I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
▲ Tu Pj debe tener un Nombre+Apellido o en su defenco un Pseudónimo.
▲ Debes subir tu ficha para obtener color
▲ Después de que tu ficha es aceptada, debes realizar tus Registros
▲ El mínimo de líneas por post es 10.
▲No olviden postear on-rol para mantener sus Pbs, 15 días sin actividad on-rol y perderás tu color
▲ Avisen sus ausencias y eviten perder sus Pbs
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El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
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Algunos recursos gráficos e imágenes han sido tomados de
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Good time for a break? [Aiden R. Sutcliff] +18

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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Mayo 22, 2015 4:34 pm
Viktor no dejaba de dar vueltas por la misma manzana desde hacía casi veinte minutos y sabía que tarde o temprano alguien comenzaría a preguntarse por qué un volvo blanco aparecía delante entre cada parpadeo. ¿Qué podía ser tan difícil? Ya estaba ahí, no había viajado para arrepentirse y volver a casa sin tener idea de lo que podría haber logrado si tan sólo no le pareciera una distancia inmensa aparcar frente a la comisaría y cruzar la calle. Miró a su izquierda, asomándose a través de la ventanilla del auto. Si quería fingir que pasearse a más de trescientas millas de su lugar de residencia era una costumbre, estaba haciéndolo bastante mal. Sobre todo durante su despreocupada inspección por toda el área. Sí, no tenía visión de rayos x, pero creyó que un poco de suerte lo haría ahorrarse buscar a Aiden en el interior. —Vamos, Viktor. Estás siendo imbécil, ya no tienes ocho años— dijo en voz alta, aunque hablaba para sí mismo; una manera de despojarse de cualquier duda re-naciente. Ya había pasado tiempo de sobra desde su repentina separación, por decirlo de alguna manera.
Él quería alejarse de Aiden para ordenar lo que sucedía entre ellos —como si en verdad lo hubiera necesitado alguno de los dos—, pero al cabo de las semanas dejó de encontrar sentido a lo que intentaba comprender. No se veían y no mantenían contacto como hacían antes. Pensarlo atraía una forma de actitud infantil y ni siquiera podía permitirse trabajar tranquilo, volvía a lo de siempre una vez tras otra. Resultaba un desperdicio total.
Se detuvo dos locaciones más atrás y activó la alarma del auto cuando estuvo fuera, yendo hacia la comisaría inmediatamente después. Ajustó su jersey y hundió una mano en el bolsillo de pantalón mientras subía los pequeños peldaños de las escalinatas. Su vista se fijó primero en una joven rubia sumergida en el ordenador. Tecleaba como posesa... De algún mundo fue sencillo imaginarse igual los sábados por la noche, metido en el estudio sin quitar el lápiz del renglón; ciertamente, nunca fue un fanático de la tecnología. El castaño avanzó hacia el soporte y se aclaró la garganta para atraer la atención de ella. —Disculpe, señorita. Estoy buscando a Aiden Sutcliff.


Última edición por Viktor G. Bertholon el Vie Jun 19, 2015 7:23 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Mayo 22, 2015 6:34 pm
A veces consideraba que debía de tener algún tipo de maldición o simplemente la vida estaba en su contra, puesto que cuando las cosas iban mal sólo parecían empeorar a cada momento: Su móvil había sonado a las 5 am porque requerían de su presencia en la Comisaría, lo cual le obligó a levantarse en contra de su voluntad y alistarse para llegar al lugar, tras ello, se vio involucrado en una gran discusión con el jefe del FBI, un sujeto con el cual había tenido ya más de un altercado y con el que podría haberse ido a los golpes si no fuese porque se sentía en deuda con aquella organización debido a una persona, además, sabía que él tenía la jurisdicción en el incidente que estaban tratando por lo cual intentó calmarse lo más que pudo. Aún así, no logró mantenerse calmo y al final terminó por echar al Jefe y sus oficiales de la Comisaría, no soportaría a nadie que insultase a sus subordinados ni a él, después de todo, estaban en su territorio.

Tras aquel altercado, en el cual recibió más de una amenaza, pensó que nada podría ser peor, sin embargo, al parecer había cantado victoria muy de prisa, puesto que recibió una llamada del Alcalde el cual lo citaba a su despacho al día siguiente, lo cual no sugería buenas noticias, más, al contrario, se había propuesto que nada menguaría su humor, era lo único que tenía al fin y al cabo, puesto que ya había perdido bastante en su vida como para dejar ir lo poco y nada que le quedaba. Para él las cosas materiales no eran importantes, podía vivir con lo mínimo sin quejarse por meses, pero como un ser humano, no podía dejar pasar el hecho de que necesitaba de otros para sobrevivir, por mucho que le molestase, sentía un vacío en su pecho que había aprendido a llenar con su familia, más en aquel espacio un lugar importante lo había ocupado una persona que se había vuelto especial sin necesidad de gran esfuerzo: Viktor, el hijo de su antiguo mentor, aquel al cual había aprendido a querer más allá de lo estrictamente necesario, por el cual, parecía perder la cordura a veces.

Se sentía unido a muy pocas personas, en parte porque solía mostrarse frío e indiferente con los demás, sin embargo, cuando alguien realmente lograba calarse en su vida tomaba todo de él y eso le permitía destruirlo si así lo consideraban, de cierta forma, Viktor había logrado hacer mella en su corazón cuando decidió alejarse, "un tiempo" es lo que él había llamado, sin embargo, no especificaba ni tenía implícito la duración exacta de este, lo cual parecía indefinido. Por todo aquel periodo logró enviar a lo más recóndito de su mente todo lo que a él se refería, no era capaz de enfrentar aquello y poder seguir con su vida como si nada, era muy fuerte pero seguía siendo un ser con sentimientos, los cuales hasta aquel punto parecían bastante inciertos; el teléfono sonó estruendosamente alertando sus sentidos, aquella laguna mental que comenzaba a fluir se diluyó hasta el punto de traerle hasta la realidad, tras un leve movimiento de cabeza, tomó el aparato y contestó, era su secretaria, quién le avisaba que alguien preguntaba por él-No estoy para nadie, dile que haga una cita como corresponde-contestó con un leve dejo de aspereza, al cual estaba bastante acostumbrada la chica al parecer.

No estaba de humor para ver a nadie, menos en un día en cual había tenido ya invitados indeseables, suponía que podrían ser más problemas y hasta el momento lo estaba manejando bastante bien, aunque no podía asegurar que en algún momento terminaría por lanzar todo al diablo.
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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Sáb Mayo 23, 2015 12:16 am
La chica frenó los dedos en el aire y lo miró, girando la pantalla del ordenador a medias. La mayor parte de su rostro lo ocupaban sus coloridas gafas. Pidió un momento para comunicarse y Viktor asintió, aprovechando el minuto de ausencia para echar un vistazo a la habitación. No había estado en un lugar así desde que tenía quince años, cuando interrumpió el hábito de su padre por llevarlo a la oficina. Se suponía que aquello era un acto poco profesional para un agento, pero a ninguno de los dos pareció importarles demasiado, ni siquiera por los riesgos de tener a un niño rodeado por un mundo tan poco amable como ése. Para nadaresultó una sorpresa que después de la desaparición del hijo menor de los Bertholon, casi nadie se atreviera a contradecir a Mathieu en las decisiones que tomaba respecto a su familia. El hombre debía sentirse tan culpable como el propio Viktor.

Notó que la la rubia lo llamaba hasta que sintió su dedo posarse en su hombro. —Oh, lo siento. Me distraje. Intentaba analizar cómo pueden trabajar en un sitio tan anti-feliz— comentó afable; el agrado de una broma siempre es bienvenido, aún más si estuvo ignorándola por sabría cuánto. Sin embargo, ella no tenía el rostro de alguien a punto de dar buenas noticias. Viktor frunció el ceño, incrementando el gesto hasta crear una mueca mientras le comunicaba la necesidad de hacer una cita antes, como todos los demás, alegando que el trabajo en la comisaría caía a borbotones. —Cómo todos lo demás— repitió sonriendo, ligeramente incrédulo por la actitud. —Escuche: Necesito verlo ahora, no tengo tiempo para cumplir el protocolo de la policía o lo que sea. No; simplemente no, de ninguna manera. Conduje seis horas seguidas desde San Francisco para llegar aquí, ¿sabe lo que es eso? Se te entumecen las piernas cada dos— añadió, tratando de convencerla sin ningún sentido. Ahí iba Viktor otra vez, debatiendo como si fuese otra manía en su extensa lista; en la cual, por cierto, ha sido condecorado como un terrible desastre en sus intentos por convencer a las personas. Razón suficiente para guardar silencio y limitarse a la escritura. —Sólo intente otra vez, por favor. Una vez más. No le di mi nombre, no lo dije, ¿verdad? Viktor, dígale que es Viktor Bertholon, él aceptará verme cuando lo sepa. Somos buenos amigos— sacudió la mano, restando importancia. Su expresión decía pan comido, y aún así, la chica volvió a levantar el aparato sin mucha seguridad. Tal vez pensando que darle gusto al loco lo haría callarse.

Pero el castaño no esperó por la respuesta en el auricular. Iba con la intención de hacer el papel sorpresa y nadie le arruinaría el gusto de cumplirlo. En cuanto ella empezó a marcar, él se alejó del soporte y caminó por el pasillo, siguiendo el instinto de que andaba hacia la dirección correcta. Después de todo, viendo los varios escritorios de trabajo común, ¿cuántas oficinas con puerta podrían tener destinadas para el mandamás? La especialista en tecleo profesional (aparentemente en busca de romper un record de velocidad, también), salió disparada tras él, colgando el teléfono para impedir la interrupción a su jefe al mismo tiempo que lo llamaba, repitiendo que no podía pasar sin la autorización de Aiden, pero Viktor alcanzó la perilla de la puerta mucho antes de que ella lograra intervenir poniéndose delante, obstruyendo la vista completa entre ambos y debatiéndose entre ofrecer disculpas o justificar no haber podido detenerlo. —Culpable. Lo admito— levantó las manos, poniéndolas luego sobre los hombros de la rubia, que ya sonaba a balbuceos. —¿Tienes un minuto, Aiden?


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Sáb Mayo 23, 2015 4:28 pm
Cuando colgó el teléfono lo hizo con cierta fuerza, por lo cual el aparato se resintió, más no le importaba, funcionaba y no se había roto, aunque dudaba que no le hubiese provocado más de un rasguño, aún así, simplemente era un objeto material más en su oficina que podría cambiarse en cualquier momento, sin embargo, lo único sobre lo cual no tenía control alguno era en la vida y las sorpresas o enredos que esta tenía para él, de cierta manera, hacía interesante el mantenerse con vida, más a veces sentía que las cosas se salían demasiado de control, mermando su poca paciencia y amenazando con volverle loco en cualquier momento.

Aún estaba molesto por la situación con el FBI, sobre todo porque sus oficiales habían sido descuidados en primera instancia, lo que había permitido que aquella organización pudiese meter sus narices donde no los correspondía, por lo cual, luego les reprendería y quizás hasta castigaría a algunos por aquel descuido, después de todo, no sólo estaba quedando mal él como Teniente y sus subordinados, sino que podrían perder la jurisdicción de Beverly Hills y eso era algo que no podía permitirse, después de todo, era su ciudad, y había batallado bastante para hacerla tan segura como lo era actualmente. En un intento por despejar su mente, y sobre todo, disipar su enojo, sacó del cajón de su escritorio un paquete que había guardado hace unas semanas, en su interior se podían observar una cantidad no despreciable de fotografías de crímenes automovilísticos, las cuales había tomado un fotógrafo para él, a cambio de no dejarle permanentemente detrás de las rejas, aquel sujeto era un fastidio para la gente importante, y Aiden debía de mantenerle a raya.

Observó cada imagen con detenimiento, pasando de una a otra en cuestión de minutos, separándolas por su utilidad, al final se quedó con al menos 15 de las cuales elaboraría una misión para desbaratar aquellas bandas criminales y por qué no, limpiar un poco el lugar de los estorbos que solían amenazar la calma de la ciudad; allí estaba él, escribiendo en un papel de color ocre un reporte acerca de aquellas fotografías, cuando sintió ruidos lejanos que pronto comenzaron a adquirir fuerza, tanto que se sentían como si estuviesen allí, más al contrario, los sonidos retumbaban afuera porque se estaban acercando hacia él, hasta que la parilla interna rodó permitiendo que la puerta se abriese de par en par, interrumpiendo la calma y su trabajo en aquel instante. Sus ojos oscilaron rápidamente entre Lucy su secretaria quién bajaba la mirada cada cierto tiempo y aventuraba palabras a modo de disculpas, y un hombre al cual conocía perfectamente, sólo que no esperaba volver a verlo, al menos, nunca más-Esas son palabras que podrían costarte, sobre todo por el lugar donde estás-concentró su mirada en él y sus palabras eran claramente amenazadoras, más tampoco podrían estar cargadas de odio o algo por el estilo, simplemente, era su forma de ser hostil con él hombre que hace un tiempo había significado tanto para él-¿Qué parte de una cita como todos los demás no entendieron, ambos?-alzó el bolígrafo para moverlo en dirección hacia ambos, utilizando un tono de reprensión, sin embargo, suspiró intentando alcanzar un punto de equilibrio que no tenía-Estoy muy ocupado, espero sea breve..-se cortó dudando un momento, para luego recapacitar y mirar a la rubia-Déjanos Lucy-ordenó y una vez que esta se retiró cerrando la puerta detrás de ella ambos quedaron en silencio en una de las pocas habitaciones herméticas y privadas del lugar-Viktor...¿Qué haces aquí?-preguntó sin cambiar su semblante ni un poco, estaba sorprendido de su presencia, sin embargo se negaba a dejarse llevar por aquello, él no se lo merecía.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Dom Mayo 24, 2015 2:27 pm
Pensé que necesitaban pruebas para eso— respondió y se encogió de hombros. Que lo acusaran de impertinente no era nada nuevo, su falta de afecto por seguir las reglas lo había dejado muy lejos de unirse a la unidad del FBI, aunque lo superó con gran facilidad. Quizá porque prefería rodearse de imágenes violentas en otro campo, donde no existieran terciarios que pudieran y debieran entrometerse en su trabajo.  Era un tipo individualista, de pocos amigos y egoísmo puro la mayor parte del tiempo; no podía evitarlo, estaba dentro de él como el resto de sus preferencias.
Lo será— aseguró, sin demorar ni dos segundos en responder. Soltó los hombros de la rubia, creyendo que al hacerlo también le quitaba un peso de encima. Dudaba que Aiden fuese a reprenderla por un hecho que en absoluto fue su culpa, pero de todos modos, por un breve instante consideró abogar en su favor y evitar un mal rato a la pobre mujer.
Vaya, Aiden. Yo también te extrañé, pero no me abraces tanto, que vas a dejarme sin aire— comentó irónico, luego de oír el sonido de la puerta al cerrarse. No esperaba una bienvenida con fuegos pirotécnicos, pero de entre todas las opciones que tuvo oportunidad de repasar como posibles, una sequedad así de abundante no se encontraba en la lista.
¿Ha sido un mal día?— preguntó, dando largas al verdadero motivo que lo llevó ahí. Se acercó hacia el escritorio y arrastró la silla de enfrente, echando un vistazo al esparcimiento de fotografías en su lugar de trabajo— Por tu agradable recibimiento apostaría que sí. Tal vez deberías tomarte un descanso de todo esto... Te lo digo como amigo; es un consejo, no una orden— aclaró el final de la frase. Si él estaba molesto por su presencia (con el absoluto derecho de estarlo, en realidad), no quería sumarle más motivos.
Pensé que pasar a visitarte sería buenos para ambos, ¿sabes?— tomó una de las fotografías, valiéndose de la confianza que se dio por sí mismo. Luego la observó sin el menor indicio de gestos, porque no la veía del todo, solamente la usaba cual distracción— Estoy trabajando en un nuevo proyecto y ayer me reuní con un par de sujetos de la editorial. Me dije que si ya estaba en tu ciudad, bueno, ¿por qué no venir a verte? Pero ahora, Aiden, ya no estoy seguro si debí venir aquí— dejó la fotografía en su lugar y se reclinó en el asiento, cruzando una pierna por encima de la otra. Sí, acababa de inventarse una historia para no parecer muy interesado, pero así es él. Un minuto está seguro de lo que dirá, y al siguiente, cada una de las letras originalmente planteadas ha desaparecido de su cabeza. —Ha pasado mucho tiempo desde la última vez... Y sé que fue mi culpa. Créeme, lo sé. Yo decidí mantenerme a distancia, yo elegí bloquear el contacto sin dar explicaciones. Pero no puedes pasarte la vida entera buscando quién se equivocó y quién no— soltó sin más. Por alguna razón, siempre cargaba con el peso de las malas situaciones donde se hallase involucrado, aún cuando nadie se lo adjudicara e incluso si trataban de exonerarlo. —Mira, comprendo que no te interese más nada que tenga que ver conmigo. Si es así, está bien, sólo tienes que decírmelo y me iré. Pero si no... Debo admitir que tenía miedo de involucrarme demasiado. No quería apegarme a nadie que me resultara especial, porque no querría perder a ése alguien después, ¿me entiendes? No soy la clase de tipo que pide mojitos en los bares y sale en busca de un hombre para pasar el rato. Yo no acostumbro eso, no busco cumplir el mayor record de parejas de una noche. Qué diablos, tú me conoces.
Humedeció los labios e hizo una pausa antes de continuar, acercándose más al escritorio, donde apoyó los brazos. —Para mí, Aiden— dijo, encontrando su mirada— Lo que nacía entre nosotros era diferente, era algo nuevo, importante. Y,  no importa si lo intenté en el pasado, no puedo seguir tratándolo como si fuese un juego, huyendo de los recuerdos y fingiendo que jamás sucedió. Necesitaba verte, lo necesitaba como no tienes idea.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Mayo 24, 2015 4:52 pm
¿Qué si su día podía ser peor?, claramente no lo sabía y jamás lo consideró, pero de algo comenzaba a estar seguro, tenía una suerte del demonio, y que cuando las cosas malas ocurrían venían todas juntas, golpeándolo una y otra vez sin siquiera darle tiempo a reaccionar. Estaba molesto, casi furioso por el incidente de la mañana, lo cual era acrecentado por la llamada del Alcalde, sin embargo, la gota que derramó el vaso fue la inesperada visita de Viktor, tras meses sin siquiera recibir un mísero mensaje de texto-Normalmente, pero irrumpir en un lugar privado y con acceso restringido es suficiente quebrantación para encerrarte-comentó mirándole seriamente, la ira en su interior no amainaba, sino que al contrario crecía más y más, alimentando una llama que había estado apagando durante tanto tiempo-Como digas-balbuceó en un intento de no prestarle atención, no quería llegar al punto de que su rabia le consumiese y perdiese la elocuencia e inteligencia tan característica en él.

