I.
II.
III.
IV.
V.
Hasta hace cinco años las disputas entre la comunidad judía cristiana y la comunidad LGBT crearon un caos por la dominación de Beverly Hills pero la sociedad LGBT de Los Ángeles y todo California se aliaron a dos diputadosen su afán por crear una igualdad en todo en California, por lo que apoyados por un grupo de empresarios, atletas, músicos y atletas fue que lograron una legislación para la creación de una zona exclusiva para esa comunidad.
El principal activista de ese movimiento y ahora alcalde de Beverly Hills, Travis Denker ha estado acondicionando una ciudad perfecta donde la igualdad prospera, pero lo que no se sabe era que en parte ese proyecto fue para encubrir ciertos negocios ilícitos que tenía con ciertas mafias internacionales. ¿Qué pasaría si la mafia decide cobrar favores?
ambientación
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▲ Debes subir tu ficha para obtener color
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▲ El mínimo de líneas por post es 10.
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El foro está inspirado en las series de televisión "Desperate Housewives" y "Devious Maids", sin embargo la trama actual y el enfoque que se le ha dado corre a cargo del staff de Beverly Paradise. Así mismo se agradece a:
Paparazzi y Staff de Beverly Paradise, por la historia y trama.
Damien Aubriot : Modificaciones al skin, tablillas, tablones, y otros códigos.

También agradecemos los tutoriales de Glintz
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Good time for a break? [Aiden R. Sutcliff] +18

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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Mayo 22, 2015 4:34 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Viktor no dejaba de dar vueltas por la misma manzana desde hacía casi veinte minutos y sabía que tarde o temprano alguien comenzaría a preguntarse por qué un volvo blanco aparecía delante entre cada parpadeo. ¿Qué podía ser tan difícil? Ya estaba ahí, no había viajado para arrepentirse y volver a casa sin tener idea de lo que podría haber logrado si tan sólo no le pareciera una distancia inmensa aparcar frente a la comisaría y cruzar la calle. Miró a su izquierda, asomándose a través de la ventanilla del auto. Si quería fingir que pasearse a más de trescientas millas de su lugar de residencia era una costumbre, estaba haciéndolo bastante mal. Sobre todo durante su despreocupada inspección por toda el área. Sí, no tenía visión de rayos x, pero creyó que un poco de suerte lo haría ahorrarse buscar a Aiden en el interior. —Vamos, Viktor. Estás siendo imbécil, ya no tienes ocho años— dijo en voz alta, aunque hablaba para sí mismo; una manera de despojarse de cualquier duda re-naciente. Ya había pasado tiempo de sobra desde su repentina separación, por decirlo de alguna manera.
Él quería alejarse de Aiden para ordenar lo que sucedía entre ellos —como si en verdad lo hubiera necesitado alguno de los dos—, pero al cabo de las semanas dejó de encontrar sentido a lo que intentaba comprender. No se veían y no mantenían contacto como hacían antes. Pensarlo atraía una forma de actitud infantil y ni siquiera podía permitirse trabajar tranquilo, volvía a lo de siempre una vez tras otra. Resultaba un desperdicio total.
Se detuvo dos locaciones más atrás y activó la alarma del auto cuando estuvo fuera, yendo hacia la comisaría inmediatamente después. Ajustó su jersey y hundió una mano en el bolsillo de pantalón mientras subía los pequeños peldaños de las escalinatas. Su vista se fijó primero en una joven rubia sumergida en el ordenador. Tecleaba como posesa... De algún mundo fue sencillo imaginarse igual los sábados por la noche, metido en el estudio sin quitar el lápiz del renglón; ciertamente, nunca fue un fanático de la tecnología. El castaño avanzó hacia el soporte y se aclaró la garganta para atraer la atención de ella. —Disculpe, señorita. Estoy buscando a Aiden Sutcliff.


Última edición por Viktor G. Bertholon el Vie Jun 19, 2015 7:23 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Jun 29, 2015 2:46 pm
Vergüenza debería sentir por su comportamiento en aquel instante, toda la decencia en él le decía que no era adecuado lo que estaba sucediendo en la oficina, era El Teniente de la Policía en Beverly Hills, una autoridad respetada y seria, además de un sujeto bastante profesional y duro, y allí estaba, dejándose llevar por sus deseos carnales y permitiéndose obtener placer en un momento bastante inadecuado, por decir menos. Aún así, mandó a callar a las voces en su cabeza que parecían alzar la voz a cada momento, ni siquiera la opresión en su pecho fueron competencia para las sensaciones que comenzaba a experimentar, todo dejó de tener sentido una vez que se permitió caer en las redes que el castaño extendía para él.

¿Alguna vez había hecho algo como esto?, No, nunca, ni siquiera pensaba en ello, no era una posibilidad ni por lo menos remota, Sí, entendía que para cualquiera hubiese sido una especie de morbosidad o fantasía tener intimidad en un lugar como ese, más para alguien de su seriedad no se mostraba como una idea atractiva, a pesar de que en el momento estaba haciendo un esfuerzo bastante considerable para ahogar los gemidos que en su garganta se atragantaban amenazando con salir. Su estómago se contraía con fuerza y su esternón oscilaba suavemente debido a la presión en su caja torácica, no podía evitar sentirse así cuando Viktor con maestría succionaba y lamía su miembro, incluso el movimiento de baibén de sus dedos alrededor de su virilidad eran complacientes, tan distintas a las veces que el mismo se había generado placer con la diestra en soledad. Sus manos no se volvieron frenéticas con el escritor, podría haberle sujetado con fuerza y obligado a tragarse su miembro de forma brutal y para nada agradable, sin embargo Aiden no se olvidaba de con quién estaba y más importante, quién era esa persona para él, además que no le provocaba en lo más mínimo ser un salvaje como suponía podría serlo, No, el disfrutaba del placer y de cómo la persona con la que estaba compartiendo aquel momento procedía, de una forma que quizás a ambos le era cómoda.

Consciente en todo momento de su presencia, en un instante ladeó su cabeza para darle espacio a sus besos, fuego contra su desnuda piel en aquel instante era como sentía aquellas caricias, dejando marcas que ninguno de los dos podría ver, pero el rubio si sentir. Roces, simple roces desencadenaban reacciones fisiológicas en él que no comprendía, era casi imposible que una sola persona en el mundo pudiese tener aquel efecto en él, despertar tantas emociones y por sobre todo sensaciones que no acababa de entender, pero que parecían tan naturales en él que impedirlas sería como negarse a respirar. Cuando lo tuvo nuevamente sobre sus piernas sus manos rápidamente le sujetaron por la cintura, las yemas de sus dedos oscilaban de un lado a otro sobre la desnuda piel del castaño, imitando al toque de un coleccionista sobre una pieza de porcelana de alto valor, claro está, Viktor no tenía un precio asociado, para Aiden simplemente era invaluable y por sobre todo, indispensable.

Sus labios se unían en un gesto húmedo a los contrarios, uniendo piel, carne, fluídos y hasta la lengua en aquello, todo lo suyo era de Viktor y viceversa en aquel momento, no podía encontrar mayor compenetración en tenerlo entre sus brazos y besarle como si la vida se le fuese en ello, un instante podría tenerle de otra forma pero para él la mejor de todas era aquella, un gesto tan suave pero a la vez demostrativo que lejos de todo gritaba lo que sentía por él una y otra vez. Consciente del roce entre sus cuerpos, comenzó a mover sus manos por la espalda del escritor de forma ascendente por algunos minutos, terminando por caer hacia sus glúteos los cuales acarició en primera instancia con suavidad, delineando sus curvas al pasar sus dedos por ellos y luego masajeando una porción de aquella carne entre sus palmas, aumentando y disminuyendo la presión sobre ellos en directa proporción a la intensidad del choque de sus bocas; por un momento reparó en abrir los ojos y observar a Viktor para darse cuenta de que este ya lo hacía, sus ojos se reflejaron en las cuencas ajenas, palabras y gestos sobraban para él cuando una conexión magnética entre ambos se llevaba a cabo al mirarle, él era todo lo que quería y necesitaba, y tan sólo con una inspección ocular lo confirmaba tan puro como el aire que se filtraba en sus pulmones.

Relajó su agarre sobre uno de sus glúteos y elevó una de sus manos hasta el rostro ajeno, dejando descansar su estructura dinámica en la mejilla del castaño, barriendo con la palma su piel lentamente, dejándole sentir el toque de sus yemas provocando fricción en la más exterior de las capas que componían su piel, un toque suave y simple a miradas ajenas, más al contrario Aiden irradiaba su amor y locura por el hombre que tenía en frente.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Miér Jul 01, 2015 10:11 pm
El castaño sintió descender las caricias a través de su espalda y suspiró relajándose por completo, dejando que sus miradas expresaran lo que ninguno de ellos habría podido hacer mejor con un gesto diferente. Conocía hoy más que nunca sus sentimientos por el policía, pero aquella muestra en sus ojos era innegable a cualquier situación que se pudiera recordar. Nadie como él había logrado despertar las emociones más ocultas de su interior, menos aún de la manera excesiva en que se presentaban cuando estaba en su compañía. Aiden era la imagen predilecta de quien se espera encontrar detrás de un uniforme; un hombre de principios y gran fortaleza, pero que no por su intachable apariencia deja de guardar la frágil inestabilidad de las emociones, así como tampoco el reprimir la voluntad de emplear todo lo que le conforma para demostrarlo. Viktor se daba cuenta de ello, podía apreciarlo en sus reacciones y su incondicional entrega; porque si algo estaba claro en ese momento, es que entre los besos y las caricias enardecentes que se repartían como si no existiera el mañana, se alzaba el sentimiento más puro que dos personas son capaces de experimentar en vida.

Cada vez que lo tenía cerca, Viktor perdía un poco el control de sus sentidos para conceder la oportunidad de manejarlos al antojo de su receptor. Disfrutar de cada minuto que tenían disponible era la meta, una de la cual parecían ser los únicos dueños, pues las decisiones eran suyas y lograban adecuarlas a la comodidad de ambos, inclusive en las situaciones inapropiadas; esa, sin necesidad de explicaciones, podía catalogarse como una, aunque a decir verdad, también era la primera y quizá, después de serenarse y tomar el debido control de una mente que, obstinada, se rehusaba a sacrificar las erráticas sensaciones que sus cuerpos experimentaban, también podría asegurarla como la última que se atrevería a protagonizar sin ninguna falta ni prejuicio. Así era precisamente lo que sentía entonces —pues lo que tenía importancia se efectuaba en otra dirección—, mientras sus dedos se cerraban detrás del cuello de Aiden, contemplando la maravillosa tonalidad en que se precipitaba su piel ante el incremento de su temperatura corporal.
Acercó sus labios hasta la boca ajena y los unió con suavidad, creando el espacio perfecto entre la mezcla de su calor, su aliento y su humedad conjunta, como si de un sólo individuo en movimiento se tratara. Acarició la punta de su lengua rozándole los labios a su vez, desplazando sus manos hasta su nuca y aferrándolas entre sus cabellos, aunque sin ejercer ninguna clase de presión más allá de la necesaria; sencillamente besándolo con el ardor y la dulzura que parecía regalarle desde la zona más profunda de su esencia.

El roce entre sus cuerpos despertó en Viktor una excitación impropia frente al sublime movimiento lento que emprendían por igual, con la espontánea tarea de orientar su piel a la cercanía del otro, permitiéndose sentir con todo el esplendor posible la complementación y el placentero estimulo que existía entre ellos, entregándose sin pensar en las limitaciones y complejos que podrían surgir en cualquier momento; y que no cabía duda, para entonces quedaron desplazados a una importancia mucho menor de la que debería dársele en el lugar donde se encontraban. Aquella construcción, con sus rededores y el personal que a tan sólo una puerta se encontraba por seguro, parecían haberse esfumado en un santiamén.

Viktor descendió las yemas de sus dedos a través de los hombros y la espalda del rubio, quedando sus manos ocultas entre el respaldo de la silla y la complexión del contrario. Aunque el espacio era pequeño y la oportunidad de moverse insignificante, acarició su espalda con gran facilidad, deslizando sus dedos hasta la zona baja, donde al llegar invirtió la línea en que se dirigía, moviéndolos con calma por sus abdomen, trazando las líneas que, conforme Aiden acariciaba sus glúteos, la fricción de su cuerpo acentuaba en la tensión de su musculatura, exactamente con la misma reacción que experimentaba él en su lugar, mientras abriéndose y cerrándose sus pliegues internos, de sus labios brotaban ligeros e inevitables suspiros, resultado de los esfuerzos por contener la jadeante respiración que procedía de sus pulmones. Dedicó un instante a besar su cuello, pero al precipitar sus pulgares a los pezones de Aiden, acariciando su contorno con suavidad, su boca se desplazó lentamente hasta su hombro izquierdo, donde al humedecer la unión de sus labios por aquella piel desnuda, dejó reposar su mentón, captando el aroma ajeno y elevando su cuerpo al tiempo en que, guiándose en una acción simultanea, Viktor apoyó la dirección del miembro del policía, impulsándolo paulatina y cuidadosamente hasta su entrada.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Jul 03, 2015 4:11 pm
Su toque era suave, sin embargo continuo, no podía soportar la idea de no estar en contacto con su piel, su cuerpo, con él mismo, había sido tanto tiempo de ausencia que ahora era una necesidad tenerlo de aquella forma, quizás en un punto muy profundo dentro de su interior se obligaba a convencerse a si mismo de que era una realidad tenerlo para él nuevamente, y por otra, temiendo que en cualquier momento pudiese escurrirse como si fuese agua entre sus dedos, filtrándose a un punto del cual no podría traerle si sucedía. Sí, claramente Aiden aún no podía superar el sentimiento de pérdida que tenía, estaba bastante arraigado dentro de él como para desecharlo en cosa de minutos, por lo cual, el castaño no lo podía culpar si por minutos se dedicaba tan sólo a mirarle o mantener un contacto físico completamente excesivo y para nada sexual, simplemente, poder sentir su calor y su carne era ya algo que no había tenido hace mucho tiempo, y por otro lado, aquello mismo avivaba la llama en su interior que recorría todo su cuerpo y le empujaba a fusionar su cuerpo con el ajeno, sentirlo de todas las formas posibles sin guardarse nada, puesto que ese amor era el que Aiden respiraba, aquel que no guardaba o escatimaba en esfuerzos para expresarse en su máxima extensión.

Su boca parecía buscar el momento exacto en la cual moverse o cambiar de dirección para acoplarse a la ajena, su lengua oscilaba sobre la del castaño en una danza bastante conocida pero poco practicada con el paso del tiempo, claro está eso no le quitaba la experticia que el rubio demostraba al impregnarle un tono de excitación y calor a sus gestos, en la búsqueda pura de despertar la llama en Viktor que sabía que él tenía y que ya amenazaba con quemarlo a él mismo a cada momento que pasaba. Podía sentir el hambre en el otro que se comparaba a la propia, era la incesante necesidad de establecer contacto, de regalarle caricias al ser amado sin retención alguna, claro está de ninguna forma salvaje o bruta, al contrario, suave pero no por ello menos ígnea y desesperada.

En la cabeza de Aiden cada interrumptor se había apagado, dejando en penumbras cualquiera otra idea que pudiese haber estado navegando en las aguas de su cerebro, tan sólo un pensamiento naufragaba por aquellos indómitos parejas y aquel era el que le hacía tener al castaño entre sus brazos, el querer besarle y poseer cada parte de él, de no separarse y llegar hasta el punto máximo que podían alcanzar sin importarle nada más, simplemente él. Sus manos posesivamente comenzaban a adquirir mayor control sobre si mismas, masajeando y haciendo suyos los bordes que componían los glúteos del escritor, esta vez, empleando la capacidad elástica de estos para ir y venir hasta volver a su posición original, dejando en el proceso a libertad su entrada, la cual algunas veces acarició con la yema de sus dedos de forma no del todo descuidada, pero sin premeditación alguna.

