I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
▲ Debes subir tu ficha para obtener color
▲ Después de que tu ficha es aceptada, debes realizar tus Registros
▲ El mínimo de líneas por post es 10.
▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
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Mensaje por A. Griffon Arkwright el Sáb Sep 24, 2016 3:35 pm
Ya hemos hablado lo suficiente. Mi parte favorita de estas entrevistas es la práctica. Me suele costar decir que no a alguno de estos chicos tras haberlos probado. Sobre todo, con el nivel que está llegando últimamente al local. Los chicos, de todas edades y clases sociales, llegan lentamente buscando un futuro mejor. La mayoría de los chicos desconocen el negocio. Algunos sufren y no valen. Eso da absolutamente igual. Muchos no saben quién soy. No saben el verdadero significado de mi imperio. Desconocen que yo controlo, prácticamente todo, en la ciudad. Drogas, policía corrupta, contacto con dirigentes y altas esferas; como no, lidero a centenares de perros sin escrúpulos. Fieles perros que comen de mi mano y que estarían encantados, con tan solo un chasquido de dedo, a darles caza si fallan en su promesa de contrato. Yo no obligo a nadie, a excepción de los que me traicionan y duermen en el sótano del club. Eso sí, quiero y anhelo compromiso. El jovencísimo Isaac R. Conman, aún menor de edad para según qué cosas en nuestro Estado, ha dado todos y cada uno de los pasos para corroborar su ingreso voluntario. Ya no hay marcha atrás. Con suerte vale. Con suerte el universitario será otro de mis títeres. Un chico sin voluntad y con adicción a las drogas. Entre mayor adicción, mayor facilidad de manipulación por mi parte.

Me sitúo detrás de él. Me acerco lentamente. Mis caderas quedan más próximas a las suyas. Mis manos rodean su cuerpo y se apoyan sobre la parte inferior de su abdomen. Lentamente, levanto su camisa, hago que extienda los brazos en el aire y le quito la camiseta. En el interior de mi despacho solo estamos los dos, aunque la puerta principal queda entreabierta, como queriendo invitar a alguien más a entrar. Contemplo la mesa, ahora despejada, sobre la que pretendo tomarle durante horas. Todo está por el suelo, ya indicaré a alguien que lo ordene y quite mi leche reseca del escritorio. Me vuelvo a centrar en el joven. Parece nervioso. Su pulso está agitado. Se nota que es la primera vez que trabaja en esto. Su pecho se mueve a un ritmo acelerado. Contemplo el movimiento cuando apoyo mi cabeza sobre su hombro. En esa posición aprecio su fragancia, su respiración, sus nervios, su aplomo y la suavidad de su piel. Mordisqueo su cuello un poco; mis manos se preparan para trabajar un poco.

El reloj indica que debe estar a punto de ser la una de la mañana. La invitación dirigida al menor fue respondida con éxito. Por miedo, o quizás, porque el joven chapero había hablado con otros de los chicos. Quizás, sabe que si no pone objeciones todo lo irá mejor con el puto dueño de todo esto. Yo estoy sin camiseta y con el cinturón y primer botón del vaquero desabrochado. Poseo una altura considerablemente mayor que la del menor. Él presume de un físico ejemplar, pero se nota su juventud y unos músculos muchos menos desarrollados. Mis enormes brazos le aprisionan y no le van a dejar escapar. Mi pecho y abdomen, recubiertos grácilmente de vello, ejercen presión contra su espalda. Estoy casi encima, inclinado levemente sobre su cuerpo. Dejando que sus manos se apoyen ahora sobre mi preciado escritorio. Mi monstruoso miembro sigue atrapado por el slip blanco que llevo. Pero este asoma ahora por la parte de arriba del pantalón que aún conservo. Mi polla, super gruesa, ejerce empuje contra el prieto culo del muchacho. Mis manos por otro lado, se recrean acariciando su abdomen. Lo siento, sus músculos definidos y marcados. Sin vello, suave. Lentamente, mis ásperas y toscas manos van subiendo y se paran en sus pezones. Los acaricio con los callos y con la parte de mis palmas más ásperas. Mi barbilla sigue apoyada sobre su hombro y siento su respiración.

El joven ya está en ropa interior. En pequeños movimientos comienzo a pellizcar y jugar con sus pezones. Junto mi cara a la suya con violencia y jadeo como un puto mono en celo, como queriendo compartir así su dolor. Su agonía. Su sufrimiento. Los pezones se endurecen e intentan esconder cuando juego con ellos. Cada vez, con mayor violencia. Los tomo, los giro como si alguien intentase sintonizar una emisora de radio. Los pellizco durante más de diez minutos y los estiro. A veces muerdo su cachete o su oreja mientras empujo mi miembro contra su culo y jadeo. Me encanta echarle el aliento en la cara. Disfruto cada momento. Con las manos apoyadas sobre mi escritorio, el chico parece inquieto por saber qué será lo siguiente. Mi mano izquierda sigue jugando con su pecho. Mi mano derecha baja y acaricia de lado a lado su miembro a través del slip. Nada comparado con el mío, pero igualmente agradable por su juventud y estado físico del propietario. Disfruto corrompiendo nuevos talentos como lo parece ser este nuevo chico. Su ropa interior comienza a humedecerse por donde está la cabeza de su polla. Mi slip blanco debe estar igual. Mis pantalones han cedido un poco más; están a mitad de mis cuádriceps a dos palmos por encima de mis rodillas. El slip que llevo está prácticamente al aire. Mi miembro, empalmadísimo, ha dejado un circulo de principio de leche sobre el tejido. Todo esto ocurre mientras sigo frotando mi polla, aún dentro del slip, contra su culo, todavía y también preso.