Le observaba en silencio, como si aún no pudiese creer que lo tuviese a tan escasos centímetros, sus ojos captaban cada movimiento de este y buscaba alguna variación en él, sin embargo, era el mismo de siempre, el que recordaba y con el cual había vivido cosas que ahora se negaba a volver a repetir-No tientes a tu suerte Bertholon-cerró sus dedos hasta formar un puño en su mano izquierda, aquel tono irónico no ayudaba en su causa, después de todo, ¿Cómo se atrevía a decir eso cuando fue él quién desapareció de un momento a otro sin decir nada?. Recurrió a sus más profundas fuentes de calma intentando serenarse, no podía perder los estribos, a pesar de que en aquel instante todo estuviese en su contra-Y parece que cada vez empeora más-le miró directamente haciendo una alusión a su presencia, sin embargo, desvió la mirada luego en un intento de hacer caso omiso a ello-Adelante, toma asiento-dijo moviendo una mano en tono irónico, cuando este ya estaba sentado y muy bien ubicado en el espacio-¿Cambiaste los libros por la consejería?..vaya, no pensé verlo con mis propios ojos..bueno..en realidad no pensaba en nada referente a ti...-comentó amargamente, mordiendo el interior de su mejilla para intentar tragarse el veneno que parecía brotar desde lo más profundo de ser-No tengo tiempo para un descanso, deberías saber lo ocupado que siempre estoy.. "amigo"-utilizó un tono especial en aquella palabra, puesto que dudaba que siquiera pudiesen ser eso, en realidad, no tenía idea de nada en cuanto a ellos se refería, después de todo, Viktor parecía que se había encargado de terminar algo que ni siquiera pudo empezar..del todo-¿Y eso como sería bueno..de todas formas?..Vamos Viktor, ambos sabemos que esa no es la verdad-observó como tomaba la fotografía, sintió el impulso de quitársela sin embargo no era un crío como para comportarse de aquella forma, de todas formas, aquello le permitió evadir lo que estuvo a punto de decir, no sabía si estaba de ánimos en aquel instante para tener esa conversación.

Desvió sus ojos hacia el expediente en la mesa y lo levantó para guardarlo en su cajón, no quería que repitiese lo de la fotografía, además, necesitaba moverse y hacer algo, sino empezaría a divagar-Oh..ya veo, te quedaron unos minutos libres y pensaste que porqué no visitar al idiota de Aiden, para ver cómo le iba-y si estaba hecho un desastre por tu culpa, pensó en su interior, ¿Cómo era capaz de venir hasta él y hablar como si nada hubiese pasado?, ¿Fingir que nunca estuvieron juntos de alguna manera, irse sin decir nada y ahora pararse frente a él y hasta el punto de casi criticarle por su apatía?..Aiden era muchas cosas, pero jamás había jugado con las personas y no perdonaba que hicieran lo mismo con él-¿No estás seguro porque esperabas que corriese tan sólo al verte?-preguntó subiendo el tono de su voz, pero cuidando de no hacer un escándalo, no podía olvidarse de donde estaban-Puedo hacer lo que me de la gana en realidad, después de todo, tú hiciste lo mismo y ni tiempo me diste para asumirlo, así que..¿Porqué yo no me puedo comportar como todo un idiota?-alzó una ceja interesado, conocía muy bien al hombre que estaba frente a él, de tantas formas no era ajeno, sin embargo, su comportamiento distaba de la memoria que tenía de él.

Sus ojos oscilaron entre la pantalla del ordenador y él, intentaba lucir bastante ocupado, sin embargo toda su concentración era volcada en aquella persona que estaba sentada esperando algo que no podía descifrar-Viktor..-se cortó rápidamente, tenía rabia con él, pero la ira que sentía era una acumulación de cosas, no podía pagarla todo con él, debía de aislar y darle a cada quién lo que merecía, además, por mucho que intentanse odiarle o algo por el estilo, verle otra vez removía cosas que intentó enterrar-Me debes una explicación..que va, muchas en realidad..pero primero que todo debo saber qué es lo que significo para ti..si alguna vez lo fui..si ahora soy algo o una cara más entre la multitud-ignoró sus palabras anteriores, era de conocimiento público que era muy letrado y sus frases siempre serían elocuentes, más no se dejaría engañar por palabras vacías.

Esperaba que este se voltease y se fuese por donde venía, después de todo, esa reacción parecía bastante común en él la última vez que lo comprobó, sin embargo, parecía retenerse a si mismo en aquel lugar, como comprobó cuando lo vio acercarse a su escritorio, instintivamente se acomodó en su asiento alejándose con sigilo-No sé que esperar..ni qué quieres escuchar de mi...-agregó lentamente, eligiendo palabras al azar que le permitiesen no sugerir un estado de ánimo que comenzaba a caer en la nostalgia y el dolor-¿Y porqué exactamente necesitabas verme?-preguntó estúpidamente, pero aún así quería escucharlo, un apremio en su pecho sugería algo, sin embargo se mordió la lengua a modo de castigo, no iba a caer de nuevo.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Mayo 25, 2015 4:12 pm
Oh, no. Los libros son mi vidaliteralmente, pensó— En realidad, aquí hablaba el muchacho que dejó pasar mucho tiempo para tomar su propio descanso— respondió sin meterse en ello, pasando también de su hostilidad. Gracias al entrenamiento de sus familiares, hasta la fecha son pocas las cosas que hacen molestarse al castaño; lo cual, supuso agradecido, ha sido una suerte para no meterse en líos desagradables cuyas oportunidades aparecen haciendo fila, como aquello de imaginarse tras las rejas; sería una ironía reunirse con Aiden con la intención de solucionar las dificultades que les impidieron estar juntos y acabar cumpliendo una especie de delito menor, en su más pura cortesía.

Esbozó una media sonrisa, luego de escucharlo llamándole amigo. Sí, se supone que eran un buen par de ésos, pero su entonación no sonó ni cerca de parecer amistosa. ¿Tanto le afectó su partida? Viktor no pudo reprimir el hecho de que pensarlo cierto fue agradable; le hizo sentir que para el policía significaba algo más, que de ahí venía su indignación por haberse alejado sin siquiera detenerse a decir adiós. Sus palabras hablaban por sí solas, aún si deseaba mantener un enorme muro invisible para separarlos, estaba contándole la verdadera historia detrás del gesto duro.
Vamos, hombre. Eso no es lo que quise decir— respondió, casi susurrando, y apartó la mirada concentrándose en otra cosa, porque si ya había mentido respecto a su llegada, no podía cambiar la estructura revelando que subió al auto y no detuvo la marcha hasta encontrarse frente a la comisaría. Aiden creería que cualquier frase que saliera de su boca de ahí en más, sería una mentira. Y es que Viktor no quería confesarse en un momento tan poco oportuno, porque parecería ensayado. Pero al mismo tiempo deseaba demostrar que sus sentimientos por él eran genuinos; no con palabras, con hechos. ¿Cómo tendría la oportunidad si no se le presentaba una? Si buscándola se esfumaba en sus narices y saludaba la molesta tendencia de echar todo a perder.

— reconoció sincero, porque él en su lugar habría hecho algo parecido. Viktor no era orgulloso, nunca lo fue, aunque ahora empezara a ponerse a la defensiva y se negara a demostrarlo. Aprovechaba los pequeños detalles y trataba de arraigarlos el mayor tiempo posible, preguntándose por qué habría de perder tiempo que nadie le garantizó tendría más tarde—Tal vez tienes razón, quizá estaba esperando mucho de tu parte y me idealicé algo que no existe— sopesó la idea, sin tener en cuenta dicha posibilidad. No; Aiden seguía siendo el mismo, su autenticidad no estaba quebrantada por la ausencia, así como no lo estaba la predilección y el afecto que Viktor ya no podría seguir dudando sentir por él.
Sin embargo, el policía no fue el único hombre en la tierra capaz de remover las emociones de Viktor a su antojo, aunque sí el responsable de que algo así sucediera después de que el castaño se prometió que no volvería a involucrarse seriamente con nadie más. Había conocido a Charles en el otoño de 2009 durante una exposición literaria. Viktor se encontraba en la búsqueda más fructífera de probar suerte en lo que iba de su carrera, pero si bien consiguió un titular envidiable para todo joven escritor, no pudo evitar que la reciente relación que formaba con el escocés y que apenas comenzaba a tomar un rumbo sólido, terminara abruptamente. —Muy bien, adelante. ¿Quieres comportarte como un idiota? Sé lo que te plazca, finge que no querías verme, hazme creer que tu orgullo no está ocultando nada porque tienes miedo de mostrarte vulnerable. Inténtalo, pero no saldré por ésa puerta dejando ésta conversación a la mitad— advirtió, prometiéndoselo a sí mismo.

Lo contempló en silencio, sin saber exactamente cómo justificar su decisión de marcharse. Conocía la razón, la sensación de pérdida de la que no dejaba de huir. Aiden tenía motivos muy válidos para sentirse molesto, y si se ponía en su lugar, comprendía más o menos bien la impotencia por la que pudo haber pasado. A lo largo de su vida fue sencillo darse cuenta de que las reacciones de las personas no son en base a lo que escuchan, sino lo que en verdad son capaces de sentir. Nadie que no fuese él mismo podría entender sus emociones. Ya no significaba renuencia de su parte, simplemente, no le agradaba hacer participe al resto de las cosas que ni siquiera con los años consiguió entender, por más vueltas que diera al asunto. Él no se sentía preparado para depositar plena confianza en alguien, pero decirlo de ésa manera lo haría sonar un poco peor, y por supuesto, Viktor no quería convertir aquel esfuerzo en un desastre. No estaba ahí para discutir o tratar de compartir la culpa, ése línea no era su fuerte.
Porque... Estoy plenamente seguro de que en ésta ocasión mis palabras no tienen ningún valor, que no importa cuánto traté de hacerte entender lo mucho que significas en mi vida, no lo harás. Y a pesar de saberlo, no le estoy prestando atención, porque no me importa cuánto se complique, tú no eres un capricho temporal, Aiden. Estoy dispuesto a cualquier cosa que pueda venir de ti. Cualquiera. Sólo necesito que me permitas empezar de nuevo, tratar de demostrarte que no se trata de ofrecer disculpas, ni de convencerte de lo que siento por ti, sino de lo que no siento por nadie más excepto tú.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Mayo 27, 2015 9:43 pm
Rodó los ojos cuando escuchó sus palabras, el sarcasmo era algo que ambos podían usar y suponía que se les daría mejor en el momento en que lo necesitaran, sin embargo, odiaba aquella figura retórica puesto que consideraba que al final evitaba la verdad y sólo confundía las cosas a más no poderClaro-fue lo único que salió de su boca en aquel momento, sentía que debía de elegir sus palabras y por sobre todo controlarse, puesto que no estaba seguro de si en aquella situación sería capaz de ello.

Comenzaba a odiarse a si mismo, puesto que no le quitaba el ojo de encima, su cabello, sus ojos, su rostro, hasta sus labios eran algo que analizaba y comparaba con las imágenes que en su cabeza rondaban, nada en él había cambiado, se mantenía igual que la última vez que le vio, cuando estaban juntos y nada parecía fuera de lugar, cuando ni siquiera existía el más mínimo atisbo de que el contrario se marcharía sin decir nada y ni siquiera mirar atrás. Cruzó sus brazos por encima de su pecho adquiriendo aquella pose corporal que denotaba seguridad y una temple de acero, cosa que caracterizaba al Teniente, su cara de pocos amigos se asomaba poco a poco-¿Y qué es lo que quisiste decir entonces?.. ilumíname con tus sabias palabras..-preguntó con tono seco, sin embargo, su rostro no comenzaba aún a cambiar y volverse duro, no quería que todo lo que sentía y pensaba que se mostrase de una sola vez.

Nadie, ni mucho menos ellos eran personas perfectas, solían cometer errores como todos, Aiden estaba bastante consciente de ello y de los propios, sin embargo, no podía evitar molestarse con Viktor cuando este desviaba la mirada, el gesto clásico del castaño para evadir cualquier contacto visual y así eludir el conflicto, lo cual siempre terminaba por acrecentar hasta el más mínimo problema o diferencia. Inconscientemente estaba arrugando su camisa al formar un puño sobre ella, en un intento de calmarse o algo parecido había forzado aquella acción, de la cual no se dio cuenta hasta que sentía la presión en la palma de su mano al chocar contra sus uñas-Si no fui suficiente para ti era más fácil decírmelo que huir como un cobarde..-dejó salir secamente, más un nudo en su estómago comenzó a subir hasta su caja torácica, aquellas palabras le lastimaban, a pesar de que se había prometido no dejarse llevar lo estaba haciendo, la vulnerabilidad le amenazaba peligrosamente.

Su armadura de brazos en su pecho se derrumbó y ambas extremidades se levantaron hasta que los codos tocaron la superficie de la mesa, su cuerpo se acercó acompañándolas hasta que acortó la distancia entre ambos, ahora, compartían aquella tabla de madera que conformaba aquel escritorio, mirándose a los ojos después de tanto tiempo donde la ausencia y el dolor habían sido los catalizadores de tantas emociones y a la vez de pensamientos que para bien o para mal habían cambiado la forma de ver las cosas para el rubio-No sé quién te crees que eres para hablarme así..Tú-levantó la voz-Entre todos eres el menos indicado para reprocharme algo..para siquiera tener la osadía de presentarte aquí como si nada pasó o encima criticarme                                         -la vena en su cuello la sentía latir con fuerza y sus dedos cerrarse en puños tan fuerte que sus nudillos lucían blancos.
Aiden comenzó a perder los estribos, creía conocer a Viktor más que a nadie en el mundo..después de todo, había sentido cosas por él que nadie más logró despertar, era aquella persona especial por la cual habría hecho cualquier cosa, aunque atribuirle tiempo pasado a la historia no la hacía pertenecer a este, al menos, no se podía asegurar del todo.
Fue su decisión olvidarlo, dejar de pensar en alguien que no le quería, que no se preocupó lo suficiente por su bienestar, odiarle parecía la solución y lo más fácil de realizar, más eso significaba que aún sentía algo..y se negaba rotundamente a eso, simplemente, aceptó más trabajo del que podía manejar permitiéndole a su mente mantenerse ocupada y enviar a Viktor a un rincón completamente alejado-Las palabras no significan nada para mi, ponlas en un libro si quieres, al menos puedes sacarles dinero-comentó intentando relajarse nuevamente, sus brazos se resentían de la presión al empuñar sus manos-¿No crees que es un poco tarde ya?...¿No has pensado que yo no siento nada por ti?-agregó intentando sonar firme, pero al final de sus palabras estas perdieron fuerzas y sólo se esparcieron como susurros, no podía evitar sentirse indeciso..viejas emociones salían a flote como si fuese la primera vez-Quieres que te de una oportunidad..pero..¿para qué exactamente?-centró su mirada en él, sin embargo, la faceta de Aiden era neutra, claramente forzada para aquel momento donde necesitaba esconder sus emociones al máximo y por qué no, su indecisión frente a lo que el castaño le estaba diciendo.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Mayo 29, 2015 4:22 pm
No trató de disculparse nuevamente y tampoco se defendió ante la ofensa de haber sido llamado cobarde. Probablemente fuera cierto, aunque no tenía caso aventurarse a descubrirlo, no importaba. Sin embargo, eso no era del todo justo. Viktor no se sintió satisfecho a pesar de su distanciamiento, ni tan sólo al principio. El dolor se hallaba en alguna parte detrás de sus defensas, pese a desconocer dónde aguardaba su punto de partida. Con el tiempo había aprendido a controlarlo muy bien, aún cuando podía sentirse ascender desde su estómago hasta su garganta, retorciendo todo a su paso, como sucedía en ése momento. «Aiden está en su derecho»: se lo había repetido cerca de cuarenta veces antes de llegar ahí y ahora volvía a lo mismo, recordándoselo constantemente. Cualquier comentario, fuera desagradable o incluso peor a la reacción imaginada, se lo merecía. Debía aceptarlo con todas sus letras. Ya era hora de hacerlo; dejar de escudarse con tonterías, pero sobre todo, de huir.

Carraspeó incómodo, apartándose un poco cuando Aiden se acercó. Estar demasiado cerca de él impediría trabajar correctamente a su cerebro; lo haría detallar emociones y bloquear el escaso razonamiento que le quedaba, si es que éste último quería seguir participando en la conversación. Su espalda alcanzó a tocar el respaldo del asiento y Viktor se frotó los ojos, soplando en el hueco de sus manos cuando las retuvo entre su boca y su nariz. Estaba exhausto de enfrentar un sube y baja de indirectas y defensivas cada cuatro segundos, pero como no podía evitar sus respuestas fuera de lujar, trató de mantener la calma; al menos alguien debería, y por lo que podía observar, Aiden no parecía un voluntario. —Tienes razón, no soy el indicado. Lo siento— dijo, mientras que se le iban acabando las excusas, porque muy en el fondo, seguía sintiéndose culpable de sus decisiones. La primera, cuando decidió marcharse meses atrás, la había hecho de una forma sumamente egoísta, pero a medida que pasaban los días, la sensación de vacío llegó para remplazarla. Ahora estaba patinando más allá del límite, creyendo que lo buscó para cerrar el ciclo y conseguir un reinicio agradable de la historia, no sólo por él, sino por ambos. Y, sin embargo...

El rubio no se equivocaba. Viktor jamás pidió su opinión y no intentó descubrirla por su cuenta, actuó poniendo la balanza de su lado, sin tener presente la posibilidad de que muchas cosas, incluidos los sentimientos del policía hacia él —suponiendo que hubiesen existido antes o después—, podrían haber cambiado.
No. No, estás tratando de confundirme— negó con la cabeza, rehusándose a creerlo. —Estás enojado y quieres castigarme de alguna manera. Sé cómo funciona— continuó, más por convencerse de que así era, pero se le escaparon las palabras antes de que pudiera agregar más.
¿Para qué?— repitió, casi sorprendido de que no se hubiese dado cuenta. —¡Para probarlo!— respondió rápidamente, cual si la respuesta hubiera sido expuesta desde el primer momento en que puso un pie dentro de aquella oficina, aunque no fue así. Lo había sido para él, difícil además, tanto como evitar el dolor de una punzo-cortante—Es decir, estás siendo muy injusto conmigo. Estuvimos juntos, sí, pero nunca nos responsabilizamos por dar un nombre a lo nuestro. Ódiame por ello si te hace sentir mejor, yo también lo hago, pero no teníamos el seguro de una relación real y, cuando me di cuenta de que, quizás, te estaba entregando buena parte de mí sin condiciones, algo que nadie más tuvo antes... no lo sé— frunció el ceño, dudando cómo explicarlo— Me puse paranoico, empecé a cruzar ideas precipitadas en mi mente— se pausó un instante, volviendo a la posición que había tenido sobre el escritorio. Se propuso mirarlo más de cerca y trató de tomar su mano, tanteando si sería una buena idea; no obstante, la retiró al mínimo indicio de contacto, decidiendo que mejor no. —Siempre he sentido miedo de perder a las personas que amo, Aiden. Y pensar que tú también podías dejarme, que podría perderte de la noche a la mañana, me sobrepasó. No te pido que lo entiendas, sólo digo que no estaba listo para sufrir eso otra vez. Eras demasiado bueno para mí, ¿sabes? Yo nunca había tenido algo semejante.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Sáb Mayo 30, 2015 4:05 pm
En muy pocas situaciones se comportaba de manera irracional o emocional, siempre sabía que decir y cómo comportarse, claro está, saber y hacer son cosas distintas, por lo cual no era de extrañar que cuando se le ponía a prueba pudiese actuar de una forma que ni siquiera él esperaba; tendía a morderse la lengua para no dejar salir palabras innecesarias de su boca, si tuviesen que examinar aquel órgano estaba casi seguro que tendría bastantes daños, más no podía evitarlo, era un sujeto de temperamento variable y eso se traducía hasta en el último movimiento de su cuerpo.