Ahogaba suspiros al sentir las caricias que el otro dejaba en su cuerpo, un punto delicado tocó cuando sus pezones fueron su nuevo blanco, causando un leve gruñido que no se molestó en liberar de forma placentera, sin perderle de vista por ni un sólo segundo, oscilando su cuello hacia un lado para darle más comodidad al castaño de proseguir con lo que hacía. Sus manos aún sujetaban los glúteos ajenos por lo cual, en un momento en el cual no fue necesaria palabra o indicación alguna, sintió su miembro rozar la entrada ajena, por lo cual, con un movimiento lento pero certero permitió liberar de su prisión carnal aquella zona dándole mayor oportunidad a su miembro de hacerse con ella; lentamente, y con el mayor cuidado que podía, comenzó con un pequeño movimiento de pelvis a permitirle a la punta de su miembro introducirse dentro del agujero, le costó debido a que no era fácil aquella acción, sin un lubricante o algo que permitiese un mayor engrase se volvía una empresa complicada, más al sentir cómo aquella porción de piel y carne cedía ante la presión se permitió ayudarse con un poco de su propia saliva, estimulando poco a poco la dilatación que necesitaba para completar la penetración.

Sin descuidar al hombre que tenía en frente, se permitió besar su cuello por porciones mientras continuaba con su tarea, esperando en parte que el otro le ayudase y por otra, que guiase el mismo el gesto, ya que tan sólo el castaño podía saber los límites que su propio cuerpo podía aguantar, el rubio no se permitiría hacerle daño, menos cuando ambos deberían estar disfrutando del placer que sus cuerpos podían brindarles.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Dom Jul 05, 2015 5:38 pm
Era el amor lo que había conseguido transformar el constante mal humor de Viktor. El subsistir de gravedad y apatía que aseguraba ser lo único que tenía para dar al resto del mundo se había terminado en el mismo momento, desvaneciéndose como la tinta de un libro viejo e irreconocible, cuando aún inconsciente de lo que estaba sucediendo, fue rindiéndose a las profundas emociones que sentía por el rubio, alimentando las desesperadas sensaciones que despertaba en su interior y parecía negarse a escuchar, obstinado, equívoco, taciturno hasta que sintió perder a la única persona que significaba el manifiesto literal de su afecto, convencido de lo que sus pensamiento indicaban que era y había sido lo mejor de su vida, adaptándose al proceso como si todo el tiempo hubiera sido de esa manera y no existiera ninguna otra para manejarlo, rehusándose a dejarlo en un recuerdo melancólico al que no deseaba arraigarse, sino recuperar. Sin embargo, aquella amalgama de pensamientos no podían estar mucho más ausentes en el ahora, donde no coincidía sobre la misma realidad. Sí, amar era un sentimiento demasiado noble y por mucho complicado, pero esa era precisamente la razón por la que el escritor creía que lo trasformaba en un anhelo, una especie de premio invaluable que todos querían recibir y muy pocos eran los afortunados. Él, sin lugar a las inquietudes que lo inmovilizaron meses atrás, lo quería como nunca pensó que llegaría a querer a nadie, pero al mismo tiempo, la urgencia de su hambre, del anhelo y la complacencia de volver a sentirlo entre sus brazos nuevamente, pudiendo confirmar que el corresponder de sus caricias no se limitaba a la excitación carnal de dos personas como otras cualquiera, sino al de quienes compartían todo esmero y sensaciones, pues para Viktor no podría aumentar la evidencia de que su propia emoción era lo suficientemente real y tangible, que se percibía capaz de superarlo con una facilidad impresionante; deseaba al hombre que acariciaba las texturas más delicadas de su cuerpo, y lo hacía de una manera que irradiaría lo insano, siempre teniéndolo presente, buscando permanecer con él cuánto más pudiera prolongarlo, sintiendo su calor y el suave tacto de sus manos recorriéndolo centímetro a centímetro; lo necesitaba tanto que sentir el roce de su piel era un placer casi doloroso. Aquello trasladaba vibraciones por todo su cuerpo, le nublaba la mente y ascendía su vehemencia con un entusiasmo poco conocido para la característica lucidez que gustaba presumir, pero aún cuando la idea lo expulsaba de su propio control, no quería dejar de percibirlo, quería continuar y poder sentirlo a plenitud, exigir sus besos y concederlos como si no hubiera otra oportunidad futura, disfrutarlo en su totalidad y a través de cualquier medio disponible a su alcance, pero sin olvidarse en ningún momento del inmenso significado que dicha persona poseía en su vida.

Inclinó su cabeza y cerró los dedos en el respaldo del sofá, oprimiendo con fuerza, provocando la misma presión que ejercía en su dentadura para no precipitarse a expulsar el ronco gemido que sus labios sellaban, hasta que las palmas de sus manos se relajaron y el ardor en su esfínter superó las expectativas, enviándole un suplicio delirante. Ahogó la queja que amenazó con salir de su boca, pero no pudo hacer nada con la contracción de su frente al tener que soportarlo, formando una breve mueca mientras Aiden complementaba su función. El ardor era de por sí doloroso aunque estuvieran procediendo con cautela, casi excediéndose en la medida para no ser la primera vez que se encontraban en esa situación; pero tal vez no lo suficiente a la novedad de aventurarse en ello sin el uso de un lubricante, o al menos eso fue lo que a Viktor le pareció su pasada valentía de hacerlo, cuando decidió que su excitación tomase el mando de sus decisiones, aunque sin reprochar por ello, sólo sintiendo que por cuestión de unos segundos, aquel gesto de placer se entremezclaba con una eterna tortura. Parecía imposible, exagerado, pero lentamente el miembro del rubio avanzó un poco más a su interior, deslizándose hasta cerrarse dentro de él. El castaño abrió los dedos, extendiendo la palma de su mano sobre el pecho ajeno, donde el movimiento circular que había estado desempeñando con la suave técnica de un completo aprendiz que no piensa y más bien actúa en honor de sus instintos, se había detenido ante los primeros signos de la penetración, invirtiéndose por la presión que sus dedos ejercían sobre el pecho de Aiden al apoyarse en él. Consciente de ello, se paseó la lengua por los labios y trató de relajar la tensión de su postura, conforme su cuerpo iba acostumbrándose, recibiendo al contrario con los primeros movimientos. Le acarició el pezón izquierdo con el dedo pulgar, lo rodeó y apretó con delicadeza, atrayendo su diestra a la espalda del policía, pasando el brazo por encima de sus hombros para abrazarlo a medias, mientras su frente descansaba en la contraria y conforme el vaivén de la penetración iba tomando su rumbo en un complemento firme y pausado, pero cada vez más seguro para tornarse en agilidad, Viktor continuaba su maniobra y acariciaba los hombros del contrario, concediendo la libertad sobre su cuello, alzando la barbilla mientras de entre sus labios se hacían notar los suspiros de su entrecortada respiración.


Última edición por Viktor G. Bertholon el Miér Jul 08, 2015 4:45 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Jul 08, 2015 3:26 pm
El amor jamás fue una preocupación para él, ¿Cómo podría?, desde joven fue el hombre del hogar, era quién cuidaba de su madre y sus hermanas, era quién debía de partirse la espalda trabajando a la par que estudiaba, luego cuando ingresó a la Academia de Policías en Alemania nada fue fácil, al contrario, como bien sabía la instrucción allí era una de las más estrictas y bien que lo comprobó, sin embargo, nada lo frenaba, él tenía una meta clara y la cumpliría a como diese lugar. Hoy en día lo había logrado, tenía un muy buen puesto y su trabajo se valoraba tal como quería, podría decirse que tenía todo lo que siempre quiso, claro está, en cuanto a lo material se refierese, más en el terreno de sus emociones nada parecía existir, ni siquiera un mínimo anhelo. Todo cambió cuando Viktor entró en su vida, no podía evitar siempre pensar en ello, aunque estuviese siendo repetitivo, el castaño no tenía idea del cambio que había logrado en él, pasó de ser un soldado más sin sentimientos más que los que le ligaban a su familia a un sujeto que podía amar, y sufrir por lo mismo, permitiéndole a alguien entrar a las paredes tan recubiertas que rodeabab a su corazón, aquel centro al cual nadie parecía tener acceso, hasta que él llegó.

No debería extrañarle haber sufrido tanto por su ausencia, lo amaba, podría haberlo negado muchas veces pero las palabras no le restaban importancia a lo que sentía, su interior se había fracturado lentamente, cada grieta era más grande que la anterior y no parecían detenerse, aumentando poco a poco cada día, mirarse en el espejo le resultaba desagradable puesto que veía todo lo que nunca pensó llegar a experimentar: debilidad, dolor, angustia, locura en parte, se odiaba a si mismo, por permitirse que tan sólo una persona pudiese tener tal grado de control sobre él, pero ya era tarde para ello..simplemente se había dejado caer en las redes del amor y estaba completamente atrapado, tal como ahora lo estaba entre los brazos y caricias del escritor.

Sus manos recorrían la piel que recubría distintas partes del cuerpo ajeno, aquella capa de tejido a su roce era tersa y delicada, tal como siempre lo había sido, su memoria física le permitíar reconocer que nada había cambiado desde la última vez que estuvieron juntos, claro está, no es como que pudiese mudar de piel como las serpientes, pero en un tonto intento quería asegurarse de que seguía allí todo de lo cual sentía como suyo, el cuerpo de la persona que significaba todo y que a la vez podía hacer de él nada.

Se abría camino con ayuda de su saliva y de movimientos cortos y suaves pero decisivos, no podía forzar algo que claramente no estaba hecho para expanderse contra la voluntad de su cuerpo y su propia función biológica, aún así, no era primera vez que lo hacían y Aiden tenía conocimiento de hasta el más ínfimo lunar en el cuerpo del castaño, por lo cual, no tendría problemas en estimular su esfínter para darle paso a su miembro, el cual había albergado en más de una situación. Poco a poco comenzó a ceder hasta que sintió como su miembro se fusionaba completamente con el interior de Viktor, ahogando para él mismo la propia excitación que supuso completar aquel acto.

En aquel mismo instante, sintió un golpe que podría describir como eléctrico subir desde su abdomen y extenderse por todo su cuerpo, aquel impulso generado debido a la excitación que sentía y al llevar acabo la penetración completamente, sin embargo, no se movió ni forzó un movimiento para darle tiempo al cuerpo del castaño a acostumbrarse, después de todo, aquello no era un acto puramente carnal y despreocupado, rebozado de agresividad o bestialidad, no, era el acto que al menos para el rubio le permitía consumar sus sentimientos para con el castaño. Tenía bastante claro lo que el otro podía sentir durante el acto, puesto que sobre su pecho caricias se habían convertido en presión sobre su piel y músculo, sin embargo, no le importaba, al contrario, funcionaba como una especie de estímulo, confirmándose como tal cuando sintió los roces sobre su pezón, mandando oleadas de placer combinadas con las que recibía al comenzar a mover su miembro lentamente.

Su diestra se alzó y cayó de la espalda de Viktor hasta su cintura, pasando el brazo completamente para abrazarle y permitiéndole obtener mayor control sobre los movimientos y el cuerpo del castaño, con su otra mano se permitió acariciar completamente el pecho ajeno, suavemente, delineando cada parte de su musculatura y forma en la que su cuerpo estaba formado. Poco a poco comenzó a moverse una fracción mayor que la anterior, claro está en base a lo que el cuerpo del contrario permitía, y a lo que su propio miembro lograba abrirse paso en la estrechez que esperaba con los minutos comenzara a ceder.

Su mano libre se permitía acariciar el cuerpo ajeno por un tiempo, para luego ascender hasta su cuello y ladearlo suavemente, allí su boca se dejó caer sobre la porción de piel esperando por él, sus labios besaban lentamente recorriendo cada centímetro, sin dejar ninguna parte descuidada, a la vez su pelvis iba y venía en un movimiento que no se detenía, brindándole el placer al escritor en la forma que el mismo podía entregarle, mezclada con lo que él mismo sentía, parando a veces para dejar escapar leves gemidos que resultaban ser la única forma de quitar sus labios del cuello ajeno.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Sáb Jul 11, 2015 3:09 pm
Viktor se tensó contra él, enredó las ondas rubias de los cabellos de Aiden entre los dedos de su mano izquierda y permitió recaer en el encanto de sus besos, disfrutando de cada instante y de la sensación de estar mucho más unidos, como lo era el regalo de sus labios paseándose sobre su piel, con el afecto en práctica de sus besos, que se desplazaban y se detenían en una zona determinada sólo para volver a continuar, arrancando al castaño el sonido de una que otra articulación incontenible mientras el sudor se apoderaba de ellos, perlando de brillo su espalda, sus brazos e incluso su frente con indiscutible premura. Sabiendo que debía ser prudente, el castaño gemía de la manera más silenciosa que le era posible, trataba de ahogar los jadeos y buscaba controlar la excitación que ya desprendía de todas partes, enardeciendo sus sentidos ante el contacto del hombre al que de verdad amaba, a quien pretendía entregar cuánto estuviera en sus esfuerzos y posibilidades de cumplir, lo que fuera, aunque no a manera de sacrificio, sino de la recompensa por confiar en mantenerse a su lado y hacerle dueño de su compañía, su amor y la fragilidad de sus emociones.

Arqueó levemente la espalda y jadeó frente al estímulo, habiendo reforzado un poco más el empuje de la penetración; había sido lo suficientemente cuidadoso, pero no por ello menos firme para buscar el movimiento con el cual adaptarse al ritmo de la urgencia que su cuerpo, su mente y el sinfín de sentimientos mezclándose en aquella tarea acompasada le pedían y también deseaba ofrecer. Todas sus terminaciones nerviosas parecieron colapsar sus funciones durante lo que pareció el segundo más largo y placentero en el espacio, pero Viktor volvió a elevarse un poco y se empujó hacia el cuerpo del rubio por segunda vez consecutiva, uniéndose en el acoplamiento de calma y celeridad que proponía aquel imperioso vaivén. Él presionaba la unión en su pelvis y acariciaba sus pezones aventurando recrear las sensaciones que le proporcionaba, los atrapaba y acariciaba entre su dedo índice y su pulgar, redondeando su contorno y disfrutando la humedad de los besos que el policía dejaba a lo largo de su cuello, suaves, delicados y generosos para el receptor, pero ansiosos de una manera simultánea a sus caricias, con la clase de capacidad que nadie más parecería tener derecho de ejercer sobre el escritor; actuaba como quien posee el conocimiento absoluto del cuerpo que tiene entre los brazos, porque ciertamente lo tenía, de alguna manera era y seguía siendo suyo y la facilidad para exponerlo surgía impetuosa; Aiden sabía dónde y cómo aventurarse si quería llegar a los puntos más sensibles de su cuerpo, convirtiendo aquella experiencia en un episodio siempre diferente, pero exacto en la certeza de sentirlo único e inigualable.

Todo el tiempo había sido él y simplemente él, quien despertaba sensaciones sublimes por todo su cuerpo, con quien se compenetraba para remover emociones por cada parte de su ser, alentando oleadas de goce y satisfacción absoluta, como en aquel momento se proponía prolongar, dominándose para no dejarse llevar completamente y rendirse al placer que sentía en tanto relajaba y aceleraba el movimiento de la penetración, guiando a Aiden hacia el ritmo adecuado, facilitando la comprensión de su propio placer que al mismo tiempo respondía a la excitación ajena, superándose conforme el danzar de los minutos avanzaba en el reloj. El tiempo, en cambio, se había detenido para Viktor. Solamente podía pensar en el cuerpo de su compañero; la piel que acariciaba como si no existiera necesidad más importante; el momento que vivían justo entonces, como si estuvieran fusionándose en un mismo individuo que no requeriría de ningún complemento exterior a la entrega del uno por el otro, nada, salvo el apremio de su rendición; y sin embargo, aunque Viktor trataba de distraerse y contener la esencia de su resultado, el transcurso sea hacía cada vez más complicado en ambas partes.

