sentía los latidos del corazón en la cabeza. Su respiración parecía ir a mil por hora. El sudor hacía que su piel brillase en cualquier zona de su cuerpo. Agachó el rostro hasta los labios de Demian y aprovechó los segundos de erección que aún tenía tras correrse para entrar y salir de él con mucha suavidad. Incluso así de despacio y con tal suavidad gemía como un loco por todo el placer que aquello le otorgaba.

Poco a poco fue deteniéndose, o su erección volvería a su estado de gracia y usando también su semen como lubricante volvería a embestirle como si fuese la última acción que iba a hacer en su vida. Salió de él con un jadeo ahogado y se enderezó poco a poco. Pero no se apartó, sino que aguardó a que su sobrino estirase las piernas para sentarse en su abdomen, con una sonrisa en los labios. —No sé ni qué decir. Wow —suspiró maravillado antes de observar su propio pecho, que también se había manchado con el semen de Demian. Recogió parte de éste con el pulgar y se lo llevó a la boca, haciendo lo mismo con el semen restante pero llevando ahora el pulgar a la boca de Demian—. Creo que haciendo esto todos los días sería el tío más feliz del mundo. ¿Tienes pañuelos? —preguntó, para limpiarse tanto su miembro como el pecho de Demian. Podría recogerlo todo con la lengua –al fin y al cabo habían dejado a un lado ciertas precauciones desde el principio–, pero le parecía más rápido limpiarlo.


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Mensaje por Demian Kjörn el Vie Ago 26, 2016 10:27 am
Aun si sus brazos temblaban, pues el muchachos seguía lidiando con las secuelas de su clímax; Demian coló estos bajo las axilas del mayor para así poder abrazarlo. Sollozaba entre beso y beso, pues seguir embistiéndolo, aun si era suave, era una tortura pues el menor no podía permitirse otra erección así de pronto. — Te amo, no tengo que decir más nada... — musitó, para luego morder su labio inferior mientras le veía a los ojos: sudado, cansado, pero en la mirada de ambos había quedado grabado aquello. Demian estiró solo un poco más su cuello y le dio un beso pequeño y suave sobre la punta de su nariz, para luego dejarlo hacerse a un lado. Un último gemido salió de él, tan pronto como no tuvo más la polla de su tío dentro de él. Juntaba sus piernas, incluso las rozaba, ¿acaso le echaba de menos? Muchísimo.

Volteó a verlo, su forma de limpiarse, de probar el propio semen, tal vez iba en la sangre, ambos ellos eran unos sucios. Sin hacerse de rogar, unió sus labios sobre la yema del dedo ajeno y probó de su esencia, sin ser esa la primera vez que lo hacía. Demian se arrastró cerca de él y le pasó un brazo para abrazarlo, justo después se inclinó sobre el mayor y así le besó en el pecho, seguía sudando, y eso le encantaba. Olían a sexo, olían uno al otro, una ducha era lo último que el rubio deseaba en ese momento. — Y lo único que quiero es hacer feliz a mi tío — murmuró entre risas, satisfecho de que hubiera superado aquella etapa sombría. Y estuviesen ya, más cómodos con la situación de ambos. Así Demian llevó su mano hasta la nuca ajena y le entregó varios besos cortos a sus labios.

Entretanto, sintió nada más una corriente tibia que se colaba, escurriendo fuera de entre sus nalgas; ninguna sorpresa que fuera el placer hecho líquido de aquel hombre que le había regalado la mejor noche de su vida. Así como tampoco pudo ser sorpresa el que incluso un hilo se sangre se hubiese entremezclado con el semen, nada nuevo considerando la faena a la que se sometieron. El menor de los Kjörn se levantó de la cama, y del cajón en su mesita de noche sacó un pequeño empaque de toallitas para pasarle. — Espera, espera... lo haré yo. — decidió, con una sonrisa de costado. Tomó de regreso el paquete y sacó una de las toallitas para pasársela por el pecho. Era solamente su necedad de tocarle, sin realmente necesitar una excusa para hacerlo. Pasó esta por el pecho, y abdomen ajeno. Luego sacó una más para hacer lo mismo consigo, descubriendo hasta ese momento lo erectos que estaban sus pezones. Tomó una tercera toallita, pero no se apresuró para continuar. Simplemente bajó del cuerpo de su tío, y se puso de rodillas al pie de la cama. Coló sus brazos bajo los muslos ajenos y tiró de él para acercar la entrepierna de éste a su rostro.