Si había alguien que podía alterar completamente su estado, para bien o para mal, era Viktor, puesto que se había convertido en una persona muy importante para él, lo cual le daba cierto poder sobre el rubio, por más que odiase admitirlo, es por lo cual, que estar en aquel momento frente a él no aseguraba que pudiese controlarse, no aseguraba que sintiese la urgente necesidad de golpearlo hasta cansarse o simplemente sacarlo a patadas, cualquier opción era posible excepto la de huir, ya que jamás en su vida lo había hecho y no empezaría allí, menos con él.

Deseaba no estar en aquella situación, lo cual no le parecía inadecuado puesto que no significaba huir, algo que odiaba, simplemente no estaba de ánimos ni preparado para ello, más allí estaba, frente a frente, observando al hombre que había significado más de lo que cualquier persona valía, exceptuando a su familia claro está, no podía concebir en su cabeza idea alguna, pero el lenguaje corporal del castaño le sugería cosas que prefería no saber, o intuir, como el rechazo cuando Aiden se acercó, claro está, sin intención alguna, aún así, era una reacción que no esperaba, siendo que antes el contacto de sus pieles era tan común como respirar, lo cual sólo provocaba dolor nuevamente en él.

Al contrario del hombre frente a él, adquirió una pose más rígida y altanera, si era posible que la tuviese más de lo que parecía, sin embargo, era una simple treta física para ocultar el hecho de que no estaba seguro de cómo sentirse o actuar, las emociones a pesar de intentar diluirlas aparecían una y otra vez, memorias antiguas venían a su cabeza y se proyectaban incesantemente-Me alegra por una vez en tu vida me des la razón en algo-sentenció con voz neutra, intentando controlarse, sabía que parecería un loco para cualquiera que lo viese, pasando del control al contrario de este en cosa de minutos, pero no podía hacer otra cosa, Viktor descontrolaba todo a su alrededor.

-No estoy tratando de hacerte nada, sólo eres tú mismo..como siempre-sentenció mirándole sin gran emoción, era una de las cosas de las cuales siempre tenían discusiones, el hecho de que el castaño nunca reconociera cuando se equivocaba o simplemente aceptara sus sentimientos o lo que por su cabeza pudiese pasar, claro está, Aiden no podía ayudarle en ello, por más que quisiera, era algo que no le correspondía-¿Enojado?..eso es una forma muy limitada de decirlo..estoy furioso..Viktor, y créeme nunca me has visto así-amenazó alzando una ceja, lo cual sólo era para enfatizar aún más-¿Sabes?..desee muchas cosas para ti, por un tiempo hasta quise planificar algo por si te volvía a ver..pero me di cuenta de que yo no he hecho nada malo y de que si me rebajase a ello sería el villano de la historia, y claramente no lo seré-argumentó mordiendo luego el interior de su mejilla.

-No me grites, recuerda donde estás y con quién-dijo con calma, una que era tan antinatural en ese momento que hasta a él le sorprendía-Y perdóname si parezco incrédulo, pero, después de todo, ¿No te parece ilógico tu proceder ahora..considerando cómo fuiste antes?..digo, no puedo con este nivel de hipocresía..sinceramente no-alzó las manos en señal de rendición.
Sus ojos azules variaban con la luz que recibían, esta vez se veían más grises debido a la iluminación y sombras que le rodeaban, y quizás también influía el hecho de que parecían captar el estado de ánimo del rubio, el cual decaía a cada momento con las palabras de su contrario-No me hagas reír, ¿Tú hablando de la justicia?..-exclamó incrédulo otra vez, no era como que pudieses lanzarle eso en la cara a un policía y no esperar nada a cambio-Intento mantener la calma..si algo de respeto queda en ti por mi, sé honesto por una maldita vez-conformó un puño en su mano y golpeó la mesa con fuerza.

Siguió escuchando y sus dientes se juntaron en una muy mala posición, lo cual podría haber sugerido bruxismo, sin embargo, no era algo importante en aquel lugar-No supongas por mi, tú siempre fuiste el miedoso de algo más, me atrevo a decir que si dependiese totalmente de ti yo sería el sujeto de turno, digo, como dices al parecer tenía una opción seria contigo-entrecerró los ojos-Eres mortalmente injusto y egoísta Viktor, siempre viendo por ti, extrapolando tus pensamientos a los demás y no permitiéndole a los demás pensar por si solos...¿acaso crees que yo no pensé en nosotros?..¿Que no imaginé una vida juntos?..Perdóname, pero si tú estabas aterrado de algo más serio es cosa tuya, no finjas que para mi era igual, por que ni siquiera te diste el tiempo de averiguarlo-sentenció nuevamente, sus palabras eran serias y duras, como si en un tribunal estuviesen y él fuese el máximo Juez.

-Algo muy raro en ti-rodó los ojos con sarcasmo, puesto que conocía bastante bien esa tendencia de él, que a expensas del aguante de Aiden la sacaba a relucir, y siendo la responsable de muchas discusiones que el Teniente sólo lograba aumentar con su temperamento. Sus ojos se dirigieron hacia la mesa que sostenía a ambos, la mano del contrario se extendió por su superficie tramando camino hacia la suya que descansaba en un puño en la misma, sin embargo, no había alcanzado a tocarla cuando esta volvió al lugar desde donde provenía, hasta aquel gesto resultaba doloroso, y por sobre todo, molesto ¿Acaso ya hasta el contacto físico le desagradaba?..¿Ahora le daba asco?..¿Qué tenía de malo como para que la persona que se convirtió en lo más importante para él actuase como si el rubio fuese una paria? Acaso soy tan detestable.. pensó, con una contracción punzante y extremadamente dolorosa en su corazón.

-¿Y eso era suficiente para justificar el qué tú me dejaras?..Porque eso fue lo que hiciste, me dejaste sin más, hiciste lo que temías que hicieran contigo..¿no es eso algo ilógico?-preguntó con voz calmada, sin embargo, aquel tono obedecía más a la tristeza y decepción-Viktor..me duele que pienses así de mi..que dudases de lo que pudiese sentir por ti..jamás te di razones para ello, creo que siempre demostré lo que sentía por ti..quizás ese fue mi error-bajó la mirada por un momento y se mordió el labio odiándose por ser tan débil en aquel instante, pero las palabras del castaño hacían mella en su centro-No lo entenderé porque tú omitiste mi parte en todo..por eso no lo haré nunca-agregó y luego estiró su mano que se había puesto blanca de tanto apretarla-Ya no importa quién es bueno o quién es el malo, ¿o si?..digo, no es el punto de todo esto, supongo que ya diste tu explicación..si es que lo era-agregó y le miró-¿Esto es todo?-dijo ya sin ánimos, desviando su mirada a momentos puesto que era demasiado insoportable mirarle sin saber qué es lo que pasaría luego.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Dom Mayo 31, 2015 11:02 pm
Los primeros minutos para mantenerse en la conversación no fueron un problema para Viktor. Pero después... ¿Debería sentirse mal por la inevitable desesperación de querer asesinar al hombre que, desde hacía bastante tiempo, le tenía hecho una maraña de emociones? De sordo no tenía nada, pero el castaño seguía preguntandose si Aiden estaba genuinamente enfadado o si lo fingía. Dedujo que, tal vez, al prncipio estuviera exagerando al menos un poco, explotando sólo una parte de lo que cargaba dentro, pero conforme Viktor decidía que era tiempo de abrir la boca e inconscientemente empeorar la situación con sus respuestas, fue fácil darse cuenta de que el policía iba calentándose en verdad. ¿Lo suficiente para atizar un certero derechazo en uno de sus ojos? ¿El mentón? ¿La nariz? Consideró aquella posibilidad, descartándola de inmediato. No lo haría aunque tuviera la oportunidad en sus manos, tal cual la expresión; porque después de todo, se encontraban en una comisaría, donde el ejemplo principal debería ser él. Y aunque detestara un tanto el lado izquierdo de las cosas, suponiendo como buen diestro que a veces resulta bastante inútil, no había dudas de que gustaría conservar indemne cada zona de su cara.

Viktor ignoró la muestra defensiva, diciéndose que el otro hablaba por hablar con tal de evadir sus propias observaciones; no obstante, trató de recordar una ocasión donde él hubiese atribuido a Aiden el estar en lo correcto, vislumbrándose tan complicado como su necedad de tener siempre la razón. De acuerdo que no era un adivino, no leía mentes, pero convencerse de lo que le convenía en ése momento fue mucho mejor que tirarse al piso esperando que alguien más lo levantara. El castaño aborrecía esas muestras de desesperación, y por supuesto, no caería hasta dicho punto. Sus defectos, para bien o para mal, no le permitirían ponerse a rogar más de lo que ya parecía estar haciendo.
¿Y no es así como debería ser?— preguntó en plan retórico, pues no requería de una respuesta. Solamente quería demostrar cuán extraña se había tornado la conversación. Su punto era dejar de mentir, de aparentar algo que no era. Sin embargo, Aiden pareció recriminarle ser sincero y mostrarse tal cual, sin secretos innecesarios respeto a su personalidad y su vida; claro que si bien no lo decía todo, la gran mayoría de sus asuntos no tenían necesidad de ocultarse ni con él ni con nadie. Vamos, que ya nada tenía sentido. Discutían por discutir.

¡Oh! Pero yo sí, ¿no es cierto?— sonrió de medio lado, negando con la cabeza. El dardo acababa de golpear al centro: premio alto por el descubrimiento del día—, Tú no hiciste nada malo, no eres el villano. Entonces, ¿qué? ¿La victima?— definitivamente estaba perdiendo la cordura. Su paciencia había tocado el límite de lo posible. —Venga ya, hombre, ¿tengo que decir gracias?— sus cejas se curvaron; la confesión no le había venido nada bien, puesto que para Viktor la intención importaba mucho más que el acto en sí, y saber que por su mente cruzó la absurda idea de una venganza, lo quebrantó a medias. Sin embargo, deseoso por olvidarse de ello y evitar que su verdadera perspectiva se asomara en algún gesto, retomó el habla sin escudarse en las valiosas pausas—Estoy cansado de culparme por lo que pasó, Aiden. El remordimiento puede sentirlo cualquiera, pero la culpa, te aseguro que la mayoría de las veces es sólo una palabra sin real conocimiento. Tú no sabes cómo me siento. Afortunadamente no tienes idea y doy gracias por ello, así que no hagamos como que me entiendes y sabes lo que me merezco, porque aún cuando creas conocerme, si crees que todo lo que he venido a decirte es una burla o un juego para mi diversión individual, no me conoces en lo más mínimo— reaccionó tajante, levemente ofendido por la ocurrencia.

Créeme... al menos la primera parte la tengo bien clara—  respondió, enfadado de sus inútiles esfuerzos. Por más que intentase, parecía no encontrar la puerta secreta para controlar un poco el temperamento de Aiden y de pronto, sin necesidad de hacer nada más que gritar, éste aparecía como por arte de magia. Venga, que sí, le conocía y sabía a qué atenerse con él, pero no dejaba de ser doloroso que de aquella pasada relación no quedara ni el rastro, teniendo que levantar la voz en cada jugada para que uno pudiera calmar al otro y viceversa. ¿A qué estaban jugando los dos? Lo peor era que, sin importar de qué se tratara el asunto, Viktor no quería dejar de participar en ello.
¿Cómo fui antes?— cuestionó, sin comprender a qué se refería con exactitud. Si pretendía exponerle sus errores de uno por uno, necesitarían de un par de días más para tratar de enlazarlos todos, y aún así, les estarían faltando muchísimos. —No, Aiden. Yo creo que tratas de culparme por todas las malditas cosas que te han pasado, ¿sabes? Cometí algunos errores estúpidos, es cierto. Y los acepto con toda la culpa que los acompaña, aún cuando piensas que no tiene sentido ni es suficiente. Pero— levantó un dedo aleccionador—, no puedo hacer más y eso incluye cargar con cada detalle malo que sucede a tu alrededor. De eso no me culpes a mí, que yo no controlo tu vida. Pudiste buscarme, hombre. Hablar conmigo, pedir explicaciones o interesarte un poco en consideración a lo que tuvimos, pero no lo hiciste, así que no me digas que fui el único egoísta y yo no fingiré que eres el único enfadado, porque sí, me largué sin decir nada, ¿y adivina qué? Tú no te interesaste en averiguar nada al respecto. Podría estar muerto y si no hubiera venido hasta aquí, tú estarías deseando que me pudriera por toda la eternidad. ¡Y sí, señor! Estoy exagerando y acabo de gritar, ¿vas a encerrarme?— lo retó, aunque era evidente que había cruzado la línea y debería tranquilizarse, así que lo intentó con ganas, con muchas ganas para ser sinceros. No era propio de él levantar la voz, menos en un lugar como ése. Por eso cruzó los brazos y se reclinó en el asiento, apretando los labios conforme la serenidad volvía a lloverle encima.  

Lo soy— empezó a decir, pero retrocedió de inmediato cuando Aiden propinó un sonoro golpe de puño contra el escritorio. Algunos centímetros atrás y sus pensamientos anteriores se habrían convertido en un deseo cumplido. Lo escudriñó con la mirada, como para quejarse de su violenta actitud. Como pensaba, era un ir y venir de ira en grandes acumulaciones. —No tenemos que volver esto una batalla— dijo tranquilamente, cuánto pudo esconder su intriga; era su turno de llamar a la calma. Una parte de sí mismo le decía que para un ser humano debería ser imposible guardar semejante cantidad de rencor, mucho más cuando el receptor había significado ser una parte importante de tu vida en el pasado. Ah, pero qué sabía Viktor de ésas cosas, si para la mayoría de sus conocidos pasaba más de la mitad del día a puerta cerrada, obstaculizando héroes y creando monstruos de pesadilla natural. Él debía ser uno igual, seguramente.
Estoy tratando de ser sincero contigo, Aiden. Pero siento que le hablo a la pared. No me escuchas, no me crees, ¿de qué me sirve la saliva, entonces?

Definitivamente no estaban hablando. Viktor empezaba a creer que había sido un completo estúpido al presentarse en ése lugar, como si nada hubiera pasado y ellos tuvieran una relación perfecta. Qué esperaba obtener, qué quería escuchar, qué pretendía con todo aquello... Si en algún momento lo tuvo claro, ya no lo sabía. Las preguntas corroían su cabeza y él no encontraba palabras para responderse ni eludir las que venían sin petición. Desconocía al hombre que tenía enfrente. Su lejanía y la potencia de su furia eran evidentes, casi irreales para el Aiden que conoció en el pasado, y a pesar de todo, lo que en el fondo molestaba de verdad al castaño no era la irritabilidad en que lo hacía sumirse; orillándolo a perder la paciencia, sino la autenticidad en sus palabras. Jamás se había sentido como el villano. En realidad, sus familiares y los pocos amigos que logró conservar lo ponían en el papel de victima cada vez que se presentaba la oportunidad ante ellos, así que, sí, probablemente estuviera confundido como el demonio.

Había hecho mal, sin ninguna duda. Pero ése era él. De pies a cabeza, el mismo Viktor. Desde siempre, el mismo cabello y las mismas ideas, le pertenecían y no podía desprenderse de ello de un simple minuto al otro. Qué fácil sería la vida si pudiéramos chasquear los dedos para revertir los errores, aunque claro, ya nada tendría el sentido que tanto apreciamos darle. Y sin embargo, las ganas de olvidarse de las cosas, pasar página y reiniciar una bonita historia no es la mejor habilidad ni la más preciada en Viktor.
¿Querías una vida donde nosotros dos estuviéramos juntos? Oh, bueno, nunca lo dijiste, en ningún momento se te ocurrió mencionarlo. Y perdóname si esto puede ofenderte, pero besos y caricias las venden a bajo precio en cada kilómetro de California y tú lo sabes. Todos los saben. Así que, ¿se suponía que adivinase que estarías ahí para mí y nadie más? ¿Lo era? Porque mírame, soy un desastre. Y si todo se debía a solucionar una ecuación sencilla como esa, ¿por qué me sigo sintiendo tan miserable de saberlo?
Aunque no existía un plan anticipado, el drama del día no parecía brillar de positivo. Escuchó lo que decía y asintió dándole la razón, no una, sino dos veces. Su reacción era cien por ciento ilógica, lo cual demostraba que actuó sin pensar; y en efecto, no tenía motivos para dudar demasiado de lo que Aiden sentía por él, de ninguna manera. Y quizá, en lo profundo, fue por ello que surgieron las dudas. No era la primera vez que sentía el cariño venir recíprocamente, llegar a toneladas, sólo para marcharse.