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Mensaje por Isaac R. Conman el Sáb Sep 24, 2016 5:10 pm
Ahora no eres Isaac; eres Le Châtain.

Había intuido nada más cruzar la puerta que aquella entrevista no sería sólo hablada. Pero mi subconsciente parecía haberlo intuido antes que mi parte consciente. Me había aseado como pocas veces antes lo había hecho, y procuré no sudar en su camino al despacho del señor Arkwright para que la fragancia que había echado en mi  cuello y el desodorante de mis axilas no fuesen sustituidos por mi transpiración.

Y a pesar de tenerlo aceptado, me encontraba ligeramente nervioso, unos nervios que incrementaron cuando me vi parcialmente inclinado sobre aquel escritorio que Griffon había vaciado de una pasada. Mi respiración se incrementó a pesar del cosquilleo que su áspera piel me provocaba, haciéndome incluso sonreír de forma leve. Una mezcla de sentimientos que no ayudaban a aclararme la mente.

Mi cuerpo se estremeció al sentir su respiración tan cerca del rostro mientras mis manos se apoyaban en la mesa. Comencé a gemir ante los juegos en los pezones, aunque acabaron convirtiéndose en puros quejidos, pequeños lamentos con los que además me removía, lo que provocaba que mi trasero se frotase con más intensidad contra la polla ya erecta de Griffon. Podía sentir su líquido preseminal incluso bajo la tela. Tales movimientos aumentaron al sentir cómo me frotaba el miembro, que terminó de crecer del todo. De lo que en algunas ocasiones presumía ahora parecía nada y menos al lado de mi jefe.
La piel de alrededor de los pezones se me enrojeció, sin dejar de soltar pequeños lamentos por ello, y un jadeo escapó de mi garganta cuando el señor Arkwright por fin los soltó.

-Señor Arkwright... -sabía que suplicar me dejaba en mala posición, a menos que al cliente, mi jefe en esta ocasión, le gustasen los chicos que suplicaban. -Por favor... siga... -aunque en realidad quería decirle que diese el siguiente paso. Que me follase, como fuese, o aquella espera acabaría conmigo.

Y entonces giré el rostro, buscando sus labios. Dejé escapar varios jadeos en éstos antes de besarle, sin cortarme en introducir la lengua en su boca y juguetear con la del contrario durante varios segundos. Ese regusto a alcohol y a tabaco me desagradaba y encantaba a partes iguales, me excitaba como una droga excitaría cualquier sistema nervioso; sé que es algo malo, pero sigo tomándolo y lo seguiría tomando durante días. A los pocos segundos acabé por llevar las manos hacia atrás, hacia el cuerpo de Griffon, y deslicé hacia abajo sus calzoncillos, que acabaron encontrándose con su pantalón más o menos sobre sus rodillas. Sentir su miembro saltar y golpearle de aquella forma me hizo soltar otro jadeo e incluso dar un pequeño salto; aquella dureza –y aquel tamaño– me sorprendió demasiado. Volví a llevar las manos a la mesa, impaciente, mientras volvía a frotar las nalgas contra aquel miembro ahora aprisionado entre éstas y el abdomen de Griffon. Poco me importaría ya que empezase por el culo o por la boca.


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Mensaje por A. Griffon Arkwright el Lun Sep 26, 2016 8:11 am
De las axilas del primerizo muchacho brotan algunas gotas de sudor. Estas recorren su definido cuerpo y en cambio, otras optan por caer sobre mi escritorio o moqueta. No es sudor de ejercicio, pues todavía apenas hemos empezado. El derrame, procedente del vello de sus axilas, es producido por el nerviosismo del chico. Isaac R. Conman viene a nuestro encuentro impoluto y perfectamente aseado, tanto que contrasta con la suciedad acumulada entre mis ingles y mis huevos. Su piel está erizada por el nerviosismo, pero ante mi tacto se muestra igualmente suave y apetecible. Los pezones del menor no pueden ser abusados con mayor violencia. Los tomo, fuerte, entre mis pulgares y los laterales de mis dedos índices. La presión es tal que casi puedo sentir aquella sensación en mi propio cuerpo. El nerviosismo ha dado paso a una gran excitación. Mi muchacho está sumamente excitado. Tanto que casi implora por tener mi monstruosa polla entre sus nalgas. Las miro y me pregunto si mi polla será capaz de atravesar aquel escueto ano. Mi mano posteriormente se mancha con su semilla. Su ropa interior está bastante empapada por el vertido pre seminal de su rabo. Aprovecho aquella humedad para lubricar un poco más sus pezones y retorcerlo por última vez. El chico quiere mi rabo. Lo anhela y eso deja entrever con sus palabras de ruego. Su voz es tan suave y delicada como lo es el bajito muchacho. Contrasta con la violencia y dureza de mi puta voz, acorde al portento físico de mi rudo y experimentado cuerpo.