El menor sonreía nada más vio aquel miembro flácido, ligeramente empapado. Buscó a éste con su boca y lo envolvió bastante bien. Sí, muy a pesar de haberlo tenido solo minutos antes bien enterrado en su ano. Demian chupó para limpiar los restos de semen que se encontraban ahí, mayormente por su glande. Sabía que lo torturaría de aquel modo, era lo que realmente buscaba. Al apartar su boca, fue que le pasó el pañuelo para limpiarle, de manera lenta y suave. Dejó caer el pañuelo al suelo y se incorporó para abordarle, ya que lo tenía ahí, desnudo, y con los recuerdos de una experiencia maravillosa, no podía permitirse dejarlo ir. A gatas trepó por él hasta acostarse a un lado suyo, pero le mantuvo abrazado, incluso entrelazó una de sus piernas para aprovechar hasta el más singular de los roces. — Quédate conmigo a pasar la noche...— pidió, sinceramente no deseaba dormir solo luego de aquello. — Sería la primera vez que dormimos juntos. — comentó con una leve risa y después soltó un suspiro. Él estaba derrotado, nadie nunca le había dejado en ese estado. Debía ser el hombre correcto.

Al cabo de unos segundos, el muchacho se apartó nada más para tumbarse al lado del mayor. Cruzó los brazos detrás de su nuca y se mantuvo distraído al ver el techo de su recámara. — Gustav... — le llamó, que de no ser porque se encontraba con su tío, se le antojaría incluso prender un cigarrillo. Así de bien, y relajado se encontraba, era como que si el tiempo se hubiese detenido para ellos dos. — ¿Alguna vez pensaste en mí? Antes de Las Vegas. — preguntó, no por escarbar más de lo necesario, ni hacer sentir culpable al otro hombre. Solo era curiosidad, y vaya, con toques de morbo también. — Hubo una noche... hace ya unos años, era de las primeras veces que me había embriagado. Creo que tú no sabías que yo estaba ahí, o que llegaría esa noche. Porque tú estabas con alguien... justo cuando iba a entrar a mi cuarto, escuché ruidos que venían de tu habitación. Tuve curiosidad, por lo que me acerqué... los ruidos eran más claros, estabas follando con alguien. Creo que fue la primera vez que... deseé que no fueras mi tío, porque hiciste que se me parara... sí, con 16. — hizo una pausa y se relamió, era un recuerdo bastante excitante aunque a la actualidad le provocaba risa. —Quería entrar a tu cuarto, sacar a quien sea que tuvieras ahí y... ser yo quien te hiciera gemir así. — se sinceró, volteando a verle para después sonreír de reojo. — Aunque realmente no pensé que llegaría a suceder, mucho menos así... Esa noche había sido morbo, pero hoy... — nada más silbó, luego de no tener palabras para describirlo. — Me empujas a querer ser cursi. — soltó una divertida risa ya buscando contacto con èl, pues su pierna fue hasta rozar las ajenas, por necedad más que nada. — ¿Qué hay de ti? ¿Alguna vez... me viste como más que el hijo de tu hermano?



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Mensaje por Gustav Kjörn el Vie Ago 26, 2016 4:43 pm
Su sobrino le robó otra sonrisa cuando le dijo que le amaba de aquella forma. —Lo sé. Yo también te amo, Dem —repitió por enésima vez, aunque no le molestaba decirlo. No cuando tenía ganas y realmente lo sentía. Se echó a reír entre besos, mientras una de sus manos le acariciaban los cabellos a su sobrino—. Créeme, me haces muy feliz. Más de lo que parece, de verdad —insistió con una sonrisa, mirando durante unos segundos sus ojos. Eran preciosos, para perderse en ellos y no volver a la vida real nunca.