Después de exponer las razones que mayor trabajo le costaron aceptar, pedir perdón de todas las maneras posibles y aventurarse a reafirmar sus sentimientos, solicitando por una última y única oportunidad de probar que la importancia del rubio en su vida era tan absoluta, inmensa y desesperadamente real a sus más privadas e intensas emociones, costaba echar un vistazo y darse cuenta de que ya no quedaba nada.  Nada, excepto el oscuro hueco de la pérdida que ingenuamente deseaba evitar desde el principio. —No sé qué más podría decir— contestó con sinceridad, al afirmar que la explicación había sido en gran parte esa, por decir que existía alguna que valiera la pena ser juzgada. Por un momento, su cuestión le informó que la reunión había llegado a su fin. Eso era todo. Ya estaba, aclarado y solucionado. Sin embargo, Viktor no lo sintió suficiente.
No... sí hay algo más— recordó, haciendo ademan de levantarse. —La supuesta reunión que mencioné, no existe. No hay editorial o proyecto. Vine aquí por ti, sólo que no quería... Usarlo, a mi favor de arrepentido— explicó, repiqueteando levemente un dedo en el borde del escritorio. Daba igual confesarlo ahora. —He sido insensible y egoísta, Aiden. Ya está claro para los dos. Pero— se inclinó, apoyándose en una mano— si haber conducido seis horas hasta aquí te dice algo... y no estoy tratando de ser persuasivo, no ésta vez... espero el rencor que sientes por mí tenga alguna posibilidad de cambiar, porque... si antes no podía lidiar con la posibilidad de perder a alguien más en mi vida, mucho menos podría sobrellevar el hecho de perder completamente a alguien que amo.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Mar Jun 02, 2015 9:26 am
En su cabeza muchos escenarios se alzaban como posibles, cada uno peor que el anterior, ideas, palabras y oraciones completas se removían todas a la misma vez, intentando salir a través de su boca y hacerse ver en aquella conversación, más nada parecía realmente adecuado para aquel momento, no es como si hubiese una charla tipo que decir, o siquiera existiese una forma de actuar para aquello, nadie podía ayudarle, sólo se tenía a si mismo y realmente consideraba que estaba perdido. No es que jamás considerase la posibilidad de que alguna vez se encontrasen, siempre albergaba aquello, sin embargo ni siquiera colocándose en el peor de los casos podría verse en aquella conversación, realmente no tenía idea de qué es lo que diría, cómo se comportaría, qué es lo que sentiría, en fin, no tenía idea alguna de nada y eso le mortificaba hasta las entrañas, puesto que odiaba no tener el control de la situación y por sobre todo, estar a la deriva, como un barco a merced del omnipotente mar.

Cada instinto en su cuerpo le decía que debía de salir de allí, que no podría ser capaz de manejarse a si mismo, que tenía dos opciones y ninguna era beneficiosa para él: explotaba y dejaba salir todo lo que había enterrado cuidadosamente en su ser, liberando las cadenas que mantenían prisionero al monstruo de la ira y el dolor o simplemente se rendía ante la situación, dejaba que la tristeza extendiese sus brazos y lo arrastrase en una espiral de autodestrucción y miseria de la cual jamás esperó tener participación. Aún estaba en todos sus sentidos, sus emociones no se extendían por él y limitaban todos sus pensamientos, al menos, no por el momento-Olvídalo,no tiene caso discutir por cosas que ya dejaron de tener sentido-exclamó desviando la mirada, era bastante consciente de que podría decir tonterías, la rabia en él era una peligrosa y poco elocuente maestra, y Aiden en aquel momento parecía el pupilo perfecto.

A veces solía dudar hasta de sus propios pensamientos, puesto que le traicionaban en los peores momentos, se consideraba bastante inteligente, pero cuando las palabras eran opacadas por las emociones nada podía hacer, ¿De que valía tener respuesta para todo y ser sumamente certero en ello si al final son sólo palabras vacías?..impulsadas por la ira y que carecen de todo sentido-Claramente tú si, después de todo, estamos en esta situación por tu actuar..-agregó mirándole, comenzaba a percibir cierta renuencia por parte del castaño, sus palabras y lenguaje corporal le decían que la conversación comenzaba a adquirir otro rumbo, donde lograba salirse con la suya otra vez y Aiden quedaba entre la espada y la pared-¿Vamos a jugar a los roles?..si es así avísame, tengo un par en mente que también me gustaría emplear-agregó con sarcasmo, hizo mención de una palabra y ya aquello parecía un juego de niños o una muy mala terapia psicológica-Déjalo-agregó ante su pregunta, era algo tonto ya discutir por aquellas cosas, además, se sentía bajo el constante escrutiño del castaño, quién se caracterizaba por un mortal dominio de las palabras y elocuencia, algo de lo cual nunca el rubio podría gozar.

-El problema es que parece que no entiendes que esto lo generaste tú..puedes decirme, "Ahí va lo de la culpa otra vez", pero sólo lo digo para que esté claro, Viktor-alzó las manos en señal de paz, aunque dudaba que el castaño pudiese tomarse ello de buena forma, al contrario, las palabras del contrario hicieron mella en él-Entiendo, no tengo idea de cómo te sientes..nunca lo haré al parecer según tú..y no te conozco para nada..-repitió las palabras lentamente, como si cada una la estuviese absorbiendo y procesando, en un intento de encontrarle sentido a la situación que tenía frente a él, y más profundamente, dejándole el paso libre al dolor que aquello le producía.

-No importa en realidad, después de todo, ahora estamos aquí y eso es lo que compete, el ahora-enfatizó en la palabra, sabía que era injusto de su parte acallar cualquier comentario del castaño, sobre todo cuando Aiden lanzaba bombas y luego esperaba que explotasen, más a pesar de que no fuese correcto, comenzaba a sentir que no estaban dirigiéndose a ningún lado, simplemente daban vueltas en lo mismo y eso no era sano. Aprovechó los silencios del contrario para intentar calmarse, a lo mejor, este podría ser más tolerante y terminaría con aquel escándalo de niños pequeños, claramente, no era justo para Viktor eso, sin embargo, Aiden se conocía lo bastante bien como para entender que no se podría controlar siempre-Ciertamente no ha sido un buen día, desde el principio-le miró de cierta forma-Abandonarme fue algo más que un error estúpido, al menos para mi..y eso es el centro de todo esto-observó su dedo y sabía que eso indicaba que se vendría una reprimenda del otro, podía decir que no lo conocía pero realmente si conocía sus gestos-¡Que no tienen nada que ver mis problemas contigo!-exclamó algo irritado, al escuchar de nuevo las palabras del otro-Oh claro, para ti es tan fácil-le miró-¿Acaso crees que no te busqué?...Que siendo El Teniente de la Policía me quedaría tranquilo mientras el hombre que quiero se van sin más?..No, moví todos mis recursos en ello, no fue fácil, lo admito, parecías muy interesado en desaparecer..pero con el tiempo supuse que si me costaba tanto era por algo..no me querías ver..y sumado al hecho de que jamás me diste una explicación..bueno, no podía pensar otra cosa-habló sin mirarle, avergonzado de la última opción, puesto que sugería debilidad por su parte, y aceptación de que Viktor no quería nada de él-No-comentó secamente y casi en un sonido gutural, la ira y el reproche no combinaban bien, pero realmente no podría encerrarlo o algo, tenía razón en algunas partes, quizás también el rubio erró al no contactarle con mayor insistencia, pero el orgullo era un poderoso enemigo, al cual nadie era inmune.

Se odiaba, más en aquel momento, al dejar que algo de su furia se mostrase representada por aquel puño, no era un ser pacífico, era claro, sino no podría moverse en aquel mundo donde al más débil lo despedazaban, pero tampoco se consideraba una bestia hambrienta de golpes ni descontrolada-Lo siento, no debí hacerlo-bajó la mirada, no era necesario preguntar nada, podía ver en Viktor la desaprobación por aquel acto-No, no quiero que lo sea tampoco-comentó cediendo en algo, podía estar muy molesto y muchas otras cosas a la vez, pero necesitaba urgentemente tener una idea de qué es lo que realmente allí importaba-Si te escucho, no estoy sordo..pero creerte no es tan fácil, no puedes esperar que diga Amén a todo lo que digas, y tragarme todo de una sola vez, lo siento, pero no tengo esa hipocresía dentro de mi-agregó resoplando con cansancio, realmente esto era complicado, peor que recibir golpes físicos, puesto que su cabeza podría explotar en cualquier momento.

Aiden comenzaba a entrar en la desesperación, en parte por no saber cómo reaccionar con él y por otro lado, al no lograr hacerle ver su punto de vista, aquello no obedecía a quién tenía la razón o no, sin embargo, si era un punto importante que el castaño reconociera que se equivocó, pero realmente, que al leer su lenguaje corporal y expresiones se notase, sin embargo, cada vez que le veía y escuchaba parecía más reprocharle al rubio sus acciones, como si nada de este se hubiese originado por algo que el contrario hizo, simplemente Aiden reaccionaba en cadena a la situación..¿Imperfecto? si..¿Idiota?..posiblemente...¿Infantil?..podía ser, cualquier adjetivo sería atribuible, pero era una persona al fin y al cabo, y la mayoría reaccionaba de aquella forma, sólo los más inhumanos o fríos podían escaparse levemente de ello.

-¿Que nunca lo dije?..No puedo creer lo que escucho, te lo he dicho varias veces-le miró incrédulo, puesto que no podía creer que dijese eso, claro está, una cosa era que se fuera sin más, pero hacer como que algunas cosas no pasaron o no se dijeron era algo que Aiden no podía dejar sin más-¿Tendría que haberte propuesto matrimonio para fuese realmente algo oficial?-alzó una ceja ya casi cayendo al borde la locura, se sentía fatal, y sus siguientes palabras no ayudaron a solventarlo, al contrario, cavaron la tumba donde se disponía ya a enterrarse-Tenía entendido que era obvio aquello, después de todo, recuerdo bastante bien haber estado para ti siempre que me necesitaste, y cuando no, igual estaba a tu lado, pero dejemos eso en un error mío, en querer estar contigo más de lo que tú querías, es lo mejor-agregó sin mirarle, en otra situación hasta podría haber dejado escapar unas lágrimas, el hombre al que quiso con todo su corazón no habría dicho eso, no habría pisoteado lo que tenían y tampoco se hubiese referido de forma tan despectiva a la forma en que el rubio se comportaba con él..no aguantaba que lo que sentía lo hiciese ver tan simple y ordinario.

-Creo que has dejado muchas cosas claras..supongo-comentó llevándose una mano hacia su cuello para acariciar aquella zona, la ira seguía dentro, obedeciendo a una emoción más primitiva, sin embargo, estaba haciendo su mayor esfuerzo por contenerse, puesto que no estaba siendo alimentado sólo por la situación con Viktor, sino que su día completo confabulaba contra él. Le miraba a veces y luego desviaba la mirada, al parecer no había nada más que decir, claro está, que fuese estrictamente necesario y competente al tema, puesto que por discutir y sacar cosas en cara podrían tardar años, posiblemente; levantó el rostro cuando el castaño continuó hablando, hasta el momento pensaba que estaba todo dicho, pero no era así-¿Qué..?-alcanzó a preguntar viendo la indecisión en el rostro ajeno, a lo mejor se disponía a soltarle algún otro reproche o palabras bien trabajadas, sin embargo, a medida que este dejaba salir de su boca aquellas oraciones hubiese preferido insultos-¿Y mentirme en la cara era una muy buena idea?..-le reprochó, puesto que en un inicio eso le hizo enojarse y sentirse casi un objeto cualquiera, para que ahora dijese que era una mentira, claro está, Aiden era desconfiado por naturaleza y no justificaba jamás cuando una persona era contraproducente, sin embargo..Viktor era distinto, no por su forma de ser o actuar, sino por ser él.

-Dicho está..entendido..no lo sé del todo..perdona si te lo digo, pero sabes que entre nosotros no habían secretos y si tenía que decirte algo lo hacía, eso no ha cambiado, al menos por mi parte-agregó como una especie de paréntesis, sin embargo no perdía el hilo de la conversación ni mucho menos de lo que el otro decía-No..no lo sé-soltó con inseguridad, sus palabras parecían tan adecuadas en aquel momento, sin embargo era consciente de que era una habilidad del castaño, más se negaba a pensar de que este estuviese utilizando aquello a su favor y sólo quisiera jugar con él, no quería ensuciar del todo la imagen de la persona que más quiso en su vida, no podía hacerlo-Entiéndeme..no te odio..pero tampoco puedo fingir que nada pasó y que me siento completamente bien-comentó mirándole seriamente, puesto que nada de lo que decía obedecía a las mentiras-¿Me amas?-preguntó con los ojos atentos, jamás pensó en escuchar aquello en labios de Viktor, eran palabras que no consideraba estuviesen en su vocabulario, menos cuando el otro temía tanto al compromiso.
Ahora realmente Aiden se consideraba inepto para continuar, su pecho ardía y sentía que no podía mantenerse más firme, todo estaba pasando tan rápido que al contrastarlo con el pasado distaba demasiado, claro está, la situación ahora era muy diferente y no todo era así de fácil..simplemente, Aiden estaba en una situación compleja y estresante.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Jue Jun 04, 2015 8:59 pm
Aiden era una de las personas que mejor lo conocía, y a decir verdad, no muchos tenían oportunidad de hacerlo como el rubio había conseguido. Para nadie es novedad el hecho de que Viktor sea una persona difícil cuando de amistades se trata; demasiado selectivo y en algunos casos, hasta insoportable a la hora de entablar una conversación. La insolencia y madurez que ha sabido llevar de la mano como si fueran una única definición no es bienvenida por todos; el problema está en que debería pensar las cosas un poco más antes de sacarlas fuera, pero ¿qué hacerle? Salen de su boca con la fuerza de torbellinos, a menudo erradas en cuanto a la sensibilidad que no le fue inculcada con suma insistencia. Él lo tiene bastante claro.
No, no quise decir eso, exactamente... Es decir, me conoces, pero, sabes a lo que me refiero— mencionó, queriendo evitar que se sumara otro mal entendido a la cifra de cientos. Por supuesto que en el fondo había querido decirlo tal cual hizo, aún cuando no pensó que Aiden se lo tomaría de una manera tan general, siempre en su contra. No obstante, ¿de qué otro modo esperaba que lo hiciese? La tensión se alzaba por encima de ellos, no resultaba una sorpresa que ambos estuvieran con los nervios azotando sus ideas, así que no podía culparlo.

Lo es, sí— convino, porque no tenía medios para negarlo. Era cierto, se estaba yendo por la tangente con el objetivo de cambiar el centro de la discusión, que eran ellos; él y su huida, su abandono sin explicación. ¿Buscaba cambiar aquello por algo agradable? Tal vez. Viktor no es bueno enfrentando discusiones, pero obtiene resultados maravillosos si hablamos de distraerse. Frunció el ceño, entre ofendido y halagado. Claro que le gustaba estar en el punto principal de los temas de importancia para Aiden, pero entenderse el problema mayor no es algo de lo que sentirse orgulloso. —No con todos, al menos— dijo, refiriéndose a dichas dificultades en la vida del rubio. Él mismo lo había dicho antes, no había sido su mejor día desde el principio, por lo tanto, la llegada de Viktor solamente se habría presentado para complicar su existencia el doble de lo que estaría esperando.

Bueno, no lo...— se calló, bajando la mirada cuando el otro lo observó con fijeza. Ahora no sabía qué decir o qué hacer. Había dudado de que su escondite fuera gran cosa, a pesar de no mostrarse en público prácticamente... jamás. No usaba tarjetas de crédito, no hacía compras por internet, no respondía llamadas en casa; levantaba el teléfono para saber quién era, claro, pero nada más. Había evitado cualquier tipo de comunicación con el exterior y hasta entonces, al escucharlo describiéndolo de una manera exacta, se percató de su excelente trabajo para ocultarse. Nadie había recibido noticias suyas, como si la tierra se lo hubiera tragado.
Lo hiciste— musitó, costando trabajo que incluso él pudiera escucharse. Ésta vez no era una pregunta, sino una afirmación. Tragó saliva y dejó que Aiden prosiguiera, dando tiempo a procesar lo que acababa de decirle. Para su mala suerte, no prestó mucha atención a lo que dijo a continuación, se había quedado bloqueado en la parte donde manifestaba quererlo; en tiempo presente, he ahí lo relevante.

Sin embargo, ni un procedimiento extenuante combinado a su repentina carga de emoción podría cerrarle la boca. —No se trata de hipocresía— dijo él, negando con la cabeza. —No es eso, es, diferente— insistió, con la certeza de que enterrar los recuerdos del pasado, o intentar borrar a una persona de su mente, no aseguraba sacarla de tu corazón. —Lo que necesito es sinceridad. Que sea completa, ¿sabes? Me demuestras tu enfado y la decepción que debí causarte. Pero no me dices más. Y yo que hay más— incluyó al comentario, pensando que la remota posibilidad de oírlo confesar que no todo lo conformaba el odio seguía llamando para ser expuesta.

Ah, no. De eso nada. ¿Crees que yo no quería estar contigo más de lo que tú querías? Perdóname, pero ahí sí te equivocas— repuso, sin necesidad de agregar más. La cuestión hablaba por sí sola, estaba claro que se confundían el uno al otro. No obstante, Viktor se dio cuenta de que el ambiente parecía haberse relajado bastante, en comparación a como fue en un inicio. Ya no discutían con la tarea de demostrar quién tenía la razón o quién merecía derecho de objeción. —No había nada que yo quisiera más— puntualizó, olvidándose de ello en cuanto surgió el siguiente comentario, deseoso de retrasar el tiempo para saber dónde y cuándo comenzaron las absurdas dudas que proporcionaron sus equivocaciones. Quizá encontrar un motivo en su poca estabilidad emocional, el exceso de trabajo al que se sometía y la gran cantidad de manías e imperfecciones que lo conformaban pudiera acercarlo a la respuesta; y si tenía suerte, de esa manera sería capaz de rechazarlas todas y ellos seguirían juntos, como se suponía que debió haber sido.

Creerlo tan perfecto le había resultado falso al pensar en los motivos por los que debería sucederle algo extraordinariamente bueno a alguien como él. Había algo en su persona que se negaba en rotundo a aceptar dicha posibilidad; soportando su pesar mental, coronando el miedo de volver a enamorarse, sufrir una desilusión que revocara hasta su última esperanza y, lo peor de todo, resolver una posible, insensata y definitiva separación de la primer persona que hubo conseguido llevar felicidad a cada parte de su ser.

Irónicamente, siempre pedía sinceridad de quienes le rodeaban, pero raras veces se comprometía a responder de la misma manera. Mentía porque es muy fácil hacerlo; no necesita de una mente privilegiada y a decir verdad, tampoco es gran trabajo inventar algo que no significa absolutamente nada para ti. No importa si te creen o no, total que no es cierto. Pero cuando lo que dices sí lo es, te desespera no encontrar la manera correcta para demostrarlo. Y eso es justo lo que estaba sucediendo con el escritor en ése momento. El instante en que sabes que existen numerosas cantidades de expresiones, miles de palabras conjuntas, y aún con las cientos que hayas escuchado a lo largo de tu vida, cuando llega tu turno no estás seguro de cómo proceder.