Sin poder contener un poco más la urgencia de besarlo, apartó su cuello e inclinó su rostro al de Aiden, presionando su boca contra la de él, rozando sus dientes en la enérgica aproximación, y explorando el goce de compartir la suavidad y el calor que emanaba de sus labios cuando logró apoderarse de la boca ajena; quería sentir el aire agitado de su aliento encontrándose con el propio, mientras deslizaba la punta de sus dedos por la piel que, a pesar de no ser suya, reconocía en cada tramo y apreciaba desde la distancia. Suavemente, fue descendiendo y metió su mano entre ambos, con la evidente naturalidad de aliviar la propia erección; que si bien relajó con movimientos paulatinos anteriormente, la fricción de su cuerpo sobre las piernas del policía lo volvía un acto apremiante cuando ganaba velocidad, haciéndolo pensar que aún con la disposición de sus esfuerzos, la espera se estaría manifestando inaplazable.

El castaño rodeó su pene con la palma de su diestra y empezó a agilizar el movimiento en su erección, aumentándolo y disminuyéndolo cada vez que sentía su espina dorsal estremecerse a la invasión de su esfínter. Aquella sensación se había adaptado a los pliegues de su entrada y lo dejaba fluir con agilidad, nada diferente del ardor que experimentó en un principio y que ahora podía pensarse muy lejano, puesto que se había revestido con la percepción de una satisfacción mutua entre su cuerpo y sus sentidos, perdiéndose en el efecto que le causaba ser él quien proporcionaba un placer semejante al policía.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Jul 13, 2015 10:02 pm
El sudor se apoderaba de su cuerpo como si un manto de este mismo hubiese caído sobre él, o ellos en este caso, puesto que podía degustar el sabor del líquido en la piel del escritor, aunque pareciese algo extraño, su piel tenía un sabor particular detectado por las papilas gustativas propias, específicamente en los costados inferiores donde se apreciaba lo salado de aquel fluido debido al mineral contenido en este, sin embargo, un toque más arraigado a su propio cuerpo era el que se extendía por aquel órgano muscular, haciendo de sus besos una experiencia aún más gratificante. No era una fragancia o jabón que pudiese adornar la capa que protegía a su cuerpo, se trataba de algo más natural, profundo, y que por tanto, le resultaba tan particular y agradable como si estuviese probando la ambrosía que los Dioses Griegos solía ingerir, más al contrario, simplemente era la esencia de Viktor, la que le volvía loco y le hacía sentirse tan desesperado por poseerle completamente, hambriento de todo su ser, si eso no era un reflejo de lo que sentía por él entonces comenzaría a pensar que era el ser más seco y muerto emocionalmente del mundo.

Mientras sus labios sellaban partes del cuello del contrario, su pelvis se movía en un constante vaivén que aseguraba el movimiento de su miembro entrando y saliendo levemente, claro está sin perder del todo la profundidad que había alcanzado conforme pasaba el tiempo y el alargue de aquella misma acción, su propio abdomen se contraía debido a la excitación que le producía el acto sexual que estaban llevando a cabo, estimulando cada fibra de su ser y permitiéndole fusionar su cuerpo con el de su amado en una forma placentera para ambos y por sobre todo entregada, donde no importaba quién eras o qué podías ser, simplemente se privilegiaba lo que estabas dispuesto a brindarle al otro, y en este caso Aiden le daba todo lo que tenía, no era simple sexo, era casi una frase cliché, pero él estaba haciendo el amor con la persona que hacía latir dolorosamente su pecho.

Sus besos y leves mordidas eran bastante sonoras y dedicadas, no le importaba puesto que no se filtrarían a través de la puerta de caoba que los aislaba del resto de la Comisaría, era consciente de que sus caricias dejarían marcas sobre la piel desnuda del escritor, sin embargo contaba con que la camisa de este las ocultaría debido a que se encontraban dispuestas cerca de la clavícula donde no se filtraría a menos que estuviese sometido a un examen exahustivo que sabía que no sucedería. Pretendía entregarle el máximo placer posible que él podía brindarle, por lo cual todo su cuerpo estaba preocupado de contenerle, sus labios en su cuello, su miembro dentro de su esfínter, sus manos que acariciaban su espalda y su abdomen suavemente.

Por otra parte, él mismo ahogaba sus propios gemidos contra la piel ajena cuando sentía los movimientos que el contrario hacia, sentir su miembro recorrer completamente las paredes que conformaban la entrada del escritor simplemente enviaba oleadas de sensaciones a su cuerpo, acariciando y apretando en ciertas partes el tronco que componía a su virilidad, sumado a ello el éxtasis provocado por cómo jugaba con sus pezones tenían al rubio en un constante ir y venir de jadeos, silenciados gemidos y bastantes gruñidos casi guturales que le obligaban a recurrir a toda su fuerza de voluntad para no dejarse llevar por los impulsos más primitivos que su cuerpo y mente podían mostrar.

Se dejó inundar por los labios de Viktor sin importarle la urgencia con que este lo hacía, él mismo se sentía de aquella forma y muchas veces se obligó a controlarse para no morder sus labios con fuerza, sin embargo se permitió sujetar entre sus dientes el labio inferior ajeno y estirarlo suavemente, para luego besarle en aquella zona con dulzura como si intentase aliviar el daño que podría haber provocado, aunque estaba seguro de que no lo había logrado gracias a su ya muy sometido autocontrol. Aiden albergaba un animal interno, uno que no podía mantenerse del todo controlado, lo demostraba con su humor, su temperamento y con su forma de amar, no podía evitar ser completamente dedicado y pasional cuando lo tenía entre sus brazos, presa de sus caricias.

Sus manos hartas de inutilidad se posaron en su espalda, acariciando aquella zona y descendiendo lentamente, arañando con suavidad la piel sin causarle daño claro está, jamás se lo permitiría, una vez que estas alcanzaron la espalda baja de este, se abrieron camino hasta su cadera donde se aferraron con fuerza, sus dedos contorneando los bordes que componían a la cresta ilíaca estableciendo un agarre sostenido y prologando, mientras comenzaba moverse con mayor rapidez, inyectándole velocidad al vaivén que anteriormente había sido un poco más pausado, cuidando de no interrumpir al contrario en su propia labor. Sus muslos estaban en sintonía con su pelvis en aquel movimiento, fluido y profundo, ayudándose de la posición en la cual lo tenía aprisionado.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Jue Jul 16, 2015 5:17 pm
Lo besó con la misma voracidad en que respondían los latidos de su corazón, palpitando con la fuerza y la agitación de una experiencia exhausta, en la que Viktor se hundió completamente, perdiéndose en el hombre a quien entregaba desde el mayor hasta el último de los suspiros, explorando el gusto de su boca y el caluroso aliento rozando la finura de sus labios, cada vez más despierto al vaivén de sensaciones que recorrían su cuerpo enteramente, sin descanso, sin ninguna otra necesidad más que sentirlo suyo, real y duradero en la mejor de las maneras. No había un lugar en la mente o en el alma del escritor donde no lograra complementar el placer y la dedicación por el ser amado, aquella muestra afectiva lo corroía de una forma inesperada, ansiosa, donde el control no parecía estar en sus manos y el pasar del tiempo, a su vez, se percibía inexistente entre cada una de las caricias que el rubio dejaba sobre su piel; en el sentir de sus manos paseándose a través de su espalda, mientras su espina dorsal, tensa y serena a ratos, anunciaba el errático efecto que el miembro ajeno provocaba en él durante cada penetración. Una agonía placentera de la cual costaba trabajo querer desprenderse, tanto más, de la oportunidad de fundirse como uno solo y poseer la entrega, el regocijo y el apego que no había dejado de existir entre ambos.

La destreza de sus movimientos se volvieron inexactos, pero no dejó de repartir caricias por el pecho, los brazos y la espalda de Aiden, deslizando sus dedos por los escenarios desnudos, retomando la sensación de su cuerpo ya anteriormente conocido, el elixir ya no de juventud, sino de su vida y el valor de la misma. Había perdido la noción de los hechos, de cuánto había sucedido desde el primer momento en que cruzó la puerta de la oficina, pero eso poco importaría a partir de entonces. Ahora, fascinado por la sensación colaborada que juntos emprenderían, se concentraba en una única cosa y sin ninguna posibilidad a dudas, la más importante de todas: vivirlo, con cada una de las letras y la disposición que se permitía obtener del policía, aventurándose en un todo sin limitaciones, entregándose en el máximo nivel al mismo tiempo en que se impregnaba de una excitación que no era solamente suya.

En cuanto sintió demasiado cerca aquella afamada explosión liberadora, invirtió el papel de sus acciones y soltó su miembro impidiéndole apoderarse de su ser. Sus manos se olvidaron de la fricción abajo y ascendieron hasta los hombros de Aiden, allí se arraigaron percibiendo el sudor en su espalda y concluyeron el desliz de su recorrido detrás de su cuello, atraiéndolo, tentándolo y acercándose a besarlo una vez más mientras sus dedos se ceñían con fuerza a la respuesta del acto, ofreciendo la inmensa cantidad de besos que sus labios le guardaban y deseaban compartir. De este modo, sin alejarse de su boca, Viktor lo rodeó con los brazos, dejando luego de un prologado momento, que la barbilla de Aiden reposara automáticamente en su hombro derecho conforme su pecho se unía al contrario, apartándose de su boca para recobrar el aire que hacía falta y nuevamente se había empeñado en arrebatar, acelerándose el ir y venir de las penetraciones, más precisas y contundentes a su punto.

Al ladear un poco la cabeza, el castaño se inclinó a besar el cuello de Aiden, acariciando su espalda y succionando ligeramente su piel de manera simultanea, acto que si bien intentaba no exceder con suma fuerza para no causarle daño, iba intercalándose por medio de leves e inevitables mordiscos hasta que, con su lengua, Viktor bordeó la curvatura en el cuello del rubio, desplazándose sin una dirección justa ante las vibraciones que su cuerpo y el ajeno sacudían con vehemencia, sin embargo, aún sí con la atención suficiente de no olvidarse cómo y dónde debería detener la circulación de sus húmedas caricias; se movió cerca de su oreja, capturando su sabor cuando lamió desde la parte superior hasta encontrarse lentamente en el contacto de su hombro, y oyendo el murmullo exhalado de sus respiraciones tanto como de las suyas propias, se desplazó con la insistencia pasional y cariñosa de alcanzarlo en su barbilla y volver a unir el anhelo de su boca, pero en lugar de hacer justicia al deseo original, movió su cabeza al lado opuesto y agachándose lo necesario para antes descubrir la prominencia de su nuez, lo complementó cerrando sus labios en un beso que surgió el ahogo de un gruñido casi inmediato, sintiendo las manos de Aiden en su espalda, aferrándose contra él en el ardiente frote de su pelvis y la aparente desesperación de tocar y sentir la vitalidad, el apremio y afectivo deseo del contrario.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Vie Jul 17, 2015 5:33 pm
Su cuerpo vibraba debido a las sensaciones que estaba experimentando, estas se extendían como una red eléctrica a través de cada célula de su cuerpo y hasta la más ínfima y microscópica parte de él cedía ante los estímulos provocados por el acto que realizaba con Viktor, tenerle entre sus brazos y fusionar sus cuerpos en uno solo no tenía comparación alguna, ni los recuerdos de las veces que habían estado en aquel acto íntimo podían compararse a la realidad actual, hasta se atrevía a decir que esta vez no se podía comparar a ninguna previa, quizás intervenía el hecho de que era una reconciliación, que no se veían desde hace tiempo, el lugar donde estaban, o simplemente una combinación de estas y otras particulares condiciones que propiciaban un ambiente tan íntimo y especial que hacían que hasta sus vellos se erizasen por ello.

Todo su ser reclamaba por el cuerpo contrario, si pudiese hacerlo estaría todo el día con él de aquella forma, más específico que sólo por una relación sexual, era el estar unido a él, sentirle como suyo
nuevamente y poder degustar el sabor de su piel, sus labios, su boca, todo lo que le conformaba como un
ser vivo era algo que Aiden quería, le ansiaba y deseaba como no lo había hecho por nada ni nadie en su existencia actual, un deseo tan profundo que nacía de su pecho y le obligaba a comportarse de forma ajena a la que su cerebro dictaminaba día a día, sometiéndole a una constante batalla entre el pensar y el sentir, tomando control como todo en la vida la que fuese más fuerte, en este caso: el amor.

Sus labios se unían a los del castaño una y otra vez, no importaba cuántas veces lo hiciera siempre se
sentía como algo completamente profundo y significativo, podía ser un simple intercambio de besos pero aún así cada uno de ellos significaba algo y más aún despertaba cosas en su pecho, el cual ya parecía más que dispuesto a tomar un descanso de las constantes presiones que provocaba su corazón al latir con fuerza. Degustaba el hambre contraria en su boca y él mismo estaba seguro de que el castaño también podía sentir la suya, como buscaba sus labios y los devoraba sin importarle si a veces necesitaba dejarlos ir para obtener aire, no le importaba, quería pasar cada segundo, minuto y hora junto a él, nada más era importante.

Sus movimientos de pelvis se asemejaban a la urgencia de sus labios, en el comienzo había sido lento y le había permitido al escritor llevar el ritmo, más una vez que su esfinter había aceptado por completo a su
miembro el vaivén aumentó su velocidad en una transición prolongada, permitiéndole entrar y salir sin abandonar completamente su entrada, pero si estimulando el centro de su ser y como esperaba debía de estimular al contrario, sus manos reflejaban la intensidad cuando se aferraban con fuerza a los glúteos de este y los alejaban de su posición inicial con el fin de volverlos a posicionar luego de un momento, por al menos lo que le pareció unos cuantos minutos se mantuvo en aquel acto, acariciando aquellas porciones de piel y músculo que contorneaba a cada momento.

Mantenía un ritmo constante y acelerado, su cuerpo lo demandaba y por las reacciones del contrario suponía que también cuando sintió sus pechos tocarse, la irregular palpitación en su caja torácica se podía sólo comparar con la del contrario, lo cual suponía el desgaste físico que conllevaba aquel acto, pero también elegía creer que se debía a los sentimientos involucrados que se demostraban con cada momento en que sus cuerpos chocaban y se acoplaban el uno al otro como dos piezas de una misma máquina. Su miembro comenzaba a sentir la presión tan conocida que suponía alcanzar el clímax, por lo cual, en un intento de prolongar un poco más la experiencia comenzó a descender la velocidad de sus penetraciones, claro está sin dejar de hacerlo pero dándose un respiro. Disfrutaba de las caricias que el escritor tenía para darle, sus ojos se mantenían cerrados en todo momento disfrutando del contacto de su piel con la del amado, no podía explicar con palabras lo mucho que su carne quemaba cada vez que él lo tocaba, era una sensación simplemente extra corpórea; gruñidos en su garganta se apresuraban a buscar una salida ante tantas sensaciones juntas, y no las reprimía en lo absoluto, quizás gemir no se lo podía permitir pero si dejarle saber al otro que lo estaba disfrutando completamente, por otro lado, sus manos que se encontraban quietas sobre los glúteos del castaño, sosteniendo cada uno a la vez, ascendieron hasta las caderas ajenas y se fijaron allí para brindarle el control de la situación y darle marcha a un vaivén con mayor velocidad y profundidad, con la remota posibilidad a alcanzar el momento culmine de aquella de  experiencia.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Sáb Jul 18, 2015 3:15 pm
La experiencia de estar entre sus brazos no tenía igual. Sentía que su ser quemaba desde muy adentro, pero no eran sino las sensaciones del placer que su cuerpo le trasmitía con una velocidad vertiginosa. Viktor se aferraba a las caricias del otro, tanto como se aventuraba a devolverlas sin la menor pausa entre sus acciones. Sus dedos acariciaban la piel sudorosa y se hundían de cuando en cuando, apretando en la carne de tal manera que pudiera asegurarse de que estaba sucediendo. No lo dudaba, podía sentirlo dentro suyo y en cada parte de su alma, él era el complemento que tanto parecía exigir su mente y su corazón, aquello que necesitaba para complementarse. Había sido preciso entregarse completamente a lo profundo de sus sentimientos para descubrir qué más guardaba, qué más tenía por ofrecer a ése alguien y por encima de todo, cómo era sentir en carne propia la realidad de un amor correspondido.