Colocó ambas manos bajo su nuca cuando se estiró a por los pañuelos, aunque no en la misma postura que cuando su sobrino le cabalgaba. Ahora estaba relajado, y los músculos de los brazos se le marcaban mucho menos. Cuando vio que el mismo Demian se ofrecía para limpiarle encogió un hombro, satisfecho con tal acción. Agradeció la frescura y la humedad de la toallita, y con su vista seguía los movimientos del rubio. Su ceño se frunció al verle bajar de la cama, y soltó una carcajada cuando tiró así de sus piernas. Pero no se imaginaba que iba a limpiarle con la boca; no importaba lo vicioso que podía llegar a ser, simplemente no lo había imaginado.

¡Demian! —jadeó al sentir su lengua en su miembro, sobre todo en su aún sensible glande, y su abdomen se encogió de golpe, creando una curva casi imposible en su cuerpo. Rió y se estremeció antes de morderse el labio, hasta que paró y pudo calmarse—. Podrías avisar, idiota... —le recriminó en un tono bromista antes de rodearle con sus brazos, volviendo a jugar y acariciar sus mechones de pelo—. ¿De veras esperaba que me fuese a casa después de esto? Tendrás suerte si mañana consigues echarme de casa antes de la hora de la comida.

Rió y se acomodó en el colchón, acogiendo a Dem entre sus brazos con más ganas. Dejó escapar un pequeño ¿hmm? cuando escuchó su nombre, esperando que hablase. Llevó el brazo con el que no rodeaba sus hombros de nuevo bajo su nuca, mirando ahora al techo. Le escuchaba antentamente, sin molestarse por mencionar Las Vegas. Era como un episodio tan antiguo que parecía de otra vida. Era una sensación extraña, sin duda, pero le gustaba no alterarse ni ponerse tenso ante su mención.

Aquel relato le hizo reír durante varios segundos con ganas, negando repetidas veces con el rostro. —Oh, dios... no puede ser. Joder, estuve años, literalmente, años, llevando ligues muy tarde por la noche o cuando no estabas en casa por si acaso habías salido homófobo, o algo así. Luego descubrí que no, pero seguí teniendo cuidado —suspiró entre las últimas carcajadas y entonces hizo memoria—. Y sí, alguna vez he pensado en ti como algo distinto a mi sobrino. Cuando ya creciste del todo y empezaste a tener el cuerpo que tenías ahora... No sé, te paseabas por ahí en ropa interior los días de verano y a uno se le iba la vista. O cuando traías a tus amigos a la piscina. Incluso los que estaban mejor que tú eran invisibles a mis ojos. Era raro. Creo que sólo me fijaba en ti por el, digamos, morbo. Pero pronto me di cuenta de que me atraías, no era sólo el morbo de que seas mi sobrino. Pero... lo oculté por ahí, ¿sabes? La noche de Las Vegas fue cuando esos pensamientos se liberaron otra vez. Fue extraño, sin duda... —buscó su rostro y usó el brazo de sus hombros para alzarle un poco y así poder besarle, lentamente, durante casi un minuto. Cortó el beso para seguir hablando—. Como te decía, fue extraño pero me gustó. Fue cuando mi cabeza hizo ¡pum! y reconoció del todo que me atraías. Que me atraes. No sé si conoces la filosofía de Freud, pero era algo así. Estaba todo en el subconsciente. Ahora mismo no recuerdo ninguno, pero si te digo que he soñado alguna vez contigo estaría diciendo la verdad. Y me refiero a sueño erótico, claro.

Soltó una carcajada antes de acariciar su nuca, con cariño. Nunca antes le había sentado tan bien desahogarse y decir la verdad. Sí, su sobrino le atraía. Había tenido sueños eróticos con él. Le había mirado con deseo y pasión. ¿Qué había de malo en reconocerlo? Ahora todos sus deseos, su fantasía, se había hecho real. Era lo mejor que le había pasado jamás.