Viktor no respondió inmediatamente. Temía que repetirlo no causara ningún cambio. Había prometido consigo mismo que no volvería a intentarlo jamás; de modo que alcanzaría sus metas en base un estricto control y un orden significativamente realista de las cosas. Así no se complicaba la existencia, todo se volvía más fácil, más práctico. Se permitía soñar cuanto quisiera, alejado del círculo social creyente de los hechos, siempre y cuando fuera posible mantenerse firme, con los pies en la tierra. La verdad es que solía llevarlo muy bien, hasta que conoció al policía. Sí, el día en que él apareció en su vida algo cambio. Una parte importante de sí se rehusó a seguir participando de aquella muestra inútil de frialdad humana, y aunque en un principio no se preocupó demasiado por lo que pudiera pasar en un futuro, sabía que para él no era común demostrar demasiado aprecio a las personas. Por alguna extraña razón le parecía de suma dificultad expresar sus sentimientos, como si estuviera arriesgándose a un doloroso rechazo incluso tratándose de su propia familia. Sin embargo, en aquel momento pasado no se imaginó que estuviera frente al hombre que daría un giro completamente inesperado a su sentir; a quien rompería todos y cada uno de sus coordinados esquemas. Por Aiden fue que decidió dar vuelta a la hoja, olvidarse de los prejuicios que durante años estuvieron siguiéndolo y tratar, de una vez por todas, de corregir el daño que provocó.

El silencio cayó sobre ellos en espera de su respuesta; un momento breve, que casi pareció buscar a propósito, aunque no era así. —Más de lo que nunca pensé podría amar a nadie— replicó finalmente, sin rastro de la anterior determinación de retirarse. Tenerlo cerca avivaba los mejores momentos que pasó con él, no había modo de evitarlo. —Para mí lo eres todo, Aiden. Nunca, escúchame bien: nunca pretendí hacerte daño; esa no era mi intención— añadió con franqueza, y yendo en contra de cualesquiera fuesen razones de peso para reprimirse, su mano izquierda se alzó hacia el rostro del policía, aventurando en el gesto. Lo atrajo suavemente por el mentón, acariciando su mejilla en el proceso y evitando así, que de haber tenido la intención de hacerlo, Aiden pudiera apartar sus ojos de él. Necesitaba ése contacto, sobre todo ahora. —No voy a decir que entiendo como te sientes o que sé lo que fueron para ti estos últimos meses desde que me fui, porque sólo puedo hacerme ideas. Pero sé muy bien qué es lo que siento yo— aseguró, al tiempo en que sus dedos comenzaban a hundirse entre los cabellos del rubio, manteniéndolo cerca. El entrañable aroma de su fragancia se filtró sin consentimiento, y Viktor estuvo a punto de ceder al deseo de besarlo, después de todo, la distancia que los separaba resultaba increíblemente apropiada para ello, pero se contuvo. Sintió la garganta seca y por un segundo creyó que no conseguiría emitir ningún sonido. —Tú haces que mi respiración se descontrole y se detenga de un segundo a otro— afirmó mirándole—,  Me duermo deseando verte y me levanto con la misma sensación, una y otra vez. Mis manos comienzan a sudar si estás muy cerca de mí; no sé qué decir, no sé cómo comportarme. Y al mismo tiempo, siento que solamente contigo soy libre de ser yo, el verdadero yo, sin máscaras, sin mentiras, sin nadie que me impida manifestar cualquier concepción que cruce por mi cabeza. Tú me haces sentir vivo—  recalcó. —Y sí, definitivamente no hay algo que lamente más que mi torperza al no darme cuenta a tiempo de lo feliz que podríamos haber sido juntos, sin necesidad de plantearme errores que jamás estuvieron ahí.
Se detuvo guardando silencio y luego se inclinó hacia él, aferrando sus mejillas con ambas manos. —Si esto no es amor, Aiden, no tengo la menor idea de qué sí lo sea.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Sáb Jun 06, 2015 5:45 pm
Nunca se consideró a si mismo una buena persona, de hecho hasta el día de hoy no es un adjetivo que se aplicaría a si mismo, al contrario, tenía muy claro sus defectos los cuales solían ser lo único que le importaban, pues, al final, siempre terminaban por meterle en problemas o arruinar las cosas que en su vida tenía. Su madre siempre le había dicho que era un muy buen hijo por asumir toda la responsabilidad cuando su padre murió, sin embargo, no era algo que había nacido en él, fue la promesa que le hizo a su difunto progenitor en su lecho de muerte, además, era obvio lo que debía de hacer, después de todo, era el hombre de la casa, por lo cual, sacrificar su infancia y adolescencia, y madurar rápidamente parecía un precio justo a pagar considerando lo que había logrado. Claramente, toda su vida había estado marcada por aquella tragedia, sin embargo, nunca se había lamentado o algo por el estilo, no por falta de argumentos, sino porque no encontraba la forma de hacerlo, después de todo, es lo que le había tocado vivir y lo acepta, para bien o para mal, fue algo que moldeó su personalidad y su vida, y lo convirtieron en el hombre de hoy, el que tenía al frente a la única persona que había visto los trazos más oscuros de su mente y corazón.

-¿Aún te conozco?-dejó la pregunta en el aire, la cual no parecía sólo hacérsela a si mismo, sino también que parecía adjudicársela al castaño-Puede que tenga una idea, pero sabes que siempre me ha gustado cómo explicas las cosas..tú forma de decirlo-agregó con algo de indecisión, claro está, quizás estaba utilizando levemente el sarcasmo, más lo que primaba era el deseo por conocer lo que realmente Viktor podría decir detrás de aquella capa de palabras y entonaciones que solía ocupar para disfrazar sus intenciones. La ira que sentía ya había comenzando a disminuir, si bien aún estaba presente en su interior, esta no se apoderadaba de su ser y le hacía reaccionar a la defensiva, claro está, eso no quería decir que era un cachorro adorable a la espera de cariño.

-Al menos estamos de acuerdo en algo-comentó mirándole desde su cómoda posición en su asiento reclinable, no era algo nuevo escuchar aquello, claro está, no es que Aiden siempre tuviese la razón, al contrario, varias veces se equivocaba, sin embargo, sabía la tendencia del castaño a evitar el conflicto, algunas cosas no cambiaban, por lo cual, una pequeña sonrisa se asomó en sus labios, claro está, intentó no lucirla puesto que no era el momento para ello.
-Ya no tiene importancia, problemas siempre habrán..unos más grandes que otros, claro está-sonrío observando la mueca del contrario, quizás algo habría logrado remover en él, quizás por un segundo entendía en la posición que se encontraba, ya que era imposible que lograse sentir lo que en su interior estaba sucediendo.

Observaba a Viktor sin quitarle la mirada, a menos que sintiese la urgente necesidad de quitarle la vista, más en aquel instante no hacía otra cosa, ¿Y cómo podría culparlo?, habían sido meses sin tener el menor indicio de él, ninguna llamada, carta, mensaje, nada, simplemente nada, lo cual lejos de producirle dolor le volvía loco, por lo cual, tenerlo en frente y poder disfrutar de la imagen le parecía en aquel instante un regalo, por muy complicada que fuese la situación en la cual ambos se encontraban.-Te busqué como Dios sabe que lo hice, hice horas extras para aprovechar los recursos, hasta..hasta dormí en la comisaría varias noches trazando posibles rutas-agregó casi con desesperación, odiaba decirle aquello, puesto que sentía que le hacía lucir desesperado y casi arrastrado, más no podía evitarlo, recordar aquella situación sacaba sentimientos a flote, emociones que no quería aceptar pero que parecían hablar por si mismas. Además, estaba el hecho de que a pesar que Aiden era un adicto a su trabajo, jamás hacía horas extras por que si y mucho menos dormía en la Comisaría, jamás pensó que llegaría a aquello sin embargo en su momento consideró que Viktor lo valía.

Siempre le había parecido una batalla épica tener una discusión con el castaño, puesto que se sentía en desventaja frente a alguien con su inteligencia y elocuencia, si bien no se consideraba inferior en la parte mental, no podía compararse en cuanto a lo cognitivo, en aquel sentido, él era un saco de músculos y emociones ambulante, más jamás en su vida se atrevería siquiera a golpearle, ese pensamiento nunca llegó a cruzar su cabeza, quizás dio a entender algo como eso pero sólo respondía a su ira, sin embargo, prefería morir antes que dañar a la persona que más significaba en el mundo para él, es por eso, que agregaba una nueva razón para odiarse a si mismo, para decirse que no era buena persona, que era un salvaje que con sus impulsos sólo alejaba al único hombre que existía en su vida.

-Entonces dime de qué se trata, explícale a este idiota qué es lo que debe entender-comentó mirándole, para luego callarse cuando este habló, sabía bastante bien que interrumpirlo no era una buena idea, puesto que muy pocas veces lograba mantener una conversación de aquel calibre, sin embargo,esta situación no era una ocasión para alegrarse, sobre todo por lo que detrás había-Siempre he sido sincero contigo, no creo haberte mentido nunca, ni lo más mínimo-agregó mirándole con algo de confusión, claro está, entendía hacia donde quería llegar con esto-Es lo que prima en este momento, si es lo que querías oír..-agregó, molesto en parte por el hecho de que el castaño si le conocía y lo usaba contra él cuando podía-Pero eso no quiere decir que tampoco existan otras..cosas-casi balbuceó desviando la mirada, aún estaba dolido como para referirse a los sentimientos más profundos y puros que tenía por él.

-No tengo como saberlo..después de todo, jamás oí palabra tuya de eso..y no es como que tampoco lo hayas demostrado..si consideramos lo que pasó-agregó mirándole nuevamente, puesto que antes su mirada se enfocaba en un punto inexistente, otra vez salía al juego aquel argumento, sin embargo, Aiden no podía encontrar justificación alguna para ello, era tan contraproducente su actuar y decir que consideraba podría volver loco a cualquiera en su lugar-¿Qué es eso que querías más que nada?-alzó una ceja mirándole, era una pregunta directa, quería escucharlo de sus propios labios, con sus propias letras, palabras y entonaciones, necesitaba oírlo.

Nunca consideró que tuviese suerte, era algo en lo que no creía, el destino, karma y esas cosas siempre fueron más que palabras vacías y cuentos que las personas se inventaban para no aceptar la verdad, él creía en lo que sus sentidos le demostraban, así como en los hechos y las consecuencias que estos tenían, como buen policía, era de argumentos y situaciones lógicas; cuando Viktor apareció en su vida, sintió que todo aquel muro científico que le rodeaba, distante al filosófico, se derrumbaba y daba paso a todo lo que jamás creyó posible albergar, ¿Pero cómo no hacerlo?, si aquel castaño era tan atrayente y tan perfecto a sus ojos que casi parecía imposible fuese real, claro está, lo comprobró cuando tuvo la oportunidad de acercarse a él y dar inicio a la historia que jamás creyó pudiese terminar de aquella forma, sin un final feliz, como el de los cuentos infantiles.

Si bien no contestaba la mayoría de sus preguntas o le daba algún giro a sus afirmaciones, el rubio tenía una idea de las cosas que sucedían, no es que pudiese leer su mente, Dios sabe las cosas que pasaban por ella, sin embargo, tal como el otro decía conocerle, Aiden podía decir lo mismo, claro está, ahora mismo no podría acogerse a aquella presima, ya que las acciones y palabras del contrario distaban bastante del recuerdo que tenía grabado en su mente. Posiblemente muchas de las cosas que decía no tenían la misma importancia para el otro, sin embargo, al menos a él le servía para desahogarse y no quedarse con la sensación de que se calló cosas que por meses guardó dentro de si, claro está, si realmente hubiese querido explotar la situación sería totalmente distinta a la que tenían y claramente uno de los dos no saldría de allí bien, sino es que ambos.

Comenzaba a dudar de este, de lo que pudiese pensar y sentir, puesto que al preguntarle si le amaba se suponía debería tener una respuesta, que consideraba sólo dos variables, si o no, quizás podría argumentar que era algo muy serio para tratar, y claramente tenía razón, pero con mayor insistencia, una respuesta para eso era fácil si realmente uno quería ver la verdad. Su pecho dolía, la falta de aire comenzaba a hacerse presente, expectante de una respuesta, ya fuese positiva o contraria, aún así, el tener al menos algo de todo claro para él era un alivio, claro está, momentáneo, puesto que luego debería lidiar con lo que sea que siguiese.

Las palabras dolían, tanto que sentía que su corazón comenzaba a quebrarse y caer en pedazos, a pesar de que este jamás estuvo compuesto de cristal, aún así, aquella sensación se apoderaba de él, sin embargo, había un punto que tenía claro, no era un dolor fulminante ni mucho menos desagrable, sino que se mostraba como aquel liberador, aquel que luego de tanto tiempo oprimiendo se mostraba indulgente y hasta sanador, acariciando hasta la última fibra de su ser, tal como la mano de Viktor se posó en su mejilla, obligándole a mirarle sin posibilidad alguna de retirarse, lo cual, hace unos minutos atrás hubiese considerado, puesto que no se sentía preparado para el contacto físico. Estaban demasiado cerca, antes nunca le habría preocupado, al contrario, buscaba aquella cercanía con el escritor a cada momento que podía, sin embargo, el desenlace de los eventos que los llevaron a la situación actual impedían que Aiden quisiera nuevamente aquello, no por un tema de orgullo, sino porque sabía que no tenía control sobre sus impulsos cuando lo tenía cerca, inevitablemente se sentía atraído hacia él-Está..bien..supongo-comentó al cabo de unos minutos, las palabras no salían de su boca puesto que no existían, se encontraba prácticamente en blanco ante la confesión del castaño, la cual lejos de todo era liberadora y por qué no, tan ansiada por el Teniente.

Jamás se ponía nervioso, ni siquiera lo estuvo la vez que estuvo a punto de perder la vida en un tiroteo, siempre ha tenido claro que su vida pendía de un hilo en aquella profesión y que morir por ello valía la pena, al igual que su padre, sin embargo, el esclarecimiento de los sentimientos del contrario eran algo que realmente no podía manejar, al menos, no del todo. Sintió un pequeño hormigueo en su cuello cuando sintió los dedos ajenos barrer su cabello, sin embargo el entorpecimiento venía en oleadas mayores al tenerlo tan cerca, al observarlo tan detalladamente y poder sentir el aliento del hombre al que había besado en inmunerables ocasiones, poder repetir aquel gesto parecía una oportunidad única después de tanto tiempo sin tener siquiera un vistazo de su imagen, más, debido a su ausencia, parecía un gesto que quizás ya no se le permitía, aún así, ladeó levemente su cabeza sobre la mano en su mejilla, demostrando que apreciaba aquel contacto.

Si de algo estaba seguro, es que gozaba de una muy buena salud y condición física, su corazón latía como el de un adolescente, fuerte y longevo, sin embargo, en aquel instante este parecía tener dificultades para llevar a cabo sus funciones básicas, viéndose sobrecargado en cuanto al llenado y vaciado de sus cámaras internas y en particular, en el latido, el cual se acrecentó en una cantidad que no debería ser normal..sin embargo, era algo que no podía evitar, puesto que las palabras y gestos del castaño tenían aquel efecto en él, especialmente, cuando una confesión salía de aquellos labios perfectamente delineados-Viktor..yo..tú sabes, te lo he dicho y demostrado cuánto ha estado en mi capacidad, no hay persona en esta tierra que pueda ser más importante para mi que tú, y por sobre todo, no hay nadie a quién ame más que a ti, no es un secreto para nadie que mi corazón te ha pertenecido siempre y así será, para bien o para mal-comentó mirándole también, posiblemente no era necesario que dijese nada, después de todo, el rubio a pesar de su carácter siempre era el más expresivo de los dos y por una vez estaba bueno que el escritor demostrase lo que sentía, sin embargo, Aiden no podía callar lo que aún sentía, no podía suprimir algo que le quemaba por dentro y luchaba por salir a la superficie cada vez que le veía-Yo..no sé que más decirte...sabes lo que siento por ti..-agregó balbuceando más que hablando, su rostro parecía arder por la situación, más aún, sintiendo las manos ajenas en sus mejillas, aquel tacto sólo empeoraba su condición cardíaca, y estimulaba sensaciones tan profundas que deberían ser inexistentes en el cuerpo humano, aún así, cerró los ojos y se dejó abrumar por aquello, ya nada le importaba, sólo la persona que tenía en frente era lo único que necesitaba, por lo cual, acercó su rostro al contrario levemente, para abrir sus ojos y mirar a Viktor, expectante de saber si podría hacer lo que ahora mismo pedían sus impulsos.
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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Jun 08, 2015 9:29 pm
Reconoció que el cambio no debería ser brutal en cuestión de meses, ni siquiera el que sí le gustaría destacar. Había transformado un poco su forma de pensar, queriendo ser ligeramente más positivo de lo que era antes, como mínimo. Y lo hacía por él, por ellos, por la remota posibilidad de volver a estar juntos. Quizá estuviera apuntando demasiado alto, esperanzado en que las soluciones le cayeran del cielo milagrosamente, pero no dejaba de pensar en ello durante horas. Había pensando en todas las opciones, menos en las malas; como si quisiera apartarlas de su cabeza y no contarlas, de modo que así impidiera convertirlas en algo real. Sin embargo, llegar a decir que Aiden estaba frente a un completo desconocido, que no tenía nada qué ver con el hombre al cual conoció en un pasado, sería cosa de locos. Ladeó la cabeza y le miró, levantando las cejas. —Seguro que sí— respondió irónico. —Pero a no ser que me hayas olvidado, me conoces muy, muy muy bien— complementó; su entonación simulaba una falta de preocupación que ni él pudo creerse, puesto que la presencia de que en un principio lo naturalizó como una pregunta fue bastante clara, aunque definitivamente no habría querido escuchar una afirmativa a algo como eso. Mil veces preferiría olvidarse del asunto, antes de escuchar que debería darlo por perdido; estaba listo para lo que fuera, salvo para olvidarse de él.

Viktor lo escuchó sin quitarle los ojos de encima, sintiendo como su espalda se tensaba. Sabía de primera mano lo que significaba sentirse impotente ante cualquier situación, pero al tratar de ponerse en la posición de Aiden durante su partida, las razones que en su momento lo impulsaron a alejarse perdían toda posibilidad de valor. Ya no fue el hecho de que lo buscara, sino el cómo y más que nada el por qué. El rubio podría ser un hombre de excesiva fortaleza y no sorprendería a nadie afirmarlo, pero al mismo tiempo exhibía gran sensibilidad. Esa era una de las cosas que más le gustaban a Viktor; no era el tipo común ni en lo más mínimo, por ello le resultaba imposible concebir un minuto más sin estar a su lado. Ahí estaba la finalidad por la que resolvió salir de su escondite y dar la cara. No quería seguir ocultándose, guardando sus sentimiento y reprimiéndolos sólo por un temor injustificado, por algo que si bien sucedió antes, no era culpa de Aiden que hubiera llegado a su fin de una forma dolorosa que inconscientemente estaba repitiendo.
Comprendía que el camino para recuperar su confianza debería ser largo y probablemente muy difícil hasta para alguien como él, quien siempre ha gustado de saltar los obstáculos y elegir los destinos más complicados en el mapa. En ninguna de estas ocasiones había pasado por una situación similar, no las esperaba y tampoco les otorgaba la importancia de ahora, puesto que no se interesaba en mirar atrás. Sin embargo, por Aiden estaba dispuesto a intentarlo de una y mil maneras, restando las causas para fortalecer lo que vivía dentro de ellos. Un nudo se apoderó de su garganta y Viktor entrelazó sus manos, suspirando al ponerlas contra su boca. Le dolía darse cuenta del daño que ocasionó, y aunque aspirara por ello, sabía que  daba igual lo que dijera, no tenía solución para el pasado.