Mi polla sigue ejerciendo presión entre sus nalgas. Mi polla sobresale por la parte superior de mi slip. Esta empuja mi tejido y se ubica entre las nalgas del menor. Como si se tratase de un perrito caliente dentro de un pan, mi pene puede sentir la cálida suavidad que producen las nalgas del menor. Suaves, con poco y claro vello en su interior. El menor parece incapaz de seguir aguantado el frotamiento de mi polla contra el interior de sus nalgas. Parece incapaz de aguantar como mis dedos ejercen tanta presión sobre sus pezones; tanta que dejan su delicada piel enrojecida. Isaac parece incapaz de retener mucho más la eyaculación si su miembro sigue siendo atormentado por una de mis intensas caricias. El chico jadea y su respiración se acelera. Se da la vuelta y busca mis labios. Cualquiera se atrevería a decir que vino con miedo. Ahora parece deseoso de tenerme bien adentro. Incluso parece enamorado por la forma en la que besa. Yo no hago el amor, yo follo. No le digo nada y dejo que sus suaves labios contrasten con los míos, resecos y agrietados. Si su lengua hace eso en el interior de mi boca, loco me vuelvo al imaginar lo que podría hacer alrededor de mi nabo. Yo jadeo como un puto orangután en celo. Aprovecho que se ha dado la vuelta para frotar y ejercer cierta presión entre nuestros rabos. Mi pene sobresale ya casi por completo de mi slip, pero el suyo sigue preso. Aquello no impide que intercambiemos fluidos, que su liquido pre seminal esté ahora presente en mi nabo; que su glande esté ahora impregnado por mi pegajosa semilla. Le beso con la boca abierta. No la cierro y dejo así caer por la comisura de mi boca el exceso de salivación. Mis babas caen por la barbilla del joven y posteriormente por su cuello. Los laterales de mi cara también están impregnados ante tal violenta muestra de afección. Nos besamos como putos animales. Incluso, le muerdo un poco los labios.

Mi polla llega a estar muy cotizada en bolsa y este, parece uno de esos momentos. El chico no quiere que mi ropa interior siga aprisionando mi joya. Me baja un poco más la prenda que agarra a la altura de mi trasero. La baja y cae hasta dónde está mi pantalón, ahora algo más bajo, por la rodilla. Toda la longitud de mi miembro sale como resorte ante la liberación. Mi polla sale catapultada contra el muchacho que tengo frente a frente. Dejamos de besarnos y mi miembro expulsa cierta mezcla de leche. Un par de gotas de líquido pre seminal caen sobre su vello púbico y definido abdomen. La punta de mi polla acaricia sus abdominales antes de que el joven vuelva a darse la vuelta. Sus manos vuelven a descansar sobre el escritorio. Parece preparado para absolutamente todo. Mi cabeza vuelve a apoyarse sobre su hombro; mis rudos y musculados brazos, recubiertos de tatuajes y vello, le rodean. Acaricio sus abdominales y bajo las manos para dejar libre su polla. Su slip queda atrapado debajo de sus testículos. La agito un par de beses y descapullo su nabo. Mi mano derecha se humedece rápido y se impregna de espesos grumos blancos. Separo de nuevo la cabeza. Muerdo su nuca y le proporciono mordiscos a medida que bajo hasta la parte inferior de su espalda. Agarro su prenda interior y la estiro todo lo que puedo. La agarro por un lado y dejo al descubierto una de sus nalgas. La muerdo y le proporciono un sonoro cachete que se debe haber escuchado desde la planta de abajo. Mi polla descubierta está sumamente dura cuando me agacho. Con gracia dejo su raja y una nalga descubierta. Aprovecho la hendidura entre sus nalgas para que quede el slip ahí atrapado en esa posición. Muerdo la nalga cada vez con más fuerza. La muerdo hasta que brota un poco de sangre. Su ano me mira. Es minúsculo. Pequeño y bien prieto y cerrado. Un chico como este no merece ser brutalmente empalado. Así que mi lengua ejerce presión contra la puerta de acceso a aquella apreciada cueva. Tiene algo de vello claro alrededor. Mi lengua lo pasa realmente bien entre sus nalgas. Mi mano derecha sujeta con violencia su nalga derecha; separándola con fuerza de la otra para dejar ver su ano. Mi mano izquierda, mientras permanezco agacho, baja hasta mi polla. Comienzo a machacármela a modo de preparación para el culo del joven. La moqueta se humedece cuando caen algunas gotas. La lengua da paso al conjunto de mi boca. Intento mordisquear el ano a medida que este se dilata y sale levemente hacia fuera. Lamo, mordisqueo y succiono con fuerza. De su ano cae mucha saliva y esta recorre su grieta cuesta abajo. Algo cae al suelo. Escupo con dureza y llega, a caer algo de densa flema, sobre su grieta. No me lo pienso más e introduzco un dedo. Luego dos y hasta un total de cuatro. Escucho al chico gemir. Mi polla no podrá esperar mucho más.


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Mensaje por Isaac R. Conman el Sáb Oct 22, 2016 1:22 pm
Hace un par de años aquellos besos me habrían echado para atrás, me habría negado a seguir, pero había algo en Griffon que me hacía continuar atacando sus labios, recogiendo cuando podía la saliva sobrante con la lengua. No lo hacía sólo porque fuese mi jefe y necesitase el dinero. Lo hacía porque Griffon me ponía, ¿y qué mejor motivo para continuar que aquel? De mi boca escapaban suaves gemidos de placer cada vez que ambos miembros se frotaban, incluso aunque el mío aún estuviese cubierto por mi ropa interior. Por un momento me pregunté si todos los clientes serían así, de la calaña de Griffon. Me gustaba tanto como aterraba, pues acabaría cansado y probablemente sin ganas de caminar.