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Mensaje por Demian Kjörn el Sáb Ago 27, 2016 12:04 pm
¿Cómo podía siquiera fingir resistencia ante el encanto de aquel hombre? Ni siquiera necesitaría una invitación para solo brincarle encima, en cada oportunidad que tuviese. Fue el caso, al ser seducido por aquel brazo para acercarse hasta él. De tal forma que se apoyó un poco sobre su cuerpo y fue a por los labios del mayor, aun si su respiración había regresado a la normalidad, quería disfrutar de él con bastante paciencia y detenimiento. Así saboreó esos labios con mucho gusto, mientras que con su mano zurda le acariciaba en la cintura, bajando con suavidad hasta el muslo de Gustav. — Mi tito Gustav, el más grande pervertido viéndome el culo — murmuró porque quería picarlo, hacerlo reír un poco. Demian se acercó una vez más y atrapó el labio inferior del ajeno, entre sus dientes. Estaba curiosamente juguetón en esa noche, y sí que supo demostrárselo de la mejor manera que sabía. — Ahora puedes verlo, tocarlo, follarlo sin sentir culpa... — terminó susurrándole, para acabar con una risa grave que ahogó contra la piel de ese cuello, donde besó con cariño.

Nada más se separó un poco de él, y pudo ver hacia abajo, ver la piel de su pecho que tenía algunos hilos en rojo por el paso de sus uñas. — Joder... parece que hice un trabajito aquí contigo — mordió su labio, pues por una parte sintió culpa de haberlo lastimado, y a la misma vez aquellas marcas eran la prueba de la intensa faena entre ambos amantes. Pero fue la primera, la culpa, que le llevó a remediar aquello; con besos que hasta podían ser dulces, cubrían cada una de las marcas que habían dejado sus uñas. Aunque no pudo evitar reírse por lo que le había dicho su tío. — Espera, ¿tuviste un sueño húmedo conmigo? — Levantó la vista hacia él y rápidamente trepó para entregarle un rápido beso a sus labios. — Algún día me dirás qué fue, a detalle.— batió sus cejas y se relamió, descendiendo de nuevo para atender el pecho del mayor. Aun si al final fue para provocarlo, ya que estaba pasando la punta de su lengua, dejando una capa de su saliva sobre aquellas insignificantes heridas.

Ya vuelvo. — avisó antes de deslizarse todavía más, hasta que bajó de la cama. Miró al hombre acostado aun y sonrió, era lo mejor que le había pasado en la vida. Amaba a ese hombre, lo supo porque se sentía como su cumpleaños, cada segundo que pasaba cerca de él y lo veía. Sin más, se giró dándole la espalda y así fue que salió hasta la cocina. Iba en el afán de calmar su sed, pues vaya que le había dejado mucha. Sirvió todavía un poco más de agua y regresó con el vaso hasta su recámara. - No creas que me olvidé de ti. [/b]— Esperó a que se sentara para pasarle el vaso pues sabía bien que el otro iba a necesitarlo de igual manera. Demian finalmente tomó el vaso de él y lo dejó puesto sobre la mesita de noche.

Entonces saltó sobre la cama, y se colocó a horcajadas sobre el mayor. Sí, ya había recargado pilas. Él quería más. Así tomó la sábana del pie de su cama y cubrió a ambos con ésta. Era como tener un refugio, aislados del mundo, existían solamente ellos dos. Fue así que sin perder más tiempo, el rubio se tumbó sobre él y se lanzó a besarlo. Movía sus caderas para frotar el sexo de ambos, uno contra el otro. Lo rodeaba con sus brazos y piernas, en lo que rodaban por la cama, bajo las sábanas. El menor solo entregándole todo de él, amándolo como su cuerpo y alma permitían. Y así, solo así era que la noche continuaba siendo la noche de su vida.



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