Reconozco que debí ser más... afectuoso, algunas veces. Y que debí recordarte todos los días y todas las noches lo que... sentía y siento por ti— hubo dicho, hasta que se interrumpió, revolviéndose en el asiento. Tal vez el Aiden de las discusiones tormentosas viniera más en su favor. No dejaba de ponerse nervioso ahora, por algo tan simple como lo era una pregunta directa. ¿Sólo eso, o también el hecho de que lo mirase a la espera sin inmutarse ni un poco? Por Dios. ¿Que qué quería más que nada? Viktor creyó que estaba claro, pero como era de esperarse, también notó que Aiden buscaba hacer que lo dijera. Letra por letra. —No te centres sólo en "eso" que pasó, fue un grave y gran error, del que me seguiré arrepintiendo, juro que sí. Pero— ahí iba otra vez, alargando la respuesta el doble de lo requerido—bueno, no significa que haya sido un hielo, yo... quería estar contigo, Aiden. De verdad, sé que es un poco imposible de creer después de lo que hice, pero es cierto. Eso es lo que quería más que nada en el mundo: estar contigo. Y todavía lo quiero— aseguró, prestando peculiar atención en desviar su mirada a las revueltas fotografías cuando estuvo cerca de concluir la frase. Vaya si se volvieron necesarias de repente.

A pesar de que en lo profundo había estando esperando por ello, oír aquella confesión rompió el ciclo. Si bien lo repetía hasta el cansancio, fue entonces cuando se dio cuenta de lo mucho que le hubo extrañado de verdad. Cada parte de él. Decirlo era una certeza irremediable, tal como encontrarse cara a cara y sentir que flaquearía en cualquier segundo. No obstante, el ardor que provocaba en la boca de su estómago no se debía sólo a la ansiedad que el hombre despertaba dentro de él. Sentirlo suyo una vez más, aunque fuera por cuestión de un instante, alejó de su mente cualquier comparación que hubiera empleado para describirlo. Simplemente no existía semejante definición, no había en el mundo una manera acertada de expresar lo que Aiden despertaba en lo profundo de su ser, ningún medio de explicar lo que le hacía sentir con tan pequeñísimos detalles, y tanto menos, de que fuese capaz de hacerle merecida justicia. Nada, con plena seguridad. Pero a su vez, también era lo único que Viktor no conseguiría describir ni con su insondable directorio de palabras.
Lo sé, sí lo sé— asintió, esforzándose por decir algo, lo que fuera. Podía sentir su cálido aliento recordándole lo mucho que deseaba perderse en sus labios, probar el conocido sabor de su boca y aferrarse a su deleitable cercanía. Mucho más aún. —Está bien... Yo sé que es cierto— expresó enseguida, acariciando sus mejillas con sutileza. Lo que en realidad quería decir era simple: ¿Cómo pude dudarlo?
Sus manos hicieron presión detrás del cuello de Aiden, y olvidándose principalmente del lugar donde se encontraban, Viktor dejó que sus reprimidos sentimientos aflorasen por completo. Agachó su cabeza y atraiéndolo hacia sí, concedió la oportunidad de que sus labios se fundieran al compás con los de él, conectándose en un profundo beso. ¿Qué importancia tenía discutir? ¿Cuál era el objetivo sino ése, precisamente? El afecto mutuo y reconocible a la distancia; el fuerte vínculo que alguna vez los unió y ahora no cabía duda de que continuaba presente.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Jun 10, 2015 9:32 am
Su vida siempre había estado en un constante sube y baja, debido a su trabajo, no podía darse el lujo de tener una vida ordenada, en gran parte era su culpa, puesto que al obsesionarse con lo que hacía alejaba las posibilidades de tener todo lo que los demás presumían: diversión, familia, amor, etc, sin embargo, la otra parte no tenía posibilidad alguna de cambio: su familia estaba en Los Ángeles, no tenía tiempo para ir a visitar a sus mujeres pero no había día que no las llamase por teléfono o les enviase regalos, la diversión estaba sujeta a si alguien más quería estar en su compañía puesto que su definición de aquella palabra era ir a un bar un par de horas, beber y caer casi como un muerto en su cama, y en cuanto al amor, era el terreno más peligroso e inestable, puesto que Aiden jamás se había enamorado de nadie, nunca sintió algo realmente fuerte por una persona, claro está, hasta que Viktor entró en su vida, convirtiéndose en aquel por el cual veía el mundo de una buena forma, aquel por el cual intentaba no ser tan pesimista y gruñón.

Sus palabras siempre parecían entorpecerse las unas a las otras cuando tenía al castaño al frente, era una sensación horrible para alguien que gustaba de sentirse invencible y serio todo el tiempo, sin embargo, el contrario anulaba sus defensas y se colocaba hasta lo más hondo de su interior-Me sería imposible olvidarte..a decir verdad-ignoró su tono sarcástico, ciertamente había dicho aquello con algo de rabia, pero también dudaba en su momento, puesto que el comportamiento y sus palabras distaban bastante de cómo había sido cuando estaban juntos-Y si,te conozco muy bien-comentó mirándole fijamente, tenía claro que no se podía fingir conocer a una persona del todo, menos a él que era intrínsicamente complicado, sin embargo, consideraba tener la suerte de poder aprender de él y estar a su lado, lo cual suponía que le permitiría llegar a saber quién era en verdad.

Sus palabras y toques eran todo para Aiden, añorar a una persona nunca fue algo que se propusiese, no era algo que contempló jamás para su futuro, sin embargo, las mejores cosas solían suceder sin previo aviso ni plan conocido, y el castaño era lo mejor que le había pasado-Si..debiste hacerlo-comentó aún esperando su respuesta, claramente, era un mero capricho suyo hacérselo decir, pero sentía que era algo mínimo comparado con todo lo que él había pasado, una especie de pequeña venganza, aunque respondía más a su propia inseguridad-No es algo que pueda olvidar, al menos no por un tiempo-agregó mirándole, sin embargo no buscaba hacer mella de algo que no tenía como solucionarse, a menos que pudiesen retroceder el tiempo, imposible totalmente para seres tan simples como ellos-¿Tanto te costó decírmelo cuando correspondía?..¿Tanto te cuesta aceptar que me harías el hombre más feliz si quisieras estar conmigo?-añadió aquella interrogante, aunque más que una pregunta era una especie de afirmación para ambos.

Siguió su mirada hacia las fotografías regadas sobre el escritorio, las cuales no tenían nada que ver en aquel asunto, por lo cual, suponía que se mostraban como una buena distracción para el escritor, sin embargo, lejos de molestarle, decidió ignorar el hecho, a él mismo le gustaría perderse por un momento frente a todo lo que sucedía en aquel instante, sin embargo, como siempre, miraba a los ojos y no podía fingir no estar allí.

Sentir sus manos sobre su rostro era una de las mejores sensaciones que recordaba, claro está sentirlo no se podía comparar con un mero recuerdo, las sensaciones que provocaba en él era tan indescriptibles como agradables, ningún alimento o bebida podría estimular su estómago cómo lo hacían sus caricias, ni siquiera la impresión o susto más grande podrían acelerar su corazón como Viktor lo hacía, realmente, Aiden estaba enamorado, y todo su ser lo sabía, tanto que se estaría negando a si mismo si en algún momento pudiese decir lo contrario. No tenía fuerzas para oponerse si es que siquiera lo hubiese querido, estaba desarmado frente a él, a pesar de que cargase una arma con él, no había protección alguna para Aiden, por lo cual, cuando sintió como lo atraía hacia él simplemente se dejó llevar por la corriente, así como por sus sentimientos cuando sintió los labios ajenos posarse sobre los suyos simplemente se dejó llevar, puesto que aquel beso era todo lo que necesitaba para sentirse mejor, para ver un pequeño rayo de sol en la tormenta en la que se había convertido su día y su vida por sobre todo; nada en aquel instante parecía importante, ni siquiera la discusión de hace un momento podría amenazarlos, simplemente, allí estaba el rubio disfrutando de sentir el contacto entre su carne y la contraria, parecían tan compenetradas tal como una llave y su cerradura, lo cual enviaba oleadas de sensaciones hacia su centro, aumentado cada vez más en directa proporción a las respuestas que Aiden le daba, correspondiendo con más ganas de las estrictamente necesarias.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Jun 12, 2015 4:17 pm
Ignoraba lo que sería perderlo, desde un principio, mucho antes de tomar la decisión de alejarse en cierto momento, no había pensando en cómo sería apartarse de él y acabar con lo que tenían juntos. No tenía idea de que le afectaría con aquella carga de pesar, o que a la menor oportunidad, el arrepentimiento de sus actos estaría llamándolo a revivir en los recuerdos. Ni siquiera se había detenido a replantear lo desolador de mantenerse a distancia, porque el minuto de paciencia y lucidez que debió concederse en el pasado, lo había saltado sin más. Sin embargo, ahora no podía anular lo sucedido y poner marcha atrás con la intención de evitarlo, de retractarse a tiempo. Su mente respondió a la interrogante, aunque Viktor no lo hizo en voz alta. Lo miraba a los ojos, tragándose el nudo que iba creciendo en su garganta, impidiendo que él pudiese emitir sonido alguno. Conocía la réplica, pero como ahora lo había confirmado por todos los medios disponibles, las palabras no le venían suficientes. —No; no ahora. Pero antes, no sabía lo doloroso que sería perderte— manifestó, aún cuando tenía bastante claro que admitirlo no cambiaría nada; sintió que el policía merecía escucharlo, que debería saber cómo había sido desde el principio también para él. Quizá se hubiera equivocado y ocultado muchas cosas para con los demás, tal vez no se hubiese mostrado totalmente sincero todo el tiempo o lo hiciera a medias, exceptuando detalles, pero en lo único que jamás tuvo dudas fue el inmenso cariño que sentía y seguía sintiendo por Aiden.

El escritor posó su mano en la nuca del contrario y revolviéndole el cabello, convirtió aquel beso en un acto vivaz, entrañable y apasionado, como si quisiera familiarizarse con su calidez, la humedad de su boca y por sobre todo, su absoluta entrega.  La respuesta del rubio correspondiendo a su beso había sido motivo suficiente. Trazó una suave ruta acariciando su pecho por encima de la ropa y aferró su mano en la tela de la camiseta, sumergiéndose en lo que dictaba la parte más sensible de su médula, ansioso de rendirse nuevamente en los labios del policía. Moviéndose con sutileza, Viktor bajó hasta su barbilla y depositó un beso, disfrutando de la oportunidad de probar el conocido sabor de su piel una vez más. Sentía una intensa atracción que se entremezclaba con el profundo amor que su corazón albergaba por el policía, una ardiente y abismal adoración que no se presentía capaz de rechazar, ni tampoco de querer hacerlo. Su mente y su alma finalmente estaban de acuerdo en una cosa, después de años, de toda una vida, percibían el inminente acoplamiento que por azares del destino se hallaba entre ellos dos.
El beso persistió hasta que Viktor, pausadamente, se apartó de sus labios. Había estado a punto de subirse al escritorio o partirse por la mitad, si pensaba que atravesar el mueble podía ser una opción viable. Ni hablar de las fotografías sobre de éste, que aún cuando el castaño trató de apartarlas evitando así estropear alguna, al menos dos tuvieron la desgracia de perderse en el suelo ante el frenesí de sus presentes.
Sin embargo, Viktor no dejó que el tiempo se pasara volando por segunda ocasión. Ahora era él quien no estaba dispuesto a ver marchitarse uno sólo de sus minutos junto a Aiden, y encima, no gastaría un respiro de su atención en algo más que no fuera el hombre que tenía delante. Rodeó el escritorio y, tan pronto como hubo cruzado hacia el lado opuesto, dobló una rodilla apoyándose así en el suelo y giró a medias la silla donde el rubio se encontraba sentado, produciendo que sus ojos desviaran siempre en la misma dirección, hacia él. Ladeó la cabeza y acercó el rostro del policía hasta que sus respiraciones se fusionaron. Fue un momento, un brevísimo instante que ni siquiera pareció existir. La pausa había durado lo mismo que un pestañeo.
Lo besó, regalándose el efímero contacto de su exquisito sosiego. —Lo siento. Lo siento muchísimo— dijo, una vez se hubo retirado. Las palmas de sus manos reposaron en las rodillas de Aiden, hasta que se frotó la frente con su derecha, añadiendo—: Dios mío. Fui un completo idiota, uno de verdad—. Bien, sí, parecía una máquina programada para auto-recordarse culpable de los hechos, pero no podía evitarlo. Apenas lo entendía y notaba la magnitud que dio a acontecimientos insignificantes, creando algo todavía peor, haciendo lo que no quería que le hicieran y repitiendo la mala experiencia que debió soportar en sus ayeres, aunque ésta vez contra el hombre que afirmaba y juraría querer.
Vamos, tendrá más valor si tú lo dices. Repite conmigo: «Viktor: fuiste muy, muy, muy idiota. Y eres terrible siéndolo»— resaltó, enfatizando la entonación de la frase por la tercera reiteración. Era cierto. Y para eso estaba ahí, con el afán de solucionarlo y quizá, ahora con mayores probabilidades de las que creyó tendría, empezar desde cero. Posiblemente seguía siendo una muestra egoísta pedirle a Aiden que se olvidaran del asunto, fingiendo que no sucedió y que la relación entre ellos continuaba intacta, sin rasguños ni pesares, pero en ésta ocasión no era una forma de expresar su poco altruista personalidad. Quería hacerlo y a pesar de no poder pedirlo, lo pensaba con el primordial objetivo de olvidarse de las equivocaciones y esforzarse por lo que sí valía la pena, como lo era ahora su futuro; no el de uno o el de otro, sino el de ambos. Empezar a ubicarse en el mañana donde finalmente pudieran estar juntos, es lo único que a Viktor le parecía significativo a rescatar.
Sabes que te amo, ¿verdad?— le cuestionó, acariciando el dorso de su mano. —¿Me crees?— complementó de inmediato, para dar a entender a lo que se refería. Sí, se lo había dicho y no cabía duda de que Aiden lo había escuchado salir de sus labios. Pero aún así, quería asegurarse de que sus sentimientos hubiesen sido recibidos de forma sincera. Faltaba mucho para demostrar, también, no obstante debía empezar por algo. —Necesito saber que me crees, porque es cierto. Te amo. Te amo y, lo juro, si me confías esta última oportunidad para hacerte feliz, voy a recordártelo todos los días de mi vida. No quiero perderte otra vez, Aiden; no podría soportar apartarme de ti nunca más. Tendría que observarte de lejos y seguir tus pasos a diario, como esos chicos que deberían enviar a prisión por acoso y parecen haber inspirado a Sting para una de sus canciones con The Police, y ¿ves? ahora estoy divagando...


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Jun 14, 2015 12:23 pm
No era un sujeto que se diese por vencido fácilmente, de hecho era bastante obstinado como para ello y peor aún si se obsesionaba, puesto que no habría nada realmente que le impidiese seguir, tal como lo hizo cuando Viktor desapareció sin más, su primer movimiento tras sentir cómo su interior se destrozaba fue volcar toda su atención en buscarle, por una parte, su obstinación le permitía no pensar ni sentir más allá de lo estrictamente necesario, puesto que si dejaba aunque fuese lo más mínimo para salir estaba completamente seguro de que se desmoronaría y no podía permitírselo, no él. La otra parte, es que su propio orgullo o quizás apego hacia el castaño no le permitirían dejarle ir tan fácil, no sin una justificación, una mirada, algo que pudiese indicarle el más mínimo indicio de su actuar, por lo cual, era imperativo encontrarle, no como en las películas vivo o muerto, tenía que verle, sujetarle por los hombros y si era necesario obligarle a hacer algo más que sólo desaparecer, sin embargo, como una cruel broma y muy bien pensada, no fue capaz de dar con él, restregándole en el rostro que a pesar de ser El Teniente de la policía al final era un inútil más.

-Ni te imaginas lo doloroso que fue para mi que me dejaras, lo impotente que me sentía..-le miró fijamente, sin embargo, sus ojos podían reflejar un atisbo de todo lo que había pasado, quizás no estaba en paz ni lo había superado, pero al menos ya se sentía un poco más como él, por primera vez, su obsesión con su trabajo venía en su rescate, obligándole a concentrarse sólo en ello y envolviendo en capas todo lo que en su interior amenazaba con colapsar y explotar regando por todas partes el desastre que Aiden conformaba desde la partida del castaño.

En su mente pensamientos iban y venían, entorpeciéndose los unos a los otros mientras su pecho no dejaba de latir a golpes, luchando por escapar de su caja torácica, abriéndose paso a través de todos los tejidos y músculos que lo recubrían, era algo doloroso, pero un dolor soportable y aunque sonase extraño agradable, puesto que aquel órgano palpitaba con rapidez por el contacto con la única persona que era capaz de moverlo; sentía los labios de Viktor en los propios, la ausencia de aquel contacto por meses parecía ser sólo un recuerdo para él cuando sus labios se juntaban, era algo tan conocido que ni siquiera parecía que fuese el primero desde hace tiempo, su boca recibía la ajena en una danza apasionada e insistente, al parecer, el rubio no era el único que extrañaba aquello, puesto que podía sentir el hambre contraria devorarle la boca.

Ya no sentía como antes, al menos durante los anteriores minutos donde se encontraban sumergidos en una discusión, no, ahora el contacto del castaño estimulaba sentimientos ocultos profundamente, su mano sobre su pecho se sentía cálida y Aiden por un momento se preocupó de que este pudiese sentir el pulsar de su corazón, no por un tema netamente médico, sino por una tonta vergüenza, más nada podía hacer si él continuaba con aquello. El rubio por su parte en primera instancia se mantenía en una posición erguida, sin embargo, pronto sus manos se movieron y rodearon la cintura del escritor sujetándole con fuerza, como temiendo que este pudiese marcharse de nuevo, su agarre le permitía juntar más sus cuerpos y disfrutar de sus caricias, como el sentir aquel beso en su barbilla, aquella sensación le provocó una sonrisa además de cosquillas y claramente estimulaba su centro, sentir aquello luego de meses de ausencia suponía un golpe bastante bajo a su interior, sin embargo, era agradable alejar la nada y reemplazarla poco a poco con lo que antes existía.