Por una vez en su vida, creía tener la respuesta a todas las preguntas que en algún momento surcaron su mente, cuyas dudas surgían de sus razones para mantenerse firme en una relación que a veces no parecía existir del todo, pero que al mismo tiempo, se revestía como la parte más importante de todos sus días. De una manera bastante irónica, había compartido muchísimo tiempo junto a Aiden incluso después de apartarse de su vida; pensándolo a diario, cuestionándose cómo, con quién o dónde estaría, qué pasaría por su mente en dicho momento o cuáles cosas desempeñaría entre cada descanso. Daba una impresión enfermiza, obsesiva hacia una única persona y hasta, en cierto punto, cuando los primeros meses dijeron adiós y se abría paso a un nuevo inicio en el que nada parecía cambiar, levantó consigo mismo la sospecha de que algo no andaba bien con él. Por supuesto que era todo lo contrario.

Aunque de una forma sumamente peculiar, su reacción de añoranza no se debía a un impulso trastornado del cual debiera desprenderse; le invertía una cantidad alucinante de emociones, porque no era capaz de contenerlas mientras el policía estuviera lejos, y a pesar de lo evidente de su situación, Viktor no se dio cuenta de ello hasta que la convivencia desapareció definitivamente. Se hubo esfumado con la rapidez de un flash fotográfico, y presto estaba junto a él durante el primer segundo, al siguiente estaba solo. Ya no había señales insignificantes a las cuales engancharse. Se acabó el trabajo excesivo, las reuniones con agentes y las largas horas de sueño; el tiempo que invertía en abstraerse y tratar de no pensar en Aiden le mostró la espalda y lo obligó a mirar hacia la realidad de sus pesares, a la ligera línea entre sufrir por la persona amada o ser feliz con ella. Simplemente así había encontrado la respuesta de lo que sentía. Por una razón absurda como lo era la incomunicación, se había dado cuenta de lo mucho que estaba perdiendo y las razones tan ridículas que lo hicieron alejarse, pero una vez se sumió en el peligroso mundo sensiblero —como solía llamarlo al negarse que hubiera algo de cierto en la posibilidad de que dos personas pudieran compartir los mismos sentimientos en el mismo intervalo exacto de tiempo—, se dio cuenta de su error y la necedad de reconocer real lo que jamás experimentó anteriormente.

Había hecho oídos sordos y ahora no lo quedaba de otra que aceptarlo: él cambió porque alguien tuvo que desenvolver la corteza para llegar al núcleo, pero no cabía duda de que estaba hecho y era la experiencia más gratificante que hubiese tenido oportunidad de compartir, de hacerle merecida justicia y dejarlo sucederse sin intervenciones, sentirlo en la respiración, el tacto, los besos y la agitación de sus cuerpos, descontrolando sus latidos, pero recibiendo con un gusto y entereza inerrable a aquel que fuera capaz de estremecerlo como ningún otro. Así pues, mientras sus dedos retenían la fuerza del éxtasis que padecía, prolongándose en su contacto con el cuerpo ajeno, Viktor alzó su rostro y con el movimiento su nariz rozó la barbilla de Aiden, sosteniéndose entre su espalda y sus hombros, donde no dudaba en reforzar las caricias, apretarlo contra sí, sentirlo completamente al tiempo en que, silenciosamente, permitía que los sonidos de placer se ahogaran en su garganta, emitiendo leves quejidos que para pronto se convertían en suspiros y exhalaciones.

Ascendió un poco más y sus labios se unieron con los del rubio, fundiéndose en un beso suave y prometedor, en tanto sus caderas subían y bajaban siguiendo el movimiento de pelvis, respirando con constancia sobre su boca, impulsándose hacia él e incitándolo a no detener la celeridad que ejercía, pero también queriendo proporcionar el mismo nivel de excitación y complacencia que sentía por su parte, aquella liberadora sensación de lleno y la urgencia de sus sentidos a continuar, exponiendo el cuerpo bañándose en el sudor que explicaba, sin semejarse o siquiera estar un poco cerca de la realidad de su experiencia, la elevación eléctrica que se apoderaba del ambiente conjunto.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Lun Jul 20, 2015 11:37 am
Claramente como todo ser humano podía albergar sentimientos duales dentro de si mismo y convivir sin ningún problema adicional al torrente de emociones que se mezclaban en su interior, lo cual podía explicar el hecho de que el enojo que había experimentado en la mañana debido a los problemas propios de su trabajo había dado paso a la ira cuando el amor de su vida había cruzado la puerta y daba vueltas todo su mundo en un abrir y cerrar de ojos.

Se conocía lo bastante bien a si mismo como para haber supuesto que la situación no marcharía bien cuando le tuvo en frente, tenía bastantes problemas con los que lidiar y se presentaba el mayor de ellos, que si bien no parecía hacerle justicia a una persona en aquel instante el rubio no podía asignarle dentro de otra categoría. El giro que tuvieron los eventos desde la acalorada discusión que mantenían hasta el hecho de llegar a un punto medio en el conflicto, para luego dar paso a una reconciliación que los mantenía en la más desatada y pura forma de demostrar lo que sentían era digno de una telenovela o película romántica, más al Teniente poco le importaba, simplemente era un hombre que se dejaba llevar por lo que sentía y le permitía a sus más profundos deseos apoderarse de él, manifestándose toda la gala de anhelos en una única persona: Viktor.

Durante la conversación o discusión que habían mantenido el rubio se había dado cuenta de que no podía seguir en aquella vía, necesitaba cambiar rápidamente antes de que comenzase a colapsar y pudiese tomar un rumbo del cual no habría vuelta atrás, el momento llegó casi por arte de magia de las palabras del escritor, escuchar de su propia boca y confirmar con su mirada que lo amaba, sin importar el grado en que lo hacía, ya fuese superior o menor al que él mismo profesaba, no parecía importar, simplemente al procesar aquella información en su cerebro y otorgarle el distintivo que le hacía una verdad para él y por qué no, un alivio, simplemente no tenía comparación y era suficiente para diluir toda su ira hasta un goteo intermitente y poco significativo.

Sus brazos trabajados se cernían con fuerza alrededor de él, quizás el escritor pudiese sentir que estaba siendo demasiado posesivo o exagerado con su agarre, pero francamente no le podía culpar puesto que Aiden no se permitiría dejarle ir otra vez, aunque en realidad nunca lo había hecho, la separación había sido una decisión unilateral y él simplemente lidió con ello como con todo lo que hacía en su vida, haciéndolo a un lado tanto como su cordura se lo permitía y estableciendo una pared que le mantenía alejado de sus sentimientos, al menos, el trabajo se traducía en una barrera que podía tanto dañarle como protegerle, dependiendo de la ocasión. Sus manos acariciaban la piel que recubría el músculo de sus glúteos mientras continuaba con el acto de penetración, ya habían establecido un ritmo constante entre sus propios movimientos pélvicos y los de su amante, por lo cual simplemente les restaba disfrutar del acto sexual y de las sensaciones que enviaban por sus respectivos cuerpos, por que Aiden suponía que el castaño disfrutaba tanto como él lo hacía, y no habría mayor satisfacción para él que saber que podía demostrarle de todas las formas posibles e intensidades lo que su corazón sentía por él.

El sudor se extendía por su cuerpo tal manto de agua que hubiese caído sobre él, como una capa más externa a la epidermis que protegía a su cuerpo, bañando su cuerpo y como podía observar y sentir el del contrario; los sonidos que se escapaban de la garganta del escritor simplemente aumentaban su excitación, un sonido suave pero cargado de lujuria que se convertía en una orden para su cuerpo, traduciéndose en un mayor movimiento de su pelvis y por ende una penetración más profunda y constante. Sentir cómo sus labios eran sellados en un profundo beso con los del castaño se volvía un acto repetitivo durante aquel momento, pero no por eso menos significativo, era una parte más de su ser que necesitaba conectar y sentirse complementada, degustar el sabor de su boca una y otra vez y beber del néctar que su cavidad podía verter en él, a la vez que su miembro rozaba el esfínter contrario con mayor urgencia que antes una y otra vez, sin detenerse más que por algunos segundos para retomar su marcha nuevamente. El anhelo de poder traducir el placer que sentía en gemidos sólo era eclipsado por su fuerza de voluntad para no ponerlos en aprietos dado el lugar donde se encontraban, sin embargo se permitía gruñir y exhalar como una vía secundaria en respuesta a su acción de aferrarse con fuerza a su trasero y oscilando hacia sus caderas sus manos para producir una mayor profundidad si es que existía y no la había alcanzado ya, dentro de los límites comprensibles claro está, obligando a su miembro a abrirse paso hasta en la más ardua tarea que conforme aumentaba tendría un punto de término.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Miér Jul 22, 2015 9:11 pm
El sudor perlando su piel le otorgaba una apariencia excesivamente suave, hacía que las caricias se sintieran más profundas, como si cruzaran por medio de una superficie intacta y se hundieran dentro con el mismo efecto de un escalofrió, justo a tiempo para resurgir el deseo y la premura de una situación que ellos mismos habían creado, algo que les pertenecía y volvían a compartir entre los dos, impulsándolo a su propio ritmo, perdiendo y retomando el control a la imagen anhelada y la necesidad de un resultado que de nueva cuenta podían complementar como uno solo.

Extraviado en el placer que recibía, Viktor cerró los ojos e inclinó la cabeza, habiéndose apartado de la humedad y el cálido aliento que abrigaban en la boca del policía. Se permitió disfrutar de las caricias, aprobando la advertencia de su tacto en cada embestida. Lo dejó hacer y lo acompañó al mismo tiempo. Besándolo, aferrándose a la necesidad de sentirlo, tocarlo y que le tocase, de compartir ése indiscutible instante que se hizo para ellos, sin pensarlo, sin planearlo y sin pensar en los pequeños detalles de todo aquello. Las ganas que tiene de Aiden, de su aroma y su grata entrega, es algo que jamás podría llegar a expresar correctamente, pero inconsciente, ha dejado que el reflejo en sus ojos lo demuestre, de tal manera que ésta sea su voz y con ello pueda sentirse suficiente, como si ninguno necesitara de algo más que al otro, y a pesar de que el escritor, necio en sus creencias, no siempre está satisfecho con el mensaje de una mirada, las que encuentra y concede ahora son tan gratificantes como la acción que emprenden. Tan genuinas, tan naturales.

Aunque sabía que los minutos en el reloj seguían corriendo a una velocidad sofocante, que no le importaba en los más mínimo lo anterior y que lo único que podía surcar en su cabeza en aquel momento era el exigente apuro por vaciar un placer encerrado, oculto desde hacía tiempo y del cual ya no se creía dominante, reafirmó sus brazos alrededor del cuerpo que abrazaba, uniéndose a él en el balanceo de sus cuerpos, sumiéndose en lo que deparaba el acelerado y vehemente vaivén de las penetraciones, la pelvis del rubio colisionando en sus glúteos, alejándose un instante tan sólo para regresar y cumplir de la prometedora manera en que se distanciaba, con sus manos abriendo el camino a su entrada, permitiendo que pasase y avivara la corriente eléctrica en que se veía trasladado, una y otra vez al sentirlo dentro suyo, llenándolo por completo, sintiéndolo como la pertenencia que has creído perder y te asalta un fuerte aprensión en el pecho, antes de caer en la cuenta de que sigue ahí, que en realidad no los has perdido y todavía está presente para valorarlo como el desasosiego de los últimos segundos te ha obligado a hacer. Justo a tiempo.

Con los músculos contrayéndose en todas partes, distinguiendo las venas de un esfuerzo plácido y sumamente indispensable, retomaron la señal de una culminación cada vez más próxima. Viktor observó los brazos de Aiden cerrándose en su rededor, tensándose y relajándose con el agradable espasmo que se abalanza rápidamente mientras sus dedos, recorrían y acariciaban los pliegues de sus glúteos, acabando de agilizar la excitación que ambos hubieron prolongado desde hacía rato. El castaño movió un poco su cabeza y su mentón rozó con el de Aiden, exhalando un suspiro cerca de su oreja, recargándose en su cuerpo y sosteniéndose en dicho momento en particular, ya sabiendo con seguridad de que el efecto sería inminente, y aunque era innegable que no por ello dejaría de ser siempre satisfactorio en la mayor de las escalas, tampoco tardaría mucho más en presentarse y detonar con un sinfín de sensaciones.

Fue entonces cuando, con los sentidos ya en medio de su ebullición, Viktor percibió el clímax del contrario entendiéndose a través de su cuerpo, colmando en su interior, mezclándose en fluidos y alcanzándolo desde la punta de los pies hasta el último y más fino de sus cabellos. Se enderezó al sentirlo, la espalda arqueándose levemente, en tanto sus manos oprimieron la piel ajena como si temiese que aquella presencia se esfumara de pronto. Al cabo de un momento, una vez pasó la vibración y el control de su cuerpo pareció cederse nuevamente a su dueño en tierra, su mente se amoldó a la realidad y el hervidero en que pareció envolverse su sangre comenzó a ajustar, adoptando lentamente lo más cercano a su temperatura original. Quieto, pero con sus brazos aún rodeando la espalda y los hombros de Aiden, los dedos moviéndose cuidadosamente en suaves y cortas caricias, el castaño permitió que su acelerado corazón —lo sentía latir demasiado aprisa, resaltando en sus sienes conforme su pecho subía y bajaba, decayendo su celeridad de poco en poco—, también pudiera tranquilizarse antes de animar moverse de la posición en que se encontraban. No quería romper aquel instante, apurarse y desvanecerlo como si fuera cualquier cosa, porque ciertamente no lo era, así que optó por aguardar ralentizando el paso de los segundos y esperó en silencio, sin moverse más allá de lo adecuado, tentado en resbalar la punta de sus dedos por la espalda y el cuello de Aiden, hasta dar con su ahora ya desordenado cabello.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Jul 23, 2015 4:34 pm
Su estómago extendía la sensación que ascendía desde su pelvis hasta todo su abdomen, en sintonía su corazón palpitaba con fuerza en parte por el esfuerzo físico que suponía el acto sexual y por otra por los sentimientos involucrados allí, Aiden no podía negar que cada parte de su cuerpo estaba siendo plenamente estimulada, quizás no todas de la misma manera pero se complementaban de una forma que lo parecía, brindándole sensaciones que hace tiempo había dejado de sentir, por el simple hecho de ya no poder contar con la presencia de la única persona que para él era importante mantener a su lado, para amar y cuidar incluso si su vida dependía de ello..él estaba dispuesto.

El rostro del castaño le permitía adivinar lo que estaba estaba pensando o al menos sintiendo, claro está eso no sugería que estuviese en lo correcto siempre, sin embargo aunque errase cada vez tan sólo el quedarse con la imagen de placer que este expresaba provocaba que todo dentro de él ardiese con deseo, y es que actuaba como una especie de provocación hacia él, obligándole a ejercer mayor fuerza y presión conforme pensaba que al otro le gustaba; si bien, era un acto que los sumergía a ambos en un mismo estado, una fusión de sus cuerpos, el rubio pretendía entregarle todo el placer que podía a su amante, demostrarle esta vez de la forma más íntima que podía todo lo que sentía y cuánto le había extrañado, no sólo su corazón parecía demostrarlo, sino cada uno de sus movimientos y roces que no hacían más que exteriorizar el deseo que tenía por él.

Su boca se ajustaba perfectamente a la ajena, quizás diseñadas para encontrarse en algún punto de sus vidas, lo cual ya había sucedido y de la cual para bien o para mal no podían renegar, al menos el Teniente no lo haría, ya le era imposible dar marcha atrás a lo que sentía y volver a sumirse en su estado primario de negación. Esta vez se había desatado por completo y así lo demostraba, besando sus labios, mordiendo la parte inferior de estos y estirándoles de una forma sumamente íntima, acariciando su lengua con la propia, cualquier forma que pudiese significar un continuo contacto con él era una arma que utilizaba a su favor.