Un gemido de pura excitación escapó de mis labios al sentir el miembro por fin libre, sonriendo con levedad al notar cómo me masturbaba durante varios segundos. El cuerpo se me fue arqueando según los mordiscos de Griffon bajaban por la espalda, provocándome pequeños jadeos cargados de placer. Incluso ese azote me otorga placer, un picor y un cosquilleo que por ahora no entiendo como doloroso. El dolor llega con ese mordisco, que para mí comenzó como un beso similar a los de la espalda pero acabó por hacer que brotase sangre de mi piel. Me revolví con un gemido de dolor, pero no me aparté. Tenía que desmostrárle que merecía aquel puesto, que soportaría todo.

Y aunque jamás lo diré en voz alta, me sentí agradecido cuando comenzó a dilatarme con la lengua y los dedos. La calidez de su espesa saliva me reconfortaba, y con cada dedo que introducía en mí, me iba agachando cada vez más. Al final, mi frente acabó sobre el escritorio, con el trasero y el torso separados de éste. Así, bajando la vista, podía ver a Griffon, la forma en que devoraba y escupía en mi ano para luego atacarlo con los dedos. Mi erección, aunque realmente estaba quieta, no parecía hacer más que crecer, golpeando suavemente el escritorio con el miembro cada vez que me movía apenas milímetros.

Cuando el cuarto dedo de Griffon entraba y salía de mi interior con facilidad, enderecé de nuevo el rostro y giré la cabeza. –Puede hacerlo ya, señor Arkwright... –mi voz suena como un susurro exhastiado, pero en realidad es que el placer y los gemidos que se acumulan en mi garganta, esperando salir, me impedían hablar más alto. Además, a menos que planease introducirme el puño, cosa que ni siquiera sé si soportaría, ya era suficiente. Otro dedo más no haría que su polla me entrase mejor, más en términos de longitud que de anchura.
Y aunque no quería ser demasiado escandaloso, un grito escapó de mi interior cuando, introducido ya el glande en mi interior, Griffon continuó entrando, impasible, de una vez. Las zonas a las que el otro no había llegado se abrían a la fuerza, haciéndome arquear más la espalda y gritar una segunda vez, más fuerte, cuanto más hondo llegaba el contrario. Incluso me moví hacia adelante, como si quisiera escapar, pero el escritorio me lo impidió.


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Mensaje por A. Griffon Arkwright el Vie Nov 11, 2016 8:27 pm
Un hermoso espectáculo. Una palma en una nalga y la otra cubriendo el otro cachete del menor. Ejerciendo la presión justa. La presión justa y necesaria para que con mis manos consigan dividir un poco más su raja. Con la apertura máxima que me permiten sus duras nalgas, observo todo el trabajo realizado con mi boca y con mi lengua. El vello claro que cubre la piel próxima a su ano queda completamente bañado e impregnado por mi saliva. Mi lengua ha trabajado demasiado bien la zona y el ano del pequeño scort entra y sale, contrayéndose, como muestra significante de tal ardua tarea. Me siento orgulloso de tal hermoso espectáculo. Abro con fuerza y me detengo. Me acerco. Mi nariz casi se encuentra entre las paredes de su ofrecido culo. Puedo oler a juventud, a cierta inexperiencia, a determinado grado de nerviosismo, también huele un poco miedo para qué negarlo. De cerca aprecio uno de mis últimos y violentos lapos proyectados sobre el ano del chico. Ahora que abro su culo veo como este falló la diana que era su ano. Cayó más arriba y ahora, se desliza con gracia hacia abajo. Cae. Toca la entrada de su ano. Parte del lapo, cargado con cierta flema, se introduce en su ano cuando este se contrae al notar el caliente escupitajo cerca de la apertura. El resto sigue cayendo, grumoso, entre la raja de su delicado trasero. Parte cae sobre mi pecho al encontrarme yo más abajo. Alguna gota cae hasta el suelo, pero la cantidad menor de la sustancia sigue entre las piernas del chico. El chico pide clemencia. No solo lo dice, sino que además lo demuestra. Quiere que le folle. Lo dice. Lo pide. Lo sueña. Lo anhela y se muere por ello. Sus manos ejercen presión sobre la mesa. Su culo se eleva y se pone en posición. Al separarse sus nalgas acarician mi cara. Son tan suaves que da pena lastimarlas. Mi mano derecha queda impregnada de sangre. Del mordisco propiciado sigue brotando un leve hilo de sangre. Mi mano, encargada de dar nalgadas y de apoyarse para abrir más su culo, queda ahora manchada. Me llevo la mano a la boca y me incorporo. Me chupo los dedos y lamo la superficie rojiza de mis manos. Me encanta ese sabor a hierro. Mi último lapo debe estar ya recorriendo su perineo. Sus huevos prontos serán humedecidos por aquel escupitajo que lleva mi puto nombre.