No estaba preparado para separarse tan rápido, ignorando la falta de aire y que debía de respirar, quería fundirse y perderse en aquel beso, no era su idea permitir que la boca ajena se alejara, sin embargo, aún así sucedió, mientras el castaño se alejaba un poco, Aiden relamió sus labios sintiendo el sabor ajeno, como una degustación de un alimento que hace tiempo habías dejado de probar. Pensó que la demostración de cariño había llegado a su fin por parte del castaño, sin embargo, Aiden no pretendía quedarse así, necesitaba más, mucho más de lo que había recibido, había sido tanto tiempo que un beso no llenaba el vacío que creció en él, quería más y lo buscaría si era necesario, sin embargo, antes de cualquier movimiento que hubiese podido realizar, Viktor se acercó a él impidiéndole levantarse de la silla, allí estaba el castaño, con una rodilla en el suelo obligándole a enfrentarle, sus claros ojos brillaban en aquel momento, quizás por el reflejo de la luz o simplemente debido a lo atrayentes que le parecían.

Casi como un peso muerto se dejó atraer, aspirando el aliento contrario con fuerza, no podía hacer otra cosa que disfrutar hasta de los detalles más mínimos, simplemente el castaño desarmaba a Aiden en partes tan pequeñas como un rompecabezas de 200 piezas, más cuando sintió los labios ajenos nuevamente esta vez le sujetó de la nuca devorándole hasta que el contrario volvió a alejarse, esta vez, para dejar escapar palabras para las cuales no estaba preparado, sin embargo, había ansiado por tanto tiempo que ahora sólo parecían un recuerdo amargo-Está bien..-le miró desde su posición, comenzaba a sentirse mal, quizás había esperado una disculpa por parte de Viktor hace tiempo, que le dijese que era un idiota como lo estaba haciendo, sin embargo ahora que sucedía no terminaba por saberle bien, ver a la persona que amaba en aquella situación no era algo agradable, por mucho que se lo mereciese-Lo fuiste, pero eso ya es parte del pasado..-comentó lentamente, sus manos luchaban por alzarse y tomar el rostro contrario entre sus dedos, sin embargo, sabía que tenía que dejar aquel momento transcurrir normalmente, era necesario, si esperaban de alguna forma retomar lo que habían dejado atrás.

Suspiró y rodó los ojos, a veces solía ponerse muy dramático y teatral, las palabras no lo eran todos y muchas veces sobraban, sin embargo, no podía interrumpir su parlamento, no le parecía correcto-No te ayudaré en tu camino por la redención, además no es justo que yo te diga eso, vale más si tú lo asumes, no si lo dices-le miró por un momento seriamente, claramente, no quería empezar una discusión ni tampoco escupirle culpas en el rostro, sin embargo, consideró que aquel momento era propicio para ello y que no sólo le daría una lección sino que le ayudaría a mejorar como persona, algo que Aiden siempre intentaba hacer, así como el castaño le hacía mejor persona a él estando a su lado. Estiró sus manos y tocó los dedos ajenos, aquel simple contacto ya era algo más de lo que no había tenido desde hace tiempo, acariciar aquella porción de su cuerpo le permitía recordar momentos que habían vivido, donde todo parecía una bonita historia, y no el drama casi de telenovela que estaban rememorando-Ahora lo sé-asintió y sonrió levemente por su caricia-Te creeré-enfatizó enarcando una ceja, sonaba a un tiempo futuro pero Aiden estaba dispuesto a hacerlo desde ese mismo instante, simplemente necesitaba que Viktor fuese honesto y estuviese seguro de que ambos se correspondían.

Le observó y se mordió el labio ante sus palabras, aún no se acostumbraba a que el escritor fuese honesto en cuanto a sus sentimientos, no es que no lo fuese nunca, sin embargo, existía una clara diferencia entre el ayer y el hoy, por lo cual no podía culparlo si dentro suyo sus entrañas parecían removerse a cada momento, tras escucharlo, levantó sus manos y colocó una a cada lado de su rostro, acunando ambas para aquella barbilla que tanto conocía-Si te creo, y si no lo hiciera lo intentaría, quiero creer que podemos estar juntos y ser felices, no hay nada más que quisiera que eso, tú y yo contra el mundo; estoy dispuesto a darte otra oportunidad, si tú realmente quieres estar conmigo la tendrás, puesto que, egoístamente, quiero que sea así, mi amor por ti me hace ansiar tenerte sólo para mi-acarició con sus dedos su tersa piel, suave y cálida al contacto-Sueles hacerlo mucho, pero es algo que aprendí a apreciar-acercó su rostro y posó sus labios en los contrarios al menos un par de minutos-¿Un día a la vez, te parece?-comentó contra sus labios, sin separarse, sintiendo la piel quemarle en aquella zona.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Miér Jun 17, 2015 3:59 pm
Francamente no podía hacerse una idea. Quería dejar de sentirse mal por lo que había hecho, pero al mismo tiempo esperaba que la carga en sus hombros no se fuera tan rápido. Le servía como un recordatorio, una absurda especie de castigo individual para sus propios reproches, porque si bien no los hacía el policía, no cómo imaginó que estaría sucediendo durante los próximos días, tal vez semanas, él tenía suficientes para rendir en el espacio que el otro dejase libre. Lo hacía mecánico, un acto de reprensión más bien por costumbre y necesidad. Escuchar a Aiden decirlo de esa manera, oírlo destacar el hecho de que lo había dejado a su suerte y sin explicaciones, volvía incrementar su pesar de una manera considerable, y por supuesto, sabía que tenía todo el derecho de repetirlo cuántas veces lo considerase necesario; el problema fue que ya no parecía comentárselo como parte de un reproche. Claro que tampoco podía hacer nada para evitarlo, porque de hecho, Viktor no estaba precisamente en el modo propicio y merecedor de ponerse en una posición que no le correspondía para nada, la de hacerse el sufrido por el tiempo de ausencia; ahí sí, había sido una elección suya... hasta que no pudo aguantar más el peso de su estupidez.
Puedo darme una idea— respondió, mintiendo a medias (porque no podía), arrugando la frente en señal de aprensión. Eso también llega en automático, pero a su desgraciada fuerza de voluntad no le dio la gana intervenir, igual que se cegó desde un principio y sabría cómo, cuándo o gracias a qué consiguió dominarle.

Sin embargo, eso era el antes y esto era el ahora. La única oportunidad que había estado esperando la tenía enfrente, y aún cuando le hubiese gustado tener menos control en la situación, menos preocupaciones con el sencillo gesto de unir sus labios y dejar que las acciones lo resolvieran todo, su mente le lanzó una señal negativa, un aviso de que eso sería exactamente lo mismo que había estado haciendo antes, rehuyendo al resto de sus sentidos y escuchando a uno solo, puesto que no había hecho otra cosa que pensar en el sufrir, ignorando el resto de emociones que le gritaban la verdad. Atento a su respuesta, no dejó de mirarlo a los ojos, perdiéndose en aquel azul como había sucedido en infinidad de ocasiones, momentos en los que rozando sus labios, succionándolos con suavidad, podía sumirse en la humedad de su boca. El recuerdo se hallaba fresco en su memoria, tanto que justamente mientras pensaba en ello con suma claridad, miró a Aiden pasear la lengua entre sus labios y casi se obligó a cerrar la boca y callarse de una buena vez, optando por desechar las palabras en seco, pero ya que había comenzado se obligó a darse un poco de lucidez y continuar.

Sí, seguro parecería extraño el que esbozara una sonrisa apenas obtener la confirmación de haber sido un idiota. No fue como lo esperaba, dado que no lo repitió e internamente, Viktor debía admitir que no quería escucharlo del todo saliendo de su boca. Terminaría creyendoselo mucho, y nadie necesita tener eso en su cabeza a la hora de una reconciliación. El castaño asintió con la cabeza y se peinó los mechones de cabello que le habían caído a la frente, sin poder ignorarlos; o simplemente, queriendo mantener las manos ocupadas en cualquier cosa; nunca había sentido la inagotable exigencia de poner las manos en alguien más, por mucho que quisiera reprimirse y mantenerse al margen, según él hablando con la coherencia que en ese momento, ya le caía escasa. Con Aiden todo parecía ir de otra manera, a él lo deseaba, lo quería, y sin duda, no se imaginaba compartiendo un minuto de su tiempo juntos con nadie más. Así era, aunque costara trabajo admitirlo, Viktor se convertía en un ser humano caprichoso, celoso y egoísta, con tal de conservar lo que era suyo, lo que anhelaba mantener a su lado sin importar lo que tuviera que hacer para conseguirlo.
Sí... Tal vez tienes razón— reconoció, sólo para no ponerse a discutir sobre la gran presencia que podían significar para Viktor cuando cosa que viniera de él. Vamos, le creía todo. A veces se lo negaba y eso ocasionaba malentendidos, pero actuaba así nada más para no sentir que al estar juntos perdía todo su dominio, el control de sí mismo, que por alguna causa dejaba de existir para normal y su función significativa solamente cobraba reacción para con Aiden.

Aún con las divagaciones, el deseo incrementando el calor en su cuerpo y la intensa necesidad que tenía de convertir el escritorio en un apropiado multiusos, seguía teniendo presente el lugar donde se encontraban. Sabía que no estaban solos y que en cualquier momento alguien podría interrumpir llamando a la puerta, pero milagrosamente en su actitud de garantía antes de cualquier cosa, no le importó. Quería acostumbrarse a la calidez de su tacto, a sus besos, a su entrañable presencia. Lo demás salía sobrando. Él sólo necesitaba volver a confiar en que no volverían a apartarse, ni por sus decisiones sin sentido ni por las de nadie más, asegurar que ésta vez fuera completamente cierto y, por ello, cuando lo escuchó corresponder, alcanzándolo la sinceridad de sus palabras, dicha seguridad pudo hacerse de firmeza por la entonación de su voz. Viktor sonrió complacido, pudiendo rozar los labios del rubio con los propios. Eso era suficiente, aunque se tratara de un hombre de grandes planificaciones respecto al tiempo, a las actividades, al trabajo y prácticamente a todo en absoluto, no requería de más para correr con todos y cada uno de los riegos que pudiesen presentarse en su futuro. Ya no. Ahora tenía razones de peso para tratar de cambiar su perspectiva y dejar lo innecesario tras la espalda. —Bien— lo aprobó, e incorporándose de a poco, apoyó las palmas de sus manos en los hombros del policía, buscando que tanto Aiden como él, por fin tuvieran ése momento de paz tan buscado— Un día a la vez— reafirmó luego, pronunciándolo en un volumen de voz tan bajo que si sus rostros no se encontraran ante semejante cercanía, apenas se habría escuchado a sí mismo.

Envolvió sus manos alrededor de él, se inclinó, lo atrajo por la cintura y, sintiendo la firmeza de su cuerpo, el calor que desprendía entrelazándose de mil maneras en un nudo de emoción y ansiedad, movió un poco la cabeza y acortó la poca distancia que los separaba, hundiendo su boca en la de Aiden. Lo sujetó por el extremo de la camiseta y al cabo de los minutos, conforme su pecho se agitaba a consecuencia de la falta de aire, tiró de ésta hacia arriba, se apartó un momento para recobrarse, segundos en los que ávido por el delirio de su agitada respiración, regresó a sus labios, e intensificando la unión que los componía en uno mismo, deslizando su lengua al interior. Acoplándose a su proximidad, se sentó sobre sus piernas y pasando una de las propias a cada extremo, aferró la camiseta del contrario en su mano, deslizándola al tiempo en que con sus dedos, dejaba pausadas caricias sobre su torso desnudo.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Jun 18, 2015 11:13 pm
Jamás lograría comprender por qué todo era tan complicado, la vida era un nido de pájaros, compuesta por muchas ramas y enredadas una sobre otra para construir una estructura que soporte a las crías, así mismo sentía que era existir en este mundo, cada decisión, palabra o acontecimiento se convertía en una rama que sostenía al nido que resultaba ser cada persona, y por lo tanto, el menor error podía hacer flaquear aquella construcción y amenazar con hacerla caer desde el árbol hasta un final irremediable. Aiden desde muy pequeño se había acostumbrado a ver las cosas tal como eran, para él no existían las mentiras blancas o aquellos parches que solían usarse para quitarle impacto a una verdad, No, él sintió de primera mano el choque que tenían las palabras y las situaciones, después de todo, fue criado por un padre que era policía, en una Alemania que nunca descansaba y no perdonaba la debilidad.

-Ya lo creo..-agregó sin embargo era palabras vacías, sabía que él no podría entender nunca cómo se había sentido, claro está, no existían palabras o gestos suficientes para ello, por lo cual no podía culparlo, aunque por él la situación hubiese sido de aquella forma.

Era casi gracioso el tenerlo tan cerca y poder tocar hasta el más fino de sus cabellos si quería, aquella sensación de pertenencia no se podía comparar a nada, tal paz y plenitud sólo podía encontrarla en el amado, aquel que unía cada parte de su ser impar, volviéndole un sujeto completo, quizás no intelectualmente, pero en cuanto a sus emociones permitía que estas se explayasen por completo, para bien o para mal, claro está. Por un momento que no parecía tener duración definida, el rubio observaba a Viktor en silencio, tan sólo sus ojos oscilaban de un lado a otro al mirar el rostro tan terso que tenía en frente, aquello no obedecía a la belleza física que poseía, la cual le había conquistado en parte, sino a lo que podía ver a través de sus ojos, sonaba algo completamente ilógico, pero Aiden se sentía completamente atraído por algo que no podría explicar, sin embargo, allí estaba como la primera vez que le había visto, y ahora se encontraba más intensificado dada X razones.

-Tal vez..tú nunca cambias-aventuró una pequeña risa mientas le miraba, le conocía tan bien, como si siempre hubiese estado a su lado, al principio le asustaba tener tal compenetración con una persona, puesto que así como los secretos de Viktor le eran relevados la situación sucedía inversamente, aunque claro, nadie podía decir que estaba preparado para ello. No, Aiden no lo estaba, pero con el tiempo consideró que si iba a amarlo lo haría bien, y eso conllevaba que se entregase completamente, liberando aquel seguro que todos luchaban por controlar, aquel espacio que brindaba seguridad en tiempos austeros, la parte que cada uno albergaba dentro de si que nos protegía de quebrarnos en trozos al primer golpe.

Sus manos acunaban el rostro del castaño con sumo cuidado, una pieza de cristal tan débil que al mínimo contacto podría quebrarse, así lo consideraba en aquel instante, lo cual no sugería debilidad, sino al hecho de el valor que tenía  y por lo cual debía de cuidarlo o en este caso, sostenerle. El tacto de su piel con la contraria mandaba oleadas por todo su cuerpo, el calor ajeno volvía a ser nuevamente una necesidad para él, como en el pasado, cuando Aiden sentía la urgente necesidad de tenerlo entre sus brazos, el poder permitirse amarlo en su máxima extensión y sin nada que pudiese interponerse entre ellos, era ahora prácticamente imprescidible.

-Tenemos un trato entonces, Sr. Bertholon-agregó como oración final a todo el asunto, por su parte, no tenía nada más que agregar, bueno, nada que fuese en pro de lo que comenzarían a construir, por que si quisiera discutir podría estar horas en ello, sin embargo, era una pérdida de tiempo cuando sinceramente lo único que quería era estar con él.

Recibió la boca del escritor en la propia y simplemente esta se movió en una danza tan natural en él y conocida que parecía algo innato, como sentía siempre, que sus cuerpos estaban entrelazados de formas que no entendía, sin embargo, no podría prescindir de ello, sería como rechazar un órgano o tejido propio. No estaba preparado para nada aquel día, sin embargo, tal como había sucedido muchas veces, el contacto de la piel de Viktor con la suya se sentía eléctrico, desplegando una red de energía que recorría su médula espinal y todo sistema que compusiese a su cuerpo, los dedos de este se sentían cálidos frente a su piel desnuda, sin embargo, una sensación aún más placentera y estimulante se disparó cuando sintió la lengua ajena en su boca, como reflejó, acarició con su propio órgano aquella, masajeándola al contacto. Podía sentir el hambre del castaño en aquel gesto y su propia excitación crecer a cada momento, era increíble cómo el deseo comenzaba a apodarse de él y obligarle a ansiar la carne del otro; se acomodó para permitirle sentarse encima de sus piernas, la silla no era lo suficientemente cómoda para los dos pero parecía soportar el peso de los cuerpos, sin embargo, era la menor de sus preocupaciones en aquel momento, puesto que un calor crecía en su torso entre cada caricia, obligándole a gruñir suavemente por aquello-Espera..dame unos segundos-se obligó en un instante a hablar, odiándose por interrumpir el momento, sin embargo, era imperativo que pensara un poco, después de todo, no podía olvidarse de donde estaba-Melissa, estoy solucionando un asunto importante, por lo cual desvía cualquier llamada y bajo ningún motivo nadie puede molestarme, cuento contigo-ordenó a su secretaria por el teléfono, tras escuchar una afirmativa colgó el teléfono y miró a Viktor-No me podía arriesgar..además, no quiero que nadie nos interrumpa..ahora que te tengo nuevamente..ni de broma-comentó rodeando su cintura con sus brazos obligándole a acercarse a él, mientras sus labios se encontraron con los ajenos de forma pasional y bastante excitada, mordiendo el labio inferior de vez en cuando.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Jun 19, 2015 8:48 pm
¿Ahora?— la pregunta fue retórica, pues era bastante evidente que la petición no iba para el aire. Sin embargo, Viktor se limitó a retirar su boca de los labios ajenos, sin ninguna intención de levantarse cuando lo vio extender su mano y sujetar el teléfono. Agachó la cabeza y sepultó su frente en el hombro izquierdo, permitiendo que sus manos se situaran fácilmente a los costados del rubio, tan quietas como el menor movimiento de sus dedos parecía no existir, desplazándose de arriba a abajo sobre la tela de la camiseta. Vamos, tampoco podía estar completamente quieto, al menos no teniéndolo así. Había pasado mucho tiempo desde la última vez, ahora no quería alejarse ni para probar su falso autocontrol respecto a él. No podía, simplemente, porque aspiraba a invadir cada minuto de su tiempo como fuera posible, deleitarse en su compañía, quererlo con todas sus posibilidades y disfrutar de cada una de las sensaciones que solamente Aiden conseguía despertar en su interior.

Soy un asunto importante— repitió y levantó su cabeza para mirarlo, sonriendo en plenitud. Al menos ahora conocía el nombre de la pobre secretaria a quien había tratado de pasar por alto, aunque a decir verdad, no podrían alegar mucho en su contra al haber olvidado un paso importante en su formación educativa. Estaba distraído desde el inicio, pensando en las respuestas que probablemente surgieran de sus comentarios, y luego las posibles respuestas de esas respuestas y... un montón de planificaciones en concreto, sólo para que ninguna resultara en base a lo esperado. Su cabeza había estado a punto de estallar entre las múltiples divagaciones que le enviaba a su cerebro, cuando lo único que tuvo que hacer desde el comienzo, fue sincerarse.