Su musculatura estaba completamente tensa ante la presencia del escritor, cada porción de carne y pie que componía aquellas partes de su cuerpo oscilaban cada vez que este entraba y salía del contrario, al mismo tiempo lo hacían por el mero hecho de moverse y de sentir el agarre que el castaño sostenía cuando este decía al placer que su miembro le provocaba, lejos de hacerle daño o molestarse sentir sus dedos en su carne era una forma más de estimular su propio libido. El choque de su pelvis con el trasero ajeno era de por si una sensación que podía disfrutar, más aún el hecho de poder recorrer sus glúteos y apretarlos cada tanto presa de un golpe de excitación, tan sólo relajando su agarre cuando el movimiento era más lento y propiciaba un masaje por aquella zona.

No había posibilidad para él fisiológicamente posible de poder acrecentar las penetraciones, por lo cual tampoco lo era el alcanzar el clímax del acto tras un momento sin disminuir el vaivén, sintiendo como su cuerpo vibraba entero y su abdomen parecía hacer descender una fuerza que recorrió todo el camino hasta alcanzar a su miembro, el cual en una especie de reacción en cadena comenzó a palpitar e hincharse para liberar su contenido en el interior de Viktor, como acto reflejo le atrajo lo máximo posible hacia él, sintiendo su pecho contra su rostro y percibiendo como este parecía resentir el mismo impacto que a él le invadía, por algunos minutos no se movió hasta que comenzó a decaer aquella fuerza volviéndolo nuevamente a su estado anterior.

Su cuerpo sudaba y el contrario igual, jadeaba en respuesta a la falta de aire que le supuso el esfuerzo y posiblemente como una especie de compensación por no poder expresar su sentir de la forma adecuada. Una vez que sus latidos y su pecho concordaron en establecer un ritmo normal observó el rostro de su amante, este era enigmático y no podía leer nada allí, se le daba bien en parte discernir lo que una persona podía albergar dentro de su mente, de eso dependía su trabajo en parte, pero con él nada funcionaba, lo cual lejos de desencadenar frustración le hacía sentirse más atraído a él.

Le observó por unos segundos más mientras sus manos se movieron hacia la entrepierna del contrario, su mirada sugería lo que a continuación podría tener lugar y medio buscaba su aprobación, realmente no la necesitaba pero a pesar de todo lo que habían hecho se sentía levemente extraño teniéndolo entre sus brazos, claramente eso no se oponía a su anhelo de él, pero nuevamente su cerebro comenzaba a operar y obligarle a pensar más de lo necesario, aún así, su mano no se detuvo y se cernió por encima del miembro de Viktor para rodearlo en su diámetro. Su rostro se acercó lentamente al contrario hasta rozar sus labios levemente, sus ojos fijos en los cristales del castaño mientras su respiración se filtraba de su boca lentamente en un cálido halo.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Sáb Jul 25, 2015 5:33 pm
Su respiración había recobrado la naturalidad que buscaba, el latir de su corazón se sentía agitado pero seguro de poder continuar con sus funciones regulares, aunque la disposición de cumplir con ello todavía no llamase a su puerta... Ni llamaría. La vibración en las manos del castaño había cesado tanto como fuera posible y el ligero temblor consecuente de la fuerza que hubieron ejercido para sostener la misma posición desde hacía rato, también parecía concederle un cambio significativo, en tanto la tierra volvía a ceñirse a su estado congénito y lentamente ellos hacían lo mismo, regresando un paso hacia la prudente lucidez de sus actos, la reacción en cadena y la serenidad que parecía rodearles en un momento inadecuado.

Viktor observó la estancia con un acto reflejo, reparando primeramente en la oficina, luego en el teléfono que debería seguir detrás de ellos a pesar de no poder verlo al encontrarse a su espalda, la puerta cerrada pero sin el pestillo puesto, la silla contra la pared, el festín de ropa en determinados puntos que sin echar un vistazo no podría recordar claramente, sus cuerpos desnudos marcándose con la presencia del sudor que los recorría lentamente, la alteración de sus respiraciones y la inminente entrega que aún persistía en el aire. Todo a la vez. Todo en un mismo fragmento de segundo. Un poco más consciente del lugar y el tiempo en que se encontraba, intentó relajarse entre la calidez de los brazos del contrario, tomándose un momento en el que internamente deseó regresar a lo anterior, evitar que se le escapara de las manos y poder sentir la seguridad que albergaba en su presencia, en la entrega de su cariño y la disposición de compartir su amor.

Humedeció los labios y fijó sus ojos en los de Aiden, mirándolo sin emitir ningún sonido, simplemente consciente de lo que sucedía entre ellos. Seguro de la intención de su mirada, de lo mucho que le atraía ése hombre y de cuánto estaría dispuesto a dar por él, garantizándolo a cuesta de su negación en el azar; pensando en la cantidad de veces que había probado sus labios y el poco sentido que tenía resultarle insuficiente, creer que la completa satisfacción que sentía cada vez que se acercaba y hundía su boca en la ajena no concordaba con la idea anterior, cada caricia que ofrecía y le era devuelta con el mismo ímpetu y la exacta ilusión embriagadora con la que se aplicara sobre la piel, desvelando aquella sensación que buscaba saciarse con más hasta lo inalcanzable, de siempre necesitar y querer más de él, desearlo como a nadie y sentirse cómodo en su compañía, ya no diciéndose en el acto sexual, sino también durante la banalidad de una conversación sinsentido o la simple expresión envuelta en sonrisas. Parecía casi imposible que se compenetraran así, pero su camino cruzaba la misma brecha y los unía evitando desviaciones.

Viktor asintió con un gesto, como si estuviera otorgándole el permiso de continuar mientras sus pupilas dilatadas lo dejaban ya evidente, pidiéndoselo de una manera secreta y silenciosa. No podía ser diferente, puesto que Aiden despertaba lo que nadie más había logrado antes. Él causaba una combinación brutal en sus emociones, conseguía cambios inmediatos y totalmente firmes en su cuerpo, lo saciaba de una forma inigualable, pero al mismo tiempo revolvía y coordinaba su sentido del placer con una mezcla impecable, una condición que Viktor reconocía muy bien cuando aparecía y procuraba no olvidar mientras se esfumaba cada vez más lejos. Sin apartar su vista del rostro de Aiden, el castaño dio un leve respingo estremeciéndose cuando la mano del rubio hizo contacto con su miembro. La excitación lo golpeó nuevamente. Volvió de tal manera que demostró no haberse ido nunca, profiriendo un ligero gruñido contra su boca. Sus labios rozándose. El cálido aliento entremezclándose en un mismo lugar. Sus ojos atentos a la respuesta del otro, ansiando encontrar el mensaje de su primera reacción.

El castaño hundió la palma de su diestra entre los cabellos de Aiden y lo acercó a sus labios, besándolo con suavidad y lentitud, probando la humedad de su boca como hiciera previamente, pero sensato de no acelerar antes de tiempo, mientras la ferviente necesidad de su miembro crecía en medio de las caricias que éste le proporcionaba con grato conocimiento de su cuerpo, provocando así la pronta respuesta al estímulo de sentir sus dedos en el contorno de su virilidad, endureciéndolo y avanzando en su extensión más sensible, donde tanteando en su pelvis, dejando un destello de roces en sus testículos al descender y acariciando su glande en reacción contraria, incitaba un efecto completamente apetitoso, bastante fiel al fluir de la adrenalina a través de sus sentidos. Había algo en la presencia de Aiden, en su cuerpo, sus besos y sus caricias, algo que lo excitaba más de lo que pudiera excitarlo cualquier otra persona. Estaba consciente de ello, pero no podría explicar jamás el qué. Simplemente lo tenía. Lo que él recibía con una especie de adicción de la cual no querría desprenderse en ningún momento.

Se separó de su boca y sus labios volvieron a rozarse, pero él no pudo reprimir el calor que sentía apoderarse de su entrepierna rápidamente. Se revolvió en las piernas de Aiden siendo una reacción prácticamente imperceptible a la vista, aunque sensible al tacto de sus cuerpos. Viktor tanteó con la mano izquierda en busca de apoyo en el escritorio, pero tuvo que esforzarse un poco antes de dar con el borde del mueble y recargarse sin dejar de lado al hombre que le significaba todo. La silla se recorrió con ellos cuando él se movió, atraiéndolo y acariciando su cuello al relajar el agarre que tenía por detrás del cuello del rubio. Sus dedos oscilaron de dicha zona hacia su espalda alta y volvieron a precipitarse hasta llegar a su nuca, mientras su continuidad compartiendo besos y exhalando respiraciones boca a boca procedía con suma espontaneidad.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Jul 26, 2015 3:26 pm
Por más que le diese vueltas en su cabeza jamás podría llegar a una respuesta clara y por sobre todo que le satisficiese completamente, y es que en cuanto a sus sentimientos se tratase era un completo novato, un neófito en lo que su corazón quería decirle cada vez que veía al castaño o lo tenía en sus brazos, ni siquiera hablar de poder compenetrar su cuerpo con él, lo que sugería un aumento exponencial del ritmo cardíaco que no parecía tener un fin claro, sólo aumentar sin preocuparse siquiera en la capacidad de aquel órgano para soportarlo.
No podía establecer un límite a lo que sentía por aquel hombre, sus más íntimos deseos se veían reflejados en él y su propia cordura le pertenecían, así como su corazón y su cuerpo, en primera instancia le causaba pánico dejar que una sola persona pudiese tener tal control sobre él, hasta el momento nadie lo había hecho, pero Aiden sabía que si no se arriesgaba jamás ganaría nada, la vida siempre se regía por aquella especie de regla de intercambio o equilibrio, y él estaba dispuesto a intentar con todas sus fuerzas ser feliz, junto al hombre que amaba: Viktor.

No era necesario para él tomar consciencia de lo que había pasado, a pesar de que había desatado hasta el último nudo que aprisionaba su verdadero ser no perdía el sentido del espacio en el cual se encontraban, su oficina había sido testigo de muchos asuntos, reuniones, escándalos, hasta más de alguna paliza que se le había dado a un criminal, pero nunca había albergado a dos amantes que se demostraban lo que sentían de la forma más carnal posible, No, el rubio jamás habría pensado ello, ni como una muy lejana posibilidad, pero allí estaban ambos, el escritor sobre las piernas de Aiden mientras sus cuerpos desnudos seguían en contacto como si fuese lo más normal estar así, quizás lo era para ambos, aquello no podía saberlo a ciencia cierta pero si podía decir que dentro de si lo sentía como correcto, como algo que debía ser de aquella forma.

Se tomó lo que le parecieron minutos observando el rostro de este, su cabello castaño peinado hacia atrás que ahora lucía alborotado al recibir sus dedos en algunas ocasiones donde se sujetó de sus finas hebras para impregnarle mayor énfasis a sus besos, sus ojos claros le miraban y reflejaban su propia imagen, seguían cada uno de sus movimientos lo cual siempre le había parecido encantador en él, no es que fuese algo superfluo, pero la mirada del escritor tendía a ser más profunda que cualquiera que hubiese tenido la oportunidad de juzgar, posiblemente se debía al trabajo que este desempeñaba o simplemente a una faceta de su personalidad que podía hacerle tan curioso respecto a lo que estaba frente a él.

La siniestra se alzó para acariciar la mejilla del contrario acunando la simetría de este con su palma, las
yemas de sus dedos oscilaban lentamente sobre su tersa piel, mientras su pulgar se abrió paso hasta dar con el mentón ajeno sujetándole obligando a su mano a cambiar de posición para propiciar aquel gesto.
Sus labios rozaban los ajenos en una invitación silenciosa, mientras su mano se precipitaba cada vez más
sobre su miembro, tras confirmar el deseo en los ojos de este comenzó a aumentar su contacto sujetando con todos sus dedos la virilidad del castaño, sus dedos bien entrenados comenzaron un movimiento de vaivén lento para permitirle alcanzar el punto de dureza que aseguraría una experiencia para el contrario, sus ojos no le permitían al otro escapar lo cual suponía una mayor excitación aún.

Sus labios se unieron a los del otro esta vez con un ritmo suave y más pausado, permitiéndole disfrutar de hasta el más pequeño rincón de su boca, sus ojos se mantenían cerrados en aquel instante permitiéndose disfrutar hasta lo más hondo de su ser aquel intercambio de caricias, la humedad de su boca y su aliento cálido eran absorbidos por la propia cavidad, embriagándose con su ser como lo había hecho ya en variadas ocasiones pero siempre se sentía como la primera, una sensación de vacío le golpeaba cada vez que se separaba y su juicio le hacía pensar que se encontraba en una relación completamente simbiótica.

A la par de dejar que su boca se acoplase a la ajena, su mano podía sentir el miembro de este endurecerse ante sus movimientos lentos pero profundos, su manos hábil recorría desde la base de este hasta la punta deslizando la piel que cubría aquel cuerpo esponjoso, bordeando con su pulgar el glande que este poseía, sólo un hombre sabía como darle placer a otro en aquel sentido, ninguno que no fuese de su mismo sexo podría saber las terminaciones nerviosas que se tocaban y los movimientos que más placer
podrían generar por lo cual Aiden sabía qué hacer. Le permitió al otro acomodarse mejor sin soltar su
virilidad, esta ya había crecido en su máxima extensión en su mano mientras sus dedos se habían amoldado al nuevo cuerpo, ahora su movimiento de vaivén profundo y lento había comenzando a tomar velocidad pero aún arrastrando todo desde la base donde se iniciaba su miembro hasta la punta de este, estimulando y contorneando cada parte que componía su pene. Sus labios se separaban y encontraban
una y otra vez con los ajenos, mientras su diestra se ocupaba de aquella tarea y su siniestra acariciaba su
espalda baja y caía a veces hasta sus glúteos.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Jul 28, 2015 5:03 pm
El castaño emitió un gruñido y percibió el aumento de la temperatura concentrándose en su entrepierna cuando la mano de Aiden comenzó a subir y bajar con mayor audacia a lo largo de su miembro, acariciándolo con la suavidad y pasión que necesitaba para lograr estimular su sexo de la manera más propicia, d aquella a la cual estaba acostumbrado a entregarse totalmente, pero que sólo parecía ser capaz de ver a un hombre llevarlo hasta semejante punto de excitación. Viktor no estaba familiarizado con el constante cambio de relaciones, le gustaba mantenerse sin la responsabilidad de una, pero jamás buscaba sosegar la carga de su soledad buscando a cualquier persona para llenar ése vacío. Eso no formaba parte de lo que era y lo que esperaba encontrar con el paso del tiempo.

El placer de un momento que no se repetiría y no tendría significado alguno, nunca le pareció capaz de perforar el ingrediente extra para enlazar sus terminaciones nerviosas y hacerlas estallar durante el mismo segundo, no como pensaba en el instante culminante por el cual valdría la pena adentrarse en la vida de alguien más. Confundir las cosas para algunos era demasiado fácil, creer que una cosa así sería suficiente al cabo de los años, pero no tenía dicho resultado con Viktor. A él no le interesaba experimentar sin prioridades. Y ahora su idea parecía cobrar sentido, darle la razón y concederle el lujo de confirmar su certeza a cuenta propia, con la facilidad de ofrecer cuánto estuviera en sus manos y en su corazón para satisfacer al ser amado, alguien que merecía su tiempo y el esfuerzo de su mente ante las dificultades, y con Aiden lo hacía de un modo tan sencillo, compenetrado y lleno de confianza, que surgía sin pensarlo siquiera, natural como debería de ser.