Su piel se pone de gallinas y noto que se estremece cuando mi polla empieza a frotarse entre sus nalgas. Intento buscar una postura y cuelo mis brazos por encima de los del muchacho. Toco la mesa y por las zonas en las que su polla ha estado en contacto hay cierto vertido. Está muy excitado y cuando mi polla toque varias veces lo más profundo de su próstata puedo desencadenar una corrida propia de un caballo. Estoy incomodo así que vuelvo a separarme y sigo frotándome. Me chupo los dedos y disfruto de los últimos restos de sangre. Como haciendo una especie de sentadillas sigo frotando mi monstruosa polla entre sus nalgas. A modo de paja rusa, que antaño hacía entre las tetas de cientos de putas, empleo el culo del menor para divertirme. Joder, voy vertiendo bastante liquido pre seminal en la cavidad que rodea su ano. No puedo esperar más. Apoyo mis manos en sus lumbares y hago una entrada triunfal. El ano está bien lubricado, no hay duda de ello, pero quizás algo de lubricante hubiese ayudado. El pobre chico no parece esperar semejante rabo entre sus nalgas. Le rompo el ano y tan solo es el puto comienzo. Mi polla, embadurnada con la saliva que había en su raja y con mi propia lefa, está ahora adentrándose en su puto y estrecho orificio. Joder que sensación. Joder que puto gusto.

Por momentos temo por la integridad del muchacho. Las patas de la mesa chirrían cuando esta se desplaza con cada una de mis embestidas. Parece que se va a romper y no hablo de la mesa. El chico sufre, aunque disfruta al mismo tiempo. Su culo parece quebrarse y a momentos parece querer separarse de mi labrado cuerpo. Para evitar esa sensación me tumbo más sobre él. Mi sudoroso cuerpo oprime el suyo. Mis abdominales aprisionan su suave espalda. El sudor cae de mi cabello y moja mi frente. Gimo cuando llevo cerca de dos minutos dentro del menor. Temo de veraz por su integridad, parece que le estoy empalando. Decido dar una última estocada y me quedo bien adentro. Apoyo todo mi cuerpo sobre el suyo. Toco su polla y la sacudo un par de veces. Me detengo en su glande y lo sobo entre mis manos. Está pegajoso e impregnado del semen ajeno. Me apoyo por completo sobre su cuerpo, aunque sus piernas apenas parecen soportar el peso. Mi polla sigue dentro de su ano y mi mano juega insistentemente con su glande. Lo descapucha y lo vuelve a tapar. Lo frota con violencia. Me acerco ahora a su oído. Le hablo de mis planes. – Me gustas demasiado y creo que lo sabes – hago una pausa y doy un empujón con mi rabo – Me gusta que te hayas decidido a hacer esto – confieso. – Si bien querido… ¿Cómo era? – pienso - ¡Ah sí! – doy otra embestida y este hace caer un lapicero del escritorio. – Querido Châtain. Sabes que tengo una reputación. Que todo este puto imperio se mantiene gracias al miedo que siembro. Me gustas ya lo sabes – sigo empujando y sudando como un cerdo – pero no puedo permitir que salgas de aquí y comentes lo romántico que ha sido esto. Lo bien que te he tratado. Lo distinto que te he tratado de los otros perros - no sé por qué, pero sonrío. – Los otros perros se pondrán tristes si ven que eres el consentido. ¿Lo entiendes verdad? ¿Lo entiendes no es así?

Cuando mi polla abandona la estrecha cavidad del muchacho este parece disfrutar del respiro que le doy. Sale con brusquedad y bastante embadurnada de un mejunje de sustancias corporales. Me acerco al joven. Le agarro por el vientre y le incorporo de su comprometida postura. – Lo siento. Pero eres un maldito perro igual que el resto. – decidido acudo a la silla donde yacía inerte mi ropa. Del pantalón extraigo aquel cinto de cuero, aquel caro que tanto me gusta. Situado detrás del chico decido rodear con este el cuello del nuevo perro. El puto perro necesita una cadena con la que evitar posibles fugas. Todos y cada uno de mis perros deben entender y comprender la forma en las que les proceso mi amor. No pueden ser los consentidos. Mis perritos deben entender mis muestras de cariño. – Tranquilo. ¡Chsss. Chsss! – intento evitar que se escandalice o monte un número. El cuero aprieta cada vez más el cuello del joven. Noto como se mueve inquieto y asustado. No se lo espera, es normal aquella reacción. El chico me puede incordiar si no consigo domarlo a tiempo. Decido apretar más la correa y empezar a estrangularle. Pronto se llevará las manos al cuello para evitar la asfixia. Atado en corto decido controlar sus movimientos. Su piel se vuelve azul, sobretodo en cuello y rostro. Como una bestia, utilizando toda mi fuerza bruta, jalo de la correa que rodea su cuello. Me dejo caer de espaldas sobre el escritorio y noto que me clavo restos de material de oficina. Agradezco haber limpiado gran parte de la mesa antes de comenzar a follármelo. Un tirón más y el chico cae sobre mí, también boca arriba. Se sigue moviendo así que tiro más de la cadena mientras se sacude. Con un brazo hago también presión sobre su cuello. Con la pierna izquierda intento controlar las suyas. Dos amantes boca arriba sobre un rudimentario escritorio. Uno intentando huir del otro. Disfruto del calor que la espalda y el trasero del chico ejercen sobre mi pecho, abdomen y pelvis. Disfruto cuando agotado reposa su cabeza sobre mi pecho u hombros. Cuando se intenta incorporar una vez más aprovecho la situación. El chico apoya sus dos pies sobre la mesa y hace fuerza para levantarse. Lo tengo tan sujeto con el cinto y con mi propio brazo que no puede llegar demasiado lejos. Lo único que consigue es levantar el trasero y despegarlo de mi cuerpo. Estratégicamente consigo ubicar mi pelvis justo debajo de su trasero. Mis pelotas bien rasuradas notan el impacto de sus duras nalgas. Por suerte, tras unos cuantos movimientos y frotamientos, mi polla acaba encontrando su agujero. Boca arriba se la meto y noto que le hago daño. Boca arriba disfruto follándomelo. Disfruto mientras se agita y muere por estrangulamiento. Creo que me voy a correr muy pronto. La situación me pone jodidamente cachondo. Dios. Su calor. La estreches de su ano. Este nuevo chico me vuelve verdaderamente loco.