Atrapando su boca en un vaivén acompasado, el castaño correspondió a su beso y lo dejó surgir, prolongarse, hasta que el ritmo de su respiración se intensificó considerablemente. Sentir el tacto de sus labios, su aliento entremezclándose con el suyo, lo hacía sucumbir a la percepción de algo antes ya vivido. Un hecho que añoraba y difícilmente habría olvidado. Paseó la lengua entre los labios de él y volvió a sumirse en un vehemente beso, aferrando sus manos en los brazos de Aiden, paseándolos con lentitud de arriba a abajo y hasta sus hombros, ejerciendo presión en la unión de sus cuerpos.
Tiró de su labio inferior con un leve mordisco, luego se apartó en la falta de aire y encontrándose con el iris de sus ojos, permitió que la agitación de su pecho pudiera serenarse, mientras su lengua aventuraba por un novedoso recorrido. Humedeciendo la piel del policía, Viktor ladeó su cabeza y desplazó su lengua por la firmeza del cuello, descendiendo pausadamente entre pequeños besos que, obstaculizándose en el borde inicial de la camiseta, le hicieron volver por la misma línea invisible hasta su boca, al tiempo en que con su diestra formaba un sendero de caricias por el pecho del rubio, precipitándose hacia la altura de su ombligo y frenando en la bragueta del pantalón.

Sin pensarlo dos veces, el escritor desprendió el botón de la bragueta y dejó que la cremallera se corriera despacio, pudiendo sentir el tamaño de su incipiente erección, acariciándole incluso a través del tejido que lo separaba de su piel, guardando el ardor y la humedad que sin ninguna duda también sentía en carne propia, incrementando el fervor de su estimulo a pasos agigantados. Palpó su miembro y primero le acarició por fuera, rozando su nariz con la de él, con el mismo gesto entre sus labios, unidos, pero ligeramente apartados, simplemente rozándose en la combinación de sus respiraciones entrecortadas. Quizá fuera una reacción de la ausencia o tuvieran algo qué ver la urgencia de sus besos y sus caricias, el reducido espacio y su inagotable deseo por él, pero a Viktor le costaría muchísimo trabajo tratar de recordar una ocasión en la cual pudiera haber sentido más excitación, una sola; casi parecía imposible creer que pudiese haber existido nunca. Adentró la mano en sus calzoncillos y tras descubrirlo al exterior, presionó ligeramente y rodeó su miembro a lo ancho, iniciando un movimiento vertical.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Sáb Jun 20, 2015 4:44 pm
Ignoró su pregunta puesto que no había necesidad de responderla, era imperativo que informase a su secretaria acerca de que no estaba en condiciones de aceptar llamadas o visitas sorpresas, vamos, que la oficina del Teniente solía ser el centro social en la Comisaría, puesto que generalmente los problemas se elevaban a aquel lugar o no faltaba quién se dejase caer por allí para tener una charla con él. Podía ver la cara en Viktor y entendía que estaba cortando la inspiración del momento, pero tenía sus deberes y el castaño debería entenderlos, además, ¿No era obvio que les estaba comprando más tiempo e intimidad para que pudiesen tener una reconcilación como se debería?.

Sentía los toques del contrario sobre su cuerpo, electricidad pura recorría cada fibra que componía su ser, su piel no podía más ante tanto estímulo, casi sentía que tenía receptores especiales que sólo respondían al contacto del escritor, antes atrofiados por su ausencias y ahora tan despiertos casi renovados por una nueva energía, la cual incendiaba cada parte de Aiden en una danza de excitación y deseo.

-Oh cállate-comentó entre risas, intentaba no hacer de aquello un tema de interés, claramente no era un asunto, era una persona, y la más importante para él en aquel instante lo cual no iba en desmedro de su importancia anterior, la seguía teniendo y cómo se había sincerado hace un momento no podría olvidarle tan fácil ni mucho menos sacarle de su corazón, No, el tiempo para ello sería bastante prologando y un camino muy duro, el cual no estaba preparado aún para emprender, y se alegraba de no tener que hacerlo.

Besarle no se podía comparar a ningún placer que hubiese tenido el gusto de probar, ni siquiera el recuerdo de las incontables veces que lo habían hecho podían significar algo ahora, quizás el hecho de haber estado tanto tiempo lejos había agregado un nuevo sabor y sensación al gesto, se sentía distinto,no en una mala forma, sino que algo nuevo parecía nacer para ambos, o al menos eso es lo que Aiden comenzaba a creer. Su lengua se deslizaba en la boca ajena acariciando el órgano contrario, en una danza en la que ninguno de los dos parecía ganar el control sin embargo no era la finalidad, sino que el mismo contacto propiciaba el momento y la intención que buscaba, excitación total.

En aquel momento se encontraba perdido por las caricias del otro, tan suaves pero intensas a la vez, sin embargo, no podía quedarse quieto y a la merced del otro, necesitaba también dejar que sus manos, su boca y todo su ser se uniesen al escritor, necesitaba establecer contacto de su parte y permitirle dejar ver que le quería, que le necesitaba y por sobre todo, que le deseaba más que nada en el mundo, por lo cual, sus manos se posicionaron en la espalda de Viktor y bajaron lentamente hacia su cintura, donde, ávidas manobriaron hasta quedar sobre su trasero, el cual comenzó a masajear y apretar conforme aumentaba su deseo; disfrutaba de los besos y caricias que sólo el contrario parecía hacer, a pesar de parecer gestos comunes, había algo en ellos que no se podían sentir como otros, posiblemente, se debía a los sentimientos que estaban involucrados o simplemente a que Viktor sabía como darle placer en su más intensa muestra.

Un escalofrío recorrió su médula espinal ascendiendo rápidamente cuando sintió su miembro en la mano ajena, más aún cuando el movimiento comenzó, obligándole a gruñir en pausas debido a la excitación que sentía, acrecentada claramente por factores tanto internos como externos, estos últimos, que nunca habían sido considerados, ahora eran una parte crucial del ardor que provocaba en él y de los pensamientos que comenzaban a rondar por su ahora casi ausente mente; no se permitiría recibir placer tan sólo él, al menos, por el momento, por lo cual, sin interrumpir al castaño, orientó su rostro y con ello la mandíbula hasta el cuello ajeno, donde comenzó a besar la piel desnuda que este exihibía, depositaba suaves caricias al principio sin embargo pronto estas aumentaron en intensidad traduciéndose en succiones o mordidas que no le producirían daño, más que un simple enrojecimiento de piel que podría durar un par de días simplemente.

Sus caricias pronto se volvieron más urgentes, oscilando de su cuello hacia su mentón, pasando por su mejilla y posándose como destino final en su oreja, la cual besaba y lamía a intervalos, más sin embargo tenía como destino final el lóbulo, aquella porción de piel y carne que estiraba y mordía sin llegar a lastimarle, claro está, mientras sus manos comenzaban a retirarse de su trasero recorriendo todo el camino hasta el pecho ajeno, donde sus dedos expertos dejaban caer la chaqueta que el castaño traía para dar paso al desabotonamiento de la prisión de tela que escondía el pecho que ansiaba en aquel instante.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Lun Jun 22, 2015 5:47 pm
Empezó suspirando ante el placer de sentir las manos del policía sobre su cuerpo, reforzando la intención de sus caricias, besándolo con el deseo que sentía de permanecer así durante horas. Le parecía irreal encontrarse en esa posición, cuando horas atrás jamás habría imaginado estar recuperando su existencia en un abrir y cerrar de ojos. Aiden lo hacía sentirse vivo, era fácil imaginar que las razones de todo lo que lo rodeaba se cernían sobre él, únicamente con el propósito de estar a su lado y hacerle feliz.

Viktor quería concedérselo sin atenuaciones, no solamente al creer que se lo debía por todas las ocasiones en que tuvo la oportunidad de hacerle saber lo mucho que le quería y decidió callarse, sino porque demostrar la naturaleza de su afecto ahora venía en acumulaciones que resultaban imposibles de controlar para el escritor. No se trataba solamente de provocar placer en alguien o de conseguir que ése alguien lo provocara en ti, eso no tenía interés para Viktor, no de la manera en que Aiden había capturado su atención, valiéndose de una admiración y cariño indescriptible.

Inició el movimiento con su mano suavemente, frotando a lo largo de su miembro y escuchando en consecuente, los ligeras articulaciones que salían de entre los labios de Aiden, sumando líneas al calor que ascendía y no dejaba de animar el fervor por todo el cuerpo del castaño. Lo percibía desde la punta de sus pies, como una descarga eléctrica que en lugar de reaccinar por el contacto directo, lo hacía frente al menor de los estímulos, convenciéndolo cada vez más de sacarse la ropa de encima y liberar su propia combustión...
Pero eso después, se dijo, en cuanto las manos del rubio se detuvieron en su trasero, acercándolo y friccionándolo más contra su miembro a cada movimiento que emprendía. Justo entonces, prometió que se daría a la tarea dentro de un minuto, o quizá dos... sólo un momento más y lo haría. Sin embargo, el roce de los labios ajenos sobre su piel, le nublaron las pocas ideas que seguían siendo coherentes.

Aiden sabía dónde besarlo, conocía perfectamente bien las reacciones que evocaba en todos los destinos donde elegía detenerse, y Viktor advertía el desplazamiento de su boca humedeciendo la piel de su cuello por cada milímetro, vibrando hasta llegar a posarse en el lóbulo de su oreja, provocando que la sutileza de sus caricias, conforme él subía y baja su mano en el contorno de la virilidad del contrario, fueran aumentando la velocidad y la excitación que ejercía entre ambos.

Viktor sacudió su mano izquierda y dejó que la chaqueta cayera al piso fácilmente, entorpeciendo el trayecto al colgar de su muñeca hasta que apartó la mano del miembro que acariciaba, caliente y endurecido, para evadirse de ella al fin. Desprendió los botones de la camiseta del policía y se inclinó a besarlo, controlando su impaciencia con un beso dócil y agradable, mientras el otro se encargaba de retirar la propia, como si aquello fuera una especie de acuerdo mental, un juego donde el dominio se repartía a partes iguales y el resultado no era otro que la fogosidad y el deleite mutuo. Cuando el escritor hubo finalizado en su cometido, le abrió la camiseta a sus anchas, dejando completamente visible la desnudez de su torso. Sus ojos se fijaron exclusivamente en él, recorriendo desde el principio y hasta la última capa de su piel con la mirada, donde en su entrepierna coronaba la estructura fibrosa de su erección.

Moviéndose despacio, el castaño se levantó de sus piernas y estando en pie terminó de quitarse la camiseta, la cual puso sobre el escritorio sin dejar de mirarlo. Aún con los pantalones puestos, la protuberancia en la entrepierna de Viktor era evidente, apresada contra la tela que le cubría; eso hasta que desprendió el botón y recorrió la cremallera con sus dedos conforme se agachaba, trasluciendo el objetivo principal de lo que se proponía, antes de tensar su cuerpo sobre el de él, acercándose hasta que sus rodillas recibieron la dureza del suelo. Empujó un poco la silla donde Aiden se encontraba sentado y tiró hábilmente de sus pantalones, haciéndose espacio para continuar bajándolos hasta sus muslos. Buscó su mano y al encontrarla, sus dedos capturaron los de él, enlazándose en un episodio simultaneo cuando agachó su cabeza y lamió la punta de su pene, alzando la mirada hacia el rostro del rubio, girando su lengua en rededor antes de abarcarlo con su boca, succionando, saboreando el aroma de su estimulo, al mismo tiempo en que su diestra maniobraba para escabullirse dentro de sus propios calzoncillos, aliviando la firmeza en su interior.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Jun 24, 2015 3:42 pm
Podría tener entre sus brazos y en contraste a su piel a cualquiera, no importaba de quién se tratase, sin embargo cada uno de ellos palidecería frente a Viktor, no podía siquiera concebir el hecho de comparar a alguien con a quién tenía enfrente, puesto que no se sentía de otra forma más que con él..por él era quién había perdido el sueño muchas veces y por lo que representaba para él había sentido su corazón estrecharse cuando desapareció. Contra todo pronóstico e idea, volvía a tenerlo para él, ya no ansiaría un recuerdo y se embriagaría por las sensaciones que podía rememorar, ahora mismo, tenía la oportunidad de despertar viejas pasiones y sensaciones, y sin importarle nada más que aquel momento, se dejaría perder completamente, consumiéndose hasta lo más hondo de su propio ser.

No podía reprimir las exhalaciones que se escapaban a través de sus labios, aunque tampoco estaba en él siquiera frenarlas, al contrario, disfrutaba de cada segundo que estaba transcurriendo y más de quién las producía. Nunca permitiría que sólo el pudiese tener placer, lo tenía claro, sin embargo, crecía una necesidad enorme por tener el cuerpo contrario a su merced, en la más egoísta pero pasional búsqueda por el placer al cual estuvo privado.

No existía rincón del cuerpo del castaño que fuese ajeno a él, después de todo lo consideraba suyo y él mismo se había entregado al contrario en varias ocasiones, aún así, comenzaba a sentirse como algo más desesperado e insistente, tenía hambre, hambre de él y no había poder en el universo que pudiese detenerlo de poder saciarse. Continuaba con sus mordidas alternadas con su lengua por aquella porción de piel, no se permitía más debido a la posición en que estaba, más recién estaba comenzando, tras lograr gracias a su ayuda que la chaqueta desapareciese del juego, comenzó a desabotanar su camisa encontrándose con los labios y manos ajenas orientadas en la misma dirección, lo cual le provocó una sonrisa que no alcanzó a extenderse por su rostro debido al constante intercambio de besos que consumaban. Al separarse, se mordió el labio al poder contemplar el pecho desnudo del escritor, cada parte de aquello le era conocido, el lunar debajo de su aureola izquierda, la mancha en la porción correspondiente al esternón, todo aquello descansaba en su memoria, lo tenía en frente y no estaba seguro de qué es lo que seguiría, sin embargo consideraba que no había necesidad de apresurar algo que ambos querían.

Le hubiese gustado a él deshacerse del pantalón ajeno, sin embargo, se limitó a observar y dejarle actuar, jamás había obligado a Viktor a hacer algo contra su voluntad y era consciente de que dejarlo proceder era mejor que interrumpirle, por lo cual, ávido de una pasión desmesurada, comenzó a tensar su abdomen y presionar sobre su labio inferior sus dientes al sentir la lengua y posteriormente la boca del escritor sobre su miembro, expandiendo el placer desde su entrepierna hasta las demás terminaciones nerviosas de su cuerpo, al aumentar este la intensidad de su succión, apretó con fuerza sus manos entrelazadas y de vez en cuando se permitía mirarle a los ojos, claro está, cuando no los mantenía cerrados intentando no dejarse llevar completamente por el placer que sentía, lo cual podría traducirse en gemidos que quizás debido a la mala acústica de su oficina se filtrarían más de lo necesario. Su mano libre osciló del brazo de la silla hasta la cabeza del castaño, depositándola sobre esta y de cierta forma acompañándola en el ritmo que mantenía constante, a veces guiándole en movimientos que terminaban por aumentar su propia respiración en proporción directa a la maestría que Viktor demostraba con su boca.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Jun 26, 2015 7:55 pm
Desde el comienzo, todo para Viktor se había convertido en una serie de acontecimientos contra reloj. Sin embargo, fue justamente entonces, mientras compartía la intimidad de un cuatro por cuatro, cuando sintió que los minutos danzaban a su alrededor con una velocidad sorprendente; siempre digna del frenesí que Aiden conseguía suscitar en él, el desorden emocional y la ansiedad de no apartarse. Parecía ser el único ser en la tierra que lo entremezclaba con la misma necesidad humana de un alimento diario; obrando hacia la sublime e irresistible habilidad que tenía para tensarlo de pies a cabeza como ningún otro.

En cuanto Viktor sintió las manos del policía posarse detrás de su nuca, prolongó la suavidad con la que se movía su lengua y dejó que fuera él quien llevase el ritmo del movimiento conforme avanzaba, lamiendo y succionando a lo largo de su miembro, a la vez que recorría un poco más el nivel en la altura de sus pantalones e intercalaba a ratos su boca con una mano, desprendiéndose de la última capa de tela que llevaba encima y acelerando la fricción que la prensión de sus labios y el acordonar de sus dedos ejercían en conjunto, limitándose a un sube y baja que terminó por ocasionar una absurda complacencia personal en cuanto sintió escurrir la primer señal de espesura entre sus dedos, disfrutando de las repetidas exhalaciones que escapaban a través de los labios del contrario. No podía negar que el goce de oírlo incrementaba también el suyo; escucharlo, mientras la impaciencia de su cuerpo perdía su control habitual, era el ingrediente extra para sumergirse de lleno en el placer.

Paseó los labios cerca de su cuello, acariciando la textura de su piel mientras regresaba a la posición original, incorporándose, aunque sin molestarse en detener las caricias que enardecían el ambiente. No lo arruinaría, pensar en ello ni siquiera fue una opción factible para la fragilidad que el estimulo le hacía sentir a esas alturas. Se dejó llevar por la excitación del momento y una vez se hubo acomodado sobre sus piernas mirándolo de frente —pero alcanzando a tocar el suelo con los pies—, empujó la silla, y consintiendo el roce de su pelvis en una invitación silenciosa, acarició su cuerpo por cada centímetro que sus dedos encontraban disponible, buscando unir sus labios con los suyos ante el gusto que dictaban sus pensamientos, saboreando su aliento de una forma excesivamente natural. Todo aquello tenía un gusto conocido para el escritor, lo había sido así antes y lo seguía siendo ahora; no cabía duda de que existía algo que lo enlazaba hacia el mismo hombre aunque tratara de alejarse, a pesar de que intentara cambiar el destino con una idea errónea, era inevitable reconocer la pertenencia entre ambos, y la verdad es que no podía alejarse para siempre, aún cuando lo hubiera intentado con un esfuerzo mayúsculo, ahora encontraba la respuesta como si siempre hubiera estado frente a sus ojos y no hubiera querido verlo antes. Aiden se había ganado lo que nadie podría obtener con suma facilidad, se había acercado a él hasta hundirse en lo más profundo de su corazón,  y aunque tratara de entenderlo y quisiera poner en palabras el conjunto de gloriosas sensaciones que avivaba por todo su ser, quizá nunca conseguiría cumplirlo de tal manera.

Su cuerpo había entrado en un calor excesivo y ahora que el sudor recorría cada tramo de su piel, era un hecho palpable del que no cabía la menor duda: bajo la iluminación de la oficina, el brillo en la piel de Aiden se manifestaba mucho más, pero de no haber sido por el encuentro con el azul de sus ojos cuando alzó la mirada hacia él, Viktor no habría prestado atención a dicho detalle que, si bien se creería insignificante, para él resultaba una de las tantas muestras de adoración por ese hombre. Necesitaba mirarlo a los ojos. Lo necesitaba casi como el clímax de una importante tradición, en la cual sería imposible pasarlo por alto.


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