Conocer a Aiden había caído de sorpresa, ninguno de los dos planeó que sucediera y eso quedaba bastante claro para la manera en que llegaron a involucrarse, de repente, sin ideas anticipadas, simplemente lo habían dejado pasar como si fuese una obra del destino, pero la más importante que hubiera acontecido en la vida de Viktor. El rubio se había convertido en la razón de su cariño, su lealtad y la comprensión de la que nadie figuraría adueñarse nunca. Veía en él la oportunidad de compartirlo todo, sentirse cómodo y necesitado de su presencia y de la personalidad que día a día lo enamoraba un poco más, aunque sin abandonar los principios de una pasión desenfrenada, porque la reacción propicia de su atracción era innegable, Aiden captaba su interés de una y mil maneras, se clavaba en lo profundo de sus pensamientos y costaba mucho trabajo sacárselo de la cabeza, pues era ya no solamente el atractivo seductor que Viktor encontraba en el físico del policía, algo que desde el primer instante lo hizo poner sus ojos sobre él, sino el incremento de su curiosidad que, actualmente, precisaba y aspiraba a re-descubrir cada parte de su alma.

Sus ojos volvieron a encontrarse con los de su amante y Viktor se estremeció con el deseo que florecía del franco gesto de su mirada; un azul dilatado, abundante de pasión, bañándose de entusiasmo en la vibración que debían trasmitirle las sensaciones del castaño cada vez que tensaba su cuerpo y le acariciaba los brazos para luego continuar en su pecho, dibujando rutas con sus dedos suavemente, disfrutando de poder tocarlo como muchas veces hubo hecho antes, explorando la textura de su piel y observando cuidadosamente todo aquello que lo envolvía; lo nuevo y lo que ya estaba, lo que reconocía desde la última ocasión en la que estuvieron juntos y la gran cantidad de cambios que podrían venir después; exhalando leves gemidos que ya no trababa ni era capaz de controlar conforme avanzaba el tiempo y el ardor se apoderaba de sus sentidos, reaccionando por el placer del tacto ajeno en su cuerpo, tan cortés, tan enardecedor, tan sublime como el calor de sus besos y la humedad de su boca, donde compartían la vehemencia y la autenticidad de sus sentimientos, explorando en el abrasador sabor de su cavidad, cuyo centro unía sus lenguas como si de una danza se tratase, lenta y armoniosamente.

En el arrebato de su placer, Viktor empezó a mover ligeramente sus caderas, empujando en sincronía con el firme movimiento de la mano de Aiden y su urgencia de sentir el éxtasis apropiándose de su humanidad, respirando aceleradamente mientras se sostenía del escritorio con más fuerza y descendía las caricias que proporcionaba sobre el cuerpo del rubio hasta encontrarse con su abdomen, deslizando sus dedos por encima de su ombligo y extendiendo su diestra, todavía libre una vez se hubo soltado de la firmeza que sostenía su convulsión, fue posándose cariñosamente en el brazo de él, sin ejercer presión alguna, simplemente moviéndose desde su antebrazo hasta su hombro, acariciando la piel desnuda, la tersura en ciertas partes y la definitiva muestra firme de su musculatura, despidiéndose de aquella sensación al elevarse por su cuello y sentirla desaparecer completamente entre el inicio de los cabellos, húmedos en las raíces. El escritor apoyó su mano en la cabeza de Aiden para acercarlo y volver a sentir el calor que salía de su boca, sintiendo la excitación entremezclándose con la propia a través del aire, rozando sus labios como la ráfaga de Invierno reanima el movimiento de las hondas.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Jue Jul 30, 2015 8:33 pm
Olvidar no era parte de sus facultades, si bien podía albergar el perdón dentro de si jamás lograba borrar de su mente algún pensamiento, hecho o imagen, simplemente estos se quedaban atascados y acumulados esperando el momento exacto para salir a flote. De cierta forma tener una memoria bastante elástica como la suya era un defecto cuando se trataba de relacionarse con otros, pues en cuanto a su trabajo se volvía la peor pesadilla de los criminales, pero no así para las personas que le rodeaban y se volvían importantes en su vida.

Lo había perdonado, su temperamento había cambiado completamente al que tenía cuando este irrumpió en su oficina, él mismo se sentía otra persona en aquel instante si se comparaba con un tiempo atrás y no podía parecerle más un cambio radical, sin embargo, ya había sucedido y elegía creer que para bien. De la forma en que haya sido, sin importar las faltas que este pudo cometer o lo mucho que lo hizo sufrir, Viktor era la persona que amaba, la que hacía latir su corazón con fuerza y le quitaba el sueño durante todas las noches, imaginando distintos escenarios en el cual este podría encontrarse y muchos de ellos quizás en compañía de otro, o al menos eso es lo que su atormentada cordura gustaba de hacerle creer en sus momentos más oscuros y destructivos.

Un hombre orgulloso siempre lo sería hasta el fin de sus días, pero a veces existían sentimientos tan puros y fuertes que eran capaces de sobrepasar o al menos relegar a un segundo plano aquello, sin embargo para Aiden esto era una verdad puesto que no con cualquier otra persona y/o situación hubiese sido capaz de torcer su soberbia personal por un bien mayor, pero al tratarse del escritor quién tenía la clave de su propia felicidad no podría haberse negado, ni siquiera era una remota posibilidad. Tras haber intimado con él se había convencido aún más de que había tomado la decisión correcta, claramente no obedecía simplemente a un impulso primitivo y carnal, sino a algo más arraigado dentro de si, una sensación de pertenencia tan única e intensa que podría quemarle si no se moderaba a si mismo, una fuerza ígnea completamente indomable y por sobre todo impredecible.

No era especial en él su mirada, siempre se había caracterizado por ser intenso en cuanto a ello, y muchas veces le habían dicho que podría congelar con sus ojos debido a la frialdad que desprendían, más para él era algo tan innato como el parpadeo que los ocultaba por segundos del mundo y luego los revelaba en su máxima intensidad; al contrario, su intensidad respondía a un hecho cognitivo intrínsecamente complicado, un proceso mental de análisis en base a lo que sus orbes podían captar y devorar de forma ansiosa, por lo cual, en aquel momento el castaño se había vuelto su único blanco, el objeto de su completa atención, devoción y por qué no, obsesión. Aún así, su mirada en aquel instante era dual, puesto que también respondía al deseo de producirle excitación al contrario, disfrutar del rostro de este ante sus caricias era una confirmación de que lo estaba haciendo bien y personalmente también le excitaba verle de esa forma, saber que podía provocarle tanto como él podía hacerlo era simplemente la mejor confirmación que un amante podía tener.

Su mano no se detenía ni mucho menos soltaba su miembro, al contrario sus dedos se habían convertido en una prisión para aquel trozo de carne y piel, estirándolo y masajeándolo a su voluntad y conforme su anatomía lo permitía, oscilando entre la base de la que su virilidad nacía y la punta culmine de este, donde la yema de su pulgar se encargaba de acariciar lenta y profundamente. Las caricias que el escritor dejaba en su cuerpo eran simplemente incomparables con ninguna otra forma de placer que pudiese conocer, lo amaba, de eso no había duda y hasta el más simple y etéreo toque podía encender su piel y oprimir su pecho por minutos, esclavo de emociones que no comprendía del todo pero que inevitablemente no podía renegar.

Cada vez que probaba sus labios sentía que no obtenía suficiente, más y más necesitaba, su aliento, la humedad de su cavidad eran todo para él, un anhelo en todo momento presente y que no parecía descender, sino al contrario aumentar entre cada intercambio de caricias, sus labios podrían haberse secado de tanto contacto, pero al contrario se mantenían húmedos por el mismo acto y eso le permitía no tener que alejarse más que para obtener aire y permitirse uno que otro jadeo, aún así más de unos segundos alejado bastaban para reanudar aquella acción con mayor intensidad y emoción. Su mano libre repartía caricias sobre la espalda de este intercalando la palma o el dorso mientras recorría cada centímetro de su anatomía, contorneando las vértebras que componía su espina dorsal hasta decaer en la última unidad de esta que correspondía a la porción recubierta por sus glúteos, firmes y a la vez suaves, donde su mano acunaba una porción de estos.

Podía apreciar el calibre del miembro del castaño en toda su expresión, la dureza que este ejercía en contra del agarre de sus dedos y más aún de la maleabilidad que se permitía durante su masturbación, acrecentada de forma exponencial cuando su amante comenzó a mover sus caderas acoplándose al ritmo que el rubio había determinado con anterioridad. Presa de una nueva oleada de excitación aprisionaba el labio inferior del contrario con sus dientes y lo estiraba de acuerdo a la capacidad de extensión de este aumentando su presión en sincronía con el mayor movimiento de su vaivén, brindándole un placer doble a su amado con el mayor énfasis que podía darle.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Sáb Ago 01, 2015 4:07 pm
El deleite y la excitación que le producían sus caricias estaba implícito en la mirada del castaño. Su cuerpo se retorcía de placer cada vez que el policía oprimía el contorno de su miembro, acariciándolo con el atrevimiento y energía de brindarle todo cuánto podía permitirse, compartiendo la composición de un deseo propio y abundante en todos los sentidos. Viktor lo recibía con sumo goce, rompiendo con el instinto de controlarse durante mucho tiempo más, atrapaba sus labios y los unía a los suyos, devorando el caluroso aliento de su boca, exhalando su aroma y el delicioso sabor de su lengua, sintiendo la humedad que le gustaba y permitía expresar aquello que ocultó en el pasar de los meses.

Lo había alejado del concepto general como un secreto privado, guardándolo recelosamente hasta el día presente, y en ése hoy desde que hubiera comenzando, en el ahora, podía percibirlo en las caricias y el frenesí apasionado de sus besos, ya no sabía cómo ni en qué momento surgió, simplemente comprendía la profundidad de su sentido, que aún cuando no se presentara de la misma manera en cada ocasión disponible, la magnitud y el enardecerte delirio que profesaba cada vez que Aiden se encontraba cerca era el mismo, cautivador e irracional hasta para una mente privilegiada, un sentimiento que todavía se mantenía muy lejos del entendimiento humano, pero que bien estaba al alcance de cualquiera, poder sentirlo y hacerlo completamente suyo.

Gemía tanto como el aire que se reprimía en sus pulmones lo hacía jadear, pero aún frente al encuentro más sublime, el golpe más electrizaste a sus sentidos, las manos de Viktor continuaban acariciando la piel del rubio mientras exploraba su boca, degustando su aroma y observando cómo el brillo de su piel volvía a perlar en su superficie, recorriendo sus brazos con suavidad, acariciando su abdomen y ascendiendo a su pecho de manera circular, deslizando la punta de sus yemas alrededor de su pezones, y desplazándose por sus costados hasta sentir el tacto de sus manos sobre los muslos de él, donde posó y trasmitió lo que sentía, lo que él lo hacía experimentar con el frote de su mano, el movimiento de sus labios y la excitante intervención de sus dientes, impetuosos, casi ajenos a la afectuosa manera en que emprendían sus manos a través del cuerpo ajeno, pero paciente y cariñosa como si se tratara de un complemento inmejorable.

Viktor apenas era capaz de reconocerse en ése momento, le faltaba convicción a sus actos y al mismo tiempo no dejaba de parecerle natural, como si lo incorrecto cambiara su papel con lo que sí lo era, como si la urgencia de sentir la fuerza de su unión hubiese cambiando algo importante, quizá un detalle que tuviera relación con el hecho de sentirse un manojo de emociones y sensaciones diversas, ahí, dispuesto a perder un poco la cabeza, darlo todo y recibir la conclusión de su entrega, haciéndolo de la única manera que podría ser aceptable su egoísmo y las ganas de sentir el placer que le venía dispuesto. Se había arriesgado, exponiéndose ante el mayor de los placeres que nunca pensó experimentar, llevando a su cuerpo hasta el límite de posible y accediendo, cada vez un poco más, a lo que éste le pedía y rogaba por apreciar durante el roce de su carne, acalorándose rápidamente, acumulando un éxtasis que podía apreciar en su vientre tras el pasar de los minutos y que ésta vez no trató de retrasar cuando lo sintió venir.

Con la respiración trasformada en un jadeo, Viktor advirtió el comienzo de su orgasmo en el palpitar de su glande y cernió su diestra sobre su miembro, sin tocarse en lo más mínimo, simplemente obstruyendo su pase y exhalando contra la boca de su amante hasta que la convulsión en sus entrañas llegó a su fin y el rápido movimiento del contrario cesó con una última y gloriosa sacudida. El castaño sudaba y respiraba con agitación, pero logró controlarse mucho antes de tener la intención de apartar su mano al caer en la cuenta de la espesura que llenó su palma. Necesitaría mucho más que un buen día de suerte para salir de allí sin que nadie lo notase; sin que la secretaria —bendita fuera por no interrumpir en ningún momento— tuviera consciencia de lo sucedido. Necesitaría, de hecho, al menos un pañuelo. Y eso como mínimo. Pero no lo pensó entonces, y no lo había pensando antes tampoco, así como no se percató del instante en que su total desvanecimiento de la realidad lo hizo cerrar los ojos hasta que necesitó abrirlos.

Levantó su rostro y miró al de Aiden, casi rozando su nariz con la de él por la proximidad en que se encontraban; la zurda apoyada en su pecho, moviéndose ligera y suavemente; el cabello casi, igual o más despeinado que el suyo. —Te extrañé muchísimo, ¿sabes?— articuló a volumen demasiado bajo, inconsciente de la sequedad de su garganta. Todo se había quedado en su boca. En los besos que ansiosamente repartía sin pensar en más. Al escucharse, se aclaró la garganta, lo besó en la mejilla y luego se siguió en sus labios, apenas tocándolos cuando depositó un beso en la comisura. Sabía que no tenía que decir nada, todo estaba dicho desde el principio y hasta dicho intercambio, pero alguien debía de hacerlo en algún momento; y Viktor, en su afán por no callarse durante mucho tiempo, creyó que le correspondía cubrir ése requerimiento indispensable.

Sin poder reprimirse, miró hacia abajo y luego se precipitó a girar el rostro y echar un vistazo por detrás de su espalda, inseguro, pero como si la intención no acorde hubiese sido primero la puerta y no el cuerpo debajo de él. No el deseo de apartarse para poder observándolo en todo su esplendor. Humedeció sus labios, roto el momento. Pero no completamente. —Creo... que deberíamos vestirnos antes de que... bueno, ya sabes— concluyó, refiriendo a muchas posibilidades y a ninguna en concreto, aunque no parecía muy convencido; de haberlo estado tal y como trataba de expresarse para sonar lo suficientemente seguro, se habría levantado de las piernas de Aiden desde hacía un minuto.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Ago 05, 2015 9:43 am
En aquel instante nada más le importaba, el problema con sus suboficiales, el papeleo, la inminente discusión con el Alcalde y otros asuntos habían dejado de tener importancia una vez que el castaño había cruzado el umbral de la puerta de su oficina irrumpiendo como si fuese lo más normal para él. Un pensamiento apareció en su cabeza rápidamente, el cual respondía a la suposición de ¿Qué es lo que habría pasado si no le hubiese dado la oportunidad de hablar?, ¿Hubiese sido la primera vez en verlo después de meses y la última quizás?, esas y otras preguntas se arremolinaban en una espiral de dudas que no podría tener un centro definido por lo cual prefirió alejarlas hasta el más oscuro y lejano rincón de su mente.

Se concentró en aquel instante que estaba viviendo, así como en lo que se disponía a entregar a su amante, nada más que excitación en la forma que él podría brindarle y que esperaba fuese del total agrado de este, después de todo, como lo había pensando en más de una ocasión sólo un hombre podía brindarle el placer máximo a otro al conocer los puntos, movimientos o técnicas que pudiesen ayudar a
alcanzar al contrario el máximo placer. Sus dedos se acomodaban perfectamente al tronco del miembro que sostenía, podía sentir las venas en este, la textura de su cuerpo esponjoso y la dureza que presentaba al ejercer presión sobre este, su mano determinaba el movimiento que su muñeca y brazo realizaría, primero en un vaivén lento y profundo para luego cambiar a una marcha rápida y constante, intercambiándose entre ambas conforme sospechaba el mayor o menor grado de placer que le provocaba, puesto que el ritmo en parte se debía a cómo el rubio procesaba lo que más le gustaba a su amante.