AQUÍ HAY PREMIO:

OFF: Perdona la tardanza. Vacaciones y aclimatación a la realidad. He cambiado de PB, espero que no te importe. Podemos negociar otras tramas si ya no te interesa esta con el nuevo cambio. También te he metaroleado ligeramente, aunque tu también lo hiciste en el último post. Espero no te moleste. Disculpa por todo y gracias.


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Mensaje por Isaac R. Conman el Mar Nov 15, 2016 12:45 pm
Las cosquillas que me provocaba la saliva restante de Griffon, ya resbalando por mis testículos para caer al escritorio, dejó de importarme. La forma en que Griffon está dentro de mí, aún sin moverse, me hace removerme en el sitio, intentando huir o tal vez buscando que comenzase con las embestidas, ni siquiera yo mismo lo sabía. Más tarde descubriría que la segunda opción no era la correcta. Un jadeo chocó contra la mesa cuando se echó de tal forma sobre mí; si el escritorio me impedía huir, el peso de Griffon lo hacía aún más.

Cuando comenzó a sobarme la polla de tal manera sacó de mí tantos gemidos como quejidos por la forma en la que me empalaba, descubriendo un mundo de sensaciones contrarias entre sí que hasta entonces desconocía. Gemía y bufaba como un animal en celo, soltando pequeños chorros de lefa pero sin correrme todavía, no como lo haría tras una paja, por ejemplo. Sentí un escalofrío ante la cercanía de sus labios uno de mis oídos, y su voz me hizo sonreír. Por poco tiempo. Un grito inundó el despacho ante aquella embestida, pues a pesar de que Griffon no había salido de mí aún no me acostumbraba a que entrase y saliese, a que ensanchase y estrechase mi ano con tanta violencia.

Me había concentrado en escucharle, pero pronto mi atención pasó a consistir en sujetarse bien a la mesa e intentar inútilmente acallar los chillidos que sus embestidas provocaban. Tenía la vista perdida en la pared de enfrente, con los ojos llorosos, y cuando no gritaba apretaba con fuerza la mandíbula, pero no lloraría. Tenía que demostrar que era fuerte, ¿verdad? O por lo menos que estaba capacitado para un trabajo así. Pero lo cierto es que nunca me habían roto de tal forma. Quería hablar, decirle que no entendía, pero sólo asentí; no tenía fuerza para ello.

Solté un gemido de alivio cuando salió de mí y me enderezó, aunque no me atreví a girarme. Sabía que aún no había terminado y prefería no saber qué era lo siguiente. Así, el contrario tendría una bonita vista de mi ano abierto y enrojecido y restos de sangre reseca en la nalga que devoró. Mientras le esperaba respiraba con dificultad, intentando recuperar un estado normal. Lo que no me esperaba era aquella correa en el cuello, y olvidándome de dónde estaba, intenté deslizarme hacia abajo para escapar de la correa. Pero no podía. Pataleé, incluso salté durante unos segundos, pero aquello sólo provocaba más ahogamiento. Tosí y boqueé en busca de aire cuando apretó más la correa; sentía los latidos del corazón en el cráneo como nunca antes, y notaba la dificultad de la arteria para llevar aire al cerebro con normalidad.

Me dejé hacer, sabiendo que huir provocaría que el otro hiciese más fuerza, o simplemente me mataría yo mismo. Tosía, lleno de dolor, con cada tirón. Acabé sobre él, frotándome con su polla y su torso en mis inútiles intentos de huir; además, mis botes hacían que mi rabo se moviese violentamente, salpicándome el abdomen y salpicando el escritorio de precum y semen a partes iguales. Le cabalgaría durante horas si eso quería, pero sin aquello. Me impulsaba para volver a caer sobre él. Mi visión empezaba a emborronarse tanto por el estrangulamiento como por las lágrimas, que no tardaron en caer por todo mi rostro. Sollozaba y tosía y boqueaba a la vez. Un grito ahogado por la correa subió hasta el techo cuando me empalé en su polla, y mis manos agarraron el brazo de Griffon que también me ahogaba en un intento de detenerle. Mis movimientos eran cada vez más lentos y mis intentos de huida sólo contribuían a las embestidas del mayor. Finalmente me dejé caer sobre él; los bordes de mi visión empezaban a oscurecerse.