En aquel momento sólo existían ellos dos, las paredes de la oficina habían sido testigo de cómo fusionaban sus cuerpos y repartían caricias por doquier, aún se encontraban en ello sólo que esta vez Aiden estaba empeñado en darle placer al castaño, haciéndole ver de cierta forma que era todo para él y que su devoción no tenía límites. Sus labios nunca tenían suficiente de los contrarios, podían amoldarse a la forma en la que el otro quisiera, su boca se adaptaba a la posición e intensidad que recibía, demostrando que era claramente un acto que ambos disfrutaban, la humedad de aquella porción de piel
permitía la hidratación de los propios puesto que debido al constante roce se volverían más ásperos.

Su siniestra no soltaba su virilidad ni por un segundo, si bien moderaba la velocidad y presión sobre este no le permitía escaparse, la excitación propia le ordenaba comportarse de aquella forma, como si estuviese haciéndoselo a si mismo, sin embargo respondía a estimular al otro, esa era su meta. No estaría completamente satisfecho si el otro no lo estaba, además tenía la urgencia de apreciar cada detalle de la anatomía del escritor, saber que cada centímetro de este alguna vez había sido suyo era imperativo para su cordura, puesto que ahora la historia parecía volver a repetirse causando un gozo en lo más profundo de su ser.

Como algo completamente ajeno a su organismo, no podía prever el momento de culmine del acto masturbatorio, simplemente proseguía hasta que el desenlace ocurriese sin más, tras unos minutos en la misma posición y celeridad advirtió movimientos provenientes de la base de su miembro que se extendieron completamente hasta el glande donde el líquido viscoso brotó, manchando parte de su mano y salpicando un par de gotas en él mismo, sin embargo de ninguna forma le molestó o algo parecido, le amaba y eso implícitamente acarreaba una vastedad de aspectos, además, no podía negar que era excitante aquella situación. Le observó agitado y se sorprendió a si mismo en aquel estado, concentrado como estaba antes en su tarea no se percató de la energía que había puesto en aquello y el sudor que rodaba por su frente descendiendo por su sien lentamente.

Le observaba curioso, Aiden parecía un niño frente a un nuevo estímulo, algo que captaba su atención completamente y se llevaba hasta el más ínfimo de sus exhalaciones por miedo a perderse un instante de ello, para él ya no existía nada ni nadie que valiese la pena, simplemente Viktor era todo lo que necesitaba y quería, y ahora que lo tenía de nuevo no le dejaría ir, si eso incluía retenerlo contra su voluntad podría considerad tragarse su código y todo lo que le regía en una vida correcta, como un Policial, claro está.

Su mano libre que había oscilado por su espalda y trasero ahora se encontraba apoyada sobre una de las caderas de este, contorneando los huesos que sobresalían de esta de forma ligera, casi jugando con ello, mientras su atención y mirada no titubeaba, hambriento de él-No me ha quedado del todo claro, ¿Que mal no?--aventuró con una leve sonrisa, bromeando, eran palabras y parecía casi una broma frente a lo que había acontecido entre ambos en aquel lugar, pero aún así el rubio no se contentaba, ¿Y cómo hacerlo?, la ausencia había sido tan prolongada que el vacío a llenar hacía palidecer a las caricias y sexo que habían experimentado hace unos minutos atrás.

Seguía cada uno de sus movimientos, desde otro ángulo el Teniente lucía como un depredador ante su presa, sin embargo simplemente respondía a impulsos menos primitivos, consciente de la situación, estiró su brazo y sacó de uno de sus cajones un pañuelo de algodón el cual se lo tendió al castaño, para limpiarse de los restos de su eyaculación. Tras volverse a él le sorprendió observando el lugar y la puerta, cerciorándose el mismo de su estado sellado, debía de aceptar que su secretaria era muy eficiente pero por sobre todo obediente, al menos no podría reprocharle nada por el momento-Si..lo sé, sólo que..me encantaría estar contigo así todo el día, si pudiera..-su voz se quebró en el último momentos mientras su mano se movió por su cintura rodeándola con su brazo completamente, atrayéndolo hacia él de una forma protectora y posesiva, su mirada se cruzó con la contraria de una forma intensa, mientras podía sentir el calor de su cuerpo emanar e irradiarse al suyo de una forma cálida e íntima-Sólo unos minutos más, ¿Por favor?-pidió, quizás no era necesario pero no se sentía con ningún derecho sobre él, al menos no tenía la seguridad de antes y el futuro era muy impredecible como para tentarlo.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Vie Ago 07, 2015 6:19 pm
El cambio en su relación había sido completamente radical e inesperado. Si bien no cabía duda de que Viktor lo buscó porque necesitaba y quería solucionar el error que cometió al separarse de él, en ningún momento sospechó que los acontecimientos los llevarían a encontrarse precisamente de esa forma, concediéndoles la oportunidad de tenerse el uno al otro y poder expresar lo que sentían y se provocaban innegablemente. Ya no hacían falta aclaraciones. Las palabras, los discursos que casi se obligó a entrenar y los numerosos pensamientos que martillaban en la cabeza del castaño mientras iba de camino a la comisaría, ni siquiera parecían del todo necesarios a la reconciliadora magnitud de sus actos. Tal vez se le hubiera olvidado cuánto repaso antes de llegar, muy posiblemente habría fallado en todo lo que debería decir para expresar al orden lo que sentía, pero el ardor y el cariño que representaban con cada uno de sus gestos, la absoluta urgencia que hacía hervir su sangre cada vez que su piel rozaba con la suavidad contraria y sus sentidos contribuían al deseo y el anhelo de percibir todas sus capas, desnudando cuerpos, emociones y sentimientos a una sola vez, eso sí había sido capaz de expresarlo de la manera correcta. Ellos acababan de hacerlo sin siquiera darse cuenta de cómo y en qué instante dejó de ser más importante el pasado.

Mientras el silencio se rompía entre ellos, Viktor agradeció internamente volver a tener el gusto de observar y ser el receptor de aquella curvatura en los labios de Aiden, un gesto tan común y visto por infinidad de personas, pero que seguramente a nadie le interesaría provocar tanto como a él, que se había pasado recordando ésa y todas las reacciones, las cualidades y los gestos que más le gustaban cuando no podía verlo, obsesionado con la idea de recapitular cada una de las cosas buenas, las mejores e inclusive las que no salieron del todo bien, pero que ahora parecían sumamente requeridas para el destino que formaron con el tiempo. —Oh, vamos— respondió y alzó las cejas, mirándolo con falsa indignación. Sabida estaba la broma. —¿Fue así de malo?—  agregó y amplió una sonrisa, acariciándole los brazos afectuosamente. Claro que no necesitaba de una respuesta, era evidente que el impulso de algo que se esforzaban por guardarse había actuado mucho antes de que ellos tomasen la iniciativa, incluso antes de que pudieran decidir cómo habrían de proceder con todo eso, tratando con la ausencia, el orgullo y la profunda necesidad de volver a estar juntos.

Sí... Gracias— agradeció con un gesto y tomó el pañuelo para limpiarse, asegurándose de que la prueba no siguiera demasiado presente cuando terminó de hacerlo y buscó el cesto de basura, arrojándolo al vuelo para deshacerse de él. El repentino pudor no era cosa nueva en alguien como Viktor, aunque a menudo su personalidad excesiva se desempeñaba diferente; ya fuera en sus aficiones o durante el trabajo más agradable (para él) que hubiera podido desempeñar; estaba claro que no tenía intenciones de abandonar la comisaría haciendo saber al mundo con quién y dónde intimaba, pura lógica de su precaución decorosa; que de hecho, no pareció muy relevante mientras se desvestía y aventuraba acariciar el cuerpo de su amante hasta encontrar el punto más alto de su estímulo; pero al tratarse de preservar la seriedad que él mismo observó en Aiden la primera vez que se vieron —aquella ocasión en la que Viktor se negó rotundamente a participar de un caso federal con su padre y sus compañeros, hasta que algo, o más bien alguien en la unidad de policías, solucionó las diferencias y abrió paso a un verdadero gusto del castaño por involucrarse, aunque fuera simplemente con una precipitada idea poco profesional—, el objetivo bien podría variar a su favor y conveniencia.

El castaño ladeó el rostro y lo escuchó con interés; realmente no le faltaban ganas de cumplir el gusto de pasarse el resto del día de esa manera. De hecho, su disposición era tan grande que estaba actuando por la simple cortesía de sentir que no estaba en su sitio, en su propio mundo donde supuestamente es él quien tiene el liderazgo de elegir y posponer cuánta cosa se le ocurre, lo que sea, a su placer y voluntad, sino que debe, como mínimo, aparentar su dicha por comportarse de la manera que se espera, con el razonamiento adecuado. No era más que un conflicto absurdo al que se sometía cuando no estaba en casa, rodeándose de lugares y cosas de las que no tenía sumo control, pero ya no podía solamente olvidarse y romper una de las pocas rutinas que tenía y que encima funcionaba (casi todo el tiempo) bien.

Sin embargo, no por su paciencia metódica pasó por alto la agradable disposición del rubio, así como tampoco lo hizo con la seguridad de su mirada y la calidez del ambiente que los llamaba a permanecer unidos. No era el único que se planteaba la idea, aún cuando sí fue el primero en declararlo. Por eso Viktor, en lugar de limitarse al acto y responder aunque fuese una ridícula afirmación, se sintió presa de una súbita ternura y correspondió a su abrazo sin pensárselo dos veces, apretándolo suavemente contra su pecho, pero estrechándolo con fuerza en la misma acción, simplemente aspirando aquel delicioso aroma que emanaba del cuerpo que sostenía entre sus brazos y le devolvía la misma afectuosidad. —¿Podrías... — su voz bajo una octava, hablando algunos momentos después, sólo cuando cayó en la cuenta de las últimas palabras que Aiden había dicho. Se humedeció los labios, y entonces le besó una mejilla, interrumpiéndose a sí mismo y recargando la palma de su mano tras la nuca de Aiden; como si buscara retenerlo, insuflar la viveza del cariño que sentía por él y que no desaparecería tan fácilmente.

¿Podrías tomarte un descanso?— preguntó finalmente cerca de su oído, rozando su oreja con la nariz. Ésta vez podía soltarlo con la plena seguridad de que no era lo que se esperaba escuchar de él, sino la convicción absoluta de que no se apartaría nuevamente, no dejaría escurrirse el tiempo por entre sus dedos y mucho menos se permitiría perder a la persona que amaba, necesitaba un poco más para asegurarse, quería estar con él y recuperar los meses que pasaron lejos, pero aún cuando lo creyó adecuado para su tan extraño paso a paso, fue imposible esperar el después sin antes probar por el ahora. —Sé que no es lo mismo, tu trabajo y el mío. Pero voy a quedarme hoy en la ciudad, y— continuó sin demorarse, acariciándole los hombros mientras se explicaba—, me gustaría que me acompañaras. Todo el día— concluyó, reafirmando su intención original. Llegar en auto había sido una mala idea desde el principio, pero regresar a San Francisco conduciendo y hacerlo ése mismo día era por mucho peor, casi tanto como atreverse a hacerlo, porque no se sentía con las ganas ni la disposición de marcharse cuando la parte más importante de su existencia se quedaría allí, abierto a un sinfín de posibilidades juntos.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Dom Ago 09, 2015 5:21 pm
Como un Policía siempre se había encontrado inmerso en el juego del gato y el ratón con los criminales, al ascender a Teniente aquello había disminuido a proporciones casi nulas, más cuando perdió al rastro de Viktor se embarcó en aquel juego nuevamente, buscando intensamente a la persona que había jurado amar y a la que se lo había dicho en incontables veces y que a pesar de todo lo había abandonado como si no valiese nada, un mísero objeto que tras ser usado perdía su valor y era necesario desechar, o al menos eso es lo que durante todo aquel tiempo pensó, envenenando su mente y corazón con teorías y pensamientos que podían ser tanto mentiras como verdad, más él no era capaz de discernir uno de otro en su estado de apatía y sufrimiento.

Muy pocas veces se sorprendía, realmente no esperaba nada de la vida ni de las personas por lo cual mantenerse neutro hasta en las más insólitas situaciones se mostraba como una característica única en él, claro está, a pesar de aquello no podía mostrarse indiferente frente a los acontecimientos que habían tenido a lugar en su oficina y que habían terminado con ambos demostrándose todo lo que sentían de la única forma que conocían los seres humanos, mediante caricias y el acto de máxima unión entre dos cuerpos.

El silencio se extendía como un manto frío y pesado entre ambos, quizás se hubiese vuelto incómodo de no ser por que realmente no había sido sexo casual entre dos extraños, lo conocía tan bien como esperaba que el otro lo hiciese, tampoco eran ajenos a sus cuerpos ni al contacto entre ambos, más si lo habían sido a los sentimientos que profesaban el uno por el otro, o al menos para Aiden lo fue antes de que su amado le revelase lo que en su corazón residía. Era bastante curiosa la forma en la cual podía ser transparente con él, y por sobre todo expresivo, pasó de ser un típico sujeto duro e intransigente a un amante pasional que no dudaba ni un segundo en demostrarle cuánto le quería, qué es lo que significaba para él y sin importar si hacía mella en su orgullo lo mucho que no podía concebir una existencia feliz sin su presencia, para él era todo, y para bien o para mal, lo sería hasta el fin de sus días, hasta el último aliento que exhalase.

Le observaba con detenimiento, el largo de sus pestañas era una de las cosas que más le gustaban de él físicamente, limitándose a su rostro, sin embargo los labios de este eran algo que no tenían comparación con nada, su textura y maleabilidad le hacían algo completamente digno de querer pobrar y tener la oportunidad de ello simplemente lo hacía sentirse completamente extasiado-Sabes a que me refiero..-le observó y correspondió su sonrisa con una propia, realmente no había necesidad de que le explicase lo que había significado para él y esperaba se correspondiese con lo que el castaño sentía, sus caricias podían parecer leves y sencillas, pero en él eran simplemente eléctricas, aumentando los latidos de su corazón al punto de una irregular frecuencia cardíaca.

Mientras el escritor se limpiaba a si mismo, él tomó un trozo de tela que tenía y se quitó los restos de la eyaculación del cuerpo, para luego desecharlos en un acto mecánico y lento, sin ninguna verdadera intención de apresurar algo que ya había acabado, por el simple hecho de no restarle importancia y de hacer de ello algo simplemente efímero. No olvidaba donde se encontraba, su oficina en la Estación, afuera de la hermética habitación se encontraba una cantidad suficiente de policías como para conformar una unidad de ataque bastante decente y por no decir de los administrativos que trabajaban allí-entre ellos su secretaria-la cual había actuado en pro de su reunión con su amado sin permitir ni la más mínima interrupción, lo cual agradecía en parte y por otra simplemente aprobaba que cumpliese con sus trabajo, esto era seguir sus órdenes sin replicar.

La desnudez de su cuerpo podría atender a muchas oportunidades o deseos, pero sólo uno le importaba en aquel instante, sentir el ajeno sobre el suyo, su piel rozar la suya y su calor emanar hasta cambiar su propia temperatura corporal, un fenómeno de adaptación regulatoria y compensatoria del organismo que en aquel instante se volvía preciada para el rubio, por más que fuese algo inherente a su voluntad. Sus brazos rodeaban el cuerpo del castaño conforme su propia elasticidad lo permitía, apreciar cómo le correspondía simplemente le hacía sentir amado, protegido de una forma que no pensó nunca necesitaría y más aún, en lo más interno de su centro, desearía. Su mirada jamás se alejaba de él excepto para cuando sus movimientos lo exigían, ahora se encontraban mirando hacia la pared detrás de ellos pero eso no quitaba que estuviese pendiente de él en todo momento, como reflejo sonrió por su beso en la mejilla, un gesto suave pero que podía sentir como fuego en su piel.

Sus labios rozando su oreja provocaba que su piel se erizase de una forma que le daba vergüenza, podría sentirse un niño enamorado de aquella forma y contrastaba bastante con su actual madurez, sin embargo no podía evitarlo, era algo que estaba lejos de su control-Uhm..créeme que no hay nada que me encantaría más que eso-agregó separándose y buscando su mirada para enfatizar lo que decía, si bien él había iniciado todo con querer más tiempo a su lado había olvidado que no era un sujeto que gozara de libertad, al contrario, era esclavo de un trabajo completamente absorbente y del cual no podría escapar-En estos momentos te podría odiar..-dijo mirándole y esbozando una sonrisa, ¿El amor de su vida le decía que se que quedaría en la ciudad y que le gustaría que lo acompañase?..claramente no hacía falta siquiera que terminase o expusiese una proposición, realmente era lo único que podría desear en aquel instante de una forma tan intensa que recaía en lo ridículo, y más aún cuando su trabajo frena completamente aquello-Al diablo con todo, por ti haría lo que fuera..¿Me entiendes?-llevó una mano hacia su mentón y lo sujetó con una fuerza medida, obligándole a mirarle, sus ojos azules y gélidos se posaron sobre él para reafirmar su intención-Lo único que quiero es estar contigo, no hay nada más que pudiese importarme en este momento-le observó por una última vez y acercó el mentón de este con su mano para depositar un beso en sus labios, en parte cariñoso, por otra ansioso.


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Mensaje por Viktor G. Bertholon el Mar Ago 11, 2015 5:02 pm
Una vez más, el castaño se alegró de haber tomado la decisión correcta. Agradeció internamente por la ridícula idea de viajar en coche y hacer caso a su primer instinto, facilitándose una convivencia que ya deseaba desde hace tiempo, empeñado en recubrir la hiriente necesidad de volver a encontrarse cara a cara con el hombre al que, sin preverlo o planear algo semejante, le había entregado cada parte de su vida en el último respiro que pasó a su lado. ¿Qué habría sido de esperar un poco más? Francamente, se deslindó de adentrarse en ello porque ahora no importa. Ya no sufría aquel temor de estar pisando en falso, cometiendo una locura de la cual tarde o temprano se arrepentiría. De algún modo, la compañía de Aiden lo hacía sentir seguro, confiado de que no requería un complemento extra para funcionar. No podía evitarlo, aquella sensación de pertenencia aparecía en contra de su voluntad. Pensaba en el rubio con la misma importancia para sobrevivir como se necesita respirar a diario. Y aunque no eran sus pulmones quienes lo pedían con impaciencia, algo mucho más primordial en su interior rogaba por acabar con la distancia que lo separaba de él, esperando volver a sosegarse con el manto de su cariño y el esperanzador consuelo de un futuro juntos.

Viktor se lo había negado anteriormente. Lo había negado para ambos, obstinando en seguir el consejo de su desconfianza y desacierto en base de una mala relación pasada, una idea establecida injustamente por los temores que albergó desde su juventud, guardándose cuánta carga recaía sobre sus hombros y sellándola frente al interés de cualquiera. No sabía comprometerse para nada salvo por su trabajo profesional. Se metía de lleno en su labor y se olvidaba del mundo, como si estuviera inmerso en una fantasía diferente en la cual no quería ver intervenir absolutamente a nadie. Sin embargo, su supuesta dureza se fue quebrantando poco a poco. Con el paso de los días se le acabaron los pretextos, las obligaciones y las falsas excusas para justificar el sentimiento vacío que iba creciendo con la severidad y la ruina del paso de un gigante. Trataba de convencerse de que la causa debía ser aquel famoso y temido bloqueo del escritor, la común falta de inspiración a la cual corría sumo riesgo de adentrarse gracias a los somníferos... o cualquier cosa. Daba igual qué novedad surgiera de repente, nunca se le terminaban. Iba echando culpa de lo primero que encontraba para poder desprenderse del verdadero motivo, la razón por la cual su existencia parecía haber dejado de tener su sentido primordial y su cuerpo emprendía cada una de sus funciones de manera mecánica, haciendo sin darse cuenta de qué hacía, hablando por hablar, pasando los días como si todos fueran exactamente el mismo otra vez. Un reloj sin movimiento.

Pero como era de esperarse, no cedió a ello por mucho tiempo más. Su recelo no fue así de fuerte como el mar de emociones enviando oleaje en contra, y aunque tardó lo suyo en darse cuenta del comportamiento ingenuo con el que optó por nublarse el juicio, no cabía la menor duda de que bastó la ausencia del policía para responder a muchas de las preguntas que surcaron por el aire y él siempre se empeñó en desechar cuando aún estaban juntos, descartando una detrás de la otra. Sin embargo, el cambio había sido radical. El temor había desaparecido y la corteza se debilitaba aún cuando su disposición fuese distinta. Viktor podía notarlo en sus propias acciones, pero sobre todo lo leía en las ajenas, en la manera en que Aiden respondía a sus besos y a sus miradas, en la calidez que emergía de su voz y se fortalecía con el tacto de sus manos sobre su piel.

El castaño pensó que por primera vez en años las cosas estaban saliendo demasiado bien, se estaban esclareciendo en busca de su engrane, simplemente uniendo todo aquello que pudiera considerarse necesario para fortalecer el pequeño resplandor después de la tormenta. Ajeno a su costumbre podía apreciar la prioridad de sentirse por encima y siempre presente, pero más que nada, el gusto de poder demostrar con enérgico afán que dicho afecto sobrepasaba también los sentidos de uno mismo. En el fondo era un hombre desconfiado y temeroso aunque jamás estuviera dispuesto a admitirlo. Le faltaba convicción a la hora de relacionarse y entrar en el universo personal de otra persona, relacionarse directa y fielmente causaba gran relevancia para él, no podía solamente hacerlo sin más, pensarlo común y ver qué pasaría después, puesto que era ése, el miedo de perder a las personas que quería, lo que le hacía querer evitarlos tanto cuánto fuera posible, alejarse creyendo que así estaría a salvo de volver a perder a alguien importante, olvidándose lentamente de lo que conformaba su relación en conjunto, el apéndice secreto entre dos personas.

Así pues, sabía de antemano que no era un sujeto con la mejor de las fortunas. Pero se las había arreglado para mantenerse en un hilo medio en donde las altas y bajas pasaban a tercer plano o prácticamente no existían. De tal forma que era menos complicado y no se perdía en el ámbito común y desesperante de las demás personas, continuaba sin reclamar por lo malo pero tampoco festejar a diario por cuánta alegría se presentase delante de él. Estaba bien, se sentía suficiente. Pero de un momento a otro aquello se transformó, dio un giro de ciento ochenta grados y su perspectiva se vio completamente afectada, torcida en el sostén de sus sentimientos. Tenía un futuro prometedor y la posibilidad de complementar su vida con el hombre al que amaba, con quien quería pasar el resto de cada día a voluntad, como si alguien hubiese activado el mecanismo del tiempo para darle una segunda oportunidad y rectificar sus equivocaciones, retribuir el daño, compensarlo y engrandecer el sentido de su mañana.

Su situación había tomado una forma mucho más desesperante que difícil, pero quizá muy prolongada para la capacidad que poseía la mente de un hombre como Viktor ante las adversidades y su detallada consecuencia. Él conocía un sinfín de sensaciones diferentes; muchas de ellas con cierta capacidad de perturbar tus pensamientos durante horas, pero a veces lo suficientemente buenas para sacarte una sonrisa antes de dar vuelta a la página; se le daba bien, sabía plasmarlas con exactitud porque las conocía de palabra y en ocasiones obraba la experiencia, ponía todos y cada uno de sus puntos para enfatizar las emociones que pretendía exponer, expresando sus formas y fundamentos, pero hasta hacía bastante poco, por más líneas y fragmentos y palabras de su puño y letra, cayó en la cuenta de que ningún sentimiento podría haber sido tan profundo y complicado de explorar con merecida justicia, como la fuerza de un amor correspondido; el cual se cuenta y espera compararse a la imperiosa necesidad del propio, ser aceptado con el mismo agrado de sentirse único, sublime en su emoción y su naturalidad, pero nunca, por más cercanos que sean los intentos del novelista, el guionista o el dramaturgo de un falso testimonio puramente extraído de la realidad, será posible aproximarse a la sensible línea que significa vivirlo.

Viktor respondió a su beso, profundizando el encuentro de sus bocas. Todo lo que podía pedir y lo que había esperado estaba conjunto en Aiden, no hacía falta más. Sus manos recorrieron la espalda del policía hasta encontrarse contra su nuca y sólo entonces el castaño fue incorporándose, moviéndose despacio sin apartar su boca de la ajena sino hasta buscar sus manos y enlazar sus dedos con los de él, impulsándolo a acompañarlo al ponerse en pie. Sus labios se separaron con un ligero y suave chasquido mientras sus cuerpos, frente a frente, rozaban con el calor aún presente. Viktor lo tiró de sus brazos como si buscase que Aiden lo abrazara, pero fue solamente para apretar su cuerpo al suyo y entremezclar el aire de sus respiraciones, demasiado cerca, agradable hasta en el más simple aliento. —Entonces no perdamos tiempo— dijo, pero contrario a su comentario, esbozó una breve sonrisa cuando lo miró a los ojos y volvió a inclinarse en busca de su boca, dejando un sutil beso entre los labios de Aiden antes de volver a apartarse, lenta y casi obligadamente, aunque sin dejar de lado la indispensable misión de controlar su exiguo ánimo de alejarse siquiera por un minuto de él.
¿Mencioné que compré un Volvo?... Es blanco— comentó al cabo de un momento, extendiendo su mano para jalar el cinturón y empezar a vestirse. Quería valerse de una entonación relajada pese a estar usando el primer cambio más o menos notorio (sería evidente apenas abandonar la comisaría) desde la última vez que se vieron, porque sería necesario desviarse aún cuando para ello no pudiera dar con otra cosa además del pretexto Adiós viejo Cadillac, si pretendía evitar las ganas de besarlo cada vez que Aiden abría la boca. Había pasado mucho, mucho tiempo... No podrían culparlo por la ansia de sentir su tacto y la esencia de su aroma.


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Mensaje por Aiden R. Sutcliff el Miér Ago 12, 2015 8:13 pm
La realidad le golpeó de frente tan fuerte que necesitó un tiempo para acostumbrarse a lo que estaba sucediendo, todo comenzaba a darse con extrema facilidad y rapidez, donde antes había existido desconfianza, rencor y dolor ahora volvía a tomar fuerzas el sentimiento más puro que en el pasado había albergado por el castaño, el amor que sentía por este jamás se había apagado, al menos no del todo, y ahora que su encuentro era una parte de su presente no podía evitar que aquello volviese a surgir de las cenizas, con mayor fuerza que antes, obligando a su corazón a latir en contra de su voluntad de una forma acelerada que dificultaba su respiración y claramente sus pensamientos, nublados por el espeso manto que suponía estar enamorado de alguien y que ese alguien correspondiese.

Nunca sería el sujeto más idóneo para llevar una relación, su trabajo le impedía tener tiempo libre de sobra, al contrario era un esclavo de sus obligaciones y nunca realmente podía estar lejos de él, siempre algún acontecimiento le obligaba a volcar su atención en ello como si nada más importante, como si él fuese el único capaz de darle una solución a los problemas que surgían en la Comisaría, y de cierta forma, así lo era, no por nada era el Teniente y el oficial de mayor rango en el lugar. Aún así, la llegada del amor de su vida ofrecía una tentadora complicación a su ya de por sí agitada vida, sin embargo no le importaba en lo más mínimo, aceptaba todo aquello con los brazos abiertos puesto que era una de las pocas cosas que realmente podía decir por sí mismo, y aventurarse en una relación y darle una segunda oportunidad a quién se había convertido en el objeto de sus anhelos no le parecía en lo más mínimo una pérdida de tiempo, sino al contrario, una apuesta que exigía apostar todas sus fichas por una sola partida, donde podía resultar perdedor o al contrario ser el real ganador de una felicidad más grande de lo que sentía pudiese merecer.

Su vida siempre había estado oscilando como un péndulo de un lado a otro, no existía un centro como tal para él, siempre orientado a lo que su trabajo pudiese exigirle o a las situaciones que la vida pusiese en su camino, sin embargo nunca se había sentido ubicado en una situación espacio-temporal específica, al menos antes no, claro está, la vida siempre le daba sorpresas a las personas y él no era la excepción, el escritor aparecía para demostrarle que él podía ser su centro, aquella fuerza que lo obligase a mantener los pies y la cabeza en la tierra. El amor que sentía por aquel hombre recaía en lo ridículo, en aquel instante se sentía como la primera vez que había probado sus labios, aquella vez donde sin previo aviso lo había tomado del rostro y besado sin importarle si el contrario se sentía igual de interesado que él, más al prolongar aquel gesto por varios minutos no necesitaba palabras que pudiesen confirmar lo que el otro podía querer, su cuerpo se lo decía a gritos tal cómo él sentía su pecho querer hacerlo.

Sus ojos no se separaban de él en ninguna oportunidad que tenía, quizás estos se movían un poco para barrer la habitación que los contenía, sin embargo esto no eran más que segundos para encontrarse nuevamente admirando hasta el más mínimo rasgo que pudiese encontrar interesante, atractivo o simplemente embriagador, su cuerpo entero se sentía atraído al del castaño en una sinergia extraña pero no menor, tal nivel de compenetración con otra persona sabía que no era algo que se podría dar con cualquiera y mucho menos dos veces, simplemente sentía que era su otra mitad, la persona que realmente podía amarle como él quería y hacerlo feliz hasta con una simple caricia.

Sus labios eran el manjar más dulce que podría probar, la sustancia más adictiva que nunca tuvo la oportunidad de testear por su propia cuenta, por lo cual no era de extrañar que sintiese el impulso a cada momento de unirse a él de esa forma. Su mano no soltó el mentón del escritor durante un largo tiempo, en el cual las manos de este recorrían su cuerpo y el rubio sujetaba con ambas manos el rostro del castaño, profundizado el gesto hasta lo máximo que podía permitirle su anatomía, tan sólo permitiéndose separarse por aire para proseguir nuevamente hasta darlo por terminado cuando el escritor se separó; el calor que emanaba de su cuerpo sólo se podía comparar con la del castaño, la completa desnudez de su piel le hacía querer mantenerse de aquella forma por horas, sin importarle en lo más mínimo conceptos como el pudor o la privacidad, era un sujeto de instintos y se dejaba llevar por ellos fácilmente-No, no lo mencionaste..como seguramente tampoco mencionaste otras cosas..presumo-dijo riendo, por su parte tomando sus prendas y vistiéndose nuevamente, cuidando que todo estuviese en su lugar puesto que tenía una imagen que cuidar y el Teniente de la Comisaría no podía lucir alborotado sobre todo estando en compañía en su oficina-¿Blanco?..No pensé que fuese tú color-agregó alzando una ceja, molestándole por el simple hecho de hacerlo.

Tras comprobar que su atuendo estuviese apropiado y el de su amante igual, decidió que estaban listos para intentar al menos disimular que nada había pasado allí, sólo ellos dos tenían claro lo pasó que dentro de aquellas paredes, en lo que respecta a los demás podría estar en una reunión importante, como solía hacerlo cuando se encerraba en su oficina y pedía que no le molestaran. Observó a Viktor un momento sin decirle nada, instantáneamente se acercó a él para besarle con cierta insistencia, temiendo que no lo volvería a ver-Espérame afuera, no tardaré...mucho-agregó separándose de este y mirándole una última vez. Primero el escritor abandonó la oficina y tras unos minutos Aiden llamó a su secretaria, tras hablar con ella con la puerta abierta le explicó que se tomaría el día libre y que cualquier asunto que requiriese de su presencia fuese postergado para el próximo día, ni siquiera el Alcalde le arruinaría aquel día.

Comprobó que todo estuviese en su lugar en la oficina, quizás podría haber existido un olor característico pero al abrir la ventana esto se filtró y más al tener la puerta de la misma forma, ningún atisbo de prenda se encontraba por lo cual tras un último vistazo se alejó de esta y caminó hasta dejar atrás la Comisaría, donde unos pasos más adelante Viktor le esperaba con su flamante Volvo Blanco.


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