Señor... Ark...wright... —conseguí jadear, con la cabeza embotada. Y lo peor de todo es que un gemido consiguió hacerse paso por mi apretada garganta cuando, sin previo aviso, comencé a correrme de verdad, como dios manda. Los chorros cayeron sobre mi abdomen antes de, sin tocarme, vaciarme de forma más suave, con el semen resbalando por mi rabo totalmente erecto, alzándose sobre ambos. Y cada vez estaba menos consciente, pero si iba a morir, pensé en aquel momento, lo haría feliz, habiéndome corrido. Me relajé sobre Griffon, aún boqueando y recibiendo su dura follada boca arriba. No me importaba caer inconsciente si era lo que al otro le ponía. Tenía que ser bueno en mi trabajo. Así que sabiendo que me quedaba poco aire hice eso mismo, relajarme y darle al otro el placer que buscaba, con los ojos no sólo llorosos sino enrojecidos y algo saltones. Daba así rienda suelta a la imaginación de mi jefe.

Off:
¡No te preocupes! Es cierto que hice metarol -me di cuenta tarde, lol-, pero el tuyo quedó muy bien. Ahora no hice demasiado -creo-, de hecho he dejado la puerta abierta para que decidas lo siguiente tú. Y tranquilo por el cambio de PB, me gusta incluso más, pero independientemente de eso rolear contigo es una maravilla así que seguimos sin problema por mi parte. Un saludo.


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Mensaje por A. Griffon Arkwright el Mar Nov 15, 2016 8:37 pm
Estoy a punto de correrme. Lamento no ser capaz de aguantar mucho más. La situación me excita demasiado. Me supera. Si puedo utilizar un adjetivo con el menor es sin duda el de sumiso y complaciente. El chico claramente intenta escapar, pero no es la misma sensación que siento cuando rodeo su tráquea con mi cinturón por primera vez. Se ha relajado. Sabe que seguir el juego es su única y mejor opción. Eso no impide que el frágil chico, aquel que contrarresta tanto conmigo por peso y sobre todo altura, intente escapar de mis embestidas. La presión que siente en su cuello hace que un buen puñado de lágrimas broten de sus ojos color cielo. Al estar mi rostro tan cerca del suyo, noto como alguna lagrima cae sobre el mío. Humedecen mi piel y se entremezclan con la cantidad de sudor que ambos ya desprendemos.  Mis oídos ya se han acostumbrado a los terribles lamentos del menor. Es sumamente complaciente. Vamos que me maten si no lo es. Un ano tan prieto acaba siendo dañado por mi brutal violación. Su coño tendrá daños irreparables. Junto al cuantioso liquido pre seminal que ya vierto en su ano, noto la calidez propia de un reguero de sangre. Debo haber producido pequeñas fisuras en las paredes de su ano. Es normal. Lo estoy preñando. Un adulto de metro noventa preñando a un, casi menor, de metro setenta. Uno, además, poseedor de un ano minúsculo y con poca práctica. El daño producido no debe resultar extraño. Mi polla es demasiado monstruosa para la fragilidad de aquel ano.

Mi rabo a veces sale de la estrecha cueva. No puedo remediarlo. Apenas tengo apoyo. Tan solo disfruto del agarre del cuello de menor con uno de mis trabajados brazos. En parte disfruto de que salga y que, con el movimiento del menor, acabe de nuevo encontrando aquel preciado agujero. Mi glande consigue acabar accediendo por aquella puerta. La primera bienvenida me la da aquel delicado vello que decora la entra de su ano. Aquel que también se presenta en las paredes interiores de sus nalgas. Un vello leve, rasurado pero muy agradable y suave al tacto. Mi monstruosa polla recibe aquella agradable caricia con cada adentramiento. La estrechez del ano es una gozada. Cuesta mucho meterla. Me sorprende que pueda sin lubricante. Me sorprende que llegue a introducirla tan adentro. Mis oídos se han acostumbrado ya a los lamentos del pobre muchacho. Si tuviera una mano libre le sellaría la boca para evitar escuchar aquel tormento. En parte lo disfruta, pero el dolor debe ser insufrible. Supongo que le hago un favor cuando mi miembro está dentro. Si terminamos y mi polla sale de su prieto culo, el menor sentirá un terrible dolor cuando la zona se enfríe. Como me gustaría tener una cámara dentro. Ya el líquido que sale, siempre antes del terrible lefazo, es demasiado abundante. Todo el interior del menor está terriblemente bañado con mi esperma. Espero no haberme infectado recientemente con nada. Es demasiado joven y complaciente. Él no lo merece.

Mi único punto de agarre es sujetar, más bien estrangular, con mi brazo su cuello. Mis piernas yacen en el aire separadas del escritorio. Una desplegada a cada lado por debajo de las del chico. Están flexionadas y se agitan cuando intentar acercar mi polla a su orificio. Mis nalgas se separan también de la mesa, pero a diferencia estás si tocan en ocasiones el escritorio. Todo esto se traduce en que cuando me levanto, el cuello del chico es el único punto de apoyo que sujeta todo mi puto peso. Está prácticamente asfixiado, y al yo excitarme no consigo aliviar su sensación. Mi respiración se acelera. Mi abdomen y pelvis se contraen preparándose para lo que está a punto de venir. Aprieto más la correa y estrangulo cada vez más su cuello. Mis jadeos ya no son nada discretos. Maldigo en alto y me lamento como un puto mono. Me cago en todos los dioses habidos y por haber. Maldigo a mis propios muertos. Jadeo, apenas puedo respirar, aunque entiendo que el menor está en peor situación. Mi trasero se levanta y ayudan a realizar la penetración. Mi enorme rabo tiene cada vez más margen de acierto. El chico parece también querer que yo acabe pronto. Me facilita la localización de su prieto coño. Me facilita que le preñe cuanto antes. Aumento el ritmo. Ahora es sumamente rápido y violento. Una, dos, tres, son muchas las veces que le penetro seguido. Su coño está sumamente lubricado por dentro.

Mi olor empeora por momentos. El sudor que brota de mis axilas hace que huela indiscutiblemente a hombre. Hombre que lleva varios días sin darse una ducha. Hombre que trabaja en la construcción o es algún tipo de operario. Joder, mis enormes pies sudados huelen tan mal que puedo percibirlo desde aquí. Apuesto a hombría. En cambio, no soy el único que suda. El crio está completamente bañado. Su pelo se pega en su frente. Su espalda se pega a mi resbaladizo abdomen y pecho. Noto como alguna gota que recorre la raja de sus nalgas impregna el tronco de mi miembro. Estamos bañados en nuestro propio sudor y mal olor. Bañados impregnamos con sudor el propio escritorio. Las axilas del chico también desprenden olor. Un hedor que evoca a una axila sudada ante una situación de nerviosismo. A una axila sudada con olor inocente a adolescencia. Las últimas embestidas se complican por lo resbaladizo de su cuerpo. El chico no puede más. Eyacula. Se corre como un verdadero toro. Su abdomen, su pecho, casi llega hasta su cara. La leche del menor ha impregnado también mi brazo. Tanta cantidad de lefa me vuelve loco. Que delicia de olor. Esa mezcla a producto de limpieza y alimento en mal estado. Me voy a correr. Joder sí que lo haré.

Me vuelvo un animal. Insaciable. Instintivo. Sin escrúpulos. La respiración se me entrecorta. Me follo el culo como una bestia. Le preño una y otra vez. La cara del menor comienza a pasar de un tono rojo a uno más azul. Tiro del cinto al mismo tiempo que aprieto más con mi brazo. El menor se desvanece. Pierde el conocimiento por la falta de aire. Debería liberarlo, pero no puedo. Debo acabar antes. En vez de suavizar empeoro su caso aún más. Ya es imposible que ejerza más presión con el brazo. Si lo hiciese arrancaría su cabeza y la separaría de su cuerpo. Durante uno o dos minutos me estoy follando a un puto muñeco. Una maldita marioneta inerte y sin vida. Joder me siento pletórico, verdaderamente bien. Así las cosas, se ponen mucho más fáciles. El cuerpo sin movimiento del chico cae plenamente sobre el mío. Ya no grita, ya no puede ni intenta escapar. El dolor por un momento no existe, el chico no intenta escapar ni alejar su hermoso cuerpo. Mi polla no falla ahora ni una embestida. Es más, el culo del menor se encuentra descansando totalmente sobre mi pelvis. Ya mi polla no abandona su prieto coño. Se queda dentro y se desplaza en movimientos mucho menores. Grito. El menor recobra el conocimiento. Debo haberle despertado de un magnifico sueño. Lo hace justo a tiempo. Llega a tiempo para sentir aquella placentera y cálida lluvia en su interior. Los huevos se me estremecen. Dos, tres hasta siete sacudidas. Sigo gritando mientras mi marcado abdomen se contrae junto a mis nalgas y la zona del perineo. Mi pelvis sigue haciendo los últimos movimientos ascendentes y descendentes. Me corro. Con la ingente cantidad de lefa que el chico lleva dentro no me cabe duda alguna de que lo he preñado. Le he preñado pero bien. Su coño me pertenece. Su coño alberga mi cálida y espesa leche. Decido permanecer dentro unos minutos más. Mi polla sigue dura dentro. Húmeda y completamente impregnada por mi propia corrida. Inevitablemente noto como parte de esta se escapa entre el hueco, muy pequeño, existente entre las paredes de su ano y el tronco de mi miembro. Mi propia corrida cae sobre mis pelotas y mi pelvis bien rasurada. Estoy exhausto. Me tiro hacia atrás y bajo mis piernas. El menor reposa las suyas también sobre las mías. Respiro hondo y ahora soy yo quien siente todo el peso de su cuerpo. Mi cabeza toca la superficie del escritorio por primera vez en todo este tiempo. La cabellera mojada del menor reposa ahora sobre mi pecho y rostro. Noto la humedad procedente del sudor de su pelo en mi cuello y en la barbilla. Incorporo un poco mi cabeza y pongo mi mejilla junto a la suya. Le rodeo en una especie de abrazo y le susurro lo puta sumisa y obediente que ha sido. Joder lo hago porque lo merece. Acabo mordiendo su oreja. Saboreándola mientras pienso en el siguiente movimiento. Mi brazo, completamente bañado en su esperma, abandona ahora la calidez de su pecho y se sitúa sobre sus labios. La semilla, aún pegajosa del chico, acaricia los labios de su propio autor. Noto una ligera mordida. Sé que el chico es capaz de limpiar todo aquel vertido. Vamos que si le creo capaz. Sé que es más que capaz.

Los condones que no he usado:
OFF: Gracias bebi. Todo en ti es perfecto <3. Tus respuestas me inspiran mucho. Sigue así. Perdona que te metarolee un poco. Es que no veo otra manera. Otro para ti. No sé si ves con mi corrida el tema finalizado o qué. Podemos seguir haciendo cosas o abrir en otro sitio. En caso de trasladar a otro lado, tuya es la decisión de publicar última respuesta aquí o no. Me dices por aquí o MP